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Túnez, una primavera árabe LGTBIQ a medio camino

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Hussein Malla
AP Photo, File

Túnez, la punta de lanza de los países árabes que se revelaron contra sus gobiernos en la denominada Primavera Árabe de 2011, es uno de los pocos en el que los ciudadanos han ganado en libertades y derechos con el establecimiento de una nueva Constitución en 2014. Podría decirse que es uno de los pocos Estados del Magreb donde las revueltas han triunfado y que se ha convertido en el representante más “democrático”, “progresista” y “estable”. No obstante, aún así, aun queda mucho por hacer.  Los aspectos relacionados con género e identidad en las sociedades árabes generan un intenso debate, donde predominan los prejuicios y el desconocimiento. La reivindicación de los derechos humanos es tarea pendiente para muchos ciudadanos, y en particular para minorías como el colectivo LGTBIQ.

Con motivo del World Pride 2017, que acoge Madrid, Casa Árabe se ha unido a esta iniciativa para “romper barreras y generar un espacio de encuentro y discusión, pero también de conocimiento y reconocimiento”. En este sentido, el lunes 26 de junio,  esta institución acogió a Hafedh Trifi, miembro del comité ejecutivo de la Asociación Tunecina por la Justicia y la Igualdad (DAMJ), que conversó con el periodista de la Cadena SER Álvaro Zamarreño, sobre la situación del colectivo LGTBIQ en Túnez.

Las leyes en Túnez

Hafedh Trifi asegura que su organización, DAMJ, libra una batalla contra el artículo 230 del Código Penal tunecino, que condena la sodomía. “En Túnez, desde la revolución de 2011, hemos ganados muchas cosas, como mayor libertad de expresión, de reunión, de manifestaciones… pero las libertades individuales siguen en proceso de cambio”.

Tras la revolución de 2011, DAMJ consiguió establecerse como asociación. Las dos primeras ocasiones en las que presentaron los papeles en la ventanilla de registro, su solicitud fue rechazada, pero a la tercera fue la vencida. No obstante, según Hafedh la organización no aparece en el BOE y por tanto se mueve en el campo de la alegalidad. “Se reconoce nuestra existencia, pero si tenemos algún problema, carecemos de protección y defensa”.

En 2014 se estableció una nueva Constitución en el país, que contiene tres artículos, el 21, 23 y 24, relacionados en cierta manera con colectivo LGTBIQ. En ellos se establece la protección de la integridad física, contra la tortura o los registros. Sin embargo, del artículo 49 no se habla demasiado. Este artículo está al final del capítulo dedicado a la libertad individual y establece lo que está permitido y lo que no.

La Constitución es el documento de mayor valor en la leyes tunecinas, se encuentra en la cúspide de la pirámide, pero el verdadero problema radica en el artículo 230 del Código Penal, que condena la sodomía. Lo estableció en 1913 el Protectorado francés, lo instauraron por tanto los colonialistas, aunque posteriormente se tradujo al árabe. Este artículo condena con penas de entre 3 a 5 años de prisión as relaciones entre dos hombres.

Además, el problema de ser condenado por sodomía es que al salir de la cárcel con antecedentes penales, no se puede  acceder a puestos en el sector público, y es más difícil acceder a trabajos en el sector privado.

Uno de los casos más sonados en Túnez fue el del joven de 22 años Marwan, arrestado y condenado en 2015 por homosexualidad, previo sometimiento al test anal. Tras convertirse en un hecho muy mediático y llevarse a cabo numerosas campañas para su liberación, salió de la cárcel tres meses después de su detención, una vez pagada la fianza de más de 1.000 euros y de haber quedado marcado por las vejaciones sufridas en el proceso y los antecedentes penales.

Hafedh asegura que para verificar que un hombre ha tenido relaciones sexuales con otro hombre, se lleva a cabo el llamado “test anal”. Los funcionarios aseguran que se hace con el consentimiento de la persona, pero no es así. “En Túnez, el consentimiento se consigue con torturas, agresiones y amenazas; no es una decisión libre”. Esta práctica es, sin duda, una vulneración de los Derechos Humanos.

