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Raquel Gómez, víctima del 11M: "Me arrancaron la pierna, pero no la vida"

Lidia Ramírez

Foto: Lidia Ramirez
The Objective

Ahora es una superhéroe para su hijo de seis años y sus compañeros de colegio. “¿Tienes poderes como Iron Man?, me preguntan cuando acompaño a mi pequeño al colegio y me ven una pierna de hierro”.

Pero no, Raquel no tiene poderes. Si los tuviera acabaría con todo el odio del mundo que lleva a algunas personas a radicalizarse y cometer atentados como los del 11 de marzo de 2004, cuando “varios hombres malos pusieron 10 bombas en cuatro trenes de la red de Cercanías de Madrid”. Así le explica Raquel Gómez a su hijo el motivo por el cual no tiene pierna izquierda y cada mañana debe colocarse una prótesis para poder andar, el motivo por el cual desde hace 13 años tiene graves contracturas en la pierna derecha y sufre fuertes dolores de cabeza, espalda y oído.

Raquel, que por entonces tenía 30 años, hoy tiene 43, se encontraba aquella fatídica mañana del 11 de marzo de 2004 en el tren 21431 dentro de la estación de Atocha, en el primer vagón que explotó a las 07.37. Como cada mañana se dirigía al Hotel Centro Norte de Madrid, donde trabajaba como camarera de piso; como cada mañana, a las 07.45 quedaba con el resto de sus compañeras para desayunar; y como cada mañana esperaba en Atocha a su compañera B.D. para llegar juntas al trabajo. “Dejé pasar el primer tren con el que me encontré porque B.D. aún no había llegado”, recuerda con lágrimas en los ojos apuntando que ese era su destino, pues esa misma mañana, cuando salía de casa, después de sacar a sus perros a pasear, se topó con una vecina que también trabajaba en el mismo hotel y la invitó a llevarla en el coche. “Pero le dije que no, que prefería irme en el cercanías y desayunar después con las chicas”. Nunca llegó a ese desayuno.

192 personas perdieron la vida el 11M, 2057 resultaron heridas 

“Cuando llegó B.D. subimos al último vagón del tren. Nos sentamos, yo al lado de la ventana, mi compañera en el asiento que da al pasillo. Oí el pitido de las puertas del cercanías al cerrarse y lo siguiente fue un pitido muy grande. Sentí que mi cuerpo estaba completamente encajado y no podía moverme”, rememora con la mirada fija en el suelo. “Pensé que era algo que me estaba pasando sólo a mí, pero de repente empecé a ver gente tirada por el suelo, llorando, corriendo, gritando y cuando me dispongo a levantarme me di cuenta que no tenía pierna”.

Pero Raquel, que irradia optimismo, se siente afortunada. Ella sobrevivió. B.D., de unos 30 años, al igual que 192 personas más, fue asesinada de forma despiadada.

Hoy da las gracias a la autoridades y al personal sanitario por el “trabajo bien hecho” y, sobre todo, a un señor cuya identidad desconoce pero del que sabe que es rumano, que trabaja en España como mecánico y que en su país trabajó como médico de guerra. Fue quien, todavía en el andén, le hizo un torniquete en la pierna para que no se desangrara. “Él me salvó la vida“.

Y aunque hay heridas que no están cerradas, porque el tiempo no lo cura todo, Raquel asegura que lo más importante es “mentalizarse, saber cuál es tu nueva vida y vivirla lo más feliz que puedas”. Por otro lado, pide a los políticos “dignidad y justicia“, y apunta: “El comportamiento de los políticos con respecto al atentado fue y es miserable, las víctimas exigimos que dejen de hacer campaña con el 11M“. Y es que pocas veces en la historia de España se ha visto un comportamiento tan cuestionado de la clase política. Unos, tratando de ocultar el apoyo mostrado a Estados Unidos en las intervenciones de Irak, y otros, utilizando el atentado como arma arrojadiza para tomar el poder, “arma que siguen utilizando 13 años después”.

