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Virginia Woolf: Entre la escritura y la locura

Rohmy Cubas

“Decidí que yo misma compraría las flores”. Una filosofía pertinente para describir a la escritora británica Virginia Woolf desde que fue capaz de forjarse una corriente de pensamiento, controvertida para la década de los 20 y los 30, premonitoria en la actualidad. La extinción de su madre Julia cuando Virginia tenía 13 años marcó el inicio de una constante: la muerte. Entre voces y pájaros que entonaban palabras en griego esta terminaría sepultándola en las profundidades del río Ouse un 28 de marzo de 1941, cuando la autora era consciente todos los días de que, de nuevo, se volvía loca.

The Voyage Out (Fin del Viaje), primera novela de Virginia Woolf, edición de The Hogarth Press.
The Voyage Out (Fin del Viaje), primera novela de Virginia Woolf, edición de The Hogarth Press.

Woolf nació un 25 de enero de 1882 en Kesington, Londres. Hija de poetas y criada en un selecto ambiente intelectual, su carrera como prosista comienza formalmente 26 años antes de un inminente suicidio cuando en 1915 publica su primera novela Fin de Viaje (The Voyage Out) un libro en donde las coincidencias con sus últimos años aparecen casi premeditadas -en el libro, la vida de la protagonista termina de forma prematura justo cuando su futuro literario se posiciona en la cumbre-. Como Virginia escribiría en su diario el 8 de abril de 1925, en algún punto de su realidad abandonó la tendencia a quitarse “la gorra ante la muerte”.

Entre este carril de estaciones cambiantes que coloreaban y desdibujaban a Virginia, la persistencia se mantuvo en la escritura, en la escritura y en las voces que en primavera no la dejaban concentrarse. Sus depresiones eran constantes y periódicas, la noción del tiempo y del apetito marcaban el destiempo de una congestión que incluía delirios cuando estaba al borde de culminar una novela. A pesar de los múltiples médicos y tratamientos la poeta volvía como colibrí abandonado a su propia insanidad, una que plasmaba en sus diarios cuando confesaba ver al Rey Eduardo VII entre los arbustos.

Fotografía de Gisèle Freund (1939).
Fotografía de Gisèle Freund (1939).

Pero no todo fueron sombras y lagunas en la vida de la escritora, quien se reconocía a sí misma demasiado snob al casarse con un judío. Así se refería a Leonard Woolf, el hombre que terminó siendo su confidente y el único que soportó todos sus “episodios” hasta el final. Junto a este teórico-político, escritor y editor, adquirió una pequeña imprenta manual, la famosa Hogarth Press. En pocos años, esta se convirtió en una casa de publicaciones de gran tamaño con una lista de autores selectos y distinguidos entre los cuales se encontraban los propios Woolf.

Aunque Virginia ha escrito no creer que dos personas pudieran haber sido “más felices de lo que lo hemos sido nosotros” refiriéndose a la vida matrimonial, su felicidad también se subordinaba en amores imposibles y amantes con sombreros y esbeltas siluetas de las que unos pocos mascullaban. Tuvo varias a lo largo de los años, esa dualidad sexual fue una de las principales características de su prosa; de sus compañeras ninguna tuvo el efecto de Vita Sackville, poetisa, novelista y diseñadora de jardines inglesa. A Sackville, Virginia le dedicó una de sus novelas más originales y controversiales –Orlando (1928)- una representación subjetiva de Vita, un hombre que a la mitad de la historia se convierte en mujer. Por años mantuvieron correspondencia en secreto como amantes y como amigas, en una de esas tantas cartas se puede leer: “Estoy reducida a ser una cosa que te quiere Virginia. No puedo ser lista e indiferente contigo”. Vita Sackville 21 de enero de 1927.

A pesar de su talento y de obras esenciales como La señora Dalloway (Mrs. Dalloway), Al faro (To the Lighthouse), Una habitación propia (A Room of One’s Own) o Las olas (The Waves) su pluma nunca pudo terminar de convencerla de que podía ganarle la contienda a sus sombras.

“La vida es un asunto duro, se necesita una piel de elefante ¡que precisamente una no tiene! Allí abajo no puedo escribir ni leer; sin embargo, existo, soy”.

Virginia y Leonard Woolf el día de su boda 1912 | The New York Times archivo.
Virginia y Leonard Woolf el día de su boda 1912 | The New York Times archivo.

Una habitación propia

En la actualidad Virginia Woolf es considerada como una de las figuras modernistas más influyentes del siglo XX, la punta de la lanza ante un movimiento feminista que escalaría socialmente en años posteriores. Influenciada por escritores como Marcel Proust, James Joyce, Dorothy Richardson, Katherine Mansfield y Henry James, la clásica figura olvidada sería redescubierta años después de su muerte gracias a “Una habitación propia”, ensayo sobre la condición de escritora de la mujer en aquellos tiempos, sobre sus capacidades y condiciones estigmatizadas. Fue una tenaz crítica de los pronósticos y axiomas pre-establecidos, condenaba el hecho de que grupos de mujeres de la época creyeran que fueron traídas al mundo para lavar platos y tener niños. Era una fiel defensora de la igualdad de oportunidades.

