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Poemas entre los escombros: Gritos de mujer desde Siria

Clara Paolini

Foto: MUHAMMAD HAMED
Reuters

Desde el caos, florecen voces que hablan de cenizas, nostalgias y punzantes sentires; gritos de mujer que moldeados en verso traducen a una dimensión humana el sinsentido de la Guerra de Siria. Provenientes de un hogar en ruinas, han establecido un nuevo canon literario y gracias al poder catártico y revulsivo de sus letras, ofrecen desde lo íntimo un poderoso antídoto contra la indiferencia.

Maram al-Masri y Maisoun Shukair son poetisas sirias. La primera, musulmana suní, nació en Latakia, emigró a París en los 80 tras desafiar la ley que prohíbe matrimonios interreligiosos y demuestra su firme oposición al régimen de Assad cada vez que tiene ocasión. La segunda ayudó a los heridos y desplazados por el conflicto desde su farmacia en Damasco ganándose las amenazas por parte del régimen y vio a su marido encarcelado como sospechoso opositor. Llegó al Centro de Refugiados de Alcobendas (Madrid) tras verse obligada a dejar a su hijo menor y su pareja en el lugar más inseguro del planeta. Reunida de nuevo con su familia en un minúsculo piso en el extrarradio de la capital, sueña con el momento de volver a su país mientras compone versos.

La poesía de ambas resonó en el encuentro de poesía árabe celebrado en la madrileña Casa Árabe, en el marco del Festival Internacional de Poesía y Arte “Grito de Mujer 2017”, un evento que volvió a confirmar la evidencia de una poderosa corriente impulsada por una genealogía de poetisas marcadas por el mayor conflicto bélico de la última década. Tras estudiar con esmero la poesía siria durante años, la escritora y traductora sirio-canadiense Ghada al-Atrash aseguró en una entrevista con Al Jazeera que “a día de hoy existe una literatura proveniente de Siria que hace unos años no podríamos haber soñado”, una afirmación que viene a corroborarse con cada verso compuesto por estas autoras.

En la escritura de Maram al-Masri y Maisoun Shukair encontramos las singularidades de dos biografías y personalidades divergentes, pero que amarradas a la pesada ancla del éxodo sirio, contribuyen a contextualizar, profundizar y enfatizar una realidad más allá de titulares y números. Leía Javier Marín Ceballos en el encuentro que “la poesía es el camino más corto entre dos inteligencias y facilita el sentir de lo ajeno como propio”, y es sin duda esa cualidad la que se erige como estandarte y reclamo para el lector despierto. Se trata de una narrativa que contiene en su interior creatividad, activismo y subjetividades femeninas y que, ante un mundo que tiende al vacío y a la ausencia de sentimiento, proporciona una identidad contra el olvido e intensifica la conciencia.

A pesar de lo paradójico que pueda resultar, en pocas culturas se ha prestado tanta atención, antes de épocas modernas, a los poemas compuestos por mujeres como en la árabe, siendo sus voces las que en la actualidad vuelven a ejercer una renovada misión que traspasa fronteras. Según afirma Teresa Garulo “en la época preislámica las mujeres sirias tenían asignada la tarea de llorar a los muertos y de pedir venganza con sus versos, así como de animar a los guerreros”; un papel que hoy vuelve a resurgir convirtiendo en luchadoras a las propias poetisas.

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Poema de Maram Al-Masri y fotografía de la autora | Foto: Albaida vía Wikicommons

En The Guardian el periodista Ed Vulliamy describía la poesía de Maram como una lírica más allá de nuestro tiempo porque “es más compleja, postmoderna y tortuosa que eso: es poesía de guerra desde la diáspora, desde aquellos que no están allí, dispersos en el limbo”. Maram representa en este momento a la poesía hecha vida que además ayuda a vivir, a la mujer árabe residente en Europa y a la lucha por la paz en Siria.

Su editor en España, Javier Marín Ceballos, presentó su nuevo libro Almas Con Pies Desnudos (editado en español por la Editorial Lancelot, 2016), describiendo su escritura con precisión: “A la vez grito de dolor y de alegría, hacen saltar por los aires todas las cortapisas sociales más allá de la cultura y de la época. El sufrimiento es un país sin fronteras”.

