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Siete leyendas urbanas con las que Dublín nos atrapa

María Hernández

Cuando pensamos en Dublín, o en Irlanda en general, nos suelen venir a la cabeza paisajes muy verdes, casitas de piedra bajas y antiguas y cerveza, mucha cerveza. Todo esto es cierto, pero la capital de este país tiene además una rica y larga historia que se centra, principalmente, en su rivalidad con los ingleses. Son sus siglos de historia los que nos dejan las leyendas urbanas más curiosas que corren entre su población. Además, Dublín cuenta con rincones muy curiosos de los que salen relatos interesantes y entretenidos que, con los años, los guías han hecho suyos para conseguir la atención de los turistas.

Las puertas de colores del barrio georgiano

Uno de los lugares de esta ciudad sobre el que más leyendas se han creado es el barrio georgiano. Este barrio es conocido, principalmente, porque sus edificios cuentan con unas llamativas puertas de colores. Y es el motivo de la elección de estos colores sobre el que se cuentan numerosas historias.
La primera de ellas asegura que, cuando la reina Victoria de Inglaterra quedó viuda, mandó pintar todas las puertas de las casas de negro en señal de luto. Debido a la rivalidad con Inglaterra y como muestra de insumisión, los habitantes de este barrio decidieron utilizar colores vivos y llamativos para decorar la entrada de sus casas.

Varias leyendas corren sobre por qué se pintaron las puertas de colores (Foto: María Hernández/ The Objective).
Varias leyendas corren sobre por qué se pintaron las puertas de colores (Foto: María Hernández/ The Objective).

Otra historia, quizá menos creíble pero no menos entretenida, cuenta que un hombre, al volver a casa de fiesta, encontró a su mujer con otro hombre en la cama. Cegado por la rabia, el marido ultrajado asesinó a su mujer y al amante. Al día siguiente, cuando los efectos del alcohol habían desaparecido, descubrió que se había equivocado de casa y que la pareja a la que mató eran en realidad sus vecinos. Tras este incidente, las mujeres del barrio decidieron pintar las puertas de sus casas de colores diferentes para que sus maridos no se confundieran al volver por la noche.

“Los habitantes de este barrio decidieron utilizar colores vivos y llamativos para decorar la entrada de sus casas”

Aunque sirven para captar la atención de todo aquel que pasea por este colorido barrio, estas historias son falsas. El verdadero motivo para que los irlandeses decidieran pintar así sus puertas es que están cansados del clima gris y lluvioso del país, y qué mejor para aliviar un poco esa oscuridad que puertas amarillas, verdes, rosas, moradas, rojas o naranjas.

Las múltiples historias sobre el Trinity College

En la Universidad de Dublín, el Trinity College, es otro lugar que también ha generado varias leyendas urbanas o historias curiosas, todas ellas centradas sobre la vida y logros de sus estudiantes.
Una de ellas versa sobre su campanario, situado en el centro de uno de sus jardines. Leyenda o superstición, los estudiantes de esta universidad no se arriesgan a pasar por debajo de este campanario el día que tienen un examen, pues aseguran que esto garantiza un suspenso. Además, si pasan por debajo cuando están sonando las campanas, este suspenso se extenderá a toda la carrera. Teniendo en cuenta el elevado precio de las matrículas, es normal que no se la jueguen.

El Trinity College encierra varias leyendas de diferente tipo (Foto: William Murphy/Flickr).
El Trinity College encierra varias leyendas de diferente tipo (Foto: William Murphy/Flickr).

Otra historia curiosa sobre el Trinity College es la que gira en torno a George Salmon, rector de esta universidad desde 1888 hasta 1904, y las mujeres. Salmon, que dedicó parte de su vida a la teología, se negaba a que las mujeres estudiaran en esta universidad, llegando a decir que si lo hacían, sería por encima de su cadáver. Lo curioso es que, el día que murió Salmon fue el mismo en el que la primera mujer se matriculó en el Trinity College. Por esta razón, cada vez que una mujer se gradúa en una de sus carreras, restriega los apuntes y libros por la estatua dedicada a este antiguo rector.

“El día que murió Salmon fue el mismo en que la primera mujer se matriculó en el Trinity College”

Hay muchas más leyendas, una de las cuales cuenta que si alguien es capaz de subir al campanario, se convierte automáticamente en el rector de la universidad. La dificultad de esto reside en que el actual rector, cuyo despacho se encuentra en frente de esta torre, puede defender su puesto utilizando una ballesta. ¿Se atreverá alguien a disputarle el puesto?

