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¿Qué es la enfermedad del carbón que ha matado a más de 100 hipopótamos en Namibia?

Redacción TO

Foto: Holger Hollemann
EFE

La enfermedad del carbón (Carbunclo Bacteridiano, Carbunco o Ánthrax) es un padecimiento infeccioso producido por la bacteria esporulada Bacillus anthracis, que ataca a rumiantes, principalmente a bovinos y ocasionalmente a equinos, ovejas, cabras y cerdos.

En esta ocasión, ha afectado a más de 100 hipopótamos que este lunes fueron hallados muertos en un río de un parque nacional en Namibia.

Aunque parezca insólito, fue el arma bacteriológica usada en Estados Unidos poco después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas de Nueva York: Ántrax.

Unas cartas que contenían esporas de carbunco fueron enviadas entonces a varias sedes de medios de comunicación como ABC News, CBS News y New York Post, y a dos senadores demócratas (Tom Daschle y Patrick Leahy). El resultado de los ataques llamados Amerithrax por el FBI, dejaron un total de 22 personas infectadas, cinco de ellas muertas.

“Las normas internacionales de la la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) proporcionan una base sólida para diseñar estrategias de detección precoz, respuesta rápida y transparencia en la información para luchar contra focos naturales o intencionales de la enfermedad”, sostiene un informe de la organización haciendo referencia a las medidas tomadas luego de que se desubrió su uso como arma biológica.

En general, suele ser una enfermedad que afecta, sobre todo, al mundo ganadero y está asociada a climas áridos, pero el carbunco se encuentra en todos los continentes del mundo menos en la Antártida.

¿Qué es la enfermedad del carbón que ha matado a más de 100 hipopótamos en Namibia? ¿Ántrax?
El ántrax o carbunco bacteridiano es una enfermedad causada por la bacteria esporulada Bacillus anthracis. | Foto: Center for Disease Control / Reuters

Existen áreas endémicas con brotes más frecuentes y otras áreas sujetas a brotes esporádicos en respuesta a cambios climáticos que pueden traer a la superficie las esporas que dormitaban en el suelo. Estas son ingeridas por los rumiantes, germinan y causan la enfermedad, reseña la OIE.

La toxina de la bacteria, que proviene del medioambiente, evoluciona en el tejido subcutáneo, afecta la masa muscular produciendo infección, gangrena y la muerte, según ha reseñado el periódico colombiano especializado en ganadería el Contexto Ganadero.

En los animales también suele producir fiebre y depresión por lo que este deja de comer. Otro síntoma es la hinchazón muscular, tras lo que se produce, entre 48 y 72 horas, la muerte.

La página veterinaria.org sostiene que “los primeros indicios de la presencia de Carbunco en el planeta se remontan a referencias Bíblicas (Éxodo, Capítulos 7 a 9) 1500 años antes de Cristo, cuando Moisés anuncia al Faraón las quintas y sextas plagas de Egipto, que diezmaron el ganado que pastaba los valles”.

Posteriormente, se lo menciona en India, Grecia y el Imperio Romano. Por su parte, la literatura científica comienza en 1769 con el relato de Dijon (Francia), que describe el “carbón maligno” en animales y seres humanos, añade la organización.

Recientemente, la población de chimpancés de un bosque tropical de un parque nacional de Costa de Marfil se vio diezmada a causa de este mal.

En los humanos la enfermedad del carbón suele transmitirse a través de animales infectados o por productos animales contaminados y puede ser mortal. En el hombre se manifiesta de tres maneras.

La más común, es una infección de la piel que se produce por la manipulación de animales o productos animales que contienen esporas. “Puede ocurrir con los productores pecuarios o los carniceros que están en contacto con animales enfermos, o cuando la infección se transmite por medio de la lana o el cuero”, sostiene la OIE.

¿Qué es la enfermedad del carbón que ha matado a más de 100 hipopótamos en Namibia? ¿Ántrax? 1

Un residente de Druzhba en Rusia, lleva una vaca a ser vacunada debido a un brote de ántrax que se dio en la región en 2012. | Foto: Andrei Kasprishin / Reuters

Las esporas pueden penetrar en el cuerpo mediante cortes que estén en la piel de la persona y causan una infección local que, si no se controla, puede propagarse a todo el cuerpo.

