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Qué ver y leer en tiempos de turbulencia política

Nerea Dolara

1984 es un best seller. ¿Qué otros productos culturales exploran distopias totalitarias, sociedades agresivas y gobernantes despóticos?

Desde hace unas semanas ronda la noticia de que el clásico de George Orwell, 1984, se ha convertido en un sorpresivo best seller tardío (bastante tardío, la novela se publicó en 1949). La explicación está a la vista. Tras el Brexit, las elecciones en Estados Unidos y un panorama no muy esperanzador en Europa, los lectores buscan respuestas y la distopia totalitaria de Orwell podría ofrecer algunas.

Claro que no todo es como en el mundo del Gran Hermano (sí, el nombre del reality show tiene su origen en este libro) pero en situaciones inestables y con promesas de líderes menos que democráticos la cultura siempre puede servir para pintar un panorama, para experimentar lo malo sin vivirlo del todo, para hacer catarsis. 1984 no es el único producto cultural que explora un gobierno totalitario y una sociedad reprimida y sin libertades. Ejemplos hay muchos. Y si se habla de explorar ficción para descubrir los males de los que las sociedades y sus gobiernos son capaces, pues las opciones son varias.

Los hijos del hombre (2006)

Esta película, dirigida por Alfonso Cuarón, bien podría calificarse de premonitoria. Puede que los eventos de la trama –la infertilidad de las mujeres, las guerras entre países y el uso de armas químicas– no sean reales, pero el trato a refugiados e inmigrantes, así como el control de los gobiernos a sus ciudadanos con la excusa de la seguridad son tristemente sólo un poco peores que en 2016. Una película devastadora, pero que vale la pena.

El cuento de la criada (1985)

Esta novela de Margaret Atwood, que esta semana se convirtió en la más vendida en Amazon, relata la historia de un mundo en que – tras desastres nucleares y varias guerras (¿ven un patrón?) – la natalidad se reduce y una secta conservadora toma el poder de Estados Unidos y lo convierte en la medieval República de Gilead. La protagonista es apresada y destinada a ser una de las criadas cuyo propósito es servir de útero disponible a los hombres con poder. Sutil, opresivo y angustiante, este libro será llevado a serie de televisión este año con Elisabeth Moss como protagonista.

Idiocracy (2006)

No todo tienen que ser historias de sufrimiento. El futuro puede ser oscuro, pero se puede mirar con una perspectiva de humor, aunque sea negro. Eso es lo que hace esta película, convertida en clásico de culto tras un estreno de poco éxito. Un hombre mediocre, por decir lo menos, es preservado por error durante siglos, cuando despierta el mundo se ha convertido en el reino de los idiotas. Una sociedad ignorante, corporativizada, obsesionada con el espectáculo y, sí, despótica, es lo que se encuentra. Y él termina por convertirse, por descarte, en el héroe que tal vez puede salvarlos a todos.

V for Vendetta (2005)

De nuevo los temas recurrentes de armas químicas, guerras y el miedo como arma de control. De nuevo un gobierno controlador y despótico, muy similar al de 1984. En este caso, sin embargo, el protagonista es un superviviente con sed de venganza, que promete destruir todo el aparato represivo en un año.

Black Mirror (2011-)

Esta serie británica explora, con especificidad, los posibles lúgubres futuros de las sociedades tecnológicas y coorporativizadas. Cada episodio es una historia que se cierra y -el que haya visto alguna entrega lo sabe- cada historia produce escalofríos. Una inteligente mirada crítica a una sociedad cada vez más distanciada y solitaria.

Farenheit 451 (1953)

Esta novela de Ray Bradbury retrata un Estados Unidos en que la quema de libros es ley, como una forma de control del conocimiento y, por ende, de control social. Bradbury escribió el libro durante la era de McCarthy, el congresista americano que encabezó una cacería de brujas contra los comunistas en su país que llevaría a detenciones y listas negras. François Truffaut dirigió una versión cinematográfica en 1966.

El fugitivo (1985)

Esta novela de Stephen King – la versión cinematográfica tiene a Arnold Schwarzenegger como protagonista – relata la historia de Ben Richards, concursante en un reality show en que los participantes viajan por el mundo y son cazados por otros hombres. En este mundo Estados Unidos es un régimen totalitario, la economía está en caos y el mundo es cada vez más violento. Una versión más reciente de una idea similar es la popular saga de literatura juvenil, Los juegos del hambre.

