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Series sobre mujeres que no sabes que existen

Nerea Dolara

Aquí una lista, a modo de celebración del día de la mujer, de muchas series interesantes, inteligentes y desconocidas que tienen a maravillosos personajes femeninos como protagonistas.

Las series con protagonistas femeninas ya son -¡por fin!- parte proporcional de la programación televisiva. Las hay de prestigio y con excelente crítica (Girls, Orange is the New Black), en modo melodrama de audiencia masiva (Grey’s Anatomy, Scandal), en formato sit-com (New Girl, Unbreakable Kimmy Schmidt) o género superhéroe (Jessica Jones, Supergirl), por ejemplo, pero hay muchas más, y mucho menos conocidas (o completamente desconocidas), que reúnen matices y profundidades que oscilan entre la comedia más hilarante y el drama más duro -con todo lo que se puede encontrar de por medio- y que recurren todo tipo de géneros… y es de estas ficciones sobre mujeres de las que vamos a hablar.

La lista es larga e interesante (y cuenta, en casos repetidos, con el agregado de que las creadoras son también mujeres). Aquí hay policías, abogadas, millenials, detectives, forenses, editoras, clones, parteras… Mujeres tridimensionales, con defectos, muy pero que muy humanas y, sí, feministas.

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Happy Valley (2014-)

Esta serie de la BBC es una de las mejores iteraciones de un policial disponibles y su creadora es una mujer, Sally Wainwrigth. Su protagonista, Catherine Cawood, es una sargento en el norte de Inglaterra. Está soltera, vive con su hermana -que una heroinómana y alcohólica en recuperación- y está a cargo de su nieto. Catherine es una profesional muy competente y, a la vez una persona con mucho carácter pero muy capaz de ser empática. Y su vida, que ya al comienzo de la serie es difícil, sólo continúa complicándose cada vez más. Sarah Lancashire, al actriz a cargo de dar vida a Catherine, logra transmitir vulnerabilidad y dureza a partes iguales. Una serie policíaca realista y que construye su universo sin agujeros.

Miss Fisher Murder Mysteries (2012)

Esta joya australiana relata las investigaciones de Miss Fisher, una millonaria, investigadora y feminista que se empeña en resolver los crímenes sin que la policía le pida ayuda, por lo menos no al principio. Miss Fisher, encantadora, liberal (su lista de amantes es considerable y variable), llena de tolerancia y defensora de los derechos de todo oprimido (y dueña del guardarropa más envidiable… y también del coche más envidiable) investiga crímenes en la Melbourne de los años 20. Rodeada de secundarios interesantes -y en la mayoría de los casos convertidos en personas más abiertas gracias a su presencia- Miss Fisher resuelve casos muy al estilo de los personajes de Agatha Christie. ¡Ah! Y sus creadoras también son mujeres: Deb Cox y Fiona Eagger. También hay otro factor común con Happy Valley; la protagonista, Essie Davis, está en sus cuarentas, casi cincuentas. Nada de prolongar la errada idea de que las únicas mujeres que los espectadores quieren ver como protagonistas son jovencitas flacas.

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Crazy Ex-Girlfriend (2015-)

Otra serie creada por dos mujeres. En este caso se tratan de Rachel Bloom (que también protagoniza y escribe la música) y Aline Brosh McKenna (El diablo se vista de Prada). La serie, una de esas maravillas que sólo pueden existir por una suma milagrosa de condiciones, es un musical sobre una mujer que deja su deprimente, pero exitosa, vida en Nueva York para mudarse a una anodina ciudad californiana donde vive el que fuese su amor de la adolescencia. Así resumida podría sonar (más si se toma en cuenta el título) como un cliché de mujer obsesionada con el amor… y de alguna forma lo es, pero no lo es. Rebecca Bunch está obsesionada con un final feliz pero con ello esconde sus serios problemas consigo misma, sus inseguridades y su incapacidad de afrontar la realidad, por dolorosa (mucho o casi todo proviene de unos padres despreciables y una gran capacidad de imaginar). La relación primordial, la más importante, es la que desarrolla con Paula, su mejor amiga y figura materna, no la que tenga con el chico de turno. Y además los números musicales son excelentes e hilarantes. Lo dicho, una joya.

Agent Carter (2015-2016)

Un maravilloso intento de Marvel por diversificar su universo con una mujer autosuficiente, y siempre capaz de soltar una gran frase, al mando… pero un fracaso de audiencia. Agent Carter seguía las aventuras de Peggy Carter, quien antes de esta serie sólo se conocía como el amor de la vida del Capitán América. Pero Peggy es mucho más que eso, una mujer en un mundo de hombres que la subestiman, una genial investigadora, luchadora y soldado. Hayley Atwell interpreta a Peggy con un toque de vulnerabilidad subyacente, mucho sarcasmo y un poder que se intuye hasta a través de la pantalla. Una pérdida lamentable, una serie que vale la pena.

Series sobre mujeres que no sabes que existen

UnREAL (2015-)

Sarah Gertrude Shapiro y Marti Noxon crearon esta serie y la estrenaron con muy buenas críticas (por lo menos de la primera temporada, la segunda ha sido bastante menos aclamada). UnREAL relata la historia de dos productoras de un reality show parecido a The Bachellor y las muy poco -o nada- éticas y morales estrategias que aplican para manipular a los concursantes.