Ahora, Raquel vive en Fresnedillas de la Oliva, un pequeño pueblo de unos 1.500 habitantes -el 28,84% son extranjeros, la mayoría de origen marroquí- en la sierra de Madrid. Alejada de los tumultos y las aglomeraciones. “No he vuelto a coger un tren, tampoco puedo estar en lugares donde haya mucha gente, esos mal nacidos me echaron de Madrid, me arrancaron la pierna, pero no me quitaron la vida. 13 años después aquí sigo“.

General Ballesteros: "La lucha contra la radicalización consiste en ganar los corazones y las mentes"

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Rodrigo Isasi
The Objective

Un sable y un bastón de mando se cruzan bajo una estrella de cuatro puntas y una insignia regia. Símbolos que adornan las hombreras de su camisa de color verde que caracteriza al Ejército de Tierra y que indican que nos encontramos ante un General de Brigada, el primero de los empleos de General que conforman la escala de oficiales de las Fuerzas Armadas españolas. El director del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), Miguel Ángel Ballesteros, nos recibe en su despacho sito en el Centro de Estudios de la Defensa Nacional (Ceseden). Trece años después de que  diez explosiones por bomba sesgaran la vida de 192 personas en los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, hablamos con el oficial del arma de artillería -así nos lo indica su pisacorbatas- de este día, acerca del terrorismo yihadista en España y en Europa y sobre la lucha antiterrorista.

¿El 11M marcó un antes y un después en el terrorismo en España?

Sin duda. España, antes del 11 de marzo de 2004, tenía como preocupación interna el terrorismo de ETA. A partir de esa fecha la percepción cambió y se hizo un esfuerzo por parte de las Fuerzas y Cuerpos de seguridad del Estado de volcarse en la lucha contra el terrorismo yihadista. Internacionalmente, que es lo que afecta a las Fuerzas Armadas, puesto que este terrorismo no es exclusivamente interno, se trabaja, si cabe con más ahínco, en todo lo que es acabar con los focos emisores de ese terrorismo yihadista, en colaboración con nuestros socios y aliados.

¿Qué hay de cierto en que los servicios de inteligencia internacionales no comparten la información? ¿Es este uno de los fallos en la lucha antiterrorista?

Es rigurosamente cierto. El 11 de septiembre, el primer gran atentado que pone en las televisiones la evidencia de que existe un terrorismo global, capaz de cometer un mega atentado como fue el ataque contra las Torres Gemelas y el Pentágono, puso de manifiesto que las 15 agencias que manejan información en Estados Unidos no estaban coordinadas. El 11 de marzo en España también dejó ver que los organismos que manejan información sobre terrorismo tampoco estaban lo suficientemente coordinados. De hecho, a raíz del atentado de 2004 en Madrid, se creó el CNCA, el Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista, que quedó disuelto en 2014 y se integró con el  Centro de Inteligencia Contra el Crimen Organizado, consolidandose en el Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (Citco). Digamos que todos los países han tenido que reformar el funcionamiento de sus agencias e instituciones que manejan información para una mayor coordinación.

“Es rigurosamente cierto que los servicios de inteligencia internacionales no comparten la información”.

¿Hemos aprendido de nuestros errores?

Siempre. Siempre se aprende los errores. He de decir además, que de los atentados que se han ido produciendo en Europa, no solo aprende el país donde se ha sufrido el atentado, también aprende la comunidad europea en su conjunto, hasta el punto de que recientemente se creó una oficina para compartir y coordinar toda la información. Una oficina que dirige un coronel de la Guardia Civil española.

¿Fue correcta la actuación de los cuerpos de seguridad en el 11M?

El 11 de marzo desde el punto de vista de la investigación policial y judicial, diría que ha sido uno de los casos mejor llevados, porque muy pocas veces se sienta ante los tribunales a los culpables de este tipo de atentados.

¿Podría España sufrir otro 11M?

