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Cervantes, del olvido al icono pop

Cecilia de la Serna

Foto: Cecilia de la Serna

Leer a Cervantes es, sin duda, el mejor homenaje que podemos hacerle 400 años después de su muerte. Su obra no es sólo la más universal de las obras -la más traducida después de la Biblia- sino también el mayor exponente de la lengua y literatura españolas. Aunque leerle sea el mejor homenaje que podamos rendirle, las instituciones deben estar a la altura de estas grandes ocasiones. ¿Lo está España?

¿Ha olvidado la cultura popular a Cervantes?

Según el Instituto Cervantes, la institución más importante de la lengua española a nivel mundial, El Quijote ha sido traducido a 140 idiomas. El British Council, institución similar pero de la lengua inglesa, asegura que las obras de Shakespeare han sido traducidas a más de 100. Este es el único terreno en el que el alcalaíno gana.

A windmill is seen at sunset in Consuegra, Spain, April 5, 2016. REUTERS/Susana Vera - RTX2AMMM
REUTERS/Susana Vera

La cultura popular ha tenido más en cuenta al de Stratford. Mientras que sus obras han sido adaptadas en más de 1.000 guiones cinematográficos, las versiones de El Quijote no superan la cincuentena, por no hablar de la escasísima presencia del resto de sus obras. Las adaptaciones de clásicos como Hamlet de los directores Kenneth Barnagh y Lawrence Olivier, o la de Romeo y Julieta de Baz Luhrmann, han sido ampliamente aclamadas por la crítica. Además, permanecen en la memoria colectiva. A nivel internacional, la adaptación cervantina más reconocida es la que dirigió Orson Welles, muy interesado en la figura del escritor español. Sin embargo, nunca pudo montarla, por lo que la finalizó décadas después el director y guionista madrileño Jesús Franco con motivo de la Exposición Universal de Sevilla de 1992. A nivel de musicales, todos conocemos West Side Story, inspirado en Romeo y Julieta. Man of la mancha es el musical por excelencia inspirado en la obra de Cervantes, pero no llega a la popularidad del anteriormente citado.

Fotograma de Don Quixote de Orson Welles
Fotograma de Don Quixote de Orson Welles
Fotograma de la adaptación al cine de Man of La Mancha, de Arthur Hiller
Fotograma de la adaptación al cine de Man of La Mancha, de Arthur Hiller

El documental Lost in La Mancha de Terry Gilliam muestra el intento fallido de este director de hacer una película sobre Don Quijote. Ese film, que contaba con las actuaciones de Johnny Depp, Jean Rochefort y Vanessa Paradis, no pudo realizarse por diversos problemas de producción, presupuesto y calendario. Ni en esto ha tenido suerte Don Miguel de Cervantes.

El siglo XX ha olvidado a Cervantes, mientras que ha acercado la obra de Shakespeare a millones de personas. También es cierto que la prolifera carrera del inglés da mayor pie a realizar adaptaciones audiovisuales que la cervantina. Sin embargo, no se entiende cómo desde los poderes públicos no se han aunado todos los esfuerzos para crear un homenaje a la altura del escritor alcalaíno.

Work in progress

El Ministerio de Cultura español ha admitido que el programa de homenajes a Cervantes está siendo un work in progress, que se sigue construyendo y que algunos eventos no surgirán hasta 2017.

Según el Instituto Cervantes, este celebrará más de 500 actividades durante todo el año 2016 para rendirle homenaje al autor. Su director, Víctor García de la Concha, y su secretario general, Rafael Rodríguez-Ponga, aseguraron a la prensa que esta serie de actividades se ha elaborado “calladamente y sin ninguna improvisación”. Sin embargo, muchas voces de la cultura se han alzado para criticar la planificación de esta y otras instituciones.

