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'Relatos de gente extraordinaria'...

Marta Ruiz-Castillo

Foto: Vicente Ruiz Aguarón

…el libro de un cooperante en África

Los relatos son los de personas anónimas que viven en África, en países castigados por la guerra, el hambre, la corrupción, la enfermedades y que, a pesar de eso, sonríen, juegan y miran agradecidos a cooperantes como Vicente Ruiz Aguarón que, con este libro, ha querido mostrar lo que ocurre en este Continente olvidado. Y lo ha hecho a través de fotografías sacadas con su cámara, instantáneas que no dejan indiferente a nadie porque en ellas se refleja la humanidad de gente única y excepcional. En The Objective, aprovechamos para darlo a conocer coincidiendo con el Día Internacional de la Solidaridad Humana.

Cuenta Tuco, como así le llaman los que le conocen, que desde pequeño sintió la necesidad de ayudar a las personas más vulnerables, pero no fue hasta los 25 años cuando empieza a encaminar sus pasos hacia lo que acabó convirtiéndose en su forma de vida. Su historia es también en cierto modo extraordinaria, aunque él no lo crea así, ya que estudió Dirección y Administración de Empresas en Oxford, Inglaterra, y la idea era que se dedicara al mundo de la empresa. Al acabar la carrera se va a Alemania a buscarse la vida y al cabo de unos meses, regresa a España donde empieza a trabajar en una multinacional. Pero entonces tuve como una especie de llamada, porque vi un anuncio en el que preguntaban: ¿quieres ser voluntario?. Y me dije que sí, que me gustaría ser voluntario, así que empiezo a moverme en el  mundo del voluntariado internacional”, nos cuenta. Consiguió una entrevista con la ONG África Directo y se va de voluntario a Malawi. “Con 25 años tengo mi primer impacto con África y es entonces cuando me entra lo que algunos llaman ‘el virus de África’ porque me enamoré del continente. Estuve en Malawi siete meses y ahí hice un voluntariado increíble. De hecho fue una de las experiencias más alucinantes de mi vida ya que, aunque luego he tenido muchas otras, fue la primera, en una ONG muy pequeñita, en un poblado perdido en Malawi, un país ya de por sí muy pobre”.

“Viajé a Malawi con 25 años como voluntario y me entró el ‘virus de África’, porque me enamoré del Continente”

Siete meses estuvo Tuco en este pequeño país africano. Al cabo de ese tiempo vuelve a Madrid y comienza a trabajar en una agencia de publicidad. “Regreso a España para saber si realmente esa experiencia que he tenido es lo que quiero hacer o es solamente algo pasajero, emocionante, y una locura de un chico de 25 años. Me sale trabajo en una agencia de publicidad, en la que estuve 11 meses, pero para mí fue un choque enorme. Llegué de Malawi para meterme en un mundo como el de la publicidad que es el otro extremo. De hecho, mis compañeros me llamaban ‘África corps’ porque estaba todo el día hablando de mis aventuras en Malawi,  así que durante esos 11 meses lo pasé bien, aprendí mucho pero yo ya estaba con el ‘virus’, así que no aguanté y le dije a mi jefe que me iba otra vez de cooperante”.

En la entrada de un colegio en Sierra leona, siempre en fila, esperaban para entrar en clase.
En la entrada del colegio en Makeni, Sierra Leona, los chicos y chicas esperan en fila para entrar en clase.

Esta vez se marcha a Brasil porque quería tener una experiencia nueva, diferente. Había estado en Malawi que es un país pobre, que no tiene nada, pero Tuco quería conocer un país con diferencias sociales y Brasil era perfecto, ya que era y es un país de contrastes donde el 80% de la población sólo tiene el 20% de la riqueza, el resto está en manos de unos pocos; quería conocer eso y quería aprender portugués porque es un idioma importante en el mundo de la cooperación y allí se fue.

“Es bastante divertido porque me ayudó Carlos Sobera que por aquel entonces era voluntario y es amigo de un amigo mío, quien le dijo que si podía presentarme a alguien de World Vision Internacional donde estaba Sobera, y así lo hizo. Entonces me enviaron a Recife de voluntario llevando un proyecto con jóvenes, en favelas y con comercio justo; estuve poco tiempo, cuatro o cinco meses, pero lo suficiente como para empezar a aprender de qué iba el mundo de la cooperación, porque en Malawi fue mi primera toma de contacto, pero en Brasil me profesionalicé y aprendí portugués, y eso me sirvió para, a al vuelta, empezar a buscar trabajo”.

Estamos hablando del 2004, el año del tsunami en Indonesia, y a Tuco le llamaron de varias ONGs, entre ellas, Médicos Sin Fronteras para ir al lugar del tsunami pero también le llamaron de Cruz Roja Española para un proyecto en Angola. “Decidí irme a África, porque ya sabía portugués y el proyecto era muy interesante; llevaba cuatro años y yo tenía que terminarlo. En Angola aprendí realmente lo que es la cooperación, y ahí fue donde decidí que era a lo que me quería dedicar“.

