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¿Quiénes son los nuevos Narcos?

Nerea Dolara

Foto: Netflix
Netflix

La serie se estrena el 1 de septiembre y llega sin su estrella: Pablo Escobar. ¿Lograrán conquistar a las audiencias los líderes del cartel de Cali? Mientras lo averiguamos, repasamos sus perfiles reales.

El final de la segunda temporada de Narcos acabó con la muerte de su protagonista (nadie se engañe, el agente “gringo” de la DEA nunca fue el principal aunque fuese el narrador), Pablo Escobar. El narcotraficante más famoso de todos los tiempos fue un buen punto de inicio para una serie centrada en criminales organizados de la droga.

Tenía todo: carisma, crueldad, una historia casi de realismo mágico de subida al máximo poder y una caída estrepitosa y patética. Escobar era el personaje perfecto y su muerte dejó un grave vacío en las arcas narrativas de una serie que bien podría decirse que se hizo famosa por su existencia y su relato, no por nada más.

Pero Netflix, haciendo gala de su insistencia (ahora menor; ejemplos: Gypsy o Girlboss, aunque aún existente; véase: 13 razones o Stranger Things) de mantener sus series originales a toda costa, ha optado por hacer una tercera temporada protagonizada por un grupo de narcos que, bueno, nadie, salvo la DEA y las autoridades colombianas, realmente conoce.

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Campaña promocional de la serie | Imagen vía Netflix

Sí, a estos tíos ya se les había visto el pelo en las temporadas previas de la serie; sí, son personajes reales o basados en reales que continuaron con el negocio de la droga en Colombia y que, como buenos narcos, fueron sanguinarios y se enriquecieron en igual medida; sí, el agente Peña es un regreso agradecido por todos los que vieron la serie (y todos los que aún extrañan a Oberyn en Juego de Tronos)… pero estos miembros del Cartel de Cali tienen poco con lo que competir con un hombre que tenía tigres de mascotas, ganó un puesto en el senado, tiró un avión de pasajeros para deshacerse de una sola persona, asaltó el tribunal supremo y asesinó a todos sus jueces o mató un candidato a presidente (todo esto sin mencionar otras decenas de hitos en su historia que podrían competir con los mencionados).

Estos nuevos narcos no son figuras casi míticas de la historia social reciente de un país, no son los Al Capone latinos… son unos narcotraficantes: malvados, millonarios, violentos… pero no diferentes a los muchos del mundo. Igualmente y para que no se pierda el espectador cuando se estrene la nueva entrega, vamos a repasar quiénes son los hombres principales del momento.

SPOILER ALERT (más o menos, son hechos reales, pero se sabe que la serie a veces cambia la realidad)

Gilberto Rodríguez Orejuela

Interpretado por Damián Alcázar

Líder del Cartel de Cali y el “nuevo Escobar” de la serie. Conocido como El Ajedrecista, Orejuela nació el 30 de enero de 1939 y fue extraditado a Estados Unidos en el 2002. Cali no era el Cartel de Medellín, optando por menos violencia y más diplomacia, le valió su sobrenombre al jefe por su tendencia a estrategizar más que a explotar. Cuando Medellín comenzó a atacar al gobierno, Cali optó por crecer. Pero el capo no tardó mucho en ser capturado tras la muerte de Escobar. Dos años después el presidente Samper lanzó una operación de búsqueda y captura que resultó con la detención de Gilberto y su hermano. El capo se había escondido en un gabinete vacío del baño de su casa con una bombona de oxígeno, pero la policía lo encontró y se le sentenció a 15 años de prisión.

Miguel Rodríguez Orejuela

Interpretado por Francisco Denis

Fue el cerebro detrás del crecimiento del cartel y hermano de Gilberto. Pero su destino sería el mismo que el de Gilberto. Esposo de una Miss Colombia, fue detenido en su casa en 1995 pero siguió llevando su negocio desde la cárcel, por lo que EEUU pidió su extradición, y la de su hermano. A principios de los 2000 ambos delincuentes fueron trasladados a Estados Unidos.