Escuchándole recitar sus propios poemas en árabe, resulta imposible no enamorarse de la palabra justa, de la casi incongruente felicidad con la que pronuncia oscuras cotidianidades y la sensualidad con la que parece no pudiera (ni quisiera) evitar impregnarlo todo.

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Maisoun Shukair durante la presentación de su libro en Casa Árabe | Foto: Clara Paolini / TO

No vayas a la muerte solo es el título de la segunda obra de Maisoun, una colección de poemas e historias cortas editados por Casa Árabe de Madrid que evocan retazos del dolor y miedo, momentos de persecución y la incertidumbre por un futuro incierto. Desde la publicación de su ópera prima, la premiada Saca tu cara de mi espejo, han pasado nueve años de masacre.

Antes de posar sus penetrantes ojos oscuros sobre el libro, ofrece palabras pausadas refiriéndose a su Damasco natal y la muerte de su hermano en 2013, asesinado en su propia casa el día del cumpleaños de su hija, delante de todos: “Allí, dentro del armario de mi madre, hay un botón muy pequeño. Eso es mi corazón (…) A mi hermano: Cada mañana siempre las balas que hunden los pechos con sombra, cada mañana las balas ahora marcan a cientos de sirios. Por eso, por favor, no vayas a la muerte solo”.

Verdades ponzoñosas y mentiras saludables

Gregorio Luri

Foto: Paul Hanna
Reuter

En Las mentiras convencionales de la civilización (1883), Max Nordau intentó fundar un régimen político basado en una concepción científica del mundo y que, en consecuencia, fuera refractario a cualquier tipo de mentira: religiosa, aristocrática, política, económica, erótica, de prensa… Le salió una bonita fábula literaria.

El proyecto fue retomado por James Morrow, un Jonathan Swift de nuestro tiempo, en su novela The City of Truth (1990), imaginándose la vida en Veritas, una ciudad sin mentiras, en la que todo el mundo es tan sincero que ni tan siquiera las metáforas están bien vistas. En la puerta de los ascensores puedes encontrar esta advertencia: “El mantenimiento de esta máquina se lleva a cabo por personas que detestan su trabajo. Tú sabrás lo que haces”. Los campamentos de verano para niños se llaman “Ahí os quedáis, chavales!”. Los anuncios comerciales hablan de los defectos de los productos que promocionan. Los políticos cuentan con pelos y señales sus trapicheos. El nombre de las hamburguesas es “bocadillos de carne de ternera asesinada”. Las fórmulas de cortesía son completamente honestas: “Suyo, pero sólo hasta cierto punto”. Los libros más leídos tienen títulos como “La mendacidad de las buenas maneras”.

El protagonista de The City of Truth es Jack Perry, un “deconstruccionista.” Su oficio consiste en destruir las viejas palabras mentirosas. No comprende cómo pudo vivir la humanidad en un mundo en el que los políticos mentían, las mujeres llevaban maquillaje, los niños creían en el ratoncito Pérez y no te podías dirigir a una desconocida para informarle de que estabas sexualmente a tono.

Veritas es la distopía de la transparencia absoluta.

Lo que James Morrow nos muestra irónicamente, Ibsen se lo tomó muy en serio. En Casa de muñecas y en Pato salvaje nos asegura que los seres humanos no podemos vivir en condiciones de absoluta realidad. Necesitamos enmascarar las miserias de nuestra naturaleza. Por eso nos inventamos el pasado del que nos gustaría proceder, el presente en el que querríamos vivir y las ilusiones que imaginamos merecer.

Parece que ninguna ciudad puede soportar el cinismo de los deconstruccionistas empeñados en desvelarle al grillo que canta feliz creyéndose un jilguero, que sólo es un miserable grillo o a la cría de centauro que galopa por la playa, que sólo es un mito. Bien lo sabía el gran Menéndez Pelayo cuando escribe que “temeridad sería negar la predicación de Santiago en España, pero tampoco es muy seguro el afirmarla”. Maeztu, dándole a la ironía una forma más grave, consideraba imprescindible defender la participación del apóstol Santiago en la batalla de Clavijo sobre un caballo blanco, sin transigir ni con que fuera tordo.

