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Vídeo: ColorsXGood: Pulseras que ayudan a aliviar las crisis humanitarias

Anna Carolina Maier

Foto: Anna Carolina Maier
The Objective

ColorsXGood no es simplemente una marca de pulseras con colores de banderas, “es un movimiento que busca ayudar a comunidades necesitadas”, afirman los que forman parte de la iniciativa. Gracias a decenas de fotos shootings en distintos lugares del mundo, la campaña se ha vuelto cada vez más conocida y pretende ampliar sus fronteras. El 100% de las ganancias va a ONG’s sociales de países en crisis.

Lee el reportaje completo en el link.

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Las voces de los españoles en Venezuela

Lidia Ramírez

Foto: Harold Escalona
The Objective

Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que los españoles éramos los extranjeros. Con no mucho más que un petate lleno de atuendos y recuerdos muchos de nuestros abuelos se vieron obligados a abandonar España huyendo de la Guerra Civil y posterior dictadura. Los archivos demográficos recogen que fueron más de medio millón de personas las exiliadas. Los principales países de destino fueron Francia, México y Argentina, pero importantes grupos también fueron amparados en otros países europeos y americanos como Venezuela, país que a día de hoy alberga a 180.497 españoles, 7.528 inscritos menos respecto a 2016, según datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística, actualizados el pasado mes de enero.

Venezuela, “el país de las oportunidades”, “el paraíso terrenal”, “el de la gente amable, sonriente, feliz…”. Una nación que durante 40 años (1959 a 1999), fue una democracia ejemplar y un país muy próspero al que inmigrantes de todo el mundo acudían en busca de trabajo. Hoy, casi dos décadas después, ¿qué queda de ella tras años de corrupción, miseria y muerte? Para muchos nada, y es que el aparente resultado de las elecciones regionales en Venezuela este pasado domingo muestra que cualquier esperanza de un desenlace bienaventurado de la crisis a corto plazo es ya lejana. Sin embargo, son muchos los que se agarran con fuerza a los recuerdos sin perder la esperanza de recuperar al país que un día les tendió la mano, porque hoy son ellos los que prometen no soltarlo.

María del Pilar Puig, 66 años.

Nacida en Chelva, Valencia | 59 años en Caracas, Venezuela

Española de sangre y venezolana de corazón, abandonó España con tan sólo seis años, en el año 1958, “por razones política y económicas evidentes”, nos cuenta emocionada con voz entrecortada a través del teléfono. “Mi padre era republicano, no teníamos otra opción que salir de nuestra España”.

Su primer recuerdo de su llegada a Venezuela: “Gente sonriendo, muy feliz. Los venezolanos se reían muchísimo, era un contraste muy grande con los recuerdos que yo tenía de España”. Y es que por aquel entonces María del Pilar dejaba atrás la España franquista.  “Allí dejaba gente desolada, eran malos tiempos para el país”. Sin embargo, no los eran en Venezuela, la cual María del Pilar define por entonces como “la tierra de la abundancia”. Algo que contrastaba con la España de los 50, la del hambre, el atraso y la pobreza. Un país donde “no existía el futuro, solo la miseria”, recuerda. Ahora esa estampa parece repetirse en el día a día de esta española, pero en un país diferente y por situaciones distintas.

Entre tanta destrucción -económica y social- María del Pilar destaca la violencia delincuencial del país venezolano. “La violencia se usa como un mecanismo de estado, no hay ninguna seguridad, han tomado el país”, cuenta, y agrega: “El deterioro de la vida en estos últimos años de Maduro ha sido brutal”. Y es que con un acumulado de 21.752 homicidios durante 2016, Venezuela ratificó su condición como uno de los países más violentos del continente. Son datos proporcionados en el mes de marzo por la fiscal general Luisa Ortega Díaz.

Profesora de literatura española en la Universidad Central de Venezuela, asegura que el número de estudiantes matriculados en los últimos años ha bajado de forma considerable, destacando, por otro lado, como los chavales se ausentan de las clases para ir a defender su país. “De una clase de 25, vienen unos 7 alumnos. A ellos no les importa perder clases, lo que no quieren es perder su derecho a protestar“.

Guillermo López Gómez, 70 años

Nacido en Bilbao | 67 años en Caracas, Venezuela

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Guillermo López junto a su mujer María de los Ángeles en su vivienda de Caracas, Venezuela. | Foto: The Objective

Con tres años Guillermo llegó a Venezuela, como María del Pilar, por razones políticas. “Mi padre luchó contra Franco, a terminar la guerra tuvimos que huir porque mi padre no encontraba trabajo”.  Poco recuerda de la España franquista que dejaba atrás, pero sí de su años de juventud en el país sudamericano. “Venezuela era el paraíso”, rememora Guillermo añorando aquellos años en los que en su tiempo libre le gusta realizar deportes acuáticos.

Trabajó duro, asegura, para construir un hogar. Hoy, a sus 70 años, se ve obligado a seguir trabajando junto a su mujer, María de los Ángeles, de 65, para simple y llanamente “poder comer”. Ambos trabajan como cobradores de deudas. Y es que de aproximadamente tres millones de adultos mayores que hay en el país, 900 mil no gozan de una pensión que les permita sobrellevar la crisis de la cual terminan siendo más vulnerables, sobre todo porque no encuentran medicinas, alimentos y no tienen dinero para comprar esos productos.  “A mí edad me veo en una situación muy complicada, debería estar tranquilo, sin embargo,  mi tranquilidad queda aún muy lejos”.

Guillermo asegura que reza cada día para no enfermar. Porque en Venezuela no tienes derechos ni a enfermar,  pues no existe un sistema de salud pública óptimo, las farmacias se encuentran sin medicamentos y cada vez son más las calles invadidas por largas colas de personas mayores que esperan cobrar la pensión al amanecer.

Con un hijo que emigró a España hace unos años, él también lo tiene claro: “Me iría a España con los ojos cerrados,  pero ni vendiendo todo lo que tengo aquí me alcanza para comprar un piso en España. Entonces, ¿qué hago, mendigo? Me tendré que aguantar”, apunta resignado antes de aclarar: “Que conste que amo a Venezuela, ella nos lo dio todo cuando lo necesitábamos. No se merece lo que le están haciendo“.