Insecure (2016-)

Esta serie, creada y protagonizada por Issa Rae, está basada en la web serie Misadventures of an Akward Black Girl. Rae relata en la serie, que desarrolló para televisión con el apoyo de Larry Wilmore, la experiencia de una joven negra en Estados Unidos a través de su personaje y el de su mejor amiga. Issa Dee, su personaje, es una millenial que intenta descubrir su camino en la vida. Se ha comparado con Broad City (otro éxito de adaptación de web a TV sobre jóvenes mujeres) y ha tenido muy buena crítica.

Younger (2015-)

Sutton Foster protagoniza como Liza, una madre y ama de casa que se divorcia en sus cuarentas e intenta volver a trabajar. Tras años sin participar en el mundo profesional y con su hija de viaje, Liza (ayudada por su mejor amiga y compañera de piso), se hace pasar por una veinteañera para conseguir el trabajo de asistente en una editorial. Se hace amiga de una joven editora y novia de un tatuador hipster. Una típica sitcom pero muy bien actuada y con dilema reales.

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Orphan Black (2013-)

Tatiana Maslany hace lo imposible: convertirse no en una, o dos o tres iteraciones de su personaje, sino en decenas. Orphan Black, una joya de ciencia ficción británica que lleva años en la boca de los críticos, relata la historia de Sarah Manning… y sus clones. Implicaciones éticas y morales, conspiraciones, persecuciones y misterios. Una gran serie de acción con un gran personaje, y sus doppelgängers, como centro.

iZombie (2015-)

Una loca iteración del género zombie que mezcla terror y procedimental con comedia. ¿Alguien extraña a Veronica Mars (si no la conocen, es hora de hacerlo) o a Buffy Summers? Pues Olivia Moore es un buen parche. Originalmente una estructurada estudiante de medicina comprometida con su novio, Liv termina por convertirse en zombie tras una muy mala experiencia en una fiesta. Su hambre de cerebros la lleva a buscar trabajo en una morgue. ¿El giro? Cada cerebro que come le “regala” características y recuerdos de los muertos… así que sólo come asesinados y colabora con las investigaciones haciéndose pasar por medium.

The Girlfriend Experience (2016-)

Riley Keough interpreta a esta dedicada estudiante de Derecho que decide meterse en el negocio de la prostitución de alta gama para ganar dinero. Nada de necesidad, ni abusos… ella pone las condiciones y, con una mezcla de frialdad y goce, disfruta su contacto con sus clientes y sus ganancias. Una extraña e interesante serie que navega los complejos mares de las relaciones sexuales, la atracción, el poder y la debilidad. La dupla que escribió, dirigió y produjo la serie incluye a Amy Seimetz, actriz en películas indies como Upstream Color de Shane Carrout, y co-productora de Medicine for Melancholy, la primera película de Barry Jenkins, director y escritor de Moonlight, la ganadora del Óscar.

La Sociedad de la Información en tiempos de Netflix

Cecilia de la Serna

Allá por 1997, Reed Hastings y Marc Randolph crearon un videoclub de servicio a domicilio en Los Gatos (California). Los clientes de este servicio de vídeo online podían solicitar un DVD que les llegaba a la puerta misma de su casa por correo ordinario. Todo esto se gestionaba a través de una página web, lo que ya era una verdadera revolución en la época.

Sin el nacimiento del DVD, de hecho, Netflix nunca habría existido. Sus fundadores estuvieron a punto de abandonar la idea por los problemas logísticos que entrañaba el envío de VHS.

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Así llegaban los títulos cinematográficos a los hogares de los suscriptores de Netflix. (Foto: Marit & Toomas Hinnosaar)

La clave estaba en el mismo formato, y es que con la desaparición del VHS y la entrada del DVD los problemas logísticos desaparecieron. Esto era Netflix antes de entrar en el mundo del streaming digital allá por 2007. Casi 20 años después del primer envío al domicilio de un cliente, ahora Netflix es un gigante de la ficción gracias a sus producciones propias, que incluso marcan tendencia en la denominada “televisión tradicional”.

La expansión internacional, clave del éxito

El 6 de enero de 2016, el CEO de Netflix, Reed Hastings, anunció que Netflix iba a pasar a estar presente en 130 países nuevos, triplicando la distribución de la compañía. “Hoy estamos presenciando el nacimiento de una nueva cadena de televisión por internet global”, afirmó Hastings. Bajo el hashtag #NetflixEverywhere, la empresa celebró este hito en sus redes sociales. Entraban países con unas audiencias potenciales muy jugosas para la compañía, como Rusia, India o Corea del Sur. Sin embargo, quedaba una espina clavada: China, la excepción notable de este “Netflix en todas partes”. Aparte de la nación más poblada del mundo, quedaban fuera otras zonas sensibles como Crimea, Corea del Norte o Siria, debido a las restricciones hacia las compañías estadounidenses en estos territorios por parte del gobierno norteamericano.

Además de añadir países, se apuntaban más idiomas a los 17 que soportaba su plataforma: árabe, coreano y chino (a pesar de estar China fuera de la lista de naciones conectadas a este servicio de streaming). Básicamente, Netflix se estaba globalizando a niveles insospechados tan sólo cuatro años atrás, cuando daba su primer gran salto a Europa. Y es que es precisamente la expansión internacional, iniciada esencialmente en 2012, la causante de que Netflix haya cuadriplicado sus suscriptores.