Foto cover: Jason via Flickr.

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Las calles de Lavapiés se llenan de gastronomía y música con Tapapiés

Redacción TO

Foto: Tapapiés

Este jueves 19 de octubre vuelve una de las rutas de tapas más conocidas de Madrid. Tapapiés llega a las calles del barrio madrileño de Lavapiés con más de 100 tapas de todo el mundo, a las que se suman 68 actuaciones, para llenar de vida aún más este barrio multicultural de la capital.

Hasta el domingo 29 de octubre, Lavapiés se convertirá en un lugar donde poder disfrutar de una gran oferta gastronómica y cultural que acercará a todo aquel que se paseé por sus calles los sabores y ritmos de diferentes lugares del mundo.

Concurso de tapas

Tapapiés, organizada por la Asociación de Comerciantes de Lavapiés Distrito 12 y patrocinada por Estrella Damm, no es una ruta de tapas cualquiera. Más de 80 bares y restaurantes se preparan durante todo el año para ofrecer a los madrileños y a los numerosos turistas de la ciudad sus mejores creaciones.

Las calles de Lavapiés se llenan de gastronomía y música con Tapapiés 4
La cucutapa, la tapa del bar La Chulapa. | Foto: Tapapiés

Entre todas ellas, con una gran variedad de sabores del mundo y fusión de cocinas de diferentes lugares con la gastronomía española, el público otorga el premio popular a la mejor tapa.

Todo aquel que quiera votar para que su tapa favorita reciba este premio popular puede hacerlo a través de la página web de Tapapiés o a través de su app gratuita. Se puede valorar cada tapa, y además tiene premio, porque los comercios del barrio también participan en esta iniciativa, y quienes voten entrarán en el sorteo de vales de regalo para gastar en los locales de Lavapiés.

Música y mucho más

Tapapiés no es sólo una ruta gastronómica, también cuenta con una gran oferta cultural. Las calles de Lavapiés se convertirán en el escenario de 30 bandas de música, obras de teatro y actuaciones circenses que llenarán de vida las tardes y noches de uno de los barrios más vivos de Madrid.

Del 20 al 22 y del 27 al 29 de octubre tendrán lugar las actuaciones a pie de calle, en las que se escuchará desde rock’n roll, soul, swing o jazz hasta flamenco y reggae, entre otros estilos musicales. Grupos como Blues Lee, Afro Jam, Club del Río o Mighty Vamp alegrarán con sus actuaciones las plazas y calles más típicas de Lavapiés.

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El grupo Hakuna Ma Samba actúa en las calles de Lavapiés. | Foto: Tapapiés

La música será la principal protagonista de las calles de Lavapiés en los días en los que dura esta ruta de tapas, pero también habrá otras actividades culturales para que quienes quieran disfrutar al máximo de Tapapiés puedan asistir a jornadas de cine, clases de baile o exposiciones de arte.

Las tapas

En la aplicación de Tapapiés y en su página web se puede ver qué tapa ofrece cada bar o restaurante. Todas ellas cuestan 1,5 o 2,5 euros con un botellín de Estrella Damm, y entre ellas hay algunas de lo más tradicional, como los caracoles de ‘Donde da la vuelta el viento’ o los callos a la madrileña de ‘Peñalaire’, hasta cocina fusión, como el gazpacho de flor de jamaica del ‘Ven ven ven’, pasando por platos de casi todo el mundo.

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El gazpacho de flor de Jamaica del ‘Ven ven ven’. | Foto:

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La tapa de Caracoles de ‘Donde da la vuelta el viento’. | Foto: Tapapiés

Entre la oferta de Tapapiés hay cocina italiana, senegalesa, india, japonesa o mexicana. Además, entre las tapas hay una muchas aptas para vegetarianos y veganos.

Chollopiés

Los comercios de Lavapiés quieren participar también en estos días de cultura y gastronomía. Por eso, han creado Chollopiés. A través de esta iniciativa, los comercios han preparado un concurso cuyo premio son cheques regalo para gastar en los locales participantes.

