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'Tierra de Sueños', la voz de la mujer de la India

Lidia Ramírez

Foto: Cristina García Rodero
Caixa Forum Madrid

Ser mujer en la India no es fácil. A pesar de que son el motor en muchas comunidades –lavan, cocinan, cuidan de sus hijos, del ganado y de los cultivos – carecen de derechos. De hecho muchas mujeres son rechazadas desde el momento de la gestación. Según una investigación llevada a cabo por la revista médica The Lacest, en la última década se ha producido cuatro millones de abortos selectivos de fetos femeninos, a pesar de que el Gobierno ha prohibido que los médicos desvelen el sexo del bebe cuando se realizan ecografías. Sin embargo,  la realidad es que se puede conocer pagando grandes sumas de dinero. De hecho los números hablan por sí solos de una lacra masiva y silenciosa. El último censo, de 2011, muestra un ratio artificialmente desequilibrado: 940 mujeres por cada 1.000 hombres. Pero los datos concernientes a los menores de seis años en el estado de Maharashtra son más preocupantes. En 1991, la proporción era de 946 chicas por cada mil chicos, pero ha descendido a 883 niñas.

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Una niña juega con un cordero en Bukaraya Samudram durante la festividad del Teru. | Foto. Cristina García / Caixa Forum

Desde hace más de 40 años, la Fundación Vicente Ferrer trabaja en las zonas más pobres y necesitadas de la India para mejorar las condiciones de mujeres y niñas – entre otros proyectos –.  De esta forma, para dar voz a todos estos trabajos, surge ‘Tierra de Sueños’.  “A través de la fotografía damos a conocer todos esos proyectos que la Fundación Vicente Ferrer junto a Obra Social La Caixa estamos llevando acabo”, apunta Ariadna Bardolet, directora de Programas Internacionales Obra Social “la Caixa”.

Durante un mes y medio, la prestigiosa fotógrafa Cristina García Rodero ha visitado hospitales, centros de acogida de mujeres víctimas de maltratos, talleres, escuelas y casas dando voz, sobre todo, a esas mujeres olvidadas de Anantapur, en el estado de Andhra Pradesh, una de las zonas más pobres de la India, donde viven las comunidades más marginales y vulnerables del país. Niños y niñas, personas con discapacidad, madres, campesinas, costureras, novias de distintas confesiones, profesoras, enfermeras y estudiantes tienen un papel destacado en este proyecto, que representan uno de los principales motores de la transformación de las comunidades de Anantapur.

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Tejasre y Prameela, de 12 y 10 años, actuando tras finalizar las manifestaciones del Día de la Mujer, el 8 de marzo. | Foto:  Cristina García / Caixa Forum Madrid
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Shirvani en el día de su boda. Sujeta un saco lleno de arroz. | Foto: Cristina García / Caixa Forum Madrid

‘Tierra de Sueños’ muestra 80 fotografías, que se podrán ver hasta el 28 de mayo en Caixa Forum Madrid, a través de las cuales se quiere dar a conocer esa India más desconocida dando voz a las mujeres de comunidades rurales y poniendo de relieve su poder de transformación.  Obstinada y desmedida, Cristina ha sabido sumergirse en ese mundo, fundirse en la alegría y sufrimiento de quienes encubren con color y apostura los claroscuros de su propia existencia, un escenario donde se confunde el pasado con el presente, lo natural con lo sobrenatural y lo fantástico.  ‘Tierra de Sueños’  acerca a Europa la India más desconocida, un mapa social donde las sombras recuperan la vida, porque estas mujeres también tienen derecho a soñar.

Ser mujer discapacitada en la India

Si ser mujer ya es todo un reto en esta parte del mundo, ser mujer y tener una discapacidad es un desafío doble. La Fundación Vicente Ferrer (FVF) trabaja en promover la igualdad de condiciones, derechos y oportunidades de estas mujeres con discapacidad en la comunidad. Durante 2014 y 2015,  ha otorgado 2.938 microcréditos, a 153 le ha realizado alguna cirugía ortopédica, ha construido 1.239 residenciales de educación especial y ha formado a 86 mujeres en artesanía.