Chepe Santacruz Londoño

Interpretado por Pepe Rapazote

Aunque se le detuvo en 1995, al igual que a sus socios (los tres lideraban el cartel), escapó de la cárcel en 1997 con la intención de organizar la red de sicarios y brazos armados del cartel y poner orden a quienes, tras la detención de los líderes, habían comenzado a pensar en independizarse. Mató a más de 20 posibles testigos en su contra. Poco tiempo después de su fuga Santacruz, que se rumoró que estaba organizando atentados contra figuras del gobierno, fue asesinado en un centro comercial de Medellín cuando intentó escapar de la policía, que había recibido una llamada anónima avisando de su paradero. Hay otra versión de los hechos: se dice también que su muerte fue a manos de grupos paramilitares organizados por miembros de la policía colombiana involucrados con el tráfico.

Santacruz y los hermanos Rodríguez Orejuela llegaron a ser portada de la revista Time, bajo el título Cocaine Inc.. La revista analizaba su perfil y reunía declaraciones de la DEA que citaban que el cartel de Cali era el responsable del tráfico de 60% de las drogas en EEUU y 90% en Europa.

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Portada de la revista Time con los hermanos Orejuela tras la muerte de Pablo Escobar.

Pacho Herrera

Interpretado por Alberto Ammann

Siempre mantuvo su bajo perfil y era poco mencionado cuando se hablaba del cartel, pero Herrera era el cuarto al mando en Cali. A cargo del mercado mexicano y la distribución internacional, fue también quien ideó utilizar a grupos guerrilleros como fuerzas de seguridad en los laboratorios más remotos. A diferencia de sus compañeros, Herrera se entregó en 1996 y cambió de rumbo durante su tiempo en la cárcel. Dejó los negocios, o eso se piensa, y se convirtió en jugador de fútbol y promotor deportivo en su prisión. Esto hasta que en 1998, el que había sido su consejero durante una década, Rafael Angel Uribe Serna, lo visitó en la cárcel. Herrera dejó su partido de fútbol y abrazó a su amigo, que procedió a dispararle y matarlo. Nunca se supo claramente por qué Uribe lo asesinó, pero se manejaron varias hipótesis, la mayoría vinculadas con búsquedas de poder o venganzas.

Jorge Salcedo

Interpretado por Matias Varela

Jefe de seguridad del cartel, fue quien contactó con la DEA y facilitó la captura de sus jefes. Comenzó sus servicios luego de que el cartel de Medellín le contratara para organizar una fuerza paramilitar. Los jefes de Cali temían por sus familias. Escobar había perdido la razón y les amenazaba constantemente. Querían protegerse. Salcedo era el encargado de hacerlo. Cuando la DEA puso su atención en Cali (tras la muerte de Escobar y su toma de las rutas y negocios de Medellín) Salcedo, que normalmente no estaba involucrado en la violencia (o eso dice), tuvo que ver a sus jefes ponerse paranoicos y asesinar a sospechosos de ser soplones. Así que optó por trabajar con la DEA. Tras traicionar al cartel, Salcedo se convirtió en testigo protegido del gobierno de EEUU.

Franklin Jurado

Interpretado por Miguel Ángel Silvestre

Estudió en Harvard y era el “lavador de dinero” del cartel. Su esquema de lavado era complejo y difícil de rastrear (incluía más de 100 cuentas en 68 bancos en nueve países) y logró limpiar 36 millones de dólares. Sin embargo, su operación fue descubierta cuando colapsó un banco de Luxemburgo y se rastrearon varias cuentas hasta él. En Europa la condena fue poca, pero Estados Unidos pidió su extradición y le condenó a siete años y medio de cárcel.

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'Grace and Frankie', icono televisivo de la tercera edad

Néstor Villamor

Las ancianas ya no son ancianas. Al menos en la televisión. Ya no hacen punto ni bizcochos. No están todo el día pendientes de sus hijos, que para algo son mayorcitos. Si ya de por sí las series protagonizadas por mujeres son minoría (aunque tampoco son excepciones: Sexo en Nueva York, Mujeres desesperadas…), Grace and Frankie, la aclamada comedia sobre dos septuagenarias cuya cuarta temporada se estrena este viernes en Netflix, es una propuesta que no solo desafía al sexismo, sino también al ageism, la discriminación por la edad.

