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Tres años sin Leopoldo López

Lidia Ramírez

Este próximo sábado 18 de febrero se cumplen tres años desde que el preso político más conocido de Venezuela y líder de Voluntad Popular, Leopoldo López, ingresara en prisión acusado de varios delitos entre los que se incluyen incendio intencional, instigación pública, daños a la propiedad pública y asociación para delinquir. 1095 días han pasado ya desde que Leopoldo se entregara a las autoridades durante una concentración en la plaza José Martí de Chacaito, en Caracas,  tras varios días en la clandestinidad con una orden de búsqueda y captura por haber impulsado una protesta para lograr una salida democrática del poder del presidente Nicolás Maduro. “Aquí los días transcurren tan lentos que parecen semanas y estas parecen meses, meses que se convierten en años”, narra el líder de Voluntad Popular en su libro Preso pero libre desde la cárcel militar de Ramo Verde.

Desde allí, y mediante su cuenta de Twitter (@leopoldolopez), hace un llamamiento a la población para que organicen una marcha contra el Gobierno de Maduro el próximo 18 de febrero. En Madrid, el mismo sábado a las 11.00 se ha organizado una concentración en la Plaza Colón para pedir la liberación de Leopoldo.

18 de febrero, Plaza Colón de Madrid: concentración por la liberación de Leopoldo

Los días de Leopoldo en prisión

Su abogado, Roberto Marreño, asegura a The Objective que las condiciones de reclusión de Leopoldo, tras la publicación de ese texto en julio pasado, han empeorado. “Se encuentra en una celda de 2×2, sin nevera, ni televisión, sin papel…”. Aislado en una torre del anexo B de la cárcel militar de Ramo Verde, en la ciudad de Los Teques, a las siete de la tarde se le apaga la luz y hasta las siete de la mañana no puede salir de la celda. “Leopoldo se despierta a las cinco de la mañana, a oscuras -porque no dispone de ningún aparato para alumbrarse- hace la cama, se lava la cara, toma café y se sienta a rezar. Luego, hace ejercicio en el calabozo”. Además, Marreño nos cuenta que todos los presos tienen terminantemente prohibido hablar con Leopoldo. “Cuando los guardias están de buenas le abren la celda, sin embargo, no puede hablar con nadie, ni con otros compañeros, ni con guardias”, apunta el abogado, quien asegura que incluso los familiares de los otros presos tienen prohibido hablar con los familiares de Leopoldo. “Si esto ocurre los prisioneros son castigados”.

14 de febrero de 2014. Leopoldo López es detenido. (Jorge Silva | Reuters)
14 de febrero de 2014. Leopoldo López es detenido. (Jorge Silva | Reuters)

A la pregunta de si López podría estar perdiendo la cordura producto del encierro, el letrado se muestra firme y contundente: “todo lo contrario”. “Ellos quisieran que la perdiera, pero él sabe que lo que está haciendo vale la pena, ve logros, se siente correspondido y querido por su pueblo y eso hace que se mantenga fuerte en sus ideas y convicciones”. De hecho asegura que Leopoldo volvería a rebelarse mil veces más contra el régimen si esto sirve para desenmascarar a Maduro. Así lo ha manifestado también en varias ocasiones el mismo opositor en su cuenta de Twitter.

En cuanto a su aspecto físico, Marreño cuenta que está delgado y luce barbudo –una imagen desconocida hasta sus días en prisión–, sin embargo, “goza de buena salud”.  “Es el tipo que te recibe siempre con una sonrisa”, y aunque la cárcel tiene como principal objetivo quebrar su voluntad “no lo van a lograr, se mantiene incólume”, sentencia.

Situación penal actual

Condenado a 13 años, 9 meses y 7 días de prisión, fue acusado de incitar a la violencia por azuzar en 2014 a sus seguidores en un estallido de violencia contra el Gobierno venezolano de Nicolás Maduro que comenzaron en febrero y se alargaron hasta junio, y en las que fueron asesinadas 43 personas. Aunque en un principio se le atribuyeron también los delitos de homicidio y terrorismo, estos fueron posteriormente desestimados ya que sus abogados evidenciaron que estos asesinatos fueron cometidos por “los propios funcionarios del Estado”. En este momento, Marreño, que jura que Leopoldo no cumplirá esta condena, cuenta a The Objective que han presentado un recurso de casación penal en el Tribunal Supremo de Justicia. Sin embargo, el diario venezolano El Estímulo ha anunciado que el Tribunal Superior de Justicia ha desestimado dicho recurso, de modo que el coordinador nacional del partido Voluntad Popular debe cumplir los 13 años nueve meses y siete días de prisión, a los que fue sentenciado. Llevar el caso ante la Sala de Casación Penal es el último recurso que contempla la legislación venezolana para hacer un análisis de la sentencia.

“Leopoldo López es el premio gordo del Gobierno. No saldrá de prisión”

– Luis Salamanca, politólogo

Por el contrario, el politólogo venezolano Luis Salamanca, se muestra contundente: “Mientras haya Gobierno madurista o chavista, Leopoldo López no saldrá de prisión”. Y argumenta: “Es el premio gordo del Gobierno. López en la calle es un dolor de cabeza muy grande para Maduro y es un candidato potente para las próximas presidenciales de diciembre de 2018”.  Y es que según el experto, el preso político supera ya en 10 puntos a Henrique Capriles, dirigente del partido Primero Justicia y actual gobernador del Estado Miranda. “Leopoldo ha logrado lo que él quería, ser un líder político, pero está preso”.

