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La fiebre del vapeo que puede acabar con el tabaquismo

Jorge Raya Pons

Con todo este vapor suspendido casi no puede verse qué hay al fondo. Esta tienda es estrecha, pequeñita, y tiene la caja a la izquierda, junto a la puerta; una tienda como cualquier otra. Un poco más lejos, a dos o tres metros, hay dos estanterías con decenas de botecitos en orden, hay muchísimos. Le pregunto cuántos al dependiente. “197”. ¿197 botecitos? “No, 197 sabores”.

El jefe de la tienda se llama Jonatan Sanz, pero lo conocen como Johnny. Vapexpress Outlet, así se llama la tienda, abrió en octubre del año pasado y es uno de los principales comercios de cigarros electrónicos de Madrid. Johnny lleva siempre consigo un aparato metálico con boquilla, un vapeador, que es de un tamaño algo mayor que una cajetilla de tabaco y tiene las esquinas curvadas. Va dándole chupadas de tanto en tanto. Los chorros de vapor que se forman son aparatosos, como nubes.

El líquido de los botecitos en los estantes son los que dan sabor al vapor y se añaden a base de gotitas en unos algodones situados en el enlace entre el cuerpo del vapeador y la boquilla. Todos los líquidos, aun siendo tan variados, tienen en común dos componentes, además de la nicotina –que no está siempre presente-: la glicerina vegetal y el propilenglicol, tan difícil de verbalizar que los vapeadores lo llaman propi.

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Un usuario californiano vapeando | Foto: Rich Pedroncelli / AP

Investigaciones poco concluyentes

“Mucha gente piensa que los riesgos del cigarro electrónico son equiparables al cigarro convencional, pero este informe aclara cuál es la verdad”, escribió Duncan Selbie, director general del Servicio de la Salud Pública de Reino Unido, en un estudio de agosto de 2015. El debate sobre el consumo de cigarros electrónicos sigue vivo y plantea una cuestión interesante: ¿Son nocivos para la salud esos químicos que rellenan los botecitos? Y, en cualquier caso, ¿son sus efectos equiparables a los de fumar tabaco? Las principales investigaciones al respecto se han realizado en Gran Bretaña y Estados Unidos y los resultados son poco concluyentes. En el párrafo con que comienza el estudio que asume poseer “la verdad” sobre la cuestión se especifica que “los cigarros electrónicos son un 95% menos dañinos para la salud que los cigarros normales”, e interpreta que “ayudan a la mayoría de fumadores a abandonar el tabaco”.

En junio de 2016, la Escuela TH Chan de Salud Pública de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, publicó un informe en el que alertaba sobre la presencia de un químico saborizante y altamente nocivo para la salud, el diacetil, en el 75% de los líquidos analizados. El estudio se realizó sobre 51 muestras, y este parece ser un número poco significativo cuando en la actualidad existen miles.

En agosto del mismo año, los investigadores del Lawrence Berkeley National Laboratory, en Estados Unidos, encontraron 31 químicos en los vaporizadores que emplearon para el estudio, siendo dos de ellos cancerígenos. También descubrieron que conforme la temperatura de vaporización es mayor, aumentan las emisiones de estos líquidos. Hugo Detaillats, coautor de este estudio, añadió en un comunicado que si bien “las emisiones de sustancias tóxicas son menores que en los cigarros convencionales”, no puede decirse que vapear sea un ejercicio saludable. Es más, es “insalubre”.

“No hay datos científicos suficientes como para recomendar el cigarrillo electrónico”

Contando con estos conocimientos, las autoridades médicas de Gran Bretaña han aconsejado su consumo como mal menor, esto es, como herramienta sustitutiva del tabaco. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud, Estados Unidos y, entre otros países, España, se resisten a hacerlo y lo desaconsejan por ser peligroso. Entre quienes lo rechazan se encuentra el doctor Carlos Jiménez, que es neumólogo e investigador de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica: “No hay datos científicos suficientes como para recomendar el cigarrillo electrónico como elemento para dejar de fumar”. El doctor español es cauto e insiste en que su mesura se debe a que se han encontrado en el cigarro electrónico sustancias tóxicas “en cantidades y concentración suficiente como para producir cáncer”.

