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Una biblioteca a la vez

Romhy Cubas

Foto: Jorge Royan
Wikimedia Commons

“Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto”

 Jorge Luis Borges

Entre una biblioteca y una librería existe un abismo velado por libros. En la primera Borges intenta hallarse en medio de anaqueles y espirales infinitos de galerías hexagonales. En la segunda hay un intercambio comercial que aunque pierde la arquitectura de las bibliotecas conserva la magia de los libros y sus guardianes.

Hoy se celebra el Día Internacional de la Biblioteca, un universo paralelo que echa raíces desde hace miles de años antes de Cristo con la finalidad de organizar documentos y colecciones en su forma más arcaica y antigua de expresión: escritura cuneiforme en tabletas de arcilla que datan por lo menos del año 2600 A.C.

Entre las bibliotecas más antiguas se encuentran la Biblioteca de Alejandría en Egipto y la Biblioteca de Asurbanipal en la ciudad asiria de Nineveh, que llegó a coleccionar hasta 22 mil tablillas de arcilla con escrituras religiosas y épicas de la creación en lenguas pretéritas, reuniendo un legado cultural difícil de igualar inclusive por los esfuerzos  de la retentiva tecnológica actual.  La Biblioteca de Celso en Éfeso, al presente parte de Turquía, fue otra de las grandes bibliotecas históricas cuyos restos permanecen a pesar de los años y la miseria; esta fue construida para utilizarse como tumba del romano Tiberio Julio Celso y para almacenar 12 mil rollos de pergamino, entre otras ambiciones.

La Biblioteca de Pérgamo con una colección de entre 200 mil y 300 mil volúmenes fundada por el rey de Pérgamo Átalo I Sóter, o La Villa de los Papiros en la antigua ciudad romana de Herculano  -propiedad del suegro de Julio César en donde se descubrió una biblioteca con 1.785 rollos de papiro carbonizados, son solo algunas de los tantos espacios “retenedores” de libros que se construyeron en la antigüedad y de los cuales hoy solo quedan cenizas, o en pocas ocasiones la sombra de sus opulentas estructuras.

En aquellos tiempos de monarcas y exuberancia los reinos tenían sus bibliotecas personales, arquitecturas hechas a medidas con colecciones de filosofía, literatura, historia, matemática, religión, magia, etc… Entonces no se trataba solo de archivos y constancias, sino de cantidad e importe. Testimonios de una cultura y de sus “administradores”.

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Biblioteca de Celso, en Éfeso, erigida en 101 d.C. | Imagen vía: Brian Jannsen / National Geographic

Con la desaparición de tantas bibliotecas, y no obstante la reconstrucción de muchas otras bajo estándares de archivadores modernos,  la obsolescencia de esta institución se pudo haber previsto sin demasiado apuro. La tecnología y los motores de búsqueda digitales se pararon por un instante al lado de los bibliotecarios y sus ficheros sin entender hacia dónde iba la mano de obra propia, y sin embargo, la biblioteca como símbolo concreto de respuestas aventaja a la fantasía de Google de institucionalizar su utopía digital.

El exceso de información que existe en el navegador, de hecho, beneficia al bibliotecario o al librero capaz de separar – con herramientas mucho más individuales- factores y algoritmos que la computadora en su afán por dar cien respuestas correctas, pasa por alto. El escritor británico Neil Gaiman lo expresó mejor que nadie cuando al hablar del valor de las bibliotecas afirma “Google puede darte cientos de miles de respuestas. Un bibliotecario puede darte la respuesta correcta”.   

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Las primeras bibliotecarias de la Biblioteca Nevins Memorial en Broadway USA. Miss Alice Chase, Miss Crosby y Miss Tooday Dorsey. | Imagen vía: Nevins Memorial Historic Collection

La ciencia de la información de las bibliotecas como educación superior es un hecho, de hecho es un máster que se puede estudiar, un programa en donde literalmente te enseñan a encontrar la respuesta correcta, el resultado adecuado, a construir catálogos y explicar algoritmos detrás de ciertos patrones, a superar a la máquina permaneciendo humano.