También puede contagiarse de forma digestiva si se ingieren las esporas. La forma potencialmente más mortal es mediante la inhalación. Se le llama también ‘enfermedad de los esquiladores’, ya que las esporas del cuero o el pelo pueden inhalarse, advierte el OIE.

En 1881, el bioólogo francés Louis Pasteur, a quien se le debe el descubrimiento de la técnica conocida como pausterización, demostró que la vacunación podía prevenir la enfermedad.

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Subastas de caballos: entre el glamour y la pasión

Enrique Redondo de Lope

Foto: Alex Rolo
The Objective

Si hay un mundo donde la tradición es ley, ese es el de las carreras de caballos. Dinero, apuestas y por supuesto glamour, mucho glamour, hacen de este mundillo un ambiente muy especial, que tiende a respetar unos códigos muy determinados. Grandes fortunas, altos ejecutivos, aristócratas y estrellas del mundo del espectáculo son habituales en los hipódromos de toda Europa. Así, la Reina de Inglaterra, el Jeque de Dubai, los dueños de Chanel, navieros como la familia Niarchos, o banqueros como los Rothschild son propietarios de algunas de las cuadras de caballos más importantes del mundo, y donde la afición se ha ido heredando de padres a hijos.

Subastas de caballos; entre el glamour y la pasión
Glamourosas yeguas en el Hipódromo de Madrid | Imagen vía Alex Rolo

Dicen que todos los caballos de carreras descienden de tres sementales árabes traídos a finales del siglo XVII de Oriente Medio a Inglaterra para ser cruzados con las yeguas británicas. Sea o no verdad, lo que está claro es que rápidamente las carreras de caballos se convirtieron en el pasatiempo favorito de la aristocracia, y desde el Siglo XVIII existe un escrupuloso registro de todos los caballos purasangres de carreras, donde se apunta su genealogía.

Y así, generación tras generación, se han ido mejorando los purasangres, buscando ejemplares más veloces y más resistentes, y donde las grandes fortunas del mundo no escatiman ningún tipo de gasto en la búsqueda del campeón que cruce en primer lugar el poste de meta en carreras tan míticas como el Derby de Epsom. Y toda esta batalla de egos comienza en un ring de subastas, donde los más selectos ejemplares son ofrecidos en pública subasta.

“Porque como dice un viejo dicho del mundo de las carreras, “si comprar fuera fácil, los propietarios de los caballos serían los fondos de inversión”.

El funcionamiento de una subasta de caballos tiene mucho en común con las subastas de arte. Unas semanas meses antes de la fecha fijada para la subasta se publica un catálogo que recoge exhaustivamente todos los datos de cada ejemplar, fundamentalmente su origen y sus blasones familiares.

Unos días antes de la subasta los caballos se desplazan desde las maravillosas yeguadas para que los compradores tengan la posibilidad de examinarnos y estudiarán al detalle su conformación, si tiene algún defecto, y se intenta adivinar cómo evolucionará su físico en un futuro cercano (los caballos a esa edad todavía están en formación). Al margen de expertos y agentes que trabajan para los posibles propietarios, también tienen su espacio los veterinarios especializados en caballos de carreras, que hacen un estudio pormenorizado de los posibles defectos físicos, haciendo hincapié en su conformación ósea y muscular.

Y es que todo influye.

Su físico, sus ancestros, su forma de moverse, como sea de dócil… y, por supuesto, la intuición de los compradores.  Porque la compra de un potro no deja de ser una lotería, dirigida y estudiada, pero lotería al fin y al cabo. Porque como dice un viejo dicho del mundo de las carreras, “Si comprar fuera fácil, los propietarios de los caballos serían los fondos de inversión”.

