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'Relatos de gente extraordinaria'...

Marta Ruiz-Castillo

Foto: Vicente Ruiz Aguarón

…el libro de un cooperante en África

Los relatos son los de personas anónimas que viven en África, en países castigados por la guerra, el hambre, la corrupción, la enfermedades y que, a pesar de eso, sonríen, juegan y miran agradecidos a cooperantes como Vicente Ruiz Aguarón que, con este libro, ha querido mostrar lo que ocurre en este Continente olvidado. Y lo ha hecho a través de fotografías sacadas con su cámara, instantáneas que no dejan indiferente a nadie porque en ellas se refleja la humanidad de gente única y excepcional. En The Objective, aprovechamos para darlo a conocer coincidiendo con el Día Internacional de la Solidaridad Humana.

Cuenta Tuco, como así le llaman los que le conocen, que desde pequeño sintió la necesidad de ayudar a las personas más vulnerables, pero no fue hasta los 25 años cuando empieza a encaminar sus pasos hacia lo que acabó convirtiéndose en su forma de vida. Su historia es también en cierto modo extraordinaria, aunque él no lo crea así, ya que estudió Dirección y Administración de Empresas en Oxford, Inglaterra, y la idea era que se dedicara al mundo de la empresa. Al acabar la carrera se va a Alemania a buscarse la vida y al cabo de unos meses, regresa a España donde empieza a trabajar en una multinacional. Pero entonces tuve como una especie de llamada, porque vi un anuncio en el que preguntaban: ¿quieres ser voluntario?. Y me dije que sí, que me gustaría ser voluntario, así que empiezo a moverme en el  mundo del voluntariado internacional”, nos cuenta. Consiguió una entrevista con la ONG África Directo y se va de voluntario a Malawi. “Con 25 años tengo mi primer impacto con África y es entonces cuando me entra lo que algunos llaman ‘el virus de África’ porque me enamoré del continente. Estuve en Malawi siete meses y ahí hice un voluntariado increíble. De hecho fue una de las experiencias más alucinantes de mi vida ya que, aunque luego he tenido muchas otras, fue la primera, en una ONG muy pequeñita, en un poblado perdido en Malawi, un país ya de por sí muy pobre”.

“Viajé a Malawi con 25 años como voluntario y me entró el ‘virus de África’, porque me enamoré del Continente”

Siete meses estuvo Tuco en este pequeño país africano. Al cabo de ese tiempo vuelve a Madrid y comienza a trabajar en una agencia de publicidad. “Regreso a España para saber si realmente esa experiencia que he tenido es lo que quiero hacer o es solamente algo pasajero, emocionante, y una locura de un chico de 25 años. Me sale trabajo en una agencia de publicidad, en la que estuve 11 meses, pero para mí fue un choque enorme. Llegué de Malawi para meterme en un mundo como el de la publicidad que es el otro extremo. De hecho, mis compañeros me llamaban ‘África corps’ porque estaba todo el día hablando de mis aventuras en Malawi,  así que durante esos 11 meses lo pasé bien, aprendí mucho pero yo ya estaba con el ‘virus’, así que no aguanté y le dije a mi jefe que me iba otra vez de cooperante”.

En la entrada de un colegio en Sierra leona, siempre en fila, esperaban para entrar en clase.
En la entrada del colegio en Makeni, Sierra Leona, los chicos y chicas esperan en fila para entrar en clase.

Esta vez se marcha a Brasil porque quería tener una experiencia nueva, diferente. Había estado en Malawi que es un país pobre, que no tiene nada, pero Tuco quería conocer un país con diferencias sociales y Brasil era perfecto, ya que era y es un país de contrastes donde el 80% de la población sólo tiene el 20% de la riqueza, el resto está en manos de unos pocos; quería conocer eso y quería aprender portugués porque es un idioma importante en el mundo de la cooperación y allí se fue.

“Es bastante divertido porque me ayudó Carlos Sobera que por aquel entonces era voluntario y es amigo de un amigo mío, quien le dijo que si podía presentarme a alguien de World Vision Internacional donde estaba Sobera, y así lo hizo. Entonces me enviaron a Recife de voluntario llevando un proyecto con jóvenes, en favelas y con comercio justo; estuve poco tiempo, cuatro o cinco meses, pero lo suficiente como para empezar a aprender de qué iba el mundo de la cooperación, porque en Malawi fue mi primera toma de contacto, pero en Brasil me profesionalicé y aprendí portugués, y eso me sirvió para, a al vuelta, empezar a buscar trabajo”.

Estamos hablando del 2004, el año del tsunami en Indonesia, y a Tuco le llamaron de varias ONGs, entre ellas, Médicos Sin Fronteras para ir al lugar del tsunami pero también le llamaron de Cruz Roja Española para un proyecto en Angola. “Decidí irme a África, porque ya sabía portugués y el proyecto era muy interesante; llevaba cuatro años y yo tenía que terminarlo. En Angola aprendí realmente lo que es la cooperación, y ahí fue donde decidí que era a lo que me quería dedicar“.

El recuerdo de las sucesivas guerras se aprecia en impactos como este en Kuito, Angola.
El recuerdo de las sucesivas guerras se aprecia en impactos como este en Kuito, Angola.

El libro, dice Vicente, tiene fotos de Angola porque se trata de un país con una historia muy difícil, inmersa en guerras sucesivas. Se independiza de los portugueses en el año 1975 después de una larga guerra, pero entonces comienza una guerra civil que se prolonga hasta el año 2002. “Un país que es de los más minados del mundo, donde contacto con Halo Trust, una ONG escocesa conocida porque Lady Di colaboraba con ellos, que se dedica a desminar países como Angola. Dicen que hay unos 17 millones de minas que no saben dónde están. Es un horror. La guerra acabó pero en realidad sigue presente porque los agricultores, las personas que quieren hacer su vida normal, no pueden. Con Cruz Roja íbamos de pueblo en pueblo junto con Naciones Unidas y otras ONGs y teníamos que informar de nuestras salidas porque era y sigue siendo muy peligroso recorrer el país. La gente se sigue muriendo por las minas”.