Yo sospecho que el mal de España es que nunca ha sabido mentirse a sí misma de forma verosímil.

Un británico hace Newcastle - Londres desde Mallorca porque le sale más barato

Redacción TO

Foto: Peter Nicholls
Reuters

Las tarifas ferroviarias en Gran Bretaña son, sin duda, algunas de las más desorbitadas de la Unión Europea. De hecho, hace unos meses, se publicaba un informe que reflejaba como los viajeros de ferrocarril británicos gastan seis veces más en las tarifas de tren que sus homólogos europeos. Así, por un viaje de Luton a Londres pagan un promedio de 387 libras al mes, esto equivale a un 14% de los ingresos mensuales. Un porcentaje significativamente mayor al 2% de Francia, el 3% de Alemania o el 4% de España.

Llegados a este punto, no es de extrañar que algunas personas busquen otras formas de viajar para así evitar esas infladas tarifas y, por supuesto, de esta forma también librarse de asientos incómodos y retrasos inexplicables.

Joe Furness, un joven de 21 años de edad, actualmente con residencia en Newcastle es una de esas almas inventivas. “Una vez volé de Newcastle a Manchester a través de Suiza porque era 20 libras más barato. Así que pensé que tendría que haber vuelos más baratos desde cualquier parte del mundo”, cuenta en un vídeo publicado en su canal de YouTube que ha sido posteriormente bloqueado, y en el cual, explica, “quería mostrar el ridículo de las tarifas de tren en Reino Unido”.

Y así lo hizo. Furness quería viajar a Londres desde Newcastle, un recorrido que en tren le costaría unas 78.50 libras. Así que se puso manos a la obra, y tras un rastreo en diferentes buscadores de vuelos encontró que podía realizar Newcastle – Mallorca – Londres por tan sólo 26 euros, lo que le supuso un ahorro de 50 libras. “He podido pasar una noche en una isla española, alquilar un coche, tomar un cóctel en la playa y coger un vuelo de vuelta a Londres y todavía me han sobrado 40 libras”, ha publicado en su cuenta de Instagram junto a una foto en la que se puede ver al joven en una playa de la isla mallorquina.

Sin embargo, la hazaña de Furness no ha sido la única de este tipo. En enero dos amigas británicas, Zara, de Birmingham, y Lucy, de Newcastle, decidieron quedar en Málaga porque les salía más barato que ir a verse en tren. Así, en lugar de coger un ferrocarril para recorrer los 320 kilómetros que separan sus ciudades, tomaron un avión y se encontraron a unos 2.000 kilómetros de distancia. Los billetes en avión para dos personas costaban 37 euros menos que el de tren para una. 

Túnez, una primavera árabe LGTBIQ a medio camino

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Hussein Malla
AP Photo, File

Túnez, la punta de lanza de los países árabes que se revelaron contra sus gobiernos en la denominada Primavera Árabe de 2011, es uno de los pocos en el que los ciudadanos han ganado en libertades y derechos con el establecimiento de una nueva Constitución en 2014. Podría decirse que es uno de los pocos Estados del Magreb donde las revueltas han triunfado y que se ha convertido en el representante más “democrático”, “progresista” y “estable”. No obstante, aún así, aun queda mucho por hacer.  Los aspectos relacionados con género e identidad en las sociedades árabes generan un intenso debate, donde predominan los prejuicios y el desconocimiento. La reivindicación de los derechos humanos es tarea pendiente para muchos ciudadanos, y en particular para minorías como el colectivo LGTBIQ.

Con motivo del World Pride 2017, que acoge Madrid, Casa Árabe se ha unido a esta iniciativa para “romper barreras y generar un espacio de encuentro y discusión, pero también de conocimiento y reconocimiento”. En este sentido, el lunes 26 de junio,  esta institución acogió a Hafedh Trifi, miembro del comité ejecutivo de la Asociación Tunecina por la Justicia y la Igualdad (DAMJ), que conversó con el periodista de la Cadena SER Álvaro Zamarreño, sobre la situación del colectivo LGTBIQ en Túnez.