Para participar, hay que realizar una compra en dos de los comercios que forman parte de Chollopiés. Con cada compra, el consumidor recibirá un sello en una papeleta que se puede encontrar en el libro de Tapapiés 2017 y que deberán depositar en alguna de las urnas que se encuentran en los propios comercios.

Continúa leyendo: Natalia Lafourcade: “Nosotros tenemos nuestras Billie Hollidays, Ellas Fitzgeralds y Edith Piafs en Latinoamérica”

Natalia Lafourcade: “Nosotros tenemos nuestras Billie Hollidays, Ellas Fitzgeralds y Edith Piafs en Latinoamérica”

Ana Laya

Foto: Sony Music España

Algunas veces sucede algo muy grato con los artistas que seguimos y admiramos y eso es verlos crecer. Digo algunas veces porque otras tantas ese proceso puede resultar poco ameno si ese crecimiento y esa evolución de alguna manera resulta una traición a su esencia. En el caso de Natalia repasarla en el tiempo es satisfactorio y delicioso.

Es maravilloso recordarla (y recordarme) en la época de Búscate un problema o Amarte duele, tanto como es escucharla ahora interpretando algunas de las canciones más bellas –¡y complejas!- de Latinoamérica, como la Tonada de luna llena de Simón Díaz, o La Llorona de Chavela Vargas… y reconocerla. Es ella. Es Natalia, pero más grande. Esta chica ha evolucionado y ha cambiado de una manera hermosa, pienso conectándome con esa personalidad de tía-abuela orgullosa que a veces aparece en mis monólogos internos.

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Portada del nuevo trabajo de Natalia junto a sus adorados Macorinos. | Imagen vía Sony Music.

Natalia es una chica curiosa, le gusta hacer y experimentar de todo un poco, diseña la ropa que viste en el escenario, creó los collages del arte del álbum Musas y hasta le dio un poco la lata al director del vídeo promocional del tema Tú si sabes quererme. Le encanta involucrarse, ser parte del proceso creativo, compartir la energía… pero eso sí, aclara, su Wikipedia miente, Natalia por muy handy y genial que sea, no juega fútbol. Aún le intriga saber por qué a alguien le interesaría ponerla de jugadora de fútbol… pero ahí está. Hace poco intentó editarlo y eliminarlo, pero no sabe si lo logró… “la gente hace cosas rarísimas”, me dice.

Nos instalamos en una sala cómoda y espaciosa en las oficinas de Sony Music España y empezamos una conversación centrada en su último trabajo, Musas, que presentará en España en febrero de 2018, con fechas en Barcelona (15 de febrero en la  Sala Apolo) y Madrid (16 de febrero en la tropical Sala La Riviera). En este álbum/homenaje, Natalia -y el universo- decidieron mezclar composiciones propias con iconos del folclor latinoamericano como Omara Portuondo, Violeta Parra y Agustín Lara.

Es mediodía, probablemente lleva haciendo entrevistas desde la mañana, pero su paciencia y su sonrisa parecen infinitas.

 

Cuéntame un poco acerca de Musas, ¿de dónde viene esa necesidad de evolucionar reconectándote con el pasado? ¿De esa mirada hacia atrás y hacia adentro?

Yo creo que poquito a poco me fui dando cuenta de que había que ir para adentro, conectarme más con mi identidad, mis raíces, conmigo, con mi tierra, con México, con mi espacio, con mi casa, o sea con todo lo que me podía hacer acercarme a mi esencia, a mi espíritu, a mi fuerza propia.

Siento que es una cosa que sucedió en parte porque trabajé con la música de Agustín Lara y ahí me di cuenta de que en español y con nuestros géneros se podían hacer cosas maravillosas. Ahí pues empecé a conocer nuevos géneros o a recordar a otros compositores también, a escuchar su música, a escuchar a otras intérpretes cantando en español y decir, ¡mira, nosotros tenemos nuestras Billie Hollidays, nuestras Ella Fitzgeralds o nuestras Edith Piafs pero en Latinoamérica! Tenemos estas mujeres, a estos compositoras y compositores hermosos y yo puedo aprender algo de ellos. Y poco a poco empezaron a capturar mi atención y mi gusto y mis ganas de aprender de todos ellos y aquí estoy. Aprendiendo.

