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Refugiados climáticos, desarraigados medioambientales

Lidia Ramírez

Foto: FEISAL OMAR
Reuters

El mundo se muere. Huracanes cada vez más potentes, sequías e inundaciones más intensas, la temperatura media y el nivel del mar en aumento, desiertos más áridos, tierras incultivables…. Estas son las consecuencias directas del cambio climático, a las que hay que sumar los millones de “personas que se ven obligadas a abandonar sus hogares porque la degradación medioambiental experimentada en su tierra de origen, por razones naturales o por la acción humana, ha minado sus sistemas de sustento”. Así define el Diccionario de Acción Humanitaria el concepto de refugiados medioambientales, más de 26 millones de personas –una persona cada segundo, según ACNUR- que cada año se ven obligadas a emigrar por cuestiones climatológicas y que se enfrentan a un limbo legal, político y humano. ¿La razón? La definición de refugiado, según se determinó en la Convención de 1951, no incluye a aquellos desplazados por razones ambientales, algo que podría resultar comprensible pues en aquella época el problema ni siquiera se planteaba o existía.

Como consecuencia, estos desplazados carecen de un marco jurídico internacional que los saque del limbo legislativo en el que se encuentran; “esto significa que no reciben ayudas económicas de ningún tipo ni pueden acceder a alimentos, vivienda, hospitales, escuelas… lo que les convierte en desarraigados medioambientales”, recoge el escritor y catedrático de Ciencias Políticas francés Sami Naïr, en el libro Refugiados. Frente a la catástrofe humanitaria, una solución real (Crítica, 2016).

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La sequía en Kenia acaba con el ganado. | Goran Tomasevic/Reuters

Sin embargo, llegados a este punto, con 26,4 millones de personas en un limbo legal, el imperativo moral de resignificar el concepto de refugiado ya no tiene excusas de dilación, más aún si tenemos en cuenta las previsiones nada halagüeñas de ACNUR, que asegura que en los próximos 50 años podrían migrar por razones climáticas hasta 1.000 millones de personas, principalmente de países empobrecidos de África, Asia y América Latina, augurando una gran crisis humanitaria. En este sentido, cabe preguntarse, ¿estamos preparados para acoger una nueva oleada de refugiados, en esta ocasión, medioambientales?  Según Tatiana Nuño, responsable de la campaña de cambio climático de Greenpeace, los mensajes que nos llegan “son muy preocupantes. Europa debería dar ejemplo y demostrar esa unión de países donde deberíamos estar preparados para acoger a los desplazados de la mejor forma”. Pero cualquier pronóstico queda lejos de esto.

       “Cada segundo, una personas se ve obligada a abandonar su hogar por el clima”

       -ACNUR

Lo que es cierto, sin embargo, es que el cambio climático no sólo está alterando el planeta, está cambiando las vidas humanas. Y en este punto, de nuevo las cuestiones florecen:  ¿es posible ofrecer a los refugiados ambientales asilo temporal o permanente?,  ¿estos refugiados tienen derechos colectivos en las nuevas zonas que habitan?,  ¿quién pagará los costes de todos los países afectados durante el proceso de reasentamiento? Demasiadas preguntas que resolver en una época de violencia sectaria, guerras civiles, recesiones económicas que hacen de estos desarraigados medioambientales un tema secundario para políticos.

Ejemplo de ello es el tan sonado y polémico Acuerdo de París para luchar contra el cambio climático, un ambicioso proyecto que, según el propio texto del instrumento internacional, tiene como objetivo “reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático, en el contexto del desarrollo sostenible y de los esfuerzos por erradicar la pobreza“, pero que, sin embargo, obvió el término refugiado climático delimitándose a hablar de Derechos Humanos. “La cumbre fue deficiente en cuanto a principios de igualdad, solidaridad y reconocimientos de las personas más vulnerables”, reconoce la portavoz de Greenpeace, aunque destaca “el compromiso de los estados a hacer todas las políticas necesarias para permanecer por debajo del grado y medio, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y reducir a cero el balance neto de gases efecto invernadero para la segunda mitad de siglo”. Si todo esto se cumple, el cambio climático y el efecto invernadero se frenarían, y las persona no tendrían que emigrar. “De alguna manera, aún estamos a tiempo de actuar”, señala Nuño.

