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Ciencia y ética de los zoológicos

Christian Rubio

Foto: christianrubio

Quizá la pura necesidad del saber, el afán de conocimiento, empujó a los humanos a organizar los primeros zoológicos de la historia. El cautiverio de animales salvajes comenzó en el Antiguo Egipto, en el año 1.500 a.C., cuando una expedición enviada por la reina Hatshepsut regresó de lo que hoy es Somalia con diversas especies de monos, aves, jirafas y leopardos. Los animales fueron exhibidos en un recinto que la reina mandó construir para tal fin. Esta práctica fue repetida con frecuencia en la civilización egipcia, que además de adorar a los animales por considerarlos manifestaciones de lo divino, servían como regalos o tributos para los faraones.

Los programas de crianza en los zoológicos son muy importantes para su labor de investigación. (Foto: David W. Cerny / Reuters)

Los programas de crianza en los zoológicos son muy importantes para su labor de investigación. (Foto: David W. Cerny / Reuters)

En Europa, los primeros zoológicos públicos datan de la Grecia Clásica. Los romanos continuaron con la costumbre pero con el objetivo de promover los espectáculos circenses. Durante la Edad Media, el Renacimiento y el Barroco, los monarcas y señores feudales tenían colecciones privadas de animales, muchos de ellos exóticos provenientes de América, como signo de poder. Y no fue hasta la segunda mitad del siglo XVIII cuando empezaron a establecerse los zoológicos modernos en el continente. Desde entonces estos recintos han generado continuas polémicas sobre su utilidad pública y su funcionamiento, dividiendo a la sociedad en función de criterios científicos y éticos.

El trato a los animales

Agustín López Goya, director de Biología en el Zoo Aquarium de Madrid, conoce de primera mano cómo funciona su lugar de trabajo. “El cuidado de los animales en los zoológicos ha mejorado mucho en las últimas décadas. A través de las distintas asociaciones y de los contactos profesionales que tenemos, se ha conseguido avanzar mucho a nivel técnico y teórico. En los congresos y reuniones a las que asistimos se van intercambiando todas estas informaciones, que permiten generar unos documentos llamados ‘guías de manejo‘ en los que se establecen las necesidades de cada especie animal. Estos documentos se van actualizando cada dos años y en ellos participan todos los zoológicos que tienen animales de dicha especie en sus instalaciones”, explica. Agustín hace referencia a la Asociación Europea de Zoos y Acuarios (EAZA, por sus siglas en inglés) y a su filial española, la AIZA.

La alimentación y la higiene de los animales en los zoos es uno de los principales focos de controversia. (Foto: Ina Fassbender / Reuters)

La alimentación y la higiene de los animales en los zoos son dos de los principales focos de controversia. (Foto: Ina Fassbender / Reuters)

La Directiva Europea data de 1999. Su finalidad es proteger la fauna silvestre y conservar la biodiversidad mediante la adopción de medidas relativas a la autorización e inspección de los parques zoológicos en la Comunidad. La normativa española se adaptó a ella en el año 2003, y sus disposiciones son claras. Los animales deben estar alojados en condiciones que permitan la satisfacción de sus necesidades biológicas y de conservación. Además, hay que proporcionar a cada una de las especies “un enriquecimiento ambiental de sus instalaciones, al objeto de diversificar las pautas de comportamiento que utilizan los animales para interaccionar con su entorno, mejorar su bienestar y, con ello, su capacidad de supervivencia y reproducción”.

Tanto la EAZA como la AIZA, que legislan el funcionamiento de los zoológicos en España, disponen de diversos programas de cría para regular la procedencia de los animales y se basan principalmente en aquellos que están en peligro de extinción. “En todos los zoos hay un coordinador que se encarga de controlar el programa y hacer que todas las instituciones participantes dirijan a los animales a un sitio o a otro según interese a nivel genético. El objetivo es tener poblaciones genéticamente saludables a medio plazo, unos 90-100 años, que no haya endogamia. Sin embargo, el propósito final es también muchas veces la reintroducción de los animales en sus lugares de origen. En algunos casos se consigue hacer, a pesar de su dificultad. Ha ocurrido por ejemplo con la gacela mohor en el Sáhara, el caballo de Przewalski o el ciervo del Padre David”, indica Agustín.

