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La depresión, una compañera invisible que puede acabar con tu vida

Verónica Reguillo

Foto: Edgar Su
Reuters/Archivo

Es la principal causa asociada a la muerte de jóvenes entre 15 y 29 años. El 10% de la población mundial la padece, pero aún así está estigmatizada, es un tabú. Produce sentimientos de abatimiento, infelicidad y culpabilidad, además de provocar una incapacidad total o parcial para disfrutar de las cosas y de los acontecimientos de la vida cotidiana. En definitiva, no deja vivir. Este viernes, en el Día Mundial de la Salud, la Organización Mundial de la Salud (OMS) habla de ella, de la depresión.

“Lo que hace la OMS es señalar que esto es importante, que es una enfermedad, que hay que hacer investigación sobre esto y que hay que intentar trabajar para disminuir el estigma”, afirma para The Objective, Ana González-Pinto Arrillaga, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB). “La depresión es la causa más importante asociada al suicidio, y el suicidio es la principal causa de muerte entre los jóvenes. Además, la depresión es la segunda causa de discapacidad a nivel mundial”.

Una compañera invisible que puede acabar con tu vida
El suicidio del actor Robin Williams aún perdura en la memoria de muchos. | Fotos: Lucy Nicholson / Reuters Archivo

Probablemente, casi todos nos hemos sentido deprimidos en algún momento de nuestra vida, de manera más o menos frecuente, pero la doctora González-Pinto marca claramente la diferencia entre un sentimiento de tristeza y lo que es, propiamente, un trastorno depresivo. “Encontrarse triste es un sentimiento normal, humano, que muchas veces es hasta defensivo y que te permite reflexionar, parar, y eso no tiene nada que ver con la enfermedad depresiva que es un conjunto de síntomas que se dan en un momento determinado de la vida de alguien, que tienen una duración determinada, y que son síntomas intensos que dificultan para la realización de una vida normal”.

“El riesgo de la mujer es superior al de los hombres”

Los expertos aseguran que el riesgo de padecer depresión está presente en todas las fases de la vida y que una de cada cuatro personas sufrirá depresión en algún momento. Para acotar las causas que pueden producir un trastorno depresivo podríamos hablar de una interacción entre la vulnerabilidad interna, que incluso viene condicionada genéticamente, y un “componente ambiental”.

González-Pinto enumera algunos de esos componentes ambientales: “El bullying es un factor de riesgo para depresión, el maltrato en la infancia, el consumo de algunas sustancias como por ejemplo el alcohol, el nivel socioeconómico bajo…”. Dichos factores ambientales influyen más que los internos; así, se estima que el 30% de las causas de una depresión radican en estos factores internos o biológicos, mientras que el 70% radica en las circunstancias que nos rodean. Un dato más: el riesgo de la mujer es superior al de los hombres. “No se conoce exactamente el porqué, pero se piensa que hay factores biológicos, hormonales que probablemente tienen algo que ver y también, por supuesto, se cree que hay factores ambientales que están influyendo mucho porque realmente la mujer tiene más dificultades a muchos niveles. Por ejemplo, el maltrato o la pobreza son más frecuentes en la mujer que en el varón”.

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El suicidio es la primera causa de muerte entre los jóvenes. | Foto: Ulises Rodríguez / EFE

MasterMind, y los nuevos tratamientos online

El tabú a la hora de hablar de la depresión aún es fuerte, sin embargo, se van rompiendo barreras. “Ahora se conoce más y se trata más, y las personas al conocerlo acuden a tratamiento psicológico o psiquiátrico”. Según cuenta la presidenta de la SEPB es probable que el número de casos también haya aumentado en los últimos años, aunque es imposible saberlo con certeza.

El tener depresión no quiere decir, necesariamente, que se tengan que tomar fármacos; a veces es suficiente con aplicar técnicas psicológicas. La buena noticia es que llegar a los tratamientos cada vez es más fácil ya que se están desarrollando en el mundo, y específicamente en Europa, varias técnicas de tratamiento online de la depresión. El objetivo de esto, asegura la doctora González-Pinto, es que “alguien que tenga una depresión leve o moderada y que aún pueda trabajar aunque sea con dificultad, y que no quiera dejar el trabajo, o que no pueda acceder a un tratamiento porque vive lejos o tiene hijos y no puede desplazarse…, tenga la posibilidad de acceder a los tratamientos online“.

