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Ser o no ser incómodo: el dilema al que da respuesta Al Gore en la era Trump

Tal Levy

Foto: MARIO ANZUONI
Reuters

Ver al exvicepresidente estadounidense Al Gore sortear las calles inundadas de Miami Beach, con botas de lluvia y el agua no digamos que hasta el cuello, pero sí literalmente hasta las rodillas, en una escena de su nuevo documental estrenado en Estados Unidos, no es un mero efecto y, para atestiguarlo, allí están los asistentes a la proyección privada para la prensa de la película en el Cine Regal, quienes al salir de la sala constataron ese lluvioso primero de agosto cómo la realidad casualmente refrendaba lo recién visto en pantalla.

“Las inundaciones de ese martes son consecuencia del calentamiento global. Fueron seis pulgadas de agua en sólo dos horas. Increíble”, afirmaría a El Nuevo Herald un Al Gore que como una madre cuyos hijos desoyen sus advertencias, en su caso sobre los dramáticos efectos del cambio climático, no le queda más que esperar hasta poder replicar un se los dije. Nos lo dijo. Y es que Miami es la ciudad más amenazada del mundo en términos de activos en riesgo debido al aumento del nivel del mar, seguida por Guangzhou y Nueva York.

Ya no se trata de hacer proyecciones atemorizantes para alertar sobre los peligros del calentamiento global o explicar en qué consiste con gráficos y hasta jocosas animaciones, como si fuera una conferencia en directo. Pasó más de una década desde Una verdad incómoda (An Inconvenient Truth) y, al parecer, es la hora de cederle la palabra a la realidad y a quien lanzó la advertencia a los cuatro vientos en primer plano: Al Gore.

Este es el espíritu que anima la secuela Una verdad muy incómoda: ahora o nunca (An Inconvenient Sequel: Truth to Power), dirigida por Bonni Cohen y Jon Shenk, que se ha presentado en los festivales de Sundance y Cannes y que se espera llegue a España en octubre.

Las que parecían exageraciones, como que el agua del mar llegaría hasta el lugar donde se levantaba la construcción en honor a las 3.000 víctimas del ataque terrorista del 11-S en Nueva York, se concretaron la noche del 29 de octubre de 2012, cuando el huracán Sandy provocó la inundación del memorial que se erigía en el que fuera el World Trade Center.

Si en el primer documental, del realizador Davis Guggenheim, se evidenciaban los destrozos por la crecida del agua debido al impacto del Katrina, en el nuevo se muestran los efectos devastadores de Sandy. El conductor de la historia, Al Gore, insiste en que ahora cada tormenta es distinta debido a la crisis climática.

Tanto en uno como en otro filme se hace referencia a que el año más caliente fue el que le precedió, es decir, el 2005 y el 2016, respectivamente, porque sencillamente el calor va en aumento. De allí que la secuela comience con tomas del preocupante deshielo como una demostración de las consecuencias del calentamiento global, que contrastan con los comentarios que se escuchan seguidamente de quienes despreciaron Una verdad incómoda, al punto que se oye cuando el magnate Donald Trump pidió que se le retirara a Gore el Premio Nobel de la Paz que le fue entregado en 2007.

“Gore-centrismo” en pantalla

Una verdad muy incómoda: ahora o nunca es precisamente una reivindicación de la lucha del político demócrata estadounidense devenido en líder activista global, una reafirmación de sí mismo y de la necesidad de un cambio.

“Me llamo Al Gore y solía ser el próximo presidente de Estados Unidos”, bromeaba al inicio del primer documental quien estuvo a un paso de habitar la Casa Blanca. Ese largometraje no escapó a la polémica debido a imprecisiones advertidas por científicos, pero lo cierto es que tuvo gran resonancia, más aún después de hacerse merecedor en 2006 del Oscar al Mejor Documental, así como a la Mejor Canción Original.

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Al Gore en Davos durante el World Economic Forum (2017) | Imagen: REUTERS/Ruben Sprich

Si se quiere, el filme recién estrenado es una suerte de desquite frente a las críticas de los escépticos y los negacionistas del cambio climático con Gore en primera persona, en primer plano.

Así, él aparece quitándose sus botas empapadas y quedándose con sus pies al descubierto tras recorrer las calles inundadas de Miami Beach; pisando un glaciar en Groenlandia y advirtiendo moulins, esos agujeros en la capa de hielo que drenan agua y que hacen que asemeje a un queso suizo; caminando apesadumbrado por un cementerio en Filipinas entre cruces que rememoran a las miles de víctimas del supertifón Haiyan, que provocó 4,1 millones de refugiados; dirigiéndose a una audiencia con su verbo entrenado; viajando en coche y en avión; hablando por teléfono y volviendo a su casa en Tennessee, esta vez para recordar cuando evaluó junto a su familia los pro y los contra para postularse a las elecciones presidenciales, así como el difícil momento en que debió aceptar la decisión de la Corte Suprema que dio al traste con su aspiración, situación que ya expuso en Una verdad incómoda.

