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Un bosque cubeta para frenar el cambio climático

Redacción TO

Foto: EDDIE KEOGH
Reuters

En el bosque de Staffordshire se está llevando a cabo un experimento ambicioso que podría ampliar considerablemente nuestros conocimientos sobre el impacto de las emisiones de dióxido de carbono sobre la atmósfera terrestre. El proyecto ha creado un laboratorio entre los árboles para producir altos niveles de dióxido de carbono y así calcular la capacidad de un bosque para contrarrestar el efecto negativo de la emisión de este gas de efecto invernadero. La producción de dióxido de carbono que están generando es, para que nos hagamos una idea, equivalente a las previsiones actuales para mediados de siglo.

El papel de las plantas en la absorción de dióxido de carbono es todavía un misterio. Conocemos que este gas sirve de fertilizante para la vegetación y los investigadores sospechan que si sus niveles se incrementaran, los árboles serían capaces de asimilarlo. En cualquier caso, son conscientes de que este efecto quedaría limitado por las consecuencias derivadas de las altas emisiones, como son el descenso de nutrientes en la tierra, la escasez de agua y el aumento de las temperaturas.

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El dióxido de carbono es uno de los gases de efecto invernadero más agresivos. | Foto: Ted S. Warren/AP Photo

El profesor Rob Mackenzie, de la Universidad de Birmingham, es optimista y afirma que la humanidad, a día de hoy, sigue subestimando la capacidad de los árboles como contrapeso a nuestro nivel de emisiones. Hasta ahora nos hemos visto beneficiados por el efecto purificador en la atmósfera de los bosques, capaces de absorber hasta una tercera parte del dióxido de carbono generado por el ser humano. Pero seguimos quemando una cantidad excesiva de combustibles fósiles y acabando con demasiados ecosistemas como para que esta situación se revierta. “El campo nos está brindando un servicio fantástico”, afirma Mackenzie a la BBC. “Pero no hay certezas sobre cuál sería el impacto de un incremento de las emisiones”.

El experimento que lidera será uno de los cuatro que medirá este efecto, pero es el primero que tiene base en Europa. Un bosque vegetado por robles con casi dos siglos de historia y que ocupa 25 hectáreas de terreno es el epicentro de un estudio que también analizará el estado de las hojas, la tierra y los insectos que lo habitan. “El impacto del cambio de CO2 debe aparecer en la química de la hoja en cuestión de días, y en el suelo en cuestión de semanas”, explica el científico británico. “Al cabo de los primeros tres años, el sometimiento al dióxido de carbono habrá provocado modificaciones en la estructura del tallo de los árboles. Para 2026, habrá afectado a todo el ecosistema”.

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El hielo del Ártico podría desaparecer aunque se cumplan los Acuerdos de París. | Foto: Brennan Linsley/AP Photo

El surgimiento de este tipo de experimentos es esperanzador. Calcular el tiempo que podemos ganar para desarrollar el cambio integral del modelo energético global, que consiste en cambiar las energías fósiles por las energías limpias, es de una importancia vital para la lucha contra el cambio climático. Porque otro de los objetivos de Mackenzie, según sus propias palabras, consiste en averiguar si los bosques, especialmente los árboles longevos, pueden llegar a adaptarse a vivir con dosis menores de agua, enfrentando con dignidad los periodos de sequía provocados por el calentamiento global.

Uno de los co-autores de este proyecto, el profesor Ranga Mineni, de la Universidad de Boston, asume que es cierto que el dióxido de carbono tiene un efecto fertilizante sobre los árboles, que al mismo tiempo ejercen un uso más eficiente del agua del que disponen. Sin embargo, le preocupa que esta circunstancia pueda extenderse en el tiempo. Desconfía sobre si se trata de un efecto que responde a un sobreesfuerzo de la vegetación y si puede interpretarse como perdurable en el tiempo. En cualquier caso, concluye, “no conocemos hasta qué punto lo que observamos en los experimentos puede trasladarse al mundo real. Personalmente, no me conformo con el argumento del efecto fertilizador del dióxido de carbono como contrapeso de las consecuencias del calentamiento global, que implica el derretimiento de los polos, el aumento del nivel del mar, la intensificación de las tormentas y la pérdida de biodiversidad”.