La seguridad 100% no existe, nadie está exento de un atentado, ningún país, ninguna ciudad; nadie. No obstante, si miramos los resultados, hay que decir que desde el 2004, en estos 13 años que han pasado no ha vuelto a haber ningún atentado y no es que aquello fuera un caso puntual, se han desactivado numerosas células, y se ha detenido a yihadistas, unos en una fase de contribución a la radicalización y otros que estaban preparando acciones para cometer atentados. Si no ha habido un atentado, hay que llegar a la conclusión de que ha sido fruto del éxito policial y de la información, más que de cualquier otro factor, como es la suerte, por ejemplo.

General Ballesteros: "La lucha contra la radicalización consiste en ganar los corazones y las mentes"
Restos de uno de los vagones de la estación de Atocha momentos después de la explosión del 11 de marzo de 2004 | Foto: EFE/Bernardo Rodríguez

¿Es diferente el proceso de radicalización yihadista en España que en el de los países europeos vecinos?

La diferencia entre España y otros países de nuestro entorno europeo es que en España la inmigración es muy reciente, aquí apenas hay segunda generación. La comunidad musulmana que ha inmigrado a España lo ha hecho recientemente y sus hijos que han nacido ya aquí, son susceptibles de ser radicalizados. España tiene esa peculiaridad de no tener un gran número de musulmanes de segunda generación, al contrario que Francia, Reino Unido o Bélgica. En España, el número de personas que probablemente han ido a combatir a Siria no llega a 200. Hay que decir que de estos combatientes lo que preocupa no son tanto los que van como los que regresan, ya que el que regresa es un combatiente más radicalizado, con un plus, no solo sabe combatir, sino que ha pasado la barrera de matar por una ideología, y eso no tiene marcha atrás o es muy difícil; lo cual facilita que llegue a cometer otros actos violentos o llegue a volver a matar.

¿Dónde queda la comunidad musulmana?

Hay que evitar confundir a la comunidad musulmana con los terroristas. Es verdad que la radicalización se produce con mayor frecuencia dentro de esta comunidad entre algunos jóvenes, aunque también se produce entre conversos cristianos que por razones de matrimonio o de convicción se convierten al islam y se radicalizan, esto también existe. Lo que sí que es evidente es que a mayor número de miembros en una comunidad, mayor es la posibilidad de que haya “X” personas que se radicalicen. Es Una cuestión de probabilidades. En Bélgica, en proporción a la población, se ha dado en números muy importantes, se calcula que más de 600 combatientes extranjeros en Siria provienen de Bélgica.

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Musulmán en la mezquita de Alepo en 2010 | Foto: Rodrigo Isasi

¿Cómo se combate al yihadismo en España?

La lucha contra la radicalización consiste en ganar los corazones y las mentes, evitar que jóvenes musulmanes desilusionados por su situación laboral, familiar, de futuro, caigan en la radicalización. Lo preocupante es que en la actualidad hay procesos de radicalización exprés y los tiempo para reaccionar son más cortos. España tiene mucha experiencia en la lucha contra el terrorismo, y de otra manera ya había estudiado los procesos de radicalización de los jóvenes que se introducían e ETA, lo que ha hecho que el trabajo de la Policía Nacional y la Guardia Civil sea cada vez más eficaz.

“En esa falta de sentimiento de pertenencia que todo ser humano necesita tener, ellos encuentran la solución en el yihadismo”.

Y los ciudadanos  ¿Cómo han de actuar?

Es importante que cuando se cometa un atentado, sea donde sea, la población, las autoridades, todo el mundo, tenga una capacidad de resiliencia, de soportar la presión y el desasosiego que eso va a generar y de reponerse lo más rápidamente posible, pero sin caer en la trampa de quedar atrapado por el terror y dar las respuestas que el terrorista quiere. La resiliencia es la respuesta de Occidente frente al terror.

¿Qué decir sobre el sentimiento de terror en la población?