Jiménez considera que las revelaciones científicas publicadas hasta la fecha no son concluyentes debido a que los métodos empleados son “deficientes”. Además, el cigarro electrónico es un invento muy reciente, todavía por asentar en España –y Occidente-, y su impacto es difícilmente calculable: “Su influjo es de hace pocos años y no tienen un uso generalizado, como los cigarrillos. Su consumo ha sido a muy corto plazo, no tenemos estudios a largo plazo. Por ejemplo, los profesionales sanitarios se dieron cuenta de que el cáncer de pulmón estaba producido por el tabaco en 1956, cuando la epidemia del consumo masivo comenzó después de la II Guerra Mundial. Tuvieron que pasar todos esos años para que los científicos pudiéramos ver esa relación tan clara entre una cosa y otra”.

Como recuerda el doctor Jiménez, el tabaco mata a 60.000 personas cada año en España a través de enfermedades como el cáncer de pulmón, que sería “una enfermedad rara” si no existiera el tabaco, incluso atendiendo a los niveles actuales de contaminación atmosférica.

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Una usuaria francesa exhalando vapor de su cigarro electrónico | Foto: Christophe Ena / AP

Un movimiento social

Johnny cuenta que solo el 10 por ciento de la gente que viene a la tienda “paga y se va”. Es ese 90 por ciento el que se queda, el que vapea un ratito en la tienda, el que va probando un sabor y otro. El vapeo parece tener un alto componente social. La mayor parte de los clientes de Vapexpress son hombres y mujeres que quieren dejar el tabaco y han oído hablar de esto. Johnny sueña con abrir un negocio más grande, no tanto una tienda como un club de fumadores. Aquí el billar, aquí los sillones. Cree que el vapeo ya tiene consumidores suficientes como para que sea posible.

En España, el vapeo es una actividad en auge pero minoritaria: son unos 350.000 los usuarios habituales y el sector industrial relacionado facturó cerca de 55 millones de euros en 2016, un 13 por ciento más que el año anterior, según datos de la Unión de Promotores y Empresarios del Vapeo (UPEV) y la Asociación Nacional del Cigarrillo Electrónico (ANCE). Los números, aunque esperanzadores para comerciantes como Johnny, son todavía bajos si los comparamos con países como Reino Unido, donde el vapeo está mucho más arraigado. En las islas, de hecho, hay 3 millones de usuarios de cigarrillos electrónicos y el volumen de negocio ascendió, en 2014, a 6.300 millones de euros. La diferencia es sustancial.

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Aterriza en España la primera herramienta para cambiar dinero desde casa

Lidia Ramírez

Foto: Dinuka Liyanawatte
Reuters

El viaje comienza con los planes. Reserva del vuelo, del hotel, planificación de ruta, alquiler de coche, cambio de divisas… Todo esto intentamos hacerlo con el suficiente tiempo necesario para ahorrarnos algún ‘dinerillo’. Para ello hay cientos de páginas para comparar, por ejemplo, precios de billetes de avión, de hotel o de alquiler de coches. Sin embargo, a la hora de cambiar el dinero para adecuarnos a la moneda del destino comienzan las diferentes peregrinaciones pagando comisiones sin tener muy clara la mejor opción. El cambio de moneda es la parte del viaje que falta por controlar, la que siempre se recuerda demasiado tarde y por la que se paga demasiado.

Esto es lo que pensó Tal Ekroni, un joven emprendedor de tan sólo 28 años, profesor de finanzas en el College of Management Academic Studies de Israel, que vio un hueco en este mercado y decidió crear el primer agregador de cambio de divisas para viajeros: FlyMoney. “Una vez varios alumnos me comentaron cuál era la forma más fácil de cambiar dinero para viajar a India porque tenían dificultadas para conseguir rupias. En ese momento descubrí que, en pleno siglo XXI, había un gran vacío en el mercado ya que no había herramientas que facilitaran la vida de los viajeros al cambiar dinero”, cuenta Ekroni a The Objective.

Llega a España la primera app para cambiar dinero desde casa
Tal Ekroni, fundador de FlyMoney. | Foto cedida por Interface Tourism Spain

Supervisado por el Banco de España y el Banco Central Europeo, el cambio de divisas se realiza a través de la web, sin estrés ni necesidad de hacer colas en bancos o aeropuertos y pagar comisiones excesivas. “Todo el proceso es transparente y con la mayor seguridad garantizada. Además, las tarifas proporcionadas son las mejores en el mercado”, asegura el joven emprendedor quien apunta que, además, la herramienta muestra al cliente una comparación para la misma transacción de intercambio si la operación se llevase a cabo a través de una entidad bancaria o aeropuerto. “Siempre ganamos en el aspecto del precio”, insiste Ekroni.

