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Descubre Pyeongchang, la ciudad que une a las dos Coreas por los Juegos de Invierno

Redacción TO

Foto: Charlie Riedel
AP

A falta de días para el comienzo de los Juegos Olímpicos de Invierno en la pequeña y montañosa ciudad de Pyeongchang, situada en la zona meridional de Corea del Sur, un amplio grupo de manifestantes –alrededor de 4.000 personas– se movilizaron en la capital Seúl para protestar contra la decisión consensuada de las dos Coreas de presentar algunos equipos conjuntos en esta cita deportiva y desfilar en la gala de apertura, el 9 de febrero –terminará el 25–, bajo una misma bandera.

Con todo, se trata de una muestra esporádica ante un hecho sustancial: Corea del Norte y Corea del Sur comparten gestos amistosos y fraternales entre sí por primera vez en muchos años. El régimen de Kim Jong-un no ha realizado ninguna prueba balística desde noviembre y las líneas telefónicas entre las naciones hermanas se reabrieron a comienzos de año. Ahora, está paz transitoria tiene a Pyeongchang como telón de fondo.

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Un entrenamiento del equipo conjunto coreano de hockey hielo en Pyeongchang. | Foto: Jae C. Hong/AP

Allí, igual que en las ciudades de Jeongseon y Gangseon, todas ellas ubicadas en la provincia de Gangwon-do, se celebran unos Juegos de Invierno particularmente esperados y con un presupuesto de 13.000 millones de dólares, que pese a representar alrededor de una cuarta parte de la inversión destinada en los anteriores Juegos de Invierno, organizados por Rusia en Sochi, no deja de ser una cifra abultada.

Y si bien este es el principal atractivo de la región en estas fechas, tanto en febrero y como en marzo –cuando tendrán lugar los Paralímpicos, del 9 al 18–, tiene muchos atributos que corresponden a su zona geográfica privilegiada, con altas montañas llenas de vegetación que se elevan sobre el Mar del Este, conocido por sus costas de arena fina, tal vez más apropiadas para los meses de verano, cuando las temperaturas rondan los 20 grados. A quienes viajan ahora, les esperan temperaturas por debajo de los cero grados, tan bajas que, unidas a los fuertes vientos de las últimas horas, amenazan la normal celebración a cielo abierto de la ceremonia inaugural.

La casa-museo en la que vivió Shin Saimdang. | Foto: Rachel K. So/Flickr

Gangwon-do es una de las provincias culturalmente más ricas de Corea del Sur. A pocos kilómetros de la sede, apenas a una hora de autobús, se encuentra el Museo Municipal de Gangneung. Allí nació una de las artistas más representativas del país, Shin Saimdang, que dedicó su vida a la literatura, principalmente, pero también a la caligrafía –un arte de gran valor en diversas culturas asiáticas– y la pintura. Lo desarrolló en su casa de madera, que ahora sirve de museo, a principios del siglo XVI, durante el periodo Joseon –que comprende entre los siglos XIV y XIX, en los que gobernó de manera prácticamente ininterrumpida esta dinastía confunciana–.  En este hogar, que funciona como punto de peregrinaje, nació su hijo Yulgok Yi-l, que se erigió como maestro confunciano. La influencia de la familia en la cultura popular está presente incluso en los billetes de 5.000 y 50.000 wons –la madre en el primero, el hijo en el segundo–.

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El templo de Naksansa, en la provincia surcoreana de Gangwon-do. | Foto: Adam Nicholson/Flickr

En la zona también se pueden visitar hermosos templos budistas, particularmente los de Naksansa, Woljjeongsa y Sinheungsa, donde parece que el tiempo se haya detenido. Los hoteles y resorts suelen organizar viajes guiados para conocerlos y son algunos de los principales reclamos turísticos del país. También lo son los parques nacionales de Seoraksan y Chiaksan, con picos por encima de los mil metros de altura, o la pequeña isla de Namiseom, situada en Chuncheon, una de las ciudades que salió peor parada de la Guerra de Corea (1950-1953) y tuvo que ser completamente reconstruida.