La orca Morgan fue rescatada en Holanda y posteriormente trasladada a un zoo español. (Foto: Peter Dejong / AP)

La orca Morgan fue rescatada en Holanda y posteriormente trasladada a un zoo español. (Foto: Peter Dejong / AP)

Una visión muy diferente tiene PACMA, el partido animalista que en las últimas elecciones generales cosechó un millón y medio de votos en las cámaras de representación españolas. Laura Duarte, portavoz del grupo, lamenta que “los animales vivan encerrados en los zoológicos tras ser capturados en su hábitat o nacidos en cautividad. En cualquiera de los dos casos, el sufrimiento para estos animales es incuestionable puesto que pasarán el resto de sus vidas sin poder desarrollar sus comportamientos de forma natural, sin poder interactuar con otros miembros de su especie como lo harían en libertad y sin ver cubiertas sus necesidades más básicas”. Pone como ejemplo la captura de la orca Morgan en aguas holandesas en junio de 2010, que después de su rehabilitación no fue puesta en libertad sino trasladada al Loro Parque de Tenerife.

Para Laura, la legislación española no se posiciona en favor del bienestar de los animales sino del “interés comercial”. Siempre que no sea posible su reintroducción en la naturaleza, defiende, se debe trabajar para “reconvertir los zoológicos en lugares en los que se pueda rehabilitar a los animales encerrados para que vivan el resto de sus vidas, y esto implica entre otras cosas desarrollar campañas de concienciación y presión” que luchen por el cambio en las leyes. “Además de las lesiones físicas que pueden sufrir los animales en estos recintos, en muchos casos por agresiones entre individuos motivadas por el estrés y la ansiedad, la alteración psicológica más frecuente es el trastorno por estereotipia, que es un patrón de comportamiento repetitivo e invariable visto con frecuencia en los animales encerrados”, añade.

Las guías de manejo de los animales están sometidas a inspecciones periódicas. (Foto: Andrea Comas / Reuters)

Las guías de manejo de los animales están sometidas a inspecciones periódicas. (Foto: Andrea Comas / Reuters)

Una cuestión pedagógica

Los profesionales que trabajan en los zoológicos o colaboran directamente con ellos, subrayan su importancia en el ámbito educativo de los ciudadanos. Para Agustín, los animales “funcionan como embajadores de su especie, que vive en sus lugares de origen. Muchos niños ven despertar su vocación cuando observan a los animales en el zoo. Quieren ser veterinarios, biólogos, comprometerse con la naturaleza… Esta es una de nuestras funciones principales, la educativa”.

Sin embargo, ¿es posible mantener esa cualidad didáctica mediante otra fórmula? Como alternativa se presenta eZOO, al que muchos consideran “el zoo del futuro”, que sustituye los animales por el uso de la última tecnología audiovisual. Entre sus innovaciones cuenta con escenarios de realidad virtual y proyecciones holográficas que envuelven a los visitantes en atmósferas casi idénticas a las originales, desde las profundidades del océano hasta la selva amazónica. “Pero los animales vivos son muy difíciles de sustituir con la tecnología. Y los psicólogos dicen que la experiencia vivida en directo con los animales es muy diferente a cuando los ves a través de una pantalla o un libro”, apunta Agustín.

Los espectáculos con animales pretenden convertirse en mensajes educativos para el público. (Foto: Eric Gaillard / Reuters)

Los espectáculos con animales pretenden convertirse en mensajes educativos para el público. (Foto: Eric Gaillard / Reuters)

“La función pedagógica que se atribuye a los zoológicos se asienta sobre una mentira”, replica Laura. “Existen miles de especies amenazadas en todo el mundo y son sólo unas pocas las ‘seleccionadas’ por los zoológicos, lo cual denota una actitud meramente comercial, alejada de cualquier interés en la conservación de especies o la pedagogía”. Según ella, es imposible entender la conducta de los animales cuando no se están comportando de manera natural en los recintos.