El recuerdo de las sucesivas guerras se aprecia en impactos como este en Kuito, Angola.
El recuerdo de las sucesivas guerras se aprecia en impactos como este en Kuito, Angola.

El libro, dice Vicente, tiene fotos de Angola porque se trata de un país con una historia muy difícil, inmersa en guerras sucesivas. Se independiza de los portugueses en el año 1975 después de una larga guerra, pero entonces comienza una guerra civil que se prolonga hasta el año 2002. “Un país que es de los más minados del mundo, donde contacto con Halo Trust, una ONG escocesa conocida porque Lady Di colaboraba con ellos, que se dedica a desminar países como Angola. Dicen que hay unos 17 millones de minas que no saben dónde están. Es un horror. La guerra acabó pero en realidad sigue presente porque los agricultores, las personas que quieren hacer su vida normal, no pueden. Con Cruz Roja íbamos de pueblo en pueblo junto con Naciones Unidas y otras ONGs y teníamos que informar de nuestras salidas porque era y sigue siendo muy peligroso recorrer el país. La gente se sigue muriendo por las minas”.

En Angola, Vicente trabaja en un proyecto “muy interesante”, de capacitación de gente joven, formando a niños que habían sufrido la guerra, en colaboración con los Ministerios de Salud y Educación del país. Después de un año, Cruz Roja envía a Tuco como cooperante a Sierra Leona para trabajar en un proyecto de gran envergadura de la Unión Europea, “donde me encuentro con otra realidad, como digo en el libro, por un lado muy diferente, pero también con muchas semejanzas con Angola”. Sierra Leona, ex colonia inglesa, rica en minerales y diamantes, es una de las víctimas del presidente de Liberia, el Señor de la Guerra, Charles McArthur Ghankay Taylor, que entrega armas a cambio de diamantes de sangre, lo que provocó una terrible guerra. Cuenta Vicente el horror que vio al llegar, la zona de los diamantes en Kono District o las personas, muchos de ellos niños, con miembros amputados.

El trabajo en las minas de diamantes en Kono District es durísimo, todo el día dentro del agua, a veces a temperaturas extremas.
El trabajo en las minas de diamantes en Kono District es durísimo, todo el día dentro del agua, a veces a temperaturas extremas.

Ahora está todo un poco más controlado, pero entonces una de las causas de la guerra fueron los diamantes y son miles las personas que han muerto por culpa de estas piedras preciosas. “Yo llegué en 2006 y hacía apenas tres o cuatro años que había acabado la guerra, estaban los Cascos Azules, la milicia africana que es como unos cascos azules pero de allí, y en Freetown, la capital de Sierra Leona, aún estaban los helicópteros de la ONU….en fin, que la guerra había terminado hacía poco y eso se notaba. Había mucho miedo de que pudieran estallar nuevas revueltas. Cruz Roja tenía muchos proyectos de agua y de educación, y yo trabajaba en el norte y en el este del país. Allí estuve un año y medio y fue una experiencia increíble”.

La mirada y la media sonrisa de esta niña angoleña llega al corazón.
La mirada y la media sonrisa de esta niña angoleña llega al corazón.

Las fotos del libro son de estos dos países, Sierra Leona y Angola, porque “allí encontré los contrastes de la gente: podías ver a una persona con la cara más triste que puedas imaginar pero también todos los días veías caras alegres, sonrisas”. Vicente no puede dejar de sonreír cuando nos cuenta, por ejemplo, cómo cuando vivía en Sierra Leona, todas las mañanas al irse a trabajar “venían un montón de niños y me decían ‘titi, titi’ y me agarraban por las piernas bromeando y jugando, así que yo llegaba a la oficina feliz, y a la salida me estaban esperando, venían a casa y hacíamos bollos o jugábamos”. “África es un país de niños. Tiene mucha natalidad, la esperanza de vida es muy corta y es un país muy joven, lleno de niños, así que todo el día estaba rodeado de ellos; fue una experiencia muy bonita pero al mismo tiempo muy dura“, comenta, “porque ves gente que lo ha perdido todo, enfermedades, índices de sida muy elevados”.

Las mujeres, las más excepcionales

De las cosas que más le llamó la atención es el papel de la mujer en todos los países en vías de desarrollo. En el libro habla de personas excepcionales y sin duda en el caso de las mujeres son realmente excepcionales porque son las que llevan la carga de todo(algunos son usted que hace la prostitución escorts Oxford), se ocupan de la familia, son las que van a buscar el agua, y todo ello con el estigma de ser mujeres en países principalmente machistas.

Las mujeres llevan el peso de la familia y de la vida y mantienen vivas las costumbres. Aquí, una muestra en Koidu área, Sierra Leona.
Las mujeres, desde niñas, participan de las costumbres tradicionales, como en Koidu área, Sierra Leona.

