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'Relatos de gente extraordinaria'...

Marta Ruiz-Castillo

Foto: Vicente Ruiz Aguarón

…el libro de un cooperante en África

Los relatos son los de personas anónimas que viven en África, en países castigados por la guerra, el hambre, la corrupción, la enfermedades y que, a pesar de eso, sonríen, juegan y miran agradecidos a cooperantes como Vicente Ruiz Aguarón que, con este libro, ha querido mostrar lo que ocurre en este Continente olvidado. Y lo ha hecho a través de fotografías sacadas con su cámara, instantáneas que no dejan indiferente a nadie porque en ellas se refleja la humanidad de gente única y excepcional. En The Objective, aprovechamos para darlo a conocer coincidiendo con el Día Internacional de la Solidaridad Humana.

Cuenta Tuco, como así le llaman los que le conocen, que desde pequeño sintió la necesidad de ayudar a las personas más vulnerables, pero no fue hasta los 25 años cuando empieza a encaminar sus pasos hacia lo que acabó convirtiéndose en su forma de vida. Su historia es también en cierto modo extraordinaria, aunque él no lo crea así, ya que estudió Dirección y Administración de Empresas en Oxford, Inglaterra, y la idea era que se dedicara al mundo de la empresa. Al acabar la carrera se va a Alemania a buscarse la vida y al cabo de unos meses, regresa a España donde empieza a trabajar en una multinacional. Pero entonces tuve como una especie de llamada, porque vi un anuncio en el que preguntaban: ¿quieres ser voluntario?. Y me dije que sí, que me gustaría ser voluntario, así que empiezo a moverme en el  mundo del voluntariado internacional”, nos cuenta. Consiguió una entrevista con la ONG África Directo y se va de voluntario a Malawi. “Con 25 años tengo mi primer impacto con África y es entonces cuando me entra lo que algunos llaman ‘el virus de África’ porque me enamoré del continente. Estuve en Malawi siete meses y ahí hice un voluntariado increíble. De hecho fue una de las experiencias más alucinantes de mi vida ya que, aunque luego he tenido muchas otras, fue la primera, en una ONG muy pequeñita, en un poblado perdido en Malawi, un país ya de por sí muy pobre”.

“Viajé a Malawi con 25 años como voluntario y me entró el ‘virus de África’, porque me enamoré del Continente”

Siete meses estuvo Tuco en este pequeño país africano. Al cabo de ese tiempo vuelve a Madrid y comienza a trabajar en una agencia de publicidad. “Regreso a España para saber si realmente esa experiencia que he tenido es lo que quiero hacer o es solamente algo pasajero, emocionante, y una locura de un chico de 25 años. Me sale trabajo en una agencia de publicidad, en la que estuve 11 meses, pero para mí fue un choque enorme. Llegué de Malawi para meterme en un mundo como el de la publicidad que es el otro extremo. De hecho, mis compañeros me llamaban ‘África corps’ porque estaba todo el día hablando de mis aventuras en Malawi,  así que durante esos 11 meses lo pasé bien, aprendí mucho pero yo ya estaba con el ‘virus’, así que no aguanté y le dije a mi jefe que me iba otra vez de cooperante”.

En la entrada de un colegio en Sierra leona, siempre en fila, esperaban para entrar en clase.
En la entrada del colegio en Makeni, Sierra Leona, los chicos y chicas esperan en fila para entrar en clase.

Esta vez se marcha a Brasil porque quería tener una experiencia nueva, diferente. Había estado en Malawi que es un país pobre, que no tiene nada, pero Tuco quería conocer un país con diferencias sociales y Brasil era perfecto, ya que era y es un país de contrastes donde el 80% de la población sólo tiene el 20% de la riqueza, el resto está en manos de unos pocos; quería conocer eso y quería aprender portugués porque es un idioma importante en el mundo de la cooperación y allí se fue.

“Es bastante divertido porque me ayudó Carlos Sobera que por aquel entonces era voluntario y es amigo de un amigo mío, quien le dijo que si podía presentarme a alguien de World Vision Internacional donde estaba Sobera, y así lo hizo. Entonces me enviaron a Recife de voluntario llevando un proyecto con jóvenes, en favelas y con comercio justo; estuve poco tiempo, cuatro o cinco meses, pero lo suficiente como para empezar a aprender de qué iba el mundo de la cooperación, porque en Malawi fue mi primera toma de contacto, pero en Brasil me profesionalicé y aprendí portugués, y eso me sirvió para, a al vuelta, empezar a buscar trabajo”.

Estamos hablando del 2004, el año del tsunami en Indonesia, y a Tuco le llamaron de varias ONGs, entre ellas, Médicos Sin Fronteras para ir al lugar del tsunami pero también le llamaron de Cruz Roja Española para un proyecto en Angola. “Decidí irme a África, porque ya sabía portugués y el proyecto era muy interesante; llevaba cuatro años y yo tenía que terminarlo. En Angola aprendí realmente lo que es la cooperación, y ahí fue donde decidí que era a lo que me quería dedicar“.