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Donald Trump contra el planeta

Jorge Raya Pons

El presidente Johnny Gentle dio una orden clara y sin interpretaciones a todos sus funcionarios: las calles de América deben ser limpias porque en América los gérmenes no son bienvenidos. Gentle es un personaje real pero ficcionado por David Foster Wallace en La broma infinita y guarda una larga serie de atributos comunes con el presidente de piel rojiza, Donald J. Trump, enamorado de sí mismo y rehén de sus complejos, quien confesó sin tapujos y ante las cámaras que padece una fobia incontenible hacia las bacterias: un infierno en sí mismo para quien vive estrechando manos. Con Gentle comparte una fama construida en platós y escenarios, un carisma de hombre de fortuna que besa a las damas en los mercados y crea complicidad en el americano medio: yo soy quien tú querrías ser. Y si bien los dos viven aislados del polvo y los gérmenes, la sátira está servida, no les importa que la basura y los desechos se amontonen en el campo ajeno: para la historia –literaria– queda la Gran Concavidad, aquel vertedero del que nacieron leyendas y que Gentle terminó por entregar a la siempre complaciente Canadá.

La Torre Eiffel se iluminó de verde para celebrar el éxito del Acuerdo de París. (Jackie Naegelen/Reuters)
La Torre Eiffel se iluminó de verde para celebrar el éxito del Acuerdo de París. (Jackie Naegelen/Reuters)

Pero abandonando la ficción y sumergiéndonos en la realidad, tan decepcionante, encontramos que Trump es un quiste molar para el planeta: su escepticismo y arrogancia respecto al cambio climático pone en peligro el futuro del Acuerdo de París, el pacto históricamente más ambicioso en la lucha contra el calentamiento global. Lo firmaron 195 países –incluyendo Estados Unidos, China e India, los principales emisores de gases de efecto invernadero: todo un logro– y trata de limitar el aumento de la temperatura de la Tierra a 1,5 ó 2 grados centígrados de aquí a final de siglo –una locura irremediable, algo mejor que nada–.

Un acuerdo extraordinario salvo por la letra pequeña en el contrato: si el señor Trump decidiera archivar la transición hacia las energías renovables y descartar así toda posibilidad de recortar el ritmo actual de emisiones de dióxido de carbono, metano, etcétera, no tendría por qué abandonar el pacto –una actitud poco decorosa, a todas luces impopular–, le bastaría con incumplirlo: el Acuerdo no contempla sanciones.

[El incumplimiento sería posible, por ejemplo, mirando hacia otro lado mientras sus empresas sobrepasan todos los límites de emisiones establecidos en Francia. O recortando la financiación de proyectos de apoyo a las energías limpias en países tan contaminantes como India, altamente dependiente del carbón, que no cuentan con medios propios para renovar un sector energético que debe abastecer a una industria cada vez  más grande].

Así que Trump buscó un hombre dispuesto a ensuciarse las manos.

Caballo de Troya

Donald Trump es el presidente heterodoxo que defrauda a sus rivales: el magnate comete la extravagancia de cumplir cada una de sus promesas. Con la elección de Scott Pruitt, Trump no enseñó su mano sino la baraja: escoger a Pruitt para dirigir la Agencia para la Protección del Medio Ambiente es escoger al lobo feroz para cuidar de Caperucita.

Scott Pruitt, un negacionista climático, será el hombre de Trump para dirigir la oficina contra el cambio climático. (Nick Oxford/Reuters)
Scott Pruitt, un negacionista climático, será el hombre de Trump para dirigir la oficina contra el cambio climático. (Nick Oxford/Reuters)

Antes de regresar a la serenidad de una vida despreocupada, Obama dejó en herencia un programa llamado Clean Power Plan (Plan de Energías Limpias, en castellano), un rayo de luz en un país juzgado por su indiferencia. Se trata de un conjunto de medidas que persigue combatir el calentamiento global mediante la financiación de proyectos que impulsan el desarrollo de energías renovables en detrimento de las energías fósiles. Un planteamiento que lamentaron angustiosamente los sectores afectados, como el de Pruitt y sus amigos de Oklahoma, señores del petróleo, que apretaron los puños e iniciaron batallas judiciales –cuatro– que terminaron por fracasar en cada uno de sus intentos. Tuvieron que esperar meses, años, hasta encontrar un modo de hacerse valer: fue entonces cuando comenzaron a esculpir y dar forma a su caballo de Troya, que con el tiempo fue cobrando la silueta del senador Scott Pruitt.

