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This is Us, el melodrama llegó a la televisión para quedarse

Nerea Dolara

Se estrena This is Us en España, una nueva serie que mezcla el drama familiar, la emotividad excesiva y los giros de telenovela en un tiempo en que la TV rescata la hipérbole dramática.

Todo comenzó con Shonda Rhimes. Sí, antes ya existían las telenovelas y algún que otro melodrama, pero fue esta creadora -actualmente la mujer más poderosa de la televisión- la que mezcló dos cosas que casi nunca se habían visto las caras: el melodrama televisivo y la buena crítica. Su primer incursión fue La Anatomía de Grey (ya con 13 temporadas), la historia de un grupo de médicos residentes y sus  hiperbólicas relaciones amorosas y casos médicos. La serie ha tenido altibajos (The AV Club, una de las webs más reconocidas en Estados Unidos por su crítica de televisión dejó de reseñarla hace años, pero actualmente la revisita) pero se ha mantenido en la conversación mediática, incluso en estos tiempos de exceso de contenidos de calidad. Pero realmente el oro de los melodramas de Rhimes se lo lleva Scandal. Esta historia de una experta en relaciones públicas -sus funciones van mucho más allá, uno de sus empleados es un experto torturador- que es amante del presidente de Estados Unidos, lleva las situaciones exageradas a extremos.

Meredith Grey llorando luego de que el avión en el que viajaba se estrellara en el medio del bosque y muriera su hermana. Gracias Shonda.
Meredith Grey llorando luego de que el avión en el que viajaba se estrellara en el medio del bosque y muriera su hermana. Gracias Shonda.

Tras el éxito de Rhimes la televisión ha vivido un resurgir del drama excesivo, ya sea con situaciones inverosímiles que ponen a los personajes al límite, como en Grey’s o Scandal (o House of Cards o How to Get Away with Murder), o con situaciones familiares más “realistas” pero igualmente excesivas si se considera que la serie relata la vida “normal” de una familia.

Puede que This is Us, que se estrenó en España el día dos de este mes a través de Fox Life, no sea un melodrama a la usanza, puede que pueda definirse más como un drama familiar, pero el nivel de giros y la escala de las revelaciones bien puede añadirlo a la larga lista reciente de series que van más allá. This is Us, suma de historia de amor, relato familiar y drama aleccionador, cuenta la historia de una familia y poco más puede decirse sin revelar los giros que comienzan a sorprender al espectador desde el primer episodio –más o menos dependiendo de cuál de ellos sea– pero lo que sí puede afirmarse es que juega al extremo y a exprimir lágrimas del espectador con emotividad (otro elemento que pulula en las creaciones de Rhimes) y mucha manipulación sentimental (a veces efectiva y discreta, a veces obvia), además de tratar temas “actuales” de forma “educativa” (al igual que con las sorpresas o la emoción, el manejo de estas cuestiones varía entre básico y complejo).

Afiche de la serie.
Afiche de la serie.

This is Us es heredera de la hipérbole de Rhimes y de los dramas familiares de Jason Katims, responsable de dos de las series más capaces de producir lágrimas en los últimos tiempos: Friday Night Lights y Parenthood. Estas últimas mucho menos tendientes a la sorpresa, pero amantes predilectas del llanto relatan las vidas de pequeños grupos de personas (Friday Night Lights es sobre el entrenador de un equipo de fútbol americano, su familia y los jugadores; Parenthood es sobre una numerosa familia) con sensibilidad y una capacidad casi impoluta para la manipulación emocional inadvertida.

La nueva serie ha tenido tanto buenas críticas (su Metascore en Metacritic.com es de 76 sobre 100) como detractores inmediatos (Willa Paskin en Slate la describió así: “La mala televisión es común, pero un Everest de porquería es una rareza”) pero lo cierto es que se convirtió en un éxito de audiencia en Estados Unidos desde su primer episodio.

Otros dramas familiares que prescinden de las lágrimas (la mayoría del tiempo) y recurren a los caminos retorcidos de la telenovela son Empire y, sí, Juego de tronos. Vale que no tienen similitudes obvias –uno trata sobre un productor de hip hop y su familia, el otro sobre una lucha de poder por el trono entre varias casas en un mundo imaginario– pero ambos revisan dinámicas familiares dignas de una tragedia griega y ambos lo hacen sin nunca disculparse por empujar hacia los extremos (asesinatos, incesto, traiciones) sus narrativas.

