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Urvanity, la feria que lleva el arte urbano de las calles a las galerías

Álvaro R. de la Rubia

Foto: Álvaro R. de la Rubia

Han cambiado mucho las cosas en el arte urbano durante los últimos años: los artistas ya no son buscados por la policía sino por los coleccionistas, ya no son considerados parte de un movimiento underground sino creadores de primer orden y en la conciencia colectiva ya no se asocia arte urbano a tags y pintadas sino a murales alucinantes y a arte comprometido socialmente.

Coleccionistas, instituciones y público han reconocido la cantidad de talentos que han decidido adoptar como vía de expresión esta nueva vertiente creativa  y prueba de ello es que algunas ciudades ya no se esfuerzan en borrar lo más rápido posible las obras sino que luchan por conservarlas, como es el caso de las intervenciones de Banksy en Londres, consideradas casi un reclamo turístico.

Piezas de Banksy exhibidas en Urbanity.
Piezas de Banksy exhibidas en Urvanity.

España no es una excepción respecto al aumento de artistas urbanos y a la consideración que se tiene de ellos .Aryz, Okuda San Miguel, Boa Mistura o Liqen son solo algunos ejemplos de artistas españoles que triunfan dentro y fuera de nuestro país. Este año, a la ya rica oferta artística que rodea la semana del arte madrileña se suma Urvanity, una feria dedicada exclusivamente al arte urbano y a todas las vertientes del denominado nuevo arte contemporáneo. La feria, con 17 galerías (12 de ellas extranjeras) y más de 65 artistas representados, puede visitarse durante este fin de semana en el Palacio Neptuno de Madrid. Para conocer más detalles sobre Urvanity charlamos con Sergio Sancho, director de la feria y coleccionista.

Sergio Sancho, organizador de Urvanity.
Sergio Sancho, organizador de Urvanity.

¿Cómo surge Urvanity y qué la diferencia del resto de ferias paralelas a ARCO?

Visitando ferias de fuera de España y con la llegada de Instagram descubrí  un entramado de galerías, artistas… que conectaban conmigo y mis gustos y que, sin embargo, aquí no tenían tanta visibilidad. En las ferias paralelas a ARCO se programaban contenidos similares a los que ofrecía ARCO pero nadie se estaba dedicando exclusivamente a este nuevo arte contemporáneo. Creamos la feria con la idea de reivindicar a todos estos artistas a los que se les conoce mucho a través de las redes sociales, los murales en exteriores… pero cuyo trabajo de estudio o galería es menos conocido aquí en España.

 

Sin embargo, en los últimos años varias de las ferias de la semana del arte madrileña estaban programando arte urbano y empezando a prestar más atención a estos artistas.

Es cierto que algunas galerías nacionales de este tipo de arte estaban presentes en varias de las ferias. Pero creo que la especialización hace la fuerza y que las galerías internacionales de arte urbano no acababan de venir porque no se estaban viendo representadas en lo que las ferias estaban programando. Con Urvanity queremos aunar estas galerías, tanto nacionales como internacionales, para que cada una sume y el trabajo de todas luzca más.

Banksy, probablemente el artista urbano sobre el que más se ha escrito, es un gran reclamo. ¿Pero qué más encontraremos en Urvanity?

Hay muchas otras propuestas de otros artistas que están a la misma altura. Es cierto que Banksy mueve mucho, es muy mediático y no todos los días tenemos la oportunidad de ver obras suyas en directo. Pero también hay obras de D*Face, Jef Aerosol, JonOne, Moses & Taps y un montón más de artistas de primer nivel. Además hemos incluido un programa de muros en Madrid con artistas internacionales porque nos parecía coherente hacer ese guiño a los orígenes del arte urbano.

Piezas exhibidas en Urvanity.
Piezas de Jaune en el stand de la galería Vroom & Varossieau.

¿A qué crees que se debe el éxito del arte urbano en los últimos años?

Creo que el arte contemporáneo tradicional no conecta con gran parte del público y que el nuevo arte contemporáneo es más cercano, visual, quizás menos conceptual… Es una vuelta al arte pop en cierto sentido: regresar a ese arte popular pero en esta ocasión bebiendo del comic, el skate, las culturas urbanas… Conecta con elementos con los que hemos convivido y posee referencias visuales que todos conocemos.

¿Cómo se ha producido la introducción del arte urbano en el mercado y las galerías?