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Netflix está disponible en 190 países.

Pero no es oro todo lo que reluce. En las últimas semanas hemos asistido a un desplome notable en Wall Street de las acciones de Netflix. Esta bajada de las cotizaciones del gigante de Los Gatos es una sorpresa, sobre todo teniendo en cuenta que mejoró su beneficio neto en un 12% en el primer trimestre de 2016, y que obtuvo unos beneficios de 1.957 millones de dólares, que subieron un 24,4%. Entonces, ¿por qué se desploma Netflix en la bolsa? Porque Netflix no funciona tan bien fuera de Estados Unidos. Mientras que el negocio dentro de su país de origen le genera 413 millones de dólares, el mercado internacional le reporta pérdidas de 104 millones. Esto se traduce en una decepción de los inversores, que veían en el #NetflixEverywhere un verdadero filón. No obstante, Netflix no ha cumplido (de momento) con las expectativas de los analistas, que auguraban 3,5 millones de nuevos suscriptores internacionales, cuando realmente han atraído “tan sólo” a 2 millones, aproximadamente. ¿Será la próxima -y pendiente- inclusión de China a su lista de países un alivio en los mercados? Los movimientos que emprenda Netflix en los meses a venir serán mirados con lupa. Pero Netflix no es tan sólo una compañía con balances de números, Netflix es un modo de vida. Una plataforma que ha cambiado los hábitos de consumo de millones de personas.

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Usuarios de Netflix en los últimos catorce años. (Gráfico: Ana Laya / The Objective)

De la cultura del binge-watching al Netflix and chill

Binge-watching es un término anglosajón para definir un telemaratón en plataformas de televisión digitalNetflix fue pionero en extender esta costumbre ya muy arraigada en los hábitos de los consumidores de entretenimiento online, especialmente entre los más jóvenes: los millenials y la generación Z.

Netflix fue la primera plataforma en lanzar las temporadas de sus series originales completas. Según una encuesta de la compañía en febrero de 2014, el 73% de sus usuarios definen el binge-watching como “ver entre dos y seis episodios de la misma serie de una sola tacada”. Ya en los años 80 existía un fenómeno parecido, el telemaratón de programas de televisión emitidos de continuo durante varias horas por una misma cadena. En los años 90 ya se utilizaba, especialmente en Estados Unidos, el término binge-watch, aunque era residual y se limitaba a los fandoms, o comunidades de fanáticos de una serie de televisión. La práctica era parecida a la que se ha extendido en los últimos años en las plataformas digitales, aunque el formato que se utilizaba era el de packs de DVD que incluían varias temporadas de una misma ficción. No obstante, la popularidad que ha adquirido en los últimos cinco años con la expansión de los servicios -legales o ilegales- de streaming ha colocado al binge-watching en la cultura popular como nunca antes.

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Netflix puede verse desde cualquier dispositivo que puedas imaginar. (Foto: Netflix)

Al menos el 70% de usuarios de Netflix realiza esta práctica, muchas veces animados por las propias tramas “gancho” de las series. La preocupación por que el que está frente a la pantalla esté viendo demasiadas horas de una misma serie ha hecho que el propio Netflix envíe una notificación que pausa la reproducción y cuyo mensaje es claro: “¿Todavía estás viendo la serie?”. Muchos critican esta medida diciendo que hace sentir vergüenza al usuario que recibe la notificación, y otros la defienden como un elemento crucial para preservar la salud de los espectadores. La aparición de este fenómeno sociológico ha auspiciado todo tipo de teorías y estudios psicológicos en torno a este hábito. Según el Journal of Health Psychologyel binge-watching no tiene nada de malo. Estos “atracones”, según sus investigadores, pueden resultar muy placenteros.

La Sociedad de la Información en tiempos de Netflix

Otras teorías, como la de la Universidad de Texas, contradicen esta hipótesis: la práctica del binge-watching podría tener una relación directa con la depresión. Según Yoon Hi Sung, miembro del grupo de investigadores, “la fatiga física y los problemas como la obesidad son causa de preocupación. Cuando el binge-watching se vuelve desenfrenado, los espectadores pueden comenzar a descuidar su trabajo y sus relaciones con los demás. Aunque la gente sepa que no debe hacerlo, tiene dificultades para resistir el deseo de ver episodios de forma continua”. Estamos, tal vez, ante un nuevo problema de adicción. ¿Debería el binge-watching tratarse como se tratan otras adicciones tecnológicas como la nomofobia?

Otros términos y frases, más que convertirse en fenómenos sociológicos, se han asentado en el vocabulario de los internautasNetflix and chill es un buen ejemplo de ello. El primer uso de esta frase en Twitter está registrado en 2009:

Las redes sociales han sido clave para popularizar el servicio de Netflix, tanto que han acuñado un término que directamente funciona como sinónimo de “tener sexo”. En un primer momento, “Netflix y relájate” no significaba más que eso: pasar un rato distendido con una serie o película. Con el tiempo fue adquiriendo la connotación erótica que ahora se ha extendido por medio planeta. Tal ha sido la explosión del Netflix and chill que hasta se ha creado una canción sobre ello.

Este término, que tiene su propio recorrido vital, demuestra cómo gracias al poder de las redes sociales, de publicaciones con un target definido como BuzzFeed, y del imaginario colectivo, una compañía puede convertirse en una forma de hacer las cosas. En una forma de ironizar sobre la vida. En un modo directo de comunicación. Netflix no sólo cambia los hábitos de consumo, sino que crea unos nuevos, y genera toda una cultura popular en torno a su propia identidad.

