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Ruiz Zafón se despide del “Cementerio de los Libros Olvidados”

Rohmy Cubas

Luego de 15 años en los pasillos laberínticos del Cementerio de los Libros Olvidados, el escritor español Carlos Ruiz Zafón regresa por última vez a esta biblioteca imaginaria y brumosa a la cual acudió hace más de una década un niño de diez años aferrado a un lomo con premoniciones malditas. Ruiz Zafón retorna para saldar cuentas con esta tetralogía de héroes, escritores, vagabundos, villanos y sobrevivientes que comenzó en el 2001 con la publicación de La sombra del viento -vendió más de diez millones de ejemplares en todo el mundo- y que el pasado 17 de noviembre culminó con el lanzamiento simultáneo en Latinoamérica y España de El Laberinto de los Espíritus, cuarta y última entrega de la saga con una primera tirada de 700.000 ejemplares.

Portada Ruiz Zafón
Esta imagen fue portada del libro “La sombra del viento” de Carlos Ruiz Zafón publicada en el 2001 Fuente: bauldelibrosasombrosos.com

Casi se puede decir que fue el evento literario del año, la presentación tuvo lugar en el Templo Expiatorio del Sagrado Corazón de Jesús, espacio que se convirtió en una especie de librería para el evento y que reunió a hordas de curiosos, fanáticos y medios en un ataviado recinto.
Junto a un ejército de 25 millones de lectores que han caminado en esa Barcelona adictiva y oscura de sus historias, los textos de Zafón se han traducido a más de 40 idiomas formando la cúspide de todo un fenómeno literario en la España del siglo XXI. El segundo tomo de la tetralogía -El juego del Ángel (2006)- vendió en una semana 580 mil ejemplares, y con el lanzamiento de El prisionero del cielo (2011) la cantidad inusitada de medios de comunicación hambrientos por anunciarles a la audiencia lo novísimo del español más leído en el mundo después de Cervantes, retumbaron como una figura de concierto de rock & roll. La crítica internacional lo ha puesto en un pedestal incómodo para muchos, el New York Times lo ha comparado con García Márquez, Umberto Eco y Jorge Luis Borges, una camisa corpulenta que el mismo español reconoce ponerse con cautela; y es que el éxito es tan relativo como el rechazo de las personas que lo amonestan.

Trilogía formada por “La Sombra del Viento”, “El Juego del Ángel” y “El Prisionero del cielo” Fuente: lagunadelibros.com
Trilogía formada por “La Sombra del Viento”, “El Juego del Ángel” y “El Prisionero del cielo” Fuente: lagunadelibros.com

Los lugares comunes y las pasiones “Dickensianas” de sus personajes han atrapado a millones de lectores, aunque los críticas contra su prosa siguen a la orden del día es evidente que su ritmo es algo más que generacional. Ha logrado conmutar un argumento que con impulsos de mantras repetidos se posa en las bibliotecas de todo el mundo. Por ejemplo, hace poco comenzó a circular un video de Youtube titulado “Riéndonos de La sombra del viento, del plasta de Zafón y firmado por Proyecto Seléucida; en este, durante poco menos de tres minutos un joven lee en voz alta pasajes de La sombra del viento disputando expresiones superfluas, errores de concordancia, lugares comunes y prosas empalagosa.

Pero estos disconformes aventurados no han impedido que la ciudad gótica y misteriosa, que recorre las convulsiones de la Revolución Industrial y los efectos de la Guerra Civil española en las novelas de Ruiz Zafón, se agrande con el misterio de sus personajes y ese terror romántico y nostálgico que envuelve una trama de villanos, amores perdidos y sobre todo libros olvidados.

“Nos echamos a andar rumbo a la Barceloneta y, casi sin darnos cuenta, nos adentramos por el rompeolas hasta que toda la ciudad, reluciente de silencio, quedó a nuestros pies como el mayor espejismo del universo emergiendo del estanque de las aguas del puerto. Nos sentamos al borde del muelle a contemplar la visión. A una veintena de metros se iniciaba una procesión inmóvil de automóviles con las ventanas veladas de vaho y hojas de diario.

