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Tercera opción de género en los pasaportes: ¿incluyente o excluyente?

Anna Carolina Maier

Foto: CHRIS WATTIE
Reuters

Canadá añade una tercera opción de género en sus pasaportes. De acuerdo a sus autoridades, desde este 31 de agosto, los documentos de viaje cuentan con la “X” para aquellos ciudadanos que no se identifiquen con la etiqueta de “hombre” o “mujer”.

El anuncio fue hecho por el ministro de Inmigración, Refugiados y Ciudadanía, Ahmed Hussen, el primer ciudadano de origen somalí que se convirtió en miembro del Parlamento.

Esta medida ha despertado recelos por las consecuencias que tendrían tener los canadienses que decidan usar la “X” en caso de viajar a países que tengan legislaciones que en este aspecto sean restrictivas.

Aún así, el país norteamericano se unirá a una lista de otros siete, muy variopintos, que permiten que sus ciudadanos registren un tercer género en sus documentos de viaje.

Los que reconocen el tercer género

Australia, Nueva Zelanda, Malta, Nepal, Bangladesh, India, Pakistán y ahora Canadá forman parte de este reducido grupo. Aunque se podría pensar que este permiso claramente significa avances legislativos, la realidad es que en muchos de estos países las medidas no ayudan a que sea superada la segregación sexual. En ocasiones es un marca más para aquellas personas que por pertenecer a la comunidad LGTBI son rechazadas. Tales son los casos de Pakistán, Bangladesh, Nepal e India.

En 2009, Pakistán se convirtió en uno de los primeros estados del mundo en reconocer legalmente el “tercer género”, que define a unas 500.000 personas en todo su territorio. Este año, en junio emitió el primer pasaporte con una tercera opción.

A pesar de esto, Amnistía Internacional denuncia que la homosexualidad todavía se castiga con la pena de muerte allí. De modo que se permite oficialmente ser transgénero pero no homosexual. Además, al tener un documento de identidad con el rango de género, en muchas ocasiones, se incrementa la posibilidad de que las fuerzas de seguridad del Estado arremetan contra estas personas.

Avances y retrasos

Asimismo, Pakistán, donde a la comunidad transgénero le llaman las hijras o Khwajasara, “se ubica entre los países que han tratado de marginar y en muchos casos deshumanizar a las personas cuya identidad de género u orientación sexual quedan fuera de una la visión tradicional de lo que es normal o aceptable. Miembros del LGBTI rara vez revelan su inclinación sexual”, señala un informe de 2015 de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado. Es decir, a cinco años de reconocer legalmente el tercer género, la discriminación no ha sido superada.

De modo que la legislación no siempre se traduce en una práctica cotidiana. Aunque las hijras tienen una tradición de centenares de años, muchas sobreviven gracias a la mendicidad, bailando en carnavales y bodas o se dedican al trabajo sexual ya que son relegadas.

Tercera opción de género en los pasaportes: ¿Incluyente o excluyente? 1
Los miembros de la comunidad transgénero asisten a una fiesta en Peshawar, Pakistán. | Foto: Caren Firouz / Reuters

A pesar de esto, las organizaciones de Derecho Humanos mantienen su lucha e izada la bandera de que el reconocimiento legal es el camino hacia una sociedad libre y sin violaciones a la libertad.

En el caso de Bangladesh que también emitió un decreto en 2013 reconociendo a las hijras su propio género legal, Amnistía Internacional (AI), señala que las personas del colectivo LGBTI sufren hostigamientos, discriminación y violencia.

Un ejemplo de ello fue en mayo de este año cuando las fuerzas de seguridad de detuvieron a 28 jóvenes que podrían ser de la comunidad bajo cargo de posesión de drogas. “Tampoco en este país se han rendido cuentas por el brutal homicidio de Xulhaz Mannan, director de una revista LGBTI, y de su amigo Tany Mojumdar”, reseña AI.

“En Bangladesh la homosexualidad se pena hasta con 10 años de cárcel”

Según el informe 2016-2017 de la ONG, grupos armados que afirmaban actuar en nombre del islam mataron en atentados selectivos a decenas de personas, incluidos ciudadanos y ciudadanas de otros países, activistas en favor del laicismo y personas LGBTI. Añade que la reacción del gobierno se caracterizó por la comisión de violaciones de derechos humanos, entre ellas detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas, homicidios ilegítimos, tortura y otros malos tratos. De modo que un documento con la tercera opción no ha sido suficiente y de hecho a veces se convierte una pista para los agresores.