Los arrestos en este país mediterráneo comienzan con el aspecto físico de las personas. “Los cuerpos de seguridad detienen a hombres más afeminados o a mujeres más masculinas, o incluso por su ropa de vestir”. Posteriormente al arresto es cuando se producen los actos de violación de la intimidad personal con el registro de los domicilios, de la correspondencia o incluso de los móviles, pese a que la constitución condena estos actos.

Los transexuales tampoco están reconocidos por el gobierno, no tienen identidad ni derechos. Carecen de los papeles necesarios en los que se muestre la identidad de género que han elegido. Asimismo, existe una circular por la cual los médicos tiene prohibido atenderles.

La sensibilización como arma

DAMJ y otras organizaciones del colectivo realizan un trabajo de sensibilización que consiste en trabajar con personas del colectivo, darles a conocer sus derechos o enseñarles a protegerse, a través de vídeos y guías, como la Guía de Seguridad que publicó la asociación tunecina en diciembre de 2016. En ella, además de informar sobre los derechos de las ciudadanos, también se dan consejos para proteger las contraseñas, sobre cómo actuar ante un arresto, el derecho a negarse al test anal, la recomendación de no firmar ningún documento sin leer todo muy bien previamente, etc… La asociación también pone un abogado a disposición de las personas que lo necesiten.

“La siguiente parte de nuestro trabajo consiste en trabajar con el gobierno, los Ministerios de Justicia, Interior o Sanidad. Intentamos dialogar con ellos, ya que tienen el poder para cambiar las leyes, aunque no es nada fácil”.

Para conseguir cambios en el país, también es importante establecer diálogos con los médicos, psiquiatras, psicólogos, sexólogos, para intentar acabar con el test anal, que se realiza sin consentimiento a dos personas que han mantenido relaciones consentidas en el ámbito privado. El test es una tortura que va en contra de la ética humana y del juramento hipocrático médico, en el que se establece que se debe proteger al paciente. En abril de 2017 el Colegio de Médicos de Túnez se opuso al test anal.

“En algunos casos, los hombres han sido sometidos al test anal delante de policías e incluso esposados, sufriendo insultos y vejaciones varias. Es un acto de humillación contra la dignidad humana”.

Quizá una de las cosas que más choquen en una sociedad moderna sean las llamadas “terapias de reconversión”. Hay caso de familias tunecinas que cuando tienen un hijo homosexual o bisexual intentan curarles. “Sin generalizar, una gran parte de psicólogos en Túnez llevan a cabo terapias de cura, que solo causan daños psicológicos, por supuesto. Nosotros intentamos acabar con esto”.

En algunos centros educativos los jóvenes sufren rechazo por su condición sexual. Resulta llamativo el caso de seis jóvenes homosexuales de la ciudad de Qairouan, que fueron expulsados de la universidad y se quedaron sin derecho a la educación.

En cuanto al trabajo de la asociación con la juventud, “es algo muy difícil”. Acudir a colegios o institutos para impartir charlas de eduación sexual es algo imposible. “Nos acusarían de perversión de menores“. Para llegar a los jóvenes, la organización intenta sensibilizar a profesores y directores.

La lucha política

En referencia al partido islamista, Enahda, Hafedh asegura que es un partido dividido entre aquellos que se oponen a los ataques contra la libertad individual y los que consideran la homosexualidad una enfermedad, como el exministro de Derechos Humanos.

Otros partidos más progresistas, los de izquierdas, sí apoyan al colectivo LGTBIQ en el país, pero no los manifiestan. “No se dan cuenta de que con su silencio están dando su apoyo al gobierno“.

Si con la política no fuera suficiente, la religión también entra en juego. “En Túnez nos movemos en el Estado de Derecho, la religión no rige la República, y queda acotada al ámbito privado”, afirma Hafedh. “Nosotros no entramos en ese debate, cada uno es libre de seguir su fe, aunque sí que es verdad que en otros países donde la religión tiene una gran fuerza en el gobierno, la situación del colectivo LGTBIQ es mucho más complicada”.

A pesar de todas las trabas, DAMJ no actúa sola, existen redes de colaboración con organizaciones en otros países árabes. No obstante, el trabajo no es fácil y en numerosas ocasiones, los miembros de las asociaciones sufren amenazas. “Algunos han tenido que huir de sus países tras sufrir amenazas de muerte”.