– Esta ciudad es bruja, sabe Usted, Daniel? Se le mete a uno en la piel y le roba el alma sin que uno se dé ni cuenta.” Fermín Romero de Torres a Daniel Sempere en La sombra del viento

El Laberinto de los Espíritus y sus 925 páginas

El Laberinto de los Espíritus desembarca donde culminó El prisionero del cielo. Daniel Sempere, Fermín Romero de Torres y Beatriz Aguilar vuelven a la tinta de estas páginas. El nuevo personaje que se une al control de la trama es Alicia Gris y con ella se publica la novela más amplia y ambiciosa del autor: 925 páginas que mezclan tiempos y personajes de aventuras pretéritas de la saga entre laberintos y memorias relegadas.

Portada oficial de El Laberinto de los Espíritus de Carlos Ruiz Zafón/ Fuente: planetadelibros.com
Portada oficial de El Laberinto de los Espíritus de Carlos Ruiz Zafón/ Fuente: planetadelibros.com

El misterio de la muerte de la madre de Daniel, protagonista inicial de la secuela, es el detonante para que un nuevo enigma oscuro y profundo se conjure en la vida de la Barcelona de los Sempere, que se evoca hasta las entrañas del régimen franquista. Aquí aparece Alicia Gris, un alma nacida de las sombras de la guerra quien llega para desvelar la historia secreta de la familia a un terrible precio.

“Es el personaje favorito de los que he creado. Es el que más cercano está a mí y cuadraba perfecto para esta secuencia de libros. Hay tres que son como ella: Julián, Fermín y Alicia, un pequeño ángel de las tinieblas. Es un personaje peligroso”, aseguró el autor.

Además de retomar lugares conocidos y hacer eco de personajes secundarios del pasado que hoy vuelven precipitados e inclusive con otras caras, Ruiz Zafón acude al Barrio Chino y la vieja librería Sempere, a las Ramblas, a la calle donde se halla el Cementerio de los Libros Olvidados, a la casa de Fermín y Bernarda en la calle Joaquín Costa, el castillo de Montjuïc para desenredar los hilos que unen esta compleja historia. Las novelas dentro de la novela son otra de las especialidades del autor quien reconoce que lo acusan de “repetirse”. En La sombra del viento camina un escritor maldito llamado Julián Carax, siete años después en El juego del ángel este se devela con nombre y apellido como David Martín. En la nueva entrega el mismo se llama Víctor Mataix. Los compañeros antagonistas de estos personajes también se reinventan, al principio era Lain Coubert, luego le tocó a Andreas Corelli, villanos como Javier Fumero vuelven con otros nombres y comunicaciones de letras pero igual de despreciables.

Francesc Català-Roca, fotógrafo de la España de los cincuenta cuyo trabajo retrató las portadas de los libros de Ruiz Zafón, ahora también se convierte en un breve personaje de la novela. Lo mismo que Sergio Vila-Sanjuán, periodista de La Vanguardia, que se convierte en El Laberinto de los Espíritus en el viejo Sergio Vilajuana, personaje fundamental en una de las subtramas.

“Con este cuarteto intenté crear un híbrido de todos los géneros: novela policial, tragedia, una novela total que intentara crear algo nuevo”, Carlos Ruiz Zafón.

Saga zanjada y sin adaptación a la pantalla grande

El autor ya había declarado que en esta entrega la intriga y el misterio se multiplicarían: “Es la piedra de encaje del laberinto, el más en paralelo, bajas pasiones como el odio cobran más protagonismo, si cabe, en El Laberinto de los Espíritus”. Pero con la saga culminada también se desvisten los rumores de montarse de nuevo en la misma barca; aunque afirma tener nuevas ideas y querer contar más historias, un proyecto de tal magnitud queda fuera de sus planes por los momentos.

Ruiz Zafón también ha dejado claro que adaptar sus historias al cine sería para él una traición, a pesar de que no carece de ofertas. Este quiere que la esencia que rinde homenaje a la literatura en papel permanezca. “Me lo han propuesto en numerosas ocasiones, prácticamente cada semana (…) Por una vez, está bien que el libro se quede como está y no se convierta en una película,” sostuvo el escritor en la Feria del Libro de Guadalajara en 2004. 

Esta tetralogía que encumbra a los libros, los libreros, los lectores y los escritores para envolverlos en un halo de misterio detectivesco y romance gótico es fiel a la historias de tres personajes cuyas vidas se enlazan a los largo de los libros con Daniel Sempere como epicentro, en su narración el misterio y la incertidumbre de los lugares que esperan ser rescatados nunca cede por completo.

