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Stephen Colbert inicia una campaña de fotos vergonzosas de la adolescencia para ayudar a las víctimas de María

Redacción TO

Foto: MARIO ANZUONI
Reuters

El presentador del famoso programa estadounidense The Late Show, Stephen Colbert, ha anunciado que donará 1.000 dólares a las víctimas del huracán María en Puerto Rico por cada celebridad que publique su foto “más vergonzosa de la pubertad”.

Los hashtags #PuberMe y #PuertoRicoRelief son los que han utilizado los famosos para unirse a esta campaña de redes sociales.

La iniciativa surgió tras la apuesta que le propuso el actor y comediante Nick Kroll a Colbert durante una entrevista. Fue Kroll quien llevó la cifra a 1.000 dólares por cada publicación.

“Advierto de que yo determinaré quién es y quién no es una celebridad”, ha destacado, por su parte, el presentador durante su programa al anunciar la iniciativa.

#tbt #PuberMe #PuertoRicoRelief

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La deslumbrante noche de los Emmy, en imágenes

Redacción TO

Foto: MARIO ANZUONI
Reuters

Las galas de los Emmys son esperadísimas: tienen cada vez menos que envidiar a las de los Oscar y la alfombra roja se llena de estrellas. La fiebre por las series se ha consolidado y el gran cine se hace hoy en la pantalla pequeña. Por ello, los Premios de la Academia de Televisión tienen un impacto mediático único. Este año, la gran triunfadora de la noche ha sido la serie The Handmaid’s Tale  (‘El cuento de la criada’, en castellano), seguida muy de cerca por Big Little Lies y la comedia tradicional de Saturday Night Live, que ha renacido con las imitaciones geniales de Donald Trump hechas por Alec Baldwin.

Aquí están las mejores fotografías de la noche, y cada una de las imágenes de los vencedores de la 69ª edición de los Emmy.

La deslumbrante noche de los Emmy, en imágenes
Ann Dowd (mejor actriz de reparto en una serie dramática), Elisabeth Moss (mejor actriz de serie dramática) and Alexis Bledel (mejor actriz invitada de serie dramática), todas ellas por sus papeles en ‘The Handmaid’s Tale’. | Foto: Lucy Nicholson/Reuters

La deslumbrante noche de los Emmy, en imágenes 1
Nicole Kidman, mejor actriz de reparto de miniserie. | Foto: Chris Pizzello/AP
Nicole Kidman y Reese Witherspoon, con el premio a mejor miniserie por ‘Big Little Lies’. | Foto: Chris Pizzello/AP

La deslumbrante noche de los Emmy, en imágenes 2
Alexander Skarsgard, premio al mejor actor de reparto en miniserie por ‘Big Little Lies’. | Foto: Danny Moloshok/AP

Alec Baldwin, mejor actor de reparto de comedia por sus imitaciones de Donald Trump en ‘SNL’. | Foto: Mario Anzuoni/Reuters

La deslumbrante noche de los Emmy, en imágenes 9
Stephen Colbert, presentador de la gala. | Foto: Mario Anzuoni/Reuters

Kate McKinnon, mejor actriz de reparto de comedia por ‘SNL’. | Foto: Lucy Nicholson/Reuters
Laura Dern, mejor actriz de reparto de miniserie por ‘Big Little Lies’. | Foto: Chris Pizzello/AP
La deslumbrante noche de los Emmy, en imágenes 3
John Oliver recogió los premios al mejor programa de variedades y al mejor guion televisivo por ‘Last Week Tonight with John Oliver’. | Foto: Danny Moloshok/AP
La deslumbrante noche de los Emmy, en imágenes 4
Donald Glover, premiado como mejor dirección de comedia y mejor actor protagonista. | Foto: Danny Moloshok/AP Images
La deslumbrante noche de los Emmy, en imágenes 5
Julia Louis-Dreyfus, mejor actriz protagonista de comedia por ‘Veep’. | Foto: Chris Pizzello/AP
La deslumbrante noche de los Emmy, en imágenes 6
Riz Ahmed, mejor actor protagonista de miniserie o TV movie por ‘The Night Of’. | Foto: Danny Moloshok/AP
La deslumbrante noche de los Emmy, en imágenes 7
Sterling K. Brown, mejor actor protagonista de drama por ‘This Is Us’. | Foto: Lucy Nicholson/Reuters

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Irma agota las categorías: ¿es el primero de los grandes huracanes por venir?

