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Reservoir Dogs cumple 25 años y sigue siendo lo más Tarantino que hay

Nerea Dolara

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IMDB

Su primer largometraje marcó su estilo para siempre. ¿No lo crees? Mira los cinco elementos que se repiten en todo su cine y que comienzan aquí.

El 14 de octubre se cumplen 25 años del estreno de la película que pondría a uno de los directores contemporáneos más respetados en el mapa: Reservoir Dogs. El primer largometraje de Quentin Tarantino se ha convertido en un clásico de culto y aunque fue Pulp Fiction quien lo hizo una estrella, su primera incursión cinematográfica ya deja claras sus intenciones. De hecho, tiene casi todas las marcas de lo que se convertiría su cine… Tarantino, al parecer, tuvo claras desde el principio sus señas de identidad como autor. La trama es simple: un grupo de hombres, cuyos nombres son alias, planean un robo que sale mal. Terminan, quienes sobreviven, en el punto de encuentro y lo que resulta es una discusión general sobre quién es el topo que los ha traicionado. Así, nada más. Reservoir Dogs lo tiene todo y es por eso que se ha sostenido en el tiempo como una de las obras más respetadas del director.

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Reservoir Dogs, un clásico del cine de los 90 | Imagen vía IMDB

La violencia

Esta lista no tiene un orden establecido, pero si hubiese que comenzar por algo que define el cine de Tarantino y que Reservoir Dogs tiene en cantidad es la violencia: descarada, visible y casi regocijada en sí misma. Tarantino, fan como es de la serie B y el cine asiático de artes marciales, adora representar peleas y debe tener un proveedor de sangre falsa que ya es un millonario… En Reservoir Dogs hay una escena, de hecho, que es un clásico de las secuencias de Tarantino tanto como Mia Wallace y Vincent Vega bailando en Pulp Fiction o La Novia masacrando a los secuaces de O Ren Ishi en Kill Bill... y si has visto la película sabes cuál es. Mr. Blonde, o Victor Vega como descubrimos luego, tortura a un policía que ha tomado como rehén para descubrir quién los traicionó. Y lo hace al ritmo de Stuck In The Middle With You. La violencia es gratuita -Vega es un psicópata sin duda-, intensa y de cierta forma ligera, ese extraño equilibrio que logra Tarantino entre horrorizar y entretener que es tan complicado de explicar: una suma de adrenalina y terror. Y la música…

Las bandas sonoras

Tarantino es de esos directores que se involucra intensamente con sus soundtracks. No es de extrañar. La música forma parte crucial de algunas de las escenas más recordadas de sus películas, incluyendo la de Vega torturando al policía. El cineasta tiene predilección por la música de los sesenta y por pistas poco conocidas que, por esa razón, se asocian para siempre con sus imágenes. La escena de Vega en Reservoir Dogs no es traumática para el espectador por esa yuxtaposición humorística que le da la música, ese terrible entusiasmo con que Vega canta mientras el policía atado lo mira con terror y el detective encubierto no puede hacer nada. Es tenso y leve, es genial y simple, es absolutamente pop.

Los personajes

No sólo está aquí el hermano de Vincent Vega (John Travolta) en Pulp Fiction, sino que sus protagonistas son delincuentes. Tarantino nunca ha estado interesado en contar las historias de ciudadanos adaptados, ya sea en sus películas de época, como Inglorious Bastards, como en otras actuales, como Jackie Brown. Sí, siempre cuenta con un personaje ajeno al espacio de los delincuentes que tiene que involucrarse (aquí, el detective encubierto), no son disfrute y adrenalina, pero sus amores predilectos son los hombres que trabajan fuera de ley. Pero no se trata de los jefes. A Tarantino no le interesa el padrino, le interesan sus matones. Comienza con Reservoir Dogs y sigue durante mucho de su carrera. Su curiosidad insaciable con respecto a la cotidianidad de estos trabajadores del crimen lo lleva a explorar historias que antes de él poco se veían en el cine.

