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Verde esperanza desde el Monte Qasioun: la destrucción del patrimonio sirio

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Rodrigo Isasi
The Objective

Cuenta la leyenda que el día del Juicio Final Jesús descenderá del Cielo y desde lo más alto de uno de los minaretes de la Gran Mezquita de los Omeyas de Damasco proclamará el advenimiento del Reino de los Cielos y el fin del mundo tal y como lo conocemos. Puede que para muchos sirios el fin del mundo comenzara hace ya seis años, un 15 de marzo de 2011, cuando el conflicto estalló en el país. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos (Osdh) ha asegurado que desde entonces 321.358 personas han muerto y 145.000 están desaparecidas. De todas ellas, más de 96.000 eran civiles.

Hace apenas seis años, cuando te adentrabas en la ciudad antigua de Alepo o Damasco y deambulabas por sus calles, iluminadas de noche por las luces amarillas de las farolas y las verdes de los minaretes de las mezquitas, tenías una enorme sensación de paz. Actualmente el escenario ha cambiado y todo aquello se ha convertido en vagos recuerdos. La guerra siria no distingue de credos ni edades; de objetivos militares ni edificios civiles; de aquello que es patrimonio de interés cultural de lo que no lo es. Algunos de los edificios históricos más emblemáticos, hoy se encuentran dañados o en ruinas. Los constantes bombardeos, los actos vandálicos del autoproclamado Estado Islámico y los expolios, están acabando con parte del patrimonio de Siria. Alepo, junto con Palmira, son dos de las ciudades más afectadas por este problema.

¿Por qué el grupo Estado Islámico destruye el patrimonio?

La actuación del grupo terrorista Estado Islámico no se trata tanto de una cuestión religiosa -que lo es en cierto modo- como de una estrategia propagandística. La instrumentalización de la religión se convierte en un arma perfecta para lograr unos objetivos muy concretos: sembrar miedo, terror, superioridad o provocación.. Destrozar e incluso conquistar asentamientos arqueológicos es una manera de demostrar su poderío y de intentar desacreditar la labor y la autoridad de las fuerzas de seguridad locales.

El patrimonio cultural en todos sus ámbitos (material e inmaterial) es indispensable para construir la identidad de un pueblo o una región; es un elemento clave para construir la identidad pasada presente y futura de una sociedad y para construir un espíritu de unión nacional. Algunos de los principales sitios dañados por el conflicto son:

La ciudad monumental de Palmira

La ciudad monumental de Palmira se sitúa en el desierto sirio, a tres kilómetros de la ciudad de Tadmir. Durante su época de pleno apogeo fue la capital del Imperio de Palmira, bajo el   efímero reinado de la reina Zenobia, entre los años 268 a 272. Este monumento fue declarado patrimonio de la humanidad en 1980 por la Unesco.

Los yihadistas del grupo Estado Islámico han acabado con parte de la arquitectura y las artes de Palmira que fusionaron en los siglos I y II las técnicas grecorromanas con las tradiciones artísticas autóctonas y persas. Entre los elementos destruidos o dañados se encuentran el arco monumental de la ciudad, el teatro romano  y el templo de Bel, entre otros.

El teatro romano en 2010:

Verde esperanza desde el Monte Qasiún: así era el patrimonio sirio
Teatro romano de Palmira (Siria) en 2010 | Foto: Rodrigo Isasi

El teatro romano en 2017:

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El teatro romano el 3 de marzo de 2017 | Foto: AFP PHOTO/STRINGER

El templo de Bel en 2010:

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Templo de Bel en 2010. | Foto: Rodrigo Isasi

El templo de Bel en 2016:

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Restos del templo de Bel el 1 de abril de 2016 | Foto: REUTERS/Omar Sanadiki

El Arco Monumental en 2010:

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Arco Monumental de Palmira el 5 de agosto de 2010 | Foto: REUTERS/Sandra Auger

El Arco Monumental en 2016:

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Arco Monumental de Palmira el 1 de abril de 2016 | Foto: REUTERS/Omar Sanadiki

La gran mezquita de Alepo

La Mezquita Omeya de Alepo fue la mezquita más grande de la ciudad hasta 2013, cuando fue devastada por los bombardeos. El centro religioso fue construido por el califa Walid I en el siglo VIII sobre los restos de un templo romano y de una iglesia bizantina, y tuvo que ser reconstruido tras un incendio que le destruyó completamente en 1169, momento en el que se aprovechó para incorporar un minarete de 45 metros de altura, totalmente destruido en la actualidad. La mezquita era conocida por albergar los restos del profeta Zacarías.