Tras realizar la compra el viajero puede recoger sus divisas en proveedores instalados en alguno de los 56 aeropuertos asociados a la red de FlyMoney (eligiendo si prefieren hacerlo a la salida del viaje o en la llegada al destino), pedir que se le envíe el dinero a casa por mensajero o incluso recogerlo en cualquiera de las oficinas de Correos que existen en España con una espera máxima de un día y medio.

La startup, que fue elegida como la más innovadora de Europa en la competición Visa Everywhere Initiative, cuyo premio se entregó en Copenhague este pasado mes de julio, ofrece más de 72
opciones de divisas diferentes de 117 países, entre los que se encuentran Israel, Rusia, Jordania, Dinamarca, Alemania, España, Suiza, Marruecos, Australia, Uruguay, Paraguay, Brasil, Ecuador, Colombia, Costa Rica, Nicaragua, Guatemala, México, Trinidad y Tobago y República Dominicana.

Y por si algo falla, FlyMoney tiene un servicio de atención al cliente 24 horas y además ofrece la posibilidad de cancelar el pedido sin coste. ¿Alguna vez cambiar dinero fue tan fácil?

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Nosotros, los disrrumpidos

Juan Claudio de Ramón

Foto: Geert Vanden Wijngaert
AP

Cuando hablamos de disrupción tecnológica nos solemos referir a los efectos destructivos que sobre empresas y trabajadores tienen adelantos técnicos que de manera súbita hacen obsoletas viejas y asentadas maneras de producir. El ejemplo más claro quizá sea el de los taxistas, que ven desplomarse el valor de sus licencias y desaparecer su modus vivendi ante el auge de las aplicaciones móviles que permiten geolocalizar conductores privados dispuestos a realizar el mismo trayecto a menor coste. En este y en otros sectores, el vertiginoso ritmo que ha alcanzado el cambio tecnológico (admira pensar que el smartphone sólo tiene diez años) abrirá escenarios difíciles de gestionar por los gobiernos. Pero nosotros, los usuarios, a los que se nos suele creer beneficiarios netos de las nuevas técnicas, ¿no hemos sido también disrrumpidos?

El verbo es horrible, el participio feísimo, pero quizá por ello, preciso y adecuado. Basta con pensar en algunos pasos de nuestra vida diaria, antes rutinarios y placenteros, hoy penosos y enmarañados. En el parque empujo el columpio de mi hija, y mientras lo hago, siento la llamada del smartphone en el bolsillo. Al poco tiempo estoy empujando con una mano y chateando con la otra, privándome de ese momento de intimidad con mi hija que no tardaré en añorar. Y si levanto la mirada, veo que a otros padres les sucede lo mismo. Por la noche, intento ver una película con mi mujer. Compruebo que, por buena que esta sea, me cuesta seguir la trama hasta el final. Y es que nuestro lapso de atención se ha reducido enormemente, y ya la mente cede a la distracción ante todo cuanto excede de las pequeñas píldoras informativas de la era digital. Los viejos atracones de lectura, basados en la capacidad de concentración –concentrarse en aburrirse sin dejar de rendir– quedaron atrás.

Leo en este periódico que las apps de mensajería son ya el principal canal de comunicación de adultos y adolescentes. Bien lo sé: cinco chats diversos llevan un rato parpadeando en mi móvil. Antes de que acabe esta columna, los habré mirado. Y aunque lejos de mí cualquier tentación mecanoclasta, me pregunto qué estará haciendo esta tecnología a mi cerebro. No es buena señal que los que la inventaron, allá en Silicon Valley, estén todos arrepentidos. Justin Rosenstein, el ingeniero que diseñó el botón “me gusta” en Facebook, admite que le quita el sueño haber contribuido a alumbrar un mundo en que todos estamos distraídos todo el tiempo. Llevar el dedo a la pantalla del móvil 2.617 veces al día de media no puede ser bueno para un cableado mental que sencillamente no evolucionó para saber hacer varias cosas a la vez.