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'Los sueños de la razón' o cómo descubrir el vínculo desconocido entre Goya y Buñuel

Jorge Raya Pons

Foto: MUSEO LÁZARO GALDIANO

Solía bromear Buñuel con el hecho de que los tres grandes artistas aragoneses eran Goya, él mismo y Beethoven. ¡Y los tres eran sordos! Ahora, el museo Lázaro Galdiano -ubicado en el barrio madrileño de Salamanca- expone en su muestra Los sueños de la razón los lazos invisibles y emocionales de Goya y Buñuel, dos artistas irrepetibles que tomaron con precisión quirúrgica el pulso arrítmico de España.

Los comisarios de esta exposición, Amparo Martínez y José Ignacio Calvo, dedicaron una gran esfuerzo para crear esta muestra. “Queríamos explorar sus puntos de conexión, su modo de comprender el arte y el mundo, aun con una distancia temporal de 150 años”, dice Martínez. El resultado es una recopilación de guiones y fotografías del cineasta que parecen mantener un diálogo constante con las pinturas y grabados de Goya: hay conexiones quizá inconscientes que vertebran la exposición.

Martínez explica cómo lo lograron a partir de cinco puntos fundamentales que servían como puentes entre un artista y otro.

'Los sueños de la razón' o cómo descubrir el vínculo desconocido entre Goya y Buñuel
‘Desastre 30. Estragos de la guerra’. | Cortesía del Museo Lázaro Galdiano

El primero fue la curiosidad como principio creador y su voluntad de aprender todo el tiempo, tanto es así que en una carta de Buñuel se puede leer cómo, siendo ya un anciano, tenía el deseo fervoroso de ser testigo del rodaje de un director joven: era el modo más efectivo de ver la evolución en la forma de hacer cine.

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‘La letra con sangre entra’ (Goya). | Cortesía del Museo Lázaro Galdiano

El segundo, su visión crítica de la realidad, la capacidad que tenían para no ser reconfortantes, sino inspiradores. Su crítica feroz contra la violencia y la guerra, que completan un círculo de absurdos, y se representa en cuadros como La letra en sangre entra o la película Los olvidados.

El tercero, la libertad como concepto esencial y el ser humano como centro de sus preocupación, Goya desde la herencia de la Ilustración y Buñuel desde la vanguardia y el socialismo. Martínez recuerda los grabados de los desastres de la guerra, pero también la ensoñación de Un perro andaluz.

El cuarto, su universo interior. “En este aspecto, la sordera es importante porque los obliga a mirarse hacia dentro“, especifica Martínez. En este punto -y en continuación con el anterior- se revela la importancia de los sueños en sus obras, tanto en los grabados de Goya como en la filmografía de Buñuel, que los empleaba para explorar las pulsiones del ser humano.

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Silvia Pinal, fotografiada durante el rodaje de ‘Viridiana’. | Cortesía del Museo Lázaro Galdiano

El quinto y último, los momentos vitales en los que se admiran ciertos paralelismos. Hay uno que para la comisaria está por encima de todos: la ocasión en que le encargaron a Buñuel un guión sobre Goya por el centenario de su muerte. Lo escribió. Y no fue el único guiño que le hizo en su cine: ¿qué hay de los fusilamientos al comienzo de El espíritu de la libertad? ¿Y de la niña que huye de la peste en Nazarín?

La exposición, que estará abierta hasta el próximo 4 de marzo, es una joya. Además de pinturas de Goya que no acostumbran a verse en Madrid o grabados atribuidos recientemente, como el San Antonio Abad, reúne fotografías inéditas de Buñuel, algunas de ellas durante el rodaje de Viridiana o retratándose -curiosamente- junto a pinturas del artista zaragozano, y todos sus guiones. Se crea una atmósfera que corrobora que los dos artistas -sordos, aragoneses y afrancesados- comparten todo un patrimonio común ahora desclasificado.

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Un año de portadas: Donald Trump, el presidente más ridiculizado de la Historia

Cecilia de la Serna

Foto: Der Spiegel

Donald Trump cumple ahora su primer año de mandato. El magnate, que atrajo una gran atención hacia sí mismo tanto durante la campaña de los republicanos como durante la presidencial norteamericana, seguirá previsiblemente tres años más en la Casa Blanca (a falta de un impeachment inmediato a la vista).

