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Will Brooker: “Los fans somos co-creadores de David Bowie, él no existiría sin nosotros”

Beatriz García

Foto: Will Brooker

El escritor y profesor de la Universidad de Kingston, Will Brooker, conoce mejor que nadie lo que es estar dentro de la cabeza de David Bowie. Pasó un año viviendo como Bowie, respirando como Bowie, vistiendo y maquillándose como él, transitó todas las fases y cambios de estilo de su carrera, visitó los mismos lugares, padeció sus extrañas dietas y la falta de sueño, leyó los mismos libros sobre ocultismo y ciencia ficción, y experimentó la fama como lo hizo Bowie hasta incluso llegar a afirmar que jamás volvería a ser él mismo. Una investigación gonzo que le cambió la vida y que recoge en el libro ‘Forever Stardust’ y en el documental ‘Being Bowie’.

Con él viajamos al cerebro y corazón de uno de los mayores iconos musicales de todos los tiempos .

¿Por qué decidiste pasar un año siendo David Bowie en vez de convertirte en Lou Reed u otro gran icono de la música? ¿Qué tiene Bowie tan fascinante?

Admiro muchísimo a Lou Reed. Fue su muerte la que me impulsó a escribir sobre Bowie, porque me di cuenta de que los iconos culturales se estaban hacienda mayores y quería homenajear a David Bowie mientras todavía estuviese vivo. De hecho, me hubiera gustado haber publicado ‘Forever Stardust’ en el setenta cumpleaños de Bowie.

A mi modo de ver, Bowie es más complejo y fascinante que cualquier otra estrella del pop y el rock. Por una parte, tiene una carrera larguísima, más que Madonna o Freddy Mercuri; también ha transitado por muchas etapas y cambios de imagen que lo distinguen de otros artistas como Dylan o Reed, y ha empleado diferentes medios artísticos que lo diferencian de Michael Jackson y de Elvis. Es cierto que hay muchos iconos de la música, pero Bowie es el artistas más interesante de las últimas cinco décadas y yo he sido fan suyo durante años.

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Will Brooker como Ziggy Stardust. | Foto vía Will Brooker.

‘Forever Stardust’ no es una biografía ni tampoco un ensayo al uso, sino un trabajo de introspección muy evocativo y también un mosaico. Es como si nos dijeras: ‘Todos somos Bowie”. ¿Se ha convertido Bowie en un arquetipo universal?

No intentaba que fuera introspectivo, sino un proyecto que mostrase cómo diferentes lectores pueden extraer diversos significados del libro, igual que extraemos diferentes significados del trabajo de David Bowie.

Al principio me centré en estudiar temas clave a través del trabajo de Bowie, como el lugar, la identidad, el género, el otro, el yo, América, etc. Inevitablemente, esto cambió durante la investigación y se convirtió en un proyecto más personal. Pero sí, la idea era que Bowie es un mosaico hecho de diferentes encarnaciones y su trabajo está nutrido de diferentes influencias y también de los significados que el público le da.

Parte de mi argumento es que nosotros ayudamos a crear a ‘David Bowie’. David Bowie es, o al menos es lo que sugiero, una idea y no un hombre de carne y hueso. Es un concepto, una creación de David Jones y sus fans.

Transitaste cuatro o cinco décadas en la vida de Bowie en tan solo un año. ¿Cómo te fuiste convirtiendo progresivamente en David Bowie? ¿Qué períodos de su vida y carrera fueron más duros de experimentar?

Traté de conectar  con las experiencias claves de Bowie durante diferentes épocas, vivenciándolas tan cerca como pudiera y asumiendo los roles que él había creado. Esencialmente, lo que intentaba era utilizarme a mí mismo como objeto de estudio, colocándome en situaciones y examinando cómo me sentía. Poco a poco, fui entendiendo a cada uno de los Bowies de las diferentes etapas de su carrera, lo encarné desde la vestimenta, el cabello, el maquillaje, los viajes que emprendió, me subí a un escenario para interpretar sus canciones y también adopté parte de su estilo de vida, como la dieta de pimientos rojos y leche que siguió a mediados de los años setenta. También tuve mucha atención mediática durante ese tiempo y la acepté porque me ayudó a entender todavía más lo que significa ser una figura pública.

David Bowie es otra dimensión, la ‘dimensión Bowie’, y su forma de ver el mundo transformó la vida de muchas personas

Lo más duro fue escribir el libro justo después de la muerte de Bowie, porque la escritura es un proceso muy solitario y tenía que redactar 70.000 palabras sobre mi héroe, que había fallecido trágicamente. Sin embargo, fue divertido ser entrevistado por los medios, interpretar sus canciones ante el público, viajar por todo el mundo y sumergirme en las películas, la música y las novelas que leyó. Y la etapa que recuerdo como mayor placer fue cuando encarné al alter ego Thin White Duke y el Bowie de 1983, el chico normal y mainstream de la MTV con toneladas de energía y una actitud muy extrovertida.

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Brooker como Jareth el rey de los Goblin. | Foto vía Will Brooker.

¿Cómo afectó a la carrera y la vida de Bowie su afición a la ciencia ficción, la literatura ocultista, la filosofía de Nietzsche y la magia? Su proceso creativo también era peculiar, ¿no?

Bowie pasó por fases en las que se interesó por ciertas formas de arte y conocimiento y su alter ego Thin White Duke sí recibió esas influencias cuando Bowie vivía en Los Ángeles a mediados de los años setenta. Aunque mi impresión es que no fue un periodo demasiado saludable ni alegre en la vida de Bowie.  De acuerdo a muchas fuentes, tenía visiones delirantes y se volvió paranoico, además de que por aquel tiempo tenía una adicción bastante fuerte a la cocaína.

Irónicamente, produjo en ese tiempo su obra maestra, el ‘Station to Station LP’, que muestra claramente la influencia del ocultismo y vuelve a ello en el vídeo de su trabajo final, ‘Lazarus’.

Más que un artista camaleónico, Bowie parece haber inventado otro planeta, otro universo a su medida…

Se podría decir que todos los artistas inventan sus propios universos. Cada artista construye su forma de ver el mundo y nos invita a entrar.

Bowie era particularmente fascinante y al invitarnos a compartir su forma de ver el mundo transformó las vidas de muchas personas. Es como otra dimensión, la dimensión Bowie. Quizás es una dimensión mejor, más interesante y extraña que nuestras vidas ordinarias.

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Aladdin Sane, uno de los alter-egos más famosos de Bowie. | Foto vía Will Brooker.

El propio Bowie tuvo multitud de máscaras, como la del alienígena bisexual Ziggy Stardust. ¿Cuántos Bowies hay? Él mismo parecía una matriuska de alter egos…

 Podría contar todos los personajes que hay en Bowie, pero cada uno de nosotros sacaría sus propias cuentas. Hay diferencias entre los personajes que él mismo “habitó” y aquellos que mencionó en sus canciones. Por ejemplo, alguien puede decir que el Mayor Tom y Halloween Jack, personajes de sus canciones, son versiones de Bowie, pero para mí existe una diferencia entre ellos y Ziggy Stardust, que fue un alter ego suyo.

“Al intentar ser más como David Bowie conseguí ser una versión mucho más creativa, completa y mejor de mí mismo”

Algunas de las diferentes imágenes de Bowie –su estilo en ‘Let’s Dance’ de 1983 y su peinado pelirrojo en ‘Earthling’ – no tienen nombres. Otros, como Jareth de ‘El Laberinto’, fueron creados para películas. ¿Es ‘Bowie en Berlín’ un personaje? Yo nunca usaría ese término, pero algunos fans y críticos lo hacen. Así que depende de cómo nosotros definamos los términos ‘alter ego’, ‘personaje’ o ‘fase’.

Los principales alter egos de Bowie fueron puntuales. Ziggy Stardust, Aladdin Sane y The Thin Duke, sus más famosas encarnaciones, fueron todas de principios a mediados de los años setenta.

Estuviste en cada una de las ciudades en las que David Bowie vivió o visitó, seguiste su misma dieta, copiaste cada cambio de estilo y maquillaje, e incluso fuiste cantante en un grupo tributo a Bowie, y todo para entender a la celebridad… ¿Descubriste algo sobre Bowie? ¿Y sobre ti mismo?

Sería complicado explicar en pocas palabras todo lo que llegué a descubrir y percibir sobre la vida y el arte de Bowie y creo que está mejor expresado en ‘Forever Stardust’. El capítulo más experimental se titular ‘Sailor’ (marinero) e intento construir una biografía de Bowie explorando la tensión entre el experimento y la seguridad que estructuran su carrera artística.

