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Piel humana, monumentos, pizzas y corales: las impresoras 3D moldean el futuro

Clara Paolini

Foto: YVES HERMAN
Reuters

Nada de lo que vas a leer a continuación hubiera sido posible hace apenas un par de años. Son soluciones capaces de revolucionar el mundo de la medicina, objetos fabricados en el espacio, sustitutos artificiales para un mundo en ruinas y todos fueron creados gracias a las impresoras en 3D.

Superada la fase de creación de inútiles muñequitos de plástico, las impresoras 3D se han convertido en una herramienta cargada de futuro que ya supera expectativas. La que ha sido calificada como la Tercera Revolución Industrial, está haciendo honor a su nombre al revolucionar numerosos sectores en los que se está aplicando con una eficacia cada vez mayor.

¿Cuáles son las aplicaciones más útiles y necesarias de las impresoras 3D? ¿qué proyectos consiguen sacar el máximo partido a su infinito potencial? ¿con qué ejemplos podemos adivinar los pasos que seguirán en los próximos años? Recopilamos algunos de los ejemplos más relevantes, llamativos e interesantes, dando a conocer sueños que ya son una realidad.

Medicina: Imprimir para curar 

Que las impresoras 3D pueden revolucionar el mundo de la medicina no es una suposición, sino un hecho que ya se ha corroborado con ejemplos reales. Desde hace algunos años, cientos de personas disfrutan de prótesis creadas a medida gracias a la impresión en 3D, pero los avances van mucho más allá.

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Un niño de 12 años disfruta de su nueva prótesis impresa en 3D | Brian Snyder / Reuters

Por ejemplo, los médicos del Hospital Virgen del Rocío (Sevilla) llevan varios años realizando intervenciones quirúrgicas cardíacas tras imprimir réplicas en 3D de los órganos de sus pacientes. De esta manera, es posible conocer previamente todos los detalles de la cirugía pudiendo evitar riesgos innecesarios y aumentando así el éxito en las operaciones.

En Madrid, científicos de la Universidad Carlos III, del  Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) y del Hospital Gregorio Marañón consiguieron lo increíble, una bioimpresora 3D capaz de crear piel humana totalmente funcional. Esta piel es apta para ser trasplantada a pacientes o para la investigación y prueba de productos cosméticos, químicos y farmacéuticos.

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Bioimpresora de piel humana en la Universidad Carlos III de Madrid | Foto: Sergio Pérez

También en el campo de la medicina, investigadores de la Chalmers University of Technology y de la Sahlgrenska Academy de Suecia lograron imprimir un componente creado a partir de células humanas de cartílago que, introducido bajo la piel de ratones, se desarrolló hasta convertirse en algo muy similar a un tejido presente en los humanos. Tras la mutación dentro de un cuerpo, la estructura impresa llegó a contar hasta con vasos sanguíneos y existen otros centros médicos donde los órganos en 3D son ya una realidad que barajar.

Gastronomía: La tecnología 3D llega a la cocina

Aunque puede que no sea un objetivo tan urgente como lo pudieran ser los desafíos médicos, la gastronomía no podía dejar de subirse al carro de la innovación incluyendo impresoras 3D como herramienta culinaria. En el lado más dulce, la marca Les 3 Dandies, fundada por tres estudiantes franceses de la Escuela de Negocios Skema, unieron alta tecnología con alta cocina imprimiendo delicatessen  personalizadas y este año empezaron a comercializar sus productos.

Además, FabLabs y talleres de creación tecnológica de todo el mundo organizan de vez en cuando talleres y actividades para acercar las impresoras 3D a la creación de figuras de chocolate.

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Un dulce de chocolate con tu propio retrato | Foto: Issei Kato / Reuters

La cocina italiana también su lado tecnológico y no hay mejor ejemplo que la startup BeeHex, que ya ha desarrollado la impresora de comida Chef3D capaz de crear pizzas de unos 30 centímetros y medio en apenas cuatro minutos. Lo único que necesita es una serie de cartuchos con ingredientes básicos como pasta, salsa de tomate y queso, así como salsas y diferentes tipos de toppings.