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Un grupo de adolescentes ve las grandes olas producidas por el Tifón Haiyan | Imagen vía REUTERS/Simon Kwong

Como comentaría quien ayudó a negociar el Protocolo de Kioto sobre la reducción de gases de efecto invernadero, “la vida tenía un plan diferente para mí”. Es sobre este plan que versa la secuela, pero no por ello marginal, tanto que un buen tramo del documental se dedica a evidenciar el destacado papel que jugó el ex senador en la consecución del Acuerdo de París, “¡un nuevo capítulo de esperanza para el mundo!”.

De cara a ese encuentro que reunió a muchas de las personas más influyentes del planeta le fue pedido, según se refiere, ayuda para hacer de esa conferencia sobre el clima un éxito. Así es como se ve también a un Al Gore haciendo el lobby necesario para lograr que la India cediera en sus posiciones en aras del convenio a cambio de recibir apoyo tecnológico de la empresa Solar City. Es en este punto cuando la película se torna más lenta y quizá “demasiado Gore-céntrica”, como la tildó Andrés Oppenheimer en El Nuevo Herald.

Esa victoria alcanzada en Francia sufriría un revés cuando, ya como presidente, Trump anunció el pasado 1 de junio el retiro de Estados Unidos del Acuerdo de París, adoptado con el respaldo de 195 naciones en 2015 dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. EEUU es el segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero, superado sólo por China; entre ambos generan 40% del dióxido de carbono del planeta.

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Barak Obama y Al Gore durante la campaña presidencial en 2008 | Imagen vía: REUTERS/Rebecca Cook

Cuando era sólo magnate, Trump no pudo, claro, hacer que le quitaran el Nobel a Gore, pero sí logró al llegar a la Casa Blanca opacar ese logro casi personal suyo y de los demócratas, con Barack Obama a la cabeza, como es presentado el convenio de París en la película.

Olas que matan

El global warming, o calentamiento global, no es un concepto, es una tendencia por demás manifiesta, palpable, debido al aumento del dióxido de carbono y demás gases de efecto invernadero. La sequía y la desertificación, el deshielo, las altas temperaturas, los refugiados climáticos y al fondo, como siempre, los pobres: los más afectados.

Las cifras son alarmantes. “En todo el mundo, la contaminación atmosférica mata a 6,5 millones de personas cada año, se destaca en el libro An Inconvenient Sequel: Truth to Power, de Al Gore, que acompaña al documental. Ahí se detallan los estragos de sendas olas de calor, como la que en Europa, sobre todo en Francia, acabó con la vida de 70.000 personas en 2003, o la que en Pakistán provocó 2.000 víctimas mortales en 2015 o la que en la India, ese mismo verano, dejó 2.500 muertes.

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Una de las pancartas durante las protestas al G20 en Hamburgo, | Imagen vía: REUTERS/Hannibal Hanschke

El incremento en las temperaturas tiene incidencias en la propagación de enfermedades tropicales como el zika, para el cual la respuesta, como subraya Gore, no puede ser la inaudita petición que hicieron algunos países de evitar los embarazos mientras se controla el mal.

Y es que el aumento del calor favorece al mosquito transmisor del dengue y del zika, el Aedes aegypti, pues hace que se reproduzca más rápido y se expanda geográficamente.

Basta con mirar que el cielo no se ve azul, dice Gore, quien propone, por tanto, escuchar el clamor de la madre naturaleza y no olvidar que los seres humanos formamos parte de una familia global y este es nuestro hogar.

Retoma, así, esa primera foto de la Tierra tomada desde el espacio que impactó la conciencia de la humanidad, con la que le gusta iniciar sus conferencias y que apareció también en Una verdad incómoda, imagen captada en la Nochebuena de 1968 gracias a la misión Apolo 8 y 18 meses después de la cual el movimiento ecológico echaría a andar.

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Al Gore usa una fotografía de la Tierra tomada por la NASA en una misión de Apolo para ilustrar su punto en la Conferencia Mundial del Instituto Milken (2005) | Imagen: REUTERS/Fred Prouser

De igual modo, muestra la instantánea del disco completo del planeta, totalmente iluminado por el Sol, difundida en 2015 por la agencia espacial estadounidense NASA gracias al satélite Dscovr, que informalmente fue conocido como el GoreSat pues fue él, Al Gore, quien impulsó el entonces llamado satélite Triana cuando fue vicepresidente de Estados Unidos, durante la administración de Bill Clinton. Paralizado durante el gobierno del republicano George W. Bush, fue finalmente puesto en órbita con la llegada de Obama a Washington bajo el nombre de Observatorio Climático del Espacio Profundo o, simplemente, Dscovr, el cual permite monitorizar en tiempo real la actividad solar y sus efectos sobre la Tierra.