En Angola, Vicente trabaja en un proyecto “muy interesante”, de capacitación de gente joven, formando a niños que habían sufrido la guerra, en colaboración con los Ministerios de Salud y Educación del país. Después de un año, Cruz Roja envía a Tuco como cooperante a Sierra Leona para trabajar en un proyecto de gran envergadura de la Unión Europea, “donde me encuentro con otra realidad, como digo en el libro, por un lado muy diferente, pero también con muchas semejanzas con Angola”. Sierra Leona, ex colonia inglesa, rica en minerales y diamantes, es una de las víctimas del presidente de Liberia, el Señor de la Guerra, Charles McArthur Ghankay Taylor, que entrega armas a cambio de diamantes de sangre, lo que provocó una terrible guerra. Cuenta Vicente el horror que vio al llegar, la zona de los diamantes en Kono District o las personas, muchos de ellos niños, con miembros amputados.

El trabajo en las minas de diamantes en Kono District es durísimo, todo el día dentro del agua, a veces a temperaturas extremas.
El trabajo en las minas de diamantes en Kono District es durísimo, todo el día dentro del agua, a veces a temperaturas extremas.

Ahora está todo un poco más controlado, pero entonces una de las causas de la guerra fueron los diamantes y son miles las personas que han muerto por culpa de estas piedras preciosas. “Yo llegué en 2006 y hacía apenas tres o cuatro años que había acabado la guerra, estaban los Cascos Azules, la milicia africana que es como unos cascos azules pero de allí, y en Freetown, la capital de Sierra Leona, aún estaban los helicópteros de la ONU….en fin, que la guerra había terminado hacía poco y eso se notaba. Había mucho miedo de que pudieran estallar nuevas revueltas. Cruz Roja tenía muchos proyectos de agua y de educación, y yo trabajaba en el norte y en el este del país. Allí estuve un año y medio y fue una experiencia increíble”.

La mirada y la media sonrisa de esta niña angoleña llega al corazón.
La mirada y la media sonrisa de esta niña angoleña llega al corazón.

Las fotos del libro son de estos dos países, Sierra Leona y Angola, porque “allí encontré los contrastes de la gente: podías ver a una persona con la cara más triste que puedas imaginar pero también todos los días veías caras alegres, sonrisas”. Vicente no puede dejar de sonreír cuando nos cuenta, por ejemplo, cómo cuando vivía en Sierra Leona, todas las mañanas al irse a trabajar “venían un montón de niños y me decían ‘titi, titi’ y me agarraban por las piernas bromeando y jugando, así que yo llegaba a la oficina feliz, y a la salida me estaban esperando, venían a casa y hacíamos bollos o jugábamos”. “África es un país de niños. Tiene mucha natalidad, la esperanza de vida es muy corta y es un país muy joven, lleno de niños, así que todo el día estaba rodeado de ellos; fue una experiencia muy bonita pero al mismo tiempo muy dura“, comenta, “porque ves gente que lo ha perdido todo, enfermedades, índices de sida muy elevados”.

Las mujeres, las más excepcionales

De las cosas que más le llamó la atención es el papel de la mujer en todos los países en vías de desarrollo. En el libro habla de personas excepcionales y sin duda en el caso de las mujeres son realmente excepcionales porque son las que llevan la carga de todo(algunos son usted que hace la prostitución escorts Oxford), se ocupan de la familia, son las que van a buscar el agua, y todo ello con el estigma de ser mujeres en países principalmente machistas.

Las mujeres llevan el peso de la familia y de la vida y mantienen vivas las costumbres. Aquí, una muestra en Koidu área, Sierra Leona.
Las mujeres, desde niñas, participan de las costumbres tradicionales, como en Koidu área, Sierra Leona.

Vicente ha querido contar a través de su cámara el contraste de unos países donde es posible “ver la felicidad de una población frente a los restos de una pena que aún persiste, gente que te cuenta que todavía tiene pesadillas, compañeros de Cruz Roja en Sierra Leona que tienen metralla en el cuerpo, chicas que te cuentan cómo a sus madres las han violado delante de ellas”.

La vuelta a Occidente

Cuando le preguntamos cómo se lleva el choque emocional que, sin duda, supone vivir en España con todas la comodidades y vivir de cooperante en África, en países como Sierra Leona o Angola, o Malawi, donde no hay absolutamente nada, su respuesta es clara: “Mucha gente me dice: qué difícil es ir a África, y yo les digo, pues no imagináis qué difícil es volver”.

Un poblado en Keama, Sierra Leona, donde Cruz Roja tiene un programa de ayuda.
Un poblado en Keama, Sierra Leona, donde Cruz Roja tiene un programa de ayuda.

Vicente vive actualmente en Madrid pero admite que le costó dos años regresar psicológicamente. “Hay un desarraigo muy grande después de estar en países con muchas dificultades y durante tantos años. Tu vara de medir la realidad es totalmente diferente. La vida allí es tan dura y tan compleja, encuentras situaciones que, al principio, no puedes evitar llorar pero aprendes de alguna manera que tienes que ser fuerte porque cuanto más fuerte estés, más puedes ayudar y comprendes que no te puedes venir abajo”. Insiste en que “cuando regresas a tu casa no entiendes muchas cosas, porque aquí tenemos de todo y estamos todo el día quejándonos, cuando en esos países no tienen nada y no se quejan y siempre tienen una sonrisa. A mí me ha costado cerca de dos años entender algunas cosas pero, bueno, al final te adaptas”.

