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Cervantes, del olvido al icono pop

Cecilia de la Serna

Foto: Cecilia de la Serna

Leer a Cervantes es, sin duda, el mejor homenaje que podemos hacerle 400 años después de su muerte. Su obra no es sólo la más universal de las obras -la más traducida después de la Biblia- sino también el mayor exponente de la lengua y literatura españolas. Aunque leerle sea el mejor homenaje que podamos rendirle, las instituciones deben estar a la altura de estas grandes ocasiones. ¿Lo está España?

¿Ha olvidado la cultura popular a Cervantes?

Según el Instituto Cervantes, la institución más importante de la lengua española a nivel mundial, El Quijote ha sido traducido a 140 idiomas. El British Council, institución similar pero de la lengua inglesa, asegura que las obras de Shakespeare han sido traducidas a más de 100. Este es el único terreno en el que el alcalaíno gana.

A windmill is seen at sunset in Consuegra, Spain, April 5, 2016. REUTERS/Susana Vera - RTX2AMMM
REUTERS/Susana Vera

La cultura popular ha tenido más en cuenta al de Stratford. Mientras que sus obras han sido adaptadas en más de 1.000 guiones cinematográficos, las versiones de El Quijote no superan la cincuentena, por no hablar de la escasísima presencia del resto de sus obras. Las adaptaciones de clásicos como Hamlet de los directores Kenneth Barnagh y Lawrence Olivier, o la de Romeo y Julieta de Baz Luhrmann, han sido ampliamente aclamadas por la crítica. Además, permanecen en la memoria colectiva. A nivel internacional, la adaptación cervantina más reconocida es la que dirigió Orson Welles, muy interesado en la figura del escritor español. Sin embargo, nunca pudo montarla, por lo que la finalizó décadas después el director y guionista madrileño Jesús Franco con motivo de la Exposición Universal de Sevilla de 1992. A nivel de musicales, todos conocemos West Side Story, inspirado en Romeo y Julieta. Man of la mancha es el musical por excelencia inspirado en la obra de Cervantes, pero no llega a la popularidad del anteriormente citado.

Fotograma de Don Quixote de Orson Welles
Fotograma de Don Quixote de Orson Welles
Fotograma de la adaptación al cine de Man of La Mancha, de Arthur Hiller
Fotograma de la adaptación al cine de Man of La Mancha, de Arthur Hiller

El documental Lost in La Mancha de Terry Gilliam muestra el intento fallido de este director de hacer una película sobre Don Quijote. Ese film, que contaba con las actuaciones de Johnny Depp, Jean Rochefort y Vanessa Paradis, no pudo realizarse por diversos problemas de producción, presupuesto y calendario. Ni en esto ha tenido suerte Don Miguel de Cervantes.

El siglo XX ha olvidado a Cervantes, mientras que ha acercado la obra de Shakespeare a millones de personas. También es cierto que la prolifera carrera del inglés da mayor pie a realizar adaptaciones audiovisuales que la cervantina. Sin embargo, no se entiende cómo desde los poderes públicos no se han aunado todos los esfuerzos para crear un homenaje a la altura del escritor alcalaíno.

Work in progress

El Ministerio de Cultura español ha admitido que el programa de homenajes a Cervantes está siendo un work in progress, que se sigue construyendo y que algunos eventos no surgirán hasta 2017.

Según el Instituto Cervantes, este celebrará más de 500 actividades durante todo el año 2016 para rendirle homenaje al autor. Su director, Víctor García de la Concha, y su secretario general, Rafael Rodríguez-Ponga, aseguraron a la prensa que esta serie de actividades se ha elaborado “calladamente y sin ninguna improvisación”. Sin embargo, muchas voces de la cultura se han alzado para criticar la planificación de esta y otras instituciones.

El actor Manuel Tafallé encarna a Cervantes y preside el Congreso de los Diputados (REUTERS/Andrea Comas)
El actor Manuel Tafallé encarna a Cervantes y preside el Congreso de los Diputados (REUTERS/Andrea Comas)

Uno de los actos públicos con mayor repercusión ha sido el que ha acogido el Congreso de los Diputados. En él, un ficticio Miguel de Cervantes encarnado por Manuel Tafallé se reivindicaba ante los políticos presentes en el hemiciclo: “He escrito el libro más editado de la Historia, ¿creen sus Señorías que merezco que el centenario de Shakespeare ponga de manifiesto cómo tratamos a la cultura en nuestro país?”. La reivindicación venía acompañada de varios chistes, como el de que tiene un grupo de WhatsApp con Molière, Garcilaso, o Shakespeare, en el que se ríen de él por el poco caso que le hace España. Este tipo de comentarios, junto con otros relativos a la actualidad política, le han valido varias críticas, especialmente desde la bancada del Partido Popular.

Uno de los leones del Congreso se pone unas gafas para leer a Cervantes (REUTERS/Andrea Comas)
Uno de los leones del Congreso se pone unas gafas para leer a Cervantes (REUTERS/Andrea Comas)

Medios internacionales de renombre como el New York Times se han hecho eco de esta circunstancia. En un artículo reciente, el periodista Raphael Minder escribe: “Mientras que Gran Bretaña ha hecho todo lo posible para festejar a Shakespeare, con una programación de un año de eventos de alto perfil, lecturas, conciertos y puestas en escena de sus obras de teatro, las autoridades españolas han sido acusadas de no hacer lo suficiente para promover a Cervantes, cuyo El Quijote es considerado un texto fundamental de la narrativa moderna. España se adentra en su quinto mes sin gobierno electo, por lo que la crítica ha adquirido un sabor netamente político”.

La calle toma la iniciativa

Algo se está despertando en España con respecto a Miguel de Cervantes. Las iniciativas culturales de la gente de a pie están tomando ventaja sobre las instituciones públicas. Periodistas, actores, libreros, personalidades de la cultura, o ciudadanos corrientes y molientes. Todos juntos le están plantando cara a esos gigantes molinos con más ahínco que nuestro Ministerio de Cultura.

Entre las iniciativas audiovisuales, destaca la más exitosa de todas. Javier Olivares, creador de la famosa serie de TVE, El Ministerio del tiempo, ha logrado acercar al espectador más joven la figura de Cervantes como pocos lo han hecho antes. En un capítulo dedicado al autor manchego utiliza la ficción y el estilo característico de esta serie para mostrar a un Cervantes consciente de la trascendencia de su obra. En una escena protagonizada por Pere Ponce, que encarna a Cervantes, el autor se da cuenta de cuán importantes serán las aventuras de su Quijote y su Sancho Panza, trasladándose a un futuro donde su novela es la más importante de la literatura universal. “Vuestra novela es la más importante de la Humanidad”, le espeta una de las protagonistas de la serie, a lo que él contesta con un simple y rotundo “no puede ser”.

Fotograma del capítulo dedicado a Cervantes en El Ministerio del Tiempo
Fotograma del capítulo dedicado a Cervantes en El Ministerio del Tiempo

Esta serie tiene un aspecto transmedia fundamental. Las redes la acompañan cada noche, y durante la emisión del capítulo cervantino la etiqueta #CervantesMDT fue el tema más comentado en Twitter. Contó con más de seis horas continuadas en el top 1, acumulando más de 35.000 comentarios. En total, 8.000 personas comentaron el capítulo haciendo llegar sus impresiones a 350.000 usuarios. Y fue Trending Topic a nivel mundial. Esta es una prueba de cómo un contenido cultural puede llegar a la gran masa con un ingenio similar al del hidalgo Don Quijote.

Más próxima a la fecha del aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes ha estado la iniciativa de laSexta, el canal de Atresmedia, con la ficción documental Buscando a Cervantes. En esta, el actor Alberto San Juan se mete en la piel de Cervantes para mostrar su lado humano y enseñarnos cómo pensaría el autor manchego de la España de 2016. Esta misma cadena ha estado varios meses emitiendo diversos reportajes en sus informativos bajo la premisa ‘Cervantes vive’, toda una iniciativa que engloba varios proyectos para acercar y conmemorar al dramaturgo.

