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Warhol está vivo

Clara Paolini

El cuerpo de Andy Warhol dejó de latir, respirar y actuar hace 30 años, pero las ideas expresadas en su obra conservan tales verbos en un rabioso presente. Si vivo expresa un hecho; viviente, una facultad y vividor, una actitud, en Andy Warhol los tres adjetivos se conjugan dando lugar a un fenómeno más que nunca pertinente y hasta ahora, siempre pertinaz.

“La idea no es vivir para siempre, la idea es crear algo que sí lo haga”

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Un fantasma más vivo que nunca. (Foto: Petr Josek / Reuters)

Andrew Warhola, más conocido como Andy Warhol (1928-1987) supo combinar los sabores del inconfundible cóctel contemporáneo que hoy todo lo empapa: La estética de la publicidad revelando deseos e idiosincrasias, fotogramas como fábricas de fama, modas y hábitos; flujos de imágenes, música como aglutinante y el resplandor efímero de superestrellas convertidas en marca, emergiendo en los derribados márgenes entre alta y “baja” cultura.

“En el futuro todo el mundo será famoso durante 15 minutos”

Cuando el medio es el mensaje, lo que haces es menos importante que el cómo lo haces, y sobre eso Warhol sabía un rato. El proceso en el que la identidad de una persona se ve oscurecida por su propia representación ficticia, elevada y convertida en icónica por los medios de masas, quedó plasmado en retratos como los de Marilyn Monroe, Jackie Kennedy o Elvis y Elizabeth Taylor, y su capacidad de sintetizar el camino que convierte a un humano en símbolo se adelantó de forma premonitoria al presente.

El glamour, simplificado. (Foto: Darren Ornitz / Reuters)
El glamour, simplificado. (Foto: Darren Ornitz / Reuters)

Warhol se percató de que somos más que cuerpos; que nos estábamos convirtiendo en imágenes. Warhol está vivo en Instagram, le hubiera encantado Twitter, puede que en lugar de un programa en la MTV fuera hoy un youtuber famoso y su repetición de imágenes estetizadas, nos acompaña cada día en cada recodo de la web. Si Beyoncé, Pamela Anderson o Ivanka Trump hubieran nacido unas décadas antes, tendrían un retrato warholiano casi asegurado y son muchos los que opinan si Warhol siguiera de cuerpo presente, conseguiría darle a Banksy un buen repaso.

“Me gustan las cosas aburridas”

La radical propuesta de Warhol al situar objetos de la vida moderna como creaciones artísticas (desde las latas de sopa de Campbell hasta las cajas de detergentes Brillo) revolucionó la historia del arte en los años 60 situando el valor en la banalidad del presente más absoluto.

"Campbell's Soup II" (1969), y "Sunset" (1972) . (Foto: Luke MacGregor / Reuters)
“Campbell’s Soup II” (1969), y “Sunset” (1972) . (Foto: Luke MacGregor / Reuters)

Otros artistas como Jasper Johns, Rauschenberg y  en paralelo, Roy Lichtenstein ya habían empezado a pasar la página del institucionalizado expresionismo abstracto de finales de los 50, oscilando la creación hacia las antípodas: En contra de la abstracción y la introspección, el pop art exteriorizó lo interior e interiorizó lo exterior, como si de darle la vuelta a la camiseta artística de tratara el juego.

“¿No es la vida sólo una serie de imágenes que cambian a medida que se repiten?” 

Estados Unidos, el dinero, el sexo, la fama, la muerte… Warhol resumió, definió y de muchas maneras, encarnó el mundo en el que todavía vivimos. El resultado puede provocar la sensación de estar ante expresiones sin sentimiento ni alma, ya que tal y como él mismo describió, el artista era un apasionado de lo superficial, pero es justamente el efecto acumulativo el que supera al de un espejo que parece englobarlo todo.

El artista descrito por Truman Capote, citando a Wilde, como “una esfinge sin secretos“, sigue presente como un poderoso aglutinante del mundo cómodamente extraño al que nos guste o no, estamos inscritos.

Cronista de una época, Warhol consiguió imprimir una huella más allá de sus cuadros, eliminando la idea del artista solitario e introspectivo en pro de la apertura hacia la empresa y la marca en un contexto incipientemente (puede que aún inocentemente) mercantilista, creando por primera vez equipos como el que tienen hoy Jeff Koons, Damien Hirst o hasta Lady Gaga.

Bajo esta visión, la Factory se convirtió en un auténtico hervidero de artistas, intelectuales, famosos, Drag Queens y músicos. Allí, cruzaron sus vidas personajes como Valerie Solanas – la actriz y escritora feminista que disparó a Warhol en 1968 – y disparatados grupos compuestos por individuos que podían ir desde una condesa alemana a un vagabundo del Bowery.

Valerie Solanas, autora de SCUM y de culpable de disparar a Warhol. (Foto: Portada del Daily Mail y retrato de Richard Avedon)
Valerie Solanas, autora de SCUM y de culpable de disparar a Warhol. (Foto: Portada del Daily Mail y retrato de Richard Avedon)

Stephen Watson, autor de Factory Madeexplica que “Antes de la Factory, la autoría rara vez estaba en cuestión. Pero el trabajo de la Factory a mediados de los sesenta desdibujó la frontera entre sujeto y autor, y el papel de Warhol permaneció ambiguo. ¿Dirigió las películas de la Factory?, ¿escribió la novela?, ¿produjo de verdad el primer álbum de The Velvet Underground? En el sentido habitual de estos verbos activos, Andy Warhol no hizo nada de esto. Sin embargo, cada producto lleva su huella y habría sido imposible sin él“.

