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Vizcaya: un retazo de Europa en Miami con el que sueñan novias y quinceañeras

Tal Levy

Foto: Tal Levy
The Objective

Ser aquello que queremos, lucir como siempre deseamos, al menos por un día. Maquillarse, mostrar la mejor cara. Sin sospecharlo siquiera, las muchas quinceañeras que con sus vaporosos vestidos se sienten princesas y las novias que también posan su felicidad en cada rincón de este lugar de ensueño reproducen el anhelo de quien fuera amo y señor de Vizcaya, James Deering: una vida de celebración, una fantasía idealizada.

Algunas logran materializar su ilusión por todo lo alto festejando su boda allí, otras se conforman con fotografiarse frente al embarcadero de inspiración veneciana, en los jardines geométricos que simulan ser italianos o franceses y ante obras procedentes de distintos países y estilos implantadas en una lujosa villa asentada en una joven ciudad como Miami en la que muy pocas construcciones superan el siglo, pero cuyo presuntuoso dueño pretendió hacerla lucir tal cual fuera europea y mucho más antigua de lo que en realidad es.

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Entre los árboles podados geométricamente, las quinceañeras buscan un rincón para fotografiarse / Foto: Tal Levy

Convertida en museo tras ser adquirida por el condado de Miami-Dade en 1952 y declarada Monumento Histórico Nacional de Estados Unidos en 1994, Vizcaya festeja durante todo este año su centenario con el arte y la naturaleza casados en armonía en este paraje ubicado en Coconut Grove.

“Aquí comenzó hace 100 años el interés de Miami por el arte, la cultura internacional y la innovación”, ha destacado a la agencia EFE el director ejecutivo de Vizcaya Museum & Gardens, Joel Hoffman.

Su indiscutible y singular belleza la ha llevado a ser locación de películas como Iron Man 3, Ace Ventura: un detective diferente, Dos policías rebeldes 2, Un domingo cualquiera y Aeropuerto 77.

Bien podría haber servido como escenario de El gran Gatsby por esos aires de grandeza, que hicieron, además, que el rapero estadounidense Pitbull rodara parte de su vídeo musical Wild Wild Love allí y la otra en la mansión de Playboy en Los Ángeles.

Pero no todo en esta villa es fantasía. Ha sido sede de importantes acontecimientos como la Primera Cumbre de las Américas realizada en 1994 durante el gobierno de Bill Clinton. También sirvió para darle la bienvenida oficial a los reyes Juan Carlos y Sofía de España y a la reina Isabel II de Inglaterra, entre otros.

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Al igual que las habitaciones de la casa, los jardines recrean ambientes muy distintos de inspiración europea / Foto: Tal Levy

Un festín a la vista

Fue con un gran baile de máscaras junto al mar como se inauguró Vizcaya en la Navidad de 1916 con bombos y platillos: dos cañones de bronce del siglo XVII lanzaron su salva, mientras Deering y sus invitados desembarcaban disfrazados de campesinos, eso sí, italianos.

Ese sería el primero de los inviernos que el multimillonario que residía en Chicago, miembro de la familia que modernizó la agricultura en Estados Unidos, pasaría ahí hasta su muerte, en 1925.

La imagen más emblemática e inconfundible: una escultura acuática de 15 metros de largo hecha de piedras locales y que semeja una barcaza, la cual sirve de rompeolas para resguardar la terraza y sus escalinatas, así como la casa ubicada de manera privilegiada frente a la bahía. La obra fue concebida por el director artístico de toda la propiedad, Paul Chalfin. Alexander Calder, padre del afamado escultor cinético homónimo, ayudó a darle forma.

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El embarcadero de estilo veneciano deslumbraba a los muchos invitados de Deering, muy dado a celebrar fiestas / Foto: Tal Levy

“Al final, mi sentido de la belleza superó a la realidad histórica”, escribió Deering en una carta fechada en 1915 aludiendo al nombre de Vizcaya, que evoca al explorador español Vizcaíno de quien oyó decir había navegado en las costas de Florida. Daba igual que fuera o no verdad, como descubrió; resonaba a España, a los viajeros de antaño y también a la miamense bahía de Biscayne.

¿Cómo adaptar la realidad a la fábula? A cada extremo de la plaza en la entrada de la propiedad, dos antiguas estatuas italianas de mármol se convertirían, según las inscripciones añadidas, en las de Juan Ponce de León, el conquistador español que descubrió Florida en 1513, al cual se le incorporó un globo a sus pies con la península para dar credibilidad a su nueva identidad; y Bel Vizcaya, un imaginario nombre al servicio de la ilusión de Deering.

Las 250.000 personas que visitan al año la villa en realidad ven las réplicas de este par de figuras, pues las originales fueron resguardadas para evitar su erosión.  

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Vizcaya fue convertida en museo en la década de los años cincuenta en Miami, una ciudad sin mucho pasado / Foto: Tal Levy

Excentricidad hecha mansión

El pasado se entrecruza con el presente en la casa, diseñada por el arquitecto Francis Burrall Hoffman.

El mobiliario y los muchos objetos decorativos buscaban impresionar. Neoclásicos, barrocos, rococós, renacentistas, mientras más estilos mejor pues se podía aparentar que la residencia había sido habitada por muchas generaciones, lo que la distinguiría aún más, como los antiguos palacios europeos que Deering deseaba recrear.

A su vez, sin proponérselo, Vizcaya es reflejo de una época en la que los industriales ricos de Estados Unidos levantaron lujosas propiedades con tesoros antiguos comprados en todo el mundo gracias a que entonces no existían leyes que protegieran las obras consideradas como patrimonio nacional.

Los tapices del Comedor Chalfin procedían de la residencia de los poetas ingleses de la era victoriana Robert Browning y Elizabeth Barrett. El arpa del Salón de Música fue adquirida de manos de un comerciante de arte de Nueva York que aseguró había sido fabricada por quien le hacía los instrumentos a la reina María Antonieta de Francia, así como afirmaba que el clavicordio había pertenecido a un Pontífice del siglo XVII.

Sin imaginarlo Deering, muchos años después de su muerte, el Vestíbulo del Renacimiento fue testigo de la conversación que mantuvieron en 1987 el papa Juan Pablo II y el entonces presidente Ronald Reagan.

