Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

¿Por qué acusan a las mujeres en la China rural de brujería? Un estudio da las pistas

Redacción TO

Foto: Carlos Barria
Reuters

La caza de brujas no se quedó en la época medieval. En la China rural, un 13% de las mujeres son acusadas de tener poderes sobrenaturales y por esa razón, resultan estigmatizadas. Un nuevo estudio publicado en Nature Human Behaviour, hecho por científicos de tres universidades, ha logrado dar una respuesta al por qué de este fenómeno que continúa afectando a miles de chinas.

Los analistas de University College de Londres, de la Academia de las Ciencias de Pekín y de la Universidad de Lanzhou, estudiaron 800 hogares de cinco poblaciones agrícolas ubicadas al sur-oeste de China.

Además de comprobar la hipótesis más extendida entre los antropólogos, que las acusaciones de brujería son generalmente un castigo para aquellos que no cooperan con las normas locales, el estudio concluye que la estigmatización busca evitar la competencia femenina en el sector agrícola.

Los investigadores fueron alertados por los propios pobladores de no aceptar alimentos en ciertas casas por considerar que las dueñas a quienes les llaman “zhu” o “zhubo” -bruja- les ofrecerían pociones. Un 13% de las dueñas de las casas habían sido etiquetadas de “brujas”. Éstas raramente tenían hijos o esposos, tampoco podían recibir regalos ni trabajar en los campos de otros. Por el contrario, entre las etiquetadas, sí había solidaridad y cooperación.

Las denuncias por brujería son comunes cuando las sociedades patriarcales quieren mantener su dominio sobre las mujeres. | Foto: Stringer / Reuters

“La etiqueta se aplicaba generalmente a las mujeres adultas cabeza de familia y, a menudo, se heredaba en la línea femenina. Encontramos que aquellos en hogares de “zhu” eran menos propensos a dar o recibir obsequios o ayuda de granjas o de hogares no “zhu”; tampoco tenían parejas sexuales o hijos con aquellos en hogares no “zhu”. Sin embargo, las “zhu” sí ayudaron y se reprodujeron entre sí”, señala el informe.

El método utilizado por los científicos fue comparativo. Estudiaron las diferencia y similitudes entre las mujeres estigmatizadas como “brujas” con aquellas que no. Realizaron encuestas -casa por casa- y analizaron data sobre el funcionamiento de las plantaciones y cosechas en las zonas agrícolas.

El informe también destacó, otra cosa ya sabida entre los sociologos y antropólogos, que esas etiquetas son un mecanismo de control social debido a que las “brujas” resultan indignas de confianza y alientan a las demás mujeres a conformarse a las normas preestablecidas por temor a ser juzgadas. Otra conclusión del análisis, es que las denuncias por brujería son comunes cuando las sociedades patriarcales quieren mantener su dominio sobre las mujeres.

Continúa leyendo: El gran poder de China pasa por su nueva Ruta de la Seda

El gran poder de China pasa por su nueva Ruta de la Seda

Luís Torras

Foto: JASON LEE
Reuters

Desde 2012, China ha avanzado con paso firme convertirse en una Gran Potencia con influencia real sobre la comunidad internacional, capaz de controlar sus intereses domésticos y los regionales.Uno de los grandes ejes de esta política exterior es el llamado One Road, One Belt: una ambiciosa empresa de colaboración internacional para impulsar infraestructuras y el desarrollo económico a lo largo de la amplísima región euroasiática. Un proyecto que alumbra una China más abierta, colaborativa e integrada en la economía global con las nuevas oportunidades y amenazas que esto supone.

A lo largo de la historia, China ha tenido una actitud ambivalente con respecto al comercio exterior. Dinastías como la Yuan (Mongoles), que dominó el destino de China durante los siglos XIII y XIV (1279-1368), fue relativamente plana, abierta y permeable para con el intercambio cultural. Estos serán los tiempos de Marco Polo, donde los dominios del entonces emperador Kublai Kan se extendían desde el norte de Manchuria hasta la orilla misma del Danubio. Tiempos de comercio e impulso tecnológico que culminará con los viajes por el Índico del marino Zheng He iniciados en 1371 e interrumpidos de forma repentina en 1433 por motivos políticos. Durante estos años de apertura, China parecía olvidarse de su Gran Muralla, que durante tanto tiempo había sido barrera de protección y muro de aislamiento, como recuerda la historiadora Julia Lovell.