“Mucha gente me dice: qué difícil es ir a África, y yo les digo, pues no imagináis qué difícil es volver”

Hacer este libro era un compromiso que este cooperante que aún no ha cumplido los 40 años adquirió consigo mismo pero también con las personas que viven en África. Sonríe porque dice que le ha traído muchos recuerdos. “Ver esas miradas de personas con las que has jugado o has compartido mucho tiempo, te entra añoranza porque, dentro de su dificultad, son personas muy humanas y yo lo que echo un poco en falta aquí en Europa es esa humanidad. Ellos lo dan todo aún no teniendo nada“. Además, desde que estuvo en Malawi, Vicente siempre quiso dar a conocer al denominado primer mundo las vidas de personas anónimas y excepcionales que viven en país con grandes carencias por culpa de las guerras y la corrupción. “No sólo contarlo a mis amigos y familia sino al resto de la gente, que sepa que el porcentaje de gente que sufre a diario es muy muy elevada. Aquí no nos damos cuenta ni de lo que tenemos ni de lo que está pasando fuera. Eso me obsesiona desde el primer día que volví y con este libro, un poco lo que intento es plasmar pequeños relatos de esas sonrisas, de esos mercados, de esos paseos en mitad de la selva, pequeños relatos de personas que me parecen excepcionales a través de la fotografía, que es algo que me apasiona de toda la vida“. Es su manera de recompensar a todas esas gentes a las que ha tratado en África, que “me han dado veinte mil veces más de lo que yo he podido dar. Sólo el hecho de que vayas a trabajar y haya veinte niños esperándote para acompañarte todas las mañanas, o que vayas a un poblado y que estés trabajando para poner agua potable y lo que ves es a personas que se muestran felices porque estás allí ocupándote de ellos, eso no se paga con nada”. Esa experiencia plasmada ahora en este libro “te cambia la vida”.

Dos amigas posan para el fotógrafo en Kuito, Angola.
Dos amigas posan para el fotógrafo en Kuito, Angola.

“Te das cuenta cómo la visión de un occidental en África no tiene nada que ver con la de los africanos; no es ni mejor ni peor, sencillamente es diferente y lo cierto es que ellos te enseñan muchas cosas, y llegan a bromean con temas como la guerra que han padecido. Ellos mismos te hacen ver que aquello es otra cosa”, concluye Vicente mientras le vienen a la memoria numerosas anécdotas de “gente extraordinaria”. El libro se puede adquirir a través de la web (www.vicenteruizfotografo.com) ahora que se acercan las Navidades.

Vicente Ruiz Aguarón
Vicente Ruiz Aguarón.

Continúa leyendo: ¿Por qué el mundo entra en pánico cuando se desploma Wall Street?

¿Por qué el mundo entra en pánico cuando se desploma Wall Street?

Marta Ruiz-Castillo

Foto: BRENDAN MCDERMID
Reuters/Archivo

Hace unos días Wall Street acaparó la atención de los medios de comunicación de todo el mundo. Portadas de periódicos, telediarios e informativos de radios se hacían – nos hacíamos – eco de la caída del índice Dow Jones que, algunos, llegaron a calificar de histórica. Las principales bolsas, entre ellas la española, se vieron arrastradas por esta caída de Wall Street y cundió el pánico. Algo que es habitual cada vez que Wall Street se resiente o cae de forma brusca. Pero, al final, Wall Street siempre se recupera, deja al resto de las bolsas tiritando, y parece que no ha pasado nada. Por eso hemos preguntado a José Ramón Iturriaga, gestor de fondos de inversión en Abante Asesores, ¿por qué el mundo entra en pánico cada vez que la bolsa de Nueva York se tambalea?.

En su opinión, una de las razones es que “la bolsa sólo es noticia cuando cae“, y otra es porque “no sabemos lo que hay detrás de las bolsas y, al final, lo que hay no es más que la evolución de los beneficios empresariales”.  De forma gráfica, lo primero que nos deja claro Iturriaga es que el mercado no es un bingo, “el mercado es la imagen de una manada de ñus corriendo por el Serengueti, que no sabe muy bien qué la hace correr hacia un lado o hacia otro, pero que no para de correr”.

Iturriaga achaca ese pánico a los titulares de los medios que transmiten – transmitimos – una percepción de caos, de que algo horrible va a ocurrir en el mundo cuando cae Wall Street.  “Esa es la percepción generalizada que tiene el público de la Bolsa, que viene muy mediatizada por estos grandes titulares donde abres cualquier web, o ves los telediarios y los periódicos salen con la caída de la Bolsa en portada. Y dices, ‘¡qué barbaridad!’, y por eso la gente tiene esa percepción. El problema es que es muy difícil de salvar ese muro de ignorancia, porque es no entender lo que hay detrás de la bolsa, y al final lo que hay, lo que cotiza en bolsa son los beneficios empresariales, por un lado, y lo que el mercado está dispuesto a pagar por esos beneficios empresariales”.

“El mercado es la imagen de una manada de ñus corriendo por el Serengueti que no sabe muy bien qué la hace correr hacia un lado o hacia otro”

El experto en fondos de inversión añade que la bolsa sólo sube, más allá de que haya días o meses que caiga, “pero de forma estructural, la bolsa lo que ha hecho es subir” desde sus inicios. “El estado natural de las bolsas es estar en máximos, la bolsa normalmente lo que ha hecho históricamente es subir y si hace 100 años el Dow Jones salió valiendo 50, hoy vale 25.000. No hace más que subir. ¿Por qué? Porque los beneficios empresariales de las compañías no hacen más que crecer, porque los beneficios de las compañías reflejan el crecimiento de la economía mundial y el mundo tiene la sanísima costumbre de crecer; el mundo en los años malos crece un dos y en los años buenos crece un cuatro, pero siempre crece”.

