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Verde esperanza desde el Monte Qasioun: la destrucción del patrimonio sirio

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Rodrigo Isasi
The Objective

Cuenta la leyenda que el día del Juicio Final Jesús descenderá del Cielo y desde lo más alto de uno de los minaretes de la Gran Mezquita de los Omeyas de Damasco proclamará el advenimiento del Reino de los Cielos y el fin del mundo tal y como lo conocemos. Puede que para muchos sirios el fin del mundo comenzara hace ya seis años, un 15 de marzo de 2011, cuando el conflicto estalló en el país. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos (Osdh) ha asegurado que desde entonces 321.358 personas han muerto y 145.000 están desaparecidas. De todas ellas, más de 96.000 eran civiles.

Hace apenas seis años, cuando te adentrabas en la ciudad antigua de Alepo o Damasco y deambulabas por sus calles, iluminadas de noche por las luces amarillas de las farolas y las verdes de los minaretes de las mezquitas, tenías una enorme sensación de paz. Actualmente el escenario ha cambiado y todo aquello se ha convertido en vagos recuerdos. La guerra siria no distingue de credos ni edades; de objetivos militares ni edificios civiles; de aquello que es patrimonio de interés cultural de lo que no lo es. Algunos de los edificios históricos más emblemáticos, hoy se encuentran dañados o en ruinas. Los constantes bombardeos, los actos vandálicos del autoproclamado Estado Islámico y los expolios, están acabando con parte del patrimonio de Siria. Alepo, junto con Palmira, son dos de las ciudades más afectadas por este problema.

¿Por qué el grupo Estado Islámico destruye el patrimonio?

La actuación del grupo terrorista Estado Islámico no se trata tanto de una cuestión religiosa -que lo es en cierto modo- como de una estrategia propagandística. La instrumentalización de la religión se convierte en un arma perfecta para lograr unos objetivos muy concretos: sembrar miedo, terror, superioridad o provocación.. Destrozar e incluso conquistar asentamientos arqueológicos es una manera de demostrar su poderío y de intentar desacreditar la labor y la autoridad de las fuerzas de seguridad locales.

El patrimonio cultural en todos sus ámbitos (material e inmaterial) es indispensable para construir la identidad de un pueblo o una región; es un elemento clave para construir la identidad pasada presente y futura de una sociedad y para construir un espíritu de unión nacional. Algunos de los principales sitios dañados por el conflicto son:

La ciudad monumental de Palmira

La ciudad monumental de Palmira se sitúa en el desierto sirio, a tres kilómetros de la ciudad de Tadmir. Durante su época de pleno apogeo fue la capital del Imperio de Palmira, bajo el   efímero reinado de la reina Zenobia, entre los años 268 a 272. Este monumento fue declarado patrimonio de la humanidad en 1980 por la Unesco.

Los yihadistas del grupo Estado Islámico han acabado con parte de la arquitectura y las artes de Palmira que fusionaron en los siglos I y II las técnicas grecorromanas con las tradiciones artísticas autóctonas y persas. Entre los elementos destruidos o dañados se encuentran el arco monumental de la ciudad, el teatro romano  y el templo de Bel, entre otros.

El teatro romano en 2010:

Verde esperanza desde el Monte Qasiún: así era el patrimonio sirio
Teatro romano de Palmira (Siria) en 2010 | Foto: Rodrigo Isasi

El teatro romano en 2017:

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El teatro romano el 3 de marzo de 2017 | Foto: AFP PHOTO/STRINGER

El templo de Bel en 2010:

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Templo de Bel en 2010. | Foto: Rodrigo Isasi

El templo de Bel en 2016:

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Restos del templo de Bel el 1 de abril de 2016 | Foto: REUTERS/Omar Sanadiki

El Arco Monumental en 2010:

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Arco Monumental de Palmira el 5 de agosto de 2010 | Foto: REUTERS/Sandra Auger

El Arco Monumental en 2016:

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Arco Monumental de Palmira el 1 de abril de 2016 | Foto: REUTERS/Omar Sanadiki

La gran mezquita de Alepo

La Mezquita Omeya de Alepo fue la mezquita más grande de la ciudad hasta 2013, cuando fue devastada por los bombardeos. El centro religioso fue construido por el califa Walid I en el siglo VIII sobre los restos de un templo romano y de una iglesia bizantina, y tuvo que ser reconstruido tras un incendio que le destruyó completamente en 1169, momento en el que se aprovechó para incorporar un minarete de 45 metros de altura, totalmente destruido en la actualidad. La mezquita era conocida por albergar los restos del profeta Zacarías.

