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Sus pioneras señorías: hablan los primeros diputados de la Transición

José Ignacio Wert Moreno

Foto: EFE
EFE Fototeca

“Treinta y tantos millones de españoles y yo soy de estos 350… ¡asombroso!”. El pensamiento forma parte del recuerdo de José Ramón Pin Arboledas –número cuatro de UCD por Valencia-, pero no sería raro pensar que pasara por la cabeza de otros tantos de aquellos primeros “padres de la patria” que el 13 de julio de 1977 iniciaron la andadura de las cámaras legislativas elegidas menos de un mes antes por los ciudadanos con su voto después de casi 40 años de dictadura.

Algunos de ellos afrontaron la noche electoral con la práctica seguridad de que serían elegidos diputados. Es el caso de Francisco Vázquez –número uno del PSOE por A Coruña-, que ya había desplegado una intensa actividad en los últimos tiempos de la clandestinidad coordinando huelgas desde su posición de inspector de trabajo, y que contaba con un cargo orgánico de la importancia de la Secretaría General del partido en Galicia. Otros, sin embargo, no las tuvieron todas consigo hasta muy avanzado el escrutinio. “Pensábamos salir uno o dos”, recuerda Pin Arboledas, que no tuvo la certeza de que entraría en el Congreso hasta la mañana siguiente. Eran otros tiempos. O no creían demasiado en convertirse en diputados después de una inclusión en las listas algo precipitada, como Luis del Val, número tres de UCD por Zaragoza. José Ramón Lasuén, cabeza de lista por Teruel e importante representante del sector socialdemócrata de esa formación, se lo dejó claro: “O dentro de UCD o desaparecemos”.

Ni históricos de sus propios partidos se libraron de la incertidumbre. Ramón Tamames concurría como número cuatro del PCE por Madrid, y ni un escaño más obtuvieron los comunistas por esa provincia. El economista vio el peligro de quedar fuera. “La verdad es que fue una espera bastante agónica, y al final, cuando se confirmó mi acta de diputado, tuve una de las grandes alegrías de mi vida”. Diferente es el recuerdo de Ignacio Camuñas –número siete de UCD por Madrid- que rememora seguir los resultados desde el Hotel Eurobuilding de la capital, haciéndose fotos junto a Garrigues “con todas las chicas que nos acompañaban, así como con un puñado de artistas encabezados por Bárbara Rey que habían hecho campaña por UCD”.

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Un 600 con los carteles electorales de los partidos que se presentaron a las elecciones del 77 | Foto: Congreso de los Diputados

Conseguida el acta, quedaba recogerla –primero en la Audiencia Provincial correspondiente- y pasar por los oportunos trámites. Hoy es un proceso seguido casi en directo por las cámaras de televisión. Entonces, sus señorías lo cumplimentaron sin albergar ningún recuerdo especial. Francisco Vázquez, que fue diputado hasta el 2000, hizo entonces un gesto que luego se convertiría en obligatorio: aportar una declaración de bienes avalada por notario.

Algunos ya conocían la casa. Era el caso de José Pedro Pérez-Llorca –número 11 de UCD por Madrid- que era, por oposición, letrado en Cortes y, por tanto, testigo privilegiado de la peculiar transición que la Carrera de San Jerónimo hizo desde los procuradores franquistas a los diputados democráticos. Aquellas últimas promociones de letrados, subraya hoy Pérez-Llorca, representaban un pluralismo político mucho mayor que la de los procuradores. Se conocía de memoria todos los reglamentos y normas presentes y pasados, gracias a su aplicación como opositor, pero la mayor ventaja sobre el resto de diputados era más bien topográfica, recuerda, al saber dónde estaban lugares estratégicos como el cuarto de baño.

Al contrario de lo que pasaría después, una vez aprobada la Constitución de 1978, aquella legislatura echó a andar con el gobierno ya formado. El rey Juan Carlos ratificó a Adolfo Suárez dos días después de los comicios del 15 de junio, y éste compuso un nuevo gabinete el 5 de julio. En él, ocupaba la cartera de Relaciones con las Cortes un joven Ignacio Camuñas de 36 años. Eso le obligó a trabajar intensamente en los preparativos de las primeras sesiones, que hizo con el presidente de las Cortes, todavía elegido por el monarca, Antonio Hernández Gil, uno de los senadores por designación real que existieron en esa etapa ya democrática pero todavía no constitucional. Hernández Gil pudo, de ese modo, reencontrarse con Tamames, que había sido alumno suyo en la universidad. “No había Reglamento del Congreso y hubo que improvisar y pactar una multitud de detalles de carácter protocolario pero de gran repercusión política que me dieron algún que otro quebradero de cabeza”, recuerda hoy Camuñas.

