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Cervantes, del olvido al icono pop

Cecilia de la Serna

Foto: Cecilia de la Serna

Leer a Cervantes es, sin duda, el mejor homenaje que podemos hacerle 400 años después de su muerte. Su obra no es sólo la más universal de las obras -la más traducida después de la Biblia- sino también el mayor exponente de la lengua y literatura españolas. Aunque leerle sea el mejor homenaje que podamos rendirle, las instituciones deben estar a la altura de estas grandes ocasiones. ¿Lo está España?

¿Ha olvidado la cultura popular a Cervantes?

Según el Instituto Cervantes, la institución más importante de la lengua española a nivel mundial, El Quijote ha sido traducido a 140 idiomas. El British Council, institución similar pero de la lengua inglesa, asegura que las obras de Shakespeare han sido traducidas a más de 100. Este es el único terreno en el que el alcalaíno gana.

A windmill is seen at sunset in Consuegra, Spain, April 5, 2016. REUTERS/Susana Vera - RTX2AMMM
REUTERS/Susana Vera

La cultura popular ha tenido más en cuenta al de Stratford. Mientras que sus obras han sido adaptadas en más de 1.000 guiones cinematográficos, las versiones de El Quijote no superan la cincuentena, por no hablar de la escasísima presencia del resto de sus obras. Las adaptaciones de clásicos como Hamlet de los directores Kenneth Barnagh y Lawrence Olivier, o la de Romeo y Julieta de Baz Luhrmann, han sido ampliamente aclamadas por la crítica. Además, permanecen en la memoria colectiva. A nivel internacional, la adaptación cervantina más reconocida es la que dirigió Orson Welles, muy interesado en la figura del escritor español. Sin embargo, nunca pudo montarla, por lo que la finalizó décadas después el director y guionista madrileño Jesús Franco con motivo de la Exposición Universal de Sevilla de 1992. A nivel de musicales, todos conocemos West Side Story, inspirado en Romeo y Julieta. Man of la mancha es el musical por excelencia inspirado en la obra de Cervantes, pero no llega a la popularidad del anteriormente citado.

Fotograma de Don Quixote de Orson Welles
Fotograma de Don Quixote de Orson Welles
Fotograma de la adaptación al cine de Man of La Mancha, de Arthur Hiller
Fotograma de la adaptación al cine de Man of La Mancha, de Arthur Hiller

El documental Lost in La Mancha de Terry Gilliam muestra el intento fallido de este director de hacer una película sobre Don Quijote. Ese film, que contaba con las actuaciones de Johnny Depp, Jean Rochefort y Vanessa Paradis, no pudo realizarse por diversos problemas de producción, presupuesto y calendario. Ni en esto ha tenido suerte Don Miguel de Cervantes.

El siglo XX ha olvidado a Cervantes, mientras que ha acercado la obra de Shakespeare a millones de personas. También es cierto que la prolifera carrera del inglés da mayor pie a realizar adaptaciones audiovisuales que la cervantina. Sin embargo, no se entiende cómo desde los poderes públicos no se han aunado todos los esfuerzos para crear un homenaje a la altura del escritor alcalaíno.

Work in progress

El Ministerio de Cultura español ha admitido que el programa de homenajes a Cervantes está siendo un work in progress, que se sigue construyendo y que algunos eventos no surgirán hasta 2017.

Según el Instituto Cervantes, este celebrará más de 500 actividades durante todo el año 2016 para rendirle homenaje al autor. Su director, Víctor García de la Concha, y su secretario general, Rafael Rodríguez-Ponga, aseguraron a la prensa que esta serie de actividades se ha elaborado “calladamente y sin ninguna improvisación”. Sin embargo, muchas voces de la cultura se han alzado para criticar la planificación de esta y otras instituciones.

El actor Manuel Tafallé encarna a Cervantes y preside el Congreso de los Diputados (REUTERS/Andrea Comas)
El actor Manuel Tafallé encarna a Cervantes y preside el Congreso de los Diputados (REUTERS/Andrea Comas)

Uno de los actos públicos con mayor repercusión ha sido el que ha acogido el Congreso de los Diputados. En él, un ficticio Miguel de Cervantes encarnado por Manuel Tafallé se reivindicaba ante los políticos presentes en el hemiciclo: “He escrito el libro más editado de la Historia, ¿creen sus Señorías que merezco que el centenario de Shakespeare ponga de manifiesto cómo tratamos a la cultura en nuestro país?”. La reivindicación venía acompañada de varios chistes, como el de que tiene un grupo de WhatsApp con Molière, Garcilaso, o Shakespeare, en el que se ríen de él por el poco caso que le hace España. Este tipo de comentarios, junto con otros relativos a la actualidad política, le han valido varias críticas, especialmente desde la bancada del Partido Popular.

