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Primer avance de la segunda temporada de Stranger Things

Jorge Raya Pons

En el pueblo remoto de Hawkins seguirán produciéndose cosas extrañas. Aprovechando el impacto mediático de la Super Bowl, que amarra en los sillones y reúne en los bares a cerca de 112 millones de espectadores en toda Norteamérica, la productora de la serie, Netflix, anunció durante el descanso del partido unos pocos detalles valiosos como pepitas de oro: los niños disfrazados de cazafantasmas, el shérif en medio de una explosión, Will ante una bestia inmensa -arriba todo es cielo rojo y nubes negras-.

En Stranger Things las vidas corrientes y en calma de los habitantes de Hawkins -la vida del americano medio- contrastan con las aventuras que padecen un puñado de niños y unas pocas familias en la búsqueda de sus desaparecidos. La serie es conmovedora y su expectación se comprende: la primera temporada cerró con demasiados asuntos por resolver e internet se colapsa entre teorías inverosímiles y tramas paralelas remotamente probables. Porque tras la desaparición de un niño en el bosque, la evolución psicológica de un shérif con cuentas pendientes y la irrupción de una niña con poderes telequinéticos se esconde una verdad que alguien -algo- se esfuerza por mantener en la sombra.

El relato es una apelación a nuestro corazón y a algo más. Los niños de la serie son todo lo que quisimos ser, moviéndose a todas partes en bicicleta, en un pueblo entre ríos y montañas, todo alrededor es verde, donde las casas están separadas por kilómetros y en los jardines se celebran festines y barbacoas. Un remedo de circunstancias narradas en otros tiempos por Spielberg y Carpenter que respira nostalgia en cada escena.

La fecha de estreno, simbólicamente, se ha fijado para el día de Halloween: el 31 de octubre. Y entonces estaremos unas horas más cerca de comprender la última pregunta: ¿Quién es la pequeña Eleven?

Las 7 mejores cabeceras de serie de la historia

Redacción TO

Foto: Adam Arkapaw
HBO

Aunque puede que muchas personas pasen por alto estas cabeceras, consumidos por la impaciencia, hambrientos de más episodios, algunas de ellas son obras maestras en sí mismas. La mayor parte de la selección corresponde a series de la última década, salvo por una honrosa excepción. Y aunque otras grandes cabeceras han quedado fuera, esta es sin duda una muestra representativa de la deslumbrante creatividad de las series televisivas norteamericanas, con las productoras Netflix y HBO a la cabeza.

A continuación, la lista:

True Detective (Temporada 1):

La serie de un macabro crimen por resolver es absorbente desde los títulos de crédito. Esta superposición de capas con vistas a escenas de vicio y paisajes de Lousiana sugiere un clima oscuro que luego se reafirma en este guión extraordinario de Nic Pizzolatto. La melodía de Far from any road, de The Handsome Family, hace el resto.

Stranger Things:

Los sintetizadores del opening consiguen ponernos los pelos de punta. Las aventuras de estos niños de Hawking, que habitan el pueblo remoto de Hawkins (y, según parece, otros territorios más hostiles), cohabitan a la perfección con la música de Survive, pero también con canciones que trasladan a otra época: Jefferson Airplane, The Clash, Echo & Bunnymen, Joy Division…

BoJack Horseman:

Esta no será probablemente una elección justa; se trata de la única serie de animación de la lista. Pero BoJack Horseman tiene un espíritu que la hace especial, con esa nostalgia de actor deprimido y venido a menos que se recluye en el alcohol y las drogas y las fiestas salvajes en una mansión que preside una colina de Hollywoo (así, sin la D). La música es obra de Patrick Carney. Ajá, el batería de los Black Keys.

Los Soprano:

El recorrido de Tony Soprano, puro en mano, hasta las calles de Nueva Jersey, bordeando la grandilocuente Nueva York, como diciendo ‘Estas son mis calles, aquí mando yo’. Una serie que marcó a una época y a una generación y que imprime su esencia en esta cabecera, donde resulta imposible no reconocer la canción Woke up this morning, de Alabama 3.

“…and mama always said
you’d be the chosen one”.