Las cifras estratosféricas de usuarios de Netflix en todo el mundo no pueden tenerse en cuenta sin otro dato fundamental para entender el fenómeno: la cantidad de horas que pasa la gente en la plataforma. La posibilidad de ver lo que quierascuando quierascomo quieras y desde la pantalla que prefieras ha marcado la diferencia. En 2015, los usuarios vieron 42.500 millones de horas de series y películas. Ahora Netflix contempla la posibilidad de visualizar contenido online, lo cual multiplicaría seguro las horas de visionado. Otras plataformas ya ofrecen esta posibilidad, como YouTube o Amazon Video.

La influencia social de esta y otras plataformas está contrastada. Su continuidad se sustenta sobre un modelo de negocio que evita la publicidad, y sobre una nueva forma de contar historias.

La tarifa de suscripción, modelo de negocio

Ya por 1999, los de Los Gatos lanzaron una tarifa de suscripción con acceso ilimitado al alquiler de DVD. Comenzaba así una andadura que marcaría el camino del modelo de negocio de los servicios de streaming en internet. Netflix apuesta desde entonces, y todavía ahora, por el pago directo de los clientes a través de diversas tarifas mensuales, frente al modelo publicitario. De hecho, según un estudio reciente, Netflix ahorra de media a sus usuarios unos seis días de publicidad al año.

Los servicios en streaming, ya sean de películas y series como Netflix, o de música como Spotify, han propiciado el boom del ‘todo incluido’. Los modos de suscripción de Netflix varían según la calidad en que queramos ver los contenidos y el número de dispositivos que pueden hacer uso de una cuenta de forma simultánea. Actualmente, en España hay tres modalidades: 7,99 euros/mes (un solo dispositivo, SD), 9,99 euros/mes (dos dispositivos, HD), y 11,99 euros/mes (cuatro dispositivos, 4K). Una de las ventajas de Netflix es el gran abanico de dispositivos disponibles(móviles, tabletas, consolas, Apple TV, Smart TV, y -cómo no- el propio ordenador). Esto hace que muchos opten por una de las dos tarifas más altas.

Una nueva forma de contar historias

El gran paso que dio Netflix vino de la mano de la producción audiovisual. Más allá de ser ‘solamente’ una plataforma de streaming digital, se lanzó a producir títulos propios. Algunos de estos son su bandera, un orgullo que llevan por festivales y ceremonias de premiosHouse of Cards y Orange is the new black lanzaron al estrellato a Netflix, siendo una causa directa de su expansión internacional.

A estos títulos siguieron otros como Narcos o las colaboraciones con Marvel en Daredevil y Jessica Jones. Además, produce documentales y apoya el cine independiente. Netflix tiene previsto invertir más de 1.000 millones de dólares en series propias -algunas de ellas realizadas en diferentes países y con un target local- y ha comprado películas en el festival de Sundance. En la pasada edición de los Premios Oscar, Netflix entró por la puerta grande con dos nominaciones a Mejor Película Documental porWhat Happened, Miss Simone? Winter On Fire: Ukraine’s Fight For Freedom.

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Solo o en familia, Netflix siempre te salva un buen plan. (Foto: Netflix)

Estos servicios de streaming han creado una nueva forma de contar historias. El binge-watching ha brindado la posibilidad de rodar episodios pilotos más arriesgados, así como la despreocupación por los datos de audiencia. Los guionistas y creadores de las series nativas para plataformas como Netflix tienen una mayor libertad creativa y narrativa, moldeando los argumentos para ser consumidos de una sola tacada. Pero la estrategia de Netflix aún está en el aire: ¿Quiere ser la televisión del futuro o una sala de cine indie? Sea como sea, sus títulos, argumentos y personajes se están convirtiendo en los iconos de una generación de espectadores exigentes.

Otros servicios

En Estados Unidos, la competencia que le ha salido a Netflix es feroz:Hulu,Amazon y el servicio de streaming de HBO apuestan fuerte por sus propios contenidos. En España ya había servicios similares antes de que Netflix aterrizara en octubre de 2015. Yomvi, de Movistar Plus, y las plataformas de televisión a la carta de los principales grupos de comunicación (MiTeleAtresplayer y RTVE a la carta).

Por lo tanto, se avecina un futuro combatido, donde los que más y mejor ofrezcan a cambio de menos tendrán las de ganar. 2016 iba a ser el año de Netflix con la expansión casi total de su servicio en el mundo. No obstante, ya hemos podido observar que las expectativas no se han cumplido, por lo que no está todo escrito en este modelo de negocio que ha cambiado nuestros hábitos, nuestro vocabulario y que ha complicado -todavía más- lo que llamamos ‘Sociedad de la Información’.

Billions: corrupción, sexo y desenfreno a la americana

Cecilia de la Serna

La aclamada producción de 2016 para Showtime ha sido, sin duda, Billions. La serie, que podemos ver en España gracias a Movistar+ Series, resulta de una creación grupal: Andrew Ross Sorkin, Brian Koppelman y David Levien son los nombres que están detrás de un argumento que se centra en la cara más extrema y menos amable de Wall Street.