Ya veremos cómo acaba todo esto. Mi esperanza es que el péndulo vuelva pronto a la posición de reposo. Nos quedan muchas tardes de parque disfrutando de la venerable tecnología lúdica del columpio. La próxima vez, me dejaré el teléfono en casa.

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Psicología feliz

Lea Vélez

Entro siempre motivada de todo lo que voy a decir. Mientras me dan la acreditación y atravieso la pista de atletismo, hago repaso de las debilidades y bondades de mi hijo. Esta vez me han llamado ellos. Al parecer, el otro día no pudo más y se echó a llorar en clase, diciendo que iba a coger una ametralladora para acabar con todo el colegio. El chiquitín rubio que siempre sonríe, que hace chascarrillos, que saca dieces en las asignaturas más difíciles, el pequeño achuchable de ocho años que va a todas partes con su elefante de peluche, gritó: ¡voy a mataros a todos! Y por primera vez en siete años, no soy yo quien ha de llamar a la pedagoga para pedirle ayuda, para solicitar adaptaciones o ejercicios motivadores para mi hijo de Altas Capacidades que jamás he conseguido. Por primera vez es ella la que me llama a mí para preguntarme si mi hijo es feliz.

Llego a la oficina de la psicóloga. Me hace esperar. Estoy sola, sentada en un aula, en una silla que pone en evidencia mi tamaño. Me siento mayor, gorda, infeliz, encajada en mi pasado escolar. Llega, me saluda cariñosa. Sabe que mi hijo es un cielito y no se ha tomado en serio eso de que va a sacar un arma automática y matar a todo el mundo, claro. Por otra parte, no estamos en USA y por suerte, mis hijos solo tienen osos de peluche. Me digo: ¿Cómo duermen las madres americanas?

La pedagoga me explica lo que ya sé. Que el niño no tiene amigos. Que juegan al fútbol y que él no quiere este año jugar al fútbol. Me explica todo lo que ya sé y todo lo que yo ya les he explicado a los profesores y a los mal llamados psicólogos del colegio diez veces, cien veces, mil veces. Ella nunca “ha llevado mi caso” y tengo que empezar desde el principio, en este eterno día que es como estar en un aeropuerto. Estamos junto la cinta transportadora escolar que ya lleva seis años dando vueltas. Somos como las maletas de un vuelo aterrizado que nadie reclama. Cuando termino de explicarle por qué mi hijo está triste y ella termina de explicarme todas sus estrategias para lograr que haga amigos, y de pedir mi opinión sobre qué puede o no funcionar -Legos, ajedrez, parchís- para que el niño deje de estar triste en los recreos, ya llevamos una hora. Estoy haciéndolo bien, muy contenida y de pronto, dice: “bueno, pues a ver si con todo esto, conseguimos que sea feliz”. Toda mi contención se desvanece. Me convierto en Morgan Freeman en Cadena perpetua, cuando le suelta la filípica a los miembros del comité para su libertad provisional. Le digo:

-No, no va a ser feliz aquí. Yo lo tengo asumido y él lo tiene asumido. Tú no vas a cambiar el colegio, ni vas a despertar de su letargo a la profesora que manda los ejercicios mortales, ni yo voy a ganar nada viniendo cada tres meses a pedir motivación. Antes creía que sí, pedía adaptaciones para mis hijos de Altas Capacidades, pedía ayuda, pero sois como los políticos. Estáis muy convencidos de que hay que servir al pueblo, muy por la labor, muy de hacer promesas, “vamos a probar esto, vamos a probar lo otro, solo nos importa su felicidad”. ¿Pero sabes qué ocurre? Que lo ponéis en práctica durante un mes y luego se os olvida o viene otro padre con otro problema, otro niño amenaza con sacar la metafórica pistola y es el fin de la constancia. Muchos profesores, con honrosas y heroicas excepciones, hacen lo mismo. Traigo ideas y sugerencias para hacer las clases más amenas para todos los niños, no solo para el mío, para que los nombres comunes tengan contexto, les hablen de las Cuevas de Altamira enseñándoles una puñetera foto, en lugar de en una fotocopia mal parida, y decís eso de “en el futuro tendrán que enfrentarse a exámenes así. A que todo sea esquemático”. ¿Y a mí qué me importa el futuro de un niño que llora en presente? Además, no es cierto. Hay profesores que se lo trabajan y buscan motivarlo y yo les estoy inmensamente agradecida. Este año ha tenido mala suerte. Habéis hecho una carrera de psicología, la sociedad ha invertido en vuestra educación un dinero nada despreciable, pero no podéis practicar la psicología. Practicáis lo de todos: la defensa del sistema. Si un niño llora le dais un pañuelo y lo sentís mucho, pero no buscáis la raíz del llanto porque si la buscáis corréis el riesgo de poder encontrarla. Es malo, “el sistema”, me decís todos, como el torturador que tortura por órdenes superiores y se lava las manos. Es lo que hay, me insistís. Yo no sé cuántas veces he escuchado las frases: hay unos objetivos que cumplir. Pues yo también tengo mis objetivos. Los objetivos de las personas se llaman sueños. Sueños, que son lo contrario de vuestras realidades escolares.