Volviendo a Borges

Borges habla de un vortex que es difícil localizar en esta dimensión, una biblioteca que lo abarca todo porque todos los libros provienen de ella. No obstante, el canje de universos no es necesario para seguir apostando por estas instituciones que nacieron de la necesidad de organizar y resguardar las palabras de una civilización.

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Jorge Luis Borges en la Biblioteca Nacional | Imagen vía: Museo Nacional de Bellas Artes de Argentina

Desde el archivo personal del colegio hasta la gran biblioteca de una universidad o ciudad el mito de la digitalización, que también valió para los libros de papel, sigue siendo solo eso, un mito. A la hora de experiencias personales, de olores y tactos individuales, al momento de la respuesta correcta y no de las “cientos de miles” que procesa Google, la biblioteca se prolonga ante los jeroglíficos y cenizas con los que un día experimentó y mantiene esa aseveración “interminable” de Borges en donde todos los universos pueden descifrarse e instruirse entre sus repisas.

“Como todos los hombres de la Biblioteca, he viajado en mi juventud; he peregrinado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos; ahora que mis ojos casi no pueden descifrar lo que escribo, me preparo a morir a unas pocas leguas del hexágono en que nací. (…) Yo afirmo que la Biblioteca es interminable. Los idealistas arguyen que las salas hexagonales son una forma necesaria del espacio absoluto o, por lo menos, de nuestra intuición del espacio. Razonan que es inconcebible una sala triangular o pentagonal (…) Básteme, por ahora, repetir el dictamen clásico: La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible.” J.L.B

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David Lizoain: "Garantizar nuestras democracias pasa por democratizar nuestras economías"

Antonio García Maldonado

Foto: Carola Melguizo
The Objective

No sobran los vaticinios funestos en medios y libros como para acercarse con alegría a un ensayo que lleva por título El fin del Primer Mundo. No obstante, el nombre tiene más de advertencia por el futuro próximo si persisten problemas como la desigualdad, la precarización o la degradación medioambiental, que de diagnóstico fatalista del presente. Este ensayo es un análisis político de la realidad que funciona también como advertencia y llamada a la acción, en este caso desde una indisimulada posición socialdemócrata alejada de una Tercera Vía que define como “una nostalgia que la socialdemocracia no se puede permitir”.  

Su autor, David Lizoain Bennet (Toronto, Canadá, 1982), se define como un economista “español vasco-judío-canadiense”. Ha estudiado en Harvard y en la London School of Economics, pasó su infancia en Canadá y ha vivido en Francia. Aunque reside en Madrid, antes lo hizo en Barcelona, por lo que si algo podemos concluir es que difícilmente su análisis pecará de localismo, tanto en su visión del mundo como de los problemas internos de España. Las comparaciones entre sus distintos lugares de residencia son constantes y su conclusión es clara: aunque con matices, el Primer Mundo está en peligro en su conjunto y por razones económicas, laborales, políticas, sociales y medioambientales similares. Problemas a los urge, según Lizoain, dar respuesta con un mayor y mejor reparto de la riqueza y de las cargas.

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Imagen vía Catarata Editores.

Escribe que “El espíritu de la época lo marcaba el optimismo”. ¿Por qué ya no es así? ¿Hay razones para tanto malestar? Muchos contraponen datos de mejoras objetivos en series históricas más amplias y, en cambio, su libro habla nada menos que del fin del Primer Mundo y sus certezas.

