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Claves de la XII Legislatura: diálogo, sí; frentismo, también

Marta Ruiz-Castillo

Foto: martaruizcastillo

España ha cerrado por fin un periodo de bloqueo político que ha durado diez meses desde las elecciones generales del 20 de diciembre. En ese tiempo, el país ha visto pasar la XI Legislatura, la más corta de la historia reciente con apenas cinco meses de vida; la investidura fallida del entonces secretario general del PSOE, Pedro Sánchez; unas segundas elecciones en junio; la constitución de la XII Legislatura; otra investidura fallida, esta vez del candidato del PP, Mariano Rajoy; y una tercera investidura que, en segunda votación, ha desbloqueado la situación política con la reelección de Rajoy como presidente del Gobierno en el debate de investidura que concluyó el sábado 29 de octubre. Sólo dos días antes de que expirara el plazo para que el rey disolviera las Cortes y convocara unas terceras elecciones, según el mandato constitucional.
Y ha sido el temor a la repetición de los comicios lo que ha permitido – no sin dejar por el camino demasiadas tensiones, fracturas y amenazas veladas o no tan veladas – que el país deje de estar en funciones. ¿Por cuánto tiempo? Esa es ahora la pregunta del millón porque el Ejecutivo que presidirá Mariano Rajoy no cuenta con una mayoría absoluta y, si ha logrado ser investido presidente es gracias a los pactos firmados con Ciudadanos y con Coalición Canaria, pero también y, sobre todo, a la abstención del PSOE.

Será una legislatura en la que “será necesario” el diálogo constante, negociar y ceder para sacar adelante reformas necesarias, pero la existencia de dos bloques ideológicos diferenciados también augura un tiempo de duros enfrentamientos dialécticos. “No va ser una legislatura fácil”. En esto coinciden todos los representantes de los grupos parlamentarios a los que hemos preguntado. Donde ya no hay tanta coincidencia es respecto a su duración.

Compromisos ineludibles y amenazas veladas

Desde las filas del PP, el guión es el que ha marcado su presidente Mariano Rajoy en su discurso de investidura, y así lo atestiguan los diputados consultados que se remiten a lo expuesto por su líder. “España reclama un Gobierno que sea estable, duradero, sólido y tranquilizador”. Un Gobierno “basado en acuerdos porque así lo exigen los resultados electorales”, pero con matices. Rajoy quiere gobernar y está dispuesto a compartir la responsabilidad de una tarea como es la de dirigir los designios de todo un país. Diálogo y reformas en materia laboral, en educación, en pensiones, en fiscalidad, en derechos sociales. Pero cuidado, porque los populares lo que no están dispuestos es a derogar sus leyes, como su controvertida Lomce conocida como Ley Wert, que ha sacado a la calles en 23 ocasiones a estudiantes, profesores y padres; o la llamada Ley mordaza o la reforma laboral. “Reformarlas, sí; derogarlas, no”, dicen. “No estoy dispuesto a derribar lo construido; se puede mejorar, pero no puedo aceptar su demolición”, ha dicho Rajoy.

Rajoy quiere aprobar los PGE para 2017 y cumplir con Bruselas. /Foto: Andrea Comas / Reuters)
Rajoy quiere aprobar los PGE para 2017 y cumplir con Bruselas. /Foto: Andrea Comas / Reuters)

De sobra es sabido que el PP tampoco está dispuesto a “incumplir los compromisos con la Unión Europea”, ni a negociar “la unidad de España o la igualdad de los españoles” o “quebrar la estabilidad presupuestaria”. Estas materias no entran dentro del paquete de negociaciones del Partido Popular. Los Presupuestos Generales del Estado para 2017 y el cumplimiento de las exigencias de Bruselas que incluyen un ajuste de más de 5.000 millones de euros, son el principal caballo de batalla para Rajoy en esta legislatura. Lo dijo en el debate y lo repiten sus asesores. Más allá de estas premisas, todos aseguran que “estamos abiertos al diálogo”.