Tú Me Acostumbraste featuring Omara Portuondo (En Manos de Los Macorinos) by Natalia Lafourcade & Omara Portuondo & Los Macorinos on VEVO.

¿Este aprendizaje a través de la cultura, la identidad y de la memoria es algo que crees que necesitamos en este mundo en el que estamos?

Te puedo hablar desde mi experiencia y desde lo que a mi me corresponde que es lo mucho que siento que se ha fortalecido mi artista a través de haberme conectado con este aspecto, de decir amo México con lo bueno, lo malo, lo lamento, me duele mucho, pero con todo y eso amo México, amo ser mexicana y amo poder llevar un poquito de eso que amo de México y que admiro de México a donde sea que me pare. En lugar de tal vez querer hacer cosas que en otros países se hace, que durante mucho tiempo me pasaba. Un poco anhelaba y en mis sueños quería ser como otras personas en otros lugares. Eso cambió en mi, como que ya llega un momento en el que dije ‘bueno ya está, esta soy yo’. Un poco primero el amor a mi misma y el amor a lo que tengo para ofrecer sin tratar de convencer a nadie, sino realmente hacerlo desde el amor y desde el corazón, y después conectarme con mi gente, con mi música y conectarme e investigar y explorar a esos compositores que me gustan.

Eso realmente fue una inquietud propia, cada artista lleva sus propias inquietudes y yo pienso que está bien. Hoy en día hay muchas cosas que nos alejan de la esencia o, a lo mejor, de una cosa más desnuda. Hay muchas herramientas para tapar, hay muchas formas de ponerse máscaras y no abrirse. Y un poco yo decidí ir más hacia la parte de ir abrir el alma, el corazón, el espíritu con la música, ese es mi –no sé como llamarlo- mi bandera, mi lema mi búsqueda. Ir hacia adentro y de ahí hacia fuera también, tratando mucho de conectar con eso. Y siento que he podido fortalecer mi identidad y mi estilo a través de eso. Entonces pues para mi se ha vuelto como una fórmula efectiva, que me ha funcionado pero igual a otras tal vez no les funciona de esa manera.

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Los Macorinos, Miguel Peña y Juan Carlos Allende, son el dúo de músicos que acompañó a la gran Chavela Vargas en sus giras desde 2006 y hasta su muerte. | Foto vía Sony Music España.

He leído que el proceso de Musas fue bastante orgánico, no nació con la intención de convertirse en un álbum, pero todo fluyó y se convirtió en eso. ¿En qué momento te diste cuenta de que estabas haciendo un disco?

La disquera me lo dejó saber. La disquera y mi equipo de management. Yo lo que quería realmente era un poco recuperar el ambiente de la bohemia en casa. Estaba viajando mucho, estaba tocando mucho ‘Hasta la raíz’ y quería grabar con Los Macorinos y quería recuperar el ambiente de la bohemia en la casa, entonces primero no le dije a nadie que estaba haciendo este proyecto, la disquera no sabía, nadie sabía más que mi equipo más cercano y entonces eventualmente mi equipo me dijo ‘ya déjanos escuchar eso que estás haciendo’ y yo les decía ‘no, no tiene nada que ver con lo demás que hice, no lo veo para nada de sacarlo, yo sé que esta en la radio no va a tener probablemente entrada y esta no es mi tirada tampoco,… pero bueno, venga, se los voy a enseñar’. Entonces hicimos un ensayo abierto, y ahí fue que empezó a haber esta parte de ‘¡esto es increíble, y más allá de si suena en la radio o no, vale la pena que le demos su lugar y su importancia.’

Entonces ya ahí empezó a cambiar toda la historia. Dijimos que probablemente serían dos volúmenes porque es mucha música y ahí yo ya supe que la música le iba a llegar a la gente, que mi público iba a escuchar este disco. Entonces ahí dije ‘quiero hacer un disco que suene ahora como si yo estuviera en las salas de sus casas tocando para ellos’, un disco que suene a madera y que no tenga ningún instrumento electrónico, ninguna secuencia, nada, sino que sean puros instrumentos de madera y así empezamos a tejer toda la historia.

