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Virginia Woolf: Entre la escritura y la locura

Rohmy Cubas

“Decidí que yo misma compraría las flores”. Una filosofía pertinente para describir a la escritora británica Virginia Woolf desde que fue capaz de forjarse una corriente de pensamiento, controvertida para la década de los 20 y los 30, premonitoria en la actualidad. La extinción de su madre Julia cuando Virginia tenía 13 años marcó el inicio de una constante: la muerte. Entre voces y pájaros que entonaban palabras en griego esta terminaría sepultándola en las profundidades del río Ouse un 28 de marzo de 1941, cuando la autora era consciente todos los días de que, de nuevo, se volvía loca.

The Voyage Out (Fin del Viaje), primera novela de Virginia Woolf, edición de The Hogarth Press.
The Voyage Out (Fin del Viaje), primera novela de Virginia Woolf, edición de The Hogarth Press.

Woolf nació un 25 de enero de 1882 en Kesington, Londres. Hija de poetas y criada en un selecto ambiente intelectual, su carrera como prosista comienza formalmente 26 años antes de un inminente suicidio cuando en 1915 publica su primera novela Fin de Viaje (The Voyage Out) un libro en donde las coincidencias con sus últimos años aparecen casi premeditadas -en el libro, la vida de la protagonista termina de forma prematura justo cuando su futuro literario se posiciona en la cumbre-. Como Virginia escribiría en su diario el 8 de abril de 1925, en algún punto de su realidad abandonó la tendencia a quitarse “la gorra ante la muerte”.

Entre este carril de estaciones cambiantes que coloreaban y desdibujaban a Virginia, la persistencia se mantuvo en la escritura, en la escritura y en las voces que en primavera no la dejaban concentrarse. Sus depresiones eran constantes y periódicas, la noción del tiempo y del apetito marcaban el destiempo de una congestión que incluía delirios cuando estaba al borde de culminar una novela. A pesar de los múltiples médicos y tratamientos la poeta volvía como colibrí abandonado a su propia insanidad, una que plasmaba en sus diarios cuando confesaba ver al Rey Eduardo VII entre los arbustos.

Fotografía de Gisèle Freund (1939).
Fotografía de Gisèle Freund (1939).

Pero no todo fueron sombras y lagunas en la vida de la escritora, quien se reconocía a sí misma demasiado snob al casarse con un judío. Así se refería a Leonard Woolf, el hombre que terminó siendo su confidente y el único que soportó todos sus “episodios” hasta el final. Junto a este teórico-político, escritor y editor, adquirió una pequeña imprenta manual, la famosa Hogarth Press. En pocos años, esta se convirtió en una casa de publicaciones de gran tamaño con una lista de autores selectos y distinguidos entre los cuales se encontraban los propios Woolf.

Aunque Virginia ha escrito no creer que dos personas pudieran haber sido “más felices de lo que lo hemos sido nosotros” refiriéndose a la vida matrimonial, su felicidad también se subordinaba en amores imposibles y amantes con sombreros y esbeltas siluetas de las que unos pocos mascullaban. Tuvo varias a lo largo de los años, esa dualidad sexual fue una de las principales características de su prosa; de sus compañeras ninguna tuvo el efecto de Vita Sackville, poetisa, novelista y diseñadora de jardines inglesa. A Sackville, Virginia le dedicó una de sus novelas más originales y controversiales –Orlando (1928)- una representación subjetiva de Vita, un hombre que a la mitad de la historia se convierte en mujer. Por años mantuvieron correspondencia en secreto como amantes y como amigas, en una de esas tantas cartas se puede leer: “Estoy reducida a ser una cosa que te quiere Virginia. No puedo ser lista e indiferente contigo”. Vita Sackville 21 de enero de 1927.

A pesar de su talento y de obras esenciales como La señora Dalloway (Mrs. Dalloway), Al faro (To the Lighthouse), Una habitación propia (A Room of One’s Own) o Las olas (The Waves) su pluma nunca pudo terminar de convencerla de que podía ganarle la contienda a sus sombras.

“La vida es un asunto duro, se necesita una piel de elefante ¡que precisamente una no tiene! Allí abajo no puedo escribir ni leer; sin embargo, existo, soy”.

Virginia y Leonard Woolf el día de su boda 1912 | The New York Times archivo.
Virginia y Leonard Woolf el día de su boda 1912 | The New York Times archivo.

