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Seis razones por las que tienes que ver The Handmaid's Tale

Nerea Dolara

Foto: Hulu
Hulu

La serie basada en el libro de Margaret Atwood es vigente, hermosa y terrible. Indispensable.

Hace unos meses el libro original que Margaret Atwood publicó en 1985 subió al primer lugar de ventas en Amazon. La presidencia de Donald Trump, acompañada por su desdén hacia las mujeres y la amenaza que supone, aunado al anuncio de una nueva serie fueron la anticipación a este fenómeno. The Handmaid’s Tale, en su versión para televisión, se estrenó hace un par de semanas cuando se emitieron tres episodios -los demás se estrenarán semanalmente los días miércoles- y el resultado es en partes iguales un fenómeno cautivador y terrorífico.

The Handmaid’s Tale es la historia de un país autoritario y machista, Gilead (antes Estados Unidos), centrado en un futuro cercano. Las mujeres fértiles han sido calificadas como propiedades del Estado debido a la baja tasa de natalidad de la población, haciendo uso de sus vientres y de sus cuerpos en una sociedad centrada en el control y el poder masculino. Offred, la protagonista, es una de las mujeres que tienen como cometido reproducirse. ¿Cómo? Son asignadas al hogar de uno de los comandantes que forman parte de la élite del poder y son ritualmente violadas con el propósito de la reproducción.

En un tiempo en que ver nuevas series es casi un lastre -ya tenemos tantas en rotación que agregar más implica no tener vida- hay algunos estrenos que valen la pena sin discusión alguna. The Handmaid’s Tale cumple con ese requisito. Vigente, hermosa, imaginativa y terrible, esta historia es de visión obligatoria. ¿Quieren razones?

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Una de las escenas del primer episodio de “The Handmaid’s Tale” | Imagen vía Hulu

Razón 1: El mundo de Gilead y su vigencia

Esta razón es más masoquista que de disfrute. Gilead es un horrible lugar en que las mujeres son propiedad y tienen roles asignados a la fuerza. El origen de este mundo es difuso, pero tiene mucho que ver con el terrorismo -y la pérdida de libertades con la excusa de la seguridad- y con la disminución de la fertilidad (¿alguien recuerda Children of Men?) producto de excesos de radiación. E

l mundo en que residía Offred antes de Gilead era muy similar al nuestro y los avances de los autoritarios no fueron inmediatos, sino discretos. Hasta que de repente ya nada era igual y protestar ya no era una opción. En un presente en que el feminismo se ha subido a la palestra pública y es atacado por todos los flancos, más cuando el propio presidente de Estados Unidos comenta sonriente sus abusos y sus prejuicios contra las mujeres y lo convierte en un discurso admisible; en un tiempo en que las muertes y agresiones de mujeres aún generan comentarios sobre su ropa o sus acciones para provocar a sus agresores; en un momento en que existen activistas por los derechos del hombre que defienden la inferioridad de la mujer, en un presente en que las mujeres son atacadas en Internet con amenazas de violación y muerte por expresar opiniones feministas, y muchos otros factores más… en este tiempo una historia como The Handmaid’s Tale es una buena advertencia y un documento de rebelión.

Razón 2: La adaptación

Para los que se hayan leído el libro The Handmaid’s Tale resultará una adaptación fiel y correcta. Sin embargo, el libro es una historia narrativa con poca acción o trama – en el libro la pieza central son los monólogos internos de Offred, la protagonista- y en su transformación a serie incluye más desarrollo y una interesante ampliación del mundo que es Gilead. La serie tiene prevista más temporadas, por lo que es fácil predecir que la trama del libro culminará con estos primeros episodios y que luego la historia comenzará a explorar a sus personajes y a su universo libremente (un ejemplo reciente de esto es The Leftovers cuyas segunda y tercera temporada ya no tienen nada que ver con la novela en que se basa la primera).