No estamos ante una serie cualquiera: estamos ante una serie con el sello de Showtime

La primera escena que nos presenta Billions en su episodio piloto es toda una declaración de intenciones, la presentación que nos deja claro que no estamos ante una serie cualquiera: estamos ante una serie con el sello de Showtime. En ella, Charles “Chuck” Rhoades, personaje interpretado por Paul Giamatti, está atado de pies y manos en el suelo y con una mordaza en la boca. Enseguida reconocemos una escena de sexo sadomasoquista, con quemadura de cigarrillo y micción incluidas. Más tarde, conocemos que el señor Rhoades es un respetable fiscal general a la caza de “los malos” de Wall Street, y sus tendencias sadomasoquistas son la ironía que definen a alguien que quiere mostrarse fuerte frente al poder, mientras disfruta sintiéndose humillado de puertas para adentro.

Charles Rhoades es interpretado por Paul Giamatti.
Charles Rhoades es interpretado por Paul Giamatti. ¿El “bueno” de la trama?

Bobby “Axe” Axelrod, interpretado por el ganador de un Emmy por Homeland, Damian Lewis, es el enemigo natural de Rhoades. El señor Axelrod, un multimillonario que resultó ser el único superviviente de un fondo de inversión en los ataques del 11S, renació de sus cenizas para convertirse en el rey de los hedge funds (fondos de inversión privados). Bobby responde como nadie al estereotipo de magnate de Wall Street: atractivo, ambicioso y sin escrúpulos. Ante la opinión pública se presenta como un Dios benevolente, que utiliza su poder y su dinero para ayudar a los más necesitados. Nada más lejos de la realidad: Axe no es más que un corrupto, un tiburón de las finanzas, y por ello Rhoades decide hincarle el diente aún a riesgo de saber que no tiene todas las de ganar.

Bobby Axelrod es interpretado por Damian Lewis. ¿El "malo" de la trama?
Bobby Axelrod es interpretado por Damian Lewis. ¿El “malo” de la trama?

Y es que esto es, en resumidas cuentas, el argumento central de Billions: una lucha de egos, un duelo entre el poder de Rhoades y el de Axelrod. Este toma y daca tiene consecuencias en todo su entorno, lo que hace de Billions una serie realmente completa. Tan importantes como ellos son sus mujeres: Lara Axelrod, interpretada por Malin Akerman, y Wendy Rhoades, interpretada por Maggie Sliff. Esta última, que es la mujer que está detrás de la humillación sado de la primera escena con su marido, trabaja como coach motivacional de Axe y, además, es su psicóloga. Por lo que los conflictos de interés están también servidos.

Las dos parejas protagonistas de Billions se enfrentan en una lucha de egos y poder. (Foto: Jeff Neumann / SHOWTIME)
Las dos parejas protagonistas de Billions se enfrentan en una lucha de egos y poder. (Foto: Jeff Neumann / SHOWTIME)

Los guionistas que idearon Billions lo hicieron inspirándose en el colapso de Wall Street de 2007

El cine y la televisión han mostrado la cara menos amable de Wall Sreet una infinidad de veces, pero esta vez está más vigente que nunca. Los guionistas que idearon Billions lo hicieron inspirándose en el colapso de Wall Street de 2007, y ponen sobre la mesa un tema casi tabú en el exclusivo sector financiero: cómo el 11S tocó los cimientos de un sistema que huele a podrido.

Billions nos presenta como nadie a dos antihéroes disputándose su sitio en la trama

Billions no es una serie más de corrupción en las altas finanzas, ya que presenta las complejidades de los sentimientos humanos. Detrás de esos tiburones, de esos Dioses todopoderosos, hay personas con sus miedos, sus claroscuros. Hace tiempo que la ficción norteamericana decidió dejar de lado el arquetipo de héroe en sus guiones, y Billions nos presenta como nadie a dos antihéroes disputándose su sitio en la trama.

La primera temporada de la que es una de las series del año puede visualizarse en España en Movistar+ Series, y la segunda temporada está al caer: el 19 de febrero de 2017.

Contra la brecha de género, edita la Wikipedia

Clara Paolini

Foto: TONY GENTILE
Reuters

¿Por qué es tan necesario y urgente que las mujeres editen la Wikipedia?, ¿tiene la plataforma un sesgo machista?, ¿por qué las biografías de grandes mujeres de la historia (aún) aparecen en rojo?,  ¿cómo afecta a los contenidos la falta de la paridad entre sus contribuyentes?,  ¿qué puede hacer la Wikipedia por el feminismo?, ¿y el feminismo por la Wikipedia? Para obtener respuestas, te contamos lo que aprendimos editando la Wikipedia de la mano de Wikimujeres

En un mundo ideal, la Wikipedia sería neutral, objetiva, precisa e infinita; reflejaría la diversidad y riqueza de todo el saber humano acumulado a lo largo de la historia y en lugar de poner en duda su fiabilidad, cada uno de los habitantes del planeta sentiríamos el deber de contribuir a su perfeccionamiento.

Lamentablemente, no vivimos en un mundo ideal. La Wikipedia no es perfecta porque los humanos tampoco lo somos, preferimos señalar el error en lugar de solucionarlo, la historia nunca es objetiva y estamos muy lejos de alcanzar la igualdad en un sinfín de ámbitos y contextos. La mayor enciclopedia del mundo padece de los mismos males que sus contribuyentes y como consecuencia no escapa del mal de la desigualdad de género.