El recuerdo de las sucesivas guerras se aprecia en impactos como este en Kuito, Angola.
El recuerdo de las sucesivas guerras se aprecia en impactos como este en Kuito, Angola.

El libro, dice Vicente, tiene fotos de Angola porque se trata de un país con una historia muy difícil, inmersa en guerras sucesivas. Se independiza de los portugueses en el año 1975 después de una larga guerra, pero entonces comienza una guerra civil que se prolonga hasta el año 2002. “Un país que es de los más minados del mundo, donde contacto con Halo Trust, una ONG escocesa conocida porque Lady Di colaboraba con ellos, que se dedica a desminar países como Angola. Dicen que hay unos 17 millones de minas que no saben dónde están. Es un horror. La guerra acabó pero en realidad sigue presente porque los agricultores, las personas que quieren hacer su vida normal, no pueden. Con Cruz Roja íbamos de pueblo en pueblo junto con Naciones Unidas y otras ONGs y teníamos que informar de nuestras salidas porque era y sigue siendo muy peligroso recorrer el país. La gente se sigue muriendo por las minas”.

En Angola, Vicente trabaja en un proyecto “muy interesante”, de capacitación de gente joven, formando a niños que habían sufrido la guerra, en colaboración con los Ministerios de Salud y Educación del país. Después de un año, Cruz Roja envía a Tuco como cooperante a Sierra Leona para trabajar en un proyecto de gran envergadura de la Unión Europea, “donde me encuentro con otra realidad, como digo en el libro, por un lado muy diferente, pero también con muchas semejanzas con Angola”. Sierra Leona, ex colonia inglesa, rica en minerales y diamantes, es una de las víctimas del presidente de Liberia, el Señor de la Guerra, Charles McArthur Ghankay Taylor, que entrega armas a cambio de diamantes de sangre, lo que provocó una terrible guerra. Cuenta Vicente el horror que vio al llegar, la zona de los diamantes en Kono District o las personas, muchos de ellos niños, con miembros amputados.

El trabajo en las minas de diamantes en Kono District es durísimo, todo el día dentro del agua, a veces a temperaturas extremas.
El trabajo en las minas de diamantes en Kono District es durísimo, todo el día dentro del agua, a veces a temperaturas extremas.

Ahora está todo un poco más controlado, pero entonces una de las causas de la guerra fueron los diamantes y son miles las personas que han muerto por culpa de estas piedras preciosas. “Yo llegué en 2006 y hacía apenas tres o cuatro años que había acabado la guerra, estaban los Cascos Azules, la milicia africana que es como unos cascos azules pero de allí, y en Freetown, la capital de Sierra Leona, aún estaban los helicópteros de la ONU….en fin, que la guerra había terminado hacía poco y eso se notaba. Había mucho miedo de que pudieran estallar nuevas revueltas. Cruz Roja tenía muchos proyectos de agua y de educación, y yo trabajaba en el norte y en el este del país. Allí estuve un año y medio y fue una experiencia increíble”.

La mirada y la media sonrisa de esta niña angoleña llega al corazón.
La mirada y la media sonrisa de esta niña angoleña llega al corazón.

Las fotos del libro son de estos dos países, Sierra Leona y Angola, porque “allí encontré los contrastes de la gente: podías ver a una persona con la cara más triste que puedas imaginar pero también todos los días veías caras alegres, sonrisas”. Vicente no puede dejar de sonreír cuando nos cuenta, por ejemplo, cómo cuando vivía en Sierra Leona, todas las mañanas al irse a trabajar “venían un montón de niños y me decían ‘titi, titi’ y me agarraban por las piernas bromeando y jugando, así que yo llegaba a la oficina feliz, y a la salida me estaban esperando, venían a casa y hacíamos bollos o jugábamos”. “África es un país de niños. Tiene mucha natalidad, la esperanza de vida es muy corta y es un país muy joven, lleno de niños, así que todo el día estaba rodeado de ellos; fue una experiencia muy bonita pero al mismo tiempo muy dura“, comenta, “porque ves gente que lo ha perdido todo, enfermedades, índices de sida muy elevados”.

Las mujeres, las más excepcionales

De las cosas que más le llamó la atención es el papel de la mujer en todos los países en vías de desarrollo. En el libro habla de personas excepcionales y sin duda en el caso de las mujeres son realmente excepcionales porque son las que llevan la carga de todo(algunos son usted que hace la prostitución escorts Oxford), se ocupan de la familia, son las que van a buscar el agua, y todo ello con el estigma de ser mujeres en países principalmente machistas.

Las mujeres llevan el peso de la familia y de la vida y mantienen vivas las costumbres. Aquí, una muestra en Koidu área, Sierra Leona.
Las mujeres, desde niñas, participan de las costumbres tradicionales, como en Koidu área, Sierra Leona.

Vicente ha querido contar a través de su cámara el contraste de unos países donde es posible “ver la felicidad de una población frente a los restos de una pena que aún persiste, gente que te cuenta que todavía tiene pesadillas, compañeros de Cruz Roja en Sierra Leona que tienen metralla en el cuerpo, chicas que te cuentan cómo a sus madres las han violado delante de ellas”.