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Elisabeth Moss interpreta a Offred en la narración distópica de Hulu | Imagen vía Hulu

Razón 3: El voice over

Sí, toda persona que sepa algo de guión dirá que el voice over es el truco más antiguo que existe para soltar información al espectador, que es un recurso flojo y que muy pocas veces funciona. Todo eso es cierto, como también lo es que The Handmaid’s Tale es de las pocas excepciones de la regla. El monólogo interno de Offred, que la mayoría del tiempo debe permanecer callada o soltando frases manidas de contenido religioso, muestra a una mujer dispuesta a luchar, iracunda pero también asustada y en duelo. Es una ventana a la complejidad de estas mujeres que viven fingiendo una sumisión y una devoción que no existen. Es una liberación, una rebelión, en un mundo absolutamente controlado. Es el recurso perfecto para hacer contrapartida a la deprimente acción del día a día en Gilead y dar profundidad al personaje.

Razón 4: Elisabeth Moss

Como Peggy Olson se robó, en muchas ocasiones, el protagonismo en Mad Men. Esta actriz es la reina indie de la televisión de 2017. Reconocida ampliamente por su talento, siempre interesada en trabajar en proyectos de calidad, y protagonista de dos series que darán de qué hablar este año –The Handmaid’s Tale y Top of the Lake – Moss brilla como Offred. Su rostro, en muchas ocasiones en close up, destila los más mínimos pensamientos, miedos y sentimientos de su personaje. Es tal su compromiso con el papel y con la historia que Moss memorizó todos los monólogos de su personaje y en las escenas en que actúa en silencio para que se incluyan luego los monólogos, se repetía a sí misma los parlamentos enteros para que la imagen y el sonido cuadraran perfectamente.

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Samira Wiley | Imagen via HULU.

Razón 5: Todos los demás miembros del reparto

Si se puede hablar de una agradable sorpresa en The Handmaid’s Tale esa es Alexis Bledel. Conocida por interpretar a Rory en Gilmore Girls, Bledel siempre ha sido objeto de chistes sobre su mala actuación. Pues Bledel puede mandar al demonio a todo el que alguna vez se haya burlado de su talento. Como Ofglen, Bledel es vulnerable y determinada, arriesgada y sumisa, dura y sensible. Su rostro, esos conocidos y enormes ojos azules, alguna arruga prematura que muestra los signos del sufrimiento de su personaje, es un océano de expresión, delicado, agresivo, sutil, impresionante. Con su actuación – prestar especial atención al tercer episodio en que su personaje no emite una sola palabra y se roba el protagonismo y genera una de las imágenes más dolorosas que veremos en televisión en 2017, una imagen que no se olvida – Bledel ha redimido su carrera y se ha ganado decenas de artículos donde la alaban.

Samira Wiley – Poussey en Orange is the New Black – interpreta a la mejor amiga de Offred en los tiempos previos a Gilead. No es novedoso que Wiley sea capaz de emitir fortaleza y ternura a partes iguales, para todos los que han visto OITNB Poussey es uno de esos personajes memorables.

Otra interpretación excelente es la de Yvonne Strahowski. Como la esposa del comandante, el personaje de Strahowski está en una terrible posición. Mucho más libre que las otras mujeres de Gilead – por ser una esposa – sigue teniendo que vivir la presencia de Offred en su casa como un regalo sexual a su marido. Su rostro y su postura muestran, de manera compleja y silente, su repulsión y, a la vez, satisfacción por el maltrato de Offred. En este reparto nadie está demás o no alcanza el nivel esperado.

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Las handmaids no están autorizadas a caminar solas. | Imagen via HULU.

Razón 6: El look general de la serie

The Handmaid’s Tale es visualmente hermosa. El terror y el abuso se desarrollan en espacios idílicos y los personajes llevan indumentaria discreta y recatada, pero poderosa. Las handmaids, por ejemplo, llevan vestidos rojo sangre y gorros infinitamente blancos. Resaltan al pasar en pares por las calles y cuando se mueven en grupo. Son especiales, odiadas y necesitadas, y su ropa marca ambas cosas, al igual que marca su rol como las creadoras de vida con las únicas prendas de un color llamativo. Las marthas -encargadas de las labores del hogar- llevan ropa gris y las esposas vestidos verde opaco.