Líderes del cambio

A fin de cuentas, no todo son malas noticias. En Una verdad muy incómoda: ahora o nunca se presentan ejemplos esperanzadores como el de Chile, país que ha dado un vuelco impresionante hacia el uso de la energía solar que sobrepasa los gráficos, las expectativas.

Por años Gore ha tratado de comunicar la urgente necesidad de actuar. Cuando inició su programa de capacitación hace una década en el granero de su granja de Tennessee, con las primeras 50 personas, no podía imaginar cuánto se multiplicaría el interés sobre la crisis climática y el modo de resolverla. Hoy entrena a miles cada año, quienes sirven a su vez de agentes de cambio llamados Climate Reality Leaders.

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Smog en Santiago de Chile | Imagen REUTERS/Ivan Alvarado

“Hay hambre de información sobre lo que está sucediendo, por qué está sucediendo y cómo podemos solucionarlo”, sostiene el exvicepresidente de 69 años de edad en el documental.

Más de 12.000 activistas se han sumado a The Climate Reality Project, organización internacional sin fines de lucro con sede en Estados Unidos y sucursales en Australia, Brasil, Canadá, China, Europa, India, Indonesia, México, Filipinas y África.

Aparte de la visibilidad que Una verdad incómoda le dio al tema del cambio climático, gracias al Oscar y al Nobel, cuando en 2016 se cumplieron 10 años de su estreno hubo una campaña en redes sociales con el hashtag #ait10 en la que los internautas compartieron el impacto, individual claro está, que tuvo en sus vidas.

Christine Kim, por ejemplo, apuntó que tras ver la película decidió comprometerse a usar la menor cantidad posible de químicos tóxicos y pesticidas, mientras que Pierre Richard fue uno de los tantos que se convirtió en activista, en su caso uniéndose a Climate Reality Canada, ONG con la cual ya ha dictado 43 conferencias sobre cambio climático.

Cada quien hace lo suyo como el mismo Gore, quien además conduce un carro eléctrico y provee de energía a su casa en Nashville con 33 paneles solares.

Con el futuro en la mira, pensando en las nuevas generaciones, el último llamamiento de la secuela es claro y contundente: “Lucha como si tu mundo dependiera de ello porque el mundo depende de ello”.  

Al término se puede leer una invitación a la que poco a poco se van sumando voces como la de Paul McCartney, Bono y Adam Levine, entre muchas otras, a asumir el compromiso de #BeInconvenient (sé incómodo) y publicar un vídeo que le diga al poder la verdad a la cara. “Si el presidente Trump no lidera, el pueblo estadounidense lo hará”.

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Ana Laya

Al Gore lo intentó una vez con An Inconvenient Truth (Una verdad incómoda), el documental ganador del Oscar en 2007 en el que el realizador Davis Guggenheim seguía al ex-candidato presidencial Al Gore en su circuito de charlas realizadas para llamar la atención sobre los peligros del calentamiento global y exigir acciones inmediatas para mitigar sus destructivos efectos en el ambiente.

Diez años más tarde, el cambio climático es más palpable que nunca (21 grados en noviembre), y sin embargo, altos cargos políticos siguen sin darle suficiente importancia o directamente negándolo. Uno de los primeros actos de Theresa May como primera ministra de Reino Unido, por ejemplo, fue eliminar el Departamento de Cambio Climático, una medida que ha sido calificada como “preocupante y estúpida”.

De ahí que Leonardo DiCaprio, conocidísimo ambientalista de toda la vida, haya decidido tomar el testigo de Gore y junto a Martin Scorsese y a Fisher Stevens, el director de The Cove, produjese el documental Before the Flood, (antes de la inundación). Before the Flood, es un viaje de dos años en el que DiCaprio analiza la situación climática actual y entrevista no sólo a grandes personalidades en la materia como Barack Obama, Bill Clinton, el Papa Francisco, Ban Ki-moon y expertos de la NASA, sino también a los afectados directamente por el cambio climático en países desarrollados y en vías de desarrollo, un variopinto conjunto de individuos que ofrecen su sabiduría, su pasión y su visión para, juntos, construir un futuro que no sea una catástrofe anunciada para el planeta.

“El cambio climático es la mayor amenaza a la que se enfrenta nuestro planeta”, asegura DiCaprio. “Debemos trabajar juntos, como una sola voz, para atraer toda la atención sobre este problema. Nuestra supervivencia depende de ello. Este documental traduce los síntomas y las soluciones al cambio climático antes de que aquellos que tienen un interés económico en la producción de combustibles fósiles distorsionen la información como suele suceder”, añade el actor.