La vuelta a Occidente

Cuando le preguntamos cómo se lleva el choque emocional que, sin duda, supone vivir en España con todas la comodidades y vivir de cooperante en África, en países como Sierra Leona o Angola, o Malawi, donde no hay absolutamente nada, su respuesta es clara: “Mucha gente me dice: qué difícil es ir a África, y yo les digo, pues no imagináis qué difícil es volver”.

Un poblado en Keama, Sierra Leona, donde Cruz Roja tiene un programa de ayuda.
Un poblado en Keama, Sierra Leona, donde Cruz Roja tiene un programa de ayuda.

Vicente vive actualmente en Madrid pero admite que le costó dos años regresar psicológicamente. “Hay un desarraigo muy grande después de estar en países con muchas dificultades y durante tantos años. Tu vara de medir la realidad es totalmente diferente. La vida allí es tan dura y tan compleja, encuentras situaciones que, al principio, no puedes evitar llorar pero aprendes de alguna manera que tienes que ser fuerte porque cuanto más fuerte estés, más puedes ayudar y comprendes que no te puedes venir abajo”. Insiste en que “cuando regresas a tu casa no entiendes muchas cosas, porque aquí tenemos de todo y estamos todo el día quejándonos, cuando en esos países no tienen nada y no se quejan y siempre tienen una sonrisa. A mí me ha costado cerca de dos años entender algunas cosas pero, bueno, al final te adaptas”.

“Mucha gente me dice: qué difícil es ir a África, y yo les digo, pues no imagináis qué difícil es volver”

Hacer este libro era un compromiso que este cooperante que aún no ha cumplido los 40 años adquirió consigo mismo pero también con las personas que viven en África. Sonríe porque dice que le ha traído muchos recuerdos. “Ver esas miradas de personas con las que has jugado o has compartido mucho tiempo, te entra añoranza porque, dentro de su dificultad, son personas muy humanas y yo lo que echo un poco en falta aquí en Europa es esa humanidad. Ellos lo dan todo aún no teniendo nada“. Además, desde que estuvo en Malawi, Vicente siempre quiso dar a conocer al denominado primer mundo las vidas de personas anónimas y excepcionales que viven en país con grandes carencias por culpa de las guerras y la corrupción. “No sólo contarlo a mis amigos y familia sino al resto de la gente, que sepa que el porcentaje de gente que sufre a diario es muy muy elevada. Aquí no nos damos cuenta ni de lo que tenemos ni de lo que está pasando fuera. Eso me obsesiona desde el primer día que volví y con este libro, un poco lo que intento es plasmar pequeños relatos de esas sonrisas, de esos mercados, de esos paseos en mitad de la selva, pequeños relatos de personas que me parecen excepcionales a través de la fotografía, que es algo que me apasiona de toda la vida“. Es su manera de recompensar a todas esas gentes a las que ha tratado en África, que “me han dado veinte mil veces más de lo que yo he podido dar. Sólo el hecho de que vayas a trabajar y haya veinte niños esperándote para acompañarte todas las mañanas, o que vayas a un poblado y que estés trabajando para poner agua potable y lo que ves es a personas que se muestran felices porque estás allí ocupándote de ellos, eso no se paga con nada”. Esa experiencia plasmada ahora en este libro “te cambia la vida”.

Dos amigas posan para el fotógrafo en Kuito, Angola.
Dos amigas posan para el fotógrafo en Kuito, Angola.

“Te das cuenta cómo la visión de un occidental en África no tiene nada que ver con la de los africanos; no es ni mejor ni peor, sencillamente es diferente y lo cierto es que ellos te enseñan muchas cosas, y llegan a bromean con temas como la guerra que han padecido. Ellos mismos te hacen ver que aquello es otra cosa”, concluye Vicente mientras le vienen a la memoria numerosas anécdotas de “gente extraordinaria”. El libro se puede adquirir a través de la web (www.vicenteruizfotografo.com) ahora que se acercan las Navidades.

Vicente Ruiz Aguarón
Vicente Ruiz Aguarón.

Continua leyendo: Por qué NO donar ropa, comida y trastos a países en desarrollo

Por qué NO donar ropa, comida y trastos a países en desarrollo

Clara Paolini

Foto: Bill Wegener
Unsplash

En el primer mundo se piensa: los niños de Zimbabwe apenas tienen juguetes, los jóvenes de Burundi no llevan zapatos y  en los países del Cuerno de África, sacudidos por incesantes hambrunas, toda donación en especie podría servir de ayuda. Mientras tanto, los trastos inservibles se acumulan en el desván, haces espacio en el armario porque las zapatillas de la última temporada, que ya no están de moda, ocupan el espacio reservado para nuevas adquisiciones y buena parte de los alimentos que compras acaban en la basura porque sencillamente, sobran.

Entonces, llega el engañoso momento de iluminación: “Si tengo cosas que otras personas necesitan, ¿por qué no donarlas? Así, además de deshacerme de ellas, llevaré a cabo una acción solidaria”. Se trata de un autoengaño común pero más peligroso de lo que imaginas. Lo cierto es que en la mayoría de los casos, enviando ropa usada, trastos y comida a países en vías de desarrollo no sólo no ayudas a nadie, sino que podrías acabar perjudicando.