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François Hollande junto a varios participantes de una de las conferencias de la Cumbre del Clima en el Palacio del Elíseo, París. | Foto: Philippe Wojazer/Reuters

No es solo cuestión de países subdesarrollados

Camerún, Chad, Níger, Nigeria… El lago Chad se ha reducido en más de un 90% desde 1963, una catástrofe ecológica que ha provocado el desplazamiento de 3,5 millones de personas. En 2007 la sequía en Siria oriental dio lugar a pérdidas de cosechas y muertes de ganado que hizo que 1,5 millones de personas se desplazaran de áreas rurales a ciudades, dejando a miles de personas en una situación terriblemente vulnerable al estallar la guerra. Y en Filipinas, desde 2013, casi 15 millones de personas se han visto obligadas a desplazarse debido a los tifones y tormentas. Son sólo algunos ejemplos de regiones aún más empobrecidas como consecuencia del clima.

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Un coche de policía sumergido en Nueva Orleans tras el paso del huracán Katrina. 31 de agosto de 2005. | Foto: Rick Wilking/Reuters

Sin embargo, esto no es sólo cuestión de países subdesarrollados, que en palabras de la portavoz de Greenpeace, son “los menos responsables de las consecuencias del efecto invernadero y del cambio climático”, naciones occidentales como Estados Unidos ya han comenzado a sentir el impacto de las tensiones ambientales. Hace una década el huracán Katrina causó la muerte de 1.833 personas;  en 2012 el huracán Sandy diezmó a la costa del Atlántico medio e inundó la ciudad de Nueva York, dejando a su paso 219 fallecidos; y hoy en día, el suroeste languidece en una de las peores sequías de los últimos tiempos mientras ciudades como Washington DC y Filadelfia se cubren de un manto asfixiante de polvo y suciedad.

Y ante este preocupante panorama nos encontramos cuando el presidente de Estados Unidos ha decido darle la espalda al Acuerdo de Paris velando más por los intereses “económicos, empresariales y de mercado de grandes empresas petroleras, del carbón y del gas” en detrimento de “12 millones de personas que para 2030 se verán obligadas a desplazarse por el aumento del nivel del mar en cuatro grandes zonas de los Estados Unidos”, apunta Tatiana Nuño.

Y España, ¿cómo se ve afectada?

Desde Greenpeace advierten rotundamente: “somos uno de los países más vulnerables dentro de la Union Europea”. La aparición de enfermedades infecciosas, el aumento de incendios en la zona norte y centro de la península, los temporales cada vez más extremos en el norte de España y Andalucía que obligan a agricultores a invertir en nuevas prácticas, la subida del nivel del mar que convierte a las zonas costeras y a las llanuras aluviales en puntos críticos… España necesita un plan contra el cambio climático. Antes esta situación, la Oficina Española de Cambio Climático pone de “manifiesto que son necesarias nuevas políticas y medidas para cumplir” con los objetivos que tiene el país como miembro de la UE y firmante del Acuerdo de París.

       “España es uno de los países más vulnerables de la Unión Europea”.

       -Tatiana Nuño, Greenpeace

En este sentido, no hay duda de que el cambio climático es uno de los mayores peligros que afronta nuestro planeta. Ahora tenemos la posibilidad de cambiar el futuro, de cambiar el rumbo de millones de personas desarraigadas medioambientales que no son más que víctimas silenciosas de una indiferencia respecto al ambiente natural, aseguran los expertos.

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Una teoría científica prevé que 2018 será el año de los grandes terremotos

Redacción TO

Foto: Navesh Chitrakar
Reuters

No prestamos demasiada atención a los movimientos de la rotación de la Tierra, pero son más relevantes de lo que el común de los mortales creemos. De vez en cuando, la rotación de la Tierra disminuye algunos milisegundos por día, y esto va a tener un enorme efecto en las vidas de millones de personas alrededor del globo. Según el Servicio Geológico de los Estados Unidos ha habido 7.574 a escala global en los últimos diez años. Una reciente teoría prevé que esta cifra pegará un importante repunte el próximo 2018.