Esta visión aperturista no será la tónica general. Con la llegada de la dinastía Ming, China alcanzará su zénit, pero también iniciará su declive. Poco antes de la interrupción de los viajes de ultramar del marino Zheng He, el gran Emperador Yongle trasladará la capital del imperio de la comercial Nankín a Pekín, más al norte, y mandará construir la Ciudad Prohibida (1401), que durante los siglos sucesivos aislará tremendamente al emperador de su pueblo. Se iniciaba así un largo proceso de anquilosamiento institucional que irremediablemente conducirá de forma irremediablemente al retraso económico. China se cerraba en sí misma favoreciendo un modelo vertical, jerarquizado, condenando al ulterior potente Imperio celeste a merced de potencias extranjeras hasta bien entrado el siglo XX.

Mapa de la influencia Mongol en los s. XIII y XIV. | Fuente: World Economic Forum

La historia volverá a tener un importante punto de inflexión en 1949, cuando los comunistas liderados por Mao Zedong recuperaron la soberanía y la unidad de China de nuevo. El Partido Comunista se convertía de facto en una nueva dinastía, marxista, no feudal, en la que, como en el pasado, coexistían elementos más reformistas y aperturistas con elementos más autoritarios. En 1978, con el advenimiento de Deng Xiaoping, China iniciaba (por fin) un nuevo ciclo de prosperidad, el más importante de su historia, iniciando una importante reforma pro-mercado y una decidida apertura al exterior. Unos cambios fundamentales que se sitúan en la base del crecimiento económico de los últimos años, y catalizador de los anhelos de China de influir en los asuntos del mundo. 

China no tiene la ambición de ser una potencia global; sí de afianzar su posición como potencia regional y recuperar su antigua área de influencia. La Nueva Ruta de la Seda es una pieza estratégica central para cumplir esta visión y por la que China busca asegurar, por mar y tierra, el acceso a mercados claves tanto para el abastecimiento de materias primas como para dar salida a sus mercancías. Para comprender la importancia estratégica que tiene para China “connecting the dots”, en feliz expresión de Steve Jobs, es importante aproximar (aunque sea de manera somera), la muy diferente y desigual situación geoestratégica de partida del gigante asiático en comparación a Estados Unidos.

Estados Unidos tiene dos salidas estratégicas al mar, cuenca Atlántica y Pacífica, además de ejercer una gran influencia en el mar del Caribe. Únicamente tiene fronteras con dos países, Canadá y México, sobre los que, además, ejerce una gran capacidad de influencia, y cuenta con suficientes recursos hídricos y superficie disponible para la agricultura para garantizar su seguridad alimentaria y, también, de forma creciente, el suministro de energías primarias. China, por su parte, concentra una quinta parte de la población mundial y sólo tiene un 6% de la tierra cultivable (una parte muy importante del país es desierto), con amplías zonas con un importante estrés hídrico. Estos condicionantes hacen que el país sea crecientemente dependiente del exterior en el crítico capítulo alimentario y también en el energético. China tiene una sola salida al mar y unas complejísimas fronteras con hasta 14 países diferentes, donde se incluyen potencias nucleares como Corea del Norte, India, Pakistán o Rusia, además de tener cerca de sus costas a dos importantes aliados de EE UU, Corea del Sur o Japón, lo que da lugar a frecuentes conflictos territoriales. Una situación muy compleja para un gigante en edad de crecimiento. 

Al margen de asegurar el acceso a mercados estratégicos, la nueva Ruta de la Seda quiere ser un elemento para la cooperación internacional y la estabilidad en el área de influencia china. Uno de los factores clave de éxito de las reformas en los últimos años ha sido la gran habilidad de Pekín para forjarse un entorno relativamente favorable. Xi Jinping, el líder más destacable del panorama político actual (con diferencia), es buen conocedor de las lecciones de la historia y ha intensificado como ningún otro líder chino una intensa agenda internacional que le ha llevado a establecer relaciones con prácticamente todos los países de la región. La diplomacia china ha sabido tejer alianzas y complicidades con potencias regionales menores pero también con la Rusia de Putin, la Turquía de Tayyip Erdogan, o, recientemente, también con los Estados Unidos del siempre polémico Trump.

La Nueva Ruta de la Seda incorpora un mensaje de compromiso con la colaboración internacional y el comercio –un mensaje especialmente claro en los últimos encuentros en Davos–, lo que, paradojas de la vida, ha convertido a China en uno de los principales y más estables pilares de defensa de la globalización en un momento caracterizado por el auge del populismo en Occidente y el cuestionamiento de los pilares sobre los que se asienta el progreso de las últimas décadas. Un compromiso que incorpora un vector educacional y para con el bienestar social en una concepción holística del crecimiento económico, muy propia del pensamiento chino. Un enfoque diplomático amplio, que rara vez se circunscribe a un aspecto específico, sino que busca el equilibrio largo plazo en el conjunto de las relaciones internacionales.

Fuente: World Economic Forum
Fuente: MacKinder, The Geographical Journal (1904).