Los medios españoles se han esforzado en mostrar a un Cervantes cercano, universal, y en utilizar su influencia para aproximar su figura a los lectores, oyentes y telespectadores. Por ejemplo, el ente público Radio Televisión Española ha programado varios espacios para conmemorar el IV centenario de la muerte del escritor. Uno de esos espacios ha sido para la reposición de la serie de 1992 El Quijote, protagonizada por Fernando Rey y Alfredo Landa, y que ahora puede visualizarse en su web.

Una de las iniciativas más curiosas y con más repercusión no ha nacido de ningún medio ni de ninguna institución, sino de un ciudadano de a pie. Se trata de Diego Buendía, un ingeniero retirado que decidió plasmar el mundo que un día tuvo Miguel de Cervantes en su cabeza en 17.000 tuits. Para ello ideó un algoritmo que dividiera El Quijote y tuiteara la obra íntegra hasta el día del centenario de la muerte del autor. La cuenta @elquijote1605 tiene más de 10.000 seguidores, entre ellos Mariano Rajoy. Su iniciativa, que ha sido aplaudida por muchos, fue incluida hace pocos días en el programa oficial de conmemoraciones.

REUTERS/Susana Vera
REUTERS/Susana Vera

Las instituciones públicas tienen una responsabilidad notoria en las grandes conmemoraciones culturales, y deben estar a la altura. Cuando se hacen pocos esfuerzos, y los que se hacen son a menudo en balde, es difícil que esa responsabilidad se cumpla. Cervantes ha sido olvidado durante mucho tiempo por la cultura popular, aunque eso sí parece que está empezando a cambiar. Sólo la gente de a pie, desde el arte, el periodismo o la ficción, puede lograr que Miguel de Cervantes pase del olvido a ser un icono pop.

Continúa leyendo: El resurgir del iberismo político: unir España y Portugal con el fin de controlar Bruselas

El resurgir del iberismo político: unir España y Portugal con el fin de controlar Bruselas

Borja Bauzá

Foto: Pedro Szekely
Flickr bajo Licencia Creative Commons

Hace cinco siglos que Covilhã dejó de aportar nombres a la lista de “personalidades ilustres” que elabora la Wikipedia. Los últimos covillanenses que aparecen en ella son los hermanos Faleiro, dos cosmógrafos del siglo XVI que colaboraron estrechamente con Fernando de Magallanes. Pero esto puede cambiar en los próximos años si Paulo Gonçalves, un vecino de este antiguo castro lusitano reconvertido en ciudad de provincias, consigue su objetivo: crear una suerte de macroestado ibérico para que España, Andorra y Portugal vuelvan a tener peso en el mundo.

Gonçalves no está solo. A unos 515 kilómetros y una frontera de distancia se encuentra Casimiro Calderón, el antiguo alcalde socialista de Puertollano, provincia de Ciudad Real. Él también piensa que la creación de una Comunidad Ibérica de Naciones mejoraría la vida de todos los habitantes de la península. Gonçalves y Calderón se conocieron hace cinco años gracias a un bloguero de Málaga que gestionaba una bitácora sobre iberismo, que es como se conoce al movimiento que promueve algún tipo de unión entre España y Portugal. Se entendieron inmediatamente y tras meses de correspondencia el portugués pagó visita al español. “Hoy –dice Gonçalves– Casimiro es como parte de mi familia”.

Poco antes de saber de la existencia de Calderón, concretamente el 12 de febrero del 2012, Gonçalves dio un paso importante: fundó el Movimiento Partido Ibérico, una plataforma dedicada a defender las ventajas del macroestado ibérico en Portugal. Cuando se conocieron y le comentó su iniciativa a Calderón, el ex alcalde de Puertollano se entusiasmó y decidió montar una organización hermana al otro lado de la frontera. Así nació el Partido Íber.

El resurgir del iberismo político: unir España y Portugal con el fin de controlar Bruselas 1
Paulo Gonçalves y un militante del Partido Íber en la Cumbre Luso-Española de 2017. Autor: Foto cedida por Paulo Gonçalves

Ambas formaciones se pusieron manos a la obra inmediatamente. El trabajo acabó dando sus frutos y en octubre del 2016, tras organizar una cumbre en Lisboa para presentarse ante el mundo, la prensa se hizo eco de sus intenciones. En ese encuentro también leyeron una carta –colgada en su página web en castellano, portugués y catalán– que ya se conoce como la Declaración de Lisboa. Es un documento que llama a “los ibéricos, como pioneros de la globalización y el mestizaje, a liderar un mundo de futuro incierto donde vuelven a levantarse fronteras y se profundiza la crisis de valores”. Los autores de la carta también se quejan de que el iberismo, una tradición política con varios siglos de existencia, ha sido borrado de los libros de historia con bastante alevosía.

*

Lo primero que conviene aclarar cuando toca hablar de iberismo es que nadie se pone de acuerdo a la hora de establecer cuándo y cómo surge el fenómeno.

Para Gonçalves el iberismo nació el 7 de junio de 1494, cuando los Reyes Católicos y Juan II de Portugal acordaron repartirse el mundo en el Tratado de Tordesillas. “Ese día ambos reinos apostaron por un futuro sin conflicto”, explica el fundador del MPI. Los académicos, sin embargo, manejan otras teorías. Gabriel Magalhães, escritor y catedrático especializado en el estudio de las identidades de España y Portugal, también apunta al siglo XV como el origen del iberismo, pero se desmarca del Tratado de Tordesillas y opina que la clave reside en la política matrimonial de la monarquía lusa, que pretendía conseguir por esa vía una unión peninsular de proyección mundial. Con capital en Lisboa, por supuesto. No está de acuerdo el historiador José Miguel Sardica, quien sostiene que hace nueve siglos ya existían acercamientos diplomáticos entre los reinos de la época. Estos serían, en su opinión, los primeros síntomas de iberismo. Una nueva voz discordante: la de Santiago Pérez Isasi, investigador en la Universidad de Lisboa. Este académico vasco argumenta que si se habla con propiedad entonces no se puede hablar de iberismo hasta el siglo XIX, pese a todas las relaciones políticas, comerciales y culturales que existieron antes.

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Portada de Ibéria. | Imagen: Aletheia Editores

Lo segundo que conviene aclarar cuando toca hablar de iberismo es que, tenga o no tenga su origen en el XIX, este siglo fue la época dorada del movimiento gracias al florecimiento de los nacionalismos unificadores. En un tiempo en el que se pensaba que sólo las naciones más grandes sobrevivirían, y teniendo en cuenta la pérdida de las colonias en Sudamérica, la idea de un Estado Ibérico, de una Iberia fuerte y unida que siguiese los pasos de las recientemente formadas Alemania e Italia, resultaba tentadora.

Durante las primeras décadas del siglo, el iberismo estuvo estrechamente ligado al liberalismo y, por lo tanto, se opuso frontalmente al absolutismo. Eran los tiempos de Fernando VII, del vivan las cadenas y del exilio de un número importante de liberales españoles, que escogieron Londres como refugio. En la capital británica coincidieron con un buen puñado de liberales portugueses que no se fiaban de los absolutistas lusos –Juan VI y Miguel I– y preferían mantener las distancias. Se habló largo y tendido de la posibilidad de unir ambos reinos bajo un monarca constitucional liberal que gobernase sobre toda la Península Ibérica. El nombre de Pedro I de Brasil, hijo de Juan VI y sobrino de Fernando VII, un rey liberal que se había enfrentado a las aspiraciones absolutistas de su padre, sonó con fuerza. Le enviaron cartas pidiéndole que aceptase el reto mientras el poeta Almeida Garrett se paseaba por Europa elogiando a aquellos ciudadanos de la Península Ibérica –a aquellos “hispanos”– dispuestos a luchar por las libertades individuales.

Sin embargo, esta primera ola de iberismo decimonónico se topó de bruces con las tensiones internas de ambos países; la guerra civil portuguesa y la primera guerra carlista silenciaron cualquier proyecto unificador.

La segunda ola de iberismo decimonónico, más fuerte que la primera, viene marcada por la publicación de un libro escrito por el diplomático español Sinibaldo de Mas en 1851: La Iberia. En su obra, el que fuera el primer embajador de España en China defendía las ventajas políticas y, sobre todo, las ventajas económicas de una unión ibérica. Tal fue su adherencia a la causa que hasta llegó a sugerir un nuevo escudo para la nueva nación.

