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Qué visitar en el país menos visitado de Europa

Cecilia de la Serna

Foto: Stefano Rellandini
Reuters

Que un país sea el menos visitado de un continente puede deberse a diversas razones. A veces esas razones son totalmente aleatorias. Es el caso de San Marino, la diminuta república parlamentaria rodeada de territorio italiano, que recientemente se ha revelado como el país menos visitado de Europa en 2016 según la Organización Mundial del Turismo de las Naciones Unidas (OMT).

En San Marino, uno de los países más pequeños del mundo, destacan sus impresionantes vistas a montañas y sus tres fortalezas medievales. Es tan injusto que San Marino quede relegado al último puesto de visitantes del Viejo Continente que desde The Objective queremos subrayar sus mayores atractivos turísticos:

1. La Fortaleza de Guaita

La Fortaleza de Guaita -llamada así por situarse en el pico de mismo nombre- es la más antigua de las tres torres construidas en el Monte Titano, y también la más famosa. Fue construida en el siglo XI. También conocida como la Rocca, la Fortaleza de Guaita alternó durante muchos años su función militar, como la defensa de la ciudad, con su función como prisión, hasta que en el siglo XX se restauró y se convirtió en una atracción turística.

2. Torre De La Fratta

De La Fratta es uno de los tres picos que dominan la Ciudad de San Marino, y su torre es la que se encuentra a mayor altura de las tres fortalezas. Se erigió a principios del siglo XIII. Actualmente alberga el Museo Estatal de las Armas, con piezas bélicas de los siglos XIII al XIX.

3. Montale

Construida durante el siglo XIII, la torre de Montale es la menos célebre de las tres fortalezas sanmarinenses. No obstante, los lugareños aseguran que desde ella se obtienen las mejores vistas (y, por ende, las mejores fotos).

4. El Monte Titano

Situado en los Apeninos, el Monte Titano es la gran seña de identidad de San Marino. Se eleva 739 metros sobre el nivel del mar y se encuentra inmediatamente al este de la capital, Ciudad de San Marino. Según la leyenda, San Marino fundó un pueblo en la montaña caliza. Más allá de sus fortalezas, que ya hemos mencionado, el Monte Titano es una joya natural por sí sola. Desde el año 2008, este está inscrito por la Unesco entre los lugares Patrimonio de la Humanidad.

5. Piazza della Libertà

En el corazón del centro histórico de San Marino se encuentra la animada Piazza della Libertà. En ella se pueden admirar algunos de los principales monumentos de la ciudad y sentarse en uno de los bares panorámicos. La plaza fue construida sobre una serie de antiguas cisternas, que una vez abastecieron de agua a toda la ciudad. Hoy, la Plaza de la Libertad -su nombre en castellano- es el símbolo de la lucha nacional por la independencia. En el centro de la plaza se encuentra la Estatua de la Libertad, una escultura hecha de mármol por el artista italiano Stefano Galletti y que representa a un guerrero avanzando con una mano hacia adelante y la otra sosteniendo una bandera. Las tres torres en la corona del guerrero representan las tres fortalezas de San Marino.

6. La iglesia y el convento de San Francisco

Al lado de la Puerta de San Francisco, una de la más monumentales entradas a la ciudad amurallada, se encuentran la iglesia y el convento de San Francisco. La iglesia data de 1376 y el convento alberga actualmente la sede del Museo de arte sacro regional.

7. Centro histórico de San Marino

El centro histórico de la Ciudad de San Marino, del que ya hemos mencionado algunos de los grandes monumentos, todavía está habitado y preserva todas sus funciones institucionales. Ha sido declarado, al igual que el Monte Titano, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Desde el Palazzo Pubblico a la Basílica del Santo, los monumentos que pueblan el centro histórico de San Marino componen el principal atractivo turístico de una de las repúblicas más antiguas a la par que pequeñas del mundo.

Quotidianità🚶🏼🏰

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En un continente como el europeo, donde cada rincón esconde mucha historia (y piedra), la competencia aflora. Por ello, para el viajero no es desdeñable elegir un lugar más bien poco visitado y así escapar de las aglomeraciones. No obstante, aunque San Marino haya sido el lugar menos visitado de Europa en 2016, es sin duda un destino muy turístico. Para rendirle justicia, y sacarlo de ese último puesto, debemos viajar hasta allí y descubrir de primera mano sus montes, torres y gentes. Además, la gastronomía -muy propia de la zona, a pesar de su férrea independencia de Italia- no deja de ser un aliciente.

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Zumaia, mucho más que el Rocadragón de Juego de Tronos

Saioa Camarzana

Los amantes de las series conocerán este lugar pero no por su nombre, Zumaia, sino por Rocadragón, el lugar en el que desembarca Daenerys Targaryen con toda su tropa. La reina baja del barco, toca la arena y los acantilados se convierten en el lugar por el que vuelan sus tres dragones. Bien, pues en las piedras de este pueblo de la costa guipuzcoana se puede leer la Historia. La Historia de la Tierra y la nuestra. Y no es exagerar semejante afirmación, la formación rocosa que se ve en la séptima temporada de la saga que nos tiene en vilo se llama Flysch y en sus páginas se pueden leer 60 millones de años de historia.

