Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

'Relatos de gente extraordinaria'...

Marta Ruiz-Castillo

Foto: Vicente Ruiz Aguarón

…el libro de un cooperante en África

Los relatos son los de personas anónimas que viven en África, en países castigados por la guerra, el hambre, la corrupción, la enfermedades y que, a pesar de eso, sonríen, juegan y miran agradecidos a cooperantes como Vicente Ruiz Aguarón que, con este libro, ha querido mostrar lo que ocurre en este Continente olvidado. Y lo ha hecho a través de fotografías sacadas con su cámara, instantáneas que no dejan indiferente a nadie porque en ellas se refleja la humanidad de gente única y excepcional. En The Objective, aprovechamos para darlo a conocer coincidiendo con el Día Internacional de la Solidaridad Humana.

Cuenta Tuco, como así le llaman los que le conocen, que desde pequeño sintió la necesidad de ayudar a las personas más vulnerables, pero no fue hasta los 25 años cuando empieza a encaminar sus pasos hacia lo que acabó convirtiéndose en su forma de vida. Su historia es también en cierto modo extraordinaria, aunque él no lo crea así, ya que estudió Dirección y Administración de Empresas en Oxford, Inglaterra, y la idea era que se dedicara al mundo de la empresa. Al acabar la carrera se va a Alemania a buscarse la vida y al cabo de unos meses, regresa a España donde empieza a trabajar en una multinacional. Pero entonces tuve como una especie de llamada, porque vi un anuncio en el que preguntaban: ¿quieres ser voluntario?. Y me dije que sí, que me gustaría ser voluntario, así que empiezo a moverme en el  mundo del voluntariado internacional”, nos cuenta. Consiguió una entrevista con la ONG África Directo y se va de voluntario a Malawi. “Con 25 años tengo mi primer impacto con África y es entonces cuando me entra lo que algunos llaman ‘el virus de África’ porque me enamoré del continente. Estuve en Malawi siete meses y ahí hice un voluntariado increíble. De hecho fue una de las experiencias más alucinantes de mi vida ya que, aunque luego he tenido muchas otras, fue la primera, en una ONG muy pequeñita, en un poblado perdido en Malawi, un país ya de por sí muy pobre”.

“Viajé a Malawi con 25 años como voluntario y me entró el ‘virus de África’, porque me enamoré del Continente”

Siete meses estuvo Tuco en este pequeño país africano. Al cabo de ese tiempo vuelve a Madrid y comienza a trabajar en una agencia de publicidad. “Regreso a España para saber si realmente esa experiencia que he tenido es lo que quiero hacer o es solamente algo pasajero, emocionante, y una locura de un chico de 25 años. Me sale trabajo en una agencia de publicidad, en la que estuve 11 meses, pero para mí fue un choque enorme. Llegué de Malawi para meterme en un mundo como el de la publicidad que es el otro extremo. De hecho, mis compañeros me llamaban ‘África corps’ porque estaba todo el día hablando de mis aventuras en Malawi,  así que durante esos 11 meses lo pasé bien, aprendí mucho pero yo ya estaba con el ‘virus’, así que no aguanté y le dije a mi jefe que me iba otra vez de cooperante”.

En la entrada de un colegio en Sierra leona, siempre en fila, esperaban para entrar en clase.
En la entrada del colegio en Makeni, Sierra Leona, los chicos y chicas esperan en fila para entrar en clase.

Esta vez se marcha a Brasil porque quería tener una experiencia nueva, diferente. Había estado en Malawi que es un país pobre, que no tiene nada, pero Tuco quería conocer un país con diferencias sociales y Brasil era perfecto, ya que era y es un país de contrastes donde el 80% de la población sólo tiene el 20% de la riqueza, el resto está en manos de unos pocos; quería conocer eso y quería aprender portugués porque es un idioma importante en el mundo de la cooperación y allí se fue.

“Es bastante divertido porque me ayudó Carlos Sobera que por aquel entonces era voluntario y es amigo de un amigo mío, quien le dijo que si podía presentarme a alguien de World Vision Internacional donde estaba Sobera, y así lo hizo. Entonces me enviaron a Recife de voluntario llevando un proyecto con jóvenes, en favelas y con comercio justo; estuve poco tiempo, cuatro o cinco meses, pero lo suficiente como para empezar a aprender de qué iba el mundo de la cooperación, porque en Malawi fue mi primera toma de contacto, pero en Brasil me profesionalicé y aprendí portugués, y eso me sirvió para, a al vuelta, empezar a buscar trabajo”.