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La subasta de caballos es un evento de alto standing en todo el mundo | Imagen vía Alex Rolo

“La estrella de la subasta fue un potro irlandés con un físico y un pedigree verdaderamente brillante, que tras alcanzar la cifra récord de 110.000 € no cubrió el precio de reserva fijado por su criador”

El sábado 16 de septiembre se celebró en el coqueto y precioso Hipódromo de la Zarzuela de Madrid la subasta anual de potros de carreras que se celebra en España, y donde los criadores presentaron sus caballos nacidos en el 2016 (todos los caballos cumplen años el 1 de enero, al margen del mes en que hayan nacido). Los mejores ejemplares llegados de las diferentes yeguadas españolas e incluso potros nacidos en Gran Bretaña, hicieron su presentación en sociedad.

Lo primero que llama la atención en la expectación y los nervios que se palpan en el ambiente. Por un lado los criadores verán cómo su trabajo de casi dos años, desde que deciden qué semental cubrirá a su yegua hasta que su caballo es mostrado a los posibles compradores, será valorado en los escasos minutos que su caballo es ofrecido en el ring de subastas, y por otra parte los propietarios tienen que decidir qué ejemplares albergarán en su cuadra durante los próximos años.

Medio centenar de potros salieron a la venta, y en poco más de 2 horas se cruzaron pujas por alrededor de medio millón de euros. La estrella de la subasta fue un potro irlandés con un físico y un pedigree verdaderamente brillante, que tras alcanzar la cifra récord de 110.000 € no cubrió el precio de reserva asignado por su vendedor, lo que significa que el criador no consideró suficiente ese remate para desprenderse de su caballo.

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El funcionamiento de una subasta de caballos tiene mucho en común con las subastas de arte. | Imagen vía Alex Rolo

“Hasta el año que viene todos los flamantes adjudicatarios de la subasta pensarán que tienen en su cuadra al campeón de su generación.”

Hay que recordar que hasta mediados del año que viene no se podrán ver en las pistas a estos ejemplares, y que bastantes de ellos no llegarán ni siquiera a debutar en carreras oficiales por problemas físicos. Y es que esta raza de caballos a los que se podría denominar como los Fórmula 1 de los caballos, son tan veloces como delicados.

Pero hasta el año que viene todos los flamantes adjudicatarios de la subasta pensarán que tienen en su cuadra al campeón de su generación, el caballo que hará palidecer de envidia a sus rivales en este circo de vanidades que se denomina con el anglicismo de turf.

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11 de septiembre, el día que estremeció a Occidente

Néstor Villamor

Foto: Sean Adair
Reuters

Saltaron las alarmas a las 8:19 de la mañana, momento en que la azafata del vuelo 11 de American Airlines de Boston a los Ángeles Betty Ong llama al centro de operaciones de la aerolínea para informar de que se han producido apuñalamientos en la zona de primera clase y de que la cabina del piloto no contesta. Teme que el avión haya sido secuestrado. Minutos más tarde, a las 8:46, el boeing se estrella contra al Torre Norte del World Trade Center de Nueva York. La confusión es máxima en los primeros instantes. Los medios de comunicación barajan la hipótesis de un atentado, pero la confirmación no llegaría hasta las 9:02, cuando el avión que cubría el vuelo 175 de United Airlines de Boston a los Ángeles impacta contra la Torre Sur. La esperanza de que fuera un accidente se desvaneció en ese momento.

Los atentados del 11 de septiembre, de los que se cumplen 16 años, provocaron 3.016 muertes (incluyendo a los 19 terroristas suicidas), dejaron más de 6.000 heridos, marcaron el comienzo del siglo XXI, estremecieron a Occidente e iniciaron una nueva forma de entender el terrorismo.

Los ataques

Si bien la imagen que ha quedado como icono ya no solo del 11 de septiembre sino del terrorismo en general es la de las Torres Gemelas de Nueva York, fueron cuatro los aviones que participaron en el ataque. Además del vuelo 11 de American Airlines y del 175 de United Airlines que se estrellaron contra el World Trade Center, un tercer boeing impactó contra el Pentágono y un cuarto se precipitó en un campo de Pensilvania.

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Momento en que el avión 175 de United Airlines impacta contra la Torre Sur. | Foto: Chao Soi Cheong / AP

En el atentado del avión que atacó el epicentro del poder militar estadounidense perdieron la vida 189 personas. En el siniestro del único aparato que no llegó a su destino final, que era el Capitolio o la Casa Blanca, fallecieron 44. Las 2.783 víctimas mortales restantes perecieron en el ataque de Manhattan.

