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La depresión, una compañera invisible que puede acabar con tu vida

Verónica F. Reguillo

Foto: Edgar Su
Reuters/Archivo

Es la principal causa asociada a la muerte de jóvenes entre 15 y 29 años. El 10% de la población mundial la padece, pero aún así está estigmatizada, es un tabú. Produce sentimientos de abatimiento, infelicidad y culpabilidad, además de provocar una incapacidad total o parcial para disfrutar de las cosas y de los acontecimientos de la vida cotidiana. En definitiva, no deja vivir. Este viernes, en el Día Mundial de la Salud, la Organización Mundial de la Salud (OMS) habla de ella, de la depresión.

“Lo que hace la OMS es señalar que esto es importante, que es una enfermedad, que hay que hacer investigación sobre esto y que hay que intentar trabajar para disminuir el estigma”, afirma para The Objective, Ana González-Pinto Arrillaga, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB). “La depresión es la causa más importante asociada al suicidio, y el suicidio es la principal causa de muerte entre los jóvenes. Además, la depresión es la segunda causa de discapacidad a nivel mundial”.

Una compañera invisible que puede acabar con tu vida
El suicidio del actor Robin Williams aún perdura en la memoria de muchos. | Fotos: Lucy Nicholson / Reuters Archivo

Probablemente, casi todos nos hemos sentido deprimidos en algún momento de nuestra vida, de manera más o menos frecuente, pero la doctora González-Pinto marca claramente la diferencia entre un sentimiento de tristeza y lo que es, propiamente, un trastorno depresivo. “Encontrarse triste es un sentimiento normal, humano, que muchas veces es hasta defensivo y que te permite reflexionar, parar, y eso no tiene nada que ver con la enfermedad depresiva que es un conjunto de síntomas que se dan en un momento determinado de la vida de alguien, que tienen una duración determinada, y que son síntomas intensos que dificultan para la realización de una vida normal”.

“El riesgo de la mujer es superior al de los hombres”

Los expertos aseguran que el riesgo de padecer depresión está presente en todas las fases de la vida y que una de cada cuatro personas sufrirá depresión en algún momento. Para acotar las causas que pueden producir un trastorno depresivo podríamos hablar de una interacción entre la vulnerabilidad interna, que incluso viene condicionada genéticamente, y un “componente ambiental”.

González-Pinto enumera algunos de esos componentes ambientales: “El bullying es un factor de riesgo para depresión, el maltrato en la infancia, el consumo de algunas sustancias como por ejemplo el alcohol, el nivel socioeconómico bajo…”. Dichos factores ambientales influyen más que los internos; así, se estima que el 30% de las causas de una depresión radican en estos factores internos o biológicos, mientras que el 70% radica en las circunstancias que nos rodean. Un dato más: el riesgo de la mujer es superior al de los hombres. “No se conoce exactamente el porqué, pero se piensa que hay factores biológicos, hormonales que probablemente tienen algo que ver y también, por supuesto, se cree que hay factores ambientales que están influyendo mucho porque realmente la mujer tiene más dificultades a muchos niveles. Por ejemplo, el maltrato o la pobreza son más frecuentes en la mujer que en el varón”.

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El suicidio es la primera causa de muerte entre los jóvenes. | Foto: Ulises Rodríguez / EFE

MasterMind, y los nuevos tratamientos online

El tabú a la hora de hablar de la depresión aún es fuerte, sin embargo, se van rompiendo barreras. “Ahora se conoce más y se trata más, y las personas al conocerlo acuden a tratamiento psicológico o psiquiátrico”. Según cuenta la presidenta de la SEPB es probable que el número de casos también haya aumentado en los últimos años, aunque es imposible saberlo con certeza.

El tener depresión no quiere decir, necesariamente, que se tengan que tomar fármacos; a veces es suficiente con aplicar técnicas psicológicas. La buena noticia es que llegar a los tratamientos cada vez es más fácil ya que se están desarrollando en el mundo, y específicamente en Europa, varias técnicas de tratamiento online de la depresión. El objetivo de esto, asegura la doctora González-Pinto, es que “alguien que tenga una depresión leve o moderada y que aún pueda trabajar aunque sea con dificultad, y que no quiera dejar el trabajo, o que no pueda acceder a un tratamiento porque vive lejos o tiene hijos y no puede desplazarse…, tenga la posibilidad de acceder a los tratamientos online“.