Redacción TO

Foto: Bryan Woolston
Reuters

El huracán Harvey primero y el huracán Irma después han dejado una imagen de devastación en la costa atlántica de Norteamérica, que vive cada vez con mayor crudeza las consecuencias de estos fenómenos meteorológicos extraordinarios. De hecho, los expertos no han dudado en afirmar que Irma es el huracán más poderoso y mantenido en el tiempo que se haya registrado nunca fuera del Caribe y del Golfo de México. El huracán, por supuesto, alcanzó la categoría 5, que es la más elevada, y las autoridades pronto activaron los protocolos de seguridad para atenuar el golpe.

Con todo, algunos meteorólogos comienzan a preguntarse si, teniendo en cuenta que con el cambio climático los huracanes se están recrudeciendo, debería aumentarse el número de categoría. Ahora mismo las categorías se rigen por la escala Saffir-Simpson, y van desde el mínimo de 1 –vientos muy peligrosos que provocan algunos daños– hasta el máximo de 5 –daños catastróficos garantizados–. Irma llegó a alcanzar los 280 kilómetros por hora y las imágenes de árboles caídos, carreteras intransitables por el agua y viviendas venidas abajo se han reproducido en los últimos horas en todos los telediarios. La violencia de Irma se ha podido comprobar en lugares como Antigua y Barbuda, que ha quedado “prácticamente inhabitable”, tal y como lo ha expresado Gaston Browne, primer ministro de la república.

En este sentido, Sally Brown, miembro del Natural Environment Research Council británico y profesor en la Universidad de Southampton, escribe un detallado artículo en la revista divulgativa The Conversation sobre la necesidad de añadir una sexta categoría a la escala Saffir-Simpson. Una categoría que encajaría mejor en las características de huracanes como Irma.

Los huracanes son cada vez más violentos: ¿y si ampliamos el número de categorías? 3
Brickell, distrito financiero de Miami, tras el paso del huracán Irma. | Foto: Stephen Young/Reuters

El calentamiento global ha venido acompañado de un aumento de la fuerza de sus huracanes. Muchos científicos encuentran una relación directa entre el aumento de la temperatura de los océanos y la formación de huracanes. Esto se debe a que las aguas calientes ayudan a alimentar a los huracanes.

Asimismo, varios estudios determinan que si bien con el cambio climático hay menos huracanes, los que se producen son mucho más destructivos. Si tenemos en cuenta que los lugares del continente americano más vulnerables son aquellos donde más impacto tiene el turismo sobre la economía, parece evidente que deben tomarse mayores preocupaciones.

En Antigua y Barbuda, por ejemplo, el sector turístico concentra el 60% de su PIB, según las cifras oficiales. En Bahamas, cuando pasó el huracán Andrew en agosto 1992, dejando unas pérdidas materiales superiores a los 250 millones de dólares, cifraron la caída de los ingresos por turismo en el 20%. Se rearmaron con campañas publicitarias intensivas y eficaces e invirtieron mucho dinero en la reparación de sus infraestructuras. En Maldivas, tras sufrir un tsunami en 2004, decidieron construir a más altura para esquivar las consecuencias de las inundaciones.

Los huracanes son cada vez más violentos: ¿y si ampliamos el número de categorías? 1
Una cocina completamente inundada en la Habana tras el paso del huracán Irma. | Foto: Reuters

Como explica el profesor Brown, el nivel del mar ha aumentado en unos 0,19 milímetros al año entre 1900 y 2010. Son algo más de dos centímetros en un siglo. Las estimaciones científicas sostienen que el crecimiento de aquí a 2100 será de 50 centímetros. Se trata de un factor decisivo a la hora de atender a la capacidad destructiva de los huracanes. Las inundaciones serán cada vez más dañinas, especialmente en las zonas pegadas al mar, y los daños puede ser permanentes. Es por este motivo que cada vez más voces –entre ellas la de Brown- reclaman un debate sobre la incorporación de una sexta categoría.

“La adaptación al cambio climático y a los eventos extremos puede ayudar a aumentar la resistencia y reducir el daño en condiciones extremas”, explica en su artículo. Serviría como método preventivo y preciso para diagnosticar el potencial destructivo de huracanes como Irma. Porque si es cierto que no estamos totalmente seguros y no es posible garantizar una resistencia absoluta a estos acontecimiento, la capacidad para prevenir sus daños es fundamental. Los islas del Caribe son un ejemplo a seguir.