Las momias más visitadas de Christ Church

Una de las dos catedrales de la ciudad, la Christ Church, también tiene un dato curioso con el que atraer a los visitantes. En esta catedral hay una cripta medieval en la que se exponen estatuas pertenecientes al desaparecido Ayuntamiento Medieval y algunas de las tallas más antiguas que se conservan en el país.

Estos animales son las momias más famosas de la cripta (Foto: Patrick Quinn-Graham/Flickr).
Estos animales son las momias más famosas de la cripta (Foto: Patrick Quinn-Graham/Flickr).

Entre todas estas interesantes piezas se encuentra una vitrina que logra captar la atención de todo aquel que entra en la cripta. En ella están los cuerpos de una rata y un gato momificados. Los animales fueron encontrados en uno de los tubos del órgano de la catedral en perfecto estado, y así se han mantenido. Por la forma en la que se encuentran sus cuerpos, se dice que el gato entró al tubo persiguiendo a la rata, que huía de él, y ambos quedaron atrapados.
Aunque nunca se sepa a ciencia cierta cómo acabaron estos dos animales en el órgano de la iglesia, lo que está claro es que son las momias más populares de Dublín.

El muro de la vergüenza

Una historia más triste es la que se cuenta en torno al muro que se encuentra frente al castillo de la ciudad. La edificación se sitúa en pleno centro de la ciudad, y entre lo que queda de ella hay un muro frente al edificio principal. Lo primero que se nos ocurre es que esta gran pared de piedra fue construida para proteger el castillo y a sus moradores de posibles ataques.

El muro de la vergüenza (a la derecha), no es apreciado entre los dublineses (Foto: William Murphy/Flickr).
El muro de la vergüenza (a la derecha), no es apreciado entre los dublineses (Foto: William Murphy/Flickr).

Sin embargo, se dice en el país que este no fue el motivo por el que mandaron levantar el muro. En una visita de la Reina Victoria, ésta se dio cuenta de que desde su ventana se podían ver los efectos que el hambre y la pobreza estaban provocando en la población irlandesa. La hambruna que durante años azotó al país hizo estragos entre la población, cuya pobreza se podía apreciar a simple vista en las calles de la capital. Debido a la incomodidad que le suponía ver cómo se vivía en los barrios pobres de la ciudad, se cuenta que, en lugar de intentar arreglar el problema, la reina mandó construir este muro para no tener que ver esta imagen tan triste y simular así que no existía. Por eso se conoce como “el muro de la vergüenza”. Quizá sea por este motivo también por el que los irlandeses no han puesto especial cariño a la hora de renovar este castillo.

Las diferencias en el Ha’Penny Bridge

En Dublín hay numerosos puentes que permiten cruzar de un lado a otro del río Liffey. Pero uno de ellos es especialmente conocido, el puente de Liffey, popularmente llamado Ha’Penny Bridge (puente del medio penique).

“La norma decía que cada par de piernas que cruzara el puente debía pagar el peaje”

El nombre de este puente, construido en 1816, se atribuye al precio que los habitantes de la ciudad tenían que pagar para poder cruzarlo. En aquella época la población pobre vivía marginada a un lado del río, pero tenía que cruzar al otro lado cada vez que debía hacer cualquier gestión administrativa. Medio penique suponía para ellos un gasto extremadamente alto, por lo que tuvieron que desarrollar la imaginación para ahorrárselo. Así, la norma decía que cada par de piernas que cruzara el puente debía pagar el peaje, por lo que era habitual ver a padres cargando a sus hijos o incluso a sus mujeres para ahorrarse el medio penique de cada uno de ellos.

El puente del medio penique fue un gran obstáculo para la población pobre de Dublín (Foto: Peter Morrison/AP).
El puente del medio penique fue un gran obstáculo para la población pobre de Dublín (Foto: Peter Morrison/AP).

Pero lo que realmente marcaba las diferencias entre ambos lados del río era el uso que los ricos de la época daban a este puente. Mientras que algunos no podían pagar este medio penique, ellos lo pagaban para, simplemente, poder ver el atardecer desde el centro del Ha’Penny Bridge.