Flaco favor hacen a la causa de los zoológicos casos como el de Pizza, el ‘oso polar más triste del mundo‘, que vive encerrado en un pequeño habitáculo en un centro comercial de China. “Esta noticia nos denigra como sociedad. También ocurrió con el oso polar Arturo, que vivió 22 años encerrado en una jaula pintada de azul, sin contacto con otros individuos, soportando 40 grados de temperatura en verano, aburrido, solo y enfermo en el zoo de Mendoza, en Argentina”. Una opinión que comparte Agustín, para el que este tipo de instalaciones “subestándar” no cumplen los criterios europeos de “bienestar animal y manejo actual”.

El 'oso polar más triste del mundo' permanece encerrado en un centro comercial chino. (Foto: Stringer / Reuters)

El ‘oso polar más triste del mundo’ permanece encerrado en un centro comercial chino. (Foto: Stringer / Reuters)

El cautiverio como espectáculo

Los espectáculos con animales son frecuentes en los zoológicos. El público asiste a estas exhibiciones desconociendo lo que hay detrás de ellas, lo que genera muchas dudas en torno al trato que reciben los animales para su entrenamiento. Agustín garantiza que “ya no se hacen del tipo circense, sino que están basadas en comportamientos naturales. A los animales les viene muy bien esta clase de entrenamiento con refuerzo positivo, los entrenadores les mantienen motivados con una buena salud tanto física como psíquica. Se da en todas las especies con las que realizamos estas demostraciones, como aves rapaces, aves exóticas o mamíferos marinos”.

“No sólo son víctimas de su propia privación de libertad, sino que muchos, especialmente aquellos que son utilizados en espectáculos, sufren maltrato físico para obligarles a aprender pautas de comportamiento”, dice Laura. PACMA lleva años luchando contra estas prácticas en ciudades de todo el país con el lema de conceder a los animales “sus tres derechos básicos: el derecho a la vida, a la libertad y a no sufrir”.

El principal objetivo de los zoológicos es reintroducir a los animales en sus lugares de origen, aunque no siempre es posible. (Foto: Alywin Chew / Reuters)

El principal objetivo de los zoológicos es reintroducir a los animales en sus lugares de origen, aunque no siempre es posible. (Foto: Alywin Chew / Reuters)

En España, estos derechos están recogidos en el Código Penal y fueron modificados por última vez en julio de 2015. Paso a paso las reformas evolucionan hacia esa convivencia próspera, ese vínculo inquebrantable entre ambas especies que parecía haberse difuminado en el tiempo. Y es que el ser humano y los animales sólo pueden entenderse a través del respeto mutuo, una meta en común imposible de contener en una jaula.

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La Transición española terminó con Barcelona 92

Cecilia de la Serna

Foto: EFE
EFE

Casi 17 años separan la muerte de Franco en el 75 y la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, que este 25 de julio celebran sus bodas de plata. En esos 17 años, España se esforzó por abrirse al mundo, por dar a entender que los años más oscuros de la dictadura franquista eran algo del pasado y, en definitiva, por parecer algo menos paleta. La gran oportunidad de hacerlo llegó en 1992, gracias a la trascendencia internacional de grandes eventos como la Expo de Sevilla y, especialmente, por la celebración de los Juegos Olímpicos en la ciudad condal.

La Transición española terminó con Barcelona 92
Las mascotas de la Expo 92 de Sevilla, “Curro”, y de las Olimpiadas de Barcelona 92, “Cobi”, posaban juntas en el recinto de la Exposición Universal de Sevilla. | Foto: Efe

De camino al sueño olímpico

El propio recorrido de Barcelona hasta ser sede olímpica es una muestra de la voluntad conjunta de enseñar al mundo una España diferente, más moderna y libre. Frente a Barcelona competían otras ciudades, algunas entonces con más nombre y peso como París o Ámsterdam, que sin embargo no lograron batir a lo que representaba el milagro español post franquista.