Aún así, según el informe “Homofobia de estado 2017” de Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA, por sus siglas en inglés) reseña que en Bangladesh un hombre que sea homosexual y mantenga relaciones carnales con otro podría pagar una pena hasta de 10 años de cárcel.

En cuanto a India, –también del grupo de 8 países que emiten pasaportes con una opción distinta a masculino y femenino– en 2014 el Tribunal Supremo emitió un amplio dictamen reconociendo el tercer género, afirmando “el derecho de toda persona a elegirlo”, y pidiendo la inclusión de los colectivos transexuales en los programas de asistencia social del Estado. Aún así, el país sigue penando las relaciones homosexuales.

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Dos mujeres transexuales durante el inicio de una manifestación por los derechos de la comunidad LGTB en India. | Foto: Shailesh Andrade / Reuters

En 2009, el artículo 377 del Código Penal de la India “fue objeto de una interpretación más restringida, por parte del Tribunal Superior de Delhi, eliminando la prohibición de las relaciones sexuales consensuales entre personas adultas del mismo sexo en privado. Sin embargo, el 11 de diciembre de 2013, en el caso Koushal c. Fundación Naz (“Koushal v. Naz Foundation”), una sala de dos magistrados de la Corte Suprema de la India determinó la constitucionalidad del artículo 377. Por lo tanto, las relaciones sexuales consensuales entre dos hombres adultos siguen constituyendo delito”, reseña la ILGA.

Estado precursor en Asia 

Human Rights Watch reseña que la Corte Suprema de Nepal, en una sentencia de 2007, ordenó al gobierno a reconocer una tercera categoría de género en base a un “autosentimiento” individual.

La decisión se basaba en gran medida en los Principios de Yogyakarta recién acuñados: el primer documento en codificar los principios internacionales en materia de orientación sexual, identidad de género y Derechos Humanos. Alentados por la sentencia, los activistas incidieron exitosamente con las agencias gubernamentales para incluir la tercera categoría de género en las listas de votantes (2010), el censo federal (2011), los documentos de ciudadanía (2013) y los pasaportes (2015).

En el documento se indica con una “O” -de “other” (“otro”) el sexo del ciudadano nepalí. “Espero que podamos enviar un mensaje de apoyo en todos los lugares del mundo a las minorías” sexuales, dijo Monica Shahi la primera transgénero en recibir su pasaporte con la tercera opción en el país asiático. Exigió que tras este paso el gobierno nepalí permita también los matrimonios entre personas del mismo sexo. Nepal es uno de los estados precursores en Asia en el reconocimiento de los derechos de género pero le queda mucho camino por delante.

En algunos países más desarrollados el debate es otro. Se está cuestionando la manera más correcta de calificar al tercer género. Son los casos de Nueva Zelanda, Australia y Malta. Canadá se une al debate y desde ahora ofrece a sus ciudadanos elegir el género con el que se identifican en sus pasaportes.

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Siete libros para leer este Orgullo LGTB 2017

Néstor Villamor

La diversidad, la tolerancia, el respeto, la aceptación… Aunque bañadas en cerveza y acompasadas por música dance de fondo, las celebraciones del Orgullo LGTB no son solo una fiesta; son también un momento para detenerse y comprender a personas con una sexualidad o una identidad de género diferente a la mayoritaria. Esos valores fueron los que defendieron los gays, lesbianas, bisexuales, transexuales y travestis (sobre todo, travestis) del bar Stonewall en Nueva York la madrugada del 28 de junio de 1969. Irónicamente, lo hicieron a ladrillazo limpio, pero una violenta y sistemática brutalidad policial no les dejó muchas más opciones que iniciar unos disturbios para rebelarse contra un establishment que se negaba a entender otro idioma que no fuera el suyo.

Cuarenta y ocho años después, su lucha ha permitido cosas tan básicas como que dos hombres puedan bailar pegados, que dos mujeres puedan besarse por la calle, que una mujer transexual pueda hablar con naturalidad sobre su condición… o que cualquier heterosexual pueda pedir en la biblioteca o en la librería obras de temática LGTB sin recibir miradas de reproche. ¿Cuáles?