Para hacerse una idea más o menos realista de cómo son Grace y Frankie basta con imaginar a las chicas de oro saliendo de farra, quemando la pista, tomando peyote, sufriendo los dolores post-masturbatorios generados por la artritis y poniendo verdes a sus exmaridos homosexuales. Porque la comedia arranca precisamente cuando a Grace (Jane Fonda) y Frankie (Lily Tomlin) les dicen sus respectivos cónyuges, Robert (Martin Sheen) y Sol (Sam Waterston), que se van a divorciar de ellas porque llevan 20 años liados y han decidido casarse. Tras el shock, ambas se van a vivir a una casa que habían comprado las dos parejas en multipropiedad. E intentan seguir con su vida como pueden: Grace crea un perfil en una página web de citas, Frankie intenta poner a la venta un lubricante vaginal orgánico creado por ella misma que además es comestible (“una no debería ponerse en la vagina nada que no se llevase a la boca”, razona) y entre las dos inventan un vibrador para mujeres de la tercera edad que no deje las manos agarrotadas y cuyas instrucciones estén en letra bien grande para poder leerlas sin gafas de cerca.

Señoras que practican sexo

Pero más allá de momentos más o menos divertidos, la serie refleja un cambio de tendencia que se va consolidando en el cine y la televisión mainstream: mostrar la sexualidad de las mujeres de cierta edad. Ocurrió en 2003 con Las chicas del calendario, una historia basada en hechos reales sobre señoras que posan desnudas para hacer un calendario benéfico para luchar contra la leucemia. Del mismo año es Cuando menos te lo esperas, en la que una madurita Diane Keaton se lía con un joven Keanu Reeves. Y también fue Keaton quien, aunque en un papel secundario, conseguía por fin su primer orgasmo en Porque lo digo yo (2007).

Y el avance social no es solo para ellas. Los gays de Grace and Frankie muestran una realidad nueva del colectivo, inequívocamente ligada a la aprobación del matrimonio homosexual en Estados Unidos en 2015, año en que se estrenó la primera temporada. La pareja que forman Martin Sheen y Sam Waterston es una de las pocas representaciones televisivas del colectivo LGTB de la tercera edad. Se suma así a la estela de Transparent, drama producido por Amazon sobre una anciana transexual.

Avance por fuera, retroceso por dentro

Pero los avances que la serie proyecta en la pantalla distan mucho de estar reflejados en las condiciones laborales de las actrices. Aunque son ellas las que llevan el peso narrativo (y el título) de la ficción, Fonda y Tomlin cobran lo mismo que los actores que interpretan a sus exmaridos, que si bien aparecen en todos los episodios, tienen un papel secundario. Según Fonda, fue Tomlin quien se enteró de que sus compañeros cobraban lo mismo que ellas. “No nos hace gracia”, se quejó la ganadora de dos Oscar. “El programa no es Sol and Robert, es Grace and Frankie“, lamentó a su vez la otra coprotagonista. Por su parte, Sheen y Waterston han salido en defensa de las actrices y han dicho en una entrevista televisiva que deberían “recibir un aumento” porque “son las que llevan la serie”.

Queda por descubrir si la discriminación salarial se ha solucionado para esta cuarta temporada. Lo que sí se sabe ya es que la nueva entrega contará con la participación de Lisa Kudrow, la inolvidable Phoebe de Friends.

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Tu cara aparece en una obra de arte y una 'app' de Google te ayuda a encontrarla

Redacción TO

Foto: Kumail Nanjiani
Twitter

Google Arts&Culture es el museo virtual más grande que existe. La aplicación se puede descargar en cualquier dispositivo desde hace más de un año y medio. Google colabora con más de 1.200 museos, galerías e instituciones de 70 países para que sus exposiciones estén disponibles online para todo el mundo. Además de permitir visitas virtuales a exposiciones —todo a través de la pantalla del móvil—, la app recupera historias como la de la Savitribai Phule, la mujer que ayudó a instalar la primera escuela para niñas en la India; cuenta con reportajes visuales sobre las luces de neón en Hong Kong y con reivindicaciones sobre cómo los trabajos de perlas africanos artesanales cambiaron el mundo. Pero Google Arts&Culture no se ha hecho viral por nada de esto.

La verdad es que nos hemos dado cuenta de que existe por una cuestión bastante ególatra. La app de Google ha lanzando una función que encuentra, con solo subir un selfi, la obra de arte, cuadro o retrato a la que te pareces. Así, tu selfi con poca luz en 2018 resulta ser súper parecido a un óleo del Barroco que se encuentra en el Rijksmuseum de Amsterdam. Si es que nada nos gusta más a los humanos que vernos, aunque sea reconvertidos en un retrato de un señor con bigote del siglo XVII.