Fue durante esta segunda ola cuando el iberismo se dividió en dos corrientes bien diferenciadas: frente a la que promovía la unión bajo una forma monárquica y centralista surgió otra que defendía una unión republicana y federal. Este último modelo incluía desde posturas liberales, ergo burguesas, hasta otras influenciadas por el incipiente movimiento obrero y la doctrina socialista.

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Praça do Comércio de Lisboa y el Rey José I, estatua de Machado de Castro (1775) | Foto: Han van Hoof vía Flickr bajo licencia Creative Commons.

“El siglo XIX fue una especie de casino en el que se podían hacer todo tipo de apuestas”, apunta Gabriel Magalhães. “Se propuso un iberismo neocolonial y otro que se podría decir de izquierdas, y que pretendía renovar muchas cosas”, añade el catedrático antes de concluir, esbozando una tímida sonrisa, que el iberismo podría definirse “como uno de esos espejismos que surgen a lo largo de la historia”. Uno de esos proyectos quijotescos que no llegan a ningún puerto.

Desterrado el absolutismo, la recta final del siglo trajo otros adversarios. “Los pequeños avances del iberismo tenían como respuesta una defensa acérrima del nacionalismo portugués”, explica Pérez Isasi. Poco después surgiría el Integralismo Lusitano, un movimiento tradicionalista que se presentó como defensor de la monarquía portuguesa frente a injerencias extranjeras.

¿Y en España? “Exceptuando a un reducido grupo de intelectuales, escritores y políticos, la mayoría de los debates iban por otro lado y tenían más que ver con la idea de regeneración o la relación con Europa”, explica el investigador vasco. La única excepción sería Cataluña, donde sí hubo una tradición iberista fuerte encabezada por intelectuales vinculados a la Renaixença que vieron en el hipotético Estado Ibérico una forma de debilitar el poder de Castilla en beneficio de las demás “naciones ibéricas”. Francisco Pi i Maragall, que llegó a ser presidente de la (brevísima) primera república española, defendió en varios de sus escritos la creación de una federación autonomista.

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Fotografía del poeta Antero de Quental (1875) vía pedroteixeiradamota.blogspot.com

Resumiendo: el iberismo tuvo que enfrentarse al nacionalismo portugués y al desinterés español. Y perdió. Con la llegada del siglo XX las relaciones entre ambos países se enrarecieron; en Portugal se proclamó la república mientras en España unos Borbones cada vez más recelosos del país vecino lograban perpetuarse en el poder. Aunque el iberismo cultural, derivado del iberismo político, siguió contando con defensores, la unión política se volvió más utópica que nunca.

Lo tercero que conviene aclarar cuando toca hablar de iberismo es que era un proyecto promovido por las élites intelectuales y que, como tal, tuvo escaso calado social pese a la cantidad de revistas y periódicos –A Iberia, A Peninsula, Revista de Mediodía, Revista Peninsular o el diario barcelonés La Corona de Aragón– que defendieron la causa.

Uno de los principales referentes del iberismo decimonónico junto a Sinibaldo de Mas fue, según Pérez Isasi, el poeta Antero de Quental. En el marco de unas jornadas de debate celebradas en Lisboa en 1871, Quental pronunció una conferencia titulada Causas da decadência dos povos peninsulares. Poco después de su intervención, las autoridades prohibieron el evento alegando que iba demasiado lejos a la hora de cuestionar el statu quo. El intelectual y político Oliveira Martins, que escribió la Historia de la Civilización Ibérica, fue otro de los grandes defensores del iberismo en Portugal. Al otro lado de la frontera el diplomático y escritor Juan Valera, el novelista Clarín y la ensayista de noble cuna Emilia Pardo Bazán propusieron un acercamiento con la nación vecina. Aunque, en opinión de Pérez Isasi, “llamarles iberistas quizás sea exagerar”.

Pero quizás los dos representantes más famosos del iberismo sean Miguel de Unamuno y Fernando Pessoa. Paradójicamente, ambos se involucran en el fenómeno ya en el siglo XX. Y, curiosamente, nunca se trataron.

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Portada de Iberia. Introducción a un imperialismo futuro. | Iamagen: Editorial Pre-Textos

“Miguel de Unamuno fue una especie de fantasma para Pessoa”, explica Antonio Sáez Delgado, profesor de la Universidad de Évora especializado en las relaciones literarias entre España y Portugal a principios del siglo XX y autor de Pessoa y España (Pre-Textos).

En 1915, poco después de publicar Por tierras de Portugal y España, que de algún modo convirtió al filósofo vasco en el faro del iberismo cultural de la época, Unamuno recibió una carta de Pessoa en la que el entonces joven escritor portugués le invitaba a colaborar en la revista Orpheu. Sáez Delgado explica que Unamuno nunca se dignó a contestar, hecho que dejó bastante tocado a Pessoa. Pero la anécdota no acaba ahí. Años más tarde, en 1930, un amigo de Pessoa, António Ferro, consigue entrevistar a Unamuno en Salamanca. En esa entrevista, que apareció publicada en el Diário de Notícias, el de Bilbao declara que los escritores vascos, gallegos y catalanes deberían escribir en castellano para aspirar a un público mayor. “Tras la muerte de Pessoa se encontró entre sus papeles un recorte de la entrevista junto a un texto en el que refuta a Unamuno diciendo que, por esa máxima, los escritores deberían escribir todos en inglés”, explica el investigador de la Universidad Évora. El texto, por cierto, estaba escrito en inglés.

En España se ha discutido mucho en torno al proyecto ibérico que tenía Pessoa en la cabeza, sobre todo a raíz de la crisis territorial que surge en 2012 con el proceso soberanista catalán. No obstante, Sáez Delgado advierte que conviene aproximarse con prudencia a los textos que escribió reflexionando sobre su idea de Iberia entre 1910 y 1930 (las reflexiones del luso han sido publicadas en castellano por la editorial Pre-Textos con el título Iberia. Introducción a un imperialismo futuro).

“Pessoa no fue un gran conocedor de España”, empieza diciendo Sáez Delgado. Pero pese a no ser un experto, le interesaba mucho la pluralidad de la Península Ibérica. “Él habla del País Vasco, de Galicia y de Cataluña, incluso habla del problema catalán, pero lo hace desde un prisma cultural y desde el respeto que otorga la lejanía”. Y aunque es cierto que Pessoa tenía ciertas reservas con el centralismo español y el papel dominante de Castilla –“a quien veía como el gran enemigo secular de Portugal”–, Sáez Delgado opina que algunas interpretaciones políticas que se han hecho recientemente del Pessoa más iberista caen en el dramatismo y la exageración. “Él no pensó en términos de arquitectura política; lo que esbozó fue una especie de confederación espiritual marcada por la pluralidad cultural”.

Gabriel Magalhães es algo más crítico en su análisis, y sostiene que el iberismo de Pessoa venía “con cargas de dinamita”. “El proyecto iberista de Pessoa busca destrozar Castilla”, asegura el catedrático.

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Portada de Los secretos de Portugal. | Imagen: RBA

En lo que ambos académicos están de acuerdo es en el carácter cambiante del literato portugués. En 1934, cuatro años después de sus últimos textos iberistas, salió a la calle el único libro que Pessoa publicó en vida: Mensagem, una colección de poemas en clave nacionalista. Lo curioso del caso es que algunos de los versos que incluía el volumen habían sido redactados en la misma época que los textos iberistas

Lo que se deduce de la vida y obra de Pessoa, según Pérez Isasi, es que el escritor mantuvo una reflexión constante sobre la cuestión ibérica, aunque enfocada siempre desde sus propios intereses y obsesiones particulares. “Es cierto que Pessoa habla de una unidad cultural ibérica, que uniría lo Mediterráneo con lo Atlántico, pero lo hace con la vista puesta en un imperialismo americano”, sostiene. Es decir: que para Pessoa el iberismo no sería un fin en sí mismo sino un proyecto que nace del deseo de volver a convertir a Portugal en el dominador del orbe. “Y en ese nuevo Portugal futuro –termina Pérez Isasi– Pessoa sería su gran poeta-profeta”.

