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Versos a pie de calle

Clara Paolini

Foto: Batania aka Neorrabioso

“Lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Una afirmación que resulta una gran mentira si nos referimos, por ejemplo, a las vacaciones, la sobremesa o al sexo, pero que es un refrán acertado si se aplica a ámbitos donde la capacidad de síntesis resulta ventajosa o incluso indispensable. Uno de esos campos es la palabra escrita del siglo XXI donde lo corto, conciso y directo es si no mejor, doblemente efectivo. El otro es la poesía en forma de aforismo.

“La brevedad es lisongera, y más negociante; gana por lo cortés lo que pierde por lo corto. Lo bueno, si breve, dos vezes bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo”. Baltasar Gracián

En la era de la brevedad, donde tweets, memes, mensajes de WhatsApp y slogans publicitarios marcan la preferencia por una comunicación sin rodeos, los aforismos viven un renacimiento acorde a nuestros tiempos. Todo lo inunda la prisa, la necesidad de estímulos en dosis concentradas, la relevancia de lo urgente en lugar de lo importante y se percibe una cada vez más desmejorada capacidad de atención que afecta a la lectura sosegada. En este contexto, la micropoesía se convierte en una buena forma de dar salida a la necesidad sensibilidad, belleza y pensamiento.

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Acción Poética en Playa del Carmen, Quintana Roo. (Foto: Adrián Cerón / Bajo Licencia Creative Commons)

De forma precisa y coherente, los micropoetas encapsulan significados de los que es posible disfrutar en apenas un vistazo, y si además se opta por el canal adecuado, lo bueno ya no es dos veces bueno, si no que puede llegar a ser triplemente mejor. ¿Dónde y cómo revivir la poesía? La respuesta parece encontrarse en las calles, incrustada en la vida diaria como acompañante.

“Que la gente no lea poesía no significa que no la necesite”. Armando Alanís

Armando Alanís, uno de los fundadores del Acción Poética tenía razón cuando señalaba “que la gente no lea poesía no significa que no la necesite” y  los versos callejeros hacen mucho más sencillo recibir esa dosis vital que nos aleja de la rutina animal. Los versos a pie de calle no piden nada; ni de tiempo, ni libros, ni tan si quiera que sintamos el deseo de leerlos.

En las calles la casualidad democratiza la necesaria medicina poética que nos recuerde que somos seres sensibles y pensantes. Algunos los consideran grafitis porque su medio es el muro callejero, con su carácter efímero, libre y subversivo, pero a diferencia de éstos, su valor radica en la palabra recuperando el valor de una poesía casi olvidada.  Son, al fin y al cabo, otra forma de literatura.

En cemento, en muros de ladrillo, en cubos de basura, en mobiliario urbano… Cualquier rincón es bueno para los versos, y aquí hemos recopilado algunos de los mejores ejemplos de ello. Poesía a pie de calle en estado puro para alegrar la vista y el espíritu.

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Foto: Acción Poética Trenque Lauquen bajo licencia Creative Commons

1.  Acción Poéticaun movimiento contagioso que cruza fronteras

Se trata del más conocido ejemplo y ha dado nombre a todo un movimiento. Bajo el nombre de Acción Poética se dio inicio a un fenómeno que sigue llenando de palabras los muros a ambos lados del charco, englobando a un casi infinito número de artistas, colectivos y poetas esporádicos.

Sus orígenes se remontan al año 1996, cuando el poeta mexicano Armando Alanís Pulido empezó a bañar de poesía las calles de de Monterrey, México. A partir de entonces, el movimiento fue propagándose como una bella plaga, dando lugar a la emergencia de otras acciones basadas en la misma técnica y filosofía.

Argentina, Uruguay, Perú, Bolivia, Paraguay, Puerto Rico, Nicaragua, Guatemala y Venezuela…Sin poesía no hay ciudad es un lema que ha llegado a impregnar cada rincón calando de romanticismo, denuncia y reflexión las urbes; una realidad que ha quedado retratada por varios documentales como Llueve Poesía, donde se narran los inicios y motivaciones que empujaron a Acción Poética a convertirse en lo que es.

Pero este movimiento artístico-literario no sólo ha llenado de poesía las grandes ciudades de Latinoamérica, sino que ha conseguido cambiar los paisajes de pequeñas poblaciones de todo el mundo. Un buen ejemplo de ello es Colmenar de Arroyo, un pequeño pueblo de España donde Luis Santos sigue los pasos de Alanís Pulido convirtiendo las paredes del pueblo en un auténtico escaparate de creatividad literaria con el apoyo del Ayuntamiento.