Respecto a mi propia vida, redescubrí algunos placeres creativos que había dejado de lado. Esta investigación me animó a ser mucho más valiente y expresarme de forma más creativa en mi forma de vestir y comportarme y también empecé a dibujar y a cantar de nuevo. Pienso que me ayudó a descubrir cosas que disfrutaba mucho haciendo cuando era niño y que abandoné al llegar a la adolescencia, cuando fui más consciente.

La lección que aprendí de mi experiencia como Bowie es que al intentar ser más como él conseguí ser una versión mucho más creativa, completa y mejor de mí mismo.

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Foto de una presentación en vivo de Brooker. | Foto vía Will Brooker.

Hay una reflexión importante sobre la identidad como construcción, especialmente en el caso de las celebridades… ¿Crees que David Bowie acabó con David Jones?

No, no lo creo. David Jones continuó siendo la parte privada de ‘David Bowie’, la parcela de él mismo que tenía una esposa, hijos y amigos muy íntimos. Bowie simplemente era la imagen pública de un hombre bastante tímido y que a medida que fue envejeciendo quería tener una vida personal y privada, lo cual me parece bastante justo.

En una entrevista dijiste que ya no volverías a ser Will Brooker nunca más…

Fui bastante provocador en esa entrevista, como lo era Bowie en muchas de ellas. Quería ver qué ocurría, qué reacción me provocaría si me metamorfoseaba por completo en el personaje y cómo iba a sentirme. Fue un experimento de perderme en el Bowie de 1997.

“La exposición ‘Bowie is’ es lo más cerca que se puede estar del interior de la cabeza de David Bowie, una experiencia única”

A veces cuando dices algunas cosas, empiezas a creértelas. Tal vez me lo creí parcialmente e intuyo que a Bowie le ocurrió lo mismo cuando proclamó que él era Ziggy Stardust. Se metió en la piel del personaje, pero no hay duda de que cuanto más lo decía, más se hacía realidad para él.

La industria de la música crea grupos y cantantes como productos culturales, pero la mayoría no se convierten en iconos. Parece que la fórmula no existe… ¿El héroe musical nace o se hace?

La creación de un icono es una dinámica entre el artista y la audiencia. Aunque la imagen de un artista pueda construirse, necesita nuestra aprobación. Nosotros también participamos en la creación de un icono.

En el documental ‘Being Bowie’ se percibe lo duro que fue para ti la muerte de David Bowie. ¿Cómo afectó a tu investigación?

Fue bastante complicado seguir adelante cuando Bowie murió, sí, pero no podía abandonar el proyecto. Siempre significó un tributo y una celebración y debía seguir siéndolo.

Todos los fans de Bowie padecimos un duelo real, pero empecé a escribir y me dije a mí mismo que escribiría al menos cien palabras al día y en tres meses el libro estuvo terminado. Me sumergí en el proceso y quizás fue la mejor manera de afrontar la pérdida.

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Imagen del interior de la exhibición “David Bowie”. | Foto: Mark Gambino vía Musseu del Disseny.

La exposición ‘David Bowie is’ llegó en mayo a Barcelona. ¿Nos aconsejarías algo para disfrutarla al cien por cien?

‘Bowie Is’ es una exposición diferente en cada ciudad. La he visto en tres lugares y siempre ha sido diferente, así que los visitantes deberían recordar que es una experiencia única. También os diría que es lo más cerca que vais a estar del interior de la cabeza de David Bowie.

Pero también creo que somos co-creadores de David Bowie; él no existiría sin nosotros. Para cada uno de nosotros David Bowie significa una cosa y todos estos sentidos e interpretaciones son válidos y correctos. Así que al ir a la exposición estáis creando vuestro propio Bowie. Un Bowie personal.

¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto?

Sí, es un libro entre la ficción y los hechos sobre la cultura norteamericana desde Kennedy a Donald Trump. Es el proyecto más ambicioso en el que me he embarcado hasta el momento.

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Continúa leyendo: La Horda: “No podrán detenernos porque no existimos”

La Horda: “No podrán detenernos porque no existimos”

Beatriz García

Foto: Leticia Hueda

– ¿Quieres saber cuál es la mejor forma de guardar un secreto?

– Habla más bajo, te van a oír todos…

– Si susurrásemos, sospecharían. La mejor forma de guardar un secreto es exponerlo a la vista de todos.

(Conversación entre dos agentes secretos, pongamos que tú y yo…)

Conocí a Servando Rocha (Santa Cruz de La Palma, 1974 – tal vez deberíamos dudar también de eso) en dos lugares y dos épocas diferentes. En la primera ocasión, me sentí invisible; en la segunda, me enorgullecí de serlo. Y tal vez ocurra lo mismo contigo, lector. Si es así, si el Ojo de Horus de William Burroughs también te vigila desde la portada de un libro, sabrás entonces que ese libro es ‘La Horda: Una revolución mágica’ (La Felguera, 2017).

La entrevista que sigue sí tuvo lugar, aunque si sucedió o no en la forma en que lo cuento carece totalmente de importancia. El propio historicismo, me dice Servando, “es una manera de manipular y maquillar la historia”. La manipulación de la manipulación, de eso trata La Horda. Además de otras muchas cosas que iremos viendo en tanto nos  internamos por los fétidos callejones y subterráneos del París de 1623, una ciudad devastada por la Guerra de los Treinta Años donde hay espías por todas partes, alquimistas que trabajan como mercenarios a las órdenes de católicos o protestantes y una comunidad invisible, nacida al abrigo de los rosacruces, que ha existido a lo largo de los tiempos y de la que tal vez tú, lector, acabes formando parte.

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El ojo de Horus de William Burroughs nos vigila desde la portada.

– Ése no es el principio de ‘La Horda’, o sí, pero deberías primero hablar de Morgana. Porque Morgana es como Pandora y su caja, aunque nadie sepa quién es… – Servando no susurra. Es un agente secreto dedicado a revelar secretos.

– ¿Te refieres al compilador del manuscrito que encontraron en un apartamento en Londres en los años ochenta después de la explosión? ¡Bah! No sirve de nada hablar de alguien del que ni siquiera sabemos si ha existido… Seguro que se lo inventó algún gracioso; por ejemplo, tú.

– De eso se trata. ‘La Horda’ es un libro sobre verdades que se emancipan de las mentiras para ser verdades absolutas y de secretos que a su vez se alimentan de otros secretos. Antes mencionabas a la Hermandad de la Rosacruz: hay muchos investigadores serios que creen que los primeros rosacruces fueron un invento de unos pocos, no así la segunda y la tercera generación, que creyeron en la primera, y así sucesivamente… Creer en algo hace que acabe existiendo –concluye Servando.

Caminamos intentado detectar energías ocultas en ese París renacentista y decrépito recreado por el editor de La Felguera, que cada vez nos recuerda más a un decorado expresionista, una mezcla de ‘El Gabinete del doctor Caligari’ y El ‘Jorobado de Notredame’ de Víctor Hugo. Y hay que avanzar con cuidado, evitando determinadas zonas muertas donde los Despiertos, enemigos de las células invisibles, son fuertes y peligrosos. Las ciudades de ‘La Horda’ están vivas, son ciudades que dialogan contigo. “El subsuelo tiene memoria”, leo en esta singular novela trampa por la que transitamos igual que si cruzásemos un laberinto de falsos espejos, un mapa en el que encontrar un tesoro oculto.

– En el fondo –dice Servando-, este pasear sin rumbo es una forma de conectar con el territorio. Ocurre a menudo, cuando caminas por una ciudad y de repente llegas a un lugar que te afecta de una forma especial. También Ramón del Valle-Inclán lo hacía, la naturaleza y el paseo inspiraron sus iluminaciones; era profundamente esotérico, un seguidor de la teosofía.

—–MOMENTOS PROMOCIONALES: La Felguera publicará próximamente ‘La lámpara maravillosa’ de Ramón del Valle-Inclán, con prólogo de Javier Sierra. FIN DEL COMUNICADO.—–

 

– Sí, bueno, pero ahora estamos tú y yo a merced de Ardenti, el cazador de invisibles que me cae tan bien aunque quiera acabar con nosotros, y no tenemos una triste varita…

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Se avecina una revolución mágica. | Foto: Leticia Hueda.

Servando empieza a recitar un fragmento de ‘El matrimonio entre el Cielo y el Infierno’ de William Blake: “Entonces pregunté: ¿Para que una cosa exista basta la firme convicción? Respondió: Todos los poetas lo creen”.