Siete libros LGTB para leer este Orgullo Gay 2017 1

Las horas, de Michael Cunningham (1998)

Virginia Woolf escribe La señora Dolloway en la Inglaterra de los años 20. Laura Brown lo lee en Los Ángeles en los 40, tras la Segunda Guerra Mundial. Clarisa Vaughan prepara, en el Nueva York de los 90, una fiesta como la que centra la novela de Woolf. O lo que es lo mismo, una escribe un libro, otra lo lee, una tercera lo protagoniza sin saberlo. El estadounidense Michael Cunningham escribió una novela sobre mujeres, sobre las relaciones entre mujeres y sobre la relación de tres mujeres con un clásico de la literatura. Su esfuerzo le valió el Premio Pulitzer en 1999. Solo el prólogo, una reconstrucción ficticia del suicidio de Virginia Woolf, funciona perfectamente como relato corto independiente del resto del libro y ya marca el tono melancólico de la novela. En 2002, Stephen Daldry llevó Las horas a la gran pantalla con un elenco encabezado por Meryl Streep, Nicole Kidman y Julianne Moore.

Confesiones de una máscara, de Yukio Mishima (1949)

La consagración le llegó a Yukio Mishima en 1949 con Confesiones de una máscara, una novela sobre la infancia y juventud de Kochan, que vive en la era imperialista de Japón pero cuya historia es perfectamente exportable a cualquier época y lugar. Un muchacho homosexual va creciendo, madurando, conociendo la sexualidad, reconociendo la suya propia… y escondiéndola. Kochan es consciente de que es diferente, pero también entiende que vive en un mundo que no va a aceptar su diferencia. ¿Su solución? Vivir con una máscara. Uno de los autores más sobresalientes de la literatura japonesa del siglo XX, Yukio Mishima se quedó a las puertas del Nobel, un sueño del que se despidió después de que le concedieran el galardón a su compatriota Yasunari Kawabata en 1968.

Ética marica, de Paco Vidarte (2007)

Con la legalización del matrimonio y la adopción homosexual en 2005, España se ponía a la vanguardia de los derechos LGTB en el mundo al equiparar los derechos de los homosexuales y de los heterosexuales. Pero este nuevo marco legal tuvo un efecto secundario: la relajación de algunos activistas, la equivocada sensación de que se había alcanzado la cima. En 2007, años antes de que las agresiones homófobas llegaran a los telediarios con regularidad, el filósofo español Paco Vidarte ya alertaba en un breve ensayo titulado Ética marica del peligro del “agotamiento ideológico”, de la “desaparición de cualquier clase de proyecto o programa político concretable, verosímil, factible que no sea simplemente una fuga psicótica, una huida hacia adelante que a todo el mundo medianamente despierto deja insatisfecho”.

Un hombre soltero, de Christopher Ishwerwood (1964)

George, un profesor universitario entrado en años intenta seguir con su vida tras la muerte de su novio, significativamente más joven, fallecido en un accidente de tráfico. Ambientada durante la crisis de los misiles de Cuba a principios de los años 60, el británico Christopher Isherwood presenta en Un hombre soltero un día cualquiera en la vida de un hombre y convierte lo cotidiano en universal para explicar a una persona: sus amistades, su fascinación por un joven alumno, su soledad, su pérdida, su envejecimiento, la percepción social de su homosexualidad -más heredera de la puritana década de los 50 que precursora de la liberación sexual de los 60 y los 70-. En 2009, el diseñador de moda Tom Ford debutó en el cine con una adaptación de esta novela, protagonizada por Colin Firth y Julianne Moore.

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La muerte en Venecia, de Thomas Mann (1912)

De nuevo aparece la fascinación de un hombre maduro por un joven -en este caso, muy joven- efebo. En La muerte en Venecia, eso sí, esa atracción no es secundaria, es el centro de la novela de Thomas Mann. En este trabajo de corte autobiográfico, el ganador del Nobel presenta a Gustav von Aschenbach, un reconocido escritor alemán, que viaja a Venecia en busca de inspiración artística. Pero lo que encuentra en su lugar es la decadencia y el peligro de una ciudad perseguida por el cólera y, sobre todo, a Tadzio, un adolescente de belleza inocente que inmediatamente crea en Aschenbach un conflicto: ¿cómo se enfrenta un intelectual entrado en años y respetado a una atracción obsesiva por un joven del que no conoce más que su atractivo?

Carol, de Patricia Highsmith (1952)

Titulada originalmente El precio de la sal y renombrada posteriormente, esta novela de Patricia Highsmith presenta la relación entre dos mujeres: Therese y Carol. Ambas solitarias -la primera tiene un novio por el que no siente ninguna atracción, la segunda atraviesa un divorcio-, empiezan teniendo citas furtivas hasta que se van de viaje en coche, durante cuyo transcurso su relación se vuelve física. En 2015, Todd Haynes la llevó al cine con éxito tanto de crítica como de público. La película de 2015 es fiel a la novela que adapta, pero la elección de las actrices añade varios años a las dos protagonistas: Rooney Mara interpreta a Therese y Cate Blanchett encarna a Carol. Ambas actuaciones recibieron el aplauso de la crítica.

