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Regresar a la Luna cincuenta años después

Jorge Raya Pons

Foto: NASA
NASA

El extraño e imprevisible Donald Trump tiene la ambición de borrar todas las huellas del querido expresidente Barack Obama, que entre otras cuestiones centró los esfuerzos de la NASA en explorar Marte y aplazar el regreso a la Luna por costoso y por transitado -pese a las teorías de la conspiración, el hombre aterrizó en la Luna y luego regresó a casa en 1969-. Ahora el presidente rubicundo quiere dar un giro estratégico a estos planes y propone que la agencia espacial más importante colabore con compañías privadas para volver al satélite terrestre antes de 2020, un síntoma que deja a las claras que Trump tiene dudas serias sobre sus posibilidades como presidente reelegido en cuatro años y que por ello pretende crear un recuerdo de sí mismo para los siglos por venir.

Trump, que es dado a compartir sus opiniones todo el tiempo, se ha mostrado reservado en este sentido y han sido sus colaboradores quienes han hablado por él, que apuesta por indagar en la investigación de la órbita terrestre por delante de otras órbitas. Para ello piensa apoyarse en empresarios de buen nombre, como Elon Musk -fundador de Tesla y Space X- o Jeff Bezos -fundador de Amazon y Blue Origin-, e intensificar la colaboración público-privada.

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El Ares I-X, abandonando con éxito el cabo Cañaveral en octubre de 2009. | Foto: John Raoux / AP

“Sé que el sector comercial está determinado, en voluntad y visión, a ir a la Luna y más allá”, dijo Eric Stallmer, presidente de la Commercial Spaceflight Federation -un lobby de la industria aeroespacial-, a una pregunta de France-Prèsse. Las colaboraciones entre empresas y la agencia nacional son cada vez más frecuentes y Elon Musk es uno de los beneficiados. Space X ya tiene un convenio con la NASA para transportar astronautas hasta la Estación Espacial Internacional a partir de 2018 y ahora negocia llevar a dos turistas a la Luna. Musk ha presentado también un proyecto para enviar un cohete sin tripulación a Marte el año que viene como ensayo previo a lo que será algo habitual: la visita por ocio y curiosidad a otros planetas.

Jeff Bezos, como Musk, vive con la idea de conocer otros territorios más allá de la Tierra. Con su equipo de Blue Origin trabaja para instalar colonias humanas en la Luna, no tanto visitar el satélite como habitarlo. En este sentido, Bezos trasladó en enero de este año una propuesta para construir, junto a la NASA, una nave y un aterrizador lunar capaces de transportar carga y módulos habitables.

“El principal cometido de viajar a la Luna es encontrar agua y convertir el satélite en un lugar de paso para futuras misiones”

Estas alianzas son el comienzo de algo nuevo. La agencia aeroespacial más importante se ve sobrepasada por tantos proyectos con un presupuesto que siempre es insuficiente y Trump se siente cómodo con la idea de introducir a grandes corporaciones en la gestión diaria de administraciones públicas. Un hombre de confianza del presidente como Jim Brindestine, representante republicano por Oklahoma y candidato a presidir la NASA, dio hace poco su visto bueno a propiciar esta clase de alianzas con el objetivo común de encontrar agua en la Luna. Porque los cráteres de los polos lunares contienen millones de toneladas de agua y con este agua -más oxígeno e hidrógeno líquido- se podría crear el combustible necesario para viajar a Marte, convirtiendo el único satélite de la Tierra en algo así como una base industrial o una parada de repostaje. Además, la cantidad incalculable de helio 3 que hay en su superficie, cuando en nuestro planeta es un recurso escaso, serviría como carburante para nuestras centrales nucleares de fusión controlada.

China y la búsqueda de los 14 millones de niños que 'nunca' nacieron

Redaccion The Objective

Foto: China Stringer
Reuters

China tiene la capacidad estadística para darnos sorpresas. En este país inmenso de 1.370 millones de personas han aparecido de la noche a la mañana en sentido metafórico, pues ha sido entre 2012 y 2016, otros 14 millones hasta ahora desconocidos. La cantidad es asombrosa por elevada; equivale a los habitantes de ciudades como Estambul o Londres, lo cual sería difícil de explicar que sucediera en otro país que no fuera China.