– Pero podemos utilizar el ingenio poético. La magia es eso, imaginación creadora. Lo hacían Baudelaire y Mallarmé, y también los grandes iconos ocultistas como Alan Moore o Aleister Crowley. Si conociéramos a nuestros héroes del romanticismo y las vanguardias nos parecerían humanos, demasiado humanos. Y no importa si empleaban la meditación, las drogas o el paseo, puedes tener una experiencia extática incluso escuchando música o cuando te enamoras.

La revolución y la magia tienen en común su voluntad de transformación, pero para ello hace falta ver más allá de los límites de esta realidad ordinaria. “Ver”, como dice el autor de ‘La Horda’, “en cursiva”. Me habla de que vivimos con la mirada más atrofiada, que caminamos sin estar conectados al presente. Tal vez, le digo, necesitamos un Apocalipsis o una revelación.

– Lo malo del Apocalipsis es que siempre está por llegar.

– Vas a hacerme llorar… Mal asunto.

– Mejor eso que arder en la hoguera como Giordano Bruno, acusado de herejía. Lo curioso de todo es que no se equivocaba, ese gran astrólogo, filósofo, poeta y mago auguró que allá donde habían levantado una pira erigirían más tarde una estatua en su honor. Y así fue. Él es una de las mentes fundacionales de La Horda. Su semilla.

Dime una cosa, en la novela cuentas que el mago John Dee y Bruno se conocieron realmente, que igual que otros invisibles que les siguieron intentaban eliminar las guerras de religión y crear una fraternidad en la tierra. ¿Eso es cierto?

– ¿Cierto? Tiene gracia que lo preguntes a estas alturas.

Hubo un tiempo en que el arte y el ocultismo, y el ocultismo y la política no estaban separados. Magos y alquimistas como John Dee oficiaban de consejeros en las cortes europeas y más tarde Bakunin, principal ideólogo del anarquismo, inventó cientos de sociedades secretas que jamás existieron. Pero, ¿y si sí lo hicieron? ¿Y si la todas las teorías de la conspiración fuesen ciertas?, se pregunta y me pregunta Servando, invocando a esos invisibles de todas las épocas y nacionalidades presentes en ‘La Horda’, como el escritor William Burroughs o el situacionista Alexander Trocci, quien habló de ‘la invisible insurrección de un millón de mentes’. Porque herejes y revolucionarios son lo mismo, los primeros precedieron a los segundos.

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Un libro repleto de juegos tipográficos y enigmas página tras página.

Los caminos se estrechan, el Mapa de los Laberintos de Giordano Bruno, que seguimos a medida que leemos ‘La Horda’, parece querer plegarse y todavía no hemos encontrado Arcadia, el fabuloso manuscrito que todos los invisibles, nosotros incluidos, hemos querido tener en nuestro poder. Tendremos que seguir creyendo en su existencia, en tanto París se nos sacude y, a lo lejos, presentimos las manecillas del Big Ben.

Londres, en algún punto del pasado cercano…

Una fachada herrumbrosa nos separa del final de la entrevista. “No podrán detenernos porque no existimos”, leemos a dúo como si conjurásemos la misma frase que fue lema de la Angry Brigade, la guerrilla urbana que sembró de atentados Reino Unido a principios de los años setenta. Esa misma invocación, esa llamada, sobrevuela ‘La Horda’.

– ¿Hay alguien ahí? – Un hombre con el cuello cortado, un antiguo miembro de los Angry Brigade, entra con nosotros en la casa okupada cuyas primeras plantas están totalmente calcinadas a causa de un reciente incendio. Afuera, en el patio, hay una hoguera y algunas personas alrededor.

– Son como nosotros, gente fuerte, gente que cree en lo mismo que nosotros – nos dice, o tal vez se lo dice sólo a Servando, o se lo dijo, mejor dicho, aquel día, años atrás, en que viajó a Londres para reunirse con supuestos miembros de esta antigua brigada furiosa y escribir ‘Nos estamos acercando. ‘La historia de Angry Brigade’ (La Felguera, 2004).

Fue ese mismo día, sí, y no otro cuando acabaron recorriendo las calles de Londres a 150 kilómetros por hora mientras el tipo del cuello cortado gritaba “¡Que le den a los pacifistas!” y le hablaba a Servando de guerrillas informativas y ‘bobbies’ asustados. Y ahora que el inglés nos hace, o le hizo, subir hasta las últimas plantas, rodeados de murales de hombres armados, el editor de La Felguera me señala una pintada:

‘Esta no es la salida’.

– Pero, ¿ y si…? –murmura.

– ¿Y si qué?

– ¿Y si hubiera una puerta detrás de ese muro?

Y si detrás de esa puerta estuviera William Burroughs mirándonos, su Ojo de Horus desde los estantes de las librerías, en la portada de un libro. Un libro que se titula ‘La Horda’ y que estás llamado a leer.

Pd. Si quieres unirte a La Horda no te esfuerces en buscarlos. Cuando llegue el momento, si estás preparado, ellos te encontrarán a ti.

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Manuel Martín Cuenca: “Un artista es un lúcido y un demente”

Daniel Fermín

Foto: Julio Vergner

Manuel Martín Cuenca (Almería, 1964) encontró en un viaje a República Dominicana una antigua edición de la primera novela de Javier Cercas y vio en ella el germen de una película. Tardó dos años en escribir el guión y siete semanas en rodarla. Se llama El autor y es una sátira del proceso creativo. Ganó el premio de la crítica en el Festival de Toronto, pasó por San Sebastián y Sevilla y llega a las salas españolas el 17 de noviembre. En ella se narra la historia de Álvaro, un aspirante a escritor que manipula la realidad para hacer literatura. Liga con la conserje, espía desde el baño a sus vecinos, se cuela en sus apartamentos. Escucha, graba y escribe. Protagonizada por Javier Gutiérrez, mezcla el thriller y la comedia para generar una reflexión sobre el afán de trascender de los artistas.

“Un artista es un lúcido y un demente”, dice, antes de presentar su película en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, el autor andaluz. “Todo creador tiene sus pulsiones. Los límites, el determinar hasta dónde es capaz de llegar, los pone cada uno. Yo, obviamente, no hago las cosas que hace el personaje, pero también tengo algo de él”.

De Manuel Martín Cuenca se sabe que: se licenció en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Complutense de Madrid, trabajó con Mariano Barroso e Icíar Bollaín, dio clases en la Escuela de San Antonio de los Baños en Cuba, hizo cortometrajes y videos comerciales, tiene cinco largos de ficción y tres documentales, ha obtenido cuatro nominaciones a los Premios Goya y ha sido reconocido en certámenes internacionales. Se sabe eso y que nació en Almería y no El Ejido, como suele aparecer en Internet. Eso y que antes de ser cineasta quiso ser arquitecto, escritor y filólogo.

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Javier Gutiérrez, Antonio de la Torre y María León protagonizan el filme (Julio Vergne)

“Recuerdo que tenía una agenda en la que anoté, a los siete u ocho años, que me gustaría ser arquitecto. Luego quise escribir hasta que me di cuenta de que quería hacer cine”.
Hijo de un agricultor y una ama de casa, “ambos hijos de la posguerra, sin estudios, no muy cultos pero sí muy sabios”, afirma, se desplazó con sus padres a los cinco años a la población de El Ejido. De esa época evoca la pobreza de la Almería de los 70 y los vasos de leche que le daban en el colegio para combatir la desnutrición.

“Sólo tengo dos recuerdos de cine: uno, de ver la historia de un barco que se daba la vuelta, que se llamaba Poseidón; y otro, de una película que me encantó en ese momento y que mucho más tarde descubrí que era La mujer pirata, de Jacques Tourneur”.

Tras mudarse a Granada, a los 11 años, comenzó a ir al cine solo. Veía lo que un chico de entonces solía ver: Indiana Jones y La guerra de las galaxias. Se hizo asiduo a las salas de arte y ensayo y vio filmes de Bernardo Bertolucci, de Pier Paolo Pasolini y de Pedro Almodóvar y se matriculó en Filología en la Universidad de Granada.

“Un día, en un cineclub al que solía ir, vino un cineasta a dar una charla y me di cuenta de que era una persona normal, de carne y hueso, real, que había hecho una película y que estaba ahí, al frente, y supe que yo también quería hacer eso”.

¿Y por qué no estudió cine?