2. Cubos de basura neorrabiosos

Batania, el vizcaíno detrás de la firma Neorrabioso, no se limita a reproducir versos empalagosos de otros autores en las paredes. Apasionado de la (buena) literatura y lector empedernido como bien demuestra su blog, como escritor bebe de los grandes creando un lenguaje propio, tan rico como sencillo. Además de su demostrada habilidad para juntar palabras con acierto, lo que caracteriza a este poeta es el inusual soporte alejado de la página de papel donde vierte sus versos.

En cubos de basura, Neorrabioso ofrece sabiduría, sentimiento y fuerza a todo madrileño que se digne a mirar los omnipresentes contenedores de desperdicios de Madrid.

Desde merecidos (por escasos) homenajes a los inmigrantes, pasando por la introspección de los versos más personales hasta frases de denuncia que inviten a la reflexión de nuestro contexto social y político: “Liberqué, fraterniquién, igualicuándo”, “me niego a vivir en serio y en serie”, “la costumbre es la ideología de los cobardes”, “más que necesaria, la poesía es inevitable”. Píldoras para la mente conteniendo pensamientos no desperdiciados.

Neorrabioso, soldado en la guerra del verso. (Foto: R2hox vía Flicker bajo licencia Creative Commons)
Neorrabioso, soldado en la guerra del verso. (Foto: R2hox vía Flicker bajo licencia Creative Commons)

3. El colectivo Boa Mistura te comería a versos

Hace un par de años, el colectivo Boa Mistura aderezó los pasos de cebra de Madrid y Barcelona de poesía. Versos extraídos de las canciones de Rayden, Leiva, y de la micropoetisa Ajo en Madrid. De Montse Aroca, Amaia Crespo y María Leach en Barcelona, el proyecto Te comería a versos es uno de los mejores ejemplos de una colaboración productiva en pro de la sustancia.

Cosas que le pasan a Ajo. (Foto: Boamistura)
Cosas que le pasan a Ajo. (Foto: Boamistura)

Descrita por sus autores como “un acto de amor de artistas y poetas hacia la ciudad de Madrid”, pero también un sustento por parte del propio colectivo hacia el trabajo de los artistas que colaboraron en el proyecto. Con el altavoz de lo visual, los mensajes efímeros alegraron el paso de viandantes hasta su desgaste.

Versos de la micropoetisa Ajo en las calles madrleñas. (Foto: Boa Mistura)
Versos de la micropoetisa Ajo en las calles madrileñas. (Foto: Boa Mistura)

4. Al mal tiempo, buenos versos

También de algo efímero que transforma el paisaje urbano hablamos, puede que no exista mejor ejemplo que la lluvia mojando el asfalto. El Ayuntamiento de Boston y el colectivo Mass Poetry, que apoya la comunidad de poetas de Massachussets aprovecharon para sacar la mejor cara al mal tiempo creando una curiosa propuesta de acción poética: poemas callejeros que sólo aparecen en contacto con el agua. Una original manera de crear instantes temporales cargados de sorpresa.

5. Robert Montgomery, el artista que convierte la publicidad en poesía

El artista escocés Robert Montgomery crea sus obras de noche, vandalizando carteles que originalmente mostraban anuncios publicitarios para cubrirlos con su poesía. Tipografía blanca sobre un fondo negro, gritando ideas sobre la belleza, el consumismo y la hipocresía en una elegante combinación verbal.

Heredero (como dicen tantos otros artistas) de los inimitables situacionistas, y en una línea similar a la de la artista Jenny Holzer en sus proyecciones o carteles de sala de cine, Montgomery ofrece instalaciones cargadas de ideas incómodas en lugares inesperados, acertados y públicos.

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Situacionismo moderno. (Foto: Robert Montgomery)

Una pequeña pincelada que demuestra que la libertad de expresión poética está en buena forma, y para ejercerla basta con atreverse. Héroes anónimos, palabras sin bozal e ideas regaladas; ejemplos hay muchos, muy buenos y afortunadamente, surgen cada día en todas partes. Sin poesía, hay ciudad, pero con poesía, hay ciudad despierta, alegre, pensante y sonante.