Los responsables del 11 de septiembre

Inmediatamente después del ataque terrorista más letal de la historia, todas las miradas recayeron sobre la organización yihadista Al Qaeda, liderada por Osama Bin Laden. Inicialmente, Bin Laden negó tener algo que ver con los sucesos, pero en 2004 admitió ser el responsable y que la motivación principal fue la participación de Estados Unidos en la Guerra de Líbano de 1982.

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Osama Bin Laden, autor de los atentados. | Foto: Mazhar Ali Khan / AP

La siguiente declaración forma parte de un comunicado en vídeo de Bin Laden emitido en 2004 y cuya transcripción dio la vuelta al mundo.

“Os digo que Alá sabe que nunca se nos había ocurrido atacar las torres, pero después de que [la situación] se hiciera insoportable y fuéramos testigos de la opresión y tiranía de la coalición estadounidense-israelí contra nuestro pueblo en Palestina y Líbano, se me ocurrió.

Los acontecimientos que afectaron a mi alma de manera directa empezaron en 1982, cuando Estados Unidos permitió a los israelíes invadir Líbano y la Sexta Flota de Estados Unidos les ayudó. Empezó el bombardeo y muchos murieron y otros fueron aterrorizados y desplazados y yo no podía olvidar esas escenas conmovedoras, sangre, miembros cortados, mujeres y niños tirados por todas partes. Casas destruidas junto con sus ocupantes y edificios demolidos sobre sus residentes. Cohetes lloviendo sobre nuestros hogares sin piedad. La situación era como un cocodrilo que se encuentra con un niño indefenso sin más poder que sus gritos. ¿Entiende el cocodrilo una conversación que no incluya un arma? Y todo el mundo vio y escuchó pero no respondió.

En esos momentos difíciles, burbujearon en mi alma muchas ideas difíciles de describir, pero al final produjeron un sentimiento intenso de rechazo a la tiranía y dieron a luz a una resolución fuerte de castigar a los opresores. Y mientras veía esas torres demolidas en Líbano, me entró en la mente la idea de que deberíamos castigar al opresor de la misma manera y que deberíamos destruir torres en Estados Unidos para que probaran algo de lo que nosotros hemos probado y para impedir que mataran a nuestras mujeres y niños”.

Consecuencias

El 11 de septiembre de 2001 “es cuando el mundo toma conciencia de que existe un terrorismo que ya no es local, es un terrorismo global, capaz de actuar en cualquier región del mundo”, explicó recientemente en una entrevista para TVE Miguel Ángel Ballesteros, director del Instituto Español de Estudios Estratégicos.

Ante el temor desatado, Estados Unidos inició la Guerra de Afganistán, cuyo objetivo declarado era encontrar a Osama Bin Laden, enemigo público número uno. Washington acusaba al emir del Estado Islámico de Afganistán (que llegó a controlar casi la totalidad del país) de no entregar a Bin Laden y a otros miembros de Al Qaeda. El yihadista fue encontrado y abatido en la ciudad pakistaní de Abbottabad el 2 de mayo de 2011 gracias al contacto de un miembro de su círculo con la CIA. Llevaba años recluido en una casa fortificada. La cercanía del complejo con una academia militar sugirió que quizás hubiese recibido ayuda del ejército o del servicio de inteligencia de Pakistán, o de ambos.

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Casa en la que vivía recluido Bin Laden, en Abbottabad, Pakistán. | Foto: Faisal Mahmood / Reuters

El yihadismo después del 11 de septiembre

Pero el yihadismo no murió con Bin Laden. La organización que hoy preocupa más ya no es Al Qaeda, que sigue activa bajo el control de Aymán al-Zawahiri, sino el denominado Estado Islámico, el Daesh, que ya estaba fundado antes de la muerte de Bin Laden.

¿Cómo surge el Daesh? “Cuando los americanos entran en Afganistán, se produce una diáspora” en Al Qaeda, explica Ballesteros en la entrevista con TVE. Uno de los miembros de la organización que huye entonces del país, Abu Musab al Zarqawi, se instala en Irak poco antes de la invasión estadounidense. Allí crea Yama’at al-Tawhid wal-Yihad (Organización de Monoteísmo y Yihad). Posteriormente, recluta a policías y militares expulsados del ejército de Sadam Hussein.