Uno de los más preciados objetos se encuentra en esa majestuosa sala: la Alfombra del Almirante, de unos 600 años de antigüedad y creada para el abuelo del Rey Fernando de España. Desplegada hacia el techo, con su cerca de 27 pies de largo y 8 pies de ancho, lleva tejidos símbolos que muestran la convivencia para el momento del cristianismo y el islam en la península ibérica. En antiguas columnas romanas descansan lámparas modernas.

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Un mundo dentro de otro

El afán por exhibir un pasado no podía dejar de lado innovadoras tecnologías, más tratándose de un dueño cuya fortuna familiar fue amasada gracias a la fabricación de maquinaria industrial. Así, por ejemplo, los visitantes pueden ver el equipo de refrigeración, el reloj maestro, el montaplatos que permitía bajar la comida de la cocina ubicada en el segundo piso a la Sala de Servir de abajo o el sistema de telefonía, uno de los primeros del condado de Miami-Dade. De hecho, se cuenta que el inventor Thomas Edison visitó la mansión, así como el exmandatario Warren G. Harding.

Por supuesto, también hay una biblioteca, esta de estilo neoclásico, tan propia de las residencias de la aristocracia europea.

El dormitorio y el baño de Deering, con opulentos detalles como las llaves en forma de cisne chapadas en oro de la bañera, no podían, quizá, estar decorados con otro estilo que no fuera el imperial, inspirado en la época napoleónica.

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Té y almuerzos se servían en los tiempos de James Deering en este refugio en la bahía de Biscayne / Foto: Tal Levy

Con sus pinturas de jardines románticos, obra de Jean-Antoine Watteau, que evoca la moda de vestir española que impactó la Francia del siglo XVIII, el lujoso Dormitorio Espagnolette estaba destinado a las invitadas femeninas. Desde ahí se podía entrar al balcón personal de Deering por medio de una puerta secreta situada al lado de la chimenea, que como reconoció el magnate soltero en una carta despertaba gran curiosidad.

Las numerosas habitaciones tienen ampulosos nombres, como la Goyesca, llamada así pues según Chalfin sus decoraciones se pensaba provenían de España y “habrían sido del agrado de la mecenas de Goya”. Sin embargo, los paneles de la pared son italianos, por lo que “este ‘error’ indica que para muchos de los patrocinadores y diseñadores de aquella época era más importante crear impresión que presentar los hechos”, como pueden leer hoy en un cartel los turistas que recorren el museo.

Mientras el dormitorio Giudecca recuerda esa isla veneciana, el Cathay rememora el modo en que Marco Polo denominó a China y es de estilo asiático, al igual que la Sala del Desayuno. Un sincretismo total.

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Vizcaya no representa una propuesta más de esparcimiento, sino una suerte de viaje en el tiempo / Foto: Tal Levy

Una ventana en el tiempo

En las puertas de vidrio de la Logia Cerrada, que permiten ver los jardines, están dos de los símbolos de Vizcaya que se repiten en toda la casa: la carabela, el preferido por Deering, y el caballo de mar, por el que se decantaba Chalfin.

“Hoffman señala que si bien la carabela representa a los viajeros europeos que volvían del Nuevo Mundo cargados de tesoros, en Vizcaya puede verse como un símbolo de los viajeros que, como Deering, iban a Europa y volvían con arte y joyas en la llamada ‘Época dorada’ de Estados Unidos (desde el fin de la Guerra de Secesión hasta la I Guerra Mundial)”, reseña El Nuevo Herald.  

Uno de los últimos bosques vírgenes de manglares del sur de Florida enmarca los 10 acres de jardines, diseñados por Diego Suárez.

Los árboles podados geométricamente, como en los jardines franceses e italianos de siglos pasados, las fuentes, los jarrones, las estatuas y demás esculturas al aire libre integran el concepto europeo al ambiente subtropical donde está enclavado.

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El esplendor de Vizcaya es un gran atractivo para los novios de toda Miami

Toda una diversidad, como los robles plantados en los Jardines Formales; la higuera estranguladora del Jardín Laberinto, donde alguna vez hubo altos setos en los que perderse que no sobrevivieron a las marejadas producidas por los huracanes; o los pinos australianos elevados sobre macetas de terracota del Jardín de la Fuente, que se había proyectado fuera el Jardín de Rosas pero estas no prosperaron debido a la inclemencia del sol y el aire salado.

Del Jardín de las Orquídeas, hoy conocido como Jardín Secreto, tan sólo quedan las macetas que albergan plantas que sí son capaces de resistir al fuerte calor y viento. Tanto le gustaban a Deering las flores que la casa disponía de un salón dedicado exclusivamente a preparar cada día arreglos florales.

En cuanto al Jardín Teatro, se desconoce si fue utilizado para tales fines pero allí permanecen erigidas las estatuas representativas de Arlequín y Polichinela en esa estancia inspirada en La Pietra, una villa florentina que conocieron Deering y Chalfin.

Muchas son las celebraciones que hoy acoge Vizcaya, tal cual en tiempos de su original dueño, como la del cierre de Miami Fashion Week 2016 donde el actor malagueño Antonio Banderas debutó como diseñador.

Pero también los miamenses la alquilan para matrimonios y fiestas de quince años, edad que marca el tránsito de niña a mujer en la cultura popular latina. Como se escucha al director ejecutivo de Vizcaya Museum & Gardens, Joel Hoffman, en la audioguía del museo: “Estamos muy orgullosos de que muchas jovencitas elijan los jardines de Vizcaya para celebrar ese momento tan especial de sus vidas. Yo estoy encantado de ver que nuestra comunidad se beneficia de este lugar. Aunque lo utilicen de un modo que James Deering no pudiera haber imaginado, este uso tiene una gran relevancia hoy en día y contribuye a hacer de Vizcaya un elemento insustituible del sur de la Florida”.

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La rebelión de Atlas, la novela de Ayn Rand que se convirtió en la biblia de los capitalistas y emprendedores del mundo

Tal Levy

Foto: YouTube
Youtube

No sólo es la novela que el presidente del Congreso de Estados Unidos, Paul Ryan, suele obsequiar a los nuevos miembros de su equipo, sino también la que el banco Saxo de Dinamarca regala a clientes y empleados. De uno a otro confín, La rebelión de Atlas, obra máxima de Ayn Rand, ha marcado por igual a emprendedores de Silicon Valley que a estrellas de Bollywood.