¿Los temas elegidos por qué fueron ‘los elegidos’?

La tonada iba a ir, por ejemplo, porque era un proyecto de hobby para mi o de capricho. Yo me dije voy a grabar la Tonada de luna llena, voy a grabar Derecho de nacimiento, voy a grabar La Llorona, voy a grabar estos temas que amo, y realmente la selección fue así. La selección era tomar esos temas que me habían acompañado en mis giras, en la voz de Mercedes Sosa, de Chavela Vargas, de Violeta, de Omara Portuondo, realmente agarrar esa música que me inspira y que me encanta e interpretarla.

La selección tenía que ser con eso que me conmueve y ya… fue así.

Quería interpretar a Violeta, nunca me había atrevido a hacerlo. En este disco, de primera no iba a haber nada que fuera demasiado imponente o que de alguna manera me impidiera hacerlo, más que yo misma, entonces realmente lo que decidí fue romper con eso y eventualmente, por ejemplo, ya me empecé a sentir inspirada para escribir canciones, entonces dije ‘por qué no, no pasa nada, voy a meter mi composición en esto’. Le mandé mi primera composición, Rocío de todos los campos, y Rocío fue como una musa para mi también, le mandé esta composición a los productores, a Gustavo y a Cheche y les dije, déjenme saber si ustedes creen que esta composición puede formar parte de este proyecto y ellos me dijeron ‘pero por supuesto’, y así seguí haciendo canciones y de repente el disco se fue tejiendo poco a poco.

Vuelves a España luego de dos años en los que han cambiado un montón de cosas, has cambiado tú, la producción, la música, todo… ¿qué esperas de esta gira y de España?

Pues espero poder compartir esta música que hicimos con la gente. Que la gente lo disfrute. Espero que el disco cumpla su cometido, que era una cosa muy simple, era darle calor a la gente, un ‘apapacho’ al corazón y al alma. Eso era lo que yo quería, por eso hicimos un disco en una casa de madera, con puros instrumentos tradicionales, de madera también y con puras canciones que son muy cálidas, y ya, eso espero que el disco pueda darle mucho calor a la gente.

Si han leído hasta aquí y han conocido a la artista, prepárense para descubrir otras facetas de Natalia y sobre todo su risa, que es adorable.

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Continúa leyendo: Vídeo: Museo Guggenheim Bilbao, el arte de cambiarlo todo

Vídeo: Museo Guggenheim Bilbao, el arte de cambiarlo todo

Redacción TO

Hace 20 años se inauguró el Museo Guggenheim Bilbao, un proyecto ambicioso situado junto a la ría de la capital vizcaína, una ciudad principalmente industrial que hasta entonces vivía un poco de espaldas al turismo, más allá de su excepcional oferta gastronómica. Dos décadas después queda la esencia de sus gentes y, por supuesto, su oferta gastronómica, pero su transformación ha sido tal, gracias al museo, que la ciudad puede estar orgullosa de ser uno de los destinos turísticos por excelencia, con visitantes procedentes de todas partes del planeta.

Puedes leer el reportaje completo aquí.

Continúa leyendo: Michel Franco, el cine como obsesión

Michel Franco, el cine como obsesión

Daniel Fermín

Foto: Lucía Films
Lucía Films

“Soy un fiel creyente de que sólo se puede filmar lo que uno conoce” dice, desde una residencia de artistas en Italia, el cineasta mexicano Michel Franco. “Hasta ahora todo lo que he filmado tiene que ver con cosas que me han inquietado durante años. Hacer una película implica tanto esfuerzo que sólo vale la pena si estás obsesionado con ella.”

Un día, hace algún tiempo, Michel Franco (Ciudad de México, 1979) vio a una adolescente embarazada y pensó que ese era un buen punto de partida para un largometraje. En Las hijas de Abril, la película que se estrena el 20 de octubre en las salas españolas, una chica de 17 años da a luz a su primer hijo y se enfrenta a la alegría y la angustia de tener que convertirse en madre y de tener que soportar la llegada de otra madre —la suya— que regresa a casa tras una larga ausencia para apropiarse de todo y de todos. La debutante Ana Valeria Becerril y la experimentada Emma Suárez dan vida a las dos protagonistas, una niña que juega a ser adulta y una adulta que se comporta como niña.

