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Visa pour l’image: una historia ‘fuera de campo’

Beatriz García

Foto: Diana Rangel
The Objective

La historia siempre resulta irónica bajo el tamiz del tiempo. No hace demasiados años, los españoles viajábamos a Perpiñán para hacer dos cosas: jugar en el casino e ir a los cines a ver pornografía, películas ‘S’ censuradas por el franquismo. Hoy, los hijos y nietos de estos españoles, cogemos un tren para asistir a Visa pour l’image, uno de los certámenes de fotoperiodismo más importantes de Europa, que se celebra en la ciudad francesa.

Sentada en otro vagón, Diana, la fotógrafa de The Objective, me envía un whatsapp: “¿Te imaginas que nos quedamos dormidas y acabamos en París?”. Sí, le contesto, sería una crónica diferente, algo así como ‘Desde la Torre Eiffel no se ve Perpiñán’. En el fondo, también yo tenía la sensación de ir a aquella pequeña y encantadora ciudad con el mismo objetivo que mis abuelos. El atentado terrorista de Barcelona me habían robado el gusto por el fotoperiodismo, no por la crudeza de las imágenes en la prensa, sino por la indignación que nos producían: “Respetad a las víctimas”, se escandalizaban. “La crisis del periodismo”. “¡Una vergüenza!”. Y luego, esa misma gente horrorizada por unas ramblas sembradas de cuerpos aplastaban la nariz contra la fotografía de un ciudadano sirio llevando en brazos el cadáver de su hijo entre las ruinas de Mosul. ¿Vale menos su dolor que el nuestro? ¿Es más informativo acaso, menos hiriente a la vista simplemente porque está lejos?

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La contemplación atenta de los visitantes en una exposición en el Couvent des Minimes. | Foto: Diana Rangel / The Objective.

Diana y yo echamos a andar por la amplia avenida señalizada con banderines del festival. Por las calles sólo se veía gente guapa, culta, muy francesa, con sus flamantes cámaras y sus acreditaciones al cuello. Nos planteábamos las mismas cuestiones que se debatían en Visa pour l’image, el rol del fotoperiodista y la necesidad de imágenes sangrientas para explicar una tragedia.

-Cuando estudiaba en Nueva York, mis compañeros fotoperiodistas iban todo el día buscando asesinatos por las calles –me cuenta Diana.

-Sí, como la historia del tipo que ganó el Pulitzer, el que dicen que se suicidó.

-Sí, el del buitre que se abalanza sobre el niño.

-Van y le preguntan: ¿Qué le ocurrió al niño? El fotógrafo no lo sabía. Hizo la foto y se largó.

Me doy cuenta de que camino con mis prejuicios a cuestas y no es lo más profesional, pero la mirada es subjetiva. Elegimos cómo encuadrar el mundo. Una imagen te conmueve, me digo, doscientos horrores enmarcados te dejan frío. Pasas de uno a otro como si cambiaras el canal de la tele.

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Las iglesias se abren como ventanas al mundo. | Imagen vía Diana Rangel

Las calles, los conventos y los palacetes de la ciudad se abren como ventanas al mundo. En Visa Pour L’Image hay 25 exposiciones, 25 historias colgando de las desconchadas paredes, y miles de personas hormigueando de una historia a la siguiente con si en cuestión de unas pocas horas pudieses recorrer 365 días de injusticias y tragedias, de duras y a veces invisibles formas de vida, que no tienen espacio en la prensa, pero no por ello dejan de existir.

Ángela Ponce Romero, jovencísima reportera peruana, es una de las estrellas del festival. Su trabajo ‘Ayacucho’ sobre las víctimas de la guerra civil en Perú, donde sus gentes siguen llorando a sus seres desaparecidos y pidiendo justicia para sus muertos, ha ganado el premio Visa de Oro Humanitaria que concede el festival. Habíamos quedado con Ángela en su exposición en el Palais des Corts para hacerle una entrevista. Sin embargo, no se presenta. Una rápida llamada a prensa del festival y me comunican con ella:

-Lo siento, tengo un desayuno de fotógrafos. ¡Envíame un email.

