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Adiós Venezuela, dice la comunidad judía

Emily Avendaño

Foto: emilyavendano

Como cualquier sala de espera, la entrada de la Asociación Israelita de Venezuela es un espacio para el cotilleo. El tiempo pasa mientras se aguarda por la diligencia y tres mujeres maduras coinciden en el tema inevitable de estos días: la migración. ¿Cuándo te vas? ¿Ya tus hijos se fueron? ¿Cómo les va? ¿En dónde están? “En Panamá”, coincidieron un par de ellas. De ahí en adelante se sucedieron unas cuantas historias de tranquilidad y bienestar. La única objeción que hubo fue cuando la tercera mencionó que uno de sus hijos estaba en Bogotá. “Allá es más difícil porque no hay comunidad”, le respondieron.

En Venezuela sí la hay o había. Un nuevo éxodo, sin Moisés rebañando los pasos, la desarticula, descoyunta. Se nota en las escuelas y en sus clubes. Hasta hace pocos años la matrícula de primaria del colegio Moral y Luces Herzl-Bialik, ubicado en Los Chorros, rondaba los 1.000 niños. El número cayó estrepitosamente para el año escolar que comenzó en 2014, con 350 estudiantes. La historia no fue distinta para el período lectivo 2015-2016, cuando la cifra descendió a 270. Preocupan las aulas vacías y el destino de una infraestructura escolar diseñada para atender a 2.000 alumnos.

“La comunidad judía goza de total libertad de culto y religión. Podemos cumplir con nuestra religión y tenemos el apoyo del gobierno en ese sentido.”

Nadie en la comunidad se atreve a lanzar un número sobre el total de hijos de Israel que hubo en Venezuela y los que ahora quedan. “Los judíos no se cuentan. No hay un censo. Es irresponsable dar una cifra, pero la percepción que hay es que en los últimos 10 ó 12 años se ha marchado más del 50%”, afirma David Bittan, abogado y expresidente de la Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela (CAIV). Aquí, varias generaciones de una familia lograron sentarse un viernes en una misma mesa de shabat; pero las dificultades para conseguir empleo, la inseguridad y la escasez de alimentos y medicinas les afecta como a cualquiera. Los judíos sienten la patria como suya, aunque la revolución quebró la paz que los acompañó desde esos primeros y escasos asentamientos en Venezuela en tiempos de la Colonia hasta las grandes afluencias migratorias después de la Segunda Guerra Mundial —asilo incluido.

Maor Malul se cuenta entre los que pusieron un océano de distancia. Se marchó hace tres años, cuando contaba con 37. En el momento de emigrar tenía un buen empleo como Ingeniero Informático; pero una gota colmó el vaso. Es de Barquisimeto y en Caracas vivía alquilado en un apartamento en La Florida. Una tarde de abril de 2012 iba subiendo desde Sabana Grande a su casa por la calle Negrín y una mujer mayor, ataviada con un chaleco bordado con las siglas de la estatal petrolera PDVSA, comenzó a perseguirlo, gritándole groserías. Malul primero intentó ignorarla, hasta que la persecución fue inaguantable.

— ¿Qué le pasa?

— Judío de mierda, vete de aquí—fue la respuesta.

A Malul se le identifica porque siempre lleva kipá. El insulto no fue suficiente: la mujer se le encimó, intentó golpearlo y lo escupió. “Tuve la suerte de que una chama, cristiana evangélica, iba pasando. La muchacha llegó, empujó a la señora y me dijo que corriera”. El ingeniero hizo caso y corrió más allá de nuestras fronteras. Apenas llegó a su casa llamó a la Agencia Judía, pidió una cita y nueve meses después, en enero de 2013, se mudó a Israel.

“Desde la creación del Estado de Israel todo judío tiene la posibilidad de retornar a su patria ancestral. A la tierra prometida. Nadie nos obliga a quedarnos, si permanecemos aquí es porque amamos este país, nos sentimos bien y queremos luchar por Venezuela.”

