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Whitechapel, de Jack el destripador a barrio para salir de copas

Saioa Camarzana

Foto: Whitechapel Gallery
Whitechapel Gallery

 Londres es una de esas ciudades de las que hay gente, como una servidora, que nunca se cansa. Cada visita sirve para conocer rincones desconocidos y para hacerse una mejor idea de lo que es. Pero también de lo que fue. Porque detrás de capital inglesa hay una historia que no es, precisamente, de cuento de hadas.

Hace unas semanas los periódicos informaban del incendio de torre Grenfell, el más grande sucedido en las últimas décadas, aunque hubo uno peor. Cierto es que fue hace mucho más tiempo, en 1666 para ser exactos, y aquella catástrofe destruyó más 13.000 viviendas, 87 iglesias, parte de la Catedral de San Pablo, el ayuntamiento de la ciudad y dejó a más de 80.000 personas sin hogar. La cifra de muertos es desconocida.

Actualmente, a 60 metros del lugar exacto donde se propició el Gran Incendio de Londres alza una gran columna dórica conmemorativa que se sitúa entre Monument Street y Fish Street Hill.

No es la única desgracia que ha vivido la capital británica, ni mucho menos. Quizá sea más conocida la historia de Jack el Destripador, un asesino en serie de identidad ¿desconocida? que actuó por las calles del marginal barrio de Whitechapel en 1888. Decimos desconocida porque hay varias teorías, algunas más realistas que otras y algunas más atractivas que otras, pero lo cierto es que nunca se llegó a dar con el autor de aquellos sanguinarios crímenes que dejaron una factura de cinco mujeres. Sí. Tan solo fueron cinco aunque la prensa del momento, impulsada quizá por el morbo, intentara atribuirle al menos una docena más. Incluso reprodujeron una carta manuscrita que el tiempo demostró que fue escrita y enviada por un periodista.

Whitechapel, de Jack el destripador a barrio para salir de copas
Ilustración del encuentro de Annie Chapman, la segunda víctima de Jack el destripador via Jack the Ripper Tours.

Este asunto, además de poner en jaque a la policía británica, vaticinó el poder de los medios de counicación en percutir en la opinión pública. Algunos pensarán, entonces, por qué es tan conocido este primer asesino en serie conocido, se podría decir, en todo el mundo. Pues bien, la razón no es otra que la crueldad y la sangre fría con que atizaba nuestro personaje, quizá de ficción.

Las cinco mujeres a las que asesinó tenían una cosa en común. Todas eran prostitutas. Y aunque algunos documentales nos quieran mostrar que eran bellas mujeres que no nos engañen. Hay que echar la vista atrás y pensar en la época de la que estamos hablando. Entonces, 1888, Whitechapel era un barrio marginal y paupérrimo que quedaba al margen, por situarse fuera de la muralla de La City, en el que ni la policía quería adentrarse. La decadencia del lugar atrajo a industrias contaminantes y el humo y el hedor eran algunos de los protagonistas del barrio junto a toda una gentrificación de gente de zonas rurales e inmigrantes de otros países de Europa. Esto tan solo empeoró la situación de un barrio que se sumió en la miseria y atrajo a todo tipo de delincuentes.

La gente vivía en la calle y los pocos afortunados podían compartir una habitación de albergue mugriento (algunos incluso dormían sobre una cuerda tensada de pared a pared que desataban al llegar el alba) y para ganar algo de dinero y evitar la inmundicia muchas mujeres vendían su cuerpo. Se llegaron a contabilizar hasta 1200 prostitutas y alrededor de 60 burdeles. Y, claro, con eso también llegaba el alcoholismo. ¿Nos imaginamos ahora mejor la situación? Sí, un barrio de calles estrechas y adoquinadas lideradas por bandidos, prostitutas y alcohólicos. Nada romántico.

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En 1888 en Whitechapel había 1200 prostitutas y 60 burdeles. Ahora surgen casas culturales, galerías y centros culturales.