Montserrat Ranera, 55 años

Nacida en Barcelona | 33 años en Caracas, Venezuela

Montserrat lo tiene claro: “El país está peor que cuando llegué. Hemos retrocedido 60 años“.  Profesora de catalán en Caracas, asegura que cada vez son más los jóvenes, y también familias completas, que quieren aprender el idioma para en un futuro emigrar a Barcelona. “El país no ofrece futuro”, asegura Montserrat que también cuenta con una hija en España. En 2016 los venezolanos lideraron por primera vez las peticiones de asilo en España con 3.960 solicitudes del total de 15.755. Por detrás solo se sitúan sirios (2.975 peticiones) y ucranianos (2.570) cuyos países se encuentra en escenarios de guerra abierta. En 2012, un año antes de la llegada de Maduro al poder, sólo 28 venezolanos solicitaron asilo. Estas peticiones se han multiplicado por 141 durante con el ‘madurismo’.

Esta catalana residente en Caracas, llegó con 22 años a Venezuela de vacaciones tras estudiar un grado de Secretariado Ejecutivo y desde entonces allí sigue. De aquella acogida recuerda “un país muy alegre, con mucha vida. Había muchas posibilidades de hacer multitud de cosas, era un país muy virgen”, rememora. Ahora tres décadas después, queda un país para construir. “La destrucción económica y social ha sido terrible”, cuenta Montserrat, que además de dar clases de catalán en la capita venezolana, también imparte lecciones de cómo ahorrar en servicios en España, cómo buscar vivienda, etc.

A pesar de todo, Montserrat asegura: “No me arrepiento ni un solo día de haber venido a este país”.

María Teresa Fernández Merino, 82 años

Nacida en San Felices de Buelna, Cantabria | 59 años en Caracas, Venezuela

Libre es como se sintió esta cántabra de carácter alegre y jovial. Con 23 años llegó a Caracas junto a su hermano que ya llevaba varios años en la capital venezolana. Inmediatamente comenzó a trabajar de recepcionista en una clínica dental. Esto era casi impensable en la España de la postguerra que días antes había dejado a miles de kilómetros. “Me sentí libre por primera vez”.

Por libertad y por amor se resistió a volver, porque meses después de estar en Caracas, María Teresa conoció al amor de su vida, su “único amor”. Un músico mexicano que trabajaba en Radio Caracas Televisión. “Me enamoró mi marido, pero también el clima y la gente, porque una amistad aquí vale más que una fortuna“.

Durante 36 años estuvo trabajando en el Instituto de Previsión de las Fuerzas Armadas venezolanas donde tenía tres tiendas boutique. Allí se codeaba con los altos mandos del Gobierno. “Chávez me decía ‘la gallega’. Era muy amable.  Eso es lo peor”. Lobos con piel de cordero.  Y es que  María Teresa, que vive en una zona residencial de Caracas, asegura: “A esta zona no nos llega nada.  A ellos les encanta la gente pobre”.

Sin achaques importantes más allá que “los de la edad”, son su familiares en Costa Rica, Panamá, España y México los que les envían los medicamentos necesarios. “El paraíso terrenal, ahora es la caldera del diablo”. Y es que no hay una mejor descripción para un país con grandes reservas de petróleo, gas natural, hierro y oro, y que sin embargo, cuenta con un déficit del 90% de los productos básicos y la pobreza ha sufrido un aumento del 81%.

Con viajes frecuentes a España, su tierra madre, señala que nunca pensó en volver. “Después de haber vivido en un país tan acogedor, sin diferencias sociales, sólo de pensar en la nieve de mi pueblo me da algo”, cuenta risueña María Teresa, que a pesar de lo crudo de la conversación, no ha perdido la sonrisa ni el buen humor en ningún momento. Y es que ella lo tiene claro: “De mi casa en Caracas al cementerio, porque de aquí no me mueve nadie”.

Continúa leyendo: Juan Villoro: "Mi nuevo libro es un mecanismo para compartir entusiasmos literarios"

Juan Villoro: "Mi nuevo libro es un mecanismo para compartir entusiasmos literarios"

Ariana Basciani

Foto: Cristina Marcano
Anagrama

La forma como es recibida la literatura es muy azarosa, pero el nuevo libro de Juan Villoro, La utilidad del deseo (Anagrama, 2017), contribuye a mantener vivo el interés por los libros que valen la pena.

El libro es un volumen de ensayos literarios del escritor mexicano, un viaje por la erudición, la inteligencia y las lecturas apasionadas de su autor. Luego de dos ensayos como Efectos personales De eso se trata, Villoro nos demuestra su pasión por la lectura y la escritura desmenuzando la obra de autores tan disímiles como Daniel Defoe, Nikolái Gógol, Karl Kraus, Juan Carlos Onetti, Julio Cortázar o Carlos Monsiváis.

En su paso por Barcelona, Juan Villoro se sentó a “platicarme” sobre esta especie de autobiografía a través de las lecturas que lo han formado a un autor. Además no dejamos de conversar sobre la actualidad: el referéndum catalán, las redes sociales o el terremoto en Ciudad de México.

Juan Villoro: 'La utilidad del deseo' es un mecanismo para compartir entusiasmos literarios 1
Portada de La utilidad del deseo | Imagen vía Anagrama

¿La utilidad del deseo es un libro sobre el amor a la literatura?

A mi me gustaría pensar que es un libro para compartir entusiasmos y pasiones literarias. Cuando yo leo a un escritor que me interesa de inmediato quiero saber cuáles son los libros que lo han formado, cuáles son sus pasiones como lector. Yo creo que a todo autor le antecede un lector y este libro, como otros que he hecho de ensayos, son mis pasiones de lector. Yo creo que mi nuevo libro –La utilidad del deseo- es un mecanismo para compartir entusiasmos literarios y para tratar de explicarlos, por principios de cuentas a mí mismo. Usualmente tú sueles escribir un libro y te cautiva, pero te cuesta trabajo decir por qué y en ocasiones es más difícil argumentar lo positivo que lo negativo. Cuando un libro te parece defectuoso fácilmente das con las causas y encuentras aquello que te repudia; en cambio cuando un libro te seduce, comienza a formar parte de ti, te cuesta mucho trabajo entender qué es lo que tú estás advirtiendo de singular en ese libro, y este tipo de ensayos es un ejercicio de autoconocimiento, del porqué estas obras, en un sentido epidérmico y emocional, me parecen estupendas. Es un proceso de autoconocimiento, de tratar de descifrar qué es lo que yo he visto en estos autores y eso también tiene algo de autobiografía indirecta. No hablo de mí mismo, pero al hablar de mis gustos hago un retrato de la persona que más o menos soy.