No era la primera vez que lo atacaban por sus creencias religiosas. En 2009 hubo un primer episodio, también vinculado a una agencia estatal, esta vez el Seniat. Su abuela falleció y debió viajar a la oficina de administración tributaria para resolver la sucesión. En cuatro ocasiones tuvo que trasladarse de Caracas a Barquisimeto porque siempre faltaba un recaudo. Cuando pidió los requisitos por escrito para evitar una nueva visita infructuosa, le respondieron: “Yo no sé en el país de ustedes, pero acá no es así”.

Dice que fue como “echarle agua a un gremlin”. La funcionaria tenía las copias de la cédula de Malul, sus padres y su abuela. Todas con el encabezado de Venezuela; pero otra vez se encontró con una respuesta desafortunada: “Esa cosa que usted tiene en la cabeza, eso no es de aquí”. Al final, debió ser atendido por otra persona. “Creo que es algo que viene desde instancias gubernamentales. En el centro de Barquisimeto nadie se metía conmigo y antes de eso nunca, nunca enfrenté maltratos. Es una cosa desde las altas esferas. El común del venezolano no es antisemita”, defiende.

El primer bocinazo gubernamental contra la comunidad judía en Venezuela sonó en 2004. Sin importar que hubiese más de 1.000 niños, con sus respectivos representantes, una comisión del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) allanó las instalaciones del colegio Hebraica Moral y Luces y el Club Social Hebraica buscando explosivos o armas supuestamente relacionados con la muerte del fiscal Danilo Anderson. No encontraron nada. Volvieron a allanar el club en la madrugada del 2 de diciembre de 2007, mismo día del referéndum constitucional, de nuevo buscando armas, aunque sin especificar cuál averiguación se vinculaba a la pesquisa. Dos años más tarde, el 6 de enero de 2009, el entonces canciller Nicolás Maduro expulsó y declaró persona no grata al embajador de Israel en Venezuela y menos de un mes después, el 30 de enero, un grupo de hombres armados profanó la sinagoga Tiféret Israel, ubicada en Maripérez y la más importante de Caracas. Y como colofón a la seguidilla de ataques, el fallecido Hugo Chávez, el 2 de junio de 2010 soltó la siguiente exclamación: “Condeno desde el fondo de mi alma y de mis vísceras al Estado de Israel; ¡maldito seas, Estado de Israel!”.

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Un miembro de la comunidad judía en la sinagoga profanada en la Asociación Israelita de Venezuela. Foto: Carlos Hernández | AP Photo

No solo han violado sus templos religiosos, sino también los del conocimiento y la moral. “La decisión de migrar siempre es personal. La migración puede ocurrir en la misma proporción en que se van los no judíos, afectados por la inseguridad, el futuro de los hijos, la inestabilidad política y la inflación, pero no hay razón para que se hayan roto las relaciones con Israel y ese es un elemento que pesa”, afirma Abraham Levy, otro de los ex presidentes de CAIV.

Para Diego Scharifker, concejal de Chacao, el ataque a la sinagoga fue un punto de ruptura, que liberó miedos y temores a represalias. Él fue víctima de ataques antisemitas cuando era dirigente estudiantil. El autor —y cómo no— fue Mario Silva, en La Hojilla, en el programa del 13 de enero de 2013, que aprovechó el espacio en la televisión del Estado para descalificarlo por judío. No obstante, Scharifker apunta que tales ataques ocurren desde el chavismo radical. Más allá de eso, solo se ha topado con chistes sobre el poder adquisitivo de los judíos si alguna vez se atreve a decir, por ejemplo, que no tiene dinero para almorzar.

“Dos años más tarde, el 06 de enero de 2009, el entonces canciller Nicolás Maduro, expulsó y declaró persona non-grata al embajador de Israel en Venezuela y menos de un mes después, el 30 de enero, un grupo de hombres armados profanó la sinagoga Tiféret Israel”

Solidarios porque sí

Estados Unidos, Panamá, España, Israel y México se perfilan como algunos de los destinos más buscados por los judíos venezolanos, obligados a una nueva diáspora. Zanganear por el mundo parece ser una herencia inagotable. Nunca les ha sido ajena. “El pueblo judío hasta la creación del Estado de Israel estaba deambulando de país en país y aceptando la hospitalidad de la nación que lo recibía. Afortunadamente, desde la creación del Estado de Israel, el judío tiene la posibilidad de retornar a su patria ancestral. A la tierra prometida. Nadie nos obliga a quedarnos, si permanecemos es porque amamos este país, nos sentimos bien y queremos luchar por Venezuela”, subraya Isaac Cohen, rabino principal de la Asociación Israelita de Venezuela. Además, señala que esta emigración judía se mide con la misma vara con la que se mide la del resto de los venezolanos, sean católicos, protestantes o budistas.