En ese contexto actuaba Jack el Destripador. Y cada crimen su violencia era aún más despiadada. Nunca nadie llegó a verle aunque sí escucharon gritos de socorro en alguna ocasión. Claro que en un contexto de delincuencia todos hacían oídos sordos, al fin y al cabo, ¿quién iba a dar un duro por una prostituta o un criminal? Así es como Jack el Destripador pudo actuar hasta cinco veces sin que nadie le interrumpiera su desaguisado.

Las vísceras las colocaba de corona, el útero se lo llevaba y con un cuchillo y un corte perfecto las abría desde la vagina hasta el esternón. Aunque su última víctima, la más joven de todos, fue la peor parada. Si esta joven se mudó a Londres y ejerció la prostitución durante un tiempo, movida por el miedo a encontrarse con Jack, dejó de hacer las calles. El mismo día en que volvió se topó con quien no debía. Ambos se fueron al hostal, hoy en día residencia de estudiantes, donde ella residía y donde, al día siguiente, debía pagar su estancia. Nadie los vio entrar. Ni tampoco salir. Hasta que el propietario quiso saber si se encontraba para reclamar su dinero y a través de una ventana abierta vio lo que había pasado. Ni el mayor de los demonios, exclamó. La había depellejado.

“Las casas culturales proliferan, los bares hípsters se hacen a cada lado de las callejuelas, la galería Whitechapel lleva años mostrando arte contemporáneo…”

Pues bien, ese barrio de callejones en los que ni la policía se atrevía entrar en solitario se ha convertido ahora en otra cosa. Los peores lugares han sido reemplazados por altos edificios de oficinas y la zona está empezando a gentrificarse, uno de esos males que lleva años acechando a Londres. La peor de esas calles, la más sórdida, justo frente a la casa en la que perpetró su último crimen, ha sido tapiada por un edificio aún en construcción que ya solo sirve como una memoria antigua. No obstante, las rutas por los cinco lugares donde encontraron a las víctimas sigue siendo uno de los reclamos de la ciudad. Ahora bien, a pesar de que Whitechapel sigue siendo un barrio de clase baja, gris y un tanto sucio, no es lo que era. Las casas culturales proliferan, los bares hípsters se hacen a cada lado de las callejuelas, la galería Whitechapel lleva años mostrando arte contemporáneo y su situación próxima al demandado Shoreditch hace del barrio una de las zonas para gentrificarse.

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Old Spitalfields, Box Park, Brick Lane… un domingo en Whitechapel | Foto: The Objective.

Además, estar cerca de la emblemática Brick Lane, donde el mercardillo de los domingos hace que sus calles se atesten de gente comprando ropa de segunda mano y comiendo ramen en sus puestos callejeros, hacen el resto. Además, no hay que olvidarse del Box Park justo al lado de la boca del metro de Shoreditch High Street (otro de los barrios más de moda el este de Londres desde hace ya unos años), donde se pueden encontrar todo tipo de souvenirs y ropa, es un buen primer bocado antes de seguir, si el gusto así lo requiere, por Blitz, una de las tiendas vintage más grandes de la zona. Oh sí, delicioso universo de ropa vintage el que atesora Londres.

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Así luce el famoso pub The Ten Bells en la actualidad.

Ahora sí, para los curiosos el pub The Ten Bells, donde Jack conoció a dos de sus víctimas, sigue siendo el lugar de siempre: un bar típico inglés donde tomar una pinta y el lugar donde los riperólogos (todo aquel interesado en el personaje) se siguen reuniendo para intentar atar cabos, dar rienda suelta a sus teorías y charlar sobre uno de esos personajes que han dado la vuelta al mundo.

Sí, justo frente al mercado de Old Spitalfields, situado en Commercial Street, al caer la tarde, antes de cenar una carne a la brasa con una guarnición y bebida por menos de 16 libras (ojo, algo así en Londres es de agradecer) en el Flat Iron (en el número 77 de Curtain Road) una visita al Ten Bells puede resultar de lo más curioso si te encuentras con una de esas reuniones de estos fanáticos. O, seguir de pintas, que hasta la Heineken en Londres sabe diferente.