Estamos hablando del 2004, el año del tsunami en Indonesia, y a Tuco le llamaron de varias ONGs, entre ellas, Médicos Sin Fronteras para ir al lugar del tsunami pero también le llamaron de Cruz Roja Española para un proyecto en Angola. “Decidí irme a África, porque ya sabía portugués y el proyecto era muy interesante; llevaba cuatro años y yo tenía que terminarlo. En Angola aprendí realmente lo que es la cooperación, y ahí fue donde decidí que era a lo que me quería dedicar“.

El recuerdo de las sucesivas guerras se aprecia en impactos como este en Kuito, Angola.
El recuerdo de las sucesivas guerras se aprecia en impactos como este en Kuito, Angola.

El libro, dice Vicente, tiene fotos de Angola porque se trata de un país con una historia muy difícil, inmersa en guerras sucesivas. Se independiza de los portugueses en el año 1975 después de una larga guerra, pero entonces comienza una guerra civil que se prolonga hasta el año 2002. “Un país que es de los más minados del mundo, donde contacto con Halo Trust, una ONG escocesa conocida porque Lady Di colaboraba con ellos, que se dedica a desminar países como Angola. Dicen que hay unos 17 millones de minas que no saben dónde están. Es un horror. La guerra acabó pero en realidad sigue presente porque los agricultores, las personas que quieren hacer su vida normal, no pueden. Con Cruz Roja íbamos de pueblo en pueblo junto con Naciones Unidas y otras ONGs y teníamos que informar de nuestras salidas porque era y sigue siendo muy peligroso recorrer el país. La gente se sigue muriendo por las minas”.

En Angola, Vicente trabaja en un proyecto “muy interesante”, de capacitación de gente joven, formando a niños que habían sufrido la guerra, en colaboración con los Ministerios de Salud y Educación del país. Después de un año, Cruz Roja envía a Tuco como cooperante a Sierra Leona para trabajar en un proyecto de gran envergadura de la Unión Europea, “donde me encuentro con otra realidad, como digo en el libro, por un lado muy diferente, pero también con muchas semejanzas con Angola”. Sierra Leona, ex colonia inglesa, rica en minerales y diamantes, es una de las víctimas del presidente de Liberia, el Señor de la Guerra, Charles McArthur Ghankay Taylor, que entrega armas a cambio de diamantes de sangre, lo que provocó una terrible guerra. Cuenta Vicente el horror que vio al llegar, la zona de los diamantes en Kono District o las personas, muchos de ellos niños, con miembros amputados.

El trabajo en las minas de diamantes en Kono District es durísimo, todo el día dentro del agua, a veces a temperaturas extremas.
El trabajo en las minas de diamantes en Kono District es durísimo, todo el día dentro del agua, a veces a temperaturas extremas.

Ahora está todo un poco más controlado, pero entonces una de las causas de la guerra fueron los diamantes y son miles las personas que han muerto por culpa de estas piedras preciosas. “Yo llegué en 2006 y hacía apenas tres o cuatro años que había acabado la guerra, estaban los Cascos Azules, la milicia africana que es como unos cascos azules pero de allí, y en Freetown, la capital de Sierra Leona, aún estaban los helicópteros de la ONU….en fin, que la guerra había terminado hacía poco y eso se notaba. Había mucho miedo de que pudieran estallar nuevas revueltas. Cruz Roja tenía muchos proyectos de agua y de educación, y yo trabajaba en el norte y en el este del país. Allí estuve un año y medio y fue una experiencia increíble”.

La mirada y la media sonrisa de esta niña angoleña llega al corazón.
La mirada y la media sonrisa de esta niña angoleña llega al corazón.

Las fotos del libro son de estos dos países, Sierra Leona y Angola, porque “allí encontré los contrastes de la gente: podías ver a una persona con la cara más triste que puedas imaginar pero también todos los días veías caras alegres, sonrisas”. Vicente no puede dejar de sonreír cuando nos cuenta, por ejemplo, cómo cuando vivía en Sierra Leona, todas las mañanas al irse a trabajar “venían un montón de niños y me decían ‘titi, titi’ y me agarraban por las piernas bromeando y jugando, así que yo llegaba a la oficina feliz, y a la salida me estaban esperando, venían a casa y hacíamos bollos o jugábamos”. “África es un país de niños. Tiene mucha natalidad, la esperanza de vida es muy corta y es un país muy joven, lleno de niños, así que todo el día estaba rodeado de ellos; fue una experiencia muy bonita pero al mismo tiempo muy dura“, comenta, “porque ves gente que lo ha perdido todo, enfermedades, índices de sida muy elevados”.