El actor Manuel Tafallé encarna a Cervantes y preside el Congreso de los Diputados (REUTERS/Andrea Comas)
El actor Manuel Tafallé encarna a Cervantes y preside el Congreso de los Diputados (REUTERS/Andrea Comas)

Uno de los actos públicos con mayor repercusión ha sido el que ha acogido el Congreso de los Diputados. En él, un ficticio Miguel de Cervantes encarnado por Manuel Tafallé se reivindicaba ante los políticos presentes en el hemiciclo: “He escrito el libro más editado de la Historia, ¿creen sus Señorías que merezco que el centenario de Shakespeare ponga de manifiesto cómo tratamos a la cultura en nuestro país?”. La reivindicación venía acompañada de varios chistes, como el de que tiene un grupo de WhatsApp con Molière, Garcilaso, o Shakespeare, en el que se ríen de él por el poco caso que le hace España. Este tipo de comentarios, junto con otros relativos a la actualidad política, le han valido varias críticas, especialmente desde la bancada del Partido Popular.

Uno de los leones del Congreso se pone unas gafas para leer a Cervantes (REUTERS/Andrea Comas)
Uno de los leones del Congreso se pone unas gafas para leer a Cervantes (REUTERS/Andrea Comas)

Medios internacionales de renombre como el New York Times se han hecho eco de esta circunstancia. En un artículo reciente, el periodista Raphael Minder escribe: “Mientras que Gran Bretaña ha hecho todo lo posible para festejar a Shakespeare, con una programación de un año de eventos de alto perfil, lecturas, conciertos y puestas en escena de sus obras de teatro, las autoridades españolas han sido acusadas de no hacer lo suficiente para promover a Cervantes, cuyo El Quijote es considerado un texto fundamental de la narrativa moderna. España se adentra en su quinto mes sin gobierno electo, por lo que la crítica ha adquirido un sabor netamente político”.

La calle toma la iniciativa

Algo se está despertando en España con respecto a Miguel de Cervantes. Las iniciativas culturales de la gente de a pie están tomando ventaja sobre las instituciones públicas. Periodistas, actores, libreros, personalidades de la cultura, o ciudadanos corrientes y molientes. Todos juntos le están plantando cara a esos gigantes molinos con más ahínco que nuestro Ministerio de Cultura.

Entre las iniciativas audiovisuales, destaca la más exitosa de todas. Javier Olivares, creador de la famosa serie de TVE, El Ministerio del tiempo, ha logrado acercar al espectador más joven la figura de Cervantes como pocos lo han hecho antes. En un capítulo dedicado al autor manchego utiliza la ficción y el estilo característico de esta serie para mostrar a un Cervantes consciente de la trascendencia de su obra. En una escena protagonizada por Pere Ponce, que encarna a Cervantes, el autor se da cuenta de cuán importantes serán las aventuras de su Quijote y su Sancho Panza, trasladándose a un futuro donde su novela es la más importante de la literatura universal. “Vuestra novela es la más importante de la Humanidad”, le espeta una de las protagonistas de la serie, a lo que él contesta con un simple y rotundo “no puede ser”.

Fotograma del capítulo dedicado a Cervantes en El Ministerio del Tiempo
Fotograma del capítulo dedicado a Cervantes en El Ministerio del Tiempo

Esta serie tiene un aspecto transmedia fundamental. Las redes la acompañan cada noche, y durante la emisión del capítulo cervantino la etiqueta #CervantesMDT fue el tema más comentado en Twitter. Contó con más de seis horas continuadas en el top 1, acumulando más de 35.000 comentarios. En total, 8.000 personas comentaron el capítulo haciendo llegar sus impresiones a 350.000 usuarios. Y fue Trending Topic a nivel mundial. Esta es una prueba de cómo un contenido cultural puede llegar a la gran masa con un ingenio similar al del hidalgo Don Quijote.

