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Recomendaciones Subjetivas

Redacción TO

Foto: The Objective
The Objective

Nuestros subjetivos nos sugieren, a propósito del Día Internacional del Libro, una serie de títulos que deberían ser leídos para hacer más entendible nuestro contexto histórico.

¡Disfruten!

La hija de Stalin

Recomendación de Valentí Puig

La hija de Stalin es uno de los personajes secundarios más enigmáticos del siglo XX, aterrada por la vida desde que supo, años más tarde, que su madre se disparó en el corazón. Una infancia en el Kremlin de Joseph Stalin lo pervierte todo o, dicho en otros términos, convierte la vida emocional en una disfunción. Lo cuenta la escritora canadiense Rosemary Sullivan en “La hija de Stalin” (Debate), que viene a complementar los dos libros de Simon Sebag Montefiore sobre Stalin y su crónica de los Romanov. El primer amor de Svetlana fue a parar al Gulag, pero solo a la muerte de su padre en 1953 ella supo del horror estalinista. Huyó de Rusia de modo espectacular, regresó y al poco estaba de nuevo en Occidente, con una vida privada de vértigo. De niña quiso a su padre. Inestable y paranoica, sus cenizas fueron a parar al Pacífico.

Platón y Europa

Recomendación de Gregorio Luri

Llevo a Jan Patocka siempre conmigo. Lo llevo con tanto entusiasmo que hasta me permití la imprudencia de reivindicar su figura académicamente en la Universidad Masaryk de Brno ante  un grupo de discípulos suyos. Aunque es apreciado como uno de los principales fenomenólogos europeos, lo que me interesa especialmente de él es su desacomplejada reivindicación del cuidado autónomo del alma (la “victoria de sí mismo”, diría nuestro Melchor Cano) como nuestra esencia: aquello sin lo cual Europa dejaría de ser ella misma. En la Checoslovaquia comunista esto debía hacerse clandestinamente, en un ejercicio arriesgado de heroísmo de la razón que acabó costándole la vida. Precisamente en un sótano de Praga impartió el seminario recogido en Platón y Europa.

El cuidado del alma tiene, efectivamente, un sesgo subversivo. Por eso mismo comienza a ser urgente reivindicar a Patocka: no puede excluirse la posibilidad de que Europa quiera desembarazarse de sí misma.

La Vegetariana.

Recomendación de Lea Vélez

Rata_, una editorial joven y valiente, con discurso claro, con ánimo de cerrar huecos y carencias entre los lectores, nos trae La Vegetariana, de Han Kang, autora galardonada con el Booker internacional. Es un libro-alimento que he devorado en una tarde. Es trepidante por cómo está narrada la historia sencilla de un matrimonio, de una familia coreana, de su forma de ver el mundo, envueltos en las normas sociales.  Una mujer, sin previo aviso, se sale de lo común dejando de comer carne y esto causa un efecto dominó de momentos cotidianos y reacciones familiares lleno de sorpresa, drama, emoción. Un libro de prosa precisa y trabajada, hipnótico, con imágenes poderosas, poéticas, que fluye como alimento. Un libro sobre el alimento que es puro alimento del espíritu y te hace disfrutar y pensar sin saber qué estás pensando, que es como deben ser los buenos libros.

Martín Lutero. Vida, mundo, palabra.

Recomendación de Juan Claudio de Ramón

Cada elegante elipse de la Tierra alrededor del Sol trae al menos un par de pretextos para leer sobre algún tema de importancia. Este año 2017 viene pintiparado, por ejemplo, para indagar en la abundante literatura sobre la Revolución rusa. Pero también para saber algo más del agustino recoleto que hace quinientos años cambió la historia para siempre, al clavar sus noventa y cinco tesis en el portón de la iglesia del palacio de Wittemberg. En España, Lutero es una figura mal conocida, vista siempre al trasluz de su enfrentamiento con Carlos V. No hay, sin embargo, acontecimiento más importante para comprender el origen de nuestro presente que la Reforma. Por ello, mi recomendación para el día del libro es Martín Lutero: Vida, mundo, palabra, excelente obra de Thomas Kaufmann, editada en España con su habitual pulcritud por Trotta. Breve y accesible, su lectura me ha atrapado. Kaufmann condensa la almendra de las querellas teológicas de Lutero con sus contemporáneos, al tiempo que ofrece las pinceladas históricas que permiten entender que el profesor de Biblia de Wittemberg triunfara como reformador donde otros habían fracasado como herejes: la crisis de reputación de la iglesia existente, el desapego del Imperio respecto del Papado, y de los propios príncipes alemanes respecto del emperador, y la velocisima circulación de textos gracias a la imprenta, que hace de Lutero, dice Kaufmann, «la primera estrella mediática de la historia».