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Mini viajes: qué visitar cuando solo tenemos un día

María Hernández

Viajar es un hobby al que a muchos de nosotros nos encantaría dedicar mucho más tiempo del que realmente tenemos disponible. Organizar un viaje puede resultar realmente complicado: encontrar transporte, alojamiento… pero, sobre todo, lo difícil es encontrar una fecha que nos cuadre a todos. Otras veces el problema es el dinero, porque en las fechas que tenemos libres todo es carísimo, o porque los vuelos baratos son un martes y no un viernes como queremos.
A veces, conseguir escaparnos un par de días parece casi imposible, por lo que acabamos desistiendo y planeando algo completamente diferente. Sin embargo, también está la opción de hacer un mini viaje, una escapadita de un día que nos quite ese mono de viajar y que a la vez nos permita visitar lugares a los que no dedicaríamos un viaje largo. Porque hay numerosas ciudades en Europa y en España que, a pesar de ser de las más conocidas o incluso bastante grandes, se pueden visitar en apenas un día.

Unas horas en la Alemania más internacional

La capital financiera de Alemania, Frankfurt, es un ejemplo de ello. Una ciudad de tamaño medio que acoge las sedes de numerosos bancos y empresas internacionales, pero que combina este skyline de altas y modernas torres con un casco antiguo que nos traslada a la Alemania más tradicional.
Frankfurt es una opción ideal para uno de estos mini viajes, pues su aeropuerto es el tercero más grande de Europa y los vuelos son constantes y baratos. Además, se encuentra a tan sólo cuatro paradas en metro del centro de la ciudad, por lo que no se pierde más tiempo del estrictamente necesario en traslados. Esta ciudad es también una buena opción como pequeña parada de un recorrido por los lugares más conocidos del país.

El skyline de Frankfurt visto desde la torre del Banco Central Europeo  (Foto: Kai Pfaffenbach/REUTERS).
El skyline de Frankfurt visto desde la torre del Banco Central Europeo (Foto: Kai Pfaffenbach/REUTERS).

Un paseo por el río Meno puede ser una buena manera de empezar el día. El Museumsufer (la orilla de los museos) concentra una gran cantidad de galerías entre los que se encuentran algunos como el Museo Alemán del Cine y el Museo Städel de Bellas Artes. Además, mientras disfrutamos del paseo por esta rivera, llegamos casi sin darnos cuenta al centro de la ciudad.
Sin alejarnos del río, la primera parada puede ser el Puente de Hierro, o “puente de los candados”: Frankfurt no podía ser menos que Roma y también tiene su puente de los enamorados. A la altura de este puente, a escasos dos minutos, está el Römer, el antiguo ayuntamiento de la ciudad. Durante la Segunda Guerra Mundial este edificio fue destruido parcialmente, afectando también a las casas de alrededor, pero posteriormente fue reconstruido y ahora constituye uno de las mayores atracciones turísticas de la ciudad. Durante el mes de diciembre, la plaza de Römerberg se convierte en un mercadillo navideño con puestos de comida, artesanía y alguno que otro de entretenimiento para los más pequeños. Este mercadillo puede ser la parada ideal para disfrutar de la comida tradicional alemana sin perder mucho tiempo.
Para seguir la ruta, en la avenida Zeil, “la Quinta Avenida de Alemania”, tienen sus escaparates numerosas marcas y restaurantes, así que podemos aprovechar para tomarnos un buen café y descansar del paseo. Pero sin parar mucho, porque aún nos queda disfrutar de las vistas que ofrece la Main Tower (Torre del Meno) desde sus casi 200 metros de altura.
Y por último, si tienes la suerte de poder disfrutar de una noche en esta ciudad, el barrio de Sachsenhausen ofrece bares y pubs con una mezcla de estilos para tomar una copa o probar el Apfelwein, una especie de sidra alemana muy popular.