Vicente ha querido contar a través de su cámara el contraste de unos países donde es posible “ver la felicidad de una población frente a los restos de una pena que aún persiste, gente que te cuenta que todavía tiene pesadillas, compañeros de Cruz Roja en Sierra Leona que tienen metralla en el cuerpo, chicas que te cuentan cómo a sus madres las han violado delante de ellas”.

La vuelta a Occidente

Cuando le preguntamos cómo se lleva el choque emocional que, sin duda, supone vivir en España con todas la comodidades y vivir de cooperante en África, en países como Sierra Leona o Angola, o Malawi, donde no hay absolutamente nada, su respuesta es clara: “Mucha gente me dice: qué difícil es ir a África, y yo les digo, pues no imagináis qué difícil es volver”.

Un poblado en Keama, Sierra Leona, donde Cruz Roja tiene un programa de ayuda.
Un poblado en Keama, Sierra Leona, donde Cruz Roja tiene un programa de ayuda.

Vicente vive actualmente en Madrid pero admite que le costó dos años regresar psicológicamente. “Hay un desarraigo muy grande después de estar en países con muchas dificultades y durante tantos años. Tu vara de medir la realidad es totalmente diferente. La vida allí es tan dura y tan compleja, encuentras situaciones que, al principio, no puedes evitar llorar pero aprendes de alguna manera que tienes que ser fuerte porque cuanto más fuerte estés, más puedes ayudar y comprendes que no te puedes venir abajo”. Insiste en que “cuando regresas a tu casa no entiendes muchas cosas, porque aquí tenemos de todo y estamos todo el día quejándonos, cuando en esos países no tienen nada y no se quejan y siempre tienen una sonrisa. A mí me ha costado cerca de dos años entender algunas cosas pero, bueno, al final te adaptas”.

“Mucha gente me dice: qué difícil es ir a África, y yo les digo, pues no imagináis qué difícil es volver”

Hacer este libro era un compromiso que este cooperante que aún no ha cumplido los 40 años adquirió consigo mismo pero también con las personas que viven en África. Sonríe porque dice que le ha traído muchos recuerdos. “Ver esas miradas de personas con las que has jugado o has compartido mucho tiempo, te entra añoranza porque, dentro de su dificultad, son personas muy humanas y yo lo que echo un poco en falta aquí en Europa es esa humanidad. Ellos lo dan todo aún no teniendo nada“. Además, desde que estuvo en Malawi, Vicente siempre quiso dar a conocer al denominado primer mundo las vidas de personas anónimas y excepcionales que viven en país con grandes carencias por culpa de las guerras y la corrupción. “No sólo contarlo a mis amigos y familia sino al resto de la gente, que sepa que el porcentaje de gente que sufre a diario es muy muy elevada. Aquí no nos damos cuenta ni de lo que tenemos ni de lo que está pasando fuera. Eso me obsesiona desde el primer día que volví y con este libro, un poco lo que intento es plasmar pequeños relatos de esas sonrisas, de esos mercados, de esos paseos en mitad de la selva, pequeños relatos de personas que me parecen excepcionales a través de la fotografía, que es algo que me apasiona de toda la vida“. Es su manera de recompensar a todas esas gentes a las que ha tratado en África, que “me han dado veinte mil veces más de lo que yo he podido dar. Sólo el hecho de que vayas a trabajar y haya veinte niños esperándote para acompañarte todas las mañanas, o que vayas a un poblado y que estés trabajando para poner agua potable y lo que ves es a personas que se muestran felices porque estás allí ocupándote de ellos, eso no se paga con nada”. Esa experiencia plasmada ahora en este libro “te cambia la vida”.

Dos amigas posan para el fotógrafo en Kuito, Angola.
Dos amigas posan para el fotógrafo en Kuito, Angola.

“Te das cuenta cómo la visión de un occidental en África no tiene nada que ver con la de los africanos; no es ni mejor ni peor, sencillamente es diferente y lo cierto es que ellos te enseñan muchas cosas, y llegan a bromean con temas como la guerra que han padecido. Ellos mismos te hacen ver que aquello es otra cosa”, concluye Vicente mientras le vienen a la memoria numerosas anécdotas de “gente extraordinaria”. El libro se puede adquirir a través de la web (www.vicenteruizfotografo.com) ahora que se acercan las Navidades.

Vicente Ruiz Aguarón
Vicente Ruiz Aguarón.

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'Gigantes Descalzos', una lección documental contra la porno-pobreza

Clara Paolini

Foto: Álvaro Priante e Iván Roiz

“Todo parece imposible hasta que se hace”. Podemos pensar que es la típica frase positiva de Mr. Wonderful, demasiado inocente, azucarada y ridícula como para ser de utilidad. Pero también es posible, y recomendable, demostrar su veracidad mediante el ejemplo, descubriendo que el idealismo, el esfuerzo y afán de superación son más que un reclamo para vender tazas. Tanto Sergio Zúñiga como Álvaro Priante e Iván Roiz saben bien que todo parece imposible hasta que se hace, así que se pusieron manos a la obra. El primero, conocido como “el profe Sergio”, ha conseguido transformar el futuro de los niños de una comunidad indígena mexicana a través del baloncesto. Los segundos, codirectores de Gigantes Descalzos, han autofinanciado el documental que retrata su realidad desde la honestidad y el respeto.

