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Saint Patrick también se vive en Madrid

Verónica Reguillo

Foto: Verónica F. Reguillo
The Objective

Este viernes no es un viernes cualquiera. En la hora del lunch no serán pocos quienes opten por la ternera en salsa de Guinness o por el típico Fish and Chips irlandés que te traslada, aunque solo sea a través del paladar, a la isla ‘Esmeralda’.

El pub James Joyce lo tiene todo preparado. Menú especial totalmente irlandés, música en directo a partir de las cinco de la tarde y, sobre todo, reserva de cerveza Guinness, que será la más demandada en este pub irlandés situado en pleno corazón madrileño. “Este viernes se consumirán unos 40 barriles de Guinness” (cada barril tiene 30 litros de cerveza, es decir, que se consumirán unos 1.200 litros en total), nos cuenta Liam, el encargado que lleva trabajando en el James Joyce siete años. Es inglés pero siente la cultura irlandesa como suya y por eso afina detalles para este 17 de marzo. Un inciso: la Guinness, sin ninguna duda, la tirarán despacio, dejándola reposar para luego rellenarla y adornarla con la espuma blanca.

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El fútbol gaélico también se juega en la capital con el equipo Madrid Harps. | Foto: Verónica F. Reguillo / The Objective

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Pintas para todos. | Foto: Ana Laya / The Objective

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La música en directo no faltará en el James Joyce. | Imagen: Pub James Joyce

Y hasta aquí, hasta el James Joyce, irá Paul Gallagher, un irlandés de Sligo que lleva más de tres años viviendo en Madrid. Llegará al pub temprano, “sobre la una o las dos de la tarde para coger sitio y poder comer la comida típica irlandesa”.

Nos dice que no echa de menos las calles repletas de Dublín y la música en vivo que resuena sin descanso en todo Temple Bar, especialmente en cada San Patricio. “Prefiero vivirlo un poco desde la distancia, aunque aquí en Madrid también habrá mucha gente porque la comunidad irlandesa es muy grande”. Así, la atmósfera será la misma o al menos muy parecida: mucha gente, mucha cerveza y la alegría que caracteriza las fiestas irlandesas y a los propios irlandeses allá donde van.

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San Patricio llega a Madrid de la mano del James Joyce. | Foto: Ana Laya / The Objective

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Let’s get together! | Foto: Ana Laya / The Objective

Más celebraciones

Pero esta gran comunidad no solamente llega a Madrid desde la isla ‘Esmeralda’. Muchos estadounidenses también viven la festividad como propia ya que sus padres o abuelos fueron irlandeses que emigraron a norteamérica hace años. Y es que este 17 de marzo la #OlaVerde iluminará medio mundo. Madrid también. La Cibeles, la Puerta de Alcalá, el Palacio de Comunicaciones…, y el espíritu de todos aquellos que quieran sentir más cerca Irlanda, al menos por un día.

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San Patricio tiñe de verde las calles de Madrid. | Foto: Ana Laya / The Objective

La música y la comida típica no solo se servirá en los pubs. Hay un evento preparado para seguir con la fiesta también este sábado 18 de marzo. La Embajada irlandesa ha preparado el Family Fun Day que se celebrará en el Parque Deportivo Puerta de Hierro, desde las 12 de la mañana. “Todo el mundo es bienvenido a unirse a la fiesta con la mejor música, deporte, baile y comida irlandesa” e impregnar Madrid de una cultura que alegra y acoge como pocas.

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El disfrute de la comida, bebida y música irlandesa, también este sábado, en Madrid. | Imagen: Embajada irlandesa