China y la búsqueda de los 14 millones de ciudadanos que 'nunca' nacieron
Un niño, en la sala de espera de un aeropuerto. | Foto: Ng Han Guan/AP Photo

El fenómeno, sin embargo, tiene una explicación. Cuando en 1979 el Partido Comunista implantó la ley del hijo único, que consistía en limitar el número de nacimientos a un hijo o hija por familia, implantó al mismo tiempo un sistema injusto y tramposo para poner freno a una cantidad de nacimientos que se escapaba del control del Estado. Durante todos estos años y hasta diciembre de 2015, las familias han tenido que pagar tasas abusivas y a todas luces discriminatorias para registrar a los hijos nacidos fuera de lo permitido. Por ejemplo, en 2012, la tasa se encontraba sobre los 40.000 dólares, una cifra difícilmente asumible para una familia media. Las estadísticas oficiales presumen que esta medida ha evitado 400 millones de nacimientos adicionales, pero reducir esta posibilidad a las familias con capacidad económica ha creado problemas que ahora comienzan a atenderse.

“La cantidad de chinos sin censar equivale a los habitantes de ciudades superpobladas como Estambul o Londres”

El resultado, casi cuarenta años después, es una masa que se agolpa para registrarse en el hukou, que es un sistema similar a nuestro censo, sin el cual un ciudadano no tiene derecho a recibir atención sanitaria, ser escolarizado o cobrar una pensión. Un ciudadano que no existe para el hukou, no existe para la Administración. Los 14 millones de ciudadanos nuevos han vivido todos estos años en la sombra, como si un documento los hubiera puesto por primera vez en el mapa, y el gobierno prevé localizarlos a todos en un plazo inferior a tres años.

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Un grupo de niños en un orfanato chino en 2007 | Foto: Elizabeth Dalziel/AP Photo

No hay vida posible sin hukou. Este documento no solo recoge el nombre y la fecha de nacimiento, sino también el número de familiares o el estado civil. Así que China ha decidido facilitar el acceso al documento reconociendo, después de todo este tiempo, que se trata de un derecho fundamental de sus ciudadanos. Y, entre estos, destacan los olvidados por la Historia reciente, como los que nacieron fuera de la ley del hijo único o aquellos que, por no tener padres, no han podido certificar su fecha de nacimiento.

El Pastafarianismo, la religión que adora a un espagueti volador con albóndigas

María Hernández

Foto: aaditya sood
Flickr

Oh Tallarines que están en los cielos gourmet. Santificada sea tu harina. Vengan a nosotros tus nutrientes. Hágase su voluntad en la Tierra como en los platos. Danos hoy nuestras albóndigas de cada día y perdona nuestras gulas así como nosotros perdonamos a los que no te comen. No nos dejes caer en la tentación (de no alimentarnos de ti) y líbranos del hambre… Ramén.

Así es la oración que los pastafaris dedican a su dios, el Monstruo del Espagueti Volador (Monesvol). Ya, suena a broma, pero no lo es. La Iglesia Pastafari, también conocida como la Iglesia del Monstruo del Espagueti Volador, existe y se está intentado constituir como una religión legal en España.

¿Quiénes son los pastafaris?

Adoran a un dios formado por espaguetis y albóndigas, creen que los piratas fueron los primeros pastafaris y que el cielo tiene un volcán de cerveza y una fábrica de strippers. Su infierno es parecido, pero con cerveza pasada y strippers con enfermedades de transmisión sexual.  Los miembros de esta religión también tienen un elemento, como la cruz en el Cristianismo o el velo de las mujeres en el Islam, que los identifica y los diferencia del resto: un colador. Sí, un colador en la cabeza, suponemos que limpio, es el símbolo de quienes siguen al Monesvol.

Definen a su dios como “un ente supranatural benevolente que creó el mundo hace unos 5.000 años, cuando iba un poco borracho, aunque el mundo se ha construido para que los humanos crean que es mucho más antiguo de lo que es”.

El Pastafarianismo, la religión que adora a un espagueti con albóndigas 3
El Monesvol creó el mundo cuando iba algo borracho. | Foto: Doug nakatomi/flickr

“Creemos que la religión – digamos el Cristianismo, el Islam, el Pastafarianismo – no necesita una creencia literal para proveer una iluminación espiritual”, explican en su página web. Son conscientes de que no todo aquel que se declara pastafari cree ciegamente en su monstruo, su cielo de cerveza y en sus orígenes piratas, por lo que aceptan que haya muchos niveles de creencia y que ninguno sea más legítimo que otro. “No tienes que creer para ser parte de nuestra Iglesia, aunque esperamos que con el tiempo veas la verdad. Pero los escépticos, así como miembros de otras religiones, son siempre bienvenidos”, añaden.