Mezquita Omeya en 2010:

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Patio de la mezquita Omeya de Alepo en 2010 | Foto: Rodrigo Isasi

Mezquita Omeya en 2016:

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Patio de la mezquita Omeya de Alepo el 13 de diciembre de 2016 | Foto: REUTERS/Omar Sanadiki

La ciudadela de Alepo

La ciudadela de Alepo es una fortaleza medieval del siglo XIII considerada uno de los castillos más grandes y antiguos del mundo.

Ciudadela en 2010:

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La ciudadela de Alepo en 2010 | Foto: Rodrigo Isasi

Ciudadela en 2016:

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La ciudadela de Alepo el 13 de diciembre de 2016 | Foto: REUTERS/Omar Sanadiki

La pérdida de identidad

La destrucción del patrimonio supone también una pérdida de identidad personal (documentos de identidad) y nacional. El patrimonio inmaterial tiene una importancia muy grande en lo referente a la construcción del concepto de identidad nacional. La destrucción del mismo tiene unas consecuencias futuras nefastas en la cohesión social de un pueblo una región. En Siria algunos de los elementos más afectados por el conflicto y que pueden acabar desapareciendo son:

  • El uso de la lengua aramea en la liturgia de la iglesia siriaca en las regiones próximas a Damasco.
  • Los empleos tradicionales y artesanales como el soplado de vidrio, los damasquinados, la taracea o los tejidos naturales. El encarecimiento de los materiales por el conflicto bélico, y la pérdida de clientela y turismo, obliga a muchos artesanos a dejar su trabajo e incluso a abandonar su país. Estos trabajos son principalmente transmitidos de forma oral de generación en generación, por lo que una vez abandonados, son difícilmente recuperables.
  • Algunas fiestas católicas u ortodoxas, principalmente en la región de Raqqa, donde miles de ciudadanos de esta corriente religiosa se han visto obligados a abandonar el país.

Verde esperanza desde el Monte Qasiún: seis años de destrucción del patrimonio sirio
Beduina siria cerca de Palmira en 2010 | Foto: Rodrigo Isasi

La Siria de ayer

Todavía recuerdo, como si fuera ayer, aquella noche del 6 de agosto de 2010, recorriendo la Vía Recta del casco antiguo de Damasco en dirección a la ciudadela, donde el músico libanés Marcel Khalife tañía su laúd árabe ofreciendo el último de sus conciertos en el país gobernado por Bashar Al Assad. “Añoro el pan de mi madre, el café de mi madre, las caricias de mi madre… Día a día, la infancia crece en mí y deseo vivir porque si muero, sentiré vergüenza de las lágrimas de mi madre…”, así reza una de sus canciones basada en un poema del palestino Mahmoud Darwish.

Por suerte, el patrimonio de Damasco aún se conserva en pie y todavía es posible subir al Monte Qasioun, donde se puede contemplar la inmensidad de una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo, donde se respira un poco de paz y donde es posible ver el anochecer mientras las luces verdes de las mezquitas, que llaman al unísono a la oración, y las amarillas de las casas, hacen su aparición en la ciudad del Sham, como se refieren a ella algunos lugareños. Hoy las luces que alumbran algunos barrios son las provocadas por los destellos de los morteros, por el fuego de las explosiones y por los disparos de los fusiles pero, mientras haya una luz encendida en las faldas del Monte Qasioun, aunque solo sea la de una casa o la de una mezquita, no estará todo perdido, aún habrá un pequeño atisbo de esperanza para el pueblo sirio y su patrimonio.

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Siria se presenta en Fitur como destino turístico "seguro" en plena guerra

Lidia Ramírez

Foto: L.R.
The Objective

Después de siete años de guerra civil, muchos son los lugares de Siria que han quedado reducidos a escombros y hoy permanecen casi abandonados. Si hace apenas una década este país se presentaba como un lugar donde había que ir al menos una vez en la vida, actualmente es un lugar hostil que pocos se atreven a visitar.