Los diálogos irrelevantes

Irrelevantes no por malos o innecesarios, sino por su naturaleza casual y, para cualquier otro narrador, desechable. Reservoir Dogs comienza con una reunión en un dinner (un set que también adora) en que los miembros del equipo que pretende asaltar el banco discuten sobre Like a Virgin de Madonna… durante varios minutos. Tarantino usa estas conversaciones para determinar rasgos de sus personajes, además de para darles humanidad. Son gente, aunque trabajen con armas y maten sin piedad. Son personas que oyen a Madonna… o que comen en McDonalds.

La estructura

Tarantino nunca ha sido fan de contar sus historias de manera lineal. No lo hace en su primera película, que salta desde el presente del robo que fue mal a puntos del pasado sin discriminación, y nunca lo hace en las demás. Ya sea diviendo la historia en bloques, episodios o capítulos; ya sea contando sin estructura temporal; o volviendo al mismo punto desde diferentes puntos de vista, el cineasta juega con el tiempo y el espectador, siempre.

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7 elementos de cultura pop para conocer a Charlie Manson

Nerea Dolara

El asesino y líder de un culto se convirtió en icono pop y ha sido el sujeto de muchas creaciones culturales. Ahora que ha muerto te recomendamos desde libros hasta podcasts sobre este tenebroso personaje que tanta obsesión ha generado desde los sesenta.

No es un secreto que los asesinos despiertan una oscura curiosidad en la gente “normal” (véase Seven o más recientemente Mindhunter, por ejemplo). Tampoco lo es que gracias a esa pulsión la cultura les ha dedicado muchas horas y páginas a sabiendas de que siempre habrá personas interesadas en saber más. Uno de los asesinos que se ha mantenido como una enorme figura influyente, incluso tras años de cárcel, es Charles Manson. El hippie que quería ser músico y que terminó liderando varios sangrientos asesinatos murió esta semana, pero su presencia sigue siendo amplia y poderosa en la cultura. Manson y sus crímenes están en todos los géneros y aquí revisamos su presencia en la cultura y qué puedes mirar, leer o escuchar si quieres descubrir su larga influencia en la cultura.

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Un libro

Las chicas tuvo un éxito inusitado el año pasado. No es de extrañar. La primera novela de Emma Cline relata, con nombres cambiados, la experiencia de una chica de clase media que deja su casa para unirse a un grupo de casi adolescentes que viven con un gurú, una clara referencia a Manson y La Familia. La novela retrata con maestría el momento histórico y la capacidad de Manson de atraer, seducir y someter. Su cariño y su violencia, su volátil personalidad. Y retrata a las chicas, todas amantes, todas jóvenes, todas perdidas. Una novela que no romantiza un tiempo que muchas veces se ha visto como idílico, que relata una historia dura y a la vez capaz de enganchar.

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Un disco

The Downward Spiral, de Nine Inch Nails (1994), no sólo recicla letras de Mechanical Man, una canción de Charles Manson, e incluye una colaboración con Marilyn Manson (cuyo apellido falso proviene claramente del nombre del asesino), sino que se grabó en 10025 Cielo Drive, la casa en que Sharon Tate y sus amigos fueron brutalmente asesinados y donde Trent Reznor construyó un estudio al que llamó Pig (en referencia a las pintadas que los asesinos dejaron en las paredes). Reznor luego reconoció que tal vez esto fue un error. The Guardian lo cita explicando que poco después se encontró con la hermana de Tate que le reclamó por explotar la muerte de Sharon. “Por primera vez pensé: ¿Y si fuese mi hermana?. Pensé: Que se joda Charlie Manson. No quiero que me vean como alguien que apoya a un asesino en serie”.

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Un ensayo

The White Album es un extenso ensayo en que Joan Didion analiza -posteriormente, se publicó en los setenta pero habla de su vida en la California de los sesenta- el fenómeno hippie y de la contracultura en California y su vida en ese tiempo. Los asesinatos perpetrados por La Familia aparecen en el libro y Didion los identifica como los responsables de la muerte de un momento, de un espíritu libre y despreocupado. California se llenó de paranoia y miedo. Y cuando Manson, el perfecto ejemplo del hippie descarrilado (el discurso dominante en los medios) fue detenido, el flower-power recibió su última estocada. Didion entrevistó a Linda Kasabian, una de las asesinas y amantes de Manson, más de una vez, de hecho le compró el vestido que llevó a su juicio. Y en el libro relata estas conversaciones.

