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Shinobu Hashimoto: “Cuando somos humildes nuestra obra vive más”

Beatriz García

Foto: Stefania Vara
The Objective

El ceramista japonés ha participado en la tercera edición de Japanese Days, unas jornadas de cerámica japonesa que se celebran anualmente en la localidad barcelonesa de Santa María de Palautordera.

El ceramista japonés Shinobu Hashimoto es misterioso, poco hablador, cuesta arrancarle una sonrisa y su cabello largo y sus tatuajes le confieren aspecto de tipo duro. Y sin embargo, su interior es delicado, amoroso, elegante, esencialmente humilde, preocupado por servir a los otros y embellecer, como él mismo dice, sus vidas. Ha conseguido imprimirle a su cerámica un estilo tan propio que basta con mirarla para ver al hombre y también al artista, aunque él insista en que no lo es. “Yo no hago obras de arte, sino objetos para que los utilice la gente. En Occidente vosotros empleáis el término ‘artista’ de un modo muy amplio, pero yo soy yakimono ya, un artesano de la cerámica, igual que los carpinteros o los mecánicos. Somos gente de oficio, no artistas”.

Shinobu ha visitado Barcelona para participar en Japanese Days, unas jornadas de cerámica japonesa que se celebran en Santa María de Palautordera y a las que acuden anualmente grandes artistas japoneses para compartir el secreto de la elaboración de sus piezas. “En Japón cada prefectura tiene un estilo de cerámica. Puedes encontrar porcelanas muy finas, de influencia china, y otras más sobrias y toscas, más coreanas, y luego está el propio sello del artista. Los japoneses son especialistas en técnicas muy concretas y siguen utilizando hornos de leña donde las piezas tardan seis días en cocerse. Pero la cerámica de Shinobu Hashimoto es diferente; tiene un estilo muy personal, moderno, casi europeo”, cuenta la ceramista Penélope Vallejo, organizadora de Japanese Days.

“Cada persona tiene algo único, si te dedicas a mirar lo que hacen los demás todas las obras se acaban pareciendo”

El secreto de la originalidad de este ceramista es sencillo, a Hashimoto no le interesa lo que hagan otros, para sacar su esencia evita “contaminarse” de las ideas ajenas. Sólo así consigue que su interior se exprese libre. “Soy autodidacta. Hace catorce años descubrí la cerámica en un taller de un día, me gustó, tomé un curso introductorio de pocos meses para conocer el funcionamiento del torno y poco más. Desde entonces he aprendido solo y afirmo que cada persona tiene algo único; si te dedicas a mirar lo que hacen los demás todas las obras se acaban pareciendo. Lo más importante es lo que sale de dentro”.

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Para Hashimoto lo principal no son sus obras, sino embellecer la vida de la gente. | Imagen de Stefanía Vara

No se propone crear teteras perfectas ni imperfectas, ni se pregunta a priori sobre la belleza de sus platos y tazas, ni si debería crear algo novedoso. “No tengo tiempo para eso, si pienso en que debería hacer algo nuevo me desvío de mi propósito. Sigo una línea para mis piezas y cuando sienta que quiero hacer algo nuevo, lo haré. Hasta entonces, espero que llegue ese momento…”, explica.

Las heridas que nos definen

Mientras que en Occidente y por influencia de los ideales griegos belleza es sinónimo de perfección, en Oriente, y especialmente en Japón, lo bello es imperfecto, fugaz y fluye constantemente al igual que la naturaleza. Los jardines zen, el ikebana, la ceremonia del te, los haikus y el kintsugi (la reparación de cerámica agrietada) son artes japoneses basados en la estética wabi-sabi, la belleza que esconden las cicatrices.

Uno de los rasgos más particulares de las piezas de Shinobu Hashimoto es un delicado cuarteado de la superficie. Cuando tornea a veces deja las huellas de sus dedos en la cerámica, hace “huecos” en las piezas que expresan, dice, la inmadurez de corazón. “Si vemos a una modelo perfecta no nos transmite nada y tampoco nos atrevemos a acercarnos, pero si tropieza ya es otra cosa… Estos huecos son espacios en medio de lo bello que dan vida a las obras, pequeñas heridas que las convierten en humanas”.

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El rasgos más característico de su cerámica es el cuarteado de la superficie. Imagen vía Stefanía Vara.

Para Penélope Vallejo, la cerámica es una forma de meditación activa. Ella no se limita a tornear, habla con los materiales, les “sugiere” que se abran o se cierren. Un arte del Aquí y Ahora. “Es una disciplina muy técnica, debes conocer cómo se comportan los materiales porque cuando estás en el torno te riges por las leyes de la física y eres un poco geólogo también. Las rocas y minerales con los que trabajas están en la corteza terrestre, cuando horneas una pieza, en el fondo, se está haciendo una fusión igual que la lava de los volcanes. Y a poco que investigas y conoces a ceramistas de la otra punta del mundo, te das cuenta de que aquello que nos une es mucho mayor que lo que nos separa. Hay muchas coincidencias en la técnica, aunque en Japón, por ejemplo, se tornee al revés”.