En este sentido, el opositor Leopoldo López ha asegurado desde la cárcel en una entrevista exclusiva con Efe que el considerado número dos del chavismo, Diosdado Cabello, reconoció poco antes de su detención ante su esposa, Lilian Tintori, y sus padres que él era “inocente” y que su situación obedecía a una “medida política”.

Líderes mundiales unidos para pedir la liberación de Leopoldo

La oposición asegura que en las cárceles de Venezuela hay más de 100 presos políticos. El presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, se ha manifestado a favor de los presos políticos a través de un tuit en el que pide “justicia, Derechos Humanos y libertad para los presos políticos venezolanos”. El texto va acompañado con una fotografía con la mujer del líder venezolano, Lilian Tintori, paseando por los jardines de su residencia del Palacio de la Moncloa, a las afueras de Madrid.

Por su parte, los ex presidentes Felipe González y José María Aznar se han unido en un acto inédito, titulado ‘Europa por la libertad de Venezuela’, para condenar esta situación en el país latinoamericano. “Con presos políticos no hay democracia”, ha dicho González. “No puede haber presos de conciencia en Venezuela y sentarse a hablar sin sonrojarse con el Gobierno”, ha añadido. Ideas que han sido secundadas por su opositor en otros tiempos políticos: “El diálogo es una farsa para garantizar la continuidad de régimen de Maduro”, ha asegurado Aznar. Fuera de España, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, también se ha mostrado solidario con los presos venezolanos. Mediante un mensaje en su cuenta de Twitter, como ya nos tiene acostumbrados, Trump ha pedido la liberación del opositor. “Venezuela debería sacar de prisión inmediatamente a Leopoldo López, prisionero político y esposo de @liliantintori (la acabo de conocer con @marcorubio)”.

El tuit de Trump, en el que también ha publicado una foto junto a Lilian, que ha viajado a Washington para plantear en el Senado de EEUU su visión sobre la crisis que atraviesa Venezuela, es el primer gesto político del presidente estadounidense hacia el país latinoamericano y supone una toma de posición firme con la causa de la oposición de Venezuela.

Algunas verdades desagradables

Andrés Cañizález

Foto: Cristian Hernandez
EFE

En estos días atroces que vive Venezuela, cuando logro desconectarme de la mecánica nacional, he vuelto sobre las páginas de un texto clásico de la historia del siglo XX. Se trata de “La República española y la guerra civil (1931-1939)” del estadounidense Gabriel Jackson, que ni más ni menos permite entender, literalmente desde su incubación, cómo se fueron dando los pasos hasta llegar a la guerra civil, cuyas heridas aún no están curadas del todo en la España del siglo XXI.

No trazaré acá un paralelismo entre aquello y lo que vivimos en Venezuela, aunque no tengo dudas de que sería un terreno de interesante indagación. En realidad, Jackson me ha permitido dar con algo que desde hace varias semanas me viene dando vueltas en la cabeza. Se trata de las verdades incómodas, aquellas que nadie quiere oír, pese a que pocos segundos antes en una reunión social o familiar alguien te dice ¿Y cómo ves la vaina?

Jackson lo sintetiza de esta forma: “las pasiones políticas impidieron a la mayoría de los observadores reconocer las verdades desagradables con respecto al bando con el cual simpatizaban”. En no pocas ocasiones he manifestado públicamente mi voto de confianza a la dirigencia de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). En mi rol de periodista e intelectual público intento que el apoyo a la MUD no me empañe la visión y el análisis del momento tan dramático y definitorio que vivimos.

Esta adhesión pública, sin que medie un interés económico o un vínculo partidista, no la hago sólo ahora cuando día por medio tenemos a algún diputado opositor herido o vejado por estar al frente de las manifestaciones de calle. Lo expresé sin ambages en noviembre-diciembre del año pasado, cuando la vocería opositora pasaba por una hora oscura tras el fracasado diálogo con el gobierno y lo que fue, en el imaginario popular, el enfriamiento de la calle.

Sobre esto último hay mucha tela para cortar, pues si se revisan las cifras del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social en realidad la calle tiene bastante tiempo sin estar lo que se dice fría, aún pese a la represión y la criminalización de la protesta popular, ésta última ampliamente denunciada por Provea.

Primera verdad. No hay ninguna señal de un resquebrajamiento serio al interior de las Fuerzas Armadas, al menos al momento en que escribo estas líneas. Hay malestar en mandos medios y cansancio en los uniformados que deben salir a la calle, pero el duopolio represivo de alto mando de la FAN y gobierno de Nicolás Maduro se mantiene amalgamado. Sin una ruptura en esta alianza no habrá cambio. La represión de la protesta, junto a las muertes a cuentagotas que se vienen registrando, hay que decirlo, se pueden mantener por largo tiempo.

Segunda verdad. Un escenario de cambio no nos conducirá necesariamente a la democracia. Como demócrata que soy y venezolano que vive en Venezuela sin plan B de emigrar, deseo profundamente que cualquier posibilidad de cambio desemboque en la restauración democrática, bajo los principios trazados en la Constitución de 1999. Ese es, sin duda, mi deseo más profundo.

Pero existe un claro riesgo (y la constituyente empujada por Maduro le pone fecha a ese escenario) de que pasemos no a más democracia sino a más dictadura. La represión puede subir de tono, se eliminen instancias judiciales independientes y sencillamente se militariza todo aquello que tenga que ver con la protesta política (ya hay bastante señales de que se puede ir en esa dirección). El punto culminante de tener más dictadura podría ser la salida de Maduro del poder y su reemplazo por alguna junta militar que asuma bajo la lógica de que “hay que poner orden”.