Lejos de la vanguardia tecnológica

En la actualidad, los kits que reciben los diputados electos –dispositivos electrónicos de última generación o conexiones a Internet en condiciones ventajosas- despiertan recelo en la sociedad. No fue el caso hace 40 años. Y es que no hubo prebendas, más allá de unos vales para Iberia y RENFE. Ni siquiera fueron dados de alta en la Seguridad Social durante los primeros meses, recuerda Pin Arboledas. Las dietas eran pequeñas, heredadas de los procuradores franquistas, y los despachos no eran individuales. “Encima, los procuradores habían vaciado el presupuesto (…) nos obligaban a pernoctar en hostales y pensiones del entorno de las Cortes. Pero nadie se quejó”, apunta Francisco Vázquez. José Ramón Pin Arboledas, para ahorrar, dormía en casa de su padrino, que vivía en Madrid. “(…) así obviaba la soledad del hotel y me relacionaba con otras personas de fuera de la política para evitar desenfocar mi visión de la realidad, que siempre es pluriforme.”
La austeridad tecnológica continuó cuando empezaron los trabajos de redacción de la Constitución. “Lápiz, papel, el Aranzadi y gomas de borrar” por todo equipamiento, afirma Pérez-Llorca, que destaca el papel de Celia, la funcionaria que se encargaba de pasar a máquina sus escritos y de corregir los errores con Tipp-Ex.

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José Pedro Pérez-Llorca en el acto conmemorativo de los 40 años de las elecciones de 1977 en el Congreso de los Diputados, el 28 de junio de 2017 | Foto: Congreso de los Diputados

Pérez-Llorca es, junto a Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón y Miquel Roca, la terna superviviente de los llamados “Padres de la Constitución.

La imagen de la Pasionaria

“No se oía ni un carraspeo” en el hemiciclo del Congreso de los Diputados cuando, en la sesión inaugural de la legislatura constituyente, Dolores Ibárruri se levantó de su escaño provisional y, del brazo de Rafael Alberti, bajó la escalera para formar parte de la mesa de edad. La foto se ha reproducido hasta la saciedad. Y queda en el firmante el temor a que su evocación sea un terrible cliché, una de esas imágenes que adquieren mucha más importancia cuando se ven después que la que le dieron en su momento los protagonistas que se hallaban sobre el terreno. Pero el testimonio de Luis del Val no deja lugar a dudas. Para Tamames era la mejor ilustración del concepto de “reconciliación nacional” que el PCE propugnaba desde 1956. “El momento fue emocionante, pero no creo que fuéramos totalmente conscientes de la trascendencia del mismo”, apunta Pin Arboledas, al que le viene a la cabeza otro recuerdo cuando echa la vista atrás hacia aquel 13 de julio de 1977. 39 años antes de que el bebé de Carolina Bescansa acaparara todos los focos en la sesión constitutiva de la fallida XI legislatura, Carmen, la hija de tres años del flamante diputado, “se revolcaba por las alfombras del Congreso”.

Luis del Val añade otra imagen; la de Simón Sánchez Montero, dirigente comunista con muchos años de cárcel a su espalda, saludando al ex ministro franquista y entonces líder de Alianza Popular, Manuel Fraga, en el salón de los pasos perdidos. “Hubo un titubeo, Simón extendió la mano y Manuel la apretó. Para mí fue la confirmación de que aquello podía salir bien”. Francisco Vázquez se recuerda impresionado por el escenario, que él conocía por las descripciones de Galdós, Azaña, Prieto o Fernández Flórez. “A mis 31 años formaba parte del lugar donde los últimos 200 años había sucedido todo lo que había leído y estudiado, donde habían sido protagonistas los personajes que admiraba”.

Aquel día hubo alguna otra incidencia. El reglamento indicaba que los distintos procesos constitutivos de la cámara se debían ir haciendo uno “acto seguido” del otro. Dieron las dos y cuarto de la tarde y sus señorías no habían almorzado. Pérez-Llorca decidió intervenir desde el escaño -toda una novedad ya que los procuradores sólo lo hacían desde la tribuna- para decir que la expresión “acto seguido” indicaba sólo que no se debían hacer otros trabajos parlamentarios entre medias y que, por lo tanto, podían parar a comer. Hoy reconoce que improvisó tal interpretación para conseguir el parón.

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Dolores Ibárruri y Rafael Alberti presidieron la constitución de las primeras Cortes salidas de las elecciones del 77 | Foto: Efe archivo

El día a día en la Carrera de San Jerónimo

Allí convivían diputados que llevaban años de trabajo conjuntamente en la clandestinidad con otros que compartían siglas sin apenas conocerse. “No es que no nos conociéramos entre los de distintas provincias, es que incluso los de la misma candidatura nos acabábamos de conocer un poco antes de las elecciones”, apunta Luis del Val. También coincidieron distintas personalidades que, pese a las diferencias políticas, se admiraban en la distancia. Así le sucedió a Pin Arboledas con Tamames. Y es que aquellos primeros próceres trabajaron en una sintonía que estuvo por encima de las siglas. “El ambiente inicial fue extraordinario. Todos los que habíamos convivido en la oposición democrática nos conocíamos perfectamente porque llevamos muchos años de trabajo en común y entre muchos de nosotros existía una verdadera amistad de antiguo, fundamentalmente entre los hombres de la UCD y el PSOE incluyendo a la mayoría de los nuevos diputados comunistas”, recuerda Ignacio Camuñas. “Trabajamos mucho, eso sí, y negociábamos todo. Estábamos convencidos que el consenso era la clave de la nueva España y había un respeto mutuo entre todos”, señala hoy José Ramón Pin Arboledas. “La relación personal fue siempre buena. No los veía como enemigos, sino como compañeros con los que discrepaba pero con los que estábamos dispuestos a llegar a soluciones comunes, cediendo cada uno de sus planteamientos iniciales”, añade.