Los inicios del arte urbano tienen que ver con el grafiti, con hacerse un nombre, marcar un territorio… no es tan diferente de la dinámica de las redes sociales ahora (querer darse a conocer, dejar una impronta…).  Pero la realidad es que actualmente hay artistas urbanos que tienen una técnica tan buena que luego su trabajo de estudio funciona. No significa que todos los que pintan en la calle lo hagan y tampoco vale todo.

Urvanity en el Palacio Neptuno.
Urvanity en el Palacio Neptuno. ¡Imperdible!

Sin embargo el arte urbano nace como algo público y gratuito. ¿Ha perdido algo de su esencia saltando al mercado del arte?

No creo que haya perdido su esencia. Es cierto que nace como un arte muy reivindicativo pero me parece lógico que los artistas vivan de su trabajo. Y para eso hay que vender obras. Lo que me parece apasionante es cuando alguien se dedica enteramente a lo que le gusta. Simplemente en la calle puedes expresarte con un lenguaje y quizás en las galerías te expresas con otro. Además a los artistas urbanos les encanta pintar en la calle y siempre que tengan la oportunidad seguirán haciéndolo. El trabajo de estudio y las intervenciones en la calle no son excluyentes.

¿En qué punto está España respecto a mercados más sólidos como el estadounidense o el británico?

Creo que en el arte urbano (y también en el tradicional) poco a poco nos estamos poniendo las pilas y hay posibilidades de crear un buen mercado. Pero todavía quedan cosas por hacer. Por ejemplo en Francia comprar arte desgrava, en Reino Unido se potencia la compra de arte con iniciativas como el programa Own Art… Aquí, sin embargo, tenemos un 21% de IVA. Desde las instituciones y ciertos ámbitos se podría potenciar más la compra, fomentar la cultura artística en los colegios… Por nuestra parte, en el futuro queremos dar más peso en la feria a los niños para que puedan interactuar más con el mundo del arte.

Así luce Bonampak, la restaurada "Capilla Sixtina de América"

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Inah
EFE

Restauradores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México han recuperado en su totalidad las escenas de los murales del Templo de las Pinturas del famoso asentamiento arqueológico maya de Bonampak, conocido como la “Capilla Sixtina de América”, y no es para menos, ya que las pinturas datan del año 790 y son una de las obras pictóricas más significativas y mejor conservadas pertenecientes a la cultura maya.

Su descubrimiento, como suele ser habitual en los sitios arqueológicos, se produjo de casualidad. Un venado condujo por accidente al explorador Giles Greville Healey y a su guía, el indígena lacandón Chan Bor, a dar en 1946 con los murales de Bonampak. 71 años después de que las antorchas de Healey y Bor iluminaran por primera vez estas pinturas mayas, hoy los murales lucen con todo su esplendor. Bonampak es un sitio arqueológico maya, ubicado en la Selva Lacandona, en el estado de Chiapas, en México, y muy cerca de la frontera con Guatemala. Su nombre, en vocablo maya, significa “Muros pintados“.

Así luce Bonampak, la restaurada "Capilla Sixtina de América" 1
Zona arqueológica de Bonampak, donde se encuentra el Templo de las Pinturas | Foto: INAH/EFE

Los murales se encuentran en el Templo de las pinturas formado por tres cuartos, en los que se reflejan escenas diferentes. Los colores vivos que adornan las paredes cuentan la historia de la última familia reinante de Bonampak, encabezada por el Rey Chan Muan y su esposa la Dama Conejo.

El cuarto 3 fue el primero en el que se adentraron en 1946 el aventurero estadounidense y Chan Bor, y es también la primera habitación en la que trabajan los restauradores del INAH desde 2016.  El resultado obtenido en este habitáculo es clave para  para emprender las tareas de limpieza, conservación y reintegración cromática en el otro par de cuartos, los cuales tienen una mayor cantidad de intervenciones. Los tres aposentos albergan alrededor de 250 metros cuadrados de pintura prehispánica maya.

Las pinturas del cuarto 3 giran en torno a su muro central, donde se representa una escena del gobernante junto a su familia realizando un autosacrificio, y que es el leitmotiv del resto de las representaciones pictóricas de la sala en las que se pueden ver la ceremonia de victoria con dirigentes, músicos, danzantes y prisioneros de guerra. El cuarto 2 representa la batalla del 2 de agosto de 792, la victoria de Bonampak y la presentación de los prisioneros, mientras que el cuarto 1 acoge unas pinturas del gobernante Yajaw Chan Muwan II acompañado por sus esposas y presentando un niño pequeño, que podría ser el futuro heredero. Sin embargo, todavía quedan unos años por delante hasta que los arqueólogos consigan restaurar por completo estas dos salas y dotarlas del mismo esplendor del que ya goza el cuarto 1.