La televisión ha optado por abandonar los prejuicios que han siempre asociados al melodrama o la telenovela y se ha lanzado de lleno a someter a sus personajes a penosas historias de origen, eventos de vida que traumatizarían a cualquiera e historias de amor y amistad dignas de un Homero de la era tecnológica.

Distopías en las que nunca acabará el mundo...o en las que puede que sí

Nerea Dolara

Inteligencia Artificial, calentamiento global, Estados totalitarios, esos son rasgos de futuros humanos que no parecen tan lejanos. Pero el cine y la televisión no sólo se imaginan distopías viables, también las hay imposibles.

Imaginar futuros catastróficos es un ejercicio muy común en la ficción. Una especie de fábula y una oportunidad de dejar a la imaginación volar libre (la mayoría de las veces de forma sádica) y crear un mundo que no se conoce aún. La oferta es amplia y diversa y, en un momento que parece bañado por señales de malos tiempos por venir (intolerancia, prejuicios, populismos, terrorismo, calentamiento global),  (a modo de quienes guardan mochilas de supervivencia o tienen planes para una epidemia zombie) y los que son muy poco viables.

(Advertencia de Spoilers)

Firefly (2002-2003). Poco viable.

Esta serie de Joss Whedon, que sólo duró una temporada y que se ha convertido en un producto de culto, se desarrolla en el año 2517 y asume un futuro en que, sí, hay viajes espaciales y muchos planetas “terrificados” (en los que han reproducido las condiciones de la Tierra) y un gran gobierno controlador, La Alianza, pero la realidad del día a día del grupo que vuela en una nave destartalada comandada por Malcolm Reynolds (Nathan Fillion) es el de un western espacial. Y sí, puede que todo lo demás sea viable, pero que el futuro se convierta en el Viejo Oeste espacial es poco probable -a menos que se asuma como un “juego”, sí, hablo de ti Westworld-, aunque muy entretenido.

Nunca me dejes ir (2010). Viable.

Basada en una novela de Kazuo Ishiguro, esta excelente película -que pasó muy desapercibida sin merecerlo- se desarrolla en un futuro cercano, aunque al principio no sea obvio. Si no se sabe nada de la historia es mejor evitar tener más información, parte del horror proviene de la revelación de lo que este futuro significa para los protagonistas y para nosotros como humanos. Kathy, Tommy y Ruth crecen huérfanos en una escuela algo sospechosa que resulta ser el lugar en que cuidan y educan a los clones de seres humanos con recursos e intención de vivir eternamente y que utilizarán, antes de que lleguen a sus treinta años, como donantes de órganos vitales… hasta que mueran en una de las cirugías. Los problemas morales y éticos no se toman en cuenta, tampoco el hecho de que estos clones sienten y piensan. La naturalidad con que se desarrolla la historia es lo que más hiela la sangre.

La carretera (2009). Viable

Esta adaptación de la novela de Cormac McCarthy en que un padre y un niño intentan sobrevivir en un mundo arrasado por un desastre -que parece nuclear- y en el que el canibalismo, la violencia y la deshumanización son la norma no parece muy alejado de lo que podría pasar si un gran desastre acabase con los recursos y el hambre y el miedo se apoderaran de la rutina. Al final se trata, como todos los escenarios que parecen posibles, de imaginar el desarrollo de la naturaleza humana en las peores condiciones… y según los ejemplos que tenemos a mano (aunque haya excepciones de bondad y solidaridad) las probabilidades no son buenas.

Distopías en las que nunca acabará el mundo...o en las que puede que sí 3
Fotograma de “Idiocracy”

Idiocracy (2006). Por favor no.

Hace unos años pensar que el mundo de esta película, en que un tipo mediocre es congelado y aparece en el futuro sólo para descubrir que el mundo se ha convertido en lo peor de la televisión basura y la publicidad engañosa -ah y que la contaminación es rampante y todo el mundo es idiota-, era viable parecía un mal chiste… una exageración ante, sí, el aumento de reality shows, productos que se inventan necesidades y una cultura que enaltece más a Kim Kardashian que a Cervantes. Ahora, con la llegada del mundo “post-hechos” no parece tan gracioso.