El historiador José Miguel Sardica está de acuerdo con esta interpretación solo a medias: “Pessoa es un hispanófilo adicto al descubrimiento mutuo de pueblos que suscribía la visión de que la Península Ibérica es una suma de partes y que, por tanto, repudiaba cualquier absorción por parte de una sola de esas partes”. En su opinión, Pessoa creía que una unión ibérica podía volver a situar a los pueblos peninsulares en el centro del escenario global.

*

“El día en que España y Portugal se presenten juntos en Bruselas, a Europa le van a temblar las piernas”. Es Paulo Gonçalves, el fundador del MPI, quien hace esta afirmación. “Fíjate en una cosa: ¿cuántos europarlamentarios pueden tener, en conjunto, nuestros dos países?” La respuesta, según la distribución actual del Parlamento Europeo, es 75. Es decir: sería el segundo estado por número de escaños, solo siendo superado por Alemania (96) y quedando a uno de Francia (74).

A Gonçalves le gusta recurrir a un ejemplo concreto: cuando Mariano Rajoy y el entonces primer ministro portugués Pedro Passos-Coelho acudieron, en el año 2014, a un Consejo Europeo dispuestos a exigir, juntos, un mercado común de la energía beneficioso para la Península Ibérica. Ambos salieron de aquel encuentro satisfechos por haber conseguido lo que pedían. “Es un ejemplo claro de cooperación ibérica y el camino a seguir, por mucho que fastidie a franceses e ingleses”, añade el covillanense.

El resurgir del iberismo político: unir España y Portugal con el fin de controlar Bruselas
Paulo Gonçalves con varios coordinadores regionales del MPI. Autor: | Foto cedida por Paulo Gonçalves

Pero, precisamente, si cuando hay un interés común ya existe una cooperación, ¿por qué unir a España y Portugal? ¿Quizás para plantear, a medio plazo, un macroestado ibérico que sirva como alternativa a la Unión Europea? “No, no, no –niega, con vehemencia, Gonçalves– no planteamos un futuro por fuera de la Unión Europea sino ganar peso dentro de la misma”. En opinión del fundador del MPI, la Europa actual ya no es la Europa idealista y solidaria de hace tres décadas, sino una organización comercial que se debate entre la tecnocracia de los países del norte y los populismos de derechas procedentes, sobre todo, del oriente continental. “El iberismo lo que busca es desplazar el centro de gravedad hacia Iberia, una región solidaria y que, además, serviría de enlace con Latinoamérica”.

José Miguel Sardica cree que, efectivamente, el resurgimiento que el iberismo está registrando de unos años a esta parte tiene como objeto hacer piña en una Europa cada vez más escorada hacia el Este.

Sin embargo, Gabriel Magalhães, que se define como alguien muy crítico con el iberismo hoy en día, no termina de entender la postura de Gonçalves. “Pero si el mejor iberismo que se ha inventado ya lo tenemos: se llama europeísmo”. El europeísmo, añade, permite una estrechísima colaboración entre los estados miembros, la libre circulación de personas, la posibilidad de cambiar el rumbo de las cosas dentro del marco establecido y toda una serie de alianzas estratégicas impensable hace apenas medio siglo. Las fronteras están, pero por estar. “Y sí, el iberismo cultural es bueno, es sano y es entrañable, pero hoy en día también existe un interés cultural mutuo importantísimo entre España y Portugal, así que… ¿iberismo para qué?”.

¿Quizás como posible salida a la crisis territorial de España si con el tiempo la situación empeora?

Gonçalves evita meterse en jardines. Dice que la posición de su organización es la de perseguir una unión ibérica esté quien esté. Si hay tres estados como ahora (el MPI cuenta Andorra, que es de hecho el territorio que justifica el uso del catalán en sus documentos) pues serán tres los actores que tengan que sentarse a hablar. Si hay cuatro estados, pues hablarán cuatro. Y si hay cinco, pues cinco. “Nosotros creemos que los españoles tienen inteligencia suficiente como para saber organizarse”, dice. Aclara, no obstante, que el proyecto sólo se plantea por vía democrática; si uno de los estados candidatos decidiese no entrar a formar parte del proyecto, su decisión se respetaría en todo momento. “El proyecto es para los que están y para los que quieren estar”.

Desde que el MPI y el Partido Íber comenzaron su andadura, las encuestas que se han realizado en ambos países respecto a una hipotética unión ibérica no han obtenido malos resultados. En todos los casos los encuestados han mostrado gran simpatía por el país vecino y han respondido positivamente a preguntas sobre una mayor cooperación entre España y Portugal. Esas son las expectativas que manejan las formaciones iberistas ahora mismo. “Aunque en el pasado se ha llegado a hablar de fusión, hoy no parece la mejor opción”, explica Gonçalves antes de exponer que lo idóneo sería empezar a caminar juntos fusionando solamente algunas competencias como Medio Ambiente, Economía o Transporte. Los aspectos más delicados –Defensa, Interior, Justicia– no se tocarían. De momento.

*

Es evidente que a Paulo Gonçalves no le falta idealismo, pero es prudente. Sabe que la recuperación del iberismo como planteamiento político va a llevar mucho tiempo. También es consciente de que, incluso si se consigue extender el fenómeno, puede volver a repetirse la performance del XIX, cuando todo quedó en agua de borrajas. Puede, como dice Gabriel Magalhães, que el iberismo sea un espejismo quijotesco condenado a estrellarse una y otra vez. En definitiva: puede que lo que está haciendo con su vida no sirva para nada.

Con todo, Gonçalves, un huérfano de padre que se costeó la vida vendiendo pescado de puerta en puerta en su Covilhã natal, sigue empeñado en poner este proyecto a velocidad de crucero cueste lo que cueste. Luego, dice, podrá morirse en paz.

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El mapa del nacionalismo en Europa

Néstor Villamor

Foto: Andreina Restrepo
The Objective

Si bien el separatismo catalán ocupa actualmente la atención tanto en España como en Europa y el resto del mundo, Cataluña es solo una de las muchas regiones con un movimiento nacionalista. Las viejas tensiones territoriales del continente nunca habían estado tan presentes desde el inicio del proceso de unificación europea. Los recientes referéndums tanto en Cataluña como en Escocia o incluso el Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea, son tres de los ejemplos más claros. Desde movimientos independentistas que buscan la secesión o la reanexión con otros países hasta otros regionalistas que solo buscan tener más competencias, estos son algunos de los territorios europeos donde el nacionalismo tiene una representación parlamentaria sólida.

Flandes, Bélgica

Población: 6.477.804 (57,3% de Bélgica)

Extensión: 13.522 km² (44,2% de Bélgica)

PIB per cápita: 39.643 dólares internacionales (41.212 en Bélgica)*

Idioma propio: No

El mapa de los nacionalismos en Europa 2
Un grupo de independentistas flamencos despliega una pancarta que reza “Flandes independiente” frente a la casa del rey Alberto II, en Bruselas, en 2007. | Foto: Francois Lenoir / Reuters

La Nueva Alianza Flamenca (Nieuw-Vlaamse Alliantie o N-VA) no solo es el partido con más representación en el Parlamento regional (con 42 de los 124 escaños) sino también del Parlamento Federal Belga. La coalición con la que el N-VA gobierna en Flandes desde 2014, con otras dos fuerzas no independentistas, ha hecho que modere sus posturas, pero el partido propugna la independencia total de esta región, en la que se habla neerlandés principalmente. Precisamente fue un miembro de N-VA, Theo Francken, el que dijo que ofrecer asilo político a Carles Puigdemont en Bélgica tras la declaración de independencia era “una posibilidad”. Además de N-VA, otras dos fuerzas buscan en el Parlamento Flamenco más autonomía con respecto a Bruselas: Vlaams Belang (con seis escaños) y Union des Francophones (con uno). Los primeros abogan por una independencia completa, mientras que los segundos buscan ciertos privilegios y exenciones para las áreas francófonas de Flandes. Tanto N-VA como Union des Francophones son de derechas. Vlaams Belang, por su parte, pertenece a la derecha populista.

*El PIB per cápita, tanto de Flandes y Bélgica como del resto de territorios de este reportaje, está presentado en dólares internacionales, una divisa ficticia empleada habitualmente a la hora de comparar distintas regiones.