Las mujeres, las más excepcionales

De las cosas que más le llamó la atención es el papel de la mujer en todos los países en vías de desarrollo. En el libro habla de personas excepcionales y sin duda en el caso de las mujeres son realmente excepcionales porque son las que llevan la carga de todo(algunos son usted que hace la prostitución escorts Oxford), se ocupan de la familia, son las que van a buscar el agua, y todo ello con el estigma de ser mujeres en países principalmente machistas.

Las mujeres llevan el peso de la familia y de la vida y mantienen vivas las costumbres. Aquí, una muestra en Koidu área, Sierra Leona.
Las mujeres, desde niñas, participan de las costumbres tradicionales, como en Koidu área, Sierra Leona.

Vicente ha querido contar a través de su cámara el contraste de unos países donde es posible “ver la felicidad de una población frente a los restos de una pena que aún persiste, gente que te cuenta que todavía tiene pesadillas, compañeros de Cruz Roja en Sierra Leona que tienen metralla en el cuerpo, chicas que te cuentan cómo a sus madres las han violado delante de ellas”.

La vuelta a Occidente

Cuando le preguntamos cómo se lleva el choque emocional que, sin duda, supone vivir en España con todas la comodidades y vivir de cooperante en África, en países como Sierra Leona o Angola, o Malawi, donde no hay absolutamente nada, su respuesta es clara: “Mucha gente me dice: qué difícil es ir a África, y yo les digo, pues no imagináis qué difícil es volver”.

Un poblado en Keama, Sierra Leona, donde Cruz Roja tiene un programa de ayuda.
Un poblado en Keama, Sierra Leona, donde Cruz Roja tiene un programa de ayuda.

Vicente vive actualmente en Madrid pero admite que le costó dos años regresar psicológicamente. “Hay un desarraigo muy grande después de estar en países con muchas dificultades y durante tantos años. Tu vara de medir la realidad es totalmente diferente. La vida allí es tan dura y tan compleja, encuentras situaciones que, al principio, no puedes evitar llorar pero aprendes de alguna manera que tienes que ser fuerte porque cuanto más fuerte estés, más puedes ayudar y comprendes que no te puedes venir abajo”. Insiste en que “cuando regresas a tu casa no entiendes muchas cosas, porque aquí tenemos de todo y estamos todo el día quejándonos, cuando en esos países no tienen nada y no se quejan y siempre tienen una sonrisa. A mí me ha costado cerca de dos años entender algunas cosas pero, bueno, al final te adaptas”.

“Mucha gente me dice: qué difícil es ir a África, y yo les digo, pues no imagináis qué difícil es volver”

Hacer este libro era un compromiso que este cooperante que aún no ha cumplido los 40 años adquirió consigo mismo pero también con las personas que viven en África. Sonríe porque dice que le ha traído muchos recuerdos. “Ver esas miradas de personas con las que has jugado o has compartido mucho tiempo, te entra añoranza porque, dentro de su dificultad, son personas muy humanas y yo lo que echo un poco en falta aquí en Europa es esa humanidad. Ellos lo dan todo aún no teniendo nada“. Además, desde que estuvo en Malawi, Vicente siempre quiso dar a conocer al denominado primer mundo las vidas de personas anónimas y excepcionales que viven en país con grandes carencias por culpa de las guerras y la corrupción. “No sólo contarlo a mis amigos y familia sino al resto de la gente, que sepa que el porcentaje de gente que sufre a diario es muy muy elevada. Aquí no nos damos cuenta ni de lo que tenemos ni de lo que está pasando fuera. Eso me obsesiona desde el primer día que volví y con este libro, un poco lo que intento es plasmar pequeños relatos de esas sonrisas, de esos mercados, de esos paseos en mitad de la selva, pequeños relatos de personas que me parecen excepcionales a través de la fotografía, que es algo que me apasiona de toda la vida“. Es su manera de recompensar a todas esas gentes a las que ha tratado en África, que “me han dado veinte mil veces más de lo que yo he podido dar. Sólo el hecho de que vayas a trabajar y haya veinte niños esperándote para acompañarte todas las mañanas, o que vayas a un poblado y que estés trabajando para poner agua potable y lo que ves es a personas que se muestran felices porque estás allí ocupándote de ellos, eso no se paga con nada”. Esa experiencia plasmada ahora en este libro “te cambia la vida”.