Pero eso es más o menos lo que sucede cuando escribes un libro…

Sí, sobre todo cuando escribes un libro sobre los demás, entonces te estás delatando pero con una máscara. Es como un striptease al revés, no te estás desnudando sino que te estás recubriendo de referencias ajenas, de citas de otros autores, de contextos que no son el tuyo, pero todo eso de alguna manera define lo que eres.

En el libro comentas sobre las máscaras desde otro punto de vista que no es el ordinario, hablas de su uso para decir la verdad.

Sí, muchas veces pensamos que la máscara es un encubrimiento para ser otra persona, pero lo más atrevido y lo más singular de la máscara es que te permite ser quien eres, pero no te atreves a asumirlo. Toda la idea del carnaval de Venecia no consiste en disfrazarte para convertirte en colombina o en arlequín; en realidad, se trata que te disfrazas para decir las cosas que tienes dentro pero te da vergüenza comunicar, entonces es cuando sacas lo más sincero de ti mismo escudado en una máscara, y la literatura es eso. Tú postulas un personaje cuando escribes ficción y, a través de ese personaje, puedes decir cosas muy íntimas que de pronto no se van a asociar contigo sino con él. Por ejemplo, Proust tiene que ver con el Barón de Charlus, pero no necesariamente, entonces eso te da un margen de libertad porque es una máscara.

Juan Villoro: 'La utilidad del deseo' es un mecanismo para compartir entusiasmos literarios 2
Portada del primer volumen de Por el camino de Swann de Marcel Proust. El barón de Charlus un de sus personajes principales de la novela |  Imagen vía Wikimedia Commons.

En la era digital las máscaras son distintas, la gente aparenta cosas que no son, el concepto de máscara ¿no es quizás diferente en la era digital a lo que afirmas?

Creo que ese es un sentido más profundo de la máscara, es decir, poder mostrar una intimidad con la salvaguarda de que no necesariamente se te atribuye, eso es muy significativo. A veces hay gente que en las redes sociales usa un alias con ese fin, pero otras veces es simplemente tener como un avatar de que es alguien diferente.

¿Lo ves significativo?

Yo creo que apenas estamos aprendiendo a comportarnos en el océano digital, somos los bárbaros en una nueva civilización entonces todavía no sabemos cómo asumir estos protocolos, cómo conducirnos y hay todo tipo de actitudes. Hay gente que en las redes ha encontrado una capacidad expresiva notable y también hay gente que ha volcado lo peor de sí misma. No podemos juzgar a la humanidad por las redes sociales. Sería injusto para la humanidad, esperemos un poco para ver cómo se comportan los humanos del futuro con las redes.

Volviendo al libro, La utilidad del deseo revela que eres un gran lector. ¿Cómo fue el proceso de escritura?

Este es un libro que es un viaje en el tiempo. Son lecturas a través de los años de distintos autores, tiene que ver con azares, con las exigencias de la profesión y la forma en que la vives. Yo pienso que podemos leer un libro en distintas velocidades y con distintas intenciones. Hay muchos libros que los he leído como un lector hedonista, buscando disfrutar en ellos y de pronto los he dejado en la paz. Con el tiempo he tenido la oportunidad de regresar a algunos de estos libros y su relectura con el fin de escribir un ensayo, y la experiencia es completamente diferente. García Márquez decía que él leía con el desarmador en la mano para ir viendo qué piezas podría extraer y aprovecharlas en sus propios libros. Entonces esta segunda lectura, muchas veces es muy diferente en función de interpretar el libro de otra manera, no solamente de disfrutarlo sino de explicar tu emoción. Decía Nabokov que la mejor prueba de la calidad literaria era sentir un escalofrío en el espinazo, es algo que no razonas, tu propio cuerpo está experimentando. Muchas veces estos escalofríos los has sentido y no los puedes explicar porque son muy intuitivos; entonces el ensayo es el arte de razonar escalofríos, de decir esto que sentí tiene una causa, tiene un origen y tiene una justificación. Muchas veces la relectura es una vocación por desmontar el libro y entenderlo. Muchos de los ensayos han surgido de esta manera. Yo había leído Robinson Crusoe y de pronto me surgió una nueva traducción que agregaba una nueva parte del libro y me ofrecieron hacer un prólogo muy extenso con un plazo de entrega enorme, y regresar a ese libro fue casi naufragar en él. Era estar yo mismo en la isla, reflexionando y pensando un libro que había leído de forma apasionada, pero sin la obligación ni la necesidad de explicarlo, entonces eso me resulta muy atractivo del ensayo.

Juan Villoro: 'La utilidad del deseo' es un mecanismo para compartir entusiasmos literarios 3
Primera edición de Robinson Crusoe (1719) de Daniel Defoe | Imagen vía Wikimedia Commons

Mencionas a Crusoe en uno de los ensayos y lo mencionas ahora. Pensando en la obra de Defoe ahora con la situación en Cataluña, ¿cómo te posicionas al respecto? ¿qué crees? ¿Ves a la política española o catalana como un naufragio?

El escritor catalán Joan Fuster tiene una frase que me gusta mucho que dice “un fracaso no se improvisa”, en ocasiones se necesita mucho esfuerzo para fracasar, no es tan fácil hacerlo. Y yo creo que toda la situación catalana es una suma de grandes esfuerzos por lograr un fracaso. Es una sociedad bastante igualitaria, incluyente que ha logrado que prácticamente se erradique la discriminación, con una política de salud pública espléndida, un lugar seguro donde muchos latinoamericanos hemos encontrado acogida y refugio. Entonces de esta sociedad uno pensaría que no tiene demasiada urgencia, que no tiene la necesidad de un cambio radical, pero se han sumado una serie de factores que aparentemente lo hacen inevitable; no necesariamente se llegará a la independencia, pero es difícil de zanjar lo que ha ocurrido. Yo creo que hay una responsabilidad fundamental del gobierno de Madrid que a través de la represión y la intolerancia ha impedido que la gente se sienta acogida en España, esto aunado al independentismo sentimental, irracional e irresponsable de Puigdemont.

Sin embargo, Defoe tiene muchas hipótesis para el naufragio…

Defoe tiene unas hipótesis morales para el naufragio, entonces se embarca en contra de la voluntad de sus padres y de alguna manera los traiciona. El propio Daniel Defoe se sentía muy en falta de lo que su padre esperaba de él. Entonces el naufragio es una especie de castigo moral por el atrevimiento de evadirse del destino familiar, pero al mismo tiempo es una especie de bautizo, cae al agua y se convierte en otra persona.