“Se junta el agua y el aceite: alguien que no era yihadista de ideología, como eran los militares de Sadam, pero que sí que saben combatir, con alguien que tiene la ideología yihadista. Esos militares le explican a Al Zarqawi que es fundamental controlar el territorio”. Ahí aparece el Estado Islámico de Irak, que practica un terrorismo “que ya no se oculta” sino que “quiere controlar territorio”. Cuando los estadounidenses abandonan Irak en 2011, con este Estado Islámico de Irak ya debilitado, el grupo “vuelve a coger fuerza” y se traslada a Siria, un país “más proclive” para hacer la yihad y controlar terreno porque se encuentra consumido por la Guerra Civil. “Pero ahí ya hay un grupo de Al Qaeda, el frente Al Nusra“. Fruto del choque entre ambas fuerzas aparece el monstruo del Daesh.

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El Estado Islámico, la nueva amenaza. | Foto: Stringer / Reuters

Memoria

Mientras, Nueva York intenta cicatrizar pero no quiere olvidar el 11 de septiembre. El espacio sobre el que se levantaban las torres gemelas ha sido sustituido por dos piscinas con cascadas artificiales en recuerdo de las víctimas y la Zona Cero acoge un museo sobre los atentados. Los nombres de los fallecidos están inscritos en paneles que rodean las dos piscinas.

Es, según la organización, “un poderoso recuerdo de la mayor pérdida de vida resultado de un ataque extranjero en suelo estadounidense y la mayor pérdida de personal de rescate en la historia de Estados Unidos”.

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Dos piscinas ocupan el lugar en el que estaban las Torres Gemelas en homenaje a las víctimas. En los bordes, están inscritos los nombres de los fallecidos. | Foto: Mike Segar / Reuters

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Navidad obscena

Manuel Arias Maldonado

Foto: JON NAZCA
Reuters

En Navidad, de un tiempo a esta parte, uno siente nostalgia de la Navidad. O sea, de la Navidad tal como era antes o como uno la recuerda: breve, concentrada, sintética. Su modesta estructura se componía de una semana preparatoria y una quincena de ejecución: desde las vísperas de la lotería hasta la comida de Reyes. Se parecían, o querían parecerse, al anuncio de turrones El Almendro que rodó Víctor Erice: sentimentales pero austeras, representaban un breve descanso organizado alrededor de la idea de la reunificación familiar. Su contención las hacía soportables, hasta el punto de que uno no dudaba en darles una cautelosa bienvenida.

Ahora, en cambio, se hace difícil no estar de acuerdo con los neomarxistas que denuncian la colonización mercantil del mundo de la vida. Por más que uno comprenda la importancia del consumo privado para la buena salud de la economía, parecemos empeñados en dar la vuelta a la conocida inscripción de Delfos que recomienda vivir sin excesos. ¡Todo en demasía! El calendario es implacable: la maquinaria estético-comercial navideña se activa con el así llamado Black Friday en la última semana de noviembre, momento en que también suele procederse al cada vez más melodramático alumbrado de nuestras ciudades, después se intensifica durante el largo puente de diciembre y aún incrementa su presión -formidables descuentos mediante- cuando se acercan las fechas marcadas en rojo en el calendario oficial. En paralelo, se suceden los ágapes: la moda imparable de las comidas navideñas -sean de empresa, gimnasio o asociación excursionista- atraviesa todo diciembre dejando tras de sí un rastro de matasuegras y éxitos de los 80.

De manera que bajo el fulgor deslumbrante de las bombillas LED, compradores y festejantes se amontonan en unos centros urbanos intransitables durante seis semanas orgiásticas. Los tiempos cambian: hemos pasado de Erice a Amenábar. Para cuando llega la cena de Nochebuena, no digamos la Nochevieja, el agotamiento es total: uno solo desea que el rápido curso del tiempo le transporte pronto al escenario posvacacional. Y uno siente, sí, una punzada de nostalgia por las viejas Navidades. Aunque se pregunta, también, si no será él quien se está haciendo viejo.