Una habitación propia

En la actualidad Virginia Woolf es considerada como una de las figuras modernistas más influyentes del siglo XX, la punta de la lanza ante un movimiento feminista que escalaría socialmente en años posteriores. Influenciada por escritores como Marcel Proust, James Joyce, Dorothy Richardson, Katherine Mansfield y Henry James, la clásica figura olvidada sería redescubierta años después de su muerte gracias a “Una habitación propia”, ensayo sobre la condición de escritora de la mujer en aquellos tiempos, sobre sus capacidades y condiciones estigmatizadas. Fue una tenaz crítica de los pronósticos y axiomas pre-establecidos, condenaba el hecho de que grupos de mujeres de la época creyeran que fueron traídas al mundo para lavar platos y tener niños. Era una fiel defensora de la igualdad de oportunidades.

“Si vivimos aproximadamente otro siglo y si cada una de nosotras tiene quinientas libras al año y una habitación propia, si nos acostumbramos a la libertad y tenemos el valor de escribir exactamente lo que pensamos será una hermosa conquista, una justa y merecida (…) Una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas”, escribió en aquél texto atemporal.

Su prosa se pasea entre el ensayo, la novela, la poesía y el teatro, con esquemas narrativos ajenos para la fecha y monólogos atípicos pero fascinantes que indagan en la conciencia de sus personajes como pocos escritores lo han hecho. Quiso escribir sobre todas las vidas y muertes posibles retando la inteligencia del lector para expresar el carácter más no la quimera de las doctrinas.

Su última obra  -Entre actos (1941)- refleja sus principales preocupaciones: la transformación de la vida a través del arte, la ambivalencia sexual y la meditación sobre el tiempo y la vida.

28 de marzo de 1941: La última mañana

Virginia Woolf, fotografiada por su marido Leonard en Monk's House en 1932.
Virginia Woolf, fotografiada por su marido Leonard en Monk’s House en 1932.

Virginia Woolf tiene una sonrisa melancólica plasmada en labios delgados y constreñidos. Sus pies descalzos se intercambian en movimientos danzantes mientras juegan a rozar el piso de madera. Su vestido se asienta sobre una estirada y aguda figura, un par de horquillas sostienen unas ondas marrones con destellos blancos que caen sobre sus puntiagudos hombros.

Un 28 de marzo de 1941 el exclusivo condado West Sussex y East Sussex -destinado a aristócratas e intelectuales ingleses que se dedican a escribir sus libros, a pintar sus cuadros, a cantar sus canciones- parece mantenerse por inercia. La casa veraniega de los Woolf se ha sostenido en pie por años sufriendo los embates del caprichoso clima de Inglaterra; la propiedad se extiende hasta los límites del río Ouse y el murmullo de las aguas que parecen competir por llegar al otro extremo del campo es inconfundible, la brisa es fría y la grama verde limón palidecerá al terminar la primavera. Virginia prefiere el rumor de la capital y el sonido de los motores en las aceras de piedra, prefiere escribir en espacios cerrados donde las palabras no se conviertan en agua enfangada.

Esa mañana fluorescente, poco antes del mediodía, Virginia es consciente todos los días de que, de nuevo, se vuelve loca. A los 59 años de edad la escritora se ahoga voluntariamente mientras las pesadas piedras en los bolsillos de su abrigo la arrastran cuesta abajo. Dejó dos cartas, una para su hermana Vanessa Bell y otra para su marido Leonard Woolf, las dos personas más importantes de su vida.

“Quería escribir sobre todo, sobre la vida que tenemos y las vidas que hubiéramos podido tener. Quería escribir sobre todas las formas posibles de morir”

 –Virginia Woolf (25 de enero de 1882 – 28 de marzo de 1941).

Maullidos de autor: escritores y sus gatos

Clara Paolini

Foto: Pinterest

Existe un poderoso vínculo entre los felinos y la literatura, y buena prueba de ello son las cientos de fotografías que rescatan del olvido entrañables escenas de escritores en compañía de sus gatos.  ¿Por qué los autores sienten tal atracción por los mininos?, ¿de dónde proviene el magnetismo?

