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Siete leyendas urbanas con las que Dublín nos atrapa

María Hernández

Cuando pensamos en Dublín, o en Irlanda en general, nos suelen venir a la cabeza paisajes muy verdes, casitas de piedra bajas y antiguas y cerveza, mucha cerveza. Todo esto es cierto, pero la capital de este país tiene además una rica y larga historia que se centra, principalmente, en su rivalidad con los ingleses. Son sus siglos de historia los que nos dejan las leyendas urbanas más curiosas que corren entre su población. Además, Dublín cuenta con rincones muy curiosos de los que salen relatos interesantes y entretenidos que, con los años, los guías han hecho suyos para conseguir la atención de los turistas.

Las puertas de colores del barrio georgiano

Uno de los lugares de esta ciudad sobre el que más leyendas se han creado es el barrio georgiano. Este barrio es conocido, principalmente, porque sus edificios cuentan con unas llamativas puertas de colores. Y es el motivo de la elección de estos colores sobre el que se cuentan numerosas historias.
La primera de ellas asegura que, cuando la reina Victoria de Inglaterra quedó viuda, mandó pintar todas las puertas de las casas de negro en señal de luto. Debido a la rivalidad con Inglaterra y como muestra de insumisión, los habitantes de este barrio decidieron utilizar colores vivos y llamativos para decorar la entrada de sus casas.

Varias leyendas corren sobre por qué se pintaron las puertas de colores (Foto: María Hernández/ The Objective).
Varias leyendas corren sobre por qué se pintaron las puertas de colores (Foto: María Hernández/ The Objective).

Otra historia, quizá menos creíble pero no menos entretenida, cuenta que un hombre, al volver a casa de fiesta, encontró a su mujer con otro hombre en la cama. Cegado por la rabia, el marido ultrajado asesinó a su mujer y al amante. Al día siguiente, cuando los efectos del alcohol habían desaparecido, descubrió que se había equivocado de casa y que la pareja a la que mató eran en realidad sus vecinos. Tras este incidente, las mujeres del barrio decidieron pintar las puertas de sus casas de colores diferentes para que sus maridos no se confundieran al volver por la noche.

“Los habitantes de este barrio decidieron utilizar colores vivos y llamativos para decorar la entrada de sus casas”

Aunque sirven para captar la atención de todo aquel que pasea por este colorido barrio, estas historias son falsas. El verdadero motivo para que los irlandeses decidieran pintar así sus puertas es que están cansados del clima gris y lluvioso del país, y qué mejor para aliviar un poco esa oscuridad que puertas amarillas, verdes, rosas, moradas, rojas o naranjas.

Las múltiples historias sobre el Trinity College

En la Universidad de Dublín, el Trinity College, es otro lugar que también ha generado varias leyendas urbanas o historias curiosas, todas ellas centradas sobre la vida y logros de sus estudiantes.
Una de ellas versa sobre su campanario, situado en el centro de uno de sus jardines. Leyenda o superstición, los estudiantes de esta universidad no se arriesgan a pasar por debajo de este campanario el día que tienen un examen, pues aseguran que esto garantiza un suspenso. Además, si pasan por debajo cuando están sonando las campanas, este suspenso se extenderá a toda la carrera. Teniendo en cuenta el elevado precio de las matrículas, es normal que no se la jueguen.

El Trinity College encierra varias leyendas de diferente tipo (Foto: William Murphy/Flickr).
El Trinity College encierra varias leyendas de diferente tipo (Foto: William Murphy/Flickr).

Otra historia curiosa sobre el Trinity College es la que gira en torno a George Salmon, rector de esta universidad desde 1888 hasta 1904, y las mujeres. Salmon, que dedicó parte de su vida a la teología, se negaba a que las mujeres estudiaran en esta universidad, llegando a decir que si lo hacían, sería por encima de su cadáver. Lo curioso es que, el día que murió Salmon fue el mismo en el que la primera mujer se matriculó en el Trinity College. Por esta razón, cada vez que una mujer se gradúa en una de sus carreras, restriega los apuntes y libros por la estatua dedicada a este antiguo rector.

