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Claves de la XII Legislatura: diálogo, sí; frentismo, también

Marta Ruiz-Castillo

Foto: martaruizcastillo

España ha cerrado por fin un periodo de bloqueo político que ha durado diez meses desde las elecciones generales del 20 de diciembre. En ese tiempo, el país ha visto pasar la XI Legislatura, la más corta de la historia reciente con apenas cinco meses de vida; la investidura fallida del entonces secretario general del PSOE, Pedro Sánchez; unas segundas elecciones en junio; la constitución de la XII Legislatura; otra investidura fallida, esta vez del candidato del PP, Mariano Rajoy; y una tercera investidura que, en segunda votación, ha desbloqueado la situación política con la reelección de Rajoy como presidente del Gobierno en el debate de investidura que concluyó el sábado 29 de octubre. Sólo dos días antes de que expirara el plazo para que el rey disolviera las Cortes y convocara unas terceras elecciones, según el mandato constitucional.
Y ha sido el temor a la repetición de los comicios lo que ha permitido – no sin dejar por el camino demasiadas tensiones, fracturas y amenazas veladas o no tan veladas – que el país deje de estar en funciones. ¿Por cuánto tiempo? Esa es ahora la pregunta del millón porque el Ejecutivo que presidirá Mariano Rajoy no cuenta con una mayoría absoluta y, si ha logrado ser investido presidente es gracias a los pactos firmados con Ciudadanos y con Coalición Canaria, pero también y, sobre todo, a la abstención del PSOE.

Será una legislatura en la que “será necesario” el diálogo constante, negociar y ceder para sacar adelante reformas necesarias, pero la existencia de dos bloques ideológicos diferenciados también augura un tiempo de duros enfrentamientos dialécticos. “No va ser una legislatura fácil”. En esto coinciden todos los representantes de los grupos parlamentarios a los que hemos preguntado. Donde ya no hay tanta coincidencia es respecto a su duración.

Compromisos ineludibles y amenazas veladas

Desde las filas del PP, el guión es el que ha marcado su presidente Mariano Rajoy en su discurso de investidura, y así lo atestiguan los diputados consultados que se remiten a lo expuesto por su líder. “España reclama un Gobierno que sea estable, duradero, sólido y tranquilizador”. Un Gobierno “basado en acuerdos porque así lo exigen los resultados electorales”, pero con matices. Rajoy quiere gobernar y está dispuesto a compartir la responsabilidad de una tarea como es la de dirigir los designios de todo un país. Diálogo y reformas en materia laboral, en educación, en pensiones, en fiscalidad, en derechos sociales. Pero cuidado, porque los populares lo que no están dispuestos es a derogar sus leyes, como su controvertida Lomce conocida como Ley Wert, que ha sacado a la calles en 23 ocasiones a estudiantes, profesores y padres; o la llamada Ley mordaza o la reforma laboral. “Reformarlas, sí; derogarlas, no”, dicen. “No estoy dispuesto a derribar lo construido; se puede mejorar, pero no puedo aceptar su demolición”, ha dicho Rajoy.

Rajoy quiere aprobar los PGE para 2017 y cumplir con Bruselas. /Foto: Andrea Comas / Reuters)
Rajoy quiere aprobar los PGE para 2017 y cumplir con Bruselas. /Foto: Andrea Comas / Reuters)

De sobra es sabido que el PP tampoco está dispuesto a “incumplir los compromisos con la Unión Europea”, ni a negociar “la unidad de España o la igualdad de los españoles” o “quebrar la estabilidad presupuestaria”. Estas materias no entran dentro del paquete de negociaciones del Partido Popular. Los Presupuestos Generales del Estado para 2017 y el cumplimiento de las exigencias de Bruselas que incluyen un ajuste de más de 5.000 millones de euros, son el principal caballo de batalla para Rajoy en esta legislatura. Lo dijo en el debate y lo repiten sus asesores. Más allá de estas premisas, todos aseguran que “estamos abiertos al diálogo”.

Pero del dicho al hecho hay mucho trecho y frente a los partidos de la oposición más a la izquierda, frente a los independentistas catalanes, frente a los nacionalistas vascos e, incluso, frente a los partidos más moderados como PSOE o Ciudadanos, la consigna es amenazar con que viene el lobo. El lobo son unas nuevas elecciones si el Parlamento paraliza o impide sacar adelante las políticas del gobierno de Rajoy. Amenazas veladas o no, lo cierto es que es potestad exclusiva del presidente del gobierno convocar elecciones generales, de acuerdo con la Constitución. “Eso es lo que Ciudadanos y el PSOE le han dado a Rajoy, que amenace con elecciones cuando no logre lo que quiere”, dicen compungidos diputados de partidos de la izquierda como Podemos, Izquierda Unida, Compromís o la antigua Convergencia.