Un alto en las costas del Mar Báltico

A pesar de ser la capital del país, Helsinki no suele ser un destino favorito. Finlandia es un lugar que asociamos con auroras boreales y la casa de Papá Noel, dejando el sur un poco abandonado. Sin embargo, Helsinki es un lugar al que se llega fácilmente desde otras ciudades como Estocolmo, o Tallín, o incluso en un crucero por el norte de Europa. Así que, si por casualidad te encuentras en alguna de estas situaciones, aprovecha para pasar por esta capital tan diferente.
En pleno centro de la ciudad se encuentra la catedral luterana, que fue construida en honor al Gran Duque Nicolás I, Zar de Rusia. Un magnífico edificio blanco de cúpulas verdes, añadidas posteriormente para crear una similitud con las catedrales rusas, que se ha convertido en un símbolo de la ciudad.

Catedral luterana de Helsinki, símbolo de la ciudad. (Foto: Yves Herman / Reuters).
Catedral luterana de Helsinki, símbolo de la ciudad. (Foto: Yves Herman / Reuters).

Desde la plaza de la Catedral, junto a la que se encuentran los edificios de la Universidad, podemos andar hacia el puerto. En invierno, un mar congelado dará lugar a las vistas más nórdicas, pero en verano el puerto se llena de vida con numerosos puestos de productos artesanales donde probar un buen plato de salmón fresco.
Siguiendo el paseo por el puerto llegamos hasta la catedral ortodoxa de Helsinki, conocida popularmente como “la iglesia roja” por su color característico. También con una clara influencia rusa, es otro de los monumentos que no te puedes perder en la ciudad.
Para comer, si eres de los que no puedes irte de un sitio sin probar su comida tradicional, en un restaurante como el Konstan Molja, un buffet tradicional finés, podrás comer desde el típico plato de salmón hasta un guiso de reno.
Y puestos a probar cosas tradicionales, ¿por qué no también los dulces? El Café Regatta es el lugar ideal para pasar la sobremesa: una cabaña de madera situada a orillas del lago, probablemente congelado, en la que puedes elegir si tomarte un café al calor de su interior o con una agradable fogata en el exterior. Aquí, es obligado pedir korvapuusti, un rollo de canela como no lo hay en otro sitio.
Para terminar, si aún queda tiempo para darnos un paseo, el centro de Helsinki ofrece el ambiente más exclusivo, pero también hay numerosos lugares donde comprar algún que otro recuerdo de esta parada por el norte.

Taormina, la joya de Sicilia

Dejando atrás el Norte y el frío que a él asociamos, una muy buena opción para un día de turismo es Taormina, una pequeña ciudad en la costa este de la isla italiana de Sicilia.
Las costas de Sicilia son ideales para los meses calurosos, aunque si queremos evitar el exceso de turistas, quizá la primavera es una mejor opción.
Para llegar hasta aquí es necesario utilizar el transporte público, pues el centro de la ciudad es peatonal y aparcar el coche puede resultar misión imposible, incluso en el parking que hay a la entrada de Taormina.
La mayor atracción de esta bonita ciudad es el Teatro Antico, romano, que aún hoy se utiliza. Pero lo mejor para aprovechar un día en Taormina es pasear por sus estrechas calles empedradas, con sus balcones vestidos de flores, y disfrutar de la animada vida que hay en ellas. Un paseo por sus antiguas construcciones, repletas de tiendas y puestos con productos típicos del lugar, nos llevará hasta la catedral de Taormina, Il Duomo de San Nicolo, la Villa Comunale con sus jardines, o el palacio de los Duques de San Stefano.

Las calles estrechas y empedradas de Taormina ofrecen un agradable paseo (Foto: gnuckx /Flickr).
Las calles estrechas y empedradas de Taormina ofrecen un agradable paseo (Foto: gnuckx /Flickr).