Alex Scharifker se fue. No porque no quiera luchar por Venezuela, sino pensando en su futuro personal y profesional. Es de los que subraya que regresará, aunque en Estados Unidos encontró estabilidad como analista de datos para Apple: “Cada vez más gente se va porque no hay oportunidades económicas al quedarse en Venezuela”. Nunca se sintió discriminado o menospreciado. Más bien, lo que más extraña del país que dejó hace cinco años es la solidaridad que hay, no solo entre judíos: “En EEUU la vida es muy solitaria. En cambio en Venezuela la comunidad judía es muy fuerte y la gente siempre se ayuda”.

El éxodo también afecta a los que se quedan. Más allá de las nostalgias familiares, ese sentido de solidaridad es el que permite mantener una infraestructura diseñada para 150.000 personas que se sostiene con las dádivas y demás contribuciones que aporta cada uno de los miembros de la comunidad. Sirve para mantener Hebraica, las asociaciones y para brindar ayudas a familias con escasos recursos para cubrir sus necesidades básicas. “La comunidad judía goza de plena libertad de culto y religión. Podemos cumplir con nuestra religión y tenemos el apoyo del gobierno nacional en ese sentido”, enfatiza el rabino Cohen, para quien las razones políticas no son un factor determinante en la emigración judía, y confía en el restablecimiento de las relaciones con el Estado de Israel. “Nosotros no somos clase aparte. Somos de religión judía, profesamos la religión judía, pero somos ciudadanos venezolanos cabales, que participamos y creemos en el desarrollo del país nacional en el cual nos encontramos”, subraya.

Para David Bittan la migración es solo una forma de ir un paso más adelante de la historia, formada después de 5.700 años de supervivencia. Mientras para Marianne Kohn Beker, al frente de la Fundación Espacio Anna Frank, “este éxodo no es solo de judíos. Los regímenes políticos son los responsables del buen o mal vivir de su gente. Estamos en una época en la que los destinos de los pobladores de muchos países están en manos de políticos demagogos y populistas que se valen del engaño para lograr hacerse del poder y así satisfacer sus propias ambiciones sociales y económicas. Para el logro de sus objetivos destruyen las instituciones que defienden los derechos legítimos de la gente y llevan a los países que caen en sus manos a su perdición”.

Artículo publicado originalmente en Clímax.

Descubre cuántos datos gastas al usar Spotify

Redacción TO

Foto: Spotify

Spotify se ha convertido en un imprescindible para muchos usuarios de smartphone. Con un catálogo de música gigantesco por una tarifa mensual o, en su defecto, el disfrute de miles de canciones mediante el modo freemium con anuncios intercalados, el servicio líder de música en streaming  ha convencido a 100 millones de usuarios que a golpe de play aprovechan cualquier momento para escuchar sus canciones favoritas. Sin embargo, el uso de este servicio tiene la contrapartida de que consume una gran cantidad de datos si no disfrutas de una cuenta Premium. Sin embargo, ¿te has parado alguna vez a pensar cuántos datos consume exactamente la aplicación?

Dependiendo de la calidad de audio

Los datos que consume Spotify dependerá de la calidad con la que estemos escuchando el contenido.

  • Calidad baja: 96 kilobits (Kbps), supone un gasto por hora de reproducción de unos 43 megas.
  • Calidad alta: 160 Kbps, supone un gasto de unos 72 megas a la hora.
  • Calidad máxima: 320 Kbps, supone el gasto de 144 megas por hora reproducida. Esta opción sólo está disponible para cuenta Premium.

¿Cómo controlar los datos de Spotify?

  1.  Verificar el uso de datos móviles

Puedes hacer un seguimiento de la cantidad de datos que vas gastando al escuchar la aplicación y, de esta forma, elegir la calidad de escucha. Esto lo podrás comprobar en Ajustes Datos móviles.