Antes de 1992, Barcelona había sido candidata para los Juegos Olímpicos de 1924, 1936 y 1940, candidaturas de las que había salido sin pena ni gloria. Narcís Serra, quien ocupó la alcaldía barcelonesa del 79 al 82 -años clave de la Transición-, fue el que inició un proceso que pasó, primero, por la autorización del rey Juan Carlos I y, después, por la aprobación popular en masa de los barceloneses. El sueño olímpico fue transformándose en una probabilidad muy clara gracias a la euforia generalizada y a una importante trama diplomática.

Por entonces presidía el COI el español Juan Antonio Samaranch, quien sin duda jugó un papel fundamental en la elección final de Barcelona para acoger el evento más grande del planeta y quien, después de la clausura, llegó a afirmar que habían sido los mejores Juegos de la era moderna. Fue él el encargado de anunciar en Lausana, en un perfecto francés, que la segunda ciudad más grande de España organizaría los Juegos tras una no muy apretada lucha con la capital gala. Ya estaba hecho, y Barcelona se tornó en una fiesta. El comité de la candidatura voló rápido de vuelta hasta el Prat para poder festejar con los barceloneses este gran hito por las calles de la ciudad. “Aquello que es bueno para Barcelona es bueno para Cataluña y aquello que es bueno para Cataluña es bueno para España”, gritó al mundo el entonces alcalde de la ciudad condal, Pasqual Maragall. Todos incluidos, todos contentos. Desde los que formaron parte de ese comité inicial recuerdan a menudo que la idea que primó es que fueran los Juegos los que estuvieran al servicio de Barcelona, y no al revés.

España mira cara a cara al mundo

El reto que presentaba la celebración de estos Juegos era mayúsculo. Por un lado, la organización española debía ser capaz de mostrarse segura y seria, superando todos los clichés que allende de nuestras fronteras tenían –y todavía mantienen- sobre los españoles, y por otro debía ser capaz de sorprender al mundo. No es de extrañar que la organización del evento invirtiera tanto tiempo, esfuerzo y dinero en crear un auténtico espectáculo de primera para inaugurar y clausurar los Juegos Olímpicos. Barcelona debía mostrarse como es, sin complejos, para poder maravillar al mundo. Y lo consiguió.

No es casualidad que la gran ceremonia la dirigiera un publicista. Luis Bassat, fundador de la prestigiosa firma publicitaria Bassat, Ogilvy & Mather en España, fue el responsable de crear una inauguración que terminó convirtiéndose en “el spot más largo y mejor de mi vida”, en sus propias palabras. Se trataba, efectivamente, de venderse. No es baladí, ya que la exitosa organización de estos Juegos originó el boom turístico de la ciudad condal que en la actualidad le está pasando una factura desmesurada.

Las malas lenguas dicen que el encendido del pebetero, que se hizo a través del lanzamiento de una flecha por parte de Antonio Rebollo, estuvo trucado. Sin embargo, poco parece importar lo que las malas lenguas dicten, ya que esa imagen quedará siempre para la Historia.

Los seis grandes momentos deportivos de Barcelona 92

Deportivamente hablando, los Juegos de la XXV Olimpiada destacaron por ser un auténtico torbellino de emociones, inesperadas medallas y por suponer la mejor marca en el medallero histórico de España, con 22 metales en su haber. En total fueron 7.555 deportistas -de los que 3.008 eran mujeres- los que representaron a las 71 naciones que participaron. Además, por primera vez en muchas ediciones, ninguna nación intentó boicotear el evento.

