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Visa pour l’image: una historia ‘fuera de campo’

Beatriz García

Foto: Diana Rangel
The Objective

La historia siempre resulta irónica bajo el tamiz del tiempo. No hace demasiados años, los españoles viajábamos a Perpiñán para hacer dos cosas: jugar en el casino e ir a los cines a ver pornografía, películas ‘S’ censuradas por el franquismo. Hoy, los hijos y nietos de estos españoles, cogemos un tren para asistir a Visa pour l’image, uno de los certámenes de fotoperiodismo más importantes de Europa, que se celebra en la ciudad francesa.

Sentada en otro vagón, Diana, la fotógrafa de The Objective, me envía un whatsapp: “¿Te imaginas que nos quedamos dormidas y acabamos en París?”. Sí, le contesto, sería una crónica diferente, algo así como ‘Desde la Torre Eiffel no se ve Perpiñán’. En el fondo, también yo tenía la sensación de ir a aquella pequeña y encantadora ciudad con el mismo objetivo que mis abuelos. El atentado terrorista de Barcelona me habían robado el gusto por el fotoperiodismo, no por la crudeza de las imágenes en la prensa, sino por la indignación que nos producían: “Respetad a las víctimas”, se escandalizaban. “La crisis del periodismo”. “¡Una vergüenza!”. Y luego, esa misma gente horrorizada por unas ramblas sembradas de cuerpos aplastaban la nariz contra la fotografía de un ciudadano sirio llevando en brazos el cadáver de su hijo entre las ruinas de Mosul. ¿Vale menos su dolor que el nuestro? ¿Es más informativo acaso, menos hiriente a la vista simplemente porque está lejos?

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La contemplación atenta de los visitantes en una exposición en el Couvent des Minimes. | Foto: Diana Rangel / The Objective.

Diana y yo echamos a andar por la amplia avenida señalizada con banderines del festival. Por las calles sólo se veía gente guapa, culta, muy francesa, con sus flamantes cámaras y sus acreditaciones al cuello. Nos planteábamos las mismas cuestiones que se debatían en Visa pour l’image, el rol del fotoperiodista y la necesidad de imágenes sangrientas para explicar una tragedia.

-Cuando estudiaba en Nueva York, mis compañeros fotoperiodistas iban todo el día buscando asesinatos por las calles –me cuenta Diana.

-Sí, como la historia del tipo que ganó el Pulitzer, el que dicen que se suicidó.

-Sí, el del buitre que se abalanza sobre el niño.

-Van y le preguntan: ¿Qué le ocurrió al niño? El fotógrafo no lo sabía. Hizo la foto y se largó.

Me doy cuenta de que camino con mis prejuicios a cuestas y no es lo más profesional, pero la mirada es subjetiva. Elegimos cómo encuadrar el mundo. Una imagen te conmueve, me digo, doscientos horrores enmarcados te dejan frío. Pasas de uno a otro como si cambiaras el canal de la tele.

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Las iglesias se abren como ventanas al mundo. | Imagen vía Diana Rangel

Las calles, los conventos y los palacetes de la ciudad se abren como ventanas al mundo. En Visa Pour L’Image hay 25 exposiciones, 25 historias colgando de las desconchadas paredes, y miles de personas hormigueando de una historia a la siguiente con si en cuestión de unas pocas horas pudieses recorrer 365 días de injusticias y tragedias, de duras y a veces invisibles formas de vida, que no tienen espacio en la prensa, pero no por ello dejan de existir.

Ángela Ponce Romero, jovencísima reportera peruana, es una de las estrellas del festival. Su trabajo ‘Ayacucho’ sobre las víctimas de la guerra civil en Perú, donde sus gentes siguen llorando a sus seres desaparecidos y pidiendo justicia para sus muertos, ha ganado el premio Visa de Oro Humanitaria que concede el festival. Habíamos quedado con Ángela en su exposición en el Palais des Corts para hacerle una entrevista. Sin embargo, no se presenta. Una rápida llamada a prensa del festival y me comunican con ella:

-Lo siento, tengo un desayuno de fotógrafos. ¡Envíame un email.

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Así nos quedamos cuando Ángela Ponce nos dejó plantadas. La foto pertenece a su trabajo ‘Ayacucho’. | Foto: Diana Rangel / The Objective

Pero es que yo quería preguntarle sobre la forma en que hace presente la ausencia, a través de la sombra proyectada en las paredes, a través de… Llevamos semanas organizando esta entrevista. ¡Bonjour! Merci! ¿Qué hacemos ahora, Diana, tomamos un café? ¡Francia siempre huele a croissant!