La aplicación encuentra el parecido entre los autorretratos y las obras de arte gracias a la inmensa colección de cuadros de Google y a una función muy avanzada de reconocimiento facial. Un porcentaje en la parte superior indica el parecido entre ambas imágenes. “Siempre tratamos de encontrar formas interesantes e interesantes para que la gente hable sobre el arte, y esta fue una de ellas”, dijo a The Washington Post Patrick Lenihan, portavoz de Google.

De momento, esta función solo está disponible en Estados Unidos, y no en todo el país. Google ha declinado comentar si hay planes de expandir esta función a otros países. Esto no ha impedido que miles los usuarios hayan encontrado ya su parecido. Además, de la actriz Felicia Day o el actor Kumail Nanjiani, el cantante Gil McKinney, el músico Pete Wentz y numerosos periodistas norteamericanos, los niños de Stranger Things o Bojack también se han apuntado a encontrarse (este último es de los pocos que ha conseguido casi un 90% de parecido).

Ahora solo cabe esperar que estos miles de retratos igualen nuestro interés por el arte al que ya tenemos por los selfis.

Además, si algo ha demostrado esta app, es que Google tiene fichadas no solo las obras de arte mundialmente reconocidas… Aquí la prueba:

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Charles Forsman: “Es difícil escribir historias felices”

Nerea Dolara

Foto: Charles Forsman

El autor del cómic The End of The Fucking World vio su oscura historia adolescente ser llevada con éxito a la pantalla y convertirse en fenómeno de Netflix. Hablamos con él.

No es una novedad que estamos en la era de oro de la televisión. En tiempos como estos es difícil dar con mucha de la excelente programación disponible, así como es grandioso el abanico de diversidad temática y de tono que ha terminado por poblar las series en los últimos años. Un buen ejemplo de este atrevimiento reciente es The End of The F***ing World (TEOTFW). La serie británica, que tiene sus ocho episodios en Netflix, tiene una premisa de esas que hace poco nadie habría financiado: un adolescente psicópata y una adolescente rebelde y suicida emprenden un viaje juntos, él planea matarla pero no todo sale como era esperado.

Violenta, dura y muy graciosa, la serie tiene como material de origen un cómic del mismo nombre escrito por Charles Forsman. Hablamos con el autor.

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Portada de The End of the Fucking World (TEOTFW) + Retrato de Charles Forsman vía Charles Forsman.

¿Cómo te convertiste en dibujante de cómics?

Mi hermano mayor me generó interés en dibujar superhéroes desde pequeño. Siempre quería dibujar mejor que él. En ese tiempo quería ser caricaturista pero luego perdí interés en la adolescencia y mis veintes. Vivía en Los Ángeles en el 2003 y comencé a ir a tiendas de cómics y volví a enamorarme del género. Apliqué a la que era una nueva escuela entonces, The Center for Cartoon Studies, y me aceptaron. Desde mi graduación en 2008 he hecho mis propios cómics y no he parado.

Tu estilo de dibujo es directo y duro. ¿Proviene de los personajes o viceversa?

Intento dibujar en un estilo que se ajuste a la historia. Si miras todos mis libros ves a un artista que no puede quedarse en un sólo estilo. Antes solía reclamarme esto, ahora lo acepto como algo positivo.

Charles Forsman: “Es difícil escribir historias felices”
Imagen cortesia: Charles Forsman

¿Quiénes son tus influencias?

Tengo muchas. Caricaturistas americanos tempranos como George Herriman y E.C. Segar son grandes influencias. También Charles Schulz. También me gustan Frank Miller, Klaus Janson, José Muñoz, que hizo los cómics de Alack Sinner. Hay muchos más pero no me vienen sus nombres.

En TEOTFW los personajes, como en muchas de tus historias, son adolescentes. ¿Hay una razón para que te centres en este tiempo de la vida adulta? ¿Qué te interesa de ese momento?

Sí, creo que sigo volviendo a los adolescentes porque era un tipo muy depresivo cuando tenía esa edad. Estaba frustrado y perdido. Quería crecer rápido y de alguna manera lo hice. Es un tiempo en que estás incómodo en tu propia piel y sólo quieres huir, crecer, y no siempre eres capaz de estar en el presente. Y al mismo tiempo tienes tanta pasión y experimentas lo que es sentir por primera vez y es tan intenso, precioso y frágil.

¿Cómo eras cuando eras adolescente?

Estaba deprimido. Perdí a mi padre cuando tenía 11 años y creo que eso afectó mi personalidad. Fumaba marihuana y trabajaba en un cine. Escuchaba música y tocaba en una banda. Nada especial.

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Imagen cortesía: Charles Forsman.