Es verdad, puntualiza, “que hay economías dentro del mundo que no crecen, como los países emergentes que, a veces no crecen pero los desarrollados sí; o al revés, en estos años, las economías occidentales han estado en crisis y han sido las emergentes, con China a la cabeza, las que lo han hecho bien”. Es en este entorno de una economía mundial donde hay que situar lo que ocurre en los mercados bursátiles para no caer en el alarmismo. “Las grandes compañías lo que hacen es vender en el mundo; por ejemplo, Inditex, Gestamp o Santander, son grandes multinacionales que no dependen ya de una economía local. Eso es lo que no entendemos, que las bolsas no son una suerte de casino, no son un bingo; las bolsas, al final, son un mercado donde hay muchos participantes, que reflejan el valor de las cosas y que, al final, hay veces que el componente emocional que tienen los inversores a la hora de tomar decisiones se impone temporalmente; es decir, el mercado es eficiente casi todo el tiempo, pero hay ventanas en las que el mercado no es eficiente porque se deja llevar por las emociones”.

El mundo tiembla cada vez que Wall Street cae. | Foto: Carlo Allegri / Reuters

Marketing del miedo

Iturriaga recuerda situaciones de alarma, entre las que cita el caso de Lehman Brothers, cuarto banco de inversión de Estados Unidos cuando quebró en 2008 con 680.000 millones de dólares en activos, y cuya quiebra, la mayor en la historia de Estados Unidos, se asocia a la crisis financiera mundial que estalló ese mismo año.

“Fue un gran episodio en el que nos volvimos todos locos y parecía que el mundo, no ya el sistema financiero, el mundo tal y como lo conocíamos, iba a desaparecer, parecía que esto acababa como Mad Max, desaparecían los bancos….y como el marketing del miedo es muy potente, y más en el sistema financiero, ahí los agoreros camparon a sus anchas. Llevamos muchos años donde los pesimistas, los discípulos del Apocalipsis llevan imponiendo su doctrina o, por lo menos, teniendo mucho predicamento estos últimos años”.

También explica Iturriaga que no siempre nos hemos movido en el terreno del pánico. De hecho, en los años 2006 y 2007 primaba la euforia. “En España, en el 2007 estábamos en euforia y la bolsa en 16.000 puntos y cada día era un nuevo máximo, y las valoraciones no tenían demasiado sentido por arriba, y ahora estamos en el otro extremo”.

“Llevamos muchos años donde los pesimistas, los discípulos del Apocalipsis llevan imponiendo su doctrina”

Para quienes trabajan en este ámbito, para los que conocen las interioridades de los mercados financieros como Iturriaga, “ese componente emocional es lo que nos permite aprovechar las distorsiones en valoración”. En el caso de la última caída de Wall Street, que ha arrastrado al resto de las bolsas, “ha habido unas rebajas no se sabe bien por qué” pero de carácter “más técnico”. “No es que esté quebrando ningún banco, no ha habido un repunte de volatilidad y eso ha hecho que mucha gente, sobre todo en renta variable, haya tenido que vender, esta es la explicación técnica; además, no se han contagiado otros mercados como la renta fija, como el crédito, esto se ha quedado limitado a la bolsas, pero es cierto que ha caído”.

Una manada de ñus

El consejo del experto es tratar de mantenerse alejado del ruido, “mantenerse al margen de esta manada de ñus”. Hasta ahí la teoría, porque en la práctica no es tan fácil mantener la cabeza fría. “Es difícil hacerlo para los que nos dedicamos a esto; no te quiero ni contar para la gente que tiene metida la cabeza en la centrifugadora en el día a día; como el único input que reciben es que las bolsas caen, porque los únicos días en que las bolsas son noticia es cuando caen, piensa que es una suerte de lotería, y no lo es, porque las bolsas reflejan la evolución de los beneficios empresariales, exclusivamente, con periodos de locura transitoria, pero es transitoria”.

En definitiva, hay que entender la bolsa “como una inversión no como una lotería, o un casino, no tienes que ir con visión de corto plazo, a tratar de ver si es rojo o negro, y si en los próximos días la bolsa va a subir o bajar porque eso es un recurso fácil de los periodistas, son explicaciones efímeras, o mejor dicho, peregrinas porque, de verdad, lo que mueve a los mercados en el corto plazo, a lo mejor son esas emociones o esos sobrecalentamientos de las emociones de los partícipes, de los agentes de los mercados, pero a largo plazo siempre son, en el caso de las bolsas, la evolución de los beneficios empresariales; en el caso de la renta fija, la evolución de las expectativas de la inflación, y en consecuencia, lo que van a hacer los bancos centrales”.

“Las bolsas reflejan la evolución de los beneficios empresariales, exclusivamente, con periodos de locura transitoria, sí, pero es transitoria”

“Por eso la gente no gana dinero en bolsa”, añade Iturriaga, “porque, primero no se atreve a invertir, y cuando se atreve, normalmente no tiene la paciencia suficiente para esperar”. El consejo es claro: “Si se entiende la inversión como un medio para conseguir un fin tienes que ser capaz de no estar encima todos los días y dejarte llevar por esa manada de ñus; porque si te dejas llevar por la manada de ñus, vas a ir con el pie cambiado todo el rato”.

En este punto, existe estadísticas sorprendentes sobre el Dow Jones, que es el índice con más historia y que ha pasado “de 50 a 25.000, que se ha multiplicado por una burrada” y, sin embargo, “el 90 por ciento de la gente que ha invertido en la bolsa americana en estos últimos 100 años ¡ha perdido dinero! ¿Y cómo es posible que hayas perdido dinero en algo que ha pasado de 50 a 25.000? Porque no ha sido una línea recta, esto ha ido subiendo y bajando, subiendo y bajando y la gente ha ido comprando cuando estaba arriba y vendiendo cuando estaba abajo, por ese componente emocional que tienen las decisiones de inversión”.

¿Por qué el mundo entra en pánico cuando se desploma Wall Street?
El trabajo de un agente de bolsa puede resultar agotador. | Foto: Lucas Jackson / Reuters

Ahí entran las emociones y que los inversores se dejan llevar por el pánico. “La gente que estos días se ha dejado llevar por las portadas de los periódicos y ha vendido, no sé si a corto plazo, a lo mejor ha acertado, porque no sé si la bolsa el próximo mes va a caer, es posible e incluso probable, pero a largo plazo va a perder dinero porque no va a volver a entrar. Tratar de hacer lo que en el argot se llama ‘market timing’, tratar de entrar y salir, entrar y salir, es algo que hay mucha gente que te lo vende como que es posible, pero es absolutamente imposible. Tratar de anticipar cuáles van a ser los movimientos de esa manada de ñus, es imposible, porque no sabes qué mueve a esa manada de ñus a un sitio u otro”.