Es una aprendizaje para Defoe…

Es un aprendizaje y toda la novela es esa supervivencia. Es difícil extrapolarlo a una situación como la catalana.

Lo que aprecié de la lectura de La utilidad del deseo pensando en la situación actual fue esta reflexión, te cito: “en su aislamiento Crusoe llega a la conclusión de que todas las naciones son iguales y de que solo Dios puede dirimir entre ellas”. ¿Quién nos salva?

La misma idea de nación es una idea bastante obsoleta, la idea de patria con aduanas fronteras que define a la gente como diferente de nosotros y, por lo tanto, niega a los demás o asume que el patriotismo es una declaración de superioridad con respecto a los otros. La gente apoya a un colectivo en la medida en que piensa que es más importante que otro y todo eso me parece una idea conservadora, retrograda y absurda. Yo lo preferirá al revés, como Crusoe, estar en la puesta en blanco que significa la isla desierta, empezar de cero en un país que no sabes si es tuyo o no es, pero que tú tienes que conquistar con tu trabajo y ser inmigrante. Eso no lo pensó Defoe como una categoría moral, porque no era un tema que estuviese presente en su época ni en su bagaje intelectual. Pensar en Crusoe como un inmigrante, es una interpretación que podemos hacer desde la modernidad, pensar en alguien que está buscando una patria de acogida que no es la suya. Defoe más bien lo veía como un héroe de la supervivencia, como un gran héroe del capitalismo que administra la isla y cuando encuentra a otro es un subordinado porque es un aborigen, porque quizás aunque conoce mejor esa realidad y al que le tiene simpatía, tiene que tener esa oposición subordinada con respecto a él. Una visión muy colonial.

Llevamos días intentando explicar el conflicto catalán aquí y afuera…

Cuando el conflicto está tan polarizado se atiende a los dos polos del conflicto y lo significativo está en medio que no se cubre ni nada, y eso que está en medio es la sensatez del futuro. En el futuro todo se explicará por lo que estaba en medio de la manera más racional, pero hoy en día eso no tiene mayor validez.

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La Galaxia Gutenberg de Marshall Mcluhan | Imagen vía Editorial Aguilar

Ya que comentas del relato y la sensatez del futuro, en el libro comentas sobre los comerciantes mexicanos que venden los separadores de libros en Ciudad de México, ¿cómo ves la literatura y a los lectores en el futuro? ¿Quedarán lectores? ¿Los libros serán tradición?

En el prólogo hablo de algo que es muy conmovedor, que es la venta de separadores de libros artesanales en el barrio donde yo vivo, que es un barrio que se ha vuelto turístico con el tiempo, es el barrio de Coyoacán. Como mucha gente va allí de visita, hay muchos vendedores de artesanía y venden estos separadores hechos con una madera de un árbol que se llama guayacán y vienen de muy lejos, de zonas donde no hay muchos libros. Pero me conmueve la idea que ellos tienen de la ciudad, de que es un sitio donde la gente lee y donde la gente lee lo suficiente para que los campesinos lleguen a ofrecerles tablitas de madera para separar las páginas de sus libros y esa utopía yo la comparto, porque a mi me gustaría pensar que toda ciudad es un sitio para que se lean libros. Pero también sé que es una utopía intangible e irrealizable, porque hay mucha gente que no lee, pero me sorprende la tenacidad e incluso la terquedad con que estos artesanos a través de los años siguen vendiendo separadores de libros. Parecería que en algún momento deberían cambiar de registro y ofrecer otro tipo de productos ,porque no parece haber tantos lectores en la ciudad, pero surge entonces otro tema, si ellos insisten con sus mercancías ¿acaso no es tan inútil que lo hagan?, ¿acaso son necesarios y la gente lo requiere? Un separador de libros es un objeto especializado, pero tú puedes ser un gran lector y nunca utilizar un separador de libros. Es para una especie de lector de viejo cuño. Yo los veo y yo digo: ¿encontrarán personas así? Llevan años haciendo eso, es una prueba de resistencia no solo de las esperanzas de los vendedores de estos objetos, sino de la existencia misma de los libros en papel. Creo que con frecuencia pensamos en términos apocalípticos respecto al objeto libro y decimos que está agotado. Incluso se dan fenómenos tan interesantes como el de Marshall McLuhan en el siglo pasado, que escribió un libro maravilloso para anunciar el fin de los libros. Su libro La Galaxia Gutenberg es un libro genialmente escrito, lleno de ideas originales y que profetiza la extinción de un objeto que de forma inadvertida está contribuyendo a preservar, porque si tú escribes un libro tan maravilloso para decir que el libro no tiene sentido estás ayudando a preservar aquello que niegas. Esta paradoja es fascinante y explica en buena medida la perdurabilidad de los libros en papel. Hace 10 años los apocalípticos decían “se acabaron los libros impresos, todo serán tabletas electrónicas, ebooks”. Han pasado 10 años y no solamente no se extinguieron los libros en papel sino que aficionados al ebook están volviendo al formato papel. El futuro del libro me parece que está garantizado; para hacer un juego de palabras fácil, su papel garantizado.

Al final del libro hablas de la literatura infantil y juvenil, ¿por qué la gente no le da la importancia que debe tener?

Tienes toda la razón, es un género al que no le dan la valoración social equivalente a las dificultades para escribirlo. Los grandes clásicos contemporáneos son libros para niños, desde las fábulas de Esopo hasta nuestros días; las mayores formaciones culturales han surgido de la literatura infantil. Hay grandes libros que originalmente no fueron escritos para niños, pero perduraron en el tiempo gracias a la lectura infantil, como por ejemplo Robinson Crusoe o bien otros, que son clásicos indiscutibles como Alicia en el país de las maravillas o Alicia frente al espejo, libros destinados para niños, así que es muy injusto no entender que la literatura infantil es una forma de arte muy compleja. Ha costado mucho entender que el niño no es una antesala del adulto sino que el niño tiene un fin cultural en sí mismo, entonces a partir de la Ilustración fue posible entender la importancia cultural de la infancia. Lo hemos comprendido desde el punto de vista psicológico y, sin embargo, quienes escriben literatura infantil suelen ser relegados a una especie de apartheid de una sub especialidad que no es gran literatura y he ahí un grave problema porque yo pienso que El Principito es una de las grandes obras del siglo XX. Así podríamos clasificar la literatura de Roald Dahl, Gianni Rodari y de muchos otros.