Curar las heridas y hacer oposición

En el PSOE no está el horno para bollos y quizá su mal menor sea lo que ocurra en el Congreso en esta nueva legislatura. Como almas en pena van sus señorías por el Congreso desde que el 1 de octubre saltara por los aires el partido y el Comité Federal se convirtiera en un ring sin cuadrilátero donde las divergencias de estrategia política, de ideas, traspasaron el umbral de lo personal, con insultos, gritos y reproches hasta entonces no escuchados en la sede nacional del PSOE de la madrileña calle Ferraz.

Lo ocurrido tiene que ver con la investidura de Rajoy. El PSOE, que en las urnas ha sido el segundo partido más votado pero con una pérdida de votos histórica en cada convocatoria, no tenía fácil salida. “Estábamos en una encrucijada”, dicen. “Teníamos que elegir entre lo malo y lo peor”. El ‘no’ a Rajoy encabezado por Pedro Sánchez, secretario general hasta ese mismo día 1 en el que presentó su dimisión, y su incapacidad para formar un gobierno con Ciudadanos y Podemos, fue el principio del fin. Desde el llamado ‘aparato’ socialista – entre los que están los presidentes regionales conocidos como ‘barones’ – las voces contrarias a la posición de Iglesias fueron creciendo hasta convertirse en un clamor encabezado por la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, amparada nada más y nada menos que por el ex secretario general, Felipe González. La historia es de sobra conocida. Sánchez dimitió y una gestora dirige en estos momento de forma interina el PSOE. El presidente de Asturias, Javier Fernández, está al frente de la misma desde ese aciago día. Un nuevo Comité Federal, menos bronco que el anterior, dejó a los ‘sanchistas’ derrotados al decidirse por votación que el PSOE se abstendría en la investidura de Rajoy. Desde el primer momento hubo quien dijo que no acataría la decisión y que votaría en contra del candidato del PP como así ha ocurrido. En total han sido 15 los diputados díscolos, incluidos los siete diputados del PSC.

Antes de la votación del sábado 29, en conversaciones con diputados de ambas facciones, mientras unos aseguraban que desde la gestora se estaba amenazando a quien osara romper la disciplina de voto – “hay gente a la que le están haciendo llorar”; “he visto cómo se amenazaba con expulsarlos del partido” -, miembros próximos a la gestora negaban este extremo. “Se les está intentando convencer de que acaten lo que se acordó en el principal órgano del partido”, “sólo les recordamos que las decisiones del Comité Federal hay que acatarlas cuando gustan y cuando no”. El propio Fernández declaró públicamente que no le constaban amenazas o presiones de nadie.

Antonio Hernando saluda a un Pedro Sánchez distante. (Foto: Andrea Comas / Reuters)
Antonio Hernando saluda a un Pedro Sánchez distante. (Foto: Andrea Comas / Reuters)

Pero el enfrentamiento ha seguido estando presente. Antonio Hernando, que ha defendido la abstención a Rajoy cuando antes defendía el ‘no’, ha pasado momentos malos y ha agradecido las muestras de apoyo que contrarrestaban los insultos y los duros reproches que ha recibido de compañeros de filas, por no hablar de diputados de otros partidos. “Abstención o elecciones”. La frase de Hernando en el hemiciclo durante el debate de investidura resume perfectamente el doloroso cambio de opinión del partido socialista.

“Ahora tenemos que recomponernos y eso nos va a llevar tiempo. Se han dicho muchas cosas, el partido está roto”, nos comenta una diputada. “Soy de las que se va a abstener por responsabilidad”. “Todo es muy triste”, comenta otra parlamentaria, y eso, antes de que se confirmara la renuncia de Pedro Sánchez a su escaño para seguir dando la batalla en el partido como militante de base y buscando el apoyo de los militantes. Sánchez, que votó ‘no’ a Rajoy en la primera votación como el resto de su grupo, no quiso formar parte de la escenificación de la abstención pero tampoco quiso violar con un ‘no’ la decisión del Comité Federal. Su solución: dejar el escaño. Acierto o no, es algo que se verá con el tiempo.