Mad Men:

Apenas supera el medio minuto y parece revelar un final anticipado, con Don Draper, el protagonista, descendiendo a los infiernos o, simplemente, lanzándose por la ventana. En cualquier caso, es una de las cabeceras más evocadoras que se haya visto y la canción A beautiful mine, de RJD2, acompaña en la travesía.

Vinyl:

El polvo del vinilo y la cocaína y los escenarios locos del rock and roll de los setenta visitados desde las entrañas en esta serie que no llegó muy lejos a pesar de tanta creatividad desbordante. Mick Jagger, Martin Scorsese, Terence Winter y Rich Cohe apostaron bien fuerte por ella, pero no fue suficiente. La canción Sugar Daddy, de Sturgill Simpson, es la dignísima antesala de lo que está por venir.

Breaking Bad:

Si algo puede decirse de esta cabecera es que va al grano, sin florituras. Es ingeniosa y creativa, un viaje breve por la tabla periódica que reúne la vida y muerte de esta serie que ha convertido la Química (y la metanfetamina) en temas casi ordinarios. La música, aunque simple, se instala en tu cabeza y no te abandona y, tras el episodio final, se convierte en algo más que una sintonía. La compuso, por cierto, Dave Porter.

Nada de Óscar, lo que quieren los actores es televisión

Nerea Dolara

Este mes dos estrenos, Big Little Lies y Feud, vuelven a probar que los actores de cine están migrando en masa a la televisión

Cuando este mes de marzo llegaron los estrenos del nuevo drama de HBO Big Little Lies y la nueva aventura de Ryan Murphy, Feud, a nadie le sorprendió que la lista de actrices y actores involucrados incluyera nominados y hasta ganadores del premio de la Academia, nombres que desde siempre han pertenecido a las marquesinas de los cines y nunca a la pequeña pantalla. La afluente migración de actores reconocidos por sus roles en cine lleva varios años sucediendo. La televisión (esto incluye a los servicios de streaming que producen sus propios contenidos, como Netflix, Hulu y Amazon Prime) se ha convertido en la tierra prometida para intérpretes interesados en buenas historias y papeles complejos… al parecer mayormente disponibles en la era del Peak TV y no en el reino de los remakes, secuelas y superhéroes que es Hollywood.

Nicole Kidman, Reese Witherspoon, Laura Dern, Shailene Woodley.Big Little Lies cuenta con una alineación de pesos pesados del cine que, entre las tres con más experiencia, suma seis nominaciones y dos premios Oscar, eso sin contar los que han conseguido las películas en las que han participado. ¿Y entonces qué hacen en una serie? Los tiempos son inciertos… si la serie tiene éxito puede renovarse por años y limitar los otros proyectos en que sus protagonistas pueden involucrarse. Pero miremos qué han hecho estas actrices en los últimos años. Whiterspoon recibió postulaciones a todos los premios de cine (incluido el de la Academia) en 2014 por su papel como Cheryl en Wild y ese mismo año protagonizó una película completamente ignorada sobre una mujer que ayuda a un grupo de refugiados sudaneses. Lo que siguió fue una mediocre comedia junto a Sofía Vergara y algunos años de participación en cortos y en películas animadas. Kidman, por su lado, sufrió el fracaso de su biopic sobre Grace de Mónaco y luego protagonizó una lista poco inspiradora de películas, así como algunas incursiones en el mundo indie; aunque este año estuvo al frente de una de las películas nominadas al Óscar, Lion, Kidman parece estar disfrutando de la televisión, su nombre también aparece entre el reparto de la segunda temporada de Top of the Lake. Laura Dern no es nueva en el mundo televisivo, ya protagonizó la excelente y de corta vida, Enlightened, y ha sido selectiva con sus roles desde sus comienzos. Y Woodley ya había protagonizado una serie, The Secret Life of an American Teenager, pero su carrera ha estado más marcada por su rol en Divergente, la franquicia basada en las novelas de literatura adolescente. Salvo Kidman, los últimos créditos de estas actrices no parecen satisfacer sus intereses en papeles más complejos.