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Una sartén de ‘cuncheon dakgalbi’. | Foto: Richard Lee/Flickr

La oferta gastronómica es amplísima y además del pescado, más habitual en las zonas costeras, las carnes son la especialidad de la provincia. Destacan, así, el hoengseon hanu (carne de res coreana), que se caracteriza por su alta calidad –el frío provoca que las vacas desarrollen un depósitos de grasas mayor y, por tanto, su carne sea más tierna–, y el chuncheon dakgalbi, que es un pollo marinado en una salsa picante a base de verduras y pastel de arroz.

Los diversos atractivos de la región demuestran que, si bien es un momento perfecto para visitarla, con los Juegos de Invierno como principal punto de interés, Pyeongchang es un enclave asiático de ensueño: un epicentro turístico lleno de cultura y una amplia oferta gastronómica para visitantes de todo el mundo.

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Cómo (y cómo no) hacer efectivas las reivindicaciones políticas

Josu de Miguel

Foto: Francisco Seco
AP

Alexandre Kojève nació en Rusia, aprendió filosofía en Alemania, y terminó sus días como alto funcionario en Francia preparando las condiciones para la realización de un mercado común en Europa. Su modestia intelectual no le impidió descubrirnos el intríngulis de la Fenomenología del espíritu de Hegel: el despliegue de la historia no era sino un largo proceso donde el deseo de reconocimiento de los postergados jugaba un papel esencial, como era el caso de la lucha entre el amo y el esclavo. La importancia que tuvo esta lógica en la formulación del marxismo y en todos los movimientos que desde el siglo XIX han intentado la liberación de personas y grupos que veían negados sus derechos, resulta indudable y ha sido muchas veces puesta de manifiesto.

En el éxito de las causas de liberación juega un papel muy importante que el conjunto de la sociedad haga suyas las reivindicaciones de justicia a las que normalmente se apela. La clase obrera consiguió tempranamente este objetivo, no solo por su gran inteligencia organizativa, sino porque convenció a la burguesía de la necesidad de incorporar al sistema de poder mecanismos para reducir el conflicto entre los que tenían y no tenían. El tercer mundo fue capaz de persuadir a las potencias victoriosas de la II Guerra Mundial, de la importancia de integrar en la Carta de Naciones Unidas fórmulas jurídicas para desmantelar el régimen colonial. Estos ejemplos nos deben hacer reflexionar sobre el fracaso parcial de otras causas, como la racial, la feminista o la nacional, que aún no han sido capaces de tener un éxito pleno en la consecución de objetivos que a priori pueden considerarse como razonables.

La mayor parte de los análisis entienden que los motivos del fracaso de estos movimientos se debe a las condiciones de las estructuras sociales y a los intereses de los grupos dominantes. De ahí se derivarían, además, obstáculos jurídicos insalvables. Este argumento es en parte cierto. Sin embargo, también considero que el fracaso parcial se debe a que han adoptado una filosofía del reconocimiento que ha sido incapaz de aunar lo universal con lo particular. Me sorprende que en el actual debate sobre los males de la izquierda, casi nadie advierta este asunto: el problema estaría en el descuido de los problemas de los desfavorecidos. Pero fue Sartre quien dijo que el éxito revolucionario de la burguesía fue hacer suyo el programa del conjunto de la humanidad. Y fue Azaña quien afirmó que el problema radical de su tiempo no era preguntarse por cómo se debía ser español, sino por cómo se debía ser hombre (lo que en aquel tiempo incluía a toda la humanidad).