Porque en esa época no había escuelas oficiales de cine y las pocas privadas que existían no podía permitírmelas. No tenía dinero y mi padre se había enfadado conmigo porque dejé mi carrera al tercer año para irme a Madrid y empezar de nuevo.

Manuel Martín Cuenca hizo en Madrid sus primeros cortometrajes y comenzó a trabajar como asistente de dirección, primer ayudante, script o director de casting en filmes de Felipe Vega, Mariano Barroso, José Luis Boreu, Alain Tanner o Icíar Bollaín. Fue en esos puestos que aprendió el oficio del cine, en los que se preparó para dar el salto a la dirección. Cansado de hacer de auxiliar, decidió que ya era hora de rodar sus propias películas. Dijo que no a toda llamada que recibía con alguna oferta de trabajo. Así estuvo dos años hasta que nadie más lo llamó y comenzó a hacer vídeos industriales.

En ese período también escribió una novela: El ángel de la prisa (1995), la historia de una chica que tiene la fantasía de conocer el mundo marinero y hace un viaje por la costa de Granada para darse cuenta de que la realidad del mar no era como la imaginaba.

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“El autor” se estrena el 17 de noviembre en las salas españolas.

¿Y la leyó alguien?

La leyeron mi madre, mis hermanos y mis amigos. Se editaron 500 ejemplares y se venderían como 50 o 100. El resto todavía debe estar por ahí.

¿Dio por finalizada su etapa de escritor?

Tengo mi gusanillo. Lo que pasa es que le tengo mucho respeto a la literatura por el esfuerzo que me costó escribir esa novela. Ya luego empecé a dirigir y lo dejé.

Lo primero que dirigió Martín Cuenca fue un documental en Cuba. Mariano Barroso le propuso irse como coordinador de dirección de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños. Estuvo allá un año, entre idas y vueltas. Daba clases y regresaba a España a hacer vídeos. En la isla, se le ocurrió la idea de hacer una película de no ficción que narrara la historia del país caribeño a través de su deporte nacional, el béisbol. Se llamó El juego de Cuba y ganó el premio al Mejor Documental en el Festival de Málaga 2001.

¿Y le gustaba el béisbol?

No tenía ni idea, pero ahora sí me encanta.

Su siguiente película fue La flaqueza del Bolchevique (2003), una suerte de Lolita española, adaptación de la novela de Lorenzo Silva, protagonizada por Luis Tosar y una jovencísima María Valverde que obtuvo un Goya a la Mejor Actriz Revelación. Luego vendrían Malas temporadas (2005), un melodrama de historias cruzadas con Javier Cámara; La mitad de Óscar (2010), un filme sobre un guardia de seguridad que tiene dos años sin saber nada de su hermana; y Caníbal (2013), un thriller protagonizado por Antonio de la Torre que obtuvo ocho nominaciones a los Goya. En el medio, hizo documentales a varias manos y en solitario. Su filmografía ha recibido el visto bueno de la crítica y de los festivales.

“Eso me motiva a nivel personal y, sobre todo, me permite sobrevivir en la industria. Que La flaqueza del Bolchevique haya ido a San Sebastián me mantuvo vivo. Si eso no ocurre, si no hubiese ido a ningún festival, quizás no habría hecho ninguna otra película”.

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Manuel Martín Cuenca ha dirigido cinco largometrajes de ficción (Julio Vergne)

Manuel Martín Cuenca escribió en el diario de rodaje de El autor que el fracaso es su mejor escuela. Él ha tenido sus desilusiones: tras terminar su primer cortometraje, El día blanco (1990), decidió exhibirlo en sala junto con otros tres cortos. El suyo, seis minutos de primeros planos y planos generales sin diálogos, era el único que no era comedia.

“Yo pensaba que había hecho la enésima potencia de la poesía, que iba a cambiar la historia del cine. Había 600 personas. Se proyectó de primero y fue una cosa gélida. Sentí la energía ‘de qué mierda es esto’ y estuve nueve años sin dirigir”.

¿Y qué le hizo volver?

La obsesión. Al corto tampoco le fue bien en festivales. Eso me hizo más fuerte. Me enseñó que, hagas lo que hagas, nunca va a ser tan bueno como sueñas y que te tienes que saber enfrentar al fracaso, a la posibilidad de que no gustes.

¿Sueña con Hollywood?

A mí me encantaría dirigir en inglés, no en Hollywood. Si vuelvo al chaval de 20 años que era, nunca pensé que hubiera podido hacer cinco películas y tres documentales. A todos nos interesa llegar al mayor público posible, pero tampoco voy a renunciar a mi cine para ser más comercial. Voy día a día. Todo esto es un camino para darte cuenta si vales o no para hacer algo. Si me lo ofrecen, lo intento. Igual fracaso o igual no.

¿Ha dejado algún guión a medias por un bloqueo creativo?

Nunca. Una vez que empiezo a escribir siempre llego hasta al final.

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Ana Laya

Foto: Sony Music España

Estamos todos trasnochados. Kevin se aferra a sus gafas de sol. Viene casi directo desde Buenos Aires para comenzar su gira europea en España (esta noche en la Sala But de Madrid y mañana en la Sala Barts de Barcelona). Lleva encima cuatro horas de jetlag que se insertan en sus ojos y se sugieren en una voz un poco más profunda de lo normal. Afortunadamente su ánimo está intacto, nos recibe con un café con leche, una sonrisa y con ganas de que tengamos una charla interesante, de que valga la pena no estar durmiendo en el hotel.

El último álbum de Kevin Johansen que le da nombre a la gira se llama Mis Américas Vol. ½ y se pronuncia volumen medio. “Un guiño para los atentos”, apunta Kevin al tiempo que enfatiza que las Américas son tan enormes que abarcarlas en un solo disco es imposible. Así que atenti que por ahí se viene un volumen 3/4 o uno 6/7… o ambos.

En Mis Américas Volumen ½ hubo más músicos invitados. Grabaron en Río, en Nueva York, en Buenos Aires, con diferentes productores… ¿fue por una razón estratégica, simbólica o solo pasó?

Pasó, sí. Fue completamente fortuito. Marías Cella, amigo productor del disco, sugirió ir a grabar con Leo Sidran en Nueva York ya que él también ha trabajado mucho con Drexler (al igual que Cella).  Yo tengo amigos ahí y la idea era grabar con alguno de ellos, y yo encantado. Así que fuimos al estudio en Brooklyn de Leo Sidran. Luego él tenía ganas de trabajar con Kassin, un gran productor brasilero, en Río de Janeiro  y se dio la posibilidad de ir una semanita y trabajar con él. Poco a poco, fueron tomando forma algunas canciones en alguna ciudad y finalmente, desembocamos en Buenos Aires donde los The Nada, con los que ya nos conocemos desde hace 15 años y fue como ponerle el moño al disco.

¿Es la primera vez que trabajas con Matías?

No, en realidad con Matías ya habíamos trabajado en Logo, en parte del disco Bi y en algunos tracks de City Zen, así que ya éramos amigos. Aparte, él también había trabajado un par de veces como nuestro sonidista. De tanto trabajar detrás de escena, ya era una persona de confianza. En cambio, nunca había trabajado con Cachorro López y Sebastián Schonn, pero eran otros socios con los que teníamos pendiente la cuenta de hacer algo e hicimos tres tracks con ellos.

Siempre he producido o co-producido discos con amigos… me acuerdo de encontrarme con Tweety González en el DF y que él me dijera: “¡Vamos a hacer algo!”. Cuando se da la oportunidad de trabajar con alguien que tiene ganas de trabajar contigo y además es alguien que sabe mucho, es súper cómodo.

También me ha pasado con Mario Broier que es un famoso masterizador que ha trabajado con los grandes, con Charly y con todos, que cada tanto me lo encontraba y él es medio parecido a Santaolalla, el look y la voz, y decía, “¿Y nosotros para cuando?”. Es lindo coincidir con gente del medio que tienen ganas de hacer algo contigo y bueno… yo tengo el sí fácil.

Yendo del living al estudio

A sugerencia también un poco de Matías, entra en Miranda, la hija mayor de Kevin a escena. Ella, así como Kim y Tom, sus hermanos menores, ya habían hecho coros y cantado fragmentos en otros discos, “es una extensión lógica es como pasar del living al estudio”. En Mis Américas, sin embargo, la participación de Miranda es diferente, más formal. Ella y Kevin cantan juntos el tema Es como el día.

¿Cómo fue la experiencia de trabajar con Miranda?