Uno de los leones del Congreso se pone unas gafas para leer a Cervantes (REUTERS/Andrea Comas)
Uno de los leones del Congreso se pone unas gafas para leer a Cervantes (REUTERS/Andrea Comas)

Medios internacionales de renombre como el New York Times se han hecho eco de esta circunstancia. En un artículo reciente, el periodista Raphael Minder escribe: “Mientras que Gran Bretaña ha hecho todo lo posible para festejar a Shakespeare, con una programación de un año de eventos de alto perfil, lecturas, conciertos y puestas en escena de sus obras de teatro, las autoridades españolas han sido acusadas de no hacer lo suficiente para promover a Cervantes, cuyo El Quijote es considerado un texto fundamental de la narrativa moderna. España se adentra en su quinto mes sin gobierno electo, por lo que la crítica ha adquirido un sabor netamente político”.

La calle toma la iniciativa

Algo se está despertando en España con respecto a Miguel de Cervantes. Las iniciativas culturales de la gente de a pie están tomando ventaja sobre las instituciones públicas. Periodistas, actores, libreros, personalidades de la cultura, o ciudadanos corrientes y molientes. Todos juntos le están plantando cara a esos gigantes molinos con más ahínco que nuestro Ministerio de Cultura.

Entre las iniciativas audiovisuales, destaca la más exitosa de todas. Javier Olivares, creador de la famosa serie de TVE, El Ministerio del tiempo, ha logrado acercar al espectador más joven la figura de Cervantes como pocos lo han hecho antes. En un capítulo dedicado al autor manchego utiliza la ficción y el estilo característico de esta serie para mostrar a un Cervantes consciente de la trascendencia de su obra. En una escena protagonizada por Pere Ponce, que encarna a Cervantes, el autor se da cuenta de cuán importantes serán las aventuras de su Quijote y su Sancho Panza, trasladándose a un futuro donde su novela es la más importante de la literatura universal. “Vuestra novela es la más importante de la Humanidad”, le espeta una de las protagonistas de la serie, a lo que él contesta con un simple y rotundo “no puede ser”.

Fotograma del capítulo dedicado a Cervantes en El Ministerio del Tiempo
Fotograma del capítulo dedicado a Cervantes en El Ministerio del Tiempo

Esta serie tiene un aspecto transmedia fundamental. Las redes la acompañan cada noche, y durante la emisión del capítulo cervantino la etiqueta #CervantesMDT fue el tema más comentado en Twitter. Contó con más de seis horas continuadas en el top 1, acumulando más de 35.000 comentarios. En total, 8.000 personas comentaron el capítulo haciendo llegar sus impresiones a 350.000 usuarios. Y fue Trending Topic a nivel mundial. Esta es una prueba de cómo un contenido cultural puede llegar a la gran masa con un ingenio similar al del hidalgo Don Quijote.

Más próxima a la fecha del aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes ha estado la iniciativa de laSexta, el canal de Atresmedia, con la ficción documental Buscando a Cervantes. En esta, el actor Alberto San Juan se mete en la piel de Cervantes para mostrar su lado humano y enseñarnos cómo pensaría el autor manchego de la España de 2016. Esta misma cadena ha estado varios meses emitiendo diversos reportajes en sus informativos bajo la premisa ‘Cervantes vive’, toda una iniciativa que engloba varios proyectos para acercar y conmemorar al dramaturgo.

Los medios españoles se han esforzado en mostrar a un Cervantes cercano, universal, y en utilizar su influencia para aproximar su figura a los lectores, oyentes y telespectadores. Por ejemplo, el ente público Radio Televisión Española ha programado varios espacios para conmemorar el IV centenario de la muerte del escritor. Uno de esos espacios ha sido para la reposición de la serie de 1992 El Quijote, protagonizada por Fernando Rey y Alfredo Landa, y que ahora puede visualizarse en su web.