El arte y las ideas de Warhol continúan siendo polémicos: según predecía Brian Appleyard en The Economistla historia del arte verá a Warhol restaurado a “su lugar legítimo, como un grabador breve y muy conmovedor de la deslumbrante superficie en donde nos encontramos”. Sin embargo, su influencia parece destinada a soportar el futuro, ya que el núcleo mismo de cómo la industria, la sociedad, el arte y la economía se fusionan parece no tener una fecha de caducidad, y hasta que el capitalismo termine, la influencia de Warhol parece irrevocable.

“Si quieres saber todo sobre Andy Warhol, basta con ver mis pinturas y películas y allí estoy. No hay nada más”

Han pasado 30 años desde que “papa del pop” se convirtiera en fantasma, pero Warhol sigue vivo, actuando, latiendo y respirando en cada rincón del panorama cultural de un siglo XXI augurado por su instinto.

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El Expresionismo Abstracto aterriza a lo grande en Bilbao

Cecilia de la Serna

Foto: Museo Guggenheim de Bilbao
Museo Guggenheim de Bilbao

Pollock, Rothko, De Kooning, Smith, Still, Kline, Motherwell. Son “apellidos propios”, grandes estandartes, del Expresionismo Abstracto. Este movimiento, uno de los más revalorizados en las últimas décadas de cara a los coleccionistas, tiene su origen en el Nueva York de la década de 1940 y mantiene el honor de estar considerado el primer movimiento genuinamente estadounidense dentro del arte abstracto. Cuando hablamos de “movimiento” generalmente lo entendemos como un todo. No obstante, el del Expresionismo Abstracto es uno de los movimientos menos unificados de la Historia del Arte, y es que en realidad este fue un fenómeno complejo, variable e individualista, difícil de encuadrar en un solo marco. De hecho, lo único que une realmente a este grupo de artistas, que nunca formaron una unidad articulada, es que supuso la ruptura con las convenciones de las vanguardias de las primeras décadas del siglo XX, como el Cubismo o el Surrealismo.

El Guggenheim de Bilbao recoge el testigo de la Royal Academy de Londres y presenta una extensa exposición con más de 130 obras

Medio siglo hemos tenido que esperar en el Viejo Continente para presenciar de nuevo una gran retrospectiva del Expresionismo Abstracto. El Museo Guggenheim de Bilbao tiene el privilegio de recoger ahora el testigo de la Royal Academy de Londres, y presenta una extensa exposición con más de 130 pinturas, esculturas y fotografías procedentes de colecciones públicas y privadas de todo el mundo.

Jackson Pollock. Mural, 1943. (Foto: The Pollock-Krasner Foundation)
Jackson Pollock. Mural, 1943. (Foto: The Pollock-Krasner Foundation)

Esta retrospectiva -aunque más bien deberíamos denominarla ‘perspectiva’-, ha arrasado en la Royal Academy de Londres durante todo el otoño. Entre las 130 obras que ahora llegan a orillas de la ría de Bilbao encontramos algunas de los más conocidos maestros de la abstracción, como Jackson Pollock, Mark Rothko, Robert Motherwell o Willem De Kooning. Sin embargo, la originalidad y las joyas ocultas de esta muestra residen en la variedad de obras expuestas, especialmente de artistas que no alcanzaron tanta fama, como Arshile Gorky, Hans Hofmann, William Baziotes, Gerome Kamrowski, Clyfford Still, David Smith, Franz Kline, Barnett Newman, Ad Reinhardt…

Mark Rothko. Banda amarilla (Yellow Band), 1956. (Foto: Sheldon Museum of Art)
Mark Rothko. Banda amarilla (Yellow Band), 1956. (Foto: Sheldon Museum of Art)

Lo que pocos conocen es que el arte de todos estos maestros fue utilizado por la CIA como propaganda cultural anti soviética en plena Guerra Fría -en ese marco se dio la última gran exposición de Expresionismo Abstracto en Europa-. Después de la Segunda Guerra Mundial, la humanidad se debatía entre la decepción de conocer la peor parte de sí misma y la reconstrucción de su propia identidad. Entonces llegaron estos artistas norteamericanos, que destacaban el arte como producto de la libertad y la democracia frente al comunismo soviético. Ahora, en la era en la que los valores norteamericanos están cuestionados por la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, parece que Pollock, Rothko y compañía vuelven a estar más de actualidad que nunca.

La exposición Expresionismo Abstracto puede verse en el Museo Guggenheim de Bilbao del 3 de febrero al 4 de junio de 2017.

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Kurt Cobain, la voz de una generación

Nerea Dolara

Esta semana el líder de Nirvana cumpliría 50 años. Su dramática muerte a los 27 años lo convirtió en un mártir del rock y en un hito pop.

De camino a la escuela en Aberdeen llevaba su lonchera de Snoopy. Su infancia estuvo marcada por el divorcio temprano de sus padres, sólo tenía nueve años, y su adolescencia por la sensación de ser inadecuado, por una relación difícil con su familia, por sus sueños de ser un gran músico (una vez le dijo a un amigo que se haría famoso y rico y luego se suicidaría (sic) como Jimi Hendrix) y por las letras y reflexiones que escribía en sus diarios. Luego, no mucho después, Kurt Cobain dejaría atrás todo lo que le molestó y todo lo que odiaba: lo establecido, las normas, lo normal. Su banda, Nirvana, se convertiría, a poco tiempo de su creación, en una revolución musical y él, el silencioso e introspectivo compositor de rock, en un mito pop que esta semana cumpliría 50 años.

Kurt Cobain con Nirvana
Foto de archivo via Flickr.