Islas Feroe, Dinamarca

Población: 49.884 habitantes (0,86% de Dinamarca, sin contar Groenlandia)

Extensión: 1.393 km² (24,4% de Dinamarca, sin contar Groenlandia)

PIB per cápita: 36.600 dólares internacionales (46.600 en Dinamarca)

Idioma propio: Feroés

De los 33 asientos de la Asamblea de las Islas Feroe -el Løgting-, una mayoría muy ajustada de los asientos, 17 de ellos, está ocupada por partidos que abogan por el independentismo. Dos de las tres fuerzas que ahora mismo gobiernan el archipiélago, República y Progreso, son independentistas. Otras dos formaciones, Partido del Autogobierno y Partido Popular, también defienden la separación desde posturas que oscilan entre la izquierda y el centroderecha. El nacionalismo feroés, derivado de las diferencias lingüísticas y culturales y de los 900 kilómetros que separan a las islas de la Dinamarca continental, ha tenido mucho auge desde el final de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, en 1946 se realizó un referéndum consultivo sobre la independencia en el que ganó el sí a la separación. Aunque finalmente los resultados no se aplicaron, el plebiscito logró que las Feroe gocen actualmente de un gran nivel de autonomía con respecto a Copenhague. Actualmente, diversas encuestas sitúan a los habitantes de las islas divididos a la mitad sobre el independentismo.

Cataluña, España

Población: 7.408.853 habitantes (15,9% de España)

Extensión: 32106,5 km² (6,3% de España)

PIB per cápita: 36.565 dólares internacionales (32.765 en España)

Idioma propio: Catalán

El mapa de los nacionalismos en Europa 4
Una multitud de independentistas catalanes celebra la declaración unilateral de independencia el pasado octubre. | Foto: Juan Medina / Reuters

Aunque las raíces históricas del nacionalismo catalán hay que buscarlas en la Edad Media, es en el siglo XIX cuando aparece el nacionalismo moderno en Cataluña. Desde la independencia total con respecto a España hasta la defensa de una Cataluña encajada dentro de España en forma de Estado federado o confederado, el nacionalismo catalán escribe en estos momentos uno de los capítulos más importantes de su historia. Después de las elecciones del 21 de diciembre, convocadas en el marco de la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española como respuesta a la declaración unilateral de independencia, el Parlament catalán cuenta con 70 asientos (de un total de 135) ocupados por independentistas (Junts per Catalunya, Esquerra Republicana de Catalunya-Catalunya Sí y la Candidatura d’Unitat Popular). El nacionalismo catalán está representado en la Cámara por formaciones que van desde el centroderecha hasta la izquierda radical.

Galicia, España

Población: 2.720.544 habitantes (5,8% de España)

Extensión: 29.574,4 km² (5,8% de España)

PIB per cápita: 27.444 dólares internacionales (32.765 en España)

Idioma propio: Gallego

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Un grupo de manifestantes despliega en Santiago la bandera independentista gallega, la estreleira, en 2016. | Foto: Óscar Corral / Efe

Galicia ha tenido un movimiento nacionalista desde el siglo XIX bajo distintas formas (provincialismo, federalismo, rexionalismo), un proceso que coincidió en el tiempo con el Rexurdimento o resurgimiento de la literatura y la cultura de la región de la mano de distintos intelectuales, principalmente Rosalía de Castro. Actualmente, 11 de los 75 escaños del Parlamento Gallego están ocupados por partidos que buscan mayor autonomía. Las demandas del nacionalismo gallego van desde la defensa de la lengua y la cultura galaicas, el reconocimiento de Galicia como nación o la soberanía energética hasta la independencia total con respecto a Madrid. Todas las formaciones galleguistas con representación parlamentaria (Bloque Nacionalista Galego, Esquerda Unida y Anova-Irmandade Nacionalista, estos dos últimos integrados dentro de En Marea) son de izquierdas.

País Vasco, España

Población: 2.164.144 habitantes (4,6% de España)

Extensión: 7.234 km² (1,4% de España)

PIB per cápita: 40.425 dólares internacionales (32.765 en España)

Idioma propio: Vasco

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Un grupo de nacionalistas vascos se manifiesta en Bilbao, en 2016. | Foto: Alvaro Barrientos / Efe

Si bien históricamente el País Vasco incluye también Navarra y una parte del suroeste de Francia (lo que se conoce como Euskal Herria), es en la comunidad autónoma del mismo nombre donde el nacionalismo ha tenido mayor presencia. Comparada con otras comunidades, Euskadi ya cuenta con mayor autonomía financiera con respecto a España. Actualmente, 46 de los 75 escaños del Parlamento vasco están ocupados por formaciones nacionalistas. El nacionalismo vasco comprende un espectro ideológico que abarca desde el centroderecha del Partido Nacionalista Vasco (PNV) hasta la izquierda abertzale de Bildu, vinculado a la banda terrorista ETA. El independentismo vasco ha dejado atrás la violencia desde que en 2011 ETA anunciara el alto al fuego, poniendo fin a cerca de medio siglo de violencia tanto en Euskadi como en el resto de España y en Francia, que dejó más de 800 muertos.

Córcega, Francia

Población: 330.000 habitantes (0,5% de Francia)

Extensión: 8.680 km² (1,5% de Francia, sin contar sus territorios de ultramar)

PIB per cápita: 30.346 dólares internacionales (42.314 en Francia)

Idioma propio: Corso

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Miembros del Frente de Liberación Nacional Corso, la facción violenta del nacionalismo de Córcega, en una imagen de 2006. | Foto: Pierre Murati / Reuters

Al contrario de lo que ocurre con las regiones de la Francia continental, la isla de Córcega cuenta con una Asamblea con poder ejecutivo propio y con instituciones también propias gracias a una ley de 1982. Esto le garantiza, por tanto, un mayor nivel de autogobierno. Desde 1976, el grupo terrorista Frente de Liberación Nacional Corso (FLNC) ha empleado la violencia para lograr la independencia de la isla. De hecho, el grupo asesinó en 1998 a Claude Érignac, prefecto para la isla. En 2014 y, de nuevo, en 2016, el grupo anunció el cese de la violencia, pero diversas facciones del FLNC continúan activas. Actualmente, el nacionalista Pé a Corsica es la formación con más representación en la Asamblea, con 24 de los 51 escaños desde 2015. Pé a Corsica es una coalición de dos partidos: Femu a Corsica (que busca una mayor autonomía con respecto a París) y Corsica Libera (que busca la independencia), ambos de izquierdas.

Lombardía, Italia

Población: 10.023.876 habitantes (16,5% de Italia)

Extensión: 23.844 km² (7,9% de Italia)

PIB per cápita: 44.547 dólares internacionales (36.833 en Italia)

Idioma propio: Lombardo

El actual presidente de Lombardía, Roberto Maroni, es el líder de la Liga Norte, un partido italiano que ocupa 27 de los 80 asientos del Consiglio Regionale della Lombardia (es el partido más representado) y que aglutina a distintas fuerzas del norte de Italia para promover mayor independencia con respecto a Roma o incluso la independencia completa y la creación de un nuevo país, Padania. Fundamentalmente, el objetivo más inmediato es la creación en Italia de un Estado federal que logre mayor independencia fiscal para cada región, lo que haría que el norte de Italia, económicamente más rico, tuviera mayor control sobre sus impuestos, que muchos nacionalistas del norte consideran que van a parar al sur, más pobre.

Tirol del Sur, Italia

Población: 511.750 habitantes (0,8% de Italia)

Extensión: 7.400 km² (2,4% de Italia)

PIB per cápita: 49.264 dólares internacionales (36.833 en Italia)

Idioma propio: No

Para entender el nacionalismo de Tirol del Sur, la región más rica de Italia y una de las más adineradas de la Unión Europea, hay que remontarse a la Primera Guerra Mundial. Finalizada la contienda, Tirol del Sur dejó de ser austrohúngara para pasar a ser italiana. Esta anexión fue consecuencia del Tratado de Londres, en el que el Imperio Ruso, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y Francia -la Triple Entente- le prometieron Tirol del Sur a Roma para que se uniera a ellos en el conflicto bélico. Hoy, más del 60% de los habitantes de esta “provincia autónoma”, también conocida como Bolzano o Alto Adigio, hablan alemán como primera lengua. Es una cifra que duplica holgadamente el casi 25% de hablantes de italiano como primer idioma. Con todo, el uso del alemán ha ido cediendo terreno al italiano de manera progresiva en los últimos 100 años. El actual partido gobernante (el centrista Partido Popular Surtirolés, con 17 de los 35 escaños del Consiglio della Provincia autonoma di Bolzano) no es independentista, pero sí regionalista. Los que defienden abiertamente la reunificación con Austria son Die FreiheitlichenSüd-Tiroler FreiheitBürgerUnion für Südtirol (todos de derechas), que juntos suman 10 escaños en el Consiglio. Es decir, 27 de los 35 escaños de la cámara buscan mayor autonomía. El movimiento tuvo un capítulo violento en los años 50 y 60, cuando la organización BAS realizó una serie de ataques con bombas para lograr la reanexión.