Carlos Ruiz Zafón nació en Barcelona, en su primera incursión en la narrativa de fantasía llegó con el El príncipe de la niebla (1993) por el cual obtuvo el premio Edebé de literatura juvenil. A El príncipe de la niebla le siguió El palacio de la medianoche (1994) y Las luces de septiembre (1995). En 1999 aparecería Marina, ambientada en una Barcelona brumosa y estilizada que preludiaba la de La sombra de viento y toda su saga desde el 2001 hasta este 17 de noviembre del presente año.

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Glaciares sorpresa

Jesús Nieto Jurado

Foto: POLICE CANTONALE VALAISANNE
AFP

Si en España se nos agrietara un pobre glaciar aparecerían, si es por el Aneto, una ristra de facturas impagadas de los ‘pujoles’. O quizá el cadáver momificado de un autónomo que fue a probar suerte como heladero vegano donde el cielo besa al picacho nevado. En España no quedan glaciares que merezcan la pena, sino una nieve sucia que queda pisada por el polvo sahariano en las zonas umbrías del Veleta cuando voy de senderismo con mi amigo Pulido en un ejercicio de tolerancia sufí y piedras. En Suiza han encontrado, a la sombra derretida de un glaciar, a un matrimonio de pastores que llevaba desaparecido setenta años – lo menos- en la alta montaña. Lo que en España es un ‘guerracivileo’ de cunetas por abrir, en Suiza es un obsequio de los glaciares a las familias grisonas por tantos años de callada neutralidad con vacas y oro. Y esto no es ni bueno ni malo, sino una observación del talante helvėtico, del talante hispano, del cambio climático ese que niegan hasta cuando los osos polares, hoy, se marcan un guaguancó cubano. La montaña tiene a veces estas sorpresas que reconcilian a las familias con sus abuelos, o que abocan al Hombre al canibalismo ultracongelado como pasó en Los Andes y como recordó Risto Mejide con sofá, mala leche y frente de publicista malencarado. Pero es que la imagen que acompaña a esta columna justifica una serranilla suiza, un canto alpino a la justicia poėtica de los glaciares en retroceso. Nunca fueron tendencia las nieves del Kilimanjaro. Pobre Ernest, pobre planeta, pobres suizos y pobre glaciar. Yo ya me voy a un glaciar patagónico a ‘jartarme’ de orfidales y congelarme de lirismo y quedarme pajarillo. Porque después del feminazismo llega el proglaciarismo y ahí sí que me encontrarán en la causa. Frost, claro.

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Locos por la maría

Melchor Miralles

Foto: Matilde Campodonico
AP

Fue abrir las farmacias de Montevideo y arrasar. Se agotaron las existencias de las 16 farmacias de Montevideo en nada. Era el primer día que se podía vender legalmente marihuana en las boticas, y fue una cuerda locura. Ahora lo que no saben es cuando podrán reponer existencias. Uruguay ha sido el primer país del mundo en experimentar la venta legal del cannabis para uso recreativo, y no parece que haya sucedido nada, más allá del furor de los compradores, consumidores habituales que prefieren comprarla legalmente a hacerlo en el mercado negro.

Es un gran asunto, de fondo. Hay debate. De hecho, solo 16 de más de 1.000 farmacias de Montevideo se apuntaron al asunto. Las demás consideran que no es atinada la venta con fines recreativos, aunque si cuando se trata de aplicación terapéutica. Y aquí está la clave, y se me ocurren argumentos en ambas direcciones. Pero me puede el creer que siempre será mejor la venta legal y controlada que el fomento del mercado negro, que posibilita además la puesta en circulación de porquería más dañina y que enriquece a las mafias.

No tiene discusión a estas alturas que la marihuana tiene una aplicación terapéutica beneficiosa en muchos casos. Como no la tiene que su consumo habitual, en exceso, es dañino, como sucede con el consumo de cualquier sustancia, como el alcohol o el tabaco, que se venden legalmente. Y ahí está la clave. El prohibicionismo se ha impuesto durante muchos años y todo apunta que favorece el enriquecimiento de los cárteles, destroza la vida de muchos intermediarios de medio pelo y perjudica a quien tiene decidido el consumo sea legal o ilegal. Veremos cómo avanza la prueba uruguaya, pero quizá hayan sido pioneros en una salida a un problema social de envergadura. Y después, como siempre, está la educación, la formación, la información y el sentido común de cada cual. Porque el que quiere consumir, consume. Por eso la locura de Montevideo, la locura por hacer normal lo que es habitual. Con rigor, sensatez, seriedad y control. La vida misma.