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Así nos quedamos cuando Ángela Ponce nos dejó plantadas. La foto pertenece a su trabajo ‘Ayacucho’. | Foto: Diana Rangel / The Objective

Pero es que yo quería preguntarle sobre la forma en que hace presente la ausencia, a través de la sombra proyectada en las paredes, a través de… Llevamos semanas organizando esta entrevista. ¡Bonjour! Merci! ¿Qué hacemos ahora, Diana, tomamos un café? ¡Francia siempre huele a croissant!

Lo que queda fuera

Hay una mujer que aúlla de dolor, rapada y escuálida, atrapada en el marco de una fotografía. Su imagen congelada, su vida tal vez ya no exista. Es una de las internas de un hospital psiquiátrico en Venezuela retratada por Meredith Kohut. También hay un hombre encorvado sobre la imagen, que saca una fotografía de aquella misma fotografía, y un tercero que los fotografía a ambos, a la mujer llorando hambrienta y al espectador acorazado tras su cámara.

Cuando encuadras una imagen, al poner el foco sobre un pedazo de realidad, dejas fuera parte de esa misma realidad. Se suele hablar de que algo está dentro o fuera de campo. Y ese fuera de campo se construye intuitivamente, imaginando lo que la lente de la cámara no alcanza a retratar. Para acercarse lo máximo posible a la verdad no bastan con un único disparo. Hay que mirar de verdad.

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Veinticinco historias colgando de las paredes y miles de ojos. | Foto: Diana Rangel / The Objective.

Diana es venezolana. Recorre la sala cuadrada grabando un vídeo de cada una de las durísimas instantáneas sobre lo que está ocurriendo en su país.

 -Las imágenes son fuertes de verdad. En la prensa española no se ve ni la mitad de esta dureza… Pero es una tragedia.

La mueve no el morbo, sino el horror.

-Si puedes –le digo- saca una foto de esos hombres que sacan fotos a las fotos. – También yo tengo mi foco y mi idea…

¿Y luego qué? ¿Me haces tú una foto sacándoles fotos?

Un nuevo capítulo de ‘Black Mirror’ se ensambla en mi cabeza.

La batalla de Mosul centra la atención de esta edición de Visa pour l’image. Una guinda roja coronando un postre hecho de cascotes y personas con la mirada perdida, de cuerpos de milicianos abotagados tendidos uno al lado del otro. No obstante, hay muchos Mosul, muchas formas de narrar el combate y el triunfo: Está el Mosul que retrató Álvaro Canovas para París Match, quien acompañó durante meses a las tropas iraquíes hasta conseguir la victoria; el Mosul del fotógrafo de Magnum Lorenzo Meloni, su colapso del califato y las ruinas y el silencio en lugares como Palmyra, Kobani y Sirte. Y también el del premiado fotógrafo de Reuters Laurent Van der Stockt, en cuyas fotografías no aparecen cadáveres, ni de un bando ni del otro; están fuera de campo. Pero no hace falta imaginarlos, sólo pasar a otra sala.

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Coqueto tras la batalla, Laurent Van der Stockt. | Imagen: Diana Rangel /The Objective.

Las imágenes del fotógrafo Lu Guang sobre la contaminación en China te llenan los pulmones de humo; las aguas calientes de Vlad Sokhin y el impacto del calentamiento global en los lugares más remotos del mundo, desde Oceanía a Nueva Zelanda, con crecidas y basura flotando alrededor de las viviendas, te deja los pies húmedos y un malestar que te llevarás a casa, que olvidarás porque, eh, la vida continua.

Y cuando parecía que íbamos a entrar en barrena, de repente, una luz.

La reportera española Catalina Martín-Chico ha sido premiada varias veces en este certamen: En 2011 consiguió la Visa de Oro Humanitaria por su trabajo fotográfico sobre la revolución en Yemen, y este año recibía el galardón de Canon a la Mejor Fotoperiodista Mujer por un maravilloso fotorreportaje sobre la explosión de natalidad entre las ex-guerrilleras de las FARC en Colombia, que tras cincuenta años de conflicto vuelven a reunirse con sus familias y pueden ser madres.

Catalina nos espera en las oficinas de Visa pour l’image. Es amable, campechana y, sobre todo, sincera. Hace años que está afincada en Francia, pero países como Yemen se han convertido en un segundo hogar para ella.

