Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

Por qué erradicar el matrimonio infantil puede ayudar a acabar con la pobreza

María Hernández

Foto: Mohamed Salem
Reuters

El matrimonio infantil suena antiguo, desfasado, increíble casi. Pero no lo es en más de 90 países, donde una niña de apenas 11 o 12 años puede acabar casada y embarazada a los pocos meses por decisión de su familia. En países como Uganda, India o Mozambique, casarse antes de los 18 años es una práctica demasiado común y, en la mayoría de ocasiones, forzada.

Esta práctica, a pesar de haber decrecido en los últimos, sigue siendo una práctica muy común en países en desarrollo. En 25 de estos países, más de un 35% de las mujeres se han casado antes de los 18 años, y algunas de ellas lo han hecho nada más alcanzar la pubertad. Esto significa que cada día contraen matrimonio más de 41.000 niñas menores de 18 años.

Numerosas ONG han creado campañas a lo largo de los años para luchar contra esta práctica, que en numerosas ocasiones se realiza por obligación de las familias. Las organizaciones hablan a menudo de los problemas que estas uniones ocasionan a las mujeres jóvenes, que, a menudo privadas de su libertad, tienen que abandonar sus estudios y dedicarse por completo a su nueva familia.

Sin embargo, el Banco Mundial ha querido dar un nuevo enfoque a este tema, poniendo de manifiesto el desmesurado coste que tiene el matrimonio infantil para los países en desarrollo y el gran ahorro económico que supondría erradicar esta práctica.

El matrimonio infantil en cifras

Más de 90 países permiten el matrimonio infantil con el consentimiento de los padres, y “cada dos segundos una niña ve negado su derecho a elegir cuándo y con quién casarse”, explica la ONG Plan Internacional. Si los matrimonios infantiles continúan produciéndose al ritmo que lo hacen actualmente, más de 140 millones de niñas estarán casadas en el año 2020, añade la ONG.

“Cada día contraen matrimonio más de 41.000 niñas menores de 18 años”, explica Suzanne Petroni, una de las autoras del informe  Impacto Económico del Matrimonio Infantil, elaborado por el Banco Mundial y el Centro Internacional de Investigaciones sobre Mujeres (ICRW, por sus siglas en inglés).

La erradicación de esta práctica supondría un beneficio anual que podría superar los 500.000 millones de dólares, explica el informe. Uganda, por ejemplo, obtendría un beneficio de 2.400 millones de dólares al año si acabara con este tipo de uniones.

Por qué erradicar el matrimonio infantil puede ayudar a acabar con la pobreza 4
Una niña de 14 años, que se casó a los 11, sostiene a su bebé de cuatro meses en una localidad de India. | Foto: Danish Siddiqu/Reuters

Poner fin a esta práctica reduciría también las tasas de mortalidad entre los niños menores de 5 años, lo que supondría unos beneficios de 90.000 millones anuales para el año 2030.

“El matrimonio infantil no solo pone fin a las esperanzas y los sueños de las niñas; también frena los esfuerzos orientados a terminar con la pobreza y lograr el crecimiento económico y la equidad. Erradicar esta práctica no es solo una obligación moral sino también una medida racional desde el punto de vista económico”, señala el director del proyecto y uno de los autores del informe, Quentin Wodon.

¿De dónde proceden los beneficios económicos?

Reducir o eliminar el matrimonio infantil supondría un gran beneficio económico a nivel mundial, sí… pero ¿por qué?

Uno de los principales motivos es la reducción del crecimiento de la población. En los países estudiados por este informe, tres de cada cuatro partos precoces se atribuyen al matrimonio infantil. Además, se calcula que “una niña que se casa a los 13 años tendrá un 26% más de hijos durante su vida que si se hubiera casado a los 18 años o posteriormente”.

Por tanto, eliminar el matrimonio infantil disminuiría la tasa total de fecundidad alrededor de un 11%, y la población se reduciría un 5% para el año 2030. En términos económicos, esto supone un gran ahorro para los gobiernos de los países en desarrollo, pues se reducirían los costes en la educación básica, en la sanidad y en otros servicios sociales básicos.

Además, también se reduciría el número de niños que sufren problemas de crecimiento debido a una nutrición inadecuada, puesto que la mayoría de las uniones que implican a menores se producen en un ámbito de pobreza, por lo que los gobiernos se ahorrarían una gran cantidad de dinero en tratamientos médicos y otros gastos sanitarios.