La cámara aprovecha los colores, las distinciones, y juega con ellos con resultados muchas veces sublimes. La cámara se aleja y se convierte en el observador ojo de “dios”, que observa desde lo alto y, a la vez, se acerca tanto a los rostros de Offred y Ofglen que es casi como si quisiese leer lo que están pensando. Es íntima pero también omnipresente.

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5 razones por las que Hijos de los hombres es más vigente hoy que hace 10 años

Nerea Dolara

Foto: Universal Pictures

La película de Alfonso Cuarón es una de visión obligada en este presente. Su futuro, en 2027, es hoy, en 2017, algo que es tan posible y tan acertado en su previsión, que es aterrador.

Una advertencia inicial, y recomendación encarecida: si no han visto esta película es hora de verla y si no quieren spoilers sería bueno no seguir leyendo. ¿Por qué verla? No sólo porque es una obra maestra del cine distópico, porque contiene secuencias de acción que se estudian en escuelas de cine o porque es la mejor película (con perdón de Y tu mamá también o Gravity) que ha hecho Alfonso Cuarón, sino porque es escalofriante cuánto se parece al presente (y no de la mejor manera).

Hijos de los hombres se estrenó a finales del 2006 y la crítica la alabó, como todo el mundo. La BBC la colocó en el puesto 13 de su lista de los 100 mejores filmes del siglo XXI, tiene una aprobación de 92% en Rotten Tomatoes y a finales del año pasado muchas publicaciones comenzaron a revisar la vigencia – de nuevo, escalofriante- de su trama. La historia, basada levemente en una novela de P. D. James, es la siguiente: En 2027, el mundo lleva casi dos décadas viviendo una crisis de fertilidad (a los lectores de A Hanmaid’s Tale esto les sonará familiar) que ha dejado al mundo sin niños. Pero el pesimismo y la oscuridad que llenan ese presente no sólo proviene de ese hecho. En el 2027, Gran Bretaña (donde se desarrolla la acción) lleva 8 años con las fronteras cerradas, refugiados e inmigrantes son encerrados en campos de concentración y la persecución de musulmanes es política de Estado. Con ese panorama vive Theo (Clive Owen), desilusionado, apático, deprimido… pero su vida cambia cuando su ex esposa (Julianne Moore), ahora miembro de una organización terrorista que lucha contra el gobierno, le pide ayuda. La tarea consiste en trasladar a una inmigrante ilegal hasta el lugar en que una supuesta organización conformada por médicos y científicos llamada The Human Project. ¿El giro? Kee, la inmigrante, esta embarazada y es la primera mujer en estarlo en 18 años.

Sigue una odisea por llevar a Kee a puerto seguro y salvar la única esperanza posible de que el mundo tal vez deje de ser el horrible lugar en que se ha convertido.

En 2006 el panorama que dibujaba Hijos de los hombres parecía posible pero lejano, una exageración. En 2017, diez años antes de que se desarrolle la historia de la película, parece predecir muy bien el futuro que nos espera. Aquí 5 razones por las que la película es completamente vigente en 2017.

5 razones por las que Hijos de los hombres es más vigente hoy que hace 10 años
Still de la película | Universal Pictures.

El trato a refugiados e inmigrantes

En Hijos de los hombres, Gran Bretaña ha cerrado sus fronteras y encierra (en jaulas y luego en campos) a quienes entran al país ilegalmente. El mundo ha vivido una gran pandemia y varias guerras por lo que los refugiados se acumulan sin recibir ningún tipo de ayuda. ¿Suena familiar? Tras la larga guerra en Siria la crisis de refugiados que ha llegado a Europa en los últimos años, y que ha sido catalogada como una de las mayores crisis humanitarias desde la Segunda Guerra Mundial, ha sido manejada con la empatía y la colaboración de un iceberg. Salvo algunas excepciones, Europa se ha lavado las manos frente al contingente de millones de personas que piden refugio huyendo de sus hogares para evitar la muerte. Aún no hay jaulas, pero si hay soldados en las fronteras, cierres de paso y Estados que ignoran a las personas, obligadas a vivir en la calle o en campamentos de refugiados llenos de precariedad, y sus pedidos de refugio.