Feud tiene, si se puede, un reparto más impresionante aún: Susan Sarandon y Jessica Lange como protagonistas y Stanley Tucci, Alfred Molina… Y aunque en este caso se trata de una serie monográfica, y es tal vez por ello que pueda atraer a alguien como Sarandon, eso no disminuye el peso de su marquesina.

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Big Little Lies cortesía de HBO

¿Algún común denominador entre las dos series además de sus repartos de estrellas cinematográficas? Sí, más de uno. Primero hay que tomar en cuenta la edad de las actrices involucradas. No es noticia que Hollywood tiene una grave escasez de papeles para mujeres mayores de 30 años. De los cuarenta en adelante, en el mundo del cine, las mujeres deben o buscar otras ocupaciones o terminan siendo madres y abuela decorativas de actores que tienen la misma o más edad que ellas. La televisión se ha encargado de dejar atrás el prejuicio con la edad femenina y las actrices, hartas de papeles vacíos y envejecedores en el cine, han optado por personajes más desarrollados y humanos en la televisión.¿Más ejemplos? Santa Clarita Diet con Drew Barrymore, Grace and Frankie con Jane Fonda y Lily Tomlin, Robin Wright en House of Cards, Holly Hunter en Top of the Lake, Geena Davies en Grey’s Anatomy, Gillian Anderson en The Fall, Glenn Close en la finalizada Damages.

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Santa Clarita Diet – Cortesía de Netflix

¿El segundo factor común? Creadores en que los actores confían. No es casual que la lista de actores en Big Little Lies sea tal si se toma en cuenta que significa el regreso de David E. Kelly a la televisión. Kelly hacía televisión de prestigio antes de que el calificativo existiera y antes de que la pequeña pantalla tuviera el respeto que tiene ahora. Hizo su nombre con Picket Fences, Ally McBeal o Boston Legal y había estado retirado unos años de los grandes titulares. Pero eso nunca afectó su muy buena reputación. En el caso de Feud el nombre que tiene detrás se ha convertido en institución en poco tiempo. Si Shonda Rhymes tiene su Shondaland, llena de mujeres fuertes y melodrama, Ryan Murphy tiene el kitsch, lo hortera y lo exagerado como marcas de sus creaciones. Y también tiene a las mujeres, especialmente mayores. Murphy comenzó con el clásico de culto Popular, la inclasificable y original Nip/Tuck y luego se ganó a todos los productores y ejecutivos con el éxito que fue Glee. Siguieron sus monográficos, cada temporada cuenta una historia, como American Horror Story o la alabada American Crime Story. Feud es su última incursión en el género y con él sigue Jessica Lange, su musa desde que estrenó American Horror Story en 2011.

En los casos de otros repartos repletos de estrellas de cine, el creador renombrado (o algún nombre de peso asociado a la producción) se repite: House of Cards, que protagoniza Kevin Spacey, tiene a David Fincher como productor ejecutivo y dirigió el primer episodio; Top of the Lake, que cuenta con Holly Hunter y Peter Mullan, es creación de la directora de El piano, Jane Campion; Fargo es una creación de Noah Hawley (bastante anónimo antes de hacerla y ahora un nombre de peso) pero cuenta con el apoyo de los hermanos Coen como productores ejecutivos. El reparto en las dos temporadas que tiene incluye a Billy Bob Thornton, Martin Freeman, Kirsten Dunst, Patrick Wilson, Ted Danson…The Young Pope, que cuenta con Jude Law y Diane Keaton, tiene como creador al prestigioso director italiano, Paolo Sorrentino; The Knick, con Clive Owen, es creación de Steven Soderbergh; Martin Scorsese dirigió el primer episodio y produjo Boardwalk Empire, protagonizada por Steve Buscemi.

Otro factor que podría pesar en la decisión de optar por la televisión es la seguridad laboral, en caso de actores y actrices cuya carrera en el cine ha sufrido un bajón. O el hecho de regresar a estar de moda por unirse a una corriente a la que sus colegas ya se han sumado.