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Tras 36 meses de trabajo, los resultados del proyecto MasterMind se presentaron en Barcelona hace unas semanas. | Foto: MasterMind

Hace unas semanas, Barcelona acogió la presentación de los resultados del proyecto europeo MasterMind. Este proyecto comenzó en 2014 con la finalidad de desarrollar e implementar la Terapia Cognitivo Conductual (TCC) online para pacientes con depresión, y de momento, dicha implementación se ha producido en 15 regiones europeas. “Al final de lo que se trata es de que todo el desarrollo tecnológico que hay en el mundo se aplique también a la salud“, nos dice la presidenta la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica, Ana González-Pinto Arrillaga.

Este viernes el foco se pone en una enfermedad de la que aún cuesta hablar, y a la que no se dedican los recursos necesarios a pesar de afectar de manera más o menos grave a una buena parte de la población mundial. “Hay una inversión mucho menor en el tratamiento o en la investigación de la depresión que en enfermedades de otro tipo que, a lo mejor, tienen mucho menos impacto en la salud global, pero de las que se habla más porque no están estigmatizadas”. Eso: hablar, contarlo y buscar ayuda son elementos básicos para sobreponerse a una dolencia que puede complicar tanto la vida.

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¿Qué podemos hacer para prevenir el suicidio?

María Hernández

Foto: Amr Dalsh
Reuters

El suicidio es un tema tabú en la sociedad. El miedo a hablar sobre el tema por la posibilidad de incitar a alguien que estaba pensando en suicidarse o el estigma que existe sobre las enfermedades mentales en la sociedad hacen que se evite hablar sobre esta forma de muerte, a pesar de que es una de las más frecuentes. Sin embargo, que no se hable de un problema no significa que este no exista.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) cifra las muertes por suicidio en más de 800.000 al año en todo el mundo pero recuerda, sobre todo, que el suicidio se puede prevenir.

Es difícil, pero existen maneras de prevenir la que ya es la segunda causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años, explica la OMS. Solo en España, hay 10 suicidios al día, nos explica el psicólogo clínico y presidente de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (AIPIS), Javier Jiménez.

En el Día Mundial de la Prevención del Suicidio, que se celebra el 10 de septiembre, se fomentan en todo el mundo compromisos y medidas prácticas para prevenir los suicidios, y estos son algunos de los consejos de la OMS y la AIPIS para ayudar a erradicar este gran problema social.

Preguntar directamente sobre el suicidio

El primer paso para ayudar a prevenir el suicidio es preguntar directamente a esa persona por la que estamos preocupados tiene intención de suicidarse. Muchos piensan que preguntando directamente a alguien que está triste que si está pensando en suicidarse, le estará dando la idea o incitando a esa persona a hacerlo. Sin embargo, Javier Jiménez nos explica que lo primero que hay que hacer es preguntarle a esa persona si ha pensado en el suicidio.

Pero no basta con preguntar, sino que hay que saber cómo actuar según la respuesta. Si contesta que sí, no responde o incluso empieza a llorar al mencionarle la idea, no basta con intentar disuadirlo. “La familia o los seres queridos tienen que saber y entender por qué, cómo está funcionando su mente”, explica Jiménez.

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Estos son los últimos datos recogidos por la OMS sobre el suicidio. | Foto: OMS

Por tanto, si pensamos que la persona contempla la posibilidad de suicidarse, no debemos dejar pasar el tema. No es suficiente con frases como “espero que no estés pensando en hacer una tontería” o “quítate eso de la cabeza”, pues estaremos restando importancia a un asunto muy serio y no estaremos ayudando a acabar con el sufrimiento que lleva al suicidio, explica Jiménez.

Dar importancia a los intentos de suicidio

“Con diferencia, el principal factor de riesgo de suicidio es un intento previo de suicidio”, explica la OMS. Coincide en esta afirmación el presidente de AIPIS, que asegura que la concepción popular de que “si ha intentado suicidarse y no lo ha hecho, es que no quiere suicidarse” es errónea. Según informa la guía de AIPIS para la prevención del suicidio dirigida a los familiares, entre el 30% y el 40% de los suicidios son precedidos por uno o varios intentos.