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Las fábulas de Esopo | Imagen vía Ministerio de Cultura de España

Afirmas el hecho de que “algunas historias contemporáneas en el futuro serán leídas como ensoñaciones o inocentadas” ¿Crees que los lectores del futuro serán más cultos e inteligentes para comprender obras más complejas?

Hay libros, por ejemplo, Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño que es leído actualmente por lectores jóvenes; quizás en el futuro sea leído por preadolescentes, porque justamente es un libro de formación de gente que está tratando de vivir la vida de otra manera o de entender que la vida es una forma poética y eso tiene que ver con el impulso juvenil de transformación. Entonces en el futuro posiblemente se adelanten a leerlo.

¿Crees que seremos mejores?

Bueno yo creo que hay ciertos libros que van encontrando con el tiempo lectores de distintas edades, libros que a lo mejor en su origen se postulan como obras muy complejas para los adultos de esa generación y en el futuro serán para lectores más juveniles, ya sea el texto original o la adaptación. Por ejemplo, en La utilidad del deseo hablo de la literatura rusa, que es la permanente juventud de toda la literatura, los temas juveniles por excelencia, desde elegir la vocación hasta tomar ciertas posturas básicas de la vida están en las obras de Dostoievski, de Tolstoi, de Chejov, de Gógol. Digamos que hay un atractivo muy especial en estos escritores para la gente que está tomando decisiones básicas en momentos cruciales de su vida. Entonces no es una literatura juvenil como hoy se entiende Harry Potter, encaminado determinadamente a un lector joven. Los temas que postula la literatura rusa son extraordinarios porque son el rito de paso para la gente joven y eso es tan extraordinario que siempre que lees a Dostoievski, de cierta forma tienes 18 años, porque estás ante esos temas esenciales. Entonces, tengas la edad que tengas en el mundo real, regresas a ese momento extraordinario en el que tienes que decidir ciertas cosas básicas en la vida y eso es muy interesante en la literatura, que la edad que tienes como lector se modifique en función del texto que estás leyendo. Ya que hablamos de literatura infantil, la dedicatoria de El Principito “todos los adultos han sido niños pero muchos de ellos lo han olvidado” y él le dedica ese libro a su mejor amigo, no el que es en ese momento sino el que fue de niño para que no olvide esa etapa. Muchos de nosotros cancelamos edades y la literatura te ayuda a recuperarlas.

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Primera edición de Los hermanos Karamazov de Fiodor Dostoievski | Imagen vía Wikimedia

Comentas que Monsiváis en sus libros deja una puerta abierta para que el lector los complemente. ¿Con tus libros pasa lo mismo?

Sí, todos los libros están abiertos a distintas lecturas y a ser completados y prolongados por otras obras. Me parece que no hay literaturas plenamente individuales, son producto de lecturas e influencias que las han hecho, que también se abren a respuestas posteriores. Es lo que a mi me parece muy interesante de la escritura, no necesariamente es una percepción individual del mundo, eres tú el que escribes pero estás hecho de una familia muy amplia de lectores.

Por último, después del terremoto del 85 tuviste la idea de inventar tu propia muerte y desaparecer. ¿Quisiste desaparecer este 2017?

Esa fue una gran tentación. En el terremoto del 85 se produjeron muchas víctimas, no sabemos cuántas, fueron muchas y destruyó buena parte de la ciudad, más que el terremoto actual. Era plenamente verosímil, en ese momento, que alguien desapareciera en los escombros y es una gran tentación decir “que me den por muerto”, tener una muerte cívica y a partir de eso inventarme la posteridad. La tentación de reinventarnos está en nosotros y además es un motivo legítimo. Este año no lo pensé, fueron 32 años de diferencia, aunque hay muchos momentos en los que me gustaría cambiar por completo, siempre estoy fantaseando en vivir en otro lado, en hacer otro tipo de vida, no se extingue esa sensación; a mí por lo menos no deja de inquietarme eso.

¿Esa sensación nace y la dejas morir por lo que puedes dejar como legado?

No, nace de la insatisfacción de tu propia vida, yo nunca he estado plenamente satisfecho con mi vida y creo que nunca lo estaré. Hay gente que no se plantea una alternativa, pero a mi me parece muy aburrido pensar que solo puedo ser quien soy. Por eso me dedico a la literatura, porque ella te permite suplantar otras personas y asumir otras vidas, es una manera de llevar vidas paralelas, todas ellas conjeturales; sin embargo, un terremoto te permite la posibilidad de cambiar tu propia vida. El terremoto del 85 fue un borrón y cuenta nueva, la ciudad quedó arrasada y era más verosímil desaparecer allí. No por falta de verosimilitud, esta vez no tuve esa tentación; me he resignado a ser quien soy, pero de manera crítica. Me resigno, pero me quejo.

La utilidad del deseo nos hace entender la creación literaria y el mundo desde sus engranajes. Villoro se convierte en traductor del deseo literario y en embajador que nos muestra la belleza de sus lecturas para emocionarnos y revivir con él nuestras pasiones literarias por esas obras.

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Natalia Lafourcade: “Nosotros tenemos nuestras Billie Hollidays, Ellas Fitzgeralds y Edith Piafs en Latinoamérica”

Ana Laya

Foto: Sony Music España

Algunas veces sucede algo muy grato con los artistas que seguimos y admiramos y eso es verlos crecer. Digo algunas veces porque otras tantas ese proceso puede resultar poco ameno si ese crecimiento y esa evolución de alguna manera resulta una traición a su esencia. En el caso de Natalia repasarla en el tiempo es satisfactorio y delicioso.

Es maravilloso recordarla (y recordarme) en la época de Búscate un problema o Amarte duele, tanto como es escucharla ahora interpretando algunas de las canciones más bellas –¡y complejas!- de Latinoamérica, como la Tonada de luna llena de Simón Díaz, o La Llorona de Chavela Vargas… y reconocerla. Es ella. Es Natalia, pero más grande. Esta chica ha evolucionado y ha cambiado de una manera hermosa, pienso conectándome con esa personalidad de tía-abuela orgullosa que a veces aparece en mis monólogos internos.

Natalia Lafourcade: “Nosotros tenemos nuestras Billie Hollidays, Ellas Fitzgeralds y Edith Piafs en Latinoamérica” 3
Portada del nuevo trabajo de Natalia junto a sus adorados Macorinos. | Imagen vía Sony Music.

