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Ser o no ser incómodo: el dilema al que da respuesta Al Gore en la era Trump

Tal Levy

Foto: MARIO ANZUONI
Reuters

Ver al exvicepresidente estadounidense Al Gore sortear las calles inundadas de Miami Beach, con botas de lluvia y el agua no digamos que hasta el cuello, pero sí literalmente hasta las rodillas, en una escena de su nuevo documental estrenado en Estados Unidos, no es un mero efecto y, para atestiguarlo, allí están los asistentes a la proyección privada para la prensa de la película en el Cine Regal, quienes al salir de la sala constataron ese lluvioso primero de agosto cómo la realidad casualmente refrendaba lo recién visto en pantalla.

“Las inundaciones de ese martes son consecuencia del calentamiento global. Fueron seis pulgadas de agua en sólo dos horas. Increíble”, afirmaría a El Nuevo Herald un Al Gore que como una madre cuyos hijos desoyen sus advertencias, en su caso sobre los dramáticos efectos del cambio climático, no le queda más que esperar hasta poder replicar un se los dije. Nos lo dijo. Y es que Miami es la ciudad más amenazada del mundo en términos de activos en riesgo debido al aumento del nivel del mar, seguida por Guangzhou y Nueva York.

Ya no se trata de hacer proyecciones atemorizantes para alertar sobre los peligros del calentamiento global o explicar en qué consiste con gráficos y hasta jocosas animaciones, como si fuera una conferencia en directo. Pasó más de una década desde Una verdad incómoda (An Inconvenient Truth) y, al parecer, es la hora de cederle la palabra a la realidad y a quien lanzó la advertencia a los cuatro vientos en primer plano: Al Gore.

Este es el espíritu que anima la secuela Una verdad muy incómoda: ahora o nunca (An Inconvenient Sequel: Truth to Power), dirigida por Bonni Cohen y Jon Shenk, que se ha presentado en los festivales de Sundance y Cannes y que se espera llegue a España en octubre.

Las que parecían exageraciones, como que el agua del mar llegaría hasta el lugar donde se levantaba la construcción en honor a las 3.000 víctimas del ataque terrorista del 11-S en Nueva York, se concretaron la noche del 29 de octubre de 2012, cuando el huracán Sandy provocó la inundación del memorial que se erigía en el que fuera el World Trade Center.

Si en el primer documental, del realizador Davis Guggenheim, se evidenciaban los destrozos por la crecida del agua debido al impacto del Katrina, en el nuevo se muestran los efectos devastadores de Sandy. El conductor de la historia, Al Gore, insiste en que ahora cada tormenta es distinta debido a la crisis climática.

Tanto en uno como en otro filme se hace referencia a que el año más caliente fue el que le precedió, es decir, el 2005 y el 2016, respectivamente, porque sencillamente el calor va en aumento. De allí que la secuela comience con tomas del preocupante deshielo como una demostración de las consecuencias del calentamiento global, que contrastan con los comentarios que se escuchan seguidamente de quienes despreciaron Una verdad incómoda, al punto que se oye cuando el magnate Donald Trump pidió que se le retirara a Gore el Premio Nobel de la Paz que le fue entregado en 2007.

“Gore-centrismo” en pantalla

Una verdad muy incómoda: ahora o nunca es precisamente una reivindicación de la lucha del político demócrata estadounidense devenido en líder activista global, una reafirmación de sí mismo y de la necesidad de un cambio.

“Me llamo Al Gore y solía ser el próximo presidente de Estados Unidos”, bromeaba al inicio del primer documental quien estuvo a un paso de habitar la Casa Blanca. Ese largometraje no escapó a la polémica debido a imprecisiones advertidas por científicos, pero lo cierto es que tuvo gran resonancia, más aún después de hacerse merecedor en 2006 del Oscar al Mejor Documental, así como a la Mejor Canción Original.

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Al Gore en Davos durante el World Economic Forum (2017) | Imagen: REUTERS/Ruben Sprich

Si se quiere, el filme recién estrenado es una suerte de desquite frente a las críticas de los escépticos y los negacionistas del cambio climático con Gore en primera persona, en primer plano.