Los pies descalzos sobre el parqué y la mirada puesta en la canasta. Son niños provenientes de un lugar marcado por la violencia, la pobreza y la marginalidad, pero su equipo supera contrincantes del mundo entero. Muy pocos conocían la existencia de la comunidad indígena Triqui, en el noroeste de Oaxaca, hasta que estos pequeños gigantes empezaron a ganar torneos internacionales de baloncesto. El equipo se convirtió en un fenómeno en México que pronto empezó a acaparar titulares, ofreciendo  todos los ingredientes de una historia de seducción mediática que no pasó desapercibida por los directores del documental.

En junio de 2014, Álvaro Priante escucha en la radio un programa deportivo mencionando el triunfo del equipo triqui. Contacta con Sergio Zúñiga,el entrenador que hace posible el éxito, le propone a Ivan Roiz hacer un tándem para filmar la historia y, en diciembre del mismo año, ya están en un avión rumbo a Oaxaca, a punto de filmar las imágenes que germinarían en Gigantes Descalzos. Tras el vuelo, Priante y Roiz emprenden un viaje de 7 horas en furgoneta hasta llegar al remoto lugar que vio nacer a los héroes que triunfan en la cancha. Los directores aún no saben que la película que se disponen a filmar inauguraría la undécima edición del Festival MiradasDoc, que ganaría el Premio a la Mejor Película Nacional en el BCN Sports Film Festival ni el Premio del Público en DocMX; desconocen que durante el 2017 pasarían por la Seminci y festivales en Francia, Italia, Colombia… Nos saben que es una película que servirá de aprendizaje a los niños españoles. Por aquel entonces, no saben siquiera, en qué resultará su intuición. Priante cuenta que el documental nace de “una corazonada y también por pesao”. Según comenta Roiz, “muy mal se nos tenía que dar como para no sacar nada de esta historia”.

'Gigantes Descalzos', una lección documental contra la porno-pobreza 1
La cocina de Elsa, la madre triqui de un campeón de baloncesto. | Foto: Álvaro Priante e Iván Roiz

En las canchas de una poblado perdido entre Guerrero y Oaxaca les recibe el “profe Sergio”. Él el artífice de un proyecto que busca mejorar la integración, garantizar la educación y proveer de mínimas condiciones de vida a los niños de una de las poblaciones más desfavorecidas de México a través del deporte. Ahora, gracias a sus inagotables esfuerzos detrás de la Asociación de Basquetbol Indígena de México (ABIM), los niños triquis no sólo disfrutan de tres comidas diarias, sino que viajan por todo el mundo jugando a ganar. Zúñiga es la prueba viviente de que, con voluntad, es posible cambiar vidas, a pesar de la falta de apoyo gubernamental y financiero.

“El mensaje que transmite es que es posible cambiar las cosas. Se puede producir un proceso de transformación social desde las condiciones que sean mediante el esfuerzo, dedicación y tiempo. Se pueden conseguir resultados y lo que mas feliz nos hace es trasmitir ese mensaje positivo”, comenta Iván Roiz. El optimismo de los personajes surca el documental dejando una profunda marca de esperanza, pero la realidad, sin embargo, no carece de dureza. “Cuanto más remota y más pobre es la región, más dura es la realidad y en Oaxaca, menos narco, hay de todo. A mitad de rodaje iban apareciendo temas paralelos difíciles de tratar: violencia de todo tipo, enfrentamientos con el estado, guerrillas, tensiones familiares…. Lo filmamos todo, pero preferimos editar en montaje los elementos, presentando pinceladas sin desviarnos de la trama principal”, comenta Priante.

Muchos han acertado en señalar esta característica como uno de los principales logros del film: No cae en la llamada “porno-pobreza”, porque tal y como señala Roiz, “no quisimos seguir escarbando en la pobreza desde la parte negativa para convertirla en espectáculo, sino proponer una historia real que ha dado resultados positivos”. La película abre la mirada del espectador sin caer en el paternalismo, conciencia sin pontificar y aporta un retrato real que dignifica a sus protagonistas. Como consecuencia, el espectador empatiza y descubre otras vivencias, siendo la audiencia más joven la que mayor riqueza extrae del visionado.

Durante la programación de MiradasDoc, más de 1.000 niños de todas las edades tuvieron la oportunidad de ver Gigantes Descalzos y ambos directores coinciden en señalar lo gratificante de la experiencia: “Ven niños como ellos en condiciones muy diferentes y preguntan desde la inocencia. Por ejemplo preguntan cómo se llamaba determinado chaval, o cuántos años tiene la amiga que ha tenido un bebé. Se dan cuenta que uno de los personajes tiene la misma edad, que por ejemplo una es madre y se impresionan. El acercamiento del documental a este tipo de audiencias contribuye a que se interesen por la realidad más allá del puro entretenimiento”.