Pero nada hubiera sido igual sin la seductora y compleja personalidad de Martín Lutero: monje y burgués, hereje y profeta, teólogo de la gracia negador de las capacidades humanas en su trato con Dios y, sin embargo, predicador de una voluntad sobrehumana. Escritor de genio, en fin, que disputaba en latín y unificó la lengua alemana, al movilizarla para su empresa evangelizadora. Por lo demás, el que fue hombre de su siglo no tenía la menor idea de estar inaugurando una nueva época histórica. Como otros, pensaba que el fin del mundo estaba cerca y que pronto Dios confirmaría que había enseñado bien. Hay algo conmovedor en esta total certeza de la fe que hoy resulta difícil de entender. Aunque si es cierto, como dejó escrito el propio Lutero, que tener una religión es «tener algo en lo que el corazón confía por completo», puede que aún estemos a tiempo de salvarnos.

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De Pierre Lemaitre a Kim Stanley Robinson: Lo que la literatura de género nos enseña sobre el mundo, según sus autores

Beatriz García

Foto: Carlos Cazurro
CCCB

Considerado el hermano feo, bajito y no demasiado listo de la ficción con mayúsculas, el género parece ser el mejor reflejo de una realidad que, como señala el escritor Kim Stanley Robinson, “es pura ciencia ficción”. Y lo prueba la participación de autores entre lo espacial y lo criminal en la edición más ambiciosa del Festival Kosmópolis, que este año ha tenido el cambio cultural y climático como uno de sus ejes. A algunos de ellos recurrimos para hacerles una pregunta: Si hay novelas que te cambian la vida, ¿puede la literatura cambiar la manera en que piensa y obra la sociedad?

De Pierre Lemaitre a Kim Stanley Robinson: Lo que la literatura de género nos enseña sobre el mundo, según sus autores 4

Para el francés Pierre Lemaitre, la narrativa nace para ser incómoda y ayuda a sus lectores a transgredir su propia visión del mundo. “Un sistema como el de Francia se basa en el suspense, radica en preguntarse: ¿voy a encontrar trabajo antes de que se me acabe el paro? Los legisladores hacen las leyes para que escribamos novela negra”, explica. Su última novela, ‘Recursos Inhumanos’ (Alfaguara) aborda el lado más inmoral del mundo empresarial a través de la historia de un ejecutivo desempleado que acaba participando en un macabro simulacro de toma de rehenes urdido por una compañía. “La gente dice que es la parte menos realista del libro, pero ¡fue real! Me inspiré en una noticia que pasó muy desapercibida en los medios porque quien secuestró a sus empleados fue una televisión pública”.

De Pierre Lemaitre a Kim Stanley Robinson: Lo que la literatura de género nos enseña sobre el mundo, según sus autores 2
Foto: Carlos Cazurro via CCCB / Kosmópolis.

Kim Stanley Robinson: “Soy un americano de izquierdas y lo que intento en mis novelas es buscar soluciones”

Si todas las novelas, incluso las de aventuras, tienen, según Lemaitre, un trasfondos social, el creador de la Trilogía de Marte, Kim Stanley Robinson, todavía se muestra más contundente: “La literatura realista de Balzac o Proust es hoy la ciencia ficción, porque es la única capaz de explicar los problemas actuales en lo que atañe al Planeta y su futuro”. Aunque también vuelva la cabeza al pasado más remoto, la Edad de Hielo (‘Chamán’, Minotauro) para entender cómo empezó todo.