¿La buena noticia? Podemos hacer algo para cambiarlo y ese es precisamente el objetivo de Wikimujeres, “un grupo de usuarias de Wikipedia preocupadas por la diversidad y la neutralidad de la Wikipedia y dispuestas a trabajar para disminuir (y en un futuro eliminar) la brecha de género y culturas que existe en la enciclopedia más consultada en internet”.

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Asistentes a la editatona sobre mujeres viajeras organizada por Wikimujeres el 4 de marzo en Medialab Prado.

¿Cómo empezar a eliminar la brecha? Montserrat Boix, creadora de Mujeres en Red y miembro de Wikimujeres, opina que el primer paso es contar, pero “en este espacio hay dificultades para que la gente se preocupe por estos datos porque la mayoría ni siquiera los considera relevantes. Ha tenido que pasar más de una década para que la fundación y la comunicación empiece a reflexionar sobre las mujeres”.

“Se estima que tan sólo un 13% del total de personas que editan la Wikipedia son mujeres

Según relata esta periodista, pionera en el ámbito del feminismo digital, han pasado únicamente 6 años desde que la Fundación Wikimedia (el organismo sin ánimo de lucro que dirige la Wikipedia) empezara a dilucidar que tenían un grave problema de perspectiva de género, descubriendo a través de las estadísticas que prácticamente no había mujeres editando.

Aunque desde entonces se han generado diferentes programas que luchan por eliminar la brecha, a día de hoy, los números hablan por sí solos: se estima que tan sólo un 13% del total de personas que editan la Wikipedia son mujeresy esta pronunciada brecha de género deja una inevitable impronta en su contenido.

¿Por qué hay muchos más hombres que mujeres editando la Wikipedia? Un estudio de la Universidad de Minnesota apuntaba entre las posibles razones a la propia disparidad en la representación y edición de contenidos, la mayor probabilidad de que las ediciones realizadas por mujeres sean revertidas y que los artículos con más proporción de contribuyentes femeninas suelan ser los más polémicos.

Algunas usuarias han llegado a considerar que la atmósfera de la comunidad huele a machismo, y aunque resulta poco probable que una legión de hombres misóginos se esfuerce por aumentar la brecha echando por la borda cualquier visión feminista, la falta de equidad y el tono generalizado de la comunidad no facilitan el cambio.

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María Sefidari editando la Wikipedia desde la editatona.

Que la Wikipedia tenga en cuenta la perspectiva de género, que cada vez haya más mujeres activas en la plataforma y conseguir eliminar poco a poco la desigualdad resulta tan necesario como urgente, pero ¿cómo darle la vuelta a las estadísticas? Partiendo de lo indispensable: enseñando y animando a otras personas a editar en la plataforma. Y lo cierto es que en Wikimujeres lo ponen verdaderamente fácil.

Además de ofrecer entretenidas reuniones donde aprender a editar desde cero (en Madrid los lunes en Medialab Prado y en Barcelona los martes en la Universitat Pompeu Fabra), Wikimujeres organiza editatonas: maratones en las que se crean y mejoran artículos de Wikipedia, en este caso, desde una perspectiva de género.

“No es que las mujeres no hayamos inventado nada a lo largo de la historia, lo que pasa es que muchas veces ese trabajo no ha recibido el crédito suficiente o ha sido invisibilizado”

Científicas, artistas, escritoras, revolucionarias, académicas, políticas, cineastas, sufragistas, pensadoras… La Wikipedia está plagada de “mujeres en rojo” cuyas biografías permanecen a la espera de ser rescatadas del olvido o cuyas vidas han sido relatadas por personas poco concienciadas sobre la importancia de la perspectiva de género. En muchas ocasiones, las mujeres que sí aparecen en la Wikipedia lo hacen como esposas, madres o ayudantes de hombres que la historia situó como protagonistas, aunque fueran ellas las que impulsaran necesarios pasos hacia un futuro en el que ahora habitamos.

Contra la brecha de género, edita la Wikipedia 3
Trabajando contra la brecha de género.

“No es que las mujeres no hayamos inventado nada a lo largo de la historia, lo que pasa es que muchas veces ese trabajo no ha recibido el crédito suficiente o ha sido invisibilizado. A veces es más difícil acreditar relevancia enciclopédica porque hay menos fuentes, o porque son más difíciles de encontrar. Este tipo de iniciativas pone el foco precisamente en esa clase de huecos, en esa brecha de género y nos anima a todos a que contribuyamos e intentemos paliarla”, comenta María Sefidari, profesora de la Universidad Rey Juan Carlos, vicepresidenta de la Fundación Wikimedia y cofundadora de Wikimujeres.

“Si la comunidad tiene un gran número de editores y bibliotecarios con una perspectiva retrógrada, hay que empezar a intentar ponerle freno”

Patricia Horrillo, inmejorable anfitriona de la editatona de Wikimujeres en Medialab, lo tiene claro: “Si la comunidad tiene un gran número de editores y bibliotecarios con una perspectiva retrógrada, hay que empezar a intentar ponerle freno”. Como muchas usuarias que luchan por una mayor igualdad dentro de la comunidad, aclara que aunque sea imprescindible aumentar el número de mujeres editoras, el hecho de ser mujer no siempre significa que éstas vayan a aportar una visión feminista ni que estén sensibilizadas con las cuestiones de género. Además, por supuesto, existe un gran número de hombres que sí consiguen aportar esa necesaria visión.