Es sabido por todos que Cobain no estaba muy a gusto con la fama o lo establecido. Tras vender 10 millones de discos seguía comiendo sus predilectos Mac & Cheese de Kraft, odiando las entrevistas, negándose a subir a limusinas y viviendo sin guardaespaldas. Además detestaba -con el tiempo tuvo que resignarse a no poder echarlos de los conciertos- a los seguidores de su banda que sentía como fraudes, a quienes no entendían su mensaje: chicos de fraternidad, deportistas agresivos, chicos populares a los que siempre odió y, directamente, fue claro en decir a homófobos, misóginos y xenófobos que no eran bienvenidos en sus presentaciones. Pero el éxito estaba ahí, en forma de dinero, un enjambre de ejecutivos de la discográficas, relaciones públicas y demás lamebotas, conciertos repletos de miles de personas y cada vez menos libertad. Porque como siempre dijo el punk para él era eso, libertad. Y eso, justamente eso, es lo que, paradójicamente, menos tenía.

Nirvana comenzó -tuvo otros nombres como Fecal Matter- temprano. Cobain obtuvo como regalo por su catorce cumpleaños una guitarra usada de parte de su tío y comenzó a practicar. Conoció, al poco tiempo a Krist Novoselic, y la banda nació. Sólo faltaba un batería y Chad Channing fue el elegido. Nirvana tocaba en fiestas en una universidad en Olympia, Washington. Y poco después la discográfica independiente Sub Pop Records financió su primer disco. Así nació Bleach. Corría 1989.

Joan Jett junto a Dave Grohl y Krist Novoselic de Nirvana luego de que la banda ingresó al Hall de la Fama del Rock and Roll Hall of Fame en abril de 2014 | Foto: Lucas Jackson / Reuters
Joan Jett junto a Dave Grohl y Krist Novoselic de Nirvana luego de que la banda ingresó al Hall de la Fama del Rock and Roll Hall of Fame en abril de 2014 | Foto: Lucas Jackson / Reuters

Al año siguiente, tras vender 35 mil copias, Nirvana (que despidió a Channing y a otros varios sustitutos, aceptó a Dave Grohl en la alineación hasta el fin de la banda) grabó nuevas canciones, incluida Smells Like Teen Spirit. Esta canción luego generaría malestar incluso físico en Cobain, que detestaba tocarla por lo famosa que se había hecho. Llegó a decir en una enrevista en Rolling Stone que no recordaba el solo de guitarra y que prefería salir del escenario a interpretarla (aunque continuaba haciéndolo de vez en cuando).

Con las nuevas canciones, y su nuevo batería, Nirvana consiguió un contrato con DGC. Los rockeros detestaban a las grandes discográficas, pero siempre defenderían que trabajaron con DGC para llegar a más personas. El resultado de esta unión fue Nevermind (1991). El éxito fue instantáneo y aplanador. Nirvana se hizo popular, omnipresente y símbolo de su tiempo. Cobain, mientras tanto, estaba cada vez más incómodo con la situación. Y su estómago comenzó a dejárselo claro. El cantante sufría de un dolor crónico que le impedía comer e incluso, a veces, hasta beber agua. Pero continuaba de gira. Y para calmar su desesperación recurrió a la heroína.

En ese tiempo Cobain conoció a Courtney Love, líder de Hole, y se casó con ella poco después. Esperaban un bebé. La prensa, obsesionada con el nuevo rock star, incluyó a la pareja en el reducido altar de las más míticas relaciones amorosas del rock. Allí estaban en atención y escrutinio junto a Yoko y John o Sid y Nancy. Pasaron dos años antes de que Nirvana estrenara su tercer disco, In Utero, y en ese tiempo Cobain sufrió varias sobredosis y fue detenido (y luego liberado) por una denuncia de abuso doméstico contra Love.

Cobain dejó las drogas y, en entrevistas, habló de estar más feliz y satisfecho, además de ya no sufrir de su dolor crónico… también habló de sentir cierto miedo por no tener alimento creativo una vez que su sufrimiento se había detenido. Cuando hizo esa afirmación a Rolling Stone también comentó no tener, en ese momento de la gira de In Utero, ninguna canción nueva.

La banda continuaba con su desacato general y su provocación. En su primera aparición en Saturday Night Live rompieron los instrumentos en televisión nacional y en los premios MTV Novoselic se golpeó a sí mismo con el bajo y la banda se burló de Axl Rose (enemigo declarado de Cobain). Cobain comenzaba a deslizarse por el camino de los estupefacientes de nuevo. Durante la gira mundial, en Roma, Love lo encontró inconsciente debido a una sobredosis de alcohol y Rophynol (luego se encontró una nota de suicidio). Desde ese momento todo fue en picado.La policía de Seattle visitó la casa de la pareja cuando Love llamó diciendo que Cobain se había encerrado en el baño con un arma. Siguió una intervención -Love estaba convencida de que Cobain estaba en un estado suicida y que su abuso de las drogas era peligroso- y el internamiento en un centro de desintoxicación. Cobain escapó tras varios días.

Portada de la revista Rolling Stone.
Portada de la revista Rolling Stone.

La noticia de que un cadáver se había encontrado en una de sus casas en Seattle llegó a las redacciones del mundo. Horas después se confirmaría. Kurt Cobain había muerto. Se había suicidado utilizando una escopeta. Tenía 27 años.
Cobain se convertiría en un mártir de la causa del rock (el álbum del MTV Unplugged grabado en 1993 salió a la venta tras su muerte y debutó como primero en las listas… vendió cinco millones de copias y ganó el Grammy), en un símbolo de un tiempo en que el grunge triunfó sobre una industria prefabricada y en que el pelo sucio, las letras de protesta y las voces desgarradoras llegaban más al público que las coreografías ensayadas y el playback. Su revolución no duraría mucho. Como todo ídolo de la contracultura, Cobain se convirtió en mercancía, en camisetas, pósters y leyendas urbanas.