Mezquita Omeya en 2010:

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Patio de la mezquita Omeya de Alepo en 2010 | Foto: Rodrigo Isasi

Mezquita Omeya en 2016:

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Patio de la mezquita Omeya de Alepo el 13 de diciembre de 2016 | Foto: REUTERS/Omar Sanadiki

La ciudadela de Alepo

La ciudadela de Alepo es una fortaleza medieval del siglo XIII considerada uno de los castillos más grandes y antiguos del mundo.

Ciudadela en 2010:

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La ciudadela de Alepo en 2010 | Foto: Rodrigo Isasi

Ciudadela en 2016:

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La ciudadela de Alepo el 13 de diciembre de 2016 | Foto: REUTERS/Omar Sanadiki

La pérdida de identidad

La destrucción del patrimonio supone también una pérdida de identidad personal (documentos de identidad) y nacional. El patrimonio inmaterial tiene una importancia muy grande en lo referente a la construcción del concepto de identidad nacional. La destrucción del mismo tiene unas consecuencias futuras nefastas en la cohesión social de un pueblo una región. En Siria algunos de los elementos más afectados por el conflicto y que pueden acabar desapareciendo son:

  • El uso de la lengua aramea en la liturgia de la iglesia siriaca en las regiones próximas a Damasco.
  • Los empleos tradicionales y artesanales como el soplado de vidrio, los damasquinados, la taracea o los tejidos naturales. El encarecimiento de los materiales por el conflicto bélico, y la pérdida de clientela y turismo, obliga a muchos artesanos a dejar su trabajo e incluso a abandonar su país. Estos trabajos son principalmente transmitidos de forma oral de generación en generación, por lo que una vez abandonados, son difícilmente recuperables.
  • Algunas fiestas católicas u ortodoxas, principalmente en la región de Raqqa, donde miles de ciudadanos de esta corriente religiosa se han visto obligados a abandonar el país.

Verde esperanza desde el Monte Qasiún: seis años de destrucción del patrimonio sirio
Beduina siria cerca de Palmira en 2010 | Foto: Rodrigo Isasi

La Siria de ayer

Todavía recuerdo, como si fuera ayer, aquella noche del 6 de agosto de 2010, recorriendo la Vía Recta del casco antiguo de Damasco en dirección a la ciudadela, donde el músico libanés Marcel Khalife tañía su laúd árabe ofreciendo el último de sus conciertos en el país gobernado por Bashar Al Assad. “Añoro el pan de mi madre, el café de mi madre, las caricias de mi madre… Día a día, la infancia crece en mí y deseo vivir porque si muero, sentiré vergüenza de las lágrimas de mi madre…”, así reza una de sus canciones basada en un poema del palestino Mahmoud Darwish.

Por suerte, el patrimonio de Damasco aún se conserva en pie y todavía es posible subir al Monte Qasioun, donde se puede contemplar la inmensidad de una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo, donde se respira un poco de paz y donde es posible ver el anochecer mientras las luces verdes de las mezquitas, que llaman al unísono a la oración, y las amarillas de las casas, hacen su aparición en la ciudad del Sham, como se refieren a ella algunos lugareños. Hoy las luces que alumbran algunos barrios son las provocadas por los destellos de los morteros, por el fuego de las explosiones y por los disparos de los fusiles pero, mientras haya una luz encendida en las faldas del Monte Qasioun, aunque solo sea la de una casa o la de una mezquita, no estará todo perdido, aún habrá un pequeño atisbo de esperanza para el pueblo sirio y su patrimonio.

Continúa leyendo: ¿Qué es la enfermedad del carbón que ha matado a más de 100 hipopótamos en Namibia?

¿Qué es la enfermedad del carbón que ha matado a más de 100 hipopótamos en Namibia?

Redacción TO

Foto: Holger Hollemann
EFE

La enfermedad del carbón (Carbunclo Bacteridiano, Carbunco o Ánthrax) es un padecimiento infeccioso producido por la bacteria esporulada Bacillus anthracis, que ataca a rumiantes, principalmente a bovinos y ocasionalmente a equinos, ovejas, cabras y cerdos.