El documental se estrenó en NatGeo el domingo 30 de octubre y ahora puede ser visto gratis en su página web y en su canal de YouTube. Como parte de la campaña de difusión del mensaje de Before the Flood, National Geographic y 21st Century Fox han decidido donar un dólar a la Wildlife Conservation Society y Pristine Seas, cada vez que se utilice el hashtag #BeforeTheFlood en Facebook, Twitter o Instagram. La campaña está vigente hasta el 18 de noviembre, así que si en realidad quieren colaborar con esta causa, dudo que haya una manera más sencilla. Si quieren involucrarse más (¡qué bueno!), en la página oficial de Before the Flood pueden encontrar más información.

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Romhy Cubas

Ante la paradoja de la sociedad de la información, que en realidad se muestra cada día más desinformada e impasible con lo que ocurre a su alrededor, los documentales se han convertido en una especie de testimonio esperanzador para, más que denunciar, penetrar en temas claves que los medios de comunicación no han logrado anclar en su “audiencia” –y no precisamente por falta de esfuerzo- . Este año sostenido en tribulaciones y guerras anunciadas, en migraciones forzosas, organizaciones terroristas indómitas, masacres y un fraccionamiento social medular, llega a sus últimos días con la apatía del desarraigo. Ante un inminente genocidio contra la población de Alepo en Siria, después de las elecciones estadounidenses más decepcionantes en décadas y en una Latinoamérica capitaneada por voces difuntas y corruptas, el contraste es decepcionante si nos apegamos a que “del pasado se aprende”.

Así llega otro año para tomar conciencia, otros 365 días para comenzar la dieta, otras 8.760 horas para contribuir a la paz mundial y otros 525.600 minutos para enseriarnos con aquello de que el mundo se nos está resbalando entre los dedos.

Estos cinco documentales no cambiarán el cosmos ni contribuirán a fenómenos inesperados, pero no está de más hacer un recorrido por el trabajo de quienes buscan desvelar una realidad con extremos tan difusos que apuntan a una sociedad si no bipolar, con serios problemas de personalidad. Desde la acostumbrada pero ineludible canción del cambio climático, las “víctimas de la tecnología” y el siniestro tráfico de marfil que ha llevado a los elefantes al borde de la extinción, hasta una historia tan utópica que da risa y en donde la “autonomía” de un país contribuye a que sus habitantes mueran de soledad.

Estos son algunos de los títulos para repasar si tienes ganas de que tu memoria y tu conciencia hagan sincronía en este plano temporal.

1. Before the Flood

El cambio climático nos observa desde hace décadas, lo que comenzó como una astilla en el zapato y que Al Gore recordó como una verdad incómoda en el 2006, hoy es casi tan inevitable como cierto. De la mano del oscarizado –ya era hora- Leonardo DiCaprio, con el sello de National Geographic Channel y la dirección del ganador del Oscar por The Cove -documental sobre la caza de delfines en Japón- Fisher Stevens, el actor/mensajero de paz de la ONU para el cambio climático es la voz narrativa de este documental en el cual visita esquinas distantes del mundo y entrevista a expertos y líderes mundiales de diferentes nacionalidades. La meta es mostrar cuánto de graves son los estragos causados por la desestabilización climática que ha provocado el calentamiento global en los ecosistemas naturales, y en las comunidades humanas que dependen de ellos. También se aproxima de forma práctica a las medidas que pueden mitigar o reducir el declive del planeta.

El diagnóstico se presenta en contraste con una fuerte negación de varias potencias mundiales y esferas políticas que prácticamente desconocen el término “calentamiento global”. No obstante, durante dos años el equipo de Before the Flood se embarcó en un viaje que demuestra que el tiempo para la acción es cada día más escaso.  El sentido de urgencia de la película contrasta con una nueva aproximación: el emocional acercamiento hollywoodense que si bien no es del gusto de todos, hace el intento de crear conciencia desde un nuevo ángulo amoldado a las masas.

2. The Swedish Theory of Love

En Suecia, uno de los países con menor nivel de pobreza en el mundo y con una distribución de riqueza más igualitaria, se creó un manifiesto en los años 70 que establecía que “todas las relaciones humanas tienen que estar basadas en la independencia entre personas”; el amor vendría a ser voluntario más no necesario. Desde entonces el país se ha cercado de una autonomía tan evolutiva que raya en la utopía. Hoy en día el 40% de los habitantes del país viven solos, la nación cuenta con uno de los bancos de esperma más grandes del mundo y un gran porcentaje de las mujeres deciden prescindir del contacto físico; encargan cajas con semen congelado e instrucciones metódicamente explicadas. Pero por lo menos la mitad de la población sueca afirma sentirse sola.