Lo que queda fuera

Hay una mujer que aúlla de dolor, rapada y escuálida, atrapada en el marco de una fotografía. Su imagen congelada, su vida tal vez ya no exista. Es una de las internas de un hospital psiquiátrico en Venezuela retratada por Meredith Kohut. También hay un hombre encorvado sobre la imagen, que saca una fotografía de aquella misma fotografía, y un tercero que los fotografía a ambos, a la mujer llorando hambrienta y al espectador acorazado tras su cámara.

Cuando encuadras una imagen, al poner el foco sobre un pedazo de realidad, dejas fuera parte de esa misma realidad. Se suele hablar de que algo está dentro o fuera de campo. Y ese fuera de campo se construye intuitivamente, imaginando lo que la lente de la cámara no alcanza a retratar. Para acercarse lo máximo posible a la verdad no bastan con un único disparo. Hay que mirar de verdad.

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Veinticinco historias colgando de las paredes y miles de ojos. | Foto: Diana Rangel / The Objective.

Diana es venezolana. Recorre la sala cuadrada grabando un vídeo de cada una de las durísimas instantáneas sobre lo que está ocurriendo en su país.

 -Las imágenes son fuertes de verdad. En la prensa española no se ve ni la mitad de esta dureza… Pero es una tragedia.

La mueve no el morbo, sino el horror.

-Si puedes –le digo- saca una foto de esos hombres que sacan fotos a las fotos. – También yo tengo mi foco y mi idea…

¿Y luego qué? ¿Me haces tú una foto sacándoles fotos?

Un nuevo capítulo de ‘Black Mirror’ se ensambla en mi cabeza.

La batalla de Mosul centra la atención de esta edición de Visa pour l’image. Una guinda roja coronando un postre hecho de cascotes y personas con la mirada perdida, de cuerpos de milicianos abotagados tendidos uno al lado del otro. No obstante, hay muchos Mosul, muchas formas de narrar el combate y el triunfo: Está el Mosul que retrató Álvaro Canovas para París Match, quien acompañó durante meses a las tropas iraquíes hasta conseguir la victoria; el Mosul del fotógrafo de Magnum Lorenzo Meloni, su colapso del califato y las ruinas y el silencio en lugares como Palmyra, Kobani y Sirte. Y también el del premiado fotógrafo de Reuters Laurent Van der Stockt, en cuyas fotografías no aparecen cadáveres, ni de un bando ni del otro; están fuera de campo. Pero no hace falta imaginarlos, sólo pasar a otra sala.

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Coqueto tras la batalla, Laurent Van der Stockt. | Imagen: Diana Rangel /The Objective.

Las imágenes del fotógrafo Lu Guang sobre la contaminación en China te llenan los pulmones de humo; las aguas calientes de Vlad Sokhin y el impacto del calentamiento global en los lugares más remotos del mundo, desde Oceanía a Nueva Zelanda, con crecidas y basura flotando alrededor de las viviendas, te deja los pies húmedos y un malestar que te llevarás a casa, que olvidarás porque, eh, la vida continua.

Y cuando parecía que íbamos a entrar en barrena, de repente, una luz.

La reportera española Catalina Martín-Chico ha sido premiada varias veces en este certamen: En 2011 consiguió la Visa de Oro Humanitaria por su trabajo fotográfico sobre la revolución en Yemen, y este año recibía el galardón de Canon a la Mejor Fotoperiodista Mujer por un maravilloso fotorreportaje sobre la explosión de natalidad entre las ex-guerrilleras de las FARC en Colombia, que tras cincuenta años de conflicto vuelven a reunirse con sus familias y pueden ser madres.

Catalina nos espera en las oficinas de Visa pour l’image. Es amable, campechana y, sobre todo, sincera. Hace años que está afincada en Francia, pero países como Yemen se han convertido en un segundo hogar para ella.

– ¿Crees que la fotografía puede cambiar el mundo? –disparo.

– Modestamente, pienso que puedo ser una ventana abierta sobre un mundo que la gente no ve. Me gusta contar historias que no han sido contadas y poner luz sobre zonas de oscuridad –contesta Catalina. Ella sólo intenta dar voz a gente que no la tiene, reflejar situaciones injustas.

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Luminosa y campechana, Catalina Martín-Chico. | Imagen: Diana Rangel /The Objective.