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El ‘Dream Team’ del baloncesto norteamericano celebra su oro frente a Croacia. | Foto: Ray Stubblebine / Reuters

Quien destacó por encima de todos no fue un atleta, sino un equipo: el Dream Team, la selección estadounidense de baloncesto liderada por las ya leyendas Magic Johnson, Michael Jordan y Larry Bird. Este conjunto que se estrenaba en unos Juegos Olímpicos -se admitió por primera vez la participación de jugadores de la NBA-, logró 117 puntos de promedio en 8 partidos y ganó la medalla de oro derrotando en la final a Croacia, y atrajo además toda la atención de la Villa Olímpica.

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El entonces príncipe Felipe abandera la delegación española en Barcelona. | Foto: EFE

El ahora rey Felipe VI fue el abanderado español en la ceremonia inaugural, ya que participaba en la clase soling de vela, pero el atleta español que destacó por encima de todos fue Fermín Cacho. Gracias a su oro logrado, con gran sorpresa, en los 1.500 metros de atletismo, Cacho se ganó el respeto de sus competidores y el cariño de los españoles.

Otro momento deportivo que sigue en la retina de muchos es el denominado ‘espíritu de Redmond’. No lo hace por ser un extraordinario alarde de talento o fuerza, sino por encarnar el verdadero espíritu olímpico: nunca te rindas. Este atleta británico era uno de los favoritos para el podio de los 400 metros lisos, pero no pudo llegar siquiera a la final. A mitad de carrera de la semifinal, Redmond se lesionó y cayó al suelo, tras lo que se levantó y recorrió entre lágrimas los metros que le faltaban para llegar a la meta. Su gesta fue recordada por el COI con ocasión de los pasados Juegos de Río.

En atletismo volvió a reinar Carl Lewis, que ganó el oro en salto de longitud y en el relevo 4×100. El ‘Hijo del Viento’, uno de los mejores atletas de toda la Historia, no defraudó en la cita olímpica de 1992, a la que llegó ya con 31 años.

También destacó el nadador ruso Alexander Popov, que ganó los 50 y 100 metros estilo libre. La atleta etíope Derartu Tulu consiguió otro de los grandes hitos deportivos de Barcelona 92 gracias a su triunfo en los 10.000 metros, convirtiéndose en la primera atleta africana en llevarse un oro.

Cada uno de estos momentos suponen leyendas y récords -a veces ya superados, y es que en 25 años hay tiempo para batir cualquier marca-, pero sobre todo suponen la historia narrada de unos Juegos que marcaron un antes y un después en el deporte de élite mundial.

Iconos de una generación

La celebración de unos Juegos Olímpicos suelen trascender lo meramente deportivo. En Barcelona, esta máxima se hizo evidente. Los iconos de Barcelona 92 fueron los iconos de toda una generación. Desde Cobi, la mascota creada por el diseñador español Javier Mariscal y que todavía protagoniza el merchandising de los más nostálgicos, hasta canciones como Barcelona -interpretada por Montserrat Caballé junto al ya por entonces fallecido Freddie Mercury– o Amigos para siempre, esa rumba catalana de los Manolos que cerraron por todo lo alto los Juegos.

Con atletas, canciones, mascotas y un sinfín de anécdotas, Barcelona 92 supuso un punto de inflexión en la última década del siglo XX español. El mundo tuvo la oportunidad de redescubrir una España que ya abrazaba a Europa desde la Comunidad Económica Europea, y que sin complejos se erigía como un puerto para la cultura y el deporte globales. Los que no tuvimos la ocasión de disfrutar de estos Juegos -o que lo hicimos con apenas un añito de edad- debemos rescatarlos con una nostalgia impostada. Los historiadores no atinan aún en coincidir en una fecha clave para el fin de la Transición española -desde el 23F hasta el primer gobierno de Aznar hay opiniones para todos los gustos-, pero si una fiesta puso fin a esa Transición esa fue la de Barcelona 92.

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Ayn Rand, Donald Trump y Manolito Gafotas

José Carlos Rodríguez

Elvira Lindo está perpleja. Perpleja porque Donald Trump lea libros. Perpleja porque en su ‘short list’ está la escritora rusa, nacionalizada estadounidense, Ayn Rand. Y perpleja porque ésta lleva décadas teniendo influencia sobre infinidad de personas. Es el sino del progre, vivir perplejo al observar que la realidad no se ajusta a su estrecha concepción del mundo, y escandalizado al comprobar que es así. El progre tiene la misma posición ante el mundo que una devota señora de Vetusta.