– ¿Crees que la fotografía puede cambiar el mundo? –disparo.

– Modestamente, pienso que puedo ser una ventana abierta sobre un mundo que la gente no ve. Me gusta contar historias que no han sido contadas y poner luz sobre zonas de oscuridad –contesta Catalina. Ella sólo intenta dar voz a gente que no la tiene, reflejar situaciones injustas.

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Luminosa y campechana, Catalina Martín-Chico. | Imagen: Diana Rangel /The Objective.

Cuando la fotógrafa llega a un lugar, antes de sacar su cámara habla con las personas. Convive como ellos, trata de saber qué piensan y qué sienten. En su trabajo tiene una máxima: Si quieres entender, no debes juzgar. Nos habla de ver amanecer en la selva, del comandante pasando revista a la tropa, de la historia de Chachis, la guerrillera que dormía en la cama de al lado y que no podía ver a su padre que estaba en el hospital, y de bebés tomando un baño en un cubil.

Nos habla de conexión con la gente, de vidas duras pero alegres, de guerras, muertos y heridos, de personas que uno conoce por el camino y cuyas historias, tras meses de convivencia, acabas haciendo tuyas. Eso también está fuera de campo, la vivencia del fotógrafo, lo que él ha sentido e intenta transmitir con sus fotos, y el puñado de agentes que median entre su lente y las injusticias sobre las que trata de arrojar luz: el texto que acompaña una imagen, el medio que dirige la mirada, nosotros, lo que vemos y lo que nos han enseñado a ver. Y cuando acaba la entrevista, ni Diana ni yo pensamos más en buitres abalanzándose sobre niños ni en ganadores del Pulitzer que se matan de la culpa. Susan Sontag escribió: “No se puede poseer la realidad, pero se puede poseer (y ser poseído por) las imágenes”.

Sin trampa ni cartón

Fuera de la oficina de prensa, docenas de fotógrafos arrastran sus portfolios a las mesas. Es como un enorme speed-dating entre agencias y freelancers. A nosotras nos da risa, nos parece un mercadillo de píxeles, pero somos un poco menos cínicas ahora, un poco más conscientes de que entre la cámara y el ojo está la persona. Y tras visitar a Ferhad Bouda, fotógrafo de la agencia Vu, a las puertas de su exposición en la Chapelle du Tiers-Ordre, también ese mercadillo de píxeles que queríamos ver, y por eso vimos, desaparece.

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Ferhat Bouda y la resistencia bereber. | Imagen: Diana Rangel /The Objective.

Ferhat nació en la ciudad argelina de Kabyle. Su trabajo ‘Bereberes en Marruecos: resistiendo y defendiendo su cultura’ es un proyecto personal, tanto que forma parte de su propia historia. Porque este argelino que pasó su infancia en Francia es también bereber.

Siendo el pueblo más antiguo del Norte de África, los Amazigh o gente libre fueron bautizados como bereber (bárbaros) por los romanos. Son demócratas, igualitarios, nómadas que sobreviven con poco en las montañas, nos cuenta Ferhat. Pero, sobre todo, una nación que defiende con uñas y dientes su cultura pese al ostracismo de los gobiernos que los califican de herejes y, por eso, no reciben asistencia hospitalaria, ni en las escuelas se les enseña su idioma. Y ocurre en Marruecos, y en Libia, y en Malí. El bereber, también en la diáspora, poco a poco se borra.

-Mi abuela nos llevó a Francia para que pudiéramos ser libres. No entendía el francés, tampoco el árabe. Decidí estudiar cine para que pudiera ver películas en su lengua –afirma el fotógrafo.

Los ojos se le llenan de lágrimas, toma aliento y le damos unos segundos. Diana, que estaba haciendo fotos en aquel momento, baja la cámara. Me faltan dedos de la mano para señalar cuántos hubieran disparado en aquel momento; la emoción de un fotógrafo bereber que ha hecho de la imagen también una forma de resistencia, de memoria colectiva.