Japan Art Week trae la cultura y el arte japonés al centro de Madrid

Álvaro R. de la Rubia

La era Meiji japonesa regaló al mundo todo lo que hasta entonces había permanecido oculto en el archipiélago: una nueva iconografía, una estética propia y, sobre todo, una manera de entender la vida tan diametralmente opuesta a la occidental que era imposible pasarla por alto. Esta apertura de Japón fue uno de los factores decisivos en el desarrollo del movimiento impresionista europeo en el XIX y, desde entonces, la belleza del arte japonés ha fascinado a Occidente por su pureza, su elegancia y su inquietante sensibilidad. Japón no solo está de moda, su cultura se ha instalado de manera especial en España y se ha integrado como un elemento más de la nuestra propia. Prueba de ello es la aparición en Madrid de la Japan Art Week, un evento que espera descubrir la cultura y el arte japonés a través de exposiciones, conciertos, charlas y talleres a aquellos que hasta ahora se habían acercado a ella a través de otros canales más populares. Tendrá lugar en la capital desde el 24 de marzo al 1 de abril y se puede consultar el programa de actividades y los espacios que las acogerán en su página web.

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“Wannabe” de Elisa González Miralles

“Aunque suene chocante, la cultura japonesa ya no sólo pertenece a Japón. Creo que se podría decir que ha calado en Occidente de una manera más fuerte que cualquier otra cultura, pero no solo en la actualidad. Desde finales del XVIII se empezó a usar el término de japonismo para definir las obras creadas a partir de la transferencia directa de los principios del arte japonés sobre el occidental”, explica Sergio Bang, uno de los organizadores de JAW y responsable junto a Goyo Villasevil de la galería, librería y espacio cultural Swinton & Grant.

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Naoki Fuku con “Arashizuka”.

El evento no solo pretende mostrar las reminiscencias de la cultura japonesa en expresiones artísticas extranjeras, también busca establecer un diálogo entre artistas japoneses y españoles poniendo de manifiesto la cara amable de la globalización: un enriquecimiento cultural que potencia la creatividad y hace crecer las distintas tradiciones. “Con el final de la Segunda Guerra Mundial (tras la ocupación que sufrió el país por parte de Estados Unidos hasta 1952) Japón comenzó a absorber elementos de la cultura occidental de una forma evidente. Desde entonces, la curiosidad innata de la cultura japonesa ha mantenido esa conexión directa con lo occidental, apropiándose de elementos e incorporándolos de forma natural a su cultura. Es precisamente esta conexión bidireccional la que queremos poner de manifiesto en la Japan Art Week. Tan rica, llena de matices y diferente”, aclara Sergio Bang.

La cita, que contará con la participación de nueve espacios culturales y más de cuarenta artistas, no podría ser más oportuna: la agencia meteorológica de Japón prevé que el sakura, la floración del cerezo, se producirá en Tokio el 22 de marzo, coincidiendo con la semana inaugural de la Japan Art Week madrileña.

La vida de Ahmad en España después de la guerra

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

En el barrio madrileño de Quintana, que une la plaza de toros con la mezquita de la M-30, se encuentra una pastelería árabe con las paredes pintadas de verde y un espejo largo que se extiende al fondo. Los clientes van y vienen y no es extraño que esta conversación sufra las interrupciones lógicas de una jornada de trabajo.

Antes de trasladarse a Madrid, Ahmad era arquitecto en la ciudad siria de Alepo y se había comprado un coche nuevo, tenía un piso y esperaba su segundo hijo junto a su mujer, que es española, de origen árabe. La conoció en unas vacaciones que ella pasó en Siria. “Yo la vi, y ahí empezó todo”, cuenta. Se casaron en 2008 y un año más tarde nació su primera hija. La vida avanzaba tranquila y en calma; Ahmad tenía su oficina de arquitectura y un negocio de decoración y reformas, y su mujer trabajaba en casa y cuidaba de su hija, muy pequeña. “Éramos felices”, dice, apenado. Me da a probar una baklawa, que es un dulce tradicional hecho de hojaldre y frutos secos, y nos sentamos en dos taburetes, frente al escaparate. Desde aquí vemos la calle.

La guerra de Siria comenzó en 2011, pero no llegó a Alepo hasta un año después. Cuando echa la vista atrás, Ahmad no crea divisiones en el tiempo, conjuga en presente y en pasado sin distinción; puede ser que en su memoria las longitudes sean más cortas. “El día más triste para nosotros fue un viernes por la mañana, eran las nueve. Ese día nos despertamos por la explosión de una bomba. Yo vivo en un edificio grande y enfrente hay un centro de policía secreta. Allí hicieron explotar un coche. Dormíamos con mantas gruesas, hacía frío, y se cayó toda la casa, todo por encima de las mantas. De haber estado despiertos, no seguiríamos con vida”.