Los hijos son una extensión lógica. Son testigos en el living de casa de que papi está ingeniando una canción. A veces son tus peores críticos y te dicen: “Pá, no hagas eso, qué horrible”, pero otras te dicen: “Ah, qué linda esa melodía, se me pegó… ¿es tuya?”. Y ahí entonces se te infla el pecho y dices: “Sí, es mía”. Por eso con Miranda fue muy bonito. Kim, la de 13, también cantó en Folky, hizo coros en Es como el día, y Tom, el de 10, cantó en el tema de Antunes, de Tribalistas, Torcer a favor.

Todos somos músicos en el fondo, la música nos toca. Ellos siempre han vivido en un entorno un poco más proclive a agarrar una guitarra, un piano, un instrumento. Ahora Miranda, sobre todo, está grabando cosas suyas. Agarró poemas de mi mamá que era poeta y está poniéndoles música y agregando líneas. Es muy emocionante ver ese proceso. Kim, está aprendiendo a tocar la guitarra, el ukelele… Tom toca la batería. Después el tiempo dirá si van hacia lo profesional o simplemente conectan con la música.

De la bossanova al foxtrot, pasando por el blues, las cumbias, los boleros y otros tantos ritmos… ¿qué le falta por explorar a Kevin Johansen?

Podría ser una cueca chilena, un joropo venezolano que es parecido en un punto a nuestra chacarera o a otros ritmos folklóricos más complejos y que son similares desde México hasta Chile o Argentina. Hay miles de ritmos y sub-ritmos, que son parecidos entre sí. Me interesan también los sonidos brasileros o los ritmos afro-peruanos.

En este disco en Dios de la marea participa Miss Bolivia y hay un tinte un poco afro-peruano de algún modo; hay un bolero que es bien de Centroamérica; hay un ritmo caribeño en homenaje a Barranquilla en Oh What a Waist (¡pero qué cintura!), hay varios guiños latinos y trabajo con bandas como Chico Trujillo de Chile, o Kanaku y El Tigre de Perú, pero esto es un aprendizaje constante, una combinación de ser permeable, empaparse cual esponja de un ritmo, aprender los arreglos, cómo lo hacen los que saben, y después ponerle tu impronta, ponerle tu personalidad, romper con eso.

Hay una frase muy linda de Samuel Beckett que dijo cuando una joven coreógrafa franco-española Maguy Marin trabajó con él. Ella estaba muy tímida y él ya era una leyenda y le dijo: “No mijita, con respeto no se crean cosas bellas”. Me gustó mucho esa frase porque a veces para ponerle tu impronta a las cosas hay que faltarles al respeto.

Kevin Johansen: "El humor es como un velo detrás del cual uno puede decir las verdades más tremendas" 1
Portada de Mis Américas Vol. 1/2.

Instrucciones para usar la ironía en español

Musicalmente Kevin Johansen es un poco Zelig, adopta personalidades, voces, ritmos, instrumentos, sonidos… pero a nivel de líricas tal vez hay dos elementos inconfundibles en su estilo: el bilingüismo y el humor. Lo primero se explica fácilmente geo y biográficamente: Kevin nació en Alaska, de padre noruego “con algo de inglés” y de madre argentina, y ha vivido entre Argentina y Estados Unidos, con varias ciudades in-between. Lo segundo me intriga un poco más. Indago.

Tal vez es mi impresión pero me parece que te resulta más sencillo hacer humor en español.

No realmente. Es cierto que Cortázar decía que la ironía era más aceptada en el mundo anglosajón como hasta algo ponderado, respetable, tal vez justamente por eso me gusta más hacerlo en castellano. La ironía con las palabras y el conjugar sonoridad con sentido es un poco la labor del compositor de canciones pero a la vez también hay que ser un poco arqueólogo de la palabra y buscar en la etimología el significado. Es un trabajo arduo jugar con las palabras.

Él (Cortázar) decía que los novelistas en habla hispana tenían mucho miedo de la ironía porque tenían temor a no ser tomados en serio y en cambio, yo creo que el único problema con el humor es, como decía Mark Twain, que nadie lo toma en serio. Y lo es, el humor es muy serio, desde Les Luthiers a Frank Zappa, siempre hay una cosa muy crítica, y hay una profundidad seria detrás. Es un poco como un velo detrás del cual uno puede decir las verdades más tremendas y parece una cosa risueña y por abajo te tiran la zancadilla. A mí me gusta mucho ese uso del humor. Por ejemplo, la Bach Chata en donde participa Marcos Mundstock de Les Luthiers cuyo título es Habladurías, trata de algo que los Les Luthiers hacen muy bien que es machacar el humor sobre nuestras pequeñeces humanas, sobre nuestras faltas, sobre nuestras miserias.

¿En el caso particular de Habladurías, esta cosa tan individual y humana no te parece que resulta una lectura social de los tiempos en los que estamos entre posverdades y “calumnias vertebrales”?

El tema es eterno, es un poco “pinta tu tiempo y serás atemporal”, para bien o para mal. El tema de las habladurías viene desde siempre y seguirá existiendo, el ensuciar a otro, la “calumnia vertebral”, como bien lo dijo el gran Marcos Mundstock, tiene mucho que ver con nuestra esencia. Tiene que ver también con lo que menciono en el tema que está Arnaldo Antunes que es Torcer a favor, que refleja esa ansia de dejar de festejar un gol de tu equipo solo para poder decirle a otro “¡Toma!”.

Estamos en un mundo ahora en el que en vez de celebrar las diferencias estamos padeciéndolas, estamos hinchando en contra en lugar de hinchar a favor, torciendo en contra en lugar de torcer a favor como dirían en portugués, y lamentándolo mucho es algo que sigue vigente. La plaga somos nosotros, dije en algún momento en Apocalipso, un tema que está en Bi.

Entre luthiers y cumbieras

Ganadores del Premio Princesa Asturias de Comunicación y Humanidades de 2017, es imposible no divagar un poco cuando Les Luthiers entra en escena. Creadores, músicos, artesanos, poetas y maestros cuando se trata de formas sutiles y sublimes del humor. Le pregunto a Kevin si tiene algo en común con Johan Sebastian Mastropiero, me dice que no entre risas, pero sí confiesa que le genera demasiada emoción escuchar su nombre mencionado por Marcos Mundstock, “es como escuchar a un Rolling Stone”.

Trabajar con Marcos Mundstock…

Es un genio. Cuando llegué a la Argentina con casi 12 años escuchaba a los chicos en el recreo cantando canciones de Spinetta o de Charly García, el rock argentino estaba muy fuerte en ese momento a nivel local y luego explotando más con Charly o con Soda Stereo y otras bandas en los 80’s, pero a la vez mi madre me debe haber llevado a escuchar a Les Luthiers a los 13-14 años y por eso también suelo mencionarlos a ellos como una gran influencia y unos grandes “desgenerados” a nivel de género musical, al igual que yo, porque amo aprender de la música. Eso de empaparse y aprender a tocar bien un bossanova, una chacarera, un sonido de banda mexicana, un tema country, una cueca chilena… ese proceso, creo que bandas como Les Luthiers me lo contagiaron. Ellos saben bien cómo mezclar un foxtrot con Bach con una cumbia…

Con epistemología…

¡Con epistemología! Es una anécdota muy hermosa. Los conozco gracias a Daniel Rabinovich con quien coincidí una vez y me tomó del brazo y me dijo: “Gracias por la dedicatoir”, yo les había dedicado el bolero Oops que está en City Zen que tiene mucho del espíritu de Les Luthiers. Daniel me dice: “Vente que te voy a presentar a Les Luthiers que les encanta lo que haces”.

Ahí conocí a Marcos, a López Puccio, a Núñez Cortés y a Maronna. Entonces, López Puccio me dijo: “Sabes que ese tema la Cumbiera intelectual, yo casi termino una canción hace muchos años que tiene mucho que ver porque habla de filósofos y de escritores en son de cumbia, pero bueno todavía no la terminé y me hizo acordar”.

López Pucho me llamó unos meses después y me dijo: “Terminé la Cumbia epistemológica, es parecido en esencia a tu Cumbiera intelectual pero te muestro la letra -muy profesional- fíjate si te molesta”… y obviamente sin escucharla le dije que sí, “al final la influencia de la Cumbiera intelectual, son ustedes.”

Identidad(es)

Tal vez en sus inicios el estilo ecléctico de Kevin Johansen podía verse como el resultado de la curiosidad y la geografía -que sería una variante de “la casualidad y la diplomacia” con las que Cortázar explicaba haber nacido en Bélgica- pero de un tiempo para acá, la realidad impone otra lectura más profunda y esa peculiar manera de mezcla de ritmos, acentos, historias e identidades de una forma armónica luce casi como un manifiesto.