La infancia va contigo toda la vida. ¿Te crees que uno es feliz con una infancia desgraciada colgando del alma? ¡A mi qué me importan los exámenes! Dejadle que no termine los bodrios y haced que solo cuente el examen, así, todos cumplimos, vosotros con los objetivos y él con sus sueños. Aquí, el problema es el colegio, el muermo, el aburrimiento, la desmotivación, las horas y las re-horas de todo lo que hay que terminar. Si fuera la profesora la que estuviera castigada a terminar en casa todas las banalidades que no escriben sus alumnos en la clase, ya verías cómo les mandaba escribir otra cosa. Él no es idiota. Se ha ajustado a estar solo en el recreo porque eso es preferible a estar intercambiando cromos del Real Madrid o enfrentándose al miedo de que no quieran que esté en el equipo porque no sabe pasar la pelota. Él está en el colegio, pero su mente está en la universidad. Hay niños que asimilan el colegio y otros que no. Le habéis enseñado que en el colegio, él no puede ganar. Él, con vosotros, nunca gana. Si no copia los rollos mortales de clase, pero saca un diez en el examen, no es buen alumno porque no “trabaja”. Si trabaja como un bestia, que es lo que ha estado haciendo, copiando rollos sobre los determinantes y los nombres comunes, pero saca un cinco: “no demuestra su potencial”. En el colegio nunca se puede ganar porque hacéis que sea una crítica constante. Aquí no existe la felicidad en el término medio y el término medio es la más común felicidad. Y yo hoy, he venido a cumplir un trámite. Hasta ahora creía que podía existir una solución, un parche, pero no lo hay. Según qué profesores tengan mis hijos o según qué amigos tengan, ese año serán felices, o más o menos felices y al año siguiente pues no. Eres psicóloga, pero el problema no es que mi hijo sea más o menos activo, más o menos inteligente, más o menos sociable. El problema es que el niño escolar no tiene nada que ver con el niño real. Nada es divertido, las asignaturas son banalidades esquemáticas, textos infumables que hay que copiar, listas de nombres que nunca se acaban, perros que ladran, gatos que maúllan con su determinante indeterminado, definiciones, la mayor parte del tiempo, equivocadas. Enfundar: ponerse ropa de vestir. No señora, enfundar no es eso, por mucho que lo diga el errado e infumable libro de Lengua. Enfundar es meter algo en una funda y a veces se puede utilizar metafóricamente, como “ir enfundado en los pantalones” como lomo en tripa, que decía mi abuela. Uno no se enfunda el abrigo, a no ser que le quede raquítico, que es lo que hace el dichoso abuelo del texto del libro. Vocabulario del tema 3: anemómetro, mosaico y horóscopo. Tres palabras que vienen a cuento de un texto de un abuelo que se enfunda el abrigo para explicarle a su incrédulo nieto que encontró un mosaico romano debajo de la cocina de su casa y que se lo llevaron y lo colocaron en un museo. ¿Les queréis hablar de los mosaicos sin gilipolleces? Habladles de los mosaicos de verdad. El mejor está en Antioquía. Ya verás qué éxito. Ya verás cómo escribe sobre los romanos. Son unos textos y unos ejercicios, estos del libro, que es como para que sea yo la que venga con la ametralladora. Es tremendo que tú seas psicóloga y que sepas que la raíz del mal es todo esto que digo, que lo sepas y que te calles y que defiendas lo indefendible, justificando en tu mente que no nos queda otra opción que ofrecerle unos Legos y un parchís, mientras me dices que a ver si logramos que sea feliz. Es indecente que me llames y me preguntes si el problema lo tiene en casa. Porque sí, sí, la verdad, lo tiene. La respuesta es sí. El problema de mi hijo es, irónicamente, que en casa es inmensamente feliz.