En un momento en el que la situación parece haberse calmado tras la recuperación por parte del Gobierno sirio del último bastión en manos del Estado Islámico, Siria, por primera vez, se presenta en esta edición de Fitur como un destino más que todo turista tiene que visitar.  Sin embargo, esta calma aparente es solo la capa más superficial de un conflicto que ha diezmado al país y ha dejado, sólo en 2017, más de 10.000 civiles asesinados.

De esta forma, en uno de los folletos informativos que el stand de Siria facilita a los visitantes y que vende al país como “la cuna de la civilización”, se puede leer: “El turista puede moverse con toda libertad y viajar por todo el país de forma segura“. Esto puede parecer algo cuestionable en un momento en el que el Estado Islámico todavía conserva el control de algunas áreas del desierto y aldeas cercanas, y unas 2.500 familias permanecen aún cercadas por el grupo terrorista, según el Alto Comisionado Iraquí para los Derechos Humanos.

Siria se presenta en Fitur como destino turístico "seguro" en plena guerra 3
Stand de Siria en Fitur 2018. | Foto: J.R./The Objective

Por su parte, Ziad Bakhi, funcionario del Ministerio de Turismo sirio, asegura a The Objective que “la mayor parte de Siria es segura, muy pocas zonas permanecen en conflicto”,  y agrega: “Nuestras zonas de turismo están a más de 100 kilómetros de las zonas hostiles“. “Las zonas en conflicto están muy lejos de las zonas turísticas”, termina insistiendo.

Como destinos imperdibles, nos aconseja visitar Palmira, “un oasis del que brotan las fuentes de la historia de Siria” y que el Estado Islámico casi redujo a escombros llevándose así más de 2.000 años de historia. Para muchos, esta hermosa perla del desierto tiene –o tenía– una riqueza cultural solo comparable a la de Pompeya (Italia) y Éfeso (Turquía). En marzo de 2017, el Gobierno consiguió expulsar definitivamente a los terroristas de esta zona, pero el daño ya era demoledor y la destrucción irreversible.

Inmersa en una guerra, Siria se presenta en Fitur como destino turístico
RESTOS DEL ARCO DEL TRIUNFO DESTRUIDO POR EL ESTADO ISLÁMICO. (AFP/MAHER-AL-MOUNES)

Alepo es otro de los destinos que nos aconsejan visitar desde el stand de Fitur este 2018. “Esta gran ciudad puede presumir de un próspero presente, de cuidados barrios residenciales con edificios de los estilos arquitectónicos más variados y del verde de los parques y jardines que en ellos abundan”, se lee en el folleto informativo. Sin embargo, la realidad dista mucho de esta afirmación. Y es que después de siete años de conflicto y bombardeos, muchas son las zonas totalmente destruidas, haciendo de esta ciudad prácticamente una urbe fantasma.

Siria se presenta en Fitur como destino turístico "seguro" en plena guerra 1
Varios niños juegan entre los escombros en un barrio de Alepo. | Foto: Max Black/AP

Damasco o Homs también son otros destinos “totalmente seguros”, nos informan desde el punto promocional de Siria en Fitur, situado en el pabellón 4 de Ifema; al igual que la histórica Resafa que, abandonada por sus habitantes a principios del siglo XII tras la llegada de los mongoles primero y de los turcos después, es hoy día un sitio arqueológico de gran valor histórico localizado al sudoeste de la ciudad de Al Raqa y el río Éufrates. Tras tres años de ocupación yihadista, el 19 de junio de 2017, el Gobierno de Al Assad recuperó la ciudad de manos del Estado Islámico. Aunque los terroristas colocaron minas en algunos monumentos históricos, gran parte de las ruinas parecen estar en buenas condiciones.

Para Ziad Bakhi visitar estas zonas, “cunas de la civilización”, es una forma de “apoyar al pueblo que ha sufrido terrorismo”. Además, asegura que están haciendo “todo lo posible por restaurar los lugares destruidos y recuperarlos de una forma rápida”.

Algunos datos…

Justo antes de la guerra civil, en 2010, 8,5 millones de turistas habían visitado Siria ese año. Un 40% más que en 2009, según el entonces ministro de turismo, Saadallah Agha Al Qala. En 2015, la afluencia de turistas había caído un 98%. Y para este 2018, desde International SOS advierten: “Siria, junto a Irak, Afganistán, Pakistán, Yemen, Somalia, Sudán, Yemen y Libia, sigue siendo uno de los países más peligroso para visitar este año”.