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Tras 36 meses de trabajo, los resultados del proyecto MasterMind se presentaron en Barcelona hace unas semanas. | Foto: MasterMind

Hace unas semanas, Barcelona acogió la presentación de los resultados del proyecto europeo MasterMind. Este proyecto comenzó en 2014 con la finalidad de desarrollar e implementar la Terapia Cognitivo Conductual (TCC) online para pacientes con depresión, y de momento, dicha implementación se ha producido en 15 regiones europeas. “Al final de lo que se trata es de que todo el desarrollo tecnológico que hay en el mundo se aplique también a la salud“, nos dice la presidenta la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica, Ana González-Pinto Arrillaga.

Este viernes el foco se pone en una enfermedad de la que aún cuesta hablar, y a la que no se dedican los recursos necesarios a pesar de afectar de manera más o menos grave a una buena parte de la población mundial. “Hay una inversión mucho menor en el tratamiento o en la investigación de la depresión que en enfermedades de otro tipo que, a lo mejor, tienen mucho menos impacto en la salud global, pero de las que se habla más porque no están estigmatizadas”. Eso: hablar, contarlo y buscar ayuda son elementos básicos para sobreponerse a una dolencia que puede complicar tanto la vida.

Mi nombre es Nina Simone

Jorge Raya Pons

Foto: Ron Kroon
Wikimedia

Un periodista le preguntó a Nina Simone qué significaba para ella la idea de libertad. Nina, que tenía unos gestos muy dramáticos, en un sentido teatral, dijo que solo es una “sensación”. Luego mantuvo el silencio por unos instantes y respondió con otra pregunta: “¿Cómo le dices a alguien lo que es estar enamorado? ¿Cómo le explicas a alguien que nunca se enamoró qué sientes al estar enamorado?”.

Nunca entendimos a Nina, que arrastraba consigo la tristeza. Nina fue la reina del jazz, del blues, del soul. Pero mucho antes de aquello, antes incluso de llamarse Nina Simone, fue una niña que creció en Tryon, un pueblo pequeñito de Carolina del Norte donde la vía del tren separaba las casitas de los negros de la ciudad de los blancos. Eunice Waymon, así se llamaba, tenía tres años cuando comenzó a tocar el piano en la iglesia del pueblo, con todos esos hombres y mujeres cantando a Dios con los brazos en alto, y fue allí donde la descubrió una mujer anciana y blanca que pidió permiso a sus padres para darle clases de piano, convencida de su potencial. Fue esta señora quien le abrió un mundo con Bach, con Debussy, con Brahms. Le dijo y le repitió, para que no tuviera dudas, que algún día sería la mejor pianista de todas, y estuvo cerca de serlo.

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Nina Simone, 1969. | Foto: Gerrit De Bruin/Wikimedia

Porque Eunice, además de ser mujer, era negra, y no eran los mejores tiempos para serlo. El racismo estaba profundamente arraigado en el alma de los sureños blancos, tan recelosos. Eunice nunca pudo desprenderse de todo aquello, y la única etapa en la que se apartó ligeramente de la música no tuvo otro motivo que su implicación en la lucha por los derechos civiles de los negros. Era tal el grado de racismo, tan crudo, tan repugnante, que Eunice se lo recordó a su hija durante toda su infancia. Y esta, a su vez, repitió las palabras de su madre varios años después en una entrevista: “Me contó muchas veces que le decían que su nariz era demasiado grande, sus labios demasiado carnosos y su piel demasiado oscura”.

Eunice siguió intentando cumplir el sueño de ser la primera pianista clásica negra, y tantas veces como lo intentó encontró el fracaso. Ella siempre lo atribuyó al racismo, y esta es una circunstancia que nunca podrá demostrarse. Sin embargo, siguió con sus estudios de música y se mudó a Filadelfia junto a su familia en busca de un futuro mejor. Eran pobres y Eunice solo tenía sus manos para tocar el piano. Trabajó durante meses en un bar de noche y allí le ofrecieron poner la música, pero para ello no solo tenía que estar dispuesta a cantar, sino a hacerlo con cualquier género: jazz, soul, pop. Eunice no confiaba en ser una buena cantante, pero necesitaba el dinero y aceptó la oferta. En ese tiempo se esforzó por ocultar el origen del dinero a su madre, que jamás hubiera tolerado que procediera de esa música pagana, y Eunice Waymon no encontró otra solución que buscar un sobrenombre; así se convirtió en Nina Simone, y conservó esta identidad hasta su muerte.