Cuando la fotógrafa llega a un lugar, antes de sacar su cámara habla con las personas. Convive como ellos, trata de saber qué piensan y qué sienten. En su trabajo tiene una máxima: Si quieres entender, no debes juzgar. Nos habla de ver amanecer en la selva, del comandante pasando revista a la tropa, de la historia de Chachis, la guerrillera que dormía en la cama de al lado y que no podía ver a su padre que estaba en el hospital, y de bebés tomando un baño en un cubil.

Nos habla de conexión con la gente, de vidas duras pero alegres, de guerras, muertos y heridos, de personas que uno conoce por el camino y cuyas historias, tras meses de convivencia, acabas haciendo tuyas. Eso también está fuera de campo, la vivencia del fotógrafo, lo que él ha sentido e intenta transmitir con sus fotos, y el puñado de agentes que median entre su lente y las injusticias sobre las que trata de arrojar luz: el texto que acompaña una imagen, el medio que dirige la mirada, nosotros, lo que vemos y lo que nos han enseñado a ver. Y cuando acaba la entrevista, ni Diana ni yo pensamos más en buitres abalanzándose sobre niños ni en ganadores del Pulitzer que se matan de la culpa. Susan Sontag escribió: “No se puede poseer la realidad, pero se puede poseer (y ser poseído por) las imágenes”.

Sin trampa ni cartón

Fuera de la oficina de prensa, docenas de fotógrafos arrastran sus portfolios a las mesas. Es como un enorme speed-dating entre agencias y freelancers. A nosotras nos da risa, nos parece un mercadillo de píxeles, pero somos un poco menos cínicas ahora, un poco más conscientes de que entre la cámara y el ojo está la persona. Y tras visitar a Ferhad Bouda, fotógrafo de la agencia Vu, a las puertas de su exposición en la Chapelle du Tiers-Ordre, también ese mercadillo de píxeles que queríamos ver, y por eso vimos, desaparece.

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Ferhat Bouda y la resistencia bereber. | Imagen: Diana Rangel /The Objective.

Ferhat nació en la ciudad argelina de Kabyle. Su trabajo ‘Bereberes en Marruecos: resistiendo y defendiendo su cultura’ es un proyecto personal, tanto que forma parte de su propia historia. Porque este argelino que pasó su infancia en Francia es también bereber.

Siendo el pueblo más antiguo del Norte de África, los Amazigh o gente libre fueron bautizados como bereber (bárbaros) por los romanos. Son demócratas, igualitarios, nómadas que sobreviven con poco en las montañas, nos cuenta Ferhat. Pero, sobre todo, una nación que defiende con uñas y dientes su cultura pese al ostracismo de los gobiernos que los califican de herejes y, por eso, no reciben asistencia hospitalaria, ni en las escuelas se les enseña su idioma. Y ocurre en Marruecos, y en Libia, y en Malí. El bereber, también en la diáspora, poco a poco se borra.

-Mi abuela nos llevó a Francia para que pudiéramos ser libres. No entendía el francés, tampoco el árabe. Decidí estudiar cine para que pudiera ver películas en su lengua –afirma el fotógrafo.

Los ojos se le llenan de lágrimas, toma aliento y le damos unos segundos. Diana, que estaba haciendo fotos en aquel momento, baja la cámara. Me faltan dedos de la mano para señalar cuántos hubieran disparado en aquel momento; la emoción de un fotógrafo bereber que ha hecho de la imagen también una forma de resistencia, de memoria colectiva.

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Cómo explicar la guerra y la muerte a un niño. | Imagen : Diana Rangel / The Objective

Tengo al menos una decena de preguntas que hacerle y entre ellas hay una que esperaba se convirtiera en titular y se me atraviesa en la garganta conforme avanza la entrevista. ¿La hago? ¿No la hago? Quería que me hablase sobre el origen bereber de los terroristas del atentado de Barcelona, conocer su opinión al respecto. Me basaba en declaraciones de un catedrático de la Sorbona que señalaba la zona del Rif, en Marruecos, como un caldo de cultivo para el extremismo. Mis prejuicios son un reflejo de lo que soy, la persona que dispara una foto a quien hace la foto a una foto.

-Ahora tenemos algunas programas de televisión en nuestra lengua, pero los utilizan para islamizar y manipular. Casi es mejor no tener idioma. – confiesa todavía emocionado.

Y entonces, el pequeño tiburón aparece hambriento de polémica, de ‘Me gusta’ y ‘Compartir’ en redes. Honestamente, esperaba que no se molestase conmigo; honestamente también, deseaba que lo que contestase no me diese ningún titular. Y no lo hizo.