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Cómo explicar la guerra y la muerte a un niño. | Imagen : Diana Rangel / The Objective

Tengo al menos una decena de preguntas que hacerle y entre ellas hay una que esperaba se convirtiera en titular y se me atraviesa en la garganta conforme avanza la entrevista. ¿La hago? ¿No la hago? Quería que me hablase sobre el origen bereber de los terroristas del atentado de Barcelona, conocer su opinión al respecto. Me basaba en declaraciones de un catedrático de la Sorbona que señalaba la zona del Rif, en Marruecos, como un caldo de cultivo para el extremismo. Mis prejuicios son un reflejo de lo que soy, la persona que dispara una foto a quien hace la foto a una foto.

-Ahora tenemos algunas programas de televisión en nuestra lengua, pero los utilizan para islamizar y manipular. Casi es mejor no tener idioma. – confiesa todavía emocionado.

Y entonces, el pequeño tiburón aparece hambriento de polémica, de ‘Me gusta’ y ‘Compartir’ en redes. Honestamente, esperaba que no se molestase conmigo; honestamente también, deseaba que lo que contestase no me diese ningún titular. Y no lo hizo.

-Yo quería preguntarte… En fin… Como eres periodista, espero que no te ofendas. Ya sé que no viene al tema, pero…

El traductor enloquece con mis divagaciones y disculpas.

-Todos somos víctimas –contesta Ferhat, cuando al final me decido.

Una respuesta sincera y compasiva no abre a menudo un diario. Pero era la verdad. Y en lo más hondo, sentí bastante alivio.

Cuando atardeció, estábamos un poco más felices, un poco menos furiosas, y sobre todo, perdidas. Literalmente perdidas. Tratando de llegar a la estación, rodeamos el bello edificio del Couvent des Mínimes y, de repente, nos encontramos dentro de una de aquellas fotografías que con tanta atención contemplaban los visitantes. No era el Perpiñán sin colillas en el suelo, el Perpiñán de los guapos y guapas sentados en los cafés diminutos y los fotógrafos que acuden a almuerzos. Era el barrio de los otros franceses, los gitanos, los que vivían en edificios empobrecidos y en calles llenas de basura a sólo una esquina del dolor colgado, enmarcado, un dolor informativo, sí. También más glamuroso.

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Un ‘speed-dating’ entre fotógrafos y agencias. | Imagen vía Diana Rangel

-¿Y ahora dónde estamos? –le digo a Diana. Porque era la primera vez que veía el Perpiñán del fuera de campo que ni se intuye ni se piensa, y parecía otra galaxia.

-¿ Y por qué no vienen y sacan una foto de esto? – dice ella.

“Fotografiar es conferir importancia”, escribió Susan Sontag. Y también que la fotografía es “la más suave de las depredaciones, con el objeto de documentar una realidad oculta, es decir, una realidad oculta para ellos”.

Poseídas por las imágenes, perdimos la noción del tiempo. Quedan diez minutos para que salga el tren y corremos con la lengua fuera la larga avenida de banderines y palmeras que lleva a la estación. No lo conseguiremos, me digo, esprintando en tacones. Y en un desesperado alarde aventurero, hago un ‘Pekín Exprés’ y me lanzo a la carretera a parar el primer coche que pase.

-¿Cómo se dice estación en francés? –titubeo.

Gare!

-¿Cómo se dice ayuda en francés? ¿Y cómo es ‘perder el tren’?

El asombrado conductor nos entiende por contexto y hace señas para que subamos.  Saltamos del coche casi en marcha y subimos al tren de la misma forma.

La realidad tiene muchas caras, reversos, aristas. Las fotografías, como las personas, no son ni buenas ni malas. No precisan de límites. Todo depende del enfoque, depende de lo que quieras ver, de lo que te hayan enseñado a ver. Como ese conductor voluntarioso, como ese barrio que no aparece en la ruta, o esos otros fotógrafos a los que se les humedecen los ojos e intentan dar voz a quienes no la tienen, a pesar de quienes dirigen la mirada, a pesar también de nosotros.

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Un año de portadas: Donald Trump, el presidente más ridiculizado de la Historia

Cecilia de la Serna

Foto: Der Spiegel

Donald Trump cumple ahora su primer año de mandato. El magnate, que atrajo una gran atención hacia sí mismo tanto durante la campaña de los republicanos como durante la presidencial norteamericana, seguirá previsiblemente tres años más en la Casa Blanca (a falta de un impeachment inmediato a la vista).