Tercera verdad. La caída de la dictadura no se resolverá en cuestión de horas con la huida del tirano. En el imaginario venezolano pesa mucho la visión idílica de que una vez que Pérez Jiménez huyó hubo en el país un florecimiento democrático inmediato, en 1958.

El madurismo, como degeneración autocrática del chavismo, combina no sólo la condición de una dictadura convencional (represión, censura, control de las instituciones) sino que hay dos elementos que a veces soslayamos. Por un lado, la condición de narcotraficantes que han adquirido muchos de quienes son figuras oficiales, junto al poder tras bambalinas que tiene la dictadura cubana en Venezuela, asunto que se ha acrecentado tras la muerte de Hugo Chávez y la asunción de Nicolás Maduro.

Cuarta verdad. Tarde o temprano llegaremos a una mesa de negociación. El enquistamiento del chavismo en la estructura del Estado y la adhesión sin reticencias del sector militar (que además se encarga del trabajo represivo) no se acabará solamente con la renuncia de Maduro (en caso de que éste renuncie por voluntad propia o forzado por los militares).

Algunas verdades desagradables 1
Las autoridades venezolanas reprimen con violencia las protestas de la oposición. | Foto: Ivan Alvarado / Reuters

Lo último que se ha discutido, de un grupo de países “amigos”, con naciones que sean colocadas a partes iguales por el gobierno y la oposición, podría ser una vía concreta no de dialogar (el tiempo del diálogo creo yo se acabó el 1 de diciembre de 2016) sino de negociar. Si usted le da crédito a lo que he dicho en las líneas anteriores entenderá que hay mucho que negociar.

Ni la crisis económica (aún agudizándose como se prevé) ni una agenda permanente de protestas en la calle (con la intensidad que viene sucediendo) generarán –por sí solas- el anhelado cambio democrático.

Ni será rápido, ni será fácil. Esa es la quinta verdad. Un buen amigo me considera un pesimista, cuando le comparto esta visión. Trato de mirar la realidad sin que los cristales de mis anteojos estén empañados por lo que deseo para mis hijos (que vivan en un país libre y próspero). No estoy diciendo que estamos condenados como sociedad, sólo que debemos afrontar este momento definitorio para la vida nacional mirando no sólo las posibilidades, sino también los riesgos.

Se trata de mantenerse, en esta hora de crisis, con convicciones firmes y resiliencia en la actuación cotidiana, tanto social como individualmente.

El escrache: ¿un arma de doble filo?

Tal Levy

Foto: CHRISTIAN VERON
Reuters

“¡Mi pueblo se muere, los están matando! ¿Dónde están los derechos?”, increpó una mujer, mientras otra alzaba una bandera tricolor, al Defensor del Pueblo de Venezuela, Tarek William Saab, interrumpiéndole cuando ofrecía a inicios de mayo una conferencia sobre derechos humanos. El reclamo le alcanzaba a unos 10.500 kilómetros de distancia de Caracas, donde multitudinarias marchas habían sido reprimidas brutalmente al intentar en vano llegar hasta su oficina para solicitarle que interviniera ante la grave crisis que asola el país sudamericano. En medio de una muchedumbre apostada frente al hotel cinco estrellas donde se hospedaba en Beirut, también una libanesa venezolana provista de un altavoz le gritó: “Ustedes no se van a escapar. Vayan donde vayan, van a escuchar a los venezolanos en todas partes del mundo”.

De Beirut a Madrid, de Bondi Beach a Berna, de Barcelona a Miami, esta afirmación se ha convertido en un fantasma que persigue por doquier a dirigentes y exfuncionarios del gobierno que de la mano de Hugo Chávez se ha instaurado en Venezuela desde 1999.

Utilizado en la España de nuestros días contra la llamada casta por Podemos, el escrache es el instrumento del que hoy se sirven algunos de los casi 2 millones de venezolanos que han emigrado en los últimos 18 años como modo de sumarse a las manifestaciones contra el régimen de Nicolás Maduro, a quien tachan de dictador.

El escrache: ¿un arma de doble filo?
El Tramabus de Podemos vía tramabus.com

Nacido en los países del Cono Sur, el escrache se ha convertido en un fenómeno cada vez más extendido de la cultura política. Ya en 2013 la Fundación del Español Urgente lo eligió como palabra del año cuando este “término que alude a las manifestaciones convocadas frente a los domicilios de políticos y otros personajes públicos” ocupó las primeras planas de toda España debido a las singulares protestas llevadas a cabo por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca.

“Es una palabra con un origen no del todo cierto, pero muy interesante, que ha llegado al español de España desde el de Argentina y Uruguay, y que se convirtió en protagonista de la actualidad y en el centro de una polémica en la que se cruzaban los elementos lingüísticos y los políticos”, había explicado el director general de la Fundéu BBVA, Joaquín Muller.

Este acto de repudio surgió a mediados de la década de los noventa en Argentina para desenmascarar y sacar del anonimato a todos aquellos que participaron de la represión militar y que continuaron sus vidas como si nada, amparados en la figura del indulto.

“Si no hay justicia, hagamos que el país sea su cárcel”, era la consigna que repetía la asociación de derechos humanos Hijos, que agrupa a los descendientes de los desparecidos y demás víctimas de la férrea dictadura cívico-militar argentina de los años setenta y ochenta.