Este libro de cabecera de conservadores y liberales de todo el mundo, de empresarios e inversores de riesgo, cumple 60 años de su publicación este octubre ratificando por qué en una encuesta que la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos realizó en 1991 fue considerado el más influyente en la vida de los estadounidenses, sólo superado por la Biblia.

De allí que no sorprenda que el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Mike Pompeo, haya confesado el gran impacto que le produjo leerla o que el secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, la catalogue como favorita. Incluso fue uno de los libros que le sirvieron a Steve Jobs de guía para la vida y que le enseñaron cómo marcar una diferencia en el mundo, según ha revelado el cofundador de Apple Steve Wozniak.

Aunque La rebelión de Atlas fue desacreditada por los críticos, la huella dejada entre sus lectores ha sido duradera.

Novela, texto curricular, libro de negocios o de autoayuda, según se quiera, pasó de enseñarse en las aulas estadounidenses a incluirse recién en el plan de estudios de Ciencias Políticas de Reino Unido, donde 20.000 obras de Rand anualmente son vendidas. “Cada año se compran alrededor de 25.000 ejemplares en la Rusia natal de Rand, otros 13.000 al año en Brasil, 6.000 en España y 1.000 en Japón y Bulgaria. Incluso en China, unos 15.000 libros de Rand se compran cada año, un número que, dado el despertar económico e intelectual de ese país, sólo puede aumentar”, se lee en la web del Adam Smith Institute.

La rebelión de Atlas, la novela de Ayn Rand que se convirtió en la biblia de los capitalistas y emprendedores del mundo
Póster con todas las portadas de La rebelión de atlas | Imagen vía Pinterest

La virtud del egoísmo

¿Quién es John Galt?”. Esta pregunta da inicio y se repite en el transcurso de las casi 1.200 páginas de La rebelión de Atlas. Más allá de su papel clave en la trama, para Ayn Rand él vendría a ser el mejor representante de su ética Objetivista, asentada en tres valores: razón, propósito y autoestima, a los cuales corresponden las virtudes respectivas de la racionalidad, la productividad y el orgullo.

“La felicidad es un estado de alegría no contradictoria, una alegría sin pena ni culpa, una alegría que no choca con ninguno de tus valores y que no te lleva a tu propia destrucción”, afirma Galt en el emblemático discurso que condensa el sentido de la vida para Rand y que ella demoró dos años en perfeccionar de los doce que le tomó escribir el libro en su totalidad.

El motivo y propósito de mis escritos es la proyección de un hombre ideal”, señala Rand en El Manifiesto Romántico. “Ni la política ni la ética ni la filosofía son fines en sí mismos, ni en la vida ni en la literatura. Sólo el hombre es un fin en sí mismo”.

Pero ¿de qué trata la novela? En palabras de la autora fallecida en 1982, “el tema de La rebelión de Atlas es ‘El rol de la mente en la existencia del hombre’. El tema-trama es: ‘El hombre pensante rebelándose contra una sociedad altruista-colectivista”.

Describe cómo el Estado con su altruismo termina saqueando, arrasando y persiguiendo a los creadores e innovadores, que son quienes son los impulsores del progreso y del bienestar gracias a su individualismo, a que tienen al egoísmo por virtud. ¿Qué sucedería si los individuos emprendedores estuvieran en huelga? A esta interrogante el libro da respuesta.

Y es que para Rand, anticomunista hasta la médula, “la vida en una isla desierta es más segura e infinitamente preferible a la existencia en la Rusia soviética, la Alemania nazi o la Cuba de Castro”, como apuntó en los ensayos reunidos en La virtud del egoísmo, de 1961. Creía en lograr lo mejor de cada uno en contra de una sociedad de zombis, de hombres-masa, sometidos, manipulados.

“No me cabe la menor duda de que la novela ha desempeñado un papel importante en desacreditar al socialismo como un ideal y hacer que la discusión sobre el capitalismo sea intelectualmente legítima”, asegura en la web del Ayn Rand Institute, su presidente, Yaron Brook.

Pero también La rebelión de Atlas ha sido descalificada por quienes la consideran un canto panfletario al capitalismo, una exaltación de la avaricia, del egoísmo. No obstante, su interés renace, como en medio de la debacle financiera de Estados Unidos en 2009, con un Barack Obama recién presidente, cuando se vendieron más de 200 mil ejemplares.

Es la actualidad misma la que renueva su vigencia. Quizá el más cercano ejemplo, el de la Venezuela de hoy. “Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes no trafican bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino que, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un inútil sacrificio, entonces podrá reconocer que esa sociedad está condenada”, se lee en el libro que está de aniversario y cuyo impacto es compartido en Twitter bajo el hashtag #atlasshrugged60, iniciativa del Instituto Ayn Rand.

Un manantial de éxito

Entre los discípulos de Rand se encuentra quien fuera presidente de la Reserva Federal estadounidense de 1987 a 2006, Alan Greenspan, quien llegó a formar parte de un selecto círculo que frecuentaba su casa neoyorquina todos los sábados.

También devoto se ha declarado el cofundador de Pay Pal y primer gran inversor de Facebook, Peter Thiel. Otros, como el eurodiputado conservador británico Daniel Hannan, uno de los máximos promotores del Brexit, exhiben una fotografía de la escritora en su despacho.

Por un tiempo, la portada de El manantial, novela que Rand tardó siete años en escribir y que fue rechazada por 12 editoriales hasta que Bobbs-Merrill Company la publicó en 1943, sirvió de avatar de Twitter del fundador y ex consejero delegado de Uber Travis Kalanick.

Incluso el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha afirmado sentirse identificado con el protagonista de esa obra de ficción, de las pocas que le gustan y que “tiene que ver con los negocios, la belleza, la vida y las emociones internas… con todo”, recogió USA Today.  

Eso sí, estudiosos consideran que el mandatario está muy lejos del prototipo de héroe de Ayn Rand.