Querer ayudar no es excusa para desconocer las consecuencias de lo que estás haciendo, así que antes de empezar, con toda la buena intención, a repartir tus desperdicios, ten en cuenta lo siguiente.

Las donaciones pueden ralentizar el crecimiento de la economía local

Un artículo publicado en la revista Time, ya lo advertía hace algunos años: “No es tan difícil conseguir camisetas en África, e inundar el mercado de productos gratuitos podría arruinar a las personas que ya las venden”. Donar ropa es un tema sensible en África porque las industrias textiles de muchos países se derrumbaron bajo el peso de las importaciones de ropa de segunda mano que se introdujeron en los años setenta y ochenta y conviene actuar para eliminar esa lacra. Como apuntaba James Shikwati, director Inter Region Economic Network de Nairobi, “primero destruyes la capacidad de producción textil de estos lugares y luego dices: ‘¿Puedo darte una camiseta y celebrarlo?’. Es como ofrecer veneno recubierto de azúcar”.

Vanesa Anaya, responsable de comunicación de la Fundación Agua de Coco, apunta que parte del problema radica en la imagen estereotipada que se tiene de África como continente empobrecido, lleno de niños hambrientos y falto de recursos: “Aunque en muchas ocasiones la dureza de la situación es real, esto contribuye a tener una visión paternalista. La gente, con toda su buena intención, quiere contribuir a mejorar la vida de las personas en países empobrecidos, pero lo primero que proponen es siempre enviar cosas, incluso trastitos que allí son inservibles”.

Por qué NO donar ropa, comida y trastos a países en desarrollo
Mercado en Mali | Imagen: Kraig Peel / Flickr creative commons

Desde su punto de vista “el problema es dar por hecho que unas camisetas viejas que tienes por casa van a servir allí, ese concepto de enviar cosas sobrantes. En el caso de la comida, por un lado, muchas las organizaciones no disponen de recursos para hacerlas llegar, y por otro, te aseguro que es posible comprar arroz, leche y harina allí mismo, contribuyendo así a fomentar el mercado local”.

La cultura de la recogida de alimentos y objetos proviene de la época en la que las ONGs basaban su trabajo en la caridad de la ayuda humanitaria, pero a estas alturas cada vez son más las organizaciones que sientan sus bases en la ayuda al desarrollo. Este cambio de actitud se resume en una frase algo manida pero irrebatible: “Dale un pez a un hombre y comerá un día; enséñalo a pescar y comerá siempre”.

África no es un vertedero

Rasna Warah, conocida periodista keniata y autora del libro Missionaries, Mercenaries and Misfits, declama alto y claro la triste realidad: “África es el mayor vertedero del planeta, todo lo que sobra se trae aquí y lo triste es que los gobiernos africanos no dicen que no, de hecho, dicen: ‘Por favor, envíenos más’. Abdican de la responsabilidad de sus propios ciudadanos (…) La solución a largo plazo no es este tipo de ayuda”

Tal y como apunta Vanesa Anaya, existe un grave problema en la gestión de la basura en muchos países africanos, y en muchos casos, bienes enviados desde aquí con buenas intenciones, acaban en vertederos contaminando el medioambiente y generando dinámicas sociales muy peligrosas como la explotación laboral infantil. Según su opinión, el caso de las nuevas tecnologías es especialmente grave: “porque hay una tendencia a enviar ordenadores viejos que casi no funcionan. Al cabo de un par de años estos ordenadores no sirven para nada y acaban allí”.

A veces es mejor no enviar nada que enviar un trasto inservible que acabe en un área de basuras donde reciclar o remodelar resulte inviable, y “lo mismo ocurre con otros objetos y materiales con una vida útil corta que acaban abandonados en el río, lago o ciudad en lugares que no tienen una adecuada gestión de los residuos”. Ya bastante grave es la situación de los vertedores de residuos tecnológicos en África como para que además, contribuyamos a su perpetuación sin ser conscientes de ello.

Por qué NO donar ropa, comida y trastos a países en desarrollo 2
Partes de equipos electrónicos en los vertedoros de residuos en Ghana | Imagen vía EFE/Jane Hahn

Se pueden enviar cosas más útiles

Aunque te guste pensar que tus juguetes de infancia cobrarán una nueva vida en manos de un huérfano africano, el dinero que es necesario invertir para enviar un cargamento de osos de peluche a países empobrecidos podría utilizarse en cubrir necesidades más apremiantes, como medicamentos o personal que lleve a cabo proyectos sociales o de economía sostenible desde el terreno.

Desde la Fundación Agua de Coco explican que en su caso sólo se limitan a llevar productos bajo ciertas condiciones: que los haya demandado su equipo desde los lugares en los que trabajan; que sean difíciles o imposibles de conseguir en el país; y que no puedan ser sustituidos por otro producto local.