Pero del dicho al hecho hay mucho trecho y frente a los partidos de la oposición más a la izquierda, frente a los independentistas catalanes, frente a los nacionalistas vascos e, incluso, frente a los partidos más moderados como PSOE o Ciudadanos, la consigna es amenazar con que viene el lobo. El lobo son unas nuevas elecciones si el Parlamento paraliza o impide sacar adelante las políticas del gobierno de Rajoy. Amenazas veladas o no, lo cierto es que es potestad exclusiva del presidente del gobierno convocar elecciones generales, de acuerdo con la Constitución. “Eso es lo que Ciudadanos y el PSOE le han dado a Rajoy, que amenace con elecciones cuando no logre lo que quiere”, dicen compungidos diputados de partidos de la izquierda como Podemos, Izquierda Unida, Compromís o la antigua Convergencia.

Curar las heridas y hacer oposición

En el PSOE no está el horno para bollos y quizá su mal menor sea lo que ocurra en el Congreso en esta nueva legislatura. Como almas en pena van sus señorías por el Congreso desde que el 1 de octubre saltara por los aires el partido y el Comité Federal se convirtiera en un ring sin cuadrilátero donde las divergencias de estrategia política, de ideas, traspasaron el umbral de lo personal, con insultos, gritos y reproches hasta entonces no escuchados en la sede nacional del PSOE de la madrileña calle Ferraz.

Lo ocurrido tiene que ver con la investidura de Rajoy. El PSOE, que en las urnas ha sido el segundo partido más votado pero con una pérdida de votos histórica en cada convocatoria, no tenía fácil salida. “Estábamos en una encrucijada”, dicen. “Teníamos que elegir entre lo malo y lo peor”. El ‘no’ a Rajoy encabezado por Pedro Sánchez, secretario general hasta ese mismo día 1 en el que presentó su dimisión, y su incapacidad para formar un gobierno con Ciudadanos y Podemos, fue el principio del fin. Desde el llamado ‘aparato’ socialista – entre los que están los presidentes regionales conocidos como ‘barones’ – las voces contrarias a la posición de Iglesias fueron creciendo hasta convertirse en un clamor encabezado por la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, amparada nada más y nada menos que por el ex secretario general, Felipe González. La historia es de sobra conocida. Sánchez dimitió y una gestora dirige en estos momento de forma interina el PSOE. El presidente de Asturias, Javier Fernández, está al frente de la misma desde ese aciago día. Un nuevo Comité Federal, menos bronco que el anterior, dejó a los ‘sanchistas’ derrotados al decidirse por votación que el PSOE se abstendría en la investidura de Rajoy. Desde el primer momento hubo quien dijo que no acataría la decisión y que votaría en contra del candidato del PP como así ha ocurrido. En total han sido 15 los diputados díscolos, incluidos los siete diputados del PSC.

Antes de la votación del sábado 29, en conversaciones con diputados de ambas facciones, mientras unos aseguraban que desde la gestora se estaba amenazando a quien osara romper la disciplina de voto – “hay gente a la que le están haciendo llorar”; “he visto cómo se amenazaba con expulsarlos del partido” -, miembros próximos a la gestora negaban este extremo. “Se les está intentando convencer de que acaten lo que se acordó en el principal órgano del partido”, “sólo les recordamos que las decisiones del Comité Federal hay que acatarlas cuando gustan y cuando no”. El propio Fernández declaró públicamente que no le constaban amenazas o presiones de nadie.

Antonio Hernando saluda a un Pedro Sánchez distante. (Foto: Andrea Comas / Reuters)
Antonio Hernando saluda a un Pedro Sánchez distante. (Foto: Andrea Comas / Reuters)

Pero el enfrentamiento ha seguido estando presente. Antonio Hernando, que ha defendido la abstención a Rajoy cuando antes defendía el ‘no’, ha pasado momentos malos y ha agradecido las muestras de apoyo que contrarrestaban los insultos y los duros reproches que ha recibido de compañeros de filas, por no hablar de diputados de otros partidos. “Abstención o elecciones”. La frase de Hernando en el hemiciclo durante el debate de investidura resume perfectamente el doloroso cambio de opinión del partido socialista.