-Yo quería preguntarte… En fin… Como eres periodista, espero que no te ofendas. Ya sé que no viene al tema, pero…

El traductor enloquece con mis divagaciones y disculpas.

-Todos somos víctimas –contesta Ferhat, cuando al final me decido.

Una respuesta sincera y compasiva no abre a menudo un diario. Pero era la verdad. Y en lo más hondo, sentí bastante alivio.

Cuando atardeció, estábamos un poco más felices, un poco menos furiosas, y sobre todo, perdidas. Literalmente perdidas. Tratando de llegar a la estación, rodeamos el bello edificio del Couvent des Mínimes y, de repente, nos encontramos dentro de una de aquellas fotografías que con tanta atención contemplaban los visitantes. No era el Perpiñán sin colillas en el suelo, el Perpiñán de los guapos y guapas sentados en los cafés diminutos y los fotógrafos que acuden a almuerzos. Era el barrio de los otros franceses, los gitanos, los que vivían en edificios empobrecidos y en calles llenas de basura a sólo una esquina del dolor colgado, enmarcado, un dolor informativo, sí. También más glamuroso.

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Un ‘speed-dating’ entre fotógrafos y agencias. | Imagen vía Diana Rangel

-¿Y ahora dónde estamos? –le digo a Diana. Porque era la primera vez que veía el Perpiñán del fuera de campo que ni se intuye ni se piensa, y parecía otra galaxia.

-¿ Y por qué no vienen y sacan una foto de esto? – dice ella.

“Fotografiar es conferir importancia”, escribió Susan Sontag. Y también que la fotografía es “la más suave de las depredaciones, con el objeto de documentar una realidad oculta, es decir, una realidad oculta para ellos”.

Poseídas por las imágenes, perdimos la noción del tiempo. Quedan diez minutos para que salga el tren y corremos con la lengua fuera la larga avenida de banderines y palmeras que lleva a la estación. No lo conseguiremos, me digo, esprintando en tacones. Y en un desesperado alarde aventurero, hago un ‘Pekín Exprés’ y me lanzo a la carretera a parar el primer coche que pase.

-¿Cómo se dice estación en francés? –titubeo.

Gare!

-¿Cómo se dice ayuda en francés? ¿Y cómo es ‘perder el tren’?

El asombrado conductor nos entiende por contexto y hace señas para que subamos.  Saltamos del coche casi en marcha y subimos al tren de la misma forma.

La realidad tiene muchas caras, reversos, aristas. Las fotografías, como las personas, no son ni buenas ni malas. No precisan de límites. Todo depende del enfoque, depende de lo que quieras ver, de lo que te hayan enseñado a ver. Como ese conductor voluntarioso, como ese barrio que no aparece en la ruta, o esos otros fotógrafos a los que se les humedecen los ojos e intentan dar voz a quienes no la tienen, a pesar de quienes dirigen la mirada, a pesar también de nosotros.

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14 destinos turísticos a los que ir antes de que se pongan definitivamente de moda

Cecilia de la Serna

Foto: Khaled Abdullah Ali Al Mahdi
Reuters

Cada año, la Organización Mundial del Turismo (OMT) hace un exhaustivo seguimiento de las tendencias de viaje con el objetivo de predecir los destinos más prometedores (y que más de moda se pondrán). Para ello, analiza cuáles son los de mayor crecimiento.

Los 14 destinos turísticos de mayor crecimiento en el globo se reparten por la geografía mundial, aunque zonas como el Oriente Medio y el norte de África -a pesar de sus conflictos-, con países como como Palestina, Egipto o Túnez, y Sudamérica, con países como Uruguay y Chile, son las que experimentan un crecimiento especialmente destacable.

1. Territorios palestinos

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Un turista toma una fotografía en Belén. | Foto: Mussa Qawasma / Reuters

La industria turística de Cisjordania se vino abajo tras la Guerra de los Seis Días de 1967 y la consiguiente ocupación israelí del territorio, y a pesar de que el conflicto con Israel siga muy vivo, la situación del turismo en Palestina ha mejorado notablemente en 2017. La agencia de la ONU coloca a Palestina como el país donde más ha crecido el turismo a nivel mundial durante el primer semestre de 2017. Durante el año pasado, las visitas turísticas internacionales a Palestina aumentaron casi un 58%. Cisjordania acoge a la mayor parte de los visitantes en Navidad, cuando Belén celebra una misa de medianoche. Un atractivo novedoso en la zona de Belén es el Hotel Walled-Off, un establecimiento hotelero del misterioso artista británico Banksy.