Así, él aparece quitándose sus botas empapadas y quedándose con sus pies al descubierto tras recorrer las calles inundadas de Miami Beach; pisando un glaciar en Groenlandia y advirtiendo moulins, esos agujeros en la capa de hielo que drenan agua y que hacen que asemeje a un queso suizo; caminando apesadumbrado por un cementerio en Filipinas entre cruces que rememoran a las miles de víctimas del supertifón Haiyan, que provocó 4,1 millones de refugiados; dirigiéndose a una audiencia con su verbo entrenado; viajando en coche y en avión; hablando por teléfono y volviendo a su casa en Tennessee, esta vez para recordar cuando evaluó junto a su familia los pro y los contra para postularse a las elecciones presidenciales, así como el difícil momento en que debió aceptar la decisión de la Corte Suprema que dio al traste con su aspiración, situación que ya expuso en Una verdad incómoda.

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Un grupo de adolescentes ve las grandes olas producidas por el Tifón Haiyan | Imagen vía REUTERS/Simon Kwong

Como comentaría quien ayudó a negociar el Protocolo de Kioto sobre la reducción de gases de efecto invernadero, “la vida tenía un plan diferente para mí”. Es sobre este plan que versa la secuela, pero no por ello marginal, tanto que un buen tramo del documental se dedica a evidenciar el destacado papel que jugó el ex senador en la consecución del Acuerdo de París, “¡un nuevo capítulo de esperanza para el mundo!”.

De cara a ese encuentro que reunió a muchas de las personas más influyentes del planeta le fue pedido, según se refiere, ayuda para hacer de esa conferencia sobre el clima un éxito. Así es como se ve también a un Al Gore haciendo el lobby necesario para lograr que la India cediera en sus posiciones en aras del convenio a cambio de recibir apoyo tecnológico de la empresa Solar City. Es en este punto cuando la película se torna más lenta y quizá “demasiado Gore-céntrica”, como la tildó Andrés Oppenheimer en El Nuevo Herald.

Esa victoria alcanzada en Francia sufriría un revés cuando, ya como presidente, Trump anunció el pasado 1 de junio el retiro de Estados Unidos del Acuerdo de París, adoptado con el respaldo de 195 naciones en 2015 dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. EEUU es el segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero, superado sólo por China; entre ambos generan 40% del dióxido de carbono del planeta.

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Barak Obama y Al Gore durante la campaña presidencial en 2008 | Imagen vía: REUTERS/Rebecca Cook

Cuando era sólo magnate, Trump no pudo, claro, hacer que le quitaran el Nobel a Gore, pero sí logró al llegar a la Casa Blanca opacar ese logro casi personal suyo y de los demócratas, con Barack Obama a la cabeza, como es presentado el convenio de París en la película.

Olas que matan

El global warming, o calentamiento global, no es un concepto, es una tendencia por demás manifiesta, palpable, debido al aumento del dióxido de carbono y demás gases de efecto invernadero. La sequía y la desertificación, el deshielo, las altas temperaturas, los refugiados climáticos y al fondo, como siempre, los pobres: los más afectados.

Las cifras son alarmantes. “En todo el mundo, la contaminación atmosférica mata a 6,5 millones de personas cada año, se destaca en el libro An Inconvenient Sequel: Truth to Power, de Al Gore, que acompaña al documental. Ahí se detallan los estragos de sendas olas de calor, como la que en Europa, sobre todo en Francia, acabó con la vida de 70.000 personas en 2003, o la que en Pakistán provocó 2.000 víctimas mortales en 2015 o la que en la India, ese mismo verano, dejó 2.500 muertes.

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Una de las pancartas durante las protestas al G20 en Hamburgo, | Imagen vía: REUTERS/Hannibal Hanschke

El incremento en las temperaturas tiene incidencias en la propagación de enfermedades tropicales como el zika, para el cual la respuesta, como subraya Gore, no puede ser la inaudita petición que hicieron algunos países de evitar los embarazos mientras se controla el mal.

Y es que el aumento del calor favorece al mosquito transmisor del dengue y del zika, el Aedes aegypti, pues hace que se reproduzca más rápido y se expanda geográficamente.

Basta con mirar que el cielo no se ve azul, dice Gore, quien propone, por tanto, escuchar el clamor de la madre naturaleza y no olvidar que los seres humanos formamos parte de una familia global y este es nuestro hogar.

Retoma, así, esa primera foto de la Tierra tomada desde el espacio que impactó la conciencia de la humanidad, con la que le gusta iniciar sus conferencias y que apareció también en Una verdad incómoda, imagen captada en la Nochebuena de 1968 gracias a la misión Apolo 8 y 18 meses después de la cual el movimiento ecológico echaría a andar.