A 36 kilómetros de Donostia se encuentra este mágico pueblo costero que hace muchos años fue una villa pescadora. Un lugar construido entorno al monasterio de Santa María, regalo del rey Don Sancho de Castilla IV al convento de Roncesvalles en el año 1292, tal y como declara el primer pergamino que lo cita. Estos monjes empezaron a ver poblarse la explanada en la que se encontraba el monasterio y, aunque no existe una conclusión unánime, parece que los habitantes del valle de Sehatz cansados de los ataques de piratería decidieron abandonar sus hogares para construir una pequeña aldea amurallada con el objetivo de protegerse. Esta es la razón por la que hoy en día se exhiben unos cañones en el paseo que lleva al faro y que hasta hace unos años no estaba a la vista más que la parte trasera del mismo. Parecían simples boyas para amarrar los barcos a su llegada. Cuando la alcaldía decidió renovar el emblemático paseo, que lleva desde el parque de Amaia hasta el faro en un recorrido repleto de casitas bajas (parte de ellas son casas de verano), se llevó la sorpresa de ver esos cañones que habían sido utilizados para la protección de las fronteras del pueblo y sus gentes.

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El Rocadragón de Juego de Tronos es en realidad el pueblo de Zumaia, a 36 km de Donostia | Imagen vía HBO

Paseando por Zumaia una se da cuenta de que es como un circuito de obstáculos. Esquivas una, dos y hasta tres sillitas de niños en un espacio reducido. Madres que ríen, jóvenes padres que llevan a sus niños al parque. Todos se saludan. Todos se conocen. Con algo más de  9.800 habitantes (está creciendo pero pronto no habrá espacio para la construcción de nuevos edificios) es fácil recorrer los rincones más interesantes del pueblo en una mañana. La temporada estival es una de las más agradables (aunque ahora que ha adquirido fama por haberse rodado en su playa varias escenas de Juego de Tronos los turistas se multiplican) para descubrir sus recovecos. Si el clima acompaña, ya se sabe que en el País Vasco no siempre hace sol aunque sea verano, el paseo puede empezar por caminar hasta el paseo del faro. Con el mar en calma se puede disfrutar de todo el recorrido, hasta el final (aunque ahora se encuentra en proceso de renovación), ya que cuando el mar está bravo se cierra la zona más alejada debido a que en 1960 ola gigante se llevó por delante a 6 personas que pasaban por allí. Ahora, como medida preventiva, cuando hay marejadas fuertes se cierra a la altura del museo de Julio Beobide.

La siguiente parada, y quizá la más llamativa, es la playa (o mejor dicho, cala) de Itzurun, parada obligatoria, para seguir viendo esa costa que tan popular se está haciendo. En lo alto se ve la ermita de Arritokieta en un tira y afloja con el precipicio, como un funambulista luchando por no caer. No solo es el lugar en el que Daenerys y Jon Snow se reúnen para unir fuerzas contra Cersei Lannister, es también punto de encuentro de geólogos de todo el mundo. Sus acantilados, protegidos ahora en biotopo, nos muestran la edad de la tierra como los árboles nos ofrecen su edad mediante los aros de su corteza. Las formaciones rocosas, tan sutiles como caprichosas, han quedado al descubierto por el impacto del mar a lo largo del tiempo. 60 millones de años son los que nos muestran esta vieja y anciana costa que nunca se cansa y siempre está activa (el Flysch, así se llama desde hace unos años, se extiende a lo largo de 15 kilómetros que se pueden visitar en una excursión en barca que se reserva en el centro de información). Este enclave, en el que ahora se dan cita numerosos turistas, ha sido punto de referencia para diferentes películas y documentales. Tanto es así, que en la villa costera se abrió el Centro de interpretación Algorri para saciar la curiosidad de todo aquel que quiera saber más.

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Atardecer en el acantilado. Un paisaje conocido para los seguidores de Juego de Tronos | Imagen vía: María López

Visita a la rasa mareal

Pasear por encima del acantilado, hasta que el camino se convierte en una punta estrecha desde la que observar la inmensidad, era ir en busca de un relajante momento para los lugareños y los pocos turistas que llegaban atraídos por sus vistas, por su olor a salitre, por su quietud. Como un Ulises atraído por el canto de las sirenas. Ahora, debido al aumento de turismo que se está viviendo, la Diputación ha decidido aumentar las medidas de seguridad de un camino pedregoso y arenoso en la misma ladera del cortante. Unas vallas, dicen, se dispondrán a lo largo del mismo para evitar que la tierra pueda desprenderse a causa del impacto.