Infancia y transexualidad, de Juan Gavilán (2016)

En un momento en que el colectivo Hazte Oír lleva a la carretera un autobús para atacar a los menores transexuales, la lectura de Infancia y transexualidad, del español Juan Gavilán, arroja luz sobre un hecho que, si bien no es nuevo, sí ha presentado una conversación social inédita: los niños pueden ser transexuales. La irrupción de estos pequeños en el debate público plantea situaciones que hacen imperativo tener una idea realista sobre su condición. “Como alternativa al discurso biomédico, Juan Gavilán plantea un marco basado en la experiencia práctica, en la realidad, de las familias de menores transexuales que afrontan a diario preguntas sobre el desarrollo, la identidad, las estrategias educativas o el sexo de sus hijos e hijas”, destaca la editorial.

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Los riesgos de Trump para la comunidad LGTB

Cecilia de la Serna

La victoria del republicano Donald Trump puede poner en jaque los años de progreso de los derechos LGTB realizados por la Administración Obama. Su amistad con líderes abiertamente homófobos, como Vladimir Putin -cuyas leyes anti LGTB han sido denunciadas por activistas y gobiernos de medio mundo- y la presencia de su propio vicepresidente, Mike Pence -un ultraconservador católico con un historial anti LGTB desde las instituciones notable-, hacen temer lo peor a esta comunidad.

Precedentes de las políticas LGTB en Estados Unidos

Bajo el mandato de George W. Bush, Estados Unidos fue un claro oponente a los esfuerzos realizados por europeos y latinoamericanos para insertar el lenguaje de los derechos LGTB en las Naciones Unidas. Esto cambió bajo la presidencia de Obama, convirtiéndose la nación más poderosa del mundo en defensora clave de estos derechos, y un ejemplo a seguir en medio mundo. La candidata Hillary Clinton explicó este cambio radical cuando era Secretaria de Estado en un discurso de 2011 en el que declaró que “los derechos de los homosexuales son Derechos Humanos y los Derechos Humanos son derechos de los homosexuales”, emulando un discurso histórico que pronunció décadas antes que establecía lo mismo en torno a los derechos de las mujeres.

Bajo la Administración Obama el Tribunal Supremo legalizó el matrimonio homosexual en todos los estados

Los asuntos LGTB no han centrado esta campaña como lo hicieron en la pasada, cuando el matrimonio entre personas del mismo sexo protagonizó discursos y significó, para muchos, el punto clave para respaldar la candidatura de Barack Obama, que fue el candidato con más apoyos por parte de esta comunidad de la historia. Obama respondió apoyando esta causa fervientemente desde el despacho oval, bajo su Administración el Tribunal Supremo legalizó el matrimonio homosexual en todos los estados, y entregó a la comunidad LGTB el primer Monumento Nacional dirigido al colectivo LGTB en Stonewall, un icono de la lucha por los derechos de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales.

Hombres blancos, bien posicionados y homosexuales han decidido apoyar al controvertido candidato republicano

Donald Trump también ha recibido el respaldo de parte del colectivo LGTB, un respaldo muy minoritario pero que cabe destacar. Generalmente, han sido hombres blancos, bien posicionados y homosexuales los que han decidido apoyar al controvertido candidato republicano. La razón es sencilla: no les preocupan tanto unos derechos que, por otro lado creen ya asegurados, sino posicionamientos directamente ideológicos.

Trump sostiene (del revés) una bandera LGTB en un mitin en Colorado. (Foto: Carlo Allegri / Reuters)
Trump sostiene (del revés) una bandera LGTB en un mitin en Colorado. (Foto: Carlo Allegri / Reuters)

No obstante, la mayor parte del colectivo ha rechazado al polémico candidato, al que a los apelativos de racista y machista han añadido el de homófobo.

Amistades peligrosas

Los que están más preocupados son los activistas pro derechos LGTB rusos, que llevan años viviendo en sus propias carnes lo que significa la homofobia institucionalizada. La amistad de Trump y Putin no deja unas perspectivas demasiado optimistas. Lo cierto es que no está claro cuál será exactamente la posición del nuevo presidente sobre los derechos LGTB en el extranjero una vez que asuma la presidencia -y durante la campaña ha enviado mensajes contradictorios sobre los derechos LGTB dentro del país- pero las señales que envía no son alentadoras para aquellos que desean que Estados Unidos siga siendo un paradigma de la defensa de los Derechos Humanos en el mundo. Trump ha elogiado igualmente a líderes totalitarios como Vladimir Putin y ridiculizado a importantes instituciones internacionales, desde la Unión Europea a la OTAN.