A la caza de ladrones

Bastó que un cliente de la panadería Don Pan, de la ciudad de Doral, reconociera a Eugenio Vásquez Orellana, un exministro del gobierno de Chávez y expresidente del Banco de Venezuela que reside en el estado de Florida (Estados Unidos), para que se multiplicaran los insultos tales como “ladrón” y “rata” hasta que, al reclamo de “fuera, fuera, fuera”, lograran se retirara del lugar al que fue a desayunar el pasado 14 de mayo.

Sintiéndose despojados de su patria, los venezolanos que realizan estos escraches intentan, quizá, marcar territorio y hacer que los ‘enchufados’ chavistas padezcan en carne propia, de alguna manera aunque a pequeña escala, esa suerte de desalojo que sufrieron ellos en su propio país.

Estos episodios son exhibidos por la diáspora en las redes como logros. Así, en la misma ciudad de Miami, la exdiputada Iroshima Jennifer Bravo acabó por cerrar tras su relanzamiento el lujoso Pure Med Spa, después de que la asociación de Venezolanos Perseguidos Políticos en el Exilio convocara una concentración a las puertas del centro de belleza.

De nada le valió que ocultara su primer nombre, escudándose en el segundo, en sus tarjetas de presentación. “Chavista montando spa con sangre derramada de venezolanos”, se leía en una de las pancartas en marzo pasado al coro de “Iroshima Bravo, vete pa’l carajo”. Una reacción airada frente a la contradicción que exhiben muchos exfuncionarios como ella, quienes hacían alarde de sus discursos anticapitalistas y en la actualidad se encuentran disfrutando de las bondades del supuesto denostado imperio.

¿El escrache es una forma de linchamiento moral frente a la impunidad, una acción que violenta la intimidad o un desahogo frente a la impotencia? Consultada por The Objective, Colette Capriles, profesora de teoría política en la Universidad Simón Bolívar, de Caracas, explica: “El propósito parece ser, en efecto, una especie de retaliación moral y de catarsis frente a años de supremacismo chavista, y de un régimen que ha construido un verdadero apartheid entre leales y ‘enemigos’. En mi opinión, se trata de actos extra-políticos, es decir, que no operan en el campo de la lucha política, sino en el de la retribución imaginaria, que más bien reproducen lo que quieren denunciar porque exhiben ese apartheid tan duramente construido”.

Capriles recuerda que los venezolanos, por primera vez en su historia moderna, se han enfrentado a la emigración masiva. “El emigrado no percibe que ha abandonado al país, sino que el país le fue arrebatado por una oligarquía política y económica. Hay un fondo emocional muy intenso que se expresa en estos fenómenos”.

Repudio a viva voz

“Este es el tipo de persona que le ha dicho al pueblo de Venezuela, que está pasando hambre, que no tiene medicinas, que está comiendo en la basura, que el socialismo es bueno, que los imperialistas están haciéndole daño al país y miren cómo vive. Es la antítesis de lo que ellos predican”, le espetaron al almirante y exedecán de Hugo Chávez, Carlos Máximo Aniasi Turchio, una veintena de venezolanos a mediados de mayo frente a la residencia de su propiedad en Winter Park, en Orlando, valorada en 347.800 dólares, la cual se suma a otra ubicada a 30 millas de distancia, en Kissimmee, comprada por 260.000 dólares, según ha reportado El Nuevo Herald.

No sólo grandes celebridades se han asentado en Florida huyendo de los paparazzi, apelando al dicho de “vive y deja vivir”. Muchos exfuncionarios y empresarios beneficiarios del chavismo han buscado allí refugio. “Las grandes distancias que separan a una ciudad de otra, y la posibilidad de vivir en residencias privadas y aisladas, permiten tener una vida casi clandestina, aunado a que las libertades económicas y las protecciones a la propiedad que ofrece Estados Unidos ofrecen condiciones ideales para la inversión”, ha señalado Tomás Páez, autor de La voz de la diáspora venezolana, a Deutsche Welle.

Tras desenfundar un móvil, los vídeos que recogen los escraches han sido difundidos en las redes sociales y han generado no poco revuelo y posiciones encontradas entre quienes los celebran y aquellos que los condenan por considerarlos un agravio o, por otro lado, perjudicial para la lucha por la libertad en Venezuela.

Como “un atropello para mi persona y mi familia, sin ni siquiera saber mi nombre ni conocer de mis actuaciones”, calificó vía Twitter la exjueza Dayva Soto la acción que escenificaron a las puertas de su casa en Weston (Florida), un grupo de inmigrantes venezolanos que le interpelaron a ella y a su esposo, Rafael Ricardo Jiménez: “¿Por qué no se van a Cuba los dos? Devuelve el dinero, te vas a tener que ir de Weston. Escucha bien: en esta vida se paga todo”.

Pese a que la identificaron como quien encarceló al excandidato presidencial Henrique Capriles y ordenó la detención de Leopoldo López, preso político que ya lleva más de tres años entre rejas, ella fue más bien quien en 2004 liberó a Capriles, según corroboró el propio líder en la red social el 13 de mayo: “En efecto, ella tuvo la valentía de darme la libertad cuando casi 40 jueces habían ruleteado el caso”. No obstante, los opositores que viven en el exilio han advertido que, en cualquier caso, su esposo fue viceministro de Seguridad Jurídica durante el mandato de Chávez.