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Nina Simone, junto a su hija Lisa, en 1965. | Foto: AP Photo

La vida de Nina fue miserable en cada una de sus etapas y la nostalgia fue consumiéndola lentamente con el tiempo, algo que se hizo cada vez más evidente. Si uno se dedica a pasar sus vídeos, a organizarlos cronológicamente, puede observar cómo esa sonrisa que iluminaba en los primeros años se fue apagando, acompañada por una mirada cada vez más perdida, al borde del derrumbe. Nina, en los 70 años que vivió, sufrió desengaños, rechazos, odio, violencia machista, depresiones; nunca le permitieron ser feliz y ella castigó del mismo modo a su hija, que solo conoció una madre angustiada y en guerra con el mundo.

Cuando a Nina le preguntaron aquel día por la libertad, reconoció finalmente haberla sentido por breves lapsos: “Un par de veces”, añadió, concentrando en una respuesta todo su espíritu. “Para mí la libertad es no tener miedo. Ojalá pudiera vivir así la mitad de mi vida”.

Nina murió un día como hoy de 2003, sola y en el olvido, mientras dormía en una ciudad balnearia en el sur de Francia.

7 alimentos que causan depresión

Redacción TO

Foto: CARLO ALLEGRI
Reuters

Ya nadie pone en duda que la dieta influye en la manera en que te sientes, por eso, presentamos una lista de alimentos que hacen que te deprimas y que sería mejor no consumir si sientes la famosa astenia primaveral. La depresión afecta a más de 350 millones de personas en el mundo de manera leve, en muchos casos, aunque en otros, severa. Y es que el cuerpo humano produce serotonina por sí mismo, pero la producción natural de ésta puede ser estimulada o frenada por ciertos nutrientes que Montes de Galicia, como experto en nutrición y alimentación, ha recogido:

1. Edulcorantes artificiales

Especialistas en nutrición estadounidenses han determinado que todos los endulzantes artificiales producen depresión del sistema nervioso. Asimismo, Rachel Fiske, consultora certificada de nutrición en San Francisco, afirma que el aspartamo (endulzante) frena la producción de serotonina y dopamina, lo cual podría ser causa de depresión y ataques de ansiedad.

2. Alimentos procesados

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Investigadores de Gran Bretaña han publicado en la revista Británica de Psiquiatría que este tipo de comida aumenta el riesgo de desarrollar depresión, ya que contienen sustancias químicas nocivas que favorecen la aparición de enfermedades cardiovasculares e inflamación. Entre ellos están las carnes, embutidos, chocolate con leche y postres azucarados.

3. Fritos

Stephanie Fulton, del Hospital Universitario de Montreal, asegura que los alimentos ricos en grasa saturada contribuyen a desarrollar conductas depresivas, por las reacciones químicas que se producen en el cerebro. La Universidad Navarra confirma sus conclusiones, ya que en exceso aumentan la producción de determinadas moléculas como la citonina, la cual puede reducir la producción de serotonina.

4. Lácteos altos en grasa

Las universidades de Navarra y Las Palmas de Gran Canaria han relacionado el consumo de grasas trans y saturadas con el desarrollo de depresión.

5. Cereales refinados

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Foto: Mike Blake / Reuters

El consumo de estos alimentos, así como las harinas refinadas aumentan las probabilidades de sufrir depresión.

6. Refrescos

Los dulces y los refrescos gaseosos pueden proporcionarnos alivio a corto plazo, pero no son una manera eficaz de combatir el estrés. Un estudio del Instituto Nacional de la Salud afirma que consumir más de un litro de estas bebidas al día provoca depresión y si éstas son dietéticas y de sabores, las probabilidades aumentan.

7. Alcohol

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Foto: Nguyen Huy Kham / Reuters

Su abuso por un tiempo prolongado desencadena depresión, ya que interfiere en receptores del sistema nervioso, aunque aún no se determinan los mecanismos asociados a esta reacción, confirma un estudio publicado en la revista Archives of General Psychiatry.