Las leyes en Túnez

Hafedh Trifi asegura que su organización, DAMJ, libra una batalla contra el artículo 230 del Código Penal tunecino, que condena la sodomía. “En Túnez, desde la revolución de 2011, hemos ganados muchas cosas, como mayor libertad de expresión, de reunión, de manifestaciones… pero las libertades individuales siguen en proceso de cambio”.

Tras la revolución de 2011, DAMJ consiguió establecerse como asociación. Las dos primeras ocasiones en las que presentaron los papeles en la ventanilla de registro, su solicitud fue rechazada, pero a la tercera fue la vencida. No obstante, según Hafedh la organización no aparece en el BOE y por tanto se mueve en el campo de la alegalidad. “Se reconoce nuestra existencia, pero si tenemos algún problema, carecemos de protección y defensa”.

En 2014 se estableció una nueva Constitución en el país, que contiene tres artículos, el 21, 23 y 24, relacionados en cierta manera con colectivo LGTBIQ. En ellos se establece la protección de la integridad física, contra la tortura o los registros. Sin embargo, del artículo 49 no se habla demasiado. Este artículo está al final del capítulo dedicado a la libertad individual y establece lo que está permitido y lo que no.

La Constitución es el documento de mayor valor en la leyes tunecinas, se encuentra en la cúspide de la pirámide, pero el verdadero problema radica en el artículo 230 del Código Penal, que condena la sodomía. Lo estableció en 1913 el Protectorado francés, lo instauraron por tanto los colonialistas, aunque posteriormente se tradujo al árabe. Este artículo condena con penas de entre 3 a 5 años de prisión as relaciones entre dos hombres.

Además, el problema de ser condenado por sodomía es que al salir de la cárcel con antecedentes penales, no se puede  acceder a puestos en el sector público, y es más difícil acceder a trabajos en el sector privado.

Uno de los casos más sonados en Túnez fue el del joven de 22 años Marwan, arrestado y condenado en 2015 por homosexualidad, previo sometimiento al test anal. Tras convertirse en un hecho muy mediático y llevarse a cabo numerosas campañas para su liberación, salió de la cárcel tres meses después de su detención, una vez pagada la fianza de más de 1.000 euros y de haber quedado marcado por las vejaciones sufridas en el proceso y los antecedentes penales.

Hafedh asegura que para verificar que un hombre ha tenido relaciones sexuales con otro hombre, se lleva a cabo el llamado “test anal”. Los funcionarios aseguran que se hace con el consentimiento de la persona, pero no es así. “En Túnez, el consentimiento se consigue con torturas, agresiones y amenazas; no es una decisión libre”. Esta práctica es, sin duda, una vulneración de los Derechos Humanos.

Los arrestos en este país mediterráneo comienzan con el aspecto físico de las personas. “Los cuerpos de seguridad detienen a hombres más afeminados o a mujeres más masculinas, o incluso por su ropa de vestir”. Posteriormente al arresto es cuando se producen los actos de violación de la intimidad personal con el registro de los domicilios, de la correspondencia o incluso de los móviles, pese a que la constitución condena estos actos.

Los transexuales tampoco están reconocidos por el gobierno, no tienen identidad ni derechos. Carecen de los papeles necesarios en los que se muestre la identidad de género que han elegido. Asimismo, existe una circular por la cual los médicos tiene prohibido atenderles.

La sensibilización como arma

DAMJ y otras organizaciones del colectivo realizan un trabajo de sensibilización que consiste en trabajar con personas del colectivo, darles a conocer sus derechos o enseñarles a protegerse, a través de vídeos y guías, como la Guía de Seguridad que publicó la asociación tunecina en diciembre de 2016. En ella, además de informar sobre los derechos de las ciudadanos, también se dan consejos para proteger las contraseñas, sobre cómo actuar ante un arresto, el derecho a negarse al test anal, la recomendación de no firmar ningún documento sin leer todo muy bien previamente, etc… La asociación también pone un abogado a disposición de las personas que lo necesiten.