“Ahora tenemos que recomponernos y eso nos va a llevar tiempo. Se han dicho muchas cosas, el partido está roto”, nos comenta una diputada. “Soy de las que se va a abstener por responsabilidad”. “Todo es muy triste”, comenta otra parlamentaria, y eso, antes de que se confirmara la renuncia de Pedro Sánchez a su escaño para seguir dando la batalla en el partido como militante de base y buscando el apoyo de los militantes. Sánchez, que votó ‘no’ a Rajoy en la primera votación como el resto de su grupo, no quiso formar parte de la escenificación de la abstención pero tampoco quiso violar con un ‘no’ la decisión del Comité Federal. Su solución: dejar el escaño. Acierto o no, es algo que se verá con el tiempo.

¿Será larga o no esta legislatura? La pregunta a los socialistas parece no preocuparles mucho. “Será lo que quiera Rajoy”. “Necesitamos tiempo para cerrar las heridas internas pero que no se equivoquen ni el PP ni Podemos, vamos a ser el principal partido de la oposición, como siempre, con propuestas dirigidas a mejorar la vida de los ciudadanos. El PP nos va a tener en frente”, aseguran.

El frentismo como estrategia

La debilidad del PSOE es una baza con la que va a jugar Unidos Podemos y sus confluencias. Se vio en el debate de investidura en el que Pablo Iglesias dedicó más tiempo a criticar al PSOE, tratando de apearlo de la oposición, que a responder a Rajoy. En Podemos hay muchas sensibilidades así que no es fácil obtener una sola opinión sobre cómo será esta nueva legislatura. En una cosa sí coinciden y es en que ellos son la verdadera oposición. El único grupo que es capaz de enfrentarse a la “oligarquía”, a los “poderes fácticos que han colocado de nuevo a Rajoy en el Gobierno a costa de acabar con el PSOE”. Un miembro de la dirección de Podemos asegura que “nosotros estamos aquí para defender a los débiles y lo vamos a hacer aunque a algunos no les guete”. La teoría de la conspiración es algo en lo que este partido y ERC parecen creer a pies juntillas. “La triple alianza y quienes han orquestado este golpe oligárquico del sistema nos tendrán en frente” durante la legislatura. Se sienten perseguidos por esos poderes financieros y empresariales que, según ellos, manejan los hilos del país, los mismos que han “acabado con la carrera política de Pedro Sánchez porque se atrevió a decirles no, a ir en contra de sus intereses”.

Pablo Iglesias pide la palabra para quejarse. (Autor: Sergio Pérez /Reuters)
Pablo Iglesias pide la palabra para quejarse. (Autor: Sergio Pérez /Reuters)

Iglesias y los suyos tienen en ERC, con Joan Tardá y Gabriel Rufián a la cabeza, un buen aliado. Los debates de la nueva legislatura ya sabemos por dónde van a ir después de escuchar, primero a Pablo Iglesias y después de los de Esquerra en el debate de investidura de esta semana. “Nos tenemos que defender del acoso al que estamos siendo sometidos”, dicen en los pasillos diputados de Unidos Podemos y sus confluencias. La prueba de esa persecución, añaden, “es la actitud de la presidenta Ana Pastor en el segundo día del debate cuando el portavoz del PP, Rafael Hernando, nos acusó de estar financiados por dictaduras”. “No sólo no nos dio la palabra para defendernos, sino que se la dio a Hernando para que siguiera lanzando mentiras contra nuestro partido”. Por eso, Podemos presentó una queja en el Registro de la Cámara contra Ana Pastor. “Mucho nos tememos que va a ser así durante la legislatura, pero no vamos a pasar por el aro”. Ya lo dijo Iglesias, para quien esta legislatura es la del “epílogo” del PP.