El primero de sus ejercicios en el poder ha estado marcado por no pocas controversias: su veto a la entrada de ciudadanos de países de mayoría musulmana, sus comentarios racistas, la relación de su entorno más próximo con agentes rusos o la construcción de un muro con México que por ahora parece más obra de su imaginación que de la realidad.

Una de esas polémicas que ha planeado constantemente sobre Trump y su propio ego ha sido la relación con la prensa, a la que ha acusado constantemente de verter noticias falsas sobre él cada vez que había un tema de actualidad que podía afectarle. La expresión “fake news” ha servido como una especie de escudo, transmitiendo un mensaje que sin duda ha calado sobre sus seguidores y provocando un descrédito desmesurado de la prensa.

Esa prensa a la que él ha acusado de mentirosa ha publicado numerosas portadas, algunas auténticas obras maestras de la ilustración y el humor, que lo han convertido no sólo en el presidente más controvertido sino también en el más ridiculizado que se recuerde. A continuación, un repaso de esas portadas, tanto de medios serios como de publicaciones satíricas, de uno y otro lado del charco.

La revista New Yorker

Desde la polémica por las largas estancias del presidente Trump en sus complejos de golf, al apoyo por parte de grupos de supremacía blanca o el pozo en el que para muchos está el mandatario a estas alturas, las célebres ilustraciones de portada de la prestigiosa revista New Yorker han mostrado a un Donald Trump poco adecuado para el cargo que ostenta.

Imagen: The New Yorker

Imagen: The New Yorker

Imagen: The New Yorker

La revista Time

La famosa publicación Time ha sido una de las más incisivas a la hora de retratar a Donald Trump en su portada. Las dos imágenes que hemos seleccionado son muy violentas, y muestran ese odio y esa furia que lo caracterizan.

Imagen: Time

Imagen: Time

La revista The Week

Con ocasión del lanzamiento de Fire and Fury del periodista Michael Wolff, la publicación The Week divulgó esta portada en la que mostraban al Trump que ama la comida rápida totalmente furioso por lo que el libro cuenta.

Imagen: The Week

El New York Magazine

Por el mismo sendero caminaba New York Magazine cuando publicó esta portada en la que se representan los malos hábitos alimenticios de Donald Trump y que se ven reflejados en el libro de Wolff.

Imagen: New York Magazine

Der Spiegel

Más allá de las fronteras norteamericanas, una de las publicaciones que ha publicado las portadas más notables durante el primer año de Trump en la Casa Blanca ha sido el alemán Der Spiegel. En ellas ha puesto de relevancia temas como el exacerbado patriotismo del presidente e incluso ha llegado a retratarle como la viva imagen de la involución humana.

Imagen: Der Spiegel

Imagen: Der Spiegel

La revista The Economist

Con sus siempre acertados análisis, The Economist ha dedicado varias portadas al presidente norteamericano. De entre todas destacamos la última, en la que pretenden hacer balance del primer año del presidente en el poder ilustrando a un bebé Trump.

Imagen: The Economist

Bloomberg Businessweek

Las polémicas medidas firmadas durante este año por el mandatario estadounidense inspiraron la portada de Bloomberg Businessweek en la que, en lugar de una orden ejecutiva, podemos leer en un documento firmado por Trump: “insertar orden ejecutiva redactada precipitadamente, jurídicamente dudosa y económicamente desestabilizadora”.

Imagen: Bloomberg Businessweek

La revista elJueves

Para terminar: una publicación española. Los chicos de elJueves utilizaron su acertado sentido del humor para alumbrar la boca de Trump con una antorcha sostenida por un miembro del grupo supremacista blanco Ku Klux Klan.

Imagen: elJueves

Un nuevo año comienza para Trump, y para todos aquellos maestros ilustradores a los que les espera mucho trabajo para retratar las facetas de un icono mediático irrepetible.

Continúa leyendo: Mientras el bitcoin se desploma, sus grandes inversores se van de farra

Mientras el bitcoin se desploma, sus grandes inversores se van de farra

Redacción TO

Foto: DADO RUVIC
Reuters

De las 100 principales criptomonedas que actualmente están en el mercado, un total de 96 están en números rojos, es decir, la práctica totalidad de las criptodivisas pierde dinero (y con ellas, sus inversores). Solo se salvan de esta guillotina económica Tether, Gas, Neblio y Cryptonex. El martes se conocía la noticia de que la criptomoneda por antonomasia, bitcoin, se desplomaba un 16% y que sus casi igualmente famosas compañeras Ethereum y Ripple (las dos más populares después de bitcoin) perdían un 16% y un 24% de su valor, respectivamente. Uno podría pensar que este pesimista panorama alertaría a los inversores y que estos cruzarían tierra, mar y aire para salir de semejante embrollo. Pero se equivocaría. Los grandes inversores han cruzado mar sí, pero en crucero, con toda la calma.