“La siguiente parte de nuestro trabajo consiste en trabajar con el gobierno, los Ministerios de Justicia, Interior o Sanidad. Intentamos dialogar con ellos, ya que tienen el poder para cambiar las leyes, aunque no es nada fácil”.

Para conseguir cambios en el país, también es importante establecer diálogos con los médicos, psiquiatras, psicólogos, sexólogos, para intentar acabar con el test anal, que se realiza sin consentimiento a dos personas que han mantenido relaciones consentidas en el ámbito privado. El test es una tortura que va en contra de la ética humana y del juramento hipocrático médico, en el que se establece que se debe proteger al paciente. En abril de 2017 el Colegio de Médicos de Túnez se opuso al test anal.

“En algunos casos, los hombres han sido sometidos al test anal delante de policías e incluso esposados, sufriendo insultos y vejaciones varias. Es un acto de humillación contra la dignidad humana”.

Quizá una de las cosas que más choquen en una sociedad moderna sean las llamadas “terapias de reconversión”. Hay caso de familias tunecinas que cuando tienen un hijo homosexual o bisexual intentan curarles. “Sin generalizar, una gran parte de psicólogos en Túnez llevan a cabo terapias de cura, que solo causan daños psicológicos, por supuesto. Nosotros intentamos acabar con esto”.

En algunos centros educativos los jóvenes sufren rechazo por su condición sexual. Resulta llamativo el caso de seis jóvenes homosexuales de la ciudad de Qairouan, que fueron expulsados de la universidad y se quedaron sin derecho a la educación.

En cuanto al trabajo de la asociación con la juventud, “es algo muy difícil”. Acudir a colegios o institutos para impartir charlas de eduación sexual es algo imposible. “Nos acusarían de perversión de menores“. Para llegar a los jóvenes, la organización intenta sensibilizar a profesores y directores.

La lucha política

En referencia al partido islamista, Enahda, Hafedh asegura que es un partido dividido entre aquellos que se oponen a los ataques contra la libertad individual y los que consideran la homosexualidad una enfermedad, como el exministro de Derechos Humanos.

Otros partidos más progresistas, los de izquierdas, sí apoyan al colectivo LGTBIQ en el país, pero no los manifiestan. “No se dan cuenta de que con su silencio están dando su apoyo al gobierno“.

Si con la política no fuera suficiente, la religión también entra en juego. “En Túnez nos movemos en el Estado de Derecho, la religión no rige la República, y queda acotada al ámbito privado”, afirma Hafedh. “Nosotros no entramos en ese debate, cada uno es libre de seguir su fe, aunque sí que es verdad que en otros países donde la religión tiene una gran fuerza en el gobierno, la situación del colectivo LGTBIQ es mucho más complicada”.

A pesar de todas las trabas, DAMJ no actúa sola, existen redes de colaboración con organizaciones en otros países árabes. No obstante, el trabajo no es fácil y en numerosas ocasiones, los miembros de las asociaciones sufren amenazas. “Algunos han tenido que huir de sus países tras sufrir amenazas de muerte”.

Antonio Pampliega: “El terrorismo es una agencia de marketing”

Clara Felis

Foto: Cecilia de la Serna
The Objective

Su mirada proyecta cierto cansancio y escepticismo. Es difícil recordar. También repetir el discurso e indagar en el inconsciente para detallar todo aquello que en su día enterró el sufrimiento. Los golpes. La escasa dieta de olivas y arroz. La pérdida del juicio. El nombre propio. La condición de ser humano.

Antonio Pampliega (Madrid, 1982) busca siempre una salida de emergencia y dirige su foco visual hacia ambos laterales. Es su manera de resetearse. De intentar no caer en el discurso lacrimógeno y sobreactuado. Le da prioridad a los datos, fechas y personajes. Las conclusiones que las saque el de enfrente. Periodismo sin aditivos: investigar, contrastar y escribir. El mismo método que ha empleado en todas las páginas que conforman En la oscuridad. Diez meses secuestrado por Al Qaeda en Siria (Ediciones Península, 2017), un extenso reportaje en formato libro en el que el periodista de guerra relata cada uno de los 299 días que pasó secuestrado por la organización terrorista. Los sueños de la guerra producen monstruos. La memoria también.