Más próxima a la fecha del aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes ha estado la iniciativa de laSexta, el canal de Atresmedia, con la ficción documental Buscando a Cervantes. En esta, el actor Alberto San Juan se mete en la piel de Cervantes para mostrar su lado humano y enseñarnos cómo pensaría el autor manchego de la España de 2016. Esta misma cadena ha estado varios meses emitiendo diversos reportajes en sus informativos bajo la premisa ‘Cervantes vive’, toda una iniciativa que engloba varios proyectos para acercar y conmemorar al dramaturgo.

Los medios españoles se han esforzado en mostrar a un Cervantes cercano, universal, y en utilizar su influencia para aproximar su figura a los lectores, oyentes y telespectadores. Por ejemplo, el ente público Radio Televisión Española ha programado varios espacios para conmemorar el IV centenario de la muerte del escritor. Uno de esos espacios ha sido para la reposición de la serie de 1992 El Quijote, protagonizada por Fernando Rey y Alfredo Landa, y que ahora puede visualizarse en su web.

Una de las iniciativas más curiosas y con más repercusión no ha nacido de ningún medio ni de ninguna institución, sino de un ciudadano de a pie. Se trata de Diego Buendía, un ingeniero retirado que decidió plasmar el mundo que un día tuvo Miguel de Cervantes en su cabeza en 17.000 tuits. Para ello ideó un algoritmo que dividiera El Quijote y tuiteara la obra íntegra hasta el día del centenario de la muerte del autor. La cuenta @elquijote1605 tiene más de 10.000 seguidores, entre ellos Mariano Rajoy. Su iniciativa, que ha sido aplaudida por muchos, fue incluida hace pocos días en el programa oficial de conmemoraciones.

REUTERS/Susana Vera
REUTERS/Susana Vera

Las instituciones públicas tienen una responsabilidad notoria en las grandes conmemoraciones culturales, y deben estar a la altura. Cuando se hacen pocos esfuerzos, y los que se hacen son a menudo en balde, es difícil que esa responsabilidad se cumpla. Cervantes ha sido olvidado durante mucho tiempo por la cultura popular, aunque eso sí parece que está empezando a cambiar. Sólo la gente de a pie, desde el arte, el periodismo o la ficción, puede lograr que Miguel de Cervantes pase del olvido a ser un icono pop.

Pepsi descubre el calimocho y lo presenta como un cóctel de lujo

Redacción TO

Foto: Matthew Mead
AP Photo

Una camarera sirve 3 onzas de vino tinto en una copa, le añade 4 onzas de refresco de Cola, coloca una pajita y con mucha finura, culmina la bebida poniendo una rodaja de limón en el borde de la copa. Visto así, y con una música sugerente de fondo, pareciera que se está presentando un cóctel premium. Así es la última campaña de Pepsi, la cual ha sorprendido en España, y no es para menos, la compañía ha presentado el archiconocido calimocho, bebida popular en las fiestas de los pueblos de este país, como si de un cóctel de lujo se tratase. Su vídeo, publicado en Twitter, no ha tardado en hacerse viral.

“Lo llamamos ‘cali-mocho’ y lo bebemos con amigos. Pilla una Pepsi 1893 y prepara uno (o varios) esta noche!”, titula Pepsi el tweet en el que presenta este combinado elaborado con su producto en la versión más clásica “1893” como si fuera un sofisticado cóctel coronado con una rodaja de limón sobre el borde de la copa.

Esta campaña, no tiene nada que desdecir a otros vídeos de la compañía sobre cócteles elaborados con su producto, como el ‘Original Juniper Cocktail‘ o el ‘Ginger and Mint Julep Remix‘, que ya se pudieron ver en 2016. No obstante, es la primera vez que el calimocho asciende a la categoría de cóctel de lujo. Las reacciones en Twitter desde España, no se han hecho esperar:

El origen del calimocho

El calimocho, también denominado ‘kalimotxo’, y su invención están asociados con el País Vasco, tanto es así que desde la propia página web del Ayuntamiento de Getxo, una localidad cercana a Bilbao, aseguran que el origen de esta bebida está unido al Puerto Viejo de Algorta. “Aunque la mezcla de vino tinto y refresco de cola ya existía en España en los años 20 del siglo XX, era una bebida minoritaria debido a que apenas había establecimientos que sirvieran el refresco americano”.