Un Tribunal Supremo repleto de conservadores

El gran paso que llevó los derechos LGTB en Estados Unidos a otro nivel fue la legalización del matrimonio igualitario en todo el país, dejando de lado décadas de absurdas legalizaciones e ilegalizaciones por estados. Allí, una pareja de gays o de lesbianas podía casarse en California pero no en Texas, por ejemplo. Ese gran paso lo dio el Tribunal Supremo, aupado por las políticas de la Administración Obama.

La Casa Blanca iluminada con la bandera del arcoiris después de la histórica decisión del Tribunal Supremo. (Foto: Gary Cameron / Reuters)
La Casa Blanca iluminada con la bandera del arcoíris tras la histórica decisión del Tribunal Supremo. (Foto: Gary Cameron / Reuters)

Los activistas coinciden en que el matrimonio entre personas del mismo sexo será anulado en menos de una década

Esos avances pueden tornarse en retrocesos si el Supremo lo componen mayoritariamente jueces conservadores, como los que ha propuesto Trump. Según coinciden la mayoría de activistas, con la elección de Donald Trump y con un Supremo aún más conservador, el matrimonio entre personas del mismo sexo será anulado en menos de una década. El Tribunal Supremo tiene competencias, además, en otro tipo de legislaciones como las que discriminan a las personas transgénero en varios estados, como en Carolina del Norte, donde además se han promulgado leyes de “libertad religiosa”, gracias a las cuales -por ejemplo- un empresario puede despedir a un trabajador por su orientación sexual. Ahí es donde entra en juego el vicepresidente electo, Mike Pence, que es quien hace temer realmente a los activistas LGTB.

Mike Pence a.k.a. el homófobo

Donald Trump tiene la intención de delegar gran parte de las políticas sociales en su vicepresidente, Mike Pence, lo que aterra a muchos. Pence es conocido por sus posturas abiertamente homófobas. Siendo Gobernador de Indiana promulgó la controvertida Ley de Restauración de la Libertad Religiosa, que fue rechazada por gran parte de la sociedad civil, especialmente por activistas pro LGTB. Se trata una ley flagrantemente discriminatoria, que establece que una empresa puede despedir a alguien por su orientación sexual, o que un hospital puede rechazar a un paciente por esa misma razón.

Donald Trump con su vicepresidente, el homófobo Mike Pence. (Foto: Mike Segar / Reuters)
Donald Trump con su vicepresidente, el homófobo Mike Pence. (Foto: Mike Segar / Reuters)

Pence se negó a decir si está bien o mal disparar a alguien por ser gay

Preocupantes han sido también sus declaraciones en prensa. Por ejemplo, en una entrevista concedida a la cadena ABC News, Pence se negó a decir si está bien o mal disparar a alguien por ser gay, y ha defendido abiertamente las terapias de “conversión heterosexual”. Mike Pence es la homofobia encarnada en persona, y será quien dirija las políticas sociales de la Administración Trump.

La elección de Trump genera incertidumbre a varios niveles. Que vaya a presidir Estados Unidos no es una buena noticia para las minorías, entre las que se incluye la comunidad LGTB, que puede ver cómo los derechos conseguidos le son arrebatados, y cómo los que están por lograrse quedarán olvidados en cualquier cajón. Fuera de las fronteras estadounidenses, que Estados Unidos deje de respaldar Derechos Humanos básicos como los que componen los derechos LGTB puede hacer mucho daño a millones de personas que aún viven perseguidas por su orientación sexual o su identidad de género.

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¿Está amenazada la libertad de expresión en España?

Marta Ruiz-Castillo

Foto: J.J.Guillen
EFE

Por primera vez en su historia, ARCO retira una obra; una juez ordena el secuestro de un libro; un rapero es condenado a tres años de cárcel. Estas son noticias reales y ocurridas en España en apenas un par de días. La polémica está servida porque en todos los casos hay un denominador común: la defensa o vulneración de la libertad de expresión en democracia.

En medio del debate, Amnistía Internacional (AI) ha hecho público un informe en el que denuncia que 2017 ha sido un mal año para la libertad de expresión en España . “Alzar la voz, incluso en redes sociales, se ha vuelto cada vez más peligroso”, y recuerda que sólo el pasado año hubo 20 condenas dictadas por “enaltecimiento al terrorismo” y humillación a las víctimas. “Comentarios en redes sociales, letras de canciones controvertidas y bromas están siendo criminalizadas bajo esa categoría vaga de enaltecimiento del terrorismo y de humillación a las víctimas”, añade AI.