El primero de sus ejercicios en el poder ha estado marcado por no pocas controversias: su veto a la entrada de ciudadanos de países de mayoría musulmana, sus comentarios racistas, la relación de su entorno más próximo con agentes rusos o la construcción de un muro con México que por ahora parece más obra de su imaginación que de la realidad.

Una de esas polémicas que ha planeado constantemente sobre Trump y su propio ego ha sido la relación con la prensa, a la que ha acusado constantemente de verter noticias falsas sobre él cada vez que había un tema de actualidad que podía afectarle. La expresión “fake news” ha servido como una especie de escudo, transmitiendo un mensaje que sin duda ha calado sobre sus seguidores y provocando un descrédito desmesurado de la prensa.

Esa prensa a la que él ha acusado de mentirosa ha publicado numerosas portadas, algunas auténticas obras maestras de la ilustración y el humor, que lo han convertido no sólo en el presidente más controvertido sino también en el más ridiculizado que se recuerde. A continuación, un repaso de esas portadas, tanto de medios serios como de publicaciones satíricas, de uno y otro lado del charco.

La revista New Yorker

Desde la polémica por las largas estancias del presidente Trump en sus complejos de golf, al apoyo por parte de grupos de supremacía blanca o el pozo en el que para muchos está el mandatario a estas alturas, las célebres ilustraciones de portada de la prestigiosa revista New Yorker han mostrado a un Donald Trump poco adecuado para el cargo que ostenta.

Imagen: The New Yorker

Imagen: The New Yorker

Imagen: The New Yorker

La revista Time

La famosa publicación Time ha sido una de las más incisivas a la hora de retratar a Donald Trump en su portada. Las dos imágenes que hemos seleccionado son muy violentas, y muestran ese odio y esa furia que lo caracterizan.

Imagen: Time

Imagen: Time

La revista The Week

Con ocasión del lanzamiento de Fire and Fury del periodista Michael Wolff, la publicación The Week divulgó esta portada en la que mostraban al Trump que ama la comida rápida totalmente furioso por lo que el libro cuenta.

Imagen: The Week

El New York Magazine

Por el mismo sendero caminaba New York Magazine cuando publicó esta portada en la que se representan los malos hábitos alimenticios de Donald Trump y que se ven reflejados en el libro de Wolff.

Imagen: New York Magazine

Der Spiegel

Más allá de las fronteras norteamericanas, una de las publicaciones que ha publicado las portadas más notables durante el primer año de Trump en la Casa Blanca ha sido el alemán Der Spiegel. En ellas ha puesto de relevancia temas como el exacerbado patriotismo del presidente e incluso ha llegado a retratarle como la viva imagen de la involución humana.

Imagen: Der Spiegel

Imagen: Der Spiegel

La revista The Economist

Con sus siempre acertados análisis, The Economist ha dedicado varias portadas al presidente norteamericano. De entre todas destacamos la última, en la que pretenden hacer balance del primer año del presidente en el poder ilustrando a un bebé Trump.

Imagen: The Economist

Bloomberg Businessweek

Las polémicas medidas firmadas durante este año por el mandatario estadounidense inspiraron la portada de Bloomberg Businessweek en la que, en lugar de una orden ejecutiva, podemos leer en un documento firmado por Trump: “insertar orden ejecutiva redactada precipitadamente, jurídicamente dudosa y económicamente desestabilizadora”.

Imagen: Bloomberg Businessweek

La revista elJueves

Para terminar: una publicación española. Los chicos de elJueves utilizaron su acertado sentido del humor para alumbrar la boca de Trump con una antorcha sostenida por un miembro del grupo supremacista blanco Ku Klux Klan.

Imagen: elJueves

Un nuevo año comienza para Trump, y para todos aquellos maestros ilustradores a los que les espera mucho trabajo para retratar las facetas de un icono mediático irrepetible.