Jiménez explica que siempre que una persona intente suicidarse, no debemos pensar que es un intento de llamar la atención o de manipular a sus seres queridos pues, aunque en un primer momento lo haya pensado así, puede que el siguiente intento sea real.

Lo primero que debemos pensar es que una persona que recurre al suicidio, aunque solo sea como una táctica para llamar la atención, tiene serios problemas y necesita ayuda.

Sin embargo, Jiménez señala que no es cierto que muchas de las personas que no consiguen suicidarse es porque no quieren, sino que en muchos casos realmente no consiguen quitarse la vida. Por ejemplo, es posible equivocarse con la dosis de fármacos necesaria para morir de sobredosis.

Formación y coordinación de profesionales

Otro aspecto realmente importante y necesario para prevenir los suicidios es la formación de profesionales de la salud mental. “Muchas veces los propios profesionales no están lo suficientemente formados para tratar la conducta suicida”, explica Jiménez, que critica el hecho de que en ninguna universidad española haya una asignatura dedicada a este tema o una formación específica para ayudar a prevenir el suicidio.

Por este motivo, muchos profesionales rechazan casos de este tipo debido a su falta de formación y los remiten a otros profesionales.

Pero no basta con formar a los profesionales de la salud, sino que también hay que coordinar a muchos sectores de la sociedad para lograr que la prevención sea efectiva. “Las actividades de prevención exigen la coordinación y colaboración de múltiples sectores de la sociedad, incluidos los de salud, educación, trabajo, agricultura, comercio, justicia, derecho, defensa, política y medios de comunicación”, señala la OMS, que considera que ningún enfoque individual “puede tener efecto en una cuestión tan compleja como el suicidio”.

Formación de familiares

“Es vital que los familiares tengan unas nociones básicas en cuanto a las conductas suicidas”, considera Jiménez, que señala que muchas veces el peso de la ayuda a la persona que quiere suicidarse recae sobre sus familiares y seres queridos, que no están preparados para tratar una situación de este tipo.

Es común que los pacientes decidan no acudir a las terapias psicológicas o psiquiátricas recomendadas para solucionar el problema, por lo que es necesario que las familias tengan unos conocimientos mínimos que les permitan abordar el tema del suicidio sin miedo a provocarlo.

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El apoyo y comprensión de los familiares es fundamental para prevenir el suicidio. | Foto: Eliana Aponte/ Reuters

Por esta razón, AIPIS ha participado en la creación de una guía para familiares sobre la detección y prevención de las conductas suicidas. En ella, muestra algunas de las señales a las que los familiares deben estar atentos, como las expresiones verbales sobre acabar con la propia vida o los cambios de actitud repentinos, y algunas estrategias a seguir en caso de sospechar que exista el riesgo de que un ser querido se suicida.

Entre estas estrategias que las familias deben adoptar se encuentra la de tener disponible algún teléfono de emergencia o ayuda o la de mejorar las habilidades sociales para saber escuchar y entender a nuestros familiares.

Pero no solo los familiares cumplen un papel importante en la prevención del suicidio, sino que los amigos, profesores e incluso la propia persona afectada deben conocer qué pueden hacer en una situación de este tipo. Por ello, la AIPIS ha creado también una guía de prevención del suicidio en adolescentes dirigida a familiares y profesores y una guía de autoayuda.

La involucración de las autoridades

También es muy importante que se creen asociaciones y otro tipo de ayudas públicas para solucionar un problema de tal magnitud como el suicidio. Jiménez considera que son realmente necesarios unos “programas de prevención a nivel nacional, pero parece que el tema no preocupa a la sociedad o a las autoridades”.

Jiménez critica que la AIPIS es la única asociación dedicada a la prevención del suicidio en España que orienta a familiares y que está formada por voluntarios, y considera que el suicidio es un tema que debería llevarse al nivel público y crear métodos de ayuda como un teléfono de atención 24 horas gestionado por profesionales, que trabajen a cambio de un sueldo como los profesionales de la salud, y no por voluntarios.

Otras formas de prevención

Además de estas recomendaciones, existen otras medidas para ayudar a prevenir el suicidio en muchos casos. La OMS centra su atención especialmente en la restricción al acceso a los medios de suicidio, como las armas de fuego o algunos medicamentos; la información responsable por parte de los medios de comunicación; la introducción de políticas orientadas a reducir el consumo nocivo de alcohol; la identificación temprana y el tratamiento de los problemas de salud mental, de abuso de sustancias y los dolores crónicas, además de las ya mencionadas anteriormente.