La fidelidad a los descubrimientos científicos y su concienzuda labor de documentación convierten a Robinson no sólo en visionario –la NASA ha llegado a pedirle consejo en temas climáticos-, sino también en un escritor realista y sumamente político: “Soy un americano de izquierdas y lo que intento en mis novelas es buscar soluciones, por eso me interesan las utopías”. En su opinión, la literatura sí puede cambiar el mundo o, como poco, la mentalidad de los ciudadanos.

¿Qué son las ficciones detectivescas sino un intento de poner orden sobre el caos imperante? A pesar de que esta búsqueda de sentido sea para escritores como Jo Nesbo no sólo reconfortante para el lector, sino extensible a toda ficción con independencia del género. “La vida real es caótica y no siempre encontramos lógica alguna en lo que ocurre, pero en las novelas todo encaja. O casi todo”, sostiene.

John Banville: “La mayoría de nosotros no estamos expuestos a la violencia, por eso la buscamos en los libros”.

De Pierre Lemaitre a Kim Stanley Robinson: Lo que la literatura de género nos enseña sobre el mundo, según sus autores 1
Jo Nesbo. Foto: Miquel Taverna via CCCB / Kosmópolis.

A Nesbo lo que más le interesa es la condición humana y los dilema que le son propios. Su mítico detective, Harry Hole, se enfrenta en ‘La Sed’ (Reservoir Books) a una difícil decisión: escoger entre el amor de su familia o un empleo que odia, el de cazador de asesinos. “Es una cuestión a la que se enfrenta mucha gente hoy, que elige emprender misiones que no comportan ni fama ni dinero. Lo mismo les ocurre a los soldados que han combatido en Afganistán y que pudiendo quedarse con sus familias vuelven a los horrores del campo de batalla. ¿Por qué? ¿Es un sentido del deber o una forma de colocar nuestra vida en un contexto mayor?”.

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A John Banville escribir género le divierte, llana y simplemente. “La novela negra es entretenimiento. A pesar de que esté muy bien escrita jamás será arte, porque al verse obligada a incorporar un crimen en su argumento carece de libertad”, concluye el irlandés (¿o es su alter ego, Benjamin Black?). No obstante, esto no exime a sus autores de asumir la responsabilidad de cómo tratan la violencia en sus novelas: “Todas las series escandinavas empiezan con el asesinato o la violación de una mujer. Si yo fuera mujer me enfadaría… La violencia aparece de forma muy inmediata en los medios, pero la mayoría de nosotros no estamos expuestos a ella en nuestras vidas, por eso la buscamos en los libros”.

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La inmortalidad incómoda de Roberto Bolaño

Romhy Cubas

…pugnada entre Anagrama y Alfaguara

“Yo no me siento el mejor narrador chileno, ni siquiera me preocupa eso. A mí lo único que me interesa en el momento de escribir es hacerlo con una mínima decencia, que no me avergüence al cabo de un tiempo de lo que he escrito, no lanzar palabras al vacío.”

– Roberto Bolaño

Roberto Bolaño Ávalos fue la voz de una juventud latinoamericana sembrada en los huesos de militancias y unas ansias de cambios que se sucedieron en ideologías contrarias; chileno de nacimiento pero con esencia de peregrino, como expresaba el 2 de agosto de 1999 en la ceremonia de entrega del Premio Rómulo Gallegos en Caracas -“A mí lo mismo me da que digan que soy chileno, aunque algunos colegas chilenos prefieran verme como mexicano, o que digan que soy mexicano, aunque algunos colegas mexicanos prefieren considerarme español (…) e incluso lo mismo me da que me consideren español, aunque algunos colegas españoles pongan el grito en el cielo y a partir de ahora digan que soy venezolano…”- se aferró al peligroso oficio de la ficción con maneras bohemias muy cercanas a la soledad y tribulación del París de Cortázar.