Decía Mark Twain que viajar es fatal para los prejuicios, el fanatismo y la estrechez mental. ¿Es tu propuesta musical tan mestiza una variante de esta máxima, una manera de viajar?

Totalmente, es un disco que habla mucho de eso. Sin caer en una demagogia innecesaria pero sí, celebrar la diversidad en un continente tan vasto como las Américas. Se extiende hacia el mundo obviamente, pero sí era la intención hacerlo con lo que uno conoce, con lo que uno maneja, celebrar esa diversidad. El advenimiento de la tan defenestrada globalización nos ha acercado y nos ha enseñado a apreciar esas diferencias, nos ha hecho vernos y vernos reflejados en el otro, riéndonos de los acentos y de la forma que tienen de decir las cosas en un país y otra. Creo que hemos crecido mucho a nivel local y a nivel global… pero falta un montón.

Es curioso que de alguna manera está muy en boga la necesidad de tener tu libertad pero también tus límites bien definidos. Torcer a favor también habla de eso, porque si no el nacionalismo con Z, el nazionalismo, es tremendo, porque es poner en la cara del otro tu bandera clamando de alguna manera “yo soy de esto y tú no”. Y eso es tremendo. Lo más lindo es el nacionalismo del cariño, de querer tu comida, tu país, tu geografía, tu música, tu gente, y reconocerte en ellos pero sin que eso signifique una barrera, un muro “Trumpiano” para el otro.

Recuerdo haber leído hace poco que ya la lucha no es derecha vs izquierda, capitalismo vs comunismo, sino propaganda vs educación…

Y sí, es el signo de nuestros tiempos y es realmente increíble, hay una suerte de guerra civil solapada donde el 50% de la población piensa una cosa y el otro 50% piensa diametralmente lo opuesto, y hay un quilombo también con la prensa… y en todos los países están igual. Viajando por el continente te das cuenta, Macri, Temer, Colombia votando en contra de La Paz, Trump… ha ido subiendo una ola conservadora hecha de muros… y cruzó el océano. Esa ola de división, extraña y contradictoria, ese mecanismo de defensa de hacer ver que el mal está en el otro. Esa fue la gran estrategia de Trump, el mal son los mexicanos, nosotros estamos perfectos, el problema son los de afuera. Tremendo. Divide y conquista.

La portada de The Economist de hace un par de semanas decía que las redes sociales eran una amenaza para la democracia…

Yo la llamo la era del ego. Fíjate que ganó en Estados Unidos un gran ególatra como Trump y en general las figuras están teniendo esa impronta. Putín en Rusia, Merkel en Alemania, las figuras vuelven a ser “facistoides” en su presencia… en su omnipresencia, y las redes sociales exacerban fácilmente el ego. Mira lo bien que me va, miren lo exitoso que soy, miren lo bello que soy, con mi familia, miren los premios que me he ganado. Todo ese ego exacerbado provoca una cosa que va en detrimento de lo que se supondría que es una cosa democratizada, mancomunada y socialista si se quiere, va en contra de nivelar la cancha. No se nivela para nada. Siguen siendo pocos los poderosos, pocos lo que tienen mucho y parece que va a seguir siendo así porque siguen acumulando, ahora los social media guys son tres adolescentes que manejan el mundo. Se ha pervertido un poco esa ilusión que teníamos de que Internet y las redes nivelaran la cancha un poco… hay que ver cómo se desenvuelve. No sé si se puede afirmar directamente eso -que sean una amenaza a la democracia- pero definitivamente es una buena observación.

Es un poco como el chiste del músico brasilero que venía de ganar premios y saluda un amigo que es músico también y le cuenta:”Vengo de ganar unos premios, estoy rebien, ahora ando en unas vacaciones divinas con mi familia, y pronto iré a que me den otro premio, pero ya no hablo más de mí… ahora habla tú un poco de mi”.

Como no podía ser de otra manera, la entrevista termina así, con un chiste.

* * *

¿Más Kevin Johansen? Aquí 11 Preguntas Random.

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Jaime Pastor: “Mucha gente de izquierdas es nacionalista española sin saberlo”

Borja Bauzá

Foto: Borja Bauzá
The Objective

“No duele la ofensiva de la caverna, duele la rabia de la izquierda de salón por atrevernos a plantar cara como ellos nunca se atrevieron”. Son palabras de Gabriel Rufián. Las escribió en su cuenta personal de Twitter hace una semana. De las muchas respuestas que obtuvo Rufián destacó la de Antonio Maestre, veterano periodista del diario La Marea: “La izquierda de salón a la que insultas lleva jugándosela en la calle antes de que te abrieras twitter”.

Es un ejemplo. Hay muchos más. En forma de tuits, en forma de declaraciones e incluso en forma de destituciones como la que ha sufrido el hasta ahora secretario general de Podemos en Cataluña, Alberto Dante Fachin, a manos de sus compañeros de siglas. ¿Qué produce tanta tensión entre personas que, hasta hace unas pocas semanas, preferían aparcar sus diferencias para perseguir objetivos parecidos?

Uno de los intelectuales que mejor puede explicar lo que le está pasando a la izquierda española, resquebrajada y enfrentada a causa de los sucesos que han ocurrido en los últimos tiempos en Cataluña, es Jaime Pastor (Valencia, 1946). Por tres motivos. El primero es su edad: 71 años, exilio en Francia durante el tardofranquismo incluido. El segundo es su dedicación: hasta el curso pasado, y durante décadas, ha sido profesor de Ciencias Políticas en la UNED. Y el tercero es su activismo: ha pasado por la Liga Comunista Revolucionaria, Izquierda Alternativa e Izquierda Unida hasta que, en 2008, decide fundar Izquierda Anticapitalista. Un partido integrado actualmente en Podemos y del cual sigue formando parte. Conoce bien el percal.

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PORTADA DE LOS NACIONALISMOS, EL ESTADO ESPAÑOL Y LA IZQUIERDA. IMAGEN VÍA LA OVEJA ROJA.

Autor de varios libros, entre los que destaca Los nacionalismos, el Estado español y la izquierda (La Oveja Roja), Pastor se muestra muy crítico con la izquierda española “que no lucha para que el Estado español reconozca el derecho a la autodeterminación de los catalanes”. Por desgracia –añade– es la mayoritaria.

En la última manifestación convocada por Societat Civil Catalana en Barcelona el ex secretario general del Partido Comunista de España, Paco Frutos, dio un discurso en el que lamentó la existencia de una izquierda nacionalista. Frutos acusó a esa izquierda de traicionar a la clase obrera por su complicidad con el independentismo catalán. ¿Qué te parecieron sus palabras?

Me parecieron mal. El discurso de Frutos refleja la involución de una parte de la izquierda española. Conocí a Frutos en Izquierda Unida, cuando yo era secretario del Proyecto Federal de la organización, y por aquel entonces él estaba a favor del derecho a la autodeterminación. Ahora parece que ha tomado la parte por el todo y piensa que nacionalismo catalán es sinónimo de burguesía catalana. Pero en el bloque soberanista hay muchos sectores comprometidos con la lucha social. Sucede que esos mismos sectores están indignados y frustrados con un nacionalismo español que no ha permitido plantear la vía federalista.

Sin embargo, la izquierda española plantea una queja legítima cuando dice que el proceso independentista ha fomentado una guerra de banderas que ha desplazado la lucha por los derechos sociales.

Ese argumento es, en mi opinión, una coartada. El Parlament ha aprobado varias leyes que velan por los derechos sociales; la ley contra la pobreza energética o la ley de renta mínima garantizada, entre otras. Tampoco hay que olvidar la campaña lanzada por Òmnium Cultural que se llamó “Lluites Compartides” y en la que se hablaba de luchar por la sanidad o la educación públicas. Luego está la CUP, un partido que siempre mete la cuestión social en sus propuestas.

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JAIME PASTOR ES UNO DE LOS INTELECTUALES MARXISTAS MÁS VETERANOS DE ESPAÑA. | Foto: Juan Romero Velasco.

Pero estarás de acuerdo en que la cuestión social no es, hoy por hoy, una prioridad.

La prioridad ahora mismo es la cuestión nacional, sí. Pero la culpa no es de las fuerzas soberanistas catalanas. La culpa es del Estado español. Si este conflicto se hubiese tratado con urnas ya no estaría en el centro de la agenda política. De modo que, para mí, el Estado español es el principal responsable de que no existan otras prioridades.