“Si vivimos aproximadamente otro siglo y si cada una de nosotras tiene quinientas libras al año y una habitación propia, si nos acostumbramos a la libertad y tenemos el valor de escribir exactamente lo que pensamos será una hermosa conquista, una justa y merecida (…) Una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas”, escribió en aquél texto atemporal.

Su prosa se pasea entre el ensayo, la novela, la poesía y el teatro, con esquemas narrativos ajenos para la fecha y monólogos atípicos pero fascinantes que indagan en la conciencia de sus personajes como pocos escritores lo han hecho. Quiso escribir sobre todas las vidas y muertes posibles retando la inteligencia del lector para expresar el carácter más no la quimera de las doctrinas.

Su última obra  -Entre actos (1941)- refleja sus principales preocupaciones: la transformación de la vida a través del arte, la ambivalencia sexual y la meditación sobre el tiempo y la vida.

28 de marzo de 1941: La última mañana

Virginia Woolf, fotografiada por su marido Leonard en Monk's House en 1932.
Virginia Woolf, fotografiada por su marido Leonard en Monk’s House en 1932.

Virginia Woolf tiene una sonrisa melancólica plasmada en labios delgados y constreñidos. Sus pies descalzos se intercambian en movimientos danzantes mientras juegan a rozar el piso de madera. Su vestido se asienta sobre una estirada y aguda figura, un par de horquillas sostienen unas ondas marrones con destellos blancos que caen sobre sus puntiagudos hombros.

Un 28 de marzo de 1941 el exclusivo condado West Sussex y East Sussex -destinado a aristócratas e intelectuales ingleses que se dedican a escribir sus libros, a pintar sus cuadros, a cantar sus canciones- parece mantenerse por inercia. La casa veraniega de los Woolf se ha sostenido en pie por años sufriendo los embates del caprichoso clima de Inglaterra; la propiedad se extiende hasta los límites del río Ouse y el murmullo de las aguas que parecen competir por llegar al otro extremo del campo es inconfundible, la brisa es fría y la grama verde limón palidecerá al terminar la primavera. Virginia prefiere el rumor de la capital y el sonido de los motores en las aceras de piedra, prefiere escribir en espacios cerrados donde las palabras no se conviertan en agua enfangada.

Esa mañana fluorescente, poco antes del mediodía, Virginia es consciente todos los días de que, de nuevo, se vuelve loca. A los 59 años de edad la escritora se ahoga voluntariamente mientras las pesadas piedras en los bolsillos de su abrigo la arrastran cuesta abajo. Dejó dos cartas, una para su hermana Vanessa Bell y otra para su marido Leonard Woolf, las dos personas más importantes de su vida.

“Quería escribir sobre todo, sobre la vida que tenemos y las vidas que hubiéramos podido tener. Quería escribir sobre todas las formas posibles de morir”

 –Virginia Woolf (25 de enero de 1882 – 28 de marzo de 1941).

Madrid se viste de Sevilla

Lidia Ramírez

Foto: Marcelo del Pozo
Reuters

Sólo quedan unos días para que arranque la Feria de Abril o Feria de Sevilla. Cantar, bailar y disfrutar del ‘pescaíto’ frito, los adobos y el jamón acompañados de un fino o un rebujito es premisa estos días en la capital andaluza. Sin embargo, no sólo en Sevilla se podrá disfrutar de la auténtica fiesta de la primavera, ‘la madre de todas las ferias’, que este año cumple 170 años, también estará presente en Madrid. Símbolo del arte de vivir la vida y máxima expresión de alegría y diversión, los faralaes y farolillos vestirán Madrid durante toda esta semana hasta el 7 de mayo para que los sevillanos y andaluces de pura cepa residentes en la capital de España se sientan como en casa. Por ello, The Objective recopila algunos lugares de la capital madrileña para disfrutar de la pasión, la alegría y la tradición andaluza.

Mercado de San Ildefonso

El próximo 30 de abril, con el tradicional encendido de las luces, comenzará la Feria de Abril de Sevilla que tendrá su réplica, del 30 de abril al 7 de mayo, en el Mercado de San Idelfonso, que durante una semana vestirá de Sevilla cada uno de sus puestos. Andalucía y la Feria de Sevilla estará presente en sus paredes, en su decoración, en su música e incluso en sus bartenders. Para celebrar ‘la semana grande de la capital de Andalucía’, los distintos puestos del mercado han preparado platos muy especiales, con un toque muy andaluz. Así, Granja Malasaña ofrecerá unos exclusivos huevos camperos fritos con atún rojo de Barbate y DP Tapas propone salmorejo y ensaladilla con picos de Jerez. Por su parte, La Arepera ha preparado un delicioso pescaíto frito. La oferta se completa con otros platos estrella como las croquetitas de jamón de Tassi Gourmet, las brochetas andaluzas de La Brochette y las manzanillas, los finos, los blancos, los tintos, los dulces. . . de TaninosAdemás, durante esta semana, las barras del Mercado tendrán un protagonista muy especial, el rebujito.