La cosa cambió en 1953 con la puesta en marcha de la primera fábrica de Coca Cola en España y la mezcla se popularizó bajo diferentes denominaciones: Rioja Libre, Mochete, Tincola, Cuba Libre del Pobre o Cubata del obrero, entre otras. Pero no fue hasta el 12 de agosto de 1972, en plenas fiestas de San Nicolás del Puerto Viejo de Algorta (Getxo), cuando nació el calimocho, según asegura la misma fuente.

La invención de este término se atribuye a la cuadrilla vasca Antzarrak que aquel año asumió la organización de los festejos. Para ello, compró 2.000 litros de vino tinto que, no se sabe la acusa, pero estaba picado. Para no tener que tirar todo el vino, que aún era apto para el consumo, según les confirmó un médico, decidieron mezclarlo con otra bebida para arreglar el mal sabor que tenía. Realizando diferentes pruebas, dieron con la bebida adecuada, la Coca Cola. De esta manera pudieron dar salida a los 2.000 litros de vino.

Pepsi descubre el Kalimotxo y lo presenta como un cóctel de lujo 1
Una de las calles del Puerto Viejo de Algorta | Foto: Rodrigo isasi

A la hora de poner nombre al nuevo brebaje, surgieron las dudas, hasta que finalmente se quedó con el de calimocho. “En ese momento de incertidumbre apareció un chico de Erandio, al que algunos conocíamos, y al que alguien le llamó por su apodo, “Kalimero”. Mecánicamente y bastante aburridos por el esfuerzo ya realizado, empezamos a conjugar su nombre. Uno indicó que la persona en cuestión era bastante fea y otro dijo que en euskera “feo” se decía “motxo”. Un tercero, más docto, empezó a pontificar que ello no era cierto en todo el País Vasco y que en algunas zonas significaba lo contrario. Mientras, la mayoría, sin hacerle caso conjugaba febrilmente el apodo y, tras muchos intentos, surgió una palabra sin significado, Kalimotxo que, reiteradamente repetida, gustaba”.

Así explica el origen del nombre la propia cuadrilla en el libro El invento del kalimotxo y anécdotas de las fiestas, editado por ellos mismos y de descarga gratuita. posteriormente a esta publicación, algunos miembros de la cuadrilla han declarado en algunos programas de televisión de la cadena vasca ETB que en la cuadrilla también había un miembro apodado Morotxo, y que ‘Kalimotxo’ es una fusión entre los dos motes.

No obstante, su origen a día de hoy sigue siendo algo incierto, ya que en el libro Por Dios, por el país y por la Coca Cola: la historia definitiva del gran refresco americano y la empresa que lo creó, su autor,  Mark Pendergrast, explica que, en los primeros años del s. XX, “los inmigrantes italianos descubrieron que mezclando la Coca Cola con su vino chianti podían beber toda la noche, tardando mucho en emborracharse y manteniéndose alerta por la cafeína”.

Iglesias, la moción y el circo

Melchor Miralles

Foto: Francisco Seco
AP Photo, File

Pablo Iglesias dispone de una habilidad especial para acertar en los diagnósticos y proponer soluciones disparatadas. Es lo que tienen el populismo barato y las pulsiones autoritarias. Sí, es verdad que la situación de España puede calificarse de grave. Y no es solo como consecuencia de los casos de corrupción que van aflorando poco a poco, y los que quedan por salir, son también la crisis institucional, el poder judicial por los suelos, el problema catalán en ascuas, el paro que vuelve, la falta de confianza de los ciudadanos en los políticos, la economía que no termina de recuperar, el hastío general, la crisis de los medios de comunicación. Pero con su anuncio de moción de censura, Iglesias, que manda en Podemos como Rajoy en el PP, lo que ha hecho es montar un circo, tratar de forzar un debate con Rajoy antes de que declare en el juicio de la Gurtel, intentar presionar de nuevo al PSOE en pleno proceso de primarias y torpedear si le es posible un acuerdo para que el Gobierno saque adelante los presupuestos. Lo que viene siendo montar un cristo, un circo, un jaleo, currarse la página, que dicen en el talego.