En Estados Unidos, los atentados de las Torres Gemelas pincharon una burbuja de seguridad y prosperidad que se asociaba con los años finales de la década de los 90. La deriva posterior de la Guerra en Irak también lastró la autoestima y la confianza del país. Pero para mí lo más relevante, porque también pasa en Europa, fue la Gran Recesión y los años posteriores de estancamiento económico y de pérdida de protección social. Si comparamos la Atenas de ahora con la Atenas de Pericles, pues es muy fácil decir que se vive mucho mejor. Pero si la comparamos con la Atenas de los juegos olímpicos de 2004, pues el país es más pobre que hace más de una década y no creo que haya mejorado la calidad democrática desde entonces. Grecia representa un caso extremo pero también sirve de advertencia para todos los demás países supuestamente ricos.

Cita a un asesor de Donald Trump que dijo que “el capitalismo es mucho más importante que la democracia”. Esto, que antes era algo que tenían China o Rusia, ya lo piensan gran parte de los ciudadanos de las democracias occidentales. La democracia necesita ser eficiente para sobrevivir. ¿Tiene tan claro que el futuro de occidente a largo plazo es democrático?

Creo que el futuro de nuestras democracias va ligado a la capacidad de nuestro modelo económico de satisfacer nuestras expectativas materiales. Si miramos el futuro, se puede observar que el modelo actual es insostenible, al menos en sus fundamentos energéticos. Si no se lleva a cabo una transición energética para descarbonizar nuestras economías, nos veremos abocados a unos escenarios de cambio climático muy indeseables. A mi juicio, garantizar nuestras democracias pasa por democratizar nuestras economías, sobre todo para abordar ese reto del cambio climático. Si no se hace, veo bastante factible un proyecto de eco-apartheid que combine la desregulación de los mercados con un control muy rígido sobre las fronteras y las sociedades.

Dice que “la acumulación de riqueza amenaza con arrollar nuestra capacidad compartida para el control democrático”. La desigualdad parece insostenible, y así lo consignan casi todos los análisis. Sin embargo, no parece que la dinámica fiscal en el mundo (rebajas generalizadas de impuestos a ricos y empresas grandes, competencia fiscal desleal, etc.), vaya en esa dirección.

La primavera árabe se inicia a finales de 2010, en la primavera del 2011 aparece el 15-M en España, y en el otoño del 2011 el movimiento Occupy se instala en Wall Street. Cuando Thomas Piketty publica El capital en el Siglo XXI unos años más tarde, por una parte está constatando rigurosamente unas ideas ya muy extendidas: está aumentando la desigualdad y esto es peligroso para nuestras democracias. Pero si se titula “en el Siglo XXI” es porque también nos advierte que esta tendencia irá a peor si no se toman unas medidas contundentes para limitar la concentración de la riqueza. Será cada vez más relevante la brecha política entre quienes quieren luchar en contra de la desigualdad y los que no. 

Si no le entiendo mal, la desigualdad no se explica por la irrupción tecnológica, sino por una respuesta ideológica e interesada a la misma. 

Al hacerse más palpable esa desigualdad creciente, también se hace más urgente el debate sobre sus causas, sean la tecnología, la globalización, la inmigración, etc. El capitalismo y la destrucción creativa de la que hablaba Schumpeter van de la mano, y que haya ganadores y perdedores es intrínseco al funcionamiento de una economía de mercado. Pero lo determinante es cómo se abordan estos choques constantes para repartir las ganancias y las perdidas. Las economías nórdicas son de las más abiertas a la globalización porque son las más socialdemócratas. Garantizar una buena red de seguridad es la mejor manera de asegurar que los grandes cambios se puedan vivir como una oportunidad y no simplemente como una amenaza.

¿Cómo debería financiarse esa solidaridad y en qué prioridades debería reflejarse? 

En nuestras sociedades crece la precariedad y la polarización, y ya no se puede dar por hecho ni los buenos salarios ni la permanencia de las protecciones sociales. La inseguridad económica genera un caldo de cultivo para mensajes insolidarios, racistas, ultra-nacionalistas, etc. El reto principal, y lo que debería ser la piedra angular de nuestro contrato social, es garantizar la seguridad económica universal. En un país como España, eso supone un mayor gasto social financiado mediante una mayor recaudación de impuestos. Señalaría un par de prioridades: unas buenas políticas familiares –por ejemplo de infancia, de cuidado al largo plazo– y un mayor gasto en la economía verde y la transición energética. 