El Banco de Irlanda, sin ventanas

También se centra en las disputas con Inglaterra la leyenda que corre sobre por qué el Banco de Irlanda no tiene ventanas.
Aunque el edificio es conocido por ser el Banco de Irlanda, su nombre oficial es “Casa del Parlamento Irlandés”. Cuando el Parlamento de Westminster y el irlandés se unieron, este edificio dejó de ser necesario. Antes de esta unión, se cree que los huecos que ahora se aprecian donde deberían estar las ventanas estaban destinados a colocar estatuas de los parlamentarios del país. Así, al dejar de ser necesario el parlamento, nunca se colocó nada en estos huecos, que aún hoy en día siguen vacíos.

¿Por qué no tiene ventanas el Banco de Irlanda? (Foto: William Murphy/Flickr).
¿Por qué no tiene ventanas el Banco de Irlanda? (Foto: William Murphy/Flickr).

Otra teoría es que no se hicieron ventanas en el edificio por una cuestión de ahorro. Durante estos años estaba en vigor el “impuesto de las ventanas”, creado en 1696, que obligaba a todos los ciudadanos a pagar por cada ventana de sus casas que diera al exterior.
Aunque la segunda teoría suena más probable, es la primera la que los irlandeses creen como verdadero motivo de la ausencia de ventanas en el Banco de Irlanda.

Temple Bar, ¿el templo de los bares?

Una zona bien conocida de la capital irlandesa es Temple Bar. Si traducimos directamente del inglés, este área se llamaría el Templo de los Bares, y este es también el significado en inglés. Esto tiene mucho sentido si tenemos en cuenta que Temple Bar es la zona de bares por excelencia, donde se concentra una gran cantidad de típicos pubs irlandeses que suelen estar repletos de turistas.
Pero no, el nombre de Temple Bar no procede de la gran cantidad de bares que alberga. Los dublineses creen que fue Sir William Temple el que dio nombre a este conocido barrio de la capital. Este rector de la universidad tuvo en esta zona su casa y sus jardines.

Temple Bar aglutina numerosos pubs, llenos de turistas (Foto: Peter Morrison/AP).
Temple Bar aglutina numerosos pubs, llenos de turistas (Foto: Peter Morrison/AP).

Más tarde, con la llegada de las oficinas de la aduana a Temple Bar, llegaron a la zona las bodegas, las tabernas y los burdeles. Con los años, cuando la aduana volvió a trasladarse, se convirtió en una zona marginal que, sin embargo, poco a poco mejoró hasta llegar a lo que es hoy en día, un barrio lleno de vida y ocio.
Su nombre, aunque todo sea una casualidad, no puede describir mejor la vida que se desarrolla en este lugar lleno de alegría y actividad pero, sobre todo, de bares.

El ridículo de Harvard

Jordi Bernal

Foto: Manu Fernandez
AP Photo/Archivo

Conocida y repetida es la sentencia de Tarradellas: “En política se puede hacer de todo menos el ridículo”. No parecen los políticos independentistas actuales muy dados al recuerdo del presidente que reinstauró la Generalitat de Cataluña democrática en la los años de la Transición. El ridículo es su modo de actuar. Ridículo Junqueras cuando, sin ruborizarse ni abrocharse la americana por imperativo físico, afirmó que podía parar la economía catalana unos días sin más y más chulo que un pisador ubérrimo de uvas. La cara de los eurodiputados debió de ser inenarrable. No entro ya en el hecho de que Junqueras afirmara en otra ocasión que el torturador Miquel Badia fue un demócrata ejemplar. Como siempre, tratándose de Junqueras, la historia es pura mitomanía falsaria. De meapilas mixtificador, vamos. De programa bien-pagá-y-Soler de TV3.

Luego está el ministro de exteriores (sic) del estalinista Psuc Romeva. El nadador sin pelo ni Cheever que le escriba. El compañero de viaje borderline. Ahí está quejándose de que cazas españoles sobrevuelen cielo catalán. Una vez más, el flipe de los representantes europeos tuvo que ser considerable: un tipo que lloriquea por que las fuerzas armadas de su país realizan ejercicios militares en su espacio aéreo.

Si no fuera suficiente, superando a Nat King Cole 4% Arturo Mas, o sería Luther King, yo ya no sé, aparece en escena haciendo el clown uno de Gerona. Y dice, previo viaje pagado por usted y moi, que los EEUU son muy libres y España una cacicada decimonónica. Les recuerda, con apuntes de bachiller, los fundamentos de la democracia norteamericana. Sí, esa que no admite segregaciones ni deslealtades tejanas ni tonterías de pastelero. Se le olvida apuntar al convergente que, en Cataluña, se utiliza el calificativo “unionista” como estigma. Y que su Frente de Liberación Popular para un referéndum se basa en un pacto con comunistas que quieren acabar con la democracia liberal.