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“La audiencia infantil empatiza cuando ve niños de su propia edad en otra situación”. | Foto: Álvaro Priante e Iván Roiz

Antes del documental, otros muchos periodistas y reporteros habían visitado la comunidad en busca de capturar la historia, pero nadie se quedaba mas de 3 o 4 días. “Cuando vieron que nos quedábamos semanas les extrañó, pero sólo así conseguimos esa cercanía que te da el tiempo, durmiendo allí, comiendo juntos. Es la única manera de acercarte a las personas y ganar su confianza. Hay que compartir la ilusión, ir con el corazón abierto y mostrar honestidad”, apunta Roiz como clave indispensable para el género documental.

Lejos de ser una superproducción apoyada desde los engranajes de la industria, el camino de Gigantes Descalzos no ha sido fácil: “Todo, desde el primer documento en un Word, hasta la copia en DCP que se va a proyectar mañana en el cine, está hecho, pagado y financiado por nosotros”, asegura Priante, quien también destaca la altruista colaboración de todo aquel que se cruzaba con el proyecto. Tirando de los ahorros, amigos y suerte, la pareja ha conseguido sacar adelante un film cuyo presupuesto ronda los 120.000€. “En México contactamos con una escuela audiovisual que nos prestó material y la colaboración de los estudiantes. Sin esperarlo, conseguimos formar un equipo de 6 personas y hay muchas cosas que a nosotros no nos han costado dinero, como salas de edición, sonido, música…”. Todo parece posible contagiando el entusiasmo compartido.

Para Iván Roiz, su experiencia supone una lección: “Personalmente, haber estado tres años sin financiación ni apoyos externos, me ha enseñado que si te empeñas acabas la película. A veces nos ponemos nuestro propios limites y en el fondo no hay por qué tenerlos. Si este proyecto ha salido tan bien es porque parte de la emoción y la ilusión. Tanto por ellos, los niños indígenas y el profe Sergio, que lo hacen todo desde el corazón y las entrañas, como de la gente a la que motivamos para el proyecto, que se ha conseguido empapar de ese espíritu. Compartimos tiempo, compartimos horas e ilusión, y eso se nota en el resultado”.

Cuando Sergio Zúñiga inició su proyecto, nadie pensó que tirar canastas pudiera contribuir a una mejor educación. Era dudoso que el esfuerzo invertido consiguiera cambiar la desfavorable situación de la comunidad indígena. Quién iba a pensar que merecía la pena, que jugando cambiaran las perspectivas de futuro. Nadie apostaba por los niños triqui. Pero ganaron, en todos los sentidos. Tampoco apostó ninguna productora por un documental que narrara su historia, pero se hizo, se difunde y se disfruta con cada nuevo visionado. A fin de cuentas, todo parece imposible hasta que se hace.

Gigantes Descalzos // Teaser – ESP
from Ivan Roiz on Vimeo.

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Por qué la humanidad vive mejor que nunca

Luís Torras

Foto: KIM KYUNG-HOON
Reuters

La idea de la insostenibilidad del crecimiento por el crecimiento ganó fuerza con la crisis del petróleo de 1973. Fue el despertar. Sucedió poco después de que, a finales de los años 60, el entomólogo de la Universidad de Stanford Paul Elrich escribiera The Population Bomb, donde abogaba por poner límites al crecimiento como forma de salvar a la raza humana de una supuesta hambruna a la que llevaría el incremento constante de la población. No era una idea nueva. El mismo miedo lo había tenido ya el clérico británico Thomas Malthus en el siglo XVIII.

Cuando Malthus escribió su tesis en 1779, la población mundial no alcanzaba los 1.000 millones, la pobreza era la condición natural de prácticamente todos, la alfabetización estaba reservada a una estricta minoría, la esperanza de vida apenas llegaba a los 35 años -con una mortalidad infantil altísima- y tales eran las condiciones que incluso el Rey de Francia tenía que hacer sus necesidades en las esquinas de los pasillos de Versalles. Hoy, la población mundial supera los 7.000 millones de almas y, como nos recuerda y expone con brillantez Johan Norberg, vivimos mejor que nunca. La pobreza se ha reducido como nunca antes en la historia de la humanidad, hemos conseguido que la pobreza extrema -vivir con menos de un dólar al día- afecte a tan solo un 10% de la población mundial, el analfabetismo solo afecta a un 16% de la población mundial y el conjunto de las mejoras en la alimentación, la sanidad y la higiene han permitido incrementar la esperanza de vida hasta los 72 años, entre otras mejoras notables.