Vigilantes hasta un límite

“Negociar” y “diálogo”, son las palabras con las que Ciudadanos define lo que va a ser la XII Legislatura. Y es que, aseguran, “somos el partido del diálogo, el partido de centro, el partido moderado que necesita el país”. En España no estamos acostumbrados a que un partido negocie a derecha e izquierda como si todo fuera lo mismo. Y ese estar en misa y repicando ha perjudicado electoralmente a un partido que no quería terceras elecciones por nada del mundo. De 40 diputados en diciembre, C’s bajó a 32. Los sondeos les daban una nueva caída en intención de voto en unas hipotéticas terceras elecciones, así que había que acabar con el bloqueo.

Su líder, Albert Rivera, ha dicho que en esta legislatura su obligación es hacer que Rajoy cumpla las 150 exigencias del compromiso de investidura que hizo pasar a Ciudadanos del ‘no’ a Rajoy a la abstención y de la abstención al ‘sí’, para que los votantes no piensen que se han entregado al PP con los brazos abiertos. Ciudadanos “es la marca blanca del PP, no nos engañemos”, dicen desde la filas de Podemos, Izquierda Unida, ERC, Compromís, y la antigua Convergencia. El partido naranja, por su parte, explica este cambio del ‘no’ al ‘sí’ asegurando que “en política, a veces hay que comerse algún sapo”. Y hacer presidente a Mariano Rajoy es un trago que algunos en las filas del partido naranja aún están intentando digerir. Ciudadanos no se fía del PP pero se trataba de escoger entre “susto o muerte”, llegó a decir su líder, Albert Rivera.

Albert Rivera felicita a Mariano Rajoy por su investidura (Foto: Daniel Ochoa de Olza/Pool)
Albert Rivera felicita a Mariano Rajoy por su investidura (Foto: Daniel Ochoa de Olza/Pool)

La legislatura será todo lo larga que quiera Rajoy. La amenaza de unas elecciones no gusta a nadie, menos al propio PP que si hubiera ido a una tercera convocatoria habría vuelto a ganar, según todos los sondeos. Rajoy va a ser quien maneje los tiempos a su conveniencia y convocará elecciones cuando convenga al PP y pille al resto de los partidos con el pie cambiado. Este es el sentir de los partidos de la oposición que creen que el PP logrará “doblar la mano” de Ciudadanos para que ceda en lo importante: los Presupuestos Generales del Estado, los compromisos con Europa, techo de gasto, déficit, recortes. El propio Rivera, ante la amenaza de Rajoy durante el debate de convocar elecciones si no puede cumplir con su programa económico, ya dijo que “todos tendremos que ceder”. Todos no, aseguran en Podemos. “Nosotros no vamos a ceder a los intereses de los ricos”.

El debate de investidura, aseguraban muchos diputados pero también la mayoría de los periodistas, es la medida de lo que va a ser una difícil legislatura en la que los políticos están obligados a entenderse o no, como diría Rajoy.

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Las elecciones de Alemania, en directo

Redacción TO

Foto: MICHAELA REHLE
Reuters

Alemania celebra hoy sus elecciones federales, en las que más de 61,5 millones de alemanes están llamados a votar para elegir canciller. Los colegios permanecerán abiertos entre las ocho de la mañana y las seis de la tarde y los resultados se conocerán poco después.

Las encuestas están de lado de la actual jefa del Ejecutivo, Angela Merkel, cuyo partido (CDU) podría obtener entre el 34 y el 36% de los votos, muy por delante del partido socialdemócrata (SPD), que lograría entre el 21 y el 22%. En tercer lugar estaría la derecha nacionalista, AfD, que se haría con entre el 11% y el 13% de los apoyos pero el último puesto del podio también podría ir para la izquierda radical (Die Linke) con entre 9,5 y 11% de las preferencias.

Las elecciones de Alemania, en directo

09:15. El presidente alemán llama a hacer uso del derecho a voto. Frank Walter Steinmeier ha llamado a sus conciudadanos a hacer uso del derecho de voto y ha advertido que quien no vota permite que otros decidan sobre el futuro del país. Según Steinmeier, nunca antes se había sentido tan claramente que unas elecciones tienen que ver “con el futuro de Europa y el futuro de la democracia”, probablemente en alusión al inminente acceso al Parlamento de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).