La otra playa, la de Algorri, conocida como ‘la playa de los curas’ (debido a que estos tenían un pasadizo bajo tierra desde la iglesia hasta la playa o eso es lo que se le dice) es un punto de referencia para las puestas de sol. Conocedores de la marea, su fuerza y poder, los zumaiarras saben esperar en la playa hasta pasadas las nueve de la tarde para recibir la energía de los últimos rayos de sol. El espectáculo hechiza. El sol baja por el acantilado y se esconde tras los montes de los pueblos colindantes creando un juego de colores anaranjados que se mantienen en el horizonte. El mar, la montaña y el sol que desaparece tras los rocas hacen que quieras pasar el resto de la eternidad viendo atardeceres como estos.

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Itzurun desde la playa | Imagen vía: María López

Un pueblo de calles de piedra

De vuelta en las calles del pueblo un buen alto en el camino es el bar Itzurun, justo donde arranca la cuesta que sube a la playa. Con una terraza tranquila, a pesar de que acaban de quitar los pequeños arbustos que te protegían de los transeúntes, el bar es una parada interesante para probar alguno de sus pintxos o una ración de rabas, quizá de las mejores de la localidad. De allí a otro de los puntos gastronómicos más interesantes nos separan tan solo dos minutos de paseo, con vistas al puerto el bar Idoia quizá sea una de las mejores propuestas para bolsillos lejos de los apuros económicos de la mayoría de jóvenes.

Tras este pequeño alto para reponer fuerzas se puede subir a ver la iglesia románica jalonada por pequeñas gárgolas que se encuentra rodeada de calles estrechas y casitas bajas que desembocan en la nueva biblioteca municipal. Y, bajando por sus escaleras, se llega a la calle en la que todo ocurre: Erribera. Tiendas, locales y bares se suceden unos a otros para dar cobijo en época de lluvia o se convierte en punto de encuentro cuando llegan las fiestas. Las escaleras desde el bar Zalla, en Upela Plaza, llevan a la fuente de San Juan, conocida actualmente por ser una de las localizaciones de la película Ocho apellidos vascos. Bajando las escaleras traseras de la iglesia se adentra en una callejuela estrecha de piedra, una cuesta que te lleva a la ermita de San Telmo, desde donde se puede observar la playa de Itzurun desde lo alto. De camino, hay un pequeño santo, San Telmo, que aun no siendo el patrón de Zumaia se ha convertido en el símbolo del pueblo, dando nombre a las fiestas más multitudinarias celebradas justo después de Semana Santa.

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Vista de Zumaia desde el puerto. | Imagen vía: María López

Camino de Santiago

Zumaia cuenta con un tramo del camino de Santiago, un paseo por la playa bordeando el museo de Zuloaga y el puerto deportivo (no exento de polémica en su momento por contribuir a la destrucción de la marisma) hasta llegar a la antes mencionada ermita de Arritokieta y el cementerio; poco antes de empezar la cuesta, al lado del convento de San José se encuentra un albergue para peregrinos. Con un camino asfaltado y fácil de digerir se obtiene una panorámica de todo el litoral, aunando mar, montaña, río y una vista general de Zumaia.

Pasado ilustre

Este pueblo de pasado pescador ha sido punto de encuentro no solo de geólogos de todo el globo sino también de personalidades ilustres de las artes y las letras. Una de sus calles, Juan Belmonte, es un homenaje al torero sevillano que solía lidiar de manera gratuita en la localidad a petición de su amigo, el pintor Ignacio Zuloaga, habitante de la localidad en las temporadas veraniegas. En su casa, convertida ahora en museo, se llevaban a cabo encuentros entre intelectuales como Ortega y Gasset, Unamuno, Pío Baroja o Valle-Inclán. Pero estos no son los únicos ilustres de la villa. De aquí también salió la bailarina de ballet clásico Lucía Lacarra.

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Puerto de Zumaia | Imagen vía: María López

Otros lugares que visitar

Si se dispone de más de un día en la localidad las posibilidades se disparan. Una visita a Elorriaga, un pequeño monte o ladera desde el que se puede ver parte del litoral, es una de las excursiones perfectas para un domingo por la mañana. 9 kilómetros y dos horas y media es lo que lleva subir y bajar de allí. Una vez arriba un bar, un parque y mesas para comer esperan los visitantes. Otra escapada puede ser llegar hasta Askizu, esta vez es recomendable coger las botas de monte. Desde la primera cuesta se puede ver todo el pueblo de Zumaia; montañas, mar, el faro y el pueblo. Desde aquí es posible echar la vista atrás, hasta el primer asentamiento y ver cómo Zumaia era una explanada ahora convertida en una preciosa y acogedora villa.

En definitiva, Zumaia es un lugar de ensueño para niños y mayores, un pueblo en el que desconectar y vivir de manera tranquila, lejos del bullicio de las ciudades y con todas las comodidades. El servicio de transporte público, compuesto de tren y autobús, conecta en poco más de media hora con Donostia y, en algo más, con Bilbao. Y cuando cae el sol, se llena de una paz y armonía que me recuerda a cuando coleccionaba piedras y las escondía en el cajón.