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Durante la presentación de Las hijas de Abril en Cannes | Imagen vía Filmaffinity

Franco, galardonado con el Premio del Jurado de la sección Una cierta mirada en el pasado Festival de Cannes, tardó dos años en sacar adelante su proyecto. Exploró la posibilidad de hacerla en Estados Unidos hasta que terminó en México. Escribió y reescribió el guión para encontrar la mejor versión. Sonata de Otoño (Ingmar Bergman, 1978), sobre una madre que visita a su hija después de siete años, fue una de sus referencias.

“Mientras trabajaba la película pensaba en Bergman, por la manera en que una madre opresiva complica la existencia y la identidad de la hija. También en Tacones lejanos (Pedro Almodóvar, 1991), que a su vez hace referencia a Sonata de Otoño. Conozco a mucha gente que se niega a aceptar la edad que tiene, padres y madres que compiten con sus hijos. Eso siempre me ha parecido interesante y cada vez lo veo más.”

* * *

Los padres de Michel Franco querían que su hijo se dedicara al negocio familiar, una fábrica de ropa en México. Hijo de Abud —un hombre de Ciudad Juárez que a los 13 años tuvo que dejar sus estudios para ayudar en la manutención de sus hermanos— y de Yardena —una israelí que llegó a los 12 años a México—, Michel soñaba de joven con ser cineasta. Sus padres, preocupados por su futuro, le propusieron trabajar antes en su empresa por si eso de hacer películas no funcionaba. Lo probó y no le gustó.

“Jamás quise dedicarme al negocio familiar. Hubiera sido una vida muy frustrante”, recuerda Franco. “La condición que mi padre me puso es que tenía que conocer lo suyo por si lo mío no resultaba pudiera entrarle al quite. Eso sirvió para motivarme más en lo del cine. Lo detesté tanto que dije: ‘más vale hacer doble esfuerzo por lo que quiero’.”

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Durante el rodaje de Las hijas de abril | Imagen vía Lucía Films

Lo primero que quería Michel Franco era ser músico. Tenía una banda de rock con sus amigos, tocó la guitarra y grabó algún disco. Luego supo que no era tan bueno.

“Lo acepté a los 16 años, que es cuando a los jóvenes los presionan para escoger una carrera. Dije: sé que música no, así que se me ocurrió lo del cine.”

Escribe la periodista Beatriz Rivas, en la biografía Michel Franco (Cadillac, 2016), que Michel se enganchó con el cine a los 15 años. Bella Cherem, una maestra de la preparatoria, lo acercó a los libros y las películas. Un día le sugirió ver Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994) y le gustó tanto que se obsesionó. La veía siempre: antes de ir al colegio, al regresar, después de comer, antes de hacer las tareas. Después vinieron Los olvidados (Luis Buñuel, 1950), La naranja mecánica (Stanley Kubrick, 1971), Natural Born Killers (Oliver Stone, 1994). El cine, para entonces, ya era parte de su vida.

A los 18 años, Franco pasó unos meses en el extranjero. Trabajó como camarero en un café de Tel Aviv y volvió para estudiar Comunicación en la Universidad Iberoamericana de México. Se aburrió hasta que su profesor de fotografía, Ricardo Trabulsi, le dijo que si lo que quería era hacer cine se fuera a Nueva York a estudiarlo. Estuvo seis semanas en un curso de verano de una academia e hizo su primer cortometraje. Al regresar, Comunicación ya no le interesaba. Siguió sus estudios un tiempo más a la vez que hacía otros cortometrajes. Todo lo que no tenía que ver con películas se lo tomó con ligereza.

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Las hijas de abril, póster promocional | Imagen vía Lucía Films

¿Y terminó su carrera?

Nunca me titulé. Ya tenía claro que quería filmar. Igual, un título no sirve de nada para un cineasta. Un título no hace que la gente vaya a ver una película.

En 2003, rodó el corto Entre dos, que fue galardonado en el Festival Internacional de Cine de Huesca. Eso le confirmó que sí podía ser, por fin, cineasta. Tenía 24 años. 