Una conclusión preocupante para un país donde los derechos de manifestación y de reunión, por ejemplo, también se han visto restringidos con sanciones desorbitadas recogidas en la polémica Ley de Seguridad Ciudadana del PP, más conocida como ‘ley mordaza’, aprobada por el Congreso de los Diputados en 2015 con el voto en contra de la oposición. El PP tenía entonces mayoría absoluta. La reforma de la ley, que limita también el derecho a la información, fue impulsada por el Grupo Socialista en 2016, pero el texto permanece en el olvido a la espera de que se reanude el trámite para derogar una norma que partidos, como PSOE o Podemos, utilizaron como bandera del progresismo. Ahora, al hilo de la polémica, ambos han vuelto a reivindicar la urgente necesidad de acabar con la ‘ley mordaza’.

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El PP aprobó con el voto en contra de la oposición en 2015 la llamada ley mordaza. | Foto: Congreso de los Diputados

Para el magistrado y portavoz territorial de Juezas y Jueces para la Democracia, Joaquím Bosch, “todo empezó con la Ley de Seguridad Ciudadana”. En España “tenemos menos libertades ahora que en los años 80”, asegura.

Incluso el diario The New York Times se ha hecho eco de estas polémicas decisiones, llegando a decir que “ya sea por ley o por intimidación, España se ha convertido en un país donde los riesgos para la libertad de expresión han aumentado en los últimos años”.

ARCO no quiere ‘presos políticos’

Santiago Sierra seguramente no imaginó que su obra ‘Presos políticos en la España contemporánea‘, con la que había acudido a la 37 edición de la Feria de Arte Contemporáneo de España (ARCO) iba a sentar un precedente; un polémico procedente, porque las 24 fotografías con retratos pixelados de personajes en prisión preventiva, entre las que están el exvicepresidente de la Generalitat catalana, Oriol Junqueras, y los presidentes de las organizaciones independentistas ANC y Òmnium Cultural, encarcelados en relación con la investigación judicial en marcha sobre el procés, fueron retiradas.

En una entrevista concedida a Ctxt , Serrano lamentaba lo ocurrido y se declaraba perplejo. En su opinión, “vivimos una histeria colectiva con el tema del procés”, y a la pregunta de si cree que España está viviendo un proceso de involución democrático, su respuesta fue contundente: “el Estado está penetrado por el crimen organizado”.

Los responsables de IFEMA, donde se desarrolla ARCO, fueron los que pidieron a la galería de Helga de Alvear, que llevó la obra en discordia, que la retirara. El argumento fue que podía molestar y crear una controversia que perjudicara al resto de las obras. En cuanto se conoció la noticia, las redes sociales se llenaron de comentarios, la mayoría críticos con la decisión, calificándola de “censura”.  La obra fue retirada, sí, pero antes fue fotografiada y reproducida hasta la saciedad en Twitter, en los medios de comunicación…Y lo que es más, la obra fue adquirida por 90.000 euros. Probablemente, lo que IFEMA no quería que ocurriera.

Ante la avalancha de críticas, llegaron las disculpas al día siguiente de retirar la obra. La dirección del recinto ferial aseguraba que sentía lo ocurrido, que no volverá a pasar y que, en ningún caso, hubo “mala fe”. Pero la obra no retornó a ARCO cuyo director, Carlos Urroz, dejó claro desde el primer momento que no compartía la decisión.

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La obra Presos Políticos de Santiago Sierra antes de ser retirada de ARCO. | Foto: FERNANDO VILLAR / EFE

Los políticos no han permanecido ajenos a la polémica.

“La libertad de expresión en cualquier ámbito es una pieza fundamental del Estado de Derecho, y desgraciadamente, desde que tenemos un gobierno del PP, la libertad de expresión en España está muy restringida”, declaraba la portavoz del Grupo Socialista en el Congreso, Margarita Robles. En este sentido, aseguraba que el PSOE quiere sacar adelante más pronto que tarde la derogación de la ‘ley mordaza’. Una declaración genérica de Robles cuyo partido, sin embargo, no se opuso a la retirada de la obra cuando el órgano director de IFEMA, en el que tienen representación, tomó la decisión.

