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Perros rescatistas: Los héroes de cuatro patas

Carola Melguizo

Foto: Jose Luis Gonzalez
Reuters

En situaciones de emergencia como la que atraviesa México después del terremoto del pasado 19 de septiembre, la participación de los perros de rescate es fundamental para optimizar las labores de búsqueda entre los escombros. Los perros son más efectivos que las personas ya que son capaces de rastrear más en menos tiempo y en estas circunstancias, el tiempo es clave. Se calcula que un perro de rescate necesita 5 minutos para cubrir un área de 100 m2. Un humano, en cambio, necesita 45 minutos.

Para los perros de servicio, la principal herramienta de trabajo es el olfato. Para muchos, de hecho, es la única. El uso que hacen de ella depende del entrenamiento previo que hayan recibido para actuar en una u otra situación. En el caso concreto de los terremotos, los perros que acuden a ayudar están entrenados para ventear, que consiste básicamente en analizar el aire para detectar partículas de olor humano, descartando aquellas que provienen de quienes se encuentran en la superficie y concentrándose en buscar el origen de las que no pueden ver, lo que les permiten encontrar a personas atrapadas bajo los escombros independientemente de que estén vivas o muertas.

Perros rescatistas: Los héroes de cuatro patas
El perro rescatista español, Tipi, listo para buscar sobrevivientes en el barrio Roma en la Ciudad de México. | Imagen vía REUTERS/Carlos Jasso

Las más de 40.000 células por minuto que desprende el tejido humano son las responsables de activar el olfato de los perros. Una vez localizado el foco de olor, el perro ladra para avisar a su guía, con quien mantiene una relación muy cercana y de absoluta confianza. Además del excelente sentido del olfato, los perros rescatistas deben tener un carácter equilibrado, deben ser sociables tanto con humanos como con otros perros y, sobre todo, deben tener muchas ganas de jugar porque para ellos el rescate es eso, un juego.

El caso de Frida

La ya famosa labradora de siete años que trabaja incansablemente con sus gafas, sus botas y su arnés, se llama Frida y pertenece a la Unidad Canina de la Secretaría de Marina de la Armada de México (SEMAR) y a lo largo de su carrera ha salvado más de 50 vidas en distintos desastres naturales. Ha prestado sus servicios fuera de las fronteras mexicanas. Por ejemplo, en Guatemala y en Ecuador.

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Oficiales de la Marina se ocupan de Frida, la más famosa de los perros de rescate, mientras descansa en un carrito de compras tras un terremoto en la Ciudad de México | Imagen vía REUTERS/Jose Luis Gonzalez

Símbolo de valentía y esfuerzo, gracias a su labor como rescatista tras el terremoto que sacudió el centro y sur de México el pasado martes, Frida se ha convertido en el rostro de los héroes de cuatro patas. Pero por supuesto, no es la única. Evil y Jacko, por ejemplo, también del SEMAR, se esfuerzan al máximo para seguir ayudando. También lo hacen perros de otros grupos de rescate como Oporto, Gitano y Bongo, sólo por mencionar algunos. Y los que han viajado de otros países junto a sus guías con la idea de ayudar lo máximo posible. Según la Agence France-Presse (AFP), son cuatro los perros españoles trabajando actualmente en México.

Frida representa la entrega, el trabajo duro, pero también la esperanza. No extraña, por tanto, que las redes sociales estén inundadas de ilustraciones, piñatas, amigurumis, pegatinas y homenajes de todo tipo a los rescatistas caninos representados en la imagen de la entrañable labradora. Tampoco extraña que el Instituto Mexicano del Registro Canino respalde la propuesta hecha por el arquitecto Abraham García Rodríguez de hacer una estatua de Frida en honor a todos los perros rescatistas. Iniciativa que ha tenido gran acogida en internet y para la que ya se están recolectando llaves.

¡Fuerza México!

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Los dueños de perros son más felices que los dueños de gatos, pero menos inteligentes

Carola Melguizo

Foto: Lottie
Flickr bajo Licencia Creative Commons

En el mundo hay dos tipos de personas: las que prefieren los perros y las que prefieren a los gatos. A simple vista puede parecer algo superficial que se queda en una cosa de gustos, pero la verdad es que va mucho más allá y refleja aspectos importantes de la personalidad y el estilo de vida de cada uno. La relación que existe entre perros y humanos no tiene nada que ver con la que existe entre gatos y humanos. No es ni mejor ni peor. De hecho, ambas son maravillosas. Pero sin duda, son diferentes. Y, como es de esperar, hay científicos que llevan años investigando este tema. Algunos aseguran, por ejemplo, que los dueños de perros son más felices que los dueños de gatos.