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Vista de Zumaia con la iglesia de San Pedro | Imagen vía: María López

Algunos tips para pasear por Zumaia

Dónde dormir

Landarte: una pequeña casa rural de siete habitaciones que se encuentra al principio de la subida al monte San Miguel. Rodeada de un jardín inmenso es uno de los alojamientos más tranquilos de la zona.

Zelai: hotel con vistas a la playa, probablemente la opción más cara

Hotel Flysch: hotel de nueva construcción cerca de la ermita

Apartamentos Tomás: tres apartamentos en pleno centro

Pensión Goiko: situado justo encima del bar homónimo cuenta con siete habitaciones en la calle Erribera

Camping Zumaia: lugar para acampar compuesto también de bungalows

Dónde comer

– Idoia: pescado y pintxos

– Labarra o Itzurum: pintxos

– Gure Txokoa: raciones y bocadillos

Zalla: platos combinados, bocadillos y pintxos

– Justa: raciones y menú del día

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Los 10 destinos españoles que hay que visitar al menos una vez en la vida

Redacción TO

Hace apenas unos meses, el World Economic Forum seleccionaba España como “el mejor país del planeta para hacer turismo”. Cultura, clima, infraestructuras, gastronomía… Miles son las razones por las que España es cada día más “irresistible” tanto para foráneos como locales.

Miles de rincones explican el encanto de nuestro país y, por eso, Gopili.es, el primer y único buscador integral de viajes donde podrás comparar todos los tipos de transporte: avión, tren, autobús e incluso coche compartido, quiere ayudar al turista que decida descubrir España con la lista de los 10 lugares imprescindibles que esconde nuestro país, destinos que hay que visitar una vez al menos en la vida, lugares que jamás olvidarás y a los que viajar hoy mismo, desde algunas de las principales ciudades españolas y tomando como referencia el primer fin de semana de septiembre.

  • Granada y su Alhambra

Machado decía que todas las ciudades tienen su encanto, pero que Granada tiene el suyo y el de todas las demás. La Alhambra, la ciudadela árabe más espectacular del mundo y el símbolo de esta ciudad, te enamorará. Sus palacios, jardines y cada uno de sus rincones están envueltos de historia y arte, por lo que, cuando la visites, entenderás por qué todo el mundo desea volver.

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Fuente del León en el Palacio de la Alhambra de Granada. | Foto: Pepe Marin/Reuters

Para llegar, por ejemplo, desde Barcelona a Granada puedes utilizar distintas opciones como el coche compartido, la más económica (41€) o el avión, la más rápida, por 67€. Si tu punto de partida es Madrid las opciones podrían ser el coche compartido, de nuevo la alternativa más económica con un precio que parte en los 14,5€, el autobús, desde 20€ o el avión, la opción más rápida, por 183€. Por su parte, llegar a Granada, desde Zaragoza nos saldría por unos 40€ en autobús y por cerca de 350€ en avión.

  • El Parque Nacional del Teide, en Tenerife

Es un paisaje único formado por cráteres, volcanes y ríos de lava petrificada, que rodea la impresionante silueta del Volcán Teide, que con una altitud de 3.718​ metros sobre el nivel del mar, es el pico más alto de todo el país. Este tesoro geológico es un lugar lleno de vida cuyo entorno es toda una belleza natural. El avión será nuestra única opción para visitar este paraíso con un coste de 98€ desde Barcelona; partiendo desde Madrid, por aproximadamente 60€; o por unos 357€ si nuestra ciudad de salida es Zaragoza.

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El volcán Teide al atardecer en Tenerife, Islas Canarias. | Foto: Santiago Ferrero/Reuters

  • Sevilla y su Giralda

No nos cansamos de escuchar eso de que “Sevilla tiene un color especial”, y es que es verdad. Su luz es incomparable, y acariciando su cielo está la Giralda, el campanario de la Catedral de Santa María de la Sede de Sevilla. Construida en el siglo XII, es el símbolo de su ciudad, y no solo es admirable desde abajo: tras subir sus 35 rampas, te aseguramos que las vistas desde lo más alto del campanario son espectaculares.

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Torre de la Giralda en la capital andaluza. | Marcelo del Pozo / Reuters

Si sales desde Madrid, y buscas relación tiempo-precio el tren (59€) es una alternativa, seguido por el bus (24€). Desde Barcelona, la mejor opción tiempo-precio es el avión (65€) junto a alternativas como el tren (60€) o el autobús (92€). Por su parte, viajar a Sevilla desde Zaragoza nos costará 75€ en autobús y 348€ en avión.

  • El casco histórico de Cáceres

Declarada Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1986, Cáceres alberga en su casco antiguo uno de los conjuntos urbanos de la Edad Media y del Renacimiento más completos del mundo. Nada más cruzar el Arco de la Estrella, te adentras en una ciudad histórica con los edificios más representativos de esta ciudad, como pueden ser la Concatedral de Santa María, el Palacio de las Veletas o la Casa del Sol.

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Casco histórico de Cáceres. | Foto: turismoextremadura.com

Dos alternativas para llegar a Cáceres. Por ejemplo, desde Madrid son el coche compartido (desde 20€) o el tren, desde 33€. Desde Barcelona la mejor opción es tomar un avión a Badajoz por 98€, coste al que tendremos que sumar o bien 6€ del coche compartido o 20€ del autobús para llegar a Cáceres.