La cantidad de datos hace uso de Spotify

             2. Seleccionar la calidad de la música

Para ello deberás abrir la aplicación de Spotify en tu teléfono e ir a configuración, que la encontrarás en la esquina superior derecha una vez que has pinchado en tu biblioteca. Una vez ahí, en la parte inferior de la pantalla, aparecerá calidad de la música.

La cantidad de datos hace uso de Spotify

        3. Escuchar música sin conexión

La manera más idónea de escuchar tus canciones favoritas sin gastar datos es hacerlo en modo sin conexión. Sin embargo, esta opción sólo está disponible para suscriptores Premium, que podrán descargar listas, álbumes y podcasts sin gastar datos.

700 euros al mes de por vida: ¿Tú qué dirías ante la renta básica universal?

Verónica Reguillo

Foto: Jens Meyer
AP Foto

Hace tan solo unas semanas se publicó un estudio que decía que el 68% de los europeos hoy votaría sí a la aplicación de una renta básica universal. Concretamente, y hablando del caso de España, dicho estudio citaba que el 69% de los españoles estaría a favor.

Sin duda, es un tema cada vez más presente en el debate social. Los argumentos a favor y en contra suenan razonables y quizás todos contengan algo de verdad; de cualquier modo, el debate es imparable e innegable. En países como Finlandia desde principios de año está funcionando un programa piloto para experimentar con la implantación de esta renta básica universal. El objetivo es reducir la pobreza y el desempleo en el país, que ronda el 8%.

Durante dos años, 2.000 personas desempleadas reciben alrededor de 560 euros mensuales; si encuentran trabajo siguen recibiendo este dinero. Eso sí, este importe será deducido de otros beneficios que estén percibiendo en el momento. En Finlandia, el salario medio mensual en el sector privado es de alrededor de 3.500 euros.

Es claro que cada país es diferente, y un programa piloto quizás no sirva como total referencia, pero puede darnos pistas de hacia adónde nos dirigimos.

¿Qué es la Renta Básica Universal (RB)?

Es una asignación monetaria incondicional y para siempre a toda la población que, por ejemplo en España, se fijaría en el umbral de la pobreza y se situaría entre 650 o 700 euros mensuales para las personas adultas, y alrededor de 120 euros mensuales para los menores de edad, según la propuesta de la organización Renta Básica.

La gran pregunta es si es viable económicamente. El profesor en la Facultad de Economía y Empresa en la Universidad de Barcelona y miembro de la organización Renta Básica, Daniel Raventós, nos dice que sí y lo respalda con un estudio realizado por esta organización. Según Raventós, la renta básica universal se financiaría a través de una reforma tributaria del impuesto de renta a las personas físicas (IRPF), es decir, que la población más rica debería pagar más impuestos de los que paga actualmente.

“Sería una gran redistribución de la renta”, afirma a The Objective y añade que “el 20% más rico de la población pierde respecto a la situación actual, y el 80% de la población, gana respecto a la situación actual”. Sería lo contrario, según afirman desde este organización, de lo que se ha venido produciendo a lo largo de las últimas décadas, “especialmente en los últimos años”.

Además, la RB no sería compatible con otras prestaciones monetarias públicas como el subsidio por desempleo, por ejemplo. Así, según Daniel Raventós, el dinero que hoy gasta el Estado en esos subsidios serviría también para financiar la renta básica universal. “Solo reemplazaría a subsidios monetarios que fueran redundantes con la implantación de la RB”, afirma el profesor catalán. La educación, sanidad y otros servicios públicos englobados en el estado del bienestar serían intocables.

Argumentos a favor de la RB

Un ingreso de este tipo haría que todas las personas fuesen libres porque no dependerían de otro para vivir o existir socialmente; tendrían la existencia material garantizada, según afirman desde la asociación por la renta básica. El trabajo voluntario no remunerado o los trabajos no reconocidos como las tareas domésticas en casa (generalmente desempeñadas por mujeres) se verían reconocidas y remuneradas.