Y no sólo es bonita la ciudad, sino también lo son las vistas que nos ofrece. Desde el mirador de la Piazza 9 Aprile, numerosos turistas se deleitan con la imagen del Etna y de las preciosas playas que se encuentran a los pies de la montaña.
Para terminar, si no nos hemos entretenido mucho entre las compras y el café, una visita a la Isola Bella, debajo de Taormina, puede ser una buena manera de terminar el día. Un baño en sus aguas cristalinas o un simple paseo por la orilla de la playa para guardar en nuestra memoria las imágenes de su espectacular paisaje.

Un poco más cerca de casa

No todos los viajes tienen que ser tan lejos de casa. En España también hay ciudades que merecen nuestra visita, aunque solo tengamos un día para dedicarles. Alicante es una de ellas.
Aunque es conocida como destino de veraneo para turistas de toda Europa (aunque a veces parezca que solo hay ingleses y alemanes), Alicante no solo es playa.
Quizá uno de los lugares más recomendados para visitar en esta ciudad del sureste español es el Castillo de Santa Bárbara, ubicado en la cumbre del monte Benacantil, a 166 metros de altitud. Desde aquí podemos disfrutar de unas excepcionales vistas del casco antiguo de la ciudad.

El puerto de Alicante, con el Castillo de Santa Bárbara al fondo, ofrece unas bonitas vistas. (Foto: Jesús Alenda/ Flickr).
El puerto de Alicante, con el Castillo de Santa Bárbara al fondo, ofrece unas bonitas vistas. (Foto: Jesús Alenda/ Flickr).

A las faldas de este castillo está el Barrio de Santa Cruz, uno de los más tradicionales y típicos de la ciudad. Sus coloridas y originales casas, distribuidas en pequeñas callejuelas, nos transmiten la sensación de encontrarnos en un pueblo de los de antaño, de aquellos con encanto. Siguiendo la ruta llegamos al casco antiguo, donde podemos visitar lugares emblemáticos como el Ayuntamiento, reconstruido en el siglo XVIII, la concatedral de San Nicolás, la Plaza del Mar o el Convento de las Monjas de la Sangre.
Y aunque Alicante no sólo sea playa, también es una parte importante y bonita de la ciudad. Así que también es muy buena idea darse un paseo o un baño en la Playa de San Juan, el Cabo de la Huerta o la Playa del Postiguet, si no nos queremos alejar del centro de la ciudad.
Antes de terminar el día, la explanada de España, un lugar de los más emblemáticos de Alicante, nos ofrece la posibilidad de descansar en un ambiente relajado construido por su numerosa oferta gastronómica y artesanal.
Por último, podemos redondear la noche con una copa en la zona del casco antiguo conocida como “El Barrio”, donde se concentran una gran cantidad de terrazas, bares y clubs nocturnos.

No se pueden narrar en unas pocas páginas la gran cantidad de lugares espectaculares que podemos visitar en unas pocas horas, pero esta pequeña muestra nos da una idea de cómo aprovechar esos días sueltos que tenemos entre viaje y viaje o, simplemente, esos viajes express, esos mini viajes, que nos permiten alejarnos de la rutina durante un día.

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Toast Ale, la cerveza a base de pan que se rebela contra el despilfarro

Redacción TO

Foto: Lindsey Parnaby
AFP

Cada año terminan en la basura toneladas de pan y una asociación británica ha tomado la determinación de poner fin al derroche con una solución sorprendente: son capaces de transformar el pan en cerveza.

En el condado de Yorkshire, al norte de Inglaterra, una fábrica está acostumbrada a ver cómo llegan kilos de pan duro procedentes de bares y establecimientos de la ciudad. Estos pasan a convertirse en ingredientes de una cerveza que han bautizado como Toast Ale, y que desde 2016 reduce el porcentaje de malta para sustituirlo por pan, todo por encargo de una asociación que lucha contra el despilfarro de alimentos y que se llama Feedback.