“Estábamos convencidos que el consenso era la clave de la nueva España y había un respeto mutuo entre todos”, recuerda José Ramón Pin Arboledas

Francisco Vázquez cree que en las afinidades entre diputados de distintos partidos jugaba un papel muy importante la edad o la profesión. Eran más difíciles, a su entender, entre los mayores y pertenecientes a los extremos ideológicos, que en aquel parlamento se situaban en el PCE y AP. Tamames apunta más bien al nivel cultural y capacidad oratoria, “dos facetas muy desigualmente distribuidas entre los oradores parlamentarios”. En ese clima de entendimiento, reconoce Ignacio Camuñas, jugó un papel clave un lugar estratégico pero pocas veces retratado por los medios: la cafetería. Allí, o en almuerzos en restaurantes aledaños, podía uno, en palabras de Luis del Val, conversar “sin corsés ideológicos”.

Todo estaba por hacer. Incluida la asunción de conceptos tales como la disciplina de voto. Luis del Val evoca la figura de Juan de Dios Ramírez Heredia, activista de los derechos de los gitanos que fue elegido diputado en las listas de UCD por Barcelona. Adolfo Suárez hubo de reconvenirle en una larga entrevista mantenida en La Moncloa cuando se levantó de una votación en desacuerdo con la postura mantenida por su grupo. Había hábitos difíciles de sacarse de encima. Francisco Vázquez señala la “rechifla” que en la izquierda provocó una intervención que se inició con un “señores procuradores…”. Tamames recuerda las “pollas en vinagre” (sic) que pronunció en un discurso un diputado asturiano minero de profesión. “Afortunadamente, repasé el Diario de Sesiones al día siguiente y tales palabras habían sido retiradas, con toda la razón”. La labor de los taquígrafos da poco pie a la creatividad. Pero, cuenta el entonces diputado comunista, “(…) cité en una cierta ocasión las palabras de Dante “lasciate ogni speranza…”, y al día siguiente, en el Diario de Sesiones, vi que el taquígrafo había agregado “voi ch’entrate”. Eso es cultura”.

Diputados y periodistas

La nueva generación política nació en paralelo a una flamante hornada de periodistas que dieron sus primeros pasos en el tardofranquismo y, muy jóvenes, entraron en la primera línea de la información política con la Transición. También ellos eran novatos a la hora de relatar lo que sucedía en unas Cortes democráticas. “Los considerábamos dentro del mismo proyecto. Por supuesto que a veces no coincidía lo que queríamos expresar cada uno con lo que ellos publicaban. Ese fue un aprendizaje importante, conocer cuál es la dinámica de unos medios de comunicación en un país libre y democrático. Supongo que a ellos también les costó aprenderlo”, apunta Pin Arboledas. Ignacio Camuñas recuerda que de ese trato se derivaron indiscreciones que ocasionaron no pocos problemas políticos en aquel momento. A su juicio, había “excesiva francachela no exenta a veces de alguna que otra falta de respeto y consideración por parte de algunos profesionales de los medios, que se olvidaban muchas veces que los amigos de antaño hoy eran miembros del gobierno incluyendo al propio presidente del mismo”.

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José María Gil Robles, dirigentes de la Federación Democracia Cristiana, conversa con periodistas tras emitir su voto en junio de 1977 | Foto: EFE Archivo

“Los primeros días, se te acercaba un desconocido, te hacía un comentario, y luego te enterabas de que era periodista”, afirma Pérez-Llorca. Vázquez describe aquello como un “totum revolutum” en el que hubo “un exceso de confianza y de relaciones”. En parecida línea se expresa Luis del Val: “el trato era confianzudo, pero se fue alejando, a medida que aumentaban las responsabilidades políticas. Por ejemplo, José Luis Martín Prieto y Felipe González vieron juntos las elecciones del 82, pero cuando éste fue investido presidente de gobierno, esa relación se distanció. Los periodistas creyeron que la camaradería iba a seguir, aunque el político fuera nombrado ministro, pero no fue así. Y hubo desilusión y pena por ambos lados.” El periodista aragonés reconoce que le pudo su condición en aquella etapa en que se desempeñó como diputado. “Yo mismo actué un poco de periodista. Por ejemplo, me apunté a la Comisión de Defensa, no porque me interesara mucho entonces por la defensa, sino porque me constaba que allí estarían los primeros espadas: Santiago Carrillo, Felipe González, Alfonso Guerra, como así fue. Eso me permitió conocer de cerca al general Manuel Gutiérrez Mellado”.

Tamames no percibió esos excesos. “Los periodistas fueron muy importantes, aunque no tanto como ellos pensaban que lo eran”. Sí recuerda, en cambio, un partido de fútbol en que sus señorías perdieron ante los representantes del ‘cuarto poder’. Capítulo aparte merecen los gráficos, “capaces de sacarte una foto saliendo del servicio”, en palabras de Pérez-Llorca.