Por su parte, el pensador holandés Rutger Bregman (Utopía para realistas) aseguraba en el diario El País que esta medida serviría para luchar contra los trabajos basura, definidos, según él, como el “empleo que es calificado como inútil por la persona que lo desempeña”. Los defensores de la renta básica afirman que con la implantación de esta medida los trabajadores podrían decir no a trabajos que no quieran hacer y centrarse en aquellos con los que se sientan más realizados.

La RB serviría también para luchar contra la pobreza. Rutger Bregman afirma que la pobreza es más cara para el Estado que cualquier renta básica universal. “Hay muchas pruebas científicas que demuestran que la pobreza es enormemente cara: genera más delincuencia, peores resultados académicos, enfermedades mentales… Sería mucho más económico erradicar la pobreza que combatir los síntomas que provoca”, aseguraba en El País.

– Elemento tranquilizador ante un futuro incierto provocado, entre otras cosas, por las pérdidas de puestos de trabajo a manos de las máquinas. Un estudio de la Universidad de Oxford ya apuntaba en 2013 que en Estados Unidos el 47% de los puestos de trabajo están en riesgo de ser automatizados en los próximos años.

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Dentro de unos años, la mecanización podría expulsar del mercado laboral a muchos trabajadores. | Foto: Itsuo Inouye / AP Photo

Elimina la “trampa de la pobreza” afirma el doctor y profesor de Economía, Daniel Raventós. Cuando se tiene acceso a subsidios condicionados, en numerosas ocasiones, afirma Raventós, los trabajadores rechazan trabajos temporales e inciertos por el miedo a perder esa ayuda económica.

– Con la renta básica universal se obtendría una simplificación administrativa porque es un ingreso que recibiría todo el mundo y que, por tanto, no conllevaría el análisis concreto de cada caso y el proceso burocrático correspondiente para dicho análisis. Esto, aseguran desde la plataforma por la renta básica, podría ser crucial para racionalizar las políticas sociales y la distribución de la riqueza.

– Paliaría, según sus defensores, los efectos negativos de la falta de trabajo, o la necesidad de aguantar sí o sí las malas condiciones laborales. Sería una manera de luchar, dicen, contra la ansiedad y la depresión (enfermedades de la sociedad moderna) que pueden provocar estas situaciones.

Argumentos en contra

– Dificultad de financiación por la complicación de llevar a cabo con éxito la reforma fiscal necesaria para implementar la RB. El economista Eduardo Garzón asegura en uno de sus artículos que “incrementar notablemente los impuestos a las grandes fortunas o empresas tiene importantes consecuencias: estos agentes intentarían eludir el pago recurriendo a evasión y ocultación de capitales -lo que generaría un nuevo problema-; los empresarios con mayor poder podrían incluso repercutir estos importantes aumentos de impuestos elevando el precio de sus productos, etc”.

Por su parte, el economista liberal José Ramón Rallo (Contra la Renta Básica, 2015) ha afirmado en su blog, en referencia al proyecto piloto en Finlandia, que “la implementación de una renta básica a gran escala obligaría a subir extraordinariamente los impuestos a las clases medias y clases medias-altas, lo que también provocaría un retraimiento de su predisposición a trabajar”.

– Además del problema de la financiación, el otro gran argumento de aquellos que no están a favor de la RB es la idea de que tener un ingreso fijo y para siempre, haría que las personas desempleadas se esforzasen menos para encontrar trabajo. Según el estudio de Dalia Research, a un 52% de los europeos les preocupa que esta medida pudiera incentivar a la gente a que, directamente, dejase de trabajar.

“El gran problema de la renta básica no es económico, sino moral”, asegura también José Ramón Rallo en su blog. El economista califica este sistema de “totalmente injusto” porque “consiste en reconocer a cada persona un derecho incondicional a obtener ingresos del resto de la sociedad. ¿Y cuál es el correlativo de un derecho incondicional? Una obligación incondicional a producir y abonar esas rentas: y una obligación incondicional a generar y entregar rentas se llama esclavitud”.

Desvincular producción de consumo es otro de los argumentos que da este economista contra la RB. Esta desvinculación supone, según Rallo, la más “profunda contracción económica posible”.