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Las revoluciones de los ricos

Ignacio Vidal-Folch

Foto: JAVIER BARBANCHO
Reuters

Mientras nos entretenemos en nuestras bagatelas, pasa de largo la vida de verdad. Luego con el correr de los años volvemos la vista atrás y nos decimos “¡cómo pudimos ser tan inconscientes, cómo pudimos estar tan ciegos!” Ahora, mientras arden en llamas Galicia y Portugal, como cada año, ahondando en la catástrofe ecológica y la desertización del territorio, según una dinámica que deberíamos haber afrontado hace décadas con un debate público serio, con una verdadera política de Estado… andamos ocupadísimos manejando el juguete del secesionismo en el otro extremo de la periferia nacional.

La juventud francesa de los años sesenta, seguramente la generación más inquieta, la mejor informada, la más intelectualizada de la historia, la que tendía las antenas de su interés hacia los fenómenos políticos más lejanos… sentía que la formidable prosperidad en la que vivía –desconocida hasta entonces, y que seguramente ya nunca volveremos a alcanzar—era una cárcel, y abrazaba el ideal, nada menos, que del maoísmo. No a De Gaulle, sí a la Revolución cultural del comunismo chino. Aquellos chicos tan leídos y cultivados, aquellos chicos tan libertarios, leían, en serio, el pequeño libro rojo de Mao y meditaban en sus estúpidas sentencias.

Pues si una generación tan cultivada derrapó tanto, si tuvo lemas tan pueriles, y tan inaceptables para un sujeto político como “Seamos realistas, pidamos lo imposible”, ¿por qué debería extrañarnos, por qué sorprendernos de que en una comunidad autónoma española, una de las regiones más prósperas y libres del mundo, unas masas de pánfilos se alcen clamorosamente para reclamar, para exigir, embutidos en camisetas amarillas, la democracia de la que ya disfrutan y la libertad de la que ya van sobrados?

Las revoluciones de los ricos tienen ese punto caprichoso del narcisismo delirante. Luego pasan los años pero no pasa la vergüenza, como pasan las llamas por el bosque y dejan el paisaje carbonizado.

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Arden los montes

José Carlos Rodríguez

Foto: Brais Lorenzo
EFE

Arde Galicia, arde Asturias, y como cualquier otro fenómeno sobre el que se pose el ojo de mordor de la actualidad mediática, arde hasta consumirse la verdad sobre lo que ocurre. No es que la conozcamos con plenitud, sino que no importa en realidad cuál sea. Lo que cuenta no es lo que acaece, sino cómo recombinamos los elementos que nutren las noticias para trabar un relato que nos convenga.

Los incendios son todos provocados. Y parece que la práctica totalidad, de forma intencionada. La treintena de incendios que hay en Asturias más la gran mayoría del centenar que asolan Galicia responden, a lo que parece a estas horas, a los que se producen habitualmente en otoño e invierno en las zonas altas. Los ganaderos los queman para renovar los pastos. Esto se conoce de antiguo. El mal tiempo ha querido que el verano se extienda más allá del Pilar, la tierra está seca, los vientos juegan con los pobres esfuerzos humanos por acallar las llamas, y éstas encienden la noche y oscurecen el día, amenazantes, tiñen de rojo la luna y de negro el paisaje. El fuego ha bajado a pueblos y ciudades, amenaza las viviendas esparcidas en las cercanías de las poblaciones, y devora lo que encuentra a su paso.

Los economistas saben que cuando la acción de una persona, o grupo de personas, desborda su ámbito más inmediato, puede haber problemas. Externalidades, llaman a esas acciones desbordadas. Y han observado que lo que hay que hacer es vincular la acción a la responsabilidad por medio de una institución antigua como el neolítico, que es la propiedad privada. Esa institución no está ausente en Galicia, pero no está tan clara por lo que se refiere a los pastos. Y el resultado es que unos cuantos hacen con lo que no es de nadie, y con lo que sí es de alguien, lo que sólo les interesa a ellos.

Pero da igual. Lo importante del caso es crear un lema que sirva de ariete político, como NuncaMais y QuemanGaliza,que las redes también arden.

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