Más allá de los grandes líderes, aquella primera tanda de representantes del pueblo sacrificó sus vidas profesionales para cambiar la España en la que crecieron. “Yo, en dos meses, dejé mi trabajo en un banco valenciano y me lancé a la aventura política sin paracaídas”, dice Pin Arboledas. Pero, como señala Francisco Vázquez, “fue un momento impactante e irrepetible, muy cargado de idealismo. Nadie esperaba nada a nivel personal, porque además había cierta incertidumbre y te jugabas tu carrera, pero ser Constituyente es un honor imperecedero.”

Nunca está de más recordarlo.

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14 destinos turísticos a los que ir antes de que se pongan definitivamente de moda

Cecilia de la Serna

Foto: Khaled Abdullah Ali Al Mahdi
Reuters

Cada año, la Organización Mundial del Turismo (OMT) hace un exhaustivo seguimiento de las tendencias de viaje con el objetivo de predecir los destinos más prometedores (y que más de moda se pondrán). Para ello, analiza cuáles son los de mayor crecimiento.

Los 14 destinos turísticos de mayor crecimiento en el globo se reparten por la geografía mundial, aunque zonas como el Oriente Medio y el norte de África -a pesar de sus conflictos-, con países como como Palestina, Egipto o Túnez, y Sudamérica, con países como Uruguay y Chile, las que experimentan un crecimiento especialmente destacable.

1. Territorios palestinos

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Un turista toma una fotografía en Belén. | Foto: Mussa Qawasma / Reuters

La industria turística de Cisjordania se vino abajo tras la Guerra de los Seis Días de 1967 y la consiguiente ocupación israelí del territorio, y a pesar de que el conflicto con Israel siga muy vivo, la situación del turismo en Palestina ha mejorado notablemente en 2017. La agencia de la ONU coloca a Palestina como el país donde más ha crecido el turismo a nivel mundial durante el primer semestre de 2017. Durante el año pasado, las visitas turísticas internacionales a Palestina aumentaron casi un 58%. Cisjordania acoge a la mayor parte de los visitantes en Navidad, cuando Belén celebra una misa de medianoche. Un atractivo novedoso en la zona de Belén es el Hotel Walled-Off, un establecimiento hotelero del misterioso artista británico Banksy.

Durante el año pasado, las visitas turísticas internacionales a Palestina aumentaron casi un 58%. Cisjordania acoge a la mayor parte de los visitantes en Navidad, cuando Belén celebra una misa de medianoche.

2. Egipto

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La Vía Láctea reflejada en el cielo del Desierto Blanco al norte del Oasis de Farafra, al suroeste de El Cairo. | Foto: Amr Abdallah / Reuters

Egipto, un clásico del turismo internacional en el norte de África, también ha sufrido un importante batacazo en los últimos años por la escalada violenta de atentados, en ocasiones con el objetivo puesto en los turistas extranjeros. No obstante, y a medida que la violencia en el país ha ido disminuyendo, el número de turistas se ha disparado un 51%. El gran éxito reside, por supuesto, en sus pirámides y vasta historia, pero también en un buen clima.

3. Islas Marianas del norte

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Las playas de las Islas Marianas del Norte son paradisiacas. | Foto: Turismo de Estados Unidos

Las Islas Marianas del Norte son un territorio en unión política con Estados Unidos, al igual que Puerto Rico, pero situado en el Pacífico Norte. Se trata de 14 islas septentrionales, situadas entre Hawái y las Filipinas. No es un territorio especialmente conocido, pero cada vez son más los que se acercan a visitarlo. Las Islas Marianas del Norte experimentaron un crecimiento del 37% en el turismo durante el año pasado. El archipiélago tropical es conocido por sus casinos y playas bordeadas de palmeras.

4. Islandia

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La naturaleza de Islandia es incomparable. | Foto: Stoyan Nenov / Reuters

Desde 2010, el número de turistas extranjeros en Islandia se ha triplicado. Esta tendencia se ha confirmado el pasado año, cuando el turismo aumentó un 35%. A Islandia se la conoce como la isla del hielo y el fuego, y quienes la describen así no lo hacen por capricho. Entre sus montañas, ríos, precipicios, cascadas, volcanes y glaciares se esconden secretos y paisajes que no sólo quedarán bien en una instantánea, sino que dejarán huella hasta en el viajero más viajado que los descubra. Los visitantes tienden a ir entre junio y agosto, cuando el clima es más amable y hay más horas de luz del día.

5. Túnez

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La arquitectura es una muestra de la riqueza histórica de Túnez. | Foto: Zoubeir Souissi / Reuters

Túnez se está recuperando de su ataque terrorista de 2015 con bastante rapidez. El país tuvo un aumento del 33% en turistas extranjeros el año pasado. Los visitantes llegan al país magrebí por sus centros históricos y turísticos, por la hospitalidad de los tunecinos y por sus playas mediterráneas.

6. Vietnam

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Vietnam combina diversidad natural y étnica. | Foto: Nguyen Huy Kham / Reuters

Si el sudeste asiático tiene un lugar apetecible entre todos los lugares ese es Vietnam, como bien confirman las cifras: un 31% más de turistas lo visitaron el año pasado, suponiendo el mayor crecimiento de todo el continente asiático. El país se incorporó no hace mucho al mercado turístico mundial, ya que no se abrió totalmente a los visitantes extranjeros hasta la década del los 90. Su paisaje, sus gentes y pueblos, su riqueza cultural y natural, y el colorido de sus 53 grupos étnicos hacen de este un destino realmente atractivo.