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Una cuidadora ayuda a unos niños a practicar ejercicios para mejorar su movilidad en el Centro de Parálisis Cerebral de Bathalapalli. | Foto: Cristina Martín / Caixa Forum Madrid
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Nandini B. es albina, estudia en la Escuela de Primaria para Personas con Discapacidad Visual de Bukaraya Samudram. | Foto: Cristina Martín / Caixa Forum Madrid

Aunque no hay registros oficiales claros de los gobiernos ni estimaciones de la prevalencia de la discapacidad psicosocial e intelectual en India, el censo de 2011 calcula que solo el 2,21% de la población india tiene una discapacidad, incluyendo 1,5 millones de personas (un 0,1% de la población) con discapacidades intelectuales y apenas 722.826 (0,05% de la población) con discapacidades psicosociales (tales como la esquizofrenia o el trastorno bipolar). Estas cifras son notablemente inferiores a las estimaciones internacionales de Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud, que calculan que entre un 6 y 7% (de 74,2 a 86,5 millones de personas) sufre “trastornos mentales” y entre 1 y 2% (de 12,4 a 24,7 millones), “trastornos mentales graves”.

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#INDIA : El tiempo entre tinieblas

Sandra Barneda

La aclamada espiritualidad de la India siempre me ha parecido más un eslogan que una realidad.

La aclamada espiritualidad de la India siempre me ha parecido más un eslogan que una realidad. Poco o nada tiene que ver la pureza del alma con volver a penalizar las relaciones homosexuales.

Revocar la histórica decisión en 2009, devuelve a muchos a las galeras y con los pies llenos de lodo y rabia me reafirmo en que a esta tierra salvaje de castas, que comete atrocidades con mujeres y discapacitados, vive en la ensoñación del buen espíritu. Los homosexuales descienden más allá de los Intocables. El declarado nulo artículo 377 del Código Penal que castigaba con hasta diez años de cárcel las relaciones consentidas entre personas del mismo sexo, vuelve a estar operativo.

El alto tribunal deja toda la responsabilidad al Parlamento, que dadas las presiones deberá pronunciarse y pocas esperanzas tengo de que se envalentone y apruebe una ley que otorgue los merecidos derechos a homosexuales. Es un nuevo varapalo en el proclamado y publicitado compromiso político de avanzar de las libertades básicas en ese complejo país. Con esta decisión, el reloj vuelve a mirar a las antípodas y de poder, hasta rompería sus manillas para estancarse.

“Vivimos en una era de tinieblas, miope de la hipocresía, la doble moral y el acoso!” es el twit Udita Jhunjhunwala, una valiente, una escritora india que lucha por el cambio en su país que lejos de estar en dictadura, ostenta la mayor democracia del mundo, para ser concretos, la más poblada con 1240 millones de habitantes. Si hablamos de porcentajes, un diez por ciento de esa población, es decir, 124 millones, vuelven a estar condenados más allá del Closet, a renunciar a su identidad; a fingir o inventarse vidas paralelas; a esconderse; a dejar de amar…sentirse de nuevo criminales.

Por suerte, como Udita hay muchos que han decidido no rendirse, ni silenciarse sino gritar más alto.

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Las elecciones de Alemania, en directo

Redacción TO

Foto: MICHAELA REHLE
Reuters

Alemania celebra hoy sus elecciones federales, en las que más de 61,5 millones de alemanes están llamados a votar para elegir canciller. Los colegios permanecerán abiertos entre las ocho de la mañana y las seis de la tarde y los resultados se conocerán poco después.

Las encuestas están de lado de la actual jefa del Ejecutivo, Angela Merkel, cuyo partido (CDU) podría obtener entre el 34 y el 36% de los votos, muy por delante del partido socialdemócrata (SPD), que lograría entre el 21 y el 22%. En tercer lugar estaría la derecha nacionalista, AfD, que se haría con entre el 11% y el 13% de los apoyos pero el último puesto del podio también podría ir para la izquierda radical (Die Linke) con entre 9,5 y 11% de las preferencias.

Las elecciones de Alemania, en directo

09:15. El presidente alemán llama a hacer uso del derecho a voto. Frank Walter Steinmeier ha llamado a sus conciudadanos a hacer uso del derecho de voto y ha advertido que quien no vota permite que otros decidan sobre el futuro del país. Según Steinmeier, nunca antes se había sentido tan claramente que unas elecciones tienen que ver “con el futuro de Europa y el futuro de la democracia”, probablemente en alusión al inminente acceso al Parlamento de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).