13 razones para ver 13 Reasons Why

Cecilia de la Serna

Foto: Netflix

Este artículo contiene algunos spoilers sobre la serie 13 Reasons Why de Netflix. Sin embargo, deberías leértelo.

13 Reasons Why (en español, Por Trece Razones) es el último e inesperado éxito de Netflix. Esta serie que relata desde el punto de vista de su protagonista el suicidio de Hannah Baker, y las razones que se esconden detrás de éste, es la nueva sensación entre los más jóvenes. Su argumento es sombrío y dramático, y se ha postulado con sus 13 capítulos como una de las grandes series sobre la adolescencia. Trata temas tan dispares como la relación entre hijos y padres, entre adolescentes y tecnología, el bullying o la sexualidad. Es la última gran historia sobre la Generación Z, y tenemos 13 razones para verla.

 

1. Selena Gómez está detrás de este proyecto

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Selena Gómez posa junto a parte del elenco y del equipo de 13 Reasons Why. | Foto: Steve Cohn/Invision for Netflix/AP

Empezamos por el más superficial de los motivos, al menos en apariencia. Selena Gómez no ha dudado en ponerse al frente de este proyecto, tan conmovedor como certero. Gómez sabe muy bien de lo que habla la serie. La propia cantante, que hoy en día mueve a grandes masas de gente con su música, ha sufrido en sus propias carnes el bullying y el acoso a través de las redes sociales. También ha sufrido una enfermedad autoinmune y una depresión que la apartaron durante varios meses de los escenarios.

2. Su banda sonora es increíble

La banda sonora de 13 Reasons Why combina a la perfección temas de los ochenta –al final la serie juega con acierto con la estética más vintage a través de las cintas en las que Hannah relata sus motivos para suicidarse-, con música más actual. Incluye canciones de grupos mainstream e indies como M83, Joy Division, Angel Olsen, The Kills, Chromatics o Codeine. Cada episodio tiene el cierre perfecto con la canción idónea.

3. Es una serie sobre adolescentes pero para todos los públicos

13 Reasons Why es una serie adolescente, pero no necesariamente para adolescentes. A pesar de las crudas escenas que muestran sus 13 capítulos -una crudeza que, por cierto, va in crescendo en la trama, la serie ha tenido un éxito notable especialmente entre los más jóvenes. No obstante, es una serie para todos los públicos -excepto los más pequeños, es evidente- porque trata temas que tocan a cualquier generación. El argumento de 13 Reasons Why se centra en Hannah -una chica de 17 años- y su suicidio, pero a través de sus vivencias y de las de sus compañeros, refleja las complejas relaciones entre padres e hijos, profesores y alumnos, en definitiva: adultos y adolescentes. La serie muestra, por ejemplo, todo un crisol de padres: más o menos despegados, más o menos comprensivos, más o menos abiertos, e incluso muestra los ‘no-tan-nuevos’ modelos de familia como las homoparentales o las monoparentales. Las relaciones entre padres e hijos se tornan igual o más complicadas que los modelos de padres que la serie presenta, y logra una certera reflexión sobre la crisis del modelo a seguir o la brecha generacional.

4. Reflexiona acerca de nuestra relación con la tecnología

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Clay mira extrañado la cinta de cassette grabada por Hannah. | Foto: Netflix

La tecnología cobra bastante importancia en la trama. Resulta curioso que Hannah Baker decidiera contar su suicidio en cintas de cassette -de hecho, a Clay, segundo protagonista de la serie, se le complica el escucharlas por no disponer de un reproductor-. Si echamos la vista atrás apenas 10 o 15 años, es indescriptible cómo la tecnología se ha apoderado de prácticamente cada rincón de nuestra vida diaria. Como todo en la vida, el uso de las nuevas tecnologías tiene su parte buena y su parte mala. En este caso, está directamente relacionada con el objeto central de esta trama: el bullying.

5. Pone cara al drama del acoso escolar

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Hannah Baker, la ‘protagonista muerta’ de 13 Reasons Why. | Foto: Netflix

Según un reciente estudio de la Unesco, dos de cada diez alumnos sufre acoso escolar en el mundo. Se habla mucho de bullying, pero pocas veces se le pone una cara humana a esta problemática. Y, muchas menos, se hace con la influencia que puede tener una ficción de uno de los grandes del streaming digital. Lo que ha logrado 13 Reasons Why es personalizar el drama del acoso escolar en Hannah Baker, y en el resto de personajes que también lo sufren. El miedo, el aislamiento, el sentimiento de incomprensión, son algunas de las sensaciones y vivencias con las que miles de adolescentes se sienten identificados, y que la serie logra encarnar. Esto no sólo genera debate en torno a un problema que, como en la trama, puede acabar en suicidio, sino que puede concienciar de este drama tanto a acosados como a acosadores.