Las empresas financieras y las multinacionales funcionan con lo mejor de ambos mundos: marcos legales nacionales garantistas y más propicios para contratar barato, y con marcos globales para sus diseños fiscales, financieros y contables. Siendo así, ¿cómo confiar en que es posible llevar a cabo medidas fiscales como las que apunta? Es decir, subir impuestos. 

Sería pecar de ingenuidad pretender financiar un estado de bienestar avanzado exclusivamente a través de subidas de impuestos a los ricos, lo cual no quiere decir que eso no debería formar parte de cualquier reforma fiscal progresista. Sabemos que es más fácil subir los impuestos sobre los factores de producción que difícilmente se pueden mover – en este caso el trabajo y el suelo– que sobre el capital. Pero una parte cada vez mayor de la riqueza es inmobiliaria, así que un nuevo marco fiscal para el suelo es un tema urgente. A la hora de gravar los capitales más líquidos, necesitamos buscar respuestas transnacionales (europeas en nuestro caso, para empezar). En esta materia, que es fundamental para la lucha contra la desigualdad, podemos percibir claramente las limitaciones intrínsecas de cualquier proyecto soberanista.

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David Lizoain en visita a The Objective. | Foto: Carola Melguizo.

“Un sector financiero hipertrofiado es un lastre para el resto de la economía. Las finanzas son como las tuberías, que sean necesarias no justifica que se ponga un baño en cada habitación de la casa”. Dice que hay que volver a un marco nacional para las finanzas. Esto suena aún menos realizable.

Más bien lo que digo es que hay que acabar con el tabú en contra de los controles de capital. En nuestro caso, el marco no sería nacional sino más bien europeo. Pero como sabemos que el capital tiene la tendencia de desplazarse para buscar el trato fiscal más favorable, no tenemos porque descartar que se hagan más complicados esos movimientos. Hasta el FMI empieza a razonar en este sentido. Esto supondría una herramienta más en la lucha contra los paraísos fiscales .

En cuanto a las propuestas para afrontar retos como la desigualdad, el cambio climático o la cohesión social, habla de una coalición progresista que unas minorías en pos de un objetivo común. ¿Quién debería conformar esa colación? Algunos científicos sociales opinan que esta estrategia ha llevado a disgregar el voto progresista. Se le afeó a la campaña de Hillary Clinton. Corbyn, en cambio, ha vuelto a un relato más clásico y las encuestas le sonríen. 

Tratar como incompatibles las luchas por el reconocimiento y la lucha por la redistribución es a mi juicio un error analítico que se convierte en un error catastrófico a la hora de elaborar estrategias políticas. El reconocimiento y la redistribución van de la mano. A Zapatero se le tacha de haberse centrado en temas supuestamente simbólicos; pero que todo el mundo se pueda beneficiar de los incentivos fiscales asociados al matrimonio es una cuestión económica. El derecho de visitar a tu pareja en el hospital, o el derecho de disponer sobre tu propio cuerpo son temas radicalmente concretos y no simbólicos. La existencia de unas brechas salariales de género, o de jerarquías raciales dentro de los mercados laborales, o de un muro invisible de los jóvenes, deberían servir para recordarnos constantemente de lo plural que será, por necesidad, cualquiera coalición que defienda una mayor redistribución de los recursos y del poder. 

De su libro se infiere que no tiene la mejor opinión de la Tercera Vía para que el centro-izquierda recupere el poder. Desde algunos ámbitos del centro-izquierda muchos reclaman la necesidad de un “centro radical”, a la Macron. 