A cambio, China gana influencia regional, y afianza su posición de potencia global (ahí están los mapas de MacKinder), lo que puede conllevar importantes dividendos en clave doméstica. China necesita diversificar sus mercados para la exportación, algo fundamental para favorecer un soft landing que resuelva los problemas de sobrecapacidad que arrastra el país en muchos sectores, al tiempo que garantizar el suministro de fuentes de energía primaria y comida. El esquema de estos proyectos es siempre el mismo: China, a través de sus instituciones estatales de crédito, financia proyectos en países menos desarrollados para impulsar carreteras, trenes, puertos y otras infraestructuras básicas. A cambio, estos proyectos son desarrollados por contratistas chinos; que, luego, pasan a estar controlados (de una manera u otra) por la propia China. Un proyecto global con marcado liderazgo chino y características chinas (también por lo que hace a los estándares de contratación y transparencia). El gran reto de todo lo anterior: la financiación. Esta por ver hasta que punto las finanzas chinas serán capaces de impulsar todos estos macro proyectos sin dañar la solvencia de sus finanzas públicas.

Sin infraestructuras, difícilmente es posible el desarrollo económico. China necesita asegurar el progreso económico en los países de su entorno y área de influencia como piezas esenciales para su propio crecimiento (de nuevo, esta visión de gran angular tan propia de la manera de pensar china). La nueva Ruta de la Seda lanza un potente balón de oxigeno al eje euroasiático, lo que alumbra un escenario global con poderes globales más diluidos, más heterogéneo, más equitativo en términos geopolíticos, y con un cada vez mayor regusto chino. China lanza así una visión más organicista del mundo que buscar reforzar el eje comercial más importante del mundo durante siglos como señala el historiador Peter Frankopan en su imprescindible The Silk Roads, retornando, también, a una china más horizontal y abierta al mundo. Habrá que estar atentos.

Artículo publicado originalmente en el World Economic Forum en español.

Continúa leyendo: La mujer china redefine la belleza de género

La mujer china redefine la belleza de género

Leticia Martínez

Foto: Thomas Peter
Reuters

La androginia entre las jóvenes chinas es tendencia; el rechazo a la definición y los estereotipos de género parece contrarrestar la presión de una sociedad tradicional que estimula la hiperfeminidad en las mujeres. La aparición en la escena musical de varias cantantes que prefieren no definir su sexualidad o género parecen avivar los debates sobre el ideal femenino de delicadeza y sumisión en la cultura china. Esta, no es otra loca moda del país asiático, pues lleva ya varios años asentada entre las nuevas generaciones y parece ser más popular que nunca.

La nueva sensación del pop chino se llama FFC-Acrush, es una boy band compuesta por cinco jóvenes de entre 18 y 24 años, que cuenta con unos 900.000 seguidores en la popular red social china Weibo, muy cerca de casi el millón de fans que tiene la venerada Katy Perry. Sin embargo, los titulares que genera Acrush no tiene tanto que ver con su música, como con el hecho de que sus integrantes son chicas, aunque parecen chicos. Las componentes de Acrush visten, bailan y actúan como lo haría One Direction, incluso aprenden a jugar al fútbol para practicarlo durante sus conciertos.

Hiperfemeninas y andróginas, las mujeres chinas se rebelan contra los estereotipos de género
Las componentes de FFC-Acrush antes de una conferencia en Pekín, China. |Foto: REUTERS/Damir Sagolj

El fenómeno, llamado ‘genderfluid’ – fluidez de género, en español­–, se basa en la mezcla de géneros.  “Estamos aprovechando la singular belleza de la neutralidad de género“, dijo Wang Tianhai, director de la multinacional que lleva la banda, en una entrevista a la CNN. “Reconocemos que este grupo de personas representan un sentido especial y único de belleza, y creemos que este estilo puede convertirse en tendencia”.

La popularidad de este grupo llega después de que Li Yuchun, una cantante de aspecto andrógino, ganara ‘Super Girl‘, un concurso tipo ‘American Idol’, con millones de espectadores repartidos por todo el país. “Desde entonces, todas las mujeres jóvenes del país se han dado cuenta de que las chicas que van vestidas como chicos no son menos guapas, sexualmente atractivas o seguras“, comentó Lei Ming, CEO de ABD, una consultora de entretenimiento de Beijing a la cadena CNN. “Su imagen indica una nueva tendencia en la representación del género de la China contemporánea. Tras décadas de rechazo de la imagen masculinizada de las mujeres promovida por la tradición Maoísta, y el fomento de la vuelta a la hiperfeminidad por parte del actual Estado chino, muchas mujeres se han embarcado en un proyecto para deshacer los estereotipos de género promovidos por los ideales masculinos”, asegura la profesora de Estudios de Género, Xin Huang, de la Universidad de Milwakee en el libro Cultura asiática en transición (2013).