Así luce Bonampak, la restaurada "Capilla Sixtina de América" 3
Uno de los murales del Templo de las Pinturas | Foto: INAH/EFE

La doctora Diana Magaloni, ex directora del Museo Nacional de Antropología, asegura al INAH que “la amplia gama cromática usada por los pintores de Bonampak es sorprendente; encontramos hasta 28 mezclas de pigmentos que reflejan distintas calidades del mundo natural”. El color azul, por ejemplo, “presenta cuatro fórmulas distintas, y por tanto tonalidades, para ser aplicado como fondo de las escenas”. Y es que estas pinturas fueron realizadas mediante una compleja técnica donde, sobre un enlucido fresco de cal, se aplicaron los pigmentos en un medio de agua cal (lechada), mezclado con un aglutinante orgánico.

Al retirar poco a poco el velo blanquecino de sales que cubre la capa pictórica, el cual se retira de forma mecánica con bisturí y espátulas dentales, los restauradores van descubriendo que las escenas retratan un hecho real acaecido hace más de 1.200 años, en el periodo Clásico Tardío, una batalla que encumbró a Chaan Muan II, penúltimo gobernante de Bonampak, contra la ciudad de Sak’ Tz’i’. En la labor de restauración ningún trazo ha sido modificado o “inventado”, sólo en algunos puntos se ha utilizado la acuarela, material que es totalmente reversible, asegura el INAH. La aplicación de la técnica conocida como rigattino (a base de finas rayas) permite distinguir la intervención con respecto a la pintura original.

Así luce Bonampak, la restaurada "Capilla Sixtina de América" 2
Un especialista durante la restauración de uno de los murales del Templo de las Pinturas | Foto: INAH/EFE

Mediante la interpretación de estos murales prehispánicos se ha logrado conocer muchos aspectos sobre la cultura e historia de los antiguos residentes de Bonampak. Este yacimiento arqueológico fue decretado monumento nacional en 1992 y cubre una superficie de aproximadamente 4.357 hectáreas.

Un artista recrea obras maestras para que parezca que están hechas con Lego

Redacción TO

Foto: Geoffroy Amelot

Un artista ha creado increíbles réplicas en Lego de algunas de las obras maestras más famosas del mundo utilizando Photoshop. El francés Geoffroy Amelot, un artista y diseñador con base en París, ha recreado las pinturas usando el software de Adobe para crear un efecto de ladrillo de Lego, con diversos colores que dejan entrever las formas de los objetos y de las figuras originales en cada una de las obras.

Leonardo Da Vinci, Vincent van Gogh o el maestro renacentista italiano Miguel Ángel, son algunos de los pintores a los que Amelot ha rendido homenaje de esta manera tan curiosa.

Amelot logra obtener una increíble cantidad de detalles en sus recreaciones. Su técnica consiste en que las obras parecen haber sido hechas de Lego, pero las pinturas son todavía (más o menos) reconocibles.

Aquí están algunas de sus recreaciones, comparadas con las obras originales:

Un artista recrea obras maestras para que parezca que están hechas con Lego 1
Recreación de La joven de la perla, de Vermeer. | Foto: Geoffroy Amelot / De Agostini

Un artista recrea obras maestras para que parezca que están hechas con Lego 2
Fragmento recreado de El hijo del hombre, de Magritte. | Foto: Geoffroy Amelot / Mikael Buck

Un artista recrea obras maestras para que parezca que están hechas con Lego 3
El autorretrato de Van Gogh ‘legoleado’. | Foto: GEOFFROY AMELOT / Art Images

Un artista recrea obras maestras para que parezca que están hechas con Lego 4
La Gioconda de Da Vinci en versión lego. | Foto: Geoffroy Amelot / Getty

Un artista recrea obras maestras para que parezca que están hechas con Lego 5
Recreación de Amelot del Grito de Munch. | Foto: Geoffroy Amelot / UIG

Un artista recrea obras maestras para que parezca que están hechas con Lego 7
Así es el American Gothic de Grant Wood en Lego. | Foto: Geoffroy Amelot / Getty

De librerías

Javier Fórcola

Foto: CHARLES PLATIAU
Reuters

De viejo o de nuevo. Las primeras, de lance, de saldos, de segunda mano, de bibliófilo, de anticuario. Sin contar chamarileros, rastros y encantes. Las segundas, generalistas, infantiles, de novedades, de libros de bolsillo, de viajes, de ensayo, de fondo. Cadenas o independientes. Algunas, abiertas a mediodía; otras, con horarios alternativos, tentadoras hasta medianoche. De barrio, históricas, con solera, con librero. Organizar un viaje contando con las librerías que uno quiere visitar: la librería como parte de la aventura. El encanto, azaroso y emocionante, de atravesar el umbral de esa librería que nos sale al paso.