Dos amigas posan para el fotógrafo en Kuito, Angola.
Dos amigas posan para el fotógrafo en Kuito, Angola.

“Te das cuenta cómo la visión de un occidental en África no tiene nada que ver con la de los africanos; no es ni mejor ni peor, sencillamente es diferente y lo cierto es que ellos te enseñan muchas cosas, y llegan a bromean con temas como la guerra que han padecido. Ellos mismos te hacen ver que aquello es otra cosa”, concluye Vicente mientras le vienen a la memoria numerosas anécdotas de “gente extraordinaria”. El libro se puede adquirir a través de la web (www.vicenteruizfotografo.com) ahora que se acercan las Navidades.

Vicente Ruiz Aguarón
Vicente Ruiz Aguarón.

La construcción 'low cost' intensifica la ola de calor en colegios públicos

Leticia Martínez

Foto: SERGIO PEREZ
Reuters

La ola de calor, que no ha dado respiro a nadie, ha dejado en los centros educativos temperaturas que han llegado a superar los 35º grados. Muchos de ellos, sobre todo los de nueva construcción, se enfrentan, además de al intenso clima, a unas instalaciones de poca calidad en las que se usan materiales que no solo son incapaces de aislar mínimamente el calor sino que lo atraen. Las constructoras, con un presupuesto excesivamente bajo adoptado para aumentar sus posibilidades de acceder al contrato público, edifican de manera deficiente, obviando las necesidades naturales de los centros, las cuales se han puesto de manifiesto una vez más durante la ola de calor.

“El problema se encuentra en la posibilidad por parte de los poderes adjudicadores de admitir bajas temerarias”, asegura Cristina Arenas, doctora en Derecho por la Universidad de Deusto y experta en Administración Publica y Contratación Pública. Esto significa que aunque la construcción de un colegio salga a subasta a un precio determinado, las constructoras pueden reducir el precio tanto como quieran o entiendan posible. Esto se ha traducido en una “rebaja” que llegó a alcanzar un 31%, unos 13 millones de euros, en 2015, según la memoria de la junta consultiva de contratación administrativa. La memoria de 2016 se publicará en septiembre de 2017, si bien los datos presentes en este artículo se basan en contratos de 2016 que ya están en línea.

“El contrato se adjudicará por procedimiento abierto mediante el criterio precio, en aplicación de los artículos 138.2, 157 y 150 del TRLCSP”, según establece el pliego de cláusulas de contratos públicos. Hasta ahora, la Administración podía rechazar las ofertas que fueran susceptibles de incurrir en el incumplimiento del contrato, pero “ahora con la transposición de la Directiva de la Unión Europea de 2014 el problema se agudizará, ya que el órgano de contratación sólo puede rechazar la oferta si los documentos aportados no demuestran la posibilidad de cumplir con el contrato”.

“El problema se encuentra en la posibilidad por parte de los poderes adjudicadores de admitir bajas temerarias”

Las consecuencias de aceptar unos presupuestos bajos se encuentran a simple vista. Las nuevas directrices del gobierno de construir centros educativos por fases ha dejado colegios de primaria e infantil inacabados o en proceso de reforma. Las constructoras por su parte llegan a paralizar las obras por falta de dinero, pero en la mayoría de los casos acaban las infraestructuras mal y rápido. “Cuando no se tiene el dinero necesario, las constructoras acaban usando materiales malos, prefabricados. Las cosas cuanto más rápidas peor están”, establece Lidia Cardenal, presidenta de la Confederación de Asociaciones de Padres de Alumnos. “Pedimos que se consideren las cosas, que las instalaciones se adapten al tiempo, a las máximas que alcanzamos todos los años. Pedimos todas las medidas posibles para todos los centros educativos de España”.

En el caso particular de la Comunidad de Madrid, las constructoras han llegado a recortar hasta un 30% de lo que se considera el presupuesto de licitación base, lo que se entiende como el precio de salida. Entre otros, el colegio Emperador Carlos V, en Getafe, sufrió una “rebaja” del 33,4%, unos 565.464 euros, el C.E.I.P. de Paracuellos del Jarama llegó a reducir un 34,41%, 807.436 euros, en su construcción y el colegio Diego Muñoz, en Valdemoro, tuvo que hacer frente a un recorte de 960.776 euros, es decir, a un 35,08%, como recoge Marco González en El Boletín.