  • Córdoba y la única mezquita-catedral del mundo

 La mezquita-catedral de Córdoba se comenzó a construir como mezquita en el año 785, y en 1238, tras la Reconquista cristiana de la ciudad, se llevó a cabo su consagración como catedral de la diócesis. Hoy todo el conjunto constituye el monumento más emblemático del arte omeya hispanomusulmán, y también de toda la arquitectura andalusí junto con la Alhambra.

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Turistas visitan la Gran Mezquita de Córdoba. | Foto: Manu Fernández / Reuters

Para llegar a esta ciudad desde Madrid, la opción más rápida y cómoda es el tren (53 €), seguida del bus (19€) y el coche compartido (21€). Por su parte, desde Barcelona, viajar a Córdoba en tren nos saldría por 57€ o por unos 46,5€ si seleccionamos la opción del coche compartido. Desplazarnos a Córdoba desde Zaragoza en este caso tiene un coste de 70€ en tren y de 35,5€ en coche compartido.

  • Toledo, la capital de Castilla-La Mancha

Toledo es conocida como “La Ciudad Imperial” por haber sido la sede principal de la corte de Carlos I, y también conocida como “la ciudad de las tres culturas” por haber estado poblada durante siglos por cristianos, judíos y musulmanes. Situada en la margen derecha del Tajo, es Patrimonio de la Humanidad desde 1986 y alberga diferentes monumentos espectaculares, como sus puentes, su Catedral Primada en el núcleo de la ciudad, la Mezquita del Cristo de la Luz y el Monasterio de San Juan de los Reyes.

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Panorama de la ciudad con el Alcázar al fondo. | Foto: Greta SchÖlderte / Unsplash

Llegar desde Madrid a Toledo sin duda es lo más económico por la cercanía de ambas ciudades: nos costará en coche compartido desde 5€, 7 euros si lo hacemos en autobús o 13 euros si elegimos el tren. Desde Barcelona, las opciones son 41€ en coche compartido o 94€ en tren. Por su parte, desde Zaragoza, podremos llegar a Toledo por aproximadamente 30€ en coche compartido.

  • Galicia y la Ribeira Sacra

Si te encanta rodearte de naturaleza, la zona de la Ribeira Sacra es perfecta para ti. Su paisaje repleto de monasterios es característico por los impresionantes cañones del Sil y del Miño, los que podrás recorrer en catamarán para, finalmente, conocer las vides de sus laderas, la cuna del legendario “Amandi”, un vino tan apreciado por los romanos que lo consideraban el verdadero “oro del Sil”.

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Vista del Cañón del Río Sil desde el mirador de Cabezoas en el municipio de Parada de Sil, en la provincia de Orense. | Foto: Wikipedia

Algunas de las alternativas para llegar desde Madrid a Ourense son el tren (39€), el coche compartido (35€) y el bus (44€). Desde Barcelona, las opciones de viaje directas son el tren (74,8€) o el coche compartido (75€) y, en el caso de viajar desde Zaragoza, vemos que en tren nos costará aproximadamente 61€ y en coche compartido una media de 53€.

  • Bilbao y el Guggenheim

 Inaugurado en 1997, el Guggenheim es un museo diseñado por Frank Gehry que se ubica a orillas de la ría de Bilbao, en una zona denominada Abandoibarra junto al puente de La Salve. Además de su espectacular estética, su interior no se queda atrás: alberga frecuentes exposiciones con obras procedentes de la sede Guggenheim de Nueva York, así como otras muestras de piezas prestadas por uno o múltiples museos internacionales.

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Un visitante observa las obras del artista británico David Hockney durante la presentación de “David Hockney, un cuadro más grande”, en el Museo Guggenheim de Bilbao . | Foto: Vincent West/Reuters

De nuevo tomando la capital de España como origen, es posible viajar a Bilbao en coche compartido por unos 22€ el trayecto, en tren por 44€ o en bus, por 34€. Si el viaje lo iniciamos en Barcelona, en autobús nos costará una media de 39€ frente a los 30€ que nos costaría el viaje en coche compartido o los 74€ del avión. Desde Zaragoza, las opciones más económicas son el autobús (23,35 €) o el coche compartido (21,5€).

  • Barcelona y el arte de Gaudí

Una de las ciudades más conocidas mundialmente de nuestro país, te permite disfrutar del arte paseando por sus calles. Antoni Gaudí, arquitecto español y máximo representante del modernismo catalán, fue dejando joyas por la ciudad, con monumentos como la Sagrada Familia, la Casa Batlló o, incluso, el paraíso de Gaudí por excelencia, el Parc Güell, una de las obras arquitectónicas más grandes del sur de Europa.