08:00. Abren los colegios electorales en Alemania, que celebra este domingo unas elecciones federales en las que se esperan pocas sorpresas. 61,5 millones de alemanes decidirán la composición del nuevo Bundestag, y muy presumiblemente Angela Merkel será reelegida canciller, aunque en qué condiciones está todavía por determinar.

Las elecciones de Alemania, en directo 2
Alguien vota en Berlín, la capital alemana. | Foto: Fabrizio Bensch / Reuters

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Ni agua

Ferrán Caballero

Foto: ALBERT GEA
Reuters

Pues claro que no hay que darles nada a los independentistas. Porque ni al independentista ni a nadie le contenta que le den lo que considera suyo. Y por eso todo lo que pretende ser una concesión se recibe como humillación. Por eso no se les puede contentar con una reforma Constitucional, ni con más competencias ni con un blindaje de cultura y educación ni con una mejora del sistema de financiación autonómica. Nada de eso es suficiente para los independentistas. Y uno de los grandes logros y de las grandes desgracias de este proceso es que esto ya es evidente para todo el mundo. Excepto para De Guindos, que ayer mismo se ofrecía a “hablar del sistema de financiación y otros asuntos si los planes para la independencia se retiran”.

Pero los planes para la independencia no se retiran. Y no se retiran porque los independentistas, como decía García Domínguez, “no se están jugando 15 años de cárcel para conseguir un apañito de la financiación autonómica”. Cree De Guindos y supongo que algunos con él que es posible volver al 2012. Como si nada hubiese pasado. Pero aunque fuese posible volver atrás, ya en el 2012 este apañito era insuficiente. Porque lo que pedía el Presidente Artur Mas no era el dinerito sino “las llaves de la caja”. Lo que pedía Artur Mas no era un nuevo pacto o una nueva cesión, provisional y condicionada por definición, del Estado. Lo que pedía Mas era soberanía fiscal. Y como hemos ido aprendiendo desde entonces, aunque lenta y dolorosamente, la soberanía ni se pide ni se discute sino que se ejerce. 

El problema no es qué puede darse a los independentistas para que retiren sus planes. No es a los dirigentes independentistas, a quienes hay que convencer, sino a la mayoría de los votantes catalanes. Y aquí el auténtico problema está en lo que escribía Cristina Losada: “la solución política es hacer, por una vez, lo que no se ha hecho nunca. Dejar meridianamente claro, desde ya, que no habrá trato de favor y no se dará nada, pero nada, que no corresponda. Como al niño mimado. Llega un día en que hay que decirle que no, que se ponga como se ponga se le va a tratar igual que a sus hermanos.” Pero el votante independentista no es un niño que llora porque se le diga que no, sino alguien que ha dejado de esperar permiso. Y el problema no es que se mime o se castigue a las instituciones catalanas, sino que se las trate como a niño. Dudo mucho que de este proceso se salga con nada parecido a una “solución política”, pero me parece evidente que esta no podría ser, de ningún modo, la perpetuación del paternalismo de Estado.

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Cuando fui un trozo de carne en un Congreso de columnismo

Lorena G. Maldonado

Foto: Lorena G. Maldonado

Estos días se ha formado el zafarrancho en redes con el cartelito del II Congreso ‘Capital del columnismo’ porque, qué extraño, quién iba a augurarlo, pero aquello es una siembra de bálanos. Precaución a los viandantes: lo mismo te das un paseo por León entre el 18 y el 20 de octubre y te acaba golpeando el cráneo un testiculario intelectual: nadie está a salvo de este granizo nuestro, de este cielo tapizado de escroto, de esta nube negra que derrama Axe. 