 

El discurso del miedo

Como bien señala este artículo de la BBC el discurso del miedo es también parte importante del mundo en que habita Hijos de los hombres. No es casual que las fronteras estén cerradas y se hable de cómo el mundo es un caos fuera de “la seguridad del Reino Unido” o que se satanice a inmigrantes y musulmanes como estrategia para un gobierno que elimina libertades en nombre de la seguridad. Si esto no te suena familiar es posible que hayas estado encerrado en una cueva en los últimos años. El discurso de miedo y de intolerancia, el prejuicio convertido en campaña política, no sólo ha conseguido llegar a la palestra sino que ha conseguido victorias de miedo como el Brexit o la presidencia de Donald Trump. Y el futuro próximo en elecciones europeas, las de Francia por ejemplo, no pinta mejor.

5 razones por las que Hijos de los hombres es más vigente hoy que hace 10 años 2
Still de la película | Universal Pictures.

El terrorismo

En Hijos del hombre el terrorismo es parte del día a día. En la escena inicial de la película una bomba estalla a metros de Theo en Londres. Es realista, escalofriante y cotidiano. La escena se rodó en las calles de Londres, sólo meses después del atentado que mató a 52 personas en 2005. El permiso fue complicado de obtener y sólo se les permitió un día de rodaje. Aún las bombas no son parte del día a día, pero la realidad es que, entre el Daesh y demás organizaciones terroristas, cada vez más y con estrategias cada vez menos rastreables, el terrorismo se ha convertido en uno de los miedos que acechan la rutina de quienes viven en ciudades de países que luchan contra estas organizaciones. Las noticias sobre atentados aparecen por lo menos una vez a la semana en los periódicos. Y, tristemente, la tendencia es hacia el aumento de estas expresiones de violencia.

El realismo visual

Sí, vivimos en tiempos en que las salas de cine estrenan una película de superhéroes al mes -o así parece- pero el realismo visual ha llegado incluso a ellos. Pregunten si no a la trilogía de Batman de Christopher Nolan, llena de oscuridad e intentos de hacer plausible la existencia de este hombre vestido de murciélago o por la muy mal recibida Batman vs Superman o incluso la última entrega de Capitán América, en que Los vengadores pelean entre sí luego de que la ONU apruebe el control sobre sus acciones gracias a las masivas muertes de civiles en sus luchas con los malos o la recién estrenada Logan… Hijos del hombre es gris, tangible, sucia, cruda… Incluso una de sus tomas más famosas, el plano secuencia de la batalla en el campo de refugiados en que salpica sangre a la cámara, se ha convertido en un clásico… eso considerando que la sangre fue una casualidad que el director de fotografía, Emmanuel Lubezki, celebró como una casualidad que nunca podrían haber planificado mejor.

El realismo… real

La película es dura, no sólo gracias al entorno que rodea a Theo y Kee, sino por lo que les pasa a ellos y a quienes les ayudan. Es una parábola de la historia de la natividad en que el protagonista muere, quienes los ayudan también, y la “virgen” está flotando en un bote en medio del mar con su bebé esperando un barco que se ve a lo lejos y que bien podría ser una alucinación. Como se relata en esta pieza de Vulture, no fue fácil vender esta visión pesimista, con final poco esperanzador, a un estudio: “¿El tío se muere al final? ¿La chica está en un bote? Estás hablando de una película muy intensa y obviamente artística, que no va a ser barata y que tiene un ángulo político. No es algo fácil de vender”, recuerda Marc Abraham, uno de los productores. Para Cuarón era claro: “Nuestro punto de partida fue: hay un punto de inflexión (se refiere al 11 de septiembre). El futuro no es un lugar lejos de nosotros; estamos viviendo el futuro en este momento”.

Los finales felices se han hecho algo raro en el mundo audiovisual. El realismo y el pesimismo se han agarrado a las historias que vemos, posiblemente porque el presente que tenemos no es el más deseable ni parece ir en una buena dirección. También los finales abiertos se han convertido en signo de estos tiempos inciertos.