Tal y como señalaba David M. Barnett en un artículo publicado en The Guardian, muchos escritores justifican su obsesión por los gatos utilizando la cita del novelista, periodista y dramaturgo canadiense Robertson Davies, quien explicaba que “a los escritores les gustan los gatos porque son criaturas tranquilas, adorables y sabias, y a los gatos les gustan los escritores por las mismas razones”.

Cuenta la leyenda que Mr. Peter Wells fue el nombre del gato escritor H. G. Wells; Topaz, el de Tennessee Williams; Catarina, la gata de Edgar Allan Poe; Chopin, el de F. Scott Fitzgerald, y que a lo largo de su vida, Mark Twain disfrutó de la compañía de numerosos seres gatunos apodados Apollinaris, Beelzebub, Blatherskite, Buffalo Bill, Satan, Sin, Sour Mash, Tammany o Zoroaster. Los ejemplos son tan inabarcables como la propia historia de la literatura, pero entre el infinito elenco de maullidos y letras, rescatamos algunos de los casos más emblemáticos.

Jorge Luis Borges

Maullidos de autor: escritores y sus gatos
Borges y su gato Beppo | Foto: YouTube

Según sus biógrafos, Jorge Luis Borges tuvo dos gatos llamados Odín y Beppo. El primero, bautizado en honor al dios de la mitología nórdica, y el segundo, con el que posa en la fotografía, llamado Beppo, porque era el mismo nombre del gato que se cree que un día tuvo Lord Byron. En palabras de Borges, el gato “se llamaba Pepo, pero era un nombre horrible, entonces se lo cambié enseguida por Beppo, el gato de Byron. El gato no se dio cuenta y siguió su vida”.

A este felino le dedicó un poema en la obra La cifra, publicada en 1981.

El gato blanco y célibe se mira en la lúcida luna del espejo
y no puede saber que esa blancura y esos ojos de oro que no ha visto
nunca en la casa son su propia imagen.

¿Quién le dirá que el otro que lo observa
es apenas un sueño del espejo?

Me digo que esos gatos armoniosos
el de cristal y el de caliente sangre,
son simulacros que concede al tiempo
un arquetipo eterno. Así lo afirma,
sombra también, Plotino en las Ennéadas.

¿De qué Adán anterior al paraíso,
de qué divinidad indescifrable
somos los hombres un espejo roto?

Patricia Highsmith

Maullidos de autor: escritores y sus gatos 2
Patricia Highsmith y su gato Spider | Fotos: RRSS

La prolífica autora de El Talento de Mr. Ripley Extraños en un tren mostró una gran pasión por los gatos, y la leyenda cuenta que llegó a tener seis, en su mayoría siameses. Dormían con ella, la observaban y rondaban por su mesa mientras escribía.

Highsmith llegó incluso a incluir a estos animales como personajes en algunos de sus relatos, y según declaró una amiga de la autora “encontraba en los gatos el equilibrio emocional” que los humanos no conseguían aportarle.

Ernest Hemingway

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Hemingway ofreciéndole un bocado a Snowball | Foto: JFK Library 

“Un gato tiene absoluta honestidad emocional. Los seres humanos, por un motivo u otro, pueden esconder sus sentimientos, pero un gato no”, aseguraba Hemingway. Su pasión por los felinos es un hecho tan corroborado que su casa en Key West, Florida,  convertida hoy en museo y visitada por los devotos del famoso escritor estadounidense, cuenta como uno de su mayores atractivos los seis gatos descendientes de Snowball, el gato que originalmente pertenecía al escritor y le acompaña en la imagen que encabeza estas líneas.

Jean Cocteau

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Jean Cocteu y su felino | Foto: Johnny Times

El poeta, novelista, dramaturgo y cineasta francés Jean Cocteau fue un gran devoto de estos animales y se dice que describía a su gato Karoun como “el rey de los gatos”. Diferentes fuentes indican que Cocteau explicaba su predilección diciendo: “Si prefiero los gatos a los perros, es porque no hay gatos policía (…) Me gustan los gatos porque me gusta mi casa. Y porque, poco a poco, se convierten en su alma visible”.