Durante el año pasado, las visitas turísticas internacionales a Palestina aumentaron casi un 58%. Cisjordania acoge a la mayor parte de los visitantes en Navidad, cuando Belén celebra una misa de medianoche.

2. Egipto

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La Vía Láctea reflejada en el cielo del Desierto Blanco al norte del Oasis de Farafra, al suroeste de El Cairo. | Foto: Amr Abdallah / Reuters

Egipto, un clásico del turismo internacional en el norte de África, también ha sufrido un importante batacazo en los últimos años por la escalada violenta de atentados, en ocasiones con el objetivo puesto en los turistas extranjeros. No obstante, y a medida que la violencia en el país ha ido disminuyendo, el número de turistas se ha disparado un 51%. El gran éxito reside, por supuesto, en sus pirámides y vasta historia, pero también en un buen clima.

3. Islas Marianas del Norte

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Las playas de las Islas Marianas del Norte son paradisiacas. | Foto: Turismo de Estados Unidos

Las Islas Marianas del Norte son un territorio en unión política con Estados Unidos, al igual que Puerto Rico, pero situado en el Pacífico Norte. Se trata de 14 islas septentrionales, situadas entre Hawái y las Filipinas. No es un territorio especialmente conocido, pero cada vez son más los que se acercan a visitarlo. Las Islas Marianas del Norte experimentaron un crecimiento del 37% en el turismo durante el año pasado. El archipiélago tropical es conocido por sus casinos y playas bordeadas de palmeras.

4. Islandia

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La naturaleza de Islandia es incomparable. | Foto: Stoyan Nenov / Reuters

Desde 2010, el número de turistas extranjeros en Islandia se ha triplicado. Esta tendencia se ha confirmado el pasado año, cuando el turismo aumentó un 35%. A Islandia se la conoce como la isla del hielo y el fuego, y quienes la describen así no lo hacen por capricho. Entre sus montañas, ríos, precipicios, cascadas, volcanes y glaciares se esconden secretos y paisajes que no sólo quedarán bien en una instantánea, sino que dejarán huella hasta en el viajero más viajado que los descubra. Los visitantes tienden a ir entre junio y agosto, cuando el clima es más amable y hay más horas de luz del día.

5. Túnez

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La arquitectura es una muestra de la riqueza histórica de Túnez. | Foto: Zoubeir Souissi / Reuters

Túnez se está recuperando de su ataque terrorista de 2015 con bastante rapidez. El país tuvo un aumento del 33% en turistas extranjeros el año pasado. Los visitantes llegan al país magrebí por sus centros históricos y turísticos, por la hospitalidad de los tunecinos y por sus playas mediterráneas.

6. Vietnam

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Vietnam combina diversidad natural y étnica. | Foto: Nguyen Huy Kham / Reuters

Si el sudeste asiático tiene un lugar apetecible entre todos los lugares ese es Vietnam, como bien confirman las cifras: un 31% más de turistas lo visitaron el año pasado, suponiendo el mayor crecimiento de todo el continente asiático. El país se incorporó no hace mucho al mercado turístico mundial, ya que no se abrió totalmente a los visitantes extranjeros hasta la década del los 90. Su paisaje, sus gentes y pueblos, su riqueza cultural y natural, y el colorido de sus 53 grupos étnicos hacen de este un destino realmente atractivo.

7. Uruguay

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Los paisajes de Uruguay invitan a puestas de sol irrepetibles. | Foto: Andres Stapff / Reuters

El primer puesto de los países latinoamericanos es para Uruguay, que durante el año pasado recibió a 3 millones turistas extranjeros, un aumento del 30% con respecto al año anterior. En su geografía destacan Punta del Este, Piriápolis, Montevideo, Colonia del Sacramento o Rocha, que hacen del turismo un punto cada vez más fuerte en la economía uruguaya.

8. Nicaragua

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¿Conoces las playas más secretas de Nicaragua? Esta es tu oportunidad. | Foto: Oswaldo Rivas

Alrededor de 1,5 millones de personas visitaron Nicaragua en 2016, lo que se traduce en un aumento del 28%. Este tesoro escondido de Centroamérica ofrece atractivos como una variedad de fiestas patronales con interesantes expresiones culturales, donde se puede observar en el fervor religioso, y una mezcla de manifestaciones indígenas y coloniales. Además, sus playas salvajes no dejarán indiferente al más aventurero. Definitivamente, una joya por descubrir.