Bladerunner (1982). Viable.

En este futuro, 2019, el mundo está ultra contaminado, gobernado por las leyes salvajes del mercado, los animales están casi extintos en su totalidad y los replicantes, modelos de androides humanoides, son utilizados como mano de obra esclavizada fuera de la Tierra… los que se rebelan y viven en el planeta son cazados y asesinados.

Logan’s Run (1976). No viable.

A ver en este futuro la alegoría va de la obsesión con la juventud en nuestra cultura y el miedo a la sobrepoblación -miedo con base- pero la solución que ofrece este futuro parece demasiado exagerada… incluso en una lista en que el canibalismo y la inteligencia artificial asesina parecen posibles. En este mundo una vez que llegas a los 30 tus opciones son renacer o morir de forma brutal… o, como deja claro el nombre, correr a ver si escapas de la policía y logras vivir unos años más. ¿Le tenías miedo a los 30 años? Ya tienes la solución, sólo piensa en Logan y compañía, te relajará.

Distopías en las que nunca acabará el mundo...o en las que puede que sí 1
Fotograma de “Black Mirror”

Black Mirror (2011-). Viable

Cada episodio es diferente en esta traumática serie británica, pero en la mayoría de los casos el futuro cercano, y terrorífico, que exhiben es tan posible que las pesadillas son una consecuencia casi indeleble. Ya sea un mundo en que chips implantados en el cerebro para hacer re-play de todo lo que hemos visto en el día o uno en que todo se define por el ránking que tengas en una red social o uno en el que un dibujo animado se postula como presidente… el futuro que presenta Black Mirror es horrible, pero nunca parece muy lejano.

The Purge (2013). No viable.

En esta franquicia cinematográfica se resume en esta premisa: en este futuro hay un día al año, el día de la purga, en que es legal matar, violar y torturar a quien sea. La gente, armada con lo que se encuentre, sale a las calles a desatar sus peores instintos… si eres pobre estás peor -nada de rejas en tu casa y ya ni hablemos si tienes la poca fortuna de vivir en la calle- y si eres rico no estás salvado, pero pagas protección. No parece un gran horizonte al que aspirar y a nivel de posibilidad está en los porcentajes bajos…a qué gobierno se le ocurriría dejar a la gente armarse y matarse un día al año (conste, la duda no proviene de que un gobierno tenga la sensatez de no hacer esto, sino de que tenga la previsión de que gente armada y suelta no tiende a dejarse controlar).

Ex-Machina (2015). Viable

Esta película indie no es Terminator, pero propone la misma premisa… sólo que con mucha menos acción y mucha más discusión moral y filosófica. En un lugar remoto un científico ha creado la que cree es la primera expresión de verdadera Inteligencia Artificial. Para comprobarlo llama a uno de sus empleados, que, encerrado en ese espacio sin ventanas y aislado, debe interactuar con la robot diariamente y evaluar si tiene conciencia. No es difícil imaginar que las cosas no terminan bien y que los humanos no están retratados de la mejor manera.

Distopías en las que nunca acabará el mundo...o en las que puede que sí
Fotograma de “Wall-E”

Wall-E (2008). No viable

Siempre se espera que no llegue a esto, pero en el mundo de Wall-E la Tierra ha tenido que ser abandonada – la basura se quedó con todo el espacio y el aire es irrespirable – y los humanos recorren el espacio en una gran nave crucero, subidos a sillas móviles y pegados a pantallas: sin interactuar, sin moverse, sin saber lo que es una planta o la vida como se conoce en el presente. ¿Exagerado? Sí. Viable, por favor esperemos que no.

Cuando el destino nos alcance (1973). Por dios no.