El fundador de Beetex, el ingeniero y emprendedor estadounidense Anjan Contractor, estaba trabajando para la empresa Systems and Materials Research Corporation cuando surgió la idea: ¿Por qué no hacer la vida del menú de los astronautas algo más aceptable y llevadero? La empresa, que ahora gira por el mundo mostrando sus pizzas impresas consiguió un apoyo financiero de 125.000 dólares de la NASA hace cuatro años; un hecho que nos lleva al siguiente punto.

Espacio exterior: cómo fabricar en Marte

Si una impresora 3D es útil en la Tierra, un lugar lleno de cosas más o menos útiles, imagina el inmenso potencial que podrían llegar a alcanzar donde no hay nada, como en el espacio. Tanto la NASA como la agencia espacial Europea (ESA) ya han dado a conocer sus planes para utilizar impresoras 3D en el espacio, donde las nuevas tecnologías les permitirán crear componentes y herramientas sin necesidad de llevar pesadas y voluminosas cargas que se traducirían en millones de euros en combustible. Además, las herramientas que no vayan a ser utilizadas podrían fundirse para crear nuevos objetos.

La NASA ya está manos a la obra realizando sus primeras pruebas en la Estación Espacial Internacional y los resultados podrían resultar clave para las futuras misiones tripuladas a Marte.

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‘Made in Space’, creando de la nada en gravedad cero | Foto: NASA

Arte y Patrimonio: Lo desaparecido se materializa

El anuario 2017 de Acción Cultural Española (AC/E) recogía un ejemplo inmejorable sobre cómo aplicar la impresión 3D en el contexto cultural: “salvar” la destrucción del patrimonio sirio como consecuencia de la guerra.

Durante 2016, lugares emblemáticos de las ciudades de Londres, Nueva York y Dubai fueron el escenario escogido para ubicar una impresión 3D a escala del recientemente desaparecido Arco Triunfal de la ciudad de Palmira (Siria). Esta propuesta fue encabezada por The Institute of Digital Archaeology (IDA)78, una colaboración conjunta entre la Universidad de Harvard, la de Oxford y la Fundación Futuro Dubai, que promueve el desarrollo y el uso de la imagen digital y las técnicas de impresión 3D en la arqueología, la epigrafía, la historia del arte y la conservación.

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El Arco del Triunfo de Palmira, hoy destruido, llega a Londres | Frank Augstein / AP

Corales: Impresiones que salvan océanos

Las impresoras en 3D son capaces de emular corales de distintos colores y formas resultando una sustitución básica para la supervivencia de otra fauna y flora submarina. Este valioso recurso, que ayuda a recuperar a los corales vivos y a todas las especies que dependen de ellos para sobrevivir, se está empleando ya en el Caribe, Australia, el Golfo Pérsico y Mónaco.

Por ejemplo, Fabien Cousteau, uno de los nietos del mítico comandante y oceanógrafo francés Jacques Cousteau, está trabajando en un proyecto en colaboración con Ocean Learning Centre el que sumerge en los océanos nuevos corales gracias a las impresión 3D con el objetivo de lograr la preservación del coral en la isla caribeña de Bonaire.

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Las impresoras en 3D podrían salvar los océanos | Foto: Jens Meyer / AP

Transporte e infraestructura: Aviones, coches y casas recién hechas

Los ingenieros de la Universidad de Southampton diseñaron e hicieron volar el primer avión impreso en 3D en 2011. Este avión no tripulado se construye en siete días con un presupuesto de 7.000€ y la impresión 3D permite que sus alas tengan forma elíptica; una característica normalmente cara que ayuda a mejorar la eficiencia aerodinámica y reduce al mínimo la resistencia inducida.

Las impresores 3D no sólo han ofrecido buenas alternativas para la ingeniería aerodinámica, sino que también tienen presencia en el campo de la automovilística. Por ejemplo la empresa Kor Ecologic ofrece Urbee, un prototipo de coche cuya carrocería está totalmente diseñada e impresa en 3D y que además pretende ser sostenible con el medio ambiente.

Y para terminar, un proyecto ya hecho realidad del que hablábamos en este mismo espacio hace apenas unas semanas: La startup Apis Cor, que construye casas imprimiéndolas en 3D en menos de 24 horas.