Me dio fe de que podría serlo. Es muy intimidante hacer una primera película.

A partir de ahí, comenzó la idea de escribir su ópera prima, titulada Daniel y Ana. La estrenaría en 2009, seis años después, en el Festival de Cannes.  

*

El cine de Michel Franco surge de una anécdota real que envuelve en una historia de ficción. En Daniel y Ana (2009) muestra a dos hermanos que tienen una relación jovial hasta que son secuestrados y obligados a tener sexo entre ellos. A partir de eso, todo cambia. El relato se lo narró una psicóloga que trataba a las víctimas reales.

En Después de Lucía (2012) utiliza la muerte de una madre para retratar el dolor de un padre y una hija, que son víctimas de la depresión y el acoso escolar. Franco, que de niño sufrió pérdidas cercanas, escribió el guión durante una residencia de seis meses en París. La película ganó el premio Una cierta mirada en Cannes. Se volvió un éxito de crítica y de público. Llevó a casi un millón de espectadores a las salas de México.

Luego vino A los ojos (2013), que codirigió con su hermana Victoria, una película que mezcla documental y ficción. La historia muestra a una mujer que trabaja en una fundación dedicada a rehabilitar niños de la calle. Su hijo, de 11 años, sufre una enfermedad que poco a poco lo deja ciego. Necesita un trasplante de inmediato y no hay órganos. Sobran, eso sí, niños que no le importan a nadie. Victoria filmó la parte documental tras años de trabajo social; Michel se encargó de los fragmentos de ficción.

En Chronic (2015) se narra la historia de un enfermero introvertido que se dedica a cuidar enfermos terminales y trata de recomponer su relación familiar. Durante algunos meses, Franco vio cómo su abuela estuvo en cama, producto de una embolia, antes de morir. Le dio tiempo de convivir con las mujeres que se hacían cargo de ella. El largometraje, rodado en inglés y protagonizado por Tim Roth, ganó el premio al Mejor Guión en Cannes y fue nominado a los Independent Spirit de Estados Unidos.

Michel Franco, el cine como obsesión
Poster promocional de Chronic | Imagen vía Lucía Films

El cine de Franco aborda temas sociales: el acoso escolar, el abandono, la incomunicación familiar, el embarazo adolescente. En sus películas no hay héroes ni villanos. Sólo personajes que se dejan llevar por sus instintos ante situaciones límites. Y los muestra con un tono naturalista, con largos planos y pocos diálogos, sin música, a veces distante. El cine de Franco no busca el simple entretenimiento sino la reflexión.

“Cuando voy al cine, quiero que la película me haga sentir y pensar. Una película hecha con una fórmula americana, lejos de entretenerme, me aburre. El entretenimiento tiene que ver con algo que efectivamente te sacuda, que te mueva.”

Usted sufrió un secuestro exprés de joven. ¿A qué edad fue?

A los 20 años.

¿Y eso no sería una buena historia?

Tal vez lo cuente en tono de comedia.

* * *

Michel Franco no tiene el sueño americano de llegar a Hollywood. Su estilo, su forma de trabajar, chocaría con esa industria que lo absorbe todo. Escribe, produce y dirige sus películas. Rueda, contrario a lo que dicen las escuelas, de manera cronológica. Reconocido en los principales festivales, tiene otros objetivos: hacer un largometraje con Uma Thurman, por ejemplo, a la que conoció este año en Cannes. O volver a retratar, como ha hecho, su México natal con historias que trascienden fronteras.

“Me gustaría seguir haciendo cine que hable de mi país, de la realidad que vivo. Conquistar a un público cada vez más amplio, tanto en México como en otros lugares.”

Hoy tiene su propia productora, Lucía Films, que ha producido obras como Desde allá (Lorenzo Vigas, 2015), ganadora del León de Oro de Venecia. Entre sus próximos proyectos, además de la producción de la nueva película de Vigas, tiene una serie de televisión, una comedia que trabaja junto con Gabriel Ripstein y Jorge Hernández Aldana. En Italia, becado por la fundación Rockefeller, escribe su próximo filme.

¿Soñaba, de joven, con tanto reconocimiento?

Yo sólo soñaba con poder hacer cine. Eso para mí era bastante.

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