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La próxima editatona ¡apúntate!

¿Cómo empezar a colaborar?

Aunque la Wikipedia no tiene la complejidad de la física cuántica, para aprender rápidamente sin sentirse abrumado, lo mejor es contar con la ayuda de alguien que aporte las claves básicas. Existen multitud de comunidades como Wikimujeres a lo largo y ancho del mundo con las que iniciarte.

Además, si lo que prefieres es investigar por tu cuenta de forma autodidacta, la propia Wikipedia cuenta con tutoriales, en foros y otras páginas de internet es posible encontrar explicaciones detalladas para resolver cualquier duda y en definitiva, basta con dedicarle un poco de tiempo para engacharse.

Sin embargo hay algunas claves básicas que deberás tener en cuenta para ver tu contenido publicado: es obligatorio seguir el manual de estilo, aportar referencias válidas que prueben la información aportada (libros, artículos de prensa, webs fiables), que los temas tratados tengan relevancia y ser lo más imparcial y objetivo posible (cuantos menos adjetivos, mejor).

Al principio puede parecer más complicado de lo que imaginabas pero no olvides que una vez vayas cogiendo soltura, editar se convierte en una actividad adictiva con la que estarás contribuyendo a la mejora del conocimiento colectivo.

¿Qué mujeres falta por añadir?

Una vez hayas creado o traducido tu primera entrada en Wikipedia, será el propio sistema el que te vaya mostrando la infinidad de trabajo que queda por hacer.

A partir de la entrada que hayas editado, la Wikipedia te sugerirá biografías o contenidos relacionados que aún quedan por escribir, pero si tienes curiosidad por conocer algunos de los nombres de mujeres imprescindibles que permanecen en el tintero, existen varios lugares donde encontrarlas, como por ejemplo en los listados del proyecto “Mujeres en Rojo”.

Si dicen que la historia pertenece a quien la escribe, ¿por qué no escribirla entre todas? Eliminar la brecha de género está al alcance de nuestras manos.

Mujeres y arte: 7 nombres que desafiaron a la Historia

Cecilia de la Serna

Foto: RUBEN SPRICH
Reuters

Como ya relatamos en este espacio, las mujeres lo han tenido realmente difícil para obtener el reconocimiento del mundo del Arte, tan machista o más que otros sectores de la sociedad. Si bien las artistas han logrado ir haciéndose un hueco en las últimas décadas, aún nos preguntamos si es necesario que una mujer esté desnuda (en un cuadro) para entrar en un museo. Antes de que llegaran las Guerrilla Girls y otros movimientos más recientes como el de Girls in museums, muchas mujeres desafiaron a sus contemporáneos y a la Historia del Arte de la forma más consecuente: creando. Muchas de ellas quedaron relegadas a ser “la mujer de” o “la musa de”, obviando el valor de su trabajo.

Aprovechando la iniciativa #5WomenArtists, a través de la cual varios museos y entidades artísticas retan al público a nombrar a cinco mujeres artistas con motivo del Día Internacional de la Mujer, podemos observar que no todo el mundo es capaz de hacer tal selección. Por ello vamos más allá y presentamos siete nombres femeninos -algunos más célebres que otros- que desafiaron a la Historia desde diferentes disciplinas, desde la pintura a la escultura, pasando por la ilustración.

1. Frida Kahlo (1907-1954)

El nombre de Frida Kahlo es, seguramente, el que más suene al común de los mortales. Su vida estuvo marcada por el infortunio de contraer una poliomielitis de niña, y después por un grave accidente que sufrió durante su juventud, accidente que la mantuvo postrada en cama durante largos periodos. No obstante, nada de aquello la separó de su capacidad creativa e inspiradora. La pintora mexicana combinó en su obra, de carácter muy personal, los estilos surrealista, naïf y folclórico.

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Perro Itzcuintli conmigo, una de las obras más emblemáticas de Frida Kahlo. | Foto: Stefano Rellandini / Reuters

Su vida personal se ha estudiado con lupa, casi con cierto voyeurismo. Su matrimonio con Diego Rivera marcó ciertamente la obra de Frida Kahlo, y su bisexualidad sigue planeando por su vida y obra. Sin embargo, el arte de Frida Kahlo va mucho más allá de su vivencias personales. Aunque su trabajo fue admirado en vida por varios artistas contemporáneos a su época, no fue hasta después de su muerte cuando sus piezas lograron una mayor trascendencia. La mexicana ha extendido su figura de artista hasta convertirse en icono del siglo XX.

2. Georgia O’Keeffe (1887-1986)

Sería muy difícil comprender el Arte Contemporáneo del siglo XX sin la influencia de Georgia O’Keeffe, que fue la gran pionera en el campo de las artes visuales. Sus obras más conocidas son las pinturas de flores a gran escala, como Black Iris, y sus series de cuadros, como Jack-in-a-Pulpit.

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Black Iris, de Georgia O’Keeffe. | Foto: Alfred Stieglitz Collection, 1969

Como detrás de cada gran mujer hay un gran hombre, la obra de O’Keeffe no se entendería sin la presencia del fotógrafo y galerista Alfred Stieglitz, que con buen ojo supo ver en ella una de las máximas representantes del Arte Moderno. A diferencia de Frida Kahlo, Georgia O’Keeffe sí que conoció en vida las mieles del éxito. De hecho, en sus últimos días pudo recibir numerosos galardones y asistir a importantes exposiciones y retrospectivas en su honor.