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La Sagrada Familia de Antoni Gaudí una noche de eclipse lunar en Barcelona. | Foto: Gustau Nacarino/Reuters

Utilizando es, ir de Madrid a Barcelona en autobús nos costará unos 36€, en coche compartido unos 30€, en tren podremos viajar desde 48€ y, la opción más rápida, el avión, que nos saldrá por unos 76€. Si partimos desde Zaragoza la opción más económica sin duda es el coche compartido (15€) seguida del autobús (20€).

  • Madrid y su magia

 Como no podía ser de otra forma, tenemos que incluir en esta lista la capital del país. La Puerta de Alcalá, la Cibeles, el Museo del Prado, el Palacio Real… Sin duda, en Madrid podrás disfrutar de monumentos y lugares emblemáticos, como la famosa Plaza Mayor, lugar que es punto de encuentro para todos los madrileños y visitantes de la ciudad en la época de Navidad. Como dejó escrito Luis Quiñones de Benavente, “desde Madrid al cielo”, y es que Madrid es mágica y podrás sentirlo nada más camines por ella, desde la Gran Vía hasta el más escondido de sus rincones.

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Turistas se hacen un selfie en la Puerta de Alcala en Madrid. | Foto: Sergio Pérez/Reuters

Viajar a Madrid desde Barcelona en autobús tiene un precio de unos 34€, más o menos como un coche compartido; el viaje en tren nos costará 48€ y en avión podremos viajar a la ciudad condal desde los 76€. Por su parte, si el origen de nuestro viaje es Zaragoza, la opción más económica de nuevo es el coche compartido (11€).

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La Galicia más indómita a través de sus faros

Marta Ruiz-Castillo

Foto: Camiño dos faros
Camiño dos Faros

Galicia recibió en 2016 una cifra récord de visitantes, según datos del Instituto Nacional de Estadística publicados por la Xunta el pasado enero. El Camino de Santiago se ha convertido en los últimos años en un reclamo para el turismo nacional e internacional y en verano, viajar a esta región del noroeste de España es, sin duda, una forma de pasar las vacaciones aunque el sol no esté garantizado todos los días. Entre las numerosas opciones para conocer un poco mejor esta comunidad autónoma, medio aislada hasta hace no muchos años con el resto de España debido a las precarias comunicaciones por tierra, está la Ruta de los Faros.

Una región como la gallega que mira al mar a través de sus 1.498 km aproximadamente de cabos, no podía dejar de contar con una ruta como esta que, a través de ocho etapas, acerca al caminante a los parajes más extraordinarios de la costa, cruzando largas playas de fina arena blanca, agrestes montes, dunas, bosques, aldeas, villas marineras, y castros que recuerdan el paso de los celtas por estas tierras mágicas.

Mágicas, sí, porque en el camino de los faros el caminante va encontrándose aquí y allá con pisadas verdes de los trasnos, los duendes gallegos y emblema de la Asociación O Camiño dos Faros, que en 2012 decidió unir Malpica con Fisterra a través de la Costa de la Morte, creando esta ruta.

La primera etapa comienza en la localidad de Malpica, donde se encuentra el faro más pequeño de los que recorren la costa gallega, y termina en la playa de Niñóns. A lo largo de sus 22 kilómetros el caminante pasa por seis tranquilas playas como las de Area Maior, al principio del camino, o la de Barizo, una pequeña playa frecuentada por los residentes de la zona que no cuenta con ningún  tipo de servicios. Destacan también las extrañas formas de las piedras en el entorno del faro de Punta NarigaEn esta primera etapa con acantilados espectaculares, las islas Sisargas son un punto de referencia en el mar.

Galicia a través de sus faros
A lo largo de las distintas etapas encontramos tranquilas playas de fina arena blanca como la de Niñóns. | Foto: Luis Álvarez Real

La segunda etapa sale de Niñóns y finaliza en Ponteceso.  El caminante descubre calas solitarias y ensenadas, los imponentes acantilados de Cabo Roncudo, y el faro Roncudo, donde el fuerte sonido de las olas rompiendo contra las rocas da nombre a esta parte de la costa. La Ría de Corme-Laxe, donde el paisaje cambia completamente, el Monte da Facha y las espectaculares dunas de A Barra completan esta segunda etapa.

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Las huellas de los trasnos, los duendes gallegos, guían al caminante. | Foto: Luis Álvarez Real

La tercera etapa va de Ponteceso a Laxe, comenzando la ruta en el Estuario do Anllóns; desde aquí el sendero sigue hasta el castro de Borneiro y el dolmen de Dombate, lugares donde la historia atrapa al visitante antes de iniciar la subida al Monte Castelo de Lourido. Después comienza la bajada hasta la costa de Cabana, llena de furnas – grutas naturales producidas por la acción del mar – y playas en las que descansar tras la larga caminata.