La Encarna Bistró Andaluz 

Restaurante ideal en El Viso (Recaredo, 2) con patio perfecto para disfrutar del solecito y de sus tapas, raciones y medias raciones y su magnífica carta de vinos andaluces y de Jerez.  La nueva propuesta de La Encarna incluye: ‘Noches de flamenco’, ‘Sherry nights’, ‘Brunch en el patio’… donde la música, el buen ambiente y los sabores del Sur inundan cada rincón de este espacio.
Madrid se viste de Sevilla
Mejillones en cocotte y Manzanilla de Sanlúcar de Barrameda. | Foto: La Encarna Bistró Andaluz

Tradición y presente conviven en este restaurante referencia del estilo del Sur, una combinación que se manifiesta tanto en su carta, en la que están reflejadas recetas de toda la vida con presentaciones actualizadas y algunos guiños a la gastronomía francesa, como en su interiorismo. Como reflejo del espíritu andaluz, en La Encarna Bistró Andaluz no pueden faltar los fritos, elaborados con aceite de oliva y una mezcla de harinas ecológicas de cereales como trigo, garbanzo y maíz, entre los que destacan los salmonetes con chutney de tomate, los boquerones con emulsión de limón, las puntillitas con mayonesa de wasabi o la croqueta del choco. Las denominaciones de Jabugo, Medina Sidonia y Cumbres avalan los platos de la tierra, como las carrilleras ibéricas, guisadas en oloroso y crema de coliflor; los tacos de solomillo de ternera de pasto al whisky y papas; el corte de lomo de vaca retinta de Medina Sidonia o el magret de pato braseado.

Dirección: C/Recadero, 2

Precio medio: 25 euros

El Espigón

Es referente de la mejor mesa andaluza en la capital. Su decoración a base de excelentes maderas y efectos navales, nos aportan el escenario perfecto donde saborear los mejores pescados, mariscos, frituras, arroces, etc. Sus recetas andaluzas traen toda la frescura de la cocina mediterránea a través de sus productos frescos y de temporada en donde toman especial protagonismo sus pescados a la sal y los platos de carne como el solomillo Strogonoff. Un mundo lleno de distinción y elegancia en pleno centro financiero de Madrid.

Dirección: C/ Orense, 68
Precio medio: 50 euros

Bocaíto

La tradición de Bocaíto, la primera barra de tapas de Madrid, con más de 50 años de historia, se une a la tradición de una de las fiestas españolas con más solera. Por esa razón, Bocaíto ha diseñado una carta que transportará sensorialmente a sus clientes al recinto ferial sevillano. Los sabores de la Feria de Abril se trasladan a este pintoresco lugar que celebra esta fiesta con platos típicos, como el salmorejo, el gazpacho, las chacinas ibéricas, el rabo de toro, el potaje, la tortilla de patatas, la tortillita de camarones, las coquinas, los boquerones, los bienmesabes, las pijotas, los calamares y los salmonetes.
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Fritura de pescaíto. | Foto: Bocaíto

Todo ello acompañado de cañas, vinos, manzanilla de Sanlúcar de Barrameda, fino de Jerez y rebujito.  Al frente de Bocaíto se encuentran Chris y Paco Bravo, la tercera generación de una saga familiar que ha estado al frente de este espacio durante más de 50 años, pero que en todo este tiempo ha mantenido la misma filosofía. Este leitmotiv es la perseverancia en buscar la mejor calidad en la materia prima, en la destreza de las mejores técnicas de corte de cuchillo, en la elaboración de los productos al momento y, por último, en no abandonar la esencia de la cocina tradicional castellana y andaluza.

Dirección: C/ Libertad, 6
Precio medio: 30 euros

La Gaditana

Según recoge en su web, alguien lo definió simplemente como ‘un rincón de Cádiz en Madrid’. Desde hace tiempo esta familia con raíces gaditanas tenían una ilusión que era montar una taberna como las que había en la antigua Cádiz. Sobre todo en lo concierne a la cocina y a la manera de preparar los antiguos platos gaditanos. Considerado como uno de los restaurantes referencia de la comida andaluza de la capital, situado en pleno centro de Madrid, en el barrio de Salamanca, la cocina tradicional del sur nunca había estado tan cerca y a unos precios tan competitivos. Las ortiguillas o las típicas tortillitas de camarón, además del cazón o el atún rojo son sus platos cumbre.