Flores, velas y dibujos conmemorando el décimo aniversario de la muerte de Cobain en Viretta Park en Seattle, Washington el 5 de abril de 2004 | Foto: Anthoy Bolante / Reuters
Flores, velas y dibujos conmemorando el décimo aniversario de la muerte de Cobain en Viretta Park en Seattle, Washington el 5 de abril de 2004 | Foto: Anthoy Bolante / Reuters

Su vida se removió una y otra vez en libros, reportajes y películas. Hasta sus más íntimos diarios y dibujos salieron a la luz hace poco en un documental autorizado. Su reproducción animada puede verse en Guitar Hero 5. Mientras tanto la industria de la música domó a los rebeldes y parió una nueva camada de bandas con hits edulcorados. Cobain marcó un momento en la historia del rock y con su muerte ese momento, la voz de una generación insatisfecha y molesta, se apagó, entre jingles, coros pegadizos y mega conciertos.

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La revolución cultural de Ella Fontanals-Cisneros

Manuel Gerardo Sánchez

En un espectacular apartamento de la calle de Fortuny en Madrid, la biblioteca no sólo da la bienvenida a la expectación y a la larga espera, sino que también preludia la conversación. Las filas de libros y un lienzo blanco en el que estalla un relámpago nocturno de la pintora Carmen Herrera traslucen la pasión artística y el espíritu crítico de su asidua lectora. Entre decenas de títulos, en la estantería derecha, reposa quietecito un ejemplar: Maravillosa Venezuela. A la izquierda, qué ironía, en las antípodas imaginarias, como mágico designio, desafía un mamotreto llamado La Habana: historia y arquitectura de una ciudad romántica. Y allí están, confrontadas las cartografías de sus afectos, Venezuela y Cuba, tan diferentes como fraternas, tropicales y camorreras, los dos países que, por marrullerías de la historia, formarían la educación sentimental de Ella Fontanals-Cisneros. La mujer que se enamoraría de estas geografías heridas por el desgarro, el quiebre, el asolamiento del ideal comunista. Como si la persiguiera el ethos de corrupción que zurció los trajes militares de dos dictadores en tiempos diferentes, pero con una meta en común: las revoluciones que atarían el yugo y tormento a los pueblos hermanos que la preocupan y desuelan. Ella, la cubana que agitó el pañuelo del adiós a su isla natal, la inmigrante que fondeó su ambición en Venezuela. Ella, la exploradora que descubrió a muy temprana edad la fortuna y la tristeza y la que en lontananza fue testigo de atrocidades sin levantar mucho ruido, acaso porque nada podía hacer en contra —sublevarse no era opción por sus consanguinidades comprometedoras. Ella, la exesposa de Oswaldo Cisneros, referente de excelencia empresarial. La coleccionista de arte y líder de CIFO —Cisneros Fontanals Art Fondation— que atesora más de tres mil piezas de los grandes pintores y escultores del mundo. Ella simplemente ella.

“Mi primera impresión fue sombría. Estaba acostumbrada al ruido de Varadero, al tráfico. Cuba fue la última joya ultramar de España y eso se sentía en cada esquina”

No hay jactancia cuando habla, tampoco humildad. Sí una distinción dorada por el barroquismo de su verbo. Gracejo aderezado por la mezcla del cantadito caraqueño y el salero habanero. Se nota que en su lengua se recrean los territorios que la han recibido, acunado. “Cuando llegué a Venezuela tenía 13 años. Fui porque mi hermana Lourdes vivía allá. No entendía muy bien por qué partíamos. Mis padres me dijeron que sería por un momentico y mira en qué terminó. En Maiquetía me di cuenta de que no había luz ni ruido ni gente caminando por las calles. Nada. Entonces le pregunté a mi papá ¿adónde me has traído tú?”, hurga en el fósil de una fotografía despoblada. Ella sentía que le arrebataban la dicha y el brillo que la habían escarchado desde su nacimiento: una niña de la alta sociedad que dejaba atrás, en el horizonte nácar del mar Caribe, los salones suntuosos en los que aleteaban las turquesas de sus ojos; se despedía de las algazaras y carnavales más alegres de las Antillas para pasearse por un valle que ponía las piedras fundacionales de su desarrollo. Una Caracas en construcción, de modernidad y democracia en ciernes. Subiendo por la autopista, a la altura de la Universidad Central de Venezuela, una valla de publicidad, también revelación o hado incomprensible, le daba la bienvenida: anuncio enorme de Pepsi-Cola. Años después, en virtud de sus galanterías, caería —“a pesar de que no se vestía bien”, se ríe con picardía— en los brazos de Oswaldo Cisneros, señor, entre otros negocios, de esta gaseosa. La mudanza fue una cachetada a sus pretensiones de princesa. “Mi primera impresión fue sombría. Estaba acostumbrada al ruido de Varadero, al tráfico. Cuba fue la última joya ultramar de España y eso se sentía en cada esquina”, registra la remembranza, narra épocas de gloria e imperio, como preconizara Pier Paolo Pasolini en su nouvelle Actos impuros “la memoria puede hacer feliz lo que nunca lo fue” … hasta que una caterva de alebrestados con barbas al descuido —fo, sin glamour— irrumpiera con sus fusiles y consignas guerrilleras desde Sierra Maestra.