¿El apoyo de esa izquierda que denuncia Frutos al proceso independentista se debe al convencimiento de que conseguir una república de izquierdas será más fácil en una Cataluña independiente?

Ese apoyo se debe a que el bloque soberanista defiende una causa justa desde el punto de vista democrático: el derecho a la autodeterminación. Yo no me identifico con las fuerzas nacionalistas catalanas, pero sí me identifico con una izquierda internacionalista que siempre ha defendido ese derecho. Y la izquierda española no puede apoyar o dejar de apoyar una causa semejante dependiendo de quién lidere la iniciativa. Dicho esto, no sé dónde sería más fácil conseguir instaurar una república de izquierdas. Lo que sí es incontestable es que dentro del movimiento independentista catalán hay fuerzas de izquierda con el potencial para disputarle la hegemonía a la derecha catalana.

Es decir, que en tu opinión la izquierda española tiene que apoyar el proceso independentista catalán sin importar quién lo lidera.

No, no da igual quién lo lidera. La izquierda española debería adoptar dos posturas: una dentro de Cataluña y otra fuera de Cataluña. Fuera de Cataluña, la izquierda española tendría que luchar para que el Estado español reconozca el derecho a la autodeterminación de los catalanes. Y dentro de Cataluña lo que debería hacer es apoyar a las fuerzas que estén luchando por los derechos sociales. Es importante distinguir entre el PdeCat o ERC y ciertos sectores de la CUP o Revolta Global. Estos últimos están involucrados en la cuestión nacional sin olvidarse de la cuestión social.

En la izquierda española se teme, y mucho, que todo esto lleve a un resurgimiento del nacionalismo español. ¿Es un temor pertinente?

Sí, es pertinente, y es pertinente porque a corto plazo puede darse. Rajoy ha sido muy hábil al convertir el proceso independentista catalán en un enfrentamiento entre el nacionalismo estatal, o sea español, y el nacionalismo catalán. Esa visión de las cosas ha cuajado en sectores importantes de la población. Pero es que estamos en lo de siempre: si la izquierda española hubiera rechazado esa polarización desde el principio y hubiera defendido la idea de plurinacionalidad, con todo lo que conlleva, quizás tendríamos una situación menos tensa. Tampoco podemos pretender que en Cataluña se sienten a esperar hasta que en el Estado español gobierne la izquierda. Si la izquierda española hubiera defendido desde el principio, y consecuentemente, el derecho a un referéndum pactado amparándose en los casos de Escocia o del Quebec, e insistiendo en la falta de voluntad política de la derecha para llevarlo a cabo, estaríamos en otra situación.

Podemos ha defendido un referéndum pactado…

Lo ha defendido en la última etapa. Pero al mismo tiempo ha querido mantenerse equidistante. No ha desarrollado todavía la labor pedagógica. El problema viene de lejos. Desde la Transición, la socialización que han sufrido varias generaciones en torno a la unidad intocable del Estado y la sacralización de la Constitución ha derivado en una cultura democrática que no ha sido ni antifranquista ni respetuosa con la plurinacionalidad. El giro de Podemos se dio a raíz de la coalición que formaron con En Comú Podem en las generales de diciembre de 2015. Llegó demasiado tarde.

¿Tienes en mente alguna figura de la izquierda que represente esa socialización?

A juzgar por sus declaraciones recientes, Carolina Bescansa o Alberto Garzón son dos buenos ejemplos de lo que estoy diciendo. Tanto Bescansa como Garzón abrazan un nacionalismo español que de alguna manera no se reconoce en sí mismo; ellos no se consideran nacionalistas españoles porque el suyo es un nacionalismo inconsciente. Le pasa a mucha gente de izquierdas; son nacionalistas españoles sin saberlo.

¿Podría ser que las declaraciones de ambos respondan más a fines electoralistas?

También existen fines electoralistas, por supuesto. Se dan ambos factores. La socialización en torno al nacionalismo español ya se daba en los estertores de la dictadura franquista, por cierto. Entonces el Partido Comunista de España ya hablaba de derecho de autodeterminación, pero siempre dentro de la unidad de España. Como máximo han llegado a defender una vía federal de España, pero no un federalismo plurinacional.

La clave en toda esta crisis reside en la palabra “plurinacional”, por lo que veo.

Sí, y ese es precisamente el paso adelante que durante la última etapa ha dado Pablo Iglesias: asumir el concepto de plurinacionalidad, que es el que reconoce que las diferentes nacionalidades españolas son sujetos políticos con derecho a existir. No obstante, en la mayoría de la izquierda española sigue predominando un nacionalismo español abierto al federalismo pero nunca a una hipotética separación. Una cosa es el derecho a la autodeterminación y otra, muy distinta e inadmisible para muchos, es el derecho a la independencia.

¿Por qué?

Porque en la izquierda española se hace una lectura del leninismo que dice que la separación debilita la unidad de la clase obrera. Es lo que sostiene y siempre ha sostenido el Partido Comunista de España, por ejemplo. Esa misma lectura es la que dice que el marco más favorable para avanzar en derechos sociales es el que plantean los grandes Estados. En resumen: un Estado, una clase, un partido. Aunque, como hemos hablado antes, en el caso de Carolina Bescansa puede pesar más una idea electoralista según la cual habría que interpelar a la mayoría de los españoles. Y la mayoría de los españoles no está ni en Cataluña ni en el País Vasco.

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JAIME PASTOR EN UNA CONCENTRACIÓN DE IZQUIERDA ANTICAPITALISTA. | Foto: Juan Romero Velasco.

Una situación complicada: la izquierda necesita a la mayoría de los españoles pero al mismo tiempo, y siguiendo con los términos electoralistas, no puede prescindir de Cataluña.

Claro. Sin los votos de Cataluña la izquierda lo tiene crudo para echar al PP.

Así que, de momento, la partida la va ganando el PP.

También en Cataluña, donde ahora mismo está triunfando el nacionalismo español. Pero cuidado: al mismo tiempo está demostrando su fracaso histórico. El independentismo ya es, desde el 2012, un dato estructural. No va a bajar de los dos millones de personas. Y lo que es más importante: es también un dato intergeneracional. Así que ahora mismo tienes un independentismo estructural, un nacionalismo español que ante su amenaza se torna reactivo, y muy poca cosa en medio. Donde debería estar la izquierda te encuentras con una propuesta de federalismo descentralizador que, sin embargo, no asume un pacto entre dos iguales, entre dos realidades nacionales en igualdad de derechos.

Si tuvieses una varita mágica, ¿cómo solucionarías el problema?

Lo ideal sería llevar a cabo un proceso constituyente en Cataluña y que ese proceso decidiese qué tipo de relación quiere mantener con el Estado español. Y en función de lo que salga, se debería abrir otro proceso en el Estado español. Eso sería lo ideal. Pero, en el corto plazo, lo más pragmático sería hacer lo que ya planteó Francisco Rubio Llorente: con la reforma de la ley orgánica del referéndum, permitir la celebración de un referéndum consultivo solo en Cataluña para conocer la opinión de los catalanes. Luego, en base a la respuesta de la gente, ya se valora qué hacer. En Canadá tienen la Ley de Claridad, por ejemplo. Se podría pactar una ley parecida entre el Parlamento de España y el Parlament, o entre el Parlamento de España y los parlamentos regionales que lo solicitasen. O más fácil todavía: en Escocia no hubo Ley de Claridad ni nada parecido. Allí pactaron un referéndum que se terminó llevando a cabo y ya está. Hay varios ejemplos que marcan posibles caminos a seguir. Lo que no hay es voluntad política.

En los últimos meses el proceso independentista ha sido ampliamente criticado por su forma de hacer las cosas. La sesión del Parlament de principios de septiembre en la que se aprobó la Ley del Referéndum mientras la oposición era ninguneada, por ejemplo. ¿Cuál es tu opinión?

El bloque independentista ha ido dando bandazos y hay que ser críticos con su hoja de ruta. Después de las elecciones del 2015 no estaban dispuestos a hacer un referéndum, ya que apostaban por la Declaración Unilateral de Independencia. Más tarde cambiaron de parecer y aceptaron la necesidad de un referéndum. Sin embargo, cuando buscaron la forma de celebrar una consulta pactada se encontraron las puertas cerradas. Y a eso hay que sumar las consecuencias del referéndum no vinculante del 2014. Al final se han visto obligados a pasar a la ilegalidad según dicta la normativa española. Por supuesto, las sesiones del 6 y 7 de septiembre en el Parlament fueron una gran chapuza. Supongo que tuvieron miedo al foco mediático y a la represión judicial.