Alepo dejó de ser una ciudad segura y Ahmad supo que debían abandonar Siria por un tiempo, no demasiado. “Vinimos a España en 2012. Mis suegros viven aquí desde hace cincuenta o sesenta años, casi toda la vida, y mi mujer estaba embarazada de nuestro segundo hijo. Decidimos dejar Alepo para volver en pocos meses. Pensamos que en ese tiempo acabaría la guerra, como en Egipto. Es lo que se hablaba. Algunos decían dos meses, otros decían tres”.

Pasaban las semanas en la casa de sus suegros y Ahmad hablaba a menudo con sus padres, que se quedaron en Siria, con la firme esperanza de regresar pronto. Pero siempre ocurría la misma historia. Sus padres le insistían, semana tras semana, en que siguiera esperando, porque cada vez la situación iba a peor, todo era más peligroso, todo era más complicado. Los meses se sucedían y con este ánimo Ahmad comenzó a comprender que no volvería a casa tan pronto como suponía, que los meses en España se convertirían en años y que sus hijos tendrían una infancia lejos de su país.

Ahmad asumió el golpe. Se dijo que ya no podían vivir en la casa de sus suegros, que era hora de buscar piso, de buscar trabajo. Tenía un dinero guardado que bastaría para los primeros meses de alquiler y mientras tanto, creyó, encontraría un empleo como arquitecto. Fue a todas las oficinas, a todas las empresas. Entregó currículums por internet, en mano. Y luego de aburrirse de no encontrar nada, desesperado, renunció a la arquitectura y buscó trabajo en otro sitio: en bares, en tiendas, en supermercados. Hasta que un día le comentaron que un restaurante libanés frente a la Plaza de las Ventas buscaba empleado: “Fui al día siguiente y hablé con el jefe, le conté mi situación. Me preguntó en qué podía ayudar, de qué trabajaba, y le dije que era arquitecto. Él me dijo que lo sentía, que como arquitecto no tenía cómo ayudarme. Pero yo le dije que se olvidara, que quería trabajar de lo que fuera, y entonces me dijo que podía ofrecerme ser camarero. No me lo podía creer, yo me puse súper contento; nos salvaron de dejar el país. No teníamos dinero para pagar el alquiler del mes siguiente y hubiéramos tenido que regresar a Siria”.

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Protesta contra el presidente Bashar Al Assad en Maraa, cerca de Alepo, el 16 de marzo de 2012 | Foto: REUTERS/Shaam News Network/Handout

Otro comienzo

En este punto es difícil imaginar al arquitecto con casa propia, con el coche nuevo, con dinero en el banco. Ahmad estaba en España con dos niños que no podía alimentar y con la idea clara de volver a un país en guerra. Ahora cuenta que salieron adelante sin un euro de ayuda, que todas las solicitudes que presentaron fueron desatendidas por el Ayuntamiento de Madrid y por el Gobierno central, que no tuvieron nada salvo a ellos mismos.

Después de cinco meses en el restaurante libanés, con el fin de la temporada alta, su jefe le puso a trabajar en esta pastelería, que era otro de sus negocios. Aquí trabajó Ahmad durante dos años y medio. Porque, al tercero, su jefe le trasladó que tanto él como sus socios pretendían venderla. “No me explicaba por qué querían hacerlo. Me dijo que porque no daba los beneficios que esperaban. Volví a preocuparme, aunque me dijo que no lo hiciera, que tendría un puesto en la fábrica, que seguiría trabajando con ellos. Yo veía que la gente venía a la pastelería con ilusión, la pastelería funcionaba bien. Para mí fue un shock. Los pasteles tienen buena fama. La fábrica donde los hacen, que es de ellos, los hace muy bien. Así que le dije que si querían vender la pastelería, yo estaba dispuesto a comprarla, que podríamos seguir como socios: ellos fabricando y yo vendiendo. Y le pareció una buena idea”.