Heredero del boom latinoamericano de Borges y Vargas Llosa en todo su esplendor, confió en el triunfo eventual de sus creaciones y se apoyó en su memoria para plasmar una juventud errante y apasionada. Hoy su legado compite pobremente con la intriga de sus personajes Arturo Belano y Mario Santiago en “Los Detectives Salvajes” (1998) gracias a que el pasado marzo se dio a conocer que los textos del autor predilecto de Anagrama –editorial que publicó más de la mitad de sus libros en vida- abandonan la casa de publicaciones, de la mano de su viuda y albacea Carolina López, para transferir los derechos a Alfaguara por una cantidad que se rumorea superior a los 500.000 euros.

Alfaguara editaría a partir de septiembre la obra de Roberto Bolaño (1953-2003), un total de 21 títulos, así como dos textos inéditos: El espíritu de la ciencia ficción, y un libro de cuentos. El acuerdo alcanzado por la agencia Wylie y el sello del Penguin Random House Grupo Editorial ha avivado una novela editorial entre los conocidos y familiares de Bolaño, que muy difícilmente podrá alzarse con la altura de su legado. La polémica llega con contrapunteos y “dedicatorias” mediáticas que recuerdan que los inéditos póstumos se entretienen más con las sombras del mercadeo que con la esencia de la pluma de autoría.

Bolaño, adicto al café y con escasas horas de sueño, se montaba en el rock de los setenta, en infusiones de manzanilla con miel y en incontables cigarrillos para escribir; dejó una narrativa de corto y largo aliento que mezcló la ficción con la poesía y la ironía lacónica del humor, se aferró a los recuerdos para recrear una juventud articulada en éxodos y despedidas. Su patria fue la lengua, su obra un gran homenaje a una generación en la que le tocó emigrar y pugnar: terco, polémico, contestatario y litigante hasta de las razones sin razón, erudito burlón y lector implacable, murió de una dolencia hepática degenerativa a los 50 años un 15 de julio del 2003 a las 2:3 0am en Barcelona-España, a quien bautizó como “la ciudad más hermosa del mundo”.

El contrapunteo de los albaceas

Para la editorial Anagrama, Ignacio Echeverría –íntimo amigo y una especia de albacea por convicción del chileno- y para el editor de la casa Jorge Herralde, la decisión de mudarse de la empresa aparece con dramas inconclusos y romances controversiales del pasado. La editorial, que ha sostenido que no se le dio la oportunidad de pujar y pelear el legado del escritor como es costumbre en estas dinámicas del mundo literario, culpa a Carolina López, la viuda de Bolaño, de haber retirado sus títulos porque “formábamos parte de aquellos amigos íntimos a quienes nos había presentado a Carmen Pérez -con quien tuvo una relación sentimental y extramatrimonial- como su novia” aseguró Echeverría el pasado septiembre en un artículo para El Cultural. Carolina López debate asegurando que la voluntad de Bolaño siempre fue que su esposa e hijos gestionaran su obra y que el conjunto editorial actúa movido por “el despecho y la falsedad de sus acusaciones”.

En una nota publicada por El País el pasado 24 de noviembre titulada “La verdad sobre Roberto Bolaño”, López rompe el silencio que la ha caracterizado en los medios para afirmar que “la reciente publicación de la novela inédita El espíritu de la ciencia-ficción y la cesión de los derechos de la obra de Roberto a Alfaguara y no a Feltrinelli (sucesora de Anagrama) se debe únicamente a razones profesionales. La propuesta que realizó Alfaguara en el marco de las negociaciones en las que intervino mi agente, Andrew Wylie, fue mucho más ventajosa para la obra de Roberto. No solo en lo económico. Alfaguara tiene una mayor presencia en Latinoamérica, donde sus libros cuestan menos, algo fundamental para garantizar el acceso de los lectores a su obra”. En la misma carta explica la ruptura de su relación tanto con Jorge Herralde y Roberto Echeverría a causa de desengaños y transacciones que se llevaron a cabo sin su autorización; a Echeverría le achaca el haber difundido por correo electrónico a terceros el manuscrito inédito de El secreto del mal (2007) sin autorización o contrato alguno.