La Gran Recesión pilló por sorpresa a la Tercera Vía y sus equivalentes. El centro-izquierda se volvió excesivamente complaciente ante el funcionamiento del capitalismo financiero. Y como no acertó entonces en su análisis, no nos debería sorprender que le esté costando recapacitar. Si los partidos socialdemócratas se encuentran en horas bajas en términos electorales, es más bien por su inercia, no por la audacia de su reconstrucción. Que ahora unos partidos con un ADN más conservador reclamen ser los auténticos herederos de la Tercera Vía tiene su gracia, pero también su parte de razón. Representan la continuación de su matriz neoliberal. Si miras la base electoral de Macron, no tiene nada que ver con la base electoral de un partido clásico de izquierdas, lo cual es lógico porque su proyecto defiende otros intereses económicos. La socialdemocracia no puede permitirse el lujo de instalarse en la nostalgia por las recetas de la Tercera Vía, porque a quienes pretende representar han sido los grandes damnificados de esta crisis, que no es ajena a las políticas de la Tercera Vía.

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El coche autónomo que te hará los recados y se suicidaría antes de hacerte daño

Redacción TO

Foto: Nuro
Nuro

En el futuro, ir a la compra será cosa del pasado. E ir a por la ropa de la tintorería, también. La compañía tecnológica estadounidense Nuro ha presentado un coche autónomo eléctrico diseñado específicamente para llevar las compras del supermercado a domicilio. Y también podrá llevar otros encargos, como una pizza, o incluso paquetes de compras por internet. El vehículo, que todavía es un prototipo, funcionará en vías urbanas, pero, por el momento, sus fabricantes no prevén que pueda operar en autopistas. El plan es que el coche esté en las carreteras a finales de este año. Y la empresa está ya diseñando otra versión que permita la producción masiva del aparato. Además, si se encuentra en una situación de peligro, autodestruirse antes de tocar a un peatón.

El coche autónomo de Nuro tiene cuatro compartimentos, dos a cada lado, que pueden acoger sendos envíos, que cuentan con sistemas de control de la temperatura. Cada módulo puede transportar algo más de 113 kilos de mercancía.. Eso sí, la tecnológica todavía no ha anunciado ningún socio con el que utilizar el vehículo. Pesa unos 680 kilos, según Bloomberg, y, de ellos, la mayoría está concentrada en su batería. Además, cuenta con un vidrio en la parte frontal. Pero eso solo es para que los conductores no se asusten al verlo.

Los diseñadores del coche eran miembros de Waymo, el programa de coches autónomos de Google, pero lo abandonaron a mediados de 2016 para fundar Nuro. “Podemos usar la tecnología de los coches autónomos para repartir cualquier cosa, en cualquier momento, a cualquier lugar para prácticamente todos los bienes y servicios locales”, ha dicho a la CNN Dave Ferguson, cofundador del proyecto junto a su compañero Jiajun Zhu. “A los consumidores solía bastarles con una entrega de pago en dos semanas. Eso se convirtió en dos semanas pero gratis, seguido de una semana, dos días y el mismo día. Ahora la entrega en el día ya no es lo suficientemente rápida para algunos consumidores”, añade.

Uno de los principales obstáculos a los que se enfrentan los coches de Nuro son las limitaciones legales. La empresa tiene su sede en Mountain View, California, y como ocurre en otros Estados de Estados Unidos, ahí está prohibido que un coche sin conductor circule por la vía pública. Por eso muchas empresas que están desarrollando esta tecnología han trasladado toda o parte de su actividad a territorios con una legislación más laxa en este punto, como Arizona.

La baza a la que espera aferrarse Nuro es el hecho de que su vehículo no llevará pasajeros, solo mercancías, por lo que no tendrá ningún ocupante cuya vida pueda poner en peligro. Además, según Ferguson, su coche autónomo podría chocar contra otro vehículo o contra un árbol si se topa con una persona cuya seguridad puede poner en peligro. Otra ventaja con la que cuenta Nuro es el tamaño que tienen sus vehículos: son tan altos como un coche utilitario al uso pero mucho más estrechos, ya que solo miden poco más de un metro de ancho.