Vale, ninguno de los futuros presentados en la lista es deseable, eso es claro. Pero en este nada, y es nada, es deseable… y eso antes de conocer la revelación final. La economía del mundo ha colapsado, la contaminación es rampante, los recursos naturales casi han desaparecido y hay sobrepoblación… ah y la alimentación que provee el Estado a quienes tienen la “suerte” de recibirla es en forma de barras energética elaboradas con “plancton” o, como se descubre luego, con gente. Sí, es un muy mal futuro en el que existir.

(Fuera de la lista están las distopías más clásicas como 1984, Un mundo feliz, Fahrenheit 451 y otras narraciones míticas que han establecido muchas de las características de las historias posteriores).

Avi Mograbi, el documentalista sin fórmula

Nerea Dolara

Foto: Avi Mograbi (Fotograma de Z32)

Este cineasta israelí visita Madrid como invitado del festival 3XDoc que presenta cinco de sus documentales en la Filmoteca de la capital hasta el 7 de abril.

Avi Mograbi (Israel, 1956) no busca las historias que sus documentales cuentan. El cineasta se las encuentra y decide contarlas. ¿Cómo? Quien haya visto alguno de sus documentales sabe que siempre es de formas inesperadas, y quien no tiene oportunidad de hacerlo durante el 3XDoc, festival organizado por la Asociación de Cine Documental de Madrid, Docma, en la Filmoteca de Madrid hasta el 7 de abril. Mograbi es un creador particular y su foco tiende a estar sobre el tema del Oriente Medio. Y aunque los temas que trata son duros, el director siempre logra encontrar algún tipo de humor (puede ser muy negro) en su interpretación. ¿Un ejemplo? En Z32 un soldado israelí relata su relación con un asesinato de policías palestinos y su testimonio es interrumpido por momentos por Mograbi cantando en su casa, acompañado de músicos, a modo de extraño coro griego.

Mograbi, que inicialmente estudió Filosofía y Arte, es un hombre alto e imponente, muy claro en sus opiniones y sin muchas explicaciones que dar sobre su proceso. Encuentra lo que quiere contar y sencillamente se inventa una forma de contarlo sin darle muchas vueltas, o eso dice. “Siempre he estado en contacto con el cine. Mi padre tenía un cine en Tel Aviv. Siempre quise ser cineasta pero a mi padre no le parecía una buena idea, así que estudié Filosofía y luego Arte y por un tiempo pensé que sería un artista pero terminé siendo cineasta”.

Mograbi no pensó originalmente que sería documentalista, se imaginó que haría películas de ficción muy artísticas, pero la realidad terminó por seducirlo. “No todo en la vida se trata de publicidad. Una historia me captura y la sigo, no es como que miro una selección de temas y elijo de allí. No es como la carta de un restaurante. Estoy interesado en cierto tipo de historias y cuando encuentro una hay un punto en que decido contarla. No tengo un plan de cómo lidiar con el mundo o lo que quiero contar”.

” Es muy normal que el documental que piensas y el que luego haces no se parezcan.”

En los documentales de Mograbi su presencia se puede dar por hecho, parte de su narración le incluye y a sus reflexiones sobre el tema que trate. En cada película, explica, el proceso es muy diferente, lo mismo que el tiempo de investigación. Con Z32, por ejemplo, estuvo dos años en contacto con el soldado israelí que le contó su historia e incluso le dio una cámara para que el chico se filmase en casa –lo que terminó por generar una de las partes más interesantes de la película, porque el soldado decidió grabarse conversando con su novia sobre lo ocurrido- y al tiempo tuvo que desarrollar un plan para grabar este testimonial sin mostrar el rostro del protagonista, o de su novia, pero a la vez dejando ver sus expresiones faciales (optó por máscaras en tres dimensiones puestas sobre el rostro de los personajes). “No hay una fórmula, muchas veces se te ocurre un concepto para la película y durante el proceso te das cuenta de que no funciona y tienes que cambiar todo el enfoque. Es muy normal que el documental que piensas y el que luego haces no se parezcan. Cuando comienzas puedes descubrir que la realidad con la que lidias es diferente a lo que pensabas y te ajustas o tu historia cambia y se adapta a la realidad que te encuentras. Por eso es interesante hacer filmes que tocan la realidad, porque cambian constantemente”.

Avi Mograbi, el documentalista sin fórmula 2
Fotograma de Aout via 3XDoc.