Los orígenes del Pastafarianismo

¿A quién se le ocurrió esta extraña y cómica religión? Fue Bobby Henderson, que en 2005 era un joven estudiante de 24 años, quien creó el Pastafarianismo. Envió una carta al Consejo de Educación de Kansas, Estados Unidos, al darse cuenta de que planeaban enseñar en las escuelas la teoría alternativa del Diseño Inteligente, una postura seudocientífica que defiende que ciertas características del universo y de los seres vivos se explican mejor a través de una causa inteligente. Henderson utilizó la carta para satirizar el Creacionismo y pedir que se incluyera también en las escuelas la enseñanza sobre el Pastafarianismo, alegando que sus creencias eran tan válidas como las del Diseño Inteligente.

“No tengo ningún problema con la religión. Con lo que tengo un problema es con la religión planteada como ciencia”

“Tenemos evidencias de que un Monstruo Espagueti volador creó el universo. Ninguno de nosotros, por supuesto, estaba allí para verlo, pero tenemos informes escritos de ello. Tenemos varios grandes volúmenes explicando todos los detalles de Su poder. Además, os sorprenderá oír que somos más de 10 millones, y creciendo. Tendemos a ser muy reservados, ya que mucha gente dice que nuestras creencias no están corroboradas por evidencias observables”, decía la carta de Henderson. Al final, el estudiante incluyó un dibujo bastante simple y sarcástico del Monesvol creando el universo.

Con esta sátira, que ya se ha convertido en una religión oficial en varios países, Henderson pretendía denunciar que las religiones se enseñasen como ciencias. “No tengo ningún problema con la religión. Con lo que tengo un problema es con la religión planteada como ciencia. Si hay un dios y es inteligente, entonces supongo que tiene sentido del humor”.

¿Está reconocido el Pastafarianismo?

La carta de Henderson se hizo viral en internet, y poco después los grandes medios de comunicación se hicieron eco de su original propuesta. Poco a poco, sus apoyos fueron creciendo y este movimiento se convirtió en una religión con millones de seguidores en todo el mundo. Tanto se popularizó, que su creador decidió crear el Evangelio Pastafari, que ahora marca las guías de esta singular religión.

Adoran a un dios formado por espaguetis y albóndigas, creen que los piratas fueron los primeros pastafaris y que el cielo tiene un volcán de cerveza y una fábrica de strippers.

Sin embargo, no todos los países están de acuerdo en el que el Pastafarianismo sea una religión igual de válida que las que están reconocidas oficial o socialmente. Este debate se considera en algunos lugares de gran importancia para la libertad religiosa, y los pastafaris luchan para que se les reconozca el derecho a legalizar su particular iglesia en diferentes países del mundo.

Ya lo han conseguido en algunos países. En Holanda, por ejemplo, son reconocidos oficialmente como religión desde 2016, y en Nueva Zelanda está permitido casarse bajo los ritos pastafaris. En Austria incluso hay pastafaris que han conseguido mostrar su devoción por el Monesvol en su documento de identidad, apareciendo en la foto que los representará en cualquier documento oficial con su colador en la cabeza.

El Pastafarianismo, la religión que adora a un espagueti con albóndigas 1
Un austriaco logró aparecer en su carnet de conducir con un colador en la cabeza. | Foto: Heinz-Peter Bader/Reuters

En España, sin embargo, la Iglesia Pastafari no ha tenido tanto éxito. Ha intentado constituirse como una religión legal, pero ya se lo han denegado cuatro veces. Ellos no desisten y siguen intentando que los incluyan en el Registro de Entidades Religiosas. Tras la última negativa que recibieron, el pasado mes de enero, los pastafaris han decidido recurrir la decisión del Ministerio de Justicia a la Sala de lo Contencioso- Administrativo de la Audiencia Nacional.

Cómo ser pastafari

Los pastafaris aceptan a cualquiera, incluso a personas de otras religiones. No emiten juicios sobre temas controvertidos como el matrimonio homosexual, por lo que afirman que nadie debe sentirse discriminado y que todos son bienvenidos.