“Bienvenidos a Turquía”, decía, por su parte, el portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en el Congreso, Joan Tardá, partido del que es líder Oriol Junqueras. “Bienvenidos al régimen de Erdogan ¡Cuánta hipocresía! Es una vergüenza que tengamos que presenciar un ejercicio de hipocresía tan superlativo, porque…como que no tienen la honradez, la honestidad de decir que se trata de un ejercicio de censura”.

El Gobierno, sintiéndose aludido por esta y otras acusaciones similares, salió al paso asegurando que “nosotros no censuramos a nadie“, en palabras del portavoz y ministro de Educación y Cultura, Íñigo Méndez de Vigo. En el lado opuesto, Podemos, y como expresión del rechazo a esta retirada insólita de una obra de arte en ARCO, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, decidió no acudir a la inauguración presidida por los Reyes, al día siguiente de que estallara el caso.

El escándalo de ARCO se produjo coincidiendo con otra polémica no menos intensa. La juez de Collado Villalba (Madrid), Alejandra Fontana, ordenó el secuestro cautelar del libro ‘Fariña’, obra del periodista Nacho Carretero publicada en 2015 en la que narra con datos contrastados y reales cuenta la historia del narcotráfico gallego. La juez adoptó la medida a petición del exalcalde de O Grove (Pontevedra), José Alfredo Bea Gondar, quien demandó en enero a Carretero y a la editorial Libros del KO por supuesta vulneración de su derecho al honor.

“Creo desproporcionado secuestrar Fariña por plasmar unos hechos probados judicialmente en tres líneas del libro”, dijo Carretero.

La reacción en las redes sociales contra lo que, de forma mayoritaria se calificó de “censura”, no fue nada comparada con las ventas del libro en Amazon. ‘Fariña’ se convirtió en el libro más vendido en unas horas, mientras numerosas personas publicaron el párrafo de la discordia en Twitter.

El Gremio Libreros de Madrid publicó también un comunicado en el que expresó su “rotundo desacuerdo y unánime disconformidad con esta medida” y anunció que “Fariña se queda en las librerías”.

Para Pablo Iglesias, líder de Podemos, “la libertad de expresión está sufriendo el mayor ataque desde la dictadura y no podemos quedarnos callados”. Se refería al secuestro de Fariña y a la sentencia condenatoria contra el rapero Valtonic.

Y es que antes del secuestro de Fariña, los medios de comunicación se hicieron eco de la decisión del Tribunal Supremo de confirmar la condena a tres años de prisión contra el rapero Valtonyc por delitos de “enaltecimiento del terrorismo, calumnias e injurias graves a la Corona, y amenazas no condicionales”.

El rapero reaccionaba con este tuit a la sentencia

Una decisión calificada por muchos de “desproporcionada”. La Plataforma en Defensa de la Libertad de Información (PDLI) calificó la condena al rapero de “inaudita” e “impropia de una democracia” que vulnera los principios internacionales sobre libertad de expresión. “Valtonyc va a ser el primer cantante que entre en prisión en España acusado de enaltecimiento del terrorismo. Lo que estamos viendo es inaudito e impropio de una democracia plural: la persecución de la canción protesta”, dijo en un comunicado la presidenta de la PDLI, Virginia Pérez Alonso.

Una valoración no compartida por el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, para quien las expresiones de odio y los extremismos deben ser perseguidos con las armas legales que ofrece el Estado de derecho; más contundente, el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, dijo que “una amenaza de muerte es una amenaza de muerte independientemente de que el soporte en el que se haga sea digital o analógico”. El líder de la formación es uno de los políticos que ha recibido amenazas de muerte a través de las redes.

El caso del Valtonic no es único. Antes que él, la justicia condenó en 2014 a Pablo Hasel por enaltecimiento del terrorismo, aunque no entró en prisión porque la pena no superaba los dos años. El rapero catalán tiene varias causas abiertas por tuits publicados en su cuenta. También la justicia española ha condenado a ciudadanos por opiniones “ofensivas constitutivas de delito”. El primero en entrar en prisión fue Alfredo Remírez, arrestado en 2015, el mismo día que el cantante de Def con Dos, Cesar Strawberry, por comentaros en Twitter contra las víctimas del terrorismo. Ellos aseguran que son sólo opiniones y se defienden apelando a la libertad de expresión. La cuestión es que la justicia, en todos estos casos, entiende que la libertad de expresión tiene unos límites que terminan donde empieza el Código Penal.

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¿Por qué son tan criticados los transportes solo para mujeres?