Investigadores del Manhattanville College, en Nueva York, examinaron la relación entre mascotas y bienestar con una encuesta realizada a 263 personas y llegaron a la conclusión de que no hay diferencias significativas entre quienes tienen mascotas y quienes no a la hora de medir los niveles de felicidad. Sin embargo, aseguran que entre quienes tienen mascotas sí se pueden establecer diferencias según el animal de su preferencia. Aquellos que comparten su vida con un perro se sienten, por lo general, más felices, con emociones más positivas y por lo tanto más satisfechos con su vida que quienes viven con gatos. Los resultados están publicados en el diario especializado ‘Anthrozoös’ y han servido como base para otros estudios.

Los propietarios de perros tienden a ser más extrovertidos | Foto de Ben Hyrman vía Flickr

Son muchos los elementos que intervienen en la felicidad de una persona y muchas las formas de entender la felicidad. Pero está demostrado científicamente -midiendo los niveles de oxitocina- que los perros brindan más apoyo emocional a los humanos que los gatos. Por la naturaleza del animal, también es evidente que quienes viven con perros tienden a pasar más tiempo al aire libre y son más activos físicamente, factores que se relacionan también con la liberación de serotonina, otra hormona que influye notablemente en nuestro estado de ánimo.

“Tiene sentido que una persona amante de los perros sea más animada, porque quiere estar ahí afuera, hablando con la gente, junto a su perro. Mientras que alguien más introvertido y sensible, tal vez pase más tiempo  en casa leyendo un libro y un gato no necesita salir a caminar.” Apunta Denise Guastello, profesora de psicología en Carroll University, Wisconsin. Según sus investigaciones, las diferencias de personalidad entre quienes prefieren a los gatos y quienes prefieren a los perros están directamente relacionadas con el tipo de entorno que disfrutan más. Pero En uno de sus estudios, Guastello y su equipo de investigadores aseguran que los amantes de los gatos son más inteligentes que los de los perros.

Los propietarios de gatos tienden a ser más independientes | Foto de Markus Spiske vía Flickr

Para la investigación, los psicólogos analizaron pruebas de personalidad e inteligencia de 600 estudiantes y aseguran que aquellos que preferían a los gatos obtuvieron puntajes más altos en las pruebas de inteligencia. Según el estudio, se debe a que, entre otras muchas características, tienden a ser más introvertidos, más sensibles y a tener una mente más abierta, lo que mejora la creatividad y ayuda a la persona a pensar fuera de los límites, pero también hace que cuestionen más todo y tengan problemas para seguir las reglas. Los amantes de los perros, en cambio, por lo general siguen las reglas sin dificultad. También son más activas, transmiten más energía y pasan más tiempo al aire libre. “Es posible que las personas seleccionen mascotas basándose en su propia personalidad.” Concluye Guastello en el estudio.

Aunque las diferencias entre un grupo y otro no son abismales, es importante destacar que las personas que aseguran ser tan amantes de los perros como de los gatos, o incluso convivir con ambos, tienden a parecerse más, en términos de personalidad, a las personas que prefieren a los perros. Otra conclusión interesante que se repite en muchos estudios sobre este tema es que, en lo que a la elección de mascotas se refiere, polos opuestos no se atraen. Información valiosa para investigaciones sobre terapias con animales y estudios sobre adopción y abandono.

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La gente que vive con un perro vive más… ¡Y mejor!

Carola Melguizo

Foto: Paula Piccard
Flickr bajo Licencia Creative Commons

Está científicamente comprobado que convivir con animales es bueno para la salud emocional de los humanos. Alivian el sentimiento de soledad, refuerzan la autoestima y disminuyen los niveles de estrés. Pero en el caso de los canes los beneficios son también físicos. Hay estudios que aseguran que la gente que vive con un perro vive más tiempo y tiene menor riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular. La clave, según los investigadores, está en el estilo de vida.

Un estudio realizado por la Universidad de Uppsala, en Suecia, con el objetivo de investigar la relación que existe entre tener un perro y la enfermedad cardiovascular incidente (ECV) proporciona evidencia convincente de que quienes conviven con un perro tienen menor riesgo de muerte tanto por enfermedades cardiovasculares como por otras causas, incluso después de incluir factores determinantes como el tabaquismo o el índice de masa corporal. Los resultados se publicaron en el periódico científico Nature y rápidamente fueron recogidos por la prensa especializada.

Para desarrollar la investigación, el equipo revisó la base de datos nacional sueca y centró el análisis en 3,4 millones de personas de entre 40 y 80 años, que no tenían antecedentes de enfermedad cardiovascular y siguieron sus registros de salud durante aproximadamente 12 años. El rango de edad se eligió para excluir a las personas más jóvenes, que tienen por lo general un bajo riesgo de ECV y a las personas de edad avanzada, que tienen pocas probabilidades de tener un perro. Los investigadores controlaron factores como la edad, el sexo, el estado civil, los ingresos hospitalarios, etc y en paralelo, revisaron el registro de propiedad de perros durante el mismo período.