Respeto también exigió Maripili Hernández, ex ministra de Juventud, en las calles de Barcelona el 11 de mayo, cuando un par de venezolanos le increparon: “Sin pañales, sin leche, sin comida, haciendo cola a las 3 de la mañana, ¿esa es la revolución bonita que tú pregonabas?”. El vídeo despertó suspicacias pues la dirigente del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela se encontraba junto a miembros de la oposición. El panorama se despejó cuando se reveló que participaban todos en un encuentro organizado por la ONG internacional Instituto para las Transiciones Integrales.

Efecto bumerán

Los incidentes se suceden casi en cadena, protagonizados curiosamente sobre todo por mujeres profundamente indignadas frente a la violenta represión que en más de dos meses de protesta continua se ha cobrado la vida de casi 70 personas, en su mayoría jóvenes ansiosos de un futuro mejor.

Muy bonito, vivir en Bondi mientras a todos los estudiantes los están matando”, le reclamaron el 7 de mayo en Australia a Lucía, hija del alcalde oficialista Jorge Rodríguez y sobrina de la ministra de Asuntos Exteriores, Delcy Rodríguez. Los familiares de los dirigentes tampoco están a salvo.

¿El escrache es un arma efectiva o, por el contrario, contraproducente en la lucha por el restablecimiento de la democracia en Venezuela? A juicio de Colette Capriles, no es un arma ni una táctica política. “Su efecto es contraproducente en la medida en que contribuye a aumentar el clima de confrontación sin que tenga resultado político ninguno. Sobre todo, no ayuda a que las comunidades de emigrados puedan organizarse de manera más política, al margen de toda retaliación o emocionalidad, para contribuir con el cambio. Habría que añadir el efecto propagandístico que el gobierno venezolano extrae de estos episodios para mostrar a sus amigos de la izquierda internacional, frente a la que está muy devaluado, el carácter ‘fascista’ de la oposición”.

“Los intolerantes y militantes del fascismo no podrán con nuestros diplomáticos dignos”, aseguró Delcy Rodríguez, quien exigió al gobierno español respetar la integridad de sus funcionarios después de que el 11 de mayo el embajador Mario Isea denunciara estar asediado por una turba violenta que impedía su salida y la de unas cien personas del Centro de Diversidad Cultural de Venezuela en Madrid, donde se realizaba un acto organizado por el Movimiento de Solidaridad con la Revolución Bolivariana y en el que participaba una representación de Podemos, de Izquierda Unida y del Partido Comunista de España.

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Foto vía Embajada de Venezuela en Madrid.

Aludía a una manifestación autorizada de unas 200 personas  frente al lugar que gritaban “narcos”, “asesinos” y “Podemos es chavista”. El suceso devino en un incidente diplomático en el que Maduro llegó a tildar al presidente Mariano Rajoy de cobarde, declaración considerada inaceptable por parte del gobierno español. Ya Isea había sido abucheado en Oviedo y en Aranjuez, donde asistió a eventos organizados por el Partido Comunista español y Podemos.

Unos días antes a otro embajador venezolano, este de Suiza, César Osvelio Méndez, no le quedó más remedio que saludar a la cámara del móvil que le grababa y seguía sus pasos mientras recorría un supermercado en Berna. Se mostró imperturbable, por más que una mujer en alemán le tachaba insistentemente de corrupto y le criticaba que disfrutara de la buena vida cuando en Venezuela no hay qué comer.

Lo cierto es que nadie quiere ser blanco de un escrache. De allí que desde la Moncloa se pidiera a la Audiencia Nacional que le permitieran a Rajoy declarar por videoconferencia, y no presencialmente, en el caso Gürtel, macrojuicio por corrupción política que involucra al Partido Popular en una supuesta trama que se extendió de 1999 a 2005 y por la que 37 personas han sido acusadas. El temor: que “la izquierda radical y antisistema” lleve a cabo una protesta a las puertas del tribunal en San Fernando de Henares el 26 de julio.

Pero la solicitud fue denegada, por lo que el jefe de gobierno testificará en persona, aunque le concedieron la posibilidad de hacerlo en los estrados para, así, evitar la fotografía que mostraría sentado en el banquillo al primer presidente en ejercicio que comparecerá, aunque en calidad de ciudadano, en un proceso judicial.

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5 lugares turísticos donde ser homosexual te puede llevar a la cárcel

María Hernández

Foto: Michael C Corder
AP

Ser homosexual, bisexual o transexual sigue estando mal visto en una gran parte del mundo, y aún hay 72 países donde la identidad de género y la orientación sexual pueden acarrear serias consecuencias, incluyendo penas de cárcel o de muerte.

En Europa esta situación es ya impensable, pero en numerosos países de África, Asia y América la homosexualidad es considerada un crimen. Quienes viven en ellos son los que más sufren las consecuencias de estas leyes, pero también hay turistas que, por un simple beso o por cogerse de la mano, pueden acabar arrestados.

En algunos de estos lugares, como Egipto o Indonesia, pese a que las leyes no prohíben específicamente las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, las autoridades aprovechan cualquier excusa o resquicio legal para practicar detenciones. En estos países se recurre a menudo a la ley Sharia, la base del Derecho Islámico que rige la conducta y hábitos de los musulmanes, para criminalizar a los homosexuales. Entre estos, destacan algunos destinos turísticos como Maldivas o Marruecos, donde cada año acuden numerosos turistas a disfrutar de unas vacaciones, sin pensar en las consecuencias que pueden tener algunos pequeños gestos.

Los hombres y mujeres homosexuales de estos países no solo se enfrentan a los castigos impuestos por la ley, sino que también tienen que vivir con la intolerancia y los prejuicios del resto de la sociedad.