Natalia es una chica curiosa, le gusta hacer y experimentar de todo un poco, diseña la ropa que viste en el escenario, creó los collages del arte del álbum Musas y hasta le dio un poco la lata al director del vídeo promocional del tema Tú si sabes quererme. Le encanta involucrarse, ser parte del proceso creativo, compartir la energía… pero eso sí, aclara, su Wikipedia miente, Natalia por muy handy y genial que sea, no juega fútbol. Aún le intriga saber por qué a alguien le interesaría ponerla de jugadora de fútbol… pero ahí está. Hace poco intentó editarlo y eliminarlo, pero no sabe si lo logró… “la gente hace cosas rarísimas”, me dice.

Nos instalamos en una sala cómoda y espaciosa en las oficinas de Sony Music España y empezamos una conversación centrada en su último trabajo, Musas, que presentará en España en febrero de 2018, con fechas en Barcelona (15 de febrero en la  Sala Apolo) y Madrid (16 de febrero en la tropical Sala La Riviera). En este álbum/homenaje, Natalia -y el universo- decidieron mezclar composiciones propias con iconos del folclor latinoamericano como Omara Portuondo, Violeta Parra y Agustín Lara.

Es mediodía, probablemente lleva haciendo entrevistas desde la mañana, pero su paciencia y su sonrisa parecen infinitas.

 

Cuéntame un poco acerca de Musas, ¿de dónde viene esa necesidad de evolucionar reconectándote con el pasado? ¿De esa mirada hacia atrás y hacia adentro?

Yo creo que poquito a poco me fui dando cuenta de que había que ir para adentro, conectarme más con mi identidad, mis raíces, conmigo, con mi tierra, con México, con mi espacio, con mi casa, o sea con todo lo que me podía hacer acercarme a mi esencia, a mi espíritu, a mi fuerza propia.

Siento que es una cosa que sucedió en parte porque trabajé con la música de Agustín Lara y ahí me di cuenta de que en español y con nuestros géneros se podían hacer cosas maravillosas. Ahí pues empecé a conocer nuevos géneros o a recordar a otros compositores también, a escuchar su música, a escuchar a otras intérpretes cantando en español y decir, ¡mira, nosotros tenemos nuestras Billie Hollidays, nuestras Ella Fitzgeralds o nuestras Edith Piafs pero en Latinoamérica! Tenemos estas mujeres, a estos compositoras y compositores hermosos y yo puedo aprender algo de ellos. Y poco a poco empezaron a capturar mi atención y mi gusto y mis ganas de aprender de todos ellos y aquí estoy. Aprendiendo.

Tú Me Acostumbraste featuring Omara Portuondo (En Manos de Los Macorinos) by Natalia Lafourcade & Omara Portuondo & Los Macorinos on VEVO.

¿Este aprendizaje a través de la cultura, la identidad y de la memoria es algo que crees que necesitamos en este mundo en el que estamos?

Te puedo hablar desde mi experiencia y desde lo que a mi me corresponde que es lo mucho que siento que se ha fortalecido mi artista a través de haberme conectado con este aspecto, de decir amo México con lo bueno, lo malo, lo lamento, me duele mucho, pero con todo y eso amo México, amo ser mexicana y amo poder llevar un poquito de eso que amo de México y que admiro de México a donde sea que me pare. En lugar de tal vez querer hacer cosas que en otros países se hace, que durante mucho tiempo me pasaba. Un poco anhelaba y en mis sueños quería ser como otras personas en otros lugares. Eso cambió en mi, como que ya llega un momento en el que dije ‘bueno ya está, esta soy yo’. Un poco primero el amor a mi misma y el amor a lo que tengo para ofrecer sin tratar de convencer a nadie, sino realmente hacerlo desde el amor y desde el corazón, y después conectarme con mi gente, con mi música y conectarme e investigar y explorar a esos compositores que me gustan.

Eso realmente fue una inquietud propia, cada artista lleva sus propias inquietudes y yo pienso que está bien. Hoy en día hay muchas cosas que nos alejan de la esencia o, a lo mejor, de una cosa más desnuda. Hay muchas herramientas para tapar, hay muchas formas de ponerse máscaras y no abrirse. Y un poco yo decidí ir más hacia la parte de ir abrir el alma, el corazón, el espíritu con la música, ese es mi –no sé como llamarlo- mi bandera, mi lema mi búsqueda. Ir hacia adentro y de ahí hacia fuera también, tratando mucho de conectar con eso. Y siento que he podido fortalecer mi identidad y mi estilo a través de eso. Entonces pues para mi se ha vuelto como una fórmula efectiva, que me ha funcionado pero igual a otras tal vez no les funciona de esa manera.

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Los Macorinos, Miguel Peña y Juan Carlos Allende, son el dúo de músicos que acompañó a la gran Chavela Vargas en sus giras desde 2006 y hasta su muerte. | Foto vía Sony Music España.

He leído que el proceso de Musas fue bastante orgánico, no nació con la intención de convertirse en un álbum, pero todo fluyó y se convirtió en eso. ¿En qué momento te diste cuenta de que estabas haciendo un disco?

La disquera me lo dejó saber. La disquera y mi equipo de management. Yo lo que quería realmente era un poco recuperar el ambiente de la bohemia en casa. Estaba viajando mucho, estaba tocando mucho ‘Hasta la raíz’ y quería grabar con Los Macorinos y quería recuperar el ambiente de la bohemia en la casa, entonces primero no le dije a nadie que estaba haciendo este proyecto, la disquera no sabía, nadie sabía más que mi equipo más cercano y entonces eventualmente mi equipo me dijo ‘ya déjanos escuchar eso que estás haciendo’ y yo les decía ‘no, no tiene nada que ver con lo demás que hice, no lo veo para nada de sacarlo, yo sé que esta en la radio no va a tener probablemente entrada y esta no es mi tirada tampoco,… pero bueno, venga, se los voy a enseñar’. Entonces hicimos un ensayo abierto, y ahí fue que empezó a haber esta parte de ‘¡esto es increíble, y más allá de si suena en la radio o no, vale la pena que le demos su lugar y su importancia.’

Entonces ya ahí empezó a cambiar toda la historia. Dijimos que probablemente serían dos volúmenes porque es mucha música y ahí yo ya supe que la música le iba a llegar a la gente, que mi público iba a escuchar este disco. Entonces ahí dije ‘quiero hacer un disco que suene ahora como si yo estuviera en las salas de sus casas tocando para ellos’, un disco que suene a madera y que no tenga ningún instrumento electrónico, ninguna secuencia, nada, sino que sean puros instrumentos de madera y así empezamos a tejer toda la historia.