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Banderas de varios movimientos nacionalistas durante una manifestación independentista en Escocia en 2014. De izquierda a derecha, las banderas de Véneto, Tirol del Sur, Escocia y Flandes. | Foto: Virginia Mayo / AP

Véneto, Italia

Población: 4.865.380 habitantes (8% de Italia)

Extensión: 18.399 km² (6,1% de Italia)

PIB per cápita: 36.740 dólares internacionales (36.833 en Italia)

Idioma propio: Véneto

El partido con más representación en el Consiglio Regionale del Veneto, con 24 de los 51 escaños, es Liga Veneta, una formación de derechas. En la misma línea que Lombardía, la Liga busca mayor independencia económica con respecto a Roma. Otras dos fuerzas también defienden una mayor distancia con Roma. Siamo Veneto (que, con un escaño, forma parte de la coalición que actualmente gobierna la región) propugna la independencia del resto del país y, en la misma línea de la Liga, Lista Tosi per il Veneto (que ocupa tres asientos del Consiglio y que ya no existe como partido) se muestra a favor de un federalismo fiscal. Tanto Véneto como Lombardía celebraron el pasado octubre un referéndum para obtener mayor autonomía con respecto a Roma en el que ganó el .

Escocia, Reino Unido

Población: 5.404.700 habitantes (8,2% del Reino Unido)

Extensión: 77.933 km² (32,1% del Reino Unido)

PIB per cápita: 43.651 dólares internacionales (39.016 en Reino Unido)

Idioma propio: Escocés y gaélico escocés

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Manifestación por la independencia de Escocia en Glasgow el pasado junio. | Foto: Russell Cheyne / Reuters

El origen del independentismo escocés está en la Edad Media. Ya en el siglo XIII la región disputaba las Guerras de Independencia contra Inglaterra. Actualmente, 69 de los 129 escaños del Parlamento escocés están ocupados por independentistas. El Partido Nacional Escocés, de centroizquierda, es el partido más representado, con 63 asientos y actualmente en el Gobierno. El Partido Verde Escocés, también nacionalista, cuenta con seis escaños. Escocia celebró en 2014 un referéndum por la independencia, en el que un 55,3% de los votantes se decantó por la permanencia en el Reino Unido. Uno de los mayores temores de los independentistas escoceses era la amenaza de que una Escocia independiente se quedaría automáticamente fuera de la Unión Europea. Después de que, en 2016, el Reino Unido votara a favor de abandonar la UE, el gobierno de Escocia (región que votó mayoritariamente por la permanencia en la Unión en el referéndum del Brexit) está tramitando unas segundas elecciones, pero el Gobierno central ha anunciado que no las aceptará.

Gales, Reino Unido

Población: 3.063.456 habitantes (4,6% del Reino Unido)

Extensión: 20.779 km² (8,5% del Reino Unido)

PIB per cápita: 31.043 dólares internacionales (39.016 en Reino Unido)

Idioma propio: Galés

Al igual que lo que ocurre en Escocia, el nacionalismo de Gales tiene siglos de antigüedad. Sin embargo, el inicio del nacionalismo moderno hay que buscarlo en el siglo XIX. Actualmente, el tercer partido más representado en la Asamblea Nacional de Gales, con 10 de los 60 escaños, es el separatista Plaid Cymru, que está en la oposición. Desde una postura de izquierdas, Plaid Cymru busca la independencia de Gales pero manteniéndose en la Unión Europa y defiende la utilización del idioma galés como medio para fomentar la cultura de la región. Encuestas recientes citadas por el diario británico The Guardian señalan que más de un 40% de los votantes galeses está a favor de otorgar más competencias a la Asamblea Nacional y que cerca de un 25% está a favor de la independencia.

Irlanda del Norte, Reino Unido

Población: 1.876.695 habitantes (2,8% del Reino Unido)

Extensión: 14.130 km² (5,8% del Reino Unido)

PIB per cápita: 34.654 dólares internacionales (39.016 en Reino Unido)

Idioma propio: Irlandés y escocés del Úlster

Más de un tercio de los 90 asientos de la Asamblea de Irlanda del Norte está ocupado por partidos que promueven la reunificación de Irlanda. El Sinn Féin y el Partido Laborista Socialdemócrata, ambos de izquierdas, tienen 27 y 12 escaños, respectivamente. El Sinn Féin fue además el brazo político del IRA, un grupo terrorista que desató un conflicto que dejó más de 3.500 muertos desde la división de Irlanda a principios de siglo XX hasta la firma del Acuerdo del Viernes Santo en 1998. La Constitución de la República de Irlanda establece la voluntad de la reunificación de la isla: “Es la firme voluntad de la Nación Irlandesa, en armonía y amistad, unir a todas las personas que comparten el territorio de la isla de Irlanda, en toda la diversidad de sus identidades y tradiciones, reconociendo que una Irlanda unida solo se buscará por medios pacíficos con el consentimiento de la mayoría del pueblo, democráticamente expresado, en ambas jurisdicciones de la isla” (artículo 3.1). Por su parte, la Northern Ireland Act (una figura similar a los Estatutos de Autonomía de España) establece que el secretario de Estado de Irlanda del Norte puede convocar un referéndum secesionista “si en cualquier momento le parece probable que una mayoría de los votantes expresarían un deseo de que Irlanda del Norte dejase de ser parte del Reino Unido y formase parte de una Irlanda unida” (párrafo 2). Eso sí, en el caso de que se celebre un referéndum independentista, no puede volver a convocarse otro en siete años como mínimo. Al igual que lo que ocurre con Tirol del Sur, este movimiento nacionalista es más complejo, porque no solo implica que tanto la propia región como el país al que pertenece acepten la separación, sino que el país al que pretende anexionarse esté de acuerdo con esa integración.

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María Cabrera: "En nuestra sociedad están los que luchan y los que miran"

Beatriz García

Foto: Laura Guisado

La memoria es un proceso de montaje, recordar es narrar con imágenes de archivo. Lo mismo que se construye la noticia, así se construye el discurso de una vida. Sin embargo, ¿cómo testimoniar la historia de las 925 personas – ni un millar ni 900, contémoslos a todos-, que perdieron su trabajo en Telemadrid hace apenas cinco años por el endeudamiento y la mala gestión de otros? Ellos la llamaban ‘La Casa’, trabajaban informando y acabaron convertidos en material informativo. Y mucho más, en un símbolo del obrero que se resiste a ser escupido de la misma empresa que ayudó a levantar.

La escritora y realizadora María Cabrera vivió el proceso de desmantelamiento de la televisión pública, conoció las historias de quienes se fueron y quienes se quedaron y también lo sintieron, y escribió ‘Televisión’ (ed. Caballo de Troya) para que no cayera en el olvido. Más aún, creó una novela que habla de afectos, de relaciones humanas, que reflexiona sobre lenguaje y la mirada hacia un mundo, dice, que nos resulta extraño y tratamos de comprender. La suya es una mirada serena y cinematográfica, la cámara salta de un personaje a otro, enfoca diferentes mundos, hace ‘zoom’ en la vida íntima de una tele y sus personajes, e invita al lector a ser espectador privilegiado, no un mero ‘mirón pasivo’, sino alguien que recordando, edita y descubres nuevas capas de una historia que, a tenor de los tiempos que vivimos, es la de todos.


Junto a María Cabrera, rebobinamos cintas, memorias, luchas y paseamos por los pasillos de una televisión fantasma. Así es ‘Televisión’.