Descubre cuántos datos gastas al usar Spotify

Redacción TO

Foto: Spotify

Spotify se ha convertido en un imprescindible para muchos usuarios de smartphone. Con un catálogo de música gigantesco por una tarifa mensual o, en su defecto, el disfrute de miles de canciones mediante el modo freemium con anuncios intercalados, el servicio líder de música en streaming  ha convencido a 100 millones de usuarios que a golpe de play aprovechan cualquier momento para escuchar sus canciones favoritas. Sin embargo, el uso de este servicio tiene la contrapartida de que consume una gran cantidad de datos si no disfrutas de una cuenta Premium. Sin embargo, ¿te has parado alguna vez a pensar cuántos datos consume exactamente la aplicación?

Dependiendo de la calidad de audio

Los datos que consume Spotify dependerá de la calidad con la que estemos escuchando el contenido.

  • Calidad baja: 96 kilobits (Kbps), supone un gasto por hora de reproducción de unos 43 megas.
  • Calidad alta: 160 Kbps, supone un gasto de unos 72 megas a la hora.
  • Calidad máxima: 320 Kbps, supone el gasto de 144 megas por hora reproducida. Esta opción sólo está disponible para cuenta Premium.

¿Cómo controlar los datos de Spotify?

  1.  Verificar el uso de datos móviles

Puedes hacer un seguimiento de la cantidad de datos que vas gastando al escuchar la aplicación y, de esta forma, elegir la calidad de escucha. Esto lo podrás comprobar en Ajustes Datos móviles.

La cantidad de datos hace uso de Spotify

             2. Seleccionar la calidad de la música

Para ello deberás abrir la aplicación de Spotify en tu teléfono e ir a configuración, que la encontrarás en la esquina superior derecha una vez que has pinchado en tu biblioteca. Una vez ahí, en la parte inferior de la pantalla, aparecerá calidad de la música.

La cantidad de datos hace uso de Spotify

        3. Escuchar música sin conexión

La manera más idónea de escuchar tus canciones favoritas sin gastar datos es hacerlo en modo sin conexión. Sin embargo, esta opción sólo está disponible para suscriptores Premium, que podrán descargar listas, álbumes y podcasts sin gastar datos.

Maullidos de autor: escritores y sus gatos

Clara Paolini

Foto: Pinterest

Existe un poderoso vínculo entre los felinos y la literatura, y buena prueba de ello son las cientos de fotografías que rescatan del olvido entrañables escenas de escritores en compañía de sus gatos.  ¿Por qué los autores sienten tal atracción por los mininos?, ¿de dónde proviene el magnetismo?

Tal y como señalaba David M. Barnett en un artículo publicado en The Guardian, muchos escritores justifican su obsesión por los gatos utilizando la cita del novelista, periodista y dramaturgo canadiense Robertson Davies, quien explicaba que “a los escritores les gustan los gatos porque son criaturas tranquilas, adorables y sabias, y a los gatos les gustan los escritores por las mismas razones”.

Cuenta la leyenda que Mr. Peter Wells fue el nombre del gato escritor H. G. Wells; Topaz, el de Tennessee Williams; Catarina, la gata de Edgar Allan Poe; Chopin, el de F. Scott Fitzgerald, y que a lo largo de su vida, Mark Twain disfrutó de la compañía de numerosos seres gatunos apodados Apollinaris, Beelzebub, Blatherskite, Buffalo Bill, Satan, Sin, Sour Mash, Tammany o Zoroaster. Los ejemplos son tan inabarcables como la propia historia de la literatura, pero entre el infinito elenco de maullidos y letras, rescatamos algunos de los casos más emblemáticos.

Jorge Luis Borges

Maullidos de autor: escritores y sus gatos
Borges y su gato Beppo | Foto: YouTube

Según sus biógrafos, Jorge Luis Borges tuvo dos gatos llamados Odín y Beppo. El primero, bautizado en honor al dios de la mitología nórdica, y el segundo, con el que posa en la fotografía, llamado Beppo, porque era el mismo nombre del gato que se cree que un día tuvo Lord Byron. En palabras de Borges, el gato “se llamaba Pepo, pero era un nombre horrible, entonces se lo cambié enseguida por Beppo, el gato de Byron. El gato no se dio cuenta y siguió su vida”.

A este felino le dedicó un poema en la obra La cifra, publicada en 1981.