Además de estos factores cuenta también el de que este futuro es plausible tanto a nivel de historia como visual. El futuro es difícil de plasmar en el cine, la tecnología se queda atrás y la representación pierde vigencia (en Matrix aún se utilizan móviles con tapa), o directamente se imagina un futuro que nunca existiría (Firefly es un futuro en que se viaja por el espacio pero los mundos parecen haber vuelto al viejo Oeste). Hijos de los hombres muestra un mundo que 10 años después sigue siendo el nuestro, reconocible y aterrador.

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Qué ver y leer en tiempos de turbulencia política

Nerea Dolara

1984 es un best seller. ¿Qué otros productos culturales exploran distopias totalitarias, sociedades agresivas y gobernantes despóticos?

Desde hace unas semanas ronda la noticia de que el clásico de George Orwell, 1984, se ha convertido en un sorpresivo best seller tardío (bastante tardío, la novela se publicó en 1949). La explicación está a la vista. Tras el Brexit, las elecciones en Estados Unidos y un panorama no muy esperanzador en Europa, los lectores buscan respuestas y la distopia totalitaria de Orwell podría ofrecer algunas.

Claro que no todo es como en el mundo del Gran Hermano (sí, el nombre del reality show tiene su origen en este libro) pero en situaciones inestables y con promesas de líderes menos que democráticos la cultura siempre puede servir para pintar un panorama, para experimentar lo malo sin vivirlo del todo, para hacer catarsis. 1984 no es el único producto cultural que explora un gobierno totalitario y una sociedad reprimida y sin libertades. Ejemplos hay muchos. Y si se habla de explorar ficción para descubrir los males de los que las sociedades y sus gobiernos son capaces, pues las opciones son varias.

Los hijos del hombre (2006)

Esta película, dirigida por Alfonso Cuarón, bien podría calificarse de premonitoria. Puede que los eventos de la trama –la infertilidad de las mujeres, las guerras entre países y el uso de armas químicas– no sean reales, pero el trato a refugiados e inmigrantes, así como el control de los gobiernos a sus ciudadanos con la excusa de la seguridad son tristemente sólo un poco peores que en 2016. Una película devastadora, pero que vale la pena.

El cuento de la criada (1985)

Esta novela de Margaret Atwood, que esta semana se convirtió en la más vendida en Amazon, relata la historia de un mundo en que – tras desastres nucleares y varias guerras (¿ven un patrón?) – la natalidad se reduce y una secta conservadora toma el poder de Estados Unidos y lo convierte en la medieval República de Gilead. La protagonista es apresada y destinada a ser una de las criadas cuyo propósito es servir de útero disponible a los hombres con poder. Sutil, opresivo y angustiante, este libro será llevado a serie de televisión este año con Elisabeth Moss como protagonista.

Idiocracy (2006)

No todo tienen que ser historias de sufrimiento. El futuro puede ser oscuro, pero se puede mirar con una perspectiva de humor, aunque sea negro. Eso es lo que hace esta película, convertida en clásico de culto tras un estreno de poco éxito. Un hombre mediocre, por decir lo menos, es preservado por error durante siglos, cuando despierta el mundo se ha convertido en el reino de los idiotas. Una sociedad ignorante, corporativizada, obsesionada con el espectáculo y, sí, despótica, es lo que se encuentra. Y él termina por convertirse, por descarte, en el héroe que tal vez puede salvarlos a todos.

V for Vendetta (2005)

De nuevo los temas recurrentes de armas químicas, guerras y el miedo como arma de control. De nuevo un gobierno controlador y despótico, muy similar al de 1984. En este caso, sin embargo, el protagonista es un superviviente con sed de venganza, que promete destruir todo el aparato represivo en un año.

Black Mirror (2011-)

Esta serie británica explora, con especificidad, los posibles lúgubres futuros de las sociedades tecnológicas y coorporativizadas. Cada episodio es una historia que se cierra y -el que haya visto alguna entrega lo sabe- cada historia produce escalofríos. Una inteligente mirada crítica a una sociedad cada vez más distanciada y solitaria.