En esta ocasión, ha afectado a más de 100 hipopótamos que este lunes fueron hallados muertos en un río de un parque nacional en Namibia.

Aunque parezca insólito, fue el arma bacteriológica usada en Estados Unidos poco después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas de Nueva York: Ántrax.

Unas cartas que contenían esporas de carbunco fueron enviadas entonces a varias sedes de medios de comunicación como ABC News, CBS News y New York Post, y a dos senadores demócratas (Tom Daschle y Patrick Leahy). El resultado de los ataques llamados Amerithrax por el FBI, dejaron un total de 22 personas infectadas, cinco de ellas muertas.

“Las normas internacionales de la la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) proporcionan una base sólida para diseñar estrategias de detección precoz, respuesta rápida y transparencia en la información para luchar contra focos naturales o intencionales de la enfermedad”, sostiene un informe de la organización haciendo referencia a las medidas tomadas luego de que se desubrió su uso como arma biológica.

En general, suele ser una enfermedad que afecta, sobre todo, al mundo ganadero y está asociada a climas áridos, pero el carbunco se encuentra en todos los continentes del mundo menos en la Antártida.

¿Qué es la enfermedad del carbón que ha matado a más de 100 hipopótamos en Namibia? ¿Ántrax?
El ántrax o carbunco bacteridiano es una enfermedad causada por la bacteria esporulada Bacillus anthracis. | Foto: Center for Disease Control / Reuters

Existen áreas endémicas con brotes más frecuentes y otras áreas sujetas a brotes esporádicos en respuesta a cambios climáticos que pueden traer a la superficie las esporas que dormitaban en el suelo. Estas son ingeridas por los rumiantes, germinan y causan la enfermedad, reseña la OIE.

La toxina de la bacteria, que proviene del medioambiente, evoluciona en el tejido subcutáneo, afecta la masa muscular produciendo infección, gangrena y la muerte, según ha reseñado el periódico colombiano especializado en ganadería el Contexto Ganadero.

En los animales también suele producir fiebre y depresión por lo que este deja de comer. Otro síntoma es la hinchazón muscular, tras lo que se produce, entre 48 y 72 horas, la muerte.

La página veterinaria.org sostiene que “los primeros indicios de la presencia de Carbunco en el planeta se remontan a referencias Bíblicas (Éxodo, Capítulos 7 a 9) 1500 años antes de Cristo, cuando Moisés anuncia al Faraón las quintas y sextas plagas de Egipto, que diezmaron el ganado que pastaba los valles”.

Posteriormente, se lo menciona en India, Grecia y el Imperio Romano. Por su parte, la literatura científica comienza en 1769 con el relato de Dijon (Francia), que describe el “carbón maligno” en animales y seres humanos, añade la organización.

Recientemente, la población de chimpancés de un bosque tropical de un parque nacional de Costa de Marfil se vio diezmada a causa de este mal.

En los humanos la enfermedad del carbón suele transmitirse a través de animales infectados o por productos animales contaminados y puede ser mortal. En el hombre se manifiesta de tres maneras.

La más común, es una infección de la piel que se produce por la manipulación de animales o productos animales que contienen esporas. “Puede ocurrir con los productores pecuarios o los carniceros que están en contacto con animales enfermos, o cuando la infección se transmite por medio de la lana o el cuero”, sostiene la OIE.

¿Qué es la enfermedad del carbón que ha matado a más de 100 hipopótamos en Namibia? ¿Ántrax? 1

Un residente de Druzhba en Rusia, lleva una vaca a ser vacunada debido a un brote de ántrax que se dio en la región en 2012. | Foto: Andrei Kasprishin / Reuters

Las esporas pueden penetrar en el cuerpo mediante cortes que estén en la piel de la persona y causan una infección local que, si no se controla, puede propagarse a todo el cuerpo.

También puede contagiarse de forma digestiva si se ingieren las esporas. La forma potencialmente más mortal es mediante la inhalación. Se le llama también ‘enfermedad de los esquiladores’, ya que las esporas del cuero o el pelo pueden inhalarse, advierte el OIE.

En 1881, el bioólogo francés Louis Pasteur, a quien se le debe el descubrimiento de la técnica conocida como pausterización, demostró que la vacunación podía prevenir la enfermedad.