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Así es el gracioso 'reboot' de Friends para millennials que responde a sus críticas a la serie

Redacción TO

Foto: YouTube

A los millennials no les gusta Friends, o al menos a los millennials más jóvenes. La exitosa sitcom de mediados de los noventa ha sido acusada de homófoba y machista, según recoge una encuesta del diario británico The Independent. Las generaciones más jóvenes rechazan la forma de hacer comedia de la recordada serie de la NBC.

La ficción, disponible para su visionado en streaming a través de Netflix, no ha logrado calar en estos jóvenes ya que están “impactados” por el tratamiento que se hace de determinadas situaciones relacionadas con temas de género e identidad sexual.

Por poner un ejemplo de momentos que molestan, los millennials critican la escena en la que Ross le quita una muñeca Barbie a su hijo, que está jugando con ella, y la cambia por un muñeco de G.I. Joe. Este momento es descrito como un claro ejemplo de perpetuar los roles de género de manera equivocada, y un pensamiento totalmente lejano a la sensibilidad actual sobre la identidad de las personas.

Uno de los momentos descritos como homófobos es de la paranoia de Chandler ante la opción de que el resto lo crea homosexual y los recurrentes chistes en relación a la condición de travesti de su padre, algo que es rechazado por estos jóvenes.

En respuesta a toda esta controversia, un grupo de millennials ha difundido unos títulos de Friends destinados a ellos. En un video que ha se ha hecho viral en las redes sociales se puede ver a los seis amigos haciéndose selfis y utilizando sus móviles, como locos, mostrando esa particular forma de actuar de los millennials.

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El hotel de Juego de Tronos abre sus puertas para amenizar la espera a los fans

Redacción TO

Foto: Lapland Hotels

Juego de Tronos no vuelve hasta 2019, y 2018 acaba de empezar. Los fans de uno de los fenómenos de la ficción televisiva más importantes de los últimos años andan mordiéndose las uñas por una espera que se puede hacer muy larga. Para ellos hay un lugar en el mundo muy especial: el hotel ambientado en Juego de Tronos. Lapland SnowVillage, un hotel construido únicamente de nieve y hielo que reproduce de manera muy fidedigna el universo de la serie, está ubicado en Finlandia y es una auténtica delicia para los seguidores de GoT (por sus siglas en inglés). El complejo completo cubre un área de aproximadamente 20.000 metros cuadrados.

Imagen: Lapland Hotels

Imagen: Lapland Hotels

Imagen: Lapland Hotels

Imagen: Lapland Hotels

Diseñadas por escultores de hielo profesionales de todo el mundo, cada una de sus 24 habitaciones presenta una figura de hielo relacionada con la serie basada en los libros de George R.R. Martin.

Las temperaturas alcanzan los 5 grados bajo cero en el interior, por lo que se ofrecen bolsas para dormir térmicas y de alta calidad con el objetivo de mantener a los huéspedes calientes, así como un zumo de bayas calientes por las mañanas. Se recomienda que los huéspedes se alojen en el hotel durante como máximo una noche debido a las condiciones del hielo, hay cabañas de troncos calientes disponibles en el exterior si desean extender su estadía.

Imagen: Lapland Hotels

Imagen: Lapland Hotels

Imagen: Lapland Hotels

Imagen: Lapland Hotels

La experiencia es completa: los huéspedes reciben también una visita guiada dentro del complejo, un desayuno buffet en el restaurante y un diploma de Juego de Tronos para conmemorar su estancia.

El hotel fue construido en el año 2000, no obstante es el primero de hielo basado en la temática de Juego de Tronos y aprobado por la propia HBO, productora de la serie.

Los viajeros pueden reservar una noche en el hotel de nieve o simplemente visitarlo durante el día. Los precios son algo elevados: 65 euros por una visita guiada durante el día, de 165 a 450 euros por habitación y noche, dependiendo del tamaño y servicios de ésta. Sin embargo, para los verdaderos fans de la serie, esta será una experiencia irrepetible e impagable. Winter is coming, for real.

Continúa leyendo: La próxima generación de 'influencers' no será humana

La próxima generación de 'influencers' no será humana

Cecilia de la Serna

Foto: @lilmiquela
Instagram

Los influencers generan beneficios millonarios, son líderes de opinión para una generación entera y rediseñan día a día el concepto de liderazgo. Estas celebridades, generalmente erguidas gracias al enorme influjo de Internet en la sociedad, sobre todo entre los más jóvenes que se sirven de las herramientas digitales para prácticamente todo, son de igual o mayor relevancia que muchos líderes mundiales.