Farenheit 451 (1953)

Esta novela de Ray Bradbury retrata un Estados Unidos en que la quema de libros es ley, como una forma de control del conocimiento y, por ende, de control social. Bradbury escribió el libro durante la era de McCarthy, el congresista americano que encabezó una cacería de brujas contra los comunistas en su país que llevaría a detenciones y listas negras. François Truffaut dirigió una versión cinematográfica en 1966.

El fugitivo (1985)

Esta novela de Stephen King – la versión cinematográfica tiene a Arnold Schwarzenegger como protagonista – relata la historia de Ben Richards, concursante en un reality show en que los participantes viajan por el mundo y son cazados por otros hombres. En este mundo Estados Unidos es un régimen totalitario, la economía está en caos y el mundo es cada vez más violento. Una versión más reciente de una idea similar es la popular saga de literatura juvenil, Los juegos del hambre.

Foto cover: Jason via Flickr.

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Margaret Atwood: la centinela de la ficción especulativa y la narrativa distópica

Romhy Cubas

Foto: Alexandre Meneghini
Reuters

“No sabe qué es peor, un pasado irrecuperable

o un presente que lo destruirá si lo observa con demasiada atención.

Luego está el futuro. Puro vértigo.”

Oryx y Crake de M. Atwood

Los movimientos imaginarios que se arman con las aprensiones del presente visualizan un futuro desproporcionado y fuera de control que puede generar adicción. Margaret Atwood subsiste bajo ese halo desde que comenzó a escribir a los 16 años aunque no siempre quiso ser escritora –en algún momento quiso ser audiovisualista y biólogo-. El primer cuento que escribió tenía como protagonista a una hormiga: “debía tener siete años. No era nada del otro mundo. Al principio era un rollo. Pero hacia el final se ponía interesante. Tenía una durísima batalla con otro bicho”, afirma Atwood durante una entrevista para El Cultural en diciembre del año pasado.

La escritora canadiense es la tesis de una mujer prolífica y decidida del siglo XXI. Desde temprano se unió al activismo por los derechos de la igualdad de las mujeres, y su dinamismo literario y político la enlistan como una de las 100 personas más influyentes de la revista Time este año –de hecho fue la única escritora del conteo-. Es autora de más de 40 libros que abarcan novelas, poemarios, ensayos y cuentos para niños, y se considera más una “adivinadora educada” que una profeta -como la calificó la escritora del New Yorker Rebecca Mead-. No concibe la posibilidad de los universos sobre los que escribe sin el tiempo presente. Por ello su narrativa se ubica principalmente en el subgénero de la ficción especulativa -donde no todo es posible, no hay dragones, ni Guerras de las Galaxias- pero su existencia está en gran parte condicionada por la vigencia de todos esos progresos y medios en desarrollo actuales.

“Usualmente me preguntan sobre cómo es ser una escritora mujer o una escritora canadiense, pero nunca me han preguntado cómo es ser una escritora que también hace canoa y remo, que teje o que incluso cultiva jardines”. Esta es una declaración que muestra nimiamente el pensamiento de Atwood, quien escribe  para la antología de 1998 Women Writers at Work: The Paris Review Interviews (Mujeres escritoras en el trabajo: Entrevistas del Paris Review) “soy feminista, y Dios sabe que soy leal a mi sexo. Los escritores varones pueden sufrir tensiones en cuanto a la dedicación única de su arte por razones de clase o raza o nacionalidad, pero hasta ahora no es probable que a ningún escritor masculino se le pida sentarse en un panel para abordar los problemas especiales de su género. Tampoco se espera que un escritor apoye a otro simplemente porque este resulta ser un hombre”.

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Retrato de Elisabeth Moss y Margaret Atwood para la revista Time en New York | Imagen: Ruven Afanador

Con esta reflexión y desde sus primeras novelas las exactitudes inquietantes sobre “avances” futuros como la carne criada en laboratorios, la regulación farmacéutica de la atracción sexual, el sexo robótico para pederastas, la retransmisión en directo de ejecuciones o la alteración genética en animales y personas, la escritora se expresa en un gran rango de tendencias fundamentadas en la sociedad actual. Sus ficciones son tan extravagantes que se puede pasar de largo una objetividad tajante y documentada. Sobre El cuento de la criada, por ejemplo, la escritora ha aclarado que en el libro no sucede nada que no haya sucedido antes en otra época o lugar.