Maldivas

Uno de los destinos románticos por excelencia, las Islas Maldivas, se puede convertir en una verdadera pesadilla si la pareja que quiere disfrutar de sus playas y paisajes no es heterosexual, pues cualquier muestra de afecto hecha en pública puede ser un gran riesgo.

A pesar de las recomendaciones que varias organizaciones internacionales y ONG han hecho al país para que deje de criminalizar al colectivo LGTB, Maldivas sigue condenando la homosexualidad y cualquier muestra de cariño de una pareja de personas del mismo sexo puede costar muy cara.

Las leyes de Maldivas incluyen varias formas de relaciones entre personas del mismo sexo, desde el matrimonio hasta las relaciones sexuales. En todos los casos, acabar en la cárcel es más que probable, con penas que van desde los tres meses hasta los ocho años.

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Un simple gesto como este le puede costar caro a una pareja homosexual. | Foto: Charles Platiau/Reuters

Desde julio de 2015, cuando entró en vigor el nuevo Código Penal en el país, los actos sexuales consensuales entre personas adultas del mismo sexo ya no están regidos por la ley civil, que los regulaba hasta entonces, sino por las leyes penales.

Además, también están incluidas las sanciones por llevar a cabo estos actos en la ley Sharia, que establece un castigo de nueve meses a un año de destierro o hasta 30 latigazos para los hombres, mientras que la pena para las mujeres es el arresto domiciliario entre nueve meses y un año.

Egipto

En Egipto, las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo no están prohibidas expresamente. Sin embargo, se han documentado numerosos casos en los que se ha utilizado la ley para el combate de la prostitución y contra el libertinaje como pretexto para encarcelar a personas homosexuales.

Por este motivo, los cargos a los que se enfrentan los acusados se refieren normalmente a “actos inmorales” o “actos escandalosos”.

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Las redadas contra homosexuales son habituales en Egipto. | Foto: Amr Nabil/ AP

En un país tan conservador como Egipto, las redadas contra la comunidad LGTB son habituales. Entre 2013 y 2015 se llevaron a cabo más de 50 en distintos lugares del país, según estimaciones de las asociaciones de Derechos Humanos.

Destaca el caso de un ciudadano libio, deportado de Egipto por mantener relaciones homosexuales, que acaparó la atención internacional. Tras rechazar su recurso ante los tribunales, la Justicia de El Cairo aprobó la decisión del Gobierno de expulsar a todos los homosexuales extranjeros que se encontraran en el país, por considerar que “amenazan la seguridad nacional con su presencia”.

Marruecos

La homosexualidad en Marruecos está incluida en el Código Penal como un delito “contra natura”. “Quien cometiere actos indecentes o contra natura con otra persona de su mismo sexo, será penado con prisión de entre 6 meses y 3 años y una multa de 200 a 1.000 dirhams, salvo que en el caso concurran circunstancias agravantes”, dice el artículo 489 del Código Penal.
Este artículo es el motivo por el que numerosas personas son detenidas y llevadas ante los tribunales cada año.

En 2016, un español llamó la atención de muchos medios de comunicación al ser detenido en un hotel de Marrakech cuando se encontraba con su compañero marroquí en la habitación. Una mujer de la limpieza los delató ante el administrador, quien llamó a la policía que acudió al hotel donde la pareja fue detenida. El español, de 70 años, fue puesto el libertad cuatro días más tarde y se le dio la opción de volver a España cuando lo deseara.

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Las lesbianas también sufren el rechazo de la sociedad en Marruecos. | Foto: Stringer/Reuters

En el mismo mes, dos chicas menores de edad fueron arrestadas y llevadas a declarar ante el juez después de que un familiar las fotografiara besándose. Finalmente fueron puestas en libertad condicional en lo que fue un caso inédito en un país donde las relaciones entre hombres son castigadas habitualmente, pero rara vez se acusa a mujeres por ser lesbianas.

El Informe de la Homofobia de Estado 2017, de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Transexuales e Intersexuales (ILGA), destaca que “en los últimos tiempos, se han registrado numerosos reportes de detenciones e intimidación policial”. Además, explica que “el Comité de Derechos Humanos manifestó su preocupación por la tipificación como delito de la homosexualidad, sancionada con una pena de cárcel que puede alcanzar tres años y por las detenciones en ese contexto”.

Indonesia

A pesar de que su Código Penal no condena expresamente la homosexualidad, Indonesia es uno de los lugares más señalados por ser peligroso para el colectivo LGTB. Las relaciones entre personas del mismo sexo están criminalizadas en tan solo dos de sus estados, pero existen normativas, como la Regulación Gubernamental sobre Salud Reproductiva, que hacen referencia a la “desviación de la orientación sexual” como una acción sancionable por la ley.

El documento de la ILGA explica que distintos informes publicados entre 2016 y 2017 indican mayores niveles de amenazas contra defensores de derechos humanos LGTB y contra su trabajo, tanto por parte de actores estatales como no estatales.

Los arrestos y los actos de represión contra los homosexuales son habituales en este país, donde se encuentran algunos de los lugares con más turismo gay del continente asiático, como Bali.

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141 hombres fueron detenidos en mayo en una redada en una sauna gay. | Foto: Tatan Syuflana /AP

Este mismo mes de mayo tuvo lugar una gran redada en una sauna gay que se saldó con 141 detenidos. Unos días antes, dos hombres fueron condenados a recibir 80 latigazos después de que sus vecinos los grabaran manteniendo relaciones sexuales. Este suceso tuvo lugar en Aceh, un lugar donde se aplica la ley Sharia para defender el Islam.