“Lo que no es normal es que con temperaturas tan altas, tengamos que aguantar techos de chapa y cristal”, dice una profesora que ha preferido ocultar su identidad y el nombre del centro. “La cara de los niños lo dice todo. Dar clase a 26 niños de primaria a 35 grados, es una tortura. Nosotros nos hacemos los duros, pero el calor que hace es insoportable”. “A lo mejor es complicado y caro poner aire en todas las aulas, pero nos quitaríamos mucho si las cosas se hicieran bien desde el principio”, continua. “Y por supuesto, lo que no es de recibo es que el Consejero de Educación nos insulte y nos diga que hagamos abanicos de papel”.

“Pedimos que se consideren las cosas, que las instalaciones se adapten al tiempo, a las máximas que alcanzamos todos los años”

El director del mismo centro asegura que las temperaturas han alcanzado en algunas zonas los 36º y 38º grados. “Nuestro colegio arquitectónicamente está seguramente considerado como bonito, pero el otro tema es que sea funcional para lo que está diseñado. Todo este tipo de claraboyas y luminarias que tenemos hacen efecto lupa. En invierno tenemos más luz, pero luego llegan los meses cálidos y el cristal aumenta el calor de la parte interna del centro”.

IMG-20170620-WA0002
Temperatura en clase sin los 26 niños que la ocupan normalmente.| Foto: Cedida a The Objective de forma anónima

En cuanto a las medidas que propuso la Comunidad de Madrid, destaca la prevención contra el calor y la flexibilización de los horarios. Más allá de esto, los centros se han buscado sus propias soluciones. Por ejemplo, desde el colegio Diego Muñoz dejan claro que el calor ha obligado a muchos profesores a trasladar las clases a las zonas comunes de la primera planta del centro para aprovechar temperaturas un par de grados más bajas. El director del centro mencionado anteriormente también se ha propuesto mejorar la adaptación las instalaciones. “Estamos viendo la posibilidad de poner toldos en las luminarias. El aire acondicionado probablemente lo incluyan (los técnicos) en el presupuesto, pero  nosotros económicamente no nos lo podemos plantear. Luego nos han propuesto un sistema que no genera frío, pero que es capaz de extraer el calor, aunque me imagino que es tecnología moderna y por lo tanto bastante cara, así que no tenemos posibilidades“.

IMG-20170621-WA0006 (1)
“Las claraboyas actúan como una lupa”. | Foto: Cedida a The Objective de forma anónima

El arquitecto Javier Clavero también aboga por soluciones innovadoras que puedan adaptarse al clima. “Una buena solución para el aislamiento del frío o del calor es tener una fachada ventilada, que pueda servir tanto para obras de nueva construcción como de rehabilitación. Es un sistema constructivo que se compone de una capa de aislante sobre la cara externa del muro soporte, al que se ancla un revestimiento exterior, dejando una cámara de aire ventilada entre ambos que permite una menor dispersión del calor interior en invierno y una menor absorción en verano”.

Este medio ha intentado ponerse en contacto con la Conserjería de Educación, pero no ha recibido respuesta alguna.

Las guerra de las espartanas

Teodoro León Gross

Foto: Darren Whiteside
Reuters

Días atrás resultó bastante ridículo oír algunas voces invitando a rasgarse colectivamente las vestiduras al ver que las espartanas de Coca-Cola, tras años de conflicto laboral, habían logrado captar la atención de la gente sólo al desnudarse en Interviú. Almas de cántaro, pero si esa es una lección de 1º de Sociedad del Espectáculo. No hay que ponerse estupendos con las lecturas pedagógicas; sencillamente las espartanas se han desnudado a sabiendas de que era un método directo para ser trending topic y poder mostrar su larga batalla en las Termópilas de los tribunales. De hecho, no se han cuestionado sus motivos: “Seis mujeres de trabajadores de Coca-Cola son portada de ‘Interviú’ para reclamar los derechos laborales que sus maridos ganaron en los tribunales”.