Ahmad trajo dinero de Siria, sus suegros aportaron otro poco, y a eso se sumó los ahorros de estos años. Los propietarios le pusieron facilidades con el precio de venta. El arquitecto sirio comenzó así a trabajar como autónomo, a mejorar las calidades de los pastelitos, a manejar sus propios tiempos. En su tercer año fuera de Alepo, Ahmad encontró un camino y de algún modo imprimió esa nostalgia en el nombre de su pastelería, a la que llamó Sham, como el territorio que abarca la Gran Siria.

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Miembros de la Defensa Civil y civiles, en una casa dañada por un ataque aéreo en Idilb en marzo de 2017 | Foto: Ammar Abdullah / Reuters

Volver a Alepo

La nueva vida de Ahmad se construyó sobre la tristeza y el miedo de tener a sus padres y hermanos en tierra de nadie, con la certeza bien presente de que cada día podía ser el último. Ahmad no ha hecho otra cosa que pelear por traerlos a España, pero una y otra vez se ha encontrado con una burocracia que lo impide. “He sufrido mucho”, me dice. “El Gobierno no concede ningún permiso de entrada al país a ningún sirio. Es lo que yo he visto, aunque eso no lo cuentan. He presentado todos los papeles que piden para darles el visado. Me he gastado mucho dinero. ¡Ellos se han gastado mucho dinero! Tienen que viajar de Alepo a Líbano porque la embajada española está allí…”.

Los familiares de Ahmad, como tantos otros sirios, han sufrido el cierre de la embajada de España en Damasco tras el estallido de la guerra civil en 2011. La delegación en Beirut, Líbano, asumió las funciones, pero no todo el mundo puede permitírselo.

“¡La embajada más próxima está en otro país!”, continúa Ahmad. “Son 24 horas de un viaje muy duro y muy caro que luego no sirve de nada”.

Ahmad me enseña la pastelería, me explica cada dulce. Después de cinco años en España, cuando iba a ser por unos meses, añora profundamente Alepo. Le pregunto cómo era la ciudad antes de la guerra. “Uff”, responde, emocionado. “Alepo era maravillosa”. Ahmad mantiene la esperanza intacta, es tenaz, y siente la seguridad de que regresará algún día, joven o viejo: “No he vendido mi vivienda (en Alepo) porque volveremos. Yo estoy trabajando al máximo aquí, mi mujer también, pero no me veo en España toda la vida. Planteo mis planes en Siria, no compro una casa aquí porque quiero volver. Me gusta España, es parte de mi vida, me he adaptado a las costumbres, a la comida… Pero yo nunca dejaré Siria”.

Marzo, el mes de la pintura

Saioa Camarzana

Tras el paso del huracán ARCO por Madrid y después de conocer que ha sido la edición más multitudinaria, con más 100.000 visitantes a los pabellones 7 y 9 de Ifema, todo vuelve a la normalidad. La actualidad ya no la copa la feria de arte contemporáneo sino que las exposiciones en instituciones, museos y galerías, vuelven a estar en la agenda de todos. Además, las temperaturas se estabilizan, a los abrigos les queda ya poco de vida este año y eso se nota en el ambiente general. En marzo, además de la popular apuesta por Barbie que hace la Fundación Canal de Isabel II, la pintura se hace con las novedades más interesantes de la capital. Sin olvidar que los dibujos de Francis Bacon se siguen exponiendo en el Círculo de Bellas Artes, traemos tres propuestas para los amantes de la pintura. Pero, cabe anotar, cada una de ellas es abordada de diferente modo, desde la concepción italiana de la belleza hasta la más rabiosa actualidad y comprometida con el impacto medioambiental.