Por qué erradicar el matrimonio infantil puede ayudar a acabar con la pobreza 3
Acabar con el matrimonio infantil reduciría la población y los problemas sanitarios de los niños en los lugares más pobres. | Foto: Suhaib Salem/ Reuters

Por último, los costes sanitarios relacionados con las mujeres casadas cuando aún son demasiado jóvenes también se reducirían, pues a menudo sufren “enfermedades y embarazos antes de que su cuerpo esté preparado para ello”, explica Plan Internacional.

Por otro lado, las mujeres que se casan después de los 18 años tienen un nivel de ingresos superior al que tienen las que se casan más jóvenes. “Debido en gran parte al impacto del matrimonio infantil en la educación, las mujeres que se casan de niñas tienen, en promedio, ingresos que son un 9% menor que los que se obtendrían si se hubieran casado más tarde”, explica el informe.

Las mujeres que se casan antes de los 18 años no suelen acabar sus estudios básicos y, por tanto, no pueden optar a un puesto de trabajo cualificado, lo que supone que sus sueldos suelen ser menores a los de aquellas que se casan posteriormente.

Además, como remarca el informe, “la probabilidad de casarse pronto es mayor entre la gente pobre”, lo que, sumado al abandono de los estudios, agrava la diferencia de ingresos.

¿Cómo acabar con esta práctica?

La educación es la clave para acabar con el matrimonio infantil. Cada año de educación secundaria que una niña recibe reduce significativamente la posibilidad de que contraiga matrimonio a una temprana edad.

La ONG Plan Internacional también considera que la educación es un pilar básico en la lucha contra el matrimonio infantil y asegura que el acceso a una educación de calidad ayuda a retrasar el matrimonio y, por tanto, el parto. Además, ayuda a romper el círculo de pobreza en el que se encuentran a menudo estas niñas.

Por qué erradicar el matrimonio infantil puede ayudar a acabar con la pobreza 2
Varias ONG luchan para que las niñas no abandonen la educación y puedan evitar el matrimonio infantil. | Foto: Uncredited/ AP

Pero no basta con alargar la educación de las niñas, sino que los gobiernos también deben poner de su parte. “Puesto que el matrimonio infantil está estrechamente relacionado con la escasez económica, el compromiso del gobierno de reducir la pobreza probablemente llevará a una disminución de los matrimonios infantiles”, explica Unicef en un informe. Además, la ONG pide a los gobiernos una legislación que impida casarse antes de los 18 años. También considera que fomentar la inscripción legal de los matrimonios y nacimientos ayudará a que se cumplan dichas leyes.

Por tanto, acabar con el matrimonio infantil es una cuestión principalmente de educación y cambio de costumbres que necesita una gran implicación por parte de los gobiernos, que al fin y al cabo serían los principales beneficiados de erradicar esta práctica.

Continúa leyendo: La furgoneta asesina

La furgoneta asesina

Valenti Puig

La respuesta vital del pueblo de Barcelona al atentado yihadista ha sido ejemplar, desde la recuperación inmediata del pulso de la ciudad a los héroes anónimos o al “No tinc por” de la Plaza de Cataluña, nucleado por la figura de Felipe VI. Imparable, la vida prosigue sin amedrentarse pero el problema seguirá siendo, como en otras ciudades atacadas por el terror islamista, la gestión racional del día después. Es decir: tras el paradigma emocional de humanidad unida en el pesar, al volver a lo cotidiano seguimos sin reconocer que alguien nos ha declarado la guerra y que hay que responderle en su condición de enemigo, mirarle cara a cara como lo que ha decidido ser atacando a una sociedad que vive en el respeto a la ley, la separación de Iglesia y Estado, los plenos derechos de la mujer, la libertad de expresión y la resolución del conflicto por el Derecho.
Aun siendo las circunstancias políticas de Cataluña las que son, es evidente que las tramas yihadista llevan largo tiempo asentándose en el Levante español al margen de las vicisitudes políticas. Barcelona era un objetivo yihadista con o sin independentismo. De todos modos, no puede soslayarse que la incertidumbre institucional y el enfrentamiento del secesionismo con el Estado, con un referéndum ilegal a meses vista, no contribuyen a la respuesta más efectiva cuando una furgoneta asesina zigzaguea por la Rambla. Uno puede preguntarse si los mossos d’esquadra, modélicos en su operativo pronto y eficaz, hubiesen tenido una mejor y más clara capacidad de gestión de no haberse producido –y cómo- los cambios recientes en la consejería de interior. La prioridad era y sigue siendo garantizar la seguridad de la ciudadanía y no hacer apuestas sobre a quién deben obediencia los mossos sino es a la ley.