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“Mis padres siempre me mantuvieron al margen de los asuntos políticos, pero me dolió dejar a Manolo, él me llevaba 20 años y fue como mi papá. Nunca más lo volví a ver hasta que, en 1987, concretamos un encuentro en Inglaterra”

Era 1959, el derrocamiento de Batista, el recibimiento con loas y serpentinas a Fidel Castro y epígonos, la venta de promesas libertarias que terminarían en estafa cruenta y perversa. El sanseacabó. “Los rebeldes sorprendieron y conquistaron las simpatías de la gente. Eran ídolos, héroes que pondrían fin a injusticias sociales”, remarca Ella el gazapo histórico por el que tuvo que zarpar y abandonar a su hermano mayor: Manuel Fontanals. Un adepto de Castro y del Che Guevara, que no titubeó en alistarse en la dictadura, hincar su sumisión; su escalada en el gobierno fue tal que llegó a ser uno de los creadores del Banco Internacional de Cuba, representó a la isla en Londres por su deuda externa. “Mis padres siempre me mantuvieron al margen de los asuntos políticos, pero me dolió dejar a Manolo, él me llevaba 20 años y fue como mi papá. Nunca más lo volví a ver hasta que, en 1987, concretamos un encuentro en Inglaterra”. Y una lágrima riela, cruza, agrieta su cara, pero no lo resiente, no hay reproches ni dicterios de su parte. “Mi familia nunca llegó a entender por qué él era tan diferente y yo decidí olvidarme de todo lo ocurrido en ese lapso de tiempo”, zanja la pena como un asunto de borrón y cuenta nueva y remata: “Lo que pasó, pasó”. Frase que es también título de una canción de “La Lupe”, una paisana que jamás pudo volver a Santiago de Cuba, como Ella, por “gusana” o traidor a la patria, insulto con el que Castro llamaba a los exiliados. Pero no, lo que pasó los libros lo condenan: el incumplimiento de no llamar a comicios presidenciales, “porque primero es la revolución y después las elecciones”, infame engañifa de Fidel en 1960, los miles de fusilamientos a contrarios y desertores, la abolición de la prensa independiente, la tiranización del Partido Comunista y la fuga de cerebros en el “éxodo de Mariel”. Reflexiona: “Es verdad, hubo horror pero no arrastré querellas ni malos sentimientos”. Cierra el capítulo.

El regreso: y el que quiere azul celeste que le cueste

Más de dos décadas hubo de pasar para que regresara a su hogar, crisol de luces, bañado siempre por el mar. Volvió con su armadura de oro y cornucopias rebosantes. Pese a que muchos creerían que su riqueza dimana de las alforjas de Cisneros, ella es trabajadora, no estudió business, pero de economías y negocios sabe: regentó librerías, también una pequeña galería en Chacaito, compró y vendió inmuebles en Nueva York y hasta clases de chapoteos y brazadas impartió. “Fue lo primero que hice en Venezuela. Yo sabía de nado sincronizado y natación. Los ofrecí en el colegio Mater Salvatoris, ese verano gané mucho más que un ingeniero. Desde entonces no he parado, hasta el Internet hubiera inventado porque no me acobardo, nunca pienso que esto o aquello no lo puedo hacer. Además, tuve el mejor profesor, Oswaldo, aprendí de su generosidad, inteligencia, capacidad de resolución”. Ya acendraba su interés en el arte, había adquirido parte de su acervo, había fundado en 2002 CIFO y estos estímulos más la morriña aceleraban el retorno impostergable. “Me había propuesto hacer un viaje a Cuba de reconciliación en 2010. Comenzar de cero. Al caminar por las calles me di cuenta de que mis recuerdos no correspondían con la realidad: era un país en ruina, cayéndose a pedazos, en bicicletas porque no había carros en marcha. Triste. Me acompañó un curador porque también tenía la intención de que fuera un recorrido artístico. Allí volví a los ‘Concretos’, un grupo de pintores abstractos que se constituyó entre 1959 y 1960. Entre ellos destacan, Dolores Soldevilla, Pedro de Oráa y Sandú Darié. De un hallazgo a otro, conocí a la que era la directora del Museo de La Habana, Moraima Clavijo, quien me invitó a llevar parte de mi colección, montar una gran exhibición”.

Imagen de una de las exhibiciones actuales en el CIFO Art Space de Miami.
Imagen de una de las exhibiciones actuales en el CIFO Art Space de Miami.

“La parte política la he olvidado por una sola razón: no puedo hacer nada. Pero sí puedo ayudar a mi gente, crear cosas nuevas, contribuir a que los artistas tengan más chances de ser reconocidos, reivindicarlos después de tanto silencio”

La propuesta la obligaría a no mirar hacia atrás, devendría asentamiento y renacimiento. Se instaló en la capital de la otrora cultura taína y con su reconquista comenzó el remolino de críticas e invectivas que ahora la despeluca. Conciudadanos en Miami y otras latitudes señalan cierta lenidad, blandura y hasta consentimiento del poder que abdicara Fidel a favor de su hermano Raúl Castro. “A muchos no les gusta que haya regresado. Yo no tengo nada en contra del régimen…”, abre un largo paréntesis. Tajante, el contradiós hiela y paraliza antes del argumento: “La parte política la he olvidado por una sola razón: no puedo hacer nada. Pero sí puedo ayudar a mi gente, crear cosas nuevas, contribuir a que los artistas tengan más chances de ser reconocidos, reivindicarlos después de tanto silencio”. Por esta añadidura o timorata justificación, Ella importó en 2012 la exposición Una mirada múltiple, que reunió a la crema de la contemporaneidad. “Yo quería chinos, norteamericanos, alemanes, pero me pedían cubanos, porque no habían visto nada después de su partida. A Ana Mendieta, por ejemplo, sólo la conocían en libros. La expo tuvo mucho éxito. Estaba programada de mayo a julio, pero la mantuve hasta agosto. Aunque me habían jurado que no se iría la luz, nos quedamos a oscuras”. Hubo de rizar, pues, sus encantos, comba amarilla y donosura, para resolver el problema eléctrico. “Tengo muy buenas relaciones con el gobierno. En qué sentido: yo no me meto con él y él no se mete conmigo. Por otra parte, el ámbito cultural depende de instituciones públicas. Claro, yo me imagino que tienen sus reservas, represento lo opuesto, lo que repudian”. Pero el desdén o las cautelas no han roído su figurín, al contrario, gracias a sus contactos alquiló una casa —no pudo comprar porque no se ha residenciado de forma permanente, repatriarse supondría, de acuerdo a las leyes y grilletes, el fin de prerrogativas: barcos y aviones propios. Vive en una amplia y arreglada villa en CubanaCan, zona de embajadas y morada de la aristocracia castrista, donde no hacen ascos a la ostentación, donde la utopía proletaria se encandila con los colores de bellas fachadas —la quimera también naufraga en piscinas privadas. Ella recibe, como Madame de Staël o Juliette de Recamier, la intelectualidad de la isla. En sus salones picotean, discuten, chocan las copas de champaña los novelistas Leonardo Padura o Wendy Guerra, Jorge Fernández, actual director del Museo Nacional de Bellas Artes y un largo etcétera de turistas y entrépitos.

