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Poemas entre los escombros: Gritos de mujer desde Siria

Clara Paolini

Foto: MUHAMMAD HAMED
Reuters

Desde el caos, florecen voces que hablan de cenizas, nostalgias y punzantes sentires; gritos de mujer que moldeados en verso traducen a una dimensión humana el sinsentido de la Guerra de Siria. Provenientes de un hogar en ruinas, han establecido un nuevo canon literario y gracias al poder catártico y revulsivo de sus letras, ofrecen desde lo íntimo un poderoso antídoto contra la indiferencia.

Maram al-Masri y Maisoun Shukair son poetisas sirias. La primera, musulmana suní, nació en Latakia, emigró a París en los 80 tras desafiar la ley que prohíbe matrimonios interreligiosos y demuestra su firme oposición al régimen de Assad cada vez que tiene ocasión. La segunda ayudó a los heridos y desplazados por el conflicto desde su farmacia en Damasco ganándose las amenazas por parte del régimen y vio a su marido encarcelado como sospechoso opositor. Llegó al Centro de Refugiados de Alcobendas (Madrid) tras verse obligada a dejar a su hijo menor y su pareja en el lugar más inseguro del planeta. Reunida de nuevo con su familia en un minúsculo piso en el extrarradio de la capital, sueña con el momento de volver a su país mientras compone versos.

La poesía de ambas resonó en el encuentro de poesía árabe celebrado en la madrileña Casa Árabe, en el marco del Festival Internacional de Poesía y Arte “Grito de Mujer 2017”, un evento que volvió a confirmar la evidencia de una poderosa corriente impulsada por una genealogía de poetisas marcadas por el mayor conflicto bélico de la última década. Tras estudiar con esmero la poesía siria durante años, la escritora y traductora sirio-canadiense Ghada al-Atrash aseguró en una entrevista con Al Jazeera que “a día de hoy existe una literatura proveniente de Siria que hace unos años no podríamos haber soñado”, una afirmación que viene a corroborarse con cada verso compuesto por estas autoras.

En la escritura de Maram al-Masri y Maisoun Shukair encontramos las singularidades de dos biografías y personalidades divergentes, pero que amarradas a la pesada ancla del éxodo sirio, contribuyen a contextualizar, profundizar y enfatizar una realidad más allá de titulares y números. Leía Javier Marín Ceballos en el encuentro que “la poesía es el camino más corto entre dos inteligencias y facilita el sentir de lo ajeno como propio”, y es sin duda esa cualidad la que se erige como estandarte y reclamo para el lector despierto. Se trata de una narrativa que contiene en su interior creatividad, activismo y subjetividades femeninas y que, ante un mundo que tiende al vacío y a la ausencia de sentimiento, proporciona una identidad contra el olvido e intensifica la conciencia.

A pesar de lo paradójico que pueda resultar, en pocas culturas se ha prestado tanta atención, antes de épocas modernas, a los poemas compuestos por mujeres como en la árabe, siendo sus voces las que en la actualidad vuelven a ejercer una renovada misión que traspasa fronteras. Según afirma Teresa Garulo “en la época preislámica las mujeres sirias tenían asignada la tarea de llorar a los muertos y de pedir venganza con sus versos, así como de animar a los guerreros”; un papel que hoy vuelve a resurgir convirtiendo en luchadoras a las propias poetisas.

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Poema de Maram Al-Masri y fotografía de la autora | Foto: Albaida vía Wikicommons

En The Guardian el periodista Ed Vulliamy describía la poesía de Maram como una lírica más allá de nuestro tiempo porque “es más compleja, postmoderna y tortuosa que eso: es poesía de guerra desde la diáspora, desde aquellos que no están allí, dispersos en el limbo”. Maram representa en este momento a la poesía hecha vida que además ayuda a vivir, a la mujer árabe residente en Europa y a la lucha por la paz en Siria.

Su editor en España, Javier Marín Ceballos, presentó su nuevo libro Almas Con Pies Desnudos (editado en español por la Editorial Lancelot, 2016), describiendo su escritura con precisión: “A la vez grito de dolor y de alegría, hacen saltar por los aires todas las cortapisas sociales más allá de la cultura y de la época. El sufrimiento es un país sin fronteras”.