The Swedish Theory of Love o La teoría sueca del amor es un documental estrenado en el 2015 por el director Erick Gandini, quien esclarece con humor e ironía el núcleo de una sociedad donde el individualismo es llevado a extremos rigurosos. El documental recorre diferentes grupos e instituciones del Estado que tienen un elemento en común, todos se manejan en el retiro de la desconexión, en un aislamiento casi tortuoso en donde una de cada cuatro personas mueren solas, sin familia o conocidos a los que acudir, sin nadie que los encuentre de no ser por el olor de su cuerpo descompuesto (pueden pasar meses).

El Leitmotiv aferrado a la “calidad de vida” como check mark para la felicidad es desmitificado en este documental que recuerda que “la soledad es muy hermosa… cuando se tiene alguien a quien decírselo”, como escribió Gustavo Adolfo Bécquer.

3. The Ivory Game

El Exterminio del Marfil (The Ivory Game) es un documental dirigido por Kief Davidson y Richard Ladkani en el cual Leonardo DiCaprio tiene crédito como Productor Ejecutivo. Este descubre el oscuro y avaro mundo del tráfico ilegal del marfil obtenido de los colmillos de los elefantes. Los involucrados trabajaron durante 16 meses en China y África para exponer una red corrupta y mundial que se alimenta de cazadores furtivos en su búsqueda por el “oro blanco”. La urgencia aquí es el hecho de que en cuestión de pocos años estos animales pueden desvanecerse, y el tiempo apremia.

Mozambique y Tanzania han perdido la mitad de su población de elefantes en los últimos seis años a causa del tráfico ilegal de marfil, según informa la agencia de noticias Efe, y este comercio ilegal se extiende hasta Asia en donde tanto los colmillos de elefantes como los cuernos de rinocerontes se utilizan en la medicina tradicional o para crear objetos de lujo.

Ante la necesidad del mercado de satisfacer a unos consumidores ávidos de brillo, se abre la ventana para otra raza en peligro de extinción.

4. Lo and Behold: Reveries of the Connected World

El alemán Werner Herzog, director de clásicos como Aguirre, la cólera de Dios  y Grizzly Man presenta un largometraje que indaga en los orígenes de Internet desde el 29 de octubre de 1969. El recorrido camina hacia el avance imparable de una tecnología que cambia comportamientos y condiciona vidas. Lo and Behold, Reveries of the Connected World recurre a unas 30 entrevistas para presentar una especie de Apocalipsis tecnológico en donde la posibilidad de que la ausencia definitiva de Internet ponga en riesgo la supervivencia del ser humano es más tangible de lo que se podría creer.

El alemán explora la red, sus vulnerabilidades y fortalezas, sus visionarios y detractores, así como los cambios morales, las diferencias generacionales y los riesgos de la inteligencia artificial. Muestra la vida de las “víctimas de la tecnología” -adictos que pierden el contacto con el mundo real por el virtual- y la de los habitantes de una comunidad de Green Bank -West Virginia- afectados por las emisiones electromagnéticas.

5. Cameraperson

De la mano de la directora Kisrten Johnson –cuyos trabajos incluyen Citizenfour (2014) y The Oath (2010) Cameraperson se presenta como una memoria única y cinética en donde Johnson compila material filmado para una gran variedad de documentales ya rodados, así como grabaciones personales. El documental expone una amplia mirada del siglo XXI, en donde el retrato internacional marcha de la mano de guerras, genocidios y violaciones de los derechos humanos. Sin embargo, Cameraperson también representa una mirada sublime de historias que se exhiben para reflexionar y recapacitar en silencio.

Esta es una memoria visual y radical que muestra lo que significa filmar a otra persona y cómo esta se ve afectada en lentes ajenos, que dibuja momentos y experiencias universales cuyo viaje termina donde comienza: en la acción, interacción y conexión de los individuos de una sociedad.

Continúa leyendo: Cinco claves distintivas de la masacre de Las Vegas, el mayor tiroteo múltiple en la historia de Estados Unidos

Cinco claves distintivas de la masacre de Las Vegas, el mayor tiroteo múltiple en la historia de Estados Unidos

Tal Levy

Foto: CHRIS WATTIE
Reuters

No fueron fuegos artificiales, como muchos de los asistentes al festival anual de música country Route 91 Harvest pensaron inicialmente, sino las detonaciones de la mayor masacre a tiros en la historia de Estados Unidos y el primer hecho violento de grandes dimensiones que debe enfrentar Donald Trump como presidente.

Después de 59 muertos y 527 heridos, no basta con afirmar que “se trata de un acto de pura maldad”, como dijo el mandatario en un breve discurso leído en un telepronter en el que anunció que viajaría el miércoles a Nevada, o que “hablaremos sobre las leyes de control de armas una vez haya pasado algo de tiempo”.

Las banderas de la superpotencia ondean a media asta en señal de duelo, de conmoción frente a una amenaza creciente: los tiroteos múltiples, indiscriminados, a los que urge hallar explicación y dar respuesta.