Por ejemplo, el conseller anterior dejó su cargo por implícitas discrepancias con el proceso independentista y por idénticas razones dimitió el director de los mossos. Tanto el nuevo conseller como el nuevo director de la policía autonómica –quien decía que los españoles le dan pena- no ocuparon sus despachos en virtud de su conspicua experiencia en cuestiones de seguridad sino dada su fidelidad al proceso y a la necesidad secesionista de controlar el aparato funcionarial y concretamente policial para el caso de una declaración unilateral de independencia, precisamente cuando la CUP iniciaba sus ataques contra la industria hotelera de Barcelona y las huelgas en el aeropuerto del Prat dañaban ostensiblemente la marca Barcelona, con evidente beneficio de otras ciudades y destinos turísticos en un sector tan competitivo. La guinda la puso el cantante Lluís Llach, diputado autonómico, amenazando a los funcionarios que no aceptasen la ruptura ilegal con España. En este caso, todo restaba, mientras que el pueblo de Barcelona hubiese deseado que todo sumase.

Esa es una guerra global y las estrategias de interconexión son capitales, en controles de aeropuertos, en el pool” de los servicios secretos europeos, en vigilancia costera, en prevención y vigilancia. Por ejemplo, de las mezquitas e imanes salafistas que tanto ha favorecido el buenismo multiculturalista en Cataluña. Conviene tener en cuenta que las primeras candidaturas municipales anti-inmigración aparecieron en Vic. Ahora la cuestión en si seguir con el buenismo y dar pie a una nueva derecha anti-inmigración o insistir infatigablemente en la razón política y no negar la brutal evidencia del enemigo.

Continúa leyendo: Armagedon

Armagedon

Daniel Capó

Foto: PASCAL GUYOT
AFP

Desconozco la biografía de Younes Abouyaaqoub, principal sospechoso de la matanza de Barcelona, pero puedo imaginármela: el hijo de una ideología del resentimiento, a la que se le superpone el fracaso social y educativo. Lo que en otra época se hubiera denominado “lumpen”. Nada lo distingue de tantos otros asesinos islamistas, ni del fanatismo de sus compañeros de grupo. Joven y falto de un futuro, el odio –porque sólo se mata por odio– prende en ese fuel del resentimiento, mezclado con un complejo de inferioridad que se asume de forma dolorosa. La ideología del radicalismo islámico ofrece, en definitiva, un marco de redención que canaliza esa rabia y justifica el asesinato: un sentido que resulta, además, claramente apocalíptico. Para empezar, un Armagedón en cualquier esquina de cualquier país libre.

Las ideas tienen implicaciones, al igual que los sentimientos. Y nosotros debemos sabernos guiar por el realismo. En primer lugar, reconociendo que se trata de una guerra, aunque no en un formato tradicional, que se dirige contra nuestras creencias. En segundo lugar, siendo conscientes de que la cooperación internacional es fundamental para contener el yihadismo. En tercero, contando con la necesidad de asfixiar las distintas fuentes de financiación del terrorismo. En cuarto, acompañando la contundente actuación policial de un proceso, a medio y largo plazo, de integración cultural, profesional y humana que permita desacreditar el Apocalipsis. Por varios motivos también, esto último será lo más complicado.

Primero, porque la propia dinámica tecnológica y económica de la globalización acelera la quiebra de clases sociales en Occidente (pero no en los países en vías de desarrollo). Segundo, porque sin éxito académico apenas habrá trabajo de calidad en el futuro y es cosa sabida la influencia del entorno social en la excelencia académica. Tercero, y quizás el más importante, porque –por decirlo a la manera de Rémi Brague– se trata del difícil intento de integrar no sólo una cultura o una religión distintas, sino toda una civilización que engloba desde la superstición al derecho, desde la fe al funcionamiento de la economía. Y no entenderlo, me temo, resulta sencillamente suicida.  