En TEOTFW tienes a un sociópata como protagonista. ¿Por qué tomaste esa decisión? ¿Cómo funciona un personaje sociópata en cuanto a narrativa e ideas?

Pensé que era una idea interesante para un personaje. Cuando comencé el cómic no tenía idea de a dónde iba. Pero me gusta poner reglas y parámetros en cuanto a personajes o prácticas, para ayudar a que el proceso se mueva. Y creo que James es sociópata porque era un reto interesante retratar un personaje así sin que fuese un monstruo.

En TEOTFW los adultos son básicamente horribles. ¿Son oscuras tus historias como forma de protesta contra la sociedad o un retrato de lo que ves?

Me preguntan mucho esto. Supongo que es como veía a los adultos de adolescente. Y creo que es un sentimiento muy común. Veía a los adultos como cuidadores corruptos. Pensaba que tenía todas las respuestas, ¿sabes?

¿Crees en los finales felices?

(Risas) Creo que sí. Pero es difícil escribir historias felices. La vida es impredecible y nunca se ajusta a una fórmula narrativa. Es como sale de mí. Tal vez algún día escriba una historia feliz. Ya lo veremos.

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Imagen cortesía: Charles Forsman

¿Cómo fue la adaptación con Netflix?

Hubo mucha libertad pero hablé con el co-director y creador de la serie, Jonathan Entwistle, durante todo el proceso. Así que a pesar de que no estaba involucrado oficialmente él recibía mis comentarios. Creo que era importante para él hacer algo que me gustase. Y no tenía que hacerlo. También nos llevaron a mí y a mi compañera, Melissa Mendes, al Reino Unido para ver parte del rodaje. Fue una experiencia increíble. Escuchar a los actores decir líneas que escribí hace años fue emocionante. 

¿Has visto la serie? ¿Te gusta?

La vi y la amé. Me sorprendió mucho lo que hicieron y ahora soy un seguidor de Charlie Covell. Ella cogió mi comic, lo trajo a la vida y lo reorganizó de una manera que es un honor verlo.

¿Cuáles son tus siguientes proyectos?

Estoy comenzando un nuevo cómic que aún no tiene título pero que publicaré con Patreon. Será como una suscripción. Los lectores pueden pagar 3 dólares al mes y recibir un capítulo en su email. Me gusta la serialización y es mi forma favorita de trabajar. También me han publicado tres libros en 2017: Slasher, Revenger & the Fog y I Am Not Okay With This, así que he estado ocupado.

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Néstor Villamor

Foto: RRSS
RRSS

Oprah Winfrey triunfó. No solo se llevó uno de los mayores galardones de la industria del cine, el premio Cecil B. DeMille a toda una carrera, sino que, en la pasada edición de los Globos de Oro, dio uno de los discursos más memorables que se recuerdan en estos premios. Desde la forma en la que recordó cómo le impactó ver en directo a Sidney Poitier convertirse en el primer actor de color en ganar un premio Oscar a la reinvindicación de la lucha contra el machismo. Sus palabras no solo hicieron estallar (de alegría) a internet, sino que hasta movieron mercados bursátiles y crearon hordas de tuiteros clamando por que la presentadora se postule como candidata a la presidencia de su país. Pero, aunque memorable, no es la primera vez que un discurso de una estrella de cine llega cargado de reivindicaciones políticas o sociales y provoca reacciones intensas entre el público.

Ocurrió el año pasado cuando Meryl Streep recibió el mismo premio que esta vez se ha llevado Winfrey. Con la reciente victoria de Donald Trump en las elecciones, Estados Unidos estaba a punto de estrenar presidente en el momento de la gala. Y la actriz más respetada de Hollywood (y, por extensión, del mundo) quiso aprovechar la ocasión para hablar de la actuación que más le había llamado la atención de todo el año. “Ha habido una actuación este año que ha dejado aturdida. Ha hundido sus garras en mi corazón. No porque fuera buena: no tenía nada de bueno. Pero fue efectiva e hizo su trabajo. Hizo a su público objetivo reír y enseñar los dientes. Fue ese momento en el que la persona llamada a ocupar el asiento más respetado de nuestro país imitó a un periodista con discapacidad, alguien a quien superaba en privilegios, poder y capacidad de devolver un golpe. De algún modo me rompió el corazón cuando lo vi”.