El director, que incluye entre sus influencias a directores como Chantal Ackerman o Robert Kramer y a músicos como John Coltrane y Jimi Hendrix, nunca se ha planteado otras formas expresivas para contar las historias que le interesan, en parte, explica, se debe a que sus películas son muy receptivas a todo tipo de expresiones. “Mis películas incluyen mucha ficción, música, actúo. Mi enfoque es suficientemente amplio para incluir lo que quiera, no me pongo normas”.

Para Mograbi, en este momento de “hechos alternativos” y noticias falsas, al documentalista no debería exigírsele objetividad, pero sí cree que como personas todos deberían tener un compromiso con la integridad de la verdad. “No sé el rol de los documentales en este momento histórico y es problemático pensar quién podría decidir ese rol. Los documentales no pueden restaurar la verdad. Cuando alguien hace una película basada en una historia real eso no significa que la historia completa está plasmada. Entre la realidad y el público está la cabeza y la mente del cineasta y el cineasta toma decisiones sobre cómo debe contarse la historia. Igual que nosotros en nuestras vidas, cuando contamos lo que nos ha pasado. No es necesariamente cómo que pasó. Y pasa igual con las noticias, alguien decide qué contarte  y cómo contártelo. Eso no significa que no tengamos un compromiso con la verdad y una responsabilidad, claro que la tenemos. Nuestra integridad como personas que cuentan historias es importante, el problema es que no hay una corte para esto. Si usas hechos de forma distorsionada no hay una corte a la que podamos llevarte y restaurar la verdad. Políticos populistas como Trump no respetan la integridad de la verdad. ¿Cómo se lidia con eso? No sé. Pero no es el rol de los documentales corregir eso y no creo además que sea posible. Lo último que queremos es que los cineastas se sientan obligados a apegarse a los hechos de forma anticuada, y que dejen de lado su creatividad e imaginación”.

En 3XDoc se podrán ver cinco documentales de Mograbi en la Filmoteca de Madrid hasta el 7 de abril: Z32, Happy Birthday Mr. Mograbi, Avenge but One of my Two Eyes, Once I Entered a Garden y How I Learned to Overcome my Fear and Love Arik Sharon. También se muestra el primer largometraje de Ahmad Natche, cineasta español-palestino, que relata la vida en un pueblo palestino con no actores y mucha poesía.

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¿Es necesario un reboot de Matrix?

Nerea Dolara

El exitoso universo de 1999 volverá, sin sus creadoras, a las pantallas. ¿Funcionará revivir a Matrix?

Hace unos días la noticia de que Matrix volvería a los cines alborotó Internet. Según Warner Bros., la nueva película constituiría un reboot (reinicio de la franquicia) pero el guionista Zak Penn, que ha sido contratado para escribir un tratamiento de la nueva historia, desmintió esa afirmación. Según él, en su Twitter, la nueva entrega no será ni un reboot ni un remake. Hace referencia al universo tangencial de la saga que se desarrolló en cómics y en la película animada japonesa Animatrix. Penn insinúa que la nueva Matrix será un relato que se desarrolla paralelamente al de las tres películas originales, vamos, una especie de Rogue One de Matrix.

No es noticia que Hollywood lleva años consumiendo de sus propias creaciones y dando muestras de una falta de creatividad y de osadía incomparables en todo su tiempo de funcionamiento. La industria del cine ha optado por lo seguro; es tan seguro que ningún ápice de originalidad se encuentra en sus estrenos a gran escala. El panorama se actual reduce a: superhéroes, más superhéroes y remakes y reboots de películas que fueron exitosas en su momento.

En el caso del reciclaje, Hollywood comenzó cuidándose de revivir productos que sabía tenían una legión fiel de seguidores (y posibilidades de muchas películas)… lo que ha seguido pasando es tema para otro post (¿Baywatch? ¿Splash? ¿Jumanji? O podríamos decir manipulación de la nostalgia 1.1). Algunos ejemplos positivos han sido las sagas reiniciadas de Star Trek y El planeta de los simios (obviando, claramente, la que dirigiera Tim Burton).