Por supuesto esto no quiere decir que en todos los casos debamos limitarnos a donar medicamentos, pero sí conviene ser consciente de qué se necesita y qué no. Por ejemplo, si una ONG tiene un proyecto para incentivar la inclusividad mediante el deporte, la donación por parte de una empresa de un cargamento de botas de fútbol, será útil. Por el contrario, si tienes unas zapatillas viejas en casa y pretendes entregárselas a una asociación con pocos recursos que trabaja en el ámbito de la salud, allí también son basura.

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Una niña se sostiene de la cinta de la ropa que ha tendido en la barriada de Kangemi en las afueras de Nairobi | Imagen vía
REUTERS/Darrin Zammit Lupi

Perpetúas un modelo de consumo dañino

Si tienes montañas de ropa de la que quieres deshacerte pero sientes la necesidad de comprar prendas nuevas, posees trastos inservibles porque eres incapaz de darles una nueva vida por ti mismo y en tu nevera la comida caduca antes de que la toques, algo estás haciendo mal. Puede que la clave no sea donar tus desperdicios a un país empobrecido, sino consumir menos y hacerlo de forma más consciente.

Estamos lejos de alcanzar un sistema económico igualitario y resulta difícil escapar de las garras del consumismo, pero cada acción cuenta. Si en lugar de comprar diez camisetas de 4€ fabricadas con mano de obra barata adquiriéramos una con garantías de comercio justo proveniente de un país en vías de desarrollo, entonces sí, la solidaridad tendría otra cara.

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5 planes extremos para el verano

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Thibault Camus
AP Photo

Cuando llega el verano muchas personas nos decidimos a coger la maleta y embarcarnos en un viaje, pero algunas veces, apenas nos paramos a pensar en nuevos destinos o alternativas. Si estas cansado de los planes convencionales de playa, tumbona y relax absoluto, te proponemos 5 experiencias totalmente distintas, solo aptas para los más intrépidos.

1-Secuestro exprés

Si has visto la mítica película The Game, sabes de lo que hablamos, si no, te lo contamos. Una empresa francesa ofrece la posibilidad de vivir en carne propia el drama de los secuestros a clientes que quieran probar sus límites o descargar adrenalina.

Al igual que en los casos reales, los raptos que propone Ultime Réalité, una firma basada Besançon, en el este de Francia, ocurren en un momento inesperado para el cliente, que es llevado a ciegas a un lugar inhóspito.

7 planes extremos para el verano 1
Ultime Réalité intenta ofrecer una experiencia lo más realista posible | Foto: Carlos Jasso / Reuters

La compañía asegura que debido a la naturaleza del servicio ofrecido, el equipo que participa está totalmente preparado y que se reserva el derecho de pedir a sus futuros clientes toda la documentación necesaria que le permita validar su aptitud física y psicológica.

Debido a la ley vigente y las obligaciones estatutarias de Ultime Réalité, el servicio solamente puede ser disfrutado por la persona que lo contrata, no se permite que sea regalado.

Tres son los paquetes que ofrece la empresa. El primero de ellos, apenas dura cuatro horas en las que el cliente será “secuestrado, encerrado, esposado y amordazado” y “soportará el miedo y la presión psicológica digna de un secuestro real”. La segunda opción consiste en un secuestro de 10 horas, “un choque psicológico que no olvidará en el corto plazo”, asegura la empresa francesa. Por último, el servicio más completo es un secuestro a la carta, en el que es posible incluir “un abuso físico y psicológico más extremo”.

Además del secuestro exprés, la empresa francesa ofrece actividades como cazarrecompensas y persecución. El cliente puede ponerse también en la piel de un fugitivo y tratar de eludir a sus perseguidores. “No se puede decir que esto se trate de un juego. Lo que proponemos son experiencias reales que permiten ir más allá en la visión personal de la vida, en las propias experiencias”, remarcan en Ultime Réalité.

2-Pilotar un caza de combate

Ascender a más de 5.000 metros de altura, alcanzar una velocidad supersónica y surcar las nubes como un auténtico piloto de combate ya es posible. La compañía suiza MiGFlug ofrece la posibilidad de pilotar un antiguo caza de combate soviético, eso sí, solamente mientras está en vuelo, nunca en el despegue y el aterrizaje.

Para participar no hace falta tener experiencia previa de piloto, ya que la empresa se encarga de dar un curso exprés al cliente y de ofrecerle vuelos en diferentes tipos de cazas de combate, que parten desde los 2.000 euros y que tienen una duración de 20 minutos. Es posible realizar los vuelos en Alemania, Italia, Francia, Reino Unido, Letonia, República Checa, Estados Unidos, Canadá, Rusia y Suiza.

El paquete más caro alcanza la friolera cifra de 17.500 euros, pero con él se llega hasta el  “borde del espacio” con un mítico caza ruso MIG-29 y se alcanza una velocidad supersónica de Mach 2. Dentro del precio viene incluido el transporte en limusina y un amplio reportaje de fotos y vídeo.

3-Nadar con tiburones en España

No hace falta irse a Sudáfrica para nadar con tiburones, a no ser que quieras hacerlo con “el gran blanco”, por supuesto. No obstante, en España es posible nadar con escualos de un tamaño más reducido, como el tiburón toro o el puntas negras, entre otros.