El gato blanco y célibe se mira en la lúcida luna del espejo
y no puede saber que esa blancura y esos ojos de oro que no ha visto
nunca en la casa son su propia imagen.

¿Quién le dirá que el otro que lo observa
es apenas un sueño del espejo?

Me digo que esos gatos armoniosos
el de cristal y el de caliente sangre,
son simulacros que concede al tiempo
un arquetipo eterno. Así lo afirma,
sombra también, Plotino en las Ennéadas.

¿De qué Adán anterior al paraíso,
de qué divinidad indescifrable
somos los hombres un espejo roto?

Patricia Highsmith

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Patricia Highsmith y su gato Spider | Fotos: RRSS

La prolífica autora de El Talento de Mr. Ripley Extraños en un tren mostró una gran pasión por los gatos, y la leyenda cuenta que llegó a tener seis, en su mayoría siameses. Dormían con ella, la observaban y rondaban por su mesa mientras escribía.

Highsmith llegó incluso a incluir a estos animales como personajes en algunos de sus relatos, y según declaró una amiga de la autora “encontraba en los gatos el equilibrio emocional” que los humanos no conseguían aportarle.

Ernest Hemingway

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Hemingway ofreciéndole un bocado a Snowball | Foto: JFK Library 

“Un gato tiene absoluta honestidad emocional. Los seres humanos, por un motivo u otro, pueden esconder sus sentimientos, pero un gato no”, aseguraba Hemingway. Su pasión por los felinos es un hecho tan corroborado que su casa en Key West, Florida,  convertida hoy en museo y visitada por los devotos del famoso escritor estadounidense, cuenta como uno de su mayores atractivos los seis gatos descendientes de Snowball, el gato que originalmente pertenecía al escritor y le acompaña en la imagen que encabeza estas líneas.

Jean Cocteau

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Jean Cocteu y su felino | Foto: Johnny Times

El poeta, novelista, dramaturgo y cineasta francés Jean Cocteau fue un gran devoto de estos animales y se dice que describía a su gato Karoun como “el rey de los gatos”. Diferentes fuentes indican que Cocteau explicaba su predilección diciendo: “Si prefiero los gatos a los perros, es porque no hay gatos policía (…) Me gustan los gatos porque me gusta mi casa. Y porque, poco a poco, se convierten en su alma visible”.

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Gato y figura | Jean Cocteau (1962)

Ray Bradbury

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Ray Bradbury con su gato | Foto: Pinterest

El signo del gato fue el título elegido para la colección de 21 cuentos que resumen la trayectoria literaria de uno de los grandes genios de la literatura norteamericana del siglo XX, Ray Bradbury. Además, en su libro Zen in the Art of Writing, el autor comparte su sabiduría con un consejo válido en toda circunstancia artística o creadora: “Este es el gran secreto de la creatividad. Trata a las ideas como a los gatos: haz que te sigan”

Doris Lessing

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Doris Lessing, confirmada amante de los gatos | Foto: The Great Cat

La ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2007, Doris Lessing, concibió todo un tratado sobre el amor humano hacia los gatos. En su libro de memorias  titulado On Cats, la escritora británica colecciona historias felinas que mercaron su trayectoria, desde su niñez en las granjas africanas pasando por los apartamentos londinenses de su juventud, hasta llegar a “El Magnífico”, el último gato con el que compartió hogar en la vejez. En otro de sus libros, Particulary Cats, la autora vuelve a aferrarse a los felinos para contar su propia vida demostrando que a veces, la compañía de estos animales resulta tan reveladora como la de cualquier humano.

Charles Bukowski

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Bukowski felino | Foto: Garuyo.com

El padre del “realismo sucio” declaró sobre los felinos impresiones con las que más de uno estará de acuerdo: “Caminan con una dignidad sorprendente, pueden dormir veinte horas al día, sin duda y sin remordimiento: estas criaturas son mis maestras”.

Julio Cortázar

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Cortázar y Teodoro W. Adorno | Foto: República Kafkiana

Un libro cuenta que el gato de Julio Cortázar se llamaba nada más y nada menos que Teodoro W. Adorno. Era un gato callejero, “negro y canalla”, que un día aterrizó en su vida en Saignon en el sur de Francia y que se materializaba cada vez que él y su mujer volvían a la localidad provenzal. Un día, Teodoro W. Adorno no sólo no volvió a la casa del escritor argentino, sino que al cruzárselo en el pueblo ignoró por completo al autor que le había dado un nombre tan bonito como rimbombante.