Tanto Star Trek como El planeta de los simios han tomado una propiedad original, y antigua, y le han dado la vuelta. En el caso de Star Trek con el uso de un universo paralelo que permite contar con los mismos míticos personajes pero cambiar sus historias, en el de El planeta de los simios con una historia de origen que centra su atención en los simios y que llega a tener tintes shakespeareanos en sus luchas por el poder o en los crudos y humanos comportamientos de sus protagonistas.

Otro caso exitoso de un reboot es el de Batman (de nuevo aclaratoria: el de Christopher Nolan, no la última entrega con Ben Affleck como protagonista) que revivió al héroe de Gotham otorgándole un toque de realidad y oscuridad que contrastaban con las últimas películas sobre el hombre murciélago dirigidas por Joel Schumacher (¿recuerdan los grafittis de colores fosforito o a Sr. Frío?).

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El elegido | Foto via matrix.wikia.com

La diferencia entre todos estos casos y el de Matrix es que todos los mundos a los que se refieren esos reboots son o antiguos (en tiempos de cine los setenta es antes de Cristo) o han sido propiedades que se han removido una y otra vez (un ejemplo de cómo se ha hecho mal es la eterna resurrección de la historia de origen de Spiderman… que tendrá un nuevo protagonista y entrega pronto, como parte del universo Marvel) y, además, son todos productos audiovisuales que tienen su origen en otros productos culturales (novelas, cómics, televisión). Matrix es una creación original de las hermanas Wachowski, un universo cinematográfico construido por esta dupla que conquistó las salas de cine (y las de efectos especiales) con la historia de un futuro distópico en que las máquinas han ganado y los humanos viven en un mundo de realidad virtual mientras son utilizados como baterías. Pero hay una salvación: El elegido. Pero según las pocas informaciones que se manejan hay un hecho preocupante a tomar en cuenta. Las hermanas Wachoswki no están involucradas en el proyecto.

El caso más parecido podría ser el de Star Wars, que acaba de comenzar a estrenar películas – bajo el mando de Disney, luego de que George Lucas vendiese LucasFilm y la franquicia – que expanden el mundo en que se desarrollan las historias originales de Luke Skywalker, Leia y Han Solo y Penn nombra, en sus comentarios en Twitter, lo que se ha estado haciendo con X-Men y sus precuelas y expansiones del universo (Legion, por ejemplo). ¿La diferencia? El mundo de Matrix, y la pasión que generó tras su estreno, tenían mucho que ver con su construcción y su desvelamiento a los espectadores, así como también mucho centrado en la historia con tintes religiosos del elegido que se sacrifica. ¿Interesaría a los espectadores potenciales la historia de algún otro humano que ande suelto en Matrix? ¿O tomarán ejemplo de Rogue One o la próxima entrega sobre Han Solo y optarán por recrear una historia de origen para Morpheo o Trinity?

Y otro punto a tomar en cuenta: Matrix es reciente. 1999 no pasó hace tanto tiempo y la película (y sus mediocres secuelas) aún puede verse sin que haya un abismo entre ese presente y el de hoy. Como deja claro un artículo de Wire.com: “La gente siente nostalgia por las películas porque les recuerdan a un tiempo más simple y, francamente, la gente no está tan distante de 1999 como para extrañarlo. Keanu Reeves aún hace películas de acción y las Wachowski aún hacen películas de ciencia ficción. Un reboot de Matrix no funcionaría hasta 2019, como muy temprano, y eso es sólo 16 años después de las poco satisfactorias secuelas (olvidemos la orgía-rave bajo tierra ¿ok?). Las modas regresan cada 20 años inevitablemente, pero las películas no pueden hacer lo mismo”.

En este tiempo de nostalgia puede que escuchar las notas de la canción de Darth Vader despierte recuerdos de infancia o de juventud, por ejemplo, pero la experiencia de ver Matrix es algo irrepetible, y aún fresco, para quienes la vieron en su momento: original, osada, avanzada para su tiempo (¿quién no se quedó mudo cuando vio a Trinity flotar en el aire en la primera escena?) y filosófica, Matrix es justo lo contrario a las grandes producciones del Hollywood de hoy y revivirla es quitarle eso.