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Al Gore usa una fotografía de la Tierra tomada por la NASA en una misión de Apolo para ilustrar su punto en la Conferencia Mundial del Instituto Milken (2005) | Imagen: REUTERS/Fred Prouser

De igual modo, muestra la instantánea del disco completo del planeta, totalmente iluminado por el Sol, difundida en 2015 por la agencia espacial estadounidense NASA gracias al satélite Dscovr, que informalmente fue conocido como el GoreSat pues fue él, Al Gore, quien impulsó el entonces llamado satélite Triana cuando fue vicepresidente de Estados Unidos, durante la administración de Bill Clinton. Paralizado durante el gobierno del republicano George W. Bush, fue finalmente puesto en órbita con la llegada de Obama a Washington bajo el nombre de Observatorio Climático del Espacio Profundo o, simplemente, Dscovr, el cual permite monitorizar en tiempo real la actividad solar y sus efectos sobre la Tierra.

Líderes del cambio

A fin de cuentas, no todo son malas noticias. En Una verdad muy incómoda: ahora o nunca se presentan ejemplos esperanzadores como el de Chile, país que ha dado un vuelco impresionante hacia el uso de la energía solar que sobrepasa los gráficos, las expectativas.

Por años Gore ha tratado de comunicar la urgente necesidad de actuar. Cuando inició su programa de capacitación hace una década en el granero de su granja de Tennessee, con las primeras 50 personas, no podía imaginar cuánto se multiplicaría el interés sobre la crisis climática y el modo de resolverla. Hoy entrena a miles cada año, quienes sirven a su vez de agentes de cambio llamados Climate Reality Leaders.

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Smog en Santiago de Chile | Imagen REUTERS/Ivan Alvarado

“Hay hambre de información sobre lo que está sucediendo, por qué está sucediendo y cómo podemos solucionarlo”, sostiene el exvicepresidente de 69 años de edad en el documental.

Más de 12.000 activistas se han sumado a The Climate Reality Project, organización internacional sin fines de lucro con sede en Estados Unidos y sucursales en Australia, Brasil, Canadá, China, Europa, India, Indonesia, México, Filipinas y África.

Aparte de la visibilidad que Una verdad incómoda le dio al tema del cambio climático, gracias al Oscar y al Nobel, cuando en 2016 se cumplieron 10 años de su estreno hubo una campaña en redes sociales con el hashtag #ait10 en la que los internautas compartieron el impacto, individual claro está, que tuvo en sus vidas.

Christine Kim, por ejemplo, apuntó que tras ver la película decidió comprometerse a usar la menor cantidad posible de químicos tóxicos y pesticidas, mientras que Pierre Richard fue uno de los tantos que se convirtió en activista, en su caso uniéndose a Climate Reality Canada, ONG con la cual ya ha dictado 43 conferencias sobre cambio climático.

Cada quien hace lo suyo como el mismo Gore, quien además conduce un carro eléctrico y provee de energía a su casa en Nashville con 33 paneles solares.

Con el futuro en la mira, pensando en las nuevas generaciones, el último llamamiento de la secuela es claro y contundente: “Lucha como si tu mundo dependiera de ello porque el mundo depende de ello”.  

Al término se puede leer una invitación a la que poco a poco se van sumando voces como la de Paul McCartney, Bono y Adam Levine, entre muchas otras, a asumir el compromiso de #BeInconvenient (sé incómodo) y publicar un vídeo que le diga al poder la verdad a la cara. “Si el presidente Trump no lidera, el pueblo estadounidense lo hará”.

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Ana Laya

Al Gore lo intentó una vez con An Inconvenient Truth (Una verdad incómoda), el documental ganador del Oscar en 2007 en el que el realizador Davis Guggenheim seguía al ex-candidato presidencial Al Gore en su circuito de charlas realizadas para llamar la atención sobre los peligros del calentamiento global y exigir acciones inmediatas para mitigar sus destructivos efectos en el ambiente.

Diez años más tarde, el cambio climático es más palpable que nunca (21 grados en noviembre), y sin embargo, altos cargos políticos siguen sin darle suficiente importancia o directamente negándolo. Uno de los primeros actos de Theresa May como primera ministra de Reino Unido, por ejemplo, fue eliminar el Departamento de Cambio Climático, una medida que ha sido calificada como “preocupante y estúpida”.