9. Mongolia

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Mongolia invita a una vida nómada. | Foto: Claro Cortes / Reuters

El turismo en Mongolia, al igual que el nicaragüense, aumentó un 28% el año pasado. Los turistas se sienten especialmente atraídos por los rincones más recónditos del país y por el importante crecimiento de la vida nocturna de su capital, Ulán Bator. Una naturaleza esencialmente diversa según las regiones del país hacen de Mongolia un lugar que merece la pena visitar durante una temporada larga.

10. Israel

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El Muro de las Lamentaciones es uno de los símbolos de la cultura en Israel y recibe a millones de turistas extranjeros. | Foto: Marko Djurica / Reuters

Israel recibió 2,9 millones de visitantes el pasado año, lo que supuso un aumento del 25% con respecto al año anterior, a pesar del conflicto latente en la zona. Israel cuenta con un impacto histórico muy relevante y con una vida cultural muy activa. Los puntos turísticos más “calientes” son, sin duda, el mar Muerto, el Muro de las Lamentaciones en Jerusaeln y la intensa vida nocturna de Tel Aviv, quienes algunos la denominan “el Miami de Oriente Medio”.

11. Malta

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La ‘Ventana Azul’ de Malta fue un icono de la isla, y un importante atractivo turístico, que desgraciadamente desapareció hace unos meses. | Foto: Darrin Zammit Lupi / Reuters

La pequeña isla de Malta, uno de los emblemas del corazón del Mediterráneo, acoge cada vez a más y más turistas foráneos, concretamente el número de visitantes extranjeros aumentó en un 23% el pasado año. Malta, que es a su vez un gran plató (en la isla se han rodado películas como Gladiator, Captain Phillips o El Código Da Vinci, destaca por sus playas y por su riqueza histórica.

12. Seychelles

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Un paraíso tropical en auge. | Foto: Reuters

La popularidad de las exóticas Seychelles está creciendo exponencialmente, con un aumento de las visitas del 20% durante el año pasado. Este conjunto de 115 islas ubicadas en el océano Índico, al noreste de Madagascar, es un auténtico paraíso tropical. Este archipiélago esconde dos de las playas más bellas del mundo, Lazio y Georgette, y la más fotografiada según el Libro Guiness de los Récords, la de Source d’Argent. Aunque se asocia al turismo de lujo, las gangas también están disponibles.

13. Montenegro

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El complejo turístico montenegrino Sveti Stefan es internacionalmente reconocido. | Foto: Stringer / Reuters

Durante el año pasado, Montenegro experimentó un aumento del 20% en el turismo foráneo. El país balcánico muestra una enorme diversidad, con influencia de las culturas serbia, ortodoxa, eslava, centroeuropea y adriática. La vasta historia del país marca especialmente la experiencia del turismo extranjero, que llega atraído por un inmenso patrimonio histórico. Mar y montaña dibujan un diverso itinerario entre pueblos, playas, naturaleza y piedra.

14. Chile

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Esta zona de Santiago, conocida como Sanhattan, es un punto de contrastes. | Foto: Victor Ruiz Caballero / Reuters

Otro de los países sudamericanos que ha experimentado un rápido crecimiento es Chile, que también recibió un 20% más de visitantes el año pasado. Sus diversos paisajes y su entorno lo convierten en un gran destino para los amantes de la naturaleza. Destacan la Patagonia, el lago Chungará, el volcán Parinacota, San Pedro de Atacama o el parque nacional Vicente Pérez Rosales. Chile cuenta con hasta seis sitios declarados patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Además, su cultura de influencias indígenas e hispánicas hace de sus costumbres un atractivo extra. La moderna capital, Santiago de Chile, ofrece riqueza arquitectónica así como natural, ya que los Andes -que rodean la ciudad- generan un contraste panorámico incomparable.

Continúa leyendo: La 'app' iSex es la prueba de que no se ha entendido nada sobre las agresiones sexuales

La 'app' iSex es la prueba de que no se ha entendido nada sobre las agresiones sexuales

Bea Guillén Torres

Foto: Unsplash
Unsplash

Conoces a alguien. Supón que te gusta y que le gustas, y que, además, decidís mantener relaciones sexuales. Pero no solo eso, sino que os parece una idea sensata y de sentido común utilizar una aplicación de móvil para sellar vuestro consentimiento. Para garantizar que los dos estáis completamente de acuerdo en el encuentro sexual que vais a mantener y, así, os podéis evitar desagradables sorpresas en el futuro como que uno de los dos denuncie al otro por agresión sexual. ¿Razonable, eh? O eso es lo que ha debido pensar José Luis Sariego, creador de la aplicación iSex y antiguo abogado de Francesco Arcuri, el exmarido de Juana Rivas condenado por maltrato, que tiene el firme objetivo de facilitar el “enviar, recibir, almacenar y exportar el consentimiento mutuo antes de una relación sexual”. Tal y como detalla en Google Play —la app no está disponible para iOS—.