La idea nació de Tristram Stuart, fundador de esta asociación, quien se inspiró en los cerveceros belgas que lanzaron la cerveza llamada Babylon. Aquel nombre no fue una coincidencia.

“Me explicaron que los antiguos babilonios inventaron la cerveza para usar panes y granos que de otro modo se habrían perdido. Era el objetivo inicial de la cerveza”, explicó Stuart en una entrevista con la agencia AFP. “Hoy se tiran cantidades industriales de pan en todo el mundo, y las asociaciones de ayuda alimentaria no pueden repartir todo el pan que les ofrecen. Al mismo tiempo, hay esta fiebre en todo el mundo por las cervecerías artesanales”.

Esta circunstancia empujó a Stuart a crear una empresa que uniera a los suministradores con los cerveceros locales, y a su vez con organizaciones caritativas. Desde el primer momento dio una visión internacional al negocio, y el primer paso consistió en hacer de ‘Toast Ale’ un producto de calidad. La primera cerveza que se hizo nació en el programa de televisión del famoso chef británico Jamie Oliver, que se rindió en elogios. Ahora existen cuatro variantes, en función de los gustos de los consumidores. Tienen dos lagers, una Pale Ale y una India Pale Ale, y varios premios a sus espaldas.

Un trabajador de la fábrica, volcando el pan durante el proceso. | Foto: LINDSEY PARNABY/AFP

Su ejemplo ha servido para que otras cervecerías se hayan sumado a su iniciativa. Es el caso de Wiper and True, situada en Bristol, que creó la Bread Pudding, una cerveza fabricada con los mismos métodos y con un sabor que recuerda al famoso postre británico.

En el Reino Unido se han usado ya 9,75 toneladas de pan para producir más de 300.000 botellas de cerveza, vendidas a entre 2,5 y 3 libras la unidad –entre 2,80 y 3,40 euros–, un precio habitual en cervezas artesanales. Es un pequeño paso, pero queda mucho por hacer para reducir el problema del derroche: cerca de la mitad –el 44%– del pan que se produce en el Reino Unido anualmente acaba en la basura. El pan es el alimento que más se tira en ese país.

“Ver lo que ocurre en el mundo es verdaderamente deprimente”, estimó Tristram Stuart. Para ello ha encontrado una solución “deliciosa”. Tan deliciosa que su método se extiende con velocidad y ya se aplica en ciudades como Nueva York, Río y Ciudad del Cabo.

La receta para transformar fue publicada en Internet para que todos puedan iniciarse en la elaboración de cerveza con pan y contribuir a su manera a reducir el problema. “La han descargado ya 16.000 veces, mucha gente la usa”, dijo Tristram Stuart, entusiasmado. Pero ¿qué ocurrirá si se deja de derrochar pan? El fundador de Feedback responde tajante: “Entonces, no tendrá razón de existir”.

Continúa leyendo: Las intimidades literarias de Gabriel García Márquez, al descubierto

Las intimidades literarias de Gabriel García Márquez, al descubierto

Jorge Raya Pons

Foto: TOMAS BRAVO
Reuters

El archivo con todos los manuscritos que sobrevivieron de Gabriel García Márquez está en Estados Unidos. Él, que se rebeló contra todos sus gobiernos, nunca lo habría imaginado. Vendieron el fondo de documentos que había guardado durante años por más de dos millones de dólares a la Universidad de Texas –a través de la institución Harry Ransom Center–. Parece mucho dinero cuando Gabo –como le llamaron quienes le conocían– vivió con lo justo durante casi media vida. Aquella circunstancia cambió, sin embargo, cuando alguien quedó deslumbrado por Cien años de soledad.