Roberto Bolaño y su esposa Carolina López
Roberto Bolaño y su esposa Carolina López

A sus declaraciones se suman las del agente estadounidense Andrew Wylie, mejor conocido como El Chacal , quien reafirma que los motivos del cambio de casa editorial no fueron sentimentales sino “puro negocio”. De este lado del ring Anagrama cita una lista de agravios expuestos por reediciones del escritor que la viuda no autorizó. Del otro lado, el de los amigos y editores de Bolaño, Echeverría sostiene que la lista de proyectos en torno a Bolaño interferidos por los vetos de Carolina López es numerosa, y que esta venía cortando sus relaciones con “gran parte de quienes constituyeron el entorno más cercano a Bolaño durante los últimos años de su vida” (23 de septiembre artículo publicado en El Cultural).

El secreto del mal edición de Ignacio Echeverría en Anagrama.
El secreto del mal edición de Ignacio Echeverría en Anagrama.

Como prueba recurre a la reedición en Ediciones Universidad Diego Portales de Bolaño por sí mismo, una selección de entrevistas con Roberto Bolaño armada por Andrés Braithwaite, amigo del escritor y prologado por Juan Villoro, o el puñado de cuentos y de narrativas inéditas tituladas: El secreto del mal, que se pospuso por varios años por “la determinación de Carolina López de apartarme en lo sucesivo, siquiera fuera como consultor, de toda decisión sobre el legado de Bolaño”.

Bolaño tuvo dos hijos con López nacidos en 1990 y el 2001, con quien mantuvo una vida familiar en Blanes-Cataluña. Con Pérez de Vega tuvo una relación amorosa a los largo de unos seis años que abarcó viajes, actos públicos y reuniones con amigos. Fue Pérez la que lo trasladó al hospital Vall d’Hebron donde murió y quien llamó a su esposa Carolina para que acudiera al lugar.

Entre libros reembolsados y “bolañeros” desconfiados

A todo esto se suma la noticia de que las librerías que hayan comprado “en firme” los títulos de Bolaño pueden venderlos hasta acabar en existencias los títulos que el escritor  publicó en la editorial Anagrama; sin embargo; los establecimientos españoles que tengan los textos en depósito los deberán entregar a la distribuidora Les Punxes antes del día 31 de diciembre.

La novela inédita de Bolaño El espíritu de la ciencia ficción, que ya se puede encontrar en las librerías, está ambientada en un México análogo al de Los detectives salvajes dentro un núcleo de afectos bohemios y literarios que recorre la historia de dos jóvenes poetas latinoamericanos, Jan y Remo, que buscan vivir de la literatura en el México de los años setenta. Ellos confían en el mito de ganarse la vida con la literatura. En el libro se mezcla la narrativa realista con la onírica –los sueños de uno de los protagonistas-

La historia inicia con la transcripción de una hipotética y descabellada entrevista realizada por una reportera a un escritor premiado durante la misma noche de entrega del galardón.

Para Alfaguara, el libro cobra especial rele­vancia porque “puede leerse como una suerte de previa historia de adolescencia de aquellos salvajes sabuesos literarios. Los años de formación poética, de ini­ciación al sexo y de incipientes pesquisas detec­tivescas de Bolaño”.

Bolaño en librerías via El Rincón del bibliotecario.
Bolaño en librerías via El Rincón del bibliotecario.

Pero las críticas sobre el pulso narrativo del texto inédito y las diferencia entre clásicos como Los detectives salvajes y 2666 han puesto a los “bolañeros” a reflexionar sobre la esencia de la obra, que para muchos reside más en las fotografías de los manuscritos de Bolaño, donde se puede intimar con su manera de trabajar y organizarse. Sus seguidores se disputan inevitablemente si este “inédito póstumo” sería autorizado por el chileno de seguir con vida, si lo consideraría como un trabajo concluyente y digno de publicarse o simplemente formaría parte de borradores que nunca pretendieron ver los estantes de las librerías; los más apasionados se preguntan si la comprensión global de la obra de Bolaño se verá o no afectada por esta nueva publicación.