Una moción de censura primero se negocia y después, alcanzados unos mínimos acuerdos con la oposición, se presenta y se anuncia. Con sus 67 escaños Pablo Iglesias puede proponerla, y si no se echa atrás, que no sería la primera vez, lo hará, y él será quien se presente como candidato. Pero a la vista de las reacciones del resto de los partidos, no parece que vaya a poder sacar más de 80 votos. Todo un éxito. Pero está en las portadas, ocupa espacio, copa titulares, se hace con las tertulias. O sea, lo suyo, lo que le mola a Iglesias.

Política y socialmente se me ocurren argumentos para armar un discurso en defensa de una moción de censura. Insisto, creo que la crisis que padece España es severa, y no me refiero a la económica. Otra cosa es que parezca el momento adecuado, que tenga posibilidades si no de prosperar, al menos de tener alguna utilidad más allá del ruido, ruido y ruido, que termina siendo estéril y hace crecer la desazón. Pero es una reflexión inútil. Pablo Iglesias sabe lo que hace, y solo pretende crear bulla, influir en el PSOE, apretar a Rajoy y ser protagonista. Una moción inútil. Tiempo perdido cuando en España no tenemos tiempo que perder.

Un paseo entre los olivos y los viñedos de la Toscana española

Leticia Martínez

Foto: Leticia Martínez
The Objective

Escondida cerca del Mediterráneo, entre el Maestrazgo y el Sistema Ibérico, se encuentra la comarca de Matarraña. La región, situada en el Bajo Aragón e inundada de interminables campos de pinos, viñedos y olivos es ,sin duda, una joya cultural y gastronómica que por su luz y sus paisajes se ha comparado con la famosa Toscana italiana. La zona parece anclada en el pasado y ajena al mundo, pero es uno de los secretos mejor guardados de nuestro país. Recorremos sus parajes y pueblos con la intención de descubrir lo mejor de este desconocido rincón de España.

¿Qué ver en Matarraña?

La comarca se encuentra en la provincia de Teruel, está formada por 18 municipios y cuenta con una extensión próxima a los 1.000 kilómetros cuadrados. Sin embargo, a pesar de su reducido tamaño es mejor recorrerla con tiempo, disfrutando de las vistas, su naturaleza y su historia en lo que se conoce como turismo slow.

Valderrobres

Su capital administrativa, Valderrobres, alberga estrechas calles medievales, palacios renacentistas y uno de los emplazamientos más bonitos de España. Merece la pena visitarlo tan solo por la bonita estampa que ofrecen el puente de piedra, que cruza el río Matarraña, el reflejo en el agua de los edificios históricos que lo rodean y el castillo, vigilante, en lo alto de la colina.

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Vista de Valderrobles desde el río Matarraña | Foto: Leticia Martínez / The Objective

Después de pasear por el pueblo, se puede disfrutar de la gastronomía típica y los vinos de la región en restaurantes como Baudilio Asador & Restaurante o Fonda Angeleta, en los que es prácticamente imposible quedarse con hambre. Y por supuesto, para finalizar la comida, un buen café acompañado de dulces emblemáticos como los Carquiñols, las Casquetas o los Crespells.