Dirección: C/ Lombia, 6
Precio medio: 25 euros

Google homenajea a María Zambrano, la primera mujer que ganó el Cervantes

Redacción TO

Foto: Barrio Pedro
EFE

Rodeada de plantas, sentada en el poyo de un ventanal que parece asomarse al mundo, y con un libro en sus manos. Así recibe María Zambrano -en el aniversario de su nacimiento- el homenaje del gran buscador americano Google. El sábado 22 de abril, la pensadora, filósofa y ensayista española habría cumplido 113 años. La extensa obra de María Zambrano solo fue reconocida durante los últimos años de su vida cuando recibió los dos máximos galardones literarios concedidos en España: el Premio Príncipe de Asturias en 1981, y el Premio Cervantes en 1988. “Gracias por concederme, en esta hora de España y en la Universidad de Alcalá de Henares, la ocasión de haber sido la primera mujer galardonada con el Premio Cervantes”, aseguró Zambrano al recibir un galardón que no pudo recoger por su delicado estado de salud.

María Zambrano vivió casi 50 años en el exilio por ser una firme defensora de la II República y gran opositora al pensamiento único que se impuso durante los años 30 y 40, tanto en España como en Europa. Desde 1931 trabajó como profesora en la Universidad Central de Madrid, y en los años anteriores a su exilio entabló amistad con miembros de la Generación del 27 como Luis Cernuda o Miguel Hernández.

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Google se rinde ante María Zambrano. | Imagen: Google.

Al estallar la guerra, Zambrano se trasladó a Valencia y Barcelona, donde residió hasta 1939 cuando fue empujada al exilio en Francia. En los años siguientes, vivió en ciudades como París, Nueva York o La Habana. Se instaló en México donde impartió clases de Filosofía en la Universidad de San Nicolás de Hidalgo en Morelia. También pasó una temporada en Puerto Rico y después en Roma, donde escribió obras como El hombre y lo divino, Los sueños y el tiempo y Persona y democracia. Más tarde volvió a Francia y en 1984 regresó a España. La filósofa falleció el 6 de febrero de 1991 en Madrid.

Más reconocimientos

Años antes de regresar a España, Zambrano fue nombrada Hija Predilecta por el ayuntamiento de Vélez-Málaga, su ciudad natal y poco después, en 1982, la Junta de Gobierno de la Universidad de Málaga acordó su nombramiento como Doctora honoris causa. Ya en 1984, y con una salud muy delicada, María Zambrano se instaló en Madrid y consumó así su vuelta a España, tras casi medio siglo de exilio.

Google también rinde su homenaje a María Zambrano, la primera mujer que ganó el Cervantes 1
La pensadora española sigue recibiendo reconocimientos. Esta vez, también del mundo digital. | Imagen: Arturo Espinosa / Flickr

A partir de ahí, continuaron los reconocimientos: Hija Predilecta de Andalucía en 1985, y la creación, en 1987, de la fundación que lleva su nombre en Vélez-Málaga. Un año después llegaría su consagración total al recibir el Premio Cervantes, considerado el ‘Nobel’ de las letras en lengua hispana. Cuando murió en 1991 fue enterrada entre un naranjo y un limonero en el cementerio de su ciudad natal, donde luego se trasladaron también los restos mortales de sus “dos Aracelis”, su madre y su hermana. En la lápida puede leerse a modo de epitafio el verso del Cantar de los Cantares, “Surge amica mea et veni”.

María Zambrano ha seguido recibiendo reconocimientos a título póstumo: Hija Predilecta de la Provincia de Málaga en 2002, y en 2006, el Ministerio de Fomento bautizó con su nombre la estación central de ferrocarril de Málaga. Este lunes, además, el pensamiento de la filósofa española se asoma al mundo a través del gran buscador Google.

Irvine Welsh: "Fui escritor en mi imaginación antes que en la realidad"

Pablo Mediavilla Costa

Foto: Ana Laya
The Objective

Irvine Welsh de día. Introducción: las sesiones de entrevistas rápidas a un escritor famoso son mal invento. Prisas, las incomodidades propias de los hoteles y la sensación de que ninguno de los involucrados disfruta mucho de la experiencia. Más o menos las mismas preguntas, más o menos las mismas respuestas y que pase el siguiente.

Welsh (Leith, 1958) es el autor de Trainspotting, una obra tan reconocida que da apuro preguntarle por ella. Posa para un fotógrafo en un salón del Hotel de Las Letras, luego se sienta y mira el móvil. Viste una camiseta con la portada de Joy Division, pero con gatitos en lugar de las 100 ondas del primer púlsar descubierto. Es alto y habla con un acento escocés ligeramente accesible. Parece aburrido de antemano, lejos de su familia y su casa de Chicago y en otra maldita sesión de entrevistas.

Después de hablar de la comida, el tiempo, la amable gente española, el Barcelona y el Athletic de Bilbao, se me ocurre preguntarle si, tal vez, el hedonismo una a escoceses y españoles: “Si hay algún parecido, vosotros lo habéis hecho mejor que nosotros. Aquí es más seco y caliente. Si vas a drogarte y a bailar en la calle es mucho mejor hacerlo aquí. En Escocia amanecerías mojado en cualquier sitio. Aunque es cierto que nos gusta la vida al aire libre y no tiene mucho sentido con el tiempo que tenemos”.