¿Los temas elegidos por qué fueron ‘los elegidos’?

La tonada iba a ir, por ejemplo, porque era un proyecto de hobby para mi o de capricho. Yo me dije voy a grabar la Tonada de luna llena, voy a grabar Derecho de nacimiento, voy a grabar La Llorona, voy a grabar estos temas que amo, y realmente la selección fue así. La selección era tomar esos temas que me habían acompañado en mis giras, en la voz de Mercedes Sosa, de Chavela Vargas, de Violeta, de Omara Portuondo, realmente agarrar esa música que me inspira y que me encanta e interpretarla.

La selección tenía que ser con eso que me conmueve y ya… fue así.

Quería interpretar a Violeta, nunca me había atrevido a hacerlo. En este disco, de primera no iba a haber nada que fuera demasiado imponente o que de alguna manera me impidiera hacerlo, más que yo misma, entonces realmente lo que decidí fue romper con eso y eventualmente, por ejemplo, ya me empecé a sentir inspirada para escribir canciones, entonces dije ‘por qué no, no pasa nada, voy a meter mi composición en esto’. Le mandé mi primera composición, Rocío de todos los campos, y Rocío fue como una musa para mi también, le mandé esta composición a los productores, a Gustavo y a Cheche y les dije, déjenme saber si ustedes creen que esta composición puede formar parte de este proyecto y ellos me dijeron ‘pero por supuesto’, y así seguí haciendo canciones y de repente el disco se fue tejiendo poco a poco.

Vuelves a España luego de dos años en los que han cambiado un montón de cosas, has cambiado tú, la producción, la música, todo… ¿qué esperas de esta gira y de España?

Pues espero poder compartir esta música que hicimos con la gente. Que la gente lo disfrute. Espero que el disco cumpla su cometido, que era una cosa muy simple, era darle calor a la gente, un ‘apapacho’ al corazón y al alma. Eso era lo que yo quería, por eso hicimos un disco en una casa de madera, con puros instrumentos tradicionales, de madera también y con puras canciones que son muy cálidas, y ya, eso espero que el disco pueda darle mucho calor a la gente.

Si han leído hasta aquí y han conocido a la artista, prepárense para descubrir otras facetas de Natalia y sobre todo su risa, que es adorable.

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Leonora Carrington, las Memorias de abajo de la pintora surrealista

Anna Maria Iglesia

Foto: DANIEL AGUILAR
Reuters

El legado de Leonora Carrington, artista surrealista británica, no solo está compuesto por una obra pictórica indispensable para entender el siglo XX, sino también por textos de indudable interés, entre ellos uno de los más importantes es Memorias de Abajo, libro que André Breton le animó a escribir y que ahora publica Alpha Decay con prólogo de Elena Poniatowska.

“¡No admito su fuerza, el poder de ninguno de ustedes, sobre mí. Quiero ser libre para obrar y pensar; odio y rechazo sus fuerzas hipnóticas!”, se rebeló de pronto Leonora Carrington al doctor Luis Morales, bajo cuya supervisión médica estaba recluida en el sanatorio mental de Santander. Pocos meses antes, Max Ernst, había sido detenido por la República de Vichy. De origen judío y vinculado a la resistencia, Ernst fue detenido en su casa de Saint Martin d’Ardèche, donde vivía con una jovencísima Leonora, una joven inglesa llamada a ser una de las pintoras más relevantes del surrealismo. La Segunda Guerra Mundial, sin embargo, lo cambió todo: Ernst terminó detenido en el campo de concentración de Les Milles,  en la República de Vichy, y Leonora encerrada en una clínica psiquiátrica en Santander.

Leonora Carrington, las Memorias de abajo de la pintora surrealista 1

Los gritos de Leonora, reclamando su libertad, retumbaban en la clínica santanderina el agosto de 1940. Tan solo unas semanas antes, la pintora había sido obligada por su padre a un internamiento forzoso en la clínica del Dr. Morales, un psiquiatra de ideología nazi que, por entonces, regentaba una de las clínicas psiquiátricas con más prestigio entre la burguesía europea. El Dr. Morales era considerado una excelencia por llevar a cabo “milagrosas” y experimentales curaciones sobre sus pacientes, curaciones que se basaban principalmente en un choque convulsivo químico con cardiazol. A pesar de que el Dr. Morales la cogiera del brazo, afirmando, sin titubear, “aquí soy yo el amo”, aquellos gritos de Carrington anunciaban el final de su encierro. Ella estaba en aquella clínica por orden de su padre, un tradicional hombre de la burguesía inglesa que nunca había aprobado la conducta de su “rebelde” hija, y bajo el control permanente del Dr. Morales, ocupado, más que preocupado, en quitarle las ideas delirantes que la joven padecía desde la detención de Ernst.

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La posada del Caballo del Alba (1936-1937), autorretrato de Leonora Carrington | Imagen vía: Wikimedia Commons

“Cuando los alemanes invadieron Francia, temiendo por su propia seguridad, Leonora decidió escapar a España, con la intención de obtener un visado para el pasaporte de Max, que ella guardaba consigo”, cuenta Victoria Combalía en Amazonas con pincel. Por entonces, Carrington “ya comenzaba a ser presa de alucinaciones que le desencadenarían ataques de locura”, unos ataques que la acompañarían a lo largo de su huida de Francia, desde Andorra, pasando por la Seu d’Urgell y Barcelona, hasta Madrid, donde llegó acompañada por Catherine Yarrow y Michel Lucas.

La locura de Carrington era resultado de lo vivido, ¿cómo sino podría reaccionar alguien a quien, en palabras de Elena Poniatowska “de pronto los gendarmes se presentan y se llevan a su amor alegando razones de religión o de raza o de ideología”. La violencia, sin embargo, no abandonó a Leonora: no sólo llegaba a una España que acaba de salir de la Guerra Civil, una España cruel, dice Poniatowska, un país que “con su guardia civil intentó destruir su mundo imaginario y afectivo”, sino que nada más llegar sería víctima de una banda de requetés, que la raptaron y la violaron.