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El hambre, el arma de guerra más barata y silenciosa

Lidia Ramírez

Foto: Acción contra el Hambre
Acción contra el Hambre

El hambre está prohibido por el Derecho Internacional Humanitario (DIH). Así lo recoge el artículo 54. del I protocolo adicional a los convenios de Ginebra relativo a la protección de las víctimas de los conflictos armados internacionales (1977): “Se prohibe atacar, destruir, sustraer o inutilizar los bienes indispensables para la supervivencia de la población civil, tales como los artículos alimenticios y las zonas agrícolas que los producen, las cosechas, el ganado (…) ya sea para hacer padecer de hambre a las personas civiles, para provocar sus desplazamiento, o con cualquier otro propósito”.

También lo prohibe el artículo 8 del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (2002): “Se entiende por crímenes de guerra hacer padecer intencionadamente de hambre a la población civil como método de hacer la guerra, privándola de los objetos indispensables para su supervivencia, incluido el hecho de obstaculizar intencionadamente los suministros de socorro de conformidad con los Convenios de Ginebra”.

El hambre, el arma de guerra más barata y silenciosa 3
Un miembro de Asfusa mide el diminuto perímetro del brazo de un niño en Sudán del Sur. | Foto: Acción contra el Hambre

Sin embargo, contraviniendo el DIH, 815 millones de personas, el 11% de la población mundial, pasa hambre. Los conflictos y los desastres naturales son consecuencia directa de que en pleno siglo XXI y con alimentos suficientes para abastecer a toda la población mundial, la curva del hambre haya aumentado por primera vez en diez años.  Así, desde Acción contra el Hambre (ACH) advierten: “El hambre crece en países donde hay conflicto, la curva de los conflictos es paralela a la curva del hambre“, explica Olivier Longué, director general de la ONG, quien no se muestra muy halagüeño: “los datos del hambre no van a mejorar este año”.

Así se puede ver en la infografía inferior facilitada por la organización donde se ha cruzado el mapa de los países en conflicto con el mapa del hambre en el mundo. De los 43 países que en el momento se encuentran en guerra, 34 cuentan con una tasa de desnutrición por encima del 30%. Entre ellos se encuentra Somalia, Yemen, Sudán del Sur y Nigeria, que además padecen una hambruna severa. En este sentido, Lucía Prieto, responsable geográfica de Acción contra el Hambre para África del Oeste y experta en el Sahel, advierte de la “aparición de epidemias” que traen consigo las guerras y que recrudecen aún más el hambre.

El hambre, el arma de guerra más barata y silenciosa 1

Y llegados a este punto cabe preguntarse, si el hambre está prohibido por el DIH, ¿por qué 815 millones de personas no tienen alimentos suficientes? La respuesta clara y tajante la tiene Manuel Sánchez-Montero, director de incidencia de ACH: “El hambre es el arma letal más barata y silenciosa que existe”, apunta, y agrega: “además, hay que tener en cuenta que se carece de los instrumentos necesarios para monitorear e identificar las acciones que dan lugar al hambre y medir la situación”. 

Y es que el uso del hambre como arma ha existido siempre. Así lo asegura Sánchez-Montero quien explica como hoy ya es una realidad que la mayoría de los conflictos son protagonizados no tanto por ejércitos regulares sino por grupos irregulares, incluso civiles armados, con pocos recursos tácticos. “Son tácticas muy accesibles y eso las hace muy atractivas para los actores de conflicto actuales, que cada vez más tienen por objetivo el control de poblaciones civiles desarmados y de fácil alcance, y lo sigue siendo también para algunos ejércitos”, concluye.

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Castellano y catalán. La literatura como puente

Carlos Mayoral

Foto: Ana Laya

Más de cuarenta bandoleros vivos que de improviso les rodearon, diciéndoles en lengua catalana que estuviesen quedos y se detuviesen, hasta que llegase su capitán.

Segunda parte de El Quijote, CAPÍTULO LX.