¿Será larga o no esta legislatura? La pregunta a los socialistas parece no preocuparles mucho. “Será lo que quiera Rajoy”. “Necesitamos tiempo para cerrar las heridas internas pero que no se equivoquen ni el PP ni Podemos, vamos a ser el principal partido de la oposición, como siempre, con propuestas dirigidas a mejorar la vida de los ciudadanos. El PP nos va a tener en frente”, aseguran.

El frentismo como estrategia

La debilidad del PSOE es una baza con la que va a jugar Unidos Podemos y sus confluencias. Se vio en el debate de investidura en el que Pablo Iglesias dedicó más tiempo a criticar al PSOE, tratando de apearlo de la oposición, que a responder a Rajoy. En Podemos hay muchas sensibilidades así que no es fácil obtener una sola opinión sobre cómo será esta nueva legislatura. En una cosa sí coinciden y es en que ellos son la verdadera oposición. El único grupo que es capaz de enfrentarse a la “oligarquía”, a los “poderes fácticos que han colocado de nuevo a Rajoy en el Gobierno a costa de acabar con el PSOE”. Un miembro de la dirección de Podemos asegura que “nosotros estamos aquí para defender a los débiles y lo vamos a hacer aunque a algunos no les guete”. La teoría de la conspiración es algo en lo que este partido y ERC parecen creer a pies juntillas. “La triple alianza y quienes han orquestado este golpe oligárquico del sistema nos tendrán en frente” durante la legislatura. Se sienten perseguidos por esos poderes financieros y empresariales que, según ellos, manejan los hilos del país, los mismos que han “acabado con la carrera política de Pedro Sánchez porque se atrevió a decirles no, a ir en contra de sus intereses”.

Pablo Iglesias pide la palabra para quejarse. (Autor: Sergio Pérez /Reuters)
Pablo Iglesias pide la palabra para quejarse. (Autor: Sergio Pérez /Reuters)

Iglesias y los suyos tienen en ERC, con Joan Tardá y Gabriel Rufián a la cabeza, un buen aliado. Los debates de la nueva legislatura ya sabemos por dónde van a ir después de escuchar, primero a Pablo Iglesias y después de los de Esquerra en el debate de investidura de esta semana. “Nos tenemos que defender del acoso al que estamos siendo sometidos”, dicen en los pasillos diputados de Unidos Podemos y sus confluencias. La prueba de esa persecución, añaden, “es la actitud de la presidenta Ana Pastor en el segundo día del debate cuando el portavoz del PP, Rafael Hernando, nos acusó de estar financiados por dictaduras”. “No sólo no nos dio la palabra para defendernos, sino que se la dio a Hernando para que siguiera lanzando mentiras contra nuestro partido”. Por eso, Podemos presentó una queja en el Registro de la Cámara contra Ana Pastor. “Mucho nos tememos que va a ser así durante la legislatura, pero no vamos a pasar por el aro”. Ya lo dijo Iglesias, para quien esta legislatura es la del “epílogo” del PP.

Vigilantes hasta un límite

“Negociar” y “diálogo”, son las palabras con las que Ciudadanos define lo que va a ser la XII Legislatura. Y es que, aseguran, “somos el partido del diálogo, el partido de centro, el partido moderado que necesita el país”. En España no estamos acostumbrados a que un partido negocie a derecha e izquierda como si todo fuera lo mismo. Y ese estar en misa y repicando ha perjudicado electoralmente a un partido que no quería terceras elecciones por nada del mundo. De 40 diputados en diciembre, C’s bajó a 32. Los sondeos les daban una nueva caída en intención de voto en unas hipotéticas terceras elecciones, así que había que acabar con el bloqueo.

Su líder, Albert Rivera, ha dicho que en esta legislatura su obligación es hacer que Rajoy cumpla las 150 exigencias del compromiso de investidura que hizo pasar a Ciudadanos del ‘no’ a Rajoy a la abstención y de la abstención al ‘sí’, para que los votantes no piensen que se han entregado al PP con los brazos abiertos. Ciudadanos “es la marca blanca del PP, no nos engañemos”, dicen desde la filas de Podemos, Izquierda Unida, ERC, Compromís, y la antigua Convergencia. El partido naranja, por su parte, explica este cambio del ‘no’ al ‘sí’ asegurando que “en política, a veces hay que comerse algún sapo”. Y hacer presidente a Mariano Rajoy es un trago que algunos en las filas del partido naranja aún están intentando digerir. Ciudadanos no se fía del PP pero se trataba de escoger entre “susto o muerte”, llegó a decir su líder, Albert Rivera.