También se le olvida, en Harvard oh yeah y pagado por usted y moi, al pastelero de Gerona recordar que la soberanía de España, al igual que la de Estados Unidos, reside en el conjunto de sus ciudadanos. Valor de ley, si atendemos a la formación cultural puramente yanqui.

No se puede ir por la vida haciendo el ridículo, pastelero. Incluso más acá de la política.

El viejo topo se hace europeísta

Juan Claudio de Ramón

Se critica el decorado: algunos lo quieren minimalista; otros, suntuoso. Casi todos coinciden en que falla la iluminación, pero cada uno pondría el foco en un lugar distinto. El encargado de la tramoya, que se ha ido complicando a lo largo de los años, está bajo constante escrutinio. El casting suscita comentarios de todo tipo, aunque hay consenso en que los intérpretes de antaño tenían más grandeza. Un desarrollo interesante es que cada vez se presta más atención a los actores secundarios, e incluso sucede que alguien a quien se creía figurante concentra de pronto todas las miradas. Sobre todo, preocupa el guion: según una influyente escuela de comentaristas, le falta dramatismo y le sobran acotaciones. No se atiene a moldes conocidos: no está claro si es comedia del arte o teatro épico; más parece que se está inventando un nuevo género. Sobre todo, la trama ha dejado de avanzar. Algunos sospechan, aunque no se atreven a decirlo, que el problema está en un público filisteo que no entiende: habría que evacuar el patio de butacas, o mejor aún, representar la obra a telón bajado. Los espectadores creen, en cambio, que es el director el que no entiende nada y están como locos por traspasar la cuarta pared.

Da igual. El caso es que todos hablan de lo mismo. La Unión Europea es ya la única obra en cartel, the only show in town, como se dice en inglés. La utopía tecnocrática de un puñado de altos funcionarios de los años cincuenta se ha colado en los bares de todo el continente. En Europa se habla, en suma, de Europa, dato que no parece condecirse con prematuras actas de fallecimiento. Por una suerte de heterogénesis de los fines, o acaso eso que Hegel llamaba argucias de la razón, todas las amenazas existenciales de la Unión Europea están contribuyendo a generar esa conciencia europea que nos hacía falta, peso previo y necesario para la conformación de un demos europeo. Sí, un nutrido grupo de espectadores ha abandonado el palco; ahí se les ve discutiendo acaloradamente entre ellos a la salida del teatro, sin saber a dónde dirigirse ni si les hará falta paraguas. Cunde la sensación de que si finalmente la obra bajase del cartel, a los pocos días los europeos empezarían a producir el remake.

En el primer acto, los europeos se mataban; en el segundo, aprendieron a cooperar; no descartemos que al acabar el tercero, que ahora empieza envuelto en brumas, seamos los europeístas los que también podamos exclamar, admirados: ¡Bien excavado, viejo topo!

China y la búsqueda de los 14 millones de niños que 'nunca' nacieron

Redaccion The Objective

Foto: China Stringer
Reuters

China tiene la capacidad estadística para darnos sorpresas. En este país inmenso de 1.370 millones de personas han aparecido de la noche a la mañana en sentido metafórico, pues ha sido entre 2012 y 2016, otros 14 millones hasta ahora desconocidos. La cantidad es asombrosa por elevada; equivale a los habitantes de ciudades como Estambul o Londres, lo cual sería difícil de explicar que sucediera en otro país que no fuera China.

China y la búsqueda de los 14 millones de ciudadanos que 'nunca' nacieron
Un niño, en la sala de espera de un aeropuerto. | Foto: Ng Han Guan/AP Photo

El fenómeno, sin embargo, tiene una explicación. Cuando en 1979 el Partido Comunista implantó la ley del hijo único, que consistía en limitar el número de nacimientos a un hijo o hija por familia, implantó al mismo tiempo un sistema injusto y tramposo para poner freno a una cantidad de nacimientos que se escapaba del control del Estado. Durante todos estos años y hasta diciembre de 2015, las familias han tenido que pagar tasas abusivas y a todas luces discriminatorias para registrar a los hijos nacidos fuera de lo permitido. Por ejemplo, en 2012, la tasa se encontraba sobre los 40.000 dólares, una cifra difícilmente asumible para una familia media. Las estadísticas oficiales presumen que esta medida ha evitado 400 millones de nacimientos adicionales, pero reducir esta posibilidad a las familias con capacidad económica ha creado problemas que ahora comienzan a atenderse.