El Aquarium de Barcelona ofrece un curso que consta de una parte teórica sobre los escualos, una visita guiada por L’Aquàrium de Barcelona y la inmersión en el Oceanario, el mayor de España, donde es posible ver cómo se comportan más de 15 tiburones en un tanque de 4 millones de litros de agua y más de 5.000 organismos, como las morenas, meros, rayas, congrios, etc.

Por 300 euros, y teniendo una titulación de submarinismo en vigor, así como una buena condición física, es posible realizar esta actividad.

Para aquellos que no tengan licencia de buceo también hay otras posibilidades, ya que el Aquarium de Palma de Mallorca y el de Lanzarote, permiten sumergirse con tiburones sin tener dicha licencia.

El ‘Big Blue’ de Palma es uno de los tanques de tiburones más profundo de Europa, con 3,5 millones de litros de agua salada, y nadar con tiburones tiene un coste de 200 euros.

En Lanzarote, la actividad comienza con una primera inmersión en Playa Jablillo, para después realizar otra inmersión en el tanque central del acuario, llamado ‘Grandes Mares’, por un precio similar a los anteriores.

4-Un viaje a la guerra

Irak, Somalia, Sudán o Afganistan, si algo tienen en común estos países a día de hoy, es que todos están inmersos en conflictos bélicos. Son muchas las personas que huyen de estos lugares para encontrar una vida mejor pero, hay unas pocas que hacen el camino a la inversa. Compañías como War Zone Tours y Hinterland Travel, ofrecen viajes a estos países y a otros que se encuentran en condiciones similares de guerra.

Warzone Tours se promociona como una agencia de “viajes extremos”, que llega a lugares donde existen conflictos armados. Su fundador, Rick Sweeney, que ha trabajado para el ejército y empresas de seguridad, organiza viajes personalizados a los sitios más peligrosos, eso sí, el coste puede llegar a superar los 30.000 euros. Los miembros de la compañía estadounidense también realizan labores de contratistas privados para brindar protección a ejecutivos y políticos.

La compañía inglesa Hinterland Travel, por su parte, oferta viajes a destinos conflictivos, pero se centra más en visitas culturales y sitios arqueológicos situados en sitios mas recónditos.

5- Maraton Des Sables

Si lo tuyo es correr, la Maraton Des Sables (Maratón de las Arenas) es sin duda una gran opción. Tradicionalmente se celebra desde hace 19 años en Marruecos, y es una carrera a pie que se divide en seis etapas y cubre una distancia estimada de 250 kilómetros. Está abierta a todas las personas que deseen participar, siempre y cuando carguen consigo todo su equipo y alimento. La edición de este año se ha celebrado del 7 al 17 de abril pero, para aquellos que no han podido acudir a esta cita, este 2017 tienen otras dos ocasiones en Fuerteventura y Perú.

Fuerteventura acoge del 25 al 30 de septiembre la primera edición de la Half Maraton Des Sables. Con el mismo espíritu en mente que el de Maratón Des Sables, esta medio maratón cuenta con tres etapas y abarca una distancia aproximada de 120 kilómetros.

Perú, por su parte, acoge por primera vez su versión del Maratón Des Sables del 26 de noviembre al 6 de diciembre, un recorrido en seis etapas que permite descubrir Perú a lo largo de 250 kilómetros.

Para participar, el precio del dorsal es de 3.300 euros para la edición en Marruecos, 1.190 euros para la de Fuerteventura y 1.890 euros para la de Perú. Las inscripciones ya están abiertas

Continua leyendo: Unidad Militar de Emergencias (UME), una vida entre llamas

Unidad Militar de Emergencias (UME), una vida entre llamas

Rodrigo Isasi Arce

Foto: UME

No tienen capa ni superpoderes, pero sí pueden volar. Volar donde se les necesita y dar respuesta a una emergencia en cualquier parte de España en menos de cuatro horas, con excepción de las islas Baleares y de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. También son capaces de prestar sus servicios fuera de España. Cuando hay un incendio grave, una catástrofe, allí están ellos, los alrededor de 3.500 militares que componen la Unidad Militar de Emergencias (UME). Donde los dispositivos de Protección Civil y de las Comunidades Autónomas no llegan o no son suficientes, estos soldados profesionales aportan su experiencia, su fuerza y su valentía, para actuar en terremotos, incendios, inundaciones y un largo etcétera. 12 años de servicio les avalan, así como su certificación como equipo de búsqueda y rescate urbano (USAR, en inglés) ante los evaluadores internacionales de Naciones Unidas.

La UME, que presentó su campaña contra incendios el 9 de junio, ya ha tenido que hacer tres grandes intervenciones en las últimas semanas. La primera de ellas en el incendio que arrasó miles de hectáreas en Portugal y dejó un saldo de 64 víctimas mortales y más de 250 heridos. Apenas unos días después, parte de los efectivos de este cuerpo militar tuvieron que desplazarse hasta Huelva, para sofocar las llamas que amenazaban el entorno del Parque Natura de Doñana. La tercera intervención, ha sido en Sierra Calderona, entre Valencia y Castellón. Horas y horas duro trabajo, de esfuerzo y valor, con un solo fin, en este caso, acabar con el fuego. ¡Para servir!, como reza su lema.