La aparición de estrellas de cine en la televisión parece solo aumentar en cuanto el cine dedica cada vez más tiempo y dinero a franquicias de superhéroes –en poco tiempo no habrá actor o actriz activos que no hayan interpretado a alguien con súper poderes y disfraz– y puede que los recientes Óscar, además de ser memorables por ese imborrable momento de otorgar la estatuilla a “ganadores” equivocados, demuestran que hay otros espacios creativos en el cine, con menos dinero y más historia, pero la norma sigue siendo encontrar antiguas propiedades (este mes llega al cine otra película de King Kong y ni hablar del regreso de La guerra de las galaxias) y revivirlas o sencillamente seguir ampliando universos cinematográficos en que existen semidioses y hombres que vuelan.

Y mientras tanto la televisión se ocupa de producir contenido cada vez más competitivo en un universo repleto de buena programación y espectadores con vidas muy ocupadas. Y de ese gran caldo de cultivo, que compite por las buenas críticas y los “televidentes” fieles nacen grandes papeles que los actores y actrices de Hollywood pescan sin dudarlo. ¿Cuánto durará? No puede predecirse –aunque todos los excesos prueban ser fracasos tarde o temprano– pero de momento nadie debería sorprenderse si hasta Meryl Streep (que ya hizo su incursión en televisión con la mini serie – género que siempre ha contado con actores mega famosos- Angels in America) tiene su propia serie próximamente.

Netflix nació de un problema matemático

Cecilia de la Serna

Foto: Mike Blake
Reuters

La idea que engendró el nacimiento del gigante del streaming y de la producción audiovisual Netflix, que hoy alcanza los casi 100 millones de usuarios en todo el mundo, se remonta a un problema matemático que su cofundador, Reed Hastings, tuvo que resolver cuando estudiaba un posgrado.

En el marco del Mobile World Congress de Barcelona, Hastings recordó a su audiencia que, durante sus años como estudiante de Ciencias de la Computación en Stanford, el renombrado físico e informático Andrew Tanenbaum le pidió a los alumnos que resolvieran un problema matemático. Los estudiantes debían calcular el ancho de banda de una camioneta repleta de cintas de vídeo que recorría Estados Unidos. El reto consistía determinar cuántas cintas podían entrar en el vehículo, cuánta información se podía incluir en ellas y a qué velocidad el automóvil llegaría a su destino.

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El CEO de Netflix, Reed Hastings, durante su charla en el Mobile World Congress de Barcelona. | Foto: Paul Hanna / Reuters

“Resultó que ésa es una red muy veloz“, admitió Hastings. Esto lo animó más tarde a pensar cuántos datos podrían caber en un DVD y cómo transportarlos. Aquel desafío matemático inspiró lo que luego se convertiría en la plataforma de streaming más popular del mundo. “Un amigo me dijo que eran 5 GB de datos y pensé que se podían distribuir a muy bajo costo, usando el correo postal. Me di cuenta que ésa era una buena red de distribución. Y a partir de ese ejercicio matemático pensé que se podía construir Netflix”, recordó Hastings.

Una idea rompedora

Allá por mediados de los 90, Hastings estuvo planteándose la creación de un servicio de alquiler de DVD por correo postal, pero el formato que todavía imperaba (el VHS) hacía todo el proceso demasiado costoso. La aparición del DVD lo abarataba considerablemente, por lo que salvó la idea emprendedora que originó Netflix. La idea original Reed Hastings y Marc Randolph ya era revolucionaria (los clientes de este servicio de alquiler de vídeo online podían solicitar un DVD a través de una web, lo que en 1997 era rompedor), aunque la auténtica revolución llegó con el streaming. Los años han dado la razón a Hastings y Netflix ha cambiado radicalmente la forma en la que consumimos entretenimiento a nivel global.

La Sociedad de la Información en tiempos de Netflix

Cecilia de la Serna

Allá por 1997, Reed Hastings y Marc Randolph crearon un videoclub de servicio a domicilio en Los Gatos (California). Los clientes de este servicio de vídeo online podían solicitar un DVD que les llegaba a la puerta misma de su casa por correo ordinario. Todo esto se gestionaba a través de una página web, lo que ya era una verdadera revolución en la época.