Albert Rivera felicita a Mariano Rajoy por su investidura (Foto: Daniel Ochoa de Olza/Pool)
Albert Rivera felicita a Mariano Rajoy por su investidura (Foto: Daniel Ochoa de Olza/Pool)

La legislatura será todo lo larga que quiera Rajoy. La amenaza de unas elecciones no gusta a nadie, menos al propio PP que si hubiera ido a una tercera convocatoria habría vuelto a ganar, según todos los sondeos. Rajoy va a ser quien maneje los tiempos a su conveniencia y convocará elecciones cuando convenga al PP y pille al resto de los partidos con el pie cambiado. Este es el sentir de los partidos de la oposición que creen que el PP logrará “doblar la mano” de Ciudadanos para que ceda en lo importante: los Presupuestos Generales del Estado, los compromisos con Europa, techo de gasto, déficit, recortes. El propio Rivera, ante la amenaza de Rajoy durante el debate de convocar elecciones si no puede cumplir con su programa económico, ya dijo que “todos tendremos que ceder”. Todos no, aseguran en Podemos. “Nosotros no vamos a ceder a los intereses de los ricos”.

El debate de investidura, aseguraban muchos diputados pero también la mayoría de los periodistas, es la medida de lo que va a ser una difícil legislatura en la que los políticos están obligados a entenderse o no, como diría Rajoy.

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Ideología de género y el género del columnismo

Enrique García-Máiquez

Un amigo de las redes sociales se extraña mucho en público y por privado de que yo escriba en The Objective, señalándome cierta querencia del medio por la ideología de género que él y yo consideramos una malandanza. Me ofrece una ocasión estupenda para reflexionar sobre el papel del columnista en los medios. Y si, de paso, podemos evitar cierto desconcierto en los lectores de una o de otra orilla, mejor que mejor.

Si el columnista sólo pudiese escribir en los medios afines, lo llevaría crudo. Siendo reaccionario, como es mi caso, iría listo de papeles. Sólo podría escribir pintadas en los muros de los palacios decrépitos, y eso tampoco, porque él estaría naturalmente en contra de los graffitti. También se perdería uno de los grandes placeres del escritor, que es ser leído por quienes piensan distinto, ganarse su respeto y, ojalá, a veces, su asentimiento.

Por parte del medio, también hay dos condiciones para que esta relación digamos transversal funcione. Que no esté engañado, por supuesto. Y seguro que aquí no es el caso. El jefe de opinión, que me fichó, me conoce de antiguo y de hondo. Cuando él hablaba de que habría diversas sensibilidades políticas en The Objective, de la socialdemocracia al centro-derecha, ya sabía él que yo me salía bastante del abanico, sin duda, pero es que quería que hubiese, de verdad, diversas sensibilidades. El segundo requisito es el respeto a la libertad del escritor, que aquí ha sido siempre exquisito. Llevo mucho tiempo escribiendo lo que me da la gana y nadie ha dicho ni mu.

Volviendo a la ideología de género, la presencia de voces discordantes (y la mía no es la única) es más importante si cabe. Porque, con independencia de que esa ideología esté equivocada o no, que ese no es el tema de esta columna y habrá que discutirlo después, lo más inminente y peligroso suyo es la unanimidad que pretende imponer, poco a poco, con presión creciente, en ámbitos cada vez más amplios de la esfera pública. Que, en tu pequeño ángulo oscuro, te dejen susurrar “no” es muy importante.

Continúa leyendo: Ultras reincidentes

Ultras reincidentes

Melchor Miralles

Ignacio Racionero, un seguidor ultra del Atlético de Madrid que estuvo detenido y pasó 11 días en prisión preventiva por la muerte del seguidor de la Real Sociedad Aitor Zabaleta en el año 1998, ha sido detenido como presunto autor de las tres puñaladas que recibió ayer un seguidor de su mismo equipo, el Atlético de Madrid, miembro también del grupo ultra Frente Atlético, tras la derrota de su equipo frente al Sevilla en las proximidades del Estadio Wanda Metropolitano.

Racionero, que ha cumplido condena durante 10 años por diferentes atracos, especialmente a farmacias, fue identificado por tres testigos del apuñalamiento, y se encuentra aún detenido en dependencias policiales a la espera de pasar a disposición judicial.