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Una serie

Aquarius no tuvo demasiado éxito, pero claramente cuenta la historia de los comienzos de Manson y lo que va a venir después. Un policía, completamente conservador y que rechaza a los hippies, interpretado por David Duchovny, sigue la pista de una adolescente desaparecida que se une al grupo de un gurú. La serie se toma libertades, pero resulta un ejercicio interesante.

Una canción

Death Valley 69, de Sonic Youth, hace referencia directa a Manson, La Familia y los asesinatos. La canción fue llamada por Rolling Stone “la mejor fusión de punk y estética de película de terror que ha hecho la banda”.

Un podcast

You Must Remember This es un excelente podcast sobre historia de Hollywood que hace Karina Longsworth, antigua jefa de cultura del L.A. Times. ¿Qué hace la historia de Charles Manson en su podcast? La serie de 10 episodios sobre el asesino existe en sus archivos porque, como sabrá casi todo el mundo, los discípulos de Manson mataron, entre otras personas, a la actriz Sharon Tate, esposa de Roman Polanski. Las muertes afectaron no sólo al país y al verano del amor, que mucha gente considera que murió en ese instante, sino al mundo del cine. Profundamente investigada, la serie relata la completa historia de Manson y cómo pasó de ser un extraño y violento aspirante a músico a líder de un culto con tendencias asesinas. Una joya del periodismo y un excelente retrato de ese tiempo y este personaje.

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Una película

Manson (1973) es un documental nominado al Oscar en que el cineasta, Robert Hendrickson, tuvo total acceso al rancho que era hogar de La Familia y entrevistó a sus miembros antes, durante y tras los juicios por los asesinatos Tate-LaBianca. También habla con ex miembros de la familia y muestra segmentos de noticias y análisis del momento en televisión. El documental presenta la visión que tienen los seguidores de su líder y de lo que defiende. Interesante y aterrador.

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Los vencedores siempre pagan mejor

Jordi Bernal

Foto: YouTube
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Se cumplen 75 años de Casablanca. No es objetivamente la mejor película de la historia del cine, y sin embargo es puro cine. En Casablanca, más precisamente en el humeante bar de Rick, se hacina una manera de hacer cine, de verlo, destriparlo y sobre todo vivirlo. Una mitología anclada en el siglo XX y convertida irremediablemente en nostalgia cinéfila. Aunque algunas líneas de guión todavía refuljan como navajas ansiosas, su invocación solo sirve ya como un guiño cansado o como material con que se forjan ocurrentes tuits.

El film nació con una voluntad manufacturera. Un producto más en la cadena de montaje de la gran fábrica de sueños que fue Hollywood antes de la avalancha de tipos disfrazados de fantoches que vuelan y mareantes videojuegos para adultos infantilizados. Fue pura carambola y azar. Es bien sabido que el libreto se escribió a salto de mata, en orgía de guionistas e improvisando diálogos en el set, que Bogart daba por perdido su pasaje a la fama, que el director de fotografía Arthur Edeson bordeó el ataque de nervios intentando primeros planos de Bergman sin sombras en su peculiar nariz, que el realizador Michael Curtiz naufragó en su intento de imponer control al caos o que los capitostes de la Warner se planearon en varias ocasiones cargarse el proyecto.

Pero tal vez la improvisación y la urgencia sean dos de las condiciones más admirables en esta obra inmarcesible. Pues detrás de una acartonada historia de amor a manera de triángulo melodramático y zurcido con lapidarias sentencias de corazón latiendo a cañonazos, palpamos el transcurrir vertiginoso de su tiempo. El cínico Rick encarna esa América que no tuvo más remedio que mojarse frente a la propagación del horror. Pese a que finja que su nacionalidad es el alcohol y su única bandera un dólar ondeante, el sentimental toma al fin partido por esa Europa amada y perdida (Ilsa) con su mítica y mitificada resistencia (Victor Laszlo). Como compañero de fatigas, el turbio y fascinante capitán Louis Renault, quien mandará al infame gobierno de Vichy a la basura de la historia.