Sin el nacimiento del DVD, de hecho, Netflix nunca habría existido. Sus fundadores estuvieron a punto de abandonar la idea por los problemas logísticos que entrañaba el envío de VHS.

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Así llegaban los títulos cinematográficos a los hogares de los suscriptores de Netflix. (Foto: Marit & Toomas Hinnosaar)

La clave estaba en el mismo formato, y es que con la desaparición del VHS y la entrada del DVD los problemas logísticos desaparecieron. Esto era Netflix antes de entrar en el mundo del streaming digital allá por 2007. Casi 20 años después del primer envío al domicilio de un cliente, ahora Netflix es un gigante de la ficción gracias a sus producciones propias, que incluso marcan tendencia en la denominada “televisión tradicional”.

La expansión internacional, clave del éxito

El 6 de enero de 2016, el CEO de Netflix, Reed Hastings, anunció que Netflix iba a pasar a estar presente en 130 países nuevos, triplicando la distribución de la compañía. “Hoy estamos presenciando el nacimiento de una nueva cadena de televisión por internet global”, afirmó Hastings. Bajo el hashtag #NetflixEverywhere, la empresa celebró este hito en sus redes sociales. Entraban países con unas audiencias potenciales muy jugosas para la compañía, como Rusia, India o Corea del Sur. Sin embargo, quedaba una espina clavada: China, la excepción notable de este “Netflix en todas partes”. Aparte de la nación más poblada del mundo, quedaban fuera otras zonas sensibles como Crimea, Corea del Norte o Siria, debido a las restricciones hacia las compañías estadounidenses en estos territorios por parte del gobierno norteamericano.

Además de añadir países, se apuntaban más idiomas a los 17 que soportaba su plataforma: árabe, coreano y chino (a pesar de estar China fuera de la lista de naciones conectadas a este servicio de streaming). Básicamente, Netflix se estaba globalizando a niveles insospechados tan sólo cuatro años atrás, cuando daba su primer gran salto a Europa. Y es que es precisamente la expansión internacional, iniciada esencialmente en 2012, la causante de que Netflix haya cuadriplicado sus suscriptores.

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Netflix está disponible en 190 países.

Pero no es oro todo lo que reluce. En las últimas semanas hemos asistido a un desplome notable en Wall Street de las acciones de Netflix. Esta bajada de las cotizaciones del gigante de Los Gatos es una sorpresa, sobre todo teniendo en cuenta que mejoró su beneficio neto en un 12% en el primer trimestre de 2016, y que obtuvo unos beneficios de 1.957 millones de dólares, que subieron un 24,4%. Entonces, ¿por qué se desploma Netflix en la bolsa? Porque Netflix no funciona tan bien fuera de Estados Unidos. Mientras que el negocio dentro de su país de origen le genera 413 millones de dólares, el mercado internacional le reporta pérdidas de 104 millones. Esto se traduce en una decepción de los inversores, que veían en el #NetflixEverywhere un verdadero filón. No obstante, Netflix no ha cumplido (de momento) con las expectativas de los analistas, que auguraban 3,5 millones de nuevos suscriptores internacionales, cuando realmente han atraído “tan sólo” a 2 millones, aproximadamente. ¿Será la próxima -y pendiente- inclusión de China a su lista de países un alivio en los mercados? Los movimientos que emprenda Netflix en los meses a venir serán mirados con lupa. Pero Netflix no es tan sólo una compañía con balances de números, Netflix es un modo de vida. Una plataforma que ha cambiado los hábitos de consumo de millones de personas.

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Usuarios de Netflix en los últimos catorce años. (Gráfico: Ana Laya / The Objective)

De la cultura del binge-watching al Netflix and chill

Binge-watching es un término anglosajón para definir un telemaratón en plataformas de televisión digitalNetflix fue pionero en extender esta costumbre ya muy arraigada en los hábitos de los consumidores de entretenimiento online, especialmente entre los más jóvenes: los millenials y la generación Z.