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5 razones por las que Hijos de los hombres es más vigente hoy que hace 10 años

Nerea Dolara

Foto: Universal Pictures

La película de Alfonso Cuarón es una de visión obligada en este presente. Su futuro, en 2027, es hoy, en 2017, algo que es tan posible y tan acertado en su previsión, que es aterrador.

Una advertencia inicial, y recomendación encarecida: si no han visto esta película es hora de verla y si no quieren spoilers sería bueno no seguir leyendo. ¿Por qué verla? No sólo porque es una obra maestra del cine distópico, porque contiene secuencias de acción que se estudian en escuelas de cine o porque es la mejor película (con perdón de Y tu mamá también o Gravity) que ha hecho Alfonso Cuarón, sino porque es escalofriante cuánto se parece al presente (y no de la mejor manera).

Hijos de los hombres se estrenó a finales del 2006 y la crítica la alabó, como todo el mundo. La BBC la colocó en el puesto 13 de su lista de los 100 mejores filmes del siglo XXI, tiene una aprobación de 92% en Rotten Tomatoes y a finales del año pasado muchas publicaciones comenzaron a revisar la vigencia – de nuevo, escalofriante- de su trama. La historia, basada levemente en una novela de P. D. James, es la siguiente: En 2027, el mundo lleva casi dos décadas viviendo una crisis de fertilidad (a los lectores de A Hanmaid’s Tale esto les sonará familiar) que ha dejado al mundo sin niños. Pero el pesimismo y la oscuridad que llenan ese presente no sólo proviene de ese hecho. En el 2027, Gran Bretaña (donde se desarrolla la acción) lleva 8 años con las fronteras cerradas, refugiados e inmigrantes son encerrados en campos de concentración y la persecución de musulmanes es política de Estado. Con ese panorama vive Theo (Clive Owen), desilusionado, apático, deprimido… pero su vida cambia cuando su ex esposa (Julianne Moore), ahora miembro de una organización terrorista que lucha contra el gobierno, le pide ayuda. La tarea consiste en trasladar a una inmigrante ilegal hasta el lugar en que una supuesta organización conformada por médicos y científicos llamada The Human Project. ¿El giro? Kee, la inmigrante, esta embarazada y es la primera mujer en estarlo en 18 años.

Sigue una odisea por llevar a Kee a puerto seguro y salvar la única esperanza posible de que el mundo tal vez deje de ser el horrible lugar en que se ha convertido.

En 2006 el panorama que dibujaba Hijos de los hombres parecía posible pero lejano, una exageración. En 2017, diez años antes de que se desarrolle la historia de la película, parece predecir muy bien el futuro que nos espera. Aquí 5 razones por las que la película es completamente vigente en 2017.

5 razones por las que Hijos de los hombres es más vigente hoy que hace 10 años
Still de la película | Universal Pictures.

El trato a refugiados e inmigrantes

En Hijos de los hombres, Gran Bretaña ha cerrado sus fronteras y encierra (en jaulas y luego en campos) a quienes entran al país ilegalmente. El mundo ha vivido una gran pandemia y varias guerras por lo que los refugiados se acumulan sin recibir ningún tipo de ayuda. ¿Suena familiar? Tras la larga guerra en Siria la crisis de refugiados que ha llegado a Europa en los últimos años, y que ha sido catalogada como una de las mayores crisis humanitarias desde la Segunda Guerra Mundial, ha sido manejada con la empatía y la colaboración de un iceberg. Salvo algunas excepciones, Europa se ha lavado las manos frente al contingente de millones de personas que piden refugio huyendo de sus hogares para evitar la muerte. Aún no hay jaulas, pero si hay soldados en las fronteras, cierres de paso y Estados que ignoran a las personas, obligadas a vivir en la calle o en campamentos de refugiados llenos de precariedad, y sus pedidos de refugio.