De ahí que Leonardo DiCaprio, conocidísimo ambientalista de toda la vida, haya decidido tomar el testigo de Gore y junto a Martin Scorsese y a Fisher Stevens, el director de The Cove, produjese el documental Before the Flood, (antes de la inundación). Before the Flood, es un viaje de dos años en el que DiCaprio analiza la situación climática actual y entrevista no sólo a grandes personalidades en la materia como Barack Obama, Bill Clinton, el Papa Francisco, Ban Ki-moon y expertos de la NASA, sino también a los afectados directamente por el cambio climático en países desarrollados y en vías de desarrollo, un variopinto conjunto de individuos que ofrecen su sabiduría, su pasión y su visión para, juntos, construir un futuro que no sea una catástrofe anunciada para el planeta.

“El cambio climático es la mayor amenaza a la que se enfrenta nuestro planeta”, asegura DiCaprio. “Debemos trabajar juntos, como una sola voz, para atraer toda la atención sobre este problema. Nuestra supervivencia depende de ello. Este documental traduce los síntomas y las soluciones al cambio climático antes de que aquellos que tienen un interés económico en la producción de combustibles fósiles distorsionen la información como suele suceder”, añade el actor.

El documental se estrenó en NatGeo el domingo 30 de octubre y ahora puede ser visto gratis en su página web y en su canal de YouTube. Como parte de la campaña de difusión del mensaje de Before the Flood, National Geographic y 21st Century Fox han decidido donar un dólar a la Wildlife Conservation Society y Pristine Seas, cada vez que se utilice el hashtag #BeforeTheFlood en Facebook, Twitter o Instagram. La campaña está vigente hasta el 18 de noviembre, así que si en realidad quieren colaborar con esta causa, dudo que haya una manera más sencilla. Si quieren involucrarse más (¡qué bueno!), en la página oficial de Before the Flood pueden encontrar más información.

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Romhy Cubas

Ante la paradoja de la sociedad de la información, que en realidad se muestra cada día más desinformada e impasible con lo que ocurre a su alrededor, los documentales se han convertido en una especie de testimonio esperanzador para, más que denunciar, penetrar en temas claves que los medios de comunicación no han logrado anclar en su “audiencia” –y no precisamente por falta de esfuerzo- . Este año sostenido en tribulaciones y guerras anunciadas, en migraciones forzosas, organizaciones terroristas indómitas, masacres y un fraccionamiento social medular, llega a sus últimos días con la apatía del desarraigo. Ante un inminente genocidio contra la población de Alepo en Siria, después de las elecciones estadounidenses más decepcionantes en décadas y en una Latinoamérica capitaneada por voces difuntas y corruptas, el contraste es decepcionante si nos apegamos a que “del pasado se aprende”.

Así llega otro año para tomar conciencia, otros 365 días para comenzar la dieta, otras 8.760 horas para contribuir a la paz mundial y otros 525.600 minutos para enseriarnos con aquello de que el mundo se nos está resbalando entre los dedos.

Estos cinco documentales no cambiarán el cosmos ni contribuirán a fenómenos inesperados, pero no está de más hacer un recorrido por el trabajo de quienes buscan desvelar una realidad con extremos tan difusos que apuntan a una sociedad si no bipolar, con serios problemas de personalidad. Desde la acostumbrada pero ineludible canción del cambio climático, las “víctimas de la tecnología” y el siniestro tráfico de marfil que ha llevado a los elefantes al borde de la extinción, hasta una historia tan utópica que da risa y en donde la “autonomía” de un país contribuye a que sus habitantes mueran de soledad.

Estos son algunos de los títulos para repasar si tienes ganas de que tu memoria y tu conciencia hagan sincronía en este plano temporal.

1. Before the Flood

El cambio climático nos observa desde hace décadas, lo que comenzó como una astilla en el zapato y que Al Gore recordó como una verdad incómoda en el 2006, hoy es casi tan inevitable como cierto. De la mano del oscarizado –ya era hora- Leonardo DiCaprio, con el sello de National Geographic Channel y la dirección del ganador del Oscar por The Cove -documental sobre la caza de delfines en Japón- Fisher Stevens, el actor/mensajero de paz de la ONU para el cambio climático es la voz narrativa de este documental en el cual visita esquinas distantes del mundo y entrevista a expertos y líderes mundiales de diferentes nacionalidades. La meta es mostrar cuánto de graves son los estragos causados por la desestabilización climática que ha provocado el calentamiento global en los ecosistemas naturales, y en las comunidades humanas que dependen de ellos. También se aproxima de forma práctica a las medidas que pueden mitigar o reducir el declive del planeta.

