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Una startup construye casas imprimiéndolas en 3D en un solo día

Redacción TO

Foto: Apis Cor
Youtube

El problema del acceso a la vivienda puede tener una solución real y aplicable en un futuro muy cercano. Apis Cor es una stratup de San Francisco, California, que ha desarrollado una solución muy asequible para la construcción de nuevas casas. Puede imprimir en tres dimensiones paredes de hormigón para una casa en menos de 24 horas.

La prueba de fuego la ha realizado en Rusia, donde demostraron su propósito. Gracias una gran impresora 3D, que se parece más a una grúa que a una impresora 3D convencional, se van colocando capas de hormigón y otros materiales para construir la estructura del edificio. Según la compañía, la mezcla que utilizan puede durar más de 175 años. Después de imprimir las paredes, el procedimiento a seguir es retirar la impresora e instalar el aislamiento, las ventanas, electrodomésticos y un techo, un proceso que dura menos de 24 horas.

Una startup construye casas imprimiéndolas en 3D en un solo día
La impresora 3D de Apis Cor en acción. | Foto: Apis Cor / YouTube

Apis Cor asegura poder construir y amueblar estas casas, de unos 38 metros cuadrados, por un coste aproximado de 10.000 dólares. Según la página web de la compañía en el proyecto, las ventanas y las puertas son de lejos el componente más caro de todo el proceso.

Casas urgentes para situaciones urgentes

Estas casas podrían tener diferentes usos, aunque como destaca la propia compañía en su página web, podrían servir para reparar o sustituir rápidamente los hogares destruidos por desastres naturales. También podrían ser una solución viable en casos de conflicto, o para poblaciones más marginales que no tienen acceso a una vivienda digna. La tecnología sigue al servicio del progreso, y progreso significa hacer el mundo un poco mejor.

La casa de oro

Juan Claudio de Ramón

Acaso la visita turística más emocionante que pueda hacerse hoy en Roma sea la más desacostumbrada. También la menos visible, o, por así decir, la más irreal o ficticia. Porque poco queda de la legendaria Domus Aurea, el impensable palacio que el emperador Nerón se hizo construir tras el incendio del año 64. El mundo no había conocido ni iba a conocer un lujo semejante. Nosotros tenemos que reconstruirlo en la imaginación. Una tras otra, la joven y pizpireta guía nos conduce por las estancias hoy subterráneas –sirvieron para cimentar las termas de Trajano– conjeturando sobre su posible uso. Sobre las paredes resisten, tercas, algunas capas de un estuco macilento, en otro tiempo dorado, y las improntas en los muros delatan la presencia pasada de grandes placas de mármol, perdidas o expoliadas. En los techos de las bóvedas son visibles unas amplias hendiduras: por Suetonio sabemos que servían para escanciar perfume y arrojar flores durante las fiestas ofrecidas por Nerón, el tirano matricida, con veleidades de artista, que gastaba sin tasa y acusó a los cristianos de provocar un incendio que se murmura, quizá de forma injusta, fue su propia maquinación y obra, porque necesitaba un vasto solar para construirse un nuevo palacio.

Y sabemos también que por esas brechas se descolgaron como espeleólogos, antorcha en mano, los grandes artistas del cinquecento, para estudiar las decoraciones murales, elegantes tramas de motivos vegetales y animales fantásticos, que hoy, veladas por un sudario reseco, pugnan por saltar de nuevo a la vida si es que los trabajos de restauración concluyen algún día. Por ahí deben de andar las firmas de Rafael, Pinturicchio, Juan de Udine, y, según dicen –leyenda sobre leyenda– las de Casanova y el Marqués de Sade, que acaso aspiraron a replicar entre escombros las saturnales del rey monstruo. Nosotros nos conformamos, en el momento culminante de la visita, con viajar, gracias a unas gafas de realidad aumentada, a los jardines fragantes de palacio. La tecnología que lo hace posible es una maravilla: de pronto, la gruta entera queda bañada por el sol y juraría que pude tocar el césped alto, levemente agitado por la brisa, mientras levitaba por la terraza que del monte Esquilino se asoma a la capital imperial. Y alguno más debió de sentirse príncipe, porque al quebrarse la ilusión el grupo rompió en aplausos.