El terror invalida la capacidad de elección, la de racionamiento, porque por encima de todo está la capacidad de supervivencia. ETA lo logró en gran medida en no pocos sectores de la sociedad, influir con el miedo hasta en la forma de pensar. Los terroristas del Daesh no han logrado esto en España, ni lo van a lograr, porque su ideología es muy lejana al español en general. Otra cuestión es el joven musulmán que se encuentra desarraigado, que no tiene trabajo, no tiene futuro, que se siente discriminado porque cuando va a pedir trabajo le miran como a un extranjero cuando él ya ha nacido en España, Francia o Bélgica y se ha criado como un español, francés o belga más; pero también se siente discriminado cuando en verano viaja con sus padres al país de origen de su familia y allí tampoco le tratan como uno de ellos. En esa falta de sentimiento de pertenencia que todo ser humano necesita tener, ellos encuentran la solución en la radicalización, en el yihadismo. Esto es lo que hay que evitar, evitar cualquier tipo de discriminación, cualquier caldo de cultivo, en la medida de lo posible, que favorezca la radicalización de esos jóvenes.

¿Cómo sienten los ciudadanos que las Fuerzas Armadas les están protegiendo?

Bueno, no estoy seguro. El ciudadano español valora mucho a las Fuerzas Armadas. En los barómetros las instituciones más valoradas son la Guardia Civil, la Policía y las Fuerzas Armadas, en ese orden. Son las tres únicas instituciones que aprueban. Creo que los ciudadanos no son conscientes de la seguridad que les aporta las Fuerzas Armadas en múltiples campos, y uno de ellos es en la lucha contra el terrorismo yihadista, que es un fenómeno global, contra el que no solo hay que luchar en territorio español, sino también en países extranjeros donde están asentados estos grupos terroristas.

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Dos helicópteros ‘Tigre’ del Ejército de Tierra de España | Foto: Rodrigo Isasi

¿Tenemos una Europa fuerte para combatir el terrorismo?

Tenemos una Europa que necesita fortalecerse para combatir el terrorismo. Hoy no es lo suficientemente fuerte para combatirlo. No tiene una voz en política común en seguridad y defensa, y necesita una voz única que haga que la cohesión europea sea el instrumento principal para luchar contra los focos de yihadismo dentro y fuera de sus fronteras. Europa necesita auto fortalecerse para luchar con más eficacia contra el terrorismo.

¿Cómo debe ser la lucha internacional contra el terrorismo yihadista?

En el caso del grupo Estado islámico, la comunidad internacional no debe permitir que los terroristas se reagrupen en ningún territorio. Esto se debe llevar a cabo exigiendo a todos los gobiernos que sean titulares de la soberanía de territorios débiles, que cumplan con las obligaciones de controlar lo que pasa en sus territorios. Si no son capaces de llevarlo a cabo, su obligación es pedir ayuda a la comunidad internacional, pero en ningún caso dejar que el problema aumente hasta llegar a situaciones como las que hemos vivido en Irak o Siria. Paralelamente hay que luchar contra la radicalización, no solo en Europa, que eso ya se está intentando hacer, hay que pedirles a los países musulmanes en general que luchen ellos también contra la radicalización. Esto a veces puede ser más complicado de lo que parece, pero esa es la vía. La estrategia es trabajar en tres direcciones, como si fuera un tridente: primero, quitar a los terroristas el territorio que los ha hecho tan fuertes; segundo, no permitir que se reagrupen porque llegarían a controlar otros territorios, y la tercera parte es luchar contra la radicalización, cada uno en su país pero también presionando a los demás países para que cumplan con estas tres líneas estratégicas.

Las otras víctimas (in)visibles del terrorismo

Verónica Reguillo

Foto: Eduardo Munoz
EFE

Pakistán, 16 de febrero: 88 muertos (al menos, 20 eran mujeres y 9, niños). Irak, 19 de febrero: 5 muertos. Pakistán, 21 de febrero: 7 muertos. Egipto, 22 de febrero: 2 muertos. Afganistán, 28 de febrero: 12 muertos (todos policías). Afganistán, 8 de marzo: más de 30 muertos.

Son solo algunos de los últimos atentados yihadistas de este 2017 cometidos en países de mayoría musulmana. Más del 90% de las personas que viven en Irak, Afganistán o Pakistán profesan esta religión, según publica Pew Research Center, y son también los que más sufren la violencia de los grupos terroristas islamistas.