La obra del escocés vuelve a estar de actualidad después del estreno de T2: Trainspotting, la secuela de la película de Danny Boyle que encumbró a casi todos los que participaron en ella: el propio Boyle, Welsh, Ewan McGregor, Robert Carlyle, etc. “Es más emocional que la primera porque los personajes contemplan su propia mortalidad”, dirá por la noche en su acto estrella en La Noche de los Libros. Preguntado en la entrevista por si le ha gustado el resultado final de T2 solo dice “yeah, it’s alright”.

Hijo de la clase obrera inglesa, a medio camino -como él mismo gusta recordar- entre un bala perdida de pub y un tipo sensible interesado por el arte, cree que “la gente está aburrida de que todo sea lo mismo. Las mismas tiendas en las avenidas de las ciudades, la misma música. Se supone que internet iba a darnos más opciones y es lo contrario”.

Sobre su carrera literaria, dice que pasaba muchas horas de niños imaginando historias y que se “convirtió en escritor en su imaginación antes que en la realidad”. Rehuye los tópicos sobre lo duro que es escribir, enfrentarse al abismo de la existencia, etc. “Para mí es como haberme jubilado hace 30 años. Es divertido, me encanta lo que hago, es como el trabajo soñado” -por la noche dirá que “estar encerrado en una habitación con personajes inventados no es bueno para nadie”-.

Acabadas ya las preguntas sobre su vida en Chicago, la violencia en Chicago, el ascendente literario de Chicago -con ninguna ha picado el anzuelo-, Welsh ve cerca el final de la entrevista y recobra las ganas de vivir. Saca el tema de Gibraltar: “¿Esos monos de qué raza son? ¿son salvajes?”. Le cuento un vídeo que circula por internet, el de un tipo que intenta sin éxito que uno de los monos de Gibraltar coja una banderita española: “¡Claro, son monos adoctrinados por Gran Bretaña!Very british apes!“.

Irving Welsh: "Fui escritor en mi imaginación antes que en la realidad"
Welsh confiesa que podría venir a vivir a España y le intriga mucho Gibraltar. | Foto: The Objective.

Irvine Welsh de noche. La cola dobla la esquina de la Real Casa de Correos de Madrid, en la Puerta del Sol. Los libros de culto renuevan su legión de seguidores con una facilidad pasmosa. Hay gente muy joven con su Trainspotting bajo el brazo. Adentro, bajo un enorme techo acristalado, Alessandro Baricco ya ha terminado su charla y firma ejemplares. Dos guardias civiles con bigote y tricornio pasean cerca del mostrador de libros. Visto con ojos extranjeros debe ser un país interesante este.

Welsh y Manuel Jabois están en un reservado, conociéndose. Dada la fama que les precede, uno esperaría encontrar por lo menos champagne, pero solo hay empanada de atún y botellas de agua. Una representante política, no viene al caso quién porque no es nada conocida, le pregunta a Welsh: “¿Usted cuántos libros hace al año?”. Welsh resopla y contesta algo rápido y cortés, que no es poco. Alguien recuerda que tienen que ponerse la chapa de La Noche de los Libros en los bolsillos en la solapa. Welsh la levanta y exclama divertido: “¡Esta chapa es como un pasaporte!”.

La sala central del edificio está repleta, las sillas ocupadas, el suelo convertido en una acampada. Los auriculares para la traducción simultánea se han repartido hace rato, pero la gente se queda igual, desnuda frente a las ráfagas de acento escocés cerrado. Welsh domina la cosa, ya lo ha hecho más veces, centenares de veces, probablemente.

“Cuando salió Trainspotting y hubo todo el escándalo mi madre dejó de hablarme por un tiempo porque me reprochaba que tenía muchos insultos. Luego, cuando empezó a tener éxito me dijo: ¡Muy bien, hijo, así se hace!”. Las anécdotas sobre su madre encienden al público. “Sobre ‘La vida sexual de las gemelas siamesas’, me dijo que no le había gustado nada. ¿Por qué? Hay demasiado sexo lésbico, ¿qué sabrás tú de sexo lésbico? Bueno, madre, espero que más que tú”.

Acaba el acto con algunas preguntas del público sobre la fama, el Brexit y si hay esperanza para la humanidad. La misma cola que había para entrar vuelve a formarse con rapidez para la firma de los trainspottings. Welsh recibe de pie con una sonrisa. Mañana se irá a Milán a seguir con su grand tour europeo.

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Entre libros y series: Literatura que se maquilla para la televisión

Rohmy Cubas

Foto: Hulu
Hulu

Si el siglo XVIII fue la ópera y el XIX la novela, al filo del siglo XXI, la llamada Edad de Oro para la televisión, impulsada por canales como HBO o las producciones originales de Netflix ha preparado el ritmo de la realidad ante una nueva cultura que revive los géneros y vanidades de antaño para su reinterpretación en un formato: las series de televisión.