Si hacemos un viaje de atrás hacia adelante el primer artista al que nos encontramos en esta selección es Ramon Casas. Este año se cumple el 150ª aniversario de su nacimiento y CaixaForum Madrid se ha unido a la celebración del Año Casas con una muestra retrospectiva, La modernidad anhelada (hasta el 11 de junio). En un ejercicio de espejos las pinturas más emblemáticas del pintor catalán se contraponen a las creaciones de artistas contemporáneos de su época que le influyeron como Picasso, Toulouse-Lautrec y Sorolla para poner de relieve la figura de uno de los artistas que más contribuyó a la internacionalización del arte catalán. En ese juego se cuentan hasta 200 obras entre las que se encuentran los carteles, dibujos y fotografías de época que realizó y que demuestran su incansable talento para conectar con la modernidad.

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Concierto por Felice Casorati, 1924

Un recorrido agradable nos lleva desde el Paseo del Prado hasta la calle Recoletos donde la Fundación Mapfre exhibe Retorno a la belleza. Obras maestras del arte italiano de entreguerras. Con más de 100 piezas de pintores italianos que volvieron a poner la mirada en la belleza clásica para recuperar la armonía, la muestra se articula en siete secciones. Con las vanguardias el foco de atención cambió de la belleza a la idea de la libertad, pero tras la Primera Guerra Mundial algunos artistas quisieron echar la vista atrás. Los pintores Giorgio de Chirico y Carlo Carrà son dos de las figuras imprescindibles de esta época, Mario Sironi, Leonardo Dudreville, Anselmo Bucci y Ubaldo Oppi buscaban la vuelta a la cultura italiana, Giorgio Morandi hace del paisaje el hilo conductor de su pintura y Felice Casorati, con su obra Retrato de Renato Gualino, rinde homenaje a los retratos del Renacimiento. El retorno al mundo clásico es lo que une a todos ellos y elaboran un nuevo lenguaje de composiciones sencillas y dibujo definido que huye del conflicto y de la arbitrariedad.

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“The Toxic Sublime” por Marc Quinn

La creación más novedosa, sin embargo, se muestra en la galería Ivorypress que trae las piezas del británico Marc Quinn, aquel que creó su busto con su propia sangre congelada. Las obras que se encuentran en la muestra son paisajes del siglo XXI porque, al igual que ha cambiado la relación del ser humano con la naturaleza, la pintura también tiene que hacerlo. Para él, no es posible volver hacer pintura paisajística como lo hacían maestros como Manet. Por eso, su propuesta parte de fotografías de diversos atardeceres que luego interviene con materiales que se ha encontrado en diversas playas. Corales, conchas y residuos que pinta con spray sobre el lienzo para luego sacar la obra a las calles de Londres y estampar las impresiones del suelo, de las aceras, de las alcantarillas de la ciudad. En River Paintings sigue un proceso similar pero con instantáneas del río Támesis que recorre la ciudad para intervenir el lienzo con patrones de las calles y del metro de Londres. El objetivo de todas ellas es, sin embargo, denunciar el impacto ecológico que estamos ejerciendo sobre la naturaleza.

Claro que una parada en el Reina Sofía, en el Museo del Prado o en el Thyssen siempre es un acierto. Opciones para todos los gustos, claro.

15 canciones para iniciarte en el dream pop

Redacción TO

Foto: Juanjo Marbai
Cedida

El viernes es el momento perfecto para el ocio, para la distensión, para inspirarse y pensar en los planes del fin de semana, por eso en The Objective queremos regalaros una playlist cada viernes curada por diferentes bandas, colaboradores y personajes interesantes que compartirán con vosotros esa música que los inspira y los motiva e incluso los hace soñar.

Qué mejor que comenzar esta semana que con la playlist de Ganges, el grupo de música madrileño formado por Teresa Gutiérrez (voz, teclado y letras), Jorge Aylagas (batería) y Álvaro Berceruelo (bajo y coros), con quienes tuvimos el placer de conversar hace un par de semanas y que es una de las bandas ganadoras del Mad Cool Talent de este año. Los chicos de Ganges quisieron compartir con nosotros 15 canciones para que os iniciéis en su género, el dream pop.

A nosotros nos encanta esta playlist, ¡esperemos que vosotros la disfrutéis también!

Si tenéis algún comentario, por favor no dudéis en compartirlo con nosotros.

¡Feliz finde!

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