Y es que asomarse al mapa estadounidense de la ONG Archive Gun Violence que ilustra el número de incidentes armados registrados en lo que va de año es ver un territorio salpicado de rojo, como si de una pintura con aerosol se tratara, un rojo indeleble, teñido de la sangre de las 11.714 personas que fallecieron y las 23.755 que resultaron heridas en los 46.797 hechos violentos ocurridos desde el 1 de enero hasta el 3 de octubre de 2017.

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Mapa de Gun Violence Archive | Imagen vía ONG Gun Violence Archive

No sorprenden, entonces, los esfuerzos del presentador de “Jimmy Kimmel Live!” por contener las lágrimas al abordar el ataque perpetrado a las 22:08 hora local del domingo primero de octubre en las inmediaciones del hotel casino Mandalay Bay, de Las Vegas. Reconoció que sentía como si alguien hubiera abierto una ventana al infierno. El también comediante estadounidense Conan O’Brien dejó entrever en pantalla, al igual que muchos otros, su desazón: “No creo que debería ser tan fácil para una persona demente matar a tanta gente tan rápidamente… Algo tiene que cambiar”.

Ricky Masucci, una de las sobrevivientes de la masacre, ha confesado a medios locales que “ni en un millón de años habría pensado que estaría corriendo sobre cadáveres o arrastrándome entre la gente para ponerme a salvo”. Lo cierto es que no se trata de un ataque más. Hay factores diferenciadores que hacen de este un suceso inusual.

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Guns & Guitars, la tienda que el pistolero Stephen Paddock frecuentaba | Imagen vía REUTERS/Chris Wattie

Un jubilado con fortuna

El presunto atacante no es joven, como en la mayoría de los tiroteos ocurridos en Estados Unidos desde 1966, cuyas edades oscilaron sobre todo entre 20 y 49 años según recoge The Washington Post, sino un ex contador de 64 años, superado en edad por un minero retirado de 70 años, William Bevins, que en octubre de 1981 asesinó a tiros a 5 personas en una tienda en Kentucky.

Stephen Paddock vivía a 130 kilómetros de Las Vegas, en una comunidad de jubilados en Mesquite, Nevada, y tenía una novia, Marilou Danley, que se encontraba fuera del país para el momento del ataque y no es por los momentos sospechosa, aunque la interrogarán tras su vuelta el martes en la noche al país.

De acuerdo con NBC News, curiosamente, el asesino envió 100 mil dólares a una cuenta en Filipinas, de donde es originaria su pareja, la semana anterior a los hechos, pero aún se desconoce el destinatario y el motivo.

“Es un tipo que vivía en una casa en Mesquite, que bajaba y apostaba en Las Vegas y comía burritos”, ha afirmado Eric Paddock sin poder explicarse cómo su hermano mayor disparó a mansalva a una multitud de desconocidos. La noticia la recibió como si de pronto un asteroide cayera del cielo.

También para las autoridades es todo un quebradero de cabeza intentar descubrir las razones por las cuales un hombre de edad avanzada que amasó una pequeña fortuna con negocios inmobiliarios y que tenía varias propiedades, aun cuando pasaba largas estancias en hoteles de casino; un contador que trabajó para la agencia de recaudación de impuestos, entre otros empleos, al que le gustaban los juegos de apuestas y los cruceros, de la noche a la mañana se convirtió en asesino.

Sin hijos pero casado y divorciado un par de veces, Stephen Paddock era un aficionado al póker que podía apostar decenas de miles de dólares en una sola sentada. Tenía una licencia de piloto, aunque su certificación médica no estaba renovada.

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El escenario del tiroteo durante el Route 91 Harvest Country Music Festival | Imagen vía REUTERS/Mike Blake

Una locación inusual

Una diferencia fundamental del tiroteo de Las Vegas con masacres anteriores reside en el hecho de que Paddock no ingresó en el lugar en el que se encontraban sus potenciales víctimas, sino que actuó desde afuera, lo que le permitía disponer de armas y municiones sin límite pues no tenía que superar las medidas de seguridad de los organizadores del concierto.

Estableció su posición de ataque, según señalaron las autoridades, rompiendo un par de cristales de su lujosa habitación de hotel, donde se hallaron unos trípodes cuyo uso habría podido dar al atacante una mayor precisión en sus disparos e, incluso, le habría ayudado a permanecer resguardado al no tener que estar asomado directamente a la ventana.

Todo apunta a que el crimen fue premeditado por cuanto cada detalle fue pensado, tanto que se hallaron cámaras de vídeo dentro de la suite donde se alojaba y en el pasillo, las cuales se cree estaban destinadas a vigilar si alguien se aproximaba.