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Gato y figura | Jean Cocteau (1962)

Ray Bradbury

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Ray Bradbury con su gato | Foto: Pinterest

El signo del gato fue el título elegido para la colección de 21 cuentos que resumen la trayectoria literaria de uno de los grandes genios de la literatura norteamericana del siglo XX, Ray Bradbury. Además, en su libro Zen in the Art of Writing, el autor comparte su sabiduría con un consejo válido en toda circunstancia artística o creadora: “Este es el gran secreto de la creatividad. Trata a las ideas como a los gatos: haz que te sigan”

Doris Lessing

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Doris Lessing, confirmada amante de los gatos | Foto: The Great Cat

La ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2007, Doris Lessing, concibió todo un tratado sobre el amor humano hacia los gatos. En su libro de memorias  titulado On Cats, la escritora británica colecciona historias felinas que mercaron su trayectoria, desde su niñez en las granjas africanas pasando por los apartamentos londinenses de su juventud, hasta llegar a “El Magnífico”, el último gato con el que compartió hogar en la vejez. En otro de sus libros, Particulary Cats, la autora vuelve a aferrarse a los felinos para contar su propia vida demostrando que a veces, la compañía de estos animales resulta tan reveladora como la de cualquier humano.

Charles Bukowski

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Bukowski felino | Foto: Garuyo.com

El padre del “realismo sucio” declaró sobre los felinos impresiones con las que más de uno estará de acuerdo: “Caminan con una dignidad sorprendente, pueden dormir veinte horas al día, sin duda y sin remordimiento: estas criaturas son mis maestras”.

Julio Cortázar

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Cortázar y Teodoro W. Adorno | Foto: República Kafkiana

Un libro cuenta que el gato de Julio Cortázar se llamaba nada más y nada menos que Teodoro W. Adorno. Era un gato callejero, “negro y canalla”, que un día aterrizó en su vida en Saignon en el sur de Francia y que se materializaba cada vez que él y su mujer volvían a la localidad provenzal. Un día, Teodoro W. Adorno no sólo no volvió a la casa del escritor argentino, sino que al cruzárselo en el pueblo ignoró por completo al autor que le había dado un nombre tan bonito como rimbombante.

Truman Capote

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Capote en buena compañía | Foto: signosenrotacion.

El periodista y escritor estadounidense Truman Capote es el maestro detrás de joyas literarias como A sangre fría y Desayuno con diamantes, novela donde la aparición del gato es un símbolo clave y además sirve como herramienta para proporcionar el desenlace: “Somos un par de seres que no se pertenecen, un par de infelices sin nombre, porque soy como este gato, no pertenecemos a nadie. Nadie nos pertenece, ni siquiera el uno al otro”.

Colette

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Colette, la reina de los gatos | Foto: The Great Cat

La polémica novelista francesa autora de Gigi, cuya adaptación lanzaría al estrellato a Audrey Hepburn, fue descrita como la auténtica “mujer de los gatos”. En su novela The Cat, retrata el compromiso y la luna de miel de una pareja dividida por la exagerada devoción del hombre a su gato Saha: “No era sólo un pequeño gato”, pensó Alain. “Era la nobleza encarnada de toda la raza del gato, su indiferencia ilimitada, su tacto, su vínculo de unión con el aristócrata humano”. Palabras las de Collete que muestran una fascinación sin límites compartida por el resto de escritores que ocupan estas líneas.

Viajar sin cámara es posible… si sabes dibujar. Cuatro artistas españoles te lo demuestran

Álvaro R. de la Rubia

Foto: Aleix Gordo
Aleix Gordo

Fotografiamos nuestras experiencias, elegimos el motivo, el encuadre, la luz y nos llevamos un trocito de los lugares por los que pasamos. Es la forma que la mayoría tenemos de conservar el recuerdo de nuestras vivencias, pero no es la única. Algunos artistas en lugar de tomar fotografías (o además) durante sus viajes, aventuras o paseos hacen dibujos para conservarlos filtrándose a través una de las cosas más personales que se puede poseer: un estilo propio. No hacen fotos para descubrir en casa aquello que se perdieron durante su viaje sino que analizan los detalles de lo que les rodea para plasmarlos allí mismo sobre el papel. Desde urban sketchers a observadores de nubes, el dibujo puede ser una forma única de recordar y probablemente una manera más fiel de mostrar lo que se ha vivido. Estos artistas españoles lo demuestran.