Escuchándole recitar sus propios poemas en árabe, resulta imposible no enamorarse de la palabra justa, de la casi incongruente felicidad con la que pronuncia oscuras cotidianidades y la sensualidad con la que parece no pudiera (ni quisiera) evitar impregnarlo todo.

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Maisoun Shukair durante la presentación de su libro en Casa Árabe | Foto: Clara Paolini / TO

No vayas a la muerte solo es el título de la segunda obra de Maisoun, una colección de poemas e historias cortas editados por Casa Árabe de Madrid que evocan retazos del dolor y miedo, momentos de persecución y la incertidumbre por un futuro incierto. Desde la publicación de su ópera prima, la premiada Saca tu cara de mi espejo, han pasado nueve años de masacre.

Antes de posar sus penetrantes ojos oscuros sobre el libro, ofrece palabras pausadas refiriéndose a su Damasco natal y la muerte de su hermano en 2013, asesinado en su propia casa el día del cumpleaños de su hija, delante de todos: “Allí, dentro del armario de mi madre, hay un botón muy pequeño. Eso es mi corazón (…) A mi hermano: Cada mañana siempre las balas que hunden los pechos con sombra, cada mañana las balas ahora marcan a cientos de sirios. Por eso, por favor, no vayas a la muerte solo”.

Descubre cuántos datos gastas al usar Spotify

Redacción TO

Foto: Spotify

Spotify se ha convertido en un imprescindible para muchos usuarios de smartphone. Con un catálogo de música gigantesco por una tarifa mensual o, en su defecto, el disfrute de miles de canciones mediante el modo freemium con anuncios intercalados, el servicio líder de música en streaming  ha convencido a 100 millones de usuarios que a golpe de play aprovechan cualquier momento para escuchar sus canciones favoritas. Sin embargo, el uso de este servicio tiene la contrapartida de que consume una gran cantidad de datos si no disfrutas de una cuenta Premium. Sin embargo, ¿te has parado alguna vez a pensar cuántos datos consume exactamente la aplicación?

Dependiendo de la calidad de audio

Los datos que consume Spotify dependerá de la calidad con la que estemos escuchando el contenido.

  • Calidad baja: 96 kilobits (Kbps), supone un gasto por hora de reproducción de unos 43 megas.
  • Calidad alta: 160 Kbps, supone un gasto de unos 72 megas a la hora.
  • Calidad máxima: 320 Kbps, supone el gasto de 144 megas por hora reproducida. Esta opción sólo está disponible para cuenta Premium.

¿Cómo controlar los datos de Spotify?

  1.  Verificar el uso de datos móviles

Puedes hacer un seguimiento de la cantidad de datos que vas gastando al escuchar la aplicación y, de esta forma, elegir la calidad de escucha. Esto lo podrás comprobar en Ajustes Datos móviles.

La cantidad de datos hace uso de Spotify

             2. Seleccionar la calidad de la música

Para ello deberás abrir la aplicación de Spotify en tu teléfono e ir a configuración, que la encontrarás en la esquina superior derecha una vez que has pinchado en tu biblioteca. Una vez ahí, en la parte inferior de la pantalla, aparecerá calidad de la música.

La cantidad de datos hace uso de Spotify

        3. Escuchar música sin conexión

La manera más idónea de escuchar tus canciones favoritas sin gastar datos es hacerlo en modo sin conexión. Sin embargo, esta opción sólo está disponible para suscriptores Premium, que podrán descargar listas, álbumes y podcasts sin gastar datos.

Síndrome del impostor: incluso Neil Armstrong creyó ser un fraude

Redacción TO

Foto: AP Photo

Cuenta el escritor Neil Gaiman en su blog una anécdota curiosa. Estaba en una convención de tres días rodeado de artistas y científicos, encogido entre tanta eminencia, cuando se encontró a Neil Armstrong. El primer hombre que pisó la luna era discreto y calmado y estaba al final de la sala sin molestar a nadie cuando Gainman se acercó. Conversaron y Armstrong terminó por hacerle una confesión; levantó un dedo, apuntó hacia la sala y dijo: “Veo a todas estas personas y pienso: ‘¿Qué demonios estoy haciendo aquí?’. Todos ellos han realizado cosas asombrosas. Yo simplemente fui adonde me enviaron”. Gainman quedó sorprendido y le respondió: “Sí, pero tú fuiste el primer hombre en llegar a la Luna, y eso tiene su importancia”.