Algunos días, García Márquez compartía con quienes le acompañaban la historia de cómo la idea del libro le alcanzó como un rayo, de cómo quedó prendido e incapacitado para hacer otra cosa que escribir. “A mis 38 años y ya con cuatro libros publicados desde mis 20 años, me senté ante la máquina de escribir y empecé: ‘Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo’. No tenía la menor idea del significado ni del origen de esa frase ni hacia dónde debía conducirme”, dijo en una ceremonia en Cartagena de Indias en 2007. “Lo que hoy sé es que no dejé de escribir ni un solo día durante 18 meses, hasta que terminé el libro”.

Gabo, que nació en el Caribe colombiano y siempre se reconoció periodista, escribió otras obras que son infinitas –como El coronel no tiene quien le escriba y El amor en los tiempos del cólera– y dejó miles de páginas que ahora pueden consultarse gratuitamente y en línea. Son folios y folios –unos 27.000– y artículos y fotografías y ficciones a medias que revelan sobre García Márquez tanto como sus memorias: en ellos están sus métodos de trabajo, sus anotaciones, sus vicios de escritura. La universidad tejana ha comenzado un laborioso y encomiable esfuerzo para digitalizar todo cuanto llegó a sus manos, y los resultados son verdaderamente estimulantes si uno es lector devoto del maestro de Aracataca.

Cómo consultar en línea todo el catálogo de Gabriel García Márquez
Gabriel García Márquez, en Monterrey en 2007. | Foto: Tomás Bravo/Reuters

La página tiene habilitados unos buscadores que permiten, incluso, filtrar por palabras clave, y también un mecanismo sorprendente con el que se pueden comparar simultáneamente borradores distintos de una misma obra. Entre los documentos hay pasaportes de sus abuelos, de él mismo, fotografías de su infancia, todo un torrente de información que desvela las facetas misteriosas de su vida, sobre las que tanto mintió a sus biógrafos.

Toda esta hazaña no habría sido posible –quién sabe– si García Márquez no hubiera publicado Cien años de soledad. Aquello fue una posibilidad real al menos en dos ocasiones, según sus recuerdos. La primera, cuando la mecanógrafa Esperanza Araiza (Pera) resbaló saliendo de un autobús, bajo la lluvia, y provocó que los papeles de su borrador final se empaparan todos en un charco. Luego tuvo que secarlos pacientemente y uno a uno para rescatar los 18 meses de trabajo de su amigo.

La segunda, cuando el escritor y su esposa, Mercedes, se dispusieron a enviar a la editorial Suramericana por correo las 590 cuartillas que entonces eran la novela. El trabajador de la oficina pesó las hojas y les dijo: “Son 82 pesos”. Pero ellos eran pobres y solo tenían 53. Tuvieron que enviar la mitad de la novela, con el escaso atino de escoger la segunda mitad y no la primera. Unos días después, les escribió el editor y les dio el dinero restante a cambio de que le hicieran llegar la primera parte. La historia de García Márquez –quizá distorsionada– viene a demostrar que la fortuna, a veces, es caprichosa. Ahora sus intimidades literarias y familiares quedan abiertas para los curiosos y los investigadores.

Continúa leyendo: La Generación Z está destronando a los millennials y el mayor reto consiste en comprenderla

La Generación Z está destronando a los millennials y el mayor reto consiste en comprenderla

Cecilia de la Serna

Foto: Collin Armstrong
Unsplash

La generación que sucede a los millennials -también conocida como ‘Y’- es, por estricto orden alfabético, la Generación Z. Podemos considerar Z a todos aquellos nacidos entre 1994 y 2010, aproximadamente. Este grupo demográfico de jóvenes, que supone el 25% de la población mundial, sale ahora de las aulas para incorporarse al mercado laboral y reclama su sitio en el mundo. Es una generación peculiar, marcada especialmente por la era digital, que se caracteriza por tener unos patrones comunicativos y de consumo únicos, lo que constituye todo un reto para las generaciones anteriores.