Hablamos del Frente Atlético, pero todos los grupos ultras son lo mismo, y sus miembros reinciden y reinciden, y aún hay directivas de muchos equipos de fuste que dan cobijo a estos vándalos peligrosos porque durante los partidos jalean a los jugadores, e incluso hay jugadores que coleguean con los ultras que les aplauden. En este último caso la víctima no era siquiera del equipo contrario, era uno de los suyos, quizá le miró mal, o vaya usted a saber, porque estos ultras son antes que nada violentos, y tiran de navaja con facilidad, porque van armados y para ellos la vida no vale nada, y menos aún la vida de otro. Los testigos cuentan que la víctima estaba en un bar hablando de fútbol, comentando el partido con otros colegas del Frente Atlético, cuando Racionero, inopinadamente, apareció y apuñaló tres veces al chaval, que era uno de los suyos, y lo sabía, porque llevaba una camiseta del grupo

Racionero pertenece a Suburbios Firm, una facción del Frente Atlético, y fue expulsado por el Atlético de Madrid como socio tras un asalto a un entrenamiento del equipo en Majadahonda, por encararse e insultar a jugadores y entrenadores junto a otros diez ultras.

Algunos de sus conocidos, en declaraciones a los medios, han calificado a Racionero como un tipo “inestable”, “que no distingue entre el bien y el mal”, y mantiene relaciones con el grupo ultra Hogar Social Madrid, a quienes apoya en sus acciones, siempre controvertidas.

Estos ultras reinciden. Por eso hay que vigilarles de cerca. Atacan, hieren y matan, y vuelven a hacerlo. La emprenden con los seguidores del equipo contrario o con quien sea, incluso con los suyos.

Los clubes y los responsables políticos y federativos han tardado mucho tiempo en tomarse en serio la lucha contra estos criminales que son bien vistos por quienes manejan la cosa por ser los que “ambientan” los partidos con sus cánticos y sus insultos a los adversarios. Se les ha bailado el agua, no se les ha combatido y perseguido como es debido, y las consecuencias han sido graves, y siguen dando disgustos y liándola, y como muestra lo sucedido el miércoles. Un chaval de 22 años herido de tres puñaladas tras el partido, y el presunto autor con múltiples antecedentes. No debía haber podido estar siquiera por allí, por los alrededores, armado con al menos un cuchillo. Algo ha fallado, y debieran contarnos qué y por qué. Porque, insisto, era reincidente. Podíamos estar hablando de otro muerto. La tercera puñalada que recibió, en la espalda, podía haberle costado la vida. Y el autor del ataque era conocido por sus antecedentes, graves, gravísimos. ¿Por qué estaba en los alrededores del estadio? ¿Llegó a entrar al Metropolitano y asistió al partido? No lo descarten, y sería gravísimo que hubiera sido así. Es necesaria una investigación porque estos hechos se pueden evitar, se deben evitar. Más aún con tanto reincidente como hay entre los ultras insoportables y canallas.

Continúa leyendo: Por qué gravar a la banca es una idea legítima

Por qué gravar a la banca es una idea legítima

Antonio García Maldonado

Foto: Andrew Kelly
Reuters

La idea de imponer una tasa finalista a los bancos que ha propuesto el PSOE merece más consideración que la burla habitual (muchas veces tan impúdicamente interesada) que se le dispensa a todo lo que venga de este partido. Sin entrar en si el destino final de dichos ingresos suplementarios (las pensiones) es el más adecuado, el Partido Socialista señala en la dirección correcta. El dinero está ahí, o en Apple o en Amazon o en Facebook, no en los autónomos ni en las pymes. Francia y Reino Unido aplican tasas parecidas, aunque no son finalistas.

Los argumentos en contra de la tasa no se sostienen. Se habla de que ese recargo lo pagarán los consumidores en forma de comisiones. Razonamiento que invalidaría cualquier tipo de impuesto indirecto. Como el IVA, que paradójicamente es el que más gusta a los que cargan contra la tasa bancaria. Basta con que se prohíba aplicar nuevas comisiones y las inspecciones sean estrictas al respecto, como se ha hecho ya en otros casos en el sector financiero tras la crisis. Respecto a que “es insuficiente” para la magnitud del problema, sería como pedirle al céntimo sanitario que financiara por sí mismo los sobrecostes del sistema de salud en vez de que ayudara un poco.