Lindo ha quedado atrapada, en este asunto, en ese círculo vicioso entre los prejuicios, la ignorancia, el asombro y la indignación en el que viven, como pez en pecera, los hombres y mujeres de progreso. Lo de la ignorancia se puede remediar. Es verdad que Rand expresó su filosofía en sus novelas (la primera de las cuales no es ‘El Manantial’, sino ‘Los que vivimos’, por cierto). Pero también escribió ensayos de filosofía. Llamó a su filosofía “objetivismo”, porque parte de que hay una realidad objetiva, aprehensible por la mente humana, que es capaz, de este modo, de representar el mundo por el sólo ejercicio de la razón. Esta posición le conduce a decir que todo se puede someter al cedazo razón, sin dejar pasar un sólo “prejuicio”. Una posición que verían muy bien los autores de la Ilustración francesa. Y que encaja muy mal con el conservadurismo y su aprecio por el conjunto de usos y costumbres que hemos heredado de nuestra experiencia; lo que llamamos moral, tradiciones e instituciones. Como Lindo no sabe nada de esto, dice que Rand “inspira el pensamiento ultraconservador”.

En su fragmentado mundo de ideas, conservador, individualista y partidario de la libertad económica entra todo en el mismo saco. Es verdad que ese racionalismo (dogmático, corramos a decirlo), le llevó a defender el capitalismo. Es verdad, también, que sufrió el azote del comunismo, y que huyó de él en cuanto tuvo ocasión. El capitalismo le permite a la española vivir de lo que escribe, a pesar de que en el mismo artículo coloca una coma delante de un verbo “Ahora, está viviendo…”, y se le cae la concordancia de género “hay un piedra que se lanza contra el débil”.

Lindo le acusa de ser “vehementemente anticomunista”, y me pregunto si también le acusaría, a ella o a cualquier otra persona, de ser “vehementemente anti nacional socialista”. Al parecer, en la crítica al totalitarismo responsable directo de la muerte de decenas de millones de personas hay que ser moderado. Debe de haber un número de víctimas de la represión moralmente aceptable, un orden de magnitud en las masacres del socialismo con el que una persona de progreso puede transigir. Un terreno a medio camino entre los excesos de un Lenin y el fanatismo derechista, ese pleonasmo, que entiende que tenemos derecho a vivir libremente y asumiendo la responsabilidad de nuestras acciones. Que es lo que proponía Ayn Rand.

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Disforia postcoital, la tristeza después del orgasmo

Lidia Ramírez

Foto: Flickr

Ya lo dijeron los romanos: “post coitum omne animal triste est” (después del coito, todo animal está triste). Bajón, lloros, sentimiento de tristeza y culpa, melancolía… muchas son las personas que aseguran sufrir estos sentimientos después de llegar al orgasmo. La ciencia lo ha bautizado como disforia postcoital y ocurre con más frecuencia de lo que pensamos. Pero, ¿cuáles son las causas de esta conmoción después de un acto, supuestamente, placentero?

Para la sexóloga Ruth Ousset, es una cuestión de educación y cultura. “Muchas personas utilizan el sexo como una forma de recibir cariño. ¡ERROR! El sexo es sexo, y el amor y el cariño son cosas diferentes”, explica la terapeuta de pareja, para quien hay mucha gente que aún no ha normalizado el acto sexual: “yo los llamo gente Disney, es decir, la mujer que busca a su príncipe azul y el hombre que busca a su princesa”.

Por lo general, la disforia postcoital es un fenómeno que ocurre, sobre todo, en aquellas sociedades que carecen de una educación sexual solida y normalizada. “Durante el acto sexual florecen los besos, caricias, arrumacos… todo con un fin, llegar al orgasmo. Sin embargo, en muchas ocasiones, alcanzado el clímax, todo esto desaparece”. Es aquí cuando florece el sentimiento de frustración. Por ello, para la psicóloga, es muy importante la comunicación entre la pareja. “Si necesitas un abrazo, pídelo”, hace hincapié Ousset.