En el mundo hay 1.600 millones de musulmanes, es decir, alrededor de un 23% de la población mundial. Se estima que alrededor de 100.000 militan en grupos terroristas, lo que supone el 0,006%, sin embargo, en numerosas ocasiones los musulmanes son colocados en la posición de verdugos, olvidando que ocupan el primer lugar en la categoría de víctimas.

Las otras víctimas (in)visibles del terrorismo
En Siria, el número de víctimas se cuenta por miles. | Foto: Ameer Alhalbi / Reuters

Día para recordar

Este 11 de marzo se conmemora el Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo. La elección de esta fecha fue consecuencia directa del brutal atentado que azotó Madrid en 2004, que fue perpetrado por una célula terrorista de Al-Qaeda y en el que murieron 192 personas. Fue el mayor atentado yihadista en el viejo continente hasta ese momento, pero no sería el último.

Entre 2000 y 2015, alrededor de 430 personas han perdido la vida en Europa Occidental por un ataque terrorista islamista. Las bombas en Atocha, el atentado en el metro de Londres o las explosiones en la sala Bataclán, en Francia, han sido algunos de los actos que han conseguido sembrar el terror en Europa. Mientras tanto, Oriente también se desangraba. Cada víctima cuenta, cada víctima duele, cada víctima se llora, en todas partes del mundo.

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En noviembre de 2015, el Estado Islámico asesinó a 130 personas en un atentado en París. | Foto: Yoan Valat / EFE

“Menos del 3% de las muertes por terrorismo suceden en Occidente”

Las cifras de muertos en países como Irak, Pakistán o Afganistán se cuentan por miles. En un solo año, en 2014, hubo 32.658 víctimas, lo que supuso un incremento del 80% con respecto al año anterior. Los más afectados fueron los propios países musulmanes, mientras que las muertes por terrorismo ocurridas en Occidente no superaron el 3%.

Si nos centramos, por ejemplo, solamente en Irak, la ONU alerta de que en un año se produjeron 8.493 asesinatos de civiles y más de 10.000 fueron sometidos a vejaciones de todo tipo; hombres, mujeres y niños que sufrieron violencia sexual o fueron reclutados en los propios grupos terroristas. En este país de mayoría musulmana la guerra entre las Fuerzas de Seguridad Iraquí y el autoproclamado Estado Islámico está acabando con su propia gente.

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En Afganistán lloran a sus muertos tras una ataque. | Foto: Stringer / Reuters
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La batalla entre las fuerzas iraquíes y el ISIS se reproducen cada día en Irak. Foto: Zohra Bensemra / Reuters

En numerosas ocasiones, este colectivo se ha levantado en contra de los grupos islamistas que siembran el terror alrededor del mundo. En Reino Unido, jóvenes musulmanes británicos declararon su propia ‘yihad’ contra el Estado Islámico y contra todos los demás grupos terroristas. La Liga Juvenil Musulmana en el país anunció su lucha contra el EI diciendo que los militantes no tenían “ningún vínculo con el Islam o con la comunidad musulmana”.

Veto de Donald Trump

A pesar de que el número de muertos afecta en primer lugar a los musulmanes, la adopción de políticas como las llevadas a cabo por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, criminalizan de manera general a este colectivo. El primer veto migratorio de Trump fue paralizado por la justicia, sin embargo, el presidente estadounidense ha firmado uno nuevo con el que pretende prohibir la entrada de refugiados al país y detener la emisión de visados a los ciudadanos de Irán, Somalia, Yemen, Libia, Siria y Sudán. Trump juega con el argumento de la seguridad nacional.

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Las reacciones contra el veto de Trump a los Musulmanes fueros masivas. | Foto: Clemens Bilan / EFE

Sin embargo, si recordamos la tragedia del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas en Nueva York, los terroristas procedían de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Egipto, pero Trump no ha incluido a ninguno de estos países en su lista negra. Un reportaje del Washington Post vincula esta decisión a que la organización comercial del presidente estadounidense tiene intereses comerciales en algunos de los países a los que no se les ha impuesto veto migratorio.

Sea como fuere, este tipo de políticas difuminan la realidad de unas víctimas que parece que duelen menos.