Porcentaje de población viviendo en la pobreza absoluta, 1820-2015
Distintos indicadores muestran cómo ha descendido la pobreza en los últimos 200 años. | Foto: OneWorldInData.org vía World Economic Forum en español

Todos estos datos los recoge con gran rigor Norberg en su magnífico libro Progreso. 10 razones para mirar al futuro con optimismo, editado por Deusto y con apadrinamiento de Value School y el Instituto Juan de Marian. Se trata de un libro en clave divulgativa que permite tomar perspectiva del estado del mundo para aproximar con mayor solvencia qué podemos esperar del futuro. El libro de Norberg incluye altas dosis de Historia y también de Teoría, siguiendo la dicotomía del economista vienés Ludwig von Mises. Teoría que nos ofrece una visión sintética de las principales métricas que ayudan a evaluar el progreso de la humanidad en estos últimos 200 y pico años, básicamente desde la Revolución Industrial europea, y algunas pinceladas, aunque sea de forma somera, sobre por qué mejoramos.

Una de las grandes virtudes del libro es su síntesis y brevedad; el autor se apoya en muchos de los grandes economistas y pensadores del momento

Norberg resume los avances de la humanidad en cuanto a alimentación, saneamiento -acceso a agua corriente-, esperanza de vida, violencia, medio ambiente, alfabetización, libertad e igualdad. Muchas de estas tendencias se retroalimentan entre sí: una mejor alimentación, fruto del avance tecnológico y científico, repercute positivamente en una mayor esperanza de vida y un menor impacto negativo en el medio ambiente. Todo lo anterior incide en un mayor acumulación de capital, tanto físico como humano -pensemos en la educación-, lo que tiene a su vez se relaciona positivamente con la reducción de la violencia o en alumbrar sociedades más libres y equitativas. En cada uno de estos capítulos, el autor sueco intercala elementos ligados con la evolución histórica, y una explicación de por qué se sucede esta evolución.

Esperanza de vida en Inglaterra y Gales, 1700-2000
La esperanza de vida incrementa con las mejoras en la alimentación, higiene y sanidad. | Foto: OneWorldInData.org vía World Economic Forum en español

A través de las páginas y apoyándose en los datos empíricos y con casos prácticos (sobre la importante evolución reciente de la India, China y muchas partes de África), Norberg descubre al lector los conceptos que hay detrás de todos estos avances. Los derechos de propiedad, el imperio de la ley, la solidez institucional o la libertad de empresa son solo algunas de las grandes ideas detrás de la gran conquista del progreso por parte de la humanidad. Una conquista, además, relativamente reciente. Norberg nos muestra como el discurso neomalthusiano infravalora de manera sistemática los incentivos y la capacidad creativa, inventiva, de solucionar los problemas de la humanidad. Nuestra imaginación es infinita. Reagan es quizás el que lo expuso de manera más clara cuando dijo: “No existen los límites al crecimiento porque la capacidad de invención del hombre es infinita”. Reagan hacía suyas las tesis de Julian Simon, que citaba en el frontispicio de este articulo, explicadas en The Ultimate Resource, libro en la misma tradición intelectual que el de Norberg, que este último actualiza, amplía y mejora.

Sin voluntad de ser exhaustivo, una de las grandes virtudes del libro es su síntesis y brevedad; el autor se apoya en muchos de los grandes economistas y pensadores del momento. Además del citado Simon, sobre las mejoras en temas de alimentación y pobreza, Norberg cita los trabajos clásicos de Robert Fogel o Angus Deaton, este último Nobel de Economía, Steven Pinker en temas de violencia, o Bill Easterly, entre muchos otros, cuando habla de la evolución en la esperanza de vida. Muchos de los gráficos y datos han estado trabajados por Max Roser, líder del proyecto Our World In Data, página imprescindible para tomar conciencia de forma rápida y gráfica de cómo ha mejorado el mundo en los dos últimos siglos.

“El principal combustible para acelerar el progreso mundial es nuestra reserva de conocimiento, y el freno es nuestra falta de imaginación”.

–  Julian Simon, The State of Humanity (1995)

Artículo publicado originalmente en el World Economic Forum en español.

Continúa leyendo: ¿A dónde va a parar el dinero de Movember?

¿A dónde va a parar el dinero de Movember?

Lidia Ramírez

Foto: David Málaga
The Objective

Durante el mes de noviembre cada vez es más habitual ver a hombres con pintorescos bigotes de curiosas formas, colores y tamaños. Durante 30 días el bigote se convierte en un anuncio que camina y habla abogando por la salud masculina.

Con el objetivo de impulsar una vida más feliz, saludable y duradera para los hombres llegó a España hace ya 11 años Movember Foundation, la única organización benéfica internacional que se centra exclusivamente en la salud masculina y que nació en Australia en 2003 con el objetivo de concienciar sobre la salud de los hombres, según Movember, en crisis (más de 500.000 hombres se quitan la vida cada año en todo el mundo). El Mo, como la fundación ha renombrado al bigote, es el emblema de la Movember Foundation. En este sentido, el mostacho es usado como anuncio andante por el bienestar de los hombres. 