Unirse a la Iglesia del Pastafarianismo es muy sencillo, simplemente hay que tener la voluntad de hacerlo. Y, para el que quiera dar un paso más, en su página web ofrecen la posibilidad de comprar, por 25 dólares, un certificado de pastafari y, por 15 dólares más, una tarjeta similar a un documento de identidad.

El Pastafarianismo, la religión que adora a un espagueti con albóndigas 2
Los pastafaris pueden conseguir su tarjeta de miembro en la página web. | Foto: venganza.org

En definitiva, los pastafaris dan la bienvenida a cualquiera que quiera pasar la eternidad en un cielo de cerveza y strippers.

El nuevo sector en alza: el turismo negro

Lidia Ramírez

Foto: GLEB GARANICH
Reuters

Hay personas ávidas de emociones fuertes que quieren vivir una aventura, pero sin riesgos, en caminos ya trillados que les ofrezcan la garantía de que su zona de confort sólo se verá invadida de manera controlada. Hay a quien el turismo tradicional ya no le convence: sol, playa, museos, visita al casco antiguo de una ciudad…¡Bah, pamplinas! Nada comparado con sentir lo mal que lo pasaban los presos en las cárceles soviéticas –el penal de Karosta, en Letonia, ofrece noches con todo incluido: gritos, amenazas, sólo agua fría para bañarse..– o percibir un poco lo que fue el genocidio ruandés –Ruanda ha dispuesto lugares para ello, con restos humanos y ropa ensangrentada, todo original–. Y para los que les guste vivir al límite, también pueden visitar Chernóbil y hospedarse en el hotel Pripyat, que prohibe a sus clientes abrir las ventanas, por esto de la radiactividad; o acercarse al reactor que sufrió el peor accidente nuclear de la historia y hacerse un par de selfies. Sólo permiten estar junto a él diez minutos por unos 200 dólares.

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La planta nuclear Chernóbil, de fondo. | Foto: Gleb Garanich / Reuters.

Este tipo de turismo es conocido como turismo negro, oscuro o de dolor, y aunque existe desde tiempos remotos porque el morbo de la tragedia siempre ha interesado, ya sea en forma de cadáveres carbonizados en Pompeya o en forma de altar maya para los sacrificios humanos, “el matiz no es el lugar, sino la intencionalidad de quien se acerca a él”, según la grafopsicóloga, escritora y redactora del programa Cuarto Milenio, Clara Tahoces.  “Los ‘lugares de dolor’, por decirlo de alguna manera, han existido desde siempre. Los campos de exterminio nazi, por citar un ejemplo, han sido visitados desde la perspectiva de la Historia y del no olvido de lo que allí ocurrió, para evitar que vuelva a repetirse”, sin embargo, el problema, en palabra de Tahoces, “es que hay gente que acude a ellos como si de un parque de atracciones se tratara”. Ejemplo de ello son las duchas que se han colocado en el campo de concentración de Auschwitz (Cracovia, Polonia), emulando a las que usaban para el exterminio y con el fin de que se refresquen los turistas “como si fuese un ornamento turístico”.

Belchite Viejo, Zaragoza, la ‘meca’ del turismo negro en España

Belchite Viejo protagonizó en 1937 una de las mayores matanzas durante la Guerra Civil Española. Se estima que entre el 24 de agosto y el 6 de septiembre de ese mismo año murieron cerca de cinco mil personas. Totalmente en ruinas, desde 2007, el ayuntamiento realiza visitas guiadas –diurnas todos los días y nocturnas los fines de semana– donde se puede contemplar el enorme grado de destrucción que causaron los combates. Visitar las caras de Bélmez, un fenómeno considerado por muchos como paranormal, que consiste en la aparición de pigmentaciones, identificadas como rostros, en el suelo de una casa ubicada en Bélmez de la Moraleda, Jaén, es otro de los emplazamientos más interesantes para el turista de la catástrofe en España.

El nuevo sector en alza: el turismo negro
Una de las calles de Belchite en 2009. | Foto: Wikipedia.

Otros emplazamientos interesantes para el turista de la catástrofe son los espacios expositivos especializados como museos o galerías del crimen. En España tenemos, por ejemplo, la Galería de la Inquisición en Córdoba  o el Museo de la Inquisición y la Tortura en Santillana del Mar, Cantabria. Lugares que invitan a sumergirse a través del tiempo a una etapa cruel de nuestra historia y que presentan una amplia muestra de múltiples máquinas y procedimientos de tortura.