Un europeísmo "aggiornato"

Valenti Puig

El paso de Donald Trump por Europa, la OTAN y el G-7 ha tenido algo del pistolero que llega al last chance saloon, marca territorio sin guardar las formas y acaba solo en la barra. La relación entre los Estados Unidos y Europa nunca ha carecido de tensiones pero en general se apostaba por mantener las formas, incluso a costa de abusar de la hipocresía geoestratégica. Al margen de otras consideraciones, Hillary Clinton hubiese llevado las cosas de otra manera, al igual que el viejo establishment republicano, los realistas de Bush padre o los republicanos centristas. El propio Obama, a pesar de su fase mortecina, mantiene en Europa una apreciación muy por encima de la del actual presidente de los Estados Unidos. Según un sondeo del Pew Center, el nivel de confianza europeo en Obama es del 77 por ciento mientras que su sucesor se queda en un 7 por ciento.

Desde luego, todo el mundo sabe que la mayoría de miembros de la UE no cumplen con la debida contribución a la defensa común y que el paraguas defensivo europeo va en muy buena parte a cargo del contribuyente norteamericano. Aun así, salvo para contentar a sus votantes del Midwest o reafirmar su ego, ¿de qué le sirve a Trump atropellar al presidente de Montenegro? La vieja Europa es un paraje complicado pero para eso existen unos mínimos escenificables del lenguaje diplomático y no consisten en actuar como un elefante en la cacharrería. ¿Qué aporta al frágil orden mundial que a Donald Trump se le note tanto su incomodidad –impostada o real- con el modus vivendi de la integración europea? Incluso para las contiendas comerciales –y las habrá- los escenarios han de ser los apropiados.

Dicho esto, es comprensible que para la Casa Blanca a veces cueste entender las formalidades enrevesadas de la UE. En verdad, en la propia Europa hay quien considera que el europeísmo oficialista debiera transformarse en un europeísmo aggiornato, tanto de puertas afuera –China, por ejemplo- como de puertas adentro –crisis de la inmigración-. El embajador Von Ribbentrop dejaba la embajada alemana en Londres para ocupar el ministerio de exteriores del Tercer Reich. Winston Churchill asiste al almuerzo que el primer ministro Chamberlain ofrece al embajador alemán. Pasan los años y Churchill escribe: “Fue la última vez que vi a Herr von Ribbentrop antes de que fuese ahorcado”. Lo fue en la prisión de Spandau, en 1946. En el entreacto, toda la Segunda Guerra Mundial. En aquella conflagración, como en la Gran Guerra, la intervención norteamericana es a la vez afortunada y decisiva. Ocurrió lo mismo con los primeros pasos de la Comunidad Europea, cuando el totalitarismo comunista se había impuesto en medio continente. Por entonces se perfilaba la Alianza Atlántica que ahora suena a armamento oxidado y a generales ociosos, siendo en realidad la única gran alianza militar victoriosa sin haber disparado un tiro.

Dos años después de la ejecución de Von Ribbentrop, Europa ya estaba buscando un mejor horizonte entre sus propios escombros, contigua a las divisiones de Stalin que dominaban 22 millones de kilómetros cuadrados. Frente a esa magnitud, los entendimientos entre Adenauer, Schuman y De Gasperi tienen la estricta consistencia de la razón y de una cierta esperanza impensable mientras el plan Marshall comienza a ejecutarse. Sesenta años después del Tratado de Roma, las tareas pendientes que tiene la Unión Europea parecen haberla llevada al colapso: atañen a recursos energéticos, credibilidad institucional, flexibilización de los mercados de trabajo, la grave crisis migratoria, defensa y seguridad común, el dilema turco, el Brexit y ahora –last but not least– los modos de Donald Trump. La retórica prometeica del europeismo ha generado europesimismo. Incluso en plena postcrisis y solo en apariencia, Europa se asemeja a veces a un perrito faldero que come con manteles de hilo. Eso es lo que piensa Trump.