“La cantidad de chinos sin censar equivale a los habitantes de ciudades superpobladas como Estambul o Londres”

El resultado, casi cuarenta años después, es una masa que se agolpa para registrarse en el hukou, que es un sistema similar a nuestro censo, sin el cual un ciudadano no tiene derecho a recibir atención sanitaria, ser escolarizado o cobrar una pensión. Un ciudadano que no existe para el hukou, no existe para la Administración. Los 14 millones de ciudadanos nuevos han vivido todos estos años en la sombra, como si un documento los hubiera puesto por primera vez en el mapa, y el gobierno prevé localizarlos a todos en un plazo inferior a tres años.

China y la búsqueda de los 14 millones de ciudadanos que 'nunca' nacieron 1
Un grupo de niños en un orfanato chino en 2007 | Foto: Elizabeth Dalziel/AP Photo

No hay vida posible sin hukou. Este documento no solo recoge el nombre y la fecha de nacimiento, sino también el número de familiares o el estado civil. Así que China ha decidido facilitar el acceso al documento reconociendo, después de todo este tiempo, que se trata de un derecho fundamental de sus ciudadanos. Y, entre estos, destacan los olvidados por la Historia reciente, como los que nacieron fuera de la ley del hijo único o aquellos que, por no tener padres, no han podido certificar su fecha de nacimiento.

El Pastafarianismo, la religión que adora a un espagueti volador con albóndigas

María Hernández

Foto: aaditya sood
Flickr

Oh Tallarines que están en los cielos gourmet. Santificada sea tu harina. Vengan a nosotros tus nutrientes. Hágase su voluntad en la Tierra como en los platos. Danos hoy nuestras albóndigas de cada día y perdona nuestras gulas así como nosotros perdonamos a los que no te comen. No nos dejes caer en la tentación (de no alimentarnos de ti) y líbranos del hambre… Ramén.

Así es la oración que los pastafaris dedican a su dios, el Monstruo del Espagueti Volador (Monesvol). Ya, suena a broma, pero no lo es. La Iglesia Pastafari, también conocida como la Iglesia del Monstruo del Espagueti Volador, existe y se está intentado constituir como una religión legal en España.

¿Quiénes son los pastafaris?

Adoran a un dios formado por espaguetis y albóndigas, creen que los piratas fueron los primeros pastafaris y que el cielo tiene un volcán de cerveza y una fábrica de strippers. Su infierno es parecido, pero con cerveza pasada y strippers con enfermedades de transmisión sexual.  Los miembros de esta religión también tienen un elemento, como la cruz en el Cristianismo o el velo de las mujeres en el Islam, que los identifica y los diferencia del resto: un colador. Sí, un colador en la cabeza, suponemos que limpio, es el símbolo de quienes siguen al Monesvol.

Definen a su dios como “un ente supranatural benevolente que creó el mundo hace unos 5.000 años, cuando iba un poco borracho, aunque el mundo se ha construido para que los humanos crean que es mucho más antiguo de lo que es”.

El Pastafarianismo, la religión que adora a un espagueti con albóndigas 3
El Monesvol creó el mundo cuando iba algo borracho. | Foto: Doug nakatomi/flickr

“Creemos que la religión – digamos el Cristianismo, el Islam, el Pastafarianismo – no necesita una creencia literal para proveer una iluminación espiritual”, explican en su página web. Son conscientes de que no todo aquel que se declara pastafari cree ciegamente en su monstruo, su cielo de cerveza y en sus orígenes piratas, por lo que aceptan que haya muchos niveles de creencia y que ninguno sea más legítimo que otro. “No tienes que creer para ser parte de nuestra Iglesia, aunque esperamos que con el tiempo veas la verdad. Pero los escépticos, así como miembros de otras religiones, son siempre bienvenidos”, añaden.