– Por su parte, el economista Manuel Escudero afirma a The Objective que lo ve “inviable en el momento actual”. En el caso concreto de España, Escudero dice que con una deuda pública que supera el PIB y donde “tenemos que todavía ajustar el presupuesto, lo veo problemático y no positivo”. Este economista no cree que en estos momentos la renta universal básica sirviera para luchar contra la pobreza en el país, e incide en que lo más importante ahora sería implementar medidas que apostaran por que “todo el mundo, empezando por los jóvenes, tuviera un salario y un puesto de trabajo decentes, más que por una renta básica universal”. Sin embargo, Manuel Escudero no descarta discutir la RB en un futuro, cuando “la digitalización de la economía expulse de manera creciente del mercado” a cientos de trabajadores.

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Uno de los expertos consultados asegura que la economía española no está preparada para la renta básica universal. | Foto: Susana Vera / Reuters Archivo


“Cada nueva idea pasa por tres fases.
Primera: es una locura, no me haga perder el tiempo. Segunda: es posible, pero no vale la pena. Tercera: ¡ya dije desde el principio que era una buena idea!”. Así, parafraseando al escritor y científico británico Arthur C. Clarke comienza el estudio realizado por la organización Renta Básica. Solo el tiempo dirá si es ahí, hacia una renta básica universal hacia donde nos dirigimos, y si fue o no “una buena idea desde el principio”.

Miren al aparato

Andrea Mármol

Foto: PIERRE-PHILIPPE MARCOU
AFP PHOTO

Hace apenas un mes, el socialista francés Benoît Hamon, tras constatar los resultados de la primera vuelta de las presidenciales que le dejaban fuera de la contienda, y sabedor de la postrera dicotomía Macron o Le Pen, pronunció algo importante: «Hago una distinción total entre un adversario político y una enemiga de la República». Jean-Luc Mélenchon fue incapaz de decir algo parecido y enmudeció, como lo hicieron también, en España, los dirigentes de Podemos.

No parece exagerado, a partir de esa disparidad de reacciones, establecer cuál es la diferencia entre un demócrata de izquierdas y un descreído de los valores republicanos. Nunca sabremos si el socialismo francés se hubiese expresado en los mismos términos ante la disyuntiva de Mélenchon y cualquier otro candidato alejado del populismo xenófobo de Le Pen. Sin embargo, es reconfortante, también para los que no nos consideramos socialistas, contar con una izquierda no excluyente en la construcción diaria de nuestro proyecto común.

Ayer los militantes del PSOE elegían al su secretario general en unas primarias sobre las que prácticamente el conjunto de los españoles tuvo el ojo puesto. Y es que, a pesar de los esfuerzos de los aspirantes a la Secretaría General por hacernos pensar lo contrario, el futuro de la –todavía- primera fuerza de izquierdas en nuestro país no es sólo una cuestión de caras. En su momento ‘outsider’, Pedro Sánchez ha obtenido una contundente victoria entre los militantes del partido después de haber sido defenestrado por el aparato.

Recordarán aquel Comité Federal. La obcecación de Sánchez de hacerse con la presidencia del Gobierno con los votos de Podemos y los partidos independentistas evidenció diferencias insalvables de proyecto. Las candidaturas alternativas a Pedro Sánchez, que sumaron cerca del 50% de los votos, representaban una contestación a los planes de Sánchez. Mas una contestación tardía. La victoria de anoche les sitúa en una segunda línea, pero los que hoy constituyen el ‘aparato’ no pusieron un solo pero a la retórica de consigna excluyente que Sánchez empleó en su última campaña electoral: echar al PP cueste lo que cueste.

Uno tiene la tentación de decir que hubiese sido halagüeño escuchar al ganador de las primarias, Sánchez, emular a su homólogo francés sentenciando que los enemigos de la democracia no son los que están a la derecha del PSOE sino los que quieren volar el marco de convivencia de todos los españoles, y que por ello utilizará las instituciones y el debate público para intentar ganar en las urnas a sus adversarios políticos. Pero, ¿acaso alguien entre los contendientes de Sánchez hubiera dicho algo así? El problema del PSOE es que de haber ganado quien dice tener ideas muy distintas hubiese proferido un discurso muy similar.