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Errejón y cierra España

Gonzalo Gragera

Foto: PIERRE-PHILIPPE MARCOU
AFP PHOTO

Aunque la RAE, ejercicio de mérito notable, haya provocado un debate –mediático, ¡mediático!- entre filólogos, y en pleno verano, la noticia política de esta semana es el acuerdo que firmaron en el Congreso las cúpulas del PSOE y de Podemos. Un acuerdo que busca afinidad ideológica, puntos en común, entre dos partidos no tan semejantes como pudiera parecer, vista primera, al ciudadano medio. Las medidas con las que ambos partidos mostraron su colaboración son, como se puede imaginar, de carácter social; es decir, mayor prestación de becas, aumento del gasto público para contribuir al empleo entre los jóvenes, medidas de emancipación, etc. Lo que cualquier dirigente de aspiración socialdemócrata desea. Pero no todo fue concordia. La distancia llegó en cuanto se habló de Cataluña. Mejor: del referéndum que los nacionalistas e independentistas catalanes plantean para el 1 de octubre. Las discrepancias, siempre presentes entre ambos partidos en cuanto el derecho a decidir decide aparecer, son, por ahora, insalvables. Ante estas diferencias respecto del nacionalismo catalán, optan por el silencio: lenguaje que en la política, al igual que en la literatura, es clave para entender una parte del todo.

El coqueteo de Podemos con las formaciones nacionalistas, y sus intereses, es de sobra conocido. Jamás se han pronunciado sobre las dos preferencias que permite el asunto, aunque seamos fan de la casuística y de la alternativa: o se está por el cumplimiento de los preceptos constitucionales o se está por el referéndum, que es la vulneración de la legalidad vigente y la apuesta por el juego del arbitrio de un partido, de hago esto porque me da la gana, sin respeto ni consideración a los límites de la norma. De esa tímida postura, ellos, tan vehementes y convencidos en otras, estos lodos. O estos desacuerdos. La oposición conjunta con el PSOE, un camino que bien podría traer votos y escaños, y lo más importante, progreso, se torna un imposible.

Sobre nacionalismo, patriotismo y sus formas ha hablado Errejón, quien sigue a la sombra del pensamiento de su partido, acaso el papel más interesante en el poder. ¿Alguien dudaba de que su figura iba a ser sustituida o desplazada? Errejón ha propuesto un patriotismo fuerte y desacomplejado desde ideas progresistas y democráticas. Lo que se percibe de estas inclinaciones, dada la trayectoria, es una llamada al patriotismo como un elemento de cohesión populista. Como lo fue en el peronismo. Como en aquellas marchas de la dignidad, perfectamente orquestadas en tiempo y forma. Un valor, dignidad, al que le atribuimos un referente, nuestras siglas. Por tanto, quien no apoye esa manifestación no estará a favor de un valor como la dignidad, valor que representa, en el ideario de Podemos, su partido. Aunque sea, evidente, universal y ajeno a una determinada política. Con la idea de patriotismo de Errejón sucedería algo similar: ellos representarían el valor de España, del pueblo –el apelativo cursi e idealista de sociedad-, enfrentado con otros que han ensuciado, corrupción y paro mediante, su nombre.

Raro es el populismo que convence sin un elemento nacionalista o de patriotismo emocional. La patria como propiedad de un pueblo que se encuentra en un eje opuesto al de una casta de dirigentes que han llevado a su nación al abismo. Errejón lo sabe. Y va a empezar, se masca la estrategia, por ahí. Más aún cuando necesitan despojar su prejuicio patriótico en relación con un PSOE que le pide una vuelta de tuerka, con K. Errejón es un inamovible, una santidad de su cúpula. Ahora que se acercan las fiestas de Santiago, habrá que cambiar la popular consigna medieval: Errejón y cierra España. O cierta España.

Continua leyendo: La novela siciliana de Miguel Blesa

La novela siciliana de Miguel Blesa

Antonio García Maldonado

Foto: SERGIO PEREZ
Reuters

Es mítica la visita que en El Padrino II hace el abogado de la familia Corleone, Tom Hagen, a un pentito Frank Pentangelli apunto de hablar ante el tribunal que investiga a la Mafia siciliana en Estados Unidos. Pentangelli es un hombre protegido por las autoridades, por lo que sólo cabe apelar a su (mala) conciencia.