La cantidad de producciones y ficciones que se estrenan cada año son casi imposibles de rastrear, los dilemas éticos y estéticos antes reservados para el cine y los libros hoy se exponen en los guiones de series como Juego de tronos, House of Cards, Mad Men y Westworld. No obstante, los proyectos audiovisuales, especialmente los recientes, se inspiran en relatos ya escritos en tinta por otros cuentacuentos. Y si, la gran mayoría de estas producciones increíbles que invaden la televisión se aferran a lo pretérito de palabras selladas en clásicos de la literatura; es precisamente en los libros en donde se puede entender su naturaleza sin maquillaje.

Un ejemplo de muchos es el de las sagas literarias de ficciones como Harry Potter y Juego de tronos, o adaptaciones de cómics como The Walking Dead y Outcast. Producciones más frescas y virales como 13 Reasons Why o Big Little Lies son también adaptaciones de historias recientes que no pudieron ser contenidas en sus páginas originales. Directores, productores y guionistas recurren a sentimientos pretéritos para reconstruir clásicos ya olvidados, pero clásicos al fin.

Este año, un puñado de series reviven historias imprescindibles para la literatura que tal vez las nuevas generaciones no conocerían de no ser por la televisión. Las criadas distópicas de Margaret Atwood, la casa encantada de Shirley Jackson, la serie de encuentros desafortunados de Lemony Snicket -Daniel Handler- y el mundo encantado del Mago de Oz son algunas de las fábulas que cambian de formato. Antes vale la pena recordarlas en su estado original: el de las hojas de papel.

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Portada de “The Handmaid’s Tale” de Margaret Atwood, en castellano editado como “El Cuento de la Criada”.

Las mujeres distópicas de Margaret Atwood:

En 1985 la escritora canadiense hizo una extravagante e inteligente crítica a la vida de la mujer en la sociedad cuando escribió El cuento de la criada o The Handmaid’s Tale, una de las comunas ficticias de género noveladas más incómodas e incisivas. Atwood creó un cuento de hadas antagónico en donde las mujeres viven y existen para reproducirse, a cualquier costo. En el libro, tras el asesinato del presidente de los Estados Unidos, y la mayoría del Congreso, se instaura un régimen teocrático en los Estados Unidos conocido como la república de Gilead. La mujer y sus ovarios son ahora un objeto de valor indispensable para la nueva República, cuya historia es contada por Offred, una criada que revive el escalofriante cambio del mundo occidental en donde las mujeres pasan de poder manejar sus propios carros y tener su propia habitación, como diría Virginia Woolf, a ser propiedad de unos pocos privilegiados que las clasifican con vestidos de colores según el estado de su aparato reproductivo, por decir algo. Un cuarto propio, una cama, una ventana, unas cortinas blancas y una puerta, nada más lejos de la verdad que quiso explicar Woolf en su época cuando decía que “una mujer debe tener dinero y una habitación propia si desea escribir ficción”.

Esta es una de esas distopías en donde el mundo parece retroceder en el vértice de su propia evolución. Su característica de cuento de hadas no es más que una ilusión para una premisa que reza algo así como: “había una vez una mujer que tuvo nombre y libre albedrío”; ahora las caras cubiertas con velos pasean miradas que solo apuntan al suelo. El perfume y los cosméticos son un lujo reservado para otros, leer escribir o comunicarse está prohibido, al igual que la televisión; las compras se hacen por cupones en tiendas donde filas de mujeres intentan no diferenciarse entre ellas, de nuevo los castigos son públicos y los que no siguen las reglas desaparecen sin preguntas.

En 1990 The Handmaid’s Tale fue llevada al cine por Volker Schlöndorff, además tiene una adaptación dramática para la BBC Radio y una adaptación operística realizada Poul Ruders. Esta vez Bruce Miller y Warren Littlefield la versionan para la televisión con Elisabeth Moss (Mad Men) como protagonista.

En un futuro cercano, escenificado en lo que fue una vez Boston, el inconveniente de la infertilidad se resigna a las piernas de las pocas mujeres capaces de dar a luz, ahora un ritual tan impersonal como cepillarse los dientes. El mundo presentado por Miller, una plataforma hermética en donde la religión solo recuerda la pérdida de la humanidad y la estratificación cultural regresa a esquinas bárbaras y retrógradas, es protagonizado por un elenco que incluye a Samira Wiley, Joseph Fiennes, Yvonne Strahovski y Max Minghell. La serie estrena el 26 de abril con un antecedente de críticas impresionadas por el trabajo de los productores.

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Ilustración de portada de “The Haunting of Hill House”. Imagen vía BookLovers

La casa encantada de Shirley Jackson:

The Haunting of Hill House es una de las historias de fantasmas más icónicas de la literatura del siglo XX. Escrita en 1959 por Shirley Jackson, la historia se declara desde el inicio con una de esas frases que cuando aparecen te revelan un libro que no querrás dejar para después: “No live organism can continue for long to exist sanely under conditions of absolute reality; even larks and katydids are supposed, by some, to dream. Hill House, not sane, stood by itself against its hills, holding darkness within; it had stood for eighty years and might stand for eighty more.”