Los MoBros y las MoSistas, como se conoce a los hombres y mujeres que apoyan este movimiento, recaudan fondos a través de eventos que tienen lugar desde el 1 hasta el 30 de noviembre para acelerar la investigación de enfermedades que afectan a los hombres, como el cáncer de próstata y el de testículos.  “Puede ser un torneo de golf, una noche de música o una cena. Lo importante es hacer ruido e impedir que los hombres mueran demasiado jóvenes”, apuntan desde la asociación. Además, cada MoBros y MoSistas dispone de una cuenta en la web donde explican su causa y en la que cualquier persona puede colaborar con una aportación económica.

¿A dónde va a parar el dinero de Movember? 1Uno de los MoBros españoles David Málaga posando para su nueva campaña de Movember. | Foto cedida por David Málaga

Desde 2003, Movember Fundation ha recolectado más de 597 millones de euros en todo el mundo “gracias al apoyo abrumador de nuestra comunidad”, cuenta a The Objective Michael Fischer, responsable de comunicación de la fundación. En concreto, en España, desde el inicio, millones de personas se han volcado con la causa con una recaudación que a día de hoy supera el millón de euros. Para este año, según Fischer, el objetivo es similar al de años anteriores –en 2016, Movember Foundation recaudó 302.945 euros– “hacer que los hombres hablen y actúen por su salud. Queremos que los chicos vivan vidas más saludables, felices y largas. Y a la larga que dejen de morir demasiado jóvenes”.

Uno de los MoBros que este año participa recaudando fondos es David Málaga, un salmantino de 35 años a quien en junio de 2016 le detectaron cáncer testicular. “Fue a raíz de mi enfermedad que me di cuenta que hay muy poca información sobre ciertas enfermedades masculinas. Los hombres estamos muy perdidos en estos temas“. Por ello es que David decidió participar en Movember recaudando fondos con la intención de concienciar sobre temas como cáncer de próstata, cáncer de testículo, depresión masculina y similares​ y recaudar dinero para a las instituciones dedicadas a luchar contra estos problemas. “Hay mucho desconocimiento sobre estas enfermedades”, insiste, “en mi caso me encontré muy perdido”.

Este es el segundo año de David como MoBros. En 2016 recaudó unos 1.500 euros. En esta campaña el salmantino ha organizado un evento que tendrá lugar el próximo 23 de noviembre en El Perla Bar con el que pretende alcanzar un objetivo de 500 euros.
¿A dónde va a parar el dinero de Movember? 2

En qué proyectos se ha invertido el dinero recaudado en España

En España, desde el inicio de la fundación en 2006, se ha recaudado más de un millón de euros con los cuales “la Movember Foundation ha financiado numerosos proyectos”. El responsable de comunicación nos enumera los siguientes:

Proyecto de biomarcadores GAP 1:

Investigadores locales desarrollarán mejores pruebas que distingan con mayor precisión entre las formas de cáncer de próstata agresivas y de bajo riesgo para que los tratamientos se puedan adaptar de acuerdo con el tipo de cáncer que tenga un hombre. El proyecto ya se completó.

Iniciativa de resultados del cáncer de próstata:

España también forma parte de Prostate Cancer Outcomes: un proyecto internacional que trabaja para mejorar los resultados en hombres con cáncer avanzado de próstata. “La visión de la iniciativa es describir las variaciones en el manejo del paciente, las experiencias y los resultados en una población global representativa de pacientes con cáncer de próstata avanzado”, nos cuenta Michael Fischer.

Prueba GAP5 TIGER:

España contribuirá con los pacientes al ensayo TIGER. Los investigadores locales trabajarán en este gran ensayo clínico multinacional “para investigar los mejores tratamientos para los hombres que muestran una recaída de cáncer testicular, a pesar de haber recibido quimioterapia”.

Así, desde Movember Fundation lanzan un mensaje claro: “los hombres están haciendo frente a una crisis sanitaria de la que no se habla. Están muriendo demasiado jóvenes, antes de tiempo. Es hora de unirse al movimiento”.

Continúa leyendo: Una mayor capacidad cognitiva y otras muchas ventajas de ser bilingüe

Una mayor capacidad cognitiva y otras muchas ventajas de ser bilingüe

Alex Gray

Foto: ALBERT GEA
Reuters

La capacidad de hablar dos o más idiomas con el mismo nivel de fluidez es algo que suele llamar la atención. Sobre el bilingüismo se han generado a lo largo de los años numerosos mitos y, sobre todo, dudas sobre los beneficios de enseñar varios idiomas a la vez a los niños. Un libro publicado recientemente desmiente varios de los mitos generados alrededor de las personas bilingües y asegura que los niños que hablan dos idiomas tienen una mejor capacidad cognitiva que el resto.

“Había una vez en que también creíamos que el mundo era plano”, comenta el doctor Mariano Sigman, neuroinvestigador y autor de un nuevo libro sobre los misterios del cerebro, en una entrevista con el Foro Económico Mundial. Su libro, La vida secreta de la mente, echa por tierra este mito y explora, entre otras cosas, la capacidad cognitiva aumentada de los niños bilingües.