En su porfía de fomentar la belleza, al igual que la divulgación de nombres y logros y cuadros, Fontanals tempera su paciencia en La Habana —eso no quiere decir que no viaje de la Ceca a Meca. Consciente de la importancia de la memoria, adquirió el Archivo Veigas, uno con más de 300 mil carpetas entre documentos, catálogos, fotografías y revistas de cuño artístico que adosó a CIFO, pero que se mantendrá abierto al público local. También se fijó alzar un espacio de arte contemporáneo, que está en veremos por las trabas que siembra el Estado. “No dejan ni que importe un scanner para la digitalización del archivo. Me cedieron un sitio fantástico, pero está derruido. Han pasado ya tres años. Me he reunido con mucha gente. Hay tanta burocracia”. El eufemismo no aplica, en cambio sí las restricciones, prohibiciones y atolladeros.

Por amor al arte

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Está en España para la 36 edición de ArcoMadrid, la Feria Internacional de Arte Contemporáneo que organiza Ifema, remanso en el que convergen más 200 galerías de los cinco continentes. Su propósito, al igual que uno del evento, es promocionar la obra de artistas latinoamericanos —al menos 45% de los galeristas son de la región. Sin ufanarse, se abrocha las charreteras, es amiga de Manuel Borja, cabeza del Museo Reina Sofía y también es colaboradora de la Tate Modern y el Pérez Art Museum Miami. Sus relaciones con la vanguardia, directores, museólogos y curadores le extienden la alfombra roja, la que acostumbra pisar. Como aclimatada está a que la escuchen y atiendan. No hay quien no se postre ante su sandunga o atino inversor. No en balde se adueña de una las colecciones particulares más interesantes del hemisferio. Desde los más famosos, las vedettes de la escena, como Jeff Koons, Damien Hirst, Anish Kapoor, Michelangelo Pistoleto o Liu Bolin, hasta los clásicos del abstraccionismo, concretismo y cinetismo latinoamericano —tiene al menos 800 piezas dentro de su patrimonio— Lygia Clark, Jesús Soto y Julio Le Parc, por nombrar unos pocos, descuellan en el haber de Cisneros Fontanals Art Fondation.
La cita española le brinda la ocasión de tender puentes para presentar talentos como el del músico Kelvis Ochoa o el de los artistas conceptuales Ernesto Rancaño y Marcos Castillo —este último miembro del colectivo “Los Carpinteros”— aprovechando la sazón: el mercado clama y reclama el ingenio latino. “Arco es la vitrina perfecta. El mundo se ha volteado, hay un boom quizá porque muchos se han asentado en Europa. En los últimos 15 años ha habido un hervor. Diría que ahorita es que estamos en el pico. Los museos están interesados, hay departamentos de arte latinoamericano. En este momento, el Metropolitan resolvió retomar una colección. La Tate compila desde hace tiempo”.

Arco también sirve para estrechar lazos con compradores y marchands y proyecta los anzuelos para picar tentaciones. “Mi formación como coleccionista se la debo a la curiosidad. Necesito llegar hasta el fondo de las cosas. Cuando me empecino no suelto hasta conocer el dónde, cómo, cuándo y por qué. Soy futurista, no tengo miedo, no me paro y he vivido siguiendo mis pálpitos. Fiel a mis testarudeces, voy hacia adelante y siempre creo que viene algo mejor. No tengo tantas ataduras quizá mis apegos son mis obras. No por avaricia, que la desprecio, no las guardo en una caja fuerte, quiero compartirlas”. Gracias a su tozudez ha sumado piezas brillantes, de ensoñaciones y deslumbramiento. Como una Reticularia de Gego. “Sabía que era un must para mi colección. Además, adoro a esa mujer. La subastaban en Sotheby’s, pujé y pujé hasta conseguirla. Pagué 400 mil dólares, mucho más de lo que valía. Hoy su precio es cuatro veces mayor. He aprendido que la vida es continua y siempre hay la oportunidad, mi oportunidad”.

Otros muchos proyectos se agolpan en su agenda de 2017, como una colectiva itinerante en Estados Unidos que convoca a 63 artistas cubanos. Resaltan Lolo Soldevilla, Darié, Antonia Irís, Lázaro Saavedra, René Francisco Rodríguez, Ponjuán. Las 120 piezas expugnarán los museos de Houston y Minneapolis. Ella entiende que después de tantos vuelos y tráfagos con la bohemia hay un lugar que la espera. Sí, la hija pródiga vuele a la raíz, al ADN, a su tradición musicalizada con congas, mambo y guaracha. Ansiedad su canción favorita, ansiedad la que la sacude sin turbaciones. Ansiedad por futuros en libertad. Una última pregunta cierra el anecdotario del pasado compartido. ¿Democracia o revolución? Un abismo se repliega, Ella vacila, renquea, mira a los lados en busca de auxilio y complicidad. Democracia, ella lo sabe, siempre democracia.