En un estudio publicado en Geophysical Research Letters a mediados de este año, los científicos Roger Bilham, de la Universidad de Colorado, y Rebecca Bendick, de la Universidad de Montana predicen que, debido a la desaceleración de la rotación de la Tierra, el mundo sufrirá un aumento significativo de grandes terremotos en 2018.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores estudiaron todos los terremotos desde 1900 que registraron una magnitud (según la escala del momento en que sucedieron) de 7,0 o mayor y descubrieron que aproximadamente cada 32 años hay un repunte en estos grandes sismos.

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Aproximadamente cada 32 años hay un repunte en grandes sismos en el mundo. | Foto: Kim Hong-Ji / Reuters

El factor común

El estudio revela, asimismo, que el único factor que se correlaciona fuertemente en esta repetición de grandes terremotos es una ligera desaceleración de la rotación de la Tierra en un período de cinco años antes del repunte, algo que ha ocurrido en el último lustro.

En el ecuador, la Tierra gira 460 metros por segundo. Dada esta alta velocidad, no es absurdo pensar que un ligero desajuste en la velocidad entre la corteza sólida y el manto y el núcleo líquido podría traducirse en una fuerza que, de alguna manera, empujaría los temblores a la sincronía.

La mayoría de los sismólogos coinciden en que la predicción de un terremoto es un terreno pantanoso. Y hasta ahora, Bilham y Bendick tan solo tienen ideas difusas y difíciles de probar sobre lo que podría causar el patrón que encontraron. No obstante, el hallazgo es demasiado provocador para ignorarlo, dicen otros investigadores. “La correlación que encontraron es notable y merece una investigación“, dijo Peter Molnar, reconocido geólogo norteamericano, a la revista Science.

La importancia de prevenir

Entonces, ¿es posible predecir los terremotos? Es una pregunta que molesta a los sismólogos, no porque no sea razonable, sino porque los científicos lo han intentado muchas veces y siempre han terminado en fracaso. Incluso después de muchos avances en sismología, como lo expresa Richard Luckett del British Geological Survey, “cuando ocurre un terremoto es esencialmente un evento aleatorio“.

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Los devastadores terremotos de México en este 2017 dejaron centenares de víctimas mortales. | Foto: Nacho Doce / Reuters

Ante la aparente imprevisibilidad de la actividad sísmica, la única solución para evitar grandes desastres como los que sacudieron México hace unos meses es una previsión efectiva. España es un ejemplo claro de la falta de preparación a la hora de afrontar grandes terremotos. La evidencia está en el ocurrido en Lorca en 2011, que tuvo una magnitud de 5,1, y dejó nueve víctimas mortales e innumerables daños materiales. El 75% de las viviendas en España cumple con “poco rigor” la normativa de construcción sismorresistente, y es necesario con “urgencia” rehabilitar edificios para soportar terremotos, según el expresidente de la Asociación Española de Ingeniería Sísmica, Ricardo García Arribas. Por ello, y teniendo en cuenta esta nueva teoría científica, la inversión en una preparación mejor de nuestras infraestructuras y protocolos de actuación puede ser clave ante cualquier catástrofe.

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Toast Ale, la cerveza a base de pan que se rebela contra el despilfarro

Redacción TO

Foto: Lindsey Parnaby
AFP

Cada año terminan en la basura toneladas de pan y una asociación británica ha tomado la determinación de poner fin al derroche con una solución sorprendente: son capaces de transformar el pan en cerveza.

En el condado de Yorkshire, al norte de Inglaterra, una fábrica está acostumbrada a ver cómo llegan kilos de pan duro procedentes de bares y establecimientos de la ciudad. Estos pasan a convertirse en ingredientes de una cerveza que han bautizado como Toast Ale, y que desde 2016 reduce el porcentaje de malta para sustituirlo por pan, todo por encargo de una asociación que lucha contra el despilfarro de alimentos y que se llama Feedback.