De nuevo, el consejo del experto pasa por ser consciente de que los beneficios empresariales van a ir así, subiendo y bajando, “solamente te tienes que subir y no mirarlo; y si lo miras no te dejes llevar por las emociones, por ese dolor de barriga que todos tenemos cuando vemos en las portadas que cuentan que  la caída del Dow Jones ha sido la mayor de la historia; son titulares que son verdad pero son muy grandilocuentes. Aún siendo verdad, claro que es la más grande de la historia pero no ha sido la mayor caída en porcentaje; es la mayor caída en puntos porque el índice Dow Jones cada vez vale más puntos. Cuando el índice valía 50 no podía caer 500…ahora cuando vale 25.000 una caída de 500 es un caída fuerte pero tampoco es extraordinaria”.

España y el Ibex35

Aprovechamos para preguntarle a Iturriaga por España y el Ibex35 y nos llama la atención el dato que aporta: “Estamos al mismo nivel de la bolsa que en el año 1997“. Y nos cuenta por qué esto es así, de nuevo recurriendo a los ñus.

“Esa manada de ñus, en el caso de España, no ha recibido más que malas noticias; en estos últimos años España no ha dejado de pisar un solo charco”. Así, además de la crisis de Lehman que afectó a todo el mundo, España vivió una crisis económica mayor que los países de su entorno, “luego hemos sido protagonistas indiscutibles de la crisis del euro, ese horrible acrónimo de los pigs” – referido a las economías de Portugal, Italia, Grecia y España que acuñó el Financial Times,  en el que España era la S (Spain) – “que fue un terremoto que empezó en 2012 y que podemos dar por cerrado en mayo del año pasado cuando ganó Emmanuel Macron las elecciones francesas y ya se desterró la posibilidad de que algún país europeo pudiera plantearse la posibilidad de salirse del euro, que era lo que se planteaba si hubiera ganado Le Pen”.

“Este jurado, que es el mercado, no ha podido estar sujeto a peores noticias respecto a España”

También Iturriaga se refiere a los populismos en España como factor que preocupaba a los inversores extranjeros hace tres años. “Ahora parece que han pasado a mejor vida”, dice refiriéndose a Podemos y Pablo Iglesias. “Y cuando ya el año pasado parecía que todo se enderezaba, tenemos el tema de Cataluña que también ha sido objeto de varias portadas del Financial Times, ninguna de ellas para decir nada bonito”.

Esto, según Iturriaga, “se puede ver como una manada de ñus o, como decía Keynes, ‘el mercado es un concurso de belleza donde no tienes que identificar quién va a ganar, sino que tienes que identificar lo que piensa el jurado’. Pues este jurado, que es el mercado, no ha podido estar sujeto a peores noticias respecto a España”.

Los inversores extranjeros no acaban de fiarse del Ibex 35. | Foto: Susana Vera / Reuters

Por eso la bolsa en España está a los niveles del año 97, cosa que no pasa con el Dow Jones o con la bolsa alemana. “Nosotros no estamos ahí porque ese jurado del concurso de belleza hace tiempo que casi ha tirado la toalla con España, pero sí se ha producido una distorsión porque la realidad económica de España va por un lado, crece, y sin embargo, el inversor internacional, que es el que de verdad tiene dinero para poner precio a las cosas, nos ha tenido un poco de lado”.

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9 películas para conocer el sida

Redacción TO

Foto: AVALON
Avalon

120 pulsaciones por minuto se estrenó en España después de haber barrido Cannes con tres premios: el Grand Prix, el premio FIPRESCI otorgado por la prensa y la Queer Palm a la mejor película de temática LGTB. La cinta francesa, dirigida por Robin Campillo, retrata la lucha contra el sida en los años 90 en Francia, y ha puesto el foco sobre un asunto poco tratado por la cultura mainstream, la epidemia. El cine, de hecho, suele enfocar el tema desde el melodrama. Se trata de una tentación evidente tratándose de una enfermedad tan grave, pero el celuloide ha encontrado ópticas más optimistas para hablar de otras afecciones. La también francesa Intocables, por ejemplo, cuenta la historia real de un hombre tetrapléjico desde una perspectiva cómica. Y el trastorno obsesivo-compulsivo fue el eje central de una de las comedias más premiadas de los años 90, Mejor… imposible. El VIH y el sida, de momento, siguen teniendo una imagen casi exclusivamente melodramática en el cine.

Alerta spoiler: en algunas de las películas de este artículo, el diagnóstico del sida no se conoce hasta bastante avanzada la historia.

Los amigos de Peter, 1992

Uno de los pocos casos en los que la comedia tiene una presencia importante. Eso sí, el terreno que ocupa la comedia contrasta con el poco protagonismo que tiene la enfermedad, que, aunque central para el argumento, no se conoce hasta el final. La película cuenta la reunión de un grupo de amigos de la universidad que llevaban años sin verse.

Philadelphia, 1993

Después de haber recibido numerosas críticas por parte del colectivo LGTB por su anterior película, El silencio de los corderos, Jonathan Demme dirigió la primera película mainstream sobre el VIH, Philadelphia. Un abogado contrae la enfermedad y, cuando su empresa se entera, lo despide. La batalla legal para que se reconozca que el suyo fue un despido improcedente centra esta cinta que le valió a Tom Hanks su primer Oscar.

Kids, 1995

La polémica película de Larry Clarke dividió en su momento a la crítica, entre aquellos que la consideraban un retrato sin tapujos sobre los excesos de la adolescencia y quienes echaban en falta la mínima inspiración artística en el largometraje. El personaje que centra este drama está casi obsesionado con mantener relaciones sexuales con vírgenes y durante toda la película se dedica a acostarse con distintas chicas sin saber que es portador del VIH.