“Mis obras acaban cuando la gente las utiliza, se diluyen en el momento en que hacen disfrutar a otros”

En Occidente existe un gran debate sobre si la cerámica es un arte o una artesanía y, según la ceramista, las luchas de etiquetas todavía continúan aunque algo esté cambiando. “En los países orientales la cerámica se considera una de las grandes artes, pero aquí seguimos viéndola como una cosa utilitaria. Ha existido siempre una lucha de etiquetas entre alfareros y ceramistas, que se consideran más refinados, pero hay cada vez más escuelas, cursos y artistas conocidos”, afirma Penélope.

A Shinobu le sorprende que la mayoría de las asistentes al taller que ha impartido en Japanese Days fueran mujeres. “¿No suelen venir hombres? En Japón la mayoría son hombres”, pregunta. “Aquí es más bien al contrario”, le contesta Penélope. A sus cursos en Santa María de Palautordera acuden ceramistas desde países como Israel, Estados Unidos, Francia o Grecia, convirtiendo esta ciudad a los pies del Montseny en un hervidero de arte y artistas internacionales que no tiene nada que envidiar a la siempre hiperactiva Barcelona.

Shinobu Hashimoto: “Cuando somos humildes nuestra obra vive más”
En Oriente la cerámica se considera una de las grandes artes y la imperfección de las piezas las hace humanas. Imagen vía Stefania Vara.

El arte de los finales útiles

Antes de empezar a trabajar, Shinobu tiene ya una imagen mental de lo que quiere conseguir. Lo siguiente es ir restando, pensar en los materiales que utilizará para llegar a su objetivo, cómo se comportarán y cuáles son los pasos “hacia atrás” que deberá seguir, desde el final imaginado al origen y no al contrario. Y entonces, ¿cuándo considera que la obra está acabada? “Cuando la gente la utiliza. Si se sirve comida o bebida en ella la pieza queda difuminada, se diluye en el momento en que está haciendo disfrutar a quien la usa”, concluye.

Ceramistas como Shinobu Hashimoto tienen mucho que enseñarnos a los países occidentales, donde cuesta encontrar a alguien que no se llame a sí mismo artista, incluso artista de la vida. Si el ego son los árboles que no dejan ver el camino, la voluntad de crear un arte que conmueva, que tienda puentes entre lo particular y lo universal y despierte emociones dormidas es tanto servir a uno mismo como a los otros. Por eso, dice el japonés, “cuando somos humildes nuestra obra vive más. Todo debe tener un sentido…” Y añade: ¿Imaginas a un entrevistador que hable más que sus entrevistados?”. No sé si lo dijo por mí o a modo de ejemplo, de todas formas me aplicaré el cuento. A todos nos gusta pensar que lo que hacemos sirve para algo.

El segundo ceramista en visitar Japanese Days será Akira Satake, quien impartirá un taller en octubre titulado ‘Encontrar la belleza en la imperfección’.

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Barcelona el día después del atentado

Redacción TO

Foto: SERGIO PEREZ
Reuters

Con menos movilización turística en sitios emblemáticos como la Sagrada Familia (que permanece abierta) y en el transporte público en general, Barcelona amanece golpeada por el atentado terrorista del que fue víctima ayer. Sin embargo, muchas personas han decidido trasladarse hasta la Rambla para rendir homenaje a las víctimas, cuyo número asciende a 14,  y para hacer acto de presencia en el minuto de silencio convocado en Plaza Cataluña al mediodía al que acudieron desde las máximas autoridades locales: Ada Colau, Carles Puigdemont y Carme Forcadell, así como el rey Felipe VI  y el presidente de gobierno Mariano Rajoy.

Aquí una breve crónica en imágenes.

Así amanece Barcelona después del atentado 1
Así amanece La Rambla, de luto, pero abierta | Foto: Sergio Pérez / Reuters

Así amanece Barcelona después del atentado 2
Foto Diana Rangel / The Objective

Así amanece Barcelona después del atentado 3
Símbolos de luto se están colocando a todo lo largo de La Rambla | Foto: Diana Rangel / The Objective

Asciende a 14 el número de fallecidos en los atentados de Barcelona y Cambrils
Foto Diana Rangel / The Objective

El punto neurálgico de la congregación era el mosaico de Miró en el centro de La Rambla. Allí conversamos con el portavoz de la comunidad Sikh en Barcelona, Gagandeep Singh Khalsa, quien se apersonó con otros representantes para expresar su repudio al atentado, expresar su preocupación ante el rechazo que algunos individuos le manifiestan a su comunidad por el uso de las prendas tradicionales de su cultura, y ponerse a la orden para cualquier colaboración que pudiera necesitar.

comunidad Sikh de Bcna
Foto: Diana Rangel / The Objective

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Poco tiempo después Ada Colau y las autoridades del Ayuntamiento aparecerían en La Rambla para dirigirse al punto de la convocatoria para el minuto de silencio: la Plaza Cataluña. Luego de encontrarse con Carme Forcadell, la presidenta del Parlamento, el grupo se encontró en la plaza con el rey Felipe VI, Mariano Rajoy y Carles Puigdemont.