7. Uruguay

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Los paisajes de Uruguay invitan a puestas de sol irrepetibles. | Foto: Andres Stapff / Reuters

El primer puesto de los países latinoamericanos es para Uruguay, que durante el año pasado recibió a 3 millones turistas extranjeros, un aumento del 30% con respecto al año anterior. En su geografía destacan Punta del Este, Piriápolis, Montevideo, Colonia del Sacramento o Rocha, que hacen del turismo un punto cada vez más fuerte en la economía uruguaya.

8. Nicaragua

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¿Conoces las playas más secretas de Nicaragua? Esta es tu oportunidad. | Foto: Oswaldo Rivas

Alrededor de 1,5 millones de personas visitaron Nicaragua en 2016, lo que se traduce en un aumento del 28%. Este tesoro escondido de Centroamérica ofrece atractivos como una variedad de fiestas patronales con interesantes expresiones culturales, donde se puede observar en el fervor religioso, y una mezcla de manifestaciones indígenas y coloniales. Además, sus playas salvajes no dejarán indiferente al más aventurero. Definitivamente, una joya por descubrir.

9. Mongolia

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Mongolia invita a una vida nómada. | Foto: Claro Cortes / Reuters

El turismo en Mongolia, al igual que el nicaragüense, aumentó un 28% el año pasado. Los turistas se sienten especialmente atraídos por los rincones más recónditos del país y por el importante crecimiento de la vida nocturna de su capital, Ulán Bator. Una naturaleza esencialmente diversa según las regiones del país hacen de Mongolia un lugar que merece la pena visitar durante una temporada larga.

10. Israel

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El Muro de las Lamentaciones es uno de los símbolos de la cultura en Israel y recibe a millones de turistas extranjeros. | Foto: Marko Djurica / Reuters

Israel recibió 2,9 millones de visitantes el pasado año, lo que supuso un aumento del 25% con respecto al año anterior, a pesar del conflicto latente en la zona. Israel cuenta con un impacto histórico muy relevante y con una vida cultural muy activa. Los puntos turísticos más “calientes” son, sin duda, el mar Muerto, el Muro de las Lamentaciones en Jerusaeln y la intensa vida nocturna de Tel Aviv, quienes algunos la denominan “el Miami de Oriente Medio”.

11. Malta

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La ‘Ventana Azul’ de Malta fue un icono de la isla, y un importante atractivo turístico, que desgraciadamente desapareció hace unos meses. | Foto: Darrin Zammit Lupi / Reuters

La pequeña isla de Malta, uno de los emblemas del corazón del Mediterráneo, acoge cada vez a más y más turistas foráneos, concretamente el número de visitantes extranjeros aumentó en un 23% el pasado año. Malta, que es a su vez un gran plató (en la isla se han rodado películas como Gladiator, Captain Phillips o El Código Da Vinci, destaca por sus playas y por su riqueza histórica.

12. Seychelles

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Un paraíso tropical en auge. | Foto: Reuters

La popularidad de las exóticas Seychelles está creciendo exponencialmente, con un aumento de las visitas del 20% durante el año pasado. Este conjunto de 115 islas ubicadas en el océano Índico, al noreste de Madagascar, es un auténtico paraíso tropical. Este archipiélago esconde dos de las playas más bellas del mundo, Lazio y Georgette, y la más fotografiada según el Libro Guiness de los Récords, la de Source d’Argent. Aunque se asocia al turismo de lujo, las gangas también están disponibles.

13. Montenegro

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El complejo turístico montenegrino Sveti Stefan es internacionalmente reconocido. | Foto: Stringer / Reuters

Durante el año pasado, Montenegro experimentó un aumento del 20% en el turismo foráneo. El país balcánico muestra una enorme diversidad, con influencia de las culturas serbia, ortodoxa, eslava, centroeuropea y adriática. La vasta historia del país marca especialmente la experiencia del turismo extranjero, que llega atraído por un inmenso patrimonio histórico. Mar y montaña dibujan un diverso itinerario entre pueblos, playas, naturaleza y piedra.

14. Chile

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Esta zona de Santiago, conocida como Sanhattan, es un punto de contrastes. | Foto: Victor Ruiz Caballero / Reuters

Otro de los países sudamericanos que ha experimentado un rápido crecimiento es Chile, que también recibió un 20% más de visitantes el año pasado. Sus diversos paisajes y su entorno lo convierten en un gran destino para los amantes de la naturaleza. Destacan la Patagonia, el lago Chungará, el volcán Parinacota, San Pedro de Atacama o el parque nacional Vicente Pérez Rosales. Chile cuenta con hasta seis sitios declarados patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Además, su cultura de influencias indígenas e hispánicas hace de sus costumbres un atractivo extra. La moderna capital, Santiago de Chile, ofrece riqueza arquitectónica así como natural, ya que los Andes -que rodean la ciudad- generan un contraste panorámico incomparable.