Lo cierto es que el personaje de Howard Roark, inspirado en el legendario arquitecto Frank Lloyd Wright, ha ayudado a muchos lectores a la hora de tomar una decisión. ¿Qué haría Roark en esta situación?, se han preguntado quienes han debido hacer frente a un dilema moral, según ha contado Rand, y “esa es la función psico-epistemológica de un ideal humano personificado (concretizado)”.   

La autora no accedió a suprimir ni una sola palabra del parlamento final de Roark en la adaptación de su novela a la gran pantalla en 1949. Gary Cooper no sólo personificó al arquitecto capaz de dinamitar su obra antes de doblegarse a sí mismo, sino que protagonizó el discurso más largo en la historia de Hollywood: 6 minutos.

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Estatua de Atlas en el Rockefeller Center de Nueva York | Imagen vía Wikimedia Commons

A la gloria del hombre

Otra obra de ficción de Rand, Los que vivimos, publicada en 1936, es lo más parecido a una autobiografía suya al abordar la determinación de una mujer, Kira Argounova, enfrentada a un sistema totalitario.

De familia judía, Ayn Rand nació en San Petersburgo en 1905 bajo el nombre de Alissa Zinovievna Rosenbaum. A los 12 años vio cómo los bolcheviques le confiscaron la farmacia a su padre y también cuestionó a Dios, al punto de escribir en su diario: “Hoy he decidido ser atea”.

“En la sofocante y sórdida fealdad de la Rusia soviética” descubrió un año después la obra de Víctor Hugo, a quien consideraba el más grande novelista de la literatura mundial.

Igual admiración, en el campo de la filosofía, le despertaría Aristóteles, porque su Lógica “liberó al hombre al validar el poder de su mente”.

Graduada en Filosofía e Historia en la Universidad de San Petersburgo a los 19 años, esta apasionada del naciente cine se propuso ser guionista, por lo que se matriculó en el Instituto Estatal de las Artes Cinematográficas.

Dos años después, marchó en busca de la libertad hacia Estados Unidos gracias a un permiso de viaje que le permitió dejar atrás esa suerte de “cementerio soviético”, donde años más tarde sus padres y su hermana Natasha morirían sin haberlos podido llevar consigo a América pese a sus muchos esfuerzos.

Sólo en la década de los setenta lo lograría con su otra hermana, Nora, pero habían pasado muchos años y distaba de la que fue. Lo que es capaz de hacer el comunismo fue atestiguado por Ayn Rand en carne viva con su hermana, quien decidió volver a la Unión Soviética.

Fue el director y productor cinematográfico Cecil B. DeMille quien introdujo a Rand en Hollywood tras incorporarla como extra a Rey de Reyes, filme gracias al cual ella conoció al que sería su esposo, el actor Frank O’Connor.

Y lograría sus objetivos: convertirse en libretista, novelista, ensayista y filósofa, dedicándose hasta el último de sus días a divulgar en conferencias y entrevistas sus ideas.

Pero también sería blanco de ataques. “A la gente jamás le gusta un hombre que ha alcanzado el éxito por sí mismo. Cuando tienes una gran devoción hacia un objetivo, la gente te llama despiadado. Y cuando trabajas más duro que otros, cuando trabajas como una máquina mientras otros se lo toman con calma y tú los superas, la gente te llama inescrupuloso”, replicaría.

Aunque su marcado acento ruso a lo largo de sus 77 la delataba, ella siempre se sintió americana por convicción, por eso no extraña que el tap haya sido su danza favorita, más aún por ser de origen afroamericano, tan lejos de Europa e incapaz, como destacaría, de expresar tragedia, dolor, miedo o culpa, sino felicidad y emociones aledañas a la alegría de vivir.

“La impresión que uno se lleva es: control total; la mente humana controlando, sin esfuerzo, el impecable funcionamiento de su cuerpo. La clave es la precisión. Transmite una sensación de propósito, disciplina, claridad, combinada con una ilimitada libertad de movimiento y una inalcanzable creatividad que se atreve a lo repentino, lo inesperado y, sin embargo, nunca pierde la línea integradora central: el ritmo de la música”. Quizá esta descripción suya del tap es la mejor alegoría de lo que fue su vida.

Rand vivió sin buscar más aprobación que la propia, a contracorriente de la moda imperante. No tuvo reparo a la hora de lucir un prendedor con el símbolo del dólar, el mismo que le tributaron en forma de coronas de flores sus admiradores al morir. Tampoco en pensar en términos de blanco o negro, en contra del culto del que llamaba el amoral gris. De opiniones terminantes, contundente, audaz y visionaria, la determinación guio sus pasos.

Pero como afirmaba que “en el campo de la caracterización una acción vale mil adjetivos”, mejor apelar a un ensayo suyo fechado entre octubre y noviembre de 1963: “El motivo y propósitos de mis escritos puede ser resumido mejor diciendo que si la totalidad de mi obra fuera a estar precedida de una dedicatoria, se leería: A la gloria del hombre. Y si alguien me preguntara qué es lo que he dicho para la gloria del hombre, sólo contestaría parafraseando a Howard Roark. Sostendría en alto una copia de La rebelión de Atlas y diría: ‘La explicación está de más”.

Breve diccionario a lo Rand

Altruismo: mide la virtud de un hombre según el grado de su disposición a capitular, a renunciar o traicionar sus valores.

Amor: expresión y afirmación de la autoestima, una respuesta a los propios valores en la persona del otro.

Arte: espejo metafísico del hombre.

Capitalismo: único sistema que puede hacer posible en la práctica la libertad, la individualidad y la búsqueda de los valores. No es un sistema del pasado; es el sistema del futuro.

Felicidad: estado exitoso de la vida.

Historia de ficción: abstracción que reclama universalidad, es decir, su aplicación a cada vida humana incluida la de uno.

Hombre: única especie viviente que tiene el poder de actuar para destruirse a sí misma.

Inacción: antítesis de la vida.

Mente: herramienta fundamental para la supervivencia del hombre. La mente dirige, las emociones siguen.

Nación: cantidad de individuos, y no puede tener otros derechos que los de sus ciudadanos individuales.

Racismo: forma más baja y groseramente primitiva de colectivismo.