Sigman afirma que los bebés que crecen bilingües tienen funciones cerebrales superiores a las de los niños monolingües, porque tienen un mejor “control cognitivo”. “El control cognitivo tiene muchos aspectos”, explica. “Tales como la capacidad de prestar atención, de planificar y de cambiar fácilmente de una tarea a otra”.

“Una de las cosas que más se han estudiado sobre el bilingüismo es la capacidad de cambiar de una tarea a otra de los niños bilingües, que supera consistentemente a la de los niños monolingües”, dice. Lo mismo sucede con los adultos, y  Sigman destaca este hecho en su libro mencionando varios experimentos, en los que se ha evaluado su actividad cerebral mientras realizaban un cambio de tarea.

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Los niños bilingües tienen mejores capacidades cognitivas que los monolingües. | Foto: Khalil Ashawi/ Reuters

En un estudio, los participantes debían mirar una secuencia de objetos parpadeando rápidamente en el centro de una pantalla. Después se les pedía que respondieran con un botón si el objeto era rojo, y con otro botón si era azul. Súbitamente, se les pidió a los participantes que olvidaran el color y respondieran usando los mismos botones, pero sobre la forma del objeto.  “Las personas bilingües tendieron a cambiar entre las dos respuestas más rápido que las monolingües”, dice Sigman.

Cuando se midió su actividad cerebral, se comprobó que estaban utilizando la red de lenguaje en el cerebro. En otras palabras, la habilidad de su cerebro para cambiar entre idiomas resultó útil para otros tipos de tareas.

El control cognitivo y el éxito

“Muchos estudios realizados en niños vulnerables muestran que la probabilidad de tener éxito en la sociedad desde una perspectiva económica está estrechamente relacionada con el control cognitivo”, explica Sigman.

En muchos países, hay intervenciones gubernamentales que apuntan al control cognitivo, como la atención, la flexibilidad y la planificación. La capacidad de esperar algo con paciencia, sin precipitarse por alcanzar una satisfacción inmediata; controlar la propia mente.

“Las personas que tienen un buen control cognitivo tienen buen resultado en la escuela y, por lo general, encuentran mejores trabajos y son más saludables. Tienen mejor inserción social”, añade.

Desmontando mitos

El hecho de que los niños puedan confundirse si aprenden dos idiomas a la vez no es el único mito, según Sigman.

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Los bebés tienen una gran capacidad para reconocer las expresiones faciales. | Foto: Matthias Rietschel/ AP

“Otro mito sobre el bilingüismo es que diferentes personas deben ser consistentes y hablar un solo idioma; por ejemplo, una madre francesa solo debe hablar francés con su hijo; o el niño solo debería hablar español en la escuela e inglés en casa”. Pero esto no es cierto. Los bebés tienen una gran habilidad para detectar las señales faciales que indican qué idioma está hablando una persona, lo que significa que los bebés desarrollan un gran talento que les permite entender el contexto.

Ventajas de ser bilingüe 

Son varios los estudios que han discutido el caso del bilingüismo, sobre si, por ejemplo, ayuda a los niños a desarrollar mayor empatía, porque pueden ver las cosas desde una perspectiva diferente a la de ellos.

Por ejemplo, en un estudio, un adulto le pidió a un niño que le pasara un pequeño coche de juguete. Había tres coches de juguete, pequeños, medianos y grandes, pero el adulto solo podía ver los medianos y grandes. Los niños bilingües eran más propensos a elegir el coche de tamaño mediano, porque sabían que el adulto no podía ver el más pequeño. Este estudio demostró también que los niños no tenían que ser bilingües para desempeñarse mejor en la prueba: estar expuestos a otro idioma era suficiente.

La investigación sugiere además que ser capaz de hablar más de un idioma podría también retrasar la aparición de la enfermedad de Alzheimer.

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Estos son los beneficios de ser bilingüe. | Gráfico: World Economic Forum

Los niños bilingües incluso perciben el tiempo de manera diferente, y puede ayudarlos a que se acostumbren a la diversidad y a diferentes culturas.

Por todos estos motivos, Sigman concluye que “tal vez deberíamos promover el bilingüismo”. “En medio de tantos métodos menos eficaces y más costosos de estimular el desarrollo cognitivo, esta es una manera mucho más sencilla, más hermosa y duradera de hacerlo”, añade.

Sigman manifiesta también que hay que ser prudentes. “Hacer experimentos de bilingüismo no es fácil, ya que es difícil controlar otras variables, como las diferencias culturales”, explica. “Si bien ser bilingüe parece ser una buena manera de mantener la mente sana, no significa que automáticamente no se sufrirá de demencia, o que se tendrá un buen control cognitivo. El bilingüismo es sin duda un factor que contribuye, pero es solo uno en medio de muchos otros factores”.

En otras palabras, el cerebro es un órgano particularmente complejo y enigmático. “Y estamos muy lejos de entender el funcionamiento completo del cerebro”, agrega. “Es como el universo: cuanto más aprendemos, más comprendemos que hay mucho más que aprender.”

Artículo publicado originalmente en el World Economic Forum en español.

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