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Emma Flint: "Si no encajas en la sociedad te conviertes en sospechoso"

Beatriz García

Foto: Malpaso

Nueva York, 1965. Una atractiva y joven madre separada es acusada de haber asesinado a sus dos hijos pequeños sin más pruebas que beber en exceso, traer a hombres a su piso, maquillarse y no ser lo que suele decirse ‘una madre modélica’. Su nombre era Alice Crimmins y su historia, como la de Lee Harvey Oswald, el presunto asesino de Kennedy, es el mejor ejemplo de cómo construimos a un culpable.

Más de medio siglo después, la escritora británica Emma Flint se inspiró en su caso para escribir ‘Muertes pequeñas’ (ed. Malpaso), una novela criminal conmovedora y muy poco al uso, que a través del personaje de Ruth Malone, alter ego de Crimmins, nos habla de nuestros prejuicios y obsesiones, y nos obliga a preguntarnos: “¿Conocemos realmente a los otros? ¿Es la Justicia siempre justa? ¿Qué significa ser una buena madre? Un libro que no aborda el quién, ni el cómo… sino el por qué y, sin embargo, como nos explica Emma Flint, la verdad nos sigue vedada.

Aprovechamos su paso por BCNegra para charlar con la autora de ‘Muertes pequeñas’, considerada una de las mejores novelas negras de 2017.

Emma Flint:
Emma Flint, ‘Muertes pequeñas’ | Imagen: Malpaso.

Te inspiraste en un caso real de la Nueva York de los años 60′, el de Alice Crimmins, para crear el personaje de Ruth Malone y la trágica historia de cómo fue acusada de haber asesinado a sus hijos.  ¿Qué es lo que tanto te cautiva de Alice Crimmins?

La primera vez que escribí sobre Alice tenía 16 años y la historia me estuvo persiguiendo veinte años, sobre todo una imagen muy concreta de ella. Alice Crimmins era una mujer pequeña, atractiva y pelirroja que siempre iba maquillada y en las fotografías del caso aparece rodeada de hombres grandes con sus uniformes, agentes de policía y abogados, pero nunca mira a la cámara ni habla con la prensa. Era un misterio porque no se convirtió en ‘celebrity’ como ocurre hoy en día y siempre me interesó cómo era antes de que se encontrase el cuerpo de sus hijos y, sobre todo, por qué le dijo a la policía que les había dado a los niños de cenar una cosa cuando la autopsia reveló que les había preparado pasta. ¿Por qué lo hizo? Es una mentira muy extraña…

 Hay quien considera a Alice Crimmins una proto-feminista que fue acusada por su aspecto y por no encajar con una idea de ‘madre’ socialmente aceptada…

No diría que Alice o Ruth fueran feministas, pero quería escribir una historia sobre prejuicios y lo que significa ser juzgado por los medios, los vecinos y la Justicia por tu apariencia. Hay muchos personajes en esta novela -Pete, Gina, el ex marido de Ruth, los agentes…- y cada cual tiene una imagen de ella que no es la real.

Emma Flint: "Si no encajas en la sociedad te conviertes en sospechoso"
Alice Crimmins jamás concedió una entrevista, incluso después de salir de prisión en 1978. | Foto: Bettmann/CORBIS.

Me pareció curioso que en el libro describas una Nueva York -el barrio de Queens- muy provinciana. Al final, incluso las grandes ciudades son como pueblos.

Sí, creí en una barriada de una ciudad y cuando la gente piensa en una novela ambientada en la Nueva York de los años 60′ les viene a la cabeza el glamour y series como Mad Men, pero quería contextualizar la historia en una calle muy pequeña de un barrio cualquiera, donde hay rumores y vecinos chismosos, y cada cosa que ocurre tiene un impacto en las demás vidas.