Razón: medio básico de supervivencia para el hombre.

Religión: forma primitiva de filosofía.

Sentido de vida: suma integrada de los valores básicos del hombre. Es la fuente del arte.

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La Maison du Livre: una librería en Berlín, un testimonio, un símbolo de la resistencia

Romhy Cubas

Foto: Wikimedia
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Con testimonios se reconstruye la historia, el descubrimiento de las pertenencias físicas y sobre todo escritas de personas que ya no están presentes tiene la habilidad de recomponer un pasado nublado como si se tratara de legos ensamblados. De eso también se tratan las librerías, de ausencias y olvidos que buscan reencontrarse. Jorge Carrión recuerda que cada librería condensa un mundo, “no es una ruta aérea, sino un pasillo entre anaqueles lo que une a tu país y sus idiomas”, escribe en su libro Librerías. Un centro de resistencia que se aferra a estantes y cubiertas de cartón.

Cuando la polaca Françoise Frenkel decidió concretar su amor por la cultura francesa en 1921 nació La Maison du Livre, la primera librería francesa de Berlín. Junto a su esposo Simon Raichenstein esta librera de vocación, graduada de Letras en la universidad de la Sorbona en París, fundó un espacio para los libros franceses al darse cuenta, paseando por los escaparates de Berlín, que aquellos eran casi inexistentes en estos establecimientos. “Una librería en Berlín, es casi una misión”, afirma Françoise en la más reciente edición de su libro testimonial reeditado por Seix Barral y prologado por el Nobel de Literatura Patrick Modiano. Este testifica en sus primeras páginas:

“Ese testimonio de la vida de una mujer acorralada entre el sur de Francia y la Alta Saboya durante el periodo de la Ocupación es más impresionante cuanto más anónimo nos parece”.

La vida de esta librera polaca durante la ocupación alemana, junto a sus huidas y exilios, fue publicada en forma de libro en 1945 por Éditions Jeheber (Ginebra). El título de “Una librería en Berlín” es el intento de una sobreviviente por rendir cuentas a los muertos y recordar tantos sacrificios hechos para intentar navegar en medio de esa pesadilla que fue la guerra.

“Una librería en Berlín”, resistencia literaria de guerra
Una librería en Berlín de Francoise Frenkel | Imagen vía: Seix Barral

El rastro de Frenkel desaparece poco después de la publicación de la que fue su única obra. En el 2010 en un tenderete de la comunidad de Emaús –Niza- el literato Michel Francesconi redescubre el texto. Luego de darlo a conocer, su reedición en Francia fue un fenómeno de ventas y uno de los protagonistas de la rentrée literaria del 2015. Este año Seix Barral publicó su edición en español.

Huidas y exilios

Françoise Frenkel falleció en 1975 en Niza. Sus múltiples intentos por huir de la ocupación nazi -especialmente en el territorio francés- constituyen la esencia de este libro que no solo narra memorias y recuerdos de una mujer más entre las millones que sufrieron la deportación y el horror de los campos de concentración para judíos, sino que también evoca la resistencia de la cultura en medio del caos.

La Maison du Livre regentó hasta el año 1939, cuando Frenkel huyó desde Alemania hacia Francia entre las crecientes tensiones y hostilidades hacia los judíos, además de la censura y el control que comenzaron a imposibilitar la llegada de inventario a su establecimiento. A raíz de esta primera huída la escritora se convierte en fugitiva, apoyándose en la caridad y coraje de unos pocos que la ayudaron a cruzar la frontera hacia Suiza en 1943. En el intermedio, de pueblo en pueblo, y de secreto en secreto, la escritora recuenta el deterioro de un país y su economía, la falsificación de pasaportes y documentos de identidad, la desesperación de sus habitantes por una cartilla de racionamiento para comer, las nuevas profesiones que surgen inevitablemente de las desgracias ajenas, el tráfico de personas, la amenaza constante de la deportación.

Lo especial de este testimonio es que con sencillez y humildad, esta lectora implacable elige contar su exilio de una manera diferente. No hacen falta descripciones gráficas ni páginas enteras detallando las torturas en los campos de concentración. Su relato sobre la muerte y el miedo es intuitivo, casi a deducción del lector, quien entenderá sin necesidad de demasiada sangre ni gritos el sufrimiento silencioso de aquellos desplazados por una guerra que nunca entendieron completamente.

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Passauerstrasse Berlín en 1935 | Imagen vía: Wikimedia

La primera sede de La Mansion du Livre fue en el número 13 de Kleiststrase. La librería se muda enseguida a Passauerstrasse, 39; entre el barrio de Schöneberg y el de Charlottenburg. Para los escritores franceses y apasionados de la literatura el lugar se convirtió en una parada casi obligatoria, la clientela forjada por Frenkel y los amigos que allí conoció fueron los que luego le darían cobijo durante la guerra e intentarían que dejara el país por medio de contactos y “pasadores” de personas. Hoy en día en este lugar se ubican los grandes almacenes KaDeWe, bombardeados en 1943 y reconstruidos y ampliados en 1950.

El último rastro de Françoise Frenkel es un expediente de indemnización a su nombre fechado en 1958. En este declara sobre  un baúl consignado en mayo de 1940 en el guardamuebles del Colisée que fue embargado el 14 de noviembre de 1942 como “posesión judía”. En 1960 fue indemnizada con 3.500 marcos por la incautación del baúl. Este es uno de los objetos más emblemáticos del libro, tal vez porque se presenta como su única herencia permanente luego de perder su librería y su hogar. Una caja con un abrigo de piel de nutria y otro con cuello de zarigüeya. Dos vestidos de punto. Una gabardina negra. Una bata de Grünfeld. Un paraguas. Una sombrilla. Dos pares de zapatos. Un bolso de mano. Una almohadilla eléctrica. Una máquina de escribir portátil Erika. Una máquina de escribir portátil Universal. Guantes, zapatillas y pañuelos.

Una librería en Berlín, resistencia literaria de guerra
El barrio de Kreuzberg fotografiado por Joan vía Flickr bajo Creative Commons License.