Una de las iniciativas más curiosas y con más repercusión no ha nacido de ningún medio ni de ninguna institución, sino de un ciudadano de a pie. Se trata de Diego Buendía, un ingeniero retirado que decidió plasmar el mundo que un día tuvo Miguel de Cervantes en su cabeza en 17.000 tuits. Para ello ideó un algoritmo que dividiera El Quijote y tuiteara la obra íntegra hasta el día del centenario de la muerte del autor. La cuenta @elquijote1605 tiene más de 10.000 seguidores, entre ellos Mariano Rajoy. Su iniciativa, que ha sido aplaudida por muchos, fue incluida hace pocos días en el programa oficial de conmemoraciones.

REUTERS/Susana Vera
REUTERS/Susana Vera

Las instituciones públicas tienen una responsabilidad notoria en las grandes conmemoraciones culturales, y deben estar a la altura. Cuando se hacen pocos esfuerzos, y los que se hacen son a menudo en balde, es difícil que esa responsabilidad se cumpla. Cervantes ha sido olvidado durante mucho tiempo por la cultura popular, aunque eso sí parece que está empezando a cambiar. Sólo la gente de a pie, desde el arte, el periodismo o la ficción, puede lograr que Miguel de Cervantes pase del olvido a ser un icono pop.

Alain Badiou nos corrompe: ¿cuál es la verdadera vida?

Redacción TO

Considerado el heredero de Jean-Paul Sartre y Louis Althusser, la editorial Malpaso lanza La verdadera vida. Un mensaje a los jóvenes del filósofo francés Alain Badiou. En sus páginas, el autor reflexiona a sus ochenta años como si fuese un adolescente: ¿qué significa ser joven hoy?. A partir de esa pregunta se generan otras más interesantes que confrontan la cotidianidad para los millennials o la generación Z:  ¿en qué se diferencian los jóvenes de hoy de los de ayer? ¿A qué influencias están sujetos? ¿De qué manera los afecta la tecnología? ¿Qué opciones vitales y políticas tienen? ¿Por qué un filósofo de ochenta años debería ocuparse de estos asuntos y dirigirse directamente a los lectores más jóvenes?

Alain Badiou nos corrompe: ¿cuál es la verdadera vida? 1
La verdadera vida, un mensaje a los jóvenes | Imagen vía Malpaso.

Badiou no solo se hace esta pregunta, reflexiona hasta el cansancio en este breve ensayo crítico pensado no solo para intelectuales sino para los propios jóvenes. Este libro se divide en tres apartados: el primero contiene una reflexión general sobre la juventud en el mundo contemporáneo; el segundo está dirigido a los jóvenes, y el tercero, a las mujeres jóvenes.

Desde Platón a Nietzsche hasta llegar a los diálogos socráticos, Badiou los utiliza para argumentar su tesis.

No es un libro de filosofía para filósofos, es un libro para jóvenes, donde se retrata lo demoledor de la sociedad capitalista contemporánea para corromper a los jóvenes desde el pensamiento de los grandes filósofos clásicos para explicar cómo el éxito material y los placeres interminables pueden abrir un camino a la desilusión y a la infelicidad.

Badiou relata cómo los jóvenes hechizados por la tecnología, se han convertido en presas fáciles de tres alternativas que, de uno u otro modo, niegan la vida: el nihilismo o la autonegación, el radicalismo o el sacrificio y el conformismo o la abnegación.

La verdadera vida. Un mensaje a los jóvenes estará en las librerías a partir del 22 de junio. Aquí dejamos sus primeras páginas para hojear y abrir el apetito lector.

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Escorpiones en una botella

Juan Claudio de Ramón

Foto: Manu Fernandez
AP Photo/Archivo

Quienes nos oponemos a la consideración de España como un ente plurinacional hemos de admitir que nuestra postura contiene un ángulo ciego o, al menos, un zona de inconsistencia que ha de aclararse. Al fin y al cabo, nuestra actual Constitución sí habla, de manera enfática y en lugar prominente, de una nación, que es la española. ¿Por qué, a fin de cuentas, esta sí y las otras no? Algunos de nuestros conciudadanos –sospecho que no tantos, pero eso importa menos– están convencidos de la existencia sentimental y material de otras naciones, sean la vasca o la gallega o la catalana. ¿Por qué preterirlas a favor de la española?