Pero, ¿qué es lo que facilita iSex, en realidad? Demostrar que hay gente, como Sariego, que no ha entendido absolutamente nada sobre lo qué es el consentimiento ni sobre lo qué son las agresiones sexuales.

La 'app' iSex es la prueba de que no se ha entendido nada sobre las agresiones sexuales
Fases de la aplicación iSex.

La app de iSex funciona de la siguiente manera. Tú te registras con el nombre que quieras, por supuesto no tiene que ser real porque no hay ninguna clase de verificación ni está asociado a ninguna red social. Así que ese supuesto consentimiento podrá estar a nombre de B B B o de Perico el de los palotes.

Después, el consentimiento se puede firmar de varias maneras. Enviando un formulario de consentimiento, en el que introduces el nombre de la persona a la que quieras enviárselo. Por supuesto aquí el nombre también puede ser absolutamente falso. También escribes su email, para que le llegue y se lo quede ahí bien guardado. O, incluso más fácil y rápido, conectándolo por Bluetooth. Las dos personas se conectan a la app, se dan el consentimiento (que aparecerá firmado con el nombre inicial que cada uno ha escrito —que, recordemos, puede ser falso—) y, hala, pues ya estaría. Todo arreglado.

A ver, señor Sariego, no.

En ningún caso el consentimiento sexual se puede encajar en el marco de una transacción mercantil, porque en un encuentro sexual tú no estás comprando ni vendiendo nada. Tampoco estás adquiriendo nada que te pertenezca ni te dé derecho a nada. El deseo de un encuentro sexual no es algo inamovible, rígido e inflexible, sino que puede estar en un momento y al momento siguiente no estar. Por lo que firmar un consentimiento en un momento no significa absolutamente nada, porque puede no haberlo al momento siguiente.

Volvamos a la situación inicial. Conoces a alguien. Supón que te gusta y que le gustas, y que, además, decidís mantener relaciones sexuales. Pero no solo eso, sino que os parece una idea sensata y de sentido común utilizar una aplicación de móvil para sellar vuestro consentimiento. Pero, después, uno de vosotros, después de firmar y mandar este consentimiento, decide que no. Que ya no le apetece mantener relaciones sexuales. ¿Qué valor tiene ese consentimiento firmado? El mismo que antes, ninguno.

Así, todo lo que es esta aplicación es un burdo y vulgar intento de deslegitimar a las víctimas de agresiones sexuales y de violaciones. Ignorando el trauma y tratando de magnificar la leyenda negra de las denuncias falsas, que son manifiestamente mínimas. En una de sus últimas memorias, la institución del Fiscal General del Estado hablaba de un “escasísimo porcentaje” de denuncias falsas: desde 2009 hasta 2012, solo un 0,005% de las denuncias sobre violencia contra las mujeres se saldaron con una condena para la mujer por acusaciones falsas. Además, la app muestra un absoluto desconocimiento sobre una realidad como son las violaciones en pareja.

Solo esperamos que esta aplicación sirva para recordarle al señor Sariego y a los otros que no lo han comprendido todavía: que no es no, que no es no si no se dice que sí y que no es no aunque en algún momento haya sido sí.

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La víctima de “La manada” merece respeto

Melchor Miralles

Foto: J. Diges
EFE

Imagino a la joven víctima de “la manada”, cómo debe estar pasándolo durante el juicio contra los cinco hombres que abusaron de ella, la vejaron y la violaron, y encima ha de soportar escuchar sandeces y barbaridades como que si no tenía lesiones y arañazos es porque no se resistió, y que no debía estar muy traumatizada cuando desde que ocurrieron los hechos hasta la fecha, según el informe de unos detectives, salió a veces con amigos a tomar una cerveza o a alguna fiesta. Imagino a esta joven de 18 años, lo que estará viviendo, e imagino su voz, y en ella todo el dolor y la rabia concentrados.