Una startup construye casas imprimiéndolas en 3D en un solo día

Redacción TO

Foto: Apis Cor
Youtube

El problema del acceso a la vivienda puede tener una solución real y aplicable en un futuro muy cercano. Apis Cor es una stratup de San Francisco, California, que ha desarrollado una solución muy asequible para la construcción de nuevas casas. Puede imprimir en tres dimensiones paredes de hormigón para una casa en menos de 24 horas.

La prueba de fuego la ha realizado en Rusia, donde demostraron su propósito. Gracias una gran impresora 3D, que se parece más a una grúa que a una impresora 3D convencional, se van colocando capas de hormigón y otros materiales para construir la estructura del edificio. Según la compañía, la mezcla que utilizan puede durar más de 175 años. Después de imprimir las paredes, el procedimiento a seguir es retirar la impresora e instalar el aislamiento, las ventanas, electrodomésticos y un techo, un proceso que dura menos de 24 horas.

Una startup construye casas imprimiéndolas en 3D en un solo día
La impresora 3D de Apis Cor en acción. | Foto: Apis Cor / YouTube

Apis Cor asegura poder construir y amueblar estas casas, de unos 38 metros cuadrados, por un coste aproximado de 10.000 dólares. Según la página web de la compañía en el proyecto, las ventanas y las puertas son de lejos el componente más caro de todo el proceso.

Casas urgentes para situaciones urgentes

Estas casas podrían tener diferentes usos, aunque como destaca la propia compañía en su página web, podrían servir para reparar o sustituir rápidamente los hogares destruidos por desastres naturales. También podrían ser una solución viable en casos de conflicto, o para poblaciones más marginales que no tienen acceso a una vivienda digna. La tecnología sigue al servicio del progreso, y progreso significa hacer el mundo un poco mejor.

El sexo no vende, viva el activismo

Redacción TO

Foto: PEPSI

Desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca hemos podido ver cómo las grandes empresas norteamericanas, especialmente las afincadas en Silicon Valley, se han vestido con sus mejores galas activistas para enfrentarse a las medidas más reaccionarias del presidente. Estas iniciativas, sin embargo, parecen más encaminadas a mejorar su imagen corporativa que a proclamarse como parte del cambio social.

Algunos ejemplos lograron una gran difusión y todos ellos han recibido el aplauso de la opinión pública, con algunos matices. Solo dos días después de que el presidente Trump firmara la orden ejecutiva que restringía la entrada a Estados Unidos de ciudadanos procedentes de una serie especificada de países musulmanes, la cadena cafetera Starbucks anunció sus planes de contratar a 10.000 refugiados. Airbnb, por su parte, declaró que proporcionaría alojamiento gratis a aquellos que se hubieran quedado varados en aeropuertos norteamericanos a la espera de resolver su situación. ¿Por qué no extienden su voluntad a otras situaciones alejadas de los focos mediáticos?

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Starbucks es una de las empresas que utilizan estrategias de compromiso social para acercarse a sus consumidores. | Foto: Kim Hong-Ji

Resulta reveladora la columna que escribió al respecto Alex Holder, director de contenido de la revista Elle, en el diario The Guardian. En este artículo, titulado El sexo ya no vende, lo que vende es el activismo. Y no permitas que las marcas se enteren, Holder señala las múltiples formas en que las multinacionales tratan de convencer al mundo de que tienen conciencia. En un mercado con tanta competencia, donde la variedad de productos es tan amplia y las calidades tan parejas, la implicación con este tipo de causas marca la diferencia.

Otras empresas, quizá no tan populares, también han empleado esta clase de estrategias para aproximarse a los consumidores. Patagonia se ha comprometido durante décadas con causas medioambientales. El día de las elecciones cerró todos sus comercios en Estados Unidos con la intención clara de lanzar un mensaje: no es un día para comprar, sino para votar. Obviamente contra Trump.

Estas tácticas que adoptan las grandes corporaciones son, normalmente, beneficiosas para sus cuentas. Detrás de todas las políticas de responsabilidad social hay un lavado de cara, una forma de mostrarse al mundo como un ente comprometido con la paz y la ecología ante unos consumidores que, alcanzados por su honestidad, pasan a ver la marca con otros ojos.