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Casa típica Valderrobles | Foto: Leticia Martínez /The Objective

Beceite

Beceite es una localidad de menor tamaño, pero está igual de bien conservada. Destacan los antiguos molinos de paño, que concedió el Papa Luna al converso Jerónimo de Santa Fe, y la Antigua Fábrica Noguera que pasó a formar parte de la industria papelera. También se puede pasear por el casco histórico que se recorre rápido y subir hasta la Plaza Mayor para tomar algo y descansar.

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Vista de Beceite a un par de kilómetros de su entrada | Foto: Leticia Martínez / The Objective

El río también es protagonista en Beceite. Su famosa ruta a lo largo del lecho hacia el estrecho del Parrizal dura una hora y carece de dificultades importantes, lo que facilita el paseo en familia. Durante el recorrido se cruzan pozas de color verde azulado, desfiladeros de piedra, cascadas y paisajes típicos de la zona.

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Beceite | Foto: Leticia Martínez / The Objective

La Fresneda y Torre del Compte

La Fresneda alberga la Plaza Mayor más bonita de la comarca y una de las vistas más impresionantes de los campos aragoneses desde el mirador de la Ermita de Santa Bárbara en lo alto de la colina. El pueblo es pequeño y cuenta con tan solo 486 habitantes y, como en el resto de la región, se respira quietud y tranquilidad.

El turismo slow es un concepto adaptado para ofrecer al viajero una vía de escape al estrés y la fatiga del día a día. Hoteles rurales como El Convent o la Gracha son lugares de descanso que apuestan por el turismo sostenible y en los que se puede disfrutar también de una buena comida casera con productos locales y del trato familiar y personal de los propietarios.

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La Fresneda al fondo junto con el mirador de la Ermita de Santa Bárbara a la derecha | Foto: Rural Calaceite

Merece también una pequeña parada La Torre del Compte, o la Torre del Conde. En particular se puede visitar el Ayuntamiento, la Casa Bergós, de arquitectura renacentista y la Casa Ferrer, cuya leyenda cuenta que el joven conde que vivía en la noble casa se suicidó al enterarse de que la mujer de la que estaba enamorado no le correspondía. Su madre decidió tapiar las puertas y ventanas de la casa para no dejar que el alma de su hijo se escapara de allí. Según se dice, en la noche de San Juan aún se pueden oír sus lamentos.

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La Torre del Compte al fondo | Foto: Rural Calaceite

Calaceite

Calaceite es la capital cultural de la comarca. Su casco urbano está declarado como Conjunto de Interés Histórico Artístico y Bien de Interés Cultural por la Plaza España, la Calle Maella o la Casa de la Justicia. Además, antes de llegar a Calaceite, es imprescindible visitar el Poblado Ibero de San Antonio y la Ermita de San Cristóbal.

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Ermita de San Cristóbal cerca de Calaceite | Foto: Rural Calaceite

El impresionante yacimiento arqueológico del siglo III a.C se encuentra a tan solo un kilómetro del pueblo y, aunque se puede visitar de manera individual, también es posible reservar una visita guiada para comprender mejor la historia que inunda de la zona. Es más, la empresa turística, Rural Calaceite, propone una experiencia única a través de la historia, la artesanía, los vinos y el aceite de la región de la mano de arqueólogos, maestros artesanos y expertos gastronómicos con los que poder disfrutar de talleres, cenas y catas en la conocida Ruta Ilercavonia.

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Yacimiento del Poblado de San Antonio | Foto: Rural Calaceite

Peñarroya de Tastavins

Es la última parada en la ruta de la comarca de la Matarraña. En la entrada del pueblo, a escasos dos kilómetros, se encuentra el Santuario de la Virgen de la Fuente, de estilo gótico y mudéjar, que si bien es ahora una hospedería, permite visitas al patio y la iglesia. El manantial junto con la fuente de 15 caños que hay debajo del Santuario es donde, según se cuenta, se halló la imagen de la Virgen entre los zarzales. También son imprescindibles la Lonja de la Plaza del Ayuntamiento, construida en el siglo XVI o la Capilla de la Virgen del Carmen.