El diagnóstico se presenta en contraste con una fuerte negación de varias potencias mundiales y esferas políticas que prácticamente desconocen el término “calentamiento global”. No obstante, durante dos años el equipo de Before the Flood se embarcó en un viaje que demuestra que el tiempo para la acción es cada día más escaso.  El sentido de urgencia de la película contrasta con una nueva aproximación: el emocional acercamiento hollywoodense que si bien no es del gusto de todos, hace el intento de crear conciencia desde un nuevo ángulo amoldado a las masas.

2. The Swedish Theory of Love

En Suecia, uno de los países con menor nivel de pobreza en el mundo y con una distribución de riqueza más igualitaria, se creó un manifiesto en los años 70 que establecía que “todas las relaciones humanas tienen que estar basadas en la independencia entre personas”; el amor vendría a ser voluntario más no necesario. Desde entonces el país se ha cercado de una autonomía tan evolutiva que raya en la utopía. Hoy en día el 40% de los habitantes del país viven solos, la nación cuenta con uno de los bancos de esperma más grandes del mundo y un gran porcentaje de las mujeres deciden prescindir del contacto físico; encargan cajas con semen congelado e instrucciones metódicamente explicadas. Pero por lo menos la mitad de la población sueca afirma sentirse sola.

The Swedish Theory of Love o La teoría sueca del amor es un documental estrenado en el 2015 por el director Erick Gandini, quien esclarece con humor e ironía el núcleo de una sociedad donde el individualismo es llevado a extremos rigurosos. El documental recorre diferentes grupos e instituciones del Estado que tienen un elemento en común, todos se manejan en el retiro de la desconexión, en un aislamiento casi tortuoso en donde una de cada cuatro personas mueren solas, sin familia o conocidos a los que acudir, sin nadie que los encuentre de no ser por el olor de su cuerpo descompuesto (pueden pasar meses).

El Leitmotiv aferrado a la “calidad de vida” como check mark para la felicidad es desmitificado en este documental que recuerda que “la soledad es muy hermosa… cuando se tiene alguien a quien decírselo”, como escribió Gustavo Adolfo Bécquer.

3. The Ivory Game

El Exterminio del Marfil (The Ivory Game) es un documental dirigido por Kief Davidson y Richard Ladkani en el cual Leonardo DiCaprio tiene crédito como Productor Ejecutivo. Este descubre el oscuro y avaro mundo del tráfico ilegal del marfil obtenido de los colmillos de los elefantes. Los involucrados trabajaron durante 16 meses en China y África para exponer una red corrupta y mundial que se alimenta de cazadores furtivos en su búsqueda por el “oro blanco”. La urgencia aquí es el hecho de que en cuestión de pocos años estos animales pueden desvanecerse, y el tiempo apremia.

Mozambique y Tanzania han perdido la mitad de su población de elefantes en los últimos seis años a causa del tráfico ilegal de marfil, según informa la agencia de noticias Efe, y este comercio ilegal se extiende hasta Asia en donde tanto los colmillos de elefantes como los cuernos de rinocerontes se utilizan en la medicina tradicional o para crear objetos de lujo.

Ante la necesidad del mercado de satisfacer a unos consumidores ávidos de brillo, se abre la ventana para otra raza en peligro de extinción.

4. Lo and Behold: Reveries of the Connected World

El alemán Werner Herzog, director de clásicos como Aguirre, la cólera de Dios  y Grizzly Man presenta un largometraje que indaga en los orígenes de Internet desde el 29 de octubre de 1969. El recorrido camina hacia el avance imparable de una tecnología que cambia comportamientos y condiciona vidas. Lo and Behold, Reveries of the Connected World recurre a unas 30 entrevistas para presentar una especie de Apocalipsis tecnológico en donde la posibilidad de que la ausencia definitiva de Internet ponga en riesgo la supervivencia del ser humano es más tangible de lo que se podría creer.