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Ilustraciones de Aleix Gordo en Hong Kong

Aleix Gordo

Aleix Gordo, ilustrador, diseñador y muralista de Barcelona, conserva tras algunos de sus viajes libretas en las que, a modo de diario gráfico personal, se entremezclan personas con las que se cruzó, escenarios a medio camino entre la realidad y su imaginación y acontecimientos que es difícil determinar si sucedieron de aquella forma o no más allá de sus páginas. “En Japón empecé a hacer una cosa diferente”, cuenta Aleix. “Dibujaba a la gente que veía por las calles, los interpretaba a mi manera e incluía bocadillos sin texto. Luego a mis amigos japoneses les pedía que rellenasen esos bocadillos. Es un ejercicio muy divertido y es muy curioso ver sus reacciones. Yo los dibujaba y ellos les daban vida con sus textos”.

Desde 2001 llena libretas en las que refleja sus vivencias tanto exteriores como interiores (siempre el mismo modelo, de la misma marca con el mismo papel) aprovechando los trayectos y momentos de soledad durante sus viajes para dibujar: aviones, trenes, madrugadas de hotel…  “En Hong Kong es difícil encontrar un sitio tranquilo donde pararse, así que aprovechaba en el metro, se veían personajes muy curiosos que era un placer dibujar. En Tokio, sin embargo, tuve la suerte de vivir en una casa antigua en un barrio tranquilo y dedicaba las mañanas a dibujar”.

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Detalles de un paisaje de Pau Rodríguez

Pau Rodríguez

El caso de Pau es diferente. El dibujante mallorquín, autor de las aventuras de la saga de Atlas y Axis, es un gran aficionado a la montaña y aprovecha sus salidas para encontrar los paisajes en los que se desarrollarán sus cómics. Sus dibujos son apuntes al natural que sirven más tarde como base para elaborar la ambientación de sus viñetas.  “A veces yendo de excursión me topo con composiciones, ambientes o colores que me gustaría reproducir en alguna viñeta. Si llevo la cámara no me fijo tanto: saco la foto para verla más tarde y después en casa ya no es lo mismo” explica Pau.

Cuando el dibujante mallorquín quiere retener algunos de los detalles de un paisaje toma notas a papel y boli pero, en otras ocasiones, cuando quiere recoger un efecto que ha visto cuenta con material extra para plasmarlo.

“Aquí, por ejemplo, quería hacer una primera página para La Saga de Atlas & Axis y me fui a un rincón desde donde pudiera ver ponerse el sol sobre alguna peña. Me llevé la libreta y una caja de lápices de colores. No se trata de hacer un dibujo bonito, sino informativo, al que añado notas para reforzar lo que no soy capaz de plasmar con los lápices. Después, en casa, entre lo que recuerdo y lo que apunto, hago el dibujo final”.

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Sketch de Paco Lobón

Paco Lobón

Este artista gaditano no sale de viaje sin su libreta en la que, como cuaderno de bitácora, vuelca sus vivencias, ya sea en forma de tiques de tren, anotaciones del momento o ideas para nuevos proyectos.

Cuando viajo intento encontrar un momento en el que me vengan las ganas de dibujar, no intento forzar esas sensaciones. A veces es ese momento en el que te vuelves observador, algo más contemplativo que de costumbre. Dibujar un lugar requiere una implicación con el entorno. Analizas las formas, las siluetas, la luz, la sombra… vas reconociendo el espacio. En Chiclana, de donde yo soy, siempre me siento en el mismo punto del paseo marítimo a dibujar cada vez que vuelvo de visita”.

Paco Lobón encuentra motivos interesantes que dibujar en casi todo lo que se le pone por delante. Pero, si no los encuentra, solo tiene que observar un poco más arriba, ya que entre los dibujos de este artista también pueden verse representadas infinidad de nubes cuyas formas inspiran a Paco Lobón algunos de sus personajes: “Además de los sketch de paisajes que colecciono en mi libreta, me gusta dibujar las siluetas de las nubes  de los sitios que visito. Tengo nubes de Cádiz, Granada, Sevilla, Madrid, Bilbao… Siempre me he sentido atraído por las formas de las nubes, ellas sí que son unas auténticas viajeras”.

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Ilustración de Jonatan Alcina

Jonatan Alcina

Jonatan Alcina es un “urban sketcher” que encuentra en el dibujo uno de los mayores alicientes para viajar. En su colección de lugares retratados podemos encontrar desde la elegancia de las ciudades de la vieja Europa hasta la luz de varias localidades andaluzas. Friburgo, Praga, Venecia y, por supuesto, su Cádiz natal son solo algunos de los escenarios que aparecen en sus cuadernos de dibujo.