Es un asunto con el que un antinacionalista honesto debe encararse. Por mi parte, diré de entrada que con gusto suprimiría las referencias a la nación española de nuestra Carta Magna. Allí donde se lea «nación española» preferiría que se dijese sencillamente «España», lo que supone sustituir la categoría por la cosa, lo abstracto por lo concreto. El modelo son constituciones como las de Canadá o Suiza, que se las apañan para darse fundamento y norma sin mencionar en ningún momento una palabra de la que cabe dudar tenga un significado fecundo en el siglo XXI. Porque obligar a toda comunidad a ahormarse al molde de nación es la primera violencia que se hace a la complejidad del mundo. La nación no es, como se dice, un parapeto de la diversidad, sino lo contrario: el expediente más eficaz que tuvo la modernidad para acabar con la multiplicidad de lo real.

Pero hay más. En realidad, en ningún lugar dice nuestra Constitución que España sea una nación; sencillamente lo presume. Al hacerlo, se hace cargo de una larga tradición que nace en el inolvidable momento gaditano de 1812. Esta es la clave: la oportunidad histórica. España se constituye en nación cuando procede, en el siglo de las naciones, cuando la nación era una construcción ideológica útil para legitimar el paso de una soberanía dinástica a otra popular y con el tiempo democrática. Y en ese momento, que un jurista llamaría el procesalmente adecuado, no hay duda de que vascos y catalanes no sólo se identifican plenamente con la nación española sino que contribuyen a fraguarla. Las abultadas pesquisas del profesor Marfany, recientemente publicadas, no dejan lugar a la duda para el caso catalán.

Esto es lo primero que cansa y aburre del soberanismo catalán: su intento de poner por planta en el año 2017 un programa ideológico típicamente decimonónico. Pero la pega de vetustez es lo de menos. El problema radica en que, en su empeño por asegurar la unidad, todas las naciones son excluyentes en su fase constitutiva. Todas sin excepción se erigen frente a algo, y al hacerlo mienten y violentan su propia pluralidad interna. La ventaja de la nación española, frente a la catalana o la vasca, es que, como dice Arcadi Espada, sus mentiras fueron contadas hace mucho tiempo, y ya han marchitado a la luz del estudio. Cuando menos, de sus leyendas fundantes nos permitimos tener una concepción abierta y un ojo escéptico. Por ello, la nación española, en el pasado excluyente, está ahora en condiciones de ser inclusiva, sobre todo en el marco pluralista que diseñó nuestra constitución. Puede acoger, y de hecho acoge, su multitud de lenguas, de una manera improbable en los casos de la nación vasca o catalana, a cuya forja estamos asistiendo y que son dependientes del hecho étnico y privativo de una lengua propia, que se quiere única. La nación española es, en suma y como dicen sus críticos, banal, sin entender que eso es elogio y no crítica, mientras que las suyas son plúmbeas y vienen cargadas de deberes y malos humores. La Constitución española de 1978 contiene, en fin, la simiente de un benemérito y refrescante Estado post-nacional, donde cada uno pueda vivir su identidad libre de coacciones. De ahí que sea lamentable y ridículo el empeño de volver a trazar lindes nacionales entre nosotros. Lo grotesco es que ese empeño provenga de un partido que se dice igualitarista, y que lo haga, nada menos, en nombre de la convivencia, cuando solo puede servir a su destrucción. Porque las naciones no saben convivir y llenar el Estado con más de una es como llenar una botella con escorpiones: no sale bien.

La izquierda de las naciones

Ricardo Dudda

El PSOE de Pedro Sánchez compró el relato de Podemos e Izquierda Unida de que el partido no es suficientemente de izquierdas, en lugar de controlar el discurso y determinar qué es ser de izquierdas en el siglo XXI. Ser de izquierdas en el siglo XXI casa difícilmente con una declaración del país como plurinacional. España es multicultural y diversa. Tiene diferentes lenguas. Un Estado moderno debería respetar las diferencias y fomentar su reconocimiento sin mencionar naciones históricas ni atavismos.