Sus novelas son una especie de prototipos; historias y contextos escritos inclusive antes de que fueran politizados y mediatizadas en el mundo real. Su relación con el futuro es complicada. La ambivalencia que surge constantemente entre la monogamia y la realidad del deseo humano, el sexo y el poder, una tribu genéticamente modificada, apocalipsis ecológicos, genocidios o dictaduras patriarcales, se afincan en porvenires sombríos y macabros que, sin embargo, son resistidos por sus personajes gracias al recuerdo de un pasado atado al positivismo y la esperanza.

En cuanto a las aprensiones y las pretensiones personales de la escritora, una entrevista en el diario británico The Guardian revela que su mayor miedo es una “demencia larga y persistente, seguida por la muerte por asfixia con una espina de pescado”. Su memoria más temprana es la cavar en lodo con una cuchara en 1942. A los 78 años su más preciada posesión son sus lentes, y si pudiera tener un súper poder sería volar con una capa. Su palabra favorita es “and” (y) –y también– por ser “tan esperanzadora”. Si pudiera regresar en el tiempo volvería al Titanic para los primeros días de su embarcación y el apocalipsis al que más le teme es el del fin de los océanos porque “si los océanos desaparecen, también lo haremos nosotros”.

Atwood ha recibido premios como el Booker, el Governor General y el Príncipe de Asturias de las Letras, pero en estos días su apellido pasa de boca en boca y de medio en medio gracias a la última adaptación televisiva de su novela de 1985, El Cuento de la criada –libro con el cual recibió premios como el Arthur C. Clark o el Los Angeles Prize-. El Cuento de la criada es efectivamente una especie de ficción maestra y especulativa en donde la sexualidad de la mujer es llevada a tribunas arriesgadas; no obstante, esta es un breve abreboca para entender la obra de la canadiense.

Esos múltiples extremos sociales sobre la escenificación de la mujer en un futuro atado a una enorme distopia de consecuencias absurdas -en las que el mundo pierde el control de todos los elementos evolutivos de los que alardea en el presente- dan para armar una lista con los otros libros de Atwood. Igual de fascinantes e inquietantes.

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Collage de la trilogía de Margaret Atwood

La trilogía de Oryx y Crake

Publicada en el 2003, Oryx y Crake revela un mundo en donde los avances médicos y tecnológicos caminan hacia un proyecto de manipulación genética que se sale de control. Rodeado de bestias híbridas y artificiales como los hombres-cerdos, los lobos-perros, las ratas-serpientes y un grupo de seres con semblante de humanos llamados Crakers, un hombre apodado Snowman es al parecer el único sobreviviente de una pandemia programada que acabó con la vida como era conocida en la Tierra. A través de este el relato revela como Crake, un brillante estudiante de ciencias, crea un avanzado programa de ingeniería genética-apocalíptica para el “bien común” de la humanidad. Atwood ahonda en una crítica satírica sobre las grandes compañías multinacionales, el monopolio de las empresas, la estratificación de las clases y los animales transgénicos (como los “cerdones”, cerdos híbridos criados para concebir órganos humanos que puedan ser trasplantados).

Esta es una trilogía que continúa con The Year of the Flood (2009) –El año del diluvio-  en donde una secta eco-religiosa llamada los Jardineros de Dios sobreviven a la misma catástrofe medioambiental de Oryx y Crake. Los jardineros están vinculados a un colectivo llamado MaddAddam, el nombre del último libro de la trilogía publicado en el 2013 a través de la historia de Toby, una de las protagonistas del libro anterior que trata de explicar el origen de los niños de Crake y la catástrofe biológica que une a todos los sobrevivientes.