Claro que es más fácil prestar atención a las espartanas por ese posado que por el tortuoso conflicto laboral. Y sobre todo con un periodismo que compite cada vez más en el negocio del entretenimiento, como ayer enarbolaba Eli Pariser, fundador de Upworthy, sitio de viralización. Desnudarse conserva un plus de noticiabilidad aunque carezca de novedad –ya no queda gremio por despelotarse en un calendario, desde estudiantes o deportistas de todas las disciplinas a octogenarias entusiastas– y las espartanas han aprendido cómo va esto, porque desde hace tres años el mayor hit mediático del conflicto ha sido el desliz hipocritilla de Espinar. En realidad no hay noticia que resista tres años, y menos un embrollo judicial que se dirime de instancia en instancia, de recurso en recurso. Hay que ser creativos y provocadores.

Esas mujeres saben que no es fácil identificarse con un conflicto judicial lleno de tecnicismos, pero que es fácil simpatizar con ellas, por su tenacidad y porque es un duelo demasiado desigual. Coca-Cola, bajo la lógica de Goliat, con recursos de sobra para doblegar a los trabajadores de la planta de Fuenlabrada, ha convertido esto en una cuestión de autoridad. Marcos de Quinto incluso se reunió con tres ministros para aquel ERE que pelearon hasta el Tribunal Supremo y perdieron; por eso, al aplicar la sentencia, castigaron a los demandantes recolocándolos con su salario pero en definitiva poniéndolos a pasar botellas vacías a cajas. Ahora un juzgado de lo social les da la razón en eso, y habrá más recursos. En definitiva la batalla jurídica es larga y tediosa; en cambio, funciona bien el relato de ‘las espartanas desnudas por sus derechos’.

Claro que siempre habrá quien vea un cierto cinismo en llevar la batalla laboral a un posado en la portada en Interviú. Pero ‘en el amor y en la guerra todo vale’… sobre todo cuando se pelea en desventaja. Por demás entre la lógica mártir, como esas heroínas de La Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine, o desnudarse, la elección parece fácil: mejor posar como guerreras semidesnudas o de pin-up de la marca. Eso sí, el riesgo de usar los resortes de ‘la sociedad del espectáculo’ es que se pueden sufrir las consecuencias de la ‘sociedad del espectáculo’: desnudarse para defender unos derechos laborales, y que se vean sólo unas señoras desnudas.

Marcelo Jorissen, una mina en el corazón de Madrid

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Rodrigo Isasi
The Objective

En el barrio de Chamberí, muy cerca de la parada de metro de Ríos Rosas, se encuentra la Escuela de Ingenieros de Minas. Lo que no todo el mundo sabe es que tras cruzar el patio central del edificio se encuentra la única mina de carbón de la capital de España, la mina experimental Marcelo Jorissen, inaugurada hace 50 años, en 1967, y que forma parte del Museo Histórico Minero Don Felipe de Borbón y Grecia. Se trata de la reproducción de un yacimiento real de carbón, cuya construcción se inició en 1963 por mandato del entonces director de la escuela, Marcelo Jorissen, y que se usó para que los alumnos de ingeniería de Minas pudieran hacer prácticas.

El acceso a la mina se lleva a cabo por una escalera que discurre paralela a un plano inclinado, supuestamente usado para la extracción de mineral. En el plano se conserva la vía para vagonetas. En su conjunto, la Marcelo Jorissen recrea el ambiente de una antigua mina de interior de carbón. Tras descender los 75 escalones, el visitante se encuentra con una fiel galería minera que se extiende hacia la izquierda, desembocando en el pozo, y hacia la derecha, donde se pueden contemplar diversos tipos de sostenimiento, vagonetas, vías, maquinaria de extracción, ventilación y desagüe.

Marcelo Jorissen, una mina en el corazón de Madrid 4
Escalera de entrada a la mina | Foto: Rodrigo Isasi

Cuando se recorren los 50 metros de la galería, situada a más de 10 metros bajo tierra,  las luces en penumbra, la humedad del ambiente y la decoración ayudan a que parezca que se está en una mina real. El tamaño de la galería no pudo alargarse más ya que los túneles de la línea 1 del Metro no lo permitían.

En el jardín se alza un castillete real, regalado a la Escuela por la Compañía Minera Peñarroya. Este castillete metálico estuvo en funcionamiento en Minas del Centenillo entre los años 1897 y 1963. Por él se sacaron unos cinco millones de toneladas de mineral de plomo, según reza en un cartel adosado en su estructura. El pozo tiene las guías para las jaulas, y éstas, aunque desmontadas, se ven a pie de pozo.