En el PSOE afirman que su afirmación de la plurinacionalidad no trocea la soberanía, pero crea regiones más privilegiadas que otras: están las naciones y luego las comunidades autónomas. Y las naciones, en tanto naciones, necesitan un trato especial. Y cuando se reconoce simbólicamente una nación el siguiente paso es reconocer su soberanía propia, y para ello necesita convertirse en Estado. Porque el Estado es tangible, al contrario que la nación, inexplicable y mística.

El PSOE y Podemos coinciden en un discurso de una izquierda acomplejada ante los nacionalismos, que solo sabe hablar de República pero no de valores republicanos. Sin embargo, y a pesar del viraje de Sánchez hacia posturas más izquierdistas, hay todavía muchas diferencias: el PSOE sigue siendo el PSOE, y Podemos puede aprovechar (y ya está haciéndolo) para pedir a los socialistas mayor pureza (lo que entienden ellos por pureza). El caso del independentismo es una buena prueba. En Podemos afirman que hay que dejar votar a los catalanes, aunque sea en un referéndum ilegal. En el PSOE denuncian el referéndum ilegal. Entrar en la dinámica de la identidad implica competir en pureza. Si el PSOE y Podemos se plantean un futuro juntos, lo harán desde la lógica identitaria, y en ella juega mucho mejor Podemos.

España plurinacional vs España diversa

Andrea Mármol

Foto: ANDREA COMAS
Reuters/File

Una de las manifestaciones recientes más reveladoras –por excluyente- del nacionalismo catalán tuvo lugar tras las últimas elecciones autonómicas en 2015. Los partidos proclives a la secesión de Cataluña, tras obtener algo más del 48% de los votos de los catalanes, jalearon el resultado al grito de “Un sol poble!”. Teniendo en cuenta que ellos otorgaron a la convocatoria un carácter binario, se antoja difícil pensar en una consigna más desafortunada.

Y es que el primer escollo que encuentra el político nacionalista siempre es la diversidad de los ciudadanos que pretende integrar en un proyecto monolítico, en el que las identidades plurales son asumidas no como una oportunidad sino, según lo que reza el cántico, un matiz incómodo. Frente a esa concepción de la sociedad, la réplica tiene que ser la defensa de la diversidad.

Seis fuerzas políticas obtuvieron representación en aquellos comicios catalanes. Las dos que apoyaban la independencia despreciaron a las cuatro restantes con aquella proclama. Hoy esas cuatro fuerzas ejercen de oposición en Cataluña. Entre ellas, están la marca catalana de Podemos y el PSC. Ambas comparten, en principio, su desacuerdo con el plan del actual gobierno catalán, entregado la consecución de un Estado independiente.

Sin embargo, hay carencias en esa oposición. Durante el acalorado debate que suscitó la moción de censura la pasada semana en el Congreso de los Diputados, el retrato de Cataluña que hizo Pablo Iglesias se parece mucho al de los políticos separatistas: en lugar de dar la réplica al proyecto nacionalista, hizo suyo el discurso según el cual la sociedad catalana se expresa en un clamor monolítico. Unos días después, el PSOE rescata la idea de la plurinacionalidad española, citando a uno de los padres de la Constitución, Gregorio Peces-Barba, quien, cierto es, habló de España como “nación de naciones”.

Se le olvida a Sánchez que Peces-Barba reivindicó también la participación de Cataluña en la “cultura castellana, que es cultura la común de todos”, o que “el castellano también es la lengua propia de Cataluña”. Matices de la afortunadamente cromática sociedad catalana, en cuyo nombre hablan Iglesias y Sánchez, defensores de la pluralidad española pero reticentes a admitir ese carácter múltiple en la sociedad catalana. Ni Podemos ni el PSOE son nacionalistas españoles, pero eso no es lo que se discute. La réplica que se espera de ellos es el rechazo frontal a la idea de ‘un sol poble’ que aplauden los nacionalistas, no su apuntalamiento como proyecto central de la política española.

La España plural es una buena idea que debe cimentarse sobre la base de un proyecto común compartido, sólo desde esa premisa puede defenderse la pluralidad como riqueza, no negando a las comunidades históricas la diversidad que sí se le reconoce a España. De esa manera, la España plurinacional se aproxima más a una consigna vacía de contenido que al convencimiento de que una España diversa es la columna vertebral de nuestro proyecto común.

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