Barcelona el día después del atentado
Ada Colau en La Rambla | Foto: Andrea Daza / The Objective.

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Rajoy, el rey Felipe VI, Puigdemont y Colau, juntos, encabezan el homenaje. | Foto: Andrea Daza / The Objective.

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Durante el minuto de silencio | Foto: Diana Rangel / The Objective.

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Minuto de silencio. | Foto: Sergio Pérez / Reuters.

La multitud congregada en Plaza Cataluña aplaudió por varios minutos luego de finalizado el minuto de silencio. Se escucharon gritos de “no tenemos miedo”. Los castellers también hicieron acto de presencia, un homenaje muy simbólico: Barcelona, se levanta.

Barcelona el día después del atentado 10
Foto: Sergio Pérez / Reuters.

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Multitud congregada para el minuto de silencio frente a El Corte Inglés de Plaza Cataluña. | Foto: Diana Rangel / The Objective.

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Multitud congregada en los alrededores de Plaza Cataluña | Foto: Diana Rangel / The Objective.

Barcelona el día después del atentado 1
El rey Felipe VI saluda a las personas congregadas en Plaza Cataluña | Foto: Andrea Daza / The Objective

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Grafitti: “Unidos somos fuertes. Todos somos Barcelona”. | Foto: Juan Medina / Reuters.

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Este es Moussa Oukabir, el principal sospechoso del atentado de Barcelona

Redacción TO

Tras las tres detenciones relacionadas con el atentado de Barcelona de este jueves, que ha causado la muerte de 13 personas, las autoridades buscan ahora a Moussa Oukabir, hermano de uno de los detenidos, Driss Oukabir, como presunto conductor de la furgoneta con la que se perpetró el ataque, según han informado fuentes policiales a la agencia Efe.

Moussa Oukabir, de 17 años, se encuentra fugado, y las autoridades lo consideran peligroso. Al parecer, tras cometer el atentado, el sospechoso abandonó el centro de Barcelona cubierto con una gorra y a la carrera.

Driss Oukabir, el hermano de Moussa, ha sido detenido en Ripoll, Gerona, en relación con el atentado. Sin embargo, Driss asegura que su hermano, menor de edad, le robó el pasaporte para poder alquilar dos furgonetas, una de las cuales fue utilizada para arrollar a cientos de personas en La Rambla de Barcelona.

Este es Moussa Oukabir, el principal sospechoso del atentado de Barcelona 1
Driss Oukabir, el hermano de Moussa, fue detenido en Ripoll. | Foto: AFP

Ahora los investigadores están tratando de determinar si Driss participó de algún modo en el terrible atentado o si fue realmente su hermano quién utilizó su documentación para alquilar las furgonetas e incriminarlo a él.

La cuenta de Facebook de Moussa Oukabir ha sido cerrada por la red social pocas horas después del atentado. En ella se podía observar que Moussa nació en Ibiza, que vive en Ripoll, donde se ha detenido a su hermano y que estudia en la Universidad de Barcelona, pero el único dato que ha podido ser comprobado es el de su lugar de residencia. Los dos hermanos están registrados como residentes en el consulado marroquí de Gerona.

Además, Moussa contaba con una cuenta en la red social Kiwi, una aplicación de preguntas y respuestas en la que se mostraba como @moussastreetboy. En una de las últimas informaciones, de hace dos años, un usuario le preguntaba: “En tu primer día como reina/rey absoluto del mundo, ¿qué harías?”, a lo que él contestó: “Matar a los infieles, solo dejar a los musulmanes que sigan la religión”, informa Efe.

Las primeras investigaciones sobre la autoría de los dos atentados de Barcelona y Cambrils apuntan a un grupo compuesto por 12 personas, cinco de las cuales fueron abatidas por la policía en un tiroteo en la localidad de Cambrils, y otros tres detenidos. Por tanto, además de al conductor de la furgoneta, supuestamente Moussa Oukabir, las fuerzas de seguridad buscan a otros tres sospechosos.

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Dolor, impotencia y rabia

José Antonio Montano

Foto: Stringer
Reuters

Dolor, impotencia y rabia. Por este orden. Y emoción y recuerdo.