En la presentación del libro Generación Z, todo lo que necesitas saber sobre los jóvenes que han dejado viejos a los millennials, publicado por ATREVIA y Deusto Business School, que ha tenido lugar este miércoles 13 de diciembre en Madrid, se ha dado respuesta a algunas de las preguntas sobre esta generación. Al acto han asistido sus autores, Iñaki Ortega y Núria Vilanova, además de colaboradores como Antonio Huertas Mejías, presidente y CEO de MAPFRE, Víctor del Pozo, CEO de Retail de El Corte Inglés, y Begoña Sesé, CEO durante un mes en Adecco y que pertenece ella misma a la Generación Z. También han estado presentes Jordi Nadal, editor del libro y fundador de Plataforma Editorial, y personalidades como el exseleccionador español de fútbol Vicente Del Bosque, el vicesecretario general de Acción Sectorial del Partido Popular Javier Maroto o el exministro socialista Miguel Sebastián.

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Presentación del libro Generación Z, todo lo que necesitas saber sobre los jóvenes que han dejado viejos a los millennials. | Foto: Cecilia de la Serna / The Objective

Iñaki Ortega ha justificado la necesidad de este libro por la distancia entre generaciones. “Los autores de este libro nos parecemos más a nuestros padres, abuelos, bisabuelos y tatarabuelos que a nuestros hijos”, ha dicho, por lo que es difícil comprenderles. “Los millennials se fueron protagonistas pero se han quedado a medio camino”, ha asegurado refiriéndose a la generación inmediatamente anterior a la Z. Para Núria Vilanova, que firma esta publicación junto con Ortega, lo que “obsesiona a los Z es transformar la realidad”, por lo que los valores y las creencias se colocan entre las prioridades de este grupo social.

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De izquierda a derecha: Iñaki Ortega, Núria Vilanova, Antonio Huertas Mejías, Víctor del Pozo, Begoña Sesé y Jordi Nadal. | Foto: Cecilia de la Serna / The Objective

El reto de retener a los Z en la empresa

El CEO de MAPFRE, Antonio Huertas Mejías, ha cifrado en 2.000 los Z que trabajan en su compañía. El responsable de Retail de El Corte Inglés, Víctor del Pozo, ha elevado la cifra hasta los 8.000. Y esto, teniendo en cuenta el periodo etario que comprende la Generación Z, es tan sólo el comienzo. Por ello, comprenderles y adaptar el entorno laboral a sus necesidades se adivina cada vez más prioritario.

Núria Villanova ha insistido en la idea de la gran exigencia que supone “atraer y retener” a los Z. “El empleo del futuro va a ser diferente”, ha dicho, añadiendo que habrá que trabajar para que estos jóvenes “no desconecten” de sus empresas. Uno de los ejemplos que ha puesto sobre este cambio de mentalidad es la cada vez más invisible frontera entre trabajo y ocio. “Olvidémonos de tiempo de ocio y de trabajo, todo está mezclado”, ha asegurado Vilanova, que además es fundadora y presidenta de ATREVIA y del Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica (CEAPI).

Una generación que ya está cambiando el mundo

Entre los colaboradores de esta pionera publicación en España está Begoña Sesé, que durante un mes ostentó el cargo de CEO de Adecco, y que ha redefinido el concepto de liderazgo. “No es lo mismo un jefe que un líder”, ha dicho, añadiendo que lo que “frustra” a la Generación Z es la falta de líderes. Además, Begoña Sesé ha explicado la relación de su generación con el mundo que vivimos que, “fruto del consumismo”, necesita un cambio que los Z están dispuestos a encabezar.

Medioambiente, Derechos Humanos, justicia social… los temas que preocupan a los Z son variados, y condicionan su vida de manera más intensa que en el caso de otras generaciones. Este compromiso los guía y anima a buscar entre las herramientas digitales que manejan a la perfección las soluciones para cambiar el mundo. Y ese cambio nos toca a todos, incluidos los millennials ahora destronados, por lo que comprender a los Z desde las generaciones anteriores es clave para colaborar en un futuro que ya está aquí.

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