Me han venido a la cabeza tiernos recuerdos, claro, porque una es una sentimental -¿no ven que soy mujer?-. La primera vez que oí hablar de este congreso -al que, por cierto, asisten firmas que aprecio y de nada tienen la culpa- fue el año pasado, allá por abril, cuando un compañero me pasó una columna que había publicado en El Mundo Ricardo F. Colmenero, en la que relataba con sorna cómo sus compadres y él habían aprovechado la excursión columnística para sacudirse de una vez por todas “el malditismo”. En ese texto aparecía mi nombre. Cito: “Uno de ellos [alumnos de primero de carrera] soltó la frase más canalla de las jornadas, cuando confesó que tanto él como cuatro colegas se habían matriculado en periodismo solo por lo buena que estaba Lorena G. Maldonado. Traté de unirme a las nuevas generaciones confesando que me había enamorado de los pechos de una oyente, pero me escuchaban con tristeza (…)”. 

Me quedé atónita, acojonada por ese exceso de confianza que no era más que una bravuconada. Pensé: coño, una toda la vida estudiando, escuchando con atención al que sabe, leyendo por las noches, escribiendo mucho y borrando más, siendo mi más implacable hater –en definitiva, peleando por la voz propia, que mira que cuesta parirla- para acabar en la columna de este majadero siendo tratada como anzuelito físico para que cuatro chavales se apliquen en el oficio. Cuatro niñatos que no tienen, ni por asomo, la responsabilidad del columnista que recoge la anécdota y que además les ríe las gracias con otro comentario maloliente -el de las mamas de la chica del público-, todo envuelto en ese aura de premeditado patetismo que buscaba Colmenero. Otra cosa no, pero ahí, bravo. Bien conseguido.

Hubiese sido elegante citar a una compañera de profesión -no sé, se me ocurre- para referirse a un texto suyo, qué más da si en tono de crítica o alabanza. Este columnista sólo tiene derecho a juzgar algo de mí, algo completamente expuesto, que es mi trabajo o, si quiere, mis opiniones. Lo demás es machismo. También dudé mucho sobre si se hubiese referido en esos términos a una compañera consolidada, madura, que llevase toda la vida escribiendo en prensa y tuviese ya edificada una firma. Supongo que no, porque el machismo es cuestión de poder y baraja también con quién medirse en público. Entiendo que es más fácil mofarse de una don nadie como yo, que entonces llevaba tres meses en El Español: ésta es la lógica de la cobardía.

Fue gracioso, porque el tipo -Colmenero- puso un tuit en el que citó a todas las personas mencionadas en el artículo excepto a mí, terminando de demostrar cuán pesados carga los dídimos, dando por redondeado el desbarre. Yo sentí una mezcla de rabia y de vergüenza, pero esta última me la arranqué rápido -ya sólo faltaba- y al final se me quedó no más que un hilillo de mala baba en la memoria. La impotencia que experimenté me la voy curando, porque gracias a la generosidad de este medio desde hace meses tengo un espacio libre donde sacudirme justicias poéticas. En general, me he puesto las pilas. Ya no paso ni una.

Si yo quisiera que se me mentase por algo relacionado con la carne, me habría dedicado a otra cosa -es probable que con poco éxito, porque ahí están la báscula y el espejo-, pero si mi faena es escribir, y tengo la fortuna de dedicarme a ello, es en esencia para desaparecer corporalmente del texto y que salga a flote sólo la idea y la mirada, que, oigan, tienen algo que ver con el género pero también lo trascienden.

Lo dice la magnífica Siri Hudsvet en La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres: “¿Quién tiene sexo, el escritor o la obra? ¿Pueden ser contrarios? Si el narrador de la letra impresa es un hombre, ¿eso convierte al libro en masculino?”. Hudsvet -a la que muchos tristemente conocen sólo por ser la esposa de Paul Auster, buena prueba de cómo está el percal- explica que es estúpido pensarnos monolíticos cuando escribimos y cuando leemos, porque una mujer como ella bien puede aguardar hombres dentro, personajes masculinos queriendo hablar. “Esto es posible porque no somos ratas, sino seres imaginativos capaces de salir de nosotros mismos y, durante un rato al menos, convertirnos en otra persona, joven o vieja, cuerda o loca, mujer u hombre”.

