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Virginia Woolf: Entre la escritura y la locura

Romhy Cubas

“Decidí que yo misma compraría las flores”. Una filosofía pertinente para describir a la escritora británica Virginia Woolf desde que fue capaz de forjarse una corriente de pensamiento, controvertida para la década de los 20 y los 30, premonitoria en la actualidad. La extinción de su madre Julia cuando Virginia tenía 13 años marcó el inicio de una constante: la muerte. Entre voces y pájaros que entonaban palabras en griego esta terminaría sepultándola en las profundidades del río Ouse un 28 de marzo de 1941, cuando la autora era consciente todos los días de que, de nuevo, se volvía loca.

The Voyage Out (Fin del Viaje), primera novela de Virginia Woolf, edición de The Hogarth Press.
The Voyage Out (Fin del Viaje), primera novela de Virginia Woolf, edición de The Hogarth Press.

Woolf nació un 25 de enero de 1882 en Kesington, Londres. Hija de poetas y criada en un selecto ambiente intelectual, su carrera como prosista comienza formalmente 26 años antes de un inminente suicidio cuando en 1915 publica su primera novela Fin de Viaje (The Voyage Out) un libro en donde las coincidencias con sus últimos años aparecen casi premeditadas -en el libro, la vida de la protagonista termina de forma prematura justo cuando su futuro literario se posiciona en la cumbre-. Como Virginia escribiría en su diario el 8 de abril de 1925, en algún punto de su realidad abandonó la tendencia a quitarse “la gorra ante la muerte”.

Entre este carril de estaciones cambiantes que coloreaban y desdibujaban a Virginia, la persistencia se mantuvo en la escritura, en la escritura y en las voces que en primavera no la dejaban concentrarse. Sus depresiones eran constantes y periódicas, la noción del tiempo y del apetito marcaban el destiempo de una congestión que incluía delirios cuando estaba al borde de culminar una novela. A pesar de los múltiples médicos y tratamientos la poeta volvía como colibrí abandonado a su propia insanidad, una que plasmaba en sus diarios cuando confesaba ver al Rey Eduardo VII entre los arbustos.

Fotografía de Gisèle Freund (1939).
Fotografía de Gisèle Freund (1939).

Pero no todo fueron sombras y lagunas en la vida de la escritora, quien se reconocía a sí misma demasiado snob al casarse con un judío. Así se refería a Leonard Woolf, el hombre que terminó siendo su confidente y el único que soportó todos sus “episodios” hasta el final. Junto a este teórico-político, escritor y editor, adquirió una pequeña imprenta manual, la famosa Hogarth Press. En pocos años, esta se convirtió en una casa de publicaciones de gran tamaño con una lista de autores selectos y distinguidos entre los cuales se encontraban los propios Woolf.

Aunque Virginia ha escrito no creer que dos personas pudieran haber sido “más felices de lo que lo hemos sido nosotros” refiriéndose a la vida matrimonial, su felicidad también se subordinaba en amores imposibles y amantes con sombreros y esbeltas siluetas de las que unos pocos mascullaban. Tuvo varias a lo largo de los años, esa dualidad sexual fue una de las principales características de su prosa; de sus compañeras ninguna tuvo el efecto de Vita Sackville, poetisa, novelista y diseñadora de jardines inglesa. A Sackville, Virginia le dedicó una de sus novelas más originales y controversiales –Orlando (1928)- una representación subjetiva de Vita, un hombre que a la mitad de la historia se convierte en mujer. Por años mantuvieron correspondencia en secreto como amantes y como amigas, en una de esas tantas cartas se puede leer: “Estoy reducida a ser una cosa que te quiere Virginia. No puedo ser lista e indiferente contigo”. Vita Sackville 21 de enero de 1927.

A pesar de su talento y de obras esenciales como La señora Dalloway (Mrs. Dalloway), Al faro (To the Lighthouse), Una habitación propia (A Room of One’s Own) o Las olas (The Waves) su pluma nunca pudo terminar de convencerla de que podía ganarle la contienda a sus sombras.

“La vida es un asunto duro, se necesita una piel de elefante ¡que precisamente una no tiene! Allí abajo no puedo escribir ni leer; sin embargo, existo, soy”.

Virginia y Leonard Woolf el día de su boda 1912 | The New York Times archivo.
Virginia y Leonard Woolf el día de su boda 1912 | The New York Times archivo.