La clásica historia de la casa embrujada se defiende al ritmo de Jackson en una combinación de puntos tan comunes como especiales que hacen del libro de todo menos predecible. Hill House es una casa erigida en las inmediaciones de un pequeño pueblo silente ante decenas de historias sobrenaturales, en donde los objetos se mueven solos y las puertas no siempre se abren cuando las necesitas. El investigador de lo “oculto”, el Dr. John Montage, aparta un verano para invitar a tres desconocidos con previas experiencias inexplicables para que acampen en aquel laberinto en donde nadie permanece más de una noche seguida por voluntad propia.

La casa se convierte en un ente separado, con las mismas visiones protagonistas de sus visitantes, la prosa de Jackson lleva hacia un camino en donde los ruidos y las alucinaciones se mezclan con el círculo de personajes que comienzan a depender de sus paredes.

Es inevitable que Poe y Lovecraft no interfieran en el estilo del relato, pero Jackson crea un equilibrio propio en donde el sentido de pertenencia se vuelve el factor más peligroso de la historia. Y si la casa Hill suena como una más entre el montón de lugares embrujados en la literatura es porque lo es; fue Jackson quien popularizó la esencia de este tipo de relatos que han sido reproducidos miles de veces tanto en los libros como en el cine y la televisión.

El libro ha sido adaptado a la pantalla grande dos veces en 1963 y en 1999  -con las actuaciones de Liam Neeson, Catherine Zeta-Jones y Owen Wilson- bajo el título de The Haunting. Esta vez su adaptación para la televisión viene de la mano de Netflix y Mike Flanagan en diez episodios que todavía no tienen fecha de estreno.

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Imagen de portada de “El Maravilloso Mago de Oz” con ilustraciones de Antonio Segura Donat, editado por Alfaguara clásicos

El maravilloso Mago de Oz y las zapatillas de Dorothy

Pocas películas son tan conocidas como el musical de 1939 El Mago de Oz,  considerado por la UNESCO como memoria del mundo, pero de nuevo, la película no existiría de no ser por Lyman Frank Baum y W.W. Denslow. Ambos son el escritor y dibujante original de El maravilloso Mago de Oz, publicado en Chicago en 1900 como uno de los libros de literatura infantil más vendidos y posteriormente editados en el mundo.

L. Frank Baum escribió trece libros más sobre la tierra de Oz, pero fue el relato de Dorothy el que se impuso entre el público. Dorothy, la Bruja del Norte, el Espantapájaros, el Hombre de Hojalata, el León y el Mago de Oz son algunos de los personajes más representativos de la literatura norteamericana, además de ser el origen de muchísimas historias posteriores inspiradas en este mundo de fantasía para niños como las Crónicas de Narnia o la trilogía de La Materia Oscura de Philip Pullman, en donde es difícil no ver las similitudes.

La historia es la de Dorothy Gale, una niña huérfana que vive en una granja con sus tíos en algún lugar de Kansas y que es arrastrada por un ciclón junto a su perro Toto hasta el mundo de Oz. Equipada solo con el beso de despedida de la Bruja del Norte, su perro, su cesta y unos Zapatos Plateados Dorothy debe seguir el camino de ladrillos amarillos mientras intente regresar a su casa y supera todo tipo de aventuras y retos en el camino. La historia no es tan infantil como se cree, ya que entre líneas sigue siendo una alegoría directa a la lucha política y económica en Estados Unidos a fines del siglo XIX, entre otras metáforas más profundas que se pueden explicar en otro texto.

Se han montado innumerables adaptaciones teatrales en todas partes del mundo. Judy Garland inmortalizó a Dorothy en el cine en 1939 y en 1974 Liza Minnelli hizo la voz protagonista en una película animada. En el año 1975 se presentó como musical en Broadway y entre comics, series y videojuegos la historia nunca ha dejado de ser versionada.

Esta vez, la nueva adaptación viene de la mano de la NBC bajo el título de Emerald City. El proyecto previsto para la temporada 20142015 fue cancelado y retomado por la cadena en abril del 2015 con una temporada inicial de 10 capítulos.  Desarrollada por Matthew Arnold y dirigida por Tarsem Singh la serie fue estrenada el 6 de enero del 2017 con Oliver Jackson Cohen como Lucas y Adria Arjona como Dorothy en los papeles principales. Esta nueva versión es mucho más “oscura” que el musical, tal vez aferrándose a las ideas escondidas entre las líneas de los libros originales, y adaptándolas a los conflictos sociales que el presente predice para el futuro.

Entre libros y series: Literatura que se maquilla para la televisión
Imagen via Juniper Books.