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La ruta tiene muchas subidas y bajadas, siempre con el mar como referente. | Foto: Luis Álvarez Real

Después de unas etapas con cierta dificultad, la cuarta es la más corta y la más fácil; va desde Laxe a Arou. En el camino se pasa por el Faro de Laxe y el Peñón de Soesto desde donde se baja a la playa de Traba y su laguna natural. A continuación, el camino lleva por un empedrado hasta Camelle donde está el Museo de Man.  Este original museo al aire libre fue creado por el artista alemán Manfred Gnädinger, más conocido por el nombre de “Man, el alemán de Camelle”, que llegó a esta villa en los años 60 y se estableció para vivir como un ermitaño realizando sus obras de arte. Man murió de pena el 28 de diciembre de 2003, después de que el fuel del Prestige tiñera de negro el mar en el que se zambullía cada día, y su preciado jardín de esculturas creadas por él con piedras y restos de naufragios quedara salpicado de chapapote. Tras el naufragio del petrolero y la desaparición de su particular Edén,  Man renunció a seguir viviendo.

La quinta etapa lleva al viajero por el corazón de la Costa da Morte hasta Camariñas, la localidad de los famosos encajes. Antes se pasa por el Cementerio de los Ingleses, Faro Vilán, que se adentra en el mar sobre un promontorio rocoso de 100 metros de altura, la Ermita de la Virxe do Monte, construida en el XVIII en lo alto del Monte Farelo, y el Castillo de Soberano.

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Una escultura de la Casa Museo de Man, en Camelle. | Foto: Luis Álvarez Real

La sexta etapa, la más larga, es también fácil de hacer pues no hay subidas ni desniveles importantes. Hasta llegar a Muxía, lugar donde confluye el Camino de Santiago, el recorrido pasa por varias playas, la iglesia románica de San Xiao de Moraime del siglo XII y declarada conjunto histórico-artístico, hasta llegar al faro de Muxía y el famoso santuario de Nuestra Señora de la Barca.

A punto de culminar este viaje a través de los faros, en la séptima etapa se deja atrás Muxía para iniciar un recorrido muy agreste y con cierta dificultad que termina en el Faro Touriñán, punto más occidental de la España peninsular, y la Praia de Nemiña.

Para terminar, la octava y última etapa lleva al caminante hasta Fisterra, el fin del mundo, como llamaron los antiguos a esta parte de la costa gallega, llena de acantilados, playas y el castro de Castromiñán. Fisterra es también el final del Camino de Santiago para quienes, tras pasar por la catedral deciden seguir los pasos de los antiguos peregrinos y sentarse junto al faro para disfrutar de una espectacular visión del Atlántico donde las puestas de sol son excepcionales.

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Puesta de sol desde el Faro de Fisterra. | Foto: Turismo de Galicia

Los viajeros que se animen a ponerse una mochila a la espalda y un buen calzado para recorrer el Camino dos Faros recibe como recompensa, al final de cada jornada, una puesta de sol diferente y única.

Alternativas

Además de la Ruta dos Faros y sus inseparables trasnos, hay otras rutas más cortas, como la que propone la Xunta de la Galicia, de dos etapas, bajo el epígrafe Faros y Playas en el Fin del Mundo.

También se puede hacer una ruta distinta a los faros de Galicia por tren que acerca al viajero al punto más septentrional de la península ibérica. El programa de Renfe, puesto en marcha en 2013 tras un acuerdo con la Xunta de Galicia,  llega a Cabo Ortegal con sus Aguillóns, espectaculares farallones de roca; el mirador de Vixía Herbeira, sobre unos de los acantilados más altos de Europa; San Andrés de Teixido donde, según el dicho, “va de muerto quien no fue de vivo”; el cabo de Estaca de Bares, a cuyos pies se unen el Atlántico y el Cantábrico o la playa de las Catedrales, informa la compañía.

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De turismo por Corea del Norte, un viaje de cultura y frustración

María Hernández

Foto: DAMIR SAGOLJ
Reuters

Corea del Norte protagoniza numerosos titulares en los medios de comunicación, pero no precisamente por sus monumentos. Las pruebas de misiles balísticos, sus enfrentamientos verbales con Estados Unidos y los constantes bloqueos y censuras a sus ciudadanos suelen ser el centro de atención en el país más hermético del mundo.

Sin embargo, Corea del Norte puede ser también un destino muy original para un viaje. Eso sí, no puedes organizarlo por tu cuenta y buscar una opción más económica que lo que ofrecen las agencias es inviable.

Para ir a Corea del Norte, es imprescindible contratar un viaje organizado por alguna de las pocas agencias acreditadas para ello. Los itinerarios de visitas están completamente organizados previamente al viaje y el turista solo tiene libertad de movimiento dentro del hotel. Fuera del alojamiento, un guía se convierte en su sombra.

Cómo llegar y qué ver

Llegar a Corea del Norte, a pesar de ser un país tan cerrado, es bastante fácil. “Lo primero que me sorprendió es lo relativamente fácil que es llegar allí”, nos explica Luis López, que viajó a Corea del Norte con un amigo.

Lo primero que hay que hacer para cruzar la frontera norcoreana es buscar un organismo autorizado que organice el viaje. Serán ellos quienes preparen el itinerario de visitas guiadas, así como los vuelos desde Pekín, el único lugar junto con Rusia, aunque desde allí solo se vuela en raras ocasiones, desde donde se puede acceder al hermético país.