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ARCO para la gente de a pie

Cecilia de la Serna

Foto: Daniel Ochoa de Olza
Reuters

ARCO Madrid, la Feria de Arte Contemporáneo más importante del sur de Europa, que tendrá lugar entre el 22 y el 26 de febrero de 2017, aterriza de nuevo en Madrid. Con ella, como cada año, llega el revuelo mediático patrio –es el único momento del año en que los medios españoles centran su atención en el mundo del arte-, llegan los coleccionistas en busca de la nueva joya de su corona, y los contactos entre profesionales, fundamentales para el correcto desarrollo de su labor.

ARCO parece estar lejos de la gente. El pabellón donde se celebra, IFEMA, no está precisamente en el centro de la capital. A eso, hay que añadirle que este año la línea 8 de metro, la que conecta el recinto de ARCO con el centro madrileño, está cerrada por obras. Por otro lado, el precio de la entrada para el público general (entre 30 y 40 euros, entre 50 y 66 adquiriendo además el catálogo) no es que sea accesible para todos los bolsillos.

Sin embargo, la distancia y el precio pueden salvarse gracias a todas las actividades y exposiciones que organiza ARCO a lo largo y ancho de la capital. En pleno centro de Madrid hay decenas de eventos que acercan el arte a la ciudadanía, propuestas interesantes que componen el “otro ARCO”, aquel para la gente de a pie:

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Calle de Santa Isabel, 52)

Ficciones y territorios. Arte para pensar la nueva razón del mundo

25 de octubre de 2016 – 13 de marzo de 2017

Vista de sala con obras de Juan Ugalde y Manolo Laguillo. (Foto: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía)
Vista de sala con obras de Juan Ugalde y Manolo Laguillo. (Foto: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía)

La exposición Ficciones y territorios. Arte para pensar la nueva razón del mundo, que lleva abierta en el Edificio Sabatini del Museo Reina Sofía desde el pasado mes de octubre, presenta una selección de los fondos más contemporáneos de la Colección del Reina Sofía, en su mayoría adquisiciones recientes. Con ella se quiere acercar al espectador a los lenguajes y a las prácticas artísticas realizadas, tanto a nivel nacional como internacional, desde finales de la década de los 90 hasta la actualidad. El modo en que los artistas abordan los efectos de la globalización y las nuevas configuraciones geopolíticas constituye el punto de partida de la muestra a través de las obras de artistas como Zoe Leonard o Allan Sekula. Otra de las principales líneas de investigación se ocupará de la revisión de los lenguajes de la modernidad y sus vínculos con los procesos coloniales con propuestas como las de Leonor Antunes, Ines Doujak o Alice Creischer.

Círculo de Bellas Artes (Calle Alcalá, 42)

Francis Bacon. La cuestión del dibujo

13 de febrero de 2017 – 21 de mayo de 2017

Imagen de la exposición Francis Bacon. La cuestión del dibujo (Foto: EFE)
Imagen de la exposición Francis Bacon. La cuestión del dibujo. (Foto: EFE)

Durante años se ha creído que Francis Bacon no dibujaba, como él mismo afirmó en varias ocasiones. Sin embargo, desde su fallecimiento en 1992, varias evidencias han desmentido tal conclusión, descubriendo que Bacon no sólo dibujaba, sino que lo hacía prolíficamente y con la misma maestría con la que pintaba. Desde ese momento, la autenticidad de los dibujos de Francis Bacon ha sido una cuestión controvertida, con procesos judiciales incluidos. La exposición Francis Bacon. La cuestión del dibujo, que presenta ahora el Círculo de Bellas Artes en su Sala Goya, es una auténtica joya, ya que recoge más de medio centenar de dibujos a lápiz, pastel y collages pertenecientes a la espléndida colección Francis Bacon Foundation of the Drawings donated to Cristiano Lovatelli Ravarino. Obras que el propietario de dicha colección, Cristiano Lovatelli Ravarino (periodista, amigo íntimo y pareja del pintor durante años) recibió como regalo de manos de Francis Bacon, fechados y firmados por el pintor entre 1977 y 1992.

 

 

Casa Árabe (Calle Alcalá, 62)

JAYAL, la imaginación creadora: El sufismo como fuente de inspiración

2 de diciembre de 2016 – 5 de marzo de 2017

Ana Crespo, The Taj Mahal, vision of the beloved upon her unveiling, 2015 (Foto: Casa Árabe)
Ana Crespo, The Taj Mahal, vision of the beloved upon her unveiling, 2015. (Foto: Casa Árabe)

El sufismo es la principal vertiente mística del islam, particularmente iluminadora e inspiradora de las artes, tanto en el presente como en la historia de la Península Ibérica y del mundo. Esta exposición pretende mostrar una experiencia de encuentro entre el actual momento cultural español y el variado y amplísimo mundo de referencias culturales, artísticas y espirituales del islam y el sufismo. La palabra árabe jayal, incluida en el título de la exhibición, hace referencia a la “imaginación creadora”. En la exposición gratuita que presenta la Casa Árabe de Madrid se presentan obras de artistas españoles cuyo proceso creativo tiene directa o indirectamente un vínculo personal con el sufismo, ya sea como resultado de una aproximación o de una progresiva interiorización vital. La muestra recoge piezas de Hashim Cabrera, Clara Carvajal, Ana Crespo, Juan Goytisolo, Nuria García Masip, Isabel Muñoz, Clara Janés, Luce López-Baralt, Cristóbal Martín, Rosa Mascarell, Diego Moya, Eduardo Paniagua, Jose María Sánchez-Verdú, Toni Serra y Eloísa Torres.