Naturalmente, nada impide que la búsqueda de un reconocimiento se incorpore a las reivindicaciones partidistas. Pero estas debieran hacer hincapié en su encaje en una moral compartida que las avale y evitar la lesión de los principios constitucionales sobre las que se asientan las demandas. Ya hace unos meses Podemos sorprendió con una proposición de ley contra la discriminación por orientación sexual que reproducía el aparato sancionador instaurado en la famosa “ley mordaza”. El PSOE propone una reforma de la Ley de la Memoria Histórica para castigar penalmente opiniones que justifiquen el franquismo, la misma semana en la que se aprueba una norma en Polonia que impide vincular al país con el Holocausto judío. Igualdad y dignidad son nociones susceptibles de traducción jurídica concreta, pero su éxito depende de una comprensión participada de los motivos que se invoquen al exteriorizar el sentimiento de humillación. Poca comprensión puede haber si se angostan los límites de la conversación democrática: menos si se dicta el lenguaje en el que ésta tiene que discurrir.

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Saturno

Daniel Capó

Foto: Christophe Ena
AP Foto

Pascal Quignard, al hablar de la melancolía, cita a Homero. Leemos en la Ilíada: “Objeto de odio para los dioses, solo en la llanura de Alea, yerra un hombre cuyo corazón devora la tristeza y que evita la huella de todos los demás”. El melancólico, el solitario, es el hombre apartado por los dioses, desechado por la sociedad. Dante lo sitúa en el infierno, al igual que John Milton. Es el mundo perdurable de los solitarios, hechizados por belleza frágil contenida en el tiempo, que se empeñan en reducir a cenizas el instinto continuo de la pasión. “Memento, homo, quia pulvis es et in pulverem reverteris“, reza el calendario litúrgico; es decir, “recuerda que eres polvo y al polvo volverás”. He aquí el acta fundacional de la melancolía: una especie de maldición que llena de lágrimas la mirada humana y pone a prueba a la sociedad con su juicio. Por definición, el hombre libre es el solitario que no se ajusta a la opinión de la mayoría ni a los dogmas severos de la inteligencia mundana. El hombre libre lee porque, al llegar la noche, dialoga con sus amigos y hermanos los muertos. El hombre libre respeta las leyes escrupulosamente, pero no las obedece en su fuero interno. La maldición de la melancolía se resume en una libertad conciente de sus límites: en ocasiones, hasta la enfermedad; en ocasiones, hasta el aislamiento y la muerte.

Objeto de odio para los dioses, el arte –en cambio– ha reivindicado la bondad de la melancolía que se levanta contra los falsos ídolos que recorren la Historia. Emerson nos recuerda que el sentido de la amistad es prepararnos para la soledad. Pienso que es así: sólo desde el interior se puede iluminar la vida. La melancolía, la introversión, nos permite conocer mejor la fragilidad propia y la ajena. Nos ayuda a descreer de los supuestos valores de la normalidad. En última instancia, nos muestra, con una insistencia obsesiva, el revés del tapiz de las cuestiones humanas, que son las preguntas de los verdaderos dioses: ¿por qué el amor y la bondad?, ¿por qué el mal y la injusticia?, ¿por qué la vida?, ¿por qué la muerte? Aún más, ¿qué sería de un país y de una sociedad sin sus grandes solitarios?

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Valientes guerreros

Pilar Cernuda

Foto: Virginia Mayo
AP

Da gusto con algunos líderes independentistas: en cuanto vienen mal dadas, toman las de Villadiego y se marchan al extranjero para escapar de la acción de la Justicia, sin tener en consideración que, con su huida, dejan a su guardia pretoriana bajo las patas de los caballos. Con los jefes fugados en paraísos seguros –o aparentemente seguros-, sus colaboradores han recibido en su trasero las patadas judiciales que debían propinarse a los huidos, de manera que han acabado en prisión preventiva, con fianzas de cinco o seis cifras, los pasaportes retirados y comparecencias periódicas ante el juez para demostrar que seguían en España. Algunos de ellos incluso han tenido que sufrir la humillación de retractarse públicamente de sus ideas para sortear la cárcel, un oprobio que les perseguirá de por vida.