Una habitación propia

En la actualidad Virginia Woolf es considerada como una de las figuras modernistas más influyentes del siglo XX, la punta de la lanza ante un movimiento feminista que escalaría socialmente en años posteriores. Influenciada por escritores como Marcel Proust, James Joyce, Dorothy Richardson, Katherine Mansfield y Henry James, la clásica figura olvidada sería redescubierta años después de su muerte gracias a “Una habitación propia”, ensayo sobre la condición de escritora de la mujer en aquellos tiempos, sobre sus capacidades y condiciones estigmatizadas. Fue una tenaz crítica de los pronósticos y axiomas pre-establecidos, condenaba el hecho de que grupos de mujeres de la época creyeran que fueron traídas al mundo para lavar platos y tener niños. Era una fiel defensora de la igualdad de oportunidades.

“Si vivimos aproximadamente otro siglo y si cada una de nosotras tiene quinientas libras al año y una habitación propia, si nos acostumbramos a la libertad y tenemos el valor de escribir exactamente lo que pensamos será una hermosa conquista, una justa y merecida (…) Una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas”, escribió en aquél texto atemporal.

Su prosa se pasea entre el ensayo, la novela, la poesía y el teatro, con esquemas narrativos ajenos para la fecha y monólogos atípicos pero fascinantes que indagan en la conciencia de sus personajes como pocos escritores lo han hecho. Quiso escribir sobre todas las vidas y muertes posibles retando la inteligencia del lector para expresar el carácter más no la quimera de las doctrinas.

Su última obra  -Entre actos (1941)- refleja sus principales preocupaciones: la transformación de la vida a través del arte, la ambivalencia sexual y la meditación sobre el tiempo y la vida.

28 de marzo de 1941: La última mañana

Virginia Woolf, fotografiada por su marido Leonard en Monk's House en 1932.
Virginia Woolf, fotografiada por su marido Leonard en Monk’s House en 1932.

Virginia Woolf tiene una sonrisa melancólica plasmada en labios delgados y constreñidos. Sus pies descalzos se intercambian en movimientos danzantes mientras juegan a rozar el piso de madera. Su vestido se asienta sobre una estirada y aguda figura, un par de horquillas sostienen unas ondas marrones con destellos blancos que caen sobre sus puntiagudos hombros.

Un 28 de marzo de 1941 el exclusivo condado West Sussex y East Sussex -destinado a aristócratas e intelectuales ingleses que se dedican a escribir sus libros, a pintar sus cuadros, a cantar sus canciones- parece mantenerse por inercia. La casa veraniega de los Woolf se ha sostenido en pie por años sufriendo los embates del caprichoso clima de Inglaterra; la propiedad se extiende hasta los límites del río Ouse y el murmullo de las aguas que parecen competir por llegar al otro extremo del campo es inconfundible, la brisa es fría y la grama verde limón palidecerá al terminar la primavera. Virginia prefiere el rumor de la capital y el sonido de los motores en las aceras de piedra, prefiere escribir en espacios cerrados donde las palabras no se conviertan en agua enfangada.

Esa mañana fluorescente, poco antes del mediodía, Virginia es consciente todos los días de que, de nuevo, se vuelve loca. A los 59 años de edad la escritora se ahoga voluntariamente mientras las pesadas piedras en los bolsillos de su abrigo la arrastran cuesta abajo. Dejó dos cartas, una para su hermana Vanessa Bell y otra para su marido Leonard Woolf, las dos personas más importantes de su vida.

“Quería escribir sobre todo, sobre la vida que tenemos y las vidas que hubiéramos podido tener. Quería escribir sobre todas las formas posibles de morir”

 –Virginia Woolf (25 de enero de 1882 – 28 de marzo de 1941).

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Elvis Presley: 7 cosas que quizá no conocías sobre el Rey

Jorge Raya Pons

Foto: AP Photo

La sombra de Elvis es alargada: no solo ha vendido entre 500 y 600 millones de discos —parece imposible dar una cifra exacta—, sino que se ha convertido en una referencia cultural básica del siglo XX. Con su pelo engrasado, los mechones meciéndose en su frente cuando movía las rodillas y las caderas. Antes de morir el 16 de agosto de 1977, hace 40 años, Elvis apenas podía respirar cuando se presentaba ante el público, obeso y cansado, pero conservaba ese atributo hipnótico y nada común de absorber todas las miradas. Desde entonces nadie ha conseguido alcanzarle y, a día de hoy, mantiene el trono del rock and roll.

Si quieres conocer un poco más sobre el Rey, te contamos siete cosas que quizá no conocías sobre él.