Esa es a mí entender la más emocionante cualidad de Casablanca: convertir un estridente melodrama en un talentoso aldabonazo propagandístico requerido por las circunstancias. Mientras Leni Riefenstahl ofrecía al III Reich un imaginario colosal de fuerza mecánica y masa enardecida, en defensa de los aliados sonaba La Marsellesa empañando ojos y sacudiendo conciencias en un tugurio clandestino de África.

Frente a estadios erizados de antorchas, trapos sangrientos y cánticos oscuros, un enclenque buscavidas neoyorquino prefigura la ética y la estética del héroe existencialista. Luchador contra la anexión de Austria y del lado de los perdedores en la Guerra Civil española. ‘Pagaban bien’, le dice al respecto Rick al capitán Renault. A lo que este último responde inapelable: ‘Los vencedores pagaban mejor’.
Así es. La enseñanza de Rick también supone la aceptación cargada de hombros de que los vencedores siempre pagan mejor.

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10 de los mejores directores indies vuelven a las salas de cine

Nerea Dolara

Foto: Imagen de How to Talk to Girls at Parties
Focus Features

Antes del 2018 una decena de películas de autores indie que todos amamos llegaran a los cines y, en muchos casos, intentarán competir por el Óscar. ¿Ya sabes cuáles son?

Este año ya llegaron a las salas estrenos de nombres del indie como Sofía Coppola, Noah Boumbach o Darren Aronofsky, pero aún quedan muchos más autores indies por aparecer en las salas antes de que el año termine. Toma nota, estas películas son de visión obligatoria si eres fan del cine de autor.

Phantom Thread

La nueva película de Paul Thomas Anderson, y el que se ha anunciado que será el último proyecto en que participe Daniel Day Lewis como actor, llegará pronto a las salas. En el Londres de los años cincuenta un sastre, Day Lewis, reina como el encargado de las prendas que lleva la realeza, las celebrities y demás ricos y famosos de la ciudad. Su vida es organizada, atrapada en un patrón si se quiere. Todo eso cambia cuando conoce a Alma, una mujer fuerte e independiente, que se convierte en su musa y su amante. Siendo la última actuación de Day Lewis ya se habla de que obtendrá una nominación al Óscar como Mejor Actor, incluso algunos hablan de que lo ganará.

Lady Bird

Vale, esta es una especie de trampa. Greta Gerwig nunca ha dirigido, pero la actriz y guionista es en parte responsable de muchos de los mejores proyectos que ha estrenado últimamente su pareja, Noah Baumbach (Frances Ha o Mistress America) y con esta dramedia se lanza a las aguas de la dirección sin miedo y con tanta albanza crítica que resulta difícil no imaginar que la nominen a un Óscar. Lady Bird, que tiene a Saoirse Ronan como protagonista, es una historia de madurez semi autobiográfica que Gerwig lleva a la pantalla con humor y exactitud. Y lo dicho, la crítica la adora, incluso ha utilizado en varias ocasiones la palabra perfecta para describirla. ¿Lo será?

Isle of Dogs

Wes Anderson vuelve al ruedo con una nueva película animada con stop motion. Si su incursión anterior en el género -‘Fantastic Mr. Fox’- es indicador, ‘Isle of Dogs’ promete y mucho. La historia es ya de por sí extraña y llamativa: un malvado gobernante japonés absolutista decide desterrar a todos los perros a una isla basurero. Cuando un niño pierde a su mascota gracias a la ley, opta por embarcarse en una arriesgada misión de búsqueda. En la isla los demás perros los ayudarán a encontrar a su mejor amigo y sortear todo tipo de riesgos. ¿Es temible que la película sufra críticas por situarse en Japón y tal vez estereotipar a sus personajes? Sí, pero no queda sino esperar.

The Death of Stalin

Armando Ianucci, el genio de la comedia política que dirigió Into the Loop y creó Veep, vuelve a las andadas con esta comedia negra sobre los últimos días de la vida del dictador soviético. Si se piensa que la muerte del gobernante se manejó con delicadeza y pensamiento estratégico… no fue así. En medio del fallecimiento se suceden malentendidos e intentos de toma del poder, todo repleto del humor caústico de Ianucci y de sus afilados diálogos.