Todo sobre mi madre, 1999

Uno de los pocos ejemplos del cine español es Todo sobre mi madre. Se trata de un caso especialmente polémico porque el personaje infectado es una monja que ha contraído la enfermedad durante una relación con una mujer transexual con pene. El resultado es uno de los títulos más reconocidos de Pedro Almodóvar. Además de recibir el Goya a la mejor película, también consiguió el primer Oscar para el director manchego.

Las horas, 2002

Basada en la novela de Michael Cunningham, Las horas presenta a Meryl Streep preparando una fiesta para un escritor amigo suyo que acaba de recibir un importante premio. Pero el galardonado, interpretado por Ed Harris, no quiere ninguna celebración. Está convencido de que no le han dado el premio por sus méritos literarios sino por pena, ya que tiene sida.

Precious, 2009

Una de las historias de éxito de Sundance. La película tuvo enormes dificultades para conseguir distribución hasta que se proyectó con éxito en el principal festival de cine independiente. Precious, una joven de 16 años, sufre abusos por parte de su familia. Las violaciones de su padre no solo hacen que Precious tenga dos hijos nacidos de la incestuosa relación, sino que también provocan que la adolescente se contagie del virus.

Dallas Buyers Club, 2013

De la desesperación al negocio. Cuando un vaquero de Dallas es diagnosticado, empieza un tratamiento que hace que su salud mejore mucho. En un intento por hacer dinero, el personaje emprende una lucrativa empresa: traficar con medicamentos para el sida que todavía no han sido aprobados para su uso en Estados Unidos. Los dos actores principales de la cinta, Matthew McConaughey y Jared Leto, recibieron sendos premios Oscar por su interpretación.

The normal heart, 2014

Estrenada en 2014 por la cadena de televisión HBO, The normal heart es una adaptación de la obra de teatro del mismo nombre. A Ned Weeks, interpretado por Mark Ruffalo, le llama mucho la atención un artículo del periódico que habla de un extraño cáncer que solo afecta a homosexuales. Ante la falta de información, decide poner de su parte para dar a conocer la enfermedad y evitar nuevos contagios.

Verano 1993, 2017

La directora y guionista Carla Simón ha logrado que su primer largometraje fuera seleccionado para representar a España en los Oscar, aunque finalmente la Academia de Hollywood no la haya preseleccionado. Estiu 1993, originalmente en catalán, cuenta la infancia de la propia cineasta. Después de que sus padres mueran de sida, Frida, de seis años, se va de su Barcelona natal a vivir al campo con sus tíos, que tendrán que explicarle a la niña el significado de la muerte.

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Nii Ayikwei Parkes: "Si creyera que hay una verdad absoluta no sería escritor"

Beatriz García

Dice Nii Ayikwei Parkes que el escritor debe ser una esponja, que cuando juzgamos perdemos de vista que hay infinitas perspectivas del mundo. Y él atesora unas cuantas… Nació en Londres, pero creció y vive en Ghana, un país tan diverso y lleno de historias que cada cual tiene la suya y hay que saber escucharlas, sobre todo las que cuentan los ancianos y los niños, que son pura expresividad.

Lo mismo que este novelista, músico y poeta, amante de las vivencias mínimas, de los detalles que esconden esas historias y que a menudo pasan desapercibidos.
Porque… Si esa mujer “flacaaa” no hubiera llegado a la aldea persiguiendo a un pájaro azul, ¿alguien habría notado la desaparición del cultivador de cacao Kofi Atta? ¿Y la masa informe y maloliente que encontraron en su casa y que no era humana ni se sabía su procedencia? Este es el misterio que debe resolver Kayo, el patólogo forense protagonista de ‘El enigma del pájaro azul’ (Club Editor, 2017), una novela criminal donde ciencia y magia vuelven a ser lo que fueron, reverso y anverso de lo mismo.
Con Nii Ayikwei Parkes hemos hablado a su paso por BCNegra’18, donde ha participado en la mesa redonda ‘Jazz, magos y excéntricos’ junto a los escritores Ray Celestin y Andrei Kurkov.

Naciste en Reino Unido pero creciste en Ghana, que son países culturalmente MUY diferentes  ¿Cómo afecta a tu escritura vivir en un país en el que se hablan más de 60 idiomas? ¿Somos el idioma que hablamos?

El idioma influye mucho en cómo piensas. Cualquier persona que hable catalán y español te dirá que piensa de manera diferente en ambos idiomas. Todas las lenguas han evolucionado por necesidad y están influenciadas hasta cierto punto por todo lo que nos rodea y a lo que estamos acostumbrados,  así que vemos el mundo de acuerdo a nuestra lengua. Nací en una casa en la que se hablaban al menos dos idiomas y cuando a los cuatro años nos mudamos a Ghana, jugaba con muchos chicos que hablaban otras lenguas y eso expande tu visión del mundo. Mi hermano, por ejemplo, hablaba un par de lenguas más que yo y cuando íbamos al mercado podía charlar con más gente y si nos insultaban se enfadaba mientras yo me reía. Nuestra vivencia era muy distinta. Un idioma articula el mundo, está inserto en una cultura que estamos experimentando y es muy amplia. Incluso cuando escribo sobre un personaje, este proviene de diferentes paletas de experiencias, personas que he conocido y perspectivas que enriquecen el texto.
Dicen que los jóvenes escritores no pueden escribir un buen libro porque su vida es muy corta, pero han visto mucho, sobre todo si has nacido en una familia numerosa de diez o quince hijos, sin ir más lejos. Son estos detalles…

En ‘El enigma del pájaro azul’ el protagonista es un patólogo que para resolver un misterio debe acudir a las historias de la gente de las aldeas, los cazadores, los brujos, los ancianos… ¿Estamos perdido la costumbre de escuchar la sabiduría de quienes han vivido más que nosotros?