No obstante, son los economistas de la Escuela Austríaca, nada sospechosos de tener veleidades socialdemócratas, los que mejor legitiman la nueva tasa. Los representantes de esta escuela hablaban y hablan de Estados y bancos como una perniciosa “sociedad de socorros mutuos”. Al no tener que cubrir con sus depósitos el 100% del capital que prestan, la banca tiene capacidad de generar masa monetaria, amparada en un etéreo aval del Estado sostenido en un “too big to fail” que es innegable que ha funcionado todos estos años. Además, las entidades financieras, a diferencia de pymes y autónomos, cuentan con una institución pública (BCE) como prestamista y avalista de casi primera instancia, no de última. ¿A qué sector se le diseña y crea desde el Estado un banco malo para que no se manche con sus propias malas decisiones?

Por tanto, independientemente de la coyuntura de la crisis, es legítimo considerar que hay una dependencia estructural por la que los bancos deben contribuir más para reparar la crisis político-institucional, si queremos dar por superada la económica. Algo parecido a un cupo por los servicios prestados por el Estado, sin cuyo respaldo implícito los principales bancos se pensarían hacer muchos de sus grandes negocios, en España y en el exterior.

En una interesante columna publicada hace unos días, Ian Buruma, nuevo editor de The New York Review of Books, hacía algunas consideraciones agudas sobre Japón. Se preguntaba por qué no había allí populismos, por más que identificara en el primer ministro Shinzo Abe algunos rasgos ‘trumpianos’. Su diagnóstico conciso era que, por un lado, en Japón seguían funcionando instituciones de intermediación depauperadas en Occidente; y por otro, hablaba de una sociedad con uno de los impuestos de sucesiones más altos del mundo (aumentado en los últimos años, contra la tendencia general global). “La eficiencia no crea de por sí sensación de comunidad”, concluía.

También anotaba un rasgo interesante: los ricos japoneses no hacen ostentación de sus fortunas como hacen sus pares en Occidente, por no hablar de la que hacen gala los rusos o los chinos. El resultado es menos desigualdad y menos percepción de la desigualdad existente. Buruma obviaba rasgos muy negativos de Japón, pero señalaba dos problemas clave de nuestras sociedades, como son la mencionada falta de sensación de comunidad y la percepción de dos injusticias: la generacional y la de clase.

El populismo no ha causado la crisis institucional y política en la que estamos, es su principal síntoma. Si queremos revertir las causas, los bancos y las grandes empresas habrán de aportar mucho más porque habrá que repartir más y mejor. La pornografía financiera de bonus, sueldos disparatados, contratos blindados, pensiones inmorales, fortunas estratosféricas y ostentación yuppie en un entorno de salarios bajos y contratos cutres, tenía y tiene un coste. Parece increíble que creyéramos que no sería así.

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Así es el gracioso 'reboot' de Friends para millennials que responde a sus críticas a la serie

Redacción TO

Foto: YouTube

A los millennials no les gusta Friends, o al menos a los millennials más jóvenes. La exitosa sitcom de mediados de los noventa ha sido acusada de homófoba y machista, según recoge una encuesta del diario británico The Independent. Las generaciones más jóvenes rechazan la forma de hacer comedia de la recordada serie de la NBC.

La ficción, disponible para su visionado en streaming a través de Netflix, no ha logrado calar en estos jóvenes ya que están “impactados” por el tratamiento que se hace de determinadas situaciones relacionadas con temas de género e identidad sexual.

Por poner un ejemplo de momentos que molestan, los millennials critican la escena en la que Ross le quita una muñeca Barbie a su hijo, que está jugando con ella, y la cambia por un muñeco de G.I. Joe. Este momento es descrito como un claro ejemplo de perpetuar los roles de género de manera equivocada, y un pensamiento totalmente lejano a la sensibilidad actual sobre la identidad de las personas.

Uno de los momentos descritos como homófobos es de la paranoia de Chandler ante la opción de que el resto lo crea homosexual y los recurrentes chistes en relación a la condición de travesti de su padre, algo que es rechazado por estos jóvenes.

En respuesta a toda esta controversia, un grupo de millennials ha difundido unos títulos de Friends destinados a ellos. En un video que ha se ha hecho viral en las redes sociales se puede ver a los seis amigos haciéndose selfis y utilizando sus móviles, como locos, mostrando esa particular forma de actuar de los millennials.

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