Netflix fue la primera plataforma en lanzar las temporadas de sus series originales completas. Según una encuesta de la compañía en febrero de 2014, el 73% de sus usuarios definen el binge-watching como “ver entre dos y seis episodios de la misma serie de una sola tacada”. Ya en los años 80 existía un fenómeno parecido, el telemaratón de programas de televisión emitidos de continuo durante varias horas por una misma cadena. En los años 90 ya se utilizaba, especialmente en Estados Unidos, el término binge-watch, aunque era residual y se limitaba a los fandoms, o comunidades de fanáticos de una serie de televisión. La práctica era parecida a la que se ha extendido en los últimos años en las plataformas digitales, aunque el formato que se utilizaba era el de packs de DVD que incluían varias temporadas de una misma ficción. No obstante, la popularidad que ha adquirido en los últimos cinco años con la expansión de los servicios -legales o ilegales- de streaming ha colocado al binge-watching en la cultura popular como nunca antes.

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Netflix puede verse desde cualquier dispositivo que puedas imaginar. (Foto: Netflix)

Al menos el 70% de usuarios de Netflix realiza esta práctica, muchas veces animados por las propias tramas “gancho” de las series. La preocupación por que el que está frente a la pantalla esté viendo demasiadas horas de una misma serie ha hecho que el propio Netflix envíe una notificación que pausa la reproducción y cuyo mensaje es claro: “¿Todavía estás viendo la serie?”. Muchos critican esta medida diciendo que hace sentir vergüenza al usuario que recibe la notificación, y otros la defienden como un elemento crucial para preservar la salud de los espectadores. La aparición de este fenómeno sociológico ha auspiciado todo tipo de teorías y estudios psicológicos en torno a este hábito. Según el Journal of Health Psychologyel binge-watching no tiene nada de malo. Estos “atracones”, según sus investigadores, pueden resultar muy placenteros.

La Sociedad de la Información en tiempos de Netflix

Otras teorías, como la de la Universidad de Texas, contradicen esta hipótesis: la práctica del binge-watching podría tener una relación directa con la depresión. Según Yoon Hi Sung, miembro del grupo de investigadores, “la fatiga física y los problemas como la obesidad son causa de preocupación. Cuando el binge-watching se vuelve desenfrenado, los espectadores pueden comenzar a descuidar su trabajo y sus relaciones con los demás. Aunque la gente sepa que no debe hacerlo, tiene dificultades para resistir el deseo de ver episodios de forma continua”. Estamos, tal vez, ante un nuevo problema de adicción. ¿Debería el binge-watching tratarse como se tratan otras adicciones tecnológicas como la nomofobia?

Otros términos y frases, más que convertirse en fenómenos sociológicos, se han asentado en el vocabulario de los internautasNetflix and chill es un buen ejemplo de ello. El primer uso de esta frase en Twitter está registrado en 2009:

Las redes sociales han sido clave para popularizar el servicio de Netflix, tanto que han acuñado un término que directamente funciona como sinónimo de “tener sexo”. En un primer momento, “Netflix y relájate” no significaba más que eso: pasar un rato distendido con una serie o película. Con el tiempo fue adquiriendo la connotación erótica que ahora se ha extendido por medio planeta. Tal ha sido la explosión del Netflix and chill que hasta se ha creado una canción sobre ello.

Este término, que tiene su propio recorrido vital, demuestra cómo gracias al poder de las redes sociales, de publicaciones con un target definido como BuzzFeed, y del imaginario colectivo, una compañía puede convertirse en una forma de hacer las cosas. En una forma de ironizar sobre la vida. En un modo directo de comunicación. Netflix no sólo cambia los hábitos de consumo, sino que crea unos nuevos, y genera toda una cultura popular en torno a su propia identidad.

Las cifras estratosféricas de usuarios de Netflix en todo el mundo no pueden tenerse en cuenta sin otro dato fundamental para entender el fenómeno: la cantidad de horas que pasa la gente en la plataforma. La posibilidad de ver lo que quierascuando quierascomo quieras y desde la pantalla que prefieras ha marcado la diferencia. En 2015, los usuarios vieron 42.500 millones de horas de series y películas. Ahora Netflix contempla la posibilidad de visualizar contenido online, lo cual multiplicaría seguro las horas de visionado. Otras plataformas ya ofrecen esta posibilidad, como YouTube o Amazon Video.