 

El discurso del miedo

Como bien señala este artículo de la BBC el discurso del miedo es también parte importante del mundo en que habita Hijos de los hombres. No es casual que las fronteras estén cerradas y se hable de cómo el mundo es un caos fuera de “la seguridad del Reino Unido” o que se satanice a inmigrantes y musulmanes como estrategia para un gobierno que elimina libertades en nombre de la seguridad. Si esto no te suena familiar es posible que hayas estado encerrado en una cueva en los últimos años. El discurso de miedo y de intolerancia, el prejuicio convertido en campaña política, no sólo ha conseguido llegar a la palestra sino que ha conseguido victorias de miedo como el Brexit o la presidencia de Donald Trump. Y el futuro próximo en elecciones europeas, las de Francia por ejemplo, no pinta mejor.

5 razones por las que Hijos de los hombres es más vigente hoy que hace 10 años 2
Still de la película | Universal Pictures.

El terrorismo

En Hijos del hombre el terrorismo es parte del día a día. En la escena inicial de la película una bomba estalla a metros de Theo en Londres. Es realista, escalofriante y cotidiano. La escena se rodó en las calles de Londres, sólo meses después del atentado que mató a 52 personas en 2005. El permiso fue complicado de obtener y sólo se les permitió un día de rodaje. Aún las bombas no son parte del día a día, pero la realidad es que, entre el Daesh y demás organizaciones terroristas, cada vez más y con estrategias cada vez menos rastreables, el terrorismo se ha convertido en uno de los miedos que acechan la rutina de quienes viven en ciudades de países que luchan contra estas organizaciones. Las noticias sobre atentados aparecen por lo menos una vez a la semana en los periódicos. Y, tristemente, la tendencia es hacia el aumento de estas expresiones de violencia.

El realismo visual

Sí, vivimos en tiempos en que las salas de cine estrenan una película de superhéroes al mes -o así parece- pero el realismo visual ha llegado incluso a ellos. Pregunten si no a la trilogía de Batman de Christopher Nolan, llena de oscuridad e intentos de hacer plausible la existencia de este hombre vestido de murciélago o por la muy mal recibida Batman vs Superman o incluso la última entrega de Capitán América, en que Los vengadores pelean entre sí luego de que la ONU apruebe el control sobre sus acciones gracias a las masivas muertes de civiles en sus luchas con los malos o la recién estrenada Logan… Hijos del hombre es gris, tangible, sucia, cruda… Incluso una de sus tomas más famosas, el plano secuencia de la batalla en el campo de refugiados en que salpica sangre a la cámara, se ha convertido en un clásico… eso considerando que la sangre fue una casualidad que el director de fotografía, Emmanuel Lubezki, celebró como una casualidad que nunca podrían haber planificado mejor.

El realismo… real

La película es dura, no sólo gracias al entorno que rodea a Theo y Kee, sino por lo que les pasa a ellos y a quienes les ayudan. Es una parábola de la historia de la natividad en que el protagonista muere, quienes los ayudan también, y la “virgen” está flotando en un bote en medio del mar con su bebé esperando un barco que se ve a lo lejos y que bien podría ser una alucinación. Como se relata en esta pieza de Vulture, no fue fácil vender esta visión pesimista, con final poco esperanzador, a un estudio: “¿El tío se muere al final? ¿La chica está en un bote? Estás hablando de una película muy intensa y obviamente artística, que no va a ser barata y que tiene un ángulo político. No es algo fácil de vender”, recuerda Marc Abraham, uno de los productores. Para Cuarón era claro: “Nuestro punto de partida fue: hay un punto de inflexión (se refiere al 11 de septiembre). El futuro no es un lugar lejos de nosotros; estamos viviendo el futuro en este momento”.

Los finales felices se han hecho algo raro en el mundo audiovisual. El realismo y el pesimismo se han agarrado a las historias que vemos, posiblemente porque el presente que tenemos no es el más deseable ni parece ir en una buena dirección. También los finales abiertos se han convertido en signo de estos tiempos inciertos.

Además de estos factores cuenta también el de que este futuro es plausible tanto a nivel de historia como visual. El futuro es difícil de plasmar en el cine, la tecnología se queda atrás y la representación pierde vigencia (en Matrix aún se utilizan móviles con tapa), o directamente se imagina un futuro que nunca existiría (Firefly es un futuro en que se viaja por el espacio pero los mundos parecen haber vuelto al viejo Oeste). Hijos de los hombres muestra un mundo que 10 años después sigue siendo el nuestro, reconocible y aterrador.

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