Ese sentimiento de insatisfacción, esa incapacidad para valorar los logros propios y ensalzar los ajenos, es conocido como el síndrome del impostor y siete de cada diez personas lo han experimentado, al menos, en una ocasión a lo largo de su vida. Quienes lo padecen “tienen la sensación de no estar nunca a la altura; de no ser lo suficientemente buenos, competentes o capaces; de ser impostores, un fraude”, resume la bióloga Aida Baida Gil a la BBC.

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El síndrome impide a quienes lo padecen disfrutar de sus propios logros. | Foto: Bret Hartman/AP Photo

La científica decidió investigar el trastorno después de haberlo padecido durante toda su carrera; tenía éxito y reconocimiento y, sin embargo, se sentía incompleta, llegando a creer que todos sus logros, nunca sus fracasos, se debían a golpes de fortuna. “Nunca lo achacas a tu inteligencia, sino a factores externos o al hecho de que hayas tenido que trabajar muy duro para lograrlo”, concluye.

“Este síndrome es mi vida. Creo que tengo mi trabajo por casualidad y que no tengo ni idea de lo que estoy haciendo”

Además, este trastorno tiene otras implicaciones. Porque haciendo honor al sentimiento de fraude, de ser un impostor, convive con el miedo a quedar retratado y en entredicho. Al menos así lo interpreta la consultora Sandra Marín en el diario ABC: “El síndrome del impostor hace a quien lo padece tener miedo de no estar a la altura y no merecer el cargo que ostenta, pues piensa que cualquiera lo hará mejor. Por ello, en todo momento les invade el temor a ser descubiertos en su supuesta ignorancia”.

Existe un componente de inseguridad y falta de autoestima en el emerger de este síndrome, de marcarse unos objetivos complicados y excesivos que acaban minando la moral de cualquiera. Con todo, la calidad del entorno de una persona resalta como un factor decisivo: rodearse de pesimistas, no hacer otra cosa que escuchar comentarios negativos, conduce hacia el afloramiento del síndrome.

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Los ambientes tóxicos y los comentarios pesimistas son dos de los factores más determinantes en el desarrollo del síndrome. | Foto: Altaf Qadri/AP Photo

En redes sociales como Reddit, las conversaciones sobre patologías son más o menos comunes y los usuarios no dudan en compartir sus experiencias. Uno de ellos, por ejemplo, ha escrito un mensaje que es especialmente trágico: “Este síndrome es mi vida. Creo que tengo mi trabajo por casualidad y que no tengo ni idea de lo que estoy haciendo y que nadie sabe todavía lo incompetente que soy en realidad. ¿Habrá personas realmente excelentes en sus trabajos que también se sientan de esta manera?”. Otro hombre comenta que para él mantener el trabajo, después de tres meses, es como un logro: “Me pregunto si no será una broma”.

En este sentido, algunos terapeutas se asoman a estas páginas para dar su apoyo, su comprensión y sus consejos. Uno de ellos explica que muchos de sus pacientes guardan en común una preocupación excesiva por la aceptación social. “Muchos se preocupan de lo que otras personas piensan de ellos”, dice. “Esto genera mucha ansiedad y la verdad es que nadie está prestando tanta atención sobre ellos porque lo que la gente suele hacer es centrarse en sí misma”.

Cómo sobreponerse al síndrome

En cualquier caso, los expertos coinciden en que la vía más efectiva -y escabrosa- para superar este síndrome parte de la autoaceptación, y esta parece una cima muy alta cuando la autoestima está por los suelos.

Si sospechas que puedes estar sufriendo esta patología, existe un test que te ayuda a averiguarlo.