En el presente Berlín tiene tantas librerías alternativas como nacionalidades conviviendo en sus calles. Libros en francés, en español, en inglés, en alemán. Libros de todos los colores, formas y olores. Atrás quedó esa censura asfixiante que hizo que Françoise dejara la ciudad junto y a su proyecto de vida para embarcarse en el vacío de la guerra.

Y aunque es un testimonio del pasado, precisamente este año vuelve a los estantes con la pertinencia de las letras para recordar que el pretérito de los verbos no está tan lejos como nos gusta creer, e inmortalizar el alcance de la memoria para sobrevivir tanto a lo que conocemos como a lo que ignoramos.

“Ojalá estas páginas puedan inspirar un pensamiento piadoso para aquellos que fueron silenciados para siempre, exhaustos por el camino o asesinados. Dedico este libro a los HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD que, generosamente, con una valentía inagotable, opusieron la voluntad a la violencia y resistieron hasta el final”

Francoise Frenkel en Suiza, a orillas del lago de los Cuatro Cantone, entre 1943-1944 .

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Por qué aumenta la venta de armas después de un tiroteo masivo

Redacción TO

Foto: JIM YOUNG
Reuters

Hay un patrón que se repite cada vez que se produce una matanza con armas de fuego en Estados Unidos: las ventas de estos productos experimentan picos de aumento. Y este fenómeno también los registran, en consecuencia, las acciones de las empresas que las fabrican. Ocurrió después de la masacre de San Bernardino, en la que un matrimonio musulmán radicalizado mató a 14 personas en 2015. Ocurrió después del ataque a la discoteca gay Pulse, en Orlando, que el año pasado terminó con la vida de 49 personas. Y ha vuelto a ocurrir después del tiroteo de Las Vegas, en el que un pistolero disparó de forma indiscriminada a los asistentes de un concierto al aire libre de música country desde un hotel y asesinó a 59 personas. Este último suceso se ha convertido ya en el peor tiroteo masivo en la historia reciente del país.

Y, sin embargo, las ventas continúan. ¿Por qué? Para entenderlo, hay que mirar primero a la cultura estadounidense y su relación con las armas, muy imbricadas en lo cotidiano. Un ejemplo: “El número de pistolas de propiedad privada en los Estados Unidos está en su máximo histórico, más de 300 millones, y ahora aumenta en unos 10 millones al año”. Lo dijo, en el año 2013, el Instituto para la Acción Legislativa de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), el lobby de las armas en Estados Unidos. Es decir, hay más de 300 millones de armas en un país de 325 millones de personas. Teniendo en cuenta que, según la NRA, la cifra crecía unos 10 millones cada doce meses, no es descabellado pensar que ya haya más armas que personas. De hecho, una estimación del diario The Washington Post de 2015 calculaba que el adelanto ya se había producido.

Por qué aumenta la venta de armas después de un tiroteo masivo 2
Un hombre elige entre varias armas en una tienda estadounidense. | Foto: Rick Wilking / Reuters

La relación de cercanía que tienen los estadounidenses con las pistolas hace que les tengan menos miedo que, por ejemplo, los europeos. Es decir, ya hay una primera barrera que está superada y que infla las ventas de armas. En el caso de los días posteriores a una masacre ocurren, además, dos cosas, según el diario estadounidense The Atlantic. En primer lugar, es entones cuando a los estadounidenses les entra el miedo a un posible ataque y sienten la necesidad de estar protegidos. ¿Su solución? Comprar más armas. En segundo lugar, muchos temen también que una gran matanza lleve a las autoridades a restringir o incluso prohibir definitivamente el uso de armas. Estos factores hacen que las ventas se disparen y que las acciones de las empresas manufactureras aumenten después de un tiroteo masivo.

Más ventas con Obama, menos con Trump

Lo de limitar o directamente vetar el uso de armas se ha tanteado bastantes veces y es un debate recurrente cada vez que ocurre alguna matanza. De hecho, el expresidente Barack Obama incrementó de manera directa la venta de armas al proponer frenar el acceso de la población a las armas de fuego. Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, en cambio, las acciones de las empresas fabricantes han empezado a caer. El autodeclarado como “amigo” de los activistas proarmas ha creado un clima de estabilidad en el sector armamentístico que hace que no aumente la preocupación por una eventual prohibición de pistolas y rifles.

Una de las medidas que Obama definía como un posible camino a seguir para Estados Unidos fue la de Australia, que cambió sus leyes después de un tiroteo masivo que dejó 35 muertos en Tasmania en 1996 y que escandalizó a la sociedad australiana. A partir de ese momento, se prohibió la venta de rifles automáticos y semiautomáticos y se inició un programa mediante el cual el Gobierno compraba a los ciudadanos armas prohibidas que hubiesen adquirido antes del veto. A partir de entonces, el país no ha vuelto a vivir un tiroteo masivo desde entonces. “Fue muy impactante que el país entero dijera: ‘Bueno, vamos a cambiar completamente nuestras leyes de armas’, y lo hicieran. Y no ha vuelto a pasar desde entonces”, dijo Obama durante una entrevista en 2015, hablando sobre cuál podría ser la solución al problema de las armas en Estados Unidos.

Un problema que ya no tiene que ver solo con los homicidas, sino que ha hecho saltar también las alarmas incluso por el suicidio infantil.

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En estado salvaje, un relato sobre la misoginia contemporánea

Anna Maria Iglesia

Foto: Lumen
Lumen

Diez jóvenes mujeres recluidas en una especie de cárcel en medio de la nada. Ellas no saben por qué están ahí, apenas recuerdan en qué momento las secuestraron. Ahora, despojadas de todo, conviven entre la violencia y la represión. Solo comparten un pasado similar: todas fueron protagonistas y víctimas de “escándalos” sexuales, que ellas mismas relataron. Esa fue su culpa: hablar.

 En estado salvaje (Lumen) de Charlotte Wood reflexiona sobre la misoginia y la estructura patriarcal de la sociedad occidental; la novela se interroga sobre la ausencia de libertad de la mujer, resultado de la imposición de un rol determinado, de unos parámetros de actuación demarcados y de un obligado silencio, que permite la perduración de un sistema que todavía no ha aceptado el completo y libre empoderamiento de la mujer.