Implementando estas medidas, el Plan de Acción de Salud Mental de 2013-2020, de la OMS y la Organización Panamericana de la Salud, pretende reducir un un 10% los índices de suicidio.

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La novela siciliana de Miguel Blesa

Antonio García Maldonado

Foto: SERGIO PEREZ
Reuters

Es mítica la visita que en El Padrino II hace el abogado de la familia Corleone, Tom Hagen, a un pentito Frank Pentangelli apunto de hablar ante el tribunal que investiga a la Mafia siciliana en Estados Unidos. Pentangelli es un hombre protegido por las autoridades, por lo que sólo cabe apelar a su (mala) conciencia.

–Siempre te ha interesado la política, la historia. Ya hablábamos de la trascendencia de Hitler en el 33 –arranca Hagen.

–Sí, sigo leyendo, tengo un montón de libros.

–Tú fuiste de los pioneros… De los que soñaban con que la familia debería organizarse. Y copiasteis mucho las antiguas legiones romanas, jefes y soldados… Aquello funcionó.

–Sí, desde luego que funcionó, eran días gloriosos aquellos, y nosotros el Imperio Romano, la familia Corleone era un Imperio Romano…

–Sí… Lo fue… Frankie, si fallaba un complot contra el emperador, los conspiradores tenían una oportunidad para que sus familias conservaran sus bienes.

–Sí, pero sólo los ricos, Tom. Los pobres lo perdían todo, se lo quedaba el emperador… a no ser que fueran a su casa y se suicidaran, así no ocurría nada y sus familias… sus familias tenían resuelta su vida.

–Sí, una solución buena… Única.

Mi hermano Rafa me ha recordado esta escena al calor del suicidio de Miguel Blesa. Algunos hechos no muy distintos han sucedido en Majer, el territorio imaginario de sus novelas. El hermano del expresidente de Caja Madrid fue notario en nuestro pueblo, donde se le recuerda como un hombre íntegro, cabal, cercano. Firmó muchas de las hipotecas que concedían los bancos –entre ellos Caja Madrid– durante la obnubiladora burbuja inmobiliaria que late de fondo en la muerte de su hermano. Uno no puede dejar de pensar en el sufrimiento que el comportamiento de Blesa causó en su familia, y en el postrero intento del vilipendiado banquero por expiar inútilmente sus culpas. No hay juez más severo que la propia conciencia, y Blesa gritó con su suicidio que un tal Hagen iba a visitarlo cada día, y que si iba y le zarandeaba, es que aún era un ser humano digno de pena. Su desesperación y el ocultamiento de su hundimiento –como confirma la familia– nos hacen pensar en el arrepentimiento, y esa es quizá la última muestra de humanidad de hombre que no dio demasiadas muestras de ellas durante muchos años.

Las circunstancias de su suicidio también hablan: vuelve de noche a la tierra que le vio nacer, sin equipaje, desayuna con los amigos y, antes de desaparecer de la escena con una mala excusa relacionada con su coche, le da el número de móvil de su mujer a uno de los amigos congregados en el coto de la sierra. “Por si tienes que llamarla”, le explica. Ha contado un psiquiatra en la radio que la vuelta a un lugar querido es un patrón de conducta habitual en los suicidas. Recuerda a algunos pasajes y a la atmósfera de ciertas novelas de Leonardo Sciascia. Un lugar apartado, personas poderosas y búsqueda de un sentido, como en Todo Modo, una de las novelas más conocidas del siciliano, llevada al cine en 1976 por Elio Petri, con Marcelo Mastroianni en el papel protagonista.

Y, cómo no, también parece un caso del comisario Montalbano, el policía siciliano creado por Andrea Camilleri, nacido en Porto Empèdocle, cerca de Agrigento, el pueblo de Sciascia y de Luigi Pirandello. Los lectores de su saga –y los seguidores de la estupenda serie de la RAI que la adaptó para la televisión– sabemos del gusto del policía de Vigàta por los casos que trascienden el propio hecho de la muerte violenta, por los sucesos que retratan un momento histórico convulso o un estado del alma. Este sería uno de esos casos que le atraparían hasta la insania. Montalbano ha visto a más de un retornado a Sicilia para vivir sus últimos días, a más de un corrupto o un mafioso con mala conciencia, a más de un suicida inesperado. El comisario, hombre duro y hosco, es incapaz de evitar un último gesto de pena y lamento por ellos. Es el personaje de ficción que más se me parece al ideal del “ironista melancólico” que reclama Manuel Arias en La democracia sentimental.