¿Qué te parece la huida de Puigdemont a Bruselas?

Ha sido su forma de intentar sobrevivir. Temía que le metieran en chirona enseguida. Ahí han demostrado que son de derechas. Es gente que ha llegado mucho más lejos de lo que pensaba. No se lo tomaba en serio. El ejemplo más claro es Santi Vila. Esto se ha comprobado al descubrir que no habían preparado estructuras de Estado alternativas. Los únicos que se lo creen, los únicos dispuestos a asumir el riesgo de la confrontación y la desobediencia, son los de la CUP.

En una entrevista concedida a Viento Sur este verano afirmabas que la legitimidad del referéndum del 1-O dependería del grado de participación. Según los datos de la Generalitat, en la consulta votó menos del 50% del censo. ¿Estamos ante una consulta legítima?

En semejantes condiciones, fue realmente excepcional que votará el 43% del censo. Visto lo visto, creo que no hay que caer en si tenía o no tenía que haber registrado más de un 50% de participación; ese 43% en esas condiciones otorga legitimidad suficiente al referéndum. Quizás no para proclamar la independencia, pero sí para abrir un proceso constituyente en el que se decida por qué camino tirar. Un proceso constituyente en el que se pueda hablar también de otros temas; no sólo del tema del territorio sino también de cuestiones sociales y de soberanía.

¿La convocatoria de elecciones autonómicas ha sido un golpe maestro de Rajoy?

Es verdad que nadie podíamos preveer que la aplicación del artículo 155 iba a ir acompañada de unas elecciones autonómicas. No lo veo tanto como una operación inteligente de Rajoy; para mí es una salida que surge del miedo a encontrarse con una situación fuera de control y de las presiones de sus colegas europeos, que le han pedido varias veces que no recurra a la fuerza. No obstante, es cierto que ha descolocado a los independentistas. Ahora estamos en otra fase y ese cambio de escenario juega a favor de Rajoy, que con esto puede recuperar a los votantes que se alejaron de él por culpa de la corrupción. De todas formas, vivimos una época en la que los días valen por años. No sabemos qué efecto van a tener los encarcelamientos de políticos catalanes. ¿Eso va a desmoralizar o va a cohesionar todavía más al independentismo? Además, hay que ver las propuestas que surgen tras estos comicios. No olvidemos que hay dos millones de catalanes que ya han llevado a cabo su desconexión emocional.

Y, según un estudio reciente, cada vez hay más personas en España a favor de un referéndum pactado.

Claro. Hay varias encuestas que dicen esto. Si te asomas a la calle en ciudades como Madrid, ahora llena de banderas de España, no lo parece. Pero existe una tendencia favorable al referéndum pactado. Esa es la baza que tiene que jugar Podemos, y de paso tendría que dejar también muy claro que el referéndum pactado debe plantearse entre nacionales en pie de igualdad, no como fórmula para intentar encajar a Cataluña en España.

¿Te parece que hay condescendencia en el tono que Podemos emplea con Cataluña?

Lo que tiene que hacer Podemos es asumir que el Estado uninacional español ha fracasado, y que si se quiere buscar una nueva relación dentro del Estado entre los distintos sujetos existentes hay que respetar el derecho a decidir. Hay que buscar una vía federal, o confederal, que permita también decidir si uno quiere separarse o no.

La siguiente pregunta quiero hacérsela al Jaime Pastor politólogo: ¿puedes diseccionar los nacionalismos catalanes?

Es una pregunta difícil, porque los nacionalismos catalanes están en un estado de evolución constante. Por un lado estaría el PdeCat, que es el nacionalismo más pactista de todos. Asume la máxima de “ni Bismarck ni Bolívar”. O sea, Pujolismo puro y duro que lo que busca es condicionar a la derecha española. Lo que sucede es que ese nacionalismo pactista evoluciona, a partir del año 2012, hacia el independentismo; un independentismo más de conveniencia que de convicción. Por otro lado estaría ERC representando un nacionalismo independentista vinculado a la pequeña burguesía catalana pero que no obstante cuenta también con una base rural importante. Su postura es moderada, socio-liberal, como bien demuestra Oriol Junqueras cada vez que promete estabilidad económica. Tiene, eso sí, elementos más radicales. Joan Tardá y Gabriel Rufián serían dos ejemplos de su facción más izquierdista. Y por último estaría la CUP, en donde hay de todo aunque fundamentalmente se caracteriza por abrazar un independentismo radical y anticapitalista pero no nacionalista. Su origen se encuentra en el PSAN (Partido Socialista de Liberación Nacional de los Países Catalanes) y recoge ese municipalismo de raíz libertaria que ha sobrevivido en Cataluña. Por citar un referente histórico, la CUP sería una mezcla del POUM y la CNT.

¿Se puede ser independentista no nacionalista?

Sí, claro. Los de Endavant, que están en la CUP, sostienen que el independentismo es solo una táctica para romper con España ya que una Cataluña independentiente sería un marco más favorable para la revolución anticapitalista.

Hemos comenzado hablando de la crisis que atraviesa la izquierda española a raíz del proceso independentista catalán. Podemos sería un ejemplo de esta situación; cruce de acusaciones internas, destituciones y, en las encuestas, pérdida de escaños. ¿Crees que Cataluña puede suponer el principio del fin del partido?

No lo sé. Hay encuestas que apuntan a una bajada tremenda en votos, tienes razón, pero luego hay estudios, como el que has citado antes, que hablan de un aumento de gente a favor del referéndum pactado. A corto plazo creo que sí va a tener un coste para Podemos. Sin embargo, el régimen del 78 arrastra una grieta en el ámbito territorial que no se va a cerrar. Más pronto o más tarde habrá que tener el debate sobre la cuestión territorial. El reto que tiene Podemos ahora mismo es no reaccionar a la defensiva. Si reacciona a la defensiva cometerá el error que históricamente ha cometido la izquierda española, y que no es otro que el de mantener dos discursos.

¿Dos discursos?

Sí. En el País Vasco, Galicia y Cataluña mantiene uno, y en el resto del Estado otro. En esas regiones el discurso va de reconocer toda una serie de derechos y privilegios, mientras que en el resto del Estado español lo que se defiende es un encaje de bolillos para evitar cuestionar la indivisibilidad de España. Si Podemos mantiene esos dos discursos estará cometiendo un grave error. Debe asumir la defensa de la plurinacionalidad sin tapujos.

¿Y qué hacemos con los millones de catalanes que no son nacionalistas ni se sienten parte de una nación catalana?

Esos millones de catalanes que no tienen ningún vínculo con el nacionalismo catalán suponen un reto para Podemos. Tiene que conseguir que no se marchen en masa a partidos como Ciudadanos y al mismo tiempo evitar que los catalanes furibundos hispanófobos, que los hay, polaricen todavía más el panorama.

Hace unas semanas el escritor Juan Soto Ivars, que es murciano pero vive en Barcelona, decía en este mismo medio que le daba más miedo el nacionalismo español que el catalán. ¿A ti también?

Por supuesto. Y ahí la izquierda española tiene una gran responsabilidad. Felipe González y toda su gente no lidiaron con el legado franquista. No presentaron ninguna batalla, aunque fuese simbólica. Forman parte de una cultura democrática que ha banalizado el franquismo y que tiene sacralizada la unidad de España. Para los catalanes este proceso es un divorcio, mientras que para los españoles este proceso es lo más parecido a ver cómo te amputan un brazo. La reacción en uno y otro caso puede ser muy distinta.

Para terminar quería preguntarte por la estructura territorial de España. Se suele decir que el sistema de las autonomías español es de los más permisivos del mundo. ¿Estás de acuerdo?

En algunos aspectos eso es indudable. Pero esas concesiones luego se compensan con rasgos ultracentralistas como el artículo 155. Ese mismo artículo, por ejemplo, está directamente copiado y pegado de la Constitución alemana. ¿Qué sucede? Pues que Alemania tiene una naturaleza diferente; no es una realidad plurinacional como sí lo es la española. En cuanto al Estado español, es el vivo ejemplo de un estado híbrido: ha cedido competencias a entidades supranacionales como la Comisión Europea y ha cedido competencias a entidades subestatales como es el caso de la Educación. Aunque, eso sí, se guarda mucho de ceder el control sobre las infraestructuras. En resumidas cuentas: el Estado español está descentralizado política y administrativamente en algunos aspectos, pero en otros está en pleno proceso de recentralización.

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