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Portada de “En estado salvaje” | Imagen vía Editorial Lumen

En estado salvaje es, formalmente, una ucronía, sin embargo, el referente último al que apela es la sociedad actual. ¿Por qué enmarcar la acción fuera de un tiempo y de un lugar concretos para hablar de la sociedad presente?

Es muy buena pregunta y es, además, algo peliaguda. El origen primero de la historia de En estado salvaje está en un lugar real de Australia, una institución para mujeres que existió realmente hasta hace algunas décadas. Empecé a escribir la historia situándola en ese marco temporal y en ese espacio concreto, sin embargo, el relato no terminaba de funcionar. Además, si observaba la cultura y la sociedad que me rodeaban, veía un gran número de ejemplos de misoginia así que decidí hacer un cambio en el tiempo de la narración y proyectar la historia, quizás, hacia un posible futuro. Y me gustó el resultado que obtenía con una narración que, por no estar circunscrita a un tiempo en concreto, provocaba un cierto malestar en el lector que, como las protagonistas, no sabe exactamente dónde se encuentran.

¿Ese origen al que hace referencia es una institución reformadora donde permanecían recluidas a chicas “problemáticas”?

Efectivamente, se trata de una institución australiana que permaneció abierta hasta 1974. Escuché de su existencia por un documental de la radio y me enfadó muchísimo saber que, en aquellos mismos años en los que yo era una chica joven y libre, había tantas otras chicas que estaban encerradas en una institución como aquella en unas condiciones incluso más terribles de las que yo narro en la novela.

Una institución que, además, estaba avalada por el Estado.

Sí, claro, era una institución gestionada por el Gobierno. Era una auténtica locura. Muchas de las chicas que estuvieron allí encerradas, fueron condenadas a esa reclusión porque habían sido víctimas de alguna violencia –habían sido violadas en la familia, habían sufrido acoso- y habían reclamado ayuda. Lo que sucede es que, cuando pidieron ayuda, la respuesta que obtuvieron fue la reclusión; en cambio de ofrecerles ayuda, se las castigó por lo que habían sufrido.

Aquellas chicas son, en parte, como sus protagonistas: todas ellas son víctimas de situaciones de acoso público o violación que son castigadas por haber contado públicamente lo vivido.

Efectivamente, a todas ellas se las castiga por hablar. No se las castiga por haber vivido lo que han vivido, sino por hablar de ello, por contarlo. Si se hubieran quedado calladitas no les hubiera pasado nada malo. Es cierto que mi libro exagera y tira de la cuerda, pero esta idea de castigar o condenar a quien habla es algo común: cada día en la sociedad en la que vivo, observo como el silencio ante determinadas circunstancias se impone como manera para poder salvarse. Lo importante es no hablar, no decir. Así que he exagerado, pero solo un poco.

Hablar implica condenar y denunciar al verdugo, que, en muchos casos, más que una persona individual, es el propio sistema.

Claro, por esto molesta que se hable, porque hablar implica precisamente esto que comentas. El hecho de que las chicas puedan hablar y contar lo que han vivido, las convierte en una amenaza para los hombres y su estatus, pero también para la sociedad en general. A la sociedad o, por lo menos, a la sociedad australiana, no le gusta las mujeres que se empoderen con pleno derecho.

¿Definiría la sociedad australiana como una sociedad esencialmente machista?

Sí, Australia es un país machista. Es una pena tener que decirlo, pero es así. Sin embargo, no creo que Australia sea el único país todavía machista. El año pasado, me entrevistó la BBC y me preguntó si Australia tenía más misoginia que otros países y no puede responder, aunque pensé que, a lo mejor sí, que a lo mejor Australia sí era más misógina que otros países occidentales. Sin embargo, luego Donald Trump fue elegido como presidente de Estados Unidos y, entonces, pensé que Australia no era el país que peor estaba.

De la misma manera que usted se muestra crítica con la estructura patriarcal de la sociedad, también se muestra crítica hacia la falta de empatía de las mujeres entre ellas. Hay muy poca unión entre las mujeres recluidas de su novela.  

Ciertamente, esas mujeres no está unidad, ni al inicio ni al final; esa unión, reflejo del apoyo mutuo, nunca llega, pero no es exclusiva de mi novela. Esta desunión entre las mujeres es algo que veo yo a mi alrededor con bastante frecuencia: las mujeres no siempre se apoyan las unas a las otras, no siempre son un bloque unido. En ocasiones, cuando una mujer es amenazada, trata de tomar fuerza compitiendo con otra mujer o, incluso, empujándola. En ocasiones, las mujeres nos alienamos con los hombres, en cambio de apoyarnos a nosotras mismas.

En Estado Salvaje, un relato sobre la misoginia contemporánea
Charlotte Wood durante su visita a Barcelona | Imagen vía Editorial Lumen

Como se dice en su novela, ¿lo único que importa es sobrevivir?

Sí, eso dice una de las chicas, pero creo que esa frase también puede extrapolarse a nuestra sociedad. Creo, sinceramente, que en la cultura contemporánea es duro para las mujeres ser verdaderamente libres, porque hay tantos juicios y tanta presión sobre el cuerpo, tantos juicios sobre lo que puedes llevar o no, sobre el trabajo que puedes hacer o no… Hay tantas reglas impuestas a las mujeres que, a veces, es más fácil rendirse y aceptar sin mayor discusión lo que se te impone.

Sin embargo, esta aceptación es peligrosa, es una forma de legitimación del status quo

Claro, es muy peligroso, pero para huir es esa aceptación es necesario mucho valor y mucha fuerza, pero no basta solo con el valor: ante todo es necesario alejarse del discurso general, de ese status quo que podríamos llamar sociedad o cultura, negarlo y refutarlo. Solo así es posible ser verdaderamente libre y solamente siendo verdaderamente libres podremos decir “no” a ese alud de instrucciones y normas que nos imponen diariamente desde nuestra propia sociedad.

Y esa aceptación es la que, sin embargo, define a la mayoría de las jóvenes de su novela.

Ellas, las jóvenes recluidas, aceptan ese aprisionamiento en sus mentes. La cárcel no es solo física, sino también mental, porque todas, con la única excepción de dos, terminan aceptando su situación, porque no tienen el valor necesario para decir no.