La universalidad. Qué deseo. A eso hay que aspirar, y no a convertirnos -las mujeres- en una sección de “literatura femenina” en las librerías ni en una puta revista dominical sobre cocina, hijos y belleza. Hay que guerrear por la universalidad. La vida es una y a todos nos incumbe por igual. Los estilos son libres, o eso pretendo, ahora que las niñas ya no tenemos que ponernos corsé ni dejar las subordinadas para los machos. También Virginia Woolf se despedía así en su ensayo Una habitación propia, buscando la androginia al redactar, la indistinción del género. Como ese Shakespeare que escribía más allá del sexo, rayano en lo absoluto. Sólo como ser humano. Pero bueno, ¿qué más hay?

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Lo que dice la prensa extranjera del referéndum de Cataluña

Néstor Villamor

Con el referéndum independentista de Cataluña del 1 de octubre a la vuelta de la esquina, muchos medios de comunicación de todo el mundo ya empiezan a hacerse eco de cómo evoluciona la situación en la región. Las elecciones han sido prohibidas por el Tribunal Constitucional y el Gobierno central insiste en que la consulta no se celebrará. Con todo, la Generalitat sigue adelante con el proceso. Así es como la prensa internacional habla de los comicios.

Financial Times (Reino Unido)

Uno de los diarios económicos más influyentes del mundo se muestra contundente en un editorial publicado recientemente sobre el problema catalán: “Cualquier proclamación de una Cataluña independiente carecería de legitimidad política“. El Financial Times apoya su tesis en dos argumentos: la violación de la Constitución Española y los procesos independentistas llevados a cabo por otras democracias en el mundo.

Además de recordar que el referéndum viola el artículo 2 de la Carta Magna, el rotativo londinense expone que “fuerzas proindependentistas que van desde nacionalistas de centro-derecha a izquierdistas radicales ganaron una estrecha mayoría de escaños, pero no alcanzaron la mayoría de los votos emitidos”, lo cual no las legitima, considera el diario, “para acelerar el programa secesionista”. Y continúa: “Aun así, el Gobierno y el Parlamento regionales han seguido adelante y de una manera que se salta los procedimientos democráticos apropiados para un asunto de tanta importancia”.

“Cuando Quebec votó sobre la separación con Canadá en 1995 y cuando Escocia votó sobre la secesión de Reino Unido en 2014, tuvieron el consentimiento del Gobierno central y lo hicieron de acuerdo a la ley. Cuando los tres Estados bálticos [Estonia, Letonia y Lituania] declararon la independencia de la Unión Soviética en 1990-91, tenían todo el derecho a hacerlo porque Josef Stalin les había robado su Estado y libertad en los 40. Ninguna de estas condiciones se aplica a Cataluña y España”.

E insiste en que la consulta “no establece un mínimo de votos para ser válida”, así que “una pequeña minoría del electorado podría activar la declaración de independencia”. Y sentencia: “En estas circunstancias, y teniendo en cuenta la pasión que ha levantado la legalidad del voto, cualquier proclamación de una Cataluña independiente carecería de legitimidad política”. El diario considera que el objetivo de la Generalitat “no es declarar la independencia, que sería un gesto retórico vacío, sino provocar unas elecciones anticipadas con el objetivo de aumentar el apoyo a la coalición proindependentista”. Según el diario, lo que pretenden los independentistas es que el Gobierno central “aplique una mano tan dura” que les haga “mostrarse como víctimas de la represión política”.

El Financial Times también guarda críticas para el Constitucional: “El paso esencial para ambas partes es abrir negociaciones” para actualizar el Estatut, “aprobado por las Cortes españolas y catalanas y por los votantes catalanes en un referéndum, pero paralizado de forma poco sabia por el Tribunal Constitucional”.

The National (Reino Unido)

En el lado opuesto se encuentra un periódico también británico, en este caso, escocés. The National, un diario de línea editorial independentista (de hecho, empezó a imprimirse el 24 de noviembre de 2014 para dar respuesta a la demanda de un diario de corte secesionista por parte de la población escocesa), sacó en su edición del jueves una página desplegable con una estelada para mostrar su apoyo al independentismo catalán. El titular, en primera página, del rotativo no deja lugar a dudas: “¡Muestre hoy su apoyo a Cataluña con su National! Hágase una foto sosteniendo nuestro póster de la página central y tuitéelo usando #ScotsForCatalonia [#EscocesesPorCataluña]”.