Continúa leyendo: Apoteosis de la gente

Apoteosis de la gente

Manuel Arias Maldonado

Foto: HEINO KALIS
Reuters

Tiene el verano muchos detractores y no es difícil comprender por qué. En este mismo periódico, Antonio García Maldonado ha descrito con agudeza los horrores estéticos de las localidades turísticas españolas; por su parte, Alfredo Taján ha calificado el verano como una estación humillante para el ser humano. Se trata de espíritus aristocráticos a los que se les echa encima la estación democrática por excelencia y les arranca de las manos el libro que andaban leyendo. Qué lejos parecen estar los elegantes veranos del cine de Rohmer o aquella promesa la que cantaba Radio Futura: “Es el fin del invierno, iré cerca del mar, / vestiré como un dandy, daré largos paseos, / pensaré en los detalles de mi próximo plan”. Pruebe usted a dar un paseo en la playa de Gandía: hay tan poco espacio que Mersault no habría podido sacar la pistola del bolsillo.

Sin embargo, el verano es también una estación instructiva: nos ofrece un cursillo acelerado sobre la naturaleza política de la especie. Sus enseñanzas son muchas, pero quedémonos con tres. Primero: las playas desbordantes nos muestran que somos multitud y cualquier orden social tiene que apañárselas para ordenar una convivencia que no puede ser sino conflictiva. No hay armonía posible entre quienes se ven obligados a compartir espacio. Segundo: el impacto de un veraneante sobre el medio ambiente es insignificante; el impacto de 50 millones de veraneantes, destructivo. De modo que para pensar en el cambio climático y demás fenómenos socionaturales, no podemos fijarnos en el individuo, sino en la suma total de individuos. Tercero: la intensa carnalidad del verano, que oscila entre la sensualidad juvenil y la decadencia senil, nos recuerda la importancia creciente del cuerpo en la vida política contemporánea. Expresión de identidad, instrumento de lucha política, estación fenomenológica desde la que percibimos el mundo: no podemos escapar de nuestro cuerpo y no puede hacerse política sin los cuerpos. Difícilmente podrá extrañarnos que la historia política esté llena de acontecimientos estivales: desde la toma de la Bastilla a los saqueos de Londres.

Por suerte para sus detractores, la estación también nos recuerda que la democracia liberal sigue siendo el mejor régimen político que conocemos: aquel donde uno puede elegir entre distintas ofertas morales y estéticas. Hay así quien pasa agosto en una calurosa región del interior, quien recorre la capital vacía como si fuera un extranjero, quien no sale de su casa hasta septiembre. Es el verano inglés del disidente o el esnob: la contrafigura democrática sin que la que no hay democracia posible.

Continúa leyendo: El poder del perro, que no cesa

El poder del perro, que no cesa

Melchor Miralles

Es un poder que parece si no eterno, al menos infinito. Y desespera. E Indigna. Y no es una novela, aunque la que escribió Don Winslow lo pareciera, es la puta realidad de buena parte del territorio de Méjico. En las afueras de Tijuana han encontrado, por una confesión de unos detenidos, una fosa clandestina con cerca de 700 cadáveres. En esa zona operaba hace años Santiago Meza, “El pozolero”, acreditado y siniestro especialista en deshacer en ácido cadáveres por encargo de cualquiera, aunque su principal clientela eran los cárteles. Su apodo venía de cuando disolvía los cuerpos en ácido, creándose una sustancia espumosa y blanca semejante al pozole que cocinan con maíz.

Las cifras de la delincuencia organizada en Méjico son un escalofrío que no deja de impactarme por más que la rutina diaria para muchos lo haga normal. Cuando lo has vivido, cuando has sentido cerca el horror y el peligro de que te trinquen los cárteles, te niegas a aceptar que esto sea normal. El número de muertos cada año es insoportable, pero las cifras oficiales hablan además de más de 30.000 desaparecidos.

Es el poder del perro que no termina nunca, porque las raíces del problema están tan hundidas en el corazón del sistema, en la espina dorsal del Estado, tienen tanta capacidad de influencia en las instituciones, que resulta difícil pensar que vaya a tener solución algún día. Están acostumbrados a la muerte, la vida no vale nada, más de la mitad de la población nace condenada a morir la vida. Parece increíble que los seres humanos seamos capaces de admitir tanto horror. A muchos les pilla lejos y se la bufa. A las víctimas les destroza, pero no disponen de medios para acabar con el mal, y quienes pueden, no quieren, porque son ellos, el mal, el poder del perro que no cesa.

TOP