Si sabes a ciencia cierta que lo padeces, la coach Virginia Jiménez da una serie de consejos para sobreponerse:

  1. Haz tu propia definición del éxito. Esto incluye la vida personal y la profesional y permite que la ansiedad de unas metas desproporcionadas desaparezca.
  2. Convierte los pensamientos negativos en positivos. Los malos pensamientos son el mayor obstáculo en la vida. Una forma de llevar a cabo esta transición se fundamenta en mostrar gratitud hacia los demás y con uno mismo.
  3. Establece expectativas razonables. Superar objetivos más alcanzables nos dará la energía necesaria para hacer las cosas sin tantas tensiones innecesarias, disfrutando del recorrido.
  4. Concéntrate en aprender de los fracasos. Cuando se falla, no hay que darse por vencido. Escribir un diario de errores es de gran utilidad para ser consciente de ellos y asegurarse de que no se repitan.
  5. Deja de compararte con los demás. Construye tu propio éxito, olvídate del ajeno.

7 claves para entender a los millennials y su relación con la política

Néstor Villamor

Foto: SERGIO PEREZ
Reuters

Los millennials, la población nacida, a grandes rasgos, entre 1982 y 2004, son una generación de transición: viven entre el papel y el digital, entre el soporte físico y el streaming, están comprometidos con la política pero desconfían de los partidos tradicionales. Para intentar desmenuzar a un segmento de la ciudadanía que supondrá el 70% de la fuerza laboral en el mundo desarrollado en menos de una década, el Espacio Fundación Telefónica ha celebrado un encuentro que ha analizado quiénes son y cómo se relacionan con la política los jóvenes españoles. En él han participado el presidente de la fundación civil G2020 y expolítico Salvador Sánchez-Terán, el periodista Javier Ayuso, el analista demoscópico y profesor de Sociología Francisco Camas y la fundadora del think-tank liberal-conservador Red Floridablanca, Isabel Benjumea. El debate ha dibujado a los millennials con siete rasgos, trazados por Sánchez-Terán.

Han nacido en democracia

Los jóvenes nacidos entre 1982 y 2004 son en España más de ocho millones de personas y supondrán más del 70% de la fuerza laboral en el mundo desarrollado en 2025. Han nacido en una España próspera, en democracia, en un entorno político y social mucho más optimista que en el que se criaron sus padres. Eso sí, al alcanzar la primera etapa de la edad adulta, la crisis se interpuso en su camino y en sus aspiraciones. Y son la generación de los sueños rotos.

Tienen nuevas necesidades laborales

Los millennials no tienen como prioridad buscar un trabajo que les permita comprar un coche y una casa, como sus padres. Valoran más que sus empleos estén adecuados a sus conocimientos, que les guste y que permitan que su vida profesional sea conciliable con el ámbito personal. Antes que el dinero, aprecian más valores como la familia, la amistad, el trabajo y los estudios.

Son las mayores víctimas de la crisis

Han sido los grandes perjudicados por la crisis económica. Los conferenciantes coinciden en que se ha roto la promesa con la que crecieron: que tendrían un trabajo asegurado si iban a la Universidad. Ayuso aporta que han salido especialmente perjudicados aquellos jóvenes que dejaron los estudios para dedicarse a la construcción durante la burbuja. Al llegar la crisis “se quedaron sin trabajo y sin estudios” y son “un colectivo que nunca va a encontrar trabajo”, valora Ayuso.

Han cambiado de valores cívicos

El concepto de ser buen ciudadano tiene para los millennials un significado que rompe con el de las generaciones anteriores. Para ellos, participar en asociaciones sociales, militar en un partido político o servir en el Ejército no son prioridades. En cambio, tienen como bandera los valores de la solidaridad y la igualdad.

7 claves para entender a los millennials y su relación con la política 1
Un grupo de manifestantes protesta contra el racismo. | Foto: Edgard Garrido / Reuters

Están desencantados pero politizados

Los millennials se identifican cada vez menos con las instituciones y los partidos políticos tradicionales. Pero esto no implica un alejamiento de la política, sino un cambio de escenario. Prestan más atención a los movimientos sociales y están comprometidos con la sociedad, pero plasman sus ideas en nuevos soportes de comunicación alejados de la burocracia, como las redes sociales.