La fortuna de los huérfanos de Lemony Snicket’s

Al igual que el Mago de Oz, el título de Una Serie de Eventos Desafortunados es públicamente relacionado con Jim Carrey y la película del mismo nombre estrenada en el 2004. Pero de nuevo, la verdadera historia permanece en los libros, publicados entre 1999 y el 2006 por Daniel Handler bajo el seudónimo de Lemony Snicket, e ilustrados por Brett Helquist, esta es una serie de trece libros que relata la vida de los hermanos Baudelaire. De por sí los libros son tan misteriosos como sus relatos, y encierran decenas de referencias literarias y de acertijos que se apoyan en la excusa de las lecturas infantiles para liberarse con un humor negro e inteligente sobre la niñez y sus paredes.

Violet, Klaus y Sunny son tres jóvenes que enfrentan la muerte de sus padres mientras son llevados a vivir con el Conde Olaf, un primero tercero o sobrino cuarto de la familia cuya existencia desconocían. Los libros siguen una especie de rutina en donde Olaf a menudo se disfraza para estar cerca de los huérfanos con la esperanza de robar su fortuna. Los huérfanos intentan entonces pedir ayuda a algún adulto que normalmente los ignora hasta que las pruebas son irrefutables.

Cada uno de los tomos consta de 13 capítulos, excepto The End, que tiene un capítulo extra titulado: “El libro decimocuarto”. Existe también el libro de Lemony Snicket: The Unauthorized Autobiography (Lemony Snicket: La autobiografía no autorizada) que narra los eventos de vida del atormentado Lemony Snicket, escrito por el mismo Handler. Por otro lado, el personaje de Beatrice está basado en un amor infantil del propio Handler, y el apellido Baudelaire lo tomó del poeta francés Charles Baudelaire. Se ha dicho que su verdadero hijo, ahora adolescente, Otto Handler, se ha negado a leer los libros escritos por su padre.

El primer tomo en la serie, Un mal principio (The Bad Beginning), fue publicado en 1999 y el decimotercer y último libro, The End (El fin), fue publicado el viernes 13 de octubre de 2006.

En la contraportada de cada libro se muestra una nota de advertencia de las cosas terribles descritas en cada volumen, y se recomienda leer otro libro en vez de ese. Cada volumen comienza con una dedicatoria a la memoria del único amor de Lemony Snicket “Beatrice”:

“Este libro, como en el diccionario, contiene la palabra “nervioso” que significa “preocupado por algo” – podrías sentirte nervioso, por ejemplo, si te sirvieran helado de pasas como postre, porque te preocuparía que te supiese horrible- mientras que la palabra “ansioso” que significa “consternado por una terrible preocupación,” es lo que sentirías si te sirviesen un cocodrilo vivo como postre, porque estarías consternado por una terrible preocupación al no saber si podrías comerte tu postre antes de que él te comiera a ti. Pero contrario a este libro, el diccionario también contiene palabras que son mucho más agradables de contemplar. La palabra “burbuja” está en el diccionario, por ejemplo, al igual que la palabra “pavo real,” la palabra “vacaciones,” y las palabras “La” “ejecución” “del” “autor” “ha” “sido” “cancelada,” las cuales forman un enunciado siempre agradable de escuchar. Así que si llegas a leer un diccionario, y no este libro, podrías saltarte las partes sobre “nervioso” y “ansioso” y leer cosas que no te mantengan toda la noche despierto, llorando y tirándote de los pelos.”

El 13 de enero del 2017 Netflix estrenó su adaptación a la televisión con una serie titulada bajo el mismo nombre y protagonizada por Neil Patrick Harris, Patrick Warburton, Malina Weissman, Louis Hynes y Presley Smith. Por ahora cuenta con una primera temporada de ocho capítulos.

Entre libros y series: Literatura que se maquilla para la televisión 7
Imagen vía Simon & Schuster.

Anne of Green Gables o Ana, la de Tejas Verdes es un libro escrito por la canadiense Lucy Maud Montgomery y publicado por primera vez en 1908. La historia es la de Anne Shirley, una niña huérfana que vive en un pequeño pueblo pesquero ficticio en la Isla del Príncipe Eduardo, donde se desarrolla la historia a principios del siglo XX. Considerada un tesoro nacional por el pueblo canadiense, la novela  ha vendido mundialmente alrededor de 50 millones de copias.

En el momento en el que transcurre la historia las mujeres todavía se dedicaban a ser amas de casa y esposas, los cánones de belleza se expresaban bastantes distintos a los de la actualidad, al igual que el valor de la mujer en la sociedad y sus limitaciones graduales. La vida de Ana Shirley continuó en una secuela de ocho libros ordenados según la edad de Ana por la escritora.

Existen varias versiones audiovisuales, entre ellas una miniserie televisiva que se rodó en 1985, con el nombre de «Ana de la pradera», además de una versión animada.

En el 2016 Netflix se unió a la cadena canadiense CBC y la productora Northwood Entertainment para grabar una nueva miniserie inspirada en el libro. “Anne” se producirá bajo la dirección de Niki Caro con una primera temporada de ocho episodios que sería grabada en Ontario, Canadá.

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