María Hernández

Foto: Sam F
Unsplash

Blablacar, la aplicación más popular para compartir viajes en coche, ofrece desde el año 2012 la opción “solo mujeres” que permite compartir coche en el que no viajen o conduzcan hombres. Aunque esta opción lleva años disponible, en los últimos días ha generado una gran polémica en las redes sociales.

Lo que se lanzó como una opción para promover la seguridad y la tranquilidad de las mujeres que no se sientan cómodas viajando con hombres desconocidos, ha acabado siendo el foco de una discusión entre quienes lo consideran necesario y quienes aún no comprenden la importancia de este tipo de medidas.

El miedo a vivir situaciones incómodas, que han sido denunciadas en numerosas ocasiones por usuarias de Blablacar, como que un hombre les proponga sexo en pleno viaje, que intente ligar con ella durante horas o incluso que la acose sexualmente, lleva a muchas mujeres a elegir esta opción, especialmente en el primer viaje elegido a través de sus servicios.

Sin embargo, hay quien todavía es capaz de entender que este tipo de situaciones ocurren y que, mientras algunos hombres no dejen de protagonizar estas escenas de acoso, iniciativas como las de Blablacar siguen siendo necesarias.

Muestra de ello son los numerosos tuits de hombres que han calificado esta opción de “absurda” e “innecesaria”, incluso de discriminatoria, y hay hasta quien defiende que debería estar también disponible para hombres. Tampoco han faltado los que han aprovechado esta oportunidad para basar sus críticas en argumentos racistas como que Blablacar debería incluir la opción de no aceptar a inmigrantes en los viajes.

Esta polémica demuestra que todavía queda mucho por hacer para acabar con el acoso sexual, pues todavía quedan hombres, y también mujeres, que no han comprendido su relevancia, pero afortunadamente hay mucha gente que ha utilizado este debate para recordar que las violaciones y el acoso sexual ocurren, por desgracia demasiado a menudo, y que ofrecer medidas de seguridad para las mujeres, aunque no sean la solución al problema, no está de más.

Otras iniciativas similares

Blablacar no es la única empresa que ha optado por ofrecer más seguridad a las mujeres. Las ciudades de Bilbao y Terrassa anunciaron a principios de febrero que, para evitar las agresiones sexuales en el transporte público, crearán trayectos específicos para mujeres en los autobuses nocturnos. El proyecto quiere permitir que las mujeres puedan bajar de los autobuses fuera de las paradas regulares y limitar, de esta manera, sus desplazamientos en solitario durante la noche.

Otra medida que ha sido duramente criticada es la de las plazas de aparcamiento para mujeres. Varios parkings de Europa y algunos de España cuentan con plazas reservadas especialmente para mujeres que se encuentran más cerca de la salida y del puesto de seguridad.

Los defensores de esta medida aseguran que está pensada para que las mujeres no tengan que atravesar el aparcamiento a solas y de noche, y se sientan seguras por estar cerca de los vigilantes de seguridad.

Sin embargo, sus detractores consideran que es una ofensa a la mujer porque insinúa que aparcan peor y necesitan un espacio diferente para hacerlo. Muchos de quienes las critican apuntan que en muchas ocasiones están señalizadas en rosa o con un mayor espacio que el resto de plazas, lo que consideran discriminatorio, y dejan a un lado los motivos más profundos que motivan a crear estos espacios seguros.

La violencia sexual en Europa

Estas medidas que tanta polémica han generado no han sido creadas por capricho de las empresas, y los datos lo atestiguan. Alrededor de 215.000 personas fueron víctimas de este tipo de delitos en 2015, de las cuales el 90% fueron mujeres. De todos estos ataques, un tercio fueron violaciones, es decir, unos 80.000 casos, según los últimos datos de Eurostat sobre los delitos sexuales.

El informe demuestra que más de 9 de cada 10 víctimas de violaciones y más de 8 de cada 10 víctimas de agresión sexual fueron niñas y mujeres, y un 99% de los detenidos por estos casos fueron hombres.

En España, esta situación es especialmente preocupante. Ocupa el sexto puesto en la lista de países europeos con más delitos sexuales, con 1.229 violaciones en el año 2015 y casi 10.000 casos de violencia sexual. En cuanto a los detenidos por estos casos, solo 60 mujeres están en la cárcel por este tipo de violencia frente a 3.145 hombres.

Estos datos, igual que los comentarios en las redes sociales, demuestran que el número de delitos sexuales y la presencia del acoso sexual en la sociedad es aún muy elevada y que, hasta que exista la solución perfecta a este problema, es necesario crear medidas que, al menos, intenten acabar con los delitos sexuales.

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