Buscan la regeneración democrática

Esta generación suspende el funcionamiento democrático en España, un país que consideran que necesita reformas y en cuyos partidos tradicionales no confían para lleva a cabo estos cambios (de hecho, PP y PSOE han perdido la mitad de su electorado joven desde 2008, según los conferenciantes). Confían, eso sí, en la justicia, en la sociedad civil, los sindicatos, las PYMES los movimientos sociales y las ONG. Y piden más transparencia a las instituciones.

Y ya no son antisistema

Han abandonado las posturas rebeldes y antisistema como parte de su propuesta política y apoyan los valores fundamentales de la Constitución, como la libertad, la igualdad o la tolerancia. Además, no buscan mayorías absolutas sino que abogan por el diálogo y son favorables a la presencia internacional.

6 comentarios racistas que hacemos casi sin darnos cuenta

María Hernández

Foto: Wilson Chu
Reuters

El racismo es un problema que aún hoy, en pleno siglo XXI, sigue vigente en nuestra sociedad. A pesar del esfuerzo de las organizaciones anti racismo y de numerosos activistas por cambiar esta situación, aún hay personas que, por su color de piel, tienen que vivir día a día situaciones realmente difíciles.

Aunque hay mucha gente que ha dejado atrás estas actitudes y comportamientos racistas, hay cosas que aún hacemos y decimos, muchas veces sin darnos cuenta e incluso con buena intención, que generan momentos incómodos y desagradables para las personas que los reciben.

Y tú, ¿de dónde eres de verdad?

– Y tú, ¿de dónde eres?

– Soy de Murcia.

– Ya pero, ¿de dónde eres de verdad?

Nkiru, una bióloga de Murcia y de padre nigeriano, nos explica que esta conversación es más común de lo que parece y que, a veces, la gente no parece comprender que el origen de su padre no condiciona el suyo, y que ella es española. “Lo que me sorprende es que la gente vea una incompatibilidad entre ser negro y ser español”, nos cuenta.

Lo incómodo no es el hecho de que te pregunten de dónde eres, sino que solo se lo pregunten a una persona, explica Nkiru. “Cuando ves a otra persona, lo primero que le preguntas no es de dónde es, te suele dar un poco igual. Pero cuando a mí me preguntan ¿tú de dónde eres?, es como decir ‘algo te pasa a ti, eres diferente’”, explica. Su hermana Ada coincide en esta sensación, y asegura que cuando dice que es española, muchas veces la gente insiste en conocer su ‘verdadero’ origen.

Moha Gerehou, periodista y presidente de SOS Racismo en Madrid, coincide con ellas al afirmar que estas repetitivas preguntas pueden llegar a resultar incómodas. A veces te repiten “venga, ahora en serio, y parece que tengamos que sacar nuestro árbol genealógico” para explicar de dónde son o de dónde es su familia, nos explica Moha.

Derivado de ese “¿de dónde eres de verdad?”, viene el “¡qué bien hablas español, ¿no?”, que vuelve a la incompatibilidad de ser negro y ser español, a la incredulidad de algunos cuando entienden que la persona con la que están hablando no viene de otro país.

A esto se suman preguntas como “¿has estado alguna vez en tu país?” o, “¿hablas africano?”, adjudicando a todo un continente las mismas características lingüísticas y culturales sin tener en cuenta que cada persona es diferente, independientemente de dónde proceda.

Personas “de color”

Decir que alguien es “de color” en lugar de decir que es negro es algo que se ha convertido en políticamente correcto, pero hay movimientos anti racismo que buscan eliminar esta negatividad de la palabra negro y volverla a incluir en el lenguaje con normalidad.

“La palabra negro está tan asociada a la negatividad que nos resulta hasta chocante utilizarla para describir a una persona”, dice Moha. Por esta razón, a veces se “intenta quitarle dureza a la palabra y utilizar otras como morenito, de color…”, añade.

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La expresión “de color” solo se utiliza para las personas negras. | Foto: Geert Vanden Wijngaert/AP

Sin embargo, la expresión “de color” solo se utiliza para las personas negras, y no para gente de otra procedencia, como los asiáticos, por ejemplo.