Bolaño terminó El espíritu de la ciencia-ficción en Blanes en 1984. Según declaraciones de Pilar Reyes, su editora, “El manuscrito está fechado y firmado, y son tres las libretas que lo contienen, en tres etapas de la escritura: notas, primer borrador y transcripción en limpio. Existe una cuarta libreta con la entrevista que integra la parte inicial del libro, con indicaciones exactas del autor de dónde debe ensamblarse”.

El mito de la obra póstuma

Desde la muerte del escritor se han publicado siete títulos, editados todos por Anagrama: El gaucho insufrible2666Entre paréntesisEl secreto del malLa Universidad DesconocidaEl Tercer Reich y Los sinsabores del verdadero policía. A ellos se adhiere ahora  El espíritu de la ciencia-ficción, una novela iniciática que indica importantes antecedentes de una de sus obras más emblemáticas: Los detectives salvajes.

Bolaño no se encuentra presente para zanjar esta querella editorial de acusaciones y voluntades sospechosas. Es el albacea o el heredero quien decide, a falta de otra opción, este tipo de arbitrajes; aunque los textos póstumos y de ultratumba de estos mitos literarios raramente superan la obra publicada en vida.

Roberto Bolaño exhibiendo el Premio Herralde por Los detectives salvajes junto a JH y Sergio Pitol, ganador de la segunda edición del premio con El desfile del amor (1998) | Foto: Anagrama.
Roberto Bolaño exhibiendo el Premio Herralde por Los detectives salvajes junto a JH y Sergio Pitol, ganador de la segunda edición del premio con El desfile del amor (1998) | Foto: Anagrama.

Roberto Bolaño tuvo en eco mediático y un aplauso de la crítica mundial imbatible, se convirtió en un autor de culto que llegó al mercado Norte Americano y que antes de morir ya sonaba en deliberaciones de la Academia de Suecia. Para los íntimos y dolidos, cercanos de Bolaño, se está llevando a cabo una operación “borrado” de un segmento de su memoria retocada y censurada bajo el interés de su viuda y sus dos hijos; para su familia la decisión se sujeta a “negocios” y no a materias personales, pero como escribió el mismo autor por allá por los noventa: «Hay momentos para recitar poesías y hay momentos para boxear». Roberto Bolaño Los Detectives Salvajes 1998

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Tener pene

Aurora Nacarino-Brabo

Foto: Erol Ahmed
Unsplash

Para esa mitad aproximada de la población que dispone de uno, tener pene puede parecer algo más o menos trivial. En realidad no lo es. Tener pene es importante. O, mejor dicho, no tenerlo lo es. Cuando empecé a relacionarme con politólogos e intelectuales en seguida noté algo extraño: era como si no existiera. Los corros siempre se cerraban ante mis narices, casi nadie prestaba atención si me atrevía a decir algo y con frecuencia no llegaba a terminar mi excurso porque alguien me interrumpía antes.

Era una situación desconcertante por nueva. Nunca me había pasado en un aula, donde uno sabe que se sienta entre semejantes y donde la brillantez de las ideas y la cuantía de los conocimientos las examina un evaluador externo al grupo: un profesor.

Al principio achaqué estas reticencias a mi edad. Era un poco más joven que la mayoría de ellos, así que pensé que quizá se tratara de eso. Y, claro que tenía que ver, pero pronto noté que había otros chavales a los que se integraba y se dispensaba el trato considerado que a mí me negaban. Aquel entorno era muy masculino, pero imagino que muchas mujeres habrán vivido experiencias similares en ámbitos distintos.

Yo decía algo y nadie se dignaba mirarme. Un rato después, algún tenedor de pene repetía el mismo argumento y era recibido con asentimiento y celebración. Así asumí que mi problema era no tener pene. La otra opción era aceptar que era más tonta que el resto, y yo, que me tengo por una persona segura, alguna vez dudé de mí, y me avergoncé de mis opiniones y pensé que quizá no estuviera a la altura.