La reacción no se hizo esperar. A Streep le llovieron los aplausos. Quien no se quedó contento fue Donald Trump, que publicó un tuit en el que decía: “Meryl Streep, una de las actrices más sobrevaloradas de Hollywood, no me conoce pero me atacó anoche en los Globos de Oro”. En un tuit siguiente la llamaba “lacaya de Hillary [Clinton] que perdió a lo grande”.

Pero la calma que mostró en su discurso la ganadora de tres Oscar contrasta con el entusiasmo que había exhibido solo dos años antes en la ceremonia de los Oscar, en la que aplaudió con vehemencia el discurso de Patricia Arquette, ganadora del galardón a la mejor actriz de reparto. “A cada mujer que ha dado a luz, a cada pagadora de impuestos y ciudadana de esta nación. Hemos luchado por la igualdad de derechos de todos los demás. Es momento de que tengamos igualdad de sueldos de una vez por todas e igualdad de derechos para las mujeres en los Estados Unidos de América”.

Antibelicismo

Donald Trump no fue el primer presidente vapuleado en el discurso de una personalidad del mundo del cine. Le ocurrió a George Bush, hijo, cuando, en 2003, el director Michael Moore ganó el Oscar al mejor documental y decidió no callarse su opinión sobre la Guerra de Irak. “Nos gusta la no ficción pero vivimos en tiempos ficticios. Vivimos en un tiempo en el que tenemos resultados electorales ficticios que eligen a un presidente ficticio. Vivimos en un tiempo en el que tenemos a un hombre enviándonos a la guerra por razones ficticias”. Moore no solo no se topó con la acogida que sí recibieron Winfrey, Streep y Arquette, sino que recibió abucheos de los asistentes.

A quien no abucheó el público fue a Halle Berry cuando en 2002 se convirtió en la primera mujer afroamericana en recibir un Oscar a la mejor actriz. “Este momento es mucho más grande que yo”, dijo al recibir su galardón. “Este momento es para Dorothy Dandridge, Lena Horne, Diahann Carroll. Es para las mujeres que hay a mi lado, Jada Pinkett, Angela Basset, Vivica Fox. Y es para cada mujer de color sin nombre y sin cara que ahora tiene una oportunidad porque esta puerta se ha abierto esta noche”.

Discursos con conciencia social que nos han dado las estrellas de cine
Al recibir su premio de la Academia, Hale Berry mencionó en su discurso a Dorothy Dandridge, la primera mujer afroamericana en ser nominada al Oscar a la mejor actriz. | Foto: Raw / AP

Y otra puerta se abrió cuando Lena Waithe se convirtió en la primera mujer afroamericana en lograr el Emmy al mejor guion de una serie cómica por Master of None. Después de, en primer lugar, dar las gracias a Dios, dio un discurso que ocupó la atención de la prensa al día siguiente: “A mi familia LGBQTIA [lesbianas, gays, bisexuales, queer -un término paraguas que hace referencia a todas las minorías sexuales-, transexuales, intersexuales y asexuales]. Os veo a todos y cada uno de vosotros. Las cosas que nos hacen diferentes son superpoderes. Cada día, cuando salgáis por la puerta, poneos vuestra capa imaginaria y conquistad el mundo porque el mundo no sería tan bonito como es si vosotros no estuvierais en él”.

También sobre el colectivo LGTB se pronunció Sean Penn cuando, en 2009, ganó su segundo Oscar por interpretar al icónico activista gay Harvey Milk. “Creo que es buen momento para que aquellos que votaron para prohibir el matrimonio gay se sienten y reflexionen y anticipen su gran vergüenza y la vergüenza a ojos de sus nietos si continúan con esos apoyos. Tenemos que tener igualdad de derechos para todo el mundo”.

Quien puso un tinte político a una gala de los Oscar sin hacer alusión a nadie fue Leonardo DiCaprio. Cuando en 2016 se llevó el premio al mejor actor no habló de presidentes, ni de mujeres. Ni de afroamericanos, ni de lesbianas. Ni falta que le hizo: habló del planeta. “El renacido iba sobre la relación del hombre con el mundo natural. Un mundo que colectivamente sentimos en 2015 como el año más caluroso desde que hay datos. Nuestra producción tuvo que mudarse a la punta Sur de este planeta solo para poder encontrar nieve. El cambio climático es real, está ocurriendo ahora mismo, es la amenaza más urgente a la que se enfrenta nuestra especie”. Mientras DiCaprio hablaba, Kate Winslet, en su asiento, estaba al borde de las lágrimas.

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