El alemán explora la red, sus vulnerabilidades y fortalezas, sus visionarios y detractores, así como los cambios morales, las diferencias generacionales y los riesgos de la inteligencia artificial. Muestra la vida de las “víctimas de la tecnología” -adictos que pierden el contacto con el mundo real por el virtual- y la de los habitantes de una comunidad de Green Bank -West Virginia- afectados por las emisiones electromagnéticas.

5. Cameraperson

De la mano de la directora Kisrten Johnson –cuyos trabajos incluyen Citizenfour (2014) y The Oath (2010) Cameraperson se presenta como una memoria única y cinética en donde Johnson compila material filmado para una gran variedad de documentales ya rodados, así como grabaciones personales. El documental expone una amplia mirada del siglo XXI, en donde el retrato internacional marcha de la mano de guerras, genocidios y violaciones de los derechos humanos. Sin embargo, Cameraperson también representa una mirada sublime de historias que se exhiben para reflexionar y recapacitar en silencio.

Esta es una memoria visual y radical que muestra lo que significa filmar a otra persona y cómo esta se ve afectada en lentes ajenos, que dibuja momentos y experiencias universales cuyo viaje termina donde comienza: en la acción, interacción y conexión de los individuos de una sociedad.

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Toast Ale, la cerveza a base de pan que se rebela contra el despilfarro

Redacción TO

Foto: Lindsey Parnaby
AFP

Cada año terminan en la basura toneladas de pan y una asociación británica ha tomado la determinación de poner fin al derroche con una solución sorprendente: son capaces de transformar el pan en cerveza.

En el condado de Yorkshire, al norte de Inglaterra, una fábrica está acostumbrada a ver cómo llegan kilos de pan duro procedentes de bares y establecimientos de la ciudad. Estos pasan a convertirse en ingredientes de una cerveza que han bautizado como Toast Ale, y que desde 2016 reduce el porcentaje de malta para sustituirlo por pan, todo por encargo de una asociación que lucha contra el despilfarro de alimentos y que se llama Feedback.

La idea nació de Tristram Stuart, fundador de esta asociación, quien se inspiró en los cerveceros belgas que lanzaron la cerveza llamada Babylon. Aquel nombre no fue una coincidencia.

“Me explicaron que los antiguos babilonios inventaron la cerveza para usar panes y granos que de otro modo se habrían perdido. Era el objetivo inicial de la cerveza”, explicó Stuart en una entrevista con la agencia AFP. “Hoy se tiran cantidades industriales de pan en todo el mundo, y las asociaciones de ayuda alimentaria no pueden repartir todo el pan que les ofrecen. Al mismo tiempo, hay esta fiebre en todo el mundo por las cervecerías artesanales”.

Esta circunstancia empujó a Stuart a crear una empresa que uniera a los suministradores con los cerveceros locales, y a su vez con organizaciones caritativas. Desde el primer momento dio una visión internacional al negocio, y el primer paso consistió en hacer de ‘Toast Ale’ un producto de calidad. La primera cerveza que se hizo nació en el programa de televisión del famoso chef británico Jamie Oliver, que se rindió en elogios. Ahora existen cuatro variantes, en función de los gustos de los consumidores. Tienen dos lagers, una Pale Ale y una India Pale Ale, y varios premios a sus espaldas.

Un trabajador de la fábrica, volcando el pan durante el proceso. | Foto: LINDSEY PARNABY/AFP

Su ejemplo ha servido para que otras cervecerías se hayan sumado a su iniciativa. Es el caso de Wiper and True, situada en Bristol, que creó la Bread Pudding, una cerveza fabricada con los mismos métodos y con un sabor que recuerda al famoso postre británico.

En el Reino Unido se han usado ya 9,75 toneladas de pan para producir más de 300.000 botellas de cerveza, vendidas a entre 2,5 y 3 libras la unidad –entre 2,80 y 3,40 euros–, un precio habitual en cervezas artesanales. Es un pequeño paso, pero queda mucho por hacer para reducir el problema del derroche: cerca de la mitad –el 44%– del pan que se produce en el Reino Unido anualmente acaba en la basura. El pan es el alimento que más se tira en ese país.

“Ver lo que ocurre en el mundo es verdaderamente deprimente”, estimó Tristram Stuart. Para ello ha encontrado una solución “deliciosa”. Tan deliciosa que su método se extiende con velocidad y ya se aplica en ciudades como Nueva York, Río y Ciudad del Cabo.