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Vox Dei

Aurora Nacarino-Brabo

Foto: JUAN MEDINA
Reuters/File

Pedro Sánchez ha asegurado que “Ciudadanos es el Vox de la política”. Palabra de Dios. Es verdad que la frase no podría estar peor construida: ¿Qué otra cosa es Vox si no un partido político? Pero atendamos a la comparación. Las encuestas señalan que el procés ha espoleado el ascenso de Ciudadanos en el conjunto de España, mientras en Cataluña la candidatura de Inés Arrimadas se ha consolidado como primera fuerza del constitucionalismo.

Entonces a Pedro Sánchez se le ocurre establecer esa equivalencia, Ciudadanos es Vox. Situar a la formación naranja a la derecha del PP no se compadece con la realidad programática ni parlamentaria, pero además sugiere una estrategia inquietante: la de equiparar la crítica al independentismo con el extremismo ideológico. Ciudadanos es el partido que más ha combatido el nacionalismo y, por tanto, según el líder del PSOE, solo cabe concluir que es un partido de extrema derecha. Sin embargo, me inclino a pensar que el líder del PSOE no se cree lo que dice.

¿O acaso hemos de pensar que el PSOE firmó un acuerdo de gobierno “reformista y de progreso” con Vox? Un pacto que incluía medidas tan reaccionarias como “reformar la Constitución para asegurar eficazmente los derechos sociales y completar el funcionamiento federal de la organización territorial de nuestro Estado”. Un pacto por una Europa “más social y más solidaria”, que diera respuesta a la emergencia que viven los refugiados. Un pacto por la igualdad efectiva entre hombres y mujeres. Un pacto contra la pobreza. Un pacto por la ciencia.

¿Firmó un acuerdo de gobierno Sánchez con un partido de extrema derecha? Y, en Andalucía, ¿gobierna el PSOE gracias al apoyo del Vox de la política? ¿Compartirá Susana Díaz las palabras de su secretario general?

En realidad, atendiendo a su posición sobre derechos civiles y libertades individuales, Vox se parece mucho más a Uniò, el partido que se integrará en las listas del PSC de cara a las elecciones del 21 de diciembre, contrario al aborto y que presentó un veto en el Senado contra el matrimonio gay.

Las encuestas coinciden en señalar una tendencia: la subida de los partidos más próximos al centro político, PSOE y Cs, y el retroceso de PP y, sobre todo, Podemos. Aunque sin elecciones generales a la vista es pronto para lanzar vaticinios, no es descabellado pensar que, de cara a un adelanto electoral, PSOE y Cs sumarían más escaños de los que tenían cuando pactaron, tras los comicios de diciembre de 2015.

Eso plantea una posibilidad real de articular una alternativa progresista a Mariano Rajoy. De confirmarse el declive de Podemos, Pedro Sánchez necesitará contar con Ciudadanos si aspira a gobernar algún día, razón por la que haría bien en ser más prudente en sus comparaciones. Le ha dicho a sus votantes que Rivera es el líder de una formación de extrema derecha y, aunque sabemos que en los días de la política líquida las palabras se las lleva el viento, eso dificulta la capacidad de maniobra de cara a una eventual negociación. Así que mejor dejemos que sean los ciudadanos quienes decidan en qué lugar ponen a cada partido. Vox populi, vox Dei.

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La 'app' iSex es la prueba de que no se ha entendido nada sobre las agresiones sexuales

Bea Guillén Torres

Foto: Unsplash
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Conoces a alguien. Supón que te gusta y que le gustas, y que, además, decidís mantener relaciones sexuales. Pero no solo eso, sino que os parece una idea sensata y de sentido común utilizar una aplicación de móvil para sellar vuestro consentimiento. Para garantizar que los dos estáis completamente de acuerdo en el encuentro sexual que vais a mantener y, así, os podéis evitar desagradables sorpresas en el futuro como que uno de los dos denuncie al otro por agresión sexual. ¿Razonable, eh? O eso es lo que ha debido pensar José Luis Sariego, creador de la aplicación iSex y antiguo abogado de Francesco Arcuri, el exmarido de Juana Rivas condenado por maltrato, que tiene el firme objetivo de facilitar el “enviar, recibir, almacenar y exportar el consentimiento mutuo antes de una relación sexual”. Tal y como detalla en Google Play —la app no está disponible para iOS—.

Pero, ¿qué es lo que facilita iSex, en realidad? Demostrar que hay gente, como Sariego, que no ha entendido absolutamente nada sobre lo qué es el consentimiento ni sobre lo qué son las agresiones sexuales.

La 'app' iSex es la prueba de que no se ha entendido nada sobre las agresiones sexuales
Fases de la aplicación iSex.

La app de iSex funciona de la siguiente manera. Tú te registras con el nombre que quieras, por supuesto no tiene que ser real porque no hay ninguna clase de verificación ni está asociado a ninguna red social. Así que ese supuesto consentimiento podrá estar a nombre de B B B o de Perico el de los palotes.

Después, el consentimiento se puede firmar de varias maneras. Enviando un formulario de consentimiento, en el que introduces el nombre de la persona a la que quieras enviárselo. Por supuesto aquí el nombre también puede ser absolutamente falso. También escribes su email, para que le llegue y se lo quede ahí bien guardado. O, incluso más fácil y rápido, conectándolo por Bluetooth. Las dos personas se conectan a la app, se dan el consentimiento (que aparecerá firmado con el nombre inicial que cada uno ha escrito —que, recordemos, puede ser falso—) y, hala, pues ya estaría. Todo arreglado.