El Museo del Crimen de Scotland Yard, Londres, también conocido como Museo Negro, es por excelencia el espacio expositivo de referencia para este tipo de turismo. La sala reúne desde antifaces usados en 1905 por asesinos hasta reproducciones policiales de las mochilas de los yihadistas del 7-J. También figuran un maletín con una jeringa disimulada para inyectar veneno a la víctima y el champán con que celebraron los ladrones el robo del tren de Glasgow. Toda una colección de objetos con historias truculentas que sirven como resquicio por donde espiar la mente criminal de quienes cometieron esos actos. Sin embargo, hasta el momento, sólo tienen acceso a él los oficiales de policía, estudiantes de la academia y los investigadores que tengan la necesidad de utilizar elementos del museo en vinculación con casos del presente.

Por ahora…

Las 7 mejores cabeceras de serie de la historia

Redacción TO

Foto: Adam Arkapaw
HBO

Aunque puede que muchas personas pasen por alto estas cabeceras, consumidos por la impaciencia, hambrientos de más episodios, algunas de ellas son obras maestras en sí mismas. La mayor parte de la selección corresponde a series de la última década, salvo por una honrosa excepción. Y aunque otras grandes cabeceras han quedado fuera, esta es sin duda una muestra representativa de la deslumbrante creatividad de las series televisivas norteamericanas, con las productoras Netflix y HBO a la cabeza.

A continuación, la lista:

True Detective (Temporada 1):

La serie de un macabro crimen por resolver es absorbente desde los títulos de crédito. Esta superposición de capas con vistas a escenas de vicio y paisajes de Lousiana sugiere un clima oscuro que luego se reafirma en este guión extraordinario de Nic Pizzolatto. La melodía de Far from any road, de The Handsome Family, hace el resto.

Stranger Things:

Los sintetizadores del opening consiguen ponernos los pelos de punta. Las aventuras de estos niños de Hawking, que habitan el pueblo remoto de Hawkins (y, según parece, otros territorios más hostiles), cohabitan a la perfección con la música de Survive, pero también con canciones que trasladan a otra época: Jefferson Airplane, The Clash, Echo & Bunnymen, Joy Division…

BoJack Horseman:

Esta no será probablemente una elección justa; se trata de la única serie de animación de la lista. Pero BoJack Horseman tiene un espíritu que la hace especial, con esa nostalgia de actor deprimido y venido a menos que se recluye en el alcohol y las drogas y las fiestas salvajes en una mansión que preside una colina de Hollywoo (así, sin la D). La música es obra de Patrick Carney. Ajá, el batería de los Black Keys.

Los Soprano:

El recorrido de Tony Soprano, puro en mano, hasta las calles de Nueva Jersey, bordeando la grandilocuente Nueva York, como diciendo ‘Estas son mis calles, aquí mando yo’. Una serie que marcó a una época y a una generación y que imprime su esencia en esta cabecera, donde resulta imposible no reconocer la canción Woke up this morning, de Alabama 3.

“…and mama always said
you’d be the chosen one”.

Mad Men:

Apenas supera el medio minuto y parece revelar un final anticipado, con Don Draper, el protagonista, descendiendo a los infiernos o, simplemente, lanzándose por la ventana. En cualquier caso, es una de las cabeceras más evocadoras que se haya visto y la canción A beautiful mine, de RJD2, acompaña en la travesía.

Vinyl:

El polvo del vinilo y la cocaína y los escenarios locos del rock and roll de los setenta visitados desde las entrañas en esta serie que no llegó muy lejos a pesar de tanta creatividad desbordante. Mick Jagger, Martin Scorsese, Terence Winter y Rich Cohe apostaron bien fuerte por ella, pero no fue suficiente. La canción Sugar Daddy, de Sturgill Simpson, es la dignísima antesala de lo que está por venir.

Breaking Bad:

Si algo puede decirse de esta cabecera es que va al grano, sin florituras. Es ingeniosa y creativa, un viaje breve por la tabla periódica que reúne la vida y muerte de esta serie que ha convertido la Química (y la metanfetamina) en temas casi ordinarios. La música, aunque simple, se instala en tu cabeza y no te abandona y, tras el episodio final, se convierte en algo más que una sintonía. La compuso, por cierto, Dave Porter.

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