–Siempre te ha interesado la política, la historia. Ya hablábamos de la trascendencia de Hitler en el 33 –arranca Hagen.

–Sí, sigo leyendo, tengo un montón de libros.

–Tú fuiste de los pioneros… De los que soñaban con que la familia debería organizarse. Y copiasteis mucho las antiguas legiones romanas, jefes y soldados… Aquello funcionó.

–Sí, desde luego que funcionó, eran días gloriosos aquellos, y nosotros el Imperio Romano, la familia Corleone era un Imperio Romano…

–Sí… Lo fue… Frankie, si fallaba un complot contra el emperador, los conspiradores tenían una oportunidad para que sus familias conservaran sus bienes.

–Sí, pero sólo los ricos, Tom. Los pobres lo perdían todo, se lo quedaba el emperador… a no ser que fueran a su casa y se suicidaran, así no ocurría nada y sus familias… sus familias tenían resuelta su vida.

–Sí, una solución buena… Única.

Mi hermano Rafa me ha recordado esta escena al calor del suicidio de Miguel Blesa. Algunos hechos no muy distintos han sucedido en Majer, el territorio imaginario de sus novelas. El hermano del expresidente de Caja Madrid fue notario en nuestro pueblo, donde se le recuerda como un hombre íntegro, cabal, cercano. Firmó muchas de las hipotecas que concedían los bancos –entre ellos Caja Madrid– durante la obnubiladora burbuja inmobiliaria que late de fondo en la muerte de su hermano. Uno no puede dejar de pensar en el sufrimiento que el comportamiento de Blesa causó en su familia, y en el postrero intento del vilipendiado banquero por expiar inútilmente sus culpas. No hay juez más severo que la propia conciencia, y Blesa gritó con su suicidio que un tal Hagen iba a visitarlo cada día, y que si iba y le zarandeaba, es que aún era un ser humano digno de pena. Su desesperación y el ocultamiento de su hundimiento –como confirma la familia– nos hacen pensar en el arrepentimiento, y esa es quizá la última muestra de humanidad de hombre que no dio demasiadas muestras de ellas durante muchos años.

Las circunstancias de su suicidio también hablan: vuelve de noche a la tierra que le vio nacer, sin equipaje, desayuna con los amigos y, antes de desaparecer de la escena con una mala excusa relacionada con su coche, le da el número de móvil de su mujer a uno de los amigos congregados en el coto de la sierra. “Por si tienes que llamarla”, le explica. Ha contado un psiquiatra en la radio que la vuelta a un lugar querido es un patrón de conducta habitual en los suicidas. Recuerda a algunos pasajes y a la atmósfera de ciertas novelas de Leonardo Sciascia. Un lugar apartado, personas poderosas y búsqueda de un sentido, como en Todo Modo, una de las novelas más conocidas del siciliano, llevada al cine en 1976 por Elio Petri, con Marcelo Mastroianni en el papel protagonista.

Y, cómo no, también parece un caso del comisario Montalbano, el policía siciliano creado por Andrea Camilleri, nacido en Porto Empèdocle, cerca de Agrigento, el pueblo de Sciascia y de Luigi Pirandello. Los lectores de su saga –y los seguidores de la estupenda serie de la RAI que la adaptó para la televisión– sabemos del gusto del policía de Vigàta por los casos que trascienden el propio hecho de la muerte violenta, por los sucesos que retratan un momento histórico convulso o un estado del alma. Este sería uno de esos casos que le atraparían hasta la insania. Montalbano ha visto a más de un retornado a Sicilia para vivir sus últimos días, a más de un corrupto o un mafioso con mala conciencia, a más de un suicida inesperado. El comisario, hombre duro y hosco, es incapaz de evitar un último gesto de pena y lamento por ellos. Es el personaje de ficción que más se me parece al ideal del “ironista melancólico” que reclama Manuel Arias en La democracia sentimental.

Una condena judicial con obligaciones pecuniarias, multa y cárcel habría reparado a muchos, a demasiados. Pero su mala conciencia –que no su consecuencia extrema, el suicidio– nos repara, aunque sea mínimamente, a todos.

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