Aunque pueda parecer una actividad solitaria, Jonatan cuenta que no siempre es así: “Al dibujar en la calle te encuentras con todo tipo de personas que se acercan para interactuar contigo independientemente de que les interese el dibujo o no. Me he encontrado con una persona que se puso a hacerme trucos de magia cuando estaba sentado haciendo un dibujo, una vez me hicieron una entrevista para un reportaje sobre cultura andaluza para la televisión turca mientras dibujaba por las calles de Ronda, hay gente que me ha traído zumos y refrescos, pero sobre todo se conoce a muchas personas interesantes de todo tipo y de las que se aprenden muchas cosas”.

Save

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Cannes y Netflix: un enfrentamiento inesperado


Cecilia de la Serna

Foto: ALBERTO PIZZOLI
AFP

No hay edición del Festival de Cannes que se precie sin una buena polémica inicial. En la 70 edición, la controversia no ha envuelto a una celebridad, como suele ser costumbre, sino a un concepto: la nueva forma de consumir contenidos audiovisuales. Por primera vez en la historia del festival, dos películas candidatas a la Palma de Oro son originales del servicio de streaming por excelencia, Netflix. Se trata de Okja, de Bong Joon-Ho y de The Meyerowitz Stories, de Noah Baumbach.

Este dato podría ser esperanzador: el festival cinematográfico más prestigioso del mundo se rinde a una realidad sociocultural como es el visionado de películas a través de dispositivos electrónicos. No obstante, el importante lobby de exhibidores y distribuidores galos ha logrado que esa esperanza quede en papel mojado. El Festival de Cannes ya ha anunciado una modificación de su normativa que prohíbe, a partir de la próxima edición, la inclusión en su programación de cintas que no vayan a recibir estreno comercial en salas tradicionales.

Netflix, fiel a su filosofía

El gigante del streaming está dispuesto a pasar por el aro, pero a medias. Netflix no se ha opuesto a que esas dos películas se estrenen en las salas francesas, no obstante sí que ha puesto una condición: que las cintas se estrenen simultáneamente en cines y en Netflix. La compañía siempre ha cumplido con la premisa de ofrecer sus contenidos originales directamente en su plataforma, una premisa que está directamente relacionada con su filosofía empresarial.

Esta condición de la compañía de Reed Hastings ha contado, como era de esperar, con el rechazo de los exhibidores galos. Además, la propuesta de Netflix es, a día de hoy, irrealizable por la propia legislación francesa, que estipula que un film que es estrenado en las salas debe esperar 36 meses para estar en un catálogo de una plataforma digital. Toda esta controversia podría afectar directamente a los usuarios franceses, que podrían llegar a verse perjudicados en el caso de que no pudieran acceder a estos contenidos hasta tres años después, mientras que en el resto del mundo sí podrían hacerlo. Netflix no permitiría algo así.

Opiniones encontradas

Este enfrentamiento entre exhibidores, distribuidores, el propio Festival de Cannes y la compañía norteamericana ha generado todo tipo de opiniones y declaraciones. En el seno del jurado del festival, presidido por el español Pedro Almodóvar, caben todos los criterios y pareceres.

Almodóvar se ha posicionado contundentemente en contra de la inclusión de películas no estrenadas en salas en la sección oficial del festival

El propio Almodóvar se ha posicionado contundentemente en contra de la inclusión de películas no estrenadas en salas en la sección oficial de este festival, el más prestigioso del mundo. “Estas plataformas digitales, estas nuevas formas, no deberían sustituir a otras existentes como las salas de cine. Bajo ninguna circunstancia deben cambiar los hábitos de los espectadores. La única solución que se me ocurre es que acepten y obedezcan las reglas que ya son adoptadas y respetadas por todas las cadenas existentes”, declaró en la rueda de prensa de presentación de Cannes, a lo que añadió que “no concibo dar la Palma de Oro o cualquier otro premio a un film que no pueda ver en una pantalla grande”.