Lo que dice la prensa extranjera del referéndum de Cataluña

El hashtag no llegó a convertirse en trending topic (tema del momento), pero sí logró que el ex ministro principal de Escocia Alex Salmond se uniera a la iniciativa. “Apoyo el derecho a decidir de Cataluña”, defiende Salmond.

Una diputada independentista del Parlamento escocés, Carolyn Leckie, lamentaba la situación en un artículo de opinión publicado el pasado 18 de septiembre. Después de criticar la poca cantidad de información que encontraba en la prensa internacional sobre los acontecimientos, mostraba su sorpresa por la respuesta del Gobierno central para frenar la consulta. “Policía armada en las calles. Políticos acusados de pervertir el curso de la justicia. Más de 700 alcaldes electos -tres cuartos del total- amenazados con ir a la cárcel. Redadas en imprentas. Editores amenazados con cargos criminales. Amplísimas cantidades de material impreso incautado. Páginas web oficiales cerradas. Y una declaración de intentar terminar con la autonomía catalana”, protestaba.

“Todo esto para detener al gobierno electo de Barcelona de celebrar un referéndum –una iniciativa apoyada por el 70% de la gente en Cataluña-“, continuaba. “Puede que Francisco Franco haya muerto hace tiempo pero parece que su fantasma continúa acosando los pasillos del poder en Madrid”, opinaba, antes de comparar los esfuerzos separatistas vascos y catalanes. “En contraste con el País Vasco, el movimiento por la independencia en Cataluña siempre ha evitado la violencia. Pasé allí un tiempo hace unos años, invitada por unos activistas proindependencia para hablar en una serie de encuentros”, relataba.

“La gente me dijo entonces que el Gobierno español no se detendría por nada para bloquear cualquier paso hacia la independencia catalana. Me pareció difícil creer que un país de la Unión Europea en el siglo XXI pudiera bloquear el derecho de una nación constituyente a la autodeterminación”, explicaba, antes de criticar al Ejecutivo central. “El Gobierno español invoca la Constitución de 1978 para defender su hostilidad a la democracia. Pero el mundo ha seguido girando en estos últimos 40 años. Nadie de menos de 60 años ha votado esa constitución“.

The Times (Reino Unido)

Una postura intermedia es la que ha mostrado el británico The Times en un editorial publicado el pasado miércoles. Por una parte, entiende la postura del Gobierno central: “Rajoy insiste, de manera correcta, en que un voto por la independencia choca frontalmente con la Constitución, que alude a la ‘indisoluble unidad de la Nación española'”. Por otra parte, acusa al presidente de utilizar “tácticas de mano dura” y considera que Rajoy “podría explicarse mejor si pareciera menos abusón”. En un tono moderado, el diario londinense aboga por una solución intermedia: “El Gobierno español debería permitir que el referéndum siga adelante aunque rompa la Constitución pero tratarlo de la misma manera que el voto simbólico por la independencia de 2014. Es decir: declararlo legalmente no vinculante“.

The Independent (Reino Unido)

Ya fuera del ámbito de la opinión y centrados en enfoques puramente informativos, muchos otros diarios del mundo han cubierto la información. El británico The Independent, por ejemplo, habla de una “crisis de identidad catalana”.

Lo que dice la prensa extranjera del referéndum de Cataluña 1

La Repubblica (Italia)

El italiano La Reppublica va un paso más allá y habla abiertamente de “guerra catalana”.

Lo que dice la prensa extranjera del referéndum de Cataluña 2

Jornal de Notícias (Portugal)

El Jornal de Notícias portugués, por su parte, destaca que “Madrid usa la fuerza contra los independentistas”.

Frankfurter Allgemeine (Alemania)

“La policía española arresta a doce separatistas”, destaca el diario alemán Frankfurter Alllgemeine en su edición digital. Informa también de que, según “se dice en Madrid”, “el Gobierno español nunca permitirá una separación de Cataluña”.

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