08:00. Abren los colegios electorales en Alemania, que celebra este domingo unas elecciones federales en las que se esperan pocas sorpresas. 61,5 millones de alemanes decidirán la composición del nuevo Bundestag, y muy presumiblemente Angela Merkel será reelegida canciller, aunque en qué condiciones está todavía por determinar.

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Alguien vota en Berlín, la capital alemana. | Foto: Fabrizio Bensch / Reuters

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Ni agua

Ferrán Caballero

Foto: ALBERT GEA
Reuters

Pues claro que no hay que darles nada a los independentistas. Porque ni al independentista ni a nadie le contenta que le den lo que considera suyo. Y por eso todo lo que pretende ser una concesión se recibe como humillación. Por eso no se les puede contentar con una reforma Constitucional, ni con más competencias ni con un blindaje de cultura y educación ni con una mejora del sistema de financiación autonómica. Nada de eso es suficiente para los independentistas. Y uno de los grandes logros y de las grandes desgracias de este proceso es que esto ya es evidente para todo el mundo. Excepto para De Guindos, que ayer mismo se ofrecía a “hablar del sistema de financiación y otros asuntos si los planes para la independencia se retiran”.

Pero los planes para la independencia no se retiran. Y no se retiran porque los independentistas, como decía García Domínguez, “no se están jugando 15 años de cárcel para conseguir un apañito de la financiación autonómica”. Cree De Guindos y supongo que algunos con él que es posible volver al 2012. Como si nada hubiese pasado. Pero aunque fuese posible volver atrás, ya en el 2012 este apañito era insuficiente. Porque lo que pedía el Presidente Artur Mas no era el dinerito sino “las llaves de la caja”. Lo que pedía Artur Mas no era un nuevo pacto o una nueva cesión, provisional y condicionada por definición, del Estado. Lo que pedía Mas era soberanía fiscal. Y como hemos ido aprendiendo desde entonces, aunque lenta y dolorosamente, la soberanía ni se pide ni se discute sino que se ejerce. 

El problema no es qué puede darse a los independentistas para que retiren sus planes. No es a los dirigentes independentistas, a quienes hay que convencer, sino a la mayoría de los votantes catalanes. Y aquí el auténtico problema está en lo que escribía Cristina Losada: “la solución política es hacer, por una vez, lo que no se ha hecho nunca. Dejar meridianamente claro, desde ya, que no habrá trato de favor y no se dará nada, pero nada, que no corresponda. Como al niño mimado. Llega un día en que hay que decirle que no, que se ponga como se ponga se le va a tratar igual que a sus hermanos.” Pero el votante independentista no es un niño que llora porque se le diga que no, sino alguien que ha dejado de esperar permiso. Y el problema no es que se mime o se castigue a las instituciones catalanas, sino que se las trate como a niño. Dudo mucho que de este proceso se salga con nada parecido a una “solución política”, pero me parece evidente que esta no podría ser, de ningún modo, la perpetuación del paternalismo de Estado.

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Cuando fui un trozo de carne en un Congreso de columnismo

Lorena G. Maldonado

Foto: Lorena G. Maldonado

Estos días se ha formado el zafarrancho en redes con el cartelito del II Congreso ‘Capital del columnismo’ porque, qué extraño, quién iba a augurarlo, pero aquello es una siembra de bálanos. Precaución a los viandantes: lo mismo te das un paseo por León entre el 18 y el 20 de octubre y te acaba golpeando el cráneo un testiculario intelectual: nadie está a salvo de este granizo nuestro, de este cielo tapizado de escroto, de esta nube negra que derrama Axe. 

Me han venido a la cabeza tiernos recuerdos, claro, porque una es una sentimental -¿no ven que soy mujer?-. La primera vez que oí hablar de este congreso -al que, por cierto, asisten firmas que aprecio y de nada tienen la culpa- fue el año pasado, allá por abril, cuando un compañero me pasó una columna que había publicado en El Mundo Ricardo F. Colmenero, en la que relataba con sorna cómo sus compadres y él habían aprovechado la excursión columnística para sacudirse de una vez por todas “el malditismo”. En ese texto aparecía mi nombre. Cito: “Uno de ellos [alumnos de primero de carrera] soltó la frase más canalla de las jornadas, cuando confesó que tanto él como cuatro colegas se habían matriculado en periodismo solo por lo buena que estaba Lorena G. Maldonado. Traté de unirme a las nuevas generaciones confesando que me había enamorado de los pechos de una oyente, pero me escuchaban con tristeza (…)”. 