La receta para transformar fue publicada en Internet para que todos puedan iniciarse en la elaboración de cerveza con pan y contribuir a su manera a reducir el problema. “La han descargado ya 16.000 veces, mucha gente la usa”, dijo Tristram Stuart, entusiasmado. Pero ¿qué ocurrirá si se deja de derrochar pan? El fundador de Feedback responde tajante: “Entonces, no tendrá razón de existir”.

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El gran poder de China pasa por su nueva Ruta de la Seda

Luís Torras

Foto: JASON LEE
Reuters

Desde 2012, China ha avanzado con paso firme convertirse en una Gran Potencia con influencia real sobre la comunidad internacional, capaz de controlar sus intereses domésticos y los regionales.Uno de los grandes ejes de esta política exterior es el llamado One Road, One Belt: una ambiciosa empresa de colaboración internacional para impulsar infraestructuras y el desarrollo económico a lo largo de la amplísima región euroasiática. Un proyecto que alumbra una China más abierta, colaborativa e integrada en la economía global con las nuevas oportunidades y amenazas que esto supone.

A lo largo de la historia, China ha tenido una actitud ambivalente con respecto al comercio exterior. Dinastías como la Yuan (Mongoles), que dominó el destino de China durante los siglos XIII y XIV (1279-1368), fue relativamente plana, abierta y permeable para con el intercambio cultural. Estos serán los tiempos de Marco Polo, donde los dominios del entonces emperador Kublai Kan se extendían desde el norte de Manchuria hasta la orilla misma del Danubio. Tiempos de comercio e impulso tecnológico que culminará con los viajes por el Índico del marino Zheng He iniciados en 1371 e interrumpidos de forma repentina en 1433 por motivos políticos. Durante estos años de apertura, China parecía olvidarse de su Gran Muralla, que durante tanto tiempo había sido barrera de protección y muro de aislamiento, como recuerda la historiadora Julia Lovell.

Esta visión aperturista no será la tónica general. Con la llegada de la dinastía Ming, China alcanzará su zénit, pero también iniciará su declive. Poco antes de la interrupción de los viajes de ultramar del marino Zheng He, el gran Emperador Yongle trasladará la capital del imperio de la comercial Nankín a Pekín, más al norte, y mandará construir la Ciudad Prohibida (1401), que durante los siglos sucesivos aislará tremendamente al emperador de su pueblo. Se iniciaba así un largo proceso de anquilosamiento institucional que irremediablemente conducirá de forma irremediablemente al retraso económico. China se cerraba en sí misma favoreciendo un modelo vertical, jerarquizado, condenando al ulterior potente Imperio celeste a merced de potencias extranjeras hasta bien entrado el siglo XX.

Mapa de la influencia Mongol en los s. XIII y XIV. | Fuente: World Economic Forum

La historia volverá a tener un importante punto de inflexión en 1949, cuando los comunistas liderados por Mao Zedong recuperaron la soberanía y la unidad de China de nuevo. El Partido Comunista se convertía de facto en una nueva dinastía, marxista, no feudal, en la que, como en el pasado, coexistían elementos más reformistas y aperturistas con elementos más autoritarios. En 1978, con el advenimiento de Deng Xiaoping, China iniciaba (por fin) un nuevo ciclo de prosperidad, el más importante de su historia, iniciando una importante reforma pro-mercado y una decidida apertura al exterior. Unos cambios fundamentales que se sitúan en la base del crecimiento económico de los últimos años, y catalizador de los anhelos de China de influir en los asuntos del mundo. 

China no tiene la ambición de ser una potencia global; sí de afianzar su posición como potencia regional y recuperar su antigua área de influencia. La Nueva Ruta de la Seda es una pieza estratégica central para cumplir esta visión y por la que China busca asegurar, por mar y tierra, el acceso a mercados claves tanto para el abastecimiento de materias primas como para dar salida a sus mercancías. Para comprender la importancia estratégica que tiene para China “connecting the dots”, en feliz expresión de Steve Jobs, es importante aproximar (aunque sea de manera somera), la muy diferente y desigual situación geoestratégica de partida del gigante asiático en comparación a Estados Unidos.