A ver, señor Sariego, no.

En ningún caso el consentimiento sexual se puede encajar en el marco de una transacción mercantil, porque en un encuentro sexual tú no estás comprando ni vendiendo nada. Tampoco estás adquiriendo nada que te pertenezca ni te dé derecho a nada. El deseo de un encuentro sexual no es algo inamovible, rígido e inflexible, sino que puede estar en un momento y al momento siguiente no estar. Por lo que firmar un consentimiento en un momento no significa absolutamente nada, porque puede no haberlo al momento siguiente.

Volvamos a la situación inicial. Conoces a alguien. Supón que te gusta y que le gustas, y que, además, decidís mantener relaciones sexuales. Pero no solo eso, sino que os parece una idea sensata y de sentido común utilizar una aplicación de móvil para sellar vuestro consentimiento. Pero, después, uno de vosotros, después de firmar y mandar este consentimiento, decide que no. Que ya no le apetece mantener relaciones sexuales. ¿Qué valor tiene ese consentimiento firmado? El mismo que antes, ninguno.

Así, todo lo que es esta aplicación es un burdo y vulgar intento de deslegitimar a las víctimas de agresiones sexuales y de violaciones. Ignorando el trauma y tratando de magnificar la leyenda negra de las denuncias falsas, que son manifiestamente mínimas. En una de sus últimas memorias, la institución del Fiscal General del Estado hablaba de un “escasísimo porcentaje” de denuncias falsas: desde 2009 hasta 2012, solo un 0,005% de las denuncias sobre violencia contra las mujeres se saldaron con una condena para la mujer por acusaciones falsas. Además, la app muestra un absoluto desconocimiento sobre una realidad como son las violaciones en pareja.

Solo esperamos que esta aplicación sirva para recordarle al señor Sariego y a los otros que no lo han comprendido todavía: que no es no, que no es no si no se dice que sí y que no es no aunque en algún momento haya sido sí.

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Manuel Martín Cuenca: “Un artista es un lúcido y un demente”

Daniel Fermín

Foto: Julio Vergner

Manuel Martín Cuenca (Almería, 1964) encontró en un viaje a República Dominicana una antigua edición de la primera novela de Javier Cercas y vio en ella el germen de una película. Tardó dos años en escribir el guión y siete semanas en rodarla. Se llama El autor y es una sátira del proceso creativo. Ganó el premio de la crítica en el Festival de Toronto, pasó por San Sebastián y Sevilla y llega a las salas españolas el 17 de noviembre. En ella se narra la historia de Álvaro, un aspirante a escritor que manipula la realidad para hacer literatura. Liga con la conserje, espía desde el baño a sus vecinos, se cuela en sus apartamentos. Escucha, graba y escribe. Protagonizada por Javier Gutiérrez, mezcla el thriller y la comedia para generar una reflexión sobre el afán de trascender de los artistas.

“Un artista es un lúcido y un demente”, dice, antes de presentar su película en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, el autor andaluz. “Todo creador tiene sus pulsiones. Los límites, el determinar hasta dónde es capaz de llegar, los pone cada uno. Yo, obviamente, no hago las cosas que hace el personaje, pero también tengo algo de él”.

De Manuel Martín Cuenca se sabe que: se licenció en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Complutense de Madrid, trabajó con Mariano Barroso e Icíar Bollaín, dio clases en la Escuela de San Antonio de los Baños en Cuba, hizo cortometrajes y videos comerciales, tiene cinco largos de ficción y tres documentales, ha obtenido cuatro nominaciones a los Premios Goya y ha sido reconocido en certámenes internacionales. Se sabe eso y que nació en Almería y no El Ejido, como suele aparecer en Internet. Eso y que antes de ser cineasta quiso ser arquitecto, escritor y filólogo.

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Javier Gutiérrez, Antonio de la Torre y María León protagonizan el filme (Julio Vergne)

“Recuerdo que tenía una agenda en la que anoté, a los siete u ocho años, que me gustaría ser arquitecto. Luego quise escribir hasta que me di cuenta de que quería hacer cine”.
Hijo de un agricultor y una ama de casa, “ambos hijos de la posguerra, sin estudios, no muy cultos pero sí muy sabios”, afirma, se desplazó con sus padres a los cinco años a la población de El Ejido. De esa época evoca la pobreza de la Almería de los 70 y los vasos de leche que le daban en el colegio para combatir la desnutrición.

“Sólo tengo dos recuerdos de cine: uno, de ver la historia de un barco que se daba la vuelta, que se llamaba Poseidón; y otro, de una película que me encantó en ese momento y que mucho más tarde descubrí que era La mujer pirata, de Jacques Tourneur”.

Tras mudarse a Granada, a los 11 años, comenzó a ir al cine solo. Veía lo que un chico de entonces solía ver: Indiana Jones y La guerra de las galaxias. Se hizo asiduo a las salas de arte y ensayo y vio filmes de Bernardo Bertolucci, de Pier Paolo Pasolini y de Pedro Almodóvar y se matriculó en Filología en la Universidad de Granada.