Somos una generación cuya máxima autoridad es Google y Wikipedia, y las personas ya no hacen preguntas a los otros. Es más, calificamos a las personas ancianas de menos inteligentes por no saber utilizar la tecnología, pero lo que ellos saben no está en las redes y se ha creado un vacío de conocimiento.
Me he pasado la infancia escuchando a los adultos contar historias y me preocupa, pero lo mismo pienso en relación a los niños. Porque los niños pueden cambiar drásticamente la visión que se tiene sobre algo simplemente por la forma en que se expresan. Hay mucho que aprender tanto de los ancianos como de los niños.

Nii Ayikwei Parkes: "Si creyera que hay una verdad absoluta no sería escritor" 1

¿Cómo empezaste a escribir?

Cuando era niño tenía muy mal carácter y mi padre siempre se las ingeniaba para hacerme reflexionar antes de que me metiera en una pelea. Me decía cosas como que contase hasta diez y escribiese en una libreta los motivos y si había suficientes él me apoyaba. Y esa fue una de las formas en que empecé a escribir y descubrí que disfrutaba con ese proceso. Pero también ocurrió otra cosa que creo que influyó mucho en mi vocación de escritor: Mi padre era un gran lector y se levantaba a las cinco de la mañana para leer y yo me levantaba a la misma hora para pasar tiempo con él, pero como estaba leyendo no podíamos hablar. Así que me sentaba a su lado con un folio y un lápiz y escribía. Un día vio lo que andaba escribiendo y me dijo: “¡Eso es poesía!”, y puso nombre a lo que hacía.
Luego, en la escuela secundaria, en la época en que todo el mundo estaba enamorado, había un chico mayor que tenía varias novias y como nuestra caligrafía era parecida empecé a escribir por él algunas cartas de amor. Al tiempo escribía cartas para sus amigos y para todo el mundo a cambio de dinero.

“La historia pertenece siempre a sus protagonistas porque es su verdad”-Nii Ayikwei Parkes.

Escribes: “Si un relato es malo, la verdad se alarga como una rana aplastada por el coche”. ¿Existe una verdad? 

Creo que buscar la verdad sí es importante, pero creer en una verdad absoluta es peligroso porque todos tenemos perspectivas y debemos estar abiertos a ajustarlas continuamente. Como escritor eso es lo que hago, buscar la verdad en todas mis obras, pero si creyera que hay una verdad absoluta no sería escritor.

Kayo también busca la verdad a través de la ciencia y se encuentra con la verdad de las aldeas… 

Justo, esa es la metáfora. El patólogo forense busca la verdad en el cuerpo para poder explicar por qué alguien ha muerto. En el fondo, es un detective. Pero, además, Kayo es un científico y quería que tuviese una visión del mundo totalmente opuesta a la de la gente del pueblo.
En el pequeño contexto de Ghana y en otras sociedades también, la Policía es invisible en las aldeas y tiene una autoridad dudosa. Con Kayo, aunque la gente no esté de acuerdo con lo que dice, lo respetan porque sigue un proceso y los procesos son importantes en el campo, las personas saben que si cultivan de forma equivocada la recolecta no será buena. Mientras que la Policía solo reacciona a las cosas.

La aparición de una mujer que sigue a un pájaro azul dispara un misterio que bien podría haber pasado inadvertida. ¿Están las historias en estos pequeñísimos detalles?

Las historias tienen pequeños comienzos en los que a veces no reparamos. Por ejemplo, los británicos rechazaron lo que se decía del expresidente de Uganda Idi Amin simplemente porque sus generales jugaban al rugby con él y pensaban que era un buen tipo. Todas las historias empieza por detalles mínimos y eso es lo aterrador y maravilloso del mundo. Cuando decimos ‘si esta persona no fuera esto, ¿cómo la miraríamos?’ ¡De ahí nacen las historias? Y todas son diferentes dependiendo de la perspectiva.
Mis historias favoritas son aquellas en las que siento que no debería estar allí, como en las obras de García Márquez. De repente, todo ocurre y lo ves por primera vez y te sorprende. Lo mismo que amo como lector es lo que intento transmitir a los lectores cuando escribo, no trato de explicar todo lo que ocurre. Porque, como en la vida, las cosas simplemente suceden y no nos damos explicaciones de todo.
Una de mis premisas como escritor es que la historia pertenece a las personas que la protagonizan porque es su verdad. Ahora estoy trabajando en mi nueva novela, que se sitúa en un lugar que no existe y tiene como protagonista a alguien muy anciano, un árbol… Primero necesito crear la historia del lugar, la nutro de detalles, pero un simple detalle como que esté narrada desde la perspectiva de un árbol lo cambia todo: ¿qué ve un árbol? ¿cómo lo siente?

Hay escritores que escriben desde las entrañas y otros que son puramente cerebrales… ¿Desde dónde escribes tú?

Es una combinación de muchos lugares, porque es un proceso en el que hay reescrituras donde interviene el cerebro. Diría que escribir con las tripas tiene más que ver con el inconsciente, pero el subconsciente son todas las cosas que están ocurriendo a tu alrededor mientras escribes. A veces lees algo que has escrito hace un tiempo y reparas en que hay mucho verde y piensas: “¿qué me influyó en aquel momento?, porque no te das cuenta. Consiste en estar abierto a todo y la mejor manera de ser escritor es ser una esponja. Uno de los factores que me ha hecho mejor escritor a medida que he ido creciendo es no juzgar demasiado. Cuando eres niño y vas a la escuela te enseñan cómo deberían ser las cosas, pero eso no te hace buen estudiante, simplemente te obliga a juzgar(te) más y basas todo lo que sientes y piensas en lo que aprendiste en el colegio.
Por eso también me encanta charlar con las personas ancianas. En Londres dirigí un grupo de teatro de mujeres mayores filipinas y, aunque me pagaban muy poco, lo pasaba genial porque no juzgan, dicen lo primero que se les pasa por la cabeza. Y ese es el lugar en el que me ubico cuando escribo; quiero ser capaz de decir lo que es y no preocuparme ni detenerme por exceso de juicio.