Almodóvar y Will Smith, dos opiniones enfrentadas en el jurado de Cannes. | Foto: Anne-Christine POUJOULAT / Reuters
Almodóvar y Will Smith, dos opiniones enfrentadas en el jurado de Cannes. | Foto: Anne-Christine POUJOULAT / AFP

El actor estadounidense Will Smith, que también forma parte del jurado de la presente edición en Cannes, se posiciona en el lado contrario de la controversia. Según Smith, ambas formas de ver cine son compatibles. “Tengo en casa a jóvenes de 16, 18 y 24 años. Van al cine un par de veces a la semana y ven Netflix… No sé en otros hogares, pero en mi casa Netflix no ha tenido absolutamente ningún efecto en los que van a ver al cine”, aseguró el actor. “En mi casa, Netflix no ha sido nada más que un absoluto beneficio porque pueden ver películas que no habrían visto de otro modo”, añadió.

Aprender a aceptar las nuevas formas de consumo

Como las lenguas no las crean y transforman las Academias, sino la gente que las habla, los hábitos de consumo no los imponen las industrias, sino la sociedad. Lo que no parece haber entendido Cannes es que la fuerte crisis de la industria cinematográfica tiene mucho que ver con los hábitos de consumo. En la pasada década, la piratería le comió el pastel a la industria, que en muchos países -por ejemplo, y especialmente, en España- no se supo combatir. Lo que han traído plataformas como Netflix, pero también HBO u otras cuantas, es una solución a un grave problema.

La piratería -que sigue siendo una cuestión a combatir- descendió en 2016 en España por primera vez en diez años, según un informe del Observatorio de la Piratería y Hábitos de Consumo de Contenidos Digitales. Ese año, Netflix entró en territorio español, y las coincidencias no existen. El lobby de distribuidores y exhibidores en Francia quiere mantener una hegemonía ya imposible, y sus esfuerzos por vetar creaciones alternativas a las más tradicionales -precisamente en la tradición se han basado para presentar sus quejas- serían más efectivos si se trasladaran a acercar de nuevo el buen cine a la sociedad.

Los Oscar ya entregan estatuillas a películas made in Netflix u otras plataformas, el terreno de las series ya es dominio de HBO y de la compañía de Reed Hastings. Este fenómeno es imparable. Quien no lo quiera ver está ciego, y las medidas inesperadas por decreto, como la ejecutada por el Festival de Cannes, no evitarán lo que los consumidores ya han dictado.

10 planes gratis para celebrar el Día de los Museos

Redacción TO

Foto: Luca Piergiovanni
EFE

Vuelve el Día de los Museos. Y la Noche, por supuesto. Y distintas instituciones de todo el mundo celebran la ocasión ampliando sus actividades. Este año, el lema de la jornada será “Museos e Historias controvertidas: decir lo indecible en los museos”. Estas son diez propuestas para celebrar un día que nació con el propósito de concienciar a los ciudadanos de que “los museos son un medio importante para los intercambios culturales, el enriquecimiento de culturas, el avance del entendimiento mutuo, la cooperación y la paz entre los pueblos”.

Seis obras clave del Museo de Navarra

La historiadora del arte Amaia Vicente realizará dos visitas guiadas en las que analizará seis obras maestras de diversas épocas de la colección permanente del museo: desde la Prehistoria hasta el siglo XIX. El Museo de Navarra tiene en su colección permanente tesoros como la Arqueta hispano-musulmana de Leire, el Retrato del marqués de San Adrián de Goya, o la Pintura mural gótica de Juan Oliver.

Cuándo: Jueves, 18 de mayo a las 13:00 y a las 17:30

Dónde: Calle de Santo Domingo 47, Pamplona

Taller de robótica en Asturias

El Museo de Ferocarril de Gijón acoge un taller de robótica para niños de entre 8 y 12 años. El museo pretende hacer “un acercamiento al apasionante mundo de la robótica a partir de bloques de construcción, sensores y motores”. Los niños deberán inscribirse el mismo día en el museo. Se deberá presentar el carné de identidad de los adultos que lleven a los pequeños.

Cuándo: Domingo, 21 de mayo a las 11:00 (Inscripción a las 10:00)

Dónde: Plaza de la Estación del Norte s/n, Gijón

Regalo en el Museo Marítimo Ría de Bilbao

El Museo Marítimo Ría de Bilbao, que tiene como finalidad “la difusión del patrimonio generado por la actividad marítima en torno a la Ría de Bilbao y del mundo marítimo en general” celebrará una jornada de puertas abiertas que incluirá tres visitas guiadas (dos en español y una en vasco) “para dar a conocer su exposición de una manera más personal”. Además, “entregará un pequeño obsequio a todo aquel que se acerque“.