María Cabrera: "En nuestra sociedad están los que luchan y los que miran"
‘Televisión’, editorial Caballo de Troya.

Tú viviste el ERE de Telemadrid en primera persona. ¿Tan mal lo pasa el que se va como el que se queda?

‘Televisión’ surge de preguntarme dónde está cada uno en el momento crucial, en el que el personaje de Henar es precisamente alguien que se queda atrapado en medio del conflicto sin tener claro qué piensa ni qué siente, con más dudas que certezas; un personaje común que —Henar mantiene su puesto, a mí se me acabó el contrato doce días antes del ERE; a los muchos meses volví, de modo intermitente— humaniza una historia más allá de buenos y malos. Me afectó más en lo personal que en lo laboral, al menos yo lo sentí así; aunque era evidente que a la larga perdíamos todos, que aquel era el último bastión de los derechos laborales de los trabajadores en nuestro país por el que había que luchar, lo cierto es que yo estaba de paso, con un contrato de tres años y a la calle, y mi vinculación con el conflicto no fue plena: no iba a perder mi puesto de trabajo porque nunca lo tuve. Lo viví desde ese lugar y fue difícil para mí estar allí, y lo fue volver después. Como sé que lo fue para los que se fueron y no han podido volver, y para los que se fueron y ahora están volviendo. Me sentía parte de todo aquello: había sido mi primera incursión profesional en un medio —¡en qué medio! — y en el tiempo que pasé allí había sentido gran apego por muchos de mis compañeros, los admiraba y estaba a gusto trabajando con ellos. Y de pronto comenzó la pesadilla. Al mismo tiempo que me escandalizada por lo grave e injusto de la situación y los apoyaba o quería apoyarlos —no sé en qué momento esto dejó de ser lo mismo—, comencé a distanciarme. Sencillamente porque podía hacerlo; ellos no podían.

El personaje de Henar es una documentalista que trabaja en el turno de noche de una televisión arruinada, casi un fantasma dedicado a revisionar viejas cintas. Si el recuerdo, como dices en el libro, está transformado por el pensamiento. ¿Es el pasado un ejercicio de montaje?

La construcción del pasado sí, y la novela está escrita de manera que sea evidente, a partir de los recuerdos, pero también de las grabaciones, que podría parecer un material más fiable pero no deja de ser una construcción del pasado desde otro presente. Y a partir de un narrador poco fiable, que duda, se expresa en palabras de otros, cambia de punto de vista, no sabemos desde dónde está narrando… ‘Televisión’ quiere reconstruir la historia de una televisión (su propia historia) a partir de las memorias de los personajes que trabajaron en ella y la habitaron (la llamaban la Casa, y ellos eran una gran familia). A este respecto, la novela plantea una reflexión cuando se trata de los recuerdos que los personajes tienen de lo que fue la mejor época de la tele, la de su juventud, cuando empezaron a trabajar allí, a hacerse amigos, a formarse parejas… Lo que no deja de ser curioso si se compara, como se hace, con el presente en esa otra televisión arruinada en la que otros pocos (muchísimos menos) son, a pesar de las pésimas condiciones laborales, jóvenes y felices, y ante esta incertidumbre laboral en la que los despidos están a flor de piel ellos llevan ahí cuatro años, se han casado y han tenido hijos. Y una se queda pensando en lo subjetivo y cambiante que es todo, lo que vemos, lo que creemos ver, lo que recordamos y lo que olvidamos.

Henar también es “la persona que se oculta”. ¿En qué medida es un personaje marcado por la culpa? ¿Y por la sensación de ‘no escapatoria’?

Se habla de la culpa, pero creo que tiene más que ver con la vergüenza. Cuando Henar se encuentra por la calle con un compañero al que han echado y tiene que reconocer que ella sigue trabajando dentro, al mirarlo a los ojos siente vergüenza. Muchos supervivientes la sienten por haber sobrevivido. Henar tiene que vivir con ello, y lo hace. En ese edificio vacío, monstruoso y gris lleno de fantasmas que es la televisión de noche, ahí están sus propios recuerdos, los viajes, los amores, el trabajo distorsionado y las cintas de vídeo que visiona una y otra vez en las que siempre encuentra algo nuevo a lo que aferrarse.

Escribes: “El trabajo condiciona la manera en que vivimos”. ¿Cuánto te ha condicionado a ti?

Es uno de los pilares de la mayoría de las personas, junto con la familia y las experiencias vitales. Hablo del trabajo como la actividad que desarrollamos a lo largo de un tercio de nuestra vida adulta, pero es que, además, el resto de nuestro tiempo libre lo determinan cuestiones salariales y otras derivadas que hacen que, por ejemplo, nos llevemos el trabajo a casa. Y a veces, incluso, este es vocacional y va más allá, o hay un padre de familia que considera que es su deber mantener a su mujer y sus hijos, o la sociedad dicta que hay que trabajar así o así para estar dentro. Creo que es bastante habitual construirse la propia identidad en torno al trabajo; yo me revuelvo contra la idea de que defina quién soy, quiero pensar que si no hubiera trabajado diez años en la tele sería la misma persona en esencia, pero lo cierto es que quien pierde su trabajo siente que se pierde un poco a sí mismo. Y lo preocupante es que esto ocurra al tiempo que las condiciones laborales merman y el trabajo se deshumaniza como lo está haciendo. Porque hace que vivamos peor.

 ¿Influye en tu obra esa otra faceta como realizadora de televisión? Te lo pregunto, porque algunas de las escenas de ‘Televisión’ parecen una narración filmada, hay algo muy audiovisual en ellas.

Supongo que sí, al final lo que haces define una parte de ti, y eso queda reflejado en la propia obra. No solo a la hora de describir esos oficios que se encuentran dentro de esa fábrica de trabajadores que es una televisión, sino que también a la hora de narrar aparece ese lenguaje a veces más audiovisual que escrito. Y más que cinematográfico, televisivo. Buena parte de esta historia la hemos visto a través de imágenes, especialmente esas de las manifestaciones y huelgas han salido en los medios, son parte del imaginario común de aquellos que siguieron un poco la historia. Fue muy visual. Yo misma incluso, a pesar de haberla vivido, después la he visto muchas veces grabada y, al cabo de cinco años, una no sabe muy bien qué momentos vivió y qué imágenes fueron construidas por otros y simplemente las recibió, pero se le han quedado grabadas igual que ciertos recuerdos. Se quedan unas y no otras. Ese es el montaje de la memoria.

En el libro hay tres narradores que dan tres puntos de vista diferentes sobre el desarrollo del ERE, pero me llama la atención ese “Nosotros”, que recoge el sentir y las historias de quienes fueron despedidos. Pusiste caras a un drama cuando a menudo los periodistas convertimos las historias personales en cifras de muertos y heridos. ¿Crees que la literatura es mejor medio para preservar el pasado que la imagen?

Son lenguajes complementarios. La lectura, en este caso, hace universal la historia, el argumento de un grupo de trabajadores que lucha para evitar ser despedidos. Cualquiera es capaz de reconocerse a sí mismo o a algún ser cercano que ha sufrido una situación similar.
Yo me apoyé mucho en las imágenes para construir algunas partes de lo que es la historia propiamente dicha. Necesitaba saber que esos archivos existían, aunque después no los mirase tanto ni necesitase describir como lo hace una foto, pero sí que miraba dentro de esas imágenes, me metía dentro de ellas. El libro resultante es algo distinto, no es solo esa historia, que ya la contaron ellos mismos a través de entrevistas, vídeos, acciones que emprendieron y retransmitieron periodística y humanamente, colocándose delante y detrás de las cámaras a un tiempo. El libro habla de las relaciones humanas, habla de la pérdida del trabajo y de cómo afrontamos cada uno un hecho así, habla de la cotidianidad, del lenguaje, de la lucha, de la mirada hacia un mundo que resulta extraño y tratamos de comprender como podemos. Por supuesto que una película o una obra de teatro pueden abordar desde la imagen una reflexión así más allá de contar una historia. Ojalá alguien se anime a hacer la peli, ¡me encantaría ver este libro en pantalla!

¿Hay alguna imagen de esos días de huelgas y luchas sociales que se te quedase grabada en la memoria más que ninguna otra?