Su personaje Hetty, en cambio de liberarse de las normas que se le imponen, se alía con quienes las imponen. Se convierte en una mujer que da la espalda a las otras mujeres.

Hetty refleja aquello que comentábamos antes: es ese tipo de mujer que, para sobrevivir, se alinea con el discurso de los hombres o, en este caso, con el discurso de los represores. Además, el personaje de Hetty, me permitía observar como por el simple hecho de que un grupo de personas comparta una misma situación violenta o complicada –en este caso, un grupo de mujeres atrapadas en una especie de cárcel- no significa que ese grupo termine siendo un grupo unido ni que las personas que lo componen vayan a llevarse bien las unas con las otras y ser amables entre sí. Al contrario, creo que el hecho de estar en una situación de extrema presión y reclutamiento puede dificultar las relaciones y no fomentar esa unión que, sin embargo, sería necesaria.

En estado salvaje se ha leído en paralelo con El cuento de la criada, sin embargo, podríamos también establecer una relación con la novela de William Golding, El señor de las moscas.

Muchas personas han comentado esto que dices y han citado precisamente estos dos libros, relacionándolos con mi novela. Cuando leí, una vez terminada de escribir, mi novela me di cuenta de que era completamente diferente a todo lo que había escrito antes así que le dije a mi editora que sentía como si mi libro fuera el resultado de un embarazo subrogado en el que no sé quién son los padres de la criatura. Mi editora, sin embargo, en seguida me dijo que los padres de mi criatura eran Atwood y Goldwing. Lo curioso es que yo no he leído El señor de las moscas y me obligué a no leer El cuento de la criada hasta terminar mi novela. Lo que sucede es que estos dos libros están en la conciencia colectiva.

¿Cree que se ha dado un paso hacia atrás con respecto, por ejemplo, al movimiento feminista de los años sesenta y setenta?

No estoy segura, me preocupa que pudiera ser así. Sin embargo, tengo que decir que desde que se publicó la novela en Australia, me he encontrado con muchas mujeres jóvenes que son profundamente feministas y esto me hace pensar que no hemos retrocedido. Dicho esto, en la sociedad todavía hay muchas cosas a las que las jóvenes mujeres se tienen que enfrentar, todavía hay mucho que hacer, sobre todo en relación al sistema capitalista, que ha colocado a las mujeres en un papel condicionado, es decir, no las hace realizarse libremente.

¿El capitalismo ha mercantilizado a la mujer?

Sí, creo que hasta un cierto punto es así. El problema es que no sé cuál es la alternativa, pero lo que tengo claro es que, en nuestra cultura occidental, todo tiene que ver con comprar y vender. Y en esta dinámica, no sólo se utiliza a las mujeres para vender cualquier tipo de cosa, sino que, incluso, se hace del cuerpo de la mujer un objeto que debe ser vendido y, por tanto, comprado. Hablamos de Occidente, pero hay que hablar de la explotación que sufre la mujer en los países más pobres, una explotación muchas veces fomentada por Occidente. Lo que no se puede hacer en nuestros países, muchos lo van a hacer en países más pobres, donde además las mujeres están especialmente desesperadas por la situación que viven. Y, volviendo a Occidente, me preocupa mucho las leyes contra el aborto que existen en algunos estados de Estados Unidos.

Leyes que son una forma de tutelaje estatal.  

Efectivamente. No recuerdo exactamente en qué estado, pero leí que en uno de los estados de Estados Unidos se promulgó una ley según la cual la mujer tiene que pedir permiso al Estado para poder abortar. ¡Esto es lo que nos contaba Margaret Atwood! No hay que olvidar que no hay libertad cuando hay un tutelaje, un poder que impone qué decisiones tomar.

A pesar de estas leyes, usted se muestra positiva ante el compromiso de las mujeres más jóvenes.

Sí, claro, porque hay un nuevo despertar entre las jóvenes mujeres. Cuando vi la marcha de las mujeres en Washington, me hizo darme cuenta de que hay un poder nuevo y joven activo. Una joven mujer me escribió tras haber leído En estado Salvaje y me dijo: “Antes estaba dormida. Leí su libro y ahora estoy despierta”. Estas palabras me impresionaron, porque lo que quería conseguir con mi libro era acudir a la gente y movilizarla. Así que, a lo mejor, hay otras tantas mujeres que, ahora, con la elección de Trump, finalmente despertarán.

¿Cree que la literatura tiene la capacidad de movilizar social o políticamente?

¡Ojalá fuera así siempre! Por lo general, creo que la literatura tiene potencialmente un gran poder de movilización social y política. Al menos, así ha sido para mí muchas veces en la vida. Y así lo demuestra el éxito de la serie El cuento de la criada, que se ha convertido en un símbolo del sentimiento feminista.

¿Cuándo escribía En estado salvaje era consciente de estar escribiendo un libro combativo, un libro que iba a dar de qué hablar?

Durante mucho tiempo, pensaba que nadie lo iba a leer por ser demasiado duro y oscuro. Cuando empezaron a llegar los primeros lectores, me di cuenta de que la gente respondía muy positivamente, pero, mientras escribía, yo no era consciente de la fuerza que tenía el texto. Por esto, me impactó la respuesta de los lectores y la gran cantidad de cartas que me han enviado lectores, tanto hombres como mujeres, diciéndome lo que habían sentido con la lectura. Un hombre me dijo que la lectura de En estado salvaje había sido como pasar por una radiografía que le muestra todo aquello que tiene, en tanto que hombre, dentro de sí.

¿Cree que su novela es todavía más dura para un lector masculino, que puede verse reflejado en ese sistema patriarcal representado por la cárcel?

Sí, creo que sí. Es interesante ver cómo con este libro he tenido muchos más lectores hombres de cuantos había tenido con mis anteriores libres. Una mujer me comentó que su marido había leído la novela, porque, desde siempre, había entendido y había sido consciente, digamos, desde una perspectiva intelectual, de las problemáticas relacionadas con la misoginia y el patriarcado, sin embargo, la novela le ha hecho física y emocionalmente sensible a ellas. En cierta manera, a través de la novela, el marido de esta mujer ha sido finalmente consciente de lo que siente una mujer ante determinados ataques, se ha dado cuenta de lo que significa para una mujer vivir en una cultura misógina.

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