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Ser un príncipe ‘moderno’ en Arabia Saudita

Redacción TO

Foto: Saudi Press Agency
Reuters

El pasado 4 de noviembre más de 200 personas fueron detenidas en Arabia Saudita sin acusaciones formales ni procedimientos jurídicos. Entre ellas, príncipes, ministros e importantes hombres de negocios cayeron en una operación anticorrupción lanzada por una comisión presidida por el príncipe heredero, Mohamed bin Salmán, que ha tomado ciertas medidas para introducir cambios inéditos en el país como llevarlo de una economía dependiente del petróleo a una diversificada.

Al joven de 32 años no le titubeó la mano. Entre los nombres de los arrestados destacan el de uno de los inversores más poderosos del mundo: el príncipe Alwalid Bin Talal, quien tiene intereses en compañías como Citigroup, 21st Century Fox y Twitter, y el del príncipe Mutaib bin Abdalá, el hijo favorito del difunto rey Abdalá.  Poco antes de las detenciones, Mutaib bin Abdalá había sido retirado de su puesto como jefe de la Guardia Nacional.

Según apuntan medios locales, con esta acción el príncipe heredero y principal asesor del rey Salmán, logró poner bajo su control a los tres servicios de seguridad del país: el Ejército, los servicios de seguridad interna y la Guardia Nacional. Por décadas estos poderes se habían distribuido entre las ramas del clan de la casa de Saúd para mantener un equilibrio de poder.

Con la ‘purga’, Bin Salmán supuestamente intenta combatir uno de los principales problemas que sufre el país: la corrupción. Sin embargo, esta acción ha preocupado a observadores internacionales y a los propios ciudadanos que la han considerado como una “apuesta muy arriesgada”. Incluso algunos lo acusan de buscar “desestabilizar la región” y de pretender deshacerse de personas que no apoyan sus reformas e ideas.

En cambio, otros como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le han dado su apoyo. Un día después de la operación, Trump escribió en su Twitter: “Tengo mucha confianza en el rey Salmán y en el príncipe heredero que saben perfectamente lo que están haciendo”. “¡Algunos de los que son tratados duramente han exprimido a su país durante años!”, añadió.

Quebrantamiento de la línea de sucesión 

En junio de este año, el rey Salmán bin Abdulaziz designó a su hijo “preferido” Mohamed bin Salmán como príncipe heredero, relevando en el cargo y en la línea sucesoria a su sobrino y príncipe Mohamed bin Nayef, según un decreto real. Con esta medida, el rey quebró por primera vez la línea de descendencia aunque contó con el apoyo de 31 de los 34 miembros del Consejo de Lealtad, órgano creado en 2006 por el entonces monarca Abdullah Bin Abdulaziz al Saud para dirimir sobre cuestiones sucesoriales.

En aquel decreto, el rey también ordenó enmendar el segundo párrafo del régimen del Consejo de Lealtad, en el que se determina que el Gobierno debe ser ejercido por los hijos del fundador del reino, Abdelaziz bin Abdelrahman al Faisal al Saud, y agregó que pueden dirigir el país sus nietos.

Mohamed bin Salmán podría convertirse en una de las figuras más poderosas del mundo árabe. The New York Times destaca que, hasta el momento, ha bloqueado a la vecina Catar, ha acusado a Irán de actos de guerra y ha alentado la renuncia del primer ministro libanés. Y en Yemen, sus fuerzas armadas están luchando en el conflicto religioso de esa nación contra una facción de hutíes alineados con Irán. 

Al ser el principal asesor del rey, se dice que ha movido los hilos de sus drásticas decisiones, como la transformación de algunos ministerios, entre ellos el de Economía, y la destitución de algunos líderes de la vieja guardia. Como ejemplo, en mayo del año pasado, Alí al Naimi, que estuvo por dos década a la cabeza del Ministerio de Petróleo, fue relevado por el presidente de la petrolera estatal Aramco, Jalid al Falih, un estrecho aliado del príncipe.

¿Mayores posibilidades para las mujeres?