Para un flâneur urbanita como el que suscribe estas líneas, deambular por la ciudad, sin rumbo fijo, tiene como gran aliciente visitar semanalmente alguna de mis librerías preferidas –especie de puertos seguros que nos salvan del tráfago urbano durante unos minutos–; o, en caso de hacerlo por una ciudad desconocida, por primera vez visitada, disfrutar del hallazgo de una de ellas, aún no explorada. Las librerías son la isla del tesoro, a disposición de cualquier bolsillo.

Bien es cierto que la visita a la librería, como a cualquier otro comercio o tienda, puede tener una motivación premeditada –vamos a la librería a buscar un libro concreto–; como cualquier libro no dejará de tener, en la sociedad postindustrial en la que vivimos y compramos, la condición de mercancía o producto de consumo. Pero cualquier lector sabe que eso no es así. Los libros son más que cosas; las librerías son más que tiendas. Sí, en tiempos de internet, somos capaces de comprar, a golpe de tecla, lo que deseamos: en casa, delante de nuestro portátil; por la calle, con el móvil en la mano mientras deambulamos, autistas en nuestra burbuja, sin mirar lo que nos rodea.

Ahí están los famosos «buscadores», que nos permiten «acceder» a la información y a «la gran tienda universal donde todo se puede comprar». Las tiendas online que nos tientan, permanentemente, proponiendo precisamente lo que estábamos buscando, tras haber dejado ese ingenuo rastro de cookies tras nuestras navegaciones por la Red. Para el flâneur urbanita, las cosas no funcionan así. Él no busca, si acaso, encuentra. Lo que encuentra, la mayoría de las veces, le sale al paso, le deslumbra, le sorprende. Y como en todo encuentro –el azar tiene su propia lógica–, el hallazgo de este libro –el que no conocíamos; el que esperábamos; con el que hemos soñado; el que habíamos perdido, o prestado; el que queremos regalar; el que nos hubiera gustado escribir, o publicar– nos produce dicha.

La felicidad más allá de la tecla, más acá de lo virtual. Uno no va a una librería como va a otro comercio; no compra un libro como compra medio kilo de manzanas. En el fondo, uno visita una librería, como cuando va al cine o pasea por un museo, con un propósito: en busca de la felicidad.

Avi Mograbi, el documentalista sin fórmula

Nerea Dolara

Foto: Avi Mograbi (Fotograma de Z32)

Este cineasta israelí visita Madrid como invitado del festival 3XDoc que presenta cinco de sus documentales en la Filmoteca de la capital hasta el 7 de abril.

Avi Mograbi (Israel, 1956) no busca las historias que sus documentales cuentan. El cineasta se las encuentra y decide contarlas. ¿Cómo? Quien haya visto alguno de sus documentales sabe que siempre es de formas inesperadas, y quien no tiene oportunidad de hacerlo durante el 3XDoc, festival organizado por la Asociación de Cine Documental de Madrid, Docma, en la Filmoteca de Madrid hasta el 7 de abril. Mograbi es un creador particular y su foco tiende a estar sobre el tema del Oriente Medio. Y aunque los temas que trata son duros, el director siempre logra encontrar algún tipo de humor (puede ser muy negro) en su interpretación. ¿Un ejemplo? En Z32 un soldado israelí relata su relación con un asesinato de policías palestinos y su testimonio es interrumpido por momentos por Mograbi cantando en su casa, acompañado de músicos, a modo de extraño coro griego.

Mograbi, que inicialmente estudió Filosofía y Arte, es un hombre alto e imponente, muy claro en sus opiniones y sin muchas explicaciones que dar sobre su proceso. Encuentra lo que quiere contar y sencillamente se inventa una forma de contarlo sin darle muchas vueltas, o eso dice. “Siempre he estado en contacto con el cine. Mi padre tenía un cine en Tel Aviv. Siempre quise ser cineasta pero a mi padre no le parecía una buena idea, así que estudié Filosofía y luego Arte y por un tiempo pensé que sería un artista pero terminé siendo cineasta”.