Sin embargo, esos líderes de Junts y -y ahora de la CUP- que distribuyen vídeos paseando por amplias avenidas en Bélgica o en Suiza, mientras sus compañeros no tienen más recurso que el rancho y el monótono recorrido por el patio, siguen contando con el respaldo de un porcentaje alto de independentistas. Incomprensible, aunque siempre es difícil interpretar las actitudes de los fanáticos, sean de derechas o de izquierdas. O independentistas, como es el caso. Cualquier persona con dos dedos de frente consideraría cobardes a los fugados, pero los fundamentalistas del independentismo siguen viendo como héroes a los huidos, e incluso dan por buena esa patraña en la que hacen paralelismo entre su actitud y la de Mandela o Gandhi.

Allá los independentistas con su estrategia, sus luchas por el liderazgo, su empecinamiento en separarse de España y sus pintorescas ideas para investir como presidente de la Generalitat a Puigdemont. Con su pan se lo coman. Lo que no es de recibo es que después de cien días desde la Gran Escapada, continúen presentando a figuras del independentismo como valientes guerreros dispuestos a jugarse la vida por sus ideas. De eso nada. Ni valientes ni guerreros: simplemente, hombres y mujeres de medio pelo que salen corriendo en cuanto hay peligro, dejando atrás en difícil situación a sus más próximos colaboradores.

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4 consejos para evitar que se propague la gripe en tu oficina

Redacción TO

Foto: Kelly Sikkema
Unsplash

Si sientes que tú puedes ser el siguiente, será mejor que sigas leyendo con atención. Las oficinas y las aulas son nidos de virus, un lugar perfecto para el contagio de enfermedades, y este año la gripe ha llegado con una fuerza inusual. La Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) señaló a mediados de enero que la mutación del virus de la gripe este año ha reducido la eficacia de la vacuna hasta un 25% y, desde el comienzo de la temporada, al menos 157 personas han fallecido por gripe en España.

La higienista estadounidense Nellie Brown, directora del Programas de Salud y Seguridad en el Trabajo de la Universidad de Cornell, ofrece cuatro consejos fundamentales para mantenernos a salvo del contagio o, en caso de ser nosotros los enfermos, evitar que otros contraigan nuestra enfermedad, tal y como recoge la revista especializada Futurity.

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Foto: Elizabeth Lies/Unsplash

1. Mantén la oficina limpia (y también tus manos)

Desinfecta a fondo la oficina. Ocúpate de que las superficies de las mesas y de que los objetos estén limpios con los productos germicidas adecuados. Recuerda lavarte las manos concienzudamente y con frecuencia. No emplees pañuelos de papel más de una vez.

2. Aleja tus manos de los objetos comunes

No es necesario caer en un caso de abierta paranoia, pero debemos tomar ciertas precauciones si no queremos ser los siguientes en caer. Sobre todo si has visto que la persona enferma ha cogido o utilizado el objeto anteriormente, evita emplearlo. Y si eres el portador del virus, por favor, piensa en tus compañeros a la hora de tocar el mobiliario. Eso nos conduce al siguiente consejo.

3. Evita acudir al trabajo si estás enfermo

Quédate en casa. En serio. No vayas a la oficina o a clase. Si tienes gripe, es mejor que no expongas al resto al contagio. Además, es lo que necesita tu organismo pare recuperarse. Si estás dolorido y con fiebre y tu cuerpo te pide descanso, será mejor que se lo proporciones.

4. Si eres el jefe, no penalices a quien se ausente por enfermedad

Dile al empleado que se quede en casa. Que no acuda a la oficina. Que vaya a trabajar no le conviene a nadie, ni a la empresa ni al mismo trabajador. Porque, además del sufrimiento del paciente, te expones a que otros trabajadores se contagien. Y eso es un peligro –también– para el negocio.

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