 

De entre las numerosas heridas que el conflicto catalán dejará sobre la piel nacional, quizás la que más sangre provoque sea ésa que ocasiona el constante afán por dejar de reconocerse en el espejo contrario. Podrá doler más o menos, pero las culturas a uno y otro lado del Ebro (no sé qué metáfora elegir para glosar la frontera que alguno se empeña en diseñar) se solapan de tal manera que no habrá intención política que consiga separarlas. Dicho de otro modo, la cultura que se pasea a caballo entre Cataluña y el resto de España es absolutamente indivisible. En concreto, vamos ya con lo que ha venido a decir este párrafo, la cuestión lingüística es, de todos los hierros utilizados, el más candente. El castellano se ningunea y se hace pasar por ajeno desde cierta trinchera independentista, a la vez que desde la contraria se colocan los focos sobre una falsa inutilidad del idioma catalán. Pero la realidad es diferente, ambas hogueras lingüísticas siguen candentes a uno y otro lado, retroalimentándose sin descanso. ¿Hasta qué punto ambas lenguas se enriquecen mutuamente? Más allá de las pruebas puramente lingüísticas, verdadero testimonio de esta simbiosis, hay una prueba que resulta esclarecedora: las literaturas en uno y otro idioma también se benefician de esta relación. Y es que la literatura es la principal arma que una lengua tiene para defenderse, y esa arma (cargada de futuro, quizá) seguirá hiriendo por más que el politicucho de turno se empeñe en enterrarlas.

“El castellano se ningunea y se hace pasar por ajeno desde cierta trinchera independentista, a la vez que desde la contraria se colocan los focos sobre una falsa inutilidad del idioma catalán.”

No he conseguido apreciar hasta qué punto de la historia podemos retroceder para encontrar las huellas de esta relación literaria, pues esta se establece desde que las distintas lenguas romances se entremezclaban allá en los estertores del último latín vulgar. Por eso, me he tomado la licencia de retroceder hasta el Renacimiento, época de esplendor donde las haya, para comenzar hablando de la relación que une a Garcilaso, quizás el poeta renacentista más influyente en castellano, y a Juan Boscán, íntimo amigo del toledano y cumbre también de la poesía del XVI. Boscán, barcelonés de cuna, había conocido a Garcilaso en la época en la que ambos pisaron con delicadeza la corte italiana. Entre esa delicadeza se cuela la poesía transalpina del ‘Dolce Stil Novo’, Petrarca o Dante, sí; pero sobre todo encuentran ese nexo en Ausias March, poeta que trazó pocas décadas antes los primeros bosquejos renacentistas a este lado de los Pirineos, con el valenciano como gerente de su pluma. Es el primer puente claro entre el catalán y el español, pues sin Ausias no hubiéramos contemplado al mismo Garcilaso, prodigio castellano, ni al mismo Boscán, prodigio barcelonés.

La cronología avanza hasta el Siglo de Oro. En él, en ese Barroco inigualable, se dan cita las mentes más prodigiosas que jamás blandieron el castellano. Es difícil encontrar los signos del catalán en una literatura tan eclipsada por la lengua que a esas alturas de la historia colonizaba medio mundo (para contemplar con parsimonia cómo se derrumbaba). Pero, más allá de la figura omnipotente del inigualable Cervantes, si tuviera que poner el foco en dos aspectos que elevaran a los altares a esta generación inimitable, recalcaría dos: por un lado, la elegancia con la que Quevedo, Góngora o el propio Cervantes colocaron la sátira en el lugar preferente y elegante que merecía desde su cultivo en el lejano romance de la Edad Media; y por otro el puente construido por Lope para traspasar la escena teatral desde la aristocrática corte hasta el corral del pueblo. Pues bien, a medio camino entre la sátira y el teatro popular se encuentra la comedia burlesca catalana, que satiriza a clásicos como Lope o Calderón y que encuentra en el padre Francesc Mulet a su mejor representante.

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Detalle en el patio del CCCB | Foto: Ana Laya.

 No es hasta el XIX cuando el idioma catalán explota y se establece ahora sí firmemente, gracias al detonante literario que supuso la ”Renaixença”, es decir, la pretensión surgida desde lo más profundo del sentimiento catalán para hacer de su idioma una lengua de cultura. Dentro de este movimiento, que digamos ya promueve cierto nacionalismo orientado a la región (nacionalismo en el sentido decimonónico, es decir, cercano al ‘Volksgeist’ alemán, reivindicando los rasgos propios de la nación), también tiene especial relevancia el papel que toman las letras castellanas y los escritores allende Cataluña. De hecho, en los dos mayores símbolos de este renacimiento catalán, en la ‘Oda a la patria’ de Aribau y en ‘Los juegos florales’ de Barcelona, la cultura hermana está presente en todo momento. En el mítico poema de Aribau, las referencias al castellano y al otro “lado de la frontera” son constantes. Mientras, en ‘Los juegos florales’, festividad instaurada en 1859 para reivindicar la lengua catalana, participaron algunos ilustres hispanistas como Menéndez Pelayo, uno de los encargados de ponerle nombre a la historia de España, que se refirió en estos términos al público catalán:

“El catalán, esa lengua, ese rebrote del tronco latino, que yacía hasta hace medio siglo en triste y vergonzosa postración […] Sólo un milagro podía salvar el habla catalana de su ruina […] Y este milagro Dios quiso que se cumpliera”.

Menéndez Pelayo, Juegos florales de 1887.

Ya en el siglo XX, el puente literario entre el idioma catalán y el idioma español es transitado en uno y otro sentido con la mayor normalidad. Ni siquiera cuarenta años de oscura dinamita sobre su base consiguieron echarlo abajo, sólido y robusto como descansaba entonces tras ese XIX que lo había remodelado, esculpido y abrillantado. Maestros como Josep Pla o Salvador Espriu deambulan entre uno y otro extremo, demostrando brillantez en cada verso o renglón que arrojan por la pluma. La poesía de la experiencia nace de la mano de dos catalanes insignes: Jaime Gil de Biedma en castellano, Gabriel Ferrater en catalán. Otro barcelonés, Carlos Barral, que ya había buceado en la escritura en lengua catalana, y la maravillosa Carmen Balcells reclutan a lo más granado de las letras hispanoamericanas y hacen de la capital catalana el cuartel general de la literatura castellanohablante. Precisamente allí, en Hispanoamérica, Antoni López i Llausàs, editor en su día del propio Pla y garante de la lengua catalana durante las primeras décadas del siglo XX en la península gracias a numerosas publicaciones en revistas, establece allí un templo editorial que descubre a escritores como Cortázar o García Márquez. Las escritoras catalanas se sobreponen al contexto aún machista del primer y último franquismo, y disparan desde las dos lenguas con notabilísimo éxito, da igual si se llama Maria Aurèlia Capmany o Ana María Matute, si Carmen Laforet o Teresa Pàmies. Algunos como Ana María Moix intercalan el catalán en la columna y el castellano en el texto formal. Su hermano, Terenci, directamente no diferencia entre lenguas y lo mismo tira de un idioma en columna que de otro en novela. Vázquez Montalbán y Lluís Llach publican ensayos normalizando la convivencia entre ambas lenguas, que literariamente se abrazan con la fuerza de innumerables bíceps.

Por todo ello, insisto, los constantes esfuerzos de uno y otro bando por destruir estos puentes se antojan inútiles. No habrá acción política que pueda deshacer esta relación, pues el arte se alimenta de cultura, y nada enriquece más culturalmente que el contacto entre dos lenguas. Y la onda que literariamente se expande entre ambas orillas da buena cuenta de este enriquecimiento.

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Continúa leyendo: Rebeca, ex esclava de Boko Haram: "Me atormenta saber que tengo un hijo con uno de ellos"

Rebeca, ex esclava de Boko Haram: "Me atormenta saber que tengo un hijo con uno de ellos"

Lidia Ramírez

Foto: Jorge Raya
The Objective

Parece cansada, apoya la barbilla en sus dos manos. En una de ella lleva un rosario, asegura no separarse de él nunca. Con la mirada perdida me pregunta: “¿Cómo estás?”. Le sonrío.

–”Yo emocionada y agradecida de estar aquí” –responde mirando ahora todo con detalle.

Rebeca Bitrus sólo tiene 29 años, y los últimos dos los cumplió en manos del grupo terrorista de carácter fundamentalista islámico, Boko Haram. Ahora, gracias a la organización española Ayuda a la Iglesia Necesitada, especializada en la denuncia de la persecución religiosa, se encuentra en España para relatar su calvario; el mismo que miles de víctimas llevan años sufriendo en Nigeria a manos de este grupo islamista.

Madre de dos hijos, estuvo dos años en garras de esta milicia activa en Nigeria, Camerún, Chad, Níger y Malí.