Dolor nada más conocer la noticia. Me encontraba en mi casa de Málaga disfrutando de agosto, como las víctimas que paseaban por Las Ramblas de Barcelona. Me he enterado en uno de los vistazos a Twitter. La última vez que estuve en Barcelona me alojé cerca de donde ha salido la furgoneta, en un hotel de la calle Pelayo. El paseo por Las Ramblas lo iniciaba –como tantos barceloneses y turistas– en el lugar de los atropellos de hoy. No he necesitado ver las imágenes para imaginar el horror. La muerte en un lugar lleno de vida.

Impotencia por el atentado, por los crímenes. Ese mal segregado por el ser humano, que lo embadurna con religión e ideología: por lo que cuenta con cómplices, y con emisores de condenas con “pero”, y con equidistantes. Aquí lo hemos vivido hasta la náusea con el terrorismo etarra. Ahora lo vivimos con el terrorismo islamista. Asesinos con aparato retórico.

Rabia al ver lo que escribía Arnaldo Otegi (no he podido evitar asomarme): “Noticias muy preocupantes desde Barcelona. Prudencia y solidaridad con las víctimas de este ataque y con el conjunto de los Països Catalans”. El cómplice de tantísimos crímenes de ETA exhibiendo apestosamente una supuesta “preocupación”, y añadiendo el mojón nacionalista. Abyecto y repulsivo cinismo.

Emoción al leer lo que ha escrito Arcadi Espada en su blog de El Mundo: “Después de tantos años el kilómetro sentimental era esto. Ir tragando decenas y decenas de vídeos, mirando que no esté en ninguno tu hija, habitual por aquellos lugares, que salió por la mañana y ha tardado en responder al teléfono”. Y el recuerdo de que me pasó lo mismo el 11 de marzo de 2004 en Madrid: mi chica solía tomar temprano aquel tren de Atocha y también tardó demasiado en responder.

Y contra estos alivios íntimos se recorta el dolor (hay que volver al dolor) por los que no respondieron, por los que no han respondido esta tarde.

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Una ciudad extraña

Ferrán Caballero

La noticia de los atentados me llega lejos de casa, visitando castillos del Loira. Ayer estuvimos en Poitiers y bromée por whatsapp con unos amigos sobre la necesidad de seguir defendiendo la cristiandad. La broma tenía sentido por cosas como las de hoy, pero hoy seguramente no haría la broma.

A esta distancia de casa, la Rambla de la que hablaban no parecía mi Rambla. A esta distancia, la Rambla era una gran calle más de una gran ciudad más, como los Campos Elíseos, y también para mí ha sido durante un rato una calle emblemática, simbólica, en lugar de la calle por la que bajo al menos un día a la semana para comer con mi abuela. Por un momento podría haber cumplido el sueño cosmopolita de quienes tras cada atentado cercano nos exigen un recuerdo igualmente sentido y sincero para con los atentados lejanos. Pero esto sólo es posible al precio de que nuestra ciudad y su sufrimiento nos sea tan extraña como las demás, y días como estos son perfectos recordatorios de por qué esto ni puede ni debe ser así.

La Rambla puede ser, qué duda cabe, símbolo de lo mejor de Barcelona. En ella se encuentran como en ningún otro lugar los turistas con los inmigrantes y con los barceloneses de toda la vida. Especialmente en la zona de la Boquería, en pleno centro del atentado. Símbolo de Barcelona, por lo tanto, que resulta ser mi ciudad. Y símbolo del terrorismo islámico, que resulta ser mi enemigo y que atentando en la Rambla nos ha recordado como no podría hacerlo mejor que sus enemigos somos nosotros, nuestros vecinos, nuestros turistas y nuestros pakis. Que su enemigo es nuestro modo de vida y que por esto no tienen reparo en atentar contra sus hermanos musulmanes, porque el terrorismo no es nada personal y a ellos los quieren radicales o muertos, jamás libres e integrados.

Pero la Rambla de Barcelona es algo más que un símbolo de las virtudes del cosmopolitismo del turismo y el kebab. La Rambla es la calle por la que en cualquier momento de cualquier día puede pasar alguien que conozco. Y todavía ahora no sé quién pasaba hoy por allí y quién no había. Sé que no estaban allí mis familiares más cercanos ni mis amigos más íntimos ni esa alumna que me ha preguntado si estaba bien antes de explicarme lo de su primo. Y sé que muchos de mis amigos de facebook tampoco estaban allí, pero sigo sin saber recordar a todos los que faltan por confirmar. Hoy es necesario saber qué hacen y cómo están todos aquellos a quienes habitualmente podemos olvidar por días e incluso semanas. La consciencia de esta ignorancia y de los peligros que en ella habitan crea hoy una distancia entre nosotros que vuelve extraña a nuestra ciudad y a su dolor. Y esta es una victoria que, por desgracia, ya no les podremos negar a los terroristas.

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