Casa de América (Plaza Cibeles, s/n)

Las decisiones del tacto

15 de febrero de 2017 – 25 de marzo de 2017

Argentina es el país invitado en la presente edición de ARCO Madrid. En ese marco, la Casa de América presenta la exposición Las decisiones del tacto, una de las ocho exhibiciones que abarca En el ejercicio de las cosas dentro de Argentina Plataforma ARCO 2017. La muestra presenta las obras de catorce jóvenes artistas argentinos. Uno de los platos fuertes allí es la proyección lumínica que sobre el Ayuntamiento y la Plaza de Cibeles desplega Karina Peisajovich al anochecer. En esta exposición gratuita pueden verse las obras de los artistas Bruno Dubner, Carlos Huffmann, David Lamelas, Eduardo Costa, Eduardo Navarro, Humberto Rivas, Karina Peisajovich, Mariana Ferrari, Marie Orensanz, Mariela Scafati, Miguel Mitlag, Paola Vega, Sofía Böhtlink y Tiziana Pierri.

Biblioteca Nacional de España (Paseo de Recoletos, 20-22)

Realidad distraída

15 de febrero de 2017 – 31 de marzo de 2017

Ocaso y periódico, de Nicolás Mastracchio. (Foto: Nicolás Mastracchio)
Ocaso y periódico, de Nicolás Mastracchio. (Foto: Nicolás Mastracchio)

En el mismo marco que la anterior exposición, la Biblioteca Nacional presenta Realidad Distraída, una muestra que ha sido pensada como una única exposición en la Argentina Plataforma ARCO 2017. Las distintas zonas incluyen desde herramientas críticas para pensar los cambiantes modos de relación que se dan entre lo personal y lo colectivo, a la ficción sexual y su correlato erótico como una forma identitaria, el desborde genérico, y los distintos vínculos de carácter experiencial con el público hasta la literatura entendida como un elemento referencial y constitutivo. Los artistas Alan Courtis, Cecilia Szalkowicz, Claudia del Río, Eduardo Costa y Nicolás Mastracchio descubren cómo se construye la percepción de la realidad, y a la vez ofrecen una representación de cómo se puede accionar sobre ésta y se interesan por expresar la materialidad perceptiva de toda imagen.

Comunidad de Madrid. Sala Alcalá 31 (Calle Alcalá, 31)

Próxima Parada. Artistas peruanos en la Colección Hochschild

21 de febrero de 2017 – 16 de abril de 2017

Silver 1, de Giancarlo Scaglia (Revolver Galería), una de las obras expuestas en Próxima Parada. (Foto: Giancarlo Scaglia)
Silver 1, de Giancarlo Scaglia (Revolver Galería), una de las obras expuestas en Próxima Parada. (Foto: Giancarlo Scaglia)

Argentina es el país invitado en la presente edición de ARCO, pero no es el único presente. México, Ecuador, Chile o Perú son algunos de los países latinos que tienen una presencia notable en la feria, en el que es ya el ARCO más latinoamericano de su historia. En el caso de Perú, la Colección Hochschild -cuyo nombre responde al hombre detrás de esta colección, uno de los filántropos más importantes del país andino- presenta en la Sala Alcalá 31 una cuidada selección de 63 obras de más de cuarenta artistas peruanos, creadas todas durante las tres últimas décadas. Se trata de una excelente oportunidad para descubrir por primera vez en la capital española el amplio abanico de intereses que inspiran el arte peruano contemporáneo y sus antecedentes más inmediatos. La muestra recoge piezas destacadas de artistas contemporáneos destacados como Elena Damiani, Miguel Andrade Valdez, Alberto Borea, Alfredo Márquez Espinoza, David Zink-Yi, Giancarlo Scaglia, Fernando Alonso Gutiérrez Cassinelli-Huanchaco, Ishmael Randall Weeks, Christian Bendayán, Jose Vera Matos, Teresa Burga, José Carlos Martinat Mendoza, Luz María Bedoya, Maya Watanabe o Ximena Garrido-Lecca.

Fundación Mapfre (Paseo de Recoletos, 23)

Retorno a la belleza. Obras maestras del arte italiano de entreguerras

25 de febrero de 2017 – 4 de junio de 2017

Ritratto di Renato Gualino, 1923-1924, de Felice Casorati (Foto: Felice Casorati, VEGAP)
Ritratto di Renato Gualino, 1923-1924, de Felice Casorati. (Foto: Felice Casorati, VEGAP)

En la Italia de la primera y segunda década del siglo XX, los ecos de la gran tradición mediterránea fluían de forma leve, pero constante, para intentar acallar años de vanguardias. Después de la desolación de la Gran Guerra, un grupo numeroso de artistas se sumergió en algunos de los episodios memorables de su pasado histórico para desarrollar el tema de la belleza como eje central, unido a otras cualidades necesarias y entonces ausentes: el equilibrio, el sosiego y la eternidad. La muestra que presenta la Fundación Mapfre cuenta con préstamos de numerosas colecciones particulares e instituciones internacionales, entre las que cabe destacar la Pinacoteca di Brera, el Museo del Novecento de Milán, el Musée d’Art Moderne de la Ville de París, la National Gallery de Praga o el Museo Morandi. Pintores como De Chirico, Carrá, Morandi, Casorati o Donghi, presentes en esta exhibición, supieron extraer del clasicismo una figuración renovada e imaginativa con altas dosis de modernidad.

Éstas son las siete exposiciones imprescindibles recogidas por The Objective. La mayor parte de ellas son gratuitas, y las que no lo son tienen precios muy asequibles. Todas están situadas en el centro de la ciudad, muy cerca las unas de las otras, y dibujan un mapa incomparable de cultura al servicio de la gente. Ya no hay excusa: ARCO se vive en las calles de Madrid.

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