“El día que murió Salmon fue el mismo en que la primera mujer se matriculó en el Trinity College”

Hay muchas más leyendas, una de las cuales cuenta que si alguien es capaz de subir al campanario, se convierte automáticamente en el rector de la universidad. La dificultad de esto reside en que el actual rector, cuyo despacho se encuentra en frente de esta torre, puede defender su puesto utilizando una ballesta. ¿Se atreverá alguien a disputarle el puesto?

Las momias más visitadas de Christ Church

Una de las dos catedrales de la ciudad, la Christ Church, también tiene un dato curioso con el que atraer a los visitantes. En esta catedral hay una cripta medieval en la que se exponen estatuas pertenecientes al desaparecido Ayuntamiento Medieval y algunas de las tallas más antiguas que se conservan en el país.

Estos animales son las momias más famosas de la cripta (Foto: Patrick Quinn-Graham/Flickr).
Estos animales son las momias más famosas de la cripta (Foto: Patrick Quinn-Graham/Flickr).

Entre todas estas interesantes piezas se encuentra una vitrina que logra captar la atención de todo aquel que entra en la cripta. En ella están los cuerpos de una rata y un gato momificados. Los animales fueron encontrados en uno de los tubos del órgano de la catedral en perfecto estado, y así se han mantenido. Por la forma en la que se encuentran sus cuerpos, se dice que el gato entró al tubo persiguiendo a la rata, que huía de él, y ambos quedaron atrapados.
Aunque nunca se sepa a ciencia cierta cómo acabaron estos dos animales en el órgano de la iglesia, lo que está claro es que son las momias más populares de Dublín.

El muro de la vergüenza

Una historia más triste es la que se cuenta en torno al muro que se encuentra frente al castillo de la ciudad. La edificación se sitúa en pleno centro de la ciudad, y entre lo que queda de ella hay un muro frente al edificio principal. Lo primero que se nos ocurre es que esta gran pared de piedra fue construida para proteger el castillo y a sus moradores de posibles ataques.

El muro de la vergüenza (a la derecha), no es apreciado entre los dublineses (Foto: William Murphy/Flickr).
El muro de la vergüenza (a la derecha), no es apreciado entre los dublineses (Foto: William Murphy/Flickr).

Sin embargo, se dice en el país que este no fue el motivo por el que mandaron levantar el muro. En una visita de la Reina Victoria, ésta se dio cuenta de que desde su ventana se podían ver los efectos que el hambre y la pobreza estaban provocando en la población irlandesa. La hambruna que durante años azotó al país hizo estragos entre la población, cuya pobreza se podía apreciar a simple vista en las calles de la capital. Debido a la incomodidad que le suponía ver cómo se vivía en los barrios pobres de la ciudad, se cuenta que, en lugar de intentar arreglar el problema, la reina mandó construir este muro para no tener que ver esta imagen tan triste y simular así que no existía. Por eso se conoce como “el muro de la vergüenza”. Quizá sea por este motivo también por el que los irlandeses no han puesto especial cariño a la hora de renovar este castillo.

Las diferencias en el Ha’Penny Bridge

En Dublín hay numerosos puentes que permiten cruzar de un lado a otro del río Liffey. Pero uno de ellos es especialmente conocido, el puente de Liffey, popularmente llamado Ha’Penny Bridge (puente del medio penique).

“La norma decía que cada par de piernas que cruzara el puente debía pagar el peaje”

El nombre de este puente, construido en 1816, se atribuye al precio que los habitantes de la ciudad tenían que pagar para poder cruzarlo. En aquella época la población pobre vivía marginada a un lado del río, pero tenía que cruzar al otro lado cada vez que debía hacer cualquier gestión administrativa. Medio penique suponía para ellos un gasto extremadamente alto, por lo que tuvieron que desarrollar la imaginación para ahorrárselo. Así, la norma decía que cada par de piernas que cruzara el puente debía pagar el peaje, por lo que era habitual ver a padres cargando a sus hijos o incluso a sus mujeres para ahorrarse el medio penique de cada uno de ellos.

El puente del medio penique fue un gran obstáculo para la población pobre de Dublín (Foto: Peter Morrison/AP).
El puente del medio penique fue un gran obstáculo para la población pobre de Dublín (Foto: Peter Morrison/AP).

Pero lo que realmente marcaba las diferencias entre ambos lados del río era el uso que los ricos de la época daban a este puente. Mientras que algunos no podían pagar este medio penique, ellos lo pagaban para, simplemente, poder ver el atardecer desde el centro del Ha’Penny Bridge.