 El personaje de Ruth es una contradicción en sí misma; por ejemplo, parece que le importe muy poco lo que opinan los demás de ella, pero no puede salir a la calle sin maquillaje…

Porque es una máscara que se pone para salir a la batalla cada mañana. Lo primero que escribí fue una escena en la que una mujer se maquillaba y me acordé de que mucho tiempo atrás había leído la importancia que tenía para Alice Crimmins el maquillaje como una armadura. Incluso cuando sacaba a pasear al perro se ponía maquillaje y fue lo que más llamó la atención de la policía, porque “se supone” que alguien que acaba de perder a sus hijos no se maquilla tanto o debe manifestar su dolor llorando, etcétera.

 En la novela disparas contra los medios, que a su vez publican historias sobre cómo viste Ruth, si sale de copas… ¿Quién tiene el poder escribe la historia?

Claro. Lo que hago es ofrecer una historia alternativa a la que se escribió sobre ella. La verdadera Alice Crimmins salió de prisión en 1978 y nunca concedió una entrevista, y 12 años después un periodista la encontró y dejó un mensaje en su buzón de voz que ella jamás contestó. Siempre he sentido curiosidad por lo que diría o pensaría, pero guardaba celosamente su privacidad.

“Ruth Malone, como Alice Crimmins, no es una mujer perfecta ni una madre ideal y por eso es sospechosa desde el primer momento”. -Emma Flint

‘Muertes pequeñas’ también es una historia de obsesiones.

El periodista Pete Wonicke, que es alguien que tampoco encaja, está enamorado de Ruth pero lo que realmente le interesa no es Ruth en sí, sino solo una imagen que ha creado y la ve como una mujer hermosa a la que debe rescatar. Amar a alguien no significa comprenderlo.

¿Podemos conocer la Verdad?

Todas las novelas criminales abordan el tema de las mentiras y los secretos y normalmente el escritor no dice “esto es la verdad”. Igual que en la vida, no siempre tenemos todas las respuestas. Yo he escrito sobre el ‘backstage’ de un crimen y para mí lo más importante en esta historia no es el quién o el cómo, sino por qué. Incluso en una novela negra tradicional, como pueden ser las de Agatha Christie, cuando conoces el quién sigues sin entender el motivo. ¿Qué hace a una persona sospechosa o culpable de algo? ¿Qué sentido tiene su crimen? En el caso de Ruth Malone, incluso sin saber si ella es culpable o no la convierten en sospechosa porque no es perfecta. No es la madre ideal.

Emma Flint: "Si no encajas en la sociedad te conviertes en sospechoso" 1
Lee Harvey Oswald y la construcción de un ‘culpable’. | Foto: The Independent.

Dicen que la pérdida de un hijo es de todas las muertes la que no se supera nunca…

No soy madre, pero he leído mucho sobre personas que han perdido a un hijo. Las personas que han sufrido esta pérdida jamás van a poder hacer borrón y cuenta nueva, se sienten a su vez perdidas igual que le ocurre a Ruth Malone en la historia.

Ruth no encajaba en la sociedad y acabó destruida por ella. ¿Son las personas como Ruth Malone ‘errores’ sociales?

Si no encajas en esta sociedad no tienes problemas en tanto cumplas las reglas, pero cuando algo ocurre te conviertes en sospechoso e incluso culpable de forma automática. Te das cuenta de lo difícil que es hacer frente a las circunstancias cuando vives fuera del patrón.

 ¿Tu nueva novela también aborda un caso real?

Sí, está ambientada en Londres de los años 20′ y es un triángulo amoroso entre un hombre y dos mujeres que son quienes cuentan la historia.

 He leído que eres una enciclopedia del crimen. ¿Qué es lo que te fascina tanto?