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Mandalay Bay Resort and Casino , el punto de mira donde Stephen Paddock realizó los disparos | Imagen vía: REUTERS/Lucy Nicholson

Punto de mira

El disparar desde el piso 32 del hotel Mandalay Bay si bien, por un lado, dificultaba su acción al situarle a unos 450 metros de distancia de los 22.000 asistentes al espectáculo, por otro lado, le permitía disponer de un punto de vista privilegiado sobre la multitud congregada al aire libre y le aseguraba la posibilidad de causar daño sin que importara tanto la precisión de los disparos.

Las víctimas potenciales estaban desprotegidas. Los obstáculos que podrían salvarles si las balas hubieran sido lanzadas desde su misma altura no siempre servían para evadir las que venían desde arriba.

Fue como “disparar a peces en un barril desde donde él estaba”, refirió a CNN el cantante de música country Jake Owen, quien se encontraba en el escenario junto a otros artistas al momento del tiroteo, aludiendo así a la facilidad que tuvo el tirador para alcanzar objetivos.

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El cuerpo de una de las víctimas está cubierto con una sábana en la intersección de Tropicana Avenue y Las Vegas Boulevard South después del tiroteo | Imagen vía REUTERS / Las Vegas Sun / Steve Marcus

Armas más letales

El audio de las grabaciones del ataque sugiere a los expertos que Paddock utilizó, al menos, un arma automática. De confirmarse su uso, sería una novedad pues Estados Unidos no ha vivido en tiempos recientes un incidente violento con este tipo de armamento, el cual se encuentra fuertemente regulado desde 1986, cuando el Congreso prohibió la venta de estas armas nuevas y estableció mecanismos de control sobre la reventa de las que ya existían en el mercado.

Mientras las armas automáticas, conocidas como ametralladoras, van escupiendo proyectiles sin cesar toda vez que el atacante mantiene presionado el disparador; con las semiautomáticas es necesario apretar este con cada tiro. También hay una importante diferencia de precio pues si un rifle semiautomático puede conseguirse por unos 340 euros, comprar un arma automática (de las vendidas antes de 1986) puede costar entre 15.000 y 21.000 euros.

Las autoridades revelaron que en la habitación de Paddock se hallaron 23 armas de fuego, entre estas un fusil AK-47 y una docena de rifles modificados con un “bump-stock”, un accesorio de venta legal que al ser añadido a las armas semiautomáticas permite que estas puedan disparar casi al mismo ritmo que las automáticas.

Según explicó un experto en armamento a la emisora NPR, a los aficionados a las armas de fuego no les suele gustar usar este tipo de accesorio porque hacen que los rifles pierdan un poco de precisión. En el caso de Paddock, cuyo blanco aparentemente era una masa indiferenciada de personas, esto no habría representado problema alguno.

A partir de la duración de las ráfagas, los especialistas creen que disponía de cargadores de alta capacidad, cuya venta está limitada en muchos estados, pero no así en Nevada, lo que le habría permitido disparar durante periodos más largos sin necesidad de recargar el arma.

Los disparos se prolongaron 9 minutos después de recibida la primera llamada al número de emergencia 911, reportó la policía. En la suite del atacante también se halló gran cantidad de munición, así como en su casa en Mesquite, donde se encontraron otras 19 armas y explosivos, además de algunas pistolas y escopetas confiscadas en otra propiedad suya en Reno.

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Banderas a media asta para honrar a los muertos y heridos en el tiroteo de Las Vegas en el Washington Monument | Imagen vía REUTERS/Kevin Lamarque

Antecedentes familiares más que penales

El tirador era un desconocido cuyo único historial policial es una citación registrada hace ya varios años, ha informado la Policía de Nevada. Ahora bien, aunque no disponía de antecedentes penales, su padre, Benjamin Hoskins Paddock, ya muerto, fue un ladrón de bancos en los años sesenta que utilizaba armas de fuego y llegó a estar en la lista de las personas más buscadas por el Buró Federal de Investigaciones (FBI) a partir de 1969, cuando se escapó de prisión y permaneció en fuga hasta que fue apresado en Oregón en 1978. Había sido diagnosticado como psicópata con tendencias suicidas, lo cual ha despertado especulaciones toda vez que su hijo fuera encontrado muerto en el hotel tras la masacre de Las Vegas, por lo que se presume se quitó la vida. Si al padre le gustaba el bridge, al hijo al póker.

Stephen Paddock había trabajado en una predecesora de la multinacional de la industria aeroespacial y militar Lockheed Martin y de acuerdo con un portavoz de la tienda Guns & Guitars que le vendió un arma, él no dio indicio para pensar que era inestable.

Su hermano, Eric Paddock, le ha descrito como un “contador que jugaba póker, sin filiación política o religiosa evidente”, aunque reconoce que tenía armas de fuego pues sus hijos alguna vez fueron a disparar con su tío.