Jugabas habitualmente al ajedrez con Tom, como llamas en el libro a uno de tus secuestradores. ¿Cuál es la partida más difícil que tuviste durante tu cautiverio?

La partida más dura fue aguantar solo. Estar solo en una habitación sin poder salir de allí es muy muy duro. Te meten con todos tus fantasmas y te machacan psicológicamente porque te presionan para que digas que eres un espía y no un periodista. Yo sabía que si les decía algo al día siguiente me iban a cortar la cabeza. Tuvimos mucha suerte de que nos cogiera Al Qaeda, si hubiera sido el Estado Islámico nos parte por la mitad.

La escritura te salvó de caer en la demencia…

Cuando me separaron de mis compañeros me dieron papel y lápiz. Fue entonces cuando le iba contando a mi hermana lo que me ocurría, no todos los días, pero sí en momentos puntuales. Acordarme de las fechas y escribir era lo único que tenía para no perder el norte, aunque muchas veces estando solo ni me reconocía (resopla con cierto reparo).

“El terrorismo es una agencia de marketing”/ “En 140 caracteres no entra una historia” 2
Entrevista a Antonio Pampliega. | Foto: Cecilia de la Serna / The Objective

Con varios de tus captores hablas sobre sus motivaciones políticas y la defensa de la sharía. ¿Llegaste a comprender su comportamiento y el trato recibido?

Sí que acabas entendiendo por qué hacen ciertas cosas. Desde Europa a esta gente se les tacha de terroristas. Por ejemplo, Tom me decía que no quería ir a Europa, que lo único que deseaba era quitar a al Assad y vivir libre. Es entonces cuando piensas, ¡pero si mi abuelo hizo lo mismo hace 80 años! Cogió un rifle y se fue a combatir por la República. ¿Es mi abuelo un terrorista?

¿Has vuelto a saber de Usama, el contacto que te traicionó?

Me escribió hace poco pero no me interesa. No quiero saber por qué me vendió. Él dice que también fue víctima del secuestro, pero le pedí que no me escribiera más porque no quería saber nada de él. Me ha decepcionado.

¿Y nunca llegaste a sospechar de él?

Durante un año estuve trabajando el contacto de Usama. Pregunté a gente que conocía sobre el terreno, a compañeros que habían trabajado con él y todos me hablaban muy bien. Yo me fío de lo que dice un compañero porque cuando otros han ido a sitios donde yo he trabajado les he dejado mis contactos y mis traductores. Si un compañero me dice que el chaval es bueno, que habla buen inglés y que tiene buenos contactos, me fío de él.

¿Preguntar sobre el terreno, buscar fuentes, es algo que se ha perdido en el periodismo actual?

Para mí es la única manera de hacer periodismo. Ahora es todo a golpe de tweet y en 140 caracteres no entra una historia.

¿Crees que L.M., el ex militar que se presenta como tu amigo, buscaba reconocimiento?

Buscaba reconocimiento, por supuesto, pero quiero creer que lo hizo de buena voluntad. Él no pensaba que me iba a meter en un problema.

Y no sabes nada de él..

Desde 2016 no he vuelto a tener noticias suyas. Habrá leído las entrevistas y se daría cuenta del lío en el que me ha metido.

“El terrorismo es una agencia de marketing”/ “En 140 caracteres no entra una historia” 3
Antonio Pampliega. | Foto: Cecilia de la Serna / The Objective

Al inicio del libro describes cómo se te para el reloj de pulsera. Una señal, según indicas, de que las cosas no iban salir bien. ¿Sabías que esta iba a ser tu última vez en Siria?

Sí, yo sabía que nos iban a pillar. Si no era en esta era en la siguiente.Desde 2014 la situación había empeorado y cada vez te vas a arriesgando más. Sin embargo, cuando pasa no lo ves venir, no te lo esperas.

¿Merece la pena pagar para ir a la guerra?

Merece la pena contar la verdad. La guerra del freelance es cada vez más dura porque pagan peor y hay más competencia. Yo he ido a zonas de guerra donde periódicos me han pagado 35 euros a dividir entre el fotógrafo y yo por una crónica en Siria. El problema es que va a peor y el día de mañana nos extinguiremos como los dinosaurios. Por eso secuestran y matan periodistas, porque somos prescindibles.