A pesar de las reiteradas peticiones de organizaciones como Human Rights Watch para que el país respete los derechos humanos y, en concreto, abandone estas prácticas de represión contra el colectivo LGTB, Indonesia sigue protagonizando incidentes de este tipo.

India

Una ley de 1860 criminaliza la homosexualidad en un país que cada vez se vuelve más popular entre los turistas. La cadena perpetua es el máximo castigo para quien tenga relaciones sexuales con alguien de su mismo sexo.

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Ciudadanos de India se manifiestan por los derechos del colectivo LGTB. | Foto: Altaf Qadri /AP

El artículo 377 del Código Penal de india es el responsable de las sanciones a las personas homosexuales, pues prohíbe las relaciones entre personas del mismo sexo en privado. En 2009, se eliminó esta prohibición, pero la Corte Suprema del país devolvió la constitucionalidad a esta norma en diciembre de 2013.

Este paso atrás en la legislación conmocionó a activistas y defensores de los derechos humanos de todo el mundo. Además, cientos de personas salieron a la calle en varias ciudades del país, especialmente en Bombay, para protestar en contra de esta sentencia.

Los 'millennials', la nueva e imprescindible cara de las protestas en Venezuela

Cecilia de la Serna

Foto: Carlos Garcia Rawlins
Reuters

Los jóvenes suelen ser protagonistas en los grandes movimientos sociales, como en los últimos años hemos podido presenciar en acontecimientos como la Primavera Árabe o el 15-M español. Ya en 2002, en Venezuela, muchos universitarios se levantaron contra el entonces presidente Hugo Chávez. No obstante, hace 15 años esos jóvenes aún formaban parte de una generación que había conocido la Venezuela pre chavista. Hoy, los rostros más frescos pertenecen a los millennials, que han crecido bajo la revolución que desde 1999 rige el país latinoamericano.

Los millennials y post-millennials, también denominados ‘Generación Z’, jóvenes nacidos durante la era del chavismo -y que por lo tanto no han conocido otra cosa-, adoptan un papel principal en esta nueva oleada de protestas, provocadas por una importante crisis política y socioeconómica, y que desde hace dos meses se han saldado con más de 60 víctimas mortales. Muchas de ellas eran personas de corta edad. Soñadores con un futuro mejor, o hastiados con la situación que vive su país, que luchaban por lo poco que les quedaba por perder.

Un cambio de parecer generalizado

Johan es un joven de 22 años que acude a las protestas que invaden Caracas desde hace semanas con su hijo de 2 años. Johan, como muchos otros, fue un fuerte defensor del presidente Chávez, e incluso luce un tatuaje en el brazo con la firma del mandatario chavista. A su juicio, “el camino se desvió”, por eso protesta. “Estoy aquí por mi derecho al voto, ya debería haber elecciones. Estoy aquí por mi derecho al trabajo, estoy aquí por mi país y por mi hijo”, puntualiza a la agencia EFE, indicando que ahora “hay guerreros del barrio, hay guerreros de clase media, hay guerreros de todo tipo” porque “la lucha es por un solo país”.

La fuerza opositora en Venezuela no entiende de edades. | Foto: Carlos Garcia Rawlins / Reuters
La fuerza opositora en Venezuela no entiende de edades. | Foto: Carlos Garcia Rawlins / Reuters

Johan no es el único decepcionado, sino que es uno de tantos a los que vendieron el sueño bolivariano como una ruta hacia la libertad y la cohesión social, como una utopía con visos a la igualdad entre todos los venezolanos. Forma parte de esa generación de hijos del chavismo, hijos de un movimiento que convenció rápidamente a una mayoría importante del pueblo de Venezuela. Ahora que ese movimiento se revela caduco y fallido, los que defendían las ideas del fallecido Hugo Chávez, apoyando sus esperanzas en él, cambian de parecer y se levantan ahora contra quien consideran un tirano, Nicolás Maduro.

Jóvenes con un porvenir incierto

Para el presidente del Comité de Alianza Social de la Cámara Venezolano Americana de Comercio e Industria, “los jóvenes son fundamentales para construir una sociedad sana, tanto en el entorno de hoy, como en el porvenir”. En un marco como el actual, con el drama de la muerte mezclado con el fervor de la lucha, que los jóvenes se pongan en cabeza es fundamental. Ellos deben construir un futuro incierto.

Los más jóvenes toman parte activa en las protestas en Venezuela. | Foto: Nelson Ovalles / El Estímulo
Los más jóvenes toman parte activa en las protestas en Venezuela. | Foto: Nelson Ovalles / El Estímulo

Según un estudio del Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea), en las protestas que vive el país hay “un protagonismo de una generación de activistas millennials, que tiene como referentes la cultura digital, los videojuegos, los cómics, las series de televisión y las películas, así como referentes sociales más recientes como la Primavera Árabe”. Además, estos jóvenes también se inspiran en la Euromaidán, la revolución en Ucrania que en su clímax derrocó al presidente electo Víktor Yanukóvich.

Un 23% de los millennials venezolanos no trabaja ni estudia, y un 44% no termina siquiera bachillerato

El propio porvenir de los millennials es el que está en juego, y tomar las riendas de su futuro se revela imprescindible. Según la ONG venezolana RedSoc, un 23% de los millennials del país latinoamericano no trabaja ni estudia, y un 44% no termina siquiera bachillerato. Otros tantos han huido de Venezuela, buscando allende un futuro más prometedor. Los que están fuera son conscientes también de la desesperación que vive estos días su país, cuyas noticias copan portadas e informativos en el extranjero.