Sin embargo, existen casos como el de Pepsi y su polémico anuncio con Kendall Jenner, en el que la marca sale perjudicada. Cuando resulta tan evidente la espectacularización de un movimiento social, pasa a convertirse en parodia. Y esto no sienta bien. Tras la emisión de la publicidad, cayó un mar de críticas sobre la compañía, que se ha visto incapaz de defenderse y ha optado por retirar el anuncio.

Que las grandes compañías traten de agradar a sus clientes mediante buenas acciones, aunque estos hechos no se produzcan desde la sinceridad y desde un compromiso verdadero, son una buena noticia. Pero también es cierto que a menudo se incurre en el error y en el exceso, sobre todo cuando se menosprecia al espectador. En estos casos, las consecuencias se trasladan a la imagen y a las ventas. Es peligroso jugar con el compromiso social de las personas.

'Drink and learn', los idiomas se aprenden en los bares

Jorge Raya Pons

“Esto empezó en el bar de un amigo en Malasaña”, dice Gabriel Pazos, al teléfono. Gabriel es el cofundador de una start up llamada Milingual que implanta un modelo de aprendizaje de idiomas fundamentado en lo social. Junto a su hermano Andrés ideó un proyecto donde las clases se trasladaban a los bares y las cafeterías y donde los profesores, más que en la teoría, se apoyaban en la conversación espontánea y casi coloquial para que los alumnos mejoraran su idioma. Todo organizado desde la web, a golpe de click. “El primer día vinieron unos 20 alumnos y 3 ó 4 profesores”, continúa. Hoy en día, solo en Madrid, existe una comunidad de casi 10.000 personas y 300 profesores. Han pasado más de tres años desde aquel primer encuentro.

La historia de Gabriel comenzó en una profesión y desde una vocación bien alejada de los idiomas. Porque Gabriel no es filólogo, ni profesor de idiomas; el joven empresario comenzó en la ingeniería y a ello dedicó sus primeros 10 años en el mundo laboral. “Yo soy ingeniero”, explica. “Antes de Milingual era director de proyectos en una empresa del sector energético nuclear. Nada que ver”. Luego ríe. El trabajo fundamental de su equipo consistía en construir zonas de control en centrales nucleares en China. “El típico puesto de control donde trabaja Homer Simpson”, bromea. De algún modo aquello dejó de entusiasmarle. Así que después de estudiar un máster de dirección de proyectos, que compaginaba con su empleo, se decidió a dar el paso.

Aprender idiomas es más ágil entre vinos
Andrés y Gabriel Pazos, fundadores de la start up. | Fuente: Milingual

Dejó su trabajo, se convenció a sí mismo y a su hermano y se lanzaron hacia una ilusión que ahora comienza a dar resultados. Preguntado sobre qué le llevó a decidirse finalmente, responde divertido: “La crisis de los 30”. Con todo, Gabriel insiste en que no fue una decisión en caliente, temperamental. “Me di cuenta de que si quería cumplir esta ambición debía implicarme totalmente”, añade. “Fue una decisión difícil, pero meditada. No fue de un día para otro”.

“Nuestra idea es que el alumno pueda aprender un idioma mientras hace actividades divertidas”

Aquella primera prueba en el bar de Malasaña, dice, le convenció de que este es un proyecto que promete éxito, que implica a la gente y ayuda a perfeccionar el idioma. Y este es un matiz importante; las clases son orales y se exige, de entrada, un nivel mínimo. Esto significa que trabajan en paralelo con las academias o las escuelas de idiomas, no enfrentados. “Nosotros tenemos claro desde el principio que no estamos inventando el nuevo método de aprendizaje, tenemos claro cuál es nuestro nicho”, reconoce Gabriel. “Nosotros nos posicionamos como un complemento que, conforme la persona va avanzando con el idioma, ese complemento se convierte más en lo que necesitas, que es mantener vivo el idioma. Por eso no somos competidores de los cursos online ni de las escuelas de idiomas; somos la parte social del idioma”.