Mohamed bin Salmán antes de ser designado como heredero al trono,  ya contaba con el puesto de ministro de Defensa. Es el hombre más joven del mundo en ejercer ese cargo. Aunque pertenece a una de las corrientes musulmanas más conservadoras, el wahabismo, Bin Salmán ha elogiado un “islam moderado” en el que las mujeres tendrán mayores derechos.

De acuerdo a una medida que ya ha sido aprobada, las saudíes podrán conducir a partir de junio de 2018 en el único país en el mundo que todavía mantiene la prohibición. Otro de los cambios ‘aperturistas’ fue anunciado en octubre, cuando el Gobierno dijo que autorizará a las mujeres a asistir a estadios deportivos. De momento, el próximo año podrán ir a tres recintos pero solo junto a sus maridos.

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Arabia Saudita es el único país que aún prohibe a las mujeres conducir| Foto: Faisal Al Nasser / Reuters

¿Una ‘Visión 2030’?

En el programa de Gobierno del príncipe Bin Salamán presentado en abril de 2016, llamado ‘Visión 2030’, se menciona explícitamente la intención de “empoderar a las mujeres y hacer efectivo su potencial” con el objetivo de elevar su participación en la fuerza de trabajo y la productividad nacional.

Para el monarca esto se traduce en aumentar la participación femenina en el mercado laboral de 22% a 30%, como lo recoge el documento. Esta cifra forma parte de los índices que el Foro Económico Mundial ha usado para situar a Arabia Saudí en el puesto 138 de 145 países respecto a las oportunidades y participación económica de las mujeres, a pesar de que el 60% de los estudiantes que se gradúan de carreras universitarias son chicas, según la OECD.

A pesar de las promesas, Human Rights Watch ha denunciado que no ha sido concretada la orden real de abril de este año en la que se autorizó suavizar la tutoría del hombre a la que están sometidas las saudíes. En el reino del Golfo ellas todavía deben contar con la autorización de un tutor hombre, que generalmente es su padre, esposo o hermano, para poder viajar, estudiar, sacarse el pasaporte, contraer matrimonio o incluso salir de la cárcel tras haber cumplido alguna condena. De modo, que hasta que las cosas no cambien en la práctica, las ofertas del príncipe serán palabras al viento.

Transformaciones económicas

Otro de los principales giros que busca el príncipe y que también está plasmado en ‘Visión 2030’ es convertir a Arabia Saudita en una economía diversa, no dependiente del petróleo, como lo ha sido hasta ahora. Para ello pretende privatizar la petrolera Aramco.  “En Arabia Saudita hemos desarrollado una adicción al petróleo”, expresó Salmán en una entrevista con la televisora estatal Al Arabiya. Por su parte,  la BBC señala que lograr que el país se sobreponga a esa dependencia no será fácil ya que obtiene más de 70% de sus ingresos por la venta de crudo. Además, entre otro de sus objetivos económicos, está aumentar la aportación del sector privado al PIB a un 65% en 2030 (actualmente es de 40%).

Más novedades

El llamado ‘príncipe detrás del trono’ ha anunciado la restricción de facultades de la policía religiosa llamada ‘Comité de la propagación de la virtud y prevención del vicio’, cuerpo de encargado de aplicar la estricta versión saudí de la sharia. Además de las anteriores, otra muestra de ‘modernidad’ que llamó la atención de los medios fue cuando Mohamed visitó al fundador de Facebook, Marck Zuckerberg, con vaqueros en vez de su túnica blanca, y su reciente encuentro con el co-fundador de Microsoft, Bill Gates.

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El príncipe se reunió recientemente con el co-fundador de Microsoft, Bill Gates. | FOTO: Reuters Handout

Estas reuniones con los ‘reyes de la tecnología’ posiblemente forman parte de sus planes de modernizar la nación. El más ambicioso hasta el momento es el de construir una nueva metrópolis que se extenderá por tres países y costará 500.000 millones de dólares. El proyecto, llamado NEOM, fue anunciado en una conferencia de inversiones. 

De modo que ser un príncipe moderno en Arabia Saudita está lleno de matices. El joven abogado deberá enfrentar a algunos clérigos que no concuerdan con sus ideas ‘vanguardistas’, a una élite empresarial acostumbrada a subsidios estatales y tendrá que crear planes más concretos para la materialización de sus objetivos. Además, sus decisiones en cuanto a mejorar los derechos de la mujer aún están muy lejos de parámetros dispuestos por las organizaciones defensoras.

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