The Killing of Sacred Dear

La langosta fue la primera incursión de Yorgos Lanthimos en el cine de habla inglesa. El cineasta griego siente predilección por historias retorcidas, metafóricas y, básicamente, únicas. Si con la anterior hizo pasar a sus personajes por la amenaza de ser convertidos en un animal si no encontraban pareja, con esta se adentra en el cine de terror: una pareja con una vida doméstica ideal ve su tranquilidad romperse cuando un joven adolescente amenaza con revelar secretos del pasado.

How to Talk to Girls at Parties

John Cameron Mitchell (Rabbit Hole y Shortbus) vuelve, esta vez con una adaptación de un cuento de Neil Gaiman. Una extraterrestre que se separa de su grupo conoce a un joven fanático del punk en el Londres de los setenta y decide explorar parte de la ciudad y de la vida humana junto a él. La película se estrenó en Cannes y tiene como protagonistas a Elle Fanning y Nicole Kidman.

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri

Del director Martin McDonaugh, responsable de ‘In Brugges’, llega este drama que ya le ha ganado fuertes rumores de Óscar a Frances McDormand, que la protagoniza. La historia tiene al frente a una madre que, tras el asesinato sin resolver de su hija, decide increpar a la policía de su pueblo alquilando tres grandes vallas publicitarias donde se pregunta por qué no hacen su trabajo. Crítica, emocional y muy acorde con el momento rebelde de los liberales en un mundo en que Trump es presidente, esta película tiene ventajas en los Premios de la Academia.

Call Me by Your Name

Luca Guadagnino, que se ganó un lugar en las listas de críticos y amantes del cine cuando estrenó I am Love, y que lo corroboró con A Bigger Splash (en que brillan Ralph Fiennes y Tilda Swinton), vuelve con una de las películas que ha enamorado a todo el que la ha visto en festivales internacionales y que tiene muchas posibilidades de llevarse algún Óscar. La historia es la de un joven que descubre el amor cuando se enamora de un estudiante de posgrado que visita la casa de verano de su familia, invitado por su padre que es también su profesor. Una historia de madurez y de auto descubrimiento, del primer amor y de deseo.

Wonderstruck

Todd Haynes (‘Far From Heaven’, ‘I’m Not There, Carol’) se adentra en el mundo infantil con su nueva película. Ubicada en dos momentos temporales, la historia salta entre las aventuras de dos niños. Rose, en 1927, abandona su casa en Nueva Jersey, para ir en busca de su madre. 50 años después, Ben, que hace poco perdió a su madre, decide emprender la búsqueda de su padre. La película está basada en una novela del mismo nombre.

Downsizing

Alexander Payne (The Descendants) se adentra en los terrenos de la comedia y de la ciencia ficción. Matt Damon y Kristen Wiig protagonizan esta historia en que gente común decide experimentar un nuevo avance tecnológico: ser encogidos. Surrealista y, probablemente, crítica, la película promete humor… aunque no ha recibido buenas críticas. Habrá que verla y decidir.

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Joan Didion: hacer de la literatura un refugio contra la desmemoria

Romhy Cubas

En un presente que se alimenta de información y que hace todo lo posible por explotar y exponer la data mediante inagotables plataformas –mientras más mejor- es frecuente que las figuras públicas, y las que no también, cuenten con al menos una biografía visual y escrita que exponga las horas y los días de sus vivencias. Los minutos de una persona encapsulados en cuenta regresiva como aditivo social.  Es tan frecuente que el hecho de que una de las últimas producciones de Netflix sea el primer documental enfocado en la periodista y escritora norteamericana Joan Didion, mágica contadora del siglo XXI, es casi ridículo.

“Things fall apart; the centre cannot hold; / Mere anarchy is loosed upon the world”

 Joan Didion: The Center Will Not Hold, un proyecto dirigido por el sobrino de Didion, el cineasta y actor  Griffin Dunne, es esa primera vez que muchos precisaban para deshilar las capas de cebolla de una de las plumas más lúcidas y honestas de las últimas décadas. Una mujer que recibió de las manos del ex presidente de Estados Unidos Barack Obama la Medalla Nacional de Artes y Humanidades, además del “Premio Nacional a la No Ficción” por su obra The Year of Magical Thinking y de la “Medalla por contribuciones distinguidas a la Letras estadounidenses” otorgada por la Fundación Nacional del Libro. No obstante, los premios son meras consecuencias de una trayectoria que se impone a la muerte y al dolor para encontrarle un nuevo sentido a la vida mediante las palabras.