5 lugares turísticos donde ser homosexual te puede llevar a la cárcel

María Hernández

Foto: Michael C Corder
AP

Ser homosexual, bisexual o transexual sigue estando mal visto en una gran parte del mundo, y aún hay 72 países donde la identidad de género y la orientación sexual pueden acarrear serias consecuencias, incluyendo penas de cárcel o de muerte.

En Europa esta situación es ya impensable, pero en numerosos países de África, Asia y América la homosexualidad es considerada un crimen. Quienes viven en ellos son los que más sufren las consecuencias de estas leyes, pero también hay turistas que, por un simple beso o por cogerse de la mano, pueden acabar arrestados.

En algunos de estos lugares, como Egipto o Indonesia, pese a que las leyes no prohíben específicamente las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, las autoridades aprovechan cualquier excusa o resquicio legal para practicar detenciones. En estos países se recurre a menudo a la ley Sharia, la base del Derecho Islámico que rige la conducta y hábitos de los musulmanes, para criminalizar a los homosexuales. Entre estos, destacan algunos destinos turísticos como Maldivas o Marruecos, donde cada año acuden numerosos turistas a disfrutar de unas vacaciones, sin pensar en las consecuencias que pueden tener algunos pequeños gestos.

Los hombres y mujeres homosexuales de estos países no solo se enfrentan a los castigos impuestos por la ley, sino que también tienen que vivir con la intolerancia y los prejuicios del resto de la sociedad.

Maldivas

Uno de los destinos románticos por excelencia, las Islas Maldivas, se puede convertir en una verdadera pesadilla si la pareja que quiere disfrutar de sus playas y paisajes no es heterosexual, pues cualquier muestra de afecto hecha en pública puede ser un gran riesgo.

A pesar de las recomendaciones que varias organizaciones internacionales y ONG han hecho al país para que deje de criminalizar al colectivo LGTB, Maldivas sigue condenando la homosexualidad y cualquier muestra de cariño de una pareja de personas del mismo sexo puede costar muy cara.

Las leyes de Maldivas incluyen varias formas de relaciones entre personas del mismo sexo, desde el matrimonio hasta las relaciones sexuales. En todos los casos, acabar en la cárcel es más que probable, con penas que van desde los tres meses hasta los ocho años.

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Un simple gesto como este le puede costar caro a una pareja homosexual. | Foto: Charles Platiau/Reuters

Desde julio de 2015, cuando entró en vigor el nuevo Código Penal en el país, los actos sexuales consensuales entre personas adultas del mismo sexo ya no están regidos por la ley civil, que los regulaba hasta entonces, sino por las leyes penales.

Además, también están incluidas las sanciones por llevar a cabo estos actos en la ley Sharia, que establece un castigo de nueve meses a un año de destierro o hasta 30 latigazos para los hombres, mientras que la pena para las mujeres es el arresto domiciliario entre nueve meses y un año.

Egipto

En Egipto, las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo no están prohibidas expresamente. Sin embargo, se han documentado numerosos casos en los que se ha utilizado la ley para el combate de la prostitución y contra el libertinaje como pretexto para encarcelar a personas homosexuales.

Por este motivo, los cargos a los que se enfrentan los acusados se refieren normalmente a “actos inmorales” o “actos escandalosos”.

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Las redadas contra homosexuales son habituales en Egipto. | Foto: Amr Nabil/ AP

En un país tan conservador como Egipto, las redadas contra la comunidad LGTB son habituales. Entre 2013 y 2015 se llevaron a cabo más de 50 en distintos lugares del país, según estimaciones de las asociaciones de Derechos Humanos.

Destaca el caso de un ciudadano libio, deportado de Egipto por mantener relaciones homosexuales, que acaparó la atención internacional. Tras rechazar su recurso ante los tribunales, la Justicia de El Cairo aprobó la decisión del Gobierno de expulsar a todos los homosexuales extranjeros que se encontraran en el país, por considerar que “amenazan la seguridad nacional con su presencia”.