Marcelo Jorissen, una mina en el corazón de Madrid 1
Castillete real en el patio de la escuela | Foto: Rodrigo Isasi

Aunque en los años 60 se construyó con fines didácticos, para mostrar detalles de una explotación típica, hoy permanece con un valor casi exclusivamente de museo histórico. La explotación de las minas en la actualidad ha sufrido enormes cambios, tanto en el diseño, como en el tipo de maquinaria de extracción, ventilación y achique; afortunadamente, también en los mecanismos de seguridad.

Marcelo Jorissen, una mina en el corazón de Madrid 3
Una de las secciones de la galería de la mina | Foto: Rodrigo Isasi

El edificio de la Escuela de Minas

La Escuela de Minas de Madrid ha sido, durante la mayor parte del siglo XIX y todo el siglo XX, el centro educativo más importante para la formación e investigación en las áreas tecnológicas de los recursos geológicos, del espacio subterráneo, de los materiales y de la energía. El edificio histórico que es sede social de la Escuela de Ingenieros de Minas de Madrid desde 1893 se encuentra en el número 21 de la calle Ríos Rosas, y fue construido expresamente para albergar dicha escuela, que había tenido varias sedes de alquiler, hasta su traslado a Madrid en 1835.

La autorización para la construcción del edificio se remonta al 15 de enero de 1886, y el proyecto se encargó al arquitecto Ricardo Velázquez Bosco, que ya tenía merecida fama por las diversas construcciones que había realizado en Madrid. El edificio es de planta rectangular, de 48 metros por 33. Su disposición general está constituida por un patio central cubierto, con galerías abiertas, rodeado de una ancha crujía por los cuatro lados, con otras más estrechas en los costados.

Marcelo Jorissen, una mina en el corazón de Madrid 2
Patio central de la Escuela de Minas | Foto: Rodrigo Isasi

En las décadas finales del siglo XIX y durante la primera mitad del siglo XX la Escuela de Minas se fue dotando de maquetas ilustrativas de procesos industriales, máquinas, modelos a escala de labores mineras, pliegues, fallas y otros fenómenos geológicos, modelos cristalográficos en madera y otras representaciones, dedicadas sobre todo a la enseñanza de las distintas asignaturas y a las prácticas de los alumnos. Hoy día, aunque algunas de ellas tienen todavía una función didáctica, lo que causa admiración de estos mecanismos y modelos es la perfección de su construcción, el detalle con el que se reproducían los procesos, hasta el punto de que la mayor parte de estas maquetas funcionan todavía.

Existe, por ejemplo, una pequeña locomotora de vapor de mina, construida hacia 1920, que se puede hacer funcionar quemando alcohol. En ella son visibles los mecanismos de biela-manivela y, en general, todos los elementos mecánicos.

Hasta los años 70 una buena parte de las maquetas se exponían en el patio central de la Escuela, pero la necesidad de espacio al aumentar el número de alumnos exigió su retirada. Algunas de ellas pueden verse aún en la galería del piso superior que circunda el patio.

Marcelo Jorissen, una mina en el corazón de Madrid 5
La galería de la mina y algunas de las vagonetas para transportar el carbón| Foto: Rodrigo Isasi

Visitas Guiadas

Todos los primeros domingos de cada mes la Escuela de Minas organiza el mercadillo de minerales de 10:00 a 14:00 horas, donde se pueden encontrar todo tipo de fósiles, gemas, minerales, rocas y conchas tanto para coleccionistas como para aficionados y estudiantes. Además de acceder a este mercadillo, que se realiza en el patio interior, es también posible acceder a la mina, previa inscripción en la mesa de la entrada el mismo día, o a partir del día 15 de cada mes. Se realizan varios pases de visitas en grupo de no más de 30 personas.

Otra posibilidad es realizar visitas en grupo, con un mínimo de 15 personas. Para ello, los interesados deben llamar al teléfono 913 367 017 (Lunes a viernes de 10:00 a 14:00 horas) y solicitar fecha y día para poder realizar la visita en días laborables.

Barcelona se ha convertido en el campo de batalla de los vuelos low-cost de larga distancia

Redacción TO

Foto: ALBERT GEA
Reuters

La batalla está abierta en Barcelona, la ciudad más turística de España, donde dos aerolíneas de bajo coste han empezado a competir en el emergente sector de vuelos de larga distancia a precios asequibles. Un primer vuelo hacia Los Ángeles salió el jueves desde el aeropuerto de El Prat, operado por Level, la nueva compañía de bajo coste creada especialmente para las largas distancias del grupo IAG, matriz de Iberia y British Airways.