Por otro lado, está ese sentimiento de fracaso y desilusión tras el sexo por razones biológicas. Según explica el psiquiatra británico Richard Friedman, la amígdala –la parte del cerebro que regula la ansiedad y el desasosiego– deja de funcionar durante la cópula. Cuando esta acaba, vuelve a recordarnos que los problemas siguen ahí. Por lo que en este sentido, para Friedman, la disforia postcoital sería un efecto secundario de la vuelta a la realidad biológica natural después del clímax.

Sin distinción de sexos

Aunque todos los estudios al respecto, según la terapeuta de pareja, analizan este fenómeno en la mujer (una investigación en 2004 publicada en International Journal of Sex Health estableció que hasta el 10% de las mujeres lo sufrían de forma habitual) “la disforia postcoital no distingue de sexos”. “Los hombres también lloran después del sexo, lo que pasa que socialmente a la mujer se le ha dado permiso para llorar y al hombre no”, enfatiza.

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El artista que cubre tatuajes gratis para acabar con el racismo

Redacción TO

Foto: Southside Tattoo Parlour

Muchos han aprendido a vivir con un tatuaje que no quieren en su cuerpo. Ya sea porque ya no se corresponde con la persona que eres ahora o porque te lo hiciste un día de fiesta por Ibiza y ahora te arrepientes. Redibujar la tinta del tatuaje es una opción si crees que la eliminación por láser es cara, como demuestra el artista Dave Cutlip, que ha llegado aún más lejos en su estudio de Baltimore: ayudar a las personas con tatuajes racistas a deshacerse ellos gratuitamente”.

Para algunos de los clientes de Cutlip, los tatuajes fueron un símbolo de supervivencia, cuando llevar una esvástica o una bandera confederada significaba la diferencia entre la vida y la muerte. “Todo empezó cuando una persona me llamó para ver si podía redibujarle unos tatuajes que se había hecho cuando estaba en una banda callejera”, explica Cutlip a la revista digital Good, “Podía ver el daño que se le había hecho a esa persona, pero sinceramente, no quería ayudarle”.

Normalmente, cubrir un tatuaje por otro es una labor tediosa y, sobre todo, bastante cara. Después de hablar con aquel hombre durante 45 minutos Cutlip entendió la razón detrás de esos tatuajes, y al terminar la conversación, el tatuador y su pareja decidieron que podían ayudar a gente así. El resultado fue un crowfunding viral que recaudó lo suficiente, unos 21.000 dólares, para permitir a Culpit la cobertura de 15 tatuajes.

El estudio que cubre tatuajes racistas gratis

Al principio todo comenzó con pequeñas donaciones para agujas y papel, pero finalmente la campaña despegó y ahora espera poder ingresar 60.000 dólares con los que piensa ayudar a financiar sus servicios.

El estudio que cubre tatuajes racistas gratis 2

Una sesión de láser, que eliminaría por completo todo rastro de tinta del cuerpo, cuesta alrededor de 500 dólares la sesión y se necesitan entre cinco y siete. Cubrir el tatuaje puede costar entre 1.000 y 2.000 dólares dependiendo del tamaño. Cutlip argumenta que su manera de hacer las cosas no tiene nada que ver con el dinero, si no que él se compromete a ayudar a aquellas personas que ya se han comprometido con el cambio.

El estudio que cubre tatuajes racistas gratis 1

“Los medios de comunicación me han preguntando cuál es el tatuaje más memorable con el que he trabajado”, dice Cutlip. “Pero para ser sincero, todos han sido memorables. Todas estas personas, no creo que fueran racistas para empezar. Creo que hicieron lo que tuvieron que hacer para sobrevivir en el lugar que estaban en ese momento de su vida”.

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