Y es que ya parece un poco tarde para esa pedagogía que, consigna tras consigna, pierden la oportunidad de llevar a cabo nuestros demócratas de izquierdas.

Tótem y tabú

Manuel Arias Maldonado

Foto: CRISTINA QUICLER
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Ahora que por fin ha terminado uno de los thrillers políticos de la temporada, queda claro que no hay nada como un buen relato para hacerse con el poder: sin una historia capaz de galvanizar al público, nadie puede conseguir votos suficientes. Eso es lo que tenía Pedro Sánchez y lo que no tenía Susana Díaz: una narrativa capaz de dar un sentido a la trayectoria de su partido en los últimos meses y aun los últimos años. Por supuesto, la relación de ese relato con la realidad es una cuestión secundaria; lo decisivo es que nadie le ha opuesto una alternativa. Y lo mismo cabe decir de los zigzagueos ideológicos del nuevo Secretario General: solo podían pasar desapercibidos allí donde el debate de ideas ha sido inexistente. De manera que Díaz ha hecho bueno a Sánchez.

Acaso la clara victoria del sanchismo pueda explicarse recurriendo a los términos antropológicos utilizados por Freud: el tótem y el tabú. Lo que ha hecho Sánchez es invocar un tótem capaz de unificar a la tribu y denunciar la violación del tabú por parte de sus rivales internos. El tótem es la integridad ideológica del partido, definido por su oposición a la derecha; el tabú, el entendimiento con esa misma derecha. Nadie se ha molestado en explicar por qué la abstención que permitió a Rajoy formar gobierno era conveniente o dejaba de serlo; nadie ha interrogado a Sánchez sobre su alternativa. Éste ha impuesto el registro afectivo por incomparecencia de sus antagonistas, que no se han atrevido a hacer una defensa explícita de su abstención. Por eso ha ganado Sánchez, oportunamente auxiliado por la corrupción del PP madrileño: si la identidad del partido era lo que estaba en juego, sus cartas eran las mejores. ¡Democracia sentimental!

¿Y ahora? Es dudoso que el PSOE se fracture; eso no interesa a ninguno de sus integrantes. Pero si el partido logrará unirse o no en torno a Sánchez dependerá -como siempre- de los rendimientos de su liderazgo: de sus probabilidades de victoria electoral. Por eso, que logre ahora la legitimidad de la que careció durante su primera etapa dependerá de los sondeos y por tanto de su estrategia. En ese sentido, será interesante ver qué hace exactamente con su victoria. Ya anunció que pediría la dimisión de Rajoy, pero eso es como salir a la ventana y pedir que llueva: un gesto dramático sin mayores consecuencias. ¿Buscará un acercamiento a Podemos, volverá a coquetear con Ciudadanos? Dicen los psicólogos que el mejor predictor de la conducta futura es la conducta pasada. Si es el caso, es previsible que Sánchez no corrija el relato que le ha hecho ganar las primarias y más bien lo traduzca al lenguaje de la oposición: no era no y seguirá siendo no. Buscará la vía portuguesa, olvidando que Portugal no tiene una Cataluña.

Pero ni a Sánchez ni a Rajoy convienen unas elecciones inmediatas: a éste porque los sondeos no le sonríen, a aquél porque si fracasara en ellas habría tardado bien poco en perder lo que tan arduamente ha reconquistado. Es así probable que asistamos a una legislatura melodramática y sobreactuada, llena de ruido y de furia, sin demasiadas novedades sustanciales. Para la cultura política española, de hecho, es sintomático que el acuerdo de mínimos entre los dos grandes partidos nacionales, cuya finalidad principal era evitar las terceras elecciones consecutivas, haya desembocado en una serie de episodios traumáticos que alejan sine die toda posibilidad de entendimiento.

Sánchez ha ganado una batalla que parecía perdida y merece el debido reconocimiento. Pero está por ver que eso sirva a su partido, necesitado de más paciencia en un momento de redefinición para la socialdemocracia europea. Se ha elegido entre Díaz y Sánchez, pero si la recuperación de la potencia electoral del PSOE aún es posible, parece verosímil pensar que su protagonista será algún joven a quien todavía no conocemos: el verdadero tapado de esta larga carrera de obstáculos.

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