Cuando: Jueves, 18 de mayo a las 12:30 (español), 17:00 (vasco) y 18:30 (español).

Dónde: Muelle Ramón de la Sota 1, Bilbao

Visita doble en el Museo del Prado

El Museo del Prado celebra la jornada con toda una batería de actividades. A la tradicional jornada de puertas abiertas, los niños recibirán un pase familiar para repetir la visita otro día. Además, habrá una conferencia en torno al lema de este año y el músico Horacio Lavandera ofrecerá un recital de piano. Y el 20 de mayo, realizará la apertura especial de la exposición Tesoros de la Hispanic Society of America. Visiones del mundo hispánico entre las 20:30 y la 01:00.

Cuándo: Jueves, 18 de mayo (todo el día) y sábado, 20 de mayo (a las 20:30)
Dónde: Calle de Ruiz de Alarcón 23, Madrid

Entre bambalinas en el Museo Reina Sofía

Además de celebrar una jornada de puertas abiertas (con horario ampliado hasta la medianoche), “se aumentarán las visitas comentadas a la Colección y a las exposiciones temporales, y se visibilizarán algunos de los procesos internos de trabajo, como el desarrollado en el área de Conservación y Restauración“.

Cuándo: Jueves, 18 de mayo (todo el día)

Dónde: Calle de Santa Isabel 52, Madrid

Inmersión en el Thyssen

El Museo Thyssen-Bornemisza se suma a las celebraciones abriendo las puertas de su colección permanente y de las muestras Obras maestras de Budapest y Rafael Moneo. Además, la pinacoteca presentará una instalación que permitirá a los visitantes entrar en algunos cuadros de la colección permanente y aparecer fotografiados como parte de ellos.

Cuándo: Jueves, 18 de mayo (todo el día)

Dónde: Paseo del Prado 8, Madrid

Concurso de microrrelatos y de fotografía en el Museo de Altamira

Hasta el 20 de mayo, el Museo de Altamira organiza en Twitter un concurso de microrrelatos y uno de fotografía en Instagram cuyas bases puedes consultar aquí. Además, la Noche de los Museos organizará una visita guiada a las cuevas. Completarán el programa una sesión de música en directo, un photocall, un rompecabezas y un taller de Prehistoria.

Cuándo: Sábado, 20 de mayo de 20:30 a 23:30

Dónde: Avenida de Marcelino Sanz de Sautuola s/n, Santillana del Mar (Cantabria)

Cine en el Museu Nacional D’Art de Catalunya

La jornada de puertas abiertas permitirá a los visitantes ver las obras del Museo Nacional D’Art de Catalunya, como las exposiciones temporales Insurrecciones y Torné Esquius. Poética Cotidiana. Y a las 18:30 se proyectará “la película Das Grosse Museum, de Johannes Holzhausen, dentro del ciclo Per amor a les Arts, donde se explica el día a día de un equipo museológico”.

Cuándo: Jueves, 18 de mayo (todo el día)

Dónde: Palau Nacional, Parque de Montjuïc, Barcelona

Bicicletas en el Museo del Juguete de Ibi

El Museo del Juguete de Ibi, Alicante, celebrará el día con una jornada de puertas abiertas en la que se inaugurará la exposición Cada bicicleta, una historia a las 20:00. Se trata de un recorrido por la historia de este medio de transporte desde 1790. “30 bicicletas que recorrerán la historia de nuestro país y del resto del mundo”, anticipa el museo.

Cuándo: Jueves, 18 de mayo (todo el día)

Dónde: Glorieta de Nicolás Payá Jover 1, Ibi (Alicante)

Multiarea en el Museo del Traje

La historia de la moda también tiene su espacio el Día de los Museos. El museo ampliará su horario y se podrá acceder a él entre las 9:30 y las 23:30. Además, la entrada será gratuita a partir de las 14:00. La jornada se completará con conciertos, talleres infantiles, visitas comentadas y una visita a la exposición temporal Modamorfosis.

Cuándo: Jueves, 18 de mayo a partir de las 14:00

Dónde: Avenida de Juan de Herrera 2, Madrid

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