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De cuñados y zascas

Joseba Louzao

Foto: Partido Popular (PP)

No por frecuentes estas noticias dejan de sorprendernos. Hace unos días Andrea Levy habló de libros en una entrevista llegando a afirmar que la lectura de Lorca había sacado su vena más revolucionaria y reivindicativa. Para algunos esto fue una desfachatez. Corrieron a las redes sociales para lanzar una violenta arremetida contra la vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular. La lluvia de insultos fue imparable. Un número significativo de ellos dejaban entrever la tradicional retahíla machista, otros una mirada al mundo tan estereotipada como insustancial. Levy se convirtió en la mujer de paja a la que era sencillo denigrar por representar al enemigo. El principal problema es que sus atacantes no eran simples trolls escudados bajo un anonimato risible. Al contrario, con mayor o menor violencia, se sumaron a la quema periodistas, políticos y personas con nombre y apellidos identificables.

El proceso, como señalaba al inicio, es habitual. Cada semana nos encontramos con un nuevo chivo expiatorio, ya sea a derecha o a izquierda, que es ajusticiado por la nueva inquisición digital que tiene una inagotable sed de caza de brujas. Esta vez le tocó a Levy, mañana podría ser cualquiera. Y es que los linchamientos digitales, como el mal gusto, es un fenómeno transversal en nuestro país. A veces, incluso, los medios de comunicación más tradicionales se suman a la fiesta, aunque después miren con autosuficiencia hacia el universo digital. Deberíamos huir de palabras como zasca o cuñado, tan presentes en nuestro vocabulario como vacías de contenido. En realidad, sólo esconden un pecado intelectual: la pereza del pensamiento. Además, aunque no lo queramos reconocer, siempre seremos los cuñados de los demás. El prototipo del troll 3.0 encajaría perfectamente con la descripción del vecino serio, amable y formal, pero que en las redes nos descubre su ego inflamado o, más directamente, su lado más psicopatológico. Ya no nos enfrentamos únicamente a perfiles anónimos dedicados al hostigamiento y a participar en campañas orquestadas para perseguir a cualquier persona. Los nuevos trolls pueden ser conocidos o familia.

Tras saber cómo habla Andrea Levy de sus lecturas, comprendemos que es capaz de participar de un diálogo inteligente desde la discrepancia. No como tantos otros que se jactan desde su pequeño rincón digital de inteligencia, cultura y bondad ideológica, pero construyen su reputación con el agravio. A Levy le recomendaría que leyera el ensayo de Jon Ronson, Humillación en las redes (Ediciones B) que recorre con inteligencia el ámbito más deshumanizador y oscuro de internet. Como señala Ronson, los perdonavidas de las redes sociales demuestran su incapacidad para el conversación, una de las principales experiencias de civilización con la que contamos. Lo único que les interesa es encontrar una cámara de resonancia exponencial entre sus secuaces. Vamos, los típicos pelmazos y faltones de barra del bar de toda la vida, pero sin preocuparse por la dimensión del altavoz público que ahora tienen. Algún día también ellos serán víctimas de la ofensa.

Continúa leyendo: Google celebra el 44º aniversario del nacimiento del hip-hop con un Doodle interactivo

Google celebra el 44º aniversario del nacimiento del hip-hop con un Doodle interactivo

Redacción TO

Foto: Google

Hace 44 años, el 11 de agosto de 1973, el Dj jamaicano Kool Herc en una fiesta en el Bronx utilizó dos platos para aislar el breakbeat de una canción, inspirando a la gente a soltarse en la pista cantando y bailando. Así, nacía el hip-hop tal y como lo conocemos.

En honor de esta fiesta histórica que tuvo lugar en una sala comunal del edificio 1520 Sedgwick Avenue del Bronx, Google ha realizado con Doodle interactivo para de esta forma celebrar los orígenes y la cultura del movimiento hip-hop.

Apenas el usuario entra en la página del buscador ve el logo de Google convertido en una pintada de grafitti, que ha sido diseñada por el legendario artista de graffitis, Cey Adams, en el que destaca un botón de ‘play’. Tras pulsar, el popular rapero de Yo! MTV Raps, Fab 5 Freddy, explica los orígenes de este estilo musical. “El 11 de agosto de 1973, un Dj llamado Kool Herc hizo una fiesta en el Bronx que cambió la música para siempre”, comenta Freddy antes de explicar que en esa fiesta nació el break.

Tras esta introducción, el buscador se transforma en una mesa de mezclas donde puedes elegir canciones clásicas de artistas como George Clinton, The Isley Brothers, Billy Squire o Betty Wright y personalizarlas usando controles deslizantes.

Aunque no es la primera vez que Google permite hacer música en un Doodle, Ryan Germick, de Google, ha apuntado en el blog de la compañía que este proyecto es uno de los más complicados “por las complejidades en torno a las animaciones”. Perla Campos, también doodlers, así llama la compañía al equipo de ilustradores que realizan los Doodles, también aseguraba que nunca hicieron una animación como esta “por los retos técnicos como por las voces que hemos incluido”.