Hay muchísimos chicos jóvenes que salen de la universidad con una cámara  y se van a Siria sin saber donde se están metiendo. Parte de la culpa tienen las redes sociales. Para nosotros, los free, las redes sociales son nuestro portfolio, nuestro currículum. Es el espacio donde colgamos todas las fotos, los textos y los vídeos. A él accede mucha gente, especialmente aquella que nos tiene como foco y piensa que puede hacer lo mismo.

¿Qué duele más, la culpa propia o las torturas de terceros?

La culpa propia (se queda en silencio varios segundos asimilando lo que acaba de decir). Es lo que más me dolió, porque las torturas las puedes llevar mejor o peor, pero la culpa propia es una losa complicada. Me sentía culpable de haber ido. Me sentía culpable de haberme equivocado con el fixer. Me sentía culpable de haber obligado a llevar a mis amigos a Siria. Me sentía culpable de haber mentido a mi familia, porque les dije que no iba a volver a Siria. Me sentía culpable de muchas cosas. Todavía hoy me siento culpable de algunas.

¿Qué muere de Antonio cuando nace Wail, el nuevo nombre que te asignan tus secuestradores?

Muere todo porque me lo quitaron todo. Te acaban anulando, ese es el objetivo. Cuanto más te aprietan más fácil eres de manejar. Al final del secuestro es cuando encuentro un poco de valor. Era como Alicia detrás del espejo. No sabía lo que era real o no.

¿Ir a la guerra también te convierte en un mercenario?

Sí, pero no solamente la guerra, aquí también hay historias que te pueden convertir en un mercenario. La gente va a la guerra porque es un chute de adrenalina, vanidad, ego. Busca reconocimiento. Lo digo porque he pasado por todas esas etapas. Yo quería reconocimiento, quería destacar, quería ser alguien importante dentro de la profesión y ¿qué es lo que más eco tiene dentro de nuestra profesión? Ser corresponsal de guerra. A mí se me ha reconocido porque me han secuestrado pero si valgo ahora no es por el secuestro, yo era bueno o malo antes.

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Antonio Pampliega. | Foto: Cecilia de la Serna / The Objective

¿Cuánto marketing sustenta este tipo de terrorismo?

El terrorismo es una agencia de marketing. Ahora mismo la marca del Estado Islámico pesa mucho más que la de Al Qaeda, y todas las que formaban parte de ella son ahora del Estado Islámico. Boko Haram, por ejemplo. Son los mismos con el mismo ropaje y mismos objetivos: Sembrar terror.

¿Cómo se puede frenar este conflicto y qué papel juegan los distintos organismos internacionales como la ONU?

La gente se echó a manos del Estado Islámico porque no se aguantaban unos a otros. En Mosul los que estaban gobernando eran chiitas, pero el 90% de Mosul son sunitas. Los chiitas masacraban a los sunitas. Ese es el problema. Hay sumisión y hay miedo, pero hay gente que se lo cree y quiere eso a otras cosas. Contra eso no se puede luchar. Es imposible. No hay solución.

No creo en los organismos internacionales porque parte de los que cortan el bacalao son los que te venden las armas. Naciones Unidas es un cáncer y tiene parte de culpa en todo esto. En Sudán del Sur no puedes ir a un campo de refugiados ni un sábado ni un domingo porque los cooperantes están de barbacoa y tienen que  descansar. A la prensa no la dejan entrar en los campos de refugiados. Esto es verídico y me ha pasado. Gervasio Sánchez tiene una frase que me gusta mucho en la que dice que las guerras dejarán de existir en el momento en el que dejen de ser rentables.

Llama la atención que los propios secuestradores dejaran al alcance los cuchillos y nunca les atacarais..

Éramos más en número, teníamos cuchillos y sabíamos dónde estaba el kalashnikov que guardaban, pero para matar hay que valer. Yo no valgo.

¿Crees que el suicidio es un acto valiente?

Visto desde aquí no. Allí, con esas circunstancias, era mi vía de escape. Quitarse la vida nunca es valiente.

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