Truman Capote

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Capote en buena compañía | Foto: signosenrotacion.

El periodista y escritor estadounidense Truman Capote es el maestro detrás de joyas literarias como A sangre fría y Desayuno con diamantes, novela donde la aparición del gato es un símbolo clave y además sirve como herramienta para proporcionar el desenlace: “Somos un par de seres que no se pertenecen, un par de infelices sin nombre, porque soy como este gato, no pertenecemos a nadie. Nadie nos pertenece, ni siquiera el uno al otro”.

Colette

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Colette, la reina de los gatos | Foto: The Great Cat

La polémica novelista francesa autora de Gigi, cuya adaptación lanzaría al estrellato a Audrey Hepburn, fue descrita como la auténtica “mujer de los gatos”. En su novela The Cat, retrata el compromiso y la luna de miel de una pareja dividida por la exagerada devoción del hombre a su gato Saha: “No era sólo un pequeño gato”, pensó Alain. “Era la nobleza encarnada de toda la raza del gato, su indiferencia ilimitada, su tacto, su vínculo de unión con el aristócrata humano”. Palabras las de Collete que muestran una fascinación sin límites compartida por el resto de escritores que ocupan estas líneas.

Viajar sin cámara es posible… si sabes dibujar. Cuatro artistas españoles te lo demuestran

Álvaro R. de la Rubia

Foto: Aleix Gordo
Aleix Gordo

Fotografiamos nuestras experiencias, elegimos el motivo, el encuadre, la luz y nos llevamos un trocito de los lugares por los que pasamos. Es la forma que la mayoría tenemos de conservar el recuerdo de nuestras vivencias, pero no es la única. Algunos artistas en lugar de tomar fotografías (o además) durante sus viajes, aventuras o paseos hacen dibujos para conservarlos filtrándose a través una de las cosas más personales que se puede poseer: un estilo propio. No hacen fotos para descubrir en casa aquello que se perdieron durante su viaje sino que analizan los detalles de lo que les rodea para plasmarlos allí mismo sobre el papel. Desde urban sketchers a observadores de nubes, el dibujo puede ser una forma única de recordar y probablemente una manera más fiel de mostrar lo que se ha vivido. Estos artistas españoles lo demuestran.

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Ilustraciones de Aleix Gordo en Hong Kong

Aleix Gordo

Aleix Gordo, ilustrador, diseñador y muralista de Barcelona, conserva tras algunos de sus viajes libretas en las que, a modo de diario gráfico personal, se entremezclan personas con las que se cruzó, escenarios a medio camino entre la realidad y su imaginación y acontecimientos que es difícil determinar si sucedieron de aquella forma o no más allá de sus páginas. “En Japón empecé a hacer una cosa diferente”, cuenta Aleix. “Dibujaba a la gente que veía por las calles, los interpretaba a mi manera e incluía bocadillos sin texto. Luego a mis amigos japoneses les pedía que rellenasen esos bocadillos. Es un ejercicio muy divertido y es muy curioso ver sus reacciones. Yo los dibujaba y ellos les daban vida con sus textos”.

Desde 2001 llena libretas en las que refleja sus vivencias tanto exteriores como interiores (siempre el mismo modelo, de la misma marca con el mismo papel) aprovechando los trayectos y momentos de soledad durante sus viajes para dibujar: aviones, trenes, madrugadas de hotel…  “En Hong Kong es difícil encontrar un sitio tranquilo donde pararse, así que aprovechaba en el metro, se veían personajes muy curiosos que era un placer dibujar. En Tokio, sin embargo, tuve la suerte de vivir en una casa antigua en un barrio tranquilo y dedicaba las mañanas a dibujar”.

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Detalles de un paisaje de Pau Rodríguez

Pau Rodríguez

El caso de Pau es diferente. El dibujante mallorquín, autor de las aventuras de la saga de Atlas y Axis, es un gran aficionado a la montaña y aprovecha sus salidas para encontrar los paisajes en los que se desarrollarán sus cómics. Sus dibujos son apuntes al natural que sirven más tarde como base para elaborar la ambientación de sus viñetas.  “A veces yendo de excursión me topo con composiciones, ambientes o colores que me gustaría reproducir en alguna viñeta. Si llevo la cámara no me fijo tanto: saco la foto para verla más tarde y después en casa ya no es lo mismo” explica Pau.