Y es que promocionar el turismo en un país desgarrado por una guerra que ha acabado con la vida de más de 450.000 personas y ha obligado a abandonar sus hogares a otros cinco millones se antoja, para varios visitantes que han pasado por el stand, “falto de cordura”. Hoy, según la OCHA, más de 13 millones de sirios necesitan ayuda básica y protección en el séptimo invierno desde el inicio del conflicto en marzo de 2011. Además, se calcula que el 69% de la población del país vive en una pobreza extrema.

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Miedo vintage en Hawai

Pablo Mediavilla Costa

Foto: Lee Jin-man
AP Foto

Aunque vivamos en el futuro, lo viejo es obstinado. El botón como imagen del cataclismo nuclear ha regresado con fuerza. Trump ha advertido a Kim Jong-un que el suyo es más grande y que se ande con ojo. En realidad es un código que el presidente debe llevar siempre a cuestas -Mónica G. Prieto contaba ayer en El Mundo que Clinton lo extravió durante unos meses-, pero lo del botón, una antigualla en este mundo táctil, es más gráfico y se ajusta a lo azaroso del asunto. ¿Quién no ha encendido sin querer alguna vez la luz del pasillo?

El pasado sábado, los habitantes de Hawai vivieron media hora de agonía por culpa de un funcionario que apretó por error otro botón -de nuevo, inaudita y solvente explicación- que envió la siguiente alerta a móviles, televisiones y radios del archipiélago: “Amenaza de misil balístico en dirección a Hawai. Busque refugio de inmediato. Esto no es un simulacro”. Mientras algunas familias metían a sus hijos en el sistema de alcantarillado, un turista se alegraba en Twitter de lo despejado que había quedado el buffet libre de su hotel.

Se vive tan bien que no se acaba de tomar en serio esta nueva Guerra Fría, aunque haya instalado su decorado y su léxico; sus maniobras de la OTAN, el espionaje de gabardina y bigote, el agitprop y el miedo. Rusia tiene sometida a media Europa con su psicodrama de hombrecillos agazapados en los bosques nevados y Estados Unidos parece tentado a volver a Asia, donde tanta piel ha cobrado y se ha dejado. China observa, como acostumbra; Irán y Arabia Saudí se enzarzan en Siria y Yemen, Europa enredada en sus fantasmas… El sueño erótico del pesimista profesional.

Si es cierto el dicho popular sobre lo que cada presidente norteamericano trae bajo el brazo; nadie quiere ni pensar en el turno de Trump. Corea del Sur ha dejado claro que cualquier acción contra sus hermanos descarriados del norte debe pasar por sus manos, pues son las que pagarían todas las facturas: la de la Bomba, la de la reconstrucción y los millones de refugiados que debería acoger y la de lo que tanto le gusta apuntar a nuestro hombre en Pyongyang, Alejandro Cao de Benós, cuando pasea a los periodistas por la Zona Desmilitarizada: los campos del norte están sembrados de piezas de artillería que destruirían Seúl en minutos, a solo 56 kilómetros de la frontera. La evaporación del norte está asegurada en cualquiera de los escenarios agresivos.

Los números dicen que el mundo está mejor que nunca, pero hay una nostalgia del desastre; una pulsión aguafiestas por creer que estamos a un loco y un botón del abismo. Prefiero pensar que, al menos, seguiremos en la paz del buffet libre hawaiano y no volveremos al blanco y negro de Sterling Hayden atrincherado en su base y mascullando que los comunistas han fluorizado el agua.

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Vídeo: La impactante historia detrás de la bofetada de Ahed Tamimi

Rodrigo Isasi Arce

La adolescente de 16 años Ahed Tamimi se ha convertido en toda una heroína en Palestina y en una convicta en Israel, después de que el pasado día 15 de diciembre propiciara una bofetada a un soldado israelí. Cinco días después era arrestada y puesta a disposición de un tribunal militar. La joven se enfrenta ahora a una pena de siete años de prisión. Pero, ¿Qué es lo que llevó a Ahed a enfrentarse violentamente al soldado? Lee la historia completa aquí.

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La impactante historia detrás de la bofetada de Ahed Tamimi

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Ammar Awad
Reuters

La adolescente de 16 años Ahed Tamimi se ha convertido en toda una heroína en Palestina y en una convicta en Israel, después de que el pasado día 15 de diciembre propiciara una bofetada a un soldado israelí. Cinco días después era arrestada y puesta a disposición de un tribunal militar. La joven se enfrenta ahora a una pena de siete años de prisión. Pero, ¿Qué es lo que llevó a Ahed a enfrentarse violentamente al soldado?