Alrededor de 600 entusiastas de las criptomonedas se embarcaron el lunes por la noche en Singapur en el segundo Blockchain Cruise anual, una suerte de vacaciones en el mar con una temática entrada en las criptodivisas. El valor del bitcoin se situaba entonces cómodamente por encima de los 13.500 dólares (unos 11.000 euros) pero para cuando el buque llegó a el miércoles a Tailandia, donde los viajeros pudieron dedicarse a beber, a tomar el sol y a disfrutar de conferencias sobe la criptoeconomía, el bitcoin había caído ya hasta los 10.000 dólares (algo más de 8.000 euros), informa Bloomberg. En el transcurso de esos días, el grupo, compuesto en su mayoría de hombres jóvenes, muchos de los cuales han hecho fortunas gracias a bitcoin, habían perdido probablemente millones de dólares.

Pero el batacazo no detuvo la fiesta. Según ha explicado Ronnie Moas, uno de los conferenciantes del miércoles, el bitcoin alcanzaría, en el mejor de los casos, los 300.000 dólares (más de 245.000 euros) en tan solo siete años. “Nada crece en línea recta”, razona. Pero la lista de conferenciantes del exclusivo crucero no acaba ahí e incluye nombres fuertes como José Gómez, hombre cercano al expresidente de Venezuela Hugo Chávez; Kaspar Korjus, el hombre detrás de la “nación digital” de las e-residencias impulsada por el Gobierno de Estonia; Jorg Molt, que -de ser cierta su afirmación de que posee un cuarto de millón de bitcoins– tiene una fortuna de 2.800 millones de dólares (casi 2.300 millones de euros), e incluso el mismísimo John McAfee, el empresario de la compañía de ciberseguridad McAfee (cuyos antivirus se encuentran hoy en día en dispositivos de todo el mundo).

Precisamente McAfee se ha convertido en los últimos tiempos en un gran promotor de las criptodivisas a través de su cuenta de Twitter, donde también ha incluido una fotografía del crucero.

“¡Que todo el mundo se relaje!”, ha dicho recientemente, citado por International Business Times. “No sé si será el bitcoin o múltiples divisas pero habrá un estándar de criptomonedas para el mundo les guste a los gobiernos o no”.

Con este panorama, el mundo de las criptomonedas sigue festejando su repentino éxito, ajeno a los últimos datos, que apuntan a que estas divisas experimentarán una caída tan potente como lo fue su ascenso. Y olvidan el tortazo que se pegaron en 2007 las hipotecas subprime (disparador de la crisis económica) y de la explosión de la burbuja de las puntocom a principios de siglo. Los seguidores más acérrimos de la moda del bitcoin, según una de las conferencias, tendrán que ver una caída de más del 50% del valor antes de que salgan espantados. 

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Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

Estamos sentados frente a una mesa, en silencio. B. B. Mukherjee observa la pantalla de su teléfono, pone la cabeza en alto, con sus gafas de diseño a rayas grises y negras sobre su nariz. Mukherjee luce un estrecho bigote con una forma más parecida a un triángulo que a un cuadrado, y viste un traje descatalogado de franela y color marfil que combina con una corbata de otra década. Estamos sentados a la distancia de un metro y B. B. Mukherjee, que es subgerente del Ministerio de Turismo indio en España, sigue en silencio tras cinco minutos y mirando con atención vídeos indescifrables con un volumen moderadamente alto. Tiene un reloj de oro en su muñeca izquierda y tantos anillos como dedos en sus manos. La responsable de prensa está sentada a mi izquierda y me mira con nerviosismo, como esperando una respuesta, y yo le sonrío y eso le tranquiliza.