El secuestro

Era 21 de agosto de 2014 cuando Boko Haram asaltó su localidad, Baga, al noreste de Nigeria. Con mirada seria y un sentimiento de honda tristeza cuenta cómo junto a su marido, Bitrus, y sus dos hijos (Zacarías, de 3 años, y Jonatan, de uno) huyeron de su hogar. “Pensábamos que el objetivo principal era mi esposo porque a los hombres cristianos los mataban”, cuenta visiblemente emocionada, “así que decidimos que él escapara y se escondiera dejándonos a nosotros atrás”.

Bitrus pudo escapar de las garras de Boko Haram, pero Rebeca y sus pequeños no. Lo que ocurrió a partir de ese momento nunca lo olvidará. “Cuando los milicianos me encontraron, me dijeron: ‘Tú y tus hijos vais a trabajar para Alá’. Después me golpearon con un arma pesada y me sacaron de cuajo varios dientes”.

Ahí comenzó su pesadilla. Fue vendida varias veces a varios milicianos que la torturaban –”cada día me propinaban 98 golpes”– y usaban como esclava sexual. Rebeca cuenta cómo cada día se frotaba por su cuerpo las heces de sus hijos para mantener alejado a sus secuestradores. Fruto de una de esas violaciones quedó embarazada. Hoy día aún lucha por aceptar a ese “hijo de Boko Haram”, como ella se refiere a él. “Me atormenta saber que tengo un hijo con un terrorista, ¿y si cuando sea mayor es como su padre?”. Esa, asegura, es su mayor preocupación.

Rebeca, ex esclava de Boko Haram: "Me atormenta saber que tengo un hijo con uno de ellos"
Rebeca, junto a su marido y sus hijos, en Nigeria. | Foto: Ayuda a la Iglesia Necesitada

Dos años en manos de Boko Haram

Rebeca habla hausa, idioma oficial de Nigeria. Un intérprete nos acompaña durante toda la entrevista. Junto con más de 100 mujeres secuestradas, cuenta, lo primero que debían hacer antes de comenzar el día era hacer el rezo musulmán. “Posteriormente nos adoctrinaban y pasábamos a hacer las tareas del hogar, como limpiar y cocinar”. Muchos días eran los que se quedaba sin comer porque su comida era las sobras de sus secuestradores.

También las obligaban a memorizar varios versículos del Corán para, una vez aprendidos, inmolarse. “Yo quería que me dieran un cinturón de explosivos, pero nunca lograba memorizar los versículos”, cuenta la joven, quien asegura que su único objetivo era escapar.

–¿Conociste a algunas de las niñas de Chibouk?

–Conocí a varias de ellas. Una de ellas me aconsejó que me convirtiera al islam –responde.

Pero Rebeca no lo hizo, y como consecuencia, uno de sus hijos, de tan sólo un año, fue asesinado por un terrorista de Boko Haram. Lo tiró al lago Chad. Murió ahogado.

Nigeria fue el tercer país más castigado del mundo por el terrorismo en 2016, después de Irak y Afganistán, y en lo que va de año más de 400 civiles han sido asesinados por el grupo terrorista Boko Haram. 12 de sus 19 estados están bajo la ley de la sharía.

La huida 

Después de algo más de dos años, al fin llegó la luz de la libertad. Rebeca recuerda que fue una madrugada cuando escuchó hablar a varios milicianos que los soldados de Nigeria se acercaban. “Aproveché la situación de pánico para coger a mis hijos y huir”, explica. Pasó un día entero escondida en el bosque: “Los terroristas me buscaban por todos lados, pude ver a varios coches patrullando el bosque para encontrarme, pero pude esconderme bien”.

Finalmente, tras varios días caminando, llegaron a Diffa, sureste de Níger, donde se encontraron con soldados estadounidenses. Estos atendieron a su hijo y les dieron algo de pan. Al poco los llevaron a Damaturu, Nigeria, donde había soldados nigerianos. “Ellos fueron maravillosos: me llevaron directamente a la ciudad de Maiduguri, junto a mi marido”, sonríe al fin.

–¿Volverás algún día a tu aldea?

–Quizás algún día vuelva, pero ahora allí no hay nada –responde–. Todo fue quemado y destruido por Boko Haram.

Hoy, junto a más de 500 personas en su situación, se encuentra en un campamento de desplazados de la Diócesis de Maiduguri. Poco a poco, gracias al cariño que allí recibe ella, sus hijos y su marido, están saliendo adelante.

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