Además, la compañía también conectará con San Francisco, Buenos Aires y Punta Cana. No estarán solos: el 5 de junio despega la competencia. La escandinava Norwegian, pionera en este segmento, iniciará sus vuelos hacia Nueva York, Los Ángeles, Miami y San Francisco, haciendo de Barcelona su quinta base de operaciones después de Londres-Gatwick, París-CDG, Bangkok y Ámsterdam.

En total, habrá 22 conexiones intercontinentales por semana desde la capital catalana a precios muy competitivos y las condiciones habituales de las aerolíneas de bajo coste (reservas anticipadas, elección de equipaje, etc.).

Considerados imposibles durante mucho tiempo por su falta de rentabilidad, los vuelos low-cost de más de cinco horas empiezan a convertirse en realidad. La emergencia de nuevas naves de menor consumo y la caída de los precios del carburante ha empujado a compañías como Air Asia, Norwegian o French Blue a aventurarse en este mercado potencialmente jugoso. Hasta el punto de llevar a IAG, que en 2014 descartaba operar en larga distancia desde Barcelona, a cambiar radicalmente de estrategia.

Un hub de bajo coste

Aunque se mantiene detrás de Madrid-Barajas en número de pasajeros y facturación, la especialización del aeropuerto de El Prat en el negocio low-cost lo coloca en buena posición en la carrera por ser el primer aeropuerto de España. Según la consultoría de negocio aéreo OAG, Barcelona fue en 2016 el primer hub europeo de bajo coste al tener el récord de enlaces posibles en este tipo de vuelos.

El atractivo de la ciudad más turística de España, con más de 9 millones de visitantes en hoteles en 2016, atrajo a compañías como Ryanair, Easyjet o Vueling e hizo aumentar el tráfico de pasajeros en un 60% entre 2009 y 2016.

No obstante, hasta ahora apenas disponía de vuelos intercontinentales de compañías tradicionales. “Existía una anomalía en el mercado: Barcelona es una ciudad con un perfil internacional muy elevado (…) pero las rutas de larga distancia con que contaba no estaban a la altura”, explica un portavoz de Norwegian que vio “una oportunidad de mercado”.

Barcelona atesora muchas ventajas para rentabilizar estos vuelos gracias a “un mercado doméstico importante, muchas llegadas de vuelos y compañías de bajo coste que animarán a los pasajeros a hacer escala en este aeropuerto”, explica John Grant, analista en OAG.

El importante impulso económico

Las numerosas conexiones de radio medio que aterrizan en Barcelona deberían alimentar los vuelos intercontinentales, un elemento clave para su sostenibilidad.

Level “aprovechará que Vueling (la low-cost de Iberia del mismo grupo) está muy presente en el mercado”, explica Philippe Berland, consultor en Sia Partners. Los pasajeros podrán, por ejemplo, llegar con Vueling desde París y tomar un vuelo Level hacia Estados Unidos. Además, “Barcelona está muy bien situada para servir a mercados como Asia o América Latina, que por ahora son limitados pero crecerán rápidamente con las low-cost”, señala Grant. Enfrente tendrá competidores como el aeropuerto de Londres-Gatwick, de características similares y con experiencia ya en este segmento.

Barcelona se ha convertido en el campo de batalla de los vuelos low-cost de larga distancia 1
Barcelona quiere afianzarse como el mayor hub de Europa. | Foto: Albert Gea / Reuters

Las autoridades catalanas están convencidas de que el efecto hub mejorará el dinamismo económico de la región, más allá del turismo. “Estaremos a 200 euros de Silicon Valley y de las empresas tecnológicas mas importantes del mundo“, celebra el secretario de infraestructuras del gobierno regional, Ricard Font. Las empresas catalanas, incluso las pequeñas, tendrán más facilidad para abrir mercados en Argentina o California, asegura Jaume Adrover, director de la sección aeroportuaria de la Cámara de Comercio de Barcelona.

Además, el número de empleos creados alrededor del aeropuerto será superior al generado por los vuelos de medio radio, añade. Actualmente El Prat genera 125.000 empleos directos, indirectos e inducidos (creados gracias a los nuevos puestos de trabajo de las compañías áereas). Norwegian, por ejemplo, prevé doblar sus efectivos este año a casi 800 personas.

TOP