6. Es un alegato contra el machismo

Los problemas que afectan a la protagonista los provocan tanto hombres como mujeres, pero casi siempre hay detrás una idea de machismo. Los patrones que marcan muchas de las relaciones de la serie reflejan una concepción sexista de la sociedad. Por ejemplo, en uno de los capítulos uno de los chicos del instituto de Hannah hace una lista de nombres de chicas basándose en criterios tan superficiales sobre quién tiene mejor o peor culo, o peor o mejor sonrosa… y esto destroza a Hannah, a pesar de estar entre las mejores. Este tipo de actitudes, así como la violencia sexual, ponen de manifiesto que el machismo sigue latente entre los más jóvenes.

7. Habla sin tapujos del descubrimiento de la sexualidad 

La adolescencia es una etapa vital que se caracteriza por el descubrimiento de elementos clave para el desarrollo de una persona, y uno de esos elementos es la sexualidad. La serie trata no sólo cómo los personajes descubren su propia sexualidad, sino cómo viven la introducción a la vida sexual. Temas como la virginidad o la orientación sexual están presentes a lo largo de la trama.

8. Trata el suicidio sin tabúes

Desde el principio mismo del primer capítulo sabemos que Hannah Baker se ha suicidado, lo que no conocemos es cuáles son las razones le han llevado a acabar con su vida. La muerte planea sobre los personajes durante toda la serie, y se va rompiendo el tabú que presenta. El suicidio puede ser un tema difícil de tratar, especialmente cuando se da entre personas que están “en la flor de la vida”, cuando todavía les queda por descubrir un mundo de posibilidades. No obstante, 13 Reasons Why muestra sin pudor una escena de suicidio, y lo que es más importante, se centra en qué pasa por la cabeza de una niña de 17 años que no tiene ganas de seguir adelante.

9. Expone la cultura de la violación

13 Reasons Why no incluye una escena de violación, sino dos. Hace tal hincapié en ello que lo que hace, al final, es exponer al mundo la cultura de la violación. Sorprende ver a chavales de 17 o 18 años normalizando una situación de abuso sexual, o cubriendo las espaldas a un violador. La serie pone sobre la mesa un problema muy común: la víctima no lo tiene fácil para denunciar, y el violador suele sentirse impune.

10. Subraya la importancia de la verdad

La idea que subyace bajo las 13 razones de Hannah Baker para suicidarse es la búsqueda constante de la verdad. Su verdad, al menos. En un mundo donde la famosa posverdad es un mal generalizado, la realidad parece infravalorada. En 13 Reasons Why, la verdad es el fin último de sus protagonistas.

 

11. Crea conciencia en torno a nuestras propias vidas

Una historia así no tiene por qué ser extrapolable -por ejemplo, en España los institutos no funcionan como las highschools norteamericanas-, pero el amplio abanico de personalidades y situaciones que presenta puede servir de ejemplo de situaciones reales. La ficción puede enfrentarnos a nuestra propia vida, y hacer que nos veamos reflejados en las tramas que presentan los guiones. Por ello, que 13 Reasons Why haya triunfado entre los adolescentes es un hilo de esperanza que no podemos obviar.

12. Recuerda a los adultos lo complicada que puede llegar a ser la adolescencia

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Tyler Down, víctima y verdugo de 13 Reasons Why. | Foto: Netflix

A veces hablamos de “la edad del pavo” con cierto desprecio, ésta y otras expresiones sirven para justificar algunas actitudes de la adolescencia. Como hemos explicado antes, esta es una etapa de la vida repleta de descubrimientos. La adolescencia es principalmente una época de cambios, y suele suponer un golpe: pasar de la inocencia del niño al a menudo feroz mundo adulto no es fácil, y no está de más recordárselo a los más mayores.