La idea nació de Tristram Stuart, fundador de esta asociación, quien se inspiró en los cerveceros belgas que lanzaron la cerveza llamada Babylon. Aquel nombre no fue una coincidencia.

“Me explicaron que los antiguos babilonios inventaron la cerveza para usar panes y granos que de otro modo se habrían perdido. Era el objetivo inicial de la cerveza”, explicó Stuart en una entrevista con la agencia AFP. “Hoy se tiran cantidades industriales de pan en todo el mundo, y las asociaciones de ayuda alimentaria no pueden repartir todo el pan que les ofrecen. Al mismo tiempo, hay esta fiebre en todo el mundo por las cervecerías artesanales”.

Esta circunstancia empujó a Stuart a crear una empresa que uniera a los suministradores con los cerveceros locales, y a su vez con organizaciones caritativas. Desde el primer momento dio una visión internacional al negocio, y el primer paso consistió en hacer de ‘Toast Ale’ un producto de calidad. La primera cerveza que se hizo nació en el programa de televisión del famoso chef británico Jamie Oliver, que se rindió en elogios. Ahora existen cuatro variantes, en función de los gustos de los consumidores. Tienen dos lagers, una Pale Ale y una India Pale Ale, y varios premios a sus espaldas.

Un trabajador de la fábrica, volcando el pan durante el proceso. | Foto: LINDSEY PARNABY/AFP

Su ejemplo ha servido para que otras cervecerías se hayan sumado a su iniciativa. Es el caso de Wiper and True, situada en Bristol, que creó la Bread Pudding, una cerveza fabricada con los mismos métodos y con un sabor que recuerda al famoso postre británico.

En el Reino Unido se han usado ya 9,75 toneladas de pan para producir más de 300.000 botellas de cerveza, vendidas a entre 2,5 y 3 libras la unidad –entre 2,80 y 3,40 euros–, un precio habitual en cervezas artesanales. Es un pequeño paso, pero queda mucho por hacer para reducir el problema del derroche: cerca de la mitad –el 44%– del pan que se produce en el Reino Unido anualmente acaba en la basura. El pan es el alimento que más se tira en ese país.

“Ver lo que ocurre en el mundo es verdaderamente deprimente”, estimó Tristram Stuart. Para ello ha encontrado una solución “deliciosa”. Tan deliciosa que su método se extiende con velocidad y ya se aplica en ciudades como Nueva York, Río y Ciudad del Cabo.

La receta para transformar fue publicada en Internet para que todos puedan iniciarse en la elaboración de cerveza con pan y contribuir a su manera a reducir el problema. “La han descargado ya 16.000 veces, mucha gente la usa”, dijo Tristram Stuart, entusiasmado. Pero ¿qué ocurrirá si se deja de derrochar pan? El fundador de Feedback responde tajante: “Entonces, no tendrá razón de existir”.

Continúa leyendo: ¿Qué pasa en Cataluña?

¿Qué pasa en Cataluña?

Laura Fàbregas

Foto: YVES HERMAN
Reuters

¿Qué pasa en Cataluña? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí, y por qué los que no somos independentistas hemos tardado tanto en hablar?

La respuesta tiene que ver con el factor humano. Hemos tardado tanto en alzar la voz porque por mucho tiempo hemos sentido que formábamos parte de ellos: del mismo pueblo, no sé si un sol poble, pero sí un pueblo cívicamente unido. Hemos abandonado progresivamente el espacio público por temor al ostracismo o la muerte civil. A que nuestros más allegados pensaran que no éramos dignos de su confianza. Porque, digan lo que digan, la libertad más difícil no se ejerce ni contra el poder –en democracia, siempre algo abstracto y lejano– ni tampoco contra la publicidad. La libertad más difícil se ejerce contra los amigos. Contra los tuyos.

El sociólogo Émile Durkheim habló de “efervescencia colectiva” para explicar este fenómeno donde una sociedad comparte prácticas, hábitos y creencias como, por ejemplo, las Diadas. Durkheim ha sustituido a Montesquieu quien, probablemente, hoy sería un facha para la mitad de catalanes.