Los orígenes del Pastafarianismo

¿A quién se le ocurrió esta extraña y cómica religión? Fue Bobby Henderson, que en 2005 era un joven estudiante de 24 años, quien creó el Pastafarianismo. Envió una carta al Consejo de Educación de Kansas, Estados Unidos, al darse cuenta de que planeaban enseñar en las escuelas la teoría alternativa del Diseño Inteligente, una postura seudocientífica que defiende que ciertas características del universo y de los seres vivos se explican mejor a través de una causa inteligente. Henderson utilizó la carta para satirizar el Creacionismo y pedir que se incluyera también en las escuelas la enseñanza sobre el Pastafarianismo, alegando que sus creencias eran tan válidas como las del Diseño Inteligente.

“No tengo ningún problema con la religión. Con lo que tengo un problema es con la religión planteada como ciencia”

“Tenemos evidencias de que un Monstruo Espagueti volador creó el universo. Ninguno de nosotros, por supuesto, estaba allí para verlo, pero tenemos informes escritos de ello. Tenemos varios grandes volúmenes explicando todos los detalles de Su poder. Además, os sorprenderá oír que somos más de 10 millones, y creciendo. Tendemos a ser muy reservados, ya que mucha gente dice que nuestras creencias no están corroboradas por evidencias observables”, decía la carta de Henderson. Al final, el estudiante incluyó un dibujo bastante simple y sarcástico del Monesvol creando el universo.

Con esta sátira, que ya se ha convertido en una religión oficial en varios países, Henderson pretendía denunciar que las religiones se enseñasen como ciencias. “No tengo ningún problema con la religión. Con lo que tengo un problema es con la religión planteada como ciencia. Si hay un dios y es inteligente, entonces supongo que tiene sentido del humor”.

¿Está reconocido el Pastafarianismo?

La carta de Henderson se hizo viral en internet, y poco después los grandes medios de comunicación se hicieron eco de su original propuesta. Poco a poco, sus apoyos fueron creciendo y este movimiento se convirtió en una religión con millones de seguidores en todo el mundo. Tanto se popularizó, que su creador decidió crear el Evangelio Pastafari, que ahora marca las guías de esta singular religión.

Adoran a un dios formado por espaguetis y albóndigas, creen que los piratas fueron los primeros pastafaris y que el cielo tiene un volcán de cerveza y una fábrica de strippers.

Sin embargo, no todos los países están de acuerdo en el que el Pastafarianismo sea una religión igual de válida que las que están reconocidas oficial o socialmente. Este debate se considera en algunos lugares de gran importancia para la libertad religiosa, y los pastafaris luchan para que se les reconozca el derecho a legalizar su particular iglesia en diferentes países del mundo.

Ya lo han conseguido en algunos países. En Holanda, por ejemplo, son reconocidos oficialmente como religión desde 2016, y en Nueva Zelanda está permitido casarse bajo los ritos pastafaris. En Austria incluso hay pastafaris que han conseguido mostrar su devoción por el Monesvol en su documento de identidad, apareciendo en la foto que los representará en cualquier documento oficial con su colador en la cabeza.

El Pastafarianismo, la religión que adora a un espagueti con albóndigas 1
Un austriaco logró aparecer en su carnet de conducir con un colador en la cabeza. | Foto: Heinz-Peter Bader/Reuters

En España, sin embargo, la Iglesia Pastafari no ha tenido tanto éxito. Ha intentado constituirse como una religión legal, pero ya se lo han denegado cuatro veces. Ellos no desisten y siguen intentando que los incluyan en el Registro de Entidades Religiosas. Tras la última negativa que recibieron, el pasado mes de enero, los pastafaris han decidido recurrir la decisión del Ministerio de Justicia a la Sala de lo Contencioso- Administrativo de la Audiencia Nacional.

Cómo ser pastafari

Los pastafaris aceptan a cualquiera, incluso a personas de otras religiones. No emiten juicios sobre temas controvertidos como el matrimonio homosexual, por lo que afirman que nadie debe sentirse discriminado y que todos son bienvenidos.

Unirse a la Iglesia del Pastafarianismo es muy sencillo, simplemente hay que tener la voluntad de hacerlo. Y, para el que quiera dar un paso más, en su página web ofrecen la posibilidad de comprar, por 25 dólares, un certificado de pastafari y, por 15 dólares más, una tarjeta similar a un documento de identidad.

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Los pastafaris pueden conseguir su tarjeta de miembro en la página web. | Foto: venganza.org

En definitiva, los pastafaris dan la bienvenida a cualquiera que quiera pasar la eternidad en un cielo de cerveza y strippers.

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