Tuvieron que esperar meses, años, para esculpir y dar forma a su caballo de Troya, que con el tiempo fue cobrando la silueta de Scott Pruitt.

El pasado martes –7 de febrero de 2017– Donald Trump, en una reunión con empresarios del sector del automóvil, manifestó que “el ecologismo está fuera de control”–aludiendo a un ecologismo desbocado más que a un ecologismo fuera de su radio de influencia–.

Horas después del encuentro, el presidente firmó dos órdenes ejecutivas para reanudar dos proyectos controvertidos que Obama detuvo en su momento y que la justicia podría congelar nuevamente. El primero de ellos, el Dakota Access, pretende abrir un conducto que traslade petróleo desde los yacimientos de Dakota hasta la (casi) vecina Illinois –atravesando el río Misuri y varias hectáreas veneradas por los sioux, que alargaron los dientes y se rebelaron con fervor contra la medida del hombre blanco; hoy en día siguen en pie de guerra, literalmente–.

Los manifestantes de Filadelfia se solidarizaron en diciembre con la comunidad sioux de Dakota del Norte. (Matt Rourke/AP)
Los manifestantes de Filadelfia se solidarizaron en diciembre con la comunidad sioux de Dakota del Norte. (Matt Rourke/AP)

Los sioux, que con mucho esfuerzo y tras años de disputa sobre el terreno y en los tribunales consiguieron la paralización de las obras, tuvieron un éxito inesperado por la imprudencia del propietario del suelo, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército, quien autorizó la construcción del Dakota Access sin atender a las leyes federales de protección histórica.

El segundo, el Keystone XL, es un mastodonte de casi 2.800 kilómetros –como de Madrid a Varsovia– que conduciría petróleo de Alberta, Canadá, al golfo de México a un ritmo de 830.000 contaminantes barriles diarios. Los ecologistas, que se llevaron las manos a la cabeza, trataron de impedir la continuación de las obras y finalmente lo lograron: el conducto está a medio hacer y solo ha cubierto el 30% del recorrido previsto.

Escribió DFW que Johnny Gentle –ficción– fue el primer presidente en dar su discurso de investidura tomando el micrófono por el cable. Donald Trump, producto –real– del show business, ha demostrado ser un riesgo: ignorando todas las conclusiones científicas sobre el calentamiento global, anulando toda transición hacia las energías limpias, apostando, “como en los viejos tiempos”, por el carbón y el petróleo. Y sin embargo hay motivos para la esperanza: las posturas ecologistas crecen con fuerza en Estados Unidos y China se ha propuesto liderar la revolución energética internacional.

Aunque seguimos hablando de Trump.

Continúa leyendo: Netflix amenaza con destronar a HBO en los Emmy de 2018

Netflix amenaza con destronar a HBO en los Emmy de 2018

Redacción TO

Foto: MARIO ANZUONI
Reuters

Todavía con la resaca de los Emmy de este año a las espaldas, el papel de Netflix en los premios de la televisión estadounidense hacen pensar ya en la edición del año que viene. En lo que llevamos de siglo, HBO ha sido la cadena que más nominaciones ha acaparado cada ceremonia, un estatus que ha mantenido de manera ininterrumpida. Pero puede que esa corona cambie de cabeza en 2018 ya que Netflix, que empezó a producir contenidos propios en 2013, le pisa los talones a la cadena de Juego de Tronos.

En la pasada ceremonia, HBO mantuvo su primer puesto en el podio de nominaciones gracias a sus 110 candidaturas. Pero la cifra se queda peligrosamente cerca de las 93 de los productores de Grace and Frankie. Las ficciones más nominadas del servicio de streaming fueron la serie de nostalgia ochentera Stranger Things (con 19 candidaturas), la coproducción británica y estadounidenseThe Crown (con 13) y la mezcla de drama y comedia sobre una actor indio que intenta hacerse hueco en Estados Unidos Master of None (con ocho).