Escribir se convirtió en la única forma de poder expresarme sin interrupciones, sin sonrisas paternalistas ni gestos de desdén. Después, claro, mis artículos no se leían como los de ellos y mucho menos se compartían. Todavía es así. Cuando eres mujer es duro labrarte un espacio propio. Tienes que ganarte el respeto de todos: de los desconocidos, de los amigos y hasta de tu novio. Aprendí que, a veces, para obtener la bendición de los cercanos tienes que conquistar primero el favor de los extraños. También, que es más fácil conseguir el aplauso de los próceres que de quienes creen competir contigo. Pero sería injusto generalizar y no admitir que me he cruzado con hombres estupendos que me han tratado como a una igual y que hoy me son muy queridos.

Como soy muy cabezota, no dejé de escribir. Me dije: “Te va a costar un poco más que a ellos, pero, al final, llegarás tan lejos como te propongas”. Sigo convencida de ello. No me malinterpreten: no creo en esas frases de autoayuda barata que lo conminan a uno a perseguir sus sueños, como si la intención forjara el éxito. Pero creo tener algún talento, aunque publicarlo sea probablemente pretencioso y poco femenino. No escribo esto buscando explotar el victimismo con el que tontea algún feminismo. No soy débil. Me gustan las personas fuertes. Me gustan las mujeres fuertes.

Una vez, cuando era pequeña, una mujer (una amiga de mi familia, además) me preguntó, casi retóricamente, si yo quería ser un chico. Supongo que lo decía porque me pasaba el día saltando, trepando, corriendo, jugando al fútbol. No me gustaban las muñecas ni esos vestidos incómodos. Me identificaba con personajes como Peter Pan, Tintín, Basil, aquel ratón émulo de Sherlock Holmes, o Arturo, en la película que Disney dedicó al mago Merlín. Me aburrían los cuentos de princesas, pobres muchachas pasivas a la espera de un señor guapo, y me daban miedo las brujas. Nunca respondí a aquella pregunta, “¿A que te gustaría ser un chico?”, porque me quedé sin palabras. El mensaje era aterrador: todo lo que me hacía feliz era impropio de una chica. Estaba íntimamente escandalizada y furiosa, aunque fui incapaz de manifestar escándalo o furia.

La contestaré hoy, cuando han pasado más de veinte años y tengo, por fin, algún público que me lea: no quiero ser un chico. No queremos ser hombres. Solo queremos ser iguales.

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La retirada melancólica

Ricardo Dudda

Foto: SUSANA VERA
Reuters

Es difícil ser optimista con el problema del independentismo catalán. El procés puede durar eternamente porque es un fenómeno retórico, eufemístico, una sucesión de escenificaciones. Pero sus efectos en la sociedad catalana son reales y se perciben. Aunque las sociedades son muy volubles y nada es nunca irreversible, el esfuerzo de unir a las dos Cataluñas será enorme; el esfuerzo del independentismo para reconducir el entusiasmo hacia cauces menos rupturistas también.

Es posible que, del mismo modo que desde 2012 hasta hoy el independentismo ha crecido radicalmente, podrá retroceder. Pero tardarán en desaparecer el victimismo, el resentimiento y el rencor, la cultura del agravio, el uso de la memoria, siempre selectiva, la política como un acto expresivo, épico y “divertido”, más allá de la transacción y la negociación. Vivimos una época en la que cada generación necesita un momento épico fundacional, una Transición a nuestra medida. Como escribía un difunto tuitero, cada nueva generación piensa que el colectivismo (y puede sustituirse con cualquier otro ideal político) falló porque no lo lideraron ellos.

El procés vive jornadas históricas casi cada semana; acostumbrados a esto, los independentistas, y quizá no solo ellos, exigirán algo más que bienestar o reconocimiento. Quizá exijan entretenimiento, emoción, pasión. Durante años, millones ciudadanos catalanes han depositado mucho capital emocional en el procés. El processisme le ha devuelto eufemismos, hipérboles, momentos históricos, pero es posible que su impresionante capacidad para renovarse llegue a su fin. Difícilmente habrá un momento de responsabilidad colectiva de las élites, y dudo que llegue el momento de la rendición de cuentas. El procés intentará sobrevivir. La sociedad civil se decepcionará. Y, cuando esto ocurra, quizá lo mejor sea una lenta y melancólica retirada.

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