El 15 de diciembre Mohammed Tamimi, de 15 años de edad y primo de Ahed, se dirigía a participar en unas protestas en Nabi Saleh contra la decisión de Donald Trump, una semana antes, de reconocer a Jerusalén como capital de Israel. Los militares israelíes se habían concentrado en una construcción amurallada conocida como la ‘villa’, destinada a ser una clínica de salud alternativa que todavía no ha abierto debido a la situación en la región. Mohammed, que no sabía que los militares estaban allí, se acercó y se encaramó a la valla que rodea el edificio, pero, en cuanto se asomó por encima del muro, un soldado israelí disparó a su cabeza a pocos metros de distancia.

Una bala recubierta de goma penetró por la mandíbula del adolescente, rompíendosela, y llegó hasta su cabeza, donde se quedó alojada. Las personas que estaban alrededor corrieron a socorrer al joven y le llevaron en un automóvil privado a una clínica situada en el pueblo de Beit Rima, donde recibió primeros auxilios. Junto a Mohammed se encontraba otro primo de 20 años de edad, que relata al diario israelí Hareetz que una vez finalizados los primeros tratamientos, y debido a la gravedad de las heridas, decidieron trasladar al niño en una ambulancia palestina a un hospital.

La sorprendente historia detrás de la bofetada de Ahed Tamimi
Mohammed Tamimi se recupera de sus heridas en su casa familiar en Nabi Saleh, el 5 de enero. | Foto: Majdi Mohammed/AP Photo

“Los soldados en el puesto de control a la salida de Nabi Saleh ordenaron detener la ambulancia, y tras observar el estado del paciente y consultar a sus superiores por radio, ordenaron al conductor de la ambulancia que se dirigiera a Ramallah, y no permitieron que Mohammed ingresara a Israel para recibir tratamiento médico“, se puede leer en Hareetz. Finalmente fue ingresado en el Hospital  privado Istishari, donde los médicos decidieron operar y sacar la bala.

Aproximadamente 24 horas después, Mohammed comenzó a recuperar el conocimiento y ahora se recupera en su casa. Una cicatriz recorre toda su cabeza, los puntos de sutura quedan marcados en su cara, el craneo está deformado y los médicos temen las secuelas que le pueden dejar las heridas en la vista y el oído. Durante los próximos seis meses, el adolescente no podrá acudir a la escuela ni salir de su vivienda, por sus lesiones. Algunos de los huesos de su cráneo tuvieron que ser removidos en la operación.

Solo unas pocas docenas de metros separan el lugar donde los soldados dispararon a Mohammed y la casa de Ahed. Los familiares cuentan a Hareetz que cuando Ahed se enteró de lo sucedido, rompió a llorar. Unas horas después, la muchacha increpaba a los militares y golpeaba a un soldado.

Pero no todo acaba aquí para la familia Tamimi, el 3 de enero de 2018, otro primo de Ahed, en este caso Musab Firas Al Tamimi, de 17 años de edad, recibió un disparo de un soldado israelí, en este caso, la bala no estaba recubierta de goma y atravesó el cuello del joven palestino. Consiguieron trasladarlo a un hospital cercano, pero los médicos, no pudieron hacer nada para salvar su vida. Musab es la primera víctima mortal de este año del conflicto entre Palestina e Israel. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) informaron que habían decidido abrir fuego contra el joven ya que “parecía tener un arma”, aunque de momento no ha sido conformado y el hecho está siendo investigado.

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Varios hombres portan el cuerpo de Mosab Al Tamimi durante su funeral cerca de la ciudad cisjordana de Ramallah, el 4 de enero de 2018. | Foto: Mohamad Torokman/Reuters

Ahed, Mussab y Mohammed, no son las únicas víctima de la familia Tamimi. En el pasado, el Ejército israelí mató a Mustafa y a Rushdi, primo y tío, respectivamente, de la pequeña Ahed. Los soldados también hirieron en una ocasión a su madre, y arrestaron durante más de un año a su padre, Bassem Al Tamimi. Pese a todo lo sucedido, la familia Tamimi sigue luchando para conseguir liberar a Ahed y acabar con la “ocupación” israelí.

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