La influencia social de esta y otras plataformas está contrastada. Su continuidad se sustenta sobre un modelo de negocio que evita la publicidad, y sobre una nueva forma de contar historias.

La tarifa de suscripción, modelo de negocio

Ya por 1999, los de Los Gatos lanzaron una tarifa de suscripción con acceso ilimitado al alquiler de DVD. Comenzaba así una andadura que marcaría el camino del modelo de negocio de los servicios de streaming en internet. Netflix apuesta desde entonces, y todavía ahora, por el pago directo de los clientes a través de diversas tarifas mensuales, frente al modelo publicitario. De hecho, según un estudio reciente, Netflix ahorra de media a sus usuarios unos seis días de publicidad al año.

Los servicios en streaming, ya sean de películas y series como Netflix, o de música como Spotify, han propiciado el boom del ‘todo incluido’. Los modos de suscripción de Netflix varían según la calidad en que queramos ver los contenidos y el número de dispositivos que pueden hacer uso de una cuenta de forma simultánea. Actualmente, en España hay tres modalidades: 7,99 euros/mes (un solo dispositivo, SD), 9,99 euros/mes (dos dispositivos, HD), y 11,99 euros/mes (cuatro dispositivos, 4K). Una de las ventajas de Netflix es el gran abanico de dispositivos disponibles(móviles, tabletas, consolas, Apple TV, Smart TV, y -cómo no- el propio ordenador). Esto hace que muchos opten por una de las dos tarifas más altas.

Una nueva forma de contar historias

El gran paso que dio Netflix vino de la mano de la producción audiovisual. Más allá de ser ‘solamente’ una plataforma de streaming digital, se lanzó a producir títulos propios. Algunos de estos son su bandera, un orgullo que llevan por festivales y ceremonias de premiosHouse of Cards y Orange is the new black lanzaron al estrellato a Netflix, siendo una causa directa de su expansión internacional.

A estos títulos siguieron otros como Narcos o las colaboraciones con Marvel en Daredevil y Jessica Jones. Además, produce documentales y apoya el cine independiente. Netflix tiene previsto invertir más de 1.000 millones de dólares en series propias -algunas de ellas realizadas en diferentes países y con un target local- y ha comprado películas en el festival de Sundance. En la pasada edición de los Premios Oscar, Netflix entró por la puerta grande con dos nominaciones a Mejor Película Documental porWhat Happened, Miss Simone? Winter On Fire: Ukraine’s Fight For Freedom.

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Solo o en familia, Netflix siempre te salva un buen plan. (Foto: Netflix)

Estos servicios de streaming han creado una nueva forma de contar historias. El binge-watching ha brindado la posibilidad de rodar episodios pilotos más arriesgados, así como la despreocupación por los datos de audiencia. Los guionistas y creadores de las series nativas para plataformas como Netflix tienen una mayor libertad creativa y narrativa, moldeando los argumentos para ser consumidos de una sola tacada. Pero la estrategia de Netflix aún está en el aire: ¿Quiere ser la televisión del futuro o una sala de cine indie? Sea como sea, sus títulos, argumentos y personajes se están convirtiendo en los iconos de una generación de espectadores exigentes.

Otros servicios

En Estados Unidos, la competencia que le ha salido a Netflix es feroz:Hulu,Amazon y el servicio de streaming de HBO apuestan fuerte por sus propios contenidos. En España ya había servicios similares antes de que Netflix aterrizara en octubre de 2015. Yomvi, de Movistar Plus, y las plataformas de televisión a la carta de los principales grupos de comunicación (MiTeleAtresplayer y RTVE a la carta).

Por lo tanto, se avecina un futuro combatido, donde los que más y mejor ofrezcan a cambio de menos tendrán las de ganar. 2016 iba a ser el año de Netflix con la expansión casi total de su servicio en el mundo. No obstante, ya hemos podido observar que las expectativas no se han cumplido, por lo que no está todo escrito en este modelo de negocio que ha cambiado nuestros hábitos, nuestro vocabulario y que ha complicado -todavía más- lo que llamamos ‘Sociedad de la Información’.

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