El Banco de Irlanda, sin ventanas

También se centra en las disputas con Inglaterra la leyenda que corre sobre por qué el Banco de Irlanda no tiene ventanas.
Aunque el edificio es conocido por ser el Banco de Irlanda, su nombre oficial es “Casa del Parlamento Irlandés”. Cuando el Parlamento de Westminster y el irlandés se unieron, este edificio dejó de ser necesario. Antes de esta unión, se cree que los huecos que ahora se aprecian donde deberían estar las ventanas estaban destinados a colocar estatuas de los parlamentarios del país. Así, al dejar de ser necesario el parlamento, nunca se colocó nada en estos huecos, que aún hoy en día siguen vacíos.

¿Por qué no tiene ventanas el Banco de Irlanda? (Foto: William Murphy/Flickr).
¿Por qué no tiene ventanas el Banco de Irlanda? (Foto: William Murphy/Flickr).

Otra teoría es que no se hicieron ventanas en el edificio por una cuestión de ahorro. Durante estos años estaba en vigor el “impuesto de las ventanas”, creado en 1696, que obligaba a todos los ciudadanos a pagar por cada ventana de sus casas que diera al exterior.
Aunque la segunda teoría suena más probable, es la primera la que los irlandeses creen como verdadero motivo de la ausencia de ventanas en el Banco de Irlanda.

Temple Bar, ¿el templo de los bares?

Una zona bien conocida de la capital irlandesa es Temple Bar. Si traducimos directamente del inglés, este área se llamaría el Templo de los Bares, y este es también el significado en inglés. Esto tiene mucho sentido si tenemos en cuenta que Temple Bar es la zona de bares por excelencia, donde se concentra una gran cantidad de típicos pubs irlandeses que suelen estar repletos de turistas.
Pero no, el nombre de Temple Bar no procede de la gran cantidad de bares que alberga. Los dublineses creen que fue Sir William Temple el que dio nombre a este conocido barrio de la capital. Este rector de la universidad tuvo en esta zona su casa y sus jardines.

Temple Bar aglutina numerosos pubs, llenos de turistas (Foto: Peter Morrison/AP).
Temple Bar aglutina numerosos pubs, llenos de turistas (Foto: Peter Morrison/AP).

Más tarde, con la llegada de las oficinas de la aduana a Temple Bar, llegaron a la zona las bodegas, las tabernas y los burdeles. Con los años, cuando la aduana volvió a trasladarse, se convirtió en una zona marginal que, sin embargo, poco a poco mejoró hasta llegar a lo que es hoy en día, un barrio lleno de vida y ocio.
Su nombre, aunque todo sea una casualidad, no puede describir mejor la vida que se desarrolla en este lugar lleno de alegría y actividad pero, sobre todo, de bares.

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Ni Sofia Coppola, ni Tinder: la seducción era otra cosa

Lorena G. Maldonado

La frigidez no es un pecado, pero sí una lástima. Ayer salí de ver La seducción, de Sofia Coppola, cargando con una anorgasmia militante -en mi barrio se dice revenía’- y corrí al Burger King a meterme entre pecho y espalda una vulgar pero sincera tendercrisp que me devolviese a la tierra, que me conectase de nuevo con la carne, la saliva y la culpa, con la lascivia del queso americano y la grosera humanidad de dos labios abriéndose. La parte de la vida que me interesa suele alojarse al otro lado de la boca que se desprende, que se ensancha como una flor carnívora llena de fascinaciones, admiración, estupor o apetitos. La película fue como el antónimo: más o menos un rictus.

Claro que no todo el mundo va a ser folclórico emocional, pero una cosa es la sobriedad -esa que nos angustió en la exquisita Shame– y otra la abulia: ahí Coppola en su filme protagonizado por un corrillo de hembras psicópatas y un macho castrado -qué iracundo, el cabo, cuando tiró la tortuga-. Casi extrañé la testosterona trumpista de Eastwood, que fue El Seductor en la de Don Siegel (¡1971!). Qué sangre tan acuosa aquí, qué raza tan pocha, qué poco cachondos estamos en este banquete de la revolución sexual.