“Un día, en un cineclub al que solía ir, vino un cineasta a dar una charla y me di cuenta de que era una persona normal, de carne y hueso, real, que había hecho una película y que estaba ahí, al frente, y supe que yo también quería hacer eso”.

¿Y por qué no estudió cine?

Porque en esa época no había escuelas oficiales de cine y las pocas privadas que existían no podía permitírmelas. No tenía dinero y mi padre se había enfadado conmigo porque dejé mi carrera al tercer año para irme a Madrid y empezar de nuevo.

Manuel Martín Cuenca hizo en Madrid sus primeros cortometrajes y comenzó a trabajar como asistente de dirección, primer ayudante, script o director de casting en filmes de Felipe Vega, Mariano Barroso, José Luis Boreu, Alain Tanner o Icíar Bollaín. Fue en esos puestos que aprendió el oficio del cine, en los que se preparó para dar el salto a la dirección. Cansado de hacer de auxiliar, decidió que ya era hora de rodar sus propias películas. Dijo que no a toda llamada que recibía con alguna oferta de trabajo. Así estuvo dos años hasta que nadie más lo llamó y comenzó a hacer vídeos industriales.

En ese período también escribió una novela: El ángel de la prisa (1995), la historia de una chica que tiene la fantasía de conocer el mundo marinero y hace un viaje por la costa de Granada para darse cuenta de que la realidad del mar no era como la imaginaba.

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“El autor” se estrena el 17 de noviembre en las salas españolas.

¿Y la leyó alguien?

La leyeron mi madre, mis hermanos y mis amigos. Se editaron 500 ejemplares y se venderían como 50 o 100. El resto todavía debe estar por ahí.

¿Dio por finalizada su etapa de escritor?

Tengo mi gusanillo. Lo que pasa es que le tengo mucho respeto a la literatura por el esfuerzo que me costó escribir esa novela. Ya luego empecé a dirigir y lo dejé.

Lo primero que dirigió Martín Cuenca fue un documental en Cuba. Mariano Barroso le propuso irse como coordinador de dirección de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños. Estuvo allá un año, entre idas y vueltas. Daba clases y regresaba a España a hacer vídeos. En la isla, se le ocurrió la idea de hacer una película de no ficción que narrara la historia del país caribeño a través de su deporte nacional, el béisbol. Se llamó El juego de Cuba y ganó el premio al Mejor Documental en el Festival de Málaga 2001.

¿Y le gustaba el béisbol?

No tenía ni idea, pero ahora sí me encanta.

Su siguiente película fue La flaqueza del Bolchevique (2003), una suerte de Lolita española, adaptación de la novela de Lorenzo Silva, protagonizada por Luis Tosar y una jovencísima María Valverde que obtuvo un Goya a la Mejor Actriz Revelación. Luego vendrían Malas temporadas (2005), un melodrama de historias cruzadas con Javier Cámara; La mitad de Óscar (2010), un filme sobre un guardia de seguridad que tiene dos años sin saber nada de su hermana; y Caníbal (2013), un thriller protagonizado por Antonio de la Torre que obtuvo ocho nominaciones a los Goya. En el medio, hizo documentales a varias manos y en solitario. Su filmografía ha recibido el visto bueno de la crítica y de los festivales.

“Eso me motiva a nivel personal y, sobre todo, me permite sobrevivir en la industria. Que La flaqueza del Bolchevique haya ido a San Sebastián me mantuvo vivo. Si eso no ocurre, si no hubiese ido a ningún festival, quizás no habría hecho ninguna otra película”.

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Manuel Martín Cuenca ha dirigido cinco largometrajes de ficción (Julio Vergne)

Manuel Martín Cuenca escribió en el diario de rodaje de El autor que el fracaso es su mejor escuela. Él ha tenido sus desilusiones: tras terminar su primer cortometraje, El día blanco (1990), decidió exhibirlo en sala junto con otros tres cortos. El suyo, seis minutos de primeros planos y planos generales sin diálogos, era el único que no era comedia.

“Yo pensaba que había hecho la enésima potencia de la poesía, que iba a cambiar la historia del cine. Había 600 personas. Se proyectó de primero y fue una cosa gélida. Sentí la energía ‘de qué mierda es esto’ y estuve nueve años sin dirigir”.

¿Y qué le hizo volver?

La obsesión. Al corto tampoco le fue bien en festivales. Eso me hizo más fuerte. Me enseñó que, hagas lo que hagas, nunca va a ser tan bueno como sueñas y que te tienes que saber enfrentar al fracaso, a la posibilidad de que no gustes.

¿Sueña con Hollywood?

A mí me encantaría dirigir en inglés, no en Hollywood. Si vuelvo al chaval de 20 años que era, nunca pensé que hubiera podido hacer cinco películas y tres documentales. A todos nos interesa llegar al mayor público posible, pero tampoco voy a renunciar a mi cine para ser más comercial. Voy día a día. Todo esto es un camino para darte cuenta si vales o no para hacer algo. Si me lo ofrecen, lo intento. Igual fracaso o igual no.

¿Ha dejado algún guión a medias por un bloqueo creativo?

Nunca. Una vez que empiezo a escribir siempre llego hasta al final.

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