Y el ascenso de la presencia de Netflix en los premios más importantes de la televisión estadounidense (y del mundo) ha sido meteórica desde que irrumpió en 2013. Ese año, el servicio de streaming se tuvo que conformar con un modesto 2,5% de las nominaciones.

Pero en solo cuatro años, se ha convertido en la segunda serie con más presencia en los Emmy al acaparar el 14,6% de las candidaturas. Es una una cifra a tener en cuenta, ya que roza (y amenaza) el 17,2% de HBO que, por el momento, es líder indiscutible de los galardones.

Con todo, Home Box Office tiene un importante as en la manga: Juego de Tronos. La serie de poder, guerra y fantasía batió en la edición del año pasado el récord en nominaciones y se llevó el premio a la mejor serie dramática por segunda vez consecutiva.

Sin embargo, por una decisión de la propia cadena, la emisión de la exitosa séptima temporada fue pospuesta. Por este motivo, la ficción no fue elegible en la edición de 2017. Uno de los requisitos para optar a un Emmy es que el último capítulo de la temporada de cualquier programa se emita antes del 31 de mayo y la séptima entrega de Game of Thrones se emitió entre el 16 de julio y el 27 de agosto.

Netflix amenaza con destronar a HBO en los Emmy de 2018 1
El probable éxito de ‘Juego de Tronos’ en los Emmy de 2018 es el balón de oxígeno que necesita HBO para mantenerse a la cabeza.

El año que viene, sin embargo, Juego de Tronos sí podrá optar a un nuevo chorro de galardones y esto puede terminar siendo el balón de oxígeno que necesita HBO para mantenerse a la cabeza en las nominaciones de los premios.

Continúa leyendo: Dime de qué equipo eres y te diré cuántos kilómetros haces

Dime de qué equipo eres y te diré cuántos kilómetros haces

Redacción TO

Foto: Francisco Bonilla
Reuters

¿Te gustan los viajes y el fútbol? El buscador integral de viajes Gopili.es ha creado el ranking europeo de los aficionados de fútbol más viajeros del continente.

En España, los seguidores de Las Palmas son quienes deberán viajar un mayor número de kilómetros si quieren seguir a su equipo en los partidos fuera de casa la temporada 2017-2018: nada menos que 78.362 kilómetros. La segunda y tercera posición son ocupadas por los equipos gallegos: Celta de Vigo (32.534 km de media) y Deportivo de La Coruña (30.768 km) a bastante distancia de los seguidores insulares.

Por el contrario, al final de la clasificación encontramos a los seguidores de los equipos madrileños como los que menos kilómetros deberán desplazarse si quieren ver en directo los partidos fuera de casa. Los fans del Getafe deberían viajar poco más de 19.000 km, mientras que los seguidores del Real Madrid, Atlético y Leganés se encuentran a la cola del ranking. Colchoneros y merengues deberán viajar 18.840 km de media, mientras que los pepineros recorrerán 18.610 km.

La media de kilómetros a recorrer por los equipos españoles y sus seguidores es de 27.606 km, mientras que el desplazamiento más largo será el efectuado entre Girona y Las Palmas.

Dime de qué equipo eres y te diré cuántos kilómetros haces
Como término medio, los aficionados españoles deberán recorrer 27.606 kilómetros. | Fuente: Gopili.es

Los aficionados de la Premier League, los que menos kilómetros recorren

El número medio de kilómetros recorridos por los aficionados en cada país revela que los aficionados de la Premier League son los que necesitan viajar menos para apoyar a su equipo. Cinco equipos juegan sus partidos en Londres y sus alrededores, lo que repercute en desplazamientos mínimos: Arsenal, Chelsea, Crystal Palace, Tottenham y West Ham. En contraposición, los seguidores españoles son los que viajan más, con un promedio de 27.606 km frente a los equipos de la Premier League, que necesitan viajar sólo 7.156 km.