La UME fue creada en 2005 por acuerdo del Consejo de Ministros de 7 de octubre de 2005, presidido por José Luis Rodríguez Zapatero. Posteriormente, mediante el Real Decreto 416/2006, de 11 de abril, se establece su organización y despliegue y se implanta como una fuerza militar conjunta de carácter permanente dentro de las Fuerzas Armadas. Si bien al principio tuvo ciertas reticencias por otros cuerpos de la milicia profesional, con el paso de los años, se ha convertido en una de las unidades más queridas y valoradas dentro de las Fuerzas Armadas.

Unidad Militar de Emergencias
Un soldado de la UME combate las llamas de un incendio forestal | Foto: UME

En noviembre de 2011 superó el proceso de certificación de un equipo de búsqueda y rescate urbano (USAR, en inglés) ante los evaluadores internacionales de Naciones Unidas, lo que le capacita para poder integrarse en la estructura y normas del Grupo Internacional de Asesoramiento de Búsqueda y Rescate (INSARAG) de Naciones Unidas y actuar en el menor tiempo posible allá donde sea requerida.

La UME se prepara durante todo el año para hacer frente a las urgencias que puedan surgir, bajo el siguiente protocolo de intervención:

Según la gravedad, el nivel 1 es competencia del Ayuntamiento o de la Comunidad Autónoma y la emergencia es atendida con medios de ámbito local.

El nivel 2 es competencia de las Comunidades Autónomas e intervienen con sus propios medios. En estos casos, se puede solicitar ayuda de medios del Estado y/o de otras Comunidades Autónomas, así como internacionales, a través de la Dirección General de Protección Civil y Emergencias del Ministerio del Interior. En este nivel se puede pedir también el apoyo de la UME.

El nivel 3 es el de mayor gravedad, el de emergencia de “interés nacional”, y en él actúa de manera directa la propia UME al completo. El Jefe de la UME dirige y controla operativamente, dependiendo directamente del ministro del Interior.

Unidad Militar de Emergencias, ¡Para servir!
Efectivos de la UME combaten las llamas en el incendio de Portugal de junio de 2017 | Foto: UME

Los militares que forman la UME disponen de preparación específica propia, incluida la sanitaria, y se estructuran en cinco batallones de Intervención situados en Madrid, Sevilla, Valencia, Zaragoza y León.

Pero estos “boinas amarillas” no solo luchan contra el fuego, actúan también ante riesgos derivados por motivos tecnológicos, entre ellos el químico, el nuclear, el radiológico y el biológico, y ante un caso de riesgo terrorista o de contaminación del medio ambiente, aunque por suerte, todavía no ha hecho falta su despliegue ante alguna de estas catástrofes.

Campaña contra incendios 2017

Con la finalidad de apoyar a las autoridades competentes en la resolución de una situación de emergencia producida por incendios forestales, la UME cuenta para esta campaña con un total de 1.400 militares en lucha directa contra incendios forestales, encuadrados en los cinco batallones y articulados en 28 secciones de intervención. Estos militares no dudan en cambiar el G-36E, el fusil reglamentario de las Fuerzas Armadas españolas, por las herramientas necesarias para combatir las llamas.

Para su ardua labor, estos 1.400 militares contarán con los apoyos logísticos y operativos necesarios para las intervenciones, encuadrados tanto en los diferentes Batallones de intervención como en el Regimiento de Apoyo e Intervención en Emergencias, lo que elevará a 3.000 el número de efectivos involucrados, tanto en ataque directo al fuego como en las labores de apoyo.

Como en campañas anteriores, la UME se desplegará temporalmente en aquellos destacamentos que sean precisos en función del riesgo de incendios forestales. Así, la UME, tiene previsto desplegar parte de sus efectivos en Pontevedra, Mallorca, Ibiza, Menorca, Cáceres y Granada.

“La UME se afianza en su compromiso de poder intervenir en todo el territorio nacional en menos de cuatro horas desde que se haya autorizado su presencia”, asegura la unidad, eso sí, con excepción de las islas Baleares y de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, donde el Ejército de Tierra mantendrá, en el plazo de cuatro horas y, si la situación lo requiere, la capacidad para prestar exclusivamente labores de apoyo, hasta que las unidades de la UME efectúen su despliegue.

Además, de acuerdo con los protocolos vigentes, el 43 Grupo de Fuerzas Aéreas continuará operando durante esta campaña los aviones apagafuegos Canadair CL 215-T y CL 415-T, y se desplegarán de manera escalonada hasta un total de 13 aviones en los destacamentos de Zaragoza, Pollensa, Albacete, Santiago, Salamanca, Málaga, Badajoz y en su base principal de Torrejón de Ardoz.

Por su parte, el Batallón de Helicópteros de Emergencias II (BHELEME), perteneciente a las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra (Famet), aporta dos helicópteros EC-135 para tareas de mando y control y dos helicópteros modelo Cougar en configuración lucha contra incendios forestales, rescate y evacuación.