¿Es que una mujer violada por cinco tipejos, no tiene derecho a seguir viviendo y a tratar de salir adelante? ¿En qué país vivimos? La imagino culta, ilustrada, y lúcida, pero no amnésica ni indiferente. Ella estaba tranquilamente sentada y cinco hombres que pretextaron acompañarla a su casa la metieron en un portal y le reventaron la vida, seguro. ¿Tiene encima que pedir perdón por algo? Para ella seguro que dese entonces los días son todo noche, y las noches pesadillas hasta que llega de nuevo el día. Y encima, ahora, cuando llega el juicio, la Justicia siempre tan tarde, soportar el escarnio, aguantar lo que está aguantando. Una Justicia que se precie ha de ser rápida, y ha de proteger a las víctimas, y la impresión que tengo en la distancia es que no está siendo así. Hemos leído los mensajes que se enviaban por whatsapp los criminales, presumiendo de su “hazaña”, me cuentan el contenido de las imágenes de video. Y encima algunos actúan como si la víctima debiera disculparse por algo. Qué asco, qué inmenso asco. Esta mujer merece un respeto que no se le está teniendo. ¡Qué asco! Le queda quizá a ella el consuelo, triste e injusto consuelo, de que, como escribió Marat, “el que ha sufrido algún mal puede olvidarlo, pero jamás el que lo ha causado”.

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Un hombre sin hogar consigue una plaza para estudiar en la Universidad de Cambridge

Redacción TO

Geoff Edwards tiene 52 años y lleva los últimos que recuerda viviendo en las calles de Cambridge. Después de años de aislamiento, ansiedad, depresión y falta de autoestima, ha logrado cambiar de vida. Edwards ha conseguido una plaza para estudiar Literatura Inglesa en la Universidad de Cambridge, una de las más prestigiosas del mundo. Lo hará en la escuela de Hughes Hall, la más antigua de Cambridge, destinada para adultos. “Ir a la Universidad de Cambridge era mi sueño. Estudiar algo que realmente amo. Todavía estoy haciéndome a la idea”, dijo Edwards a la publicación de su futura universidad, Cambridge News.

Edwards llegó a Cambridge desde Liverpool, su ciudad de origen, para trabajar como jornalero en el campo. Cuando se quedó sin empleo, se encontró en una ciudad que no era la suya, sin techo ni trabajo, y tuvo que comenzar a vivir en las calles de Cambridge. Allí pasó gran parte de su vida adulta. “Fui una persona sin hogar durante mucho tiempo. Después de eso, estaba aislado y con cuadros de ansiedad”, confiesa Edwards a Cambridge News.

Encontró consuelo en los libros

En sus momentos más oscuros, encontró consuelo en los libros, desde Jack Kerouac hasta William Burroughs. “Es una manera brillante de escapar”, dijo. Después comenzó a colaborar vendiendo la revista Big Issue, una publicación gestionada por personas sin hogar, en las calles de la ciudad inglesa. “Eso fue lo que me ayudó y me devolvió un poco de respeto por mí mismo”, explica.

“Ahí me di cuenta de que estaba atrapado y decidí que quería hacer algo distinto con mi vida. Pensé en cuál era la manera para conseguirlo y pensé que seguir estudiando era el camino correcto”.

Edwards quería conseguir las notas necesarias para estudiar Literatura en la Universidad, lo que siempre había sido su sueño. “Esto es lo que siempre quise hacer, pero nadie en mi familia había ido a la Universidad por lo que ni siquiera lo consideré en su momento”, dice. Dejó de estudiar muy pronto, por lo que tenía que hacer un curso de preparación de acceso.

“Estudiar me hizo sentir joven”

Por esa razón, decidió acudir a la jornada de puertas abiertas del Cambridge Regional College —un curso diseñado para adultos que quieren volver a estudiar y que prepara la entrada a la universidad—para averiguar si podía conseguir las calificaciones para entrar a estudiar en la universidad. “Me ayudó muchísimo. Siempre tenía alguien con hablar. Estaba muy preocupado por mi edad, pero estudiar me hizo sentir joven, además disfruté mucho mezclándome con gente joven”.

Y Edwards no solo consiguió terminar su curso de preparación, sino que lo hizo con tan altas calificaciones que ha sido premiado con un galardón al Mérito Académico, otorgado por el tribunal de acceso a la universidad y que recibirá en una ceremonia el próximo mes.

“No pensé en solicitar la entrada a Cambridge porque no pensé que la Universidad de Cambridge pudiera a admitir a alguien como yo. Pero mi tutor me animó a hacerlo. No me puedo creer lo que he conseguido. Es la primera cosa de la que estoy orgulloso en mi vida”.

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