Una condena judicial con obligaciones pecuniarias, multa y cárcel habría reparado a muchos, a demasiados. Pero su mala conciencia –que no su consecuencia extrema, el suicidio– nos repara, aunque sea mínimamente, a todos.

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Comías insectos y no lo sabías: la historia detrás del rojo que casi todo lo tiñe

Tal Levy

Foto: TOMAS BRAVO
Reuters

Es un colorante natural, pero no se suele precisar que es de origen animal; menos aún, que procede de un insecto triturado. Un aditivo exótico, por decir lo menos, enmascarado en las etiquetas de productos comestibles bajo la denominación de E-120 o más amigable de rojo natural número 4, conocido también como ácido carmínico y hasta simplemente carmín, distintas formas de eludir un nombre poco apetecible: la cochinilla.

El cuerpo desecado de este diminuto parásito ha coloreado de rojo buena parte de lo que nos rodea. Es difícil escapar de él. Desde medicinas hasta yogures, desde gominolas hasta embutidos o conservas vegetales, desde bebidas energizantes hasta mermeladas, desde ropa teñida hasta pinturas industriales, desde lacas de uña hasta pintalabios, lo contienen.

Al descubrirlo, es inevitable mirar todo con otros ojos; así, por ejemplo, la tan deseada sensualidad de los labios color carmín de pronto palidece, por lo que ya hay quienes demandan un maquillaje vegano.

Distintas legislaciones alimentarias aprueban su consumo. La Organización de las Naciones Unidas paras Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han establecido en el Codex Alimentarius. Normas internacionales de los alimentos, la dosis máxima de uso para los aditivos según la categoría de alimentos. La ingesta diaria admisible suele ser de unos 5mg por kg de peso corporal.

Los colores que se obtienen varían del fresa al grosella pasando por el carmín al negro. Y es que sin duda comemos, o mejor dicho empezamos a comer, por los ojos. De allí la proliferación de colorantes artificiales, frente a los cuales el E-120 es considerado inocuo salvo contadas intolerancias o alergias.

La pregunta entonces: ¿es preferible el uso de colorantes sintéticos que según estudios se han asociado al cáncer o sobrellevar la repulsa y hacerse la vista gorda con la cochinilla?

Muchos son los cuestionamientos que se derivan, pues al estar presente en medicamentos sobre todo infantiles cómo eludirla, especialmente por parte de quienes son vegetarianos o profesan religiones como la judía, que prohíbe la ingesta de insectos y sangre por considerarlos no kosher, o la musulmana, de igual manera por no inscribirse dentro de los alimentos calificados como halal.

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Un hombre aplasta una cochinilla para mostrar su color rojo | Imagen vía REUTERS/Tomas Bravo

Y es que podría estar incluso en el café que tomas. En 2012 fue motivo de una gran polémica cuando clientes de la cadena Starbucks supieron que en el Frappuccino de fresa habían incorporado el E-120 para dejar de lado los aditivos artificiales. En respuesta al reclamo de los consumidores veganos, fue sustituido por un colorante a base de tomate, como se lee en el informe Los insectos comestibles: Perspectivas de futuro de la seguridad alimentaria y la alimentación, de la FAO, organización que reconoce más de 1.900 especies que se pueden consumir.

Al año siguiente, las críticas recayeron sobre el yogur de fresa de Dannon, subsidiaria en Estados Unidos de Danone. “No tengo nada en contra de la gente que come insectos, pero cuando compro un yogur de fresa estoy esperando yogur y fresas, y no colorante rojo hecho de insectos. Dado que causa reacciones alérgicas en algunas personas y que es fácil de usar colores más seguros basados en plantas, ¿por qué Dannon lo usaría? ¿Por qué el riesgo al ofender a vegetarianos y asquear al resto de los clientes?”, declaraba Michael F. Jacobson, director ejecutivo de la ONG de apoyo al consumidor Center for Science in the Public Interest, a Fox News.

Por lo pronto, no queda sino leer con lupa si es necesario las etiquetas y en muchos casos privarse, privarse y privarse.