“Se levantaron algunos de aquellos hombres y me metieron a empujones en un coche. Más tarde estaba ante una casa de balcones adornados con barandillas de hierro forjado, al estilo español. Me llevaron a una habitación decorada con elementos chinos, me arrojaron sobre una cama, y después de arrancarme las ropas me violaron el uno después del otro”, recordaría tiempo después en Memorias de abajo. A partir de entonces, Carrington ya no pudo más, los delirios se incrementaron como si delirar fuera la única manera de huir de aquella vida hostil a la que parecía estar condenada.

“En sus raptos de locura, Leonora asumía el comportamiento de varios animales: rugía como una hiena, relinchaba como un caballo, ladraba como un perro…” cuenta Combalía. Fue entonces cuando el padre de Leonora entró en escena y obligó su internamiento: “Mi primer despertar a la conciencia fue doloroso: me creí víctima de un accidente de automóvil; el lugar me sugería un hospital, y estaba siendo vigilada por una enfermera de aspecto repulsivo y que parecía una enorme botella de Lysol. Me sentía dolorida, y descubrí que tenía las manos y los pies atados con correas de cuero. Después me enteré de que había entrado en el establecimiento luchando como una tigresa, que la tarde de mi llegada, don Mariano, el médico director del sanatorio, había intentado convencerme para que comiera y que yo le había arañado”.

Leonora Carrington, las Memorias de abajo de la pintora surrealista
Leonora Carrington | Imagen vía Alpha Decay

Así recuerda Leonora Carrington su llegada a la clínica psiquiátrica en Memorias de abajo, libro que André Breton le animó a escribir y que ahora la editorial Alpha Decay publica en una nueva edición con prólogo de Elena Poniatowska. Como cuenta Poniatowska, autora del libro Leonora, en la vejez, la pintora apenas hablaba de Max Ernst, pero sí de su estancia en la clínica: “De su niñez, Leonora habló con felicidad; del Cardiazol en la clínica del doctor Mariano Morales en Santander, en cambio, con verdadera angustia”. De hecho, añade la escritora mexicana, “con el terror impreso en sus ojos, volvía a caer en el agujero negro: ‘Me impidieron cualquier movimiento, me amarraron, me inyectaron…’”. Si bien para Bretón el libro de Leonora fue un texto imprescindible para sus estudios en torno a la locura y los delirios, no debe olvidarse que Memorias de abajo es, ante todo, un libro sobre la reclusión y el abandono.

Carrington no sólo se siente atrapada en esa clínica, no sólo siente que aquellos tratamientos, hoy absolutamente superados, no hacían otra cosa que hundirla más en su locura, sino que se sentía abandonada, sobre todo por un padre que parecía estar haciéndole pagar el precio de la libertad disfrutada años atrás en París. Como relataba hace algunos meses en The Guardian su sobrina Joanna Morhead, Carrington –Prim, así la llamaban- era considerada la “niña salvaje” de la familia: “Nunca escuché ni una sola buena palabra hacia ella”, recuerda Morhead, para quien fue todo un descubrimiento saber que su tía era un nombre imprescindible dentro de la historia de la pintura. “Durante décadas, ella fue relativamente desconocida: el convencional mundo artístico pasó por encima de ella y los comerciantes la ignoraron. Cuando entró en los ochenta años, sin embargo, encontró, con lentitud, pero con firmeza, la fama”, afirma Morhead y sigue: “Su trabajo fue redescubierto por los historiadores; las mujeres surrealistas fueron ‘recuperadas’ y conocidas por sus talentos individuales antes que por su papel de musas. Al inicio del siglo XXI, ella se convirtió en una especie de tesoro nacional para su país de adopción”, México.

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Cocodrilo de Leonora Carrington, en Ciudad de México. | Imagen vía Carlos Valenzuela/Wikicommons

Carrington llegó a México en 1942, tras un año en Estados Unidos. A finales de 1940, gracias a la intermediación de un primo suyo, salió de la clínica de Santander, aunque su padre ya había decidido su destino: “Su familia ha decidido enviarla a Sudáfrica, a un sanatorio donde será muy feliz porque es delicioso”, le dijeron nada más llegar a Madrid, primera etapa de un viaje que Leonora no estaba dispuesta a realizar. Acompañada por Frau Asegurado, encargada de su cuidado y vigilancia, fue embarcada a Lisboa, teóricamente la segunda parada antes que Sudáfrica. Sin embargo, Leonora, consciente de que “no había que luchar con esa clase de gente, sino pensar más deprisa que ellos”, no dudó en escapar en cuanto tuvo la posibilidad y esconderse en la Embajada de México, habiendo conocido al diplomático mexicano, Renato Leduc, pocos días antes en Madrid: “El embajador se portó maravillosamente conmigo, después. Tuve que entrar a verle, y dijo: ‘Está usted en territorio mexicano. Ni siquiera los ingleses pueden tocarla’. No sé cuándo apareció Renato. Al final, dijo: ‘Vamos a casarnos. Sé que es horrible para los dos, porque no creo en esa clase de cosas, pero…’”.

Fue así como Leonora pudo escapar. ¿Fue un matrimonio concertado aquello que le concedió la libertad? Ella nunca lo negó. Si bien el matrimonio con Renato durara tan solo un año, su amistad perduró hasta el final y él nunca dejó de visitarla en su casa de Chihuahua. En México, Leonora retomó su carrera como pintora que la guerra había interrumpido y aquellas alucinaciones cabalísticas y astrológicas sufridas durante su estancia en Santander terminaron plasmando un mundo interior, del cual sus pinturas fueron reflejo: “su pintura desvela la vertiente mística de la vida cotidiana. Sus escenas recuerdan los cuentos de hadas y los relatos infantiles irlandeses y celtas que le contaban de niña, repletos de druidas y magos que conocen una dimensión superior de la realidad. Personajes como la diosa Danu o la figura del caballo como símbolo de la búsqueda de renovación abundan en sus lienzos, así como gatos, cisnes, serpientes y alusiones a la cábala y a la alquimia”, apunta Victoria Combalía.

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El mundo mágico de los mayas de Leonora Carrington en el Museo Nacional de Antropología de México | Imagen vía Loppear / Wikimedia Commons

Leonora Carrington murió en 2011 en México. Tenía 91 años. Nunca quiso volver a Europa para vivir, aunque sus viajes a Inglaterra y Francia fueron constantes. Tras de sí, no sólo deja textos de indudable interés, sino una obra pictórica indispensable para entender el siglo XX. “Su trabajo evoca de muchas cosas y su enormemente complejo”, comenta Matthew Gale de la Tate Modern, “su producción no fue masiva porque su técnica es muy meticulosa y su trabajo muy detallista”.  

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