Cuando el dibujante mallorquín quiere retener algunos de los detalles de un paisaje toma notas a papel y boli pero, en otras ocasiones, cuando quiere recoger un efecto que ha visto cuenta con material extra para plasmarlo.

“Aquí, por ejemplo, quería hacer una primera página para La Saga de Atlas & Axis y me fui a un rincón desde donde pudiera ver ponerse el sol sobre alguna peña. Me llevé la libreta y una caja de lápices de colores. No se trata de hacer un dibujo bonito, sino informativo, al que añado notas para reforzar lo que no soy capaz de plasmar con los lápices. Después, en casa, entre lo que recuerdo y lo que apunto, hago el dibujo final”.

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Sketch de Paco Lobón

Paco Lobón

Este artista gaditano no sale de viaje sin su libreta en la que, como cuaderno de bitácora, vuelca sus vivencias, ya sea en forma de tiques de tren, anotaciones del momento o ideas para nuevos proyectos.

Cuando viajo intento encontrar un momento en el que me vengan las ganas de dibujar, no intento forzar esas sensaciones. A veces es ese momento en el que te vuelves observador, algo más contemplativo que de costumbre. Dibujar un lugar requiere una implicación con el entorno. Analizas las formas, las siluetas, la luz, la sombra… vas reconociendo el espacio. En Chiclana, de donde yo soy, siempre me siento en el mismo punto del paseo marítimo a dibujar cada vez que vuelvo de visita”.

Paco Lobón encuentra motivos interesantes que dibujar en casi todo lo que se le pone por delante. Pero, si no los encuentra, solo tiene que observar un poco más arriba, ya que entre los dibujos de este artista también pueden verse representadas infinidad de nubes cuyas formas inspiran a Paco Lobón algunos de sus personajes: “Además de los sketch de paisajes que colecciono en mi libreta, me gusta dibujar las siluetas de las nubes  de los sitios que visito. Tengo nubes de Cádiz, Granada, Sevilla, Madrid, Bilbao… Siempre me he sentido atraído por las formas de las nubes, ellas sí que son unas auténticas viajeras”.

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Ilustración de Jonatan Alcina

Jonatan Alcina

Jonatan Alcina es un “urban sketcher” que encuentra en el dibujo uno de los mayores alicientes para viajar. En su colección de lugares retratados podemos encontrar desde la elegancia de las ciudades de la vieja Europa hasta la luz de varias localidades andaluzas. Friburgo, Praga, Venecia y, por supuesto, su Cádiz natal son solo algunos de los escenarios que aparecen en sus cuadernos de dibujo.

Aunque pueda parecer una actividad solitaria, Jonatan cuenta que no siempre es así: “Al dibujar en la calle te encuentras con todo tipo de personas que se acercan para interactuar contigo independientemente de que les interese el dibujo o no. Me he encontrado con una persona que se puso a hacerme trucos de magia cuando estaba sentado haciendo un dibujo, una vez me hicieron una entrevista para un reportaje sobre cultura andaluza para la televisión turca mientras dibujaba por las calles de Ronda, hay gente que me ha traído zumos y refrescos, pero sobre todo se conoce a muchas personas interesantes de todo tipo y de las que se aprenden muchas cosas”.

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Síndrome del impostor: incluso Neil Armstrong creyó ser un fraude

Redacción TO

Foto: AP Photo

Cuenta el escritor Neil Gaiman en su blog una anécdota curiosa. Estaba en una convención de tres días rodeado de artistas y científicos, encogido entre tanta eminencia, cuando se encontró a Neil Armstrong. El primer hombre que pisó la luna era discreto y calmado y estaba al final de la sala sin molestar a nadie cuando Gainman se acercó. Conversaron y Armstrong terminó por hacerle una confesión; levantó un dedo, apuntó hacia la sala y dijo: “Veo a todas estas personas y pienso: ‘¿Qué demonios estoy haciendo aquí?’. Todos ellos han realizado cosas asombrosas. Yo simplemente fui adonde me enviaron”. Gainman quedó sorprendido y le respondió: “Sí, pero tú fuiste el primer hombre en llegar a la Luna, y eso tiene su importancia”.