Aquellos con perros que viven en hogares unipersonales registraron un porcentaje menor de riesgo de ECV y una menor mortalidad por causas asociadas o no a las enfermedades cardiovasculares. Pero los beneficios no son sólo para quienes viven solos. Los hogares con múltiples personas también registraron una disminución, aunque menor, en la posibilidad de muerte debido a una ECV al incluir a un perro en la familia. Las razas grandes son, según los investigadores, más beneficiosas que las razas pequeñas. Sin embargo, la investigación no refleja qué aspecto de la convivencia con los perros es el que mejora la salud de los humanos.

Las razas grandes tienen más actividad física | Roger Smith vía Flickr

Tove Fall, veterinario, profesor asociado de epidemiología y autor del estudio, apunta: “Ser dueño de un perro es una buena motivación para salir y hacer ejercicio, y puede brindar cierto apoyo social”. Aunque no hay datos concretos, el aumento en la actividad física parece ser el factor determinante. Pero no es el único. “Otras explicaciones incluyen un mayor bienestar general y los efectos del perro en el microbioma bacteriano del propietario”, explica Fall. Estudios anteriores han demostrado que crecer con un perro en casa puede disminuir las alergias en niños y Fall sugiere que también pueden representar un refuerzo inmunológico para los adultos.

A pesar de no haber sido diseñado para mostrar una relación de tipo causa-efecto, ni para determinar exactamente cuáles son los factores que influyen en el descenso del riesgo de sufrir una ECV, el estudio es especialmente relevante porque las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en todo el mundo, representando, en el año 2016, el 45% de todas las muertes en Europa. Un perro no puede garantizar que una persona viva más o menos tiempo, así que esa jamás debería ser una razón para adoptar, pero los beneficios de compartir el día a día con ellos sí pueden marcar una diferencia en nuestra estado de salud general. Es ahí donde se manifiesta la relación entre vivir con perros y vivir por más tiempo.

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Miedo a los petardos: ¿Qué puedes hacer para ayudar a tu perro?

Carola Melguizo

Foto: Unsplash
Flickr bajo Licencia Creative Commons

Cuando algo divertido molesta a otro, automáticamente deja de ser divertido. Siempre y cuando la relación con el otro esté basada en la consideración y el respeto. Por desgracia, este no siempre es el caso y hay quien piensa que su derecho a divertirse es más importante que el bienestar del otro, especialmente si el otro es un animal. Así de injusto y así de cruel es el ser humano. La Nochevieja es un claro ejemplo. A pesar de las múltiples campañas que se hacen cada año, siempre hay quien se olvida de lo mal que lo pasan los perros con los petardos.

Fin de año se convierte así en una pesadilla para muchas familias. Cada animal reacciona de una forma diferente, que puede ir desde una leve intranquilidad hasta un auténtico ataque de pánico con consecuencias irreversibles. Sin embargo, los signos que podemos observar con más frecuencia son: Temblores, jadeos, taquicardia y una necesidad incontrolable de esconderse o escapar. Este último punto es particularmente importante, ya que hace que el animal se encuentre en peligro no sólo durante el tiempo que dura el ruido en sí, sino durante todo el tiempo que le tome calmarse.

Hay mucha gente trabajando para informar y concientizar sobre este tema. Por ejemplo, el actor Dani Rovira, fiel defensor de los derechos de los animales, compartió hace unos días en Instagram la reacción de su perro Buyo al sonido de los petardos durante un paseo. “Cuando llegué a casa se puso a temblar, a jadear, hiperventilar e incluso vomitó.” Explica el actor en el post y sugiere: “Probad a jugar al pilla pilla, a las estampas, a leer un libro o a cualquier cosa que no haga daño.” La foto tiene ya más de 43 mil likes y en los comentarios se pueden leer experiencias parecidas a las de Buyo.

¿Qué podemos hacer para ayudarlos?

La pirotecnia no debería ser nunca una fuente de diversión. El riesgo, tanto para humanos como para animales, es demasiado alto. Desafortunadamente, sabemos que este año no será una excepción y que muchos animales despedirán el año con importantes niveles de estrés. Para ayudarlos, es importante mantener la calma, no dejarlos solos, permitir que se escondan en un lugar seguro y prestar especial atención a puertas y ventanas, que deben permanecer cerradas en todo momento. Si los consejos básicos de los expertos no funcionan en el caso de tu perro o si no son suficientes para su nivel de ansiedad, calma. Hay algunas opciones:

ThunderShirt

Camiseta anti-ansiedad que ejerce una presión suave y constante sobre el torso del perro y consigue un efecto calmante. Está disponible en siete tamaños diferentes y no tiene ningún tipo de contraindicación, por lo que puede combinarse con otras terapias en caso de ser necesarias.