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Koryo Air es la única aerolínea que viaja a Corea del Norte. | Foto: Greg Baker/ AP

“Los trámites son sencillísimos de cubrir”, nos explica Luis, que organizó su viaje con la Asociación de Amistad con Corea del Norte, presidida por Alejandro Cao de Benós. Para recibir el visado, tanto Luis como su amigo Manuel tuvieron que explicar a las autoridades a qué se dedicaban y por qué querían viajar a Corea del Norte, pero Luis asegura que “no indagaron mucho”.

El coste del viaje es quizá su mayor inconveniente. Actualmente, los precios están en torno a los 3.000 euros por un viaje estándar de ocho días y siete noches, a lo que hay que sumarle el transporte de ida y vuelta a China, nos explica Sergio Guijo, director de la agencia de viajes Travel Corea.

Por esta razón, el perfil de las personas que eligen este destino suele ser “gente en torno a los 40 años en adelante, con un poder adquisitivo medio alto y, en un gran porcentaje, personas fuertemente interesadas por la historia, las ciencias sociales, las ciencias políticas y, sobre todo, la cultura asiática en general”, explica Sergio.

Un control exhaustivo

“Una vez que llegas al país dejas de tener voluntad, porque tus movimientos son totalmente controlados, no tienes libertad de movimiento salvo por el interior del hotel, no puedes dar un paso fuera del hotel si no estás acompañado de un guía”, nos cuenta Luis, que añade que la organización del viaje fue “totalmente opaca”.

Sin embargo, las agencias de viajes sí que ofrecen actualmente una visión general de los lugares que se visitarán durante el viaje.

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Una guía acompaña a los turistas al Palacio de los Niños en Pyongyang. | Foto: Damir Sagolj/Reuters

Lo que destaca Luis es el control exhaustivo que se observa durante las visitas programadas, así como el control que tenían los guías de todos sus movimientos e incluso de sus conversaciones.

“Parecía que estábamos viviendo en un teatro, parecía que estábamos en una película en la que estaba todo perfectamente organizado”, dice Luis, que recuerda observar cómo las personas que se encontraban en los lugares que visitaron parecían estar actuando, como guiados por alguien. “Fue una constante el estar viviendo como Jim Carrey en el Show de Truman, ese era el efecto”.

Por su parte, Sergio asegura que Corea del Norte “es un país que quiere tener un turismo con un bajo impacto en el funcionamiento de la sociedad y mantener su calidad”.

Interesante, pero frustrante

Al preguntarle si recomendaría el viaje a otras personas, Luis se lo piensa y acaba decidiendo que es muy interesante, pero también muy frustrante. “Es un viaje propagandístico 100%”, asegura Luis.

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Un grupo de turistas toman fotografías cerca de un monumento a Kim Jong Il. | Foto: Carlos Barria/ Reuters

“Para mí fue muy interesante”, pero “me carga un poco la conciencia, porque estás dando mucho dinero a un régimen que tiene a ese pueblo oprimidísimo”, explica. Luis considera que, a pesar de que el viaje es realmente interesante, “te sientes indignado muchas veces” al ver el potencial de la gente y que no lo puede desarrollar.

“Me pareció muy interesante, pero muy, muy triste, yo realmente salí muy tocado del viaje”, dice Luis, que recomendaría el viaje porque es algo muy diferente, pero aconseja ir preparado para “muchos momentos de rabia, de frustración y tristeza”.

Nuevos itinerarios

Respecto a qué ver en Corea del Norte, su capital, Pyongyang, es el destino más visitado, pero las agencias de viajes ofrecen cada vez más itinerarios que permiten descubrir diferentes rincones del país. Sergio nos explica que existe el mito de que solo existe un itinerario de viaje en Corea del Norte, pero “actualmente estamos en torno a los 16,17 itinerarios”, explica.

“Corea del Norte está intentando desde el año 2014 ampliar los itinerarios de viaje para que no solamente se viaje en verano, sino que también se hagan viajes en invierno a las reservas naturales o para practicar deportes de invierno”, explica Sergio.

Actualmente es posible viajar a Corea del Norte para, además de visitar Pyongyang durante varios días, esquiar o realizar otro tipo de deportes de invierno. Además, uno de los viajes que se está poniendo en marcha consiste en recorrer Corea del Norte en un tren clásico, como el transiberiano, y esto “quizá rompe un poco con el mito de que solo se visita la capital y poco más”, nos cuenta Sergio.

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Corea del Norte celebra un maratón en abril todos los años. | Foto: Alexander F. Yuan/ AP

Corea del Norte está realizando esfuerzos en los últimos años para atraer más turismo. Una de las últimas iniciativas, desvelada hace unos días por una agencia de viajes a este país, Uri Tours, consiste en la celebración en Pyongyang de un maratón internacional en el mes de octubre, que se suma al que ya celebran en el mes de abril.

El paquete para ir al maratón y aprovechar para hacer turismo cuesta unos 2.500 euros por persona e incluye varias visitas turísticas a diferentes lugares del país.

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