Denominación de origen

El colorante es extraído de la desecación de las hembras adultas de los insectos de la familia de los Dactylopius coccus, llamados comúnmente cochinilla, que habitan en los nopales. ¿Por qué pensabas que se plantaban cactus en las islas Canarias?

De hecho, al igual que en el caso del queso Parmesano Reggiano italiano o la Champagne francesa, en la etiqueta del producto final “granuloso y seco al tacto” elaborado en el Archipiélago figura el símbolo comunitario propio de la Denominación de Origen Protegida “Cochinilla de Canarias”.

“Los factores naturales unidos a los históricos hacen que la Cochinilla de Canarias esté vinculada a su medio geográfico, a la tradición y costumbres de sus productores y por tanto presente unas características específicas”, se apuntaba en la solicitud de inscripción en el registro comunitario, que vio finalmente luz el 3 de febrero de 2016.

Más allá de su alta concentración de ácido carmínico y su poca humedad, ¿por qué es única, distinta? Procede de un solo tipo de huésped (Opuntia ficus indica) y de insecto (Dactylopius coccus), recolectado de tuneras, y su secado es al sol y sin utilizar químico alguno, por lo que todo el proceso, desde la plantación del cactus hasta el secado, pasando por la cría del insecto y la recolección, se desarrolla de manera manual, artesanal, según se detalla en la web del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente.

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Los insectos de la cochinilla se ven en una hoja de cactus nopal. | Imagen vía REUTERS/Tomas Bravo

Para hacer una libra de cochinilla, son necesarios 70 mil insectos, de acuerdo con la Enciclopedia Británica. La plantación y posterior cría requieren de condiciones que se hallan en ciertas zonas cálidas de países como México, Chile, Bolivia, Ecuador, Perú o España, concretamente en Canarias.

En las siete islas del Archipiélago se desarrolla el cultivo de la planta huésped, introducido hacia el primer tercio del siglo XIX en respuesta a la gran demanda de tintes en la industria textil europea. Inglaterra y después Francia se convertirían en sus clientes por excelencia y el tope de su comercialización lo alcanzaría en 1869. De hecho, el rojo del uniforme que el ejército británico vistió en la guerra de Crimea era extraído de la cochinilla de Canarias.

Vivió, pues, su tiempo de gloria a mediados del siglo XIX hasta que fue desplazado por tintes sintéticos como la anilina y la fucsina.

El polifacético creador español Mariano Fortuny y Madrazo, que ha quedado para la posteridad como el diseñador del mítico vestido Delphos, al punto que fue patentando en 1909 como si se tratara de un invento, utilizaba tintes naturales como la cochinilla en sus trajes inspirados en las antiguas túnicas griegas y que lucieron, entre otras, la bailarina Isadora Duncan, la actriz Sara Bernhardt y la mecenas y coleccionista de arte Peggy Guggenheim.

El oro rojo

Procedente de la América precolombina, donde fue empleado como tinte en pieles de animales y pigmento en pinturas murales, los exploradores españoles quedaron prendados del color que daba el nocheztli, como lo llamaban los aztecas o, lo que es lo mismo, “sangre de tuna”.

Apodada por los conquistadores como “grana”, llegó durante el Renacimiento a Europa desde México. En el siglo XVI, se convirtió para la Corona Española en uno de los artículos comerciales que generaba más ingresos después del oro y la plata, por lo que no era de extrañar que los barcos que lo transportaban desde el “Nuevo Mundo” fueran blanco de la codicia de los piratas.

No hay que olvidar que el rojo en Europa era símbolo de estatus, de distinción, precisamente porque eran privilegiados quienes podían lucirlo debido a que en la Edad Media era muy difícil y, por tanto, costoso teñir de este color al menos de un modo intenso y duradero.

Comías insectos y no lo sabías: la historia detrás del rojo que casi todo lo tiñe
En las paredes de El dormitorio, de Vincent Van Gogh, se usó el pigmento de la cochinilla.

El uso del insecto fitófago ha sufrido altibajos pero ha quedado inscrito en la historia del arte. En las paredes de El dormitorio, de Vincent Van Gogh, y las flores del Campo de lirios en Arles, ambos de 1888, fueron pintadas originalmente de púrpura, empleando según han identificado científicos el pigmento de la cochinilla, cuyo color se fue desvaneciendo hasta adquirir un tono azulado producto de la exposición a la luz, según publica Chemical & Engineering News, de la Sociedad Americana de Química.