Joan Didion nació en SacramentoCalifornia el 5 de diciembre de 1934, graduada de la Universidad de California Berkley y con su primera oferta de trabajo recibida a los 20 años directamente de las páginas de la revista Vogue en New York, Didion critica y analiza con agudeza sus alrededores desde antes de juzgarse periodista. En Vogue  ascendió de copywriter a editora asociada en tan solo dos años; en la legendaria revista también publicó sus primeros ensayos y artículos con una voz insolente, fresca, contraria en pequeños detalles a la típica Vogue elitista dedicada a amas de casa y trendings del New York de los 60. Mientras tanto, también publicó su primera y menos conocida novela, Run, River, y conoció a su esposo el escritor John Gregory Dunne, quien para entonces trabajaba en la revista Time.

De aquí en adelante la carrera de Didion ascendió como sucede cuando la pasión y la rutina se juntan en una sola escala. Su figura se sostiene junto a la de grandes periodistas literarios de la nueva escuela de los 60 como Tom WolfeTerry Southern y Hunter S. Thompson. Sus reportajes incisivos y veloces retaron la contemporaneidad y recorrieron los salones de la fama mientras su pluma se codeaba con músicos y actores legendarios como Harrison Ford, Steven Spielberg o Natalie Wood.

Joan Didion: hacer de la literatura un refugio contra la desmemoria
Joan Didion con su esposo John Gregory Dunne, hija, Quintana Roo Dunne y sobrino Anthony Dunne en Malibu 1972 | Foto vía: GettyImages

Aunque por años la cultura y la música ocuparon un espacio enorme en las fiestas de su casa en Malibu y en las páginas de sus columnas, la política también se acercó a Joan casi sin pretenderlo en piezas sociales de mayor espectro como su ensayo Haight-Ashbury sobre el mundo del LSD y las drogas en la comunidad hippie, su ensayo de Vogue  Self-Respect: Its Source, Its Power, su reportaje sobre la guerrilla en el Salvador o una serie de entrevistas privadas que mantuvo con una de las integrantes de la “familia” del asesino en serie Charles Manson, Linda Kasabian, mientras esta se encontraba en prisión y en proceso de testificar contra Manson.

Joan Didion publicaría ensayos y artículos retándose a sí misma en el campo del periodismo literario hasta que decide dedicarse por completo a la literatura y la redacción de guiones y obras personales –incluyendo proyectos comunes con su esposo John Dunne. Pero además de esa voz subjetiva y sensata que con constancia, sin pausa pero sin prisa, va develando pequeñas partes de la cultura americana en sus textos Didion se adueñó de un duelo particular. “Nos contamos historias para sobrevivir” acierta en su libro The White Album antes de sospechar siquiera que en un movimiento de pestañas perdería a su familia y haría de la muerte su biblioteca personal. A ese duelo se sobrepondría observando sus alrededores, para reescribirlos cuando no hubiera más historias que contar.

“El impulso de escribir cosas es peculiarmente compulsivo, inexplicable para aquellos que no lo comparten, útil solo accidentalmente, solo secundariamente, de la forma en la que cualquier compulsión intenta justificarse. Supongo que comienza o no comienza en la cuna. Aunque me he sentido atraída a escribir cosas desde que tenía cinco años, dudo que mi hija lo haga, porque es una niña especialmente bendecida y atenta, encantada con la vida exactamente como se le presenta la vida, sin miedo a irse a dormir. y sin miedo a despertar. Los encargados de los cuadernos privados son una raza completamente diferente, rebeldes solitarios y resistentes, descontentos ansiosos, niños afligidos aparentemente al nacer con algún presentimiento de pérdida.”