Cuando finalmente una conspiración acertó con el precio del pretoriano, el recuerdo de Nerón era tan odioso que, según la tradición, se decretó la damnatio memoriae: la cancelación de su memoria en discursos y monumentos. Un fenómeno que parece congénito al ejercicio desvergonzado del poder: el de la caída en desgracia. Como si todo aquel que pretenda disponer para sí de la casa de oro haya de recorrer, antes o después, el camino que lleva del pedestal al cadalso, del trono a la trena.

Dragon Ball, nostalgia revisitada

Jorge Raya Pons

Foto: Toei Animation

Hubo un tiempo en que en la televisión no había otra cosa que dibujos japoneses. Compartimos dos generaciones, y puede que también una tercera, ese vicio de sentarnos con las piernas cruzadas y en el suelo frente al televisor para ver los campos infinitos de Oliver y Benji, los caprichos imprevisibles de Nobita, los casos imposibles del detective Konan. Pero el entretenimiento que causaba Dragon Ball, con todas sus variables, con todas sus variaciones, marcó profundamente nuestra infancia.

En el colegio no nos perseguíamos inventando pistolitas con los dedos, sino que juntábamos las manos con las muñecas hacia dentro y gritábamos el kame kame ha. Nuestras víctimas, claro, no tenían otra salida que fingirse muertos o echar a correr. En algunos casos, eran los pocos, se atrevían a contrarrestar esa bola de luz y entonces comenzaba una batalla de la que era difícil salir con dignidad.

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El pequeño Goku, cuando no sabía hacer el kame kame ha. | Fuente: Toei Animation

La historia de Dragon Ball guarda muchos parecidos en su inicio con Superman; luego las distancias argumentales son abismales. El relato cuenta la vida de Goku, un niño con cola de mono enviado al planeta Tierra antes de que el suyo fuera destruido. Goku pertenece a la saga de los Saiyajin y en el espíritu de estos no existe otro ánimo que el de causar destrucción a su paso; el niño de pelo oscuro fue enviado a nuestro planeta para reunir el poder suficiente con el que sembrar el caos y destruirnos, pero un golpe fortuito en la cabeza le hizo caer en la amnesia y nunca pudo recordar su cometido. Fue entonces cuando lo encontró el viejo Son-Goha y lo acogió, dándole una educación fundamentada en la filosofía de las artes marciales que en adelante aplicó.

Dragon Ball nos descubrió un universo único de Apocalipsis y mil colores que nos mantenía en vilo y al borde de la epilepsia cada tarde después del colegio; todas aquellas batallas sin cuartel y a campo abierto nos enseñaron por primera vez la estrecha frontera entre el bien y el mal. En aquellos tiempos, puede ser, no nos preguntábamos tanto. Pero fue con el paso de los años que lo fuimos interiorizando, que creamos nuestras propias líneas de pensamiento sobre el porqué de esas luchas de poder, de por qué tantos seres están dispuestos a matar y solo unos pocos mantienen la entereza y el valor necesario para defender las causas justas aun a riesgo de morir.

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El pequeño Goku, en brazos de Son-Gohan. | Fuente: Toei Animation

Reconoció en una entrevista Akira Toriyama, creador de Dragon Ball, que le sorprendía la visión heroica que el mundo creó sobre Goku, al que no quiso atribuirle una conciencia social, sino una vocación individualista y de autosuperación: “Yo quería que Goku diera la sensación de ser este tipo extraño que solo persigue ser cada vez más fuerte. Al final, como resultado, termina salvando a todos. Pero Goku no tiene por qué ser un buen tipo por ello, aunque el resultado de sus acciones sí lo sean”.

Un día como hoy de 1989 se emitió en Japón el primer episodio de la serie y captó un interés inusual. Los tebeos de manga que sirvieron de semilla de la serie vendieron más de 230 millones de copias a nivel mundial y en Estados Unidos, por ejemplo, Dragon Ball superó el récord de audiencia de la cadena de animación Cartoon Network tras reunir a 1,7 millones de espectadores frente al televisor. Pero más allá de su impacto en la cartera de los productores, queda cómo influyó en nosotros. ¿Quién, a lo largo de estos años, no se ha vuelto a un amigo y ha repetido con él la extraña coreografía de fusión? Ahora casi ruboriza reconocerlo.

'Grace and Frankie', icono televisivo de la tercera edad

Néstor Villamor

Las ancianas ya no son ancianas. Al menos en la televisión. Ya no hacen punto ni bizcochos. No están todo el día pendientes de sus hijos, que para algo son mayorcitos. Si ya de por sí las series protagonizadas por mujeres son minoría (aunque tampoco son excepciones: Sexo en Nueva York, Mujeres desesperadas…), Grace and Frankie, la aclamada comedia sobre dos septuagenarias que Netflix acaba de renovar para una cuarta temporada, es una propuesta que no solo desafía al machismo, sino también al ageism, la discriminación por la edad.

Para hacerse una idea más o menos realista de cómo son Grace y Frankie basta con imaginar a las chicas de oro saliendo de farra, quemando la pista, tomando peyote, sufriendo los dolores post-masturbatorios generados por la artritis y poniendo verdes a sus exmaridos homosexuales. Porque la comedia arranca precisamente cuando a Grace (Jane Fonda) y Frankie (Lily Tomlin) les dicen sus respectivos cónyuges, Robert (Martin Sheen) y Sol (Sam Waterston), que se van a divorciar de ellas porque llevan 20 años liados y han decidido casarse. Tras el shock, ambas se van a vivir a una casa que habían comprado las dos parejas en multipropiedad. E intentan seguir con su vida como pueden: Grace crea un perfil en una página web de citas, Frankie intenta poner a la venta un lubricante vaginal orgánico creado por ella misma que además es comestible (“no te metas en la vagina algo que no te meterías en la boca”, razona) y entre las dos inventan un vibrador para mujeres de la tercera edad que no deje las manos agarrotadas y cuyas instrucciones estén en letra bien grande para poder leerlas sin gafas de cerca.

Señoras que practican sexo

Pero más allá de momentos más o menos divertidos, la serie refleja un cambio de tendencia que se va consolidando en el cine y la televisión mainstream: mostrar la sexualidad de las mujeres de cierta edad. Ocurrió en 2003 con Las chicas del calendario, una historia basada en hechos reales sobre señoras que posan desnudas para hacer un calendario benéfico para luchar contra la leucemia. Del mismo año es Cuando menos te lo esperas, en la que una madurita Diane Keaton se lía con un joven Keanu Reeves. Y también fue Keaton quien, aunque en un papel secundario, conseguía por fin su primer orgasmo en Porque lo digo yo (2007).

Y el avance social no es solo para ellas. Los gays de Grace and Frankie muestran una realidad nueva del colectivo, inequívocamente ligada a la aprobación del matrimonio homosexual en Estados Unidos en 2015, año en que se estrenó la primera temporada. La pareja que forman Martin Sheen y Sam Waterston es una de las pocas representaciones televisivas del colectivo LGTB de la tercera edad. Se suma así a la estela de Transparent, drama producido por Amazon sobre una anciana transexual.

Avance por fuera, retroceso por dentro

Pero los avances que la serie proyecta en la pantalla distan mucho de estar reflejados en las condiciones laborales de las actrices. Aunque son ellas las que llevan el peso narrativo (y el título) de la ficción, Fonda y Tomlin cobran lo mismo que los actores que interpretan a sus exmaridos, que si bien aparecen en todos los episodios, tienen un papel secundario. Según Fonda, fue Tomlin quien se enteró de que sus compañeros cobraban lo mismo que ellas. “Eso no nos hace felices”, se quejó la ganadora de dos Oscar. “El programa no es Sol and Robert, es Grace and Frankie“, lamentó a su vez la otra coprotagonista. Por su parte, Sheen y Waterston han salido en defensa de las actrices y han dicho en una entrevista televisiva que deberían “recibir un aumento” porque “son las que llevan la serie”.

Habrá que esperar hasta 2018, año en que se estrenará la cuarta temporada de la comedia, para saber si Netflix abandonará la discriminación salarial de sus actrices. Lo que sí se sabe ya es que la nueva entrega contará con la participación de Lisa Kudrow, la inolvidable Phoebe de Friends.

Nuevo escándalo en Uber: la app espiaba a sus usuarios de iPhone

Redacción TO

Foto: Kai Pfaffenbach
Reuters

Hubo un tiempo en que Uber estuvo a punto de desaparecer de la App Store de los dispositivos de Apple, con la considerable pérdida de usuarios y potenciales clientes que eso supondría. La razón de ese ultimátum de Apple a Uber fue, según publica The New York Times, que la app de transporte privado utilizaba la técnica conocida como fingerprinting para identificar y rastrear a sus usuarios, incluso después de haber borrado la aplicación, o de haber formateado el teléfono, algo que va en contra de las reglas de Apple.

La compañía de Tim Cook se toma muy en serio la privacidad, como puso de manifiesto la disputa que mantuvo con el FBI en 2016 al negarle el acceso al iPhone de uno de los autores del tiroteo en San Bernardino. Tim Cook citó al CEO de Uber, Travis Kalanick en las oficinas de Apple para lanzarle un ultimátum. Así reproduce la escena el periódico neoyorquino:

“Cuando el señor Kalanick llegó a media tarde, vestido con su par de deportivas rojas brillantes favoritas y sus calcetines rosas chillones, el señor Cook estaba preparado: ‘Bueno, me he enterado de que habéis estado rompiendo nuestras normas’, dijo con su tono calmado y sureño. ‘Dejad estos engaños’, exigió, ‘o la app de Uber será eliminada de la App Store de Apple’.”

Nuevo escándalo en Uber: la app espiaba a sus usuarios de iPhone
Kalanick y Cook juntos en la gala Met en 2016. | Foto: Lucas Jackson / Reuters

Las consecuencias de esta triquiñuela de Uber y del ultimátum de Apple no se hicieron esperar. La compañía de Kalanick dejó de espiar a sus usuarios, y la de Cook se aseguró que esto no volviera a ocurrir con ninguna app, por lo que en la actualización de iOS 9 bloqueó el truco que empleaba Uber para rastrear a los usuarios.

Kalanick ha intentado justificar las acciones fraudulentas de Uber culpando al mercado chino. Según el CEO de Uber, muchos usuarios chinos compraban iPhones de segunda mano y creaban múltiples cuentas de Uber para aprovechar los viajes gratuitos que por entonces se ofrecían a los nuevos usuarios. Al espiar los iPhones y saber, por su número de serie, que ese teléfono ya había usado ese primer viaje gratis, Uber procedía a cobrar los viajes.

Uber sigue espiando a los usuarios de Apple: sabe dónde están cinco minutos antes y cinco minutos después del viaje

El Times desvela que ésta no era la primera vez que Kalanick rompía las reglas del gigante de la manzana. “La mayor fortaleza de Travis es que se atravesaría una pared para lograr sus objetivos”, afirma Mark Cuban, el multimillonario inversor, dueño de los Dallas Mavericks, que ha asesorado a Kalanick, quien además cree que esta fortaleza es a la vez la mayor debilidad del CEO de Uber.

Un sinfín de polémicas

A Uber no paran de crecerle los enanos. Las revelaciones del New York Times se dan semanas después de que se conociera que Uber utilizaba la herramienta Greyball para evitar a la policía. Lo que es conocido, y deben saber todos los usuarios de Uber en dispositivos Apple, es que la aplicación sigue espiándolos: saben dónde se encuentran los viajeros cinco minutos antes y cinco minutos después del viaje, pero esto no viola las condiciones de privacidad de la compañía fundada por Steve Jobs.

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