13. Tiene un final abierto

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La primera temporada de 13 Reasons Why deja varias tramas abiertas. | Foto: Netflix

El final de 13 Reasons Why es lo que todo buen amante de grandes historias puede soñar: abierto. Invita a una segunda temporada, de la que ya se ha especulado -la propia Selena Gómez ha confirmado que lo están estudiando-, y deja un montón de tramas inconclusas. Una razón más para disfrutar de una buena historia que tiene visos de continuar.

¿Quién gana con la salud?

Joseba Louzao

Foto: PHIL NOBLE
Reuters

La medicina moderna es una de las seis killer-apps civilizatorias – lo que podríamos traducir por “seis aplicaciones demoledoras”- identificadas por el polémico Niall Ferguson en su obra Civilización. Occidente y el resto (Debate). Los desarrollos médicos y las mejoras sanitarias son una ardua conquista de siglos que jamás deberíamos tirar por la borda. No podemos entender quiénes somos ahora sin estos avances. Y es que los múltiples cambios vividos en el ámbito de la salud pública desde finales del siglo XIX han permitido que se duplicara la esperanza de vida humana y se transformara nuestra forma de mirar la realidad. En definitiva, la razón médica ha iluminado y revolucionado el mundo. De esta forma, hemos logrado que enfermedades especialmente mortíferas en el pasado hayan desaparecido y otras van camino de hacerlo en los próximos años. Eso sí, aún nos queda mucho camino por recorrer ya que las diferencias entre países, en muchas ocasiones, continúan siendo preocupantes. Si para algunos la clave es la búsqueda de la longevidad y del bienestar al coste que sea, en otros lugares del planeta se trata de un simple ejercicio de supervivencia.

La salud nos preocupa cada vez más y esto adquiere, económica y culturalmente, una gran trascendencia. El aumento del gasto sanitario en el mundo occidental durante las dos últimas décadas confirma una tendencia que, en una época de crisis y amplio malestar, se conjuga con los debates sobre política sanitaria en países como Estados Unidos, donde aún colea la polémica sobre el Obamacare y el interés de la administración Trump para destruirlo, o los diversos problemas de salud pública a los que nos estamos enfrentando en estos momentos en Europa. La Organización Mundial de la Salud ya nos ha alertado de una deriva peligrosa. Estamos asistiendo a un brote de sarampión en Rumanía y en Italia con un incremento de los casos en más de un 200% en el último año. No son los únicos países europeos que caminan hacia una posible epidemia, también han sido señalados otros como Alemania, Ucrania, Suiza o Polonia. Se trata de la penúltima muestra de cómo enfermedades que han estado a punto de ser erradicadas en el continente reaparecen con fuerza como consecuencia de la relajación de autoridades y de los ciudadanos.

Y en este contexto el movimiento crítico con las vacunas está ganando terreno y sus posiciones, que no suelen estar basadas en evidencia científica alguna, nos están poniendo en riesgo. Porque sus decisiones afectan al resto de una forma directa. No es extraño tropezar con estos discursos en los medios generalistas o con el apoyo de figuras mediáticas, como Jim Carrey o Alicia Silverstone. Sin ir más lejos, el propio Donald Trump se ha reunido con la cabeza visible del movimiento antivacunas a nivel internacional. Y es que son muchos los charlatanes que nos tratan de engatusar con demagogia y falsedades aprovechándose de la creciente ingenuidad escéptica. En Italia, el populista Beppe Grillo ha expresado en varias ocasiones sus dudas sobre la fiabilidad de las campañas de vacunación y ha criticado los perversos intereses de las empresas farmacéuticas. Lo de siempre: la mayoría no quiere ser señalado como antivacunas, pero su mensaje es idéntico al de estos grupos. Resulta imposible desvincular este avance de la mentalidad conspirativa que nos azota. Frente a los datos científicos, habitualmente complejos, se construye un relato asentado en la experiencia personal que termina por ser más convincente y simplista.

Pasamos demasiado tiempo preocupados por la crisis política que atravesamos en la Unión Europea y los embates populistas que sufren las democracias. Pero la progresiva desconfianza está terminando por afectar a la sanidad aunque, paradójicamente, los médicos sigan siendo los profesionales mejor valorados en nuestro país. Nuestras instituciones demoliberales tienen que buscar cómo mejorar su eficacia y credibilidad para ser más fuertes contra los riesgos sanitarios del porvenir. La salud democrática, permítanme la expresión, también se juega en el campo de la medicina.

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