Estoy sentado frente a Mukherjee en el stand indio de Fitur porque los dos responsables más importantes de la delegación de la India, que puso mucho interés para promocionar su país y mucho dinero para instalar este espacio tan grande –por no hablar de que el nombre de la marca, Incredible India, aparece prácticamente en cada folleto que circula por aquí dentro como principal patrocinador del evento–, están en sus respectivos hoteles desde una hora indeterminada que no logro averiguar, cuando quedan todavía dos horas para el cierre de la jornada.

La situación es particularmente divertida y extraña. Mukherjee levanta repentinamente la mirada, sonríe mucho y extiende la mano, como advirtiendo –en este momento– que está acompañado. Luego entrecruza los dedos, esperando la primera pregunta, y sus anillos brillan como diamantes.

Le comento, a modo de arranque, que han aumentado mucho su disposición en 2018. Él asiente con la cabeza y dice, con un acento marcadamente indio que solo escuché en películas: “Sí, este año hemos estado en todas las ferias importantes de Europa como patrocinadores”. Pero, casi en una maniobra de escapismo, desvía con velocidad su respuesta y sostiene que India es un país tremendamente rico y diverso, con bosques y templos y ruinas y playas y montañas, y continúa con una explicación nada concisa e inesperada del estado de salud del sistema judicial y político indio y de la calidad sanitaria. “Tendrías que ver qué cirujanos tenemos”, dice, levantando las cejas. “Son muy buenos”.

Después le pregunto por la vocación de su presencia en Madrid y no parece importarle: continúa con su respuesta anterior, explicando las bondades de su presidente y la fortaleza de su democracia, y describe a la India como un país muy rico y “paradójico” donde la riqueza no impide la miseria. Le digo que eso significa que hay mucha desigualdad. El subgerente de Turismo sonríe y concluye: “Sí, qué paradójico, ¿verdad?”.

Y en cada pregunta hay una respuesta similar, como si nos encontráramos en conversaciones ajenas, y la conversación es tan frustrante y claramente incontrolable que finalmente desisto y pienso en la segunda entrevista.

La 'incredible' India no tiene quien hable en sus stands de Fitur
Entrevista a B.A. Devaiah en uno de los stands de ‘Incredible India’. | Foto: Interface

Más al sur, Karnataka

La responsable de prensa se disculpa mientras me conduce hasta el área donde se instala la delegación de Karnataka, una región del sur con 55 millones de habitantes, más salvaje y más verde que el norte –el lugar al que suelen ir a parar los turistas–. La parada está adornada con plantas y una ambientación premeditadamente exótica, con bancos en todas partes y la representación más o menos conseguida de un tigre de Bengala sobre una alfombra verde. Karnataka es una de las zonas que persiguen explotar en los próximos años y hacen un esfuerzo verdadero por crear una imagen atractiva.

Así que el gabinete de comunicación organiza una conversación con el consejero de Turismo, un hombre joven y bien vestido con un inglés perfecto. Esperamos mientras cumple con otro compromiso y al volver se acerca hacia nosotros, con rostro serio, y dice que prefiere no hacerla: se niega, en principio, por estar cansado. Ellos procuran convencerle de lo contrario y finalmente concede una confesión: él no es el consejero de turismo, sino B.A. Devaiah, de Starks Communications, una agencia contratada por el Gobierno regional para representarlos. Lo hace extendiendo una tarjeta que recojo.

Le pregunto si está legitimado para hablar en nombre del Gobierno y él asiente, nos sentamos y hay una conversación fructífera en un primer momento: responde con interés y educación y habla de una región que conoce porque es la suya. Karnataka está en el sur del país y las diferencias respecto al norte, más transitado, más exprimido, son abismales. Un modo distinto de comprender la religión y las tradiciones, un idioma que no es el mismo –hablan mayoritariamente el kannada– y una gastronomía que, presume, únicamente se asemeja en la frecuencia del arroz blanco. Un atributo que, de cualquier modo, comparten la mayor parte de los países de la región.

Devaiah se encuentra menos cómodo y pone más reparos si hay que hablar de seguridad. Él alude, directamente, a las violaciones de mujeres. No las niega, aunque asegura que muchos occidentales viven en la zona y lo hacen con tranquilidad. Dice que si se producen tantas es porque hay muchos habitantes, sin aludir a razones concretas.

–¿Y en cuanto a las infraestructuras?–le planteo.

“Sí, tenemos”, responde, con un largo silencio.

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