3. Louise Bourgeois (1911-2010)

La influencia de Louise Bourgeois en el Arte Contemporáneo a nivel global es innegable. Su obra trasciende las fronteras y los estilos artísticos: toca movimientos como el Surrealismo, el Posminimalismo y el Expresionismo Abstracto. Sus famosas esculturas de araña -un homenaje a su madre tejedora- son hoy un emblema del Arte.

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La escultura Maman, de Louise Bourgeois, expuesta en el Museo Picasso de Málaga. | Foto: Jon Nazca / Reuters

Una de estas esculturas llegó a subastarse por 10,7 millones de dólares, convirtiéndose en una de las artistas féminas más cotizadas del mercado. Reconocida como la precursora del Arte Confesional, cuatro de sus trabajos están catalogados como sugestivos de la figura humana, expresando temas como la traición, la ansiedad y la soledad. Sus trabajos eran puramente autobiográficos y estaban inspirados en su trauma de la infancia causado por el descubrimiento del affaire entre su padre y su niñera.

4. Yayoi Kusama (1929)

Yayoi Kusama es probablemente una de las artistas vivas más influyentes del mundo del Arte, llevando la voz cantante en el avant-garde. Tras estudiar Nihonga (pinturas de estilo japonés) en su país natal, se interesó por los movimientos occidentales, lo que la llevó a mudarse a Nueva York. Al principio se adhirió al Expresionismo Abstracto, para más tarde pasarse al Arte Pop. Sus obras está basadas en el arte conceptual y están fuertemente influenciadas por el feminismo. Además se ha adentrado en otras disciplinas artísticas como la literatura.

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Infinity Mirrored Room, por Yayoi Kusama. | Foto: Caren Firouz / Reuters

Las obras de Yayoi Kusama se encuentran entre las más cotizadas a escala mundial. En 2008, la casa de apuestas Christie’s vendió una obra de la artista japonesa por 5,1 millones de dólares, un récord para una mujer artista viva. Por otro lado, se han expuesto grandes retrospectivas de su obra en lugares de relevancia como el MoMA de Nueva York, el Museo Whitney de Arte Estadounidense y la Tate Modern de Londres.

5. Camille Claudel (1864-1943)

La historia de Camille Claudel está tintada de locura, una locura muy lúcida. Su visión artística era genial, muy adelantada para su época (empezó a esculpir a muy temprana edad, en la segunda mitad del siglo XIX). Como en la gran mayoría de casos de artistas féminas, se habla de Camille Claudel como la musa de su compañero –en este caso Auguste Rodin-, con el que mantuvo una relación amorosa durante unos años. Sin embargo, su obra cobra importancia por sí misma. Durante casi una década, Rodin y Camille trabajaron codo con codo, influyéndose e inspirándose el uno a la otra, y creando algunos de sus mejores trabajos: Fugit Amor, en el caso de Rodin; Sakountala, en el de Camille.

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Sakountala, de Camille Claudel. | Foto: Sotheby’s

Tras su ruptura con el famoso escultor galo, Claudel no se quedó sin inspiración, sino todo lo contrario. A pesar de entrar en una espiral de locura tras este proceso traumático, entre 1899 y 1905 surgieron algunas de sus mejores obras, como El Vals, El Pensamiento, La Ola o El Abandono. Su influencia en la escultura del siglo XX es innegable, aunque su nombre no resuene tanto como el del que fue su compañero.

6. Berthe Morisot (1841-1895)

Berthe Morisot es otra artista francesa, en este caso figura relevante del Impresionismo, cuyo enlace sentimental suele citarse. En su caso, se trata de Eugène Manet, hermano de Édouard Manet. La figura de Berthe Morisot, junto a las de otras maestras del Impresionismo, quedó ensombrecida por el conjunto del movimiento, mayoritariamente masculino.

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Pastora desnuda tumbada, una pintura de Berthe Morisot. | Foto: Museo Thyssen

Siguiendo la estela de otras grandes artistas de su tiempo, como Mary Cassatt o Marie Bracquemond, Berthe Morisot llenó sus lienzos de escenas cotidianas con gran dulzura y delicadeza. Tras su desaparición, sus cuadros siguen teniendo un lugar destacado en el mundo del Arte, de hecho sus pinturas pueden alcanzar cifras de más de 4 millones de dólares en el mercado actual.

7. Beatrix Potter (1866-1943)

Beatrix Potter creció en el seno de una familia acomodada en la Inglaterra Victoriana. Aunque siempre ha sido más reconocida por sus obras literarias -especialmente infantiles-, su incursión en el mundo de la ilustración -una disciplina artística que a menudo queda relegada a un segundo plano- no es en absoluto desdeñable. Potter logró unir su talento con el dibujo a su extraordinaria capacidad de observación de la naturaleza y de contar historias. Como resultado nació Peter Rabbit, un personaje de cuentos ya legendario.

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Peter Rabbit, el personaje más célebre de Beatrix Potter | Foto: Frederick Warne & Co.

En 1902 publica su primer cuento ilustrado y tal fue su éxito que durante la siguiente década no dejó de publicar nuevas historias. Tras el fallecimiento de su marido, Beatrix compró la granja Top Hill en Escocia, de donde saca la inspiración necesaria para seguir creando sus historias, escritas e ilustradas.

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