Estados Unidos tiene dos salidas estratégicas al mar, cuenca Atlántica y Pacífica, además de ejercer una gran influencia en el mar del Caribe. Únicamente tiene fronteras con dos países, Canadá y México, sobre los que, además, ejerce una gran capacidad de influencia, y cuenta con suficientes recursos hídricos y superficie disponible para la agricultura para garantizar su seguridad alimentaria y, también, de forma creciente, el suministro de energías primarias. China, por su parte, concentra una quinta parte de la población mundial y sólo tiene un 6% de la tierra cultivable (una parte muy importante del país es desierto), con amplías zonas con un importante estrés hídrico. Estos condicionantes hacen que el país sea crecientemente dependiente del exterior en el crítico capítulo alimentario y también en el energético. China tiene una sola salida al mar y unas complejísimas fronteras con hasta 14 países diferentes, donde se incluyen potencias nucleares como Corea del Norte, India, Pakistán o Rusia, además de tener cerca de sus costas a dos importantes aliados de EE UU, Corea del Sur o Japón, lo que da lugar a frecuentes conflictos territoriales. Una situación muy compleja para un gigante en edad de crecimiento. 

Al margen de asegurar el acceso a mercados estratégicos, la nueva Ruta de la Seda quiere ser un elemento para la cooperación internacional y la estabilidad en el área de influencia china. Uno de los factores clave de éxito de las reformas en los últimos años ha sido la gran habilidad de Pekín para forjarse un entorno relativamente favorable. Xi Jinping, el líder más destacable del panorama político actual (con diferencia), es buen conocedor de las lecciones de la historia y ha intensificado como ningún otro líder chino una intensa agenda internacional que le ha llevado a establecer relaciones con prácticamente todos los países de la región. La diplomacia china ha sabido tejer alianzas y complicidades con potencias regionales menores pero también con la Rusia de Putin, la Turquía de Tayyip Erdogan, o, recientemente, también con los Estados Unidos del siempre polémico Trump.

La Nueva Ruta de la Seda incorpora un mensaje de compromiso con la colaboración internacional y el comercio –un mensaje especialmente claro en los últimos encuentros en Davos–, lo que, paradojas de la vida, ha convertido a China en uno de los principales y más estables pilares de defensa de la globalización en un momento caracterizado por el auge del populismo en Occidente y el cuestionamiento de los pilares sobre los que se asienta el progreso de las últimas décadas. Un compromiso que incorpora un vector educacional y para con el bienestar social en una concepción holística del crecimiento económico, muy propia del pensamiento chino. Un enfoque diplomático amplio, que rara vez se circunscribe a un aspecto específico, sino que busca el equilibrio largo plazo en el conjunto de las relaciones internacionales.

Fuente: World Economic Forum
Fuente: MacKinder, The Geographical Journal (1904).

A cambio, China gana influencia regional, y afianza su posición de potencia global (ahí están los mapas de MacKinder), lo que puede conllevar importantes dividendos en clave doméstica. China necesita diversificar sus mercados para la exportación, algo fundamental para favorecer un soft landing que resuelva los problemas de sobrecapacidad que arrastra el país en muchos sectores, al tiempo que garantizar el suministro de fuentes de energía primaria y comida. El esquema de estos proyectos es siempre el mismo: China, a través de sus instituciones estatales de crédito, financia proyectos en países menos desarrollados para impulsar carreteras, trenes, puertos y otras infraestructuras básicas. A cambio, estos proyectos son desarrollados por contratistas chinos; que, luego, pasan a estar controlados (de una manera u otra) por la propia China. Un proyecto global con marcado liderazgo chino y características chinas (también por lo que hace a los estándares de contratación y transparencia). El gran reto de todo lo anterior: la financiación. Esta por ver hasta que punto las finanzas chinas serán capaces de impulsar todos estos macro proyectos sin dañar la solvencia de sus finanzas públicas.

Sin infraestructuras, difícilmente es posible el desarrollo económico. China necesita asegurar el progreso económico en los países de su entorno y área de influencia como piezas esenciales para su propio crecimiento (de nuevo, esta visión de gran angular tan propia de la manera de pensar china). La nueva Ruta de la Seda lanza un potente balón de oxigeno al eje euroasiático, lo que alumbra un escenario global con poderes globales más diluidos, más heterogéneo, más equitativo en términos geopolíticos, y con un cada vez mayor regusto chino. China lanza así una visión más organicista del mundo que buscar reforzar el eje comercial más importante del mundo durante siglos como señala el historiador Peter Frankopan en su imprescindible The Silk Roads, retornando, también, a una china más horizontal y abierta al mundo. Habrá que estar atentos.

Artículo publicado originalmente en el World Economic Forum en español.

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