Misiones internacionales

Esta fuerza militar conjunta de despliegue rápido se ha convertido en un cuerpo admirado y deseado por parte de otros países del mundo. Son ya 55 los países que han visitado las instalaciones del cuartel general para estudiar su modus operandi.

La UME ha participado en cinco misiones internacionales: los terremotos de Haití, Nepal y Ecuador y los incendios de Chile y Portugal. Desde su inicio de operaciones en 2007, la UME ha llevado a cabo un total de 382 intervenciones.

Unidad Militar de Emergencias, ¡Para servir! 1
La UME actúa en el terremoto de Nepal de 2015 | Foto: UME

Una de las imágenes más mediáticas de estas intervenciones internacionales fue su regreso a España desde el aeropuerto de Chile, donde recibió aplausos y ovaciones por su participación en el terrible incendio que sufrió el país sudamericano. Los militares de la UME se volcaron en la lucha contra las llamas y en la ayuda al pueblo, y los chilenos, no dudaron ni un momento en agradecérselo.

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Por qué Corea del Norte debería preocuparte por sus hackers y no por sus bombas

Redacción TO

Foto: AP Photo

La amenaza es real. Las pruebas balísticas constantes de Corea del Norte, con su extravagante líder Kim Jong-un y su carrera nuclear hacia ninguna parte, ponen en tensión a las potencias occidentales, que celebran reuniones y organizan actos para prepararse para el día en que esos lanzamientos sean algo más que ensayos. Con todo, lo cierto es que existe otro peligro, mayor y silencioso, que podría desencadenarse en cualquier momento sin la solemnidad de un lanzamiento atómico.

Para la revista Newsweek, la situación recuerda al escenario del siglo pasado, a pesar de las grandes diferencias. Entre 1914 y 1918 tuvo lugar la Primera Guerra Mundial, pionera en el uso de nuevas tecnologías, que se convirtió en la más mortífera hasta entonces, dejando en los campos de batalla cerca de 17 millones de muertos. Justo después, en 1918, la conocida como gripe española se expandió por todo el mundo y se estima que se saldó con entre 50 y 100 millones de muertos.

Por qué Corea del Norte debería preocuparte por sus hackers (y no por sus bombas)
Kim Jong-un observa un ensayo balístico. | Foto: KCNA KCNA/Reuters

En este reportaje se equipara, por un lado, la I Guerra Mundial con una hipotética ofensiva nuclear norcoreana y, por otro, la epidemia de gripe española -inesperada, invisible- con un ataque cibernético de nivel planetario que desataría el caos en nuestras sociedades, completamente informatizadas. Estos símiles encuentran el respaldo del director actual de la CIA, Michael Hayden, que asegura desconocer las posibles consecuencias de este tipo de ofensivas al ser “un nuevo tipo de arma” sin precedentes.

En este sentido, la vulnerabilidad de nuestros equipos es evidente. El pasado mes de mayo, un ransomware con una capacidad muy limitada puso en jaque hasta 99 países aprovechando las fallas de seguridad de los dispositivos de Microsoft. Afectó al sistema de salud británico, al banco más importante de Rusia, el Sberbank, y también al Ministerio de Interior del país, bloqueó la actividad en la sede de Telefónica en Madrid y fulminó millones de ordenadores en India y China.

“Ahora tenemos que preocuparnos por Siria, Irán y Corea del Norte”, asegura un alto mando de la Agencia Nacional de Seguridad

El principal sospechoso del ataque, todavía sin identificar, es Corea del Norte. “Solía preocuparnos que Rusia y China tumbaran nuestras infraestructuras”, aseguró Stewart Baker, general de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos, en una entrevista para Pew Research Center. “Ahora tenemos que preocuparnos por Siria, Irán y Corea del Norte. Y, próximamente, tendremos que hacerlo por Hezbollah y Anonymous”.

Hemos confiado todo este tiempo en ordenadores y sistemas de software el funcionamiento de las redes de energía, de los aeropuertos, de los bancos, de los satélites, de absolutamente todo. Ahora el internet de las cosas despunta como uno de los grandes retos de la humanidad y ya estamos conectando entre sí coches, teléfonos móviles, electrodomésticos… Estamos creando puertas de acceso para los hackers que quieran introducirse en nuestro día a día sin darnos cuenta.

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Una pareja de hackers, en este caso ucranianos y miembros del grupo RUH8. | Foto: Gleb Garanich/Reuters

La revista Newsweek dibuja un escenario donde los semáforos no funcionarían, el transporte público quedaría bloqueado, no sería posible que saliera ningún vuelo y los satélites dejarían de emitir señales. No habría sistema de pago con tarjeta y no se podría retirar dinero de los bancos, desencadenando un problema de gestión de recursos y de desabastecimiento generalizado. Y así sucesivamente.

Un relato alarmista que, sin embargo, pone de manifiesto el riesgo al que estamos sometidos. Si un grupo de hackers norcoreanos fueron los verdaderos autores del ramsonware que despertó tanta inquietud en los países más poderosos del planeta, ¿qué ocurriría si ejecutaran un ataque verdaderamente poderoso?

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