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Joan Didion junto al retrato de su esposo John Dunne | Foto de Eugene Richards vía The Red List

Las constantes de Didion

Además de la pluma y las palabras, la vida de Joan estuvo marcada por una constante tan inesperada como la vitalidad con la que recuerda cada sonrisa y discusión de su pasado a los 83 años de edad. En el invierno del 2003, mientras su hija Quintana Didion se encontraba hospitaliza por sepsia producto de una neumonía, su esposo John Gregory Dunne murió de un infarto el 30 de diciembre. Un año y medio después, luego de infinitas horas en el hospital, un deterioro continuo y una cirugía cerebral, su hija​ Quintana falleció de pancreatitis el 26 de agosto de 2005 a los 39 años de edad. En menos de dos años Didion perdió el centro de una vida construida a base de pequeños momentos y vicios retenidos. “La vida cambia rápido. La vida cambia en un instante. Te sientas a cenar y tu vida como la conoces acaba”, anotó con cautela tras la muerte de John.

Los libros The Year of Magical Thinking y Blue Nights son el resultado de ese duelo incompleto que el documental reúne entre fotografías, testimonios y la narración personal de Didión mientras lee sus propias líneas y recuerda una rutina que nunca más podrá repetir: levantarse y bajar a la cocina por una coca cola fría en lentes de sol mientras su esposo lleva a Quintana al colegio, discutir sobre quién tiene la razón o pasar las vacaciones en familia en el apartamento de la playa.

“El dolor resulta ser un lugar que ninguno de nosotros conoce hasta que lo alcanza. Anticipamos (sabemos) que alguien cercano a nosotros podría morir, pero no miramos más allá de los pocos días o semanas que siguen inmediatamente a una muerte tan imaginada. Malinterpretamos incluso la naturaleza de esos pocos días o semanas. Podríamos esperar sentirnos conmocionados, si la muerte es repentina. No esperamos que este choque sea obstructivo, desarticulando tanto el cuerpo como la mente. Podemos esperar estar postrados, inconsolables, locos por la pérdida. Pero en realidad no esperamos volvernos literalmente locos”.

Este es uno de los pasajes de The Year of Magical Thinking, anotaciones de una escritora que busca recordar en sus apuntes a los lugares de los cuáles no puede huir. “Un lugar pertenece por siempre a quien lo reclame con mayor intensidad, a quien lo recuerde más obsesivamente, lo despoja, le da forma, lo ama tan radicalmente que lo rehace a su propia imagen.”

En los años 70 Didion fue diagnosticada de esclerosis múltiple. Durante el documental hay un choque entre el desmejoramiento físico de una mujer con un glamour innegable y la voz melodiosa que recuenta sus propias frases sin titubear, enfrentándose con sinceridad y aplomo a  la cámara.

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Quintana Roo Dunne, John Gregory Dunne, y Joan Didion en casa | Foto de John Bryson/Netflix

Recuerdos y cuadernos

De todas las preguntas que se hace Didion durante los años, el sinsentido del destino es el que se afinca en la pantalla. Los “tal vez”, y “que hubiera pasado si” son constantes en la vida de alguien que pierde repentinamente el espectro de su vida. Joan Didion casi podría pasar por una escritora de autoayuda para superar el duelo y la muerte,  experta en estudios y ensayos sobre la superación y los niveles emocionales que se suceden al perder a alguien cercano. Este sería el caso de no ser porque en sus anotaciones hay una clara distinción entre lo que pasó y lo que podría haber pasado, entre el propósito de su presente literario y pasado periodístico.

La verdad sobre los cuadernos de Didion es que son una parte diluida de ella misma. Una manera de preservarse y combatir la desmemoria, de apostar por la vida a pesar de sus muertos.

Joan Didion: The Center Will Not Hold es solo una migaja del extenso trabajo literario y periodístico de una figura que revive los perfiles más elegantes de Truman Capote en su juventud.  Una silueta cuyo recuerdo es necesario para entender el rescate de la palabra que hace un escritor con cada página habitada en su diario.

“Mira lo suficiente y escríbelo, me digo a mí misma, y luego, una mañana, cuando el mundo aparente consumirse, drenarse, algún día cuando solo esté haciendo lo que se supone que debo hacer, que es escribir en esa mañana en bancarrota, simplemente abriré mi libreta y allí estará todo, una cuenta olvidada con interés acumulado, un pasaje pagado al mundo exterior: el diálogo escuchado en los hoteles y ascensores y en el mostrador de pabellón de Pavillon (…) Recordar lo que era ser yo: ese es siempre el punto”. Joan Didion.

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