“La gente intenta ser políticamente correcta y al final lo que hace es totalmente lo contrario, es como señalarte más todavía”, opina Nkiru. “Uno es negro, otro es rubio… son características físicas, lo puedes decir tranquilamente”, añade.

Por esta razón hay movimientos que reivindican la normalización del uso de esta palabra. “Se está reivindicando la palabra negro, para quitarle toda esa capa de negatividad que ha adquirido durante todos estos años para decir bueno, llámame negro, ni negrito, ni de color, porque es lo que soy”, nos explica Mohamed.

El color carne

Similar a llamar a una persona negra “de color” es llamar “color carne” a ese tono rosado que se asemeja con el color de piel de una persona blanca.

Aunque dicho sin mala intención, esta denominación puede causar confusión, sobre todo entre los niños, que no entienden por qué se llama “color carne” a algo que no se parece en nada a su tono de piel.

6 comentarios racistas que hacemos casi sin darnos cuenta
El color carne puede llegar a causar confusión a muchos niños en el colegio. | Foto: The Objective

“En el colegio te dicen: coge el color carne. Y claro, el color carne es el color de todos los niños menos el tuyo, y te preguntas, ¿y lo mío no es carne?”, cuenta Nkiru, recordando momentos que, aunque quizá en el colegio no la marcaron, sí que la han hecho reflexionar posteriormente.

En algunos colegios se han llegado a vivir situaciones en las que el profesor se “ha enfadado, preguntándole al niño que por qué se pinta de color marrón en lugar de color carne”, afirma Moha. Son momentos desagradables que se podrían evitar simplemente asumiendo que no hay un solo “color carne”.

“Si yo tengo un amigo negro”

“Oye, si yo tengo un amigo negro”, o su variación, “si a mí los negros me caen muy bien”, es otra frase que, aunque dicha con buena intención, esconde una actitud racista.

“Normalmente lo dicen tras decir algo contra los musulmanes, los sudamericanos u otro colectivo extranjero delante de mí”, nos cuenta Obi, un español de padre nigeriano. Lo dicen como si fueran una única persona, una única mente como si se tuvieran que excusar por lo que han dicho simplemente por estar él delante, añade.

Decir que tienes un amigo negro, o un amigo gay, como un argumento en tu defensa, hace que diferencies a ese amigo del resto y que, de alguna manera, sea distinto o especial por sus rasgos físicos o personales. Y, sobre todo, hace que ese amigo se pueda sentir incómodo.

“Pues para ser negro, eres guapo”

Sol, gallega de padre mozambiqueño, afirma que en más de una ocasión le han dicho “pues para ser negra, eres guapa”. Una frase que, aunque dicha como cumplido, no es más que una generalización y una muestra de racismo. “A mí me han dicho que soy la segunda negra más guapa que conocen”, nos cuenta Ada, que se sorprende de que se sigan diciendo este tipo de comentarios sin que nos demos cuenta de su verdadero significado.

“A mí me han dicho que soy la segunda negra más guapa que conocen”

“Partiendo de la base de que todos los negros son feos, es como decirte que tú has conseguido salir de esa ciénaga de fealdad”, dice Moha con humor.

Pero aunque algunos hayan decidido no tomárselo de una manera hasta divertida, este supuesto cumplido puede ser muy desagradable para quien lo recibe.

Ser mulato

La palabra mulato está completamente integrada en nuestro idioma y se considera, incluso, políticamente correcta. Sin embargo, su significado no es otro que la cría estéril que nace del cruce entre una yegua y burro, un mulo. Fue de este símil del que sacó la palabra ‘mulato’ para definir al hijo de una persona negra y otra blanca, nos explica Moha.

“¿Durante cuánto tiempo han soportado los mestizos que les comparen con un mulo?”, se pregunta en uno de sus vídeos sobre el racismo. Moha considera que esta palabra debería dejar de ser utilizada y, en su lugar, se debería hablar de personas mestizas.

“Lo que reivindicamos es que se hable de personas mestizas, como se habla en cualquier otro idioma”, explica.

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