También se ha rastreado su utilización en otras obras de la pintura universal de maestros como Canaletto, Rembrandt, Van Dyck, El Greco o Velázquez, en cuyas pinturas aunque de forma anónima la cochinilla ha alcanzado la inmortalidad.

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Suicidio infantil, la otra cara de las armas en Estados Unidos

Néstor Villamor

Foto: JIM YOUNG
Reuters

Asesinatos, atentados, tiroteos que terminan en matanzas. Las leyes estadounidenses de control de armas, que contemplan la posesión de estos instrumentos como un derecho del ciudadano, tienen otro efecto negativo y en aumento en el país: el suicidio infantil. En 2013, el suicidio superó al homicidio como tercera causa de muerte entre niños y la cifra no ha dejado de aumentar. Entre 2007 y 2014, el número de suicidios infantiles cometidos con un arma de fuego aumentó un 60%, alerta un estudio publicado en la revista Pediatrics.

Aunque el comportamiento suicida es muy difícil de detectar (el estudio cita “hallazgos previos” que indican que “muchos de los que intentan suicidarse se pasan 10 minutos o menos deliberando”), la investigación alerta de varios factores que empujan a los niños a terminar con su vida de un disparo. “Los suicidios infantiles con armas de fuego fueron precipitados principalmente por crisis agudas y factores vitales estresantes como problemas criminales, escolares o de relaciones”.

Los investigadores señalan que para “reducir el comportamiento suicida adolescente” existen “programas que ayudan a los niños y a los jóvenes a manejar las emociones y desarrollar habilidades para reducir problemas en relaciones, en el colegio y con sus compañeros”. Subrayan también la importancia del trabajo de los médicos para prevenir desenlaces fatales. “Los pediatras y otros proveedores de cuidados primarios pueden jugar un papel importante a la hora de detectar depresiones y otros riesgos de salud conductual, como abuso de alcohol, para ayudar a que los adolescentes reciban un cuidado y seguimiento apropiados”, ya que “los factores de salud mental fueron también evidentes en el suicidio con armas de fuego entre niños”.

Los antecedentes de Estados Unidos

Estados Unidos tiene una normativa de acceso a las armas muy polémica tanto dentro como fuera de sus fronteras, que data de su Guerra de la Independencia, librada a finales del siglo XVIII. El derecho a poseer un arma de fuego suele contemplarse como una forma de defenderse contra potenciales agresores, pero en el país es legal que un civil acceda incluso a armas de guerra. Y este derecho se encuentra protegido por la Segunda Enmienda de la Carta de Derechos o Bill of Rights, que reza: “Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas”. Esto ha propiciado una cultura en la que las armas llegan a formar parte de la vida cotidiana, incluso la de los niños. Organizaciones como la polémica Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) organiza “días de la juventud” para enseñar a los más pequeños a utilizar armas.

Suicidio infantil, la otra cara de las armas en Estados Unidos
Un hombre enseña a una niña cómo usar un arma durante el Día de la Juventud celebrado en el marco de la reunión anual de la NRA en Texas en 2013. | Foto: Reuters

Una comparativa del número de muertes provocadas por armas de fuego en distintos países publicada por The New York Times ilustraba lo excepcional que es la situación de Estados Unidos con respecto al resto de países occidentales desarrollados, ya que allí mueren por culpa de las armas de fuego 31,2 personas por millón al año (cifra equivalente a la de los accidentes de coche), mientras que en España esa cifra caía hasta 1,6 personas por millón. O lo que es lo mismo, una muerte provocada por un arma de fuego en España es tan frecuente como en una muerte causada por una “exposición excesiva al calor natural” en Estados Unidos.

A la hora de enfrentarse al suicidio, además de la facilidad del acceso a las armas también está el riesgo que supone la facilidad del acceso a la información, que se encuentra a golpe de clic desde la aparición de Internet. Por eso buscadores como Google han tomado medidas. Si un usuario español, por ejemplo, introduce las búsquedas “suicidio”, “métodos de suicidio” o “quiero morirme”, entre otras, lo primero que aparece es un teléfono de ayuda a personas con comportamiento suicida (902 500 002) y un enlace a la web del Teléfono de la Esperanza.

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