En la filosofía e historia china, las mujeres siempre han ocupado un lugar secundario, encargándose del hogar y del cuidados de los hijos. El legado del Taoísmo, por ejemplo, describe el ‘yin’ como la feminidad suave y pasiva, mientras que el ‘yang’ representa la masculinidad, que se basa en principios de dominación. La apertura de China a nuevos mercados económicos, la globalización y la muerte de Mao Tse Tung acabaron con la imagen asexual de las mujeres durante el comunismo, para adquirir en su lugar un ideal extremadamente tradicional de lo que se supone que debe ser una mujer, y que ahora se pone en entredicho.

Hiperfemeninas y andróginas, 1
Las mujeres chinas durante el gobierno de Mao Tse Tung se equiparaban a los hombres a través de una imagen asexual. Fot: Flickr/ Usuario IISG.

El término andrógino escapa a las normas socioculturales y a la dualidad de los sexos, por eso la apuesta de Li Yuchun por una imagen distinta a la usual es un paso hacia una mayor independencia de los ideales fuertemente arraigados en el patriarcado chino, un paso más hacia el empoderamiento de las mujeres.

No obstante, aún queda mucho por recorrer, pues la controversia persigue a estas cantantes, ya sea por cómo visten, por lo que cantan o por lo que hacen. La ansiedad social por categorizar el género es, sin duda, una manifestación de la inquietud que producen los cambios, aunque estos lleguen en forma de meros productos de consumo o tendencias pasajeras, pues ayudan a reflexionar y a observar el mundo desde otros niveles.

Continúa leyendo: El mundo solo tiene dos palabras para el té (y hay una explicación)

El mundo solo tiene dos palabras para el té (y hay una explicación)

Redacción TO

Foto: Kira auf der Heide
Unsplash

Es curioso: en el mundo solo existen dos palabras para definir lo que nosotros, en castellano, denominamos . Una es esta primera ––, como también la conocen en inglés, afrikáans o malayo, con sus respectivas variantes, y otra es cha, como lo pronuncian los árabes (shay), los rusos (chay) o los japoneses (ocha). Las raíces comunes de las dos palabras, además, tienen un mismo punto de origen, y éste no es otro que China.

El modo en que se extendieron es una de las muestras de que la globalización, aunque así lo creamos, no es un término exclusivo del siglo XXI, sino que forma parte de la historia de la humanidad. En este sentido, el término cha se extendió con más éxito en los lugares que atravesaba la Ruta de la Seda, donde esta infusión se comercializa desde hace más de dos milenios. El término , en cambio, tuvo mayor fortuna en zonas portuarias por la influencia de los marinos holandeses, tal y como cuenta el periodista Nikhil Sonnad en la revista Quartz.

El origen de cha se encuentra en las lenguas siníticas, procedentes de la China Oriental, que fue abriéndose paso hacia el interior de Asia hasta Persia, primero, y después en todas direcciones: incluso en el África subsahariana hay lenguas –como el swahili– que la incorporan en su variante chai.

El mundo solo tiene dos palabras para el té (y hay una explicación) 1
Un grupo de trabajadores recoge hojas de té en un cultivo de Changsha, China. | Foto: Sheng Li/Reuters

Con todo, en algunas regiones del gigante asiático donde se habla la variante china minnan, especialmente en la provincia de Fujian –con una población superior a 35 millones de habitantes–, emplean la palabra te. Desde aquí y desde Taiwán se extendió gracias a los holandeses en otras zonas de Asia y particularmente en Europa, donde desarrollaron un gran comercio en el siglo XVII.

Esto explica que en alemán se diga tee, en francés thé, en inglés tea y en español e italiano . Pero no es el caso de Portugal: allí emplean la palabra chá. Se debe a que la ruta de comercio marítimo de los portugueses era distinta; en islas como Macao empleaban el término cha.

Es cierto, también, que hay lugares en el mundo donde se puede reconocer al té con otras palabras. Tal y como explica Sonnad, la explicación reside en que son tierras fértiles donde el cultivo es ancestral. Es el caso de Birmania, donde reconocen a las hojas de té como lakphak. Lo cual no quita brillo a la fotografía de un mundo donde los europeos no somos el epicentro de la globalización, sino un enclave más.

Continúa leyendo: Vídeo | El aprendizaje de mandarín de Macron inunda las redes sociales chinas

Vídeo | El aprendizaje de mandarín de Macron inunda las redes sociales chinas

Redacción TO

Un video del presidente francés Emmanuel Macron donde aprende a decir “hacer nuestro planeta grande otra vez” en mandarín ha inundado las redes sociales chinas, mientras el mandatario realiza su primera visita de Estado al país. La frase hace alusión a la usada por Donald Trump en su campaña electoral (‘Make America great again’, “Hagamos América grande otra vez”).

Lee más en: http://bit.ly/2CRtCb4

TOP