En la novela escribes: “Una aldea es como una vagina”. ¿Qué papel tienen las mujeres en tu vida y tu obra?

Nací, obviamente, de una mujer. Mi padre fue criado por una mujer, mi abuela, que vivió con nosotros. Tanto él como yo pasábamos mucho tiempo en la cocina e incluso cocinaba mejor que mi madre. Las mujeres tienen mucho que ver con mi visión del mundo. También he leído muchísimo a Ama Ata Aidoo, como otros tantos jóvenes de mi generación, y es una gran inspiración para mí. Y lo mismo me ocurrió cuando leí a Mariama Bâ, despertó en mí diferentes perspectivas del mundo y ya no escribo ni leo de la misma forma.
De hecho, las mujeres africanas tenían mucho poder antes de la colonización y luego todo se volvió más patriarcal. Ese poder permanece en cómo hacen las cosas: en las familias de pescadores ellas son quienes venden el pescado y gestionan el dinero y sucede lo mismo en las familias de granjeros. Por supuesto que crecí en una sociedad donde la mujer es fuerte y eso ha influido mucho en mi obra, porque soy muy consciente e intento evidenciar el rol y el poder que tienen incluso cuando no son protagonistas.

África es un continente muy desconocido en Occidente y su literatura todavía más…

En cierta medida es un problema histórico y te das cuenta de ello cuando lees lo que han escrito o dicen de África desde Occidente. El Oeste no está interesado en aprender de nosotros, pero vienen a enseñarnos. Dicen: “No hay nada que aprender, es el continente ‘negro’”. Debemos aprender de todo y a eso me refiero con escuchar a los niños y a los ancianos. Si no tienes diferentes perspectivas no puedes estar abierto a las infinitas posibilidades que hay en esta vida.

¿Nos recomiendas algún autor africano?

El camerunés Mongo Beti; Mariama Bâ , de Senegal, y Noviolet Bulawayo estarían entre mis favoritos.

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Japón se prepara para protegerse de los misiles de Corea del Norte

Redacción TO

Foto: KIM KYUNG-HOON
Reuters

“Un misil lanzado por Corea del Norte llegaría en menos de 10 minutos, y la primera alerta ocurriría tres minutos después del lanzamiento, lo que no da unos cinco minutos para encontrar refugio“. Quien habla es un funcionario gubernamental japonés, Hiroyuku Suanega. Y el motivo es el simulacro que se ha celebrado en Tokio esta semana para preparar a la población ante cualquier intento de Pyongyang de lanzar misiles contra sus vecinos asiáticos.

La gente disfruta de un día de diversión en un parque de atracciones y, de repente, llega la alerta: se acerca el temido misil. Las personas que participan en el simulacro buscan refugio corriendo. Ocurre lo mismo en el metro de la ciudad, uno de los lugares recomendados para refugiarse. Todo lo que esté bajo tierra es la mejor opción para intentar sobrevivir a un ataque de verdad. Los habitantes, incluidos ancianos y niños, se cubren la cabeza, se tiran al suelo y buscan centros comunitarios donde pasar el ataque.

Es la primera vez que la capital prepara un simulacro de este tipo, pero otras ciudades del país han organizado ejercicios similares para concienciar a la población de que una ofensiva de este calibre es posible. En el de Tokio han participado unos 300 voluntarios. Y mientras tanto, todo el país está reforzando su capacidad de interceptación de misiles y ha aumentado su presupuesto de Defensa.

Pero estas medidas se han encontrado con protestas por parte de la sociedad japonesa, que se opone a este entrenamiento, diciendo que lo único que consiguen las autoridades es infundir miedo a la población. “No podemos protegernos sujetándonos la cabeza con los brazos, como en la evacuación de hoy”, dijo el día del simulacro un activista. “Por lo tanto, creo que es más importante reforzar lazos con el enemigo“.

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Un grupo de activistas protesta contra los simulacros con una pancarta que reza: “El simulacro de evacuación antimisiles es un ejercicio de guerra”. | Foto: Kim Kyung-Hoon / Reuters

Falsa alarma de misiles

El país ya tiene protocolos preparados para anunciar el desastre. De hecho, los activó por error hace unos días, cuando la cadena pública de televisión y radio NHK advirtió erróneamente a los ciudadanos del lanzamiento de un misil norcoreano y los exhortó a buscar refugio inmediatamente. El mensaje se emitió en los sitios de internet y telefonía móvil de la NHK. “Aparentemente Corea del Norte ha disparado un misil”, alertó la cadena, que añadió que el Gobierno había emitido una advertencia. “El Gobierno: Buscar refugio en edificios y sótanos”.

La NHK ha dicho que el error se debió a un empleado que estaba utilizando el sistema de alerta para buscar noticias online, pero no ha entrado en detalles. Borró el tuit y la advertencia poco después de lanzarlos, emitió una corrección y ofreció disculpas reiteradamente en el aire y en otras plataformas. “La alerta fue un error”, se disculpó la NHK. “Lo lamentamos mucho”.

Fue algo similar a lo ocurrido en Hawái tan solo unos pocos días antes. Pero a diferencia de la estadounidense, la alerta de NHK no incluyó la frase “esto no es un simulacro”. Además, la NHK corrigió su error en pocos minutos, mientras que en Hawái el aviso estuvo vigente durante casi 40 minutos.

Es una situación que permite entender la tensión con la que viven estos meses los japoneses y en menor medida los estadounidenses. El miedo ha crecido en el caso de Japón a medida que los ensayos de misiles norcoreanos se acercan a sus costas y sobrevuelan su espacio aéreo. De hecho, la propia NHK y otros medios nipones emiten alertas ante cada ensayo y el Gobierno envió avisos de emergencia cuando los misiles sobrevolaron recientemente Japón.

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