La mujer comestible 

Fue la primera novela de Atwood y narra la historia de Marian MacAlpin, una joven universitaria que comienza a cuestionarse su vida gracias a una boda inmediata, la aparición de un extraño sujeto con el que comienza a llevar una relación y la gradual pérdida del apetito por cualquier tipo de alimento. La novela se enfoca en la transformación de una joven a punto de alcanzar el “sueño” de una mujer de su edad según la sociedad, pero la desintegración de su ego y su comportamiento inexplicable ante la comida retuercen una historia que bien podría ser sobre una joven que se casa y vive feliz para siempre. Con el tino habitual, Atwood cuestiona la imagen de la mujer y abarca -no sin cierta sátira- el juicio de los desórdenes alimenticios.

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“Nada se acaba” de Margaret Atwood | Imagen: Editorial Lumen

Nada se acaba

Finalista del Governor General’s Award en el mismo año, aborda  la descomposición del matrimonio y la identidad del amor por medio de Elizabeth y Nate. Estos dos paradigmas humanos viven en un cataclismo conyugal hasta que el suicidio del último amante de Elisabeth y la relación entre Nate y Lesje, una paleontóloga que solo se siente cómoda entre fósiles de dinosaurios, crean un triángulo amoroso. El relato es en esencia sobre la identidad del amor y las relaciones, sobre la monogamia y el deseo natural de las personas y sobre  una serie de personajes prototipos que ahínca en la crítica de Atwood como la madre progresista, la tía convertida en madrastra, la esposa convertida en amante.

Alias Grace

Ganadora del Giller Prize y finalista del Governor General’s Award esta relata la historia de Grace Marks, quien en la vida real y con 16 años se hizo famosa en Canadá por el asesinato de su jefe Thomas Kinnear y la amante de este 1843. James McDermott, verdadero autor del crimen, fue condenado a muerte; pero a Marks se le conmutó la pena capital por cadena perpetua. Dieciséis años más tarde el médico estadounidense Simon Jordan intenta resolver la verdadera historia tras los violentos sucesos de aquellos años.

Aunque es una de las pocas historias escritas por la canadiense basada totalmente en la vida real, la interpretación de Grace escrita por Atwood se vuelve única para retratar el perfil de una adolescente que enfrenta el sistema judicial en el siglo XIX.

Grace Marks se convirtió en una de las mujeres más enigmáticas de Canadá es la época por su supuesto papel en el doble asesinato. Fue exonerada después de 30 años de cárcel. Netflix y la cadena canadiense CBC ya tienen programada una adaptación de Alias Grace en formato de miniserie.

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“Por último, el corazón” de Margaret Atwood | Imagen: Salamandra Editorial

Por último, el corazón

Un matrimonio sin recursos sobrevive en su carro en un mundo de bancarrota financiera en donde la clase trabajadora se funda en un apocalipsis económico. En este espacio temporal el único sistema sostenible es el penitenciario. “Antes, el sentido de las cárceles era el castigo; luego fue la rehabilitación y la penitencia, y más tarde, tener encerrados dentro a los delincuente peligrosos. Después, durante unas cuantas décadas se usaron para controlar a la multitud. Se enjaulaba a los jóvenes agresivos y marginados para tenerlos lejos de las calles. Y luego, cuando se empezaron a gestionar como negocio privado, su sentido fue el margen de beneficio de los proveedores de comida prefabricada para las prisiones, los guardias contratados y todo eso”.

El Proyecto Positrón intenta cambiar esta situación. La solución: que la población haga turnos para vivir dentro de la prisión cada cierto tiempo, garantizando así la estabilidad del sistema.

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Margaret Atwood a los 28 años en la Universidad de Harvard 1967 | Imagen: FlareMagazine

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Vídeo | Los planes de China para convertir en realidad la distopía de Black Mirror

Redacción TO

Black Mirror, la serie de Channel 4 y Netflix, muestra un futuro no muy lejano y distópico que nos pone los pelos de punta. Cada capítulo entra en un mundo tecnológicamente horroroso. Ciencia ficción que a veces está demasiado próxima a la realidad. Conoce más sobre los planes de China para convertir la distopía de Black Mirror en realidad aquí.

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