Los adolescentes también alzan su voz en las protestas en Caracas. | Foto: EMILY AVENDAÑO / El Estímulo
Los adolescentes también alzan su voz en las protestas en Caracas. | Foto: EMILY AVENDAÑO / El Estímulo

Cabe destacar que gran parte de la masa de multinacionales que operaban antaño en Venezuela, como Microsoft, el grupo Ford, la petrolera Royal Dutch/Shell o Coca-Cola, entre otras, ha abandonado el país, dejando huérfanas las esperanzas de trabajo para miles de jóvenes.

Internet como agente del cambio

El acceso a Internet en Venezuela es pésimo. Lo denuncian diversas ONGs, entre ellas las 15 que a mediados del pasado año pusieron énfasis en la “grave crisis” del sector de las tecnologías de información y comunicación en el país latinoamericano, y lo viven a diario los venezolanos para los que conectarse supone un auténtico calvario. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), un organismo dependiente de Naciones Unidas, remarcó ya en 2015 que Venezuela estaba entre los últimos países en velocidad de descarga del continente, junto con Bolivia y Perú. La situación no ha hecho más que empeorar, y no parece una casualidad. Los medios de comunicación digitales, así como las redes sociales, se han convertido en el único canal fiable para entender lo que ocurre en el país, donde los medios oficiales no informan de las protestas.

La red es la última oportunidad en Venezuela para no perderse en un mar de desinformación

Los medios digitales venezolanos los encabezan hoy en día reputados periodistas, como es el caso de La Patilla, El Estímulo, Runrunes y Efecto Cocuyo, entre otros, mientras que los medios oficialistas han caído en el descrédito para la mayoría de la población. El gobierno de Maduro, en su afán de controlar la información, ha cerrado y comprado medios, ha encarcelado y amenazado a periodistas, y ahora -según denuncian los opositores- quiere bloquear el acceso a otras formas de información, aquellas que residen en la red. A pesar de las dificultades de conexión a las que se enfrentan los venezolanos, día tras día acuden a la red para conocer el estado de las manifestaciones, las detenciones, o las víctimas de las protestas. Es su última oportunidad para no perderse en un mar de desinformación.

Las redes sociales se han inundado de imágenes de las protestas en Venezuela. | Foto: Marco Bello / Reuters
Las redes sociales se han inundado de imágenes de las protestas en Venezuela. | Foto: Marco Bello / Reuters

A través de redes como Twitter, los opositores convocan las marchas, y además difunden las imágenes más crudas de la represión. En algunas ocasiones, los internautas venezolanos tienen que acudir a la imaginación y a la trampa para eludir los métodos represores y censores del gobierno de Maduro. En la oleada de protestas de 2014, los usuarios recurrieron a TunnelBear, una VPN, para evitar el bloqueo del gobierno sobre algunas webs y servicios -como las fotos de Twitter-. Las aplicaciones VPN (red privada virtual) permiten a sus usuarios conectarse a Internet como si estuvieran en otro país, de manera que pueden acceder a contenidos que están bloqueados en su propio país. Finalmente, el gobierno bloqueó también TunnelBear para evitar que los internautas lo utilizaran para librar la censura.

Los esfuerzos censores del gobierno, o la pésima calidad de la conexión, no son obstáculos insalvables. La generación más joven es consciente de ello y participa incansablemente de la conversación en redes. Incluso se convierte en el reportero de campo, en el periodista inesperado. Es el caso de decenas de jóvenes que convierten sus redes personales en agencias improvisadas de noticias. Por ejemplo, Salvador Benasayag H, un joven periodista de 22 años que desde su cuenta personal de Twitter mantiene una cobertura muy ágil que ha logrado el seguimiento de más de 4.000 personas.

Las redes también tienen su lado oscuro. En este caso, las noticias falsas y la desinformación corren con facilidad en un clima de caos informativo. Por eso es importante saber a quién seguir y qué leer para no perder el hilo.

12.000 jóvenes perdieron la vida en 2016, y el 77% quiere emigrar

Ante los obstáculos que presentan esta desinformación y la manipulación -las autoridades siguen afirmando que la violencia la provocan los manifestantes-, los jóvenes no cesan en su empeño de emprender una lucha que se adivina imparable si la represión del gobierno no logra lo que desea, que es acallar las voces a base de balazos y bombas lacrimógenas.

Los opositores más jóvenes se enfrentan con constancia a la represión de las marchas. | Foto: Marco Bello / Reuters
Los opositores más jóvenes se enfrentan con constancia a la represión de las marchas. | Foto: Marco Bello / Reuters

La disyuntiva de una generación

El drama en Venezuela trasciende la actual oleada de protestas. 21.752 personas fallecieron en 2016, según cifras ofrecidas por la Fiscalía General, de las cuales más de 12.000 eran jóvenes. Por otro lado, según resultados de una encuesta de la firma Datos, el 77% de los jóvenes de entre 18 y 21 años quiere emigrar. Otros muchos se han marchado ya. El hambre, la falta de medicamentos, la delincuencia generalizada o la violencia extrema hacen que el país sea insufrible. Ahora los millennials y post-millennials venezolanos están ante la disyuntiva de ser una generación perdida o seguir luchando hasta encabezar una nueva era. Save

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