La seducción: madre mía. A los que quiero les deseo que nunca les tonteen así. Una hora y media asistiendo a un cortejo de amebas. En los lavacabezas de la peluquería he vivido más tensión sexual. Al terminar, sentí por fin una trémula excitación mientras hundía mi patata gajo en la salsa, y recordé que no sé nada de cine -algunos amigos han montado un cinefórum y se esfuerzan, con mucha paciencia, en corregirme esta anemia cultural-, pero oye, me dije a mí misma, en el relato del deseo te defiendes, como todos los veleidosos. En el relato, por lo menos, que los engranajes ya son otra cosa -y sólo marchan si no se comete la torpeza de desmontarlos para entenderlos-.

¿Por qué me entusiasman Roberto Álamo, Bardem, Luis Tosar, Paul Dano o Alan Rickman y me quedo gélida con el mismísimo Brad Pitt? Miren: no lo sé. La vida tiene estas cosas. También el bueno de Colin Farrell me dejó en La seducción mortalmente aburrida, con las papilas gustativas de vacaciones, con una tristeza muy rara, parecida a la que uno siente cuando ve a una pareja besarse mal.

Sí. En el deseo llevamos años auscultándonos; pero en la seducción todos somos un poco bisoños, porque cada cuadrilátero es una historia. Entre los breves apuntes: uno, lo importante no es follar, lo importante es el contexto -o, si quieren, como decía Pessoa, lo fundamental del amor es lo que lo rodea-. En la película el contexto es delicioso, pero Coppola se pone muy esteta e ignora nuestro mejor secreto como civilización: debajo de tantas capas de diplomacia, seguimos debiéndonos a la suciedad.

Dos, el capricho físico no tiene nada que ver con la belleza del otro, sino con algo menos canónico y más oscuro: algo que está, quizá, en el sonido de una risa, en el olor, en el tacto, en el ping-pong dialéctico, en el látigo imperceptible de la pestaña. No sé ustedes, pero yo me he quedado noqueada alguna vez con una carcajada perfectamente ejecutada, libre, limpísima, y se me han contraído las piernas. Colgarse de una risa -de sus ojos guiñados y su barbilla oscilante, redimida- es muy parecido al amor: inexplicable, sombrío. Ya quisiera esa autoridad ese Colin Farrell de rasgos preceptivos que arrastra la perversión de un chupete.

Tres. Hay un aviso, siempre. El deseo tiene ese decoro: el del golpe primero, el de “huye o juega, pero no balbucees”. Y después todo eso tan hermoso que ha muerto a manos de Tinder: el ser conscientes de que cuando se enseñan las cartas, se acaba la partida. Todos empezamos de cero en cada conquista, todos hemos entendido que nadie, por suerte, es infalible, todos nos hemos puesto alhajas -como las cursis de la peli- y hemos comprobado, no sin cierto patetismo, que no sirven para nada, todos hemos experimentado celos verdosos y todos nos hemos vengado de forma más o menos poética -esto ya según la elegancia-. Pero ninguna de estas similitudes entre la sentimentalidad humana y La seducción me conectó en ningún momento con la historia: por poco reveladoras, por superficiales.

Me niego a creer -repito, desde mi corta educación cinematográfica, pero con mi derecho al desencanto a nivel usuario- que la de Coppola trascienda a reflejar ni un milímetro del alma de la mujer: no albergamos en el pecho esa casa de locas. No sacia mis ansias feministas que Colin Farrell sea un animal pánfilo, sin maldades: el sexo y la violencia requieren de un contrario a la altura. No, menoscabar la virilidad de un hombre no te subrayará como mujer. La poderosa Nicole Kidman no asume que el despecho no sólo es antierótico, sino que practicarlo jamás hizo a una ganadora.

Es irónico: tal vez en los setenta, cuando se estrenó El seductor, el espectador aún pudiese encontrar en el cine el morbo que no rascaba en su vida. Hoy, en medio del neoliberalismo rústico y su espesa oferta sexual, nos estamos volviendo unos reprimidos culturales. O peor: hemos dejado de reinventar las posibilidades del cuerpo. En seducción hemos desaprendido, es obvio -miren ahí a la gente en sus aplicaciones, llamando “tomar un café” al “echar un polvo”- y el sexo lo hemos cursado tanto que nos hastía. Quizá algún día, de nuevo, una risa. Quizá algún día, otra vez, la tensión dialéctica y las cartas boca abajo, en partida tirante y lenta. Mientras, contra la oquedad existencial, nos quedan las hamburguesas.