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El Airbnb para artistas en el que se paga con cuadros y esculturas

Bea Guillén Torres

Foto: Luanna Lee

Se busca un artista que pueda pintar un tríptico en la pared de un apartamento en Montreal (Canadá). A cambio, se ofrece alojamiento y comida durante todo el tiempo que dure la obra. En la otra costa del Atlántico, el dueño de un hotel en Lisboa (Portugal) necesita graffiteros que puedan “llevar a otro nivel” la decoración de algunas habitaciones. El pago es la vida en la capital lusa. Y en la jungla urbana de Bangkok, en Tailandia, una residencia de artistas mantiene su esencia con la creatividad de sus visitantes, a los que además de un dormitorio les facilita los materiales. No hay dinero, ni tarjetas, no hay más pago que la creación. Es un Airbnb para artistas.

Los propulsores de estos tres proyectos no se conocen, entre ellos hay océanos y millones de kilómetros, pero todos comparten una idea común y una aplicación web: Artvl. Detrás de estas siglas, cuyo significado es art travel (arte viajero), está Luanna Lee, una joven china de 32 años que quiere cambiar la forma en la que viven y viajan los artistas.

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La creadora de la ‘app’, Luanna Lee pintando una de sus obras en una residencia en Tailandia a cambio de alojamiento. | Foto: Hikki10/Luana Lee

Artvl es lo más parecido a un Airbnb para pintores, escultores, fotógrafos, músicos, grafiteros, muralistas, retratistas… Es una aplicación para aquellos que no necesitan dinero porque pueden aportar algo distinto. La idea es que los artistas puedan ofrecer sus creaciones a cambio de alojamiento, comida o materiales en cualquier parte del globo y así llenar el mundo de más arte, según explica Lee en una entrevista con The Objective.

Una idea africana

La idea surgió hace apenas unos meses. En febrero, Lee terminó un viaje de recorrido por varios países de África. Uno de ellos fue Angola. Lee estaba en Luanda esperando que le concedieran los visados para viajar a otras regiones y ya no tenía los recursos para quedarse en la ciudad, que es la más cara del mundo. “Un día compartiendo un taxi con la responsable de un hotel, le enseñé mi trabajo y bromeando le dije: ‘¿Me alojarías un mes mientras pinto un mural en tu hotel?’. Me esperaba un no como respuesta, pero me dijo ‘¡claro, hagámoslo!”, cuenta Lee.

Ahí empezó todo. La joven llenó tres paredes de grandes graffitis: “Ni siquiera me pidió un borrador, me dejó pintar en mi estilo”. Durante un mes vivió y comió allí gratis. Hasta que le llegaron las visas. Después siguió su viaje. Solo se dio cuenta de la importancia de la idea una vez de vuelta en Shangái. Allí trató de montar su propio negocio como agencia de publicidad. “Lo hacía mientras buscaba una idea que hiciera ‘click’ con mi corazón. Entonces, en mayo recordé mi experiencia con la responsable del hotel”, explica.

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Uno de los murales que Lee pintó en el hotel de Luanda. | Foto: Hikki10/Luanna Lee

Cuando se lo comentó a sus otros amigos artistas, todos coincidieron en que habían pasado por experiencias similares. “Me inspiró para empezar Artvl, que toda la gente creativa que ama viajar y toda la gente que aprecia el arte pudieran disfrutar de esta maravillosa experiencia”.

¿Cómo funciona Artvl?

De momento, la aplicación se lanzó para la web a principios de julio, ya hay 800 usuarios activos. Pero la mayoría de ellos son artistas, en vez de anfitriones, reconoce Lee. “Necesitamos encontrar la manera de equilibrar los números, para que artistas muy talentosos puedan ser alojados mientras viajan, y los amantes del arte puedan ver más creaciones haciéndose”, confiesa la fundadora.

Una vez se encuentran la simbiosis es increíble. Lee ha plasmado en un vídeo el encuentro que tuvieron en Tailandia un tatuador, dos fotógrafos, cuatro grafiteros, un grupo de música, un documentalista y un pintor. Todos ellos fueron invitados a dos hoteles en Bangkok y Chiangmai. Pintaron murales, hicieron tatuajes y fotografiaron para los dueños.

Artrvl in Thailand from Artrvl on Vimeo.

Aunque Artrvl sigue estando muy, muy lejos de los números del Airbnb porque su público también es más reducido. La reacción de los artistas muestra el verdadero porqué del proyecto: “¿Por qué pagar por el alquiler de un estudio cuando puedes tener el mundo como un estudio portátil?”.

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