Pese a que el autodenominado Estado Islámico se atribuyó el ataque afirmando que Stephen Paddock era uno de sus soldados recién convertido, el FBI ha negado que exista conexión alguna y el jefe de la Policía de Nevada ha afirmado que se trata de un lobo solitario, lo que hace que sus motivos sean más difíciles de dilucidar.

“Yo no puedo entrar en la mente de un psicópata”, se ha escudado el sheriff de Las Vegas, Joseph Lombardo.

A diferencia de ataques vinculados con grupos extremistas islámicos efectuados durante espectáculos musicales, como el de Ariana Grande en Reino Unido este año o el de Los Eagles of Death Metal en Francia en 2015, en contra si se quiere del modo de vida occidental, a Paddock le gustaba la música country y hasta había asistido antes al festival Route 91 Harvest, eso sí, como espectador y no como un asesino indiscriminado.

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Rajoy, Trump y Cataluña de fondo

David Blazquez

Cataluña arde. Y Rajoy busca bomberos. Los ha encontrado en Bruselas y en otras capitales, y ahora cruza el Atlántico a traerse bajo el brazo un titular, una palmadita en la espalda, un “Mariano, Make Spain great again”. La reunión con el presidente estadounidense –lo saben los adláteres de Dastis y las gentes de Moncloa–, sin embargo, es de alto riesgo. Las cosas en esta Casa Blanca no funcionan de manera tan linear como antaño.

Las relaciones entre España y EEUU se concentran desde hace años en torno a dos temas fundamentales: las relaciones comerciales y los asuntos de defensa. Con el acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) sepultado, es previsible que Rajoy no le dedique un minuto a un tema que, por otra parte, se decide mayormente desde Bruselas. España es, sin embargo, esencial para la estrategia militar de EEUU. Y es ahí donde Rajoy podría enseñar las cartas de Rota y Morón de la Frontera. La Base Naval de Rota es la base más importante de EEUU en Europa. Con casi 3.000 militares destinados en la zona es, además, base del escudo antimisiles de la OTAN y de cuatro importantes destructores. Morón es desde junio de 2015 base permanente y sede de la Fuerza de Reacción de Crisis para África. La apuesta de EEUU por España desde el punto de vista militar es clara y el rédito por parte española demasiado bajo hasta la fecha. Otro aspecto esencial y con mucha frecuencia olvidado es la presencia cultural de lo español en EEUU. Casi cincuenta millones de hispanohablantes deberían ser un activo indiscutible. Así fue durante la administración Obama. Por desgracia, lo español es, a día de hoy, anatema para gran parte de los votantes de Trump y puede ser difícilmente usado como piedra sobre la que construir la relación con la Administración actual.

La visita de Rajoy a Washington estará marcada de manera inevitable por el 1-O. En su visita a España en 2016, Obama pasó por Rota y lo hizo regalando al gobierno un importante titular al hablar de una “España fuerte y unida”. Si así fue hace más de un año, imagínense a poco menos de una semana del aciago día. El respaldo público y sin fisuras de EEUU es esencial para combatir una causa, la del independentismo, cuya tracción depende en gran medida de la vendimia de legitimidades a nivel internacional. En su conversación, Rajoy probablemente recordará a Trump la relevancia estratégica de España, presumirá de fidelidad y exigirá ayuda con el tema territorial. Las relaciones entre ambos países pasan ahora por un momento relativamente dulce, comparadas con la luna de hiel que siguió al naufragado matrimonio de las Azores. Rajoy, quien ha hecho de la ausencia emblema, acude a Washington con la hoja de servicio sin faltas graves al no haberse sumado activamente al aluvión de críticas vertidas contra Trump desde Europa. En los últimos días, además, el ejecutivo ha ido sazonando la visita con guiños como la expulsión del embajador de Corea del Norte.

Es importante –lo saben en Moncloa– que el apoyo de Trump a la respuesta del gobierno a la crisis en Cataluña sea formulado de manera que encaje en una narrativa institucional duradera. Rajoy no quiere el apoyo de “Trump”, sino de EEUU, por eso irá buscando una frase clara pero no estrambótica, contundente pero fácilmente desvinculable de un presidente al que pocos quieren presentar como mentor. Las posibilidades de que Trump se salga del guión previamente acordado por la Casa Blanca y Moncloa son altas. Evitar uno de esos tweets que abran la enésima Caja de Pandora o un comentario que dé alas a Puigdemont es un objetivo prioritario. Rajoy necesita munición contra el procès, (Cospedal ya ha conseguido unas declaraciones importantes del Secretario de Defensa norteamericano, James Mattis) pero también evitar dar demasiada publicidad a una situación que siempre ha querido mantener a lejos del parloteo internacional. Rajoy el cauto lo sabe: Pedirle ayuda a Trump para calmar una crisis es poco menos que pedirle a un pirómano que te ayude con el incendio en tu cocina.

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