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Los aficionados de la Premier League, los que menos kilómetros recorren. | Fuente: Gopili.es

En el resto de Europa, en promedio, los equipos viajarán 22,603 km en Francia, 17,901 km en Italia y 13,034 km en Alemania. En toda Europa, los aficionados que más tendrán que viajar en la temporada 2017-2018 son los de Las Palmas, el Celta de Vigo y los seguidores del equipo italiano Crotone.

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Los seguidores de Las Palmas, los más viajeros. | Fuente: Gopili.es

¿La distancia recorrida para disputar partidos fuera de casa tiene un impacto en los resultados del equipo?

La distancia recorrida por los jugadores y los aficionados para los partidos fuera de casa es un dato relevante para analizar junto a los resultados de los equipos.

De hecho, Las Palmas fue el equipo que menos partidos ganó lejos de su estadio la temporada pasada (sólo uno), convirtiéndose, además, en el equipo con más derrotas fuera de su casa (15 en total), curiosamente, las mismas derrotas que otro de los conjuntos que más kilómetros realiza, el Deportivo de La Coruña. Resulta interesante comprobar también que, en contraposición, en Alemania y Francia, los equipos campeones de liga la temporada pasada, el Bayern Münich y el AS Mónaco, fueron los conjuntos que más kilómetros hicieron para desplazarse como visitantes. ¡Curioso cuanto menos!

¡La temporada ya está en marcha y las aficiones más fieles ya empiezan a marcar diferencias!

Continúa leyendo: El truco de 5 minutos para mejorar tu memoria cuando estudias

El truco de 5 minutos para mejorar tu memoria cuando estudias

Redacción TO

Foto: JIM BOURG
Reuters

Hay técnicas para estudiar que todos interiorizamos: dormir las horas necesarias, tomar las dosis de café adecuadas, eliminar todos los estímulos posibles –el Whatsapp nunca fue un aliado–. Ahora, un estudio científico determina que hay una técnica que aumenta considerablemente la capacidad de nuestra mente para aprender y retener datos. Y esta guarda relación directa con el ejercicio físico, dando validez al viejo aforismo latino de mens sana, in corpore sano.

La investigación, publicada en la revista especializada Cognitive Research: Principles and Implications, demuestra que aquellas personas que hacían cinco minutos de step después de estudiar eran capaces de recordar mucho mejor la materia que aquellos que no hacían el ejercicio. Los investigadores sostienen que el ejercicio instantáneo ayuda al proceso de consolidación de la memoria.

En este proceso, el cerebro retiene y refuerza el recuerdo de la información que acaba de aprehender. Esta acción cerebral ya era conocida por nuestros antepasados e incluso el emperador romano Quintiliano escribió al respecto. Con todo, se limitaban a desarrollar los beneficios del sueño a la hora de interiorizar datos. Pero, de acuerdo con los autores de estudio, el descubrimiento del impacto positivo del deporte en nuestra capacidad para memorizar es toda una revelación.

El truco de 5 minutos para mejorar tu memoria cuando estudias
Una mujer, corriendo en un paseo marítimo. | Foto: Filip Mroz/ Unsplash

Curiosamente, esta circunstancia se evidenció en las mujeres y no en los hombres. Quizá porque el experimento consistía en memorizar rostros de hombres y asociarlos con sus nombres. Solo las mujeres retuvieron la información. “No está claro si se trata de una verdadera diferencia de sexo o si había algo en las condiciones del experimento que provocaba que el efecto surgiera entre las mujeres y no entre los hombres”, dice Steven Most, autor del estudio y profesor de la Universidad de Sidney, en una declaraciones recogidas por Psyblog.

El estudio, tal y como aventuran los científicos, abre camino para otros tantos sobre la materia. Aunque Most defiende que sus conclusiones pueden comenzar a ponerse en práctica. “Algunas escuelas podrían impulsar las pausas para hacer ejercicio en diferentes momentos del día para ayudar a que los alumnos retengan mejor lo que aprenden en el aula”, dice Most, que acaba: “Es necesario realizar más investigaciones para concluir con mayor certeza. Hay margen para desarrollar estudios adicionales que nos permitan entender cuánto ejercicio es óptimo hacer, en qué momentos o cuánto tiempo es necesario para que sea más efectivo o incluso qué personas se benefician más de esto”.

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