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Estas son las mejores imágenes del eclipse solar de 2017

Redacción TO

Foto: GEORGE FREY
AFP

Estados Unidos ha sido el mayor afortunado a la hora de contemplar la belleza del eclipse solar que ha tenido lugar este lunes. La Luna se ha interpuesto entre la Tierra y el Sol, ofreciendo en algunos lugares del mundo un espectáculo visual del que los estadounidenses han sido los espectadores más privilegiados, ya que este país ha sido el único donde se ha podido ver el eclipse solar total.

La última vez que Estados Unidos presenció un eclipse de estas características fue en 1979, y el próximo que podrá ver será en el año 2024. Por eso este año, el país se ha convertido en el lugar de peregrinación de todos aquellos aficionados a la astronomía y a muchos curiosos que quieren presenciar este extraño fenómeno, que ha comenzado en Oregón y ha acabado en Carolina del Sur.

Estas son las mejores imágenes del eclipse solar de 2017 1
El eclipse solar visto desde la Bahía Depoe, en Oregón. | Foto: Mike Blake/ Reuters

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El efecto del anillo de diamante se observa en Madras, Oregón. | Foto: NASA/ Reuters
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El Sol forma una Luna creciente durante el eclipse solar en Charleston, Carolina del Sur. | Foto: Mandel Ngan/ AFP

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La Luna comienza a pasar frente al Sol en el Lago Ross, en Washington. | Foto: NASA/Reuters
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Las nubes oscurecen el eclipse solar en Mount Pleasant, Carolina del Sur. | Foto: Randall Hill/Reuters
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El eclipse solar visto desde el instituto de Madras, en Oregon. | Foto: Jason Redmond/Reuters

Sin embargo, también se ha podido observar este fenómeno astronómico desde otros lugares, como México, desde donde también han llegado imágenes que muestran la belleza de este esperado fenómeno astronómico. En España, el mejor lugar para ver el eclipse solar, aunque solo de una manera parcial, han las Islas Canarias. También se ha podido observar de manera parcial en lugares como Galicia o Cáceres, pero no ha tenido esta posibilidad la parte occidental del país.

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El eclipse solar parcial visto desde Ciudad de México. | Foto: Alfredo Estrella/AFP
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Vista del eclipse solar parcial visto desde el Museo de Historia Natural de Ciudad de México. | Foto: Pedro Pardo/ AFP

Así lo han visto los estadounidenses

Este eclipse solar ha sido un fenómeno muy esperado en varios lugares del mundo, pero especialmente en Estados Unidos. A lo largo del día, numerosas personas se han concentrado en distintos puntos del país para encontrar el mejor punto para poder ver sin ningún obstáculo el paso de la Luna frente al Sol. Nadie ha querido perderse este inusual fenómeno, e incluso el propio Donald Trump ha sido fotografiado disfrutando del eclipse desde la Casa Blanca.

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Donald Trump y Melania Trump ven el eclipse solar en la Casa Blanca. | Foto: Kevin Lamarque/ Reuters
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Un grupo de gente observa el eclipse solar desde el estadio Saluki en Illinois. | Foto: Scott Olson/ AFP
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Un grupo de gente observa cómo se aproxima el eclipse solar en Tennesee. | Foto: Jonathan Ernst/ Reuters

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Las señales para descubrir si eres más inteligente que la media

Redacción TO

Foto: Reuters

Todos creemos ser más inteligentes que la media, todos creemos llevar la razón todo el tiempo. Pero la verdad sea dicha: no siempre es así. Siempre hay quien se siente por encima, y en la mayor parte de las ocasiones de forma injustificada. La ciencia ha buscado modos de descubrir aquellos gestos que demuestran inteligencia, más allá de las opiniones que podamos ofrecer –a veces sin que nos pregunten- en una conversación cualquiera. El diario británico The Independent ha recopilado seis que, de acuerdo con varios estudios, pueden demostrar que –esta vez sí– podemos considerarnos más inteligentes que la mayoría de nuestros congéneres.