Un paseo entre los olivos de la Toscana española
Peñarroya de Tastavins | Foto: Leticia Martínez / The Objective

Para disfrutar de la familia, el territorio Dinópolis de Tastavins, el Inhóspitak, es una buena opción. Los pequeños podrán aprender sobre dinosaurios, excavaciones e incluso probarse el traje de Indiana Jones. Para los más aventureros, las formaciones rocosas de Masmut son una buena opción. Con unos 100 metros de paredes verticales, el sendero hasta la cima es ya todo un desafío por las fuertes subidas, aunque la escalada merece la pena tan solo para poder disfrutar de las vistas y de la colonia de buitres leonados que anidan en ellas.

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Rocas de Masmut | Foto: TurismoMatarranya.es

La Toscana española merece ser recorrida con los cinco sentidos, con la tranquilidad que inunda la región, admirando sus paisajes y su historia en cada pequeño rincón que se antoja aún más mágico, si cabe, por la luz que se esconde entre sus valles de olivos y viñedos cuando de verdad se está disfrutando.

Francia y Alemania, otra vez

Víctor de la Serna

Despejemos historias apócrifas: No existe ninguna prueba de que el ‘Times’ de Londres haya publicado jamás ese famosísimo titular, “Niebla en el canal de la Mancha. El continente, aislado”. Pero los últimos acontecimientos, con aquella pacata Theresa May reconvertida a defensora entusiasta de la ruptura de Gran Bretaña con la Unión Europea, devuelven su actualidad a la noción de que los británicos se siguen considerando como ciudadanos aparte, instalados en unas islas situadas más o menos en el centro del océano Atlántico, a medio camino entre aquella Nueva Inglaterra que fundaron y con la que mantienen una relación especial, y esas placenteras tierras francesas que tanto les han dado bajo forma de buenos vinos de Burdeos, amables paseatas por la Promenade des Anglais de Niza y veladas locas junto a los Campos Elíseos. Somos muchos los que queremos y admiramos al Reino Unido, pero hacerlo comulgar con la integración europea sigue siendo, como en tiempos de Maggie Thatcher, una aspiración que choca de bruces con la realidad. El centro del Atlántico sigue atrayéndolos como un imán.

Lo que sucede en 2017 es que las emociones y las frustraciones se han impuesto en muchos sitios a la reflexión y la razón, y que la incómoda europeidad de Gran Bretaña ha dejado paso a una ruptura irreflexiva y que nos va a costar mucho a todos… pero sobre todo a los británicos. Y que, en ese ambiente de desconcierto que ha acompañado a Donald Trump y al Brexit, lo que se pasa a temer es que toda Europa, o quizá toda la democracia occidental, acabe a la deriva, y no precisamente en el centro del Atlántico.

Por eso, tras la primera vuelta de las elecciones francesas, no es mal momento para recordar que hace más de 60 años el general que salvó -desde un micrófono en Londres- la dignidad de Francia en 1940 y el ex alcalde de Colonia que había mantenido el tipo ante Hitler se unieron a unos cuantos supervivientes de las locuras europeas del siglo XX y pusieron en marcha un proceso de integración que ha sido mucho más positivo que negativo, pese a sus carencias -en particular, su exceso de tecnocracia y su falta de contenido político asumible por los ciudadanos- hasta la fecha. Y si sale adelante Emmanuel Macron y restablece con la canciller Merkel aquella sólida compenetración entre dos ex enemigos hechos para entenderse, esto puede salvarse. Quizá haya, como observaban con envidia algunos norteamericanos esta semana, más cabeza ahora mismo en Bruselas y en los países que siguen respaldando a la Unión que en un mundo anglosajón crispadísimo.

¿Y España? Debería ser la tercera pata de una sólida unión europea. Pero por ahora, que no nos esperen, por favor. Estamos de juicios.

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