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Un evento celebrado en Conde Duque, Madrid. | Fuente: Milingual

Este atributo les ha conducido a que algunas instituciones, como la Escuela Oficial de Idiomas o el Instituto Francés, se hayan interesado por ellos. De hecho, aunque en un inicio las clases se realizaban solamente en cafeterías y bares, ahora se han abierto a otro tipo de experiencias. Con el Instituto Francés, explica, organizan proyecciones y debates sobre las películas a las que asisten con la única condición de que desaparezca el castellano; solo se permite hablar francés. “Muchas veces viene hasta el director a presentarlo”, cuenta. “Lo que hacemos es hablar sobre la película, escuchar al director, por supuesto en francés, y el profesor ejerce un poco de moderador. Hay un interés muy grande en la película, pero sobre todo en el idioma”.

Gabriel Pazos, que comenzó su empresa con 10.000 euros, asume que la proyección de Milingual es global, que no se limita a España. Acaba de crear su primera comunidad en Manchester y Liverpool. “Hemos superado la barrera de las 500 personas”, dice, orgulloso. Los hermanos aspiran a expandirse poco a poco a otros países. Gabriel considera que su principal ventaja competitiva reside en sus precios, que son económicos, sobre diez euros por hora, y que la flexibilidad para el alumno es absoluta, pues gestiona desde internet el grupo al que se incorpora y la hora y el día que mejor se adapta a su jornada. “La ambición del equipo es estar a nivel mundial, que si te vas de vacaciones o por unas semanas a Roma, por ejemplo, puedas mejorar tu italiano al tiempo que conoces gente y conoces la ciudad. Esa es la vocación”, resume. A fin de cuentas, su idea consiste “en que el alumno pueda aprender un idioma mientras hace actividades divertidas”.

Una compañía sueca convierte a sus empleados en cyborgs

Redacción TO

Foto: AP
AP Photo

Llevar el móvil encima para pagar con él o acceder a todo tipo de servicios es un hábito cada vez más generalizado en nuestra ‘superconectada’ sociedad. En Epicenter, un centro que acoge distintas startups en Suecia, han ido un paso más allá y han convertido a sus empleados en cyborgs. Como en una visión distópica de la realidad, en Epicenter insertan bajo la piel de sus empleados un chip de identificación por radiofrecuencia. Estos dispositivos permiten acceder a las puertas y las fotocopiadoras, así como pagar por diversos bienes y servicios, simplemente con el movimiento de una mano. Epicenter, que es la base de más de 100 compañías y unos 2.000 empleados, comenzó a realizar los implantes en el año 2015. Ahora, unos 150 empleados los tienen.

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La futurista sede de Epicenter en Estocolmo. | Foto: Epicenter

Aunque pudiera parecer un método demasiado invasivo, lo cierto es que los empleados que trabajan en Epicenter están como locos por tener su propio chip en la dermis. La clave estaría, seguramente, en lo intuitivo del asunto. Es como llevar una llave encima. No son necesarias contraseñas, o preguntas de seguridad. Las inyecciones se han vuelto tan populares que los trabajadores en Epicenter realizan fiestas para aquellos que reciben los implantes.

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Un chip que activa fotocopiadoras… | Foto: BBC
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…o abre puertas. | Foto: CBC

Una tecnología ya existente

La tecnología en sí no es nueva, ya que chips similares son usados en mascotas, por ejemplo. No obstante, nunca antes habían sido usados en empleados a una escala tal. Epicenter y alguna que otra compañía, por ejemplo en Bélgica, son las primeras en hacer disponibles ampliamente esos microchips.

Problemas éticos

La implantación de estos chips conlleva, para algunos, un planteamiento ético. Sobre todo, esta tecnología genera dudas en torno a la privacidad y seguridad. Aunque son seguros biológicamente, estos implantes pueden ofrecer todo tipo de datos: desde la frecuencia en la que un trabajador acude al lugar de trabajo, qué cosas compra o qué servicios utiliza. Entra de nuevo en juego el ya viejo debate de la utilización de los datos de las personas. Estos datos también los generan las tarjetas de crédito o los smartphones, sin embargo mientras que éstos son fácilmente desechables, uno no puede deshacerse fácilmente del chip.

Estos ‘cyborgs ‘ puede que tengan al alcance de la mano un sinfín de servicios y bienes, y la tecnología los acompaña a todas partes. Pero lo que no tienen es su propia privacidad asegurada.

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