Me interesa mucho el lado oscuro de la gente, los secretos que guardan… Nos enfadamos con alguien y sabemos que no podemos matar a esa persona, pero quienes lo hacen y mienten o callan tiene una vida completamente normal, al menos superficialmente. Me parece asombroso que puedas ir por la calle y cruzarte con otra gente sin distinguir al criminal del que no lo es. Es oscuro y fascinante…

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La casta de los juristas

Josu de Miguel

Foto: Jean-Francois Badias
AP

Me planteo en esta entrada qué decir a tenor de la elección de María Elósegui como jueza para el TEDH. Por conocimiento y afinidad profesional, habría preferido a Pérez de Nanclares, fino internacionalista que lleva años trabajando en el Ministerio de Exteriores. Como se sabe, tras la inesperada elección, han salido a la luz diversas informaciones en las que, entresacando algunas frases de sus textos, se acusa a la profesora de homófoba y de defender una perspectiva de la igualdad entre el hombre y la mujer, a partir de un derecho natural de raigambre cristiana. Por ello ha trascendido, también, que pertenece al Opus Dei. Me gustaría ser cauteloso con este asunto, dado el contexto fake en el que últimamente nos movemos. Elósegui ha publicado 17 libros y más de 50 artículos científicos sobre la bioética, el género, el multiculturalismo o el discurso del odio. Ha trabajado, además, con profesores de la talla de Charles Taylor y Robert Alexy.

No me veo capaz, ante esta intensa producción científica, de hacer un juicio siquiera preliminar sobre lo adecuado de la elección. Sí me gustaría reflexionar, brevemente, sobre si está capacitada para ser jueza. He leído con cierta sorpresa que algunos colegas y comentaristas le niegan talla moral –por decirlo en los términos que establece el art. 21 del propio Convenio Europeo- para ejercer tan altas responsabilidades. Es decir, Elósegui estaría inhabilitada porque al parecer no acepta la perspectiva de género, que considera que las instituciones jurídicas no dejan de ser el reflejo de las relaciones de dominación del hombre hacia la mujer. Además, sus razonamientos filosóficos en torno al matrimonio homosexual o el aborto no coinciden con las decisiones del legislador democrático. Espero que los críticos de Elósegui no se enteren de que todos los jueces tienen su propia opinión sobre los asuntos que tienen que resolver: ¡qué escándalo, en este local se juega!, como diría el inolvidable capitán Renault.

Llegan hasta aquí los calientes aires veraniegos del caso de Juana Rivas, donde un país entero se puso en pie para que el poder público dejara de aplicar las normas y se pusiera a impartir justicia. En el asunto que nos ocupa, ello se traduciría en la necesidad de que el técnico del derecho tuviera unas condiciones ideológicas y un enfoque epistemológico que coincidan con el canon cultural dominante. O eso me ha parecido entender. Pero en las facultades de derecho se explica que la Constitución y la ley son normas abiertas a una comunidad de interpretadores, que expresan el pluralismo de la sociedad a la que pertenecen. Para evitar que la autonomía de la voluntad del juez deshaga lo expresado por el legislador se establecen no pocas cautelas, que empiezan por la atribución de un exigente estatuto de independencia, y terminan en un complejo sistema de recursos donde cabe la modificación de pronunciamientos formalmente deficientes o políticamente dirigidos. De ahí sale un sistema imperfecto de justicia, muy apegado a las garantías procesales y a la objetivación de la argumentación. También, por cierto, en el TEDH.

El marxismo setentero clamaba contra la casta de los juristas que copaba el aparato del Estado y servía para sostener el sistema capitalista. Parece que la historia se repite con el género y el patriarcado. Pero cuidado, como ya advirtió Mitscherlich, quienes se rebelan ciegamente contra la opresión, también de la autoridad legal, acaban identificándose con el opresor. Como si no tuviéramos ingentes y actuales ejemplos en España. Le deseo mucha suerte a la jueza Elósegui en su aventura de Estrasburgo.

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