En Cataluña se han roto los valores de la ilustración. Los que hacen que un individuo pueda discrepar de los suyos a través de la razón independientemente de la compasión, el amor y las emociones que pueda sentir por ellos. Por eso tanta gente se sintió interpelada en la jornada del 1 de octubre al ver que una parte de los suyos recibía porrazos. Aunque pensara que eran ellos los que estaban equivocados. Como una madre que no quiere que metan a su hijo en la cárcel, aún sabiendo que es culpable. El valor está en decirle a su hijo que se ha equivocado, pero nadie discutiría el amor y lealtad de esa madre.

El nacionalismo destroza el terreno común que posibilita el debate, incluso entre familiares. Un liberal, un socialdemócrata e incluso un comunista pueden debatir sobre cuál es la mejor manera de generar riqueza y distribuirla. Un nacionalista no puede, porque aunque lo vista de racionalidad, el último eslabón de esta ideología apela a la parte emocional. Y si no estás con los tuyos, eres un traidor.

Continúa leyendo: Láinez, Lanza y los que le echan leña al fuego

Láinez, Lanza y los que le echan leña al fuego

Melchor Miralles

Foto: Youtube (CC)

Ha ingresado en prisión, como era de esperar, Rodrigo Lanza, ese canalla que se ha convertido en un homicida tras ejercer de mártir antisistema. Nieto de un almirante de Pinochet muy vinculado al dictador chileno, Lanza, de 33 años, dejó hace tiempo tetrapléjico a un policía autonómico catalán en el desalojo de una vivienda “okupada”, y fue condenado por ello a 5 años por el Supremo. El caso fue sonado y la investigación policial fue calamitosa, y dio pie al famoso documental Ciutat Morta, en el que participó activamente Lanza. Cuando fue encarcelado recibió el entusiasta apoyo de Pablo Iglesias, Ada Colau y otros líderes populistas, que ayudaron a convertirle en un icono de la extrema izquierda. Pero Lanza se ve que lo tenía claro. Ahora vuelve a la cárcel. Tras salir de la prisión por este caso, se instaló en Zaragoza, donde era muy conocido por su liderazgo radical antisistema. Lanza, apodado “El Rodri”, vaya usted a saber por qué, está acusado de la muerte a golpes de Víctor Laínez, que murió tras ser atacado el pasado viernes en un bar zaragozano por un grupo de radicales de extrema izquierda tan solo por llevar puestos unos tirantes CON los colores de la bandera de España.

Sorprenden las precauciones de Pablo Iglesias y otros líderes de la extrema izquierda al valorar el asesinato de Laínez. Iglesias dijo que “condenamos cualquier tipo de violencia”, que es una forma de no mojarse, de dejar a la libre interpretación de cada uno que quizá en función de quién sea la víctima y quién el verdugo Iglesias y otros ponen sordina a la condena del acto, lo cual me parece insólito y repugnante. Por no hablar de las bazofias que, como siempre, se han leído sobre el caso en las redes sociales. Es terrible que alguien pueda apalear hasta la muerte a otro ser humano por el color de los tirantes que lleva, por cualquier motivo ideológico. Resulta más contradictorio aún, y creo que debe llevar a una reflexión profunda de buena parte de la izquierda española, que pueda llegarse a ese límite el odio a quien piensa de modo diferente a uno. La violencia es inaceptable, se vista del traje que se vista, la ejerza quien la ejerza y sea quien sea la víctima.

Quienes han visto a Lanza como un héroe digno de elogio debieran censurar sin matices su comportamiento, y reflexionar sobre cómo es posible que haya legado a este límite. Porque es de esperar que jamás vuelva a suceder nada parecido, con nadie. Y algunos alimentan comportamientos violentos con su discurso político extremista. El único responsable del asesinato de Láinez es el autor material del mismo, pero cuando se le echa leña al fuego se sabe lo que sucede. Y hay demasiados que han echado leña a este fuego en muchos lugares de España. Ojala no vuelva a repetirse

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