Los influencers que conocemos son seres humanos, como todos nosotros, que sienten y piensan y viven como el común de los mortales. Por tanto, hierran y tienen sus puntos débiles. Sea en la piel del personaje o en la de la persona, sus propias personalidades generan un vínculo con sus hordas de seguidores a través de un principio humano: la empatía. Y esta empatía que se construye de individuo a individuo puede estar en riesgo con una tendencia que ya empieza a dibujarse: los influencers que llegan no serán necesariamente humanos.

La competencia que le saldrá a Dulceida, a las Kardashian o al youtuber de turno vendrá de la mano de imágenes generadas por ordenador, cyborgs y otros entes virtuales o semi-virtuales. El primer y gran ejemplo es la bloguera Miquela (@lilmiquela), que en Instagram cuenta con más de 520.000 seguidores y no es humana.

mfw I’m buying furniture for my first apartment in LA ☺️💛

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🐟

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Miquela Sousa -que es brasileña y americana- tiene una historia y un recorrido propio. Desde 2016 ha ido generando su propio discurso estético, artístico, de estilo de vida e incluso ideológico, un discurso que se ha mantenido coherente y que ha generado esa empatía que mencionaba como necesaria en la relación influencer-seguidor.

La delgada línea entre virtualidad y realidad se hace patente en el caso de Miquela, que a pesar de ser una imagen generada por un ordenador puede llegar a parecer real ante los ojos de los que la siguen. La controversia en este caso ha estado servida por la verosimilitud del personaje, que resulta muy auténtico ante los ojos del espectador. La pregunta que muchos se harán es ¿quién está detrás de esta modelo? No se sabe. Al menos no a ciencia cierta. Se ha especulado con la autoría de Miquela, si es individual o compartida por varios usuarios, pero -al contrario que en el caso de, por ejemplo, Gorillaz– no se sabe exactamente quién o quiénes están detrás de la peculiar bloguera.

Winter in LA 🌴

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2018 Desert Litty!!

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El misterio que rodea a esta it girl la convierte en algo aún más atractivo. El secreto tras su verdadera identidad atrapa a sus seguidores, que han llegado a teorizar sobre quién o qué es, hablando de estrategias de marketing, diseñadores gráficos e incluso de que Miquela no sea más que un adelanto de la quinta edición del célebre videojuego de simulación Los Sims. Lo único claro es que sus miles de fans viven con entusiasmo cada paso de Miquela, que cuenta incluso con una tienda de ropa propia y hasta su propia música en Spotify.

Lil Miquela no es la única no humana que está a la caza de la influencia digital. El progreso de la tecnología ha permitido un increíble desarrollo en las herramientas 3D, como en el caso que hemos mostrado, que combinan a la perfección imagen real e imagen generada por ordenador (CGI, por sus siglas en inglés). El mundo CGI es muy extenso, sin embargo en la vida real y gracias a elementos como la Inteligencia Artificial también encontramos a influencers no del todo humanos. Es el caso de los cyborgs, esas criaturas compuestas de elementos orgánicos y dispositivos cibernéticos​ que hemos visto cientos de veces en las películas de ciencia ficción y que no están en absoluto lejos de la realidad.

Estos seres, híbridos entre lo real y lo virtual, están apuntando alto y quieren hacerse también con las redes. Es el caso de LaTurbo Avedon, que en su biografía de Twitter se define como “artista avatar” y que quiere, a través de su presencia en las redes sociales, mostrar un punto de vista distinto sobre su percepción artística.

Club Rothko Save 04 (Mirror) from LaTurbo Avedon on Vimeo.

Las implicaciones verdaderas de estas tecnologías y personalidades inventadas -como muchas de las que actual y humanamente copan los Instagrams más seguidos- no están claras. No obstante, el futuro de estas celebridades cibernéticas podría ofrecer una pista de cuán borrosas pueden ser las diferentes líneas entre lo real y lo virtual. ¿Estás preparado para la nueva generación de influencers no humanos?.

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