Muchísimas. Fue una historia inmensa, que marcó a quienes la vivieron, miles de personas entre trabajadores, familiares, gente que se involucró en la lucha, en el contexto que se había generado un año antes con el 15-M y la población en las calles. Era una explosión de fuerza. Verlos a todos juntos levantarse, organizarse, comenzar a luchar, ser cada vez más, conocer a toda esa gente o sentir que los conocía me generó un gran orgullo y la esperanza de que se podían cambiar las cosas y hacer frente a las injusticias. Para mí fue una enseñanza. Y una sensación muy intensa y contradictoria, como de estar feliz y triste al mismo tiempo.

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Trabajadores protestando por los despidos. Imagen: Salvemos Telemadrid.

Una frase del libro me atraviesa especialmente y la dice Henar: “Preferimos vivir con ciertos problemas a carecer de ellos”. Me recuerda mucho a lo que escribió Jelinek en ‘Las Amantes’: “Merecemos lo que somos capaces de soportar”. ¿Estás de acuerdo?

Creo que tiene que ver con el deseo de sentirnos vivos. Experimentar el abismo de lo real, la desesperación, el placer y el sufrimiento, todo eso forma parte de nuestra intimidad más cotidiana y más oculta también. En ese punto sí podrían compartir esa lectura. Leí Las amantes hace años, Jelinek es muy perturbadora y lúcida, lleva las fantasías, las relaciones y los deseos hacia lo más terrorífico y autodestructivo, traspasa el límite y eso le da una fuerza brutal. En ‘Televisión’, que transcurre de noche y en ambientes un tanto desoladores, la voz narradora aún tiene momentos luminosos, va y viene.

Si algo detesto de la vida de oficina es el corporativismo de los compañeros y tú lo describes muy bien en ‘Televisión’: gente que perdió sus puestos o los mantuvo en pésimas condiciones, pero seguía justificando a la empresa. ¿Cómo lo explicas? ¿Es síndrome de Estocolmo, miedo…?

Desde la reforma laboral, la inseguridad en el trabajo es mayor, y hay miedo a perder el empleo. Por eso la gente no se queja del salario o de las condiciones, porque al menos tiene trabajo. Y ese es el discurso que se pronuncia y que acalla todo. Desde la empresa se fomenta la competitividad mal entendida, que premia el comportamiento servicial, y revierte en poco compañerismo y en un aumento de poder del empresario con respecto a sus empleados. Pero también el deseo del empleado de ascender rápidamente sin importar cómo. Esta novela se sitúa en un contexto histórico próximo, hace apenas cinco años, pero me parece que la situación que retrata queda muy lejana. Hoy en día no tenemos tanta fuerza para defendernos, eso es lo que nos han quitado. Y por eso me parece que tiene una importancia mayor recordarla.

Cuando aprendes cómo se construyen las noticias entras en una crisis de realidad, te das cuenta de que la verdad es algo que no interesa. ¿Cómo seguir trabajando con dignidad en época de la posverdad?

Cuando trabajas en un medio como una televisión, aunque no sea como periodista —no lo soy—, te planteas qué realidad estamos construyendo desde ahí, te invade la responsabilidad, te das cuenta del inmenso poder de persuasión que tiene, de quién lo está utilizando y cómo. El libro reflexiona sobre eso, sobre la manera de presentar esa realidad cada día, en cada programa, cada minuto y cada segundo de información tratada con una intención determinada y muy clara. Detrás de cada decisión tomada se esconden intereses políticos y económicos que se nos escapan. Supongo que cada uno valora cómo seguir. También se hace un trabajo muy digno por parte de muchos periodistas, fundamental para denunciar, analizar, contar y cuestionar aquello que nos afecta o que debería afectarnos. El manejo de la información es una herramienta muy poderosa y tiene que estar de nuestro lado. Tirar la toalla o descreer de todo el periodismo que se hace es un error.

“Uno no entra a trabajar sino a defender su puesto”, dices. Quizás nuestro gran problema es que defendemos nuestra puesto ‘contra’ los demás y no ‘con’ los demás. ¿Falta en nuestro país el sentimiento de comunidad que se generó en la época de la crisis y entre los compañeros víctimas del ERE en Telemadrid?

Partiendo de la base de que los trabajadores deberían poder llegar a su lugar de trabajo y sencillamente entrar a trabajar y no a defender su puesto, también en esta novela y en esta historia el sentimiento de comunidad se creó cuando fue necesario. Es una novela más bélica que política, en un sentido metafórico. En nuestra sociedad las guerras se producen por el trabajo, el poder, la pobreza. Y están los que luchan y los que miran. En nuestro mundo desarrollado, las guerras suelen suceder por televisión y la mayor parte del tiempo somos espectadores de las mismas. Y si la lucha se produce a nuestro lado, nos comportamos igual. Cuesta mucho esfuerzo comprometer y concienciar a la gente. El individualismo lleva tiempo instalado entre nosotros. En cuanto a la lucha, las generaciones más jóvenes están viviendo un tiempo en el que nada dura lo suficiente como para tener que luchar por ello, porque enseguida es sustituido por otra cosa. Y se han acostumbrado a que sea así porque hay estímulos y soportes para ello. De momento nos venden eso y eso compramos.

“La noticia tiene que pasar por uno para ser real”. Explícame eso.

Hasta que no te toca a ti, no te afecta, no deja de ser una noticia más que contemplamos desde el sofá (como las guerras que suceden en otros lugares). El personaje principal, sin embargo, siente, al trabajar en una televisión, que está en el lugar donde pasan todas las cosas, y llega un momento en el que no quiere estar más en ese centro, quiere dejar de mirar las imágenes de los atentados y de escuchar debates sobre violaciones a niñas, desaparecidos, enfermedades y muerte. Porque al final le afecta, le produce aprensión, paranoia. Otro personaje dice que están acostumbrados a dar todo tipo de noticias, hasta que ellos mismos se convierten en una, y la cosa cambia.

¿Cómo reaccionaron tus compañeros protagonistas, ese ‘Nosotros’ que es voz comunal salpicada de pequeñas historias, cuando publicaste el libro?

No tengo una visión general de cómo ha sido recibido el libro dentro de la tele. Sí que me han llegado impresiones particulares, todas buenas. Me alegra especialmente que a las personas que se vieron afectadas por aquel ERE les guste el libro, porque no es complaciente y mete el dedo en la llaga, pero trata de ser justo. Y ahí queda, guardando la memoria.

Háblame de futuros proyectos. (Sí, es una pregunta manida de periodista, pero al menos he evitado la de “¿por qué empezaste a escribir?”… Alguien debería contestar: “Porque me dio la gana”).

He empezado una segunda novela que continuará algunas líneas que ya introduje en esta; la ambivalencia realidad-ficción, el lenguaje audiovisual, la memoria… Me gustaría explayarme más, hacer más investigación, y que no tenga nada que ver con la televisión.

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Siempre gana Convergencia

Laura Fàbregas

Foto: ERIC VIDAL
Reuters/File

En Cataluña estamos asistiendo a una lucha por la hegemonía nacionalista entre el partido sucesor de CDC y ERC. Esta lucha condiciona la política catalana como mínimo desde la reforma del Estatut, cuando competían con el PSC para ver quién era más nacionalista.

Esta pugna también es la que impidió que después de las elecciones “plebiscitarias” del 27S nadie se atreviera a reconocer que no tenían la mayoría social. Solo Antonio Baños lo admitió durante la noche electoral, pero con el tiempo —y los gintonics— se le debe haber olvidado. Artur Mas, por su parte, ha tardado dos años en reconocerlo. En aquel momento se trató de presionar a ERC para formar la lista única y, ahora, para que acepte el candidato que proponga JxCat. 

Con todo, los republicanos probablemente han demostrado ser el partido catalán menos corrupto, pero también el más necio. Su líder ha acabado en la cárcel y los réditos electorales han sido para el fugado. 

Los de Junqueras podrían haber pactado con la CUP un candidato alternativo y demostrar a la derecha nacionalista que la izquierda independentista tiene la mayoría parlamentaria, pero todo apunta a que acabarán aceptando el candidato impuesto por JxCat. 

Y, cuando esto termine, Puigdemont será tan prescindible como Mas. Porque lo importante no es la independencia, sino mantener el poder. Y este es un juego donde siempre gana Convergencia.

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