Flores de Bach

Una fórmula personalizada según el carácter y el estado emocional del perro, puede ayudarlo a gestionar mejor el miedo y la angustia causada por el sonido de los petardos. Lo ideal es que un terapeuta floral experto en animales haga una valoración del perro y recete la fórmula que necesita.

Adaptil

Un producto de laboratorios Ceva que libera una copia idéntica de la feromona del apaciguamiento canino, que es la secretada por la perra tras el parto para tranquilizar a sus cachorros. También está disponible en comprimidos, en collar y en spray.

Multiva Calming

Un multivitamínico antiestrés de la marca española Vetnova, que contiene una combinación de elementos naturales que actúan de forma sinérgica y ayudan a aliviar el estrés relacionados con problemas de conducta. Está creado con la tecnología Chews, que facilita su administración ya que el perro las toma de forma voluntaria.

Continúa leyendo: Los cachorros son para siempre, no sólo para Navidad

Los cachorros son para siempre, no sólo para Navidad

Carola Melguizo

Foto: freestocks.org
Flickr bajo Licencia Creative Commons

Navidad es sinónimo de alegría, de compartir en familia, de vacaciones, de turrón y también, nos guste o no, de regalos. Con la idea de sorprender y dejar huella, hay quien piensa en un cachorro como el regalo perfecto. Después de todo, qué puede ser más adorable que un perrito con un lazo. Probablemente nada. Pero la realidad es que los animales no deben ser nunca un regalo. Se trata de un compromiso, si todo sale bien, de más de 10 años. No puede, por tanto, responder a un impulso. Sia lo tiene claro y por eso en una de las canciones de su último álbum Everyday Is Christmas nos recuerda que “los cachorros son para siempre, no sólo para Navidad”.

La decisión de compartir la vida con un perro, un gato o una tortuga, por mencionar algunos de los animales más regalados, debe ser una decisión meditada y consensuada con todos los miembros de la familia. No es algo que pueda decidirse sólo con el corazón, aunque Hollywood se empeñe en decir lo contrario. Muchos de los animales que se regalan en estas fechas acaban en los refugios a los pocos meses, por eso es tan importante hacer énfasis en la tenencia responsable y en el compromiso a largo plazo. En la canción, la cantante australiana, entusiasta defensora de los derechos de los animales, lo plantea de la siguiente forma: “Son tan lindos y esponjosos con su pelaje brillante ¿Pero los amarás cuando sean viejos y lentos?”  

Otras razones por las que un perro no debería ser nunca un regalo de Navidad

Incluso teniendo la certeza de que la persona asumirá la responsabilidad con ilusión y de que su entorno familiar está de acuerdo, regalar un animal no es una buena idea. Mucho menos en Navidad, una época agitada, en la que se elevan los gastos y el nivel de estrés, complicando así el ya duro proceso de adaptación por el que pasan los animales cuando llegan a un nuevo hogar. No hay que olvidar que para ellos se trata de un cambio radical para el que no siempre están preparados. Mientras más estable sea el ambiente y mejor definidas estén las rutinas de la familia, menos probable es que el perro desarrolle luego problemas de conducta.

Los cachorros son para siempre, no sólo para Navidad 1
No os dejéis engañar. El cachorro es para siempre.

En el caso de los niños, recibir un animal como un regalo puede transmitir el mensaje equivocado. Un perro es un excelente compañero de juegos, pero en ningún caso un juguete. La diferencia, evidente para un adulto, puede no ser tan clara en la mente de un menor. Hacerlo partícipe de todo el proceso de decisión y posterior adopción lo ayudará a entender que se trata de un ser vivo que tiene sentimientos y necesidades que deben ser respetadas. En definitiva, un miembro más de la familia. Un niño que ama y respeta a los animales será un adulto que ame y respete a los animales, que es exactamente lo que el mundo necesita.

Ya lo dijo Albert Einstein: “Educar con el ejemplo no es una manera de educar, es la única”. Y qué mejor ejemplo que adoptar en vez de comprar para enseñar a nuestros hijos que cada gesto cuenta. Crecer con la idea de que los seres vivos no deben comprarse es una buena base para construir una sociedad responsable, que mantenga de forma natural una política de tolerancia cero hacia el maltrato animal. Tema de especial importancia en una país como España en el que las cifras de abandono de animales son tan elevadas.

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