Mograbi no pensó originalmente que sería documentalista, se imaginó que haría películas de ficción muy artísticas, pero la realidad terminó por seducirlo. “No todo en la vida se trata de publicidad. Una historia me captura y la sigo, no es como que miro una selección de temas y elijo de allí. No es como la carta de un restaurante. Estoy interesado en cierto tipo de historias y cuando encuentro una hay un punto en que decido contarla. No tengo un plan de cómo lidiar con el mundo o lo que quiero contar”.

” Es muy normal que el documental que piensas y el que luego haces no se parezcan.”

En los documentales de Mograbi su presencia se puede dar por hecho, parte de su narración le incluye y a sus reflexiones sobre el tema que trate. En cada película, explica, el proceso es muy diferente, lo mismo que el tiempo de investigación. Con Z32, por ejemplo, estuvo dos años en contacto con el soldado israelí que le contó su historia e incluso le dio una cámara para que el chico se filmase en casa –lo que terminó por generar una de las partes más interesantes de la película, porque el soldado decidió grabarse conversando con su novia sobre lo ocurrido- y al tiempo tuvo que desarrollar un plan para grabar este testimonial sin mostrar el rostro del protagonista, o de su novia, pero a la vez dejando ver sus expresiones faciales (optó por máscaras en tres dimensiones puestas sobre el rostro de los personajes). “No hay una fórmula, muchas veces se te ocurre un concepto para la película y durante el proceso te das cuenta de que no funciona y tienes que cambiar todo el enfoque. Es muy normal que el documental que piensas y el que luego haces no se parezcan. Cuando comienzas puedes descubrir que la realidad con la que lidias es diferente a lo que pensabas y te ajustas o tu historia cambia y se adapta a la realidad que te encuentras. Por eso es interesante hacer filmes que tocan la realidad, porque cambian constantemente”.

Avi Mograbi, el documentalista sin fórmula 2
Fotograma de Aout via 3XDoc.

El director, que incluye entre sus influencias a directores como Chantal Ackerman o Robert Kramer y a músicos como John Coltrane y Jimi Hendrix, nunca se ha planteado otras formas expresivas para contar las historias que le interesan, en parte, explica, se debe a que sus películas son muy receptivas a todo tipo de expresiones. “Mis películas incluyen mucha ficción, música, actúo. Mi enfoque es suficientemente amplio para incluir lo que quiera, no me pongo normas”.

Para Mograbi, en este momento de “hechos alternativos” y noticias falsas, al documentalista no debería exigírsele objetividad, pero sí cree que como personas todos deberían tener un compromiso con la integridad de la verdad. “No sé el rol de los documentales en este momento histórico y es problemático pensar quién podría decidir ese rol. Los documentales no pueden restaurar la verdad. Cuando alguien hace una película basada en una historia real eso no significa que la historia completa está plasmada. Entre la realidad y el público está la cabeza y la mente del cineasta y el cineasta toma decisiones sobre cómo debe contarse la historia. Igual que nosotros en nuestras vidas, cuando contamos lo que nos ha pasado. No es necesariamente cómo que pasó. Y pasa igual con las noticias, alguien decide qué contarte  y cómo contártelo. Eso no significa que no tengamos un compromiso con la verdad y una responsabilidad, claro que la tenemos. Nuestra integridad como personas que cuentan historias es importante, el problema es que no hay una corte para esto. Si usas hechos de forma distorsionada no hay una corte a la que podamos llevarte y restaurar la verdad. Políticos populistas como Trump no respetan la integridad de la verdad. ¿Cómo se lidia con eso? No sé. Pero no es el rol de los documentales corregir eso y no creo además que sea posible. Lo último que queremos es que los cineastas se sientan obligados a apegarse a los hechos de forma anticuada, y que dejen de lado su creatividad e imaginación”.

En 3XDoc se podrán ver cinco documentales de Mograbi en la Filmoteca de Madrid hasta el 7 de abril: Z32, Happy Birthday Mr. Mograbi, Avenge but One of my Two Eyes, Once I Entered a Garden y How I Learned to Overcome my Fear and Love Arik Sharon. También se muestra el primer largometraje de Ahmad Natche, cineasta español-palestino, que relata la vida en un pueblo palestino con no actores y mucha poesía.

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