Me quedé atónita, acojonada por ese exceso de confianza que no era más que una bravuconada. Pensé: coño, una toda la vida estudiando, escuchando con atención al que sabe, leyendo por las noches, escribiendo mucho y borrando más, siendo mi más implacable hater –en definitiva, peleando por la voz propia, que mira que cuesta parirla- para acabar en la columna de este majadero siendo tratada como anzuelito físico para que cuatro chavales se apliquen en el oficio. Cuatro niñatos que no tienen, ni por asomo, la responsabilidad del columnista que recoge la anécdota y que además les ríe las gracias con otro comentario maloliente -el de las mamas de la chica del público-, todo envuelto en ese aura de premeditado patetismo que buscaba Colmenero. Otra cosa no, pero ahí, bravo. Bien conseguido.

Hubiese sido elegante citar a una compañera de profesión -no sé, se me ocurre- para referirse a un texto suyo, qué más da si en tono de crítica o alabanza. Este columnista sólo tiene derecho a juzgar algo de mí, algo completamente expuesto, que es mi trabajo o, si quiere, mis opiniones. Lo demás es machismo. También dudé mucho sobre si se hubiese referido en esos términos a una compañera consolidada, madura, que llevase toda la vida escribiendo en prensa y tuviese ya edificada una firma. Supongo que no, porque el machismo es cuestión de poder y baraja también con quién medirse en público. Entiendo que es más fácil mofarse de una don nadie como yo, que entonces llevaba tres meses en El Español: ésta es la lógica de la cobardía.

Fue gracioso, porque el tipo -Colmenero- puso un tuit en el que citó a todas las personas mencionadas en el artículo excepto a mí, terminando de demostrar cuán pesados carga los dídimos, dando por redondeado el desbarre. Yo sentí una mezcla de rabia y de vergüenza, pero esta última me la arranqué rápido -ya sólo faltaba- y al final se me quedó no más que un hilillo de mala baba en la memoria. La impotencia que experimenté me la voy curando, porque gracias a la generosidad de este medio desde hace meses tengo un espacio libre donde sacudirme justicias poéticas. En general, me he puesto las pilas. Ya no paso ni una.

Si yo quisiera que se me mentase por algo relacionado con la carne, me habría dedicado a otra cosa -es probable que con poco éxito, porque ahí están la báscula y el espejo-, pero si mi faena es escribir, y tengo la fortuna de dedicarme a ello, es en esencia para desaparecer corporalmente del texto y que salga a flote sólo la idea y la mirada, que, oigan, tienen algo que ver con el género pero también lo trascienden.

Lo dice la magnífica Siri Hudsvet en La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres: “¿Quién tiene sexo, el escritor o la obra? ¿Pueden ser contrarios? Si el narrador de la letra impresa es un hombre, ¿eso convierte al libro en masculino?”. Hudsvet -a la que muchos tristemente conocen sólo por ser la esposa de Paul Auster, buena prueba de cómo está el percal- explica que es estúpido pensarnos monolíticos cuando escribimos y cuando leemos, porque una mujer como ella bien puede aguardar hombres dentro, personajes masculinos queriendo hablar. “Esto es posible porque no somos ratas, sino seres imaginativos capaces de salir de nosotros mismos y, durante un rato al menos, convertirnos en otra persona, joven o vieja, cuerda o loca, mujer u hombre”.

La universalidad. Qué deseo. A eso hay que aspirar, y no a convertirnos -las mujeres- en una sección de “literatura femenina” en las librerías ni en una puta revista dominical sobre cocina, hijos y belleza. Hay que guerrear por la universalidad. La vida es una y a todos nos incumbe por igual. Los estilos son libres, o eso pretendo, ahora que las niñas ya no tenemos que ponernos corsé ni dejar las subordinadas para los machos. También Virginia Woolf se despedía así en su ensayo Una habitación propia, buscando la androginia al redactar, la indistinción del género. Como ese Shakespeare que escribía más allá del sexo, rayano en lo absoluto. Sólo como ser humano. Pero bueno, ¿qué más hay?

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