Ese sentimiento de insatisfacción, esa incapacidad para valorar los logros propios y ensalzar los ajenos, es conocido como el síndrome del impostor y siete de cada diez personas lo han experimentado, al menos, en una ocasión a lo largo de su vida. Quienes lo padecen “tienen la sensación de no estar nunca a la altura; de no ser lo suficientemente buenos, competentes o capaces; de ser impostores, un fraude”, resume la bióloga Aida Baida Gil a la BBC.

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El síndrome impide a quienes lo padecen disfrutar de sus propios logros. | Foto: Bret Hartman/AP Photo

La científica decidió investigar el trastorno después de haberlo padecido durante toda su carrera; tenía éxito y reconocimiento y, sin embargo, se sentía incompleta, llegando a creer que todos sus logros, nunca sus fracasos, se debían a golpes de fortuna. “Nunca lo achacas a tu inteligencia, sino a factores externos o al hecho de que hayas tenido que trabajar muy duro para lograrlo”, concluye.

“Este síndrome es mi vida. Creo que tengo mi trabajo por casualidad y que no tengo ni idea de lo que estoy haciendo”

Además, este trastorno tiene otras implicaciones. Porque haciendo honor al sentimiento de fraude, de ser un impostor, convive con el miedo a quedar retratado y en entredicho. Al menos así lo interpreta la consultora Sandra Marín en el diario ABC: “El síndrome del impostor hace a quien lo padece tener miedo de no estar a la altura y no merecer el cargo que ostenta, pues piensa que cualquiera lo hará mejor. Por ello, en todo momento les invade el temor a ser descubiertos en su supuesta ignorancia”.

Existe un componente de inseguridad y falta de autoestima en el emerger de este síndrome, de marcarse unos objetivos complicados y excesivos que acaban minando la moral de cualquiera. Con todo, la calidad del entorno de una persona resalta como un factor decisivo: rodearse de pesimistas, no hacer otra cosa que escuchar comentarios negativos, conduce hacia el afloramiento del síndrome.

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Los ambientes tóxicos y los comentarios pesimistas son dos de los factores más determinantes en el desarrollo del síndrome. | Foto: Altaf Qadri/AP Photo

En redes sociales como Reddit, las conversaciones sobre patologías son más o menos comunes y los usuarios no dudan en compartir sus experiencias. Uno de ellos, por ejemplo, ha escrito un mensaje que es especialmente trágico: “Este síndrome es mi vida. Creo que tengo mi trabajo por casualidad y que no tengo ni idea de lo que estoy haciendo y que nadie sabe todavía lo incompetente que soy en realidad. ¿Habrá personas realmente excelentes en sus trabajos que también se sientan de esta manera?”. Otro hombre comenta que para él mantener el trabajo, después de tres meses, es como un logro: “Me pregunto si no será una broma”.

En este sentido, algunos terapeutas se asoman a estas páginas para dar su apoyo, su comprensión y sus consejos. Uno de ellos explica que muchos de sus pacientes guardan en común una preocupación excesiva por la aceptación social. “Muchos se preocupan de lo que otras personas piensan de ellos”, dice. “Esto genera mucha ansiedad y la verdad es que nadie está prestando tanta atención sobre ellos porque lo que la gente suele hacer es centrarse en sí misma”.

Cómo sobreponerse al síndrome

En cualquier caso, los expertos coinciden en que la vía más efectiva -y escabrosa- para superar este síndrome parte de la autoaceptación, y esta parece una cima muy alta cuando la autoestima está por los suelos.

Si sospechas que puedes estar sufriendo esta patología, existe un test que te ayuda a averiguarlo.

Si sabes a ciencia cierta que lo padeces, la coach Virginia Jiménez da una serie de consejos para sobreponerse:

  1. Haz tu propia definición del éxito. Esto incluye la vida personal y la profesional y permite que la ansiedad de unas metas desproporcionadas desaparezca.
  2. Convierte los pensamientos negativos en positivos. Los malos pensamientos son el mayor obstáculo en la vida. Una forma de llevar a cabo esta transición se fundamenta en mostrar gratitud hacia los demás y con uno mismo.
  3. Establece expectativas razonables. Superar objetivos más alcanzables nos dará la energía necesaria para hacer las cosas sin tantas tensiones innecesarias, disfrutando del recorrido.
  4. Concéntrate en aprender de los fracasos. Cuando se falla, no hay que darse por vencido. Escribir un diario de errores es de gran utilidad para ser consciente de ellos y asegurarse de que no se repitan.
  5. Deja de compararte con los demás. Construye tu propio éxito, olvídate del ajeno.

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