1. Eres sarcástico

Un estudio dirigido por la profesora Francesca Gino apunta que el sarcasmo es un mecanismo de creatividad indiscutible que requiere de una energía cerebral particular. “Para crear o descifrar el sarcasmo, tanto quien se expresa como el receptor necesitan superar esa barrera de la contradicción (es decir, la distancia psicológica) entre el significado literal y el real”, explica. “Se trata de un proceso que se activa con las abstracción, y que como tal promueve el pensamiento creativo”.

2. Eres políglota

Hablar más de un idioma ayuda a disminuir el riesgo de desarrollar enfermedades como el Alzheimer o la demencia. También favorece a la agilidad mental y, como demuestra este estudio, el desarrollo de nuestro cerebro.

3. Eres el hijo mayor

Una investigación apunta que los hijos pequeños tienden a tener un coeficiente intelectual inferior que los mayores. Con todo, no tendría que ver tanto con el aspecto genético como con el ambiente familiar.

Las señales para descubrir si eres más inteligente que la media
Ned Flanders, el zurdo más popular. | Fuente: The Simpsons/Fox

4. Eres zurdo

Los zurdos no solo representan un 10% de la población, sino que proporcionalmente son más inteligentes que los diestros. A los zurdos se les ha reconocido una serie de atributos cognitivos superiores a los diestros, aunque no en todos en todos los casos.

5. Eres gracioso

Que un hombre o una mujer sea gracioso es una ventaja competitiva desde un punto de vista social: eso nos convierte en más atractivos. Varios estudios demuestran que el sentido del humor está relacionado con una mejor capacidad para hacer razonamientos abstractos. Además, una broma comprende un mecanismo por naturaleza complejo, y nuestra capacidad para descifrarlo define nuestra inteligencia.

6. Dudas de ti mismo

Como dijo Sócrates, “solo sé que no sé nada”. Las personas capaces de asumir sus errores y corregirlos demuestran una mayor inteligencia. Este es un punto claro: si crees que siempre tienes razón y eres incapaz de rectificar, tienes altas probabilidades de ser menos inteligente que la media.

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Recrean los últimos pasos de Diana Quer tras un año sin rastro de la joven

Redacción TO

Foto: RRSS

El pasado 22 de agosto de 2016 la joven madrileña Diana Quer desaparecía cuando regresaba de madrugada a su casa de verano en A Pobra do Caramiñal (A Coruña). Eran las fiesta de la localidad. Miles de personas visitaban este municipio situado en la comarca de El Barbanza.

A las 2.40 de la madrugada escribió un mensaje de whatsapp a un amigo: “Me estoy acojonando, un gitano me está llamando”. A las 2.42 añadió que la había acosado: “morena, ven aquí”. En ese momento su amigo le preguntó qué le ha contestado. Diana ya no respondió. Entre las 2.42 y las 2.46 de la madrugada, la señal de su teléfono demuestra que Diana estuvo en la misma zona. Lo que ocurrió en ese breve espacio de tiempo es una incógnita aún sin resolver.

Un año después, la Guardia Civil ha elaborado una hipótesis que es la que considera más probable. Un coche ocupado por “al menos” dos hombres abordó a la joven madrileña poco después de que enviara esos mensajes. A las 2.53 el teléfono móvil de Diana estaba ya en Boiro, a 16 kilómetros de A Pobra; a las 2.58 en Taragoña, donde sus secuestradores lo lanzaron a la ría. El móvil dejó de emitir señal bajo el agua a las 4.10 de aquella madrugada. Un mariscador localizó el dispositivo bajo un puente dos meses después. De Diana ni rastro. Incluso ahora hay expertos que cuestionan que el móvil y la joven viajasen en el mismo coche.

Desde entonces todas las cámaras fueron rastreadas sin que por el momento exista una sola imagen que ayude a aportar datos sobre esta marcha. Al margen de la pista del móvil, los agentes han centrado su investigación en la declaración de dos testigos que dijeron haber visto a un hombre “con mala pinta” esperando a Diana en el muelle de Taragoña.

Esta madrugada un nutrido grupo de efectivos de la Guardia Civil se han vuelto a desplazar al municipio coruñés para realizar una nueva inspección del escenario aprovechando la repetición del ambiente en el que el pasado 22 de agosto se perdió el rastro de la joven.

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