Marruecos

La homosexualidad en Marruecos está incluida en el Código Penal como un delito “contra natura”. “Quien cometiere actos indecentes o contra natura con otra persona de su mismo sexo, será penado con prisión de entre 6 meses y 3 años y una multa de 200 a 1.000 dirhams, salvo que en el caso concurran circunstancias agravantes”, dice el artículo 489 del Código Penal.
Este artículo es el motivo por el que numerosas personas son detenidas y llevadas ante los tribunales cada año.

En 2016, un español llamó la atención de muchos medios de comunicación al ser detenido en un hotel de Marrakech cuando se encontraba con su compañero marroquí en la habitación. Una mujer de la limpieza los delató ante el administrador, quien llamó a la policía que acudió al hotel donde la pareja fue detenida. El español, de 70 años, fue puesto el libertad cuatro días más tarde y se le dio la opción de volver a España cuando lo deseara.

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Las lesbianas también sufren el rechazo de la sociedad en Marruecos. | Foto: Stringer/Reuters

En el mismo mes, dos chicas menores de edad fueron arrestadas y llevadas a declarar ante el juez después de que un familiar las fotografiara besándose. Finalmente fueron puestas en libertad condicional en lo que fue un caso inédito en un país donde las relaciones entre hombres son castigadas habitualmente, pero rara vez se acusa a mujeres por ser lesbianas.

El Informe de la Homofobia de Estado 2017, de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Transexuales e Intersexuales (ILGA), destaca que “en los últimos tiempos, se han registrado numerosos reportes de detenciones e intimidación policial”. Además, explica que “el Comité de Derechos Humanos manifestó su preocupación por la tipificación como delito de la homosexualidad, sancionada con una pena de cárcel que puede alcanzar tres años y por las detenciones en ese contexto”.

Indonesia

A pesar de que su Código Penal no condena expresamente la homosexualidad, Indonesia es uno de los lugares más señalados por ser peligroso para el colectivo LGTB. Las relaciones entre personas del mismo sexo están criminalizadas en tan solo dos de sus estados, pero existen normativas, como la Regulación Gubernamental sobre Salud Reproductiva, que hacen referencia a la “desviación de la orientación sexual” como una acción sancionable por la ley.

El documento de la ILGA explica que distintos informes publicados entre 2016 y 2017 indican mayores niveles de amenazas contra defensores de derechos humanos LGTB y contra su trabajo, tanto por parte de actores estatales como no estatales.

Los arrestos y los actos de represión contra los homosexuales son habituales en este país, donde se encuentran algunos de los lugares con más turismo gay del continente asiático, como Bali.

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141 hombres fueron detenidos en mayo en una redada en una sauna gay. | Foto: Tatan Syuflana /AP

Este mismo mes de mayo tuvo lugar una gran redada en una sauna gay que se saldó con 141 detenidos. Unos días antes, dos hombres fueron condenados a recibir 80 latigazos después de que sus vecinos los grabaran manteniendo relaciones sexuales. Este suceso tuvo lugar en Aceh, un lugar donde se aplica la ley Sharia para defender el Islam.

A pesar de las reiteradas peticiones de organizaciones como Human Rights Watch para que el país respete los derechos humanos y, en concreto, abandone estas prácticas de represión contra el colectivo LGTB, Indonesia sigue protagonizando incidentes de este tipo.

India

Una ley de 1860 criminaliza la homosexualidad en un país que cada vez se vuelve más popular entre los turistas. La cadena perpetua es el máximo castigo para quien tenga relaciones sexuales con alguien de su mismo sexo.

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Ciudadanos de India se manifiestan por los derechos del colectivo LGTB. | Foto: Altaf Qadri /AP

El artículo 377 del Código Penal de india es el responsable de las sanciones a las personas homosexuales, pues prohíbe las relaciones entre personas del mismo sexo en privado. En 2009, se eliminó esta prohibición, pero la Corte Suprema del país devolvió la constitucionalidad a esta norma en diciembre de 2013.

Este paso atrás en la legislación conmocionó a activistas y defensores de los derechos humanos de todo el mundo. Además, cientos de personas salieron a la calle en varias ciudades del país, especialmente en Bombay, para protestar en contra de esta sentencia.

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