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El último gag de Andy Kaufman

Jaime G. Mora

Foto: CLAUDIO ONORATI
AP

‘Jim & Andy’ es un documental perturbador. Relata la interpretación que hizo Jim Carrey de Andy Kaufman en la película ‘Man on the Moon’, que se estrenó en 1999, cuando Carrey era una estrella de Hollywood, y no ese tipo desquiciado al que acusan de haberle contagiado tres enfermedades sexuales a su exnovia. Hace veinte años Carrey era una estrella de Hollywood, decía, y Milos Forman lo eligió como protagonista del filme. Había pasado más de una década de la muerte del comediante Kaufman y era hora de llevar su vida a las salas de cine. Kaufman no se veía como un humorista. decía que nunca había contado un chiste y se consideraba más bien un “artista de variedades”.

Kaufman no buscaba hacer reír a la gente, sino provocar, y lo llevaba todo al extremo, aunque eso supusiera ganarse el odio de seguidores y ejecutivos. Los que le aplaudían y los que le pagaban, casi nada. Uno de sus ‘números’ más recordados tuvo lugar en pleno movimiento feminista: se le ocurrió organizar peleas de “lucha libre” con mujeres, a las que mandaba a casa a fregar y cuidar de los niños. Hacía todo lo posible, ya fuera en la televisión o en el ring, para enfurecerlas. Era un personaje excesivo para todo, incluso para morir: una variante muy rara del cáncer de pulmón se lo llevó por delante cuando solo tenía 35 años. Lo intentó curar con “medicina natural” y con la ayuda de chamanes.

Jim Carrey, para interpretar su papel, optó por hacer de Kaufman a todas horas, también después del “corten”, y todo aquello quedó grabado. El documental, disponible en Netflix después de haberle quitado el polvo a esas viejas cintas, muestra cómo fue aquel rodaje tan delirante. Se ven las caras de incredulidad de los actores cuando descubren la actitud del actor en el set, la impotencia inicial del director de la película, que no sabe cómo tratar a Carrey, o más bien a Kaufman. Carrey se presentó desde el minuto uno como Andy, y se relacionó con sus compañeros como si fuera su personaje: gritando, disfrazándose, llevando al plató a los Ángeles del Infierno…

“Estaba en Malibú, mirando el océano y pensando: ¿Dónde estará ahora Andy? ¿Qué estará haciendo?”, dice Carrey al recordar los días previos al rodaje. “De repente, Andy Kaufman apareció, me tocó el hombro y me dijo: puedes descansar. Yo haré mi película”. El hilo conductor del documental es una entrevista al actor, que habla fijamente a cámara, sin apenas moverse, con una barba poblada que lo aleja de esa imagen con la que triunfó en los años 90. Dice cosas como “Andy me poseyó, hasta tal punto que llegué a pensar que nunca me liberaría de él”, “A veces no puedo dormir porque siento que he salido de mi cuerpo y solo soy una nube de amor y gratitud y energía” “No somos nada. Y tener eso claro es increíblemente liberador”.

Hacer de Kaufman a todas horas, dice Carrey, lo llevó a dudar incluso de su propia identidad. Cuando acabó la película se sintió vacío, como si él no fuera nadie. ¿Quiénes somos? ¿Somos en realidad quienes creemos ser? En estas reflexiones sobre la identidad se ve que Carrey lleva años haciendo meditación, su remedio para luchar contra la depresión. Pero más que estos desvaríos espirituales, lo interesante de la cinta es ver hasta dónde llegó Carrey haciendo de Kaufman en la vida real. Se plantó sin ningún complejo en la casa de Steven Spielberg para hablar con él, sal en las noticias un incidente que tuvo con otro actor durante la grabación, se plantó en una fiesta en la mansión Playboy como si fuera uno de los personajes de Kaufman…

Carrey convirtió todo el rodaje de ‘Man on the Moon’ en un gag de Kaufman, que para eso lo grabó todo. El último gag de Kaufman. Puede que Carrey sea un lunático, desde luego lo parece, pero es un lunático brillante.

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