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Una startup construye casas imprimiéndolas en 3D en un solo día

Redacción TO

Foto: Apis Cor
Youtube

El problema del acceso a la vivienda puede tener una solución real y aplicable en un futuro muy cercano. Apis Cor es una stratup de San Francisco, California, que ha desarrollado una solución muy asequible para la construcción de nuevas casas. Puede imprimir en tres dimensiones paredes de hormigón para una casa en menos de 24 horas.

La prueba de fuego la ha realizado en Rusia, donde demostraron su propósito. Gracias una gran impresora 3D, que se parece más a una grúa que a una impresora 3D convencional, se van colocando capas de hormigón y otros materiales para construir la estructura del edificio. Según la compañía, la mezcla que utilizan puede durar más de 175 años. Después de imprimir las paredes, el procedimiento a seguir es retirar la impresora e instalar el aislamiento, las ventanas, electrodomésticos y un techo, un proceso que dura menos de 24 horas.

Una startup construye casas imprimiéndolas en 3D en un solo día
La impresora 3D de Apis Cor en acción. | Foto: Apis Cor / YouTube

Apis Cor asegura poder construir y amueblar estas casas, de unos 38 metros cuadrados, por un coste aproximado de 10.000 dólares. Según la página web de la compañía en el proyecto, las ventanas y las puertas son de lejos el componente más caro de todo el proceso.

Casas urgentes para situaciones urgentes

Estas casas podrían tener diferentes usos, aunque como destaca la propia compañía en su página web, podrían servir para reparar o sustituir rápidamente los hogares destruidos por desastres naturales. También podrían ser una solución viable en casos de conflicto, o para poblaciones más marginales que no tienen acceso a una vivienda digna. La tecnología sigue al servicio del progreso, y progreso significa hacer el mundo un poco mejor.

El precio del burro está en alza y es culpa de China

Redacción TO

Foto: Sue Ogrocki
AP Foto

Gulsumoh Sharbatova lleva dos meses sin ver a su burro. En condiciones normales, esto no sería una cuestión de alarma, pero tras los numerosos casos de burros asesinados en Tayikistán, no descarta que el suyo esté muerto y le hayan quitado la piel para venderla.

En una pequeña región rural y montañosa del país asiático, los vecinos permiten que sus burros vayan a pastar libremente cuando ya no hay trabajo para ellos. Ahora, Sharbatova cuenta a Radio Free Europe que confía en que el animal aparezca para poder aprovechar la temporada de siembra de la primavera.


¿Pero qué está pasando con los burros?

Miles de ejemplares de estos animales se venden a China desde países pobres o países que están en desarrollo. Para la población local de dichos países, los animales son imprescindibles en las tareas de carga; y en China los utilizan para medicina tradicional. La gelatina fabricada de la piel del burro es un ingrediente clave de uno de los remedios chinos más valorados conocido como ejiao, y que se utiliza para tratar diversas dolencias, entre ellas el resfriado y el insomnio.

El aumento de la clase media en China, y la percepción de que el ejiao es eficaz, ha hecho que se llegue a pagar hasta 350 euros por un kilo de esta medicación. Con todo ello, la demanda de burro está superando a la oferta. Se comercializan alrededor de 1,8 millones de pieles por año, pero la demanda mundial de pieles asciende a entre 4 y 10 millones, según un informe publicado en enero por la organización británica Donkey Sanctuary, del que se ha hecho eco The Guardian.

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Un burro que el año pasado podía costar 120 dólares, este año puede costar 240. | Foto: Carolyn Kaster / AP Photo

La población de burros en China se ha reducido a la mitad desde 1991. Según publica CNN, de los 11 millones de asnos que había hace unos años en el país asiático, ahora solo hay alrededor de seis millones. Al no poder hacer frente a la demanda, China decidió importar de diferentes países y puso sus ojos, sobre todo, en África donde se encuentra la mayor población del burros en el mundo.

El aumento de esas importaciones ha provocado que cinco países (Pakistán, Senegal, Mali, Burkina Faso y Níger) ya hayan tomado cartas en el asunto, y hayan decidido prohibir las exportaciones de piel de burro. Es posible que Tayikistán, uno de los países más pobres del mundo con un 36% de su población por debajo del umbral de la pobreza, vaya por el mismo camino.

Los precios se han duplicado

El precio de estos animales ha aumentado tanto que los ha hecho innaccesibles para la población de algunos países que los utilizaban para llevar productos, cultivar la tierra o buscar agua. “Los compradores nos dicen que están haciéndose con los burros para sacrificarlos y enviar su piel a China”, cuenta Sharif Nazarov, un residente de la aldea norteña de Basmanda. Nazarov afirma que un asno joven y saludable podría costar unos 240 dólares, mientras que el año pasado costaba 120.

En enero, la agencia reguladora veterinaria de Tayikistán envió una carta a las autoridades del Estado pidiendo la adopción de medidas ante las crecientes masacres contra estos animales. En la carta aseguraba que había recibido numerosas “peticiones escritas” para conseguir licencias para la instalación de empresas de recogida de burros, mataderos y para la exportación de estos animales. Desde la agencia reguladora de veterinaria exigieron a las autoridades que no se acepten esas solicitudes debido a los problemas a los que se enfrentan los países en las que ya se han concedido.

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En países pobres o en desarrollo utilizan los burros en labores agrícolas vitales para su supervivencia. | Foto: K.M. Chaudary / AP Photo


Pero hay personas que lo ven más como una oportunidad que como un problema.
Un vecino de la región sur de Vakhsh sugiere a las autoridades legalizar el comercio de burros para proporcionar una fuente de ingresos a los aldeanos.

Mientras tanto, en la aldea montañosa de Bulakdasht, Sharbatova sigue preocupada por su propio sustento. “La temporada de cultivo ha comenzado y necesitamos el burro más que nunca”, dice.

11 cosas que no sabías sobre los carbohidratos

Redacción TO

Foto: VINCENT KESSLER
Reuters

Los hidratos de carbono son una de las tres fuentes de energía de las que el ser humano dispone, junto con las proteínas y las grasas. Los carbohidratos se han considerado desde siempre imprescindibles para el correcto funcionamiento del organismo. A pesar de este dato, en la última década, numerosos nutricionistas afirman que no son buenos en demasía y si lo que quieres es mantener la línea, deberías evitarlos. De esta afirmación nace el dilema… ¿Son buenos o son malos los carbohidratos para nuestro organismo?  ¿Engordan? ¿Se puede bajar de peso sin dejar de consumirlos? Artiem Fresh People, creadores del proyecto gastro sostenible APORTAM, nos ofrecen 11 datos decisivos sobre este macronutriente para que sepas lo que comes y por qué:

  • Existen dos tipos de carbohidratos: los simples (malos) y los complejos (buenos). Los carbohidratos complejos, como granos integrales y legumbres, contienen largas cadenas de moléculas de azúcar, y por lo general el organismo se toma más tiempo para descomponerlos y utilizarlos. Esto, a su vez, le proporciona al cuerpo una cantidad más equitativa de energía.
  •  Las frutas y verduras son carbohidratos simples compuestas de azúcares básicos aunque diferentes a las galletas, pasteles o bebidas edulcoradas, ya que su fibra cambia la forma en que el cuerpo procesa los azúcares y ralentiza la digestión; se parecen a los carbohidratos complejos y debes consumirlos abundantemente.
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Las frutas y las verduras a pesar de ser carbohidratos simples deben consumirse abundantemente. | Foto: Rafael Marchante/Reuters

  • Los carbohidratos simples se componen de azúcares básicos fáciles de digerir, con poco valor para tu cuerpo. Cuanto más alto en azúcar y más bajo en fibra, peor es el carbohidrato.
  • Podemos encontrar hidratos de carbono complejos en alimentos como el arroz integral, pasta de trigo integral, los frutos secos, la avena, el pan integral, el marisco, etc.
  • Es importante consumir este tipo de macronutriente para la salud intestinal y para la eliminación de residuos.
  • La cantidad de glúcidos que debes consumir dependerá directamente de la actividad física que realices ya que cuando tu cuerpo necesita realizar ejercicio, la fuente que se utiliza para moverte es el carbohidrato.
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Si llevas una vida sedentaria debes reducir la ingesta de carbohidratos. | Kacper Pempel / Reuters

  • Debes disminuir el consumo de los hidratos de carbono simples como el azúcar, las harinas refinadas y los dulces y eso incluye, los zumos de frutas.
  • Los hidratos de carbono aportan 4 calorías por gramo, pero son fácilmente asimilables y rápidas de quemar por parte del organismo. Las calorías que nos tienen que preocupar realmente son las que provienen de las grasas, ya que son las que el organismo acumula con más facilidad y apenas quema.
  • Las mejores fuentes de glúcidos son las naturales y de un solo ingrediente: la quinoa, el plátano, las lentejas, la avena, etc.
  • Los hidratos de carbono son muy necesarios para el correcto funcionamiento del sistema nervioso central, los riñones, el cerebro y los músculos.
  • Los carbohidratos producen sensación de bienestar y elevan los niveles de serotonina.

El árabe del futuro no pinta bien

Cristian Campos

Ando leyendo El árabe del futuro de Riad Sattouf, la novela gráfica que ganó en 2015 el premio a la mejor obra del año en el festival de Angulema (el equivalente del festival de Cannes en el terreno del cómic). El libro narra la infancia del autor, hijo de sirio y francesa, a caballo de Francia, la Libia de Gadafi y la Siria de Hafez el-Asad entre 1978 y 1984.
Si no lo había leído hasta ahora era porque me tiraba para atrás su etiqueta de autobiográfico, que suele ser la excusa para que individuos con vidas anodinas y perfectamente intrascendentes se masturben frente al espejo hablando de ellos, de su mismidad y de su siempre desganada, victimista, resentida, rutinaria, derrotista y apática visión de la vida. La era del ego está matando la diversión y también nuestra capacidad de proyectarnos hacia objetivos ligeramente más elevados que nuestro siempre deslumbrante ombligo. Aunque ese es otro tema y ya han hablado de él aquí.
Pero el retrato que Sattouf hace de su padre y del mundo árabe no es precisamente anodino. De hecho, es fácil adivinar que la única razón por la que el libro no ha sido añadido a esa lista oficiosa de “libros incorrectos” a la que ya han sido condenados Tintín en el Congo, Lolita o Las aventuras de Huckleberry Finn es porque el autor tiene sangre sunita y eso le salva de la acusación de islamofobia.
Porque el Oriente Medio que describe el autor se parece más a un retablo deforme del Bosco que a la visión idealizada que se suele enseñar en las facultades españolas de Estudios Árabes. En la Libia socialista de Gadafi las casas, destartaladas y con goteras, son gratis porque pertenecen al “pueblo” pero las puertas no tienen cerradura y si sales a dar un paseo y a la vuelta te la encuentras ocupada por unos extraños lo único que puedes hacer es buscarte otra vacía o esperar a que los ocupantes de una que no lo esté salgan un minuto para instalarte tú en la suya. Los libios son conminados a leer el Libro Verde de Gadafi, un delirio analfabeto con el que los ciudadanos aprenden que “según los ginecólogos, las mujeres, a diferencia de los hombres, tienen la regla todos los meses”. En los mercados de Siria la fruta se vende podrida y de mala gana, las ratas y la basura campan a sus anchas y las revistas francesas llegan censuradas burdamente con rotulador (un trabajo de chinos pues debe hacerse a mano y ejemplar a ejemplar).
Los musulmanes, tanto sunitas como chiitas, son retratados por Sattouf como seres al borde de la deficiencia mental o de la demencia y de comportamientos simiescos. Son atrozmente violentos, intolerantes, rústicos por no decir asilvestrados, profundamente ignorantes y mentirosos. Huelen a sudor, a mierda y a orín, defecan en la calle y son crueles hasta la barbarie con los animales (alguna página del libro resulta insoportable, como cuando un sirio decapita con una pala a un cachorro de perro que se ha separado de su madre después de que un grupo de niños lo haya empalado en una horca, apedreado, chutado como si fuera una pelota y lanzado al aire para ver cómo se estampaba contra el suelo). Las traiciones entre familiares están a la orden del día y su conocimiento del mundo exterior a sus sociedades endogámicas y oscurantistas es simplemente nulo.
El padre del autor, un “intelectual” inicialmente ateo pero progresivamente más y más beato, toma todas las decisiones de la familia y es racista, autoritario, antisemita y simpatizante del totalitarismo socialista panarabista a pesar de haber sido educado en Francia. Dibuja las ruedas de los coches cuadradas y monta en cólera cuando su hijo las dibuja redondas. Cuando la abuela del autor le visita se acurruca en su regazo y se chupa el dedo como si fuera un bebé. La madre de Sattouf es un elemento decorativo sin voluntad propia que sigue a su marido allí donde a este se le antoja (él suele mentirle a ella sobre sus verdaderas intenciones). Los insultos entre niños, probablemente los seres más repulsivos de un libro abarrotado de seres repulsivos, suelen ser variantes más o menos afortunadas del “me follo al padre de la madre de la puta de la madre de tu padre”.
Desconozco si el mundo árabe a pie de calle es tal y como lo retrata Sattouf y no sé hasta qué punto la visión del autor es representativa de la realidad actual de Oriente Medio. Lo que sí sé es que he leído muchas de las críticas y de las entrevistas que se le han hecho a Sattouf en España y en ninguna se menciona nada de lo que yo he descrito aquí. Es decir el verdadero contenido del libro.
Recomiendo que se hagan con una copia y le dediquen una lectura reposada. Nadie que lo lea puede salir indiferente de este aquelarre con forma de libro.

Descubre cuántos datos gastas al usar Spotify

Lidia Ramírez

Foto: Spotify

Spotify se ha convertido en un imprescindible para muchos usuarios de smartphone. Con un catálogo de música gigantesco por una tarifa mensual o, en su defecto, el disfrute de miles de canciones mediante el modo freemium con anuncios intercalados, el servicio líder de música en streaming  ha convencido a 100 millones de usuarios que a golpe de play aprovechan cualquier momento para escuchar sus canciones favoritas. Sin embargo, el uso de este servicio tiene la contrapartida de que consume una gran cantidad de datos si no disfrutas de una cuenta Premium. Sin embargo, ¿te has parado alguna vez a pensar cuántos datos consume exactamente la aplicación?

Dependiendo de la calidad de audio

Los datos que consume Spotify dependerá de la calidad con la que estemos escuchando el contenido.

  • Calidad baja: 96 kilobits (Kbps), supone un gasto por hora de reproducción de unos 43 megas.
  • Calidad alta: 160 Kbps, supone un gasto de unos 72 megas a la hora.
  • Calidad máxima: 320 Kbps, supone el gasto de 144 megas por hora reproducida. Esta opción sólo está disponible para cuenta Premium.

¿Cómo controlar los datos de Spotify?

  1.  Verificar el uso de datos móviles

Puedes hacer un seguimiento de la cantidad de datos que vas gastando al escuchar la aplicación y, de esta forma, elegir la calidad de escucha. Esto lo podrás comprobar en Ajustes Datos móviles.

La cantidad de datos hace uso de Spotify

             2. Seleccionar la calidad de la música

Para ello deberás abrir la aplicación de Spotify en tu teléfono e ir a configuración, que la encontrarás en la esquina superior derecha una vez que hayas pinchado en tu biblioteca. Una vez ahí, en la parte inferior de la pantalla, aparecerá calidad de la música. La opción más aconsejable es la de calidad automática, pero si tienes un plan apretado la mejor apuesta es la de calidad baja. 

La cantidad de datos hace uso de Spotify

        3. Escuchar música sin conexión

La manera más idónea de escuchar tus canciones favoritas sin gastar datos es hacerlo en modo